Un día del gángster v6 extra

Extra: Cita a Ciegas.


Woo-yoon, que llevaba más de diez minutos merodeando frente a la terraza de la cafetería mientras se tocaba el flequillo, finalmente se armó de valor y entró por la puerta automática. Estaba sumamente preocupado por el corte de pelo que se había hecho de camino, especialmente para su primera cita a ciegas.


Su intención de presumir masculinidad pidiendo un corte corto había sido el error. El resto del pelo no era muy diferente a como estaba antes, pero el flequillo por encima de las cejas le daba un aspecto que a él mismo le resultaba gracioso.


Al contrario del consejo de su colega del trabajo, quien le dijo que la cafetería elegida no tendría mucha gente y sería ideal para charlar, el lugar estaba abarrotado. Parecía inevitable que cualquier sitio estuviera lleno un sábado a la hora del almuerzo. Tras recorrer con la mirada las mesas del primer piso y darse cuenta de que todas estaban ocupadas, subió las escaleras hacia la segunda planta.


Al llegar al último escalón, divisó al único hombre que estaba sentado solo. Vestía un traje negro que ignoraba por completo que fuera época de lluvias y llevaba gafas de sol oscuras; tenía las manos entrelazadas sobre la mesa y la mirada perdida en algún punto fuera de la ventana. Debido a las gafas, era imposible saber exactamente qué estaba mirando.


Woo-yoon escaneó rápidamente al hombre y su rostro se contrajo sutilmente.


Espero que no sea él…


Más que una cita a ciegas, parecía un tipo que venía a realizar algún tipo de trato turbio en el bajo mundo. Entre el brillante reloj de metal de esfera grande en su muñeca y el anillo de oro en su dedo meñique, era imposible pensar en él como una persona normal.


Cuando intercambió mensajes por chat durante unos días a través del contacto que le dio su colega, nunca imaginó que sería alguien así. De haberlo sabido, habría pedido al menos una foto.


¿Acaso su cita se habría equivocado de lugar y lo estaría esperando en otra cafetería? Intentó negar la realidad por un momento, pero en cuanto el hombre de la ventana manipuló su teléfono, la vibración de una notificación en su propio bolsillo lo arrastró de vuelta a la realidad.


Woo-yoon se mordisqueó el labio inferior, sacó el móvil y revisó el chat.


[¿Dónde está?]


Sus ojos dóciles de comisuras caídas miraron de reojo hacia la ventana.


Por el chat parece tan educado y cortés… ¿por qué tiene tanta pinta de matón…?


El corazón, que palpitaba por los nervios de su primera cita, empezó a latir con fuerza ahora por una razón distinta. Tras inhalar profundamente, Woo-yoon arrastró sus pies, que apenas querían moverse, y se acercó vacilante a la mesa donde estaba sentado el hombre.


—Disculpe… ¿Es usted el señor Baek Pil-seung…?


La cabeza, que apuntaba hacia la ventana, giró bruscamente hacia Woo-yoon. Se produjo un breve silencio. Woo-yoon tragó saliva al ver su propio reflejo en las gafas de sol del hombre. Justo cuando su mirada iba a pasar del puente afilado de la nariz a los labios entreabiertos, el hombre se levantó de golpe y le tendió la mano.


—Vaya, qué gusto. Soy Baek Pil-seung.


—Yo soy Nam... Woo-yoon…


—Joder, desde la madrugada no ha pudo parado de llover, pensé que hoy no nos veríamos.


—¿Perdón…?


Woo-yoon, sorprendido por el lenguaje brusco que se coló en sus oídos, preguntó con voz torpe. Sin embargo, Pil-seung, como si no hubiera pasado nada, movió la mano extendida señalando la silla de enfrente. Ante el gesto descuidado que denotaba fastidio, Woo-yoon apretó las correas de su mochila y se sentó apenas apoyando el borde de su trasero en la silla.


—…


—…


Pil-seung observaba fijamente a Woo-yoon tras sus gafas de sol. El chico no paraba de moverse y mirar a su alrededor como si estuviera sentado sobre espinas.


Llevaba una camiseta oversize y unos pantalones cortos con bolsillos grandes que le quedaban holgados por debajo de las rodillas; todo su aspecto armonizaba con su rostro de apariencia despistada. No parecía ser muy brillante y desprendía un aire de torpeza que, incluso más que en las fotos, encajaba perfectamente con sus gustos. Había valido la pena esforzarse en lucir bien con esas gafas de sol que rara vez usaba.


