Caramelo Ñam Ñam extra 2
2
Durante este tiempo…
Yoo Do-jin, veintiocho años. Choi Hyun-oh, veintisiete años.
Eran mejores amigos desde la infancia, cuando iban juntos a la academia de taekwondo y compraban chuletas de cerdo Pikachu, y ya han pasado siete años desde que su relación entró en la nueva fase de ser amantes.
Y también han pasado siete años desde que, debido a una serie de incidentes en el apartamento de soltero de Do-jin, terminaron viviendo juntos de aquella manera.
¿Cuándo pasó tanto tiempo? No, más bien, ¿de verdad llevan saliendo tanto?
Aunque había cumplido la orden de reciclar la basura, Hyun-oh se sentía un poco incómodo al ver a Do-jin acurrucado lastimeramente en el sofá, haciendo evidente que estaba muy ofendido.
Considerando que estuvieron separados un año y medio porque les tocó ir al servicio militar en momentos distintos, no es que hubieran estado pegados todo el tiempo... Aun así, vivir juntos más de cinco años era mucho. De hecho, era la relación más larga que Choi Hyun-oh había tenido jamás.
—Hmpf... Hmpf...
Sí, con ese. Con ese que está de morros porque no le siguió la corriente con la historia de su estúpido sueño, es con quien lleva siete años saliendo. Do-jin, que miraba de reojo a Hyun-oh esperando que lo notara, hizo un puchero con los labios.
Ah, de verdad requiere mucha atención y es un fastidioso. Pero a diferencia de sus pensamientos refunfuñones, Hyun-oh movió los pies mientras las comisuras de sus labios temblaban por la risa. Su destino era ese tonto de gran tamaño que apelaba desesperadamente para que lo consolaran.
—¡...Hmpf...!
Do-jin, que tenía todos sus sentidos puestos en Hyun-oh, giró la cabeza bruscamente para que se notara. Hyun-oh hizo fuerza para no sonreír y se sentó al lado de Do-jin.
—Oye.
—...Qué.
Se oyó una voz fingidamente brusca. Sin embargo, se notaba en tiempo real que el enfado de Do-jin se disolvía solo porque Hyun-oh se había acercado a hablarle primero. En ese instante, a Hyun-oh le entraron ganas de bromear y cambió de tema fingiendo no darse cuenta de nada.
—Comamos pollo frito esta noche. Como has hablado de pollo, se me ha antoja...
—¡Ah, mierda, oye! ¡Choi Hyun-oooooh!
Tal como esperaba, Do-jin explotó y empezó a patalear con todo el cuerpo. Hyun-oh soltó carcajadas al verlo agitarse así, sin considerar su propio tamaño.
—¡Qué malo, qué malo eres!
—¿Es que tienes intención de romper el sofá?
Con un "tsk", Do-jin giró la cabeza hacia el lado opuesto y dejó de patalear. Era evidente que tenía los labios estirados de aquí a allá aunque no lo viera.
Ese tipo tan simple se terminaría calmando solo si lo dejaba... Pero como estaría quejándose y dando la lata hasta que se le pasara, tendría que consolarlo. Hyun-oh, observando la espalda de Do-jin que resoplaba, extendió la mano.
—¡Ah...!
Do-jin soltó un jadeo ante el contacto intencionado de la mano que frotaba su cintura. Hyun-oh, acariciando los músculos de la espalda que se habían tensado aún más, lo llamó con voz sugerente.
—Do-jin.
—...Qué.
Fue la misma respuesta de antes, pero el final de la palabra sonó tan suave que pareció un "... quééé", lo que indicaba que su humor se estaba arreglando poco a poco.
Qué tipo tan lindo. Hyun-oh le dio unas palmaditas en el hombro a Do-jin como para calmarlo y las usó como apoyo para levantarse. Aunque había hecho todo ese teatro de estar ofendido, en cuanto Hyun-oh hizo ademán de irse, Do-jin lo miró de reojo con arrepentimiento.
Muac... Hyun-oh inclinó la cabeza y sus labios rozaron ligeramente la cabeza de Do-jin antes de separarse. Se sintió cómo el humor de Do-jin se derretía en un instante.
—¿Ya dejamos de estar enfadados?
—...Si me das un beso en la boca también.
Vaya tipo, qué tierno se pone. Hyun-oh volvió a inclinar la cabeza. Sus labios se encontraron con los de Do-jin, quien levantó la barbilla justo a tiempo ofreciendo su boca.
Muac, muac, muac, Do-jin picoteó repetidamente los labios de Hyun-oh como un pájaro con su pico. Tras terminar de besarlo hasta quedar satisfecho, Do-jin volvió a ser el tonto que sonreía de oreja a oreja.
—Jeje...
Era una situación previsible que se solucionaría con un solo beso, pero Hyun-oh también terminó sonriendo sin darse cuenta.
Muac, al final Hyun-oh le dio un beso más que no estaba planeado. Al ver ese rostro aún más radiante, le pareció realmente lindo.
—Venga, ¿ya se te pasó el enfado del todo?
—¡Sí!
—Entonces prepara la comida. Tengo hambre.
—¡Sí!
Do-jin se levantó de un salto y, de repente, cargó a Hyun-oh en brazos. En un parpadeo, Hyun-oh se vio con los pies colgando y soltó un grito, pero a Do-jin no le importó nada y empezó a besarle las mejillas ruidosamente como si quisiera comérselas.
—¡Jajajajaja!
Incluso dio una vuelta completa mientras lo cargaba y solo soltó a Hyun-oh después de darle un último beso sonoro. Hyun-oh, que se quedó con las mejillas y los labios entumecidos en un instante, se quedó mirando atontado la espalda de aquel potro que se alejaba dando saltos.
De pronto, Hyun-oh creyó entender por qué le sorprendía que ya llevaran siete años saliendo.
—¡Espera un poquito, cariño! ¡Do-jin va a preparar una comidita súper rica ahora mismo!
Seguramente...sea por esa forma de ser de Yoo Do-jin, que no cambia ni antes ni ahora…
***
Pensándolo bien, ya habían pasado siete años. Se habían presentado a aquella cita a ciegas, de la que ya ni recordaba el motivo por el que asistieron, junto a Do-jin. Se emborracharon, tuvieron relaciones sexuales por puro impulso, y Do-jin, siendo como es, fingió no recordar nada para tantear a Hyun-oh, mientras que Hyun-oh cayó redondito en la trampa y se dedicó a "compensarlo" con más sexo para que olvidara a aquella tal "Hyun-ji"...
...No, si lo resumo en una frase, solo parecen un par de idiotas. Aunque en realidad fue un proceso de flirteo... ¿Un proceso…? Que te ponía el corazón en un puño.
En fin.
Después de descubrir que Do-jin lo quería desde hacía mucho tiempo, y de que Hyun-oh también empezara a albergar sentimientos más allá de la amistad, decidieron salir de verdad.
Desde entonces pasaron muchas cosas. Para empezar, se fueron a vivir juntos y pasaron por el servicio militar. El otoño siguiente a que Do-jin terminara tercero de carrera y Hyun-oh segundo, ambos se alistaron juntos. Aunque los destinaron a lugares diferentes, al menos cuadraron el día de entrada y el de salida.
Echando la vista atrás, fue una decisión temeraria propia de los veinte años. No se arrepentía de haberse alistado con Do-jin, pero fue un juicio hecho sin considerar ni un poco lo que vendría después.
Debido a eso, Hyun-oh se convirtió en un "tío" que regresaba a la facultad después de tres años sin un solo compañero varón de su promoción. Además, tras resolver el asunto militar, se sintió perdido sobre cómo se ganaría la vida, su especialidad era Filología Francesa...
Que Hyun-oh terminara pensando en las oposiciones fue quizás inevitable. Como Do-jin siempre decía que planeaba presentarse al examen de magisterio, Hyun-oh también empezó a soñar con ser policía.
Así se graduaron, y mientras Hyun-oh sigue siendo opositor, Do-jin aprobó su examen y empezó a trabajar primero como profesor de educación física...
Al pensarlo de nuevo, realmente habían compartido mucho tiempo. Si ese hecho le resultaba especialmente nuevo ahora, seguramente era por las constantes demostraciones de afecto de Do-jin. Hyun-oh reflexionó un momento sobre el motivo.
El amor de Do-jin, tan intenso y grande que no dejaba lugar a dudas, nunca había perdido su calor. Hyun-oh también se acostumbró con naturalidad a esa expresión de afecto invariable, primitiva y ferviente.
Además, quizás por ser amigos de toda la vida, sentía que, por más años que cumplieran, cuando estaba con Do-jin no lograban alejarse mucho de la edad mental que tenían cuando se conocieron.
Un afecto ardiente combinado con una relación tan infantil y cercana como en la niñez. Al unirse ambos elementos, su relación siempre se sentía similar al inicio del noviazgo.
¿Será por eso? Dicen que en diez años hasta el paisaje cambia, pero a pesar de estar cerca de cumplir esa década, ¿por qué sentía que todo seguía igual?
Por supuesto, no era algo malo. En una relación larga puede haber momentos en que se rompa la confianza, se descubra la peor faceta del otro o llegue el aburrimiento. Pero Yoo Do-jin seguía gritando con todo su cuerpo que amaba a Choi Hyun-oh.
Aun así, ¿de verdad no había cambiado nada? Hyun-oh, sintiendo curiosidad de repente, abrió la boca.
—Cariño.
—¿Eh?
Do-jin, que estaba devorando su quinta tostada con mermelada desde la mañana, levantó la cabeza. Con las mejillas hinchadas, Do-jin no parecía haber cambiado mucho desde los veinte años, ya fuera en apariencia o en apetito. Es más, parecía no haber diferencia con su época de estudiantes de secundaria.
Un momento, ¿está bien que un profesor se vea igual que un estudiante?. Era una evaluación subjetiva filtrada por los ojos enamorados de su pareja. ¿De verdad hay algo que haya cambiado respecto a antes? Hyun-oh preguntó sin esperar gran cosa.
—¿No notas nada diferente en mí comparado con antes?
En el rostro de Do-jin, siempre radiante y libre de preocupaciones, surgió al instante una chispa de tensión. Sus mejillas, que masticaban más lento de repente, temblaron.
—¿Eh...? Mmm... Ummm...
Los ojos del desconcertado Do-jin se movieron de un lado a otro. Ganó tiempo con un balbuceo que significaba: "Tengo muchas, muchas ganas de responderte y he pillado a la primera con qué intención preguntas, pero tengo la boca llena de comida, así que espérame un poco", y luego...tragó la tostada.
—¡...Ahhh!
De pronto, Do-jin soltó un grito como si le hubiera dado una descarga eléctrica y saltó de su sitio. Como extra, se giró cubriéndose con la mano los ojos apretados.
—¡Mis ojos! ¡Ahhh! ¡Mis ojos!
Hyun-oh se quedó frío de la impresión. Do-jin, que se agitaba como si fuera a caerse de la silla, fingió comprobar quién tenía delante mirando entre los dedos.
—...Ah, qué va. Solo era el Choi Hyun-oh de siempre. Vaya, es que como te brilla tanto la cara, Do-jin casi se queda ciego hace un momento...
—¿Pero qué dices?
Do-jin, sabiendo que ya la había pifiado, recuperó la postura con torpeza. Acto seguido, abriendo los ojos para parecer lo más lastimoso posible, balbuceó con ternura:
—Hyun-oh-ya, ¿por qué eres así...? Tengo miedo...
—No. Es que me preguntaba qué es lo que realmente ha cambiado. Llevamos bastante tiempo saliendo. Hemos cumplido años y pasado por el servicio militar, pero parece que nada ha cambiado especialmente. Para ti, ¿hay algo diferente en mí?
—Ahhh... Si es por eso...
Do-jin se tranquilizó al instante al ver que no era un interrogatorio policial. Relajó los hombros que se habían puesto rígidos y volvió a morder la tostada mientras observaba a Hyun-oh.
—Mmm... ¿El pelo? Antes lo llevabas decolorado. Ahora tienes tu color natural.
—Es verdad...el pelo.
Hyun-oh se pasó la mano por el pelo, que ya no parecía estropajo. Su pelo, que renació tras haber sido rapado al cero para el servicio militar, era bastante suave incluso sin acondicionador. Hyun-oh, consciente de cuánto esfuerzo requiere cuidar el pelo decolorado, había jurado hacía tiempo que el único tinte que usaría en el futuro sería para las canas.
La mirada de Do-jin, que observaba el pelo de Hyun-oh, cuyo color era ligeramente claro incluso sin decolorar, se desplazó. Fue hacia la oreja de Hyun-oh, que ahora lucía limpia y sin accesorios, a diferencia del pasado.
—Aja, y también...te quitaste los piercings.
Entre las cosas que hizo para alistarse estuvo quitarse los piercings. Los del cartílago se habían cerrado hacía mucho, y aunque los del lóbulo parecían seguir vivos porque a veces entraban si los forzaba... Hyun-oh dejó de usarlos de forma natural a partir de cierto momento. En sus orejas, que antes estaban llenas de metal, ahora solo quedaban marcas borrosas de las perforaciones.
—...Ajem... ¿A que sí?
Sin embargo, Hyun-oh se puso nervioso al darse cuenta de qué vendría después de mencionar los piercings. Porque cuando se quitó todos los de las orejas, hubo otro que también tuvo que retirar.
El último error de Choi Hyun-oh, cometido cuando se le fue un poco la cabeza al tener que repetir el examen de ingreso a la universidad por fallar el mínimo por una sola pregunta.
Aquel piercing que eligió cuando, tras desahogar el estrés de los estudios con tintes y pendientes, ya había perforado cada parte posible de sus orejas.
Aquel piercing que, tras recuperar la cordura, intentó quitarse pero no pudo hacerlo solo porque había cicatrizado de forma impecable, así que acabó dejándolo ahí.
—Ajem, aparte de eso, ¿qué más...?
—Mis chuchus...
—¡Oye!
Hyun-oh falló en su intento de cambiar de tema y soltó un grito. Pero los ojos de Do-jin, al recordar los chuchus desaparecidos, solo reflejaban tristeza.
—Ahora que lo pienso, ya ni siquiera están los chuchus...
—¡Oye! ¡Maldita sea! ¡¿A dónde miras?!
Hyun-oh cruzó los brazos en forma de X para cubrirse el torso. Sin embargo, la mirada llorosa de Do-jin permaneció largo rato en el pecho donde antes estaba el piercing. Do-jin balbuceó con pena:
—¿No puedes volver a hacértelo?
—¿Estás loco? ¿Con la gente quitándose los piercings que tienen para conseguir trabajo, quieres que me perfore de nuevo?
Aunque sabía que lo rechazaría, Do-jin estaba sinceramente decepcionado y se puso aún más melancólico.
—Pero...es que quedaría súper sexy... Empezar a desabrochar uno a uno los botones de la camisa del uniforme de policía y que de pronto asome el sexy piercing del chuchu... Kiyaa...
Cada palabra rebosaba un deseo vulgar. Ante la mirada gélida de Hyun-oh, Do-jin intentó salir del paso volviendo a poner cara de pena.
Pero...
—...Ajem...
Siendo totalmente honestos, a Hyun-oh también le daba un poco de pena. ¿Sería porque sabía que estando cuerdo nunca, jamás, por toda la eternidad, volvería a hacerse un piercing en esa zona?
Aquel recuerdo de cómo la verdadera utilidad de ese piercing, que se puso jurando que nadie mandaría en su vida, acabó controlando también el cuerpo de Hyun-oh...
—¡Ajem! ¡Jum! ¡Lo que no puede ser, no puede ser!
De algún modo, también recordó lo que sucedió junto con la "ceremonia de retirada de piercing" que el propio Do-jin llevó a cabo antes de irse al servicio militar. Como era la última vez con el piercing puesto, Do-jin se obsesionó tanto que Hyun-oh llegó al clímax varias veces solo con la estimulación de los pezones...
Al recordar incluso que, cuando intentó quitárselo al día siguiente, el pezón estaba tan hinchado que tuvo que esperar hasta la noche, Hyun-oh gritó por pura culpabilidad:
—¡No digas tonterías! Piensa en otra cosa, rápido.
Do-jin, que seguía con el labio inferior hacia fuera, balbuceó con melancolía:
—No sé... ¿Haber ido al servicio militar? ¿Haberse graduado y ser un miembro respetable de la sociedad? Mmm... ¿Haber comprado nuestro coche y mudarnos a una casa más amplia que antes? Pero, ¿por qué seguimos haciendo esto...?
—Eso...es verdad.
Hyun-oh, quedándose sin palabras de repente, se lamió los labios.
¿Había que buscar cambios respecto al pasado a base de exprimirse el cerebro? Vivir siempre como al principio de la relación ya estaba bien...
—...No es nada. Come.
Do-jin, aún con rostro sombrío, mordió sin ánimos su sexta tostada.
Sin embargo, tras terminar su almuerzo compuesto por siete tostadas con mermelada, cinco salchichas de pechuga de pollo, cinco huevos fritos, tres tomates cherry para limpiar su conciencia y dos vasos de leche, Do-jin recuperó su estado habitual como si nunca hubiera estado triste. Era un tipo realmente simple.
—Je, je.
Dijo que iría a asearse rápido, pero en un momento dado, Do-jin se pegó a la espalda de Hyun-oh mientras este lavaba los platos y empezó a restregar su cara contra él. Su risa nasal constante, de puro gusto por vete a saber qué, le hacía cosquillas en el hombro.
Había sido hace unos seis años. Tras una discusión infantil digna de niños de primaria, decidieron que Do-jin se encargaría de la comida y Hyun-oh de la limpieza; ahora ya era costumbre que Do-jin se le pegara cada vez que recogía. Siete de cada diez veces que Hyun-oh limpiaba, Do-jin se adhería a él como una cigarra a un árbol viejo.
