Un día del gángster v5 extra 2

Extra 2


Pil-seung y Gi-dong se prepararon minuciosamente en el almacén de Yangjae, desplegando herramientas con la intención de interrogar al Alfa desconocido. Sin embargo, para su sorpresa, el careo terminó de forma insípida en apenas una hora.


El hombre, que había pertenecido a una de las bandas que Pil-seung controlaba antaño, confesó que tras ser abandonado por sus compañeros debido a conflictos internos, había vivido años de extrema miseria. Gi-dong, acostumbrado a oír que tras la disolución de la "Oficina Baek Pil-seung" las luchas por el poder eran feroces, supuso que este sujeto era solo una víctima más de esa tormenta.


Pero el hombre se había equivocado garrafalmente de objetivo para desahogar su frustración. Desesperado por su situación, pero sin valor para enfrentarse a las organizaciones que aún seguían en pie, decidió dirigir su rencor hacia Pil-seung, cuya fuerza se consideraba "disuelta". Gi-dong, ante la estupidez del hombre, perdió hasta las ganas de seguir indagando.


Si los demás no se habían atrevido a tocar a Pil-seung pese a su retiro, era porque sabían instintivamente que Baek Pil-seung, con o sin seguidores, era alguien con quien no se debía jugar. El año en que entregó personalmente a Ju Tae-seong a la policía, dejó claro de lo que era capaz. Que este "novato" intentara atacarlo solo con un cuchillo y sin ayuda era la prueba definitiva de su patetismo.


Gi-dong miró al hombre que lloriqueaba por sus muslos destrozados y se giró hacia Pil-seung.


—Parece que fue un acto individual de un idiota que no sabe dónde está parado, así que no hay de qué preocuparse. Aun así, ¿deberíamos dar un escarmiento público?


—Si alguien que ya se lavó las manos se pone a alardear de fuerza, solo encenderá el espíritu competitivo de otros gánsteres y será contraproducente. Deshazte de él de forma que entiendan que no soy un blanco fácil, nada más.


—Entendido, hyung.


Aunque respondió de inmediato, Gi-dong parecía insatisfecho. Pil-seung le dio una palmada firme en el hombro.


—Siento hacerte hacer este tipo de trabajos cuando tú también te habías reformado por seguirme.


—Hyung, eso me ofende. Sus asuntos son los míos.


Pil-seung soltó una risita al ver a Gi-dong con el labio fruncido y salió del almacén. Con la bolsa que le dio Gi-dong bajo el brazo, subió al ascensor frotándose las manos donde la sangre ya se había secado. Gi-dong le había dicho que pasó por la villa antes de ir al almacén y le inventó a Woo-yoon que había surgido un problema en el centro, pero Pil-seung dudaba que el chico se lo hubiera creído.


—Mierda, mira qué facha traigo… 


Murmuró Pil-seung viendo su reflejo en el espejo del ascensor y frunciendo el ceño. Si entraba así en casa, Woo-yoon y Yoon se desmayarían al unísono.


Al subir al coche, lanzó la bolsa con la ropa limpia al asiento del copiloto y se abrochó el cinturón a toda prisa. Para explicarle a Woo-yoon lo sucedido sin asustarlo demasiado y pedirle que tuviera cuidado por un tiempo, primero tenía que restregarse y lavarse de la cabeza a los pies. En lugar de ir directo a su dulce hogar, condujo hacia una sauna.


Eran más de las tres de la mañana cuando Pil-seung llegó finalmente a casa. Frente a la puerta, se arregló la ropa y revisó minuciosamente sus uñas para asegurarse de que no quedara rastro de sangre seca. Chasqueó la lengua irritado al notar que su anillo de bodas en la mano izquierda estaba impecable porque había usado la derecha para el cuchillo, pero su anillo de la iglesia en el meñique derecho estaba sucio de sangre. Escupió sobre el anillo de oro que llevaba grabada la imagen de "Alguien en las alturas" y lo frotó con fuerza contra la manga de su camisa.


Incluso después de limpiar la sangre seca de los recovecos del grabado, sopló varias veces sobre él para asegurarse de que no quedara rastro. Solo después de ese largo aseo frente a la entrada, abrió la puerta.


Al entrar, lo primero que vio fue a Yoon durmiendo profundamente en la cama super king size del salón. Luego divisó a Woo-yoon sentado a la mesa de la cocina, bajo la luz tenue de la campana extractora, mirándolo fijamente. Pil-seung esbozó una sonrisa.


—¿No te has dormido esperando a tu marido?


Intentó bromear para relajar el ambiente, pero el rostro de Woo-yoon, con sus ojos caídos y los labios apretados, se volvió aún más frío.


Está muy resentido, pensó. Tenía sentido; seguramente el chico esperaba pasar una noche intensa y él le había arruinado el plan. Pil-seung quería explicar la verdadera razón de su tardanza, pero al ver el panorama, decidió que calmar el enfado de Woo-yoon era lo primero. No pensaba contarle los detalles del cuchillo; que alguien lo estuviera acechando no era algo apropiado para decirle a esas horas. Las malas noticias eran mejores darlas a la luz del día y con calma.


Pil-seung se desabrochó un par de botones de la camisa, dejando ver la gran cicatriz de su cuello, y con gesto solemne se arrodilló frente a él. Empezó a intentar meter su enorme cuerpo bajo la mesa de la cocina. Woo-yoon arrugó el gesto ante esa extraña maniobra.


—¿Qué…qué estás haciendo?


—Mierda, ¿por qué no quepo aquí?


Tras lograr meter la cabeza y un hombro a duras penas, Pil-seung rodeó con una mano la pantorrilla de Woo-yoon. El músculo suave bajo el pantalón corto del pijama se contrajo violentamente por la sorpresa.


—Eje, quédate quieto. Estás furioso porque te aguantaste las ganas de lo que querías hacer.


—¿Qué se supone que yo quería hacer…?


