Un día del gángster 4

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Pil-seung no tiene religión. Aun así, pensó que debía mostrar algo de cortesía al dios con el que se encontraría en el cielo al morir, así que mandó a hacer un anillo de oro con su rostro grabado. Resultaba práctico, ya que cuando el trabajo requería usar los puños, el anillo en su dedo meñique cumplía con creces su función.


Para alguien sin fe como Pil-seung, detenerse en una iglesia mientras cobraba deudas era un evento extraordinario. Como no sabía persignarse, simplemente agitó la mano sobre su pecho de forma vaga, siguiendo su instinto, y alzó la vista hacia el crucifijo colgado en la pared en medio de la penumbra.


—Ah...Bueno, no sé cómo se reza. Solo escúcheme un momento.


A su lado, Gi-dong, que rezaba con las manos juntas, sacudió la cabeza sin abrir los ojos al oír a su jefe. Era la primera vez que escuchaba una oración que empezaba con un seco "escúcheme un momento".


Con la mirada fija en la cruz, Pil-seung jugueteó con el anillo de la iglesia en su meñique.


—Aparézcase en los sueños de Nam Woo-yoon y dele una revelación o algo para que salga conmigo. Se lo pido por favor.


—Pff.


En cuanto una risa incontenible escapó de su garganta, una mano enorme voló y golpeó la nuca de Gi-dong con fuerza. Gi-dong apretó los párpados y borró cualquier rastro de risa en un segundo. Tras echarle una mirada de reojo al ahora silencioso Gi-dong, Pil-seung volvió a dirigirse a la cruz.


—Nunca me ha ayudado desde que era niño. Así que, ¿no sería mejor que esta vez me cumpliera el deseo? Si me echa una mano, le daré muchas recompensas a esta iglesia. Eso es lo que les gusta, ¿no?


—Jefe... ¿Está rezando o está extorsionando...?


Justo cuando Gi-dong, incapaz de seguir escuchando, intentó intervenir, el administrador de la iglesia, que los observaba, se acercó y los llamó: "Hermanos...". Mientras Pil-seung levantaba la mano con torpeza ante el administrador que lucía visiblemente incómodo, el tono de su móvil retumbó escandalosamente en el recinto. Al final, Pil-seung no pudo terminar su oración; se levantó de donde estaba arrodillado y salió apresuradamente de la iglesia.


Gi-dong, que lo seguía, abrió un paraguas. Pil-seung le arrebató el paraguas largo de las manos y se dirigió al aparcamiento mientras se llevaba el teléfono a la oreja.


—Dije que llamaría después de pasar por un sitio más, ¿es que no puedes esperar...? ¿Y qué?


Pil-seung se detuvo en seco de forma repentina. Gi-dong tuvo que frenar sus pasos bruscamente para no chocar y esperó en silencio a que terminara la llamada. Pil-seung, que solía practicar el lema de la oficina de "asuntos cortos y directos por teléfono", estaba teniendo una conversación inusualmente larga.


—…


El rostro de Pil-seung, mientras escuchaba en silencio al interlocutor, no presagiaba nada bueno. Gi-dong, que era rápido de reflejos, corrió bajo la lluvia hacia el coche y arrancó el motor.


Pil-seung presionó los botones de la puerta automática de urgencias con tanta fuerza que parecía que iba a romperlos. Sin poder esperar a que la puerta se deslizara por completo, metió primero sus anchos hombros y el pecho. Tras forzar su gran cuerpo por la abertura a medio abrir, recorrió con la mirada las camillas de la sala de urgencias.


—...Fuu.


Woo-yoon estaba sentado con la espalda erguida y una vía intravenosa puesta en su brazo izquierdo. Su rostro, con mechones de pelo pegados por el sudor o la lluvia, estaba más pálido y exangüe que por la mañana.