(Como nota, el motivo de la pelea fue Hyun-oh, quien de repente se enfureció al ver que Do-jin cocinaba siguiendo su estándar personal de que "un paquete de ramen" equivale a los cinco sobres que vienen dentro. Debido a este incidente, Do-jin pasó a encargarse de la comida y, durante un tiempo, la palabra "cerdo" quedó terminantemente prohibida entre ellos).
—Hace calor. Quítate.
—No quierooo.
¿A qué viene ahora ese tono tierno que no le pega nada? Hyun-oh hizo un gesto de arcada y sacudió los hombros. Era su intento por sacudirse a Do-jin, que no paraba de hacerle cosquillas con su respiración en la nuca.
—Entonces, al menos no te rías. Me das cosquillas.
—Jejeje...
Era evidente que Do-jin no lo escuchaba ni de cerca, pues cargó aún más su peso sobre Hyun-oh. Un "ugh" salió de la boca de este de forma involuntaria. No sentía que estuviera haciendo las tareas del hogar, sino más bien levantando pesas en el gimnasio.
Estuvo a punto de decirle una vez más que se apartara, pero pronto el corazón de Hyun-oh se ablandó con generosidad. Se le ocurrió un pensamiento que incluso a él mismo le pareció bastante empalagoso.
«Ahora que lo pienso, ¿no hacía mucho que no teníamos esta tranquilidad?»
Desde que Hyun-oh empezó a preparar las oposiciones a la policía el año pasado, llevaba una vida casi idéntica a la de un estudiante preuniversitario. Sin embargo, gracias a haber aprobado el examen escrito de la primera mitad del año, ahora podía permitirse un poco de relax.
Y lo mismo iba por Do-jin. Al haber empezado las clases en la escuela, Do-jin solo podía descansar los fines de semana. De por sí solo se veían por la mañana y tarde por la noche, así que este nivel de mimos...
—Cariño, creo que te ves demasiado sexy incluso lavando los platos...
—¡Ah, no digas gilipolleces! ¡Deja de molestar y lárgate!
El afecto solo es posible cuando hay cooperación.
Como si nunca hubiera tenido un momento de nostalgia, Hyun-oh explotó al instante y le propinó un codazo a Do-jin. Este soltó un "¡ugh!" y, de forma poco elegante, echó la cadera hacia atrás para minimizar el impacto.
—¡Ha! ¡Lo esquivé!
La mano de Hyun-oh que sostenía un plato tembló, como si fuera a romper la cerámica de un momento a otro. Era una actitud tan irritante que uno se preguntaba dónde se había dejado la madurez.
—...Ay...
Lo mejor era terminar rápido y marcharse de allí. Ignorando las risitas que venían de atrás, Hyun-oh enjuagó los platos más rápido de lo habitual.
—¡Ánimo! ¡Ánimo!
Do-jin animaba fervientemente la labor de Hyun-oh. Incluso se ponía de puntillas y subía y bajaba el cuerpo rítmicamente; realmente tenía un talento natural para sacar a la gente de sus casillas. Gracias a eso, Hyun-oh, apretando los dientes, trazó el plan de ejercer la violencia en cuanto cerrara el grifo.
«Ya verás, Yoo Do-jin. Te queda poco tiempo para estar parloteando así. Por mucho que seas un cerdo musculoso, no podrás hacer nada si te doy una patada en la espinilla...»
Tras dejar el último plato en el escurridor y cerrar el grifo, Hyun-oh inhaló profundamente en secreto. Sin embargo, el plan de Hyun-oh de buscar el momento del golpe no salió como esperaba.
—¿Ya terminaste?
En un instante, se le erizó el vello de las orejas. Hyun-oh se detuvo en seco sintiendo una tensión repentina en la espalda. Por instinto, se dio cuenta de qué era lo que Do-jin había estado esperando todo este tiempo.
—¡Ah...! ¡Oye...!
Tal como esperaba, unas manos enormes se colaron bajo su ropa. Las yemas de los dedos que rozaron su vientre plano estaban tan calientes como la temperatura corporal de Do-jin.
—¿Por qué...? ¡Ah, no lo hagas! ¡Desde la mañana...!
Hyun-oh soltó un jadeo excitado y forcejeó un poco para intentar escapar del abrazo de Do-jin. Sin embargo, entre sus palabras que se desvanecían en quejidos y su falta de firmeza, no se podía leer un rechazo absoluto.
—Hee...
Do-jin, con la barbilla apoyada en el hombro de Hyun-oh, que no paraba de agitarse, permaneció en silencio. Sus manos, que sabían perfectamente dónde tocar para excitarlo rápido, eran persistentes. Con solo acariciar suavemente esa zona sugerente entre el ombligo y la banda de los calzoncillos, el cuerpo de Hyun-oh se encendió de inmediato.
—Oye... Do-jin... Ah...
En un abrir y cerrar de ojos, se creó un ambiente que parecía conducir directamente a la cama desde la mañana. Estaría bien dejarse llevar, pero Hyun-oh aún conservaba algo de razón.
Era lógico, pues las secuelas de la noche anterior aún no habían desaparecido del todo y, si se descuidaba, para cuando se diera cuenta habría hecho la digestión del desayuno viendo el atardecer. Perder sus valiosas vacaciones revolcándose con Do-jin...
...No es que fuera malo, por supuesto, pero empezar así desde la mañana con algo que también podían hacer por la noche, como si estuvieran poseídos por un demonio de la lujuria...
—Eso sería...demasiado...
Hyun-oh consiguió hablar con normalidad a duras penas, entrecortando la respiración. Atrapado entre la encimera por delante y el peso de Do-jin por detrás, sentía que le faltaba el aire aún más.
—Solo los chuchus. ¿Eh?
—¡Ah, te he dicho que...! ¡Ah!
¡Zas! En un parpadeo, el cuerpo de Hyun-oh fue girado. Estaba acostumbrado a que Do-jin moviera a otro hombre como si fuera una hoja de papel, pero al ser pillado por sorpresa, Hyun-oh tambaleó brevemente. Sintió un dolor punzante cuando su espalda chocó contra el borde de la encimera.
—¡Oye! Yoo Do... ¡Oye!
Sin embargo, la protesta de Hyun-oh se convirtió pronto en un grito. El rostro de Do-jin se había colado bajo su amplia camiseta, que había levantado de golpe.
—Oye, ah, mmm...
Sus manos, que buscaban apoyo en el aire, se aferraron rápidamente al borde de la encimera. En ese breve instante, el calor que emanaba Do-jin, que de por sí tiene la temperatura alta, su respiración cosquilleante y la sensación de sus labios dirigiéndose directamente hacia un pezón se tradujeron en una excitación vertiginosa. Como si presagiara el placer inminente, la pequeña punta de su pecho sintió un calambre.
Exactamente, era el lado del pezón donde una vez tuvo el piercing.
—¡Ah, mmm...!
Acto seguido, el pezón erecto fue succionado por la cálida cueva de su boca. Hyun-oh cerró los ojos con fuerza y puso firmeza en sus rodillas, que estuvieron a punto de flaquear.
Afortunadamente, Do-jin lo sostenía con fuerza para que no tropezara, pero las piernas de Hyun-oh ya estaban temblando.
—¡Ah...!
Llegó el placer tal como lo había previsto. Ante la ola de excitación, Hyun-oh apretó los dientes, pero un gemido de sufrimiento se escapó inevitablemente entre ellos.
—Do... Do-jin... Ah...
Había pasado bastante tiempo desde que se quitó el piercing, pero el pezón, que una vez fue tan sensible, se encendía ante el más mínimo estímulo.
¿Sería porque Do-jin se había obsesionado con ese lado desde hace tiempo? El pezón, mucho más sensible que el que nunca fue perforado, le brindaba un placer tan intenso que llegaba a darle miedo sentir tanto.
—¡Ah, ah, ah...!
Lo poco que quedaba de su razón se evaporó en un instante. Cada vez que Do-jin lo mordisqueaba y succionaba con avidez, el pezón erguido recibía un estímulo rítmico. El calor se acumuló rápidamente en su bajo vientre, sintiendo que su parte inferior se endurecía.
—Ah...
De pronto, Hyun-oh estaba empujando su pecho hacia adelante. No era solo porque las grandes manos de Do-jin sujetaran su cintura con firmeza y tiraran de él hacia sí.
La punta de la nariz de Do-jin, que ladeó la cabeza para succionar el pezón con más intensidad, se hundió en su pecho magro. Aunque nadie los escuchaba, Hyun-oh susurró intentando contener sus gemidos:
—Ahí, ah, no tan fuerte, ah... Suave, ah, un poco... ¡Ah...!
Hyun-oh, que temblaba de pies a cabeza, finalmente cerró los ojos con fuerza incapaz de soportar la excitación. El dorso de sus manos, que agarraban la encimera, se puso blanco. Los sonidos voraces de la succión se volvieron aún más escandalosos.
—Ah, ah...
Entre su visión nublada, podía ver su camiseta abultada por la cabeza de Do-jin. Su vientre expuesto se contraía por el aire frío, pero la zona del pecho en contacto con Do-jin estaba demasiado caliente.
Voy a correrme. Hyun-oh se dio cuenta tarde de que había tenido una erección tan rápida que ni lo notó. Cada vez que Do-jin succionaba sin fuerza y luego usaba la punta de la lengua para darle toques rápidos o rodearlo, los gemidos que Hyun-oh intentaba reprimir subían de tono.
En un abrir y cerrar de ojos, el clímax estaba frente a él. Incapaz de aguantar más el estímulo incesante, Hyun-oh intentó detener a Do-jin con urgencia.
—Ah, mmm... Ah... Ah, esp... ¡Espera...! ¡Ya basta...! ¡Espera un momento...!
Sin embargo, las caricias persistentes no se detuvieron. Ante el placer que aumentaba paso a paso, Hyun-oh, bloqueado por delante y por detrás, encogió los dedos de los pies como si estuviera flotando. En el momento en que la cosquilleante excitación acumulada llegó a su límite.
—¡...!
Llegó un clímax punzante. Ante el leve orgasmo que lo golpeó como un rayo, Hyun-oh se quedó con todo el cuerpo rígido y temblando.
—Ah, ah...
—Haa...
Do-jin, que había explorado el pezón a su antojo, soltó el aire que contenía. El pezón, tras recibir tanto estímulo, seguía sintiendo calambres incluso después de que los labios de Do-jin se separaran.
—Definitivamente, este lado es más sensible.
Do-jin salió de entre la ropa holgada con una sonrisa de oreja a oreja. Era una sonrisa radiante, como si hubiera saciado un hambre urgente con algo dulce.
—Aja, y...qué...
—Que me encanta.
Do-jin volvió a pegarse a Hyun-oh y le dio un beso en la mejilla. Como si no quisiera separarse ni un centímetro, la mano de Do-jin, cargando su peso, se apoyó en la parte sobresaliente de la encimera. Casualmente, era la zona de la que su amante se había agarrado para aguantar cuando se corrió por ese estímulo repentino.
—Pero se pondría triste si solo le doy cariño a este lado, ¿verdad?
Un susurro mezclado con risas le acarició la oreja. Hyun-oh, con los labios apretados, no respondió. Sin embargo, al no detener a Do-jin, que seguía dándole besitos en la mejilla, la respuesta ya estaba más que clara.
Do-jin soltó una risita y pegó sus labios a la mejilla enrojecida de Hyun-oh hasta aplastarla. Hyun-oh ladeaba la cabeza según la presión del beso, pero seguía sin decir palabra.
Finalmente, Do-jin separó los labios y recuperó la postura lentamente. La mirada esquiva de Hyun-oh, con los ojos y las mejillas arreboladas, se clavó en Do-jin.
—...
—...
Do-jin sonrió de par en par, enseñando los dientes. De repente, Hyun-oh notó la pesada silueta de otro cuerpo presionando contra su parte inferior, que aún no había eyaculado.
Al instante, un aire peculiar empezó a flotar entre los dos. Era una situación familiar tanto para Do-jin como para Hyun-oh. Esa tensión punzante justo antes de que se encienda la mecha de la nada.
—Haa...
Unas manos grandes volvieron a aferrar la holgada camiseta de Hyun-oh. Pero esta vez, en lugar de meterse debajo, Do-jin optó por enrollarla hasta la altura de las clavículas.
—Ah...
El aire frío golpeando el pezón, hinchado por la estimulación, se sentía especialmente gélido. Sintió un escalofrío punzante que le recorrió toda la columna.
—Sujeta esto un momento.
Hyun-oh aceptó dócilmente el montón de tela arrugada. Al ser una prenda tan ancha, tenía que sostenerla con ambas manos hacia arriba.
—Vaya, mierda... Choi Hyun-oh... Haa...
La imagen de su amante mostrando por completo un pezón rojo y turgente por la hinchazón era excesivamente obscena. La nuez de Do-jin osciló violentamente de arriba abajo. Los ojos de Do-jin, que tragaba saliva ruidosamente una y otra vez, brillaban como si estuviera a punto de perder la cabeza.
—...Ah...
Hyun-oh no estaba en mejor estado. Cada vez que esa mirada cargada de deseo rozaba su piel desnuda, el pezón se erguía con fuerza sin necesidad de que lo tocaran. Hyun-oh, conteniendo a duras penas su respiración cada vez más agitada por la excitación, puso fuerza en las yemas de sus dedos.
Sí, joder. Vamos a revolcarnos hasta morir desde la mañana. Como si nunca hubiera dudado en ir a la cama temprano, Hyun-oh ya se había rendido ante el deseo.
«Yoo Do-jin, estás muerto. Comer y follar, comer y follar...de la mañana a la noche, este fin de semana voy a...»
♬♪♩♩♪-
El tono de llamada de un teléfono se interpuso entre los dos, que estaban a punto de arder.
—...
—...
Al momento, el ambiente se volvió equívoco. El sonido intruso que se coló en su mundo privado justo cuando estaban a punto de "aparearse" hizo que recuperaran un poco la cordura.
Aunque intentaron ignorarlo, quien llamaba era persistente. Los ojos de Hyun-oh se dirigieron al origen del ruido. Su propio móvil estaba justo al lado porque había estado lavando los platos, lo que significaba que la llamada era para Do-jin...
♬♪♩♩♪- ♬♪♩♩♪-
—...Creo que te están llamando.
—Será spam.
Do-jin lo negó desesperadamente.
Pero el teléfono no dejaba de sonar. Fuera spam o lo que fuera, cuanto más duraba ese ruido monótono, más caía en picado el deseo que sentían el uno por el otro.
—Ah, joder...
Finalmente, Do-jin se dio la vuelta intentando salvar el ambiente como fuera. Se movía haciendo ruido para demostrar lo cabreado que estaba, con una actitud de querer buscarle pelea a quien estuviera al otro lado de la línea.
—Préstamos, encuestas, publicidad de seguros... ¿Quién coño será esta vez...?
Do-jin agarró el móvil que estaba boca abajo con irritación. No se sabía si por buena o mala suerte, en el momento en que lo cogió, la llamada se cortó, pero la expresión de Do-jin al revisar la lista de llamadas perdidas fue de pura incomodidad.
—¿...Qué pasa? ¿Quién es?
Como resultaba raro estar ahí con la barriga al aire él solo, Hyun-oh se arregló la camiseta y se acercó. Justo en ese momento, el teléfono empezó a sonar otra vez.
♬♪♩♩♪-
Como si se hubiera quedado bloqueado ante una situación inesperada, Do-jin reaccionó de golpe. ¡Ajem! Soltó un carraspeo exagerado como si se hubiera atragantado y, con un gesto muy educado, pulsó el botón de responder. Acto seguido, habló con una voz sumamente amable.
—Sí, jefe de estudios.
Hyun-oh se detuvo en seco. Era un apelativo bastante inquietante para alguien que llamaba en fin de semana y antes de la hora de comer.
—Ah, estaba limpiando un poco la casa... Sí, puedo hablar. ¿A qué se debe...?
Se oía una voz hablando al otro lado del auricular. Hyun-oh solo alcanzó a distinguir que era un hombre de mediana edad con un ligero acento, pero la boca de Do-jin, que mantenía una sonrisa forzada, se fue quedando rígida poco a poco.
—Ah, ya... Mmm... Oh...
Do-jin soltaba respuestas ambiguas. Era la actitud de alguien que intentaba posponer una respuesta con toda la cortesía del mundo. ¿Qué pasaba? La curiosidad de Hyun-oh no dejaba de crecer.
—...Ah... Ya entiendo... Sí... Entendido. Por supuesto que no hay problema. No, para nada. Sí, sí. Entiendo. ¡Sí! ¡A sus órdenes!
Sin embargo, a diferencia de su expresión cada vez más sombría, las respuestas de Do-jin eran de lo más diligentes. Tras soltar un "¡a sus órdenes!" con energía y un toque de simpatía, Do-jin colgó.
Un segundo, dos segundos, tres segundos...
—¡¡Aaaaaargh!! ¡¡Aaaaaargh!! ¡¡Me cago en la puta...!!
Do-jin, a quien no solía escucharse decir palabrotas desde que se hizo profesor, soltó un grito de guerra junto con un insulto. Tras patalear y volverse loco un rato, dejó caer la cabeza como si estuviera muerto.
—¿Qué...qué te pasa? ¿Qué ha ocurrido...?
Hyun-oh, desconcertado por el repentino arranque de locura de Do-jin, empezó a tartamudear. Do-jin, que se llevaba la mano al pecho fingiendo que le habían disparado, lo miró con ojos llorosos.
—Cariñooo...
En resumen, el contenido de la llamada que recibió Do-jin en su precioso fin de semana fue el siguiente:
El jefe de estudios tenía un documento que debía enviar a una empresa externa este viernes, es decir, ayer antes de las 6 de la tarde. Estaba convencido de haberlo enviado antes de salir del trabajo, pero ¡vaya! Acababa de recibir un aviso de que faltaba uno de los archivos importantes.