Woo-yoon intentó levantarse empujando la silla, pero Pil-seung lo jaló del tobillo para que se sentara de nuevo. Desde abajo de la mesa, Pil-seung imitó la voz de Woo-yoon:


"¡Hoy no me voy a dormir y voy a esperar a mi marido!"


—Deja de mentir. ¿Cuándo dije yo algo así?


—Tus ojos lo dijeron.


Woo-yoon miró hacia abajo con incredulidad. El rostro que se asomaba entre sus piernas no mostraba ni una pizca de vergüenza tras su sarta de tonterías; al contrario, se veía descaradamente seguro. Seguía siendo el mismo de antes de casarse: inventando cosas para burlarse de él, sin tener idea de lo herido que estaba su sentimiento.


No había podido enviar la respuesta a Gwan-woo a las diez, como prometió. Aunque Gwan-woo le dijo que podía responder por la mañana, ese no era el único motivo de su enfado. Le dolía que Pil-seung le avisara a través de Gi-dong. Tenía tanto que contarle y tantos elogios que quería recibir, pero tras oír que había problemas en el centro, se pasó las horas angustiado.


Parecía que Pil-seung no pensaba en quién lo esperaba; su forma de actuar, desapareciendo sin una llamada y solo diciendo que estaba ocupado, era idéntica a cuando entraba y salía a su antojo de su vieja habitación de semisótano. En aquel entonces lo acosaba diciendo que le gustaba y luego desaparecía por días dejándolo confundido; ahora que vivían juntos, nada había cambiado.


Mientras Woo-yoon lo miraba con resentimiento, la mano grande que masajeaba su tobillo subió lentamente hasta acariciar su rodilla.


—Bájate los pantalones. Como disculpa, te voy a dar una succión de muerte. El resto lo hacemos en el cuarto.


Le molestaba que Pil-seung siempre buscara excusas para hacer eso, incluso cuando no tenía por qué pedir perdón. Woo-yoon miró con severidad a Pil-seung, quien lo observaba lamiéndose los labios como un perro esperando comida. Sin embargo, su mirada no tardó en suavizarse.


De repente, Pil-seung le dio lástima, como si fuera un perrito desamparado.


—¿Es…porque el rut está cerca? ¿Es muy difícil para ti? Yo hoy no quería tener se…xo…


—¡¿Qué?! ¡Ah!


Al intentar levantarse rápido de ese espacio estrecho, Pil-seung se golpeó la cabeza con la mesa. Soltó un "mierda" en voz baja y gateó fuera de la mesa. Se sentó en el suelo con las piernas abiertas y una postura desgarbada, mirando a Woo-yoon con total incomprensión.


—¿Entonces para qué me sedujiste para que volviera temprano? Joder, vine corriendo con la polla al aire.


—¿Cuándo te seduje yo…? ¿Por qué siempre piensas en esas cosas?


—¿Cómo qué por qué? Porque no tengo educación.


—No hables así.


Woo-yoon lo regañó con firmeza por su broma pesada, pero para Pil-seung, su rostro solo se veía adorable y frustrado. Pil-seung rió entre dientes.


—Entonces, ¿para qué esperaba a su marido?


—Es que…tenía algo que decirte…


—¿El qué?


Pil-seung se echó hacia atrás apoyando las manos en el suelo, mirando a Woo-yoon como instándolo a hablar.


Tengo un amigo. Resulta que hay alguien además de Baek Pil-seung que quiere ser cercano a Nam Woo-yoon. Parece que me he adaptado bien estos tres años. Me graduaré pronto, así que no tendré problemas para encontrar trabajo, ¿verdad? Aún no decido qué hacer, pero creo que ya puedo hacerlo bien yo solo sin que tú tengas que cuidar cada detalle. ¿No es genial, Pil-seung-ah? ¿A qué soy increíble?


Sus labios se movían con el deseo de presumir. El ansia estaba en sus labios, pero las palabras se quedaban en su garganta. Sentía algo de…timidez, o quizás nervios, al buscar el reconocimiento de Baek Pil-seung, quien lo conocía desde que era un tonto que no sabía nada del mundo real y creía que la vida era como en la televisión.


Woo-yoon, humedeciendo sus labios, empezó a rascar el cristal de la mesa con el dedo índice y cambió de tema por puro nerviosismo.


—¿Por qué llegaste tarde? Gi-dong dijo que hubo un problema en el centro, ¿qué pasó?


Pil-seung, que esperaba que Woo-yoon soltara su historia, se sorprendió con la pregunta pero respondió con naturalidad.


—Hubo un lío con unos pagos y tuve que resolverlo de urgencia. No te preocupes, ya está todo arreglado.


—Pero… ¿por qué te cambiaste de ropa? No es la misma de antes.


—Sudé como un cerdo y pasé por una sauna cercana para lavarme.


—Ah.


Murmuró Woo-yoon asintiendo.


—El centro está más cerca de casa que de la sauna, podrías haberte lavado aquí…


—Me pillaba de paso al volver de resolver lo del dinero. En fin, ¿qué es eso que me querías decir?


Pil-seung improvisó con naturalidad. Era cierto que hubo roces por dinero y que sudó por culpa de un trabajador problemático. Incluso era verdad que fue a la sauna. Nada de lo que le dijo era una mentira absoluta.


Mientras Pil-seung planeaba contarle la verdad completa después de un desayuno tardío, Woo-yoon, parpadeando con sus grandes ojos, empezó a hablar con titubeos.


—Pil-seung, verás…


—Dime.


—¿…Puedo salir a divertirme con mis compañeros?


—¿Con qué compañeros?


Ante la velocidad de reacción de Pil-seung, que le preguntó casi antes de que terminara la frase, Woo-yoon sonrió con timidez.


—¿Conoces a Gwan-woo, el que hace las prácticas conmigo? Con él y sus amigos. Parece que…quieren salir conmigo.


—…


Pil-seung se quedó mirando en silencio a Woo-yoon, quien hablaba con un tono distraído por la pura vergüenza de presumir de su vida social.