Sintió que el corazón se le caía al suelo cuando recibió la llamada diciendo que Woo-yoon se había desmayado. Las cosas pequeñas y abandonadas suelen enfermar a la mínima. Y suelen morir pronto. Alguien tan pequeño y lastimoso como Nam Woo-yoon no debería estar enfermo en absoluto.


Recordando que se había dejado las gafas de sol en el coche por la prisa, Pil-seung se tocó la zona de los ojos con inquietud y se acercó a Woo-yoon.


—¿Todavía te duele el estómago por la indigestión?


—…


Woo-yoon, que miraba al frente con la vista perdida, giró lentamente la cabeza y miró a Pil-seung. Sus ojos rojos e inyectados en sangre eran lo de menos; no los había tenido de otra forma desde el día en que se conocieron. Sin embargo, no podía pasar por alto su mejilla, hinchada y de un color amoratado. Pil-seung frunció sus ojos feroces con rabia y preguntó:


—¡Joder! ¿Qué te ha pasado en la cara?


—…


—¿No vas a responder?


—…


Su cuerpo corpulento deambulaba frente a la cama cambiando de dirección constantemente. Woo-yoon miraba fijamente al gánster, que resoplaba con las manos en la cintura, lleno de furia.


—¡Maldita sea! ¡He preguntado qué te ha pasado!


Por un instante, gritó tan fuerte que congeló el ambiente de la ruidosa sala de urgencias, y agarró la barbilla de Woo-yoon con una mano. Fue en ese momento. El brazo que tenía la vía puesta apartó la mano de Pil-seung con violencia. Pil-seung sintió un tic en su ceño fruncido al ver que Woo-yoon rechazaba su contacto.


—No me toques...


—¿Qué...?


—¡He dicho que no me pongas la mano encima cuando te dé la gana, pedazo de gánster!


Woo-yoon gritó con la mayor ferocidad y frialdad que había mostrado en su vida. Pil-seung, como si se hubiera quedado sin palabras, parecía genuinamente sorprendido y asustado.


Debería haber hecho esto desde el principio. Aguantar solo sirve para que te vean como a un tonto. Ahora que me porto de forma aterradora, ni siquiera este gánster se atreve a hacerme nada. No había necesidad de aguantar desde el principio. Todo lo que decía mi hermano sobre que aguantar es ganar era mentira. Solo eran mentiras para desquitarse conmigo.


Woo-yoon forzó una sonrisa en las comisuras de sus labios y, dirigiendo una mirada gélida a Pil-seung, dijo:


—¿Qué miras?


—…


Pil-seung ladeó ligeramente la cabeza en silencio y observó a Woo-yoon con atención. Aunque Woo-yoon temblaba tanto que el tubo del suero golpeaba el soporte rítmicamente, y sus labios no dejaban de contraerse mientras evitaba y volvía a buscar la mirada de Pil-seung, intentaba actuar como alguien que no le teme a nada. Parecía alguien a punto de volverse loco por no saber qué hacer consigo mismo.


Joder, no sé qué demonios le pasa a este ahora...


—Lárgate de mi vista.


Pil-seung, que se limitaba a observar a Woo-yoon hablando de manera informal algo que nunca había hecho antes, abrió la boca con preocupación.


—¿Te ha poseído un espíritu?


—¡¿Qu-qué...?!


—¿O te has comido veneno para ratas?


Le mostró tres dedos frente a sus ojos, que seguían caídos de forma tonta, y los agitó. Pil-seung, convencido de que si no estaba poseído ni envenenado entonces es que el medicamento estaba mal, gritó hacia una enfermera que pasaba con expresión sumamente seria.


—¡Oiga, enfermera! Creo que le han puesto mal la inyección, compruébelo. ¡El chico se ha quedado ido!


—...


Woo-yoon, que miraba a Pil-seung con ferocidad, llevó su mano hacia la aguja del suero clavada en su brazo. Durante todo el trayecto mientras era llevado a urgencias por los hombres de Pil-seung, no dejó de pensar en ello. Que a partir de ahora, no aguantaría absolutamente nada.