Su tonta cita a ciegas parpadeaba con esos ojos tristemente caídos y sujetaba con tanta fuerza la correa de su bolso cruzado que parecía listo para salir corriendo de la cafetería sin mirar atrás en cualquier momento. Aunque con esa pinta, probablemente no llegaría ni a bajar las escaleras antes de ser atrapado.


Pil-seung, que lo observaba, sonrió para romper el hielo y preguntó:


—Parece que no te gusto, ¿verdad?


—¿Qué?


Sorprendido, Woo-yoon respondió sin pensar con otra pregunta y tuvo un respingo. Las comisuras de los labios que se elevaron tras las gafas oscuras resultaban aterradoras. La destreza con la que lo incitaba a responder con esa cara sonriente reforzó la sospecha de Woo-yoon de que no era una persona común.


Además, por el cuello de la camisa desabrochada, se vislumbraba una gran cicatriz en la nuez de Adán; no parecía ser alguien con un pasado sencillo.


Woo-yoon, mirando de reojo el rostro de Pil-seung donde cualquier palabra mal dicha parecía que terminaría en tragedia, murmuró con voz apenas audible:


—¿Por qué...de repente...esa p-pregunta…?


Al no poder soltar una mentira piadosa diciendo que no era así y dejar la frase a medias, Pil-seung dijo con voz estentórea:


—¡Ah! Es una broma, una broma. Para que te sientes cómodo.


—Ah….


Woo-yoon soltó una pequeña exclamación y deslizó su trasero hacia atrás en la silla, donde antes colgaba peligrosamente como si fuera a huir. Mientras Woo-yoon acomodaba su asiento, Pil-seung apoyó la cara sobre su puño cerrado. Sin importarle que su mejilla delgada se arrugara, observó a Woo-yoon y preguntó:


—¿Me dijeron que eres menor que yo?


—Sí…


—¿Entonces hablamos de tú? Es que no se me da bien eso de hablar con respeto.


—…


Si desde hace un rato no parece que me estés respetando mucho…


Woo-yoon se tragó las palabras que rondaban la punta de su lengua y movió sus pupilas hacia un lado para evitar la mirada que sentía tras las gafas.


¿Acaso en las citas a ciegas se tutean desde el primer día? No recordaba haber leído nada de eso cuando buscó información en internet. Woo-yoon no dejaba de juguetear con sus manos ocultas bajo la mesa mientras pensaba en la persona que los presentó.


¿Cómo es que su colega conocía a un Alfa que parecía...un matón? Su colega era una persona cálida y dulce que no parecía tener puntos en común con el hombre sentado enfrente… ¿O acaso solo tenía apariencia de matón y en el fondo era buena persona?


Woo-yoon se armó de valor y abrió la boca, que hasta entonces mantenía firmemente cerrada.


—Me dijeron que se dedica a...la distribución…. ¿Qué tipo de cosas...distribuye?


—Aaaah…


Tras un largo silencio en el que Pil-seung hizo un ruido para ganar tiempo, respondió lentamente:


—Medicamentos.


—¡Wow!


Ante el hecho de que Pil-seung tuviera un trabajo más normal de lo esperado, Woo-yoon soltó una exclamación sin darse cuenta. Se sintió un poco aliviado al saber que era alguien con una identidad clara, aunque seguía sin convencerle como pareja para una cita.


Beberé el café y me iré de inmediato. Mi colega dijo que podía hacerlo si quería…


—E-esto...voy a bajar a pedir.


—¡Ehei, tsk!


—¿Eh?


Woo-yoon, sorprendido, miró hacia arriba con ojos redondos a Pil-seung, quien se levantaba chasqueando la lengua. La corpulencia de Pil-seung, al ponerse de pie sin dudarlo, era mucho más imponente de lo que parecía cuando estaba sentado. Tenía una complexión grande y robusta, con extremidades tan largas que destacaría sin duda entre cualquier grupo de Alfas.


Su corazón empezó a latir con fuerza, temiendo haber irritado al hombre que ahora proyectaba una sombra sobre él. Sin embargo, las palabras que salieron de Pil-seung fueron inesperadamente amables:


—Yo lo compraré, así que quédate ahí sentado.


—E-entonces…un latte de mango…


—¿Qué? Ah, da igual. Espera.