Él conocía perfectamente a todos los compañeros de Woo-yoon. Especialmente sobre ese Alfa llamado Ham Gwan-woo; ya le había hecho una investigación exhaustiva desde que se cruzaron frente al restaurante de carne el año pasado.


Ham Gwan-woo. Un Alfa nacido en una familia rica que creció excepcionalmente derecho. Alguien que en la preparatoria fue representante juvenil en protestas por los derechos de los segundos géneros, dando discursos sobre cómo los Alfas no tienen por qué ser una amenaza. El modelo perfecto de un ser humano bien criado que ha tenido sus pequeñas dosis de fracaso, como bajar sus notas o perder una elección estudiantil.


Y no solo Gwan-woo. Pil-seung tenía fichados los antecedentes y domicilios de cualquiera que se cruzara con Woo-yoon en la universidad, sin importar el año o la carrera. Incluso de los profesores.


Si había permitido que Woo-yoon asistiera a la universidad con libertad durante tres años era porque consideraba que no había nadie peligroso a su alrededor. Pero a partir de hoy, todo cambiaba.


Al recordar el rostro del Alfa que intentó apuñalarlo hace unas horas, Pil-seung sintió que sus entrañas se revolvían de nuevo. La mano con la que había devuelto la puñalada pareció recordar la excitación del momento y sufrió un leve espasmo. Quizás por el estímulo recibido, le resultaba más difícil controlar su temperamento que cuando lidiaba con trabajadores problemáticos.


Nunca me había pasado esto ni siquiera con el rut tan cerca… Mierda…


Cerró los ojos con fuerza para sofocar su furia y los abrió mirando a Woo-yoon, que lo observaba expectante. Pil-seung tamborileó el suelo con su mano ligeramente temblorosa.


—Ven aquí. Siéntate.


Woo-yoon, notando el cambio drástico en la atmósfera, obedeció dócilmente y se sentó en el suelo frente a él. La reacción de Pil-seung no era la que esperaba, por lo que no sabía cómo continuar. Abrazó sus rodillas contra el pecho y miró fijamente a Pil-seung antes de murmurar con voz queda:


—Lo siento. Tengo que cuidar a Yoon el fin de semana... Solo iré a comer y volveré rápido. ¿No puede ser solo una hora?


—No.


Ante la negativa tajante, Woo-yoon soltó un pequeño suspiro y asintió levemente. Aunque apretó los labios esforzándose por ocultar su decepción, era evidente que estaba desanimado, y Pil-seung lo notó de inmediato. Pil-seung soltó un gran suspiro, cambió su postura para sentarse con las piernas cruzadas y miró a Woo-yoon.


—Nam Woo-yoon.


—Dime...


Woo-yoon respondió con la cabeza gacha, sin mirarlo. Pil-seung estiró el brazo y agarró su mano, que se sentía infinitamente pequeña comparada con la suya.


—Iba a decírtelo mañana para que pudieras dormir bien, pero...


—…


—Hoy, de camino a casa, un tipo se me echó encima. Por eso llegué tarde.


—¿Eh?


La cabecita que miraba hacia el suelo se levantó de golpe por la sorpresa. Pil-seung se deslizó por el suelo para sentarse más cerca de él.


—Un hijo de perra se atrevió a atacarme sin miedo, así que tuvimos una pelea.


—¿Que...que te peleaste?


Sus ojos caídos se abrieron de par en par. Woo-yoon empezó a palpar las mejillas, los hombros y el pecho de Pil-seung, preguntando con voz temblorosa:


—¿Te hirieron? ¿Llegaste tarde porque fuiste al hospital...o a la comisaría?


Cambió rápidamente el hospital por la comisaría en su pregunta. Para preguntar si había estado en un hospital, Pil-seung se veía demasiado impecable, por no decir robusto.


Pil-seung soltó una risita y negó con la cabeza.


—Lo resolví discretamente.


—Re-resolví...


La voz de Woo-yoon tembló al repetir sus palabras. Pil-seung había intentado explicárselo de la mejor manera para no asustarlo, pero su vocabulario de gánster sin educación seguía siendo el mismo aunque se hubiera reformado. Rascándose la nuca y frunciendo el ceño, Pil-seung se apresuró a detener a Woo-yoon, quien seguramente ya estaba imaginando los peores escenarios en su cabecita.


—¡Ah, ya! ¡Olvídalo! Lo que quiero decir es que, aunque el tipo que me atacó era un don nadie sin bando, es mejor ser cautelosos por un tiempo. Así que ni pienses en salir con ese tal Gwan-woo o el perro que sea; quédate en casa.


—Sí...


—Tus prácticas terminan la semana que viene, ¿verdad? Yo mismo te llevaré y traeré en coche el tiempo que queda. Estaré cerca mientras trabajas, así que no te preocupes.


Ante la idea de que Pil-seung lo siguiera hasta el centro de acogida, Woo-yoon abrió mucho los ojos.


—¿Y el centro de trabajo?


—Se lo dejaré a Gi-dong o lo cerraré un tiempo.


—…


Woo-yoon bajó la mirada y se quedó en silencio un momento. Parecía sumido en sus pensamientos, pero Pil-seung no podía saber qué pasaba por esa pequeña cabeza.


La mano que Pil-seung sostenía se movió un poco y se soltó suavemente.


—Tengo sueño. Me voy a dormir... Tú también duérmete ya, Pil-seung.


Woo-yoon se levantó, pero antes de ir a la cama, miró a Pil-seung desde arriba.


—¿De verdad no estás herido?


—Maestro. No sé otras partes, pero me duele un poco la polla.


Ignorando a Pil-seung, que subía las comisuras de los labios divertido esperando su reacción, Woo-yoon caminó pesadamente hacia la cama. Oyó una risita burlona detrás de él.


Woo-yoon se tumbó boca abajo al lado del pequeño Yoon, que dormía profundamente, cerró los ojos con fuerza y se cubrió con la manta hasta la cabeza. Su corazón todavía latía con fuerza por la sorpresa de saber que Pil-seung tuvo un altercado de camino a casa. Si no estaba herido y lo contaba como si nada, seguramente no era para tanto, pero...