Iba a vivir a su manera. De ahora en adelante, no viviría aguantando dócilmente como le ordenaba su hermano. Haría todo lo que quisiera, tal como hacía su hermano, y utilizaría a quien fuera por su propio bien, igual que su hermano hizo con él.


Woo-yoon sentía que todo su cuerpo ardía. Tras ser traicionado por la única familia en la que confiaba y que era todo su mundo, el pensamiento de que ya no tenía nada más que perder hizo que todo el miedo desapareciera. ¿Un gánster Alfa como este? No le temía. No le importaba si le abría el vientre ahora mismo. No tenía ningún apego por la vida. Ni siquiera quería vivir.


Fue en el momento en que su mano blanca apretó la aguja del suero para arrancársela. La enfermera, que se acercó a la cama al oír los gritos de Pil-seung llamando al personal médico, le advirtió con voz monótona:


—Termine de recibir el suero antes de irse.


—…Sí.


Woo-yoon respondió en voz baja, apartó la mano de la aguja y se tumbó dócilmente. Luego, siguió con la mirada al personal médico que parecía estar frenéticamente ocupado en la sala de urgencias.


Como precio por haber confiado y seguido a su hermano como un idiota, cargaba con una montaña de deudas; no bastando con ser acosado por gánsteres, además había sido golpeado por el casero. Su vida era una sin esperanza ni remordimientos, pero no quería entorpecer el trabajo de otras personas inocentes.


—…


—Haaa...


Pil-seung, que merodeaba junto a la cama observando lo que hacía Woo-yoon, pudo por fin respirar tranquilo.


Según le habían contado por teléfono los tipos de la oficina que envió a vigilar a Woo-yoon quien ya tenía dos antecedentes de fuga, este sufría de una desnutrición severa y anemia. Menos mal que tenía amistad con el director del hospital; si hubiera sido otro lugar, habrían sospechado de agresión y maltrato y la policía ya habría llegado hace tiempo. Ya podía imaginarse la escena de los agentes llevándoselo a él y a sus hombres sin siquiera escuchar explicaciones, solo por el hecho de ser un Alfa.


Pil-seung echó un vistazo al suero que caía lentamente, soltó otro largo suspiro y se retiró hacia atrás el flequillo que se le había desordenado al irrumpir frenéticamente en urgencias.


En cuanto terminara con el suero, pensaba darle de comer y llevarlo al centro médico. Es el lugar al que lleva a los hombres de la oficina cada vez que resultan heridos; no le gusta el carácter del director, pero su habilidad es excelente. Si es para unir huesos lo hace en un santiamén, y los moretones los quita por completo en unos tres días. Sobre todo, es alguien que no discrimina por la casta, así que podrá confiarle a Woo-yoon.


Al ver la mejilla de Woo-yoon, que se había vuelto aún más amoratada, Pil-seung chasqueó la lengua. Antes de llevarlo al centro médico, tendría que interrogarlo para saber quién había arruinado esa cara tan tonta.


Puede que tuviera que volver a empuñar un cuchillo después de mucho tiempo, así que tendría que avisar primero a Choi Gi-dong...


Salió del hospital después de terminar fielmente con el suero y recibir tratamiento incluso para el corte dentro de la boca que se hizo al recibir el golpe. Afortunadamente no necesitó puntos, pero el interior de la boca le escocía tras haber sido enjuagado decenas de veces con suero fisiológico.


Afuera, donde la lluvia caía a cántaros mientras él estaba consciente, ahora el cielo estaba nublado pero el sol se asomaba. Ya no sentía la resaca. Woo-yoon se frotó el pecho y el vientre con la palma de la mano, sorprendido de que estuvieran tan tranquilos como si nada hubiera pasado.


Realmente los hospitales son buenos...