Por suerte, la empresa le dijo que no pasaba nada si lo enviaba hoy antes de las 3 de la tarde. El problema era la situación actual del jefe de estudios.
Dicho documento, por motivos de seguridad, solo estaba guardado en el ordenador de la sala de profesores. Por tanto, para enviarlo a la empresa era obligatorio ir a la escuela, pero resultaba que él se había ido con su familia a casa de sus suegros y le era imposible llegar a tiempo.
Y en ese momento, se acordó del profesor Do-jin. Vive cerca de la escuela, es soltero, no tiene esposa de la que preocuparse ni niños con los que jugar...y además, es el profesor más novato de nuestro curso...
Básicamente, le había encasquetado el muerto a Yoo Do-jin, el profesor principiante.
—No debí haber dicho que estaba limpiando la casa...
Probablemente no habría podido negarse de todos modos, pero a Do-jin le dolía haber cerrado él mismo su vía de escape. Sin haber podido llegar siquiera a la cama para hacer cosas guarros, Do-jin se marchitó por completo ante la idea de tener que ir a trabajar un fin de semana sin cobrar horas extra.
Pobre… Hyun-oh chasqueó la lengua y abrió los brazos. Do-jin se desplomó en su regazo y empezó a maldecir con tristeza.
—Calvo, calvo de mierda... ¿Cómo es que no solo se le olvida el pelo, sino también los documentos...?
Aunque Do-jin era de carácter simple y solía animarse rápido, esta vez estuvo un buen rato frotando la frente contra el hombro de Hyun-oh mientras soltaba quejidos, pareciendo más afectado de lo normal.
Normal. A nadie en este mundo le gusta ir al trabajo un fin de semana. Y más si se trata de ir hasta Ilsan solo para enviar un dichoso documento cuando estabas a punto de empezar un día ardiente.
—Ah... Snif... Buaaa...
Do-jin, desmoronado ante la prueba que se le presentaba, ni siquiera era capaz de articular frases con sentido.
Pero qué se le va a hacer. Lo hecho, hecho está... Hyun-oh, dándole palmaditas en la espalda, le preguntó para consolarlo:
—¿Quieres que te acompañe?
El movimiento de Do-jin se detuvo en seco. Se oyó cómo tomaba aire y luego levantó la cabeza poco a poco. En su rostro despejado se iba extendiendo una oleada de emoción.
—¿De verdad...? ¿Me vas a acompañar...? No, pero es fin de semana y querrás descansar...
Aunque su cara mostraba claramente que estaba deseando que fuera con él, Do-jin balbuceaba palabras que no sentía. Hyun-oh respondió con determinación:
—Total, no tengo nada que hacer. Si voy contigo, al menos no te aburrirás. Me lo tomaré como si fuéramos a dar una vuelta en coche y ya está.
—¡Ohhh!
El novio de Choi Hyun-oh, siempre exagerado con sus emociones, se cubrió la boca con ambas manos conmovido. No era para tanto. De todos modos, Hyun-oh no tenía intención de dejar que fuera solo, pero se sintió un poco orgulloso de sí mismo.
—Venga, vamos rápido. Prepárate un poco.
Hyun-oh le dio un azote juguetón en el trasero a Do-jin. Este empezó a retorcerse de alegría soltando ruiditos tiernos.
***
—¿Te pusiste el cinturón?
—Sí.
—Bien. Entonces, ¿nos vamos? Si no hay mucho tráfico, tardaremos unos 30 minutos.
Como era el camino que recorría a diario, Do-jin empezó a conducir sin necesidad de usar el navegador. Hyun-oh se recostó cómodamente en el asiento del copiloto, ajustado exactamente a su complexión.
La escuela secundaria donde Do-jin trabajaba actualmente estaba en Ilsan. Aunque Hyun-oh era nativo de Ilsan, el barrio era completamente distinto y el nombre de la escuela le resultaba nuevo. Sin embargo, al ver que Do-jin siempre iba con una sonrisa, parecía que el ambiente de la institución era bueno.
—Jajaja. No pensé que volvería a recorrer hoy el mismo camino de ayer. Jajaja.
...Por muy buena que sea la escuela, trabajar en fin de semana es harina de otro costal. Al parecer, aún no se había recuperado mentalmente del todo. Do-jin, que reía pero no de alegría, soltaba carcajadas forzadas una tras otra. Hyun-oh le lanzó una mirada de lástima.
—¿Quieres que ponga música?
—...Sí...algo dulce... Como una de esas listas que se titulan "Playlist para que el corazón te dé un vuelco de emoción al escucharla con tu amor mientras conducen"...
Normalmente le habría espetado que no dijera tonterías, pero Hyun-oh, en silencio, manipuló su teléfono y buscó una lista de reproducción con un título similar al que Do-jin deseaba.
Pronto, la música empezó a fluir dentro del coche. La expresión de Do-jin, que al principio no podía ocultar su desánimo, se fue relajando gradualmente. Incluso empezó a tararear y seguir la letra; parecía que escuchar canciones dulces, tal como quería, le estaba mejorando el humor poco a poco.
Qué tipo tan simple. Hyun-oh soltó una breve risita nasal. Al menos era mejor que escucharlo quejarse. Hyun-oh le entregó dócilmente la mano a Do-jin, quien, ya recuperado, intentaba entrelazar sus dedos con disimulo.
—Jejeje...
Do-jin se reía de felicidad. Quizás por su alta temperatura corporal, el calor que emanaba de su mano era ardiente. Hyun-oh soltó una risita al sentir su mano apretada con una fuerza que casi llegaba a doler.
—¿Tan feliz estás?
—Sí. Es como dijiste, se siente como si estuviéramos dando un paseo. Al tenerte a mi lado, ir a la escuela un fin de semana me parece algo so-, so-por-, so-por...por... Ah...
Parecía que no era capaz de soltar una mentira piadosa. Do-jin, que hace un momento estaba radiante, se hundió de nuevo al no poder terminar la frase.
Había que cambiar de tema. Hyun-oh se devanó los sesos para sacar una pregunta que distrajera a Do-jin.
—Pe-pero, mmm, es verdad. ¡Los niños! Dijiste que los alumnos eran buenos. ¿Qué tal los de tu clase? ¿Te hacen caso?
Do-jin, que este año cumplía su segundo año como profesor, había recibido su primera tutoría. Hyun-oh aún recordaba vívidamente lo emocionado que estaba Do-jin, lleno de entusiasmo por ser tutor por primera vez.
—Ah...
Por suerte, la intención de Hyun-oh funcionó. La comisura de los labios de Do-jin, que antes caía hacia abajo, volvió a dibujar una curva.
—Sí. Son todos buenos. Tendré que observar más, pero no hay ninguno que ande por libre o destaque para mal... Como son de primero, aún se les nota que acaban de salir de primaria y son muy lindos.
La voz de Do-jin al dar explicaciones era bastante animada. Al verlo con esa sonrisa satisfecha, de las que suelen llamarse "sonrisa de padre", a Hyun-oh le asaltó otra curiosidad.
Por las historias que le contaba, se notaba que Do-jin era popular entre los estudiantes. En la adolescencia, ¿no suelen ponerles apodos a los profesores así? ¿Tendría Do-jin algún apodo? Hyun-oh, sintiendo curiosidad de repente, preguntó a la ligera:
—Oye, cambiando de tema, me ha entrado curiosidad. Los chavales suelen ponerles apodos a los profes, ¿no? ¿Tú también tienes algún apodo por el que te llamen los alumnos?
—¿Eh? ¿No te lo había dicho antes?
La expresión orgullosa de Do-jin se volvió...inquietante. De repente, puso cara de "¡¿cuu?!" intentando actuar de forma tierna. Hyun-oh se dio cuenta instintivamente de que había cometido un error. Sus sospechas se confirmaron.
—¡Los niños me llaman "Profe A-Chu"! Como siempre voy con chándales de Adidas, lo abreviaron a "A-Chu"~.
—...
La cara de Hyun-oh se descompuso. Ahora entendía por qué no lo recordaba: su cerebro debió de borrarlo automáticamente por su propio bien.
—¿Chu? ¿A-Chu? ¡A-Chu! ¡Ay, qué chu-chu-frío hace!
Maldita sea... Tragándose los insultos, Hyun-oh giró la cabeza hacia el paisaje exterior. En marzo, con los árboles de las calles volviéndose verdes por la primavera, Hyun-oh fijó la vista en ellos con esfuerzo mientras el sonido de "chu-chu" seguía filtrándose en sus oídos.
—Por eso estoy dándole vueltas. Me gustaría ponerme Nike u otras marcas, pero entonces sería el "Profe Na-Chu". Es como si quisiera estar a la altura de las expectativas de todos, ¿sabes?
Esa insólita preocupación sobre si debía mantenerse fiel a Adidas por el bien de su identidad como personaje también pasó por sus oídos. Hyun-oh, con la mirada vacía, no reprimió un suspiro.
—O si no, podría comprar algo de Asics para unificar la primera letra con la "A"...
Hyun-oh empezó a ignorar las tonterías de Do-jin por su cuenta. Las explicaciones sobre cómo los alumnos aplicaban variaciones del apodo "Chu" y la colección de canciones con títulos como "Playlist para que el corazón te dé un vuelco de emoción al escucharla con tu amor mientras conducen" se mezclaron para convertirse en un ruido blanco aceptable.
Ah, hace mucho que no pasaba por este barrio. Al intentar ignorar las estupideces, los pensamientos sin filtro empezaron a aparecer y desaparecer en su mente de forma natural. Hyun-oh miró distraídamente el paisaje nostálgico que no veía en mucho tiempo.
«Si sigo por aquí, ¿no llegó a Balsan? Ah, cómo nos desviamos hacia Ilsan, pasamos por aquí.»
«Vaya. Ese es el edificio de estudios donde vivía antes. Me trae recuerdos. Después de que dije que no lo volveríamos a hacer en su casa, Yoo Do-jin se metió a vivir conmigo a toda costa en ese sitio tan estrecho.»
El barrio, que cuando Hyun-oh empezó a vivir solo por primera vez era un descampado lleno de obras por todas partes, ahora era tan deslumbrante que costaba creer que fuera el mismo sitio. Era un cambio radical.
«Pensándolo bien, Chung-myung dijo que aún vivía en Magok, ¿no? Magok también ha cambiado mucho.»
El único compañero varón de promoción de Hyun-oh con el que compartía el autobús a la facultad. Aquel compañero de Filología Francesa, que siempre decía que su sueño era ser auxiliar de vuelo, aprobó el año pasado a los veintiséis años como nuevo tripulante.
Siempre pensó que le quedaría bien, pero al ver las fotos con el uniforme, parecía realmente un auxiliar de vuelo hecho y derecho. Parecía que se le daba bien. Al revisar sus historias de Insta, un día estaba en Europa y al otro en Estados Unidos, volando por todo el mundo.
«También dijo que el hyung, con el que vive, se convirtió en comandante. Dijo que fue una doble alegría porque ascendió justo cuando Chung-myung entró en la compañía.»
«...Ah, ese señor... A pesar de tener una cara agradable y estar siempre sonriendo, daba miedo...»
Solo lo había visto un par de veces al principio de sus veinte, pero su aura era imponente. Era terriblemente guapo, pero también era de los que te hacían temblar físicamente. Quizás era por la diferencia de edad, que dificultaba tratarlo con confianza.
¿O tal vez era porque se le quedó grabada en el cuerpo aquella ferocidad de cuando pateó la puerta de su apartamento de soltero...?
—...Cariño. ¿Cariño? ¿Choi Hyun-oh? ¿Me estás escuchando?
Aunque intentara ignorarlo, no podía desentenderse de la mano que le sacudía el muslo.
Finalmente, Hyun-oh tuvo que salir de sus pensamientos. Previendo lo que pasaría si respondía sinceramente "no te estaba escuchando", pataletas de "¡¿por qué no me escuchas?!", repetir todo desde el principio, enfadarse, exigir besos, Hyun-oh abrió la boca al azar.
—Ponte algo de Gore-Tex una vez. Si te conviertes en el "Profe Go-Chu", seguro que se soluciona solo.
—¡Ah, Choi Hyun-oh!
Lamentablemente, ocurrió algo muy parecido a lo que habría pasado si hubiera admitido que no escuchaba. Do-jin, que estaba orgulloso de su lindo apodo, empezó a agitar su enorme cuerpo haciendo berrinches.
—¿Cómo puedes manchar de forma tan vulgar el apodo que mis puros y bondadosos alumnos me pusieron? ¡Eh! ¡Eso es el tipo de broma que haría un viejo pervertido! ¡Cómo puedes decir Go-, Go-, Go...!
Hyun-oh chasqueó la lengua con un "tsk".
***
El camino al trabajo de fin de semana, que claramente había comenzado como una cita dulce en coche, estuvo a punto de convertirse en una pelea de niños de primaria, pero de algún modo se logró apaciguar.
"Aunque llevemos mucho tiempo saliendo porque nos queremos, así somos nosotros", pensó Hyun-oh mientras bajaba del coche con el rostro ligeramente agotado.
—Me encanta poder aparcar sin tener que andar vigilando porque es fin de semana.
Dijo Do-jin, quien ya había recuperado el buen humor, con tono refrescante.
Gracias a que Hyun-oh aceptó el "indulto" de compensarlo con sexo oral por haber ensuciado de forma vulgar su tierno apodo, Do-jin se veía muy animado mientras cerraba la puerta del coche con un golpe seco y alegre.
—Hay algo que pasa, ¿sabes? No es obligatorio, pero implícitamente los profesores con más antigüedad aparcan más cerca de la entrada y cosas así.
—Vaya...es algo inesperado. Aunque supongo que pasa en cualquier empresa...
La gente es igual en todas partes, incluso en el mundo de los profesores. Hyun-oh, que aún tenía la mirada un poco perdida, caminaba perezosamente al lado de Do-jin. Este, con ganas de sentir el contacto de Hyun-oh, le dio un toquecito en el brazo.
El fastidio por haber tenido que quejarse antes ya se había evaporado; parecía muy entusiasmado por la "cita" o por la promesa de Hyun-oh. Do-jin propuso primero:
—¿Quieres que te enseñe mi escuela?
—Bueno, ¿es necesario...?
Hyun-oh soltó su opinión sincera con desgana, pero enseguida se corrigió al darse cuenta de que no habían pasado ni diez minutos desde que Do-jin había dejado de refunfuñar.
—...Digo, no hace falta que te molestes tanto. A mí me gustaría echar un vistazo, pero me preocupa que sea un incordio para ti. Además, dijiste que tenías que enviar el documento antes de las tres.
Por suerte, el esfuerzo de Hyun-oh por mantener la paz en el hogar funcionó. Do-jin, sin notar nada extraño, movió la "cola" alegremente.
—Ah, entonces vayamos primero a la sala de profesores y después damos una vuelta. Es por aquí.
Do-jin comenzó a guiarlo con una sonrisa de oreja a oreja.
Se dirigieron a la sala de profesores del segundo piso, el lugar donde se originó ese trabajo de fin de semana sin paga. Al ser sábado, la escuela, totalmente carente de presencia humana, desprendía un frío peculiar.
Debido a eso, el sonido irregular de sus pasos subiendo las escaleras y caminando por el pasillo resonaba con una fuerza inusual.
Hacía bastante tiempo que Hyun-oh no estaba en un espacio escolar. Ya se había graduado de la universidad, y del instituto hacía mucho más.
Aunque había estado en esta escuela un par de veces, cuando trajo a Do-jin para animarlo en su primer día el año pasado no pudo entrar, y cuando vino a ayudarlo a recoger sus cosas tras la ceremonia de fin de curso, había otros profesores presentes, por lo que estuvo demasiado tenso saludando como para fijarse en los detalles...
Pensándolo así, era la primera vez que recorría el interior adecuadamente.
—Ah, aquí. Mi clase.
Do-jin golpeó suavemente la puerta de un aula al pasar. El interés de Hyun-oh, que miraba de un lado a otro, se centró de inmediato en ese punto.
—Oh. ¿Aquí?
Asomando el cuello, Hyun-oh observó el interior a través de la pequeña ventana. Los pupitres alineados, la tarima del profesor, la televisión encastrada en la pizarra...
Vaya, es un aula de verdad. De repente, Hyun-oh se sintió emocionado. Siendo Do-jin profesor de educación física, solo usaría la tarima para las asambleas de mañana y tarde o en periodos de exámenes, pero al ser el lugar donde trabajaba su pareja, sintió una curiosidad repentina.
—¿Puedo entrar un momento? Quiero verla.
—Está cerrada. La llave está en la sala de profesores. Pasemos por allí y luego volvemos.
—Ooh... Hace un momento has sonado muy "profesor".
A pesar de ser algo obvio, Do-jin se pavoneó como si hubiera recibido el mayor de los elogios. Con los hombros erguidos con orgullo, comenzó a presentar la escuela de forma más activa.
—Bien, por aquel pasillo se va al anexo donde están las aulas especiales como la de música. Y si miras por esta ventana, verá el orgullo de nuestra escuela: un cerezo de cincuenta años. Aún no han brotado las flores, pero ¿a que es bonito? Ah, ¿lo ve allí? Aquella es nuestra meta, la sala de profesores de primer año. ¿Abrimos la puerta?
Do-jin marcó el código en la cerradura electrónica y entró sonriendo. La mirada de Hyun-oh, que entró detrás, recorrió la estancia y se posó de forma natural en la espalda de su pareja.
Do-jin se movía por la sala de profesores con total familiaridad. Aunque era de día, el interior estaba algo oscuro, pero él encontró el interruptor y encendió la luz con soltura, para luego rebuscar en la zona del café.
De algún modo, al ver que este era realmente el sitio donde trabajaba, Hyun-oh sintió algo nuevo. Quizás por los ojos del amor, le pareció que Do-jin se veía bastante genial.
—¿Quieres un café o un té? Hay de sobre, de cápsulas, o simplemente zumo...