—…


Woo-yoon abrió los ojos ligeramente al sentir que el colchón se hundía. A través de la fina manta de verano, se veía toda la silueta de Pil-seung. Él se sentó al borde de la cama, tocando los pies de Woo-yoon que sobresalían de la manta, mientras murmuraba:


—¿Por qué tienes los pies tan pequeños?


—…


—Son malditamente pequeños...


Al oír la voz de Pil-seung repitiendo lo mismo que ya sabía, Woo-yoon encogió las piernas y escondió los pies bajo la manta.


—Me da cosquillas...no los toques...


—…….


Pil-seung se quedó sentado sin moverse un buen rato, se frotó la cara como si se lavara y se levantó. Woo-yoon lo observó a hurtadillas mientras él desaparecía hacia el vestidor y luego cerró los ojos con fuerza.


‘—Yo mismo te llevaré y traeré en coche el tiempo que queda. Estaré cerca mientras trabajas, así que no te preocupes.’


‘—Se lo dejaré a Gi-dong o lo cerraré un tiempo.’


Al recordar las palabras de Pil-seung, Woo-yoon se sintió patético por haber esperado su regreso con tantas ganas solo para presumir de que tenía un amigo. Le vino a la mente la imagen de Pil-seung siendo apuñalado en el pasado por protegerlo, y sintió que nada había cambiado desde entonces. Le pareció ridículo haber estado tan ansioso por recibir elogios cuando seguía siendo el mismo Nam Woo-yoon ignorante e inútil.


Si algo le pasara, Baek Pil-seung lo protegería con todo su cuerpo. Sabía que él siempre se esforzaba para que nada malo sucediera; siempre había sido así.


Pero, ¿y si le pasara algo a Baek Pil-seung? Incluso si no fuera algo grave y fuera solo un altercado ligero como el de hoy, ¿había algo que Nam Woo-yoon pudiera hacer por él?


Lo máximo que podía hacer era preocuparse. Con eso en mente, ¿qué clase de alarde pensaba hacer? ¿Qué elogios esperaba recibir?


‘—El que es increíble es usted, hyung.’


No soy nada increíble.


Woo-yoon buscó a tientas su móvil bajo la almohada y lo acercó a su cara. Le envió un mensaje a Gwan-woo diciéndole que le sería difícil quedar, y se acurrucó enterrando el rostro en el pequeño y cálido pecho de Yoon.


Tal vez intentar hacer planes con Gwan-woo también había sido un error de juicio. Ya había sido cruelmente rechazado por personas en las que creyó cuando trabajaba en el supermercado, y como un tonto, lo había olvidado por completo.


Ir a la universidad sin problemas durante tres años y estudiar mucho era algo que todo el mundo hacía. ¿Cómo pudo pensar que con solo eso podría compartir la carga de Baek Pil-seung?



***



A pesar de que estaba muy despierto y con el corazón inquieto cuando Pil-seung salió del vestidor y se acostó en la cama, para cuando Woo-yoon volvió a abrir los ojos tras un breve pestañeo, ya era de mañana. El salón, bañado por la luz del sol, estaba deslumbrante, y el sitio a su lado se encontraba vacío.


Pil-seung no estaba por ninguna parte, y Yoon, que se había despertado temprano, estaba sentado frente al televisor viendo dibujos animados en un canal infantil, inmóvil y con la boca abierta de par en par.


—Yoon, ¿y papá Pil-seung?


—…


Preguntó por el paradero de Pil-seung, pero no obtuvo respuesta de Yoon, quien estaba completamente absorto en los dibujos. Woo-yoon se levantó con pesadez y buscó en el baño y en el vestidor, pero no pudo encontrarlo. Mientras debatía si llamarlo o no, fue a la cocina para preparar el desayuno tardío de Yoon y allí encontró una nota que Pil-seung había dejado.


[Compré comida preparada por la mañana y la dejé en la nevera. Es de la tienda de guarniciones que te gusta, así que no pasen hambre y caliéntala para comer con Yoon~ 


—Tu esposo, Baek Pil-seung—]


En esa casa, Pil-seung era el único que dejaría una nota, y el hecho de escribir siempre su nombre al final era muy propio de él. Normalmente, Woo-yoon habría sonreído al sentir que ese detalle era tierno, pero debido a las secuelas de la melancolía que lo atormentó al amanecer, no pudo reír.


Con expresión sombría, Woo-yoon abrió el refrigerador. Allí estaban los recipientes de los que hablaba la nota. ¿A qué hora se habría levantado para comprar eso y volver a salir al trabajo si acababa de llegar de madrugada? Sacó el menú de cerdo picante y el de chuleta de cerdo infantil, y se quedó mirándolos fijamente.


A este paso, aunque me gradúe de la universidad, no podré ni alcanzarle los talones a Baek Pil-seung. En lugar de compartir su carga, seré un estorbo toda la vida...


Mientras Woo-yoon fulminaba con la mirada los recipientes como si fueran pruebas de su propia incompetencia, sonó el timbre. Era extraño, pues no esperaba a nadie en una mañana de fin de semana. Al recordar la advertencia de Pil-seung sobre tener cuidado, Woo-yoon dejó la comida sobre la mesa casi tirándola y corrió al salón para abrazar a Yoon. Yoon, que no podía despegar los ojos de la tele, solo se giró hacia la entrada cuando oyó el fuerte sonido de alguien llamando a la puerta: ¡pum, pum, pum!


—¡Papi! ¡Llegó un paquete! ¡Seguro es un regalo para Yoon!


Yoon, que veía al repartidor como si fuera Santa Claus, gritó a pleno pulmón. Woo-yoon, desconfiando de la puerta cerrada, le tapó la boca rápidamente. Ante esto, Yoon pensó que su padre estaba jugando con él y lamió la palma de la mano de Woo-yoon mientras se reía a carcajadas.


