Desire Me If You Can parte 7: 6

6


Ashley Miller había llegado.


​La noticia repentina provocó un auténtico alboroto en la estación de bomberos. El senador Miller, exdirector del bufete Miller, el despiadado abogado del que decían que pactaría con el mismísimo diablo por una victoria y, ahora, el hombre que tenía la presidencia al alcance de su mano.

Los empleados, nerviosos pero ansiosos por ver a una celebridad en persona, se agolparon frente a la oficina del jefe. Era imposible adivinar de qué estaban hablando allí dentro.


​—¿Viste el coche? Es increíble.


​—Es una edición limitada, solo hay cinco en el mundo.


​—Si es Ashley Miller, seguro que tiene los cinco.


​—¿A qué habrá venido? Ni siquiera es su jurisdicción. Ese tipo debería estar en la costa este.


​—¿No habrá venido porque su hijo trabaja aquí?


​—No me jodas, ¿qué es? ¿Una reunión de padres?


​—Bueno, dicen que donó una fortuna a cambio de meter a Grayson Miller aquí, así que tiene motivos de sobra para venir a supervisar.


​—He oído que venía con su pareja, ¿estará también ahí dentro?


​—No lo sé, yo no he visto al "Daddy".


​—¡Ah!


​—¡Aaaaaagh!


​Los que estaban murmurando en grupo gritaron despavoridos ante una voz que se coló de repente en la conversación. Al ver a Grayson mezclado entre ellos con total naturalidad, uno preguntó con cara de desconcierto:


​—Tú... ¿qué haces aquí? ¿No deberías estar ahí dentro con ellos?


​Grayson sonrió y respondió con desparpajo:


​—¿Sí? No lo sé, a mí no me han llamado.


​Ante las miradas que no sabían hacia dónde apuntar, Ezra dio un paso al frente como de costumbre.


​—Esto...lo siento, Miller. Es solo que teníamos curiosidad...

—No te preocupes, a todo el mundo le pasa.


​Grayson seguía hablando con su eterna sonrisa.

—Si dicen que ha llegado un animal exótico al zoo, todo el mundo se emociona y va a mirar, ¿no?


​Ante esas palabras, los que al menos tenían algo de tacto se quedaron helados. No le faltaba razón, pero escuchar una descripción tan cruda provocaba esa reacción en cualquiera.


​—Oye, es que...nosotros...


​—Miller, verás...


​Uno tras otro intentaron arreglarlo, pero lo cierto es que no tenían nada que decir. Justo cuando reinaba la incomodidad, la puerta de la oficina del jefe se abrió como una salvación. Al instante, todas las miradas se clavaron en un solo punto. Primero salió el jefe con su cara de siempre y, a continuación, era el turno del hombre al que todos esperaban. Con la respiración contenida y la vista fija, Ashley Miller hizo acto de presencia finalmente.


​—Oh...


​Alguien dejó escapar un suspiro de admiración, aturdido. Ashley, de quien se decía que superaba los dos metros, parecía acostumbrado a agachar la cabeza debido a su estatura. Cruzó la puerta inclinándose con naturalidad y, de inmediato, se irguió cuan largo era. Por fin, tenían ante sus ojos el rostro del hombre que, sin duda, sería el próximo presidente.

Su pelo rubio platino, peinado impecablemente hacia atrás sin un solo pelo fuera de lugar, parecía reflejar su personalidad meticulosa. Sus cejas, gruesas y oscuras, se extendían alargadas, y su mirada, igualmente larga, recordaba a una serpiente que estira todo su cuerpo. Sus mejillas hundidas, con sombras marcadas bajo unos pómulos altos, eran tan atractivas que cualquiera suspiraría por ellas. Bajo su rostro, un cuello fuerte y un cuerpo que parecía a punto de reventar el traje daban una impresión de tal robustez que se podía intuir cada músculo. Era un hombre que desprendía tal autoridad que se podía conocer su rasgo sin necesidad de ver sus ojos violeta intenso o de oler el dulce aroma de sus feromonas.

Ah, ese hombre no tiene más remedio que llegar a la cima.


​En ese instante, todos los presentes compartieron el mismo pensamiento. Ashley Miller movió los ojos lentamente, escrutando uno a uno a los empleados nerviosos. Aunque era solo una mirada fugaz, en el momento en que se posaba sobre alguien, ese alguien se ponía firme por instinto.