Desde que se graduó de secundaria y se manifestó, no había podido ir a un hospital; por muy enfermo que estuviera, aguantaba solo con las medicinas que su hermano le compraba en la farmacia. Y eso solo cuando el dolor era realmente insoportable.


—...


Al pensar en su hermano, la rabia volvió a aflorar.


—Está claro lo que era: se desquitaba de sus frustraciones con su hermano pequeño, que no sabía ni un carajo de la vida.


Tal como decían los gánsteres, ¿acaso el no llevarlo al hospital no era por miedo a que lo pillaran sin registro, sino solo para desquitarse con él? Resultaba absurdo y le llenaba de ira. Se sentía injustamente tratado y triste por el hecho de que le hubieran hecho algo así.


Woo-yoon frunció el ceño y apretó los puños, cuando a su lado oyó el sonido de alguien desperezándose tranquilamente y bostezando.


—Haaa-am. Parece que volverá a llover dentro de poco, así que vamos a comer algo.


—...


Todo lo que dijo el gánster era verdad. Que su hermano era un borracho y que no era una buena persona. Teniendo en cuenta que dijo que cobraría la deuda a su hermano y no a él, debía de saber desde el principio que su hermano no estaba muerto.


Por eso, Woo-yoon odió aún más al gánster que tenía delante.


Woo-yoon entrecerró los ojos y miró a Pil-seung con hostilidad. El gánster se comportó igual en el crematorio. En lugar de decirle que su hermano no estaba muerto mientras él lloraba, solo se preocupó por la comida y le obligó a beber. Incluso entonces quiso gritar que no quería comer nada con un gánster como él, pero aguantó por su hermano; visto lo visto, no había necesidad de aguantar.


Woo-yoon miró directamente a los ojos rasgados del gánster y dijo con frialdad:


—No quiero comer contigo.


—Pues yo sí voy a comer contigo.


—¡…!


Pil-seung no creía haber dado una respuesta tan sorprendente, pero las pupilas de Woo-yoon se agitaron violentamente, como si estuviera desconcertado. Parecía haber pensado que, si decía que no quería comer, él respondería "está bien, como quieras".


Joder, ya está otra vez fingiendo que se duerme.


Los ojos que lo miraban de reojo con una vista temblorosa se fueron haciendo cada vez más pequeños, como los de alguien con sueño. A Pil-seung le pareció absurdo, pero esa actitud tan tonta le resultó tan tierna que guardó silencio un momento para seguir observándolo.


Woo-yoon, que mantenía los ojos casi cerrados como si fuera a quedarse dormido de pie, pareció encontrar por fin las palabras para contraatacar. Tras mover los labios un par de veces, habló con una voz cargada de determinación:


—No te arrepientas.


—Sí, no me arrepentiré. Así que, joder, camina rápido. Se me va a pegar el estómago al espinazo.


Pil-seung estaba a punto de estallar de frustración; solo quería meterle algo de comida en la boca a Woo-yoon para quedarse tranquilo. Justo cuando se disponía a bajar las escaleras del hospital, una fuerza débil tiró de su chaqueta desde atrás. Pil-seung detuvo su paso y se giró. Woo-yoon parecía estar mirándolo fijamente, pero sus ojos, entreabiertos en un ángulo oblicuo, apuntaban al vacío y no a él.


Joder.... ¿No estará poseído de verdad?


Pil-seung empezó a preocuparse seriamente por si el espíritu del vivo-muerto Nam Hee-jae se le había metido dentro. Se preguntó si, además de pedirle a Gi-dong que reservara en el centro médico, debería haberle dicho que buscara a un chamán experto en exorcismos. El estado de Woo-yoon era alarmante. Para que volviera en sí, alzó un poco la voz:


—¿Te has vuelto loco de remate?