—Agua, por favor. Ah, ¿este es tu sitio?
El escritorio del profesor novato estaba en el lugar más cercano a la entrada de la sala. Hyun-oh se acercó al reconocerlo de inmediato por el cortavientos de Adidas colgado en la silla.
—Sí, exacto. ¿Cómo lo has sabido?
Do-jin, que hacía honor a su apodo, preguntó sorprendido. Hyun-oh examinó el escritorio de su pareja con más detalle.
En la mesa estaba pegado el horario de las clases a las que asistía, y en el estante había libros de texto que parecían casi nuevos junto a un registro de asistencia ya desgastado por el uso. Frente al estante, había alineado unas pequeñas figuras de pingüinos que habían sacado juntos de una máquina de ganchos, un detalle tierno propio de un profesor joven.
...Pero, ¿qué es eso? ¿Por qué hay varios termos sin lavar puestos de cualquier manera y envoltorios de caramelos rodando por ahí...?
—¡Aaaah!
Do-jin llegó corriendo a toda prisa y metió rápidamente los envoltorios en la papelera. Hyun-oh entrecerró los ojos. Solo con ver el estado del escritorio, podía imaginar perfectamente a Do-jin desordenándolo todo por donde pasaba.
—Normalmente soy ordenado, jajaja... Es que como acaba de empezar el curso, he estado un poco ocupado...
Mientras le entregaba un vaso de papel y le sacaba la silla de su propio escritorio, Do-jin sopló fingiendo quitar el polvo. Levantando ambos pulgares, soltó una risa incómoda.
—Está limpiooo. Siéntate un momento, enviaré los datos rápido y vuelvooo.
Do-jin retrocedió haciendo reverencias y corrió atropelladamente hacia el sitio del jefe de estudios. Parecía alguien que huye de su madre antes de que le caiga una bronca por ver el desorden de su habitación.
—Ay...
Las ganas de Hyun-oh de regañarlo se disiparon. Sacudiendo la cabeza, se sentó en la mullida silla de oficina. A ver, él tampoco era alguien extremadamente meticuloso con la limpieza, pero cosas como los envoltorios de caramelos se podían tirar en la papelera que estaba justo debajo...
Recostado en la silla, Hyun-oh bebió el agua distraídamente. Pronto, en la silenciosa sala de profesores, comenzó a sonar el zumbido característico de la torre del ordenador y el ruido blanco del teclado de Do-jin. Hyun-oh movió los ojos y divisó la coronilla de Do-jin asomando por encima del panel divisor.
Aun así...sigue siendo asombroso. En un espacio que no difería mucho de la sala de profesores que Hyun-oh recordaba, existía un lugar para el profesor Yoo Do-jin.
Do-jin cumplía con su parte como uno de los profesores de esta escuela. Ese hecho tan obvio hizo que Hyun-oh se sintiera orgulloso. Como pareja, le parecía admirable que hiciera bien su trabajo...
[lvho08110225]
De repente, la mirada perdida de Hyun-oh se posó en una pequeña etiqueta. Debajo del monitor del ordenador, había una nota pegada con una capa de celo encima.
¿Qué es esto? ¿Un número de empleado o una contraseña? Podría haberlo pasado por alto sin darle importancia, pero Hyun-oh, que no sabía por qué no podía dejar de mirar esa secuencia de letras y números, se dio cuenta un instante después.
Ah, espera. No me digas que... Un calor vergonzoso se extendió desde el interior de su piel. Con ganas de retorcerse de la vergüenza, llamó a Do-jin a gritos:
—¡Oye!
—¡¿Dime?!
—¿Qué es esta nota? ¿No es tu cumpleaños y el mío?
Así era. Le parecía una cifra familiar porque eran las fechas de nacimiento de Do-jin y Hyun-oh. ¿¡Por qué, por qué, por qué ponía algo así en el ordenador de la escuela donde cualquiera podía verlo!?
—¡Ah, sí! ¡Es la contraseña del ordenador! ¡Love Hyun-oh 0811 0225!
Al enterarse de que incluso las letras de delante eran las iniciales de su nombre, Hyun-oh finalmente soltó un alarido.
—¡¡Aaaaaargh!! ¡¡Aargh!! ¡¡Vaya, mierda, aaargh!!
—¡¡Te amo!! ¡¡Mi mundo entero eres tú, Choi Hyun-oh!!
Do-jin soltó a propósito las palabras que más horrorizarían a Hyun-oh. Parecía que le divertía burlarse de él, pues sus risitas se mezclaban con los gritos de Hyun-oh. "Admirable" un cuerno; retiraba lo dicho. Sentía que se volvería loco de la vergüenza.
—¡Ah! ¡Aaaaaaargh! Haa... Haa...
Tras retorcerse un buen rato como una lombriz a la que le han echado sal, Hyun-oh se quedó lánguido. No tenía fuerzas ni para sentirse más avergonzado. A lo lejos, se oían las risas burlonas de Do-jin. Entre los labios de un exhausto Hyun-oh, salió un hilo de voz moribundo:
—No... ¿Por qué la contraseña es esa porquería...?
—Como está en un sitio donde todos lo ven, no podía poner la contraseña que uso siempre. Y como pedían combinar letras y números, se me ocurrió esto al instante. Kiyaa.
Tenía sus razones lógicas, pero para el destinatario de tal amor, era un motivo para volverse loco. Love... Hyun-oh... Un Hyun-oh ido de la cabeza sufría espasmos intermitentes.
—¡Vale, listo! ¡Deme un segundo! Solo tengo que hacer una llamada al jefe de estudios y habremos terminado de verdad.
Mientras tanto, parecía que Do-jin había terminado su tarea. Hyun-oh escuchó a Do-jin usar su voz de "vida social" para hablar por teléfono. Tras completar un breve informe de apenas un minuto, Do-jin recogió sus cosas y llegó corriendo radiante.
—¡Cariño! ¡Ya terminé! ¡Lo hice súper rápido, ¿a que sí?!
Do-jin se dejó caer sobre el cuerpo despatarrado de Hyun-oh y luego se separó con el rostro iluminado por una sonrisa brillante. Después de haber estado a punto de matar a alguien de la vergüenza... Hyun-oh, que aún sufría los daños colaterales, consiguió levantarse a duras penas.
—Venga, venga, arriba.
—No tengo fuerzas en el cuerpo...
Hyun-oh no pudo ponerse en pie tambaleante hasta que recibió ayuda. De tanto gritar, sentía hasta el abdomen entumecido. Al ver a Hyun-oh caminando como un ciervo recién nacido, apoyándose totalmente en él, Do-jin bromeó con fastidio:
—Ay, abuelito... Tiene que cuidar su salud.
—¿Quieres morir...?
Do-jin no se amilanó ante la débil amenaza. Como extra, se retorció con coquetería y susurró de forma irritante:
—Seamos felices hasta que nuestro pelo negro se vuelva blanco como las raíces de las cebolletas, ¿vale?
—Quita…
Hyun-oh, habiendo recuperado algo de fuerza, apartó de un manotazo la mano que lo sostenía. Aunque, por supuesto, fue atrapado de inmediato por la "sanguijuela" que se le pegó de nuevo como un imán.
Ayy, soltó Do-jin mientras se entrelazaba de brazos con él y frotaba su mejilla contra la coronilla de Hyun-oh. Su pelo, que ya no estaba seco, se erizó por la electricidad estática. Hyun-oh, con el rostro carente de toda energía, murmuró:
—...Si ya terminaste, vámonos rápido a casa...
—¿Eh? Pero si dijiste que querías pasar por mi clase.
—...Ah, es verdad...
Por un momento lo había olvidado debido a las secuelas del potente "Love Hyun-oh", pero afortunadamente, ante la perspectiva de ver el aula donde Do-jin era tutor por primera vez, la curiosidad venció a la vergüenza.
Recogieron la sala de profesores, cogieron la llave del aula y desanduvieron el camino por el que habían venido. Do-jin, que tarareaba su propia música de fondo con un "¡tara-ran-taran~!", hizo la presentación radiante:
—¡Ah, es aquí! Mi clase.
Frente al lugar al que deseaba entrar desde hace un rato, la curiosidad de Hyun-oh, que había pospuesto momentáneamente, le subía ya hasta la coronilla. Do-jin quitó el seguro rápidamente y deslizó la puerta.
—Pase usted primero.
—Oh...
Hyun-oh, todavía con unos mechones de pelo erizados, soltó una pequeña exclamación de asombro mientras daba pasos lentos.
El aula de la que Yoo Do-jin era tutor por primera vez, para ser sinceros, no tenía nada de especial. Al fin y al cabo, existe una imagen estereotipada que a uno le viene a la mente cuando piensa en un "aula común".
La tarima del profesor, la pizarra, las taquillas, el corcho con el horario pegado en grande, la bandera nacional que hay en cada clase y el lema escolar...
Sin embargo, Hyun-oh lo observaba todo como si fuera la persona que analiza la cosa más asombrosa del mundo. Soltaba exclamaciones tontas una tras otra.
—Vaya... Hacía mucho que no veía una disposición así. Oh, pero ahora la tele está integrada en la pizarra. Había oído que hoy en día daban clase con pantallas inteligentes o tablets, las instalaciones se ven muy buenas.
—Sí. Yo también me quedé flipando cuando lo vi al principio. En nuestra época, la tele estaba metida en un armario enorme y gordo, y nos cambiábamos de ropa para gimnasia detrás de esas puertas.
—Ah, es verdad.
Ante ese fragmento de recuerdo que surgió de repente, ambos soltaron una breve carcajada al unísono. Hyun-oh caminó hacia la tarima y se detuvo frente a ella. En el tablero de madera pulida estaba pegado el mapa de asientos con los nombres de los alumnos.
—¿Ya te sabes todos los nombres?
—Ajá. Como ya ha pasado casi un mes, creo que me los sé. A veces me lío con nombres parecidos, pero ya asocio las caras.
Do-jin, que venía detrás, se quejó sin motivo diciendo que hoy en día ya no llevan placas con el nombre, así que no puede hacer trampas si se confunde.
—Normal... Siendo veintitantos, es lógico liarse. Mmm, pero...
Hyun-oh dejó de hablar y empezó a olfatear. Se dio cuenta de que, entre la mezcla de olores a perfumes de droguería, champú, suavizante, loción corporal y crema de manos que inundaba toda la clase, se colaba un aroma peculiar.
«¿Qué es esto? ¿Por qué huele a fritanga...? ¿Y a tteokbokki y malatang también...?»
—...Do-jin. Es un comentario un poco prejuicioso, pero como esto es un colegio de chicas, pensaba que solo olería bien. ¿Por qué huele también a comida...?
Ese olor no era de algo que se hubieran comido un día o dos. Era el rastro de años de meriendas, algo que permanecía sutilmente por mucho que se ventilara. La verdad salió a la luz pronto.
—Uf, las niñas comen muchísimo. Siempre que las veo en el recreo están comiendo algo. Que si vamos a poner dinero para comprar tteokbokki al salir, que si compartimos un malatang, que si qué vamos a comer en el descanso de la academia…siempre están con eso.
—Ah...
Hyun-oh asintió de inmediato al comprender el motivo de esa extraña mezcla de aromas. Es la edad en la que más se come.
Incluso el profesor que tenía justo al lado era un ejemplo. Aunque Do-jin seguía comiendo bien ahora, en sus tiempos de instituto era capaz de hacerse ocho paquetes de ramen él solo y acompañarlos con dos o tres cuencos de arroz.
—Qué buena época.
Hyun-oh saboreó el pensamiento. Aunque si le dijeran de volver a sus días de estudiante...no volvería. Bueno, no, ¿y si volviera y estudiara con más ganas? De repente, el circuito de "y si..." de Hyun-oh se activó.
Recuperar el pasado, cuando tuvo que repetir curso por fallar el mínimo de la selectividad por una sola pregunta, y dedicarse solo a estudiar a muerte. Aunque le diera vergüenza admitirlo, Hyun-oh solía gustarles mucho a las chicas mayores desde pequeño.
Si volviera, no tendría ni una sola cita, no se preocuparía por su aspecto y solo hincaría los codos.
Así entraría en una universidad top como la Hanguk, compraría de antemano acciones, criptomonedas y oro... ¿Cuáles eran aquellos números de la lotería que ganaron 3.000 millones la otra vez?
Fue la voz de Do-jin la que rescató a Hyun-oh de sus fantasías materialistas de adulto corrompido que partían de su juventud más pura.
—Es verdad. Tengo una foto que me hice con las alumnas de mi clase. ¿Quieres verla?
—¿Una foto?
—Vino un fotógrafo hace unos días porque tenían que hacer la foto de grupo.
Pensándolo bien, en el instituto siempre se reservaba un día para hacerse la foto de grupo. Hyun-oh inclinó la cabeza hacia el móvil que Do-jin le ofrecía.
La foto, tomada en horizontal, no ocupaba ni una cuarta parte de la pantalla de la palma de su mano. Como había decenas de personas apretadas, lo primero que hizo Hyun-oh fue ampliar la cara de Do-jin. Al ampliar el original, por inercia, también pudo ver de cerca a los alumnos que estaban junto a él.
Hyun-oh miró alternativamente a Do-jin, erguido como un poste, y a los alumnos de piel clara y vello suave a pesar de que la calidad de la imagen se pixelaba un poco, y murmuró:
—Mmm. Retiro lo dicho.
—¿...Eh? ¿El qué?
—...
No podía decirle que, aunque a sus ojos su novio, que desayunaba de más, no parecía muy distinto de cuando iba al instituto, al ver a los adolescentes de verdad, la diferencia de edad aparente entre profesor y alumnos era innegable. Hyun-oh guardó silencio.
—...Nada.
—¿El qué? ¿Por qué? ¡¿Qué pasa?!
Hyun-oh huyó rápidamente de un Do-jin que se sentía injustamente tratado sin saber el motivo. Tras dar una vuelta a la tarima, se refugió en la zona de los pupitres.
Do-jin, de pie frente a la tarima, seguía a Hyun-oh con la mirada, todavía desconcertado. Hyun-oh intentó cambiar de tema deprisa.
—Ah, es verdad. Do-jin, finge que estás dando clase ahí.
—...No, pero... ¿a qué viene eso...?
Lamentablemente, para cambiar de tema, esta también era una petición bastante bizarra. Pero la clave estaba en la actitud.
Hyun-oh fue al segundo pupitre desde la tarima y se sentó. En sus tiempos de instituto, esa era la fila que llamaban "segunda sección". Al sentarse en la silla, que le quedaba un poco pequeña para su estatura, su campo de visión se convirtió al instante en el de alguien que mira hacia arriba al profesor.
—Oh. ¿Sabes que te ves sexy ahí de pie en la tarima? Te ves súper intelectual.
Aunque era un comentario vacío dicho solo para que se sintiera bien, la boca de un Do-jin desconcertado empezó a relajarse con coquetería. Empezó a actuar de forma tierna con un "¿Uuung? ¿A qué viene estooo...?", demostrando que, aunque fuera un cumplido inesperado, le sentaba de maravilla.
—Oh, qué genial. Qué genial.
Aprovechando el tirón, Hyun-oh sacó el móvil. Al abrir la aplicación de la cámara, la pantalla se llenó con la imagen de Do-jin frente a la pizarra.
Seguramente nunca vería a Do-jin dando clase de verdad, pero ver esto ya le resultaba satisfactorio. Hyun-oh, con una sonrisa de orgullo, no paraba de hacer fotos.
—Oh, profesor. Ooh, qué pasada de genial. Oooooh, ¡ah! ¡Mierda!
Ante la imagen de Do-jin posando sexy por iniciativa propia, Hyun-oh gritó horrorizado. Sin embargo, lo que siguió fue una carcajada de Hyun-oh de las que te dejan sin aliento, acompañada de los disparos continuos de la cámara.
—Vaya... joder, qué risa.
Hyun-oh, a quien ya se le habían escapado unas lagrimillas, se secó los ojos. Do-jin, animado por haber posado voluntariamente, propuso algo que nadie le había pedido:
—¿Quieres que haga como si fuera la asamblea de la mañana? ¿Quieres grabarlo en vídeo?
Si se ofrecía así, no había por qué negarse.
Al asentir, Do-jin, entusiasmado, salió disparado fuera del aula y hasta cerró la puerta corredera. Era una interpretación bastante seria.
Ding, Hyun-oh empezó la grabación de vídeo y se mordió el labio inferior con fuerza. Era para reducir el sonido de su respiración, que estaba a punto de estallar en risas.
—Ajem...
Se oyó un carraspeo tras la puerta y esta se abrió. Ante la expresión forzada de quien es muy consciente de que lo graban, a Hyun-oh se le hincharon los mofletes por aguantar la risa.
—¡Chicas, buenos días!
—Pfff... Buenos, ja, días, profesor!
A diferencia de la pronunciación de Hyun-oh, que se escapaba por la risa, Do-jin recuperó la desvergüenza una vez entró en faena.
—¿Están todas? ¿Nadie ha llegado tarde? Bien. Buenos días a todas. Lo que tengo que decirles hoy es, mmm... ¡Ah! Que hoy en la clase de gimnasia tienen que traer el chándal sin falta. Si no lo tienen, pídanlo prestado aunque sea a las amigas de la clase de al lado, ¿vale?
Pensaba que conocía casi todo de él, pero hoy había descubierto algo nuevo: la forma de hablar de Do-jin con los alumnos era distinta a la habitual.
Una voz amable, como si hablara con niños pequeños. Ante ese tono que alargaba las terminaciones con suavidad a propósito, sentía que iba a estallar en risas en cualquier momento. Hyun-oh gritó con inocencia fingida:
—¡Profesor! ¡Cuéntenos la historia de su primer amor!
Esa era la pregunta de rigor de los alumnos. Las comisuras de Hyun-oh subieron al soltar aquello que siempre se decía cuando uno no quería dar clase.