—Yoon, shhh, shhh.


Woo-yoon cargó a Yoon en brazos y se dirigió con cautela hacia la entrada. En lugar de abrir de inmediato, revisó la pantalla del interfono en la pared. Tras observar con nerviosismo el rostro reflejado, Woo-yoon sonrió aliviado al reconocer que el visitante inesperado era Park Chul-hee, y bajó a Yoon al suelo antes de abrir apresuradamente.


—¡Chul-hee!


—Buenos días.


Chul-hee, a quien no veía hacía tiempo, le hizo una reverencia desde el pasillo. Mientras Woo-yoon sonreía sin atinar a invitarlo a pasar por la sorpresa de la visita sin previo aviso, Yoon salió corriendo descalzo. El niño, que seguía convencido de que Chul-hee era el repartidor, ladeaba su pequeño cuerpo mientras miraba fijamente la bolsa que el hombre traía en la mano.


Al ver a Yoon, que parecía una versión miniatura de Woo-yoon, merodeando a su alrededor, Chul-hee se puso rígido y le entregó la bolsa a Woo-yoon.


—Si aún no han desayunado, coman esto.


Contrario a su forma de hablar brusca, la bolsa contenía donas que se veían muy dulces. Woo-yoon sonrió al mirar el contenido y, finalmente, le hizo señas para que entrara.


Desayunaron con la comida que Pil-seung compró y dejaron las donas de postre. Yoon, con la comisura de los labios llena de azúcar glass como si tuviera barba, se tumbó boca abajo en la cama bajo el aire del aire acondicionado para ver un libro de cuentos. Aunque todavía no sabía leer, fingía hacerlo inventando historias a su antojo en voz alta.


Chul-hee y Woo-yoon, sentados uno frente al otro en la mesa observando al parlanchín Yoon, compartieron noticias después de mucho tiempo. Aunque intercambiaban mensajes casi a diario, estos solían ser juegos de palabras o enlaces de videos de animales tiernos que Woo-yoon enviaba, por lo que no conocían los detalles del día a día del otro.


Woo-yoon escuchó con atención que Chul-hee hacía voluntariado repartiendo comida en un comedor social para personas con segundos géneros y preguntó con ojos brillantes:


—¿Dónde queda exactamente?


—Cerca del ayuntamiento.


—¡Vaya, está muy cerca! De Pil-seung y de…


Woo-yoon, que iba a prometer que algún día iría con Pil-seung para ayudar, no pudo terminar la frase y cerró la boca con tristeza. Chul-hee no preguntó la razón de su repentino desánimo y esperó en silencio a que volviera a hablar. Al poco tiempo, Woo-yoon murmuró con voz entrecortada:


—Quiero demostrarle a Pil-seung que yo también soy un adulto hecho y derecho...no, al menos alguien con sentido común... Pero como siempre he recibido su ayuda, quiero volverme inteligente pronto para que él no tenga que esforzarse tanto, pero no me sale bien...


En lugar de explicar lo que pasó la noche anterior, Woo-yoon soltó todos los pensamientos depresivos que daban vueltas en su cabeza. Sabía que Chul-hee tendría dificultades para entenderlo al hablar de forma tan inconexa, pero no podía detenerse.


—Pensé que...de verdad había crecido mucho...pero comparado con Pil-seung, yo...


—…


—No he podido decidir qué hacer después de graduarme, a diferencia de otros compañeros... Todo, desde lo que como, lo que visto, hasta ir a la universidad, tiene que pasar por las manos de Pil-seung. Y si él está en peligro, ni siquiera podré protegerlo...


Al soltar frente a Chul-hee lo que no pudo decirle a Pil-seung, la pena que había contenido al despertar y ver la cama vacía afloró. Sus labios temblaban y sus ojos caídos se llenaron de angustia. Chul-hee escuchó en silencio los lamentos de su pequeño amigo mientras lo miraba con compasión.


—Quería demostrarle que yo también puedo vivir con la cabeza despejada y hacer las cosas bien. También quiero ser un padre confiable para Yoon...


—…


—En un matrimonio se supone que hay que compartir las cargas, pero yo...creo que solo sigo haciendo que Pil-seung se preocupe. Si es así, no ha cambiado nada respecto al pasado.


Las lágrimas asomaron en los grandes ojos de Woo-yoon mientras se desahogaba con su único amigo. Chul-hee sacó unos pañuelos de la mesa y se los ofreció, pero Wooyoon los rechazó con firmeza.


—Estoy bien. No puedo llorar frente a Yoon.


Chul-hee miró fijamente a su amigo, cuya constitución frágil y apariencia seguían siendo las mismas de cuando se conocieron a los veinte años, pero cuyo corazón había crecido mucho en ese tiempo.


En realidad, la visita de Chul-hee se debía a una llamada de Pil-seung temprano por la mañana. Pil-seung le pidió que hiciera de amigo por un día para Woo-yoon, quien estaría desanimado por no haber podido salir con sus compañeros de la universidad, así que Chul-hee pospuso su voluntariado del fin de semana y corrió hacia allí. Incluso las donas que comieron el niño y su padre habían sido idea de Pil-seung, quien dijo que, si Chul-hee llegaba con las manos vacías, la visita parecería sospechosa y Woo-yoon se daría cuenta de que él lo había enviado.


Ante el amigo que se reprochaba a sí mismo por recibir solo ayuda, Chul-hee decidió no mencionar que estaba allí por orden de Pil-seung. Entonces, ¿con qué palabras podría consolarlo?


Chul-hee, que había estado sentado en silencio, habló:


—Hay cosas en este mundo que no necesitan ser demostradas. Y...


Hizo una pausa y miró a Yoon, que pataleaba en la cama mientras leía el cuento de forma inventada. Luego, dijo con calma:


—Es posible que ya lo hayas demostrado sin darte cuenta.


Woo-yoon siguió la mirada de Chul-hee hacia Yoon. Aunque no añadió más explicaciones, las palabras de Chul-hee llegaron a Woo-yoon como un consuelo cálido. Sus comisuras se curvaron hacia abajo por la emoción.