—…


Woo-yoon se mantuvo firme y no le dedicó ni una mirada a pesar de su lenguaje rudo y amenazante. Si hubiera sido ayer, habría temblado ante una sola palabra del gánster suplicando por su vida, pero eso se había acabado. El gánster comprendería por cuenta propia lo aterradora que puede ser una persona que ya no tiene apego por la vida, y lo fuerte que puede morder un ratón acorralado.


Sujetando con fuerza la prenda con una mano para detener el avance de aquel hombre corpulento, Woo-yoon ordenó con tono gélido:


—Sígueme.


Ignorando la mirada clavada en su rostro, Woo-yoon le dio un empujón a Pil-seung y tomó la delantera.


Pil-seung, que se dedicaba a doblar servilletas de papel rosa para formar barcos, grullas y rosas sobre la mesa, apoyó la barbilla en la mano y observó a Woo-yoon. Se preguntaba qué pasaba por la mente del chico para haberlo arrastrado a un restaurante familiar de una marca ya pasada de moda. En urgencias le hablaba de tú como si hubiera ingerido veneno para ratas, y ahora lo traía a un lugar así; ¿acaso era esta su respuesta afirmativa a la propuesta de salir juntos?


Sinceramente, cuando Woo-yoon le gritó frente al hospital, Pil-seung sintió un vuelco en el corazón al recordar cierta fantasía erótica que ya había tenido antes. Esos sonidos extraños que hacía al contener el llanto eran excitantes, pero la imagen de un Woo-yoon tomando la iniciativa en la cama era tan provocativa que solo pensarlo le hacía sentir un hormigueo en la entrepierna.


Mirando fijamente a Woo-yoon, sentado frente a él, Pil-seung soltó una risita mientras jugueteaba con su anillo del rosario. Parecía que el de arriba finalmente iba a cumplir su deseo. Acarició repetidamente el relieve del rostro sagrado en el anillo; ahora entendía por qué la gente rezaba tanto.


Rezar era como una apuesta sana. El subidón que sentía cuando una oración parecía surtir efecto era tan intenso como ganar el premio gordo en un casino.


Mientras Pil-seung lo miraba con satisfacción, Woo-yoon le lanzaba miradas de reojo con sus ojos de párpados caídos. En ese momento, un camarero apareció con grandes platos en ambas manos. El bistec y la pasta fueron colocados sobre la mesa, seguidos de varios platos pequeños antes de que el empleado se retirara.


Pil-seung tomó el tenedor y el cuchillo con entusiasmo y empezó a cortar la carne.


Como le habían dicho que el chico tenía anemia, pensó en llevarlo a una carnicería para que se hartara de ternera coreana de primera calidad. Cuando falta sangre, hay que comer carne de vaca. No llenar el estómago con trozos de carne más pequeños que la palma de la mano y harinas en un sitio como este. Pero bueno, si Woo-yoon había elegido este lugar para crear ambiente, no le quedaba más remedio que seguirle el juego.


A pesar de sus manos grandes, manejó con destreza los cubiertos, troceando el bistec con una sonrisa en los labios. No podía olvidar la cara de asombro de Gi-dong en el aparcamiento al ver a Woo-yoon guiando el camino. En el amor, las señales entre los interesados son más precisas que la opinión de los demás.


Deslizó el plato con la carne ya cortada frente a Woo-yoon. Este, que solo movía los ojos sin decir nada, tomó el tenedor y empezó a pinchar los trozos de carne con urgencia para metérselos en la boca. Aunque debía de serle incómodo masticar por el lado herido, el hambre parecía superar al dolor, pues pronto se llenó las mejillas de comida.


En menos de cinco minutos, Woo-yoon vació el plato de bistec, miró de reojo a Pil-seung y pulsó el timbre de servicio. Cuando se acercó el camarero, pidió otro plato del mismo bistec. Luego, se dirigió a Pil-seung con el tono más sarcástico que pudo fingir:


—¿Pensabas que por ser pobre iba a ser bueno?


Pil-seung, que se había quedado embobado mirando lo bien que comía aquel chico que antes apenas probaba bocado, arqueó una ceja ante la extraña pregunta.