Pil-seung se inclinó hacia Woo-yoon para escuchar mejor, como si el ruido de la cafetería no le hubiera permitido oír bien, pero antes de que Woo-yoon pudiera repetir el nombre del menú, hizo un gesto de desdén con la mano y se dio la vuelta. Woo-yoon observó con ansiedad la espalda de Pil-seung mientras bajaba las escaleras y abrazó contra su pecho el bolso que llevaba cruzado.


Su forma de hablar no es mi estilo, ni tampoco su forma de vestir… Además, su cara solo me transmite intimidación, no me hace sentir nada…


Si al menos hubiera un detalle que le gustara, intentaría aguantar un poco más, pero solo sentía miedo e incomodidad. Por muy primeriza que fuera esta cita a ciegas, podía distinguir eso perfectamente.


Este hombre definitivamente no es para mí…


Mientras Woo-yoon pensaba en cómo decirle que se marchara una vez que terminaran las bebidas, Pil-seung apareció al final de la escalera con una bandeja en una mano. Ver a ese Alfa enorme, de traje y gafas de sol, acercándose a grandes zancadas con una bandeja que parecía del tamaño de su palma, le produjo un extraño déjà vu.


Probablemente, en una película, en lugar de bebidas habría una pistola en esa bandeja. ¿Y empezaría un juego de ruleta rusa con ella…?


Pil-seung se sentó frente a Woo-yoon y dejó la bandeja. En ella no había ni rastro de algo parecido al latte de mango que Woo-yoon había pedido. En su lugar, Woo-yoon bajó ligeramente la cabeza al ver una bebida de chocolate helada con una montaña aterradora de crema batida y una porción de pastel de fresa.


—Gracias por la comida…


Justo cuando Woo-yoon agradecía e intentaba tomar el tenedor para comer el pastel, una mano grande con las venas marcadas se lo arrebató de un tirón. Miró a Pil-seung sin entender nada, pero él, ignorando la mirada inquisitiva, clavó el tenedor, cortó un trozo generoso de pastel y lo acercó a la boca de Woo-yoon.


—Abre la boca.


—No, yo puedo solo…


—Ah.


—L-la gente...la gente está mirando…. Y...todavía no...con el señor Pil-seung todavía no estoy en confianza para esto….


—Sssst, ah.


—…


Tras echar un vistazo rápido a su alrededor, Woo-yoon cerró los ojos con fuerza y abrió la boca con vacilación. Sus orejas y mejillas se tiñeron de rojo, consciente de los clientes sentados en las otras mesas.


En cuanto termine la bebida, diré que me ha surgido algo urgente y me iré. Por suerte es una bebida fría, así que puedo beberla rápido.


Puedo dejar un poco de pastel… No aceptaré otra cita bajo ningún concepto, y si me lo pide, lo rechazaré…


Pensó que, como solo se verían hoy, podía ser un poco frío al rechazarlo. Había leído que en las citas a ciegas es más educado cortar por lo sano que dar falsas esperanzas. Aunque le daba algo de miedo la reacción que pudiera tener un Alfa con pinta de matón al ser rechazado frente a la cafetería, pensó que nada malo pasaría en pleno centro de Seúl. Si había una comisaría cerca, decidió que expresaría su rechazo al pasar por delante de ella.


—¿…?


Ya debería haber sentido el tenedor en su boca, pero no pasaba nada. Woo-yoon, que seguía con la boca abierta planeando cómo terminar su primera cita lo antes posible, abrió un ojo con disimulo.


Se quedó mirando estupefacto cómo Pil-seung hacía un "giro en U" con el tenedor y se metía el pastel en su propia boca. Woo-yoon cerró la suya con torpeza y cierta vergüenza. Su mirada hacia Pil-seung, que se reía mientras lamía la crema del tenedor, se volvió afilada.


No tenía gracia. Que alguien por quien no sentía ni interés ni simpatía le gastara una broma así en su primer encuentro era incluso desagradable. Estuvo a punto de levantarse sin terminar la bebida, pero en el momento en que Pil-seung dejó el tenedor y se quitó la chaqueta del traje, Woo-yoon se metió la pajita de la bebida de chocolate en la boca.


Cada vez que Pil-seung se movía, la camisa se tensaba revelando una masa muscular que le aconsejaba a Woo-yoon rechazar la próxima cita, pero hacerlo con la mayor cortesía posible. Succionó el chocolate sin descanso hasta que se le hundieron las mejillas.