—No tiene que preocuparse. Hyung también debe saberlo.


—¿De verdad...?


Ante la duda en la voz de Woo-yoon, Chul-hee no asintió, sino que esbozó una leve sonrisa en su rostro habitualmente inexpresivo. Solo cuando vio esa sonrisa en un rostro que casi nunca sonreía, el asustadizo y preocupado Woo-yoon se sintió aliviado y le devolvió la sonrisa.


Chul-hee se marchó a última hora de la tarde después de almorzar. Pasar tiempo con él le trajo muchos recuerdos: de cuando trabajaba en el supermercado o cuando se sentaba sin nada que hacer en la oficina de Pil-seung. Chul-hee siempre estuvo allí. De pronto, sintió que era un amigo por el que estar muy agradecido.


Y como la sangre no miente, a Yoon le agradaba Chul-hee tanto como a Woo-yoon. Al haberse criado desde que nació entre la gente de la oficina, como Gi-dong, Yoon no sentía rechazo hacia los Alfas corpulentos; al contrario, los admiraba y le encantaba usar sus cuerpos como zona de juegos.


El enérgico Baek Yoon, de cinco años, se divirtió escalando la enorme espalda de Chul-hee o colgándose de sus piernas gruesas como troncos. Cuando Chul-hee se levantó para irse, Yoon incluso bloqueó la puerta con su espada de luz de juguete haciendo un berrinche. Si Pil-seung no hubiera llegado en ese momento, jamás habrían podido doblegar la terquedad del niño, que crecía día a día.


—Gracias.


Pil-seung, tras darle unas palmadas en el hombro y susurrarle un agradecimiento a Chul-hee mientras este se despedía, cargó con un solo brazo a Yoon, que lloraba sentado en el suelo del recibidor por la tristeza de la partida. Con Yoon colgando de su costado como un muñeco y sollozando bajito, Pil-seung se quitó los zapatos y miró de reojo a Woo-yoon. Su expresión era mucho más brillante que en la madrugada. Había hecho bien en enviar a Chul-hee al pensar que el chico estaría decaído, aunque parecía que el resentimiento hacia él aún no se había disipado del todo.


—Salí temprano del trabajo a propósito.


—Ya...


—…


Aunque no habían discutido exactamente, el ambiente entre ellos se sentía incómodo, en parte por el enfado de Woo-yoon y en parte porque Pil-seung se sentía culpable por sus propios actos.


La verdad es que, de madrugada, Pil-seung entró y salió del baño varias veces mientras Woo-yoon dormía. Es normal que el deseo sexual aumente cuando se acerca el rut, pero esta vez fue excesivo. Tras pasar casi toda la noche masturbándose sin que la lujuria disminuyera, salió de casa en cuanto amaneció con la excusa de comprar la comida. Pensó en quedarse encerrado en el centro hasta tarde, pero al recordar el rostro desanimado de Woo-yoon al acostarse, cambió sus planes y volvió temprano.


Si al menos hubieran gritado y discutido, se habrían reconciliado pronto, pero este Woo-yoon que parecía sutilmente herido era difícil de manejar.


Al ver que no se le ocurrían más palabras y se quedaba allí de pie, Woo-yoon lo miró un par de veces y luego se giró con torpeza para empezar a recoger el salón que Yoon había desordenado.


—…


Woo-yoon frunció el ceño mientras guardaba ordenadamente en el bote los lápices de colores que Yoon había esparcido.


Baek Pil-seung...llegó mucho más rápido de lo que pensé... Anoche no venía por más que lo esperaba, ¿por qué hoy precisamente...?


Tras el consuelo de Chul-hee, Woo-yoon había tomado dos decisiones. La primera era contarle a Pil-seung, en cuanto volviera, todos los sentimientos y pensamientos que tuvo ayer y hoy. Quería confesarle con honestidad que, aunque Pil-seung solo hizo su trabajo, él se sintió insuficiente y frustrado al no poder estar a su altura.


La segunda decisión era que, en lugar de deprimirse recordando lo que no había hecho por Pil-seung, empezaría a ser un mejor esposo y un padre increíble a partir de ahora. Para eso, necesitaba tiempo para reflexionar profundamente sobre cómo lograrlo.


Woo-yoon quería cambiar de verdad a raíz de este incidente. Quería pensar seriamente qué hacer después de graduarse y cómo actuar con Pil-seung y Yoon para ser un apoyo más confiable. Pero, para su desgracia, Pil-seung apareció antes de que pudiera empezar a organizar sus pensamientos.


Mientras intentaba vaciar su mente llena de ideas inconclusas y metía y sacaba los lápices de colores sin sentido, oyó la voz de Pil-seung detrás de él:


—Voy a preparar las cosas de Baek Yoon. Ya le avisé a la anciana que iremos en una hora. Como de todos modos íbamos a dejarlo mañana por el rut, dejémoslo una noche antes y tengamos una cita nosotros dos después de mucho tiempo.


Solo entonces Woo-yoon dejó de juguetear con los lápices y se giró hacia él.


La palabra "cita" encendió una pequeña chispa en la cabeza de Woo-yoon. No sabía por qué Pil-seung, que había dicho que debían ser cautelosos, quería tener una cita de repente, pero quizás era la oportunidad de dar el primer paso como un buen esposo. A veces, si se piensa demasiado, es difícil pasar a la acción. Tenía que empezar a actuar hoy mismo.


Cómo ser un buen esposo. Pensó que debía meditarlo con cuidado, pero ahora veía que la respuesta no estaba tan lejos.


Woo-yoon miró fijamente a Pil-seung.


—¿Qué pasa con esa mirada?


Ante la mirada de Woo-yoon, que lo observaba sin parpadear con sus ojos de apariencia distraída, Pil-seung encogió sus anchos hombros por un momento.


Quería sacarlo a pasear para que se le pasara el enfado, pero ¿estaría protestando por estar resentido? Pil-seung temió por un instante que el chico se rebelara y le dijera que a partir de ahora saldría cuando quisiera y que no se metiera en su vida. Como Woo-yoon es pequeño, su paciencia también suele ser pequeña; cuando se enfadaba, el rencor le duraba bastante.


Incluso hice venir a Park Chul-hee para que se divirtiera, si me mira así, joder, me pone nervioso…


Un rastro de desconcierto apareció en la mirada afilada de Pil-seung. Sin embargo, Woo-yoon desvió la vista con inesperada facilidad y murmuró bajito:


—Los ojos son solo ojos...


—...


Aunque su respuesta no fue tan rebelde como temía, esa réplica sutilmente torcida hizo que Pil-seung dejara a Yoon, que aún colgaba de su costado, sobre la cama. Como si la tristeza de la despedida no se hubiera disipado, el niño se quedó boca abajo sobre las sábanas, inmóvil. Pil-seung, incrédulo ante el hecho de que las dos cositas que vivían con él se pusieran de mal humor al mismo tiempo, se llevó las manos a la cintura y empezó a dar vueltas en el mismo sitio.


Kim Cheon-se, el director del orfanato, que esperaba ansioso fuera de la puerta principal con sus pantalones cortos desgastados, corrió hacia ellos en cuanto Woo-yoon bajó a Yoon del coche, saludándolos con cariño.


—¡Ay, Yoon! ¡Cielo santo, has crecido otra vez en un mes! Pero, ¿por qué nuestro Yoon está de tan mal humor?


El director Kim, cargando al decaído Yoon, se giró hacia Pil-seung, que bajaba del asiento del conductor. Pil-seung, moviendo las cejas por encima de sus gafas de sol, le hizo un gesto seco con la mano al director.


—¡Ejei! Vamos, bájelo. Ya pesa mucho. ¿Quiere que se le rompa la espalda?


—¿Y a Woo-yoon qué le pasa en la cara?


Al notar la sombra en el rostro de Woo-yoon mientras este le entregaba la bolsa con la ropa del niño, el director volvió a mirar a Pil-seung. Pil-seung ignoró la mirada inquisidora del anciano y sacó una caja de fruta del maletero.


—Estos son los duraznos amarillos que le gustan a su mujer. Los dejaré adentro; baje al niño y vaya a abrir la puerta.


Sin soltar a Yoon, el director caminó delante hacia la entrada principal, mirando de reojo hacia atrás. Consciente de que Woo-yoon apenas asomaba la cabeza detrás de la enorme figura de Pil-seung, bajó la voz y susurró:


—Tú, ¿no te dije que no hicieras llorar a los chicos?


—Ay, ya empezó este viejo con sus sermones.


Pero los sermones de Kim Cheon-se apenas comenzaban. Se detuvo en seco y, como mentor de vida, como hombre casado, como alguien que quería ser una figura paterna para Woo-yoon y que quería a Yoon como a su propio nieto, empezó a soltar su discurso.


—Lo supe desde que dijiste que vendrías temprano de repente, desgraciado. Las peleas de pareja son como cortar agua con un cuchillo, ¿entiendes? Viviendo con un chico así, tú, como el mayor, deberías ser paciente y, como Alfa, deberías ceder.


Yoon, que escuchaba atento la conversación de los adultos en brazos del director, intervino con inocencia:


—¿Pero si papá Pil-seung es súper fuerte? Siempre gana.


—¿De verdad le ganas siempre a Woo-yoon?


Pil-seung apretó suavemente la nariz de su hijo, que se reía por lo bajo tras haber provocado el malentendido con el director. Aunque no hizo fuerza, la naricilla del tamaño de una uña se puso roja al instante.


—Y además, ¿qué es esa ropa que lleva Woo-yoon? ¿Acaso no te preocupas por ellos ahora que el centro te va bien?


Parado en el patio, el director pasó de su discurso sobre los deberes matrimoniales a señalar la vestimenta de Woo-yoon, que se vislumbraba tras la espalda de Pil-seung. Al oír el chasquido de lengua de lástima del anciano, Pil-seung miró de reojo a su esposo. En cuanto vio la camiseta de Woo-yoon, con el dibujo de un lobo o un perro sarnoso rugiendo con todos los dientes fuera justo en el centro del pecho, le empezó a doler la cabeza.


Diez minutos después de que Woo-yoon recogiera los juguetes con indiferencia ante la propuesta de la cita, se escabulló al vestidor. Y cuando reapareció en el salón, traía esa facha. Pil-seung no recordaba haberle comprado algo así. ¿De dónde lo habría sacado? Una profunda perplejidad lo invadió.


¿Acaso quiere decir que, aunque no se rebele directamente, va a protestar indirectamente haciendo estas excentricidades hasta que se le pase el enfado? Pil-seung pensó que el Woo-yoon que ahora protestaba "intelectualmente" por haber estudiado en la universidad era admirable pero problemático; en el pasado habría chillado con voz temblorosa. Como él era un bruto, no tenía forma de responder a la rebelión de un intelectual.


Sus habituales cartas de disculpa no servirían de nada. Mientras Pil-seung se rompía la cabeza pensando cómo calmar el corazón de Woo-yoon, que era del tamaño de un frijol, el director Kim retomó el paso llenando de besos las mejillas de Yoon.


—Ay, qué lindo es mi cachorro. Hace calor, entremos rápido.


—¿Dónde está la abuela?


Preguntó Yoon jugueteando con el pelo blanco y revuelto del director. Este subió los escalones hacia la entrada principal apretando al niño en sus brazos.


—La abuela fue a comprar el jugo de naranja que te gusta... ¡¿Pero qué?!


El pequeño cuerpo que cargaba fue levantado de golpe. Pil-seung, tras dejar la caja de fruta en el suelo, le arrebató a Yoon y lo sostuvo en el aire con ambas manos. Luego le entregó a su hijo, que colgaba lacio como ropa tendida, a Woo-yoon.


—Entra tú primero con el niño.


