Un día del gángster epílogo
Epílogo.
—Papi Woo-yoon.
—Sí, Yoon. Mira, allá está tu otro papi, ¿con qué clase de alfa de pacotilla?
Pil-seung, que estaba en cuclillas junto al cochecito del bebé, se bajó las gafas de sol hasta el puente de la nariz y entornó los ojos. Se quedó mirando fijamente a un alfa joven que, con timidez, le entregaba algo a Woo-yoon, quien se abanicaba con la mano como en una escena de drama juvenil. Los ojos de Pil-seung, bien abiertos por encima de los cristales, demostraron una visión milagrosa: a cincuenta metros de distancia, logró leer la marca de la bebida que el joven alfa le estaba ofreciendo.
—¿Un remedio para la resaca? Vaya, vaya, ¿conque también ha estado bebiendo? Nam Woo-yoon, te estás pasando de la raya.
Yoon, que estaba recostado contra el cochecito mirando fijamente a Woo-yoon al otro lado de la calle, escuchó el murmullo de Pil-seung y preguntó: "¿Pasando?". Pil-seung se subió las gafas de sol que colgaban de su nariz con el dedo índice y asintió.
—Sí. Papi Woo-yoon es malo.
—¿Papi Woo-yoon es malo?
—Sí. Es extremadamente malo.
—Bah, no es malo.
—Baek Yoon. No te pongas siempre de su lado, fíjate bien. ¡Mira, mira, mira! ¿No ves que esa forma de sonreír es de ser malo?
Pil-seung señaló hacia donde estaba Woo-yoon a lo lejos, agitando el dedo de forma exagerada.
Desde el momento en que Nam Woo-yoon, quien tiene el hábito de besar apasionadamente los labios del que tenga sentado al lado en cuanto bebe de más, dijo que asistiría a una reunión social, Pil-seung ya preveía que esto pasaría. El problema fue que su corazón se ablandó ante la súplica de Woo-yoon, quien le pidió permiso diciendo que era la última cena con los compañeros de equipo con los que había sufrido durante medio semestre.
Debí haberme puesto hecho una furia un poco más.
Pil-seung, hirviendo por dentro con cosas que no podía contarle a su hijo de cuatro años, se levantó de un salto y empujó el cochecito. Cruzó el paso de peatones con paso combativo en cuanto el semáforo cambió a verde, marcando una profunda arruga en su entrecejo.
Tras liquidar su pasado como gánster y dedicarse a apoyar los estudios de Woo-yoon, la "Oficina Baek Pil-seung" también renació como el "Centro de Colocación Laboral Baek Pil-seung". Ya no era un lugar que mediaba en empleos ilegales, sino una agencia de empleo legítima que operaba con permiso municipal. La intención del alcalde al concederle el permiso era obvia: utilizar a Pil-seung, que dominaba la zona y se había reformado, como estandarte para cambiar la imagen de la ciudad.
Hacía ya dos años que abrió el centro con unos pocos hombres de la oficina que también querían dejar los trabajos turbios. Han pasado cuatro años desde que dejó de lado los trabajos sucios y miserables que hacía a diario durante tanto tiempo: contrabando, tráfico, préstamos usureros, ser el perro de la policía, etc. Sin embargo, ese tiempo era demasiado corto para que se desvaneciera la experiencia de un gánster grabada hasta en la médula.
—Hyung, cuando te vi por primera vez, pensé que obviamente teníamos la misma edad y hasta te llamaba por tu nombre.
—¿Tú hiciste eso…?
—¡Sí! Incluso cuando me dijiste que habías entrado tarde a la escuela, no te creí.
—Ah, ya me acuerdo. Por eso hasta te mostré el anillo diciendo que estaba casado…
El cochecito que cruzó el paso de peatones se detuvo en seco frente al restaurante de carne. Woo-yoon, que sostenía el remedio para la resaca que le había dado su compañero mucho más joven mientras recordaban los momentos vividos haciendo tareas juntos, cerró la boca y solo movió los ojos al sentir las feromonas cargadas de intenciones asesinas que emanaban desde su espalda.
Incluso sin mirar atrás, podía saber quién era el dueño de esas feromonas que generaban una presión tal que dificultaba hasta mover un dedo. Woo-yoon agitó apenas la mano hacia su compañero, que temblaba con el rostro pálido frente a él. Era una señal para que huyera rápido.
—Hy-Hyung… Entonces…nos vemos en la última clase…
—S-sí…
El compañero echó un vistazo rápido al enorme alfa que estaba plantado justo detrás de Woo-yoon, se dio la vuelta con el cuerpo rígido y entró corriendo al restaurante.
Woo-yoon soltó un pequeño suspiro, se giró rápidamente y abrazó con fuerza la cintura de Pil-seung.
—Pil-seung, no he bebido nada. Kwan-woo estaba en otra mesa y no sabía que yo no estaba bebiendo.