Bebamos rápido y vámonos…


Ya ni siquiera tenía ganas de averiguar si era una buena persona; sinceramente, solo tenía miedo. No debió haber aceptado la cita. Su colega insistió tanto, de una forma que no era habitual en él, que acabó aceptando sin pensar. No debió hacerlo.


Woo-yoon lamentaba su imprudencia mientras tragaba el chocolate helado. Al pasar el líquido con trozos de hielo granizado por su garganta, sintió un pinchazo de frío en el pecho y la cabeza. Finalmente, soltó la pajita tras vaciar solo la mitad del vaso.


Frunciendo el ceño y con una pequeña tos, sintió la mirada persistente de Pil-seung examinando su rostro tras las gafas de sol. Woo-yoon, con los ojos llorosos por el frío de la bebida, dijo:


—Ya terminé de beber….


—¿Y?


—¿N-no podemos levantarnos ya?


Apretó las cuerdas vocales para sacar la voz que apenas salía por los nervios. Pil-seung lo miró fijamente, arqueó sus cejas pobladas por encima de las gafas y consultó su reloj de pulsera.


—Justo a tiempo.


Sin decir vamos ni nada parecido, Pil-seung se levantó de golpe. Woo-yoon lo siguió apresuradamente empujando su silla. ¿A qué tiempo se refería? No parecía que fuera a despedirse ahí mismo; parecía que tenía algún plan previsto... ¿Había alguna forma de no seguirlo?


Woo-yoon se mordió el labio mientras seguía a Pil-seung, quien ya se había puesto la chaqueta y caminaba a grandes zancadas hacia la salida tras dejar la bandeja en el mostrador de devoluciones.


Decirle que olvidé que tenía algo urgente...es demasiado increíble. Entonces... ¿decirle que creo que no estamos destinados...? ¿Será muy atrevido? Si solo llevamos unos minutos juntos…


Mientras Woo-yoon ordenaba sus frases de despedida, Pil-seung salió de la cafetería. Woo-yoon lo siguió a toda prisa y se dirigió a su nuca mientras él miraba al cielo con las manos en la cadera.


—Oiga, oiga. Yo...creo que es mejor que nos despidamos aquí…


—¿Qué? Repítelo.


Pil-seung, que miraba satisfecho el cielo despejado como si nunca hubiera llovido por la noche, frunció el ceño al oír la voz que murmuraba a sus espaldas y se giró. Woo-yoon no paraba de juguetear con la correa de su bolso, como alguien con ansiedad.


—No te oí, dilo otra vez.


—Es que...bueno, yo con el señor Pil-seung…


Para escuchar con precisión lo que Woo-yoon balbuceaba, Pil-seung se inclinó hacia él y se quitó las gafas de sol. Woo-yoon se quedó con la boca abierta, embobado, al ver el rostro que se acercaba con la luz del sol de fondo. Al ver la cara lavada de aquel Alfa que hasta ahora solo le parecía un matón, no pudo articular ni una palabra más de rechazo.


Era el rostro de un Alfa que desprendía esa fuerza que Woo-yoon siempre había admirado; a pesar de tener una mirada afilada, no le resultó aterrador, sino que simplemente pensó que era increíblemente guapo. Sin duda, era su tipo ideal. La cara de aquel hombre, que hasta hacía un momento no tenía ni un solo detalle que le gustara, acababa de dar en el blanco de sus preferencias.


El rostro, ahora a escasos centímetros, lo miró a los ojos y preguntó:


—¿Qué decías? ¿Tú y yo qué?


—…


Woo-yoon, apretando la correa de su bolso con fuerza, contuvo el aliento y tragó saliva. Su corazón, que antes martilleaba de puro miedo, cambió de ritmo una vez más.


Pero qué...es guapísimo…


Cada vez que su corazón daba un vuelco, sentía que las piernas le flaqueaban como si fuera a desplomarse. Desconcertado, movió los ojos de un lado a otro y finalmente logró articular palabra.


—Es decir...


—Dime.


Respondió Pil-seung con una voz grave, como indicando que lo escuchaba con atención.


Woo-yoon hizo un esfuerzo por sacar la voz de su garganta, que se sentía cada vez más pequeña.


—Yo, con el señor Pil-seung...


—Sí.


—Quiero...quiero ir a comer....


Al oír su voz temblorosa, Pil-seung enderezó la espalda que había mantenido inclinada para ponerse a la altura de Woo-yoon. Guardó las gafas de sol en el bolsillo interior de su chaqueta y dijo:


—No se puede.