—¿A qué viene esa gilipollez de repente con lo bien que estás tragando?


—Te advertí que no te arrepintieras, ¿no?


—¿De qué se supone que me voy a arrepentir?


Al pedir una explicación, Woo-yoon se quedó callado. En su lugar, el tenedor que sostenía empezó a golpear rápidamente contra el plato vacío: tac, tac, tac. Pil-seung observó la mano de Woo-yoon, que temblaba como si sufriera de Parkinson, y tras meditar qué demonios estaba intentando decir aquel idiota, soltó una exclamación. Luego, se tapó los ojos con su mano enjoyada de oro y soltó una carcajada burlona.


Rió tanto que su cuello cicatrizado se puso rojo. Con el rostro aún iluminado por la risa, quiso confirmar si había entendido bien:


—¿Tú crees que me voy a arrepentir porque la cuenta de la comida salga cara?


Aunque Pil-seung sonreía, sus ojos ya no reflejaban ninguna diversión. Woo-yoon, sin acobardarse, le sostuvo la mirada feroz.


Sin importarle que Woo-yoon no quisiera compartir mesa con un prestamista, este gánster siempre intentaba comer con él en cuanto lo veía. Para que no volviera a insistir nunca más, Woo-yoon lo había traído a un lugar lujoso y había pedido lo más caro del menú. Quizás el gánster pretendía invitarlo a algo barato como excusa para manosearlo después, pero él ya no era la presa fácil de antes. Seguramente se llevaría un buen susto al ver la cuenta.


—Vaya, joder. De verdad me tienes en muy baja estima, ¿eh?


A Pil-seung le dolió en el orgullo y en el alma que, a ojos de Woo-yoon, él pareciera alguien incapaz de pagar unos platos de bistec. Y no en un restaurante de hotel, sino en un restaurante familiar que ya había visto días mejores.


Le resultaba fascinante que Woo-yoon lo hubiera traído a una franquicia que antes brotaba como setas y que ahora casi había desaparecido para soltarle semejante tontería. Pil-seung preguntó con incredulidad:


—¿Y cómo conoces este antro de mierda?


—...Lo sé todo. ¿Pensabas que si no tenía dinero ni siquiera se me ocurriría venir a un sitio así?


Woo-yoon respondió adelantando un poco la barbilla para parecer arrogante.


En la televisión solían repetir dramas populares todas las mañanas; los había visto varias veces mientras esperaba a su hermano. Escenas donde el protagonista rico llevaba a la chica que le gustaba a una cena elegante, o familias adineradas celebrando cumpleaños. El lugar que nunca faltaba en esas escenas era precisamente este restaurante familiar. Era el sitio al que siempre había soñado venir con su hermano.


Pil-seung observó en silencio a Woo-yoon, quien, al tener la barbilla levantada, hacía que sus ojos caídos se vieran aún más dulces y lastimeros. Se retiró de nuevo el flequillo hacia atrás y apoyó la cara en la mano.


—Ah, olvídalo. ¿Qué malnacido te hizo eso?


Pil-seung dio unos golpecitos suaves con el dedo índice en su propia mejilla, señalando la herida de Woo-yoon. Ante el gesto, las pupilas caídas del chico se llenaron de una rebeldía contenida. Pil-seung siempre había pensado que no se parecía en nada a Nam Hee-jae, pero esa forma de encararlo y de mirarlo de reojo con insolencia le recordó que, después de todo, sí eran hermanos.


—Joder, pues olvídalo también.


Decidiendo que Woo-yoon no tenía la más mínima intención de responder a esa pregunta, Pil-seung pasó a la siguiente. En realidad, era el tema que le había tenido en vilo todo este tiempo.


—Entonces... ¿ya somos novios?


—¿Por qué demonios te empeñas en que salgamos juntos?