—¿Eh? ¿Primer amooor? Venga, atiendan bien a la clase de hoy.
Do-jin respondió exactamente como los profesores que reciben esa pregunta. Hyun-oh, que no paraba de reírse por lo bajo, agitó la mano que no sostenía el móvil y vitoreó:
—¡Cuéntenoslo! ¡Waaa! ¡Si nos lo cuenta, atenderemos súper bien a clase!
—En ese caso... mmm, ¿mi primer amor, dices?
Do-jin cruzó la mirada con el Hyun-oh que estaba tras la cámara. Hyun-oh, que vitoreaba de forma exagerada, se quedó paralizado en un instante.
Ah… Un suspiro ausente e involuntario escapó entre sus dientes. Era porque la persona que aparecía a través de la cámara, en esa pantalla del tamaño de su palma, le resultó extrañamente desconocida.
—...
Hyun-oh, que había estado sonriendo hasta que le dolieron las mejillas, se dio cuenta de que la fuerza en la comisura de sus labios se estaba relajando. En la pantalla, Do-jin continuó hablando.
—El primer amor del profesor es un amigo de la infancia.
Escuchar su propia historia con ese tono de voz que hace un momento le pareció tan amable, como si hablara con un niño pequeño, le hizo sentirse aún más extraño. Hyun-oh, que miraba a Do-jin con la mente en blanco, se humedeció apresuradamente el labio inferior.
—¡...Hala! ¿Un amigo de la infancia?
Hyun-oh exclamó con tono inocente en el momento justo. Intentaba ser consciente de que todavía estaban jugando a ser "profesor tutor y alumno", pero no sirvió de mucha ayuda.
—Sí. Aunque vivíamos en el mismo barrio, al principio no teníamos trato, pero nos hicimos amigos íntimos en cuanto nos conocimos en el gimnasio de taekwondo. Fuimos juntos a todas partes: primaria, secundaria, bachillerato e incluso a la universidad.
—¡...Uauuuu!
De repente, sus mejillas empezaron a arder. Sintió una sensación como si le pincharan suavemente el corazón, o como si lo acariciaran con algo muy sedoso. En pocas palabras: estaba muerto de vergüenza.
A ver, ¿cuántos años llevamos conociéndonos y saliendo, y todavía me avergüenzo? Hyun-oh se sentía torpe ante un estado físico que escapaba a su voluntad. Tenía la cara tan caliente que era bochornoso.
—¿Por qué...cómo...acabó gustándole?
—Mmm... ¿Simplemente porque sí? Si lo pienso ahora, creo que fue un flechazo a primera vista. Es realmente guapo.
Se le puso la piel de gallina en todo el cuerpo. Estaba tan abochornado que le entraron ganas de soltar un grito desgarrador. En la pantalla, Do-jin también se rascaba la sien, visiblemente cohibido.
—...Pero...ese amigo de la infancia no sabía lo que el profesor sentía y siempre se echaba pareja, y presumía de ello...
Poco a poco, las comisuras de Do-jin empezaron a temblar. Al parecer, recordar aquello le traía de vuelta el rencor que sintió en su día.
—Me contaba cosas como que alguien le había dicho que le interesaba, o que alguien se le había declarado...
Las venas empezaron a marcarse en el dorso de la mano de Do-jin, que apretaba el puño. Hyun-oh desvió la mirada hacia un lado.
¿Sería porque el lugar era perfecto para sentir la nostalgia de los tiempos de instituto? El corazón acelerado se transformó de pronto en remordimiento de conciencia.
—Me preguntaba si tenía celos de que tuviera pareja... ¿Eh? ¡Ahora que lo digo me estoy cabreando de verdad!
La mano que sostenía el teléfono bajó lentamente. El pecado de Choi Hyun-oh era grande. Sentía que le iba a brotar el sudor frío.
—¡Y después de todo eso, en el viaje de fin de curso, cuando a mí se me declararon en público! ¡Eh! ¡Yo iba a intentar aceptar para ver si cerraba ese capítulo de mis sentimientos! ¡Pero entonces, alguien que vivía no sé dónde y que solo estaba en tercero de secundaria, se emborrachó y...!
...Ding... Hyun-oh detuvo la grabación del vídeo con torpeza. En ese momento, frente a la tarima, Do-jin estaba soltando un discurso lleno de rabia, hablando de forma muy coloquial.
—¡¿Eh?! Qué descaro total. ¡Eh! Ahora que soy profesor, veo que los de tercero de secundaria son solo unos bebés. Pero, ¡¿eh?! ¡Escondiendo productos nocivos prohibidos de los profesores en vete a saber dónde...!
La furia de Do-jin empezó a extenderse incluso hacia la ética profesional. Hyun-oh, que miraba a lo lejos evitando la mirada de forma incómoda, murmuró con voz apenas audible:
—¡...Pe-pe-pero al final saliste con tu primer amor! ¡Tú eres el ganador!
—Pero no salimos bien desde el principio.
La cagué.
—¡Ah! ¡Ahora que lo vuelvo a pensar, es verdad! ¡Tú tomaste la peor ruta de desaparecer y yo tuve que abrir la cerradura de la puerta para entrar! ¡Incluso fuimos a comisaría porque nos denunciaron por una pelea pasional! ¡Y me dijiste que saldrías conmigo temporalmente hasta que yo me rindiera, pero resulta que cierta persona solo pensaba salir conmigo una semana!
Hyun-oh, que no tenía excusa aunque tuviera diez bocas, guardó silencio. Do-jin, cuya voz subía de tono cada vez más, lanzó una pregunta que se le ocurrió de repente:
—Espera. Pero Choi Hyun-oh. ¿Tu primer amor también soy yo?
—...
—Tú también...yo soy tu primer amor-, no, ¡no lo digas! ¡Si lo dices, me enfado de verdad!
Do-jin se puso frenético como un gorila escupiendo fuego. Qué raro. Se suponía que era un ambiente tierno hablando del primer amor, pero de pronto se había convertido en un interrogatorio especial contra Choi Hyun-oh...
Por suerte, Do-jin, que saltaba de un lado a otro, se calmó tras soltar un grito de "¡Uaaaaargh!". Hyun-oh se levantó rápido y le sacó la silla del pupitre de delante.
—Deja de enfadarte y siéntate.
—Maldita sea... Choi Hyun-oh...
Do-jin, que resoplaba molesto, se sentó dócilmente mientras lo miraba de reojo. Cruzó la pierna, se abrazó al respaldo de la silla y miró a Hyun-oh con gesto huraño.
—Lo siento. He cometido un pecado mortal.
Hyun-oh se disculpó sinceramente. Se podía perdonar hasta cierto punto que hiciera aquello sin saber que Do-jin lo amaba en secreto, pero lo que ocurrió en aquel viaje de fin de curso, que había olvidado por completo, no tenía defensa posible.
—Me alegra que reconozcas tu error.
Hyun-oh tomó entre sus manos las mejillas de su amante, que no dejaba de refunfuñar. Al acariciarlo y masajearlo como si fuera un pastel de arroz para calmarlo, Do-jin desvió la mirada con los ojos entrecerrados. Sin embargo, para Hyun-oh era evidente que se esforzaba por no demostrar que ya se le estaba pasando el enfado.
Chof, chof. Cuanto más amasaba esas mejillas ligeramente bronceadas por las clases al aire libre, menos podía controlar Do-jin su expresión. Intentó fruncir el ceño para aguantar, pero sintiéndose él mismo derretido, Do-jin acabó estallando.
—¡E-ey! ¡Oye, Choi Hyun-oh! Qué rastrero usar tus encantos... ¿Crees que voy a caer? ¿Te crees que por ser guapo ya está todo hecho…? ¡Bueno, sí que lo está! ¡¿Pero crees que voy a caer así de fácil?!
—No, ¿quién? ¿Cuándo?
La pregunta desconcertada de Hyun-oh quedó sepultada por los resoplidos de Do-jin. ¡Uoooooh! Tras rugir otra vez, Do-jin apoyó totalmente la mejilla en la mano de Hyun-oh. Era una orden para que siguiera.
Era increíble; quería aparentar que estaba furioso, pero en cuanto lo acariciaban, se tumbaba panza arriba como un perro cuya cola gira como una hélice...
Aun así, Hyun-oh se esmeró en acariciar sus mejillas según las instrucciones. El huraño Do-jin incluso cerró los ojos disfrutando del contacto.
—...
En el aula, donde las voces habían desaparecido, reinaba ahora una calma pacífica.
¿Sería por el espacio escolar? ¿O por el recuerdo de aquellos días de estudiante en los que Do-jin lo buscaba en cada recreo para sentarse así a hablar?
A pesar de ser consciente de que lo veía con los ojos del amor, el Do-jin que tenía delante no parecía haber cambiado mucho respecto a su versión de instituto. El aula, bañada por la cálida luz del sol, era suficiente para crear la ilusión de haber regresado a ser alumnos de secundaria o bachillerato.
—Estar así me hace sentir como si hubiera vuelto a ser estudiante.
—¡...En el instituto no hacíamos esto!
Do-jin demostraba con todo su cuerpo que aún no lo había perdonado del todo. Vale, te voy a refrescar la memoria con algo que sí hacíamos en clase. Hyun-oh le dio un fuerte pellizco en la mejilla. Do-jin gritó de dolor.
—¡Ay!
—Cállate.
A diferencia de su frío regaño, la mano de Hyun-oh acarició la mejilla enrojecida de Do-jin. Este volvió a cerrar los ojos mientras lo miraba con cara de pocos amigos. Realmente era el mismo de siempre.
—...
De repente, fue inevitable que a Hyun-oh se le ocurriera una hipótesis tardía. ¿Y si hubiera sido así en el instituto? Es decir, si... hubieran salido desde que eran adolescentes.
‘—Oye, que a mí también me gusta alguien, ¿sabes? ¡Y nos va de puta madre!’
‘—¿Quién?’
‘—...Cho...no, Kim, no, Lee, Lee… Lee Candy.’
Si hubiera sabido la verdad que escondía aquella mentira absurda... ¿cómo habría sido?
Por supuesto, era una hipótesis difícil de cumplir. De no ser por aquel detonante disparatado, no habrían pasado de ser mejores amigos que lo sabían todo el uno del otro tras pasar tanto tiempo juntos.
Sin embargo, Hyun-oh llegó a una conclusión rápidamente. Aunque fuera difícil, no habría sido del todo imposible. Porque... los labios de Hyun-oh se movieron.
—Oye, Do-jin.
Do-jin, que tenía los ojos cerrados, levantó lentamente los párpados. Un rayo de sol iluminaba con claridad sus pupilas.
Había empezado a hablar por impulso, y podría haber cambiado de tema fácilmente. Sin embargo, Hyun-oh, aunque avergonzado, confesó sus pensamientos con sinceridad. Si con esto podía calmar el resentimiento de su pareja, se lo diría cien o mil veces.
—Creo que yo también sentía algo por ti desde hace mucho, solo que no era consciente. Quizás podría llamarlo...primer amor.
Las cejas de Do-jin se arquearon. Sintió un cosquilleo en el pecho y el calor empezó a subir. Hyun-oh continuó hablando mientras contenía ese cúmulo de sensaciones que bullían en su interior.
—Piénsalo. Si no hubiera tenido ningún interés, me habría dado igual que tuvieras pareja o lo que fuera. Al contrario, te habría felicitado. Puede que incluso te hubiera propuesto hacer una cita doble.
El labio inferior de Do-jin tembló, como si recordara alguna escena. A Hyun-oh le pasó lo mismo.
Tercero de secundaria, el viaje de fin de curso. El día que se le declararon a Do-jin en público. Aquellas palabras que soltó estando borracho y con el corazón extrañamente inquieto.
‘—... ¿Vas a salir con ella?’
‘—Sí.’
‘—¿...Por qué?’
‘—Parece buena chica.’
‘—Mentira. Será porque es guapa.’
‘—Por muy guapa que sea, no lo será más que tú.’
‘—No digas tonterías... Si sales con ella... los demás dicen que hagamos una cita doble. Cuando yo me eche novia.’
‘—Estos tipos no dicen más que tonterías. Ni de coña hago eso.’
‘—¿..Te gusta ella...?’
‘—...Lo normal.’
‘—¿Entonces por qué sales con ella…? Ya sé. Es para presumir ante mí, ¿verdad? Para que me sienta solo…’
‘—Ay, Yoo Do-jin saliendo con alguien. Tú no has tenido novia nunca. ¿Qué vas a hacer cuando pases a la acción?’
‘—Vas a hacer el ridículo. Uy, ya lo estoy viendo. Por eso, por eso. Por eso…’
‘—¿...Quieres que practiquemos el beso conmigo?’
"¡Ay, mierda!". Le invadió una vergüenza que rozaba la humillación. "¿Por qué hice eso?". El Choi Hyun-oh descarado del pasado tenía un sentido de posesión infantil que se le veía a la legua.
—¡Aah, como sea!
Hyun-oh le dio unos golpecitos en la mejilla a Do-jin y continuó hablando con un entusiasmo forzado. Sin embargo, no fue capaz de ocultar que sus propias mejillas estaban al rojo vivo ni su tono ligeramente errático.
—Lo que importa es que el resultado fue bueno. Además, dicen que ya ni existe eso de los "años tempranos". Yo soy de año temprano, por eso nos hicimos amigos, ¿eh? Si hubiéramos nacido ahora, habríamos estado en la misma clase y no habría habido nada de mejores amigos, ni amistad, ni primer amor, ni porquerías.
Do-jin, que miraba fijamente a Hyun-oh, soltó una risita. Recuperó la postura y volvió a su estado habitual de alegría despistada.
—Es verdad. Originalmente tendrías que llamarme "Hyung". Anda, dime "Do-jin Hyung".
—¿Estás loco?
—¡Ah, dilo!
Do-jin estiró el brazo y le aplicó una llave de cabeza. No dolió, pero Hyun-oh soltó un alarido al sentir cómo sus manos le desordenaban todo el pelo.
—¡Ah! ¡Aaaargh! ¡Me vas a arruinar el pelo! ¡Ah! ¡Hyung! ¡Hyung!
Do-jin no soltó a Hyun-oh hasta que se dio por satisfecho despeinándolo. Hyun-oh, que en un segundo quedó con un nido de pájaros en la cabeza, se aplastó el pelo apresuradamente con las manos.
—Agh... ¿Tanto quieres que te llame "Hyung"?
—¿Acaso hay alguien que no quiera escucharlo? "Hyun-oh hyung~ cómprale una chuchería a Do-jin~".
Hyun-oh, sintiéndose repentinamente mareado, cerró los ojos con fuerza. Do-jin soltó una risita y estiró la mano.
Al sentir el calor cálido sobre su pelo revuelto, Hyun-oh se enderezó por inercia. La mano grande empezó a peinar suavemente el desastre. Hyun-oh, dejándose cuidar dócilmente, respondió con gesto huraño:
—¿Por qué cuanto más viejo te haces, más pareces un crío?
—Mmm, ¿será porque no soy el "hyung"?
—¿Qué dices? ¡Ah! ¡Oye! ¡No hagas eso!
Do-jin volvió a restregarle el pelo que acababa de arreglar. Hyun-oh le apartó la mano con un golpe seco y se retocó el pelo resoplando. Quizás por la costumbre de cuando tenía el pelo decolorado y estropeado, Hyun-oh era muy sensible con el cuidado de su peinado.
—Como te da tanto asco, más ganas tengo de oírlo. Venga, llámame "hyung" rápido.
—Ya te he dicho hyung antes.
—¿Acaso eso es lo mismo que esto?
Parecía que estaba decidido. Do-jin se cruzó de brazos como si no fuera a retroceder hasta que lo llamara "hyung". Hyun-oh sabía que decir lo que él quería sería lo más rápido y sencillo, pero extrañamente, las palabras no salían con facilidad.
Si no hubiera nacido a principios de año. O si se hubieran conocido en el mundo profesional. ¿Sería por eso que realmente tendría que haber llamado "hyung" a Do-jin?
Tal vez, al haber recuperado su curso correspondiente tras repetir, se sentía aún más inclinado a mantener ese orgullo innecesario. Incluso por fecha de nacimiento se llevaban casi seis meses, así que bromear con un "a estas alturas somos amigos" resultaba ambiguo. Prefería decir "Hyung-nim" en broma, pero decir "hyung"...
—¿Mmm? ¿Qué pasa? ¿No puedes?
La sonrisa burlona de Do-jin se hacía cada vez más evidente. Estaba claro que se había dado cuenta de que Hyun-oh no podía hablar de inmediato por puro orgullo. Y eso significaba que a Hyun-oh le importaba muchísimo el hecho de llamar "hyung" a Do-jin.
Mierda. Qué más da, lo digo una vez y se acabó. Hyun-oh, que no quería perder, cerró los ojos con fuerza y soltó:
—¡Ah! ¡Ya lo digo y ya está…! ¡Hyung! ¡Hyung!
Las mejillas de un Hyun-oh que gritó con todas sus fuerzas se encendieron al instante. Tras inhalar profundamente, bajó la mirada y añadió mascullando:
—...Do-jin... Hyung...
En un segundo, el flujo del aire se volvió extraño. Se podía sentir en la piel un cambio de atmósfera tan electrizante que hacía que se erizara el vello.
—¿...?
Hyun-oh comprobó la reacción de Do-jin con cautela.
Do-jin, que lo miraba con los brazos cruzados, mantenía la comisura de los labios elevada por hábito, pero aquello se parecía más a haberse quedado congelado tras recibir un golpe seco que a una sonrisa.
¿Qué pasa? ¿A qué viene esto de repente? Hyun-oh, desconcertado por dentro, tragó saliva con dificultad. Como si eso fuera una señal, Do-jin se pasó la mano por el pelo de cualquier manera, nervioso. Se frotó la frente y luego bajó la mano a la boca, sin saber qué hacer. Se sentía la vibración de alguien que mueve la pierna con frenesí.