​Mientras todos vigilaban sus movimientos casi sin atreverse a respirar, la mirada de Ashley Miller se fijó en un punto. Al seguir su dirección, todos lo comprendieron.


​Parece que incluso Ashley Miller es diferente cuando se trata de su hijo.

Ashley Miller caminó con paso firme hacia Grayson mientras todos observaban con una mezcla de curiosidad y temor. ¿De qué hablarían? ¿Se darían la mano o se abrazarían como una familia normal? En medio de la expectación, Ashley se detuvo a tres o cuatro pasos de distancia de Grayson. Tras detenerse a una distancia inesperada, examinó a su hijo de arriba abajo y habló. Su voz, excepcionalmente grave, resonó en el silencio.


​—Parece que te va bien.


​—Gracias a ti.


​Grayson respondió con su sonrisa habitual. Ahora es cuando se dan un abrazo fuerte, pensaron todos, pero sus expectativas fallaron por completo. Ashley Miller, sin cambiar la expresión, se puso en movimiento y pasó de largo junto a su hijo. Como si fuera una señal, Grayson empezó a caminar tras él.


​Los que se quedaron allí observaron cómo se alejaban con cara de confusión. Como para llamarles la atención, el jefe carraspeó sonoramente.


​—Ejem, ejem. ¡Venga, todos a prepararse para salir!


​Solo entonces empezaron a reaccionar y a soltar comentarios.


​—¡Vaya! ¿Qué ha dicho Ashley Miller?


​—Madre mía, se parecen una barbaridad. ¿Se pondrá Grayson Miller así cuando envejezca?


​—¿No es Grayson un poco más "bonito"?


​—Bueno, será por el pelo largo. Si se peinara igual, se verían idénticos.


​—¡Ah! ¡¿Pero qué es lo que ha hablado con Ashley Miller?!


​Ante los gritos de sus subordinados, el jefe soltó con brusquedad:

—¡¿Qué va a decir?! ¡Solo me ha dicho que cuide bien de su hijo! ¡Todos a casa!


Ante los ruidosos gritos, no tuvieron más remedio que retirarse sin poder decir una palabra más. Aunque mostraban en sus rostros la frustración de no haber obtenido la historia que deseaban, los empleados se dispersaron uno a uno. El jefe, que observó con mirada fiera cómo se alejaban entre refunfuños, se dio la vuelta y entró en la oficina.


​En el interior todavía flotaba el dulce aroma de las feromonas. Él se quedó paralizado por un instante, pero enseguida recobró el sentido y se apresuró a abrir las ventanas para ventilar. Incluso agitó los brazos en el aire en un intento inútil por expulsar el rastro de aquel hombre lo antes posible, pero no era una tarea fácil.


​—Haa.


​Al final, se dejó caer agotado en la silla y, de repente, recordó lo que Ashley Miller le había dicho:


​’—Para mí es suficiente con que mi hijo no mate a nadie.’


​Al revivir el recuerdo de esos gélidos ojos violetas clavados en él, sufrió un escalofrío y sacudió la cabeza con fuerza. Para su desgracia, acto seguido recordó la primera vez que vio a Grayson Miller. Realmente, los dominantes son aterradores.



***



Dane seguía parpadeando, todavía desconcertado por lo inesperado de la situación. Era la primera vez en su vida que conocía a alguien con su misma naturaleza. Mientras Dane lo miraba fijamente, aturdido, Kou no paraba de parlotear entusiasmado.


​—¡Cielos, qué suerte tan inmensa! Sabía que había hecho bien en venir. ¡Si es que tengo una suerte increíble!

Emocionado, agarró las manos de Dane con fuerza. Dane se sintió abrumado porque no estaba acostumbrado a este tipo de cosas, pero no llegó a apartar las manos de Kou. Este, sin ocultar su excitación, continuó:

—No nos quedemos aquí así, ¿por qué no vamos a tomar un té? Podríamos ir a algún sitio a hablar un mome...


​—Koi.


​De repente, una voz grave se escuchó desde atrás. Ambos giraron la cabeza al unísono y vieron a un hombre altísimo, con un parecido asombroso a Grayson, observándolos.


​—¡Ash! ¡Grayson, mi niño!