Woo-yoon, que caminaba con el ceño fruncido, se detuvo en seco. Miró fijamente a Yoon, que le sonreía, y luego levantó la vista hacia Pil-seung.


Baek Pil-seung era el modelo de un buen esposo. Si uno miraba cómo trataba a los demás, no se le podía calificar como una "buena persona" absoluta, pero nadie podía negar que era un esposo excelente. Por eso, desde hoy, que había decidido ser un buen marido y un padre genial, pensaba imitar a Pil-seung paso a paso. Era una suerte tener un modelo a seguir tan cerca.


Woo-yoon miró a Pil-seung mientras apretaba con orgullo el borde de su camiseta, esa que solo con llevarla puesta emanaba una atmósfera aterradora. Dicen que el hábito hace al monje, y no se equivocan. Al vestirse con "garra", tal como Pil-seung siempre iba de traje, sentía que su confianza aumentaba.


Pero no solo debía aprender de su ropa. Al igual que Pil-seung lo protegía de los imprevistos cuando salían, desde hoy Woo-yoon debía proteger a Pil-seung. Él debía detener cualquier amenaza, como la del asaltante de anoche, antes de que ocurriera.


Woo-yoon apretó con más fuerza el móvil que no había soltado desde que salió de casa. No podría reducir a un asaltante con fuerza física, pero podía llamar a la policía rápido. Si detectaba a alguien sospechoso de antemano, podría detenerlo antes de que atacara.


Debió hacer esto hace tiempo, pero vivió de forma complaciente bajo el ala de Pil-seung. Se hundió en la comodidad que él le brindaba sin pensar en devolver nada, solo recibiendo. Qué egoísta soy. El amor debe ser bidireccional. Pobre Pil-seung...


Decidido a no ser más el cónyuge malvado que se aprovecha de un esposo tan tonto y bueno que solo tiene ojos para él, Woo-yoon frunció el ceño con ferocidad, tal como solía hacer Pil-seung, y escudriñó los alrededores alerta ante cualquier peligro.


—Toma al niño. Entra tú primero, hablaré un poco con el viejo y luego voy. Pero otra vez esos ojos...


Pil-seung dejó la frase a medias al ver cómo Woo-yoon movía los ojos de un lado a otro. Para él, Woo-yoon parecía estar buscando algo que los demás no veían, como si quisiera recalcar lo mucho que seguía resentido.


Maldita sea, otra vez la rebelión intelectual.


Sin saber cómo tratar a Woo-yoon, quien protestaba en silencio, Pil-seung levantó la barbilla fingiendo indiferencia cuando sus miradas se cruzaron.


—¿Qué? ¿Qué pasa?


—...Nada.


Tras confirmar que los alrededores eran seguros, Woo-yoon negó con la cabeza con determinación y tomó a Yoon de manos de Pil-seung.


—Haa...


Pil-seung soltó un largo suspiro mientras se subía las gafas de sol con la yema del dedo, observando a Woo-yoon entrar en la casa del director.


Tal vez debí dejarlo salir una hora con ese tal Gwan-woo o el hijo de perra que sea... No, joder, ¿cómo iba a dejarlo si acabo de atrapar a un loco con un cuchillo?


Con gesto irritado, Pil-seung se pasó la mano por el pelo, mientras el director lo observaba con atención y preguntaba en voz baja:


—¿Se pelearon muy fuerte?


—No peleamos. Es solo que... Ah, olvide ese tema.


Tras confirmar una vez más que la puerta por la que entró Woo-yoon se había cerrado, Pil-seung fue directo al grano con el director, que se había quedado a solas con él.


—Parece que los inhibidores ya no están haciendo efecto. ¿Qué debo hacer?


Al mencionar Pil-seung los supresores, la mirada del director se volvió seria.


—¿Qué? ¿Desde cuándo? ¿Qué síntomas tienes?


—Desde hace unos meses... me cuesta controlar mi temperamento. Mierda, pensé que simplemente era porque tengo mal carácter, pero ayer las feromonas...


Pil-seung recordó con amargura la excitación excesiva que sintió al apuñalar al Alfa que lo asaltó en la oscuridad, y el deseo aterrador que le hirvió de repente mientras acariciaba los pies de Woo-yoon bajo las mantas.


—El punto es que se me nubló la vista y por poco cometo una locura. ¿Está bien pasar este rut así como estoy?


El director, comprendiendo que la pregunta de Pil-seung se centraba exclusivamente en la seguridad de Woo-yoon, asintió.


—En los chequeos anuales no ha habido anomalías, así que no creo que tus niveles suban de forma anormal hasta ser peligrosos como antes. Aún así, hagamos un nuevo examen en cuanto termine este rut.


—Tsk... Está bien. ¡Nam Woo-yoon! ¡Sal! ¡Vámonos!


Pil-seung golpeó la puerta principal con el puño: ¡pum, pum! El director le dio un manotazo en la ancha espalda por aporrear la puerta de forma tan bruta que hasta vibraba.


—¡La vas a romper! ¡Hazlo con cuidado!


—¡Nam Wooyuuuun! ¡Vámonos a nuestra citaaaa!


Gritó a propósito con un tono juguetón y elevado. El director Kim soltó una risa incrédula al ver a Pil-seung gritando así, avergonzando a todo el vecindario, e intentó abrir la puerta, pero Pil-seung apartó la mano del anciano y esperó a que fuera el propio Woo-yoon quien abriera y saliera.


Después de un momento, Woo-yoon salió con la cabeza gacha. Pil-seung sintió una mezcla de agobio ante la aparición del "intelectual rencoroso" y, al mismo tiempo, una sonrisa sutil afloró al verlo tan tímido, aferrando el borde de esa camiseta con la cara de una bestia de colmillos prominentes; le recordaba a sus días de noviazgo.


Qué cosita tan linda... Rebelión o lo que sea, voy a llevarlo a comer algo delicioso para que se olvide de todo.



Raw: Karina Zuñiga.

Traducción: Ruth Meira.

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