No me digas que...
—...Oye. Te lo pregunto por si acaso.
—...No preguntes.
Maldita sea. Do-jin se cubrió la cara con las manos. Estaba tan rojo como un boniato asado.
No puede ser, ¿se ha excitado solo por oír “hyung”? Sin embargo, Hyun-oh no estaba en posición de burlarse. En el momento en que se dio cuenta de que Do-jin se había alterado por un simple apelativo, Hyun-oh también sintió un chispazo de calor en el bajo vientre.
—...
—...
El sonido de la pierna de Do-jin vibrando se hizo aún más fuerte. Do-jin carraspeó e intentó mirar por la ventana mientras su nuez de Adán subía y bajaba con fuerza.
Hyun-oh, con la cara ardiendo, también desvió la mirada rápidamente hacia el pasillo opuesto, pero aquello no era más que un parche temporal.
Pensándolo bien, ¿qué estaban haciendo antes de venir a la escuela este fin de semana? Justo cuando la cosa empezaba a calentarse, tuvieron que enfriar los ánimos por el favor que le pidieron a Do-jin por ser el novato.
Esa pasión no resuelta podía volver a encenderse con el más mínimo detonante. Uno de sus pezones, que aún seguía algo hinchado, volvió a darle una punzada de sensibilidad.
Céntrate, Choi Hyun-oh. Hyun-oh se esforzó desesperadamente por calmar lo que empezaba a notar ahí abajo.
Esto era una escuela. Era el aula donde Do-jin era tutor, su lugar de trabajo. Si tenía algo de decencia, al menos no debía tener una erección aquí. ¡Tenía que aguantar...!
—...S-si te vas a poner así por t-tan poca cosa... ¿para qué me pides que te llame hyung? De verdad...
Hyun-oh le lanzó un reproche incómodo. Sin embargo, Do-jin, con el rostro tenso, se limitó a respirar con dificultad sin responder. O más bien, sería más exacto decir que su pensamiento se había detenido por completo, incapaz de articular ninguna tontería. Sentía fuego por dentro. Do-jin se humedeció el labio inferior e intentó romper el hielo con lo primero que le vino a la mente.
—Como sea, esto... Ay, mierda...
Pero el intento fue un fracaso estrepitoso. Tras cerrar los ojos un momento e inhalar aire profundamente, Do-jin se golpeó la frente de repente. ¡Pam, pam! Hyun-oh, asustado por esa autolesión inesperada, gritó:
—¡Oye! Por mucho que...
—¿...Quieres ver el cerezo?
—¿...Eh?
Do-jin, que aún tenía la mano en la frente, movió solo los ojos para mirar a Hyun-oh. Su mirada ya estaba completamente trastornada. Gulp... Hyun-oh tragó saliva ante una sensación que no sabía si era expectativa o algo más.
—Ese. El cerezo gigante de cincuenta años de nuestra escuela.
Do-jin señaló con la barbilla hacia algún lugar fuera de la ventana. Parecía parte de la ruta de la cita que Do-jin había prometido para enseñarle la escuela, pero...
—...
En esta situación, era imposible tener cabeza para contemplar un frondoso cerezo. Hyun-oh, con los labios temblorosos, negó con la cabeza de forma casi imperceptible.
¡Clac! Do-jin se levantó del sitio de golpe. Dándose la vuelta hacia la tarima, se quitó el forro polar que llevaba puesto y se lo anudó a la cintura mientras decía:
—Entonces vámonos a casa. Rápido.
***
Apenas se cerró la puerta de la entrada, Hyun-oh fue empujado contra la pared. Kung. Tras el rebote, Hyun-oh, que también chocó contra Do-jin, cerró los ojos con fuerza.
No sentía la muñeca izquierda, que seguía apresada. Era el resultado de que Do-jin hubiera recorrido en 17 minutos un trayecto que normalmente tomaba 30, y de que lo hubiera arrastrado desde el aparcamiento como si lo llevara arrestado.
—¡Mmh...!
Sus labios se juntaron con urgencia. Do-jin, habiendo alcanzado finalmente lo que deseaba, inspiró profundamente hinchando la espalda. Acto seguido, se acercó a Hyun-oh como un cazador que planea despiezar y saborear cada parte de su presa paso a paso.
—...Ah, ah...
Hyun-oh retrocedió hasta que los talones de sus zapatos chocaron con el borde del rincón. El cuerpo de Do-jin, que lo besaba como si sufriera de una sed insaciable y buscara pegarse a su amante a toda costa, lo aplastó con pesadez.
—Mn...
La luz del sensor de la entrada parpadeaba repetidamente siguiendo sus movimientos erráticos. El beso, que comenzó de forma algo precipitada y violenta como si quisieran devorarse, se fue suavizando poco a poco tras saciar parte de la sed. Do-jin, que hurgó con avidez en la boca de Hyun-oh durante un buen rato, separó los labios con un sonido seco.
—Ha...ah...
—Ah... Pensé que me moría.
Do-jin volvió a inclinar la cabeza y presionó sus labios contra la mejilla de Hyun-oh. Enterró la nariz en su cuello, inhalando varias veces como si quisiera acaparar incluso su olor corporal.
Era lógico. Aunque el trayecto en coche solo duró poco más de diez minutos, solo pudieron volver a casa después de recoger las sillas del aula, cerrar con llave y devolver la llave de la clase a la sala de profesores.
—Vuelve a decir "Do-jin hyung".
Do-jin, que ya no tenía nada que lo detuviera, exigió con orgullo el apelativo que lo había hecho entrar en erección. Hyun-oh, que temblaba levemente ante el aliento caliente y los labios que rozaban su cuello constantemente, abrió la boca con vacilación.
—¿Do-jin...hyung?
—Ah, joder...
Do-jin, incapaz de contener el deseo destructivo que surgía desde su interior, terminó soltando un taco. Sus labios volvieron a unirse con urgencia. El sonido de la respiración de Do-jin, más excitado que de costumbre, hizo que a Hyun-oh le recorriera un escalofrío por la espalda.
—Joder, Choi Hyun-oh, ah, me voy a volver loco. Sigue diciéndolo. Dime hyung, sigue...
—Ah... No, ¿por qué te pones así por solo esto? Mmh...
Do-jin volvió a sellar con sus labios a un Hyun-oh que no lograba comprenderlo. ¿Tanto le gustaba que lo llamara hyungh? Si Do-jin lo llamara a él "Hyun-oh hyung"... supuso que le parecería tierno y le daría ganas de responderle con un "dime". Pero no creía que fuera para tanto como para lanzarse así, perdiendo el juicio por la excitación...
—¡...Ah!
Hyun-oh, que estaba siendo casi aplastado contra la pared, soltó un grito poco elegante. Fue porque, de repente, Do-jin lo levantó en vilo.
—¡Oye, oye! ¡Yoo Do-jin!
Gracias a su novio, que rebosaba fuerza, lo habían transportado colgando muchas veces de forma impropia para su edad, pero todavía no terminaba de acostumbrarse a que su campo de visión se elevara tan repentinamente. Hyun-oh rodeó rápidamente la cintura de Do-jin con sus piernas. Vio cómo los ojos de Do-jin volvían a nublarse por el deseo.
—Ah, tus muslos, joder...
Aunque solo fue un instinto para no caerse, Do-jin se excitó aún más ante el contacto de los firmes muslos apretando su cintura. Do-jin, que ya se había despojado de sus zapatos, intentó avanzar como un potro desbocado.
—¡Mis zapatos, mis zapatos! ¡Oye!
¿Habrá sido gracias a los manotazos que le dio en la espalda? Do-jin esperó muy a duras penas el instante en que Hyun-oh se quitó las zapatillas temblando en una posición incómoda. Aun así, debió de resultarle difícil, pues empezó a moverse incluso antes de que la última zapatilla terminara de caerse de su empeine.
—Ah, joder...rápido…rápido...
Sus pasos, atravesando el pasillo y el salón hacia el dormitorio, eran puras prisas. Hyun-oh, en brazos, llegó a sentir mareo.
¡Bang! Do-jin abrió la puerta del dormitorio de una patada. El fuerte impacto se transmitió directamente a Hyun-oh. La mano que protegía su cabeza para no chocar con el marco de la puerta bajó hasta la nuca.
—Ha...
A pesar de que Do-jin actuaba de forma salvaje por la excitación, sus movimientos al dejar a su amante en la cama fueron sumamente cuidadosos. Sudando a mares, mostró una actitud tan cautelosa como si estuviera acostando a un recién nacido que aún no sostiene la cabeza. El "bebé" de unos 312 meses que estaba en sus brazos fue el único que se sintió avergonzado.
Sin embargo, para soltar un reproche vacío por timidez, Hyun-oh conocía demasiado bien a Do-jin. Podía sentir que ya no le quedaba ni un ápice de paciencia a aquel hombre que exhalaba un largo suspiro girando la cabeza de lado a lado.
Todavía había luz natural. El dormitorio, sin las cortinas opacas echadas, mostraba crudamente la situación del hombre frente a él. La zona que apenas había cubierto con el forro polar atado a la cintura revelaba un contorno tan grueso que era imposible ignorarlo.
Naturalmente, la mirada de Hyun-oh se clavó en la entrepierna de Do-jin. Quizás porque solo usaba pantalones de chándal por comodidad, el pesado pilar se marcaba de forma aún más descarnada a través de la tela holgada.
—Pero tú... ¿de verdad te pones así solo por oír "hyung"?
Se veía claramente cómo el pene de Do-jin, erecto hasta el límite, palpitaba. Hyun-oh puso una expresión de ligero asombro. Do-jin, con la cara roja, gritó:
—Joder... Choi Hyun-oh, ¿te estás portando así de sexy a propósito?
—¡No, en qué momento...! ¡Ah!
Do-jin subió a la cama resoplando. Un lado del colchón se hundió ante su presencia, y un calor tan pesado como su peso se abatió sobre Hyun-oh.
—Ah, ah, ah...
Mientras compartían un beso que hurgaba solo en los puntos placenteros de la boca, se percibían los ruidosos movimientos de Do-jin deshaciéndose de su ropa. La mano que rápidamente arrojó el forro polar e intentó bajarse el pantalón de chándal cambió de rumbo bruscamente.
—¡Ah!
Una mano caliente, como si estuviera hirviendo, se metió de golpe bajo la camiseta de Hyun-oh. El deseo de tocar a Hyun-oh y el de desnudarlo se tradujeron en el acto de agarrar el forro de la sudadera. Por supuesto, la prenda solo se arrugaba y se levantaba bruscamente.
—Es-pera, espera, yo...
Tener un camino fácil para desvestirse y elegir el difícil también era un talento. Hyun-oh se incorporó evitando a un Do-jin que no paraba de pegarse a sus labios y cruzó los brazos para agarrar el dobladillo de su ropa.
—Ha...
Al instante, los labios de Do-jin se entreabrieron. A pesar de ser un simple proceso de desvestirse, el sonido de su respiración excitada aumentó como si estuviera viendo el striptease más provocativo del mundo.
Este tipo de verdad... ¿tanto le gusto? Un pensamiento que asomaba periódicamente en un rincón de su mente volvió a surgir. Ya debería estar acostumbrado, pero el enamoramiento ciego de Yoo Do-jin por Choi Hyun-oh seguía intacto.
La mirada temblorosa de Do-jin siguió a Hyun-oh mientras este se quitaba la prenda holgada y la dejaba caer sobre la cama. Su expresión de embobamiento seguía ahí. Hyun-oh, sintiéndose entre avergonzado y orgulloso por esa mirada, ordenó:
—Ven aquí.
Solo entonces Do-jin cerró la boca y se inclinó lentamente. Su rostro estaba tan encendido que parecía que iba a explotar si lo pinchaban.
Hyun-oh comenzó a quitarle la camiseta a Do-jin. Aunque todavía refrescaba por las mañanas y noches como para llamarlo clima primaveral, Do-jin, que siempre tenía mucho calor, ya vestía de manga corta. Al quitarle la prenda elástica, la piel que tocaba de forma natural estaba ardiendo.
Do-jin, que se dejaba hacer dócilmente por Hyun-oh, estaba rojo hasta la zona de las clavículas. Apenas movía los labios; parecía que simplemente estaba volviéndose loco de excitación.
Ha, ha, ha... El ritmo de la respiración de Do-jin se aceleró gradualmente hasta que, de repente, perdió el control.
—¡Ah!
Unas manos grandes sujetaron con fuerza el pantalón de Hyun-oh. El chándal que se había puesto con la idea de hacer un recado rápido en su día libre bajó de un tirón.
—¡Oye! ¡Yoo Do-jin, en serio! ¡Vas a volver a romperlo, oye!
Do-jin arrojó el pantalón de Hyun-oh hacia atrás sin siquiera mirar. El siguiente objetivo era la ropa interior de Hyun-oh.
La habitación, iluminada por la luz natural sin necesidad de encender las lámparas, mostraba claramente la entrepierna de su amante, hinchada por la expectativa y los estímulos continuos. La respiración de Do-jin se volvió aún más pesada.
—Ha...ah...
De lo excitado que estaba, sus manos temblorosas empezaron a retirar la ropa interior de Hyun-oh. Plop. Finalmente, la última prenda que cubría a Hyun-oh cayó al suelo.
—Uuh...joder...
Do-jin admiró con sinceridad. Sus ojos llenos de pasión recorrieron una y otra vez el cuerpo desnudo que se revelaba ante él. La imagen de su amante tumbado en la cama vistiendo solo unos calcetines blancos estimuló otro tipo de deseo carnal.
—Joder. Cariño, de verdad...eres realmente guapo y sexy...
—...Pero si me viste ayer.
A pesar de haberle visto hasta el cansancio. Do-jin no se amilanó ante el reproche vacío que Hyun-oh soltó por timidez. Respondió que ver bajo la luz natural era muy distinto a ver con la luz apagada, mientras soltaba exclamaciones cargadas de excitación.
—...
Cuanto más sentía esa mirada explícita, más le punzaba el bajo vientre, y su parte trasera, que ya conocía el placer que estaba por venir, se contraía como si se sintiera vacía. Sus entrañas se apretaron anhelando la sensación de algo grande, duro y grueso llenando su interior.
Además, ¿sería porque el pene de su pareja, erecto al límite, se mostraba crudamente ante sus ojos? Por un instante, el bajo vientre donde se concentraba el calor vibró levemente como si ya hubiera habido una penetración.
—...Hagámoslo rápido.
—¡¡Sí!!
Do-jin, que gritó con fuerza como quien más lo estaba esperando, procedió según las órdenes. Hyun-oh se mordió los labios con fuerza. Do-jin sacó el lubricante a toda prisa con manos temblorosas, pero debido a sus movimientos precipitados y poco precisos, Hyun-oh empezó a impacientarse más.
Maldita sea... Los pezones de Hyun-oh, que apenas unas horas antes habían sido mimados hasta llevarlo al clímax, daban punzadas de expectativa. Y de nuevo, debido a que había pasado toda la noche revolcándose con Do-jin unas horas antes, su parte trasera, que todavía estaba suave y relajada, se sentía vacía.
Tragó saliva ante el sonido del frotamiento rápido para que el lubricante frío se calentara. Hyun-oh, con prisas, dobló las rodillas.
—Ya está... ¡¡Aah!!
Do-jin pegó un brinco como si acabara de recibir una descarga eléctrica. Fue porque descubrió a Hyun-oh, quien usaba ambas manos para separar sus propios glúteos, mostrándole su entrada que se abría y cerraba expectante.
Fue tal la sorpresa que Do-jin dejó caer el tubo de lubricante que sostenía. Hyun-oh, sintiéndose avergonzado y al mismo tiempo consumido por la impaciencia, lo apremió:
—Mételo ya. ¿Sí?
En un instante, Do-jin se llevó la mano con la que había apretado el gel hacia la boca, pero se sobresaltó y cambió rápidamente a la otra mano. Parecía estar ardiendo en llamas mientras se frotaba la comisura de los labios con brusquedad.
—Ah, joder, creo que me ha salido... ¿me ha salido sangre de la nariz?
—¡No te ha salido nada, tonto!
Debió de confundirse por un poco de gel que se le quedó en el surco del labio. Pero no era para menos; el rostro de Do-jin estaba tan congestionado que no habría sido raro que le estallara la nariz en ese momento. Do-jin tragó saliva y su nuez de Adán se movió con fuerza.
Con la boca firmemente cerrada, Do-jin se acercó un poco más gateando de rodillas. Sujetó una de las rodillas de Hyun-oh y cargó su peso, haciendo que la articulación de la cadera se abriera con una ligera rigidez. Hyun-oh soltó sus manos, pero sintió cómo su zona íntima, ahora totalmente expuesta, seguía palpitando.
—Ha...
Do-jin, con la cara encendida, soltó un largo suspiro. Finalmente, el gel que conservaba su calor corporal rozó la entrada. Ante la presión de las yemas de sus dedos temblorosos, el interior se contrajo un instante como para rechazar al invasor, pero pronto su parte trasera, que aún seguía relajada y suave, comenzó a recibir los dos dedos con facilidad.
—Ah, ah...
El líquido viscoso y resbaladizo fue empapando su interior. Solo con sentir los dedos gruesos abriéndose paso por las paredes elásticas, un placer familiar empezó a propagarse. Sentía el bajo vientre caliente y con un cosquilleo. Hyun-oh frotó la nuca contra la sábana y se entregó al placer que empezaba a desbordarlo.
—Ah, ah...ah...
Do-jin, que primero insertó los dedos corazón y anular hasta la base, comenzó a mover la mano con movimientos cortos pero rápidos. Cada vez que empujaba hacia adelante y hacia atrás, presionando como si quisiera pinchar justo debajo del ombligo, los sentidos internos de Hyun-oh se volvían más agudos.
—Ah, ah...ah...