​Koi gritó de emoción de repente y, tras decirle a Dane "un momento", salió corriendo. Dane, que se había levantado de su asiento a medias, observó sorprendido cómo el hombre pasaba de largo de Ashley Miller para abrazar con fuerza a Grayson, que estaba detrás. Grayson correspondió al abrazo de Koi con naturalidad y, mientras le daba palmaditas en la espalda, dijo para que Dane lo oyera:


​—Daddy, bienvenido.


​¿Daddy? ¿Koi?


​Dane se quedó de piedra y enseguida le asaltó una duda: ¿Pero por qué su apellido no es Miller?


​Mientras seguía allí de pie, torpemente, sintió una mirada punzante. Dane se encontró con los ojos de aquel hombre al que no conocía de nada, pero que le resultaba extrañamente familiar.


​En el momento en que se quedó paralizado ante esos ojos violetas, fríos como los de una serpiente, el hombre habló lentamente, sin apartar la vista de Dane:


​—Koi, ¿por qué le estabas cogiendo las manos a ese hombre?


​Increíblemente, la voz del hombre era todo lo contrario a su mirada: era extremadamente dulce y suave. Daba la sensación de que, si se pudiera derretir un caramelo para convertirlo en palabras, sonarían así. Mientras Dane seguía estupefacto, la voz de Koi llegó a sus oídos:


​—Ah, Ash. Esto...


​Koi, que iba a decir algo emocionado, se detuvo. Miró a Dane un momento, pareció dudar, y luego respondió con alegría:


​—¡Es un secreto!


​De repente, el ambiente se volvió gélido. El aroma de las feromonas que rodeaba al hombre se intensificó, cargándose incluso de una intención asesina, pero Koi parecía ser el único que no se daba cuenta.


​Entre el hombre que fulminaba a Dane con la mirada, Grayson que miraba al infinito como si estuviera harto de presenciar estas escenas, y Dane que no entendía por qué aquel tipo acababa de aparecer para montarle un número sin motivo, Koi dijo con una gran sonrisa:


​—Ash, ¿qué vamos a hacer ahora? ¿Vamos a casa de Grayson?


​—...Tendremos que hacerlo.


​Mientras respondía, el hombre extendió su mano hacia Koi. Dane observó distraído cómo el hombre apartaba a Koi de Grayson con naturalidad, lo envolvía en sus brazos y hundía los labios en su cabeza como si fuera lo más lógico del mundo. Entonces, Koi soltó algo inesperado:


​—En ese caso, ¿podría invitar a esa persona? Me gustaría que tomáramos un té juntos para charlar.


​Las miradas de Grayson y del hombre se clavaron en Dane al mismo tiempo. Dane quiso rechazar la invitación de inmediato, pero la situación no se lo permitía. Además, aunque no los hubieran presentado, a estas alturas era imposible no saber quiénes eran. Con semejante parecido, ¿cómo no reconocerlos? Entonces, ellos dos eran, sin duda...


​—Dane, lamento la tardanza, te los presento. Son mi papá y mi daddy. Papá, daddy, él es Dane Striker.


​Grayson los señaló alternativamente con naturalidad y finalmente se dirigió hacia Dane. Con una voz que denotaba cierto orgullo, Grayson declaró:


​—Es mi pareja, la persona con la que vivo actualmente.


​Esta vez, las miradas de ambos se dirigieron simultáneamente hacia Grayson. Su rostro brillaba de satisfacción, pero las reacciones de Koi y Ashley fueron totalmente opuestas. Mientras Koi abría mucho los ojos y la boca de pura alegría, Ashley frunció el ceño con severidad y trasladó su mirada inquisidora de Grayson hacia Dane.



***



Un frío gélido envolvía la sala de estar. A pesar de que la luz del sol de California entraba a raudales por el ventanal, más que cálida, abrasadora, entre ellos solo flotaba un aire gélido.

Ashley Miller, con las piernas cruzadas y el cuerpo hundido en el respaldo, observaba fijamente a su hijo, sentado al otro lado de la amplia mesa.


​Tras regresar a casa cada uno en su propio coche, se habían dividido en parejas. Mientras Grayson seguía a Ashley hacia la sala de estar, Koi, como si fuera lo más natural del mundo, se llevó a Dane al salón de té. Así, Grayson y Ashley se quedaron finalmente a solas, frente a frente.