—¿Por...por qué?


—Ya es la hora de la película.


—Ah, la película...


Woo-yoon, que tenía los ojos muy abiertos por el rechazo inesperado, murmuró con voz de alivio. Pensó que lo correcto era observar un poco más. No era porque él fuera guapo, sino porque juzgar a alguien tras sólo quince minutos de conocerlo era, se mirara como se mirara, un acto de soberbia…


Mientras Woo-yoon se mordía el labio con indecisión, una mano enorme atrapó la suya de repente.


—Llegamos tarde. Vamos.


—Sí...


Respondió bajito y empezó a caminar siguiendo a Pil-seung, que lo guiaba de la mano. Al notar que esos zapatos de cuero, tan limpios que brillaban, caminaban ajustándose a su propio paso, la nuca de Woo-yoon se tiñó de rojo al instante. La mano de Pil-seung, que lo sujetaba con un agarre tosco, era dura pero cálida.


Tal vez este hombre, Baek Pil-seung, que parece un matón, sea como esta mano: aterrador por fuera pero cálido por dentro.


Woo-yoon agachó la cabeza para ocultar su rostro ardiente, sin saber si era por el clima caluroso o por el contacto de esa mano.


Pil-seung no soltó su mano ni siquiera en el cine. Estuvieron tomados de la mano durante toda la película, y aunque la palma de Woo-yoon se humedeció por el sudor, los dedos entrelazados no se aflojaron ni un momento. Abrazando con un brazo el cubo de palomitas que Pil-seung le había comprado, Woo-yoon mantenía los ojos fijos en la pantalla mientras su mente divagaba.


La primera impresión fue impactante, pero él ya había reservado la película con antelación y, mientras Woo-yoon iba al baño, había comprado palomitas y bebidas. Al entrar a la sala, cuando otra pareja que iba delante jugueteaba y pisó a Woo-yoon, Pil-seung incluso se encargó de conseguir una disculpa en su nombre. Aunque, para ser sinceros, puso un ambiente tan hostil que a Woo-yoon le dio hasta vergüenza.


Parece que no es tan mala persona como pensaba... No es por su cara, de verdad…


Sin haberse enterado de nada de la trama de la película tras una hora y media de función, Woo-yoon salió del cine y fue a cenar con Pil-seung a un bar cercano. Era un local de whisky, pero también servían platos como pasta, así que pudieron saciar el hambre.


Este también era un lugar que Pil-seung había buscado. A diferencia del concepto abierto que uno suele imaginar al pensar en un "bar", el espacio estaba dividido en salas privadas, lo que les permitía hablar sin preocuparse por las miradas ajenas. Era un detalle que revelaba una delicadeza inesperada en el Alfa que tenía enfrente.


Woo-yoon sentía que Pil-seung, a diferencia de su apariencia, era increíble por haber planeado el día de forma tan meticulosa, y al mismo tiempo se sentía un poco apenado por haber ido él sin pensar en nada. Decidió que él pagaría la cena y la bebida mientras miraba de reojo a Pil-seung. Al cruzar sus miradas, Pil-seung deslizó su vaso hacia Woo-yoon.


—Bebe.


—Ah...es que no soy muy bueno con el alcohol…


—Solo tres sorbos.


—…


Tras mirar fijamente a Pil-seung, que le ofrecía el whisky bajo la tenue luz del bar, Woo-yoon levantó el vaso a regañadientes.


Me equivoqué. No parece ser tan delicado…


Con el borde del vaso en los labios, miró a Pil-seung por última vez. Lo hizo con la esperanza de que le dijera que no era necesario beber, pero Pil-seung, sentado con las piernas cruzadas y la espalda apoyada en la silla, solo esperaba a que Woo-yoon bebiera.


Cerrando los ojos con fuerza, Woo-yoon pasó el primer trago. Intentó dar los tres sorbos seguidos conteniendo el aliento, pero en cuanto el whisky de alta graduación pasó por su garganta, estalló en un ataque de tos. Cuando miró a Pil-seung con ojos llorosos e indignados, este soltó una carcajada.


Tras reírse un buen rato hasta ponerse rojo, Pil-seung tomó unas servilletas de la mesa y estiró el brazo. Woo-yoon no evitó el gesto de Pil-seung limpiándole el alcohol que se había derramado por la comisura de sus labios; en cambio, movió sus pupilas inquietas para observarlo con atención.