Pil-seung, que estaba de pie con el ceño fruncido como si estuviera petrificado, escuchó la dulce vocecita de su hijo murmurando "Kwan-woo", se inclinó y susurró directamente al oído de Woo-yoon:
—Joder, cariño. No pronuncies el nombre de otro tipo. Me saca de mis casillas.
Tras susurrar para que el niño en el cochecito no oyera las palabrotas, Pil-seung levantó la cabeza y miró hacia el restaurante. Kwan-woo, que observaba la situación desde dentro del restaurante con las puertas de la terraza abiertas mientras bebía cerveza, tiró la cuchara al suelo en cuanto hizo contacto visual con el enorme alfa de traje de matón y gafas de sol oscuras, y se escondió bajo la mesa fingiendo recogerla.
—Mierda…
Woo-yoon volvió a escuchar una maldición aterradora en su oído. Al sentir que la atmósfera no era nada buena, soltó suavemente los brazos que rodeaban la cintura de Pil-seung. Parecía que esta vez el coqueteo no funcionaría. En su lugar, se puso de cuclillas frente al cochecito y tomó la mano de Yoon, su único salvador.
—Yoon, ¿has venido a recoger a papi?
—Hyung dice que papi Woo-yoon es malo.
Pil-seung, sintiéndose traicionado por Yoon, quien le contó a Woo-yoon su cotilleo de hace un momento apenas lo vio, soltó una risa nasal de incredulidad. Woo-yoon, mirando de reojo la reacción de Pil-seung, tomó las manos de Yoon y dio besitos en sus regordetes dorsos.
—No soy malo. Y ya te he dicho que no debes llamarle hyung.
Debido a que creció rodeado de los tíos de la oficina antes incluso de empezar a hablar, Yoon aprendió a decir hyung antes que papá y solía llamar así a Pil-seung con frecuencia.
Cuando Woo-yoon tocó su mejilla regordeta con una sonrisa, Yoon abrió su pequeña boca todo lo que pudo y bostezó. Woo-yoon le frotó suavemente los ojos adormecidos y se puso de pie.
—Pil-seung, vámonos. Yoon parece tener sueño.
Pil-seung mantuvo su mirada fija en Woo-yoon, quien se entrelazó del brazo con él, mientras empujaba el cochecito lentamente.
—Nam Woo-yoon. Prepárate para el castigo cuando lleguemos a casa.
—Sí.
—¿Te comiste los labios de otro o no?
—Que no he bebido nada, de verdad.
Pil-seung inclinó el torso hacia el cochecito y gritó bajito:
—¡No, joder, los labios…!
—Dímelo en casa, en casa.
—Mira este, cómo se ha descarriado por ir a la universidad. Hoy no te pienso perdonar aunque llores diciendo que te has equivocado, ¿eh?
Aunque el contenido sonaba a advertencia o amenaza, el tono le salió más bien como un ruego torpe. Y no era para menos; como el "Señor Universitario" Nam Woo-yoon había estado muy ocupado últimamente con tareas y exámenes, sus momentos de afecto siempre terminaban en simples caricias. Como la última vez que disfrutó de sexo con penetración real fue durante el ciclo de celo del mes pasado, era natural que le saliera ese tono de súplica sin darse cuenta.
En realidad, Pil-seung sabía que Woo-yoon no olía a alcohol desde que se encontraron frente al restaurante. Solo estaba usando los celos como excusa para mendigar un poco de cariño.
Mientras empujaba el cochecito, Pil-seung bajó una mano y apretó con fuerza el trasero de Woo-yoon.
—Hoy te voy a follar de lo lindo. Joder, me voy a cobrar el doble por todo el tiempo que no he podido morderte.
—…
Woo-yoon entrecerró los ojos y echó un vistazo rápido al interior del cochecito. Por suerte, Yoon estaba con los ojos cerrados, saboreando sus sueños mientras movía los labios. Woo-yoon se sintió aliviado y asestó un puñetazo sin piedad en el antebrazo de Pil-seung. Sin embargo, como si no hubiera sentido nada, Pil-seung solo soltó una risita: kj-kj. Tras fulminar con la mirada aquel rostro odioso, Woo-yoon giró la cabeza y terminó por soltar una carcajada.
Los dos caminaron charlando animadamente hasta su casa, que no estaba muy lejos. Intercambiaron historias variadas: las cosas que pasaban en el centro de Pil-seung, las personas que Woo-yoon conocía en la universidad. Y de vez en cuando, como si se hubieran puesto de acuerdo, ambos se turnaban para inclinarse y comprobar que Yoon seguía sumido en un sueño profundo dentro del cochecito.
Yoon, quizás por algún sueño que estaba teniendo, de pronto estremeció su cuerpecito y luego dibujó una amplia sonrisa. Al ver eso, Pil-seung y Woo-yoon estallaron en risas al mismo tiempo. Sobre el manillar del cochecito, las manos de ambos, entrelazadas una sobre la otra, hacían brillar sus anillos idénticos con el mismo resplandor.
Raw: Ruth Meira.
Traducción: Ruth Meira.
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