​El empleado que dejó los refrigerios ante ellos desapareció tan rápido como había llegado. Una vez solos de nuevo en medio del silencio, Ashley movió lentamente sus pupilas. Dirigió su mirada hacia la parte inferior del cuerpo de Grayson y entrecerró los ojos; Grayson captó el significado al instante. Detuvo de inmediato el movimiento de su pierna, que no paraba de agitar bajo la mesa, y se disculpó.


​—Lo siento.


​—No te comportes de forma vulgar.


Señaló Ashley con frialdad antes de llevarse la taza a los labios. ​Grayson esperó sin hacer el más mínimo movimiento hasta que su padre bebió el té caliente y dejó la taza en su sitio.


​—¿Cuándo fue la última vez que liberaste feromonas?


​—Hace dos días.


​Ante la pregunta de Ashley, Grayson respondió al instante, como si lo tuviera preparado. Ashley clavó su mirada en el rostro de su hijo y habló:


​—¿Qué te dije que pasaría si me mentías?


​El tono de voz no era muy distinto al habitual, pero el ambiente se volvió afilado como la hoja de un cuchillo. Grayson cambió su versión de inmediato.

—Lo siento, es que no lo recuerdo con exactitud.


​Grayson mintió con total desparpajo. Por supuesto, recordaba con absoluta claridad la noche de éxtasis que pasó con Dane. De hecho, llevaba la cuenta de cada día como si fuera un aniversario. Y hoy era, precisamente, el día número 28.

El aniversario de los 30 días tiene que pasarlo con Dane.


​Grayson se sintió de buen humor solo con imaginarlo. Ashley observó fijamente el rostro de su hijo, que inconscientemente había curvado las comisuras de los labios. No confiaba en absoluto en las palabras de Grayson; sabía que era otra mentira. Sin embargo, Ashley decidió no darle más vueltas al asunto. Mientras Grayson fuera dócil y obedeciera, no habría problemas.


​—Le diré al equipo de secretaría que busque la fecha de la fiesta más próxima y te la envíe. No es bueno que se te acumulen las feromonas.

—Ah, no hace falta.


​Grayson despertó de su fantasía y regresó a la realidad.


​—Es que ahora tengo a Dane conmigo.


​Ashley miró a su hijo con el rostro inexpresivo.


​—¿Qué tiene eso que ver con liberar feromonas?


​Hasta hace poco, Grayson pensaba igual. Que ambas cosas eran temas distintos.


​Pero la situación había cambiado. Sobre todo porque, si no era con Dane, Virginia no reaccionaba. ¿Si esto no era la prueba del destino, entonces qué era?

Sin embargo, contarle esto solo serviría para irritar a Ashley. Grayson respondió con una sonrisa burlona:

—Sí, así lo haré.


​Ashley contempló en silencio el rostro de su hijo, que aceptaba sus órdenes con tanta sumisión. Se produjo un silencio estremecedor. En medio de esa calma donde no se oía ni un suspiro, bajo la mirada de su padre, Grayson escuchó finalmente la voz de Ashley:

—Grayson, ¿qué te dije que pasaría si no liberabas tus feromonas a tiempo?


​—Que me volvería loco o terminaría siendo un idiota.


​Grayson respondió sin dudarlo y soltó una risita.


—Sí.


​Ashley observó a su hijo y señaló con frialdad.


​—Tienes niveles de feromonas naturalmente altos, así que te he dicho miles de veces que debes tener especial cuidado. Ya deberías recordarlo. No puedes descuidarte; mañana mismo comprueba tus niveles y, si es urgente, dile a Steward que te las extraiga con una inyección.


​—Sí, entendido.


​Grayson respondió de inmediato y con docilidad, como siempre. Con su eterna sonrisa en el rostro.


​Norman Steward es el director de un centro médico dedicado principalmente al estudio de las feromonas de los Alfas dominantes. Sus padres fundaron el centro y, tras su muerte en un trágico accidente, Steward asumió la dirección.


​Probablemente sea el hombre que más sabe sobre feromonas en todo el mundo. Ese centro es el lugar al que los Alfas dominantes acuden sin falta cuando tienen problemas relacionados con sus feromonas; por ello, nunca faltan los fondos de patrocinio. Lo que le falta al centro no es dinero, sino sujetos de prueba. Después de todo, es extremadamente raro encontrar a alguien dispuesto a entregar su cuerpo para la investigación de feromonas de clase dominante.


​A menos que sea alguien que ya se haya dado por vencido.


​Y Grayson es, probablemente, el Alfa dominante que más frecuenta la consulta de Steward. Por supuesto, a diferencia de su hermano menor, Chase, Grayson no lo hacía por autodesprecio. Él tenía mucho interés en la investigación de las feromonas e incluso se ofrecía voluntariamente como sujeto de experimentación. Ashley lo sabía, al igual que sabía que Grayson nunca descuidaba la extracción de feromonas siguiendo sus instrucciones.


​Sin embargo, el hecho de que Ashley le insistiera de esta manera era una prueba de lo sensible que era ante la acumulación de feromonas en Grayson. Toda la familia sabía que Ashley se comportaba de forma casi obsesiva con Grayson, más que con cualquier otro hermano. Y también sabían que tenía motivos para ello.


​Pensándolo bien, hace tiempo que no va...


​Grayson lo recordó de repente. Era la primera vez que se olvidaba de visitar el laboratorio de Steward. La razón, por supuesto, era una sola: su vida era tan sumamente divertida últimamente.


​Pero, de todos modos, Ashley tenía razón en que debía extraerse las feromonas. Grayson tampoco deseaba en absoluto volverse loco o que su cerebro se dañara. Siendo así, la única solución era la inyección.


​Supone que tendrá que ir a la fiesta...


​Para ponerse la inyección, una fiesta resulta más conveniente que el laboratorio. Se había burlado de su hermano Chase cuando este se ponía esas inyecciones, pero ahora que lo pensaba, debía agradecérselo. Gracias a Chase, ahora podía recibir un medicamento ya comprobado.


​Por supuesto, ese fármaco de las "fiestas de feromonas" también fue desarrollado por Steward. Si ese hombre supiera el estado actual de Grayson, ¿cómo reaccionaría?


​Seguro que le parecería fascinante. Si le dijera que ha llegado a conocer la emoción del miedo.


​Y también la del amor.

—Ah.


Grayson parpadeó. Ahora que lo pensaba, no le había contado esto.


​—Papá, yo...


​—No.


​Antes de que pudiera hablar, Ashley lo cortó con frialdad.


​—Te lo dije claramente, ¿verdad? Debes cumplir al menos un año. ¿No te dije que no permitiría que lo dejaras por capricho otra vez?


​Ashley reprendió a su hijo con tono severo. En realidad, era lo que esperaba. En una situación normal, a estas alturas Grayson ya estaría desanimado pensando que se había equivocado, preparándose para huir o quizás ya se habría largado. Como siempre había hecho.

Aunque le sorprendió un poco que dijera que vivía con una pareja, no era la primera vez que pasaba algo así. Varias veces había huido con alguien diciendo que dejarían el trabajo para jugar juntos, solo para cambiar de opinión en cuanto sentía que se había equivocado, abandonando a su pareja para desaparecer solo. La razón por la que Ashley vino hasta aquí con la excusa de donar suministros a la estación era para comprobar la situación de Grayson. Para advertirle de antemano y que no volviera a brotar ese mal hábito de huir en cuanto perdía el interés.


​Ante su padre, que lo miraba con ojos gélidos, Grayson de repente soltó una carcajada: “¡Jajajaja!”


​Ashley no se sintió especialmente ofendido por esta reacción inapropiada de su hijo, sabiendo que era parte de su temperamento innato. Sin embargo, debía recordarle una y otra vez que estaba equivocado. Que en esta situación no debía reírse; de lo contrario, alguien descubriría el defecto fatal de Grayson y se convertiría en la debilidad de su hijo.


​—Te equivocas, Grayson. En esta situación no debes reírte.

—Sí.


​Ante la observación de Ashley, Grayson respondió de inmediato una vez más. Sin embargo, el entrecejo de Ashley se frunció aún más.


​—¿Por qué sigues sonriendo?


​Esta vez Grayson no respondió de inmediato y parpadeó.


​—¿Yo?


​Seguía con las comisuras de los labios hacia arriba, pero probablemente era solo porque no había podido recomponer su expresión tras la carcajada de hace un momento. Ashley reprimió un suspiro. No había nada que hacer. Era simplemente un defecto con el que su hijo había nacido.


​—¿Qué era lo que ibas a decir? Si no es que vas a renunciar.


​Cuando Ashley preguntó en tono profesional, Grayson pareció recordarlo y sus ojos brillaron.


​—Verás, he llegado a saber lo que es tener miedo.


​Ashley, que estaba a punto de llevarse el té a la boca, se detuvo en seco. Grayson observaba, todavía con la sonrisa en los labios, cómo su padre dejaba la taza con un movimiento extremadamente lento. Tras un breve silencio, se oyó el leve tintineo de la porcelana contra el plato y Ashley habló:


​—¿...Qué acabas de decir?



***



El salón de té, inundado por una resplandeciente luz solar, se sentía tan refrescante y estimulante como un picnic en el jardín gracias a la brisa fresca que entraba por una ventana abierta.


​Dane, sentado frente a Koi con una mesa redonda de té de por medio, se sentía abrumado por la atmósfera desconocida, pero se mantenía en su sitio, algo incómodo, sin más remedio. Al ver cómo el empleado que les había traído los refrigerios desaparecía sin hacer ruido, Dane pensó que, después de todo, sí que había gente trabajando allí.


​Claro, por eso pudieron servir aquel desayuno tan descomunal esta mañana.

​Al recordar la lujosa mesa que había intentado olvidar, Dane sintió de repente un escalofrío en la espalda. Mientras miraba de reojo la puerta cerrada, Koi exclamó de pronto con voz aguda:


​—¡Pensar que Dane es la pareja de mi niño!


​Al girar la cabeza, Dane vio a Koi con los ojos brillantes, incapaz de ocultar su emoción. Desde el primer momento en que lo vio, Koi parecía no caber en sí de gozo. Para Dane, esta reacción era desconcertante, pero lo que le resultaba aún más difícil de asimilar era el hecho de que él mismo no sentía ningún rechazo hacia aquel hombre al que acababa de conocer. No, lejos de sentir rechazo, experimentaba una extraña familiaridad.


​La sensación que tuvo al verlo por primera vez no había sido una equivocación. Dane se sentía extraño ante ese afecto persistente. Como si hubiera notado su confusión, Koi dijo con voz todavía animada:


​—Tenemos un vínculo. Me refiero a que entre los "Omega dominantes" hay algo que nos conecta.


​¿Un vínculo? ¿De qué está hablando ahora?


​Ante el silencio de un Dane que seguía sin comprender, Koi continuó con entusiasmo:


​—Los Omega dominantes pueden reconocerse entre sí. Y sienten simpatía mutua. Probablemente tú también sientas eso por mí. ¿Algo así como...familia?


​Al oír la palabra "familia", Dane frunció el ceño y dejó escapar una sonrisa cínica. ¿Existiría una palabra más irracional que esa? Aquel hombre parecía no tener idea de lo sucia que podía llegar a ser una comunidad unida por la sangre.


​Mientras observaba a Koi, que lo miraba con rostro radiante, Dane recordó de repente a Ashley Miller, quien lo vigilaba con cautela hace un momento.


​Seguro que él anda por ahí haciendo todo tipo de cosas promiscuas con la excusa de liberar feromonas, pero no tolera que su pareja se distraiga con nadie más.


​Pensando que, después de todo, era una naturaleza egoísta, Dane tomó la taza que le correspondía. Estaba a punto de llevarse el café a la boca sin pensar cuando se detuvo en seco.


​Caca de gato...


​Dane arrugó el puente de la nariz, pero no tuvo más remedio que tragar el café.


Koi, que lo observaba con ojos brillantes y una fijeza algo abrumadora, abrió la boca como si hubiera estado esperando a que Dane dejara la taza.


​—¿Cómo conoció a mi niño? ¿En el trabajo? ¿Se está adaptando bien Grayson? ¿Hace cuánto que salen? ¿Y desde cuándo viven juntos? Porque...

​¿Acaso Grayson Miller solo heredó de Ashley Miller la apariencia externa?


​Dane miró a Koi con una expresión de hartazgo que no pudo ocultar. Al ver su reacción tan explícita, Koi soltó un "Ah", sorprendido, y mostró una sonrisa incómoda de vergüenza.


​—Lo siento, es que cuando se trata de mis hijos pierdo el autocontrol...


​Bueno, puede pasar.


​Dane lo pensó con indiferencia. Hay padres que tienen un interés excesivo en sus hijos.


​Al llegar a ese pensamiento, frunció el ceño. ¿Desde cuándo es tan generoso?


​Normalmente, se habría levantado de la silla molesto hace rato, pero no solo seguía sentado, sino que estaba haciendo gala de una gran comprensión. Se preguntó si esto también sería parte de esa "tolerancia" que viene del vínculo entre personas del mismo tipo.


​Con la mente hecha un lío, Dane carraspeó y cambió de tema rápidamente.

—Tengo entendido que el señor Miller reside en la costa este, ¿qué lo trae por aquí? ¿A qué se debe el viaje?

—Ah, Ash vino a comprobar si Grayson se está adaptando bien y yo vine con él. Solo puedo ver a mis hijos cuando estoy con Ash...


​La voz de Koi se fue apagando y una sombra cruzó su rostro. Dane se quedó helado al percibir por primera vez ese aire sombrío en alguien que no había dejado de sonreír con candidez, cuando de pronto, sintió una breve vibración en el bolsillo trasero de su pantalón.


​Al sacar el nombre y ver el mensaje, Dane soltó un suspiro involuntario.


​[Mi querido Dane.]


​En cuanto leyó la primera frase, dejó de leer y pasó el resto del texto con desgana antes de volver a guardarse el móvil y encontrarse con la mirada de Koi. Dane alzó una mano con la palma hacia arriba y se encogió de hombros, dejando caer el brazo sobre su muslo. Se rascó la nuca con la otra mano y habló con tono de fastidio:


​—Es de Grayson. No se imagina cuántos envía al día. Los manda sin pensar en quién los recibe...


​Se dio cuenta tarde de que se estaba quejando del hijo ante el padre e intentó disimular con una sonrisa. Pero la reacción de Koi fue, de nuevo, muy distinta a la de una persona normal.


​—¿Grayson? ¿Él envía mensajes? ¿Y muchos?


​Koi preguntaba una y otra vez con cara de asombro, y Dane asintió algo aturdido.


​—Sí, hasta el punto de ser un poco agobiante...


​—¡Cielos, no me digas! No tenía ni idea.


​Koi entrelazó las manos como si estuviera rezando y parpadeó conmovido.


​—A decir verdad, me preocupaba cómo sería con su pareja. Temía que se comportara de forma huraña, pero es un alivio.


​Mientras Dane se quedaba mudo ante la palabra "huraña", Koi añadió algo totalmente absurdo:


​—Es que Grayson es un chico de pocas palabras.


​¿De quién demonios está hablando...?


​Dane llegó a la conclusión de que debía de tratarse de otro Grayson Miller que se llamaba igual. O tal vez, como decía el teórico de las conspiraciones de la estación, un alienígena había secuestrado al humano, clonado su apariencia y estaba suplantando su identidad...y ese tipo era uno de esos alienígenas.


​Se le está yendo la cabeza.


​Dane parpadeó rápido para recuperar la cordura. Por culpa del maldito vínculo o lo que fuera, su corazón no dejaba de ablandarse.


​No, vuelve a ser el de siempre.


​Claro que oponerse al instinto requiere un esfuerzo considerable. Y a Dane, después de las cosas molestas, lo que más odiaba era esforzarse. Por tanto, su elección estaba clara:


​—Bueno, yo me retiro, estoy cansado...


​Cuando estaba a punto de recoger sus cosas, Koi abrió mucho los ojos, alarmado.

—¡Ah, lo siento! Es que no tengo dónde enterarme de cómo están mis hijos y me he emocionado demasiado. Estará agotado y yo aquí reteniéndolo... Es que, como somos del mismo tipo y además es el novio de Grayson, me han ganado los sentimientos...


​Al verlo disculparse tan apurado, el corazón de Dane volvió a flaquear. Es común que la imagen pública y la que se muestra a los padres sea distinta. Es más, suele ser lo habitual. Es lógico que un padre tenga curiosidad por saber cómo le va a su hijo fuera de casa.


​Y además, por increíble que parezca, resulta que Grayson tiene una imagen reservada en su hogar...


​Dane acabó optando por quedarse. Levantó su taza y dijo:


​—Aún queda café, así que me lo terminaré antes de irme.


​—¿De verdad? ¡Qué alegría!


​Koi se iluminó al instante. Empujó la bandeja de los dulces hacia Dane y continuó:


​—Incluso si no fuera por Grayson, quería hablar más con usted. Hacía mucho tiempo que no coincidía con alguien de mi mismo tipo. ¡Ah, el pequeño de la casa también es como nosotros! Contando a Bliss, ya somos tres de nuestro tipo a mi alrededor. La próxima vez le presentaré a Bliss, se pondrá muy feliz.