En cuanto Hyun-oh empezó a soltar pequeños quejidos de placer, el movimiento que estimulaba sus paredes internas se aceleró. Su excitación subió como un rayo.
—Ah, ahí... ah, ah... ¡Ah!
¡De repente, paf! En el momento en que lo golpeó con fuerza, un placer punzante estalló en lo profundo de su vientre. La espalda de Hyun-oh se arqueó. Como si fuera una señal, el movimiento de la muñeca que hurgaba bajo su ombligo se volvió más violento y veloz.
—Ah, ah, ¡ah, ah! Mmh... ¡Ah, ah...!
En cada pared interna que rozaban esos dedos largos y gruesos, surgía una sensación parecida a las ganas de orinar. Mientras el estrecho interior apretaba los dedos con fuerza, Do-jin mantenía la boca cerrada. Gracias a eso, en la habitación aún iluminada solo resonaban los gemidos de Hyun-oh y el sonido húmedo y viscoso.
—¡Ah, ah! Ah, ah, creo que me voy a... ¡Ah, ah...!
El calor que brotó desde el bajo vientre se extendió rápidamente por todo su cuerpo. El sonido del gel totalmente derretido salpicando era escandaloso.
Hyun-oh, cuyo punto de placer estaba siendo hostigado sin descanso, agitaba la cadera. Siguiendo su instinto, empezó a pellizcar y frotar sus propios pezones, que estaban erectos y firmes. Do-jin soltó un taco entre dientes.
—Do-jin, yo...ah, hng, ¡mmh...! ¡Ah, ah, ah!
Do-jin, apretando los dientes, retiró la mano bruscamente justo antes de que Hyun-oh llegara al orgasmo. Incluso la sensación de las paredes internas siendo arrastradas hacia afuera se convirtió en otro tipo de placer.
—¡Ah, ah! Ha, ha...
La espalda de Hyun-oh, que había estado arqueada, se relajó de golpe mientras respiraba con dificultad. Su pecho subía y bajaba con fuerza por los restos de un placer que se detuvo justo antes del clímax. Sus pezones, especialmente estimulados, daban punzadas.
—Ha... Choi Hyun-oh. Tú de verdad...
Do-jin se quitó el pantalón de chándal a toda prisa. Tras bajarse también la ropa interior con urgencia, su pene viril, erecto de forma amenazante, saltó al aire. Su balanceo en el vacío resultaba imponente.
—Joder, ha...
Do-jin buscó un condón en el cajón de la mesilla de noche de forma tan precipitada que casi hace un estropicio. Solo después de varios intentos fallidos con las manos temblorosas por la prisa, logró cubrir el pilar hasta la base con la fina película de goma.
Fiu, habiendo terminado los preparativos, Do-jin se abalanzó sobre él. Cuando Hyun-oh, que se acariciaba los pezones sensibles, abrió un poco más las piernas, vio cómo a Do-jin se le iba la cabeza por completo. Sujetando su pene con mano trémula, Do-jin frotó el bálano sobre la entrada que se abría suavemente.
—Ah...ah, aah…
La entrada relajada aceptó el bálano, del tamaño de una ciruela, con solo una ligera presión de la cadera. Ante el grueso pene que se abría paso llenando el vacío interno, la boca de Hyun-oh se entreabrió involuntariamente.
—Ah, ah, ah...mmh...
Todo su cuerpo tembló ante la sensación de ser invadido profundamente, llenando cada rincón de sus estrechas paredes. Aquello, casi del tamaño del brazo de un bebé, aplastaba de forma feroz sus puntos sensibles con el solo hecho de la inserción. La mente de Hyun-oh se quedó en blanco mientras encogía los dedos de los pies.
—Ha...ah...
La inserción, que parecía no tener fin mientras apartaba sus paredes internas, terminó. Do-jin, habiéndose introducido hasta la raíz, abrazó a Hyun-oh como si no fuera suficiente y puso fuerza en su cintura. Solo con ese empuje extra hacia lo más profundo, su zona íntima se tensó al máximo y un placer doloroso se propagó por su cuerpo.
—Mmh...
En el momento en que Hyun-oh tiró del cuello de Do-jin, sus labios se juntaron sin saber quién empezó primero. Con el enorme pene dentro y siendo aplastado por Do-jin, el beso le dejaba sin aliento. Todo era calor y pesadez. Sentía como si no quedara ni un solo hueco libre en su cuerpo.
Do-jin, habiendo agotado toda su paciencia, comenzó a embestir con fuerza desde el principio.
—¡...!
Los sentidos de los puntos sensibles, que ya habían provocado placer al ser presionados, volvieron a agudizarse. Mientras el pene duro hurgaba rítmicamente en su interior, la pesada sensación sexual crecía como un incendio forestal.
—...Ah, ah, ¡ha! Ah, ah…
Hyun-oh, a quien finalmente le costaba respirar, separó los labios primero. Al mismo tiempo, los gemidos que habían estado contenidos empezaron a escaparse. Las piernas de Hyun-oh ya rodeaban firmemente la cintura musculosa de Do-jin.
—¡Ah, ah, ah, aaah!
—Ha, joder...
A pesar de estar inmovilizado por los brazos y piernas de Hyun-oh, Do-jin continuó embistiendo con brutalidad. Al estar tan pegados, cada vez que Do-jin cargaba su peso y golpeaba con fuerza, el impacto se transmitía íntegramente a Hyun-oh. Sin necesidad de técnica, solo con el poder de las estocadas, brotaba un placer tan intenso que era incontrolable.
—¡Ah! ¡Ah! Ah, ah, Do-jin...mmh...
A pesar del impacto constante en su zona baja, se sentía increíblemente bien. Hyun-oh también agitaba la cadera acompasado con el ritmo en que el pene gigante hurgaba en lo más profundo de sus paredes. El bálano, entrando cada vez más, machacaba sin piedad las zonas más estrechas y peligrosas.
—¿Te gusta?
—¡Ah, ah! ¡Ah, ah...!
Do-jin, tras una estocada profunda, empezó a mover la cadera de forma circular y densa. Ante ese movimiento que se volvió suave de repente, sus paredes internas, que vibraban por el placer punzante, se contrajeron espasmódicamente. Hyun-oh temblaba de pies a cabeza.
—Ah...ha...
Sentía que el cerebro se le derretía al pasar de un hostigamiento violento a un movimiento tan dulce. Do-jin, que abrazaba a Hyun-oh con fuerza, cambió de posición. Quería ver el rostro de su amante, con las mejillas encendidas y soltando gemidos de agonía, totalmente fuera de sí.
Sus miradas se cruzaron. Mientras observaba a un Hyun-oh completamente deshecho por el placer, Do-jin, que seguía embistiendo suavemente hacia arriba, lo apremió:
—Vuelve a decir "Do-jin hyung".
—Ah, hng, ¿por qué tú...ha...estás tan obsesionado con lo de hyung...?
En el rostro de Hyun-oh, sonrosado por el clímax, apareció un gesto de incredulidad. Qué más daría lo de "hyung". Pensaba que era un tema pasado, pero no sabía hasta cuándo pensaba seguir con lo mismo.
—Ha... Entonces dime "Do-jin sunbae".
—...Ha, ha, ¿Sunbae?
¿De dónde salió ahora lo de "sunbae"? Antes de que Hyun-oh pudiera preguntar con extrañeza, Do-jin sonrió de oreja a oreja mientras apretaba los dientes.
—¡...Ah! ¡Espera, ah, ah!
El movimiento de cadera, que se había calmado un momento, volvió a ser violento. Ante el movimiento de vaivén que se volvió fuerte de repente, hasta el punto de escucharse el golpe contra sus glúteos, los brazos que rodeaban el cuello de Do-jin perdieron fuerza y terminaron arañando sus hombros y la zona de la clavícula.
—Do-jin, ah, aah, ¡ah, ha...!
Hyun-oh, sacudido frenéticamente de arriba abajo, intentó agarrar a Do-jin de nuevo, pero este se incorporó del todo y empezó a embestir tirando de ambos muslos de Hyun-oh hacia sí.
Fue penetrado con los glúteos levantados. Al entrar aún más profundo por el cambio de ángulo, Hyun-oh soltó un gemido que pareció un grito.
—Uau, joder...qué excitante. Choi Hyun-oh llamándome sunbae...
—¡Es-pera, ah, aaah!
Era una postura mantenida puramente por la fuerza de agarre de Do-jin. En esa posición que resultaba entre incómoda e inestable, tenía que ver irremediablemente cómo el pene grueso cubierto por la goma salía casi hasta el bálano y volvía a entrar. Debido a la postura, cada vez que Do-jin penetraba, su bajo vientre tenso parecía abultarse siguiendo la forma del pene.
—¡...!
¿Sería por esa visión tan estimulante e irreal que le daban ganas de frotarse los ojos? De repente, la excitación que se había ido acumulando estaba a punto de estallar. Le dolía la zona lumbar y su bajo vientre se contraía con pequeños espasmos. Su corazón latía tan fuerte que parecía que iba a caerse en cualquier momento.
Ante la clara señal del clímax, las piernas de Hyun-oh se abrieron hasta sentir rigidez, intentando recibir a Do-jin lo más profundo posible.
—¡Ha, ha! Do-jin, Do-jin, mmh, más, más, no pares... ¡Ah, ah!
—¿Te vas a correr?
Hyun-oh asintió frenéticamente. Justo cuando las manos que sujetaban sus muslos tersos parecieron apretar con más fuerza, Do-jin retiró el pene por completo de forma inesperada.
—¡...!
Al salir el objeto grueso que llenaba su interior, sintió un escalofrío que pareció un impacto. Sus paredes internas se contrajeron espasmódicamente, como negando el hecho de que el pene que las hostigaba rápidamente se hubiera marchado.
—¡Ha, ha, ha, aaah...!
No fue el clímax. Todavía la parte baja de Hyun-oh seguía erecta, derramando un flujo preseminal constante como si fueran hilos. Sin embargo, aunque no había eyaculado, Hyun-oh, que había alcanzado un orgasmo casi idéntico, sacudía su cuerpo entre espasmos.
Un acto que se detuvo justo antes de la liberación del placer. Hyun-oh, que llevaba mucho tiempo con Do-jin, no necesitaba pensar demasiado para saber qué pretendía él. Hyun-oh soltó un quejido y negó con la cabeza.
—No, prefiero correrme de una vez, esto es...demasiado...difícil, ¡haaa...!
A pesar de su rápido ruego, Hyun-oh fue volteado como una hoja de papel. En un instante quedó en una posición en la que parecía que sería embestido desde atrás; intentó girar la cabeza apresuradamente, pero solo pudo sostener su cuerpo con sus brazos debilitados. Unas manos calientes sujetaron con fuerza su pelvis.
—¡Ah...!
Su interior, que se contraía con fuerza por el vacío, fue atravesado de un solo golpe. En el momento en que el pene de Do-jin se hundió hasta la raíz, Hyun-oh llegó a pensar que había eyaculado.
Sin embargo, la punta de su pene erecto seguía goteando únicamente un flujo preseminal opaco. Hyun-oh soltó un grito silencioso mientras se ahogaba en un placer vertiginoso.
—¡...Ah! ¡Ah, ah...!
Sobre la excitación acumulada se superpuso un placer aún más alto y punzante. ¡Paf, paf! Cada vez que lo embestía con tanta fuerza que se escuchaba el golpe, sentía una punzada insoportable en sus entrañas. Parecía que una corriente eléctrica fluía por el mismo camino que recorría el pene de Do-jin. Era una sensación similar a las ganas de orinar.
—Ah, ah, ah, mmh...
Hyun-oh se retorcía aferrándose a las sábanas. Se quedaba sin aliento por un placer difícil de soportar.
Habría sido mejor eyacular una vez y seguir con el sexo después; este método era mucho más agotador. Sobre el placer que ya sentía se añadía una excitación más afilada, por lo que, incluso al llegar al clímax, no había liberación, sino que debía experimentar un orgasmo tan largo que resultaba doloroso. No era exagerado decir que lo estaban exprimiendo.
—Ha, joder... Siento que me estoy tirando a mi junior Choi Hyun-oh en la sala del club.
Cerca de su oído, encendido por el calor, escuchó la voz de Do-jin mascullando esas palabras. Pensó que estaba loco; se le habían nublado los ojos por unos apelativos como "hyung" o "sunbae" que debió de haber escuchado hasta el cansancio toda su vida. Como si se hubiera excitado más por sus propias palabras, la fuerza con la que lo embestía se volvió aún más potente.
—¡Ah, ah, sí! ¡Ah, ah! ¡Ahhh...!
Finalmente, la parte superior del cuerpo de Hyun-oh, que no pudo aguantar más, se desplomó. Sus pezones, tiesos, se rozaban contra la sábana al ritmo de las estocadas. Las protuberancias rosadas eran aplastadas sin piedad.
—...Ah, ah, ¡ah, ah!
Aunque solo era una fricción repetida, desde el pequeño punto de su pecho surgió un placer que rayaba en lo violento. Y eso ocurría justo cuando se sumaba un placer afilado teniendo el clímax frente a sus ojos. Al añadirse esa sensación que electrizaba hasta el interior de sus pezones, Hyun-oh alcanzó en ese instante un clímax inesperado.
—¡...!
De su boca abierta de par en par ni siquiera pudo brotar un gemido. Su mente se quedó en blanco. Todo su cuerpo se tensó rígidamente y su interior apretó el pene como si quisiera arrancarlo. De pronto, una profunda línea se marcó en el entrecejo de Do-jin.
—Joder, está demasiado... ¡Ah!
Intentó aguantar un poco más, pero tras continuar con unas cuantas estocadas con la intención de hundir hasta sus testículos, Do-jin tampoco pudo resistir más y eyaculó.
Pit, pit... Mientras Hyun-oh seguía suspendido por Do-jin con los glúteos en alto, un líquido seminal diluido goteaba entre sus piernas. Debido a sus constantes relaciones, tenía un color blanquecino casi transparente.
—...Ah, ah, ha...
El semen, que no era muy distinto al agua, resbalaba por sus muslos y caía gota a gota sobre la sábana. Hyun-oh, que había estado temblando rígido hasta el punto de que se le marcaban hoyuelos sobre los glúteos, se desplomó hacia adelante. Fue porque Do-jin, tras descargar toda su simiente en lo más profundo de Hyun-oh, dejó caer su cuerpo sobre él.
—...Ha...haa...ah...
Hyun-oh, aplastado bajo Do-jin, seguía temblando levemente. Debido al pene pesado que todavía llenaba su vientre, los orgasmos seguían llegando sin cesar. El hecho de que su interior no dejara de contraerse alrededor del objeto de Do-jin no era por voluntad de Hyun-oh.
—Ha, aah... ¿Estás bien?
Do-jin preguntó con voz ligeramente quebrada, pero Hyun-oh, que jadeaba como si le faltara el aire, no pudo responder durante un rato.
Tras temblar como una hoja durante un buen tiempo, Hyun-oh apenas logró murmurar con una voz moribunda.
—Ah...yo, joder...
Sin embargo, Hyun-oh, con la cara hundida en la sábana húmeda, no pudo continuar. Do-jin, empezando a preocuparse un poco, sacudió suavemente el hombro de Hyun-oh.
—¿Cariño? No te has dormido, ¿verdad?
—...Sácalo, ya...
Parecía que Do-jin quería estar en contacto con Hyun-oh un poco más. Sus labios llenos de renuencia rozaron lentamente la zona de los omóplatos de Hyun-oh, pero retiró su pene con sensatez antes de que le cayera un grito.
—Ah...
Su parte trasera, al quedar vacía tras la salida de aquello que la llenaba pesadamente, se abrió y cerró como si lo extrañara. Sintió la mirada ardiente de alguien recorriéndolo, pero Hyun-oh, que estaba hecho polvo y desparramado, sentía que ya le daba igual todo.
Echando miraditas furtivas una y otra vez, Do-jin anudó el condón usado, limpió el semen restante con un pañuelo y volvió a acercarse.
—De verdad no te has dormido, ¿no?
Do-jin volvió a voltear a su amante, que estaba tan ligero como una hoja de papel. Apareció el rostro de Hyun-oh, que aunque no tenía fuerzas para hablar, mantenía los ojos entreabiertos. Do-jin sonrió radiante, como si se alegrara de verlo tras un breve instante.
—¡Arriba!
Aprovechando el impulso, Do-jin abrazó con fuerza a Hyun-oh y se apoyó en el cabecero de la cama. ¡Muar, muar, muar! Do-jin, con una sonrisa de oreja a oreja, no paraba de besarle las mejillas.
—¿Estás feliz...?
—Sí. Ah, resulta que es increíble que Choi Hyun-oh me llame hyung.
Precisamente por esa razón, salvo que necesitara un as bajo la manga cuando quisiera tener sexo desenfrenado con la mentalidad de "vamos a morirnos hoy", o cuando tuviera que pedirle un favor irracional que él mismo considerara absurdo, o cuando Do-jin estuviera tan furioso que se pusiera serio, Hyun-oh decidió que no volvería a llamarlo ni "hyung" ni "sunbae".
Hyun-oh se apartó de un Do-jin que le daba besos sonoros hasta que le dolían las mejillas. Aunque, en realidad, solo fue dejar caer la cabeza hacia un lado por la falta de fuerzas.
Naturalmente, Do-jin devolvió la cabeza de Hyun-oh a su posición original con la otra mano. Le succionó la mejilla con un sonido fuerte. Hyun-oh, a quien también le succionaron el aire, murmuró:
—A ver...lo habrás escuchado hasta el cansancio. ¿Acaso se te pone dura cuando otras personas te llaman así?
—¿Estás loco? ¿Por qué se me iba a poner dura escuchando a otros tipos?
Do-jin se mostró sinceramente asqueado. Después de todo, eran amantes que habían sido amigos por mucho tiempo; ¿se habría excitado al recordar el hecho de que originalmente era un año menor? ...O no. ¿Simplemente se excitó porque era Choi Hyun-oh? Do-jin solía tener erecciones por razones realmente absurdas.
No lo sabía... Hyun-oh ya no tenía fuerzas ni para reflexionar. Simplemente dejó caer la cabeza sobre el pecho amplio y firme de Do-jin y aceptó las caricias de sus dedos, que le daban toquecitos en la mejilla diciendo que era guapo.
—Aun así, creo que es bueno que tú y yo nos hiciéramos amigos.
¿Acaso eso es lo que debería decir alguien que estaba en celo pidiéndole que lo llamara hyung y sunbae? Hyun-oh entornó los ojos y miró de reojo. Do-jin, sintiendo que su irritable amante empezaba a recuperar energías, se apresuró a explicar:
—¡N-no! ¡Escucha! ¡Si no nos hubiéramos conocido como amigos, habríamos perdido más de diez años!
Do-jin y Hyun-oh vivían en el mismo barrio antes de conocerse en el gimnasio de taekwondo, pero no tenían ningún trato especial.
Si no hubieran sido amigos de la misma edad, ¿habrían tenido la oportunidad de conocerse a fondo? Tal vez ni siquiera se habrían saludado durante toda la etapa escolar, y solo habrían tenido algún punto de conexión lejano tras entrar en la universidad.
De niños a adolescentes, y luego a adultos. Para ambos, era natural que el otro estuviera siempre a su lado. Si durante todos esos largos años Do-jin no hubiera estado ahí, o si Hyun-oh no hubiera estado.
Si no existieran esos recuerdos brillantes y dulces como caramelos, sería algo bastante triste. Pero...
—...Eso es lo mismo que dije yo en el aula.
Claramente había explicado las ventajas de ser amigos de la infancia, ¿y la conclusión tras todo este lío por querer oír hyung era exactamente la misma que la mía?
—...Como pensaba. No hay nada malo en escuchar a la mujer de uno. Mi cariño es muy sabio.
Do-jin, detectando el peligro al instante, empezó a adularlo. Aunque, por supuesto, Hyun-oh le agarró el hocico indignado por lo de "¿quién es tu mujer?".
Siente que el estómago se le va a pegar a la espalda. Hyun-oh, tumbado en el sofá del salón, miraba distraídamente por la ventana mientras el atardecer empezaba a teñir el cielo.
¿Cuánto tiempo se habrían quedado rodando en la cama? Dando algunos rodeos, pero al menos habían cumplido el objetivo de estar pegados dándose placer hasta la noche. El problema era que el brindis de la mañana, que sirvió de almuerzo, se había digerido hacía siglos, y ahora sentía que se moría de hambre.
—Qué hambre... ¿Cuándo vendrá este tipo...? Ah.
Hablando del rey de Roma. Desde la entrada empezó a oírse el sonido del teclado digital de la cerradura. Trii. Ante el sonido de la puerta desbloqueándose, Hyun-oh se incorporó soltando un quejido. Incluso desde lejos llegaba un olor delicioso, y pronto sintió la presencia de alguien acercándose a toda prisa.
—¡Ya estoy aq...! ¡No, ya llegó papá!
¿Pero qué tonterías dice? Hyun-oh miró con incredulidad a Do-jin, que gritaba con orgullo ocultando una bolsa de plástico con pollo bajo el brazo.
—Es que así es como saludaba en mi sueño.
—¿...Te refieres a ese sueño absurdo?
¿Hasta cuándo pensaba seguir con la tontería de haber sido padre de nueve hijos, aunque fuera en sueños? A pesar del reproche de Hyun-oh, Do-jin no paraba de sonreír de oreja a oreja.
—¿Cómo que sueño absurdo? Di que es un sueño premonitorio, por favor.
—Premonitorio mis narices...
No sabía hasta qué punto le habría impresionado aquello. Sin importar que Hyun-oh chasqueara la lengua, el "padre" que gritó "¡Ya llegó papá!" en la vida real parecía bastante satisfecho.
—Ve abriendo esto.
Do-jin se dirigió a la cocina con el rábano encurtido. Hyun-oh se deslizó del sofá al suelo y empezó a sacar las cajas de pollo de la bolsa de plástico.
Una ración de pollo deshuesado sazonado, otra de pollo frito deshuesado, bolas de queso, patatas fritas de regalo por la reseña... Al desplegar las cuatro cajas sobre la mesa, aquello parecía un banquete.
—¿Podemos comernos todo esto?
Sabía que probablemente solo sobrarían uno o dos trozos, pero Hyun-oh, abrumado visualmente por un momento, no pudo evitar preguntar. ¿No habría costado esto unos cincuenta mil wones otra vez? ¿Es normal este precio por pollo? Y eso que se suponía que le descontaban cinco mil wones por ir a recogerlo él mismo...
—¿Pero qué obviedades preguntas? ¿Vas a beber cerveza, no?
Do-jin regresó con el rábano destapado, palillos y la cerveza. Hyun-oh, que ya estaba sentado en el suelo, le hizo un poco de sitio.
—Toma, aquí tienes la cerveza.
—Gracias.
Sentados uno al lado del otro, tan cerca que casi se tocaban las rodillas, abrieron primero las cervezas. Tras chocar las latas frías, ambos empezaron a beber con ansia. Quizás por ser la primera cerveza tras un sexo que fue casi un trabajo forzado, les supo a gloria, como si fuera agua bendita.
—¡Kiah! Haa... Ahora vuelvo a la vida. Joder, qué hambre tengo.
Hyun-oh, que vació la mitad de la lata de un trago, empezó a atacar el pollo. Realmente, el hambre es el mejor condimento. El olor a fritura recién hecha, la textura crujiente al morder...era una delicia celestial.
Mientras Hyun-oh se atiborraba de pollo en silencio, Do-jin encendió la televisión de forma natural. Apoyado cómodamente en el sofá como todo buen coreano, cambió de canal un par de veces hasta que eligió un programa de citas que estaba muy de moda. Hyun-oh, conociendo bien los gustos de su pareja por este tipo de programas, preguntó:
—¿Te divierte ver los romances de otros?
—Ah, más que divertido, es extrañamente adictivo...
Al principio lo veía solo para poder seguir las conversaciones de sus compañeros profesores, pero ahora ya lo buscaba por su cuenta. Do-jin, experto en programas de citas, empezó a explicarle el contenido del programa que estaban repitiendo.
—Esos dos empezaron a flirtear desde el principio. Pero esa persona de ahí también dice que le gusta él, ¿entonces se formó un triángulo amoroso? Pero en este episodio revelaron sus profesiones. Resulta que a alguien le gustaba la otra parte del triángulo, pero tras revelar su trabajo, el otro sintió un interés repentino y están a punto de conectar, así que el pretendiente original está marcando territorio y peleando...
—Oh...
Hyun-oh, sintiendo un repentino subidón de dopamina, se concentró en la televisión. Do-jin, que le explicaba todo el trasfondo, señaló a un participante gritando: "¡Ah!".
—Dicen que ese era policía. Expolicía y actual dueño de una cafetería privada.
Tal como dijo Do-jin, apareció la entrevista del participante y se mostraron fotos de su pasado como material de apoyo. Fotos con el uniforme, fotos recibiendo una mención honorífica...
—Policía…
Murmuró Hyun-oh distraídamente. En la pantalla aparecían ahora fotos estéticas del participante en su cafetería actual, pero para Hyun-oh eran elementos invisibles. Parpadeando lentamente, Hyun-oh empezó a entrar en crisis.
—...Qué envidia... ¡Joder...! ¡Si es "ex", significa que al menos aprobó el examen una vez...!
—...Ya estamos. Me he equivocado.
Do-jin ni siquiera se sorprendió cuando su pareja empezó a soltar tacos de la nada y a hundirse en la miseria. Llevaba cerca de un año y medio preparándose para el examen de funcionario de policía. Do-jin sabía que Hyun-oh, como cualquier opositor, guardaba en un rincón de su corazón la angustia por aprobar.
—No es momento de estar comiendo pollo tranquilamente... Tengo que hacer unas flexiones...
—Uyy, ¿a qué viene eso ahora? Cuando se come, hay que comer.
Do-jin sujetó rápidamente la muñeca de Hyun-oh. Este, que estuvo a punto de levantarse para hacer flexiones en el suelo, volvió a pegar las nalgas al piso. El novio estable continuó con su consuelo apresurado.
—Lo vas a hacer bien. Esta vez aprobaste el examen escrito con una nota bastante segura.
—Pero aún así... Ah... Ha...
Se le escapaban los suspiros. Como llevaba preparándose desde el año pasado, los resultados obtenidos en un año eran sin duda una señal positiva. Pero...
—¿Y si suspendo las pruebas físicas? ¿Y la entrevista? Si lo fastidio y tengo que volver a examinarme en la segunda mitad del año, y para colmo suspendo el escrito...
—Ejei. Basta. Deja de preocuparte por adelantado. Piensa en cosas buenas. Seamos optimistas.
Do-jin le masajeó los hombros para calmarlo. Aun así, los suspiros de Hyun-oh no cesaban.
Se había lanzado a esto con la idea de aprobar en tres años, pero la ansiedad crecía poco a poco al ver que sus conocidos iban encontrando trabajo uno tras otro, y teniendo al lado a un novio que ya había pasado su examen de oposición docente...
“¿Debería ir yo también a un programa de citas y hacerme influencer?", pensó Hyun-oh mirando la televisión. Si conseguía fama, dinero y popularidad saliendo en uno...
En realidad, no era una esperanza totalmente infundada. Hyun-oh, que tenía bastantes seguidores en Instagram, había recibido en el pasado mensajes de reclutamiento de alguien que decía ser PD de un programa de citas.
En aquel entonces pensó que era una estafa y lo bloqueó. Ahora tenía la cuenta privada y apenas subía nada. Además, nunca había entendido por qué alguien querría contar su vida amorosa en tiempo real a todo el país.
Y sobre todo, si decía que iba a salir en un programa de citas por la fama, no sabía si podría aguantar el berrinche de Yoo Do-jin...
"...Olvídalo", murmuró Hyun-oh, repanchigado sin fuerzas contra el sofá.
—...Tienes razón. Me prepararé bien el tiempo que queda.
—Buena decisión. Veamos otra cosa, otra cosa.
Do-jin agarró rápidamente el mando y empezó a cambiar de canal. Tras pasar varios, llegó a uno de un programa relajante lleno de animales. Do-jin buscó su aprobación con un entusiasmo forzado.
—¡Hala! Qué perro más mono, ¿verdad?
—...Sí...
Hyun-oh, que aún tenía el suspiro atorado en la garganta, masticó en silencio la patata frita que Do-jin le dio. Aun así, comiendo las bolas de queso y el pollo que Do-jin le acercaba, y bebiendo cerveza mientras veía a esas criaturitas moviéndose en pantalla, parecía que la ansiedad se iba disipando poco a poco.
Es verdad. Ya aprobó el escrito, que era lo que más le pesaba; solo tenía que preparar bien las físicas y la entrevista. El mundo no se acababa en ser policía. Si no veía esperanza, siempre podía buscar trabajo en otro sitio.
Otro trabajo...
—¿...Y si intento prepararme para ser azafato?
La primera opción que le vino a la mente fue una profesión en la que ya conocía a gente que había aprobado. Dejando a un lado si encajaría con su personalidad, el uniforme era genial y lo de viajar por todo el mundo parecía buena idea...
—¿Qué?
Había soltado el comentario a la ligera, pero la reacción a su lado fue inmediata y cortante. Como si hubiera oído algo prohibido, un Do-jin horrorizado abrió la boca de par en par y se opuso radicalmente.
—¿A-azafato? ¡Entonces estarías fuera del país todo el tiempo! ¡Dejándome solo! ¡E-e-e-esto es maltrato animal! ¡Maltrato a un perrito!
Sin pizca de vergüenza, Do-jin empezó a patalear llamándose a sí mismo perrito. Hyun-oh, totalmente frío, miró con desdén al autodenominado "guau guau" que gritaba y se agitaba.
—¡No! ¡Ni de broma! ¡Me niego! ¡Si te vas de azafato, llévame metido en la maleta!
—¡Que no lo voy a hacer! ¡Que no! ¡Pesado!
—¡Ay!
Finalmente, Hyun-oh tuvo que darle unos golpes a Do-jin para que se calmara. Do-jin, sujetándose el brazo golpeado, protestó tímidamente.
—Prefiero mantenerte yo toda la vida. Quédate a mi lado. Me haré responsable de ti siempre, Choi Hyun-oh, hasta que nos entierren juntos en el mismo ataúd.
—¿Pero qué dices...? ¿De verdad te gustaría que no trabajara, que viviera de lo que tú ganas y que me pasara el día en casa esperando a que vuelvas?
Era una pregunta retórica hecha por la incredulidad, pero contrariamente a su intención, la expresión de Do-jin se volvió extraña. Estaba claro que se lo había imaginado tal cual lo dijo Hyun-oh. Al ver cómo su rostro se ponía rojo y sus labios temblaban, Hyun-oh adivinó su respuesta y le soltó otro mamporro en el brazo.
—¡Oye!
—...No, es que, sinceramente, me ha excitado un poco la idea. ¡Ay! ¡Aay!
Realmente tenía un talento para buscarse los golpes. Hyun-oh le dio un par de mamporros más, soltó un suspiro y bebió cerveza.
—Agradezco el detalle. Si no encuentro trabajo, manténme y hazte responsable de mí toda la vida.
—Jeje, hecho. Prepárate, Choi Hyun-oh.
Aunque no confiaba mucho en que un tipo que seguía hablando como un niño pequeño a pesar de su edad pudiera mantenerlo toda la vida...
Afortunadamente, el Hyun-oh del futuro aprobó con orgullo la convocatoria pública de policía de la primera mitad del año, así que Do-jin no tuvo que hacerse cargo de su pareja. Aunque la fantasía de Do-jin no se cumplió, el novio de Hyun-oh se alegró por el aprobado más que nadie en el mundo.
Al año siguiente. Cuando Hyun-oh empezó a trabajar como agente de policía en el norte de Gyeonggi, Do-jin, que trabajaba en un instituto femenino de Ilsan cerca de esa comisaría, adquirió un nuevo hábito: observar atentamente cada coche patrulla que pasaba y, si Hyun-oh iba dentro, lanzarle discretamente un corazón con las manos.
Al principio nadie se dio cuenta de que lo hacía a los coches patrulla, pero desde que fue presentado formalmente como el "amigo profesor" del agente novato, empezó a lanzar corazones abiertamente y a hacer reverencias de 90 grados, por lo que todo el mundo acabó conociendo a Do-jin.
Por suerte, en la comisaría lo aceptaron con cariño, pensando: "Vaya, qué extrovertidos son los jóvenes de hoy en día". Sin embargo, las repercusiones de su comportamiento se extendieron al instituto donde trabajaba Do-jin.
Do-jin, que daba saltos cada vez que veía un coche de policía, se ganó un nuevo apodo: "Do-chu-ssaem". Por cierto, era un apodo derivado de "Policías y Ladrones" (Gyeong-chal-gwa-Do-duk).
Do-jin, amado en el instituto con todo tipo de apodos terminados en "chu-ssaem", correspondió al cariño de sus alumnas bailando canciones de grupos de chicas en el concurso de talentos del viaje escolar. Pensar que cuando era estudiante iba cargado con tablas para romper en exhibiciones de taekwondo... Ahora, como profesor, practicaba intensamente viendo videos de coreografías en modo espejo.
¿Estará loco? Hyun-oh, que tuvo que verlo en primera fila y se quedó con los ojos inexpresivos, veía cómo Do-jin era adorado por las alumnas, hasta el punto de decir que era muy feliz por ser ese su primer destino...
Pero Do-jin no se lo imaginaba. Unos tres años después, cuando fue trasladado a un instituto masculino de Ilsan, pasaría a ser llamado "Perro Loco", "Bate de Béisbol" o "Exconvicto de 4 cargos".
Pero eso es historia para otro momento.
En el presente, sin conocer aún el futuro, Do-jin y Hyun-oh miraban hacia una esperanza abstracta.
—Ah, ojalá me tocara la lotería.
Si le tocara el primer premio, se sentiría libre de la búsqueda de empleo y de todo. Primero, compraría con el premio un piso para vivir con Do-jin, y el resto lo metería en acciones para vivir de los dividendos. Y Hyun-oh simplemente se dedicaría a ver a su novio profesor de gimnasia cachas haciendo monerías al volver a casa...
—Hala, yo también. Si recibiera más de mil millones después de impuestos, primero compraría una casa y el resto lo metería en acciones estables...
Como si no fueran mejores amigos y amantes desde hace años, Do-jin enumeró exactamente el mismo futuro que Hyun-oh había imaginado.
Pronto, ambos se enzarzaron en un intenso debate sobre en qué barrio sería mejor comprar un piso con ese premio ficticio que ni siquiera tenían.
Si era mejor vista al río o al bosque, si de 70 o 100 metros cuadrados, la cercanía al metro, el distrito escolar, si comprar ese coche extranjero de lujo que era su sueño, si dejar el trabajo o seguir yendo por hobby, cuánto dinero dar a sus respectivos padres, si tener perro o gato como mascota...
Entonces, Do-jin soltó un "en esta casa solo hace falta un perrito lindo y ese soy yo", provocando que Hyun-oh respondiera con un "¿este loco ha perdido la cabeza?", lo que derivó en una discusión infantil digna de niños de primaria hasta que terminó el programa de animales...
—...Por cierto, ¿por qué nos estamos peleando?
—¿...Eh? Es verdad...
De pronto, al cuestionarse el motivo de la disputa, ambos se quedaron parpadeando sin recordar la causa.
Parecía que...Yoo Do-jin y Choi Hyun-oh seguirían viviendo así el resto de sus vidas.
<FIN>
Raw: Laura Obando.
Traducción: Ruth Meira.
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