Bang bang 10

Sexto ∞.


—Uuuh...


El gemido escapó de mis labios antes incluso de abrir los ojos. Me concentré en las sensaciones extrañas que recorrían cada centímetro de mi cuerpo, desde la cabeza hasta la punta de los pies. La nuca, el pecho, la cintura, los muslos, las nalgas y...


—¡Ah...!


Antes de seguir pensando, abrí los ojos de par en par. La cabeza me dio vueltas por un instante. Extendí la mano para tantear a mi alrededor y sentí a alguien abrazándome. Ante ese calor reconfortante, no tuve energías para preocuparme por el dolor sordo en mi interior.


—...Yoon-gyeom.


Mi voz, que parecía atascada en mi garganta por la emoción, se filtró débilmente entre mis labios.


¿Sería un sueño? ¿O acaso seguía dentro del bucle? La duda brotó, pero en este momento quería creer. Creer que finalmente habíamos escapado.


—Ugh...


Especialmente porque aún sentía la presencia de Yoon-gyeom dentro de mí. Pum, pum. Mis glúteos se estremecieron al contenerlo, y mi pecho desnudo reaccionó de la misma forma. Sentí que no me importaría incluso si el tiempo volviera a repetirse.


Yoon-gyeom está vivo. De cualquier manera, frente a mis ojos, él respiraba y su presencia llenaba el espacio. Solo con eso, sentí un alivio inmenso.


—Yoon-gyeom... Yoon-gyeom...


Llamé su nombre varias veces, aunque no obtenía respuesta. Me quedé observando fijamente el rostro de aquel chico dormido y, sin poder evitarlo, solté una pequeña risita entre dientes. No quería despertarlo, así que lo examiné con movimientos mínimos, apoyando mi oído en su pecho para confirmar que estaba vivo. Sentía que el corazón me iba a estallar de felicidad.


—Mmm...


Poco después, Yoon-gyeom abrió los ojos lentamente. Me quedé quieto por si acaso mi agitación lo había despertado. Sus ojos, aún nublados por el sueño, se posaron en mí.


—...Do-wan.


Al escuchar mi nombre mientras me miraba fijamente, sentí un cosquilleo en el corazón. Incapaz de responder adecuadamente, me limité a asentir levemente. Yoon-gyeom, tras observar mi estado, esbozó una sonrisa relajada que pronto se transformó en una expresión de vergüenza.


—Ah...lo siento... Lo sacaré.


Con las mejillas ligeramente sonrojadas, Yoon-gyeom retiró lo que había estado llenando el espacio entre mis nalgas. Quizás porque había permanecido allí mucho tiempo, sentí un vacío repentino, pero no me dolió.


—Parece que ha dejado de nevar.


Dijo Yoon-gyeom tras cubrirme minuciosamente con el edredón, mirando hacia la ventana. Giré la cabeza para observar a través del cristal, pues él ya había descorrido las cortinas.


Ah, el suspiro de asombro salió solo. La nieve que había caído durante toda la noche se había detenido por completo, y el sol se filtraba entre las nubes blanquecinas. Los cristales de nieve acumulados en el marco de la ventana brillaban bajo la luz. Era tan hermoso que me quedé mirándolo boquiabierto durante un buen rato.


—¿Quieres verlo de cerca?


—¿Qué? Ah...


Ante su propuesta, Yoon-gyeom me atrajo hacia él mientras yo seguía envuelto en el edredón como un capullo. Justo cuando iba a protestar, me levantó con manta y todo.


—¡Oye, está bien...! ¡Que peso mucho...!


¿Acaso quería presumir de fuerza a propósito? Debía de ser pesado, pero Yoon-gyeom no mostró ni un rastro de esfuerzo y me llevó en brazos hasta la ventana.


—...Ah, de verdad...esto es demasiado...


Sentí el rostro arder de vergüenza y timidez.


—Es peligroso, quédate quieto.


Pero Yoon-gyeom habló con firmeza, como si no tuviera intención alguna de bajarme.


—Mira ahora.


Se apoyó contra el ventanal donde flotaba el aire fresco y miró hacia abajo. Yo también bajé la vista.


—...Ah.


Esta vez tampoco pude evitar la exclamación. El mundo entero estaba cubierto de nieve, todo era blanco. Los edificios, vestidos con ese polvo níveo como si se hubieran congelado en el tiempo, tenían un aire exótico. Sentí que estaba en otro mundo; miré a mi alrededor varias veces antes de volverme hacia Yoon-gyeom.


—...De verdad se ha acabado ya, ¿cierto?


Sentí la certeza. La certeza de que ya no estaba dentro del bucle. Hoy era la realidad. Una realidad donde Yoon-gyeom estaba vivo.


—Eso parece...


Ante mis palabras, Yoon-gyeom puso una expresión un tanto dubitativa. Al notar mi mirada inquieta preguntándole qué significaba aquello, de repente esbozó una sonrisa radiante como nunca antes.


—¿No es que apenas estamos empezando?


Ante aquel gesto, mi corazón vibró hasta marearme.


—...Qué cosas tan cursis dices.


Solté un bufido porque no me atrevía a demostrar lo que sentía abiertamente. Sin embargo, Yoon-gyeom sonriendo en silencio se veía tan apuesto que lo miré de reojo antes de lanzar la pregunta que me intrigaba.


—¿Y desde cuándo te gusto?


En cuanto pregunté, recordé lo que había escuchado en su casa.


—No me digas que... ¿en segundo de preparatoria…? ¿El día de la ceremonia de apertura...después de que nos tocara en la misma clase?


—...


Como si hubiera acertado, Yoon-gyeom me miró fijamente sin decir nada y luego me dio un beso corto y suave en los labios.


—¿Me lo preguntas sabiendo la respuesta?


—No lo sabía... Cuéntamelo con detalle.


Acaricié el lóbulo de su oreja y le hice una señal con la mirada para volver a la cama. Yoon-gyeom me llevó de vuelta dócilmente y, ante cada una de mis preguntas, me relató anécdotas de la preparatoria: desde el momento en que empecé a llamarle la atención, la primera vez que me habló, sus esfuerzos por estar conmigo, rumores que yo ya había olvidado...


Había cosas que yo recordaba y otras que no. Además, me asombraba cómo había logrado ocultar esos sentimientos durante tanto tiempo. Pensé que yo jamás sería capaz de algo así. Aunque el final de un largo amor no correspondido fuera un final feliz...reconocí la tenacidad y paciencia de Yoon-gyeom. Comprendí que no habría nadie que no se enamorara de alguien como él.


—¿...Tienes sueño?


Mientras escuchaba sus recuerdos recostado en la cama, mis párpados empezaron a pesar. Yoon-gyeom, que acariciaba mi pelo, preguntó con dulzura, y yo asentí levemente. No era que su historia fuera aburrida, es que realmente tenía sueño.


—Sí... No sé por qué tengo tanto sueño...si me acabo de despertar.


Solté un gran bostezo y hundí la cara en la almohada. Un sueño abrumador empezó a invadirme hasta marearme.


—No pasa nada, puedes dormir un poco más.


Sus palabras sonaron dulces, pero escondían un matiz que no pude pasar por alto. Era imposible que no me diera cuenta. Y aunque lo sabía, no quería fingir ignorancia.


—¿Hace seis años también fue así...?


—...


Yoon-gyeom guardó silencio. Yo sabía qué significaba aquello, pero de pronto sentí que la ansiedad brotaba en mí. Temía que si los terribles recuerdos de los últimos días desaparecían, quizás también se desvanecerían mis sentimientos por él. Tal como los recuerdos difusos de los accidentes de mi padre y mi madre...


Tenía miedo de que lo que sentía por Yoon-gyeom corriera la misma suerte.


—Todo estará bien.


Yoon-gyeom, sabiendo lo que pensaba, susurró con calma. Ante su tono suave, el sueño me envolvió en un instante.


—Si no lo recuerdo... ¿qué haré...?


Tenía miedo. Estaba convencido de que, al igual que perdí la mayoría de los recuerdos de los bucles de mis padres, esta vez pasaría lo mismo. No quería eso. Me alegraba infinitamente haber salvado a Yoon-gyeom, pero no quería borrar todo lo vivido. Además, acababa de darme cuenta de mis sentimientos por él.


Preferiría mil veces vivir conservando todos esos recuerdos espantosos.


—Solo olvidarás los recuerdos terribles, no te preocupes.


Yoon-gyeom pegó sus labios a mi frente para consolarme. En ese momento sentí un pinchazo en la nariz y las lágrimas amenazaron con brotar.


—Pero...yo...quiero...quiero recordar...


—Do-wan.


—Sí, puede que sean recuerdos horribles...pero mis sentimientos, al menos mis sentimientos...


Mientras hablaba sollozando, Yoon-gyeom me besó. Fue un beso muy suave, ni débil ni fuerte. Luego, su aliento cálido se alejó y él acarició mis ojos con sus dedos.


—Cuando despiertes... ¿vamos al mar?


Recordé el mar al que fuimos hace unos días. Las lágrimas que contenía estallaron como un dique roto. No podía detenerlas por mucho que lo intentara. Yoon-gyeom pareció desconcertarse un poco y, con el rostro algo rígido, se limitó a secarme las lágrimas.


Una vez que me calmé un poco, cerré los ojos. Mis párpados pesaban demasiado. Mi inconsciente me arrastraba hacia abajo.


—...Yoon-gyeom.


Aun así, intenté escapar del sueño de cualquier forma y llamé su nombre. Sentí su aliento cerca respondiéndome con un "sí". Obligué a mis párpados a levantarse para mirar al hombre que tenía delante.


Destello.


En ese momento, detrás de Yoon-gyeom, el fragmento de meteorito que dejamos en el estante emitió una luz azulada. De repente, un pensamiento cruzó mi mente como un torbellino.


Si el bucle comienza bajo ciertas reglas, quizás sea producto de mi propio anhelo. Y si es así, el final del bucle también...


—Yoon-gyeom...


—Dime, Do-wan.


Mis ojos se cerraron antes de poder terminar de ver el rostro de Yoon-gyeom mientras me respondía. Como si alguien me obligara a sumergirme de inmediato en un sueño profundo, la oscuridad me envolvió en un instante.



Raw: Ruth Meira.

Traducción: Ruth Meira.

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