No será delicado, pero parece amable…


Al esforzarse por encontrar virtudes en aquel hombre que no le dio buena impresión al principio, no podía negar que se estaba dejando llevar por su físico. ¿Desde cuándo era él una persona tan superficial? Sintiendo dudas y vergüenza al mismo tiempo, Woo-yoon bebió voluntariamente un sorbo más de whisky para calmar su corazón, que palpitaba cada vez que sus miradas se cruzaban. Pil-seung se limitó a observarlo con diversión, sin detenerlo.


Sorbo a sorbo, con valentía, terminó por vaciar el vaso de whisky que Pil-seung había pedido. Woo-yoon se metió en la boca el pequeño trozo de hielo que quedaba en el vaso y, mientras lo chupaba como si fuera un caramelo, se esforzó por mantener abiertos los ojos, que empezaban a cerrarse. Fue entonces cuando Pil-seung, que solo lo observaba apoyando la barbilla en su mano, se movió.


Tras cambiarse al asiento de al lado, Pil-seung rodeó con su brazo la cintura de Woo-yoon, quien cabeceaba de sueño. Woo-yoon miró el brazo que envolvía su cuerpo con naturalidad y se giró hacia Pil-seung con la mirada desenfocada. Su rostro estaba mucho más cerca de lo que esperaba.


Incluso bajo los efectos del alcohol, la mirada fija de Pil-seung le resultaba abrumadora. Evitando sus ojos, Woo-yoon movió los suyos y sujetó la mano que, sin que se diera cuenta, ya le estaba masajeando la cintura.


—H-hace cosquillas, cosquillas….


Echando un vistazo de reojo a Pil-seung, que no respondía, Woo-yoon puso fuerza en sus dedos para apartar la mano que le tocaba la cintura, pero no pudo evitar el rostro que se acercaba cada vez más y cerró los ojos. Mientras esperaba soltando un aliento entrecortado por la tensión y el alcohol, sintió un contacto suave en sus labios. Pestañeó con un leve temblor y, sin oponer la más mínima resistencia, abrió la boca ante el beso de Pil-seung que succionaba su labio superior.


La lengua de Pil-seung entró en su boca y empezó a mover de un lado a otro el hielo que Woo-yoon estaba derritiendo. El contraste entre el frío del hielo y el calor de la lengua de Pil-seung era placentero. Woo-yoon, con los ojos cerrados, movió su lengua poco a poco siguiendo el ritmo de Pil-seung mientras encogía las piernas, que antes se movían inquietas bajo la mesa.


Apretó los muslos y sujetó con fuerza la mano de Pil-seung que seguía amasando su cintura. ¿Estaba bien hacer esto con un Alfa que acababa de conocer? ¿Acaso no estaba perdiendo el juicio por estar borracho? ¿Se arrepentiría mañana?


Miles de pensamientos nublaron la mente de Woo-yoon, pero no pudieron vencer a las sensaciones agradables que sentía en ese momento. Soltó la mano de Pil-seung, a la que se había aferrado con tanta fuerza que casi le deja marcas, y se tocó el bajo vientre, que no dejaba de sentir un cosquilleo.


Parece que...se me va a poner dura. No...parece que me voy a correr.... Algo está raro…


Woo-yoon bajó el dobladillo de su camiseta oversize para cubrir su entrepierna y agachó la cabeza, apartándose de Pil-seung, quien seguía enredando su lengua y recorriendo su boca, donde el hielo ya se había derretido por completo. Al apartar el rostro de forma repentina, una gota de saliva clara cayó sobre el pantalón de Woo-yoon. Él se encogió, casi hundiendo el torso sobre sus muslos, y murmuró bajito:


—Esto es un poco...algo está, raro…


—¿Qué es lo que está raro?


Ante la voz grave que sonó en su oído, Woo-yoon tembló y balbuceó:


—Está...algo está mal…


—¿Qué está mal? ¿Aquí?


La mano que masajeaba su cintura se coló hacia su entrepierna, la cual intentaba cubrir con esfuerzo. Woo-yoon sujetó la mano de Pil-seung, que presionaba suavemente su regazo sobre el pantalón, y se encogió aún más. La palma juguetona presionó sobre su miembro ya endurecido y deslizó los dedos más abajo. Aunque lo tocaba por encima de la tela, el movimiento se sentía tan vívido como si fuera sobre la piel desnuda; Woo-yoon no paraba de retorcerse, y sus zapatillas, apoyadas solo sobre las puntas, resbalaban nerviosas por el suelo.


—E-espera, ah, un momento...,ahhh…


—¿Por qué?


—E-es raro, Baek Pil-seung..., ¡ah…!



***



—Mierda…


Pil-seung, apoyado en un brazo y recostado de lado hacia Woo-yoon, observaba con incredulidad el rostro de su marido, quien gemía y balbuceaba entre sueños.


Había decidido ser generoso y dejarlo ir a la cena de empresa, pero Woo-yoon regresó completamente borracho, cargado a cuestas por un tipo cualquiera. Pil-seung consideró seriamente usar a ese sujeto como ejemplo y romperle algo antes de mandarlo de vuelta, pero se contuvo por el bien de la vida social de Nam Woo-yoon. Sabía que, si se enteraba, Woo-yoon se pondría a llorar y a suplicar.


Aun así, tendría que decirle un par de cosas cuando amaneciera. Aunque intentaba no sermonearlo porque sabía cuánto se esforzaba Woo-yoon en su recién estrenada vida laboral, que estuviera teniendo un sueño húmedo estando borracho y teniendo a su marido perfectamente disponible al lado, era una desfachatez.


Mientras observaba a Woo-yoon, que aún vagaba por sus sueños con el rostro encendido por el alcohol, Pil-seung bajó ligeramente el pantalón del pijama que él mismo le había puesto. Tanto la parte delantera como la trasera de su ropa interior estaban empapadas. Menos mal que lo había llamado por su nombre entre sueños; si hubiera gritado "Señor Subdirector" o "Señor Gerente" mientras se corría, Nam Woo-yoon no habría quedado ni para contar el cuento.


—Uuung….


Pil-seung, que se encimó sobre Woo-yoon mientras este soltaba algo entre un suspiro y un quejido, metió la mano dentro de la ropa interior húmeda y lo besó. Como si también estuviera besándolo en su sueño, Woo-yoon respondió al beso de inmediato.


—Pil-seung...Pil-seung... Uu, hnggg…


Woo-yoon, cuya lengua era succionada frenéticamente, sollozaba y balbuceaba dormido. Pil-seung encogió los dedos dentro de la prenda, palpando el orificio que se contraía levemente, y luego separó sus labios para mirarlo desde arriba.


—Pedazo de idiota…


Pil-seung soltó una risita al verlo tan excitado y buscándolo incluso en sueños, y presionó sus labios contra la frente de Woo-yoon, que estaba ardiendo por el alcohol. Desde que consiguió el empleo, el muy bastardo huía cada noche a la habitación de Baek Yoon diciendo que estaba cansado, pero en sus sueños se estaba divirtiendo con él. Era increíblemente descarado, pero, por otro lado, no podía evitar que le resultara adorable que Nam Woo-yoon no conociera a nadie más que a él para protagonizar sus fantasías eróticas.


Pil-seung giró la mandíbula de Woo-yoon hacia un lado y lamió con insistencia la zona de su oreja. Al masajear con la punta de la lengua la base de la oreja, donde se encuentra la glándula de feromonas, Woo-yoon empezó a retorcerse debajo de él.


Abrazando con fuerza el pequeño cuerpo que forcejeaba débilmente embriagado por el sueño y el alcohol, Pil-seung liberó las feromonas que tanto le gustaban a Woo-yoon. De inmediato, Woo-yoon pasó ambos brazos por debajo de las axilas de Pil-seung, aferrándose con fuerza a su torso robusto mientras soltaba un quejido lloroso.


Al ver a Woo-yoon aferrado a él de esa manera, Pil-seung juró que, aprovechando que mañana era fin de semana, le haría contar con todo lujo de detalles qué estaba haciendo con él en su sueño. Aunque se resistiera por vergüenza, lo obligaría a hablar hasta el final y luego le ordenaría, una y otra vez, que hiciera exactamente lo mismo en la realidad.


Al imaginar a Woo-yoon haciendo todo lo que le pidiera mientras lloriqueaba, la sonrisa desapareció de su rostro. Con una expresión que perdió toda serenidad en un instante, Pil-seung bajó de un tirón la ropa interior que colgaba de los muslos de Woo-yoon.


Mañana será mañana, y hoy es hoy. Primero, terminará lo que ha empezado…



Raw: Ruth Meira.

Traducción: Ruth Meira.

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