Desconcertado por la respuesta tan mordaz, Pil-seung miró a su alrededor con nerviosismo y bajó un poco la voz.


—¡Joder, porque te dije que me gustas! ¡Incluso nos besamos!


—Tú me obligaste.


—¡No, maldita sea, tú fuiste el primero que...!


—…


—Haaa, me voy a volver loco...


Pil-seung agachó la cabeza y golpeó la mesa rítmicamente con su puño cerrado. De repente, levantó el rostro de golpe.


—¿Entonces me estás diciendo que, joder, no vas a salir conmigo?


—…


—¿Es que no tienes ética? Tuvimos una cita, bebimos juntos e incluso compramos teléfonos de pareja. Después de hacer todo eso, no puedes venir ahora a decirme esto, joder.


Ante un Pil-seung que parecía genuinamente indignado, Woo-yoon soltó por fin la verdad que había estado reprimiendo con todas sus fuerzas.


—Fui a todas partes contigo porque tenía miedo de que me mataras si decía que no.


Tac, tac, tac, tac. El tenedor de Woo-yoon golpeaba el plato con más fuerza. Aunque temblaba como una hoja, su boca no dejaba de lanzar puñales.


—Me da igual si un gánster Alfa viene a buscarme por dinero o porque le gusto. Para mí es lo mismo. Me das miedo y me das asco. Pero ahora ya no me das ni pizca de miedo. Solo me das asco. Así que pégame si quieres. Ábreme la tripa o mátame, haz lo que te dé la gana.


—...


Pil-seung, golpeado por la crudeza de las palabras de Woo-yoon, no pudo decir nada; solo sintió cómo el rostro se le encendía de vergüenza. Aunque estaba seguro de haber intercambiado señales con él, cada vez que Gi-dong se mostraba escéptico, una parte de su corazón se inquietaba. Aun así, esperaba que el chico le tuviera al menos un poco de cariño.


Pil-seung agarró el cuchillo que estaba sobre la mesa y murmuró por lo bajo:


—...Pero si yo no soy Alfa...


Al ver el cuchillo en la mano de Pil-seung, donde resaltaban varias venas gruesas, Woo-yoon, que acababa de desahogarse con valentía, encogió el cuello y se puso rígido, vigilándolo con recelo.


No le importaba si lo apuñalaba. Ya no quería huir por miedo ni aguantar cosas que detestaba hacer. La muerte ya no tenía peso para él; si moría, esta angustia, esta rabia y esta tristeza terminarían. ¿Qué podía perder en su vida de paria? Un cuchillo no era una amenaza.


—…No digas estupideces.


Pil-seung clavó la vista en Woo-yoon, que ya estaba temblando con los ojos cerrados, y comenzó a cortar el nuevo bistec que el camarero acababa de traer. Troceó la carne en pedazos aún más pequeños que antes para que a Woo-yoon no le costara masticar con la mejilla herida, dejó el plato frente a él y se levantó.


—Lo cargaré a mi cuenta. Cuando termines de comer, vete a casa por tu cuenta.


—Espera, no he terminado de hablar.


Woo-yoon abrió los ojos y detuvo a Pil-seung. El gánster, que se disponía a abandonar la mesa con el corazón roto, se giró para mirarlo. Ese rostro tan adorable que hizo que Pil-seung se enamorara a primera vista, él, que nunca había sentido amor, pronunció con voz pequeña pero clara:


—Saldré contigo.


El corazón de Pil-seung dio un vuelco dentro de su ancho pecho.


—¿Qué...?


—Me das asco..., pero aun así, saldré contigo.


Su corazón, que latía desbocado, estuvo a punto de caer al suelo por la ambigüedad de la respuesta. Pil-seung frunció sus ojos feroces y jugueteó con el anillo de oro en su meñique, lanzando una pregunta al de arriba:


Joder, ¿de qué va esto ahora?