​De pronto, Dane recordó que la familia Miller tenía seis hijos. Si el pequeño era del mismo tipo, significaba que era un Omega dominante. Eso quería decir que, entre cinco Alfas dominantes, solo había un Omega dominante...


​Dane debió de poner una cara de espanto sin darse cuenta, porque Koi soltó una risa algo triste.


​—Sí, la verdad es que hubo algunas dificultades. Por eso tengo tanta curiosidad por saber cómo les va a los chicos...


​Dane observó el rostro de Koi fijamente.


​—Se preocupa mucho por ellos.


​Ante su tono pausado, Koi mostró una sonrisa amarga.


​—No puedo evitar preocuparme. Mis hijos son...especiales. Aun así, solo me queda creer que pueden vivir como los demás y esperar.


​Y entonces, murmuró como si hablara para sí mismo:


​—Si yo no confío en ellos y resisto, ¿quién más va a creer en mis hijos?


​Por un momento, pareció que la tristeza empañaba los ojos de Koi. Dane se limitó a observarlo en silencio con la taza de café suspendida en el aire.



***



Ashley observó a Grayson en silencio. Bajo su gélida expresión, un sinfín de pensamientos se cruzaban. Grayson, con su habitual sonrisa burlona, esperaba la reacción como si se estuviera divirtiendo a más no poder.


​Tras un pesado silencio, Ashley finalmente habló:


​—¿Cómo puedes estar seguro de que eso es realmente una "emoción"?


​Si tal cosa fuera posible, no podría calificarse más que de milagro. Durante años, Ashley se había esforzado incansablemente por hacer que él "aprendiera" las emociones. Por mucho que lo intentara, Grayson no sentía nada. Por tanto, no quedaba más opción que enseñarle a imitar las sensaciones.


​Sin embargo, hiciera lo que hiciera, el niño siempre mostraba la misma respuesta. A pesar de eso, su curiosidad era desbordante y no podía contenerse cuando algo le intrigaba. Aunque logró enseñarle a reprimir sus impulsos, Grayson probablemente nunca saciaría su sed de comprender las emociones.


​Una curiosidad por algo que jamás conocería y que era imposible de llenar.


​¿Y ahora decía que había aprendido lo que era el "miedo"? ¿Cómo?

Naturalmente, no podía creerlo. Teniendo en cuenta el historial de mentiras que Grayson le había soltado a lo largo de su vida, la desconfianza era lógica. Pero Grayson fue un paso más allá:


​—Sí, y también sé lo que es el amor.


​Lo dijo como si presumiera, mirando a Ashley con una cara sorprendentemente arrogante. Al ver la expresión de su hijo, Ashley frunció el entrecejo lentamente. Seguramente está actuando. Siguiendo lo que él mismo le había enseñado: actuar según la situación.


​Pero, ¿cómo habría sabido que debía poner esa expresión al decir tales palabras?

Ashley aplastó sin piedad la esperanza que intentaba asomar la cabeza. ¿Cuántas veces había sido engañado por Grayson de esta manera? ¿Iba a caer otra vez? Incluso sintió un deje de autodesprecio, preguntándose si al final no era más que otro padre estúpido cegado por su hijo.


​—¿Cómo lo hiciste?


​—Lo aprendí.


​Grayson respondió al instante una vez más. Y, sacando pecho, declaró con orgullo:


​—De Dane.


​Ashley guardó silencio de nuevo. Dane Striker. ¿El hombre que Grayson presentó como su pareja le había enseñado las emociones? Este chico, que volvería a decir que se había equivocado después de pregonar que era el amor de su vida, ¿cómo podía fanfarronear así?


​—Esta vez es verdad.


​Grayson habló, pero esas eran palabras que Ashley había oído demasiadas veces. Ashley decidió que no valía la pena perder el tiempo innecesariamente con su hijo.

—¿Sí? Entonces no te importará que yo mismo lo compruebe, ¿verdad?


​A diferencia de su actitud segura de hace un momento, Grayson vaciló. Los ojos de Ashley se entrecerraron. Lo sabía.


​—Si lo que dices es cierto, no debería cambiar nada aunque yo se lo pregunte a Dane Striker. O es que.


Ashley preguntó con un tono más pausado de lo habitual.


—¿Has vuelto a mentir?



Raw: María Gutiérrez.

Traducción: Ruth Meira.

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