Como si fuera la respuesta del cielo, Woo-yoon soltó una explicación asombrosa:


—Unos gánsteres vinieron a buscarme por el dinero que debe mi hermano. Iban a...hacerme daño, pero se fueron porque pensaron que era tu novio. Así que tengo que ser tu novio.


Los gánsteres de ayer se retiraron porque no querían problemas con Baek Pil-seung, pero no sabía cuándo cambiarían de opinión o si aparecerían otros nuevos. Según el hombre que intentó bajarle los pantalones, su hermano no solo debía dinero en todas partes, sino que se había dedicado a mentir. Había mucha gente buscándolo. A Woo-yoon no le importaba morir, pero no quería ser humillado por Alfas por algo que no era su culpa, y menos si era por culpa del hermano que lo había engañado.


Aunque el Baek Pil-seung que tenía delante y los matones de ayer eran iguales en su deseo de poseer su cuerpo, al menos Pil-seung decía que lo amaba. Él mismo lo había dicho, y también sus subordinados. La única persona que podía darle a Woo-yoon la protección que necesitaba ahora mismo era este gánster.


Seguridad personal. Y algo más...


—Y además, haz que me encuentre con mi hermano. Sé que está vivo... yo también lo sé todo.


Quería ver a su hermano y preguntarle por qué. Por qué le había hecho eso. Aunque no recibiera una disculpa, necesitaba saber la razón. Quería saber qué pensaba su hermano al verlo encerrado durante años en un cuarto pequeño, sin comer ni estudiar, escondiéndose en el armario muerto de dolor cada vez que llegaba su celo sin saber que aquello no era normal.


—...


Pil-seung, que lo observaba en silencio, se acercó a la mesa y volvió a sentarse frente a él. Woo-yoon lo miró de reojo mientras juntaba todos los tenedores y cuchillos de la mesa frente a sí. Los cubrió con una servilleta extendida y, como no se sentía seguro, volcó encima la cesta del pan para bloquear por completo el acceso de las manos de Pil-seung a los cubiertos.


Pil-seung observó en silencio las manos blancas de Woo-yoon, que se movían afanosamente en aquella tarea inútil, y luego pronunció su nombre en voz baja: "Nam Woo-yoon".


—O sea, que si me convierto en tu guardaespaldas personal y en tu detective privado, ¿entonces saldrás conmigo, aunque me odies a muerte?


Pil-seung curvó un lado de la boca y soltó una risita burlona.


—Joder, yo no soy tan fácil.


—...


—Me gustas porque eres tonto, porque tu cara me encanta y porque tu cuerpo es sexy, ¿pero crees que estoy tan colgado de ti como para que me tomes por idiota?


La leve sonrisa desapareció de su rostro. Pil-seung entornó sus ojos rasgados de forma aún más feroz y clavó la mirada en Woo-yoon. Era una expresión diametralmente opuesta a la que tenía cuando le cortaba el bistec.


No tenía intención de aceptar ser el pagafantas de alguien que decía odiarlo con toda su alma. No amaba a Nam Woo-yoon con tanta intensidad como para eso; simplemente le gustaba su físico y quería acostarse con él mientras salían.


A Pil-seung le pareció absurdo que Woo-yoon lo subestimara tanto y que tuviera la osadía de decirle a la cara a un gánster de primera que pensaba utilizarlo. Por un momento, al verlo soltar tonterías por la boca mientras temblaba de miedo sin poder sostenerle la mirada, pensó que era tan tierno que quizás podría dejarse engañar una vez, pero no. Los negocios son los negocios.


Pil-seung preguntó con la mirada de un animal salvaje acechando a su presa:


—¿Cómo supiste que Nam Hee-jae está vivo? Si me pides que te lo encuentre, es que no lo has visto en persona. ¿Te llamó? ¿Dónde dice que está?


Ante el repentino interrogatorio, los ojos caídos de Woo-yoon se agitaron con nerviosismo. Pero Pil-seung no le dio espacio para respirar ni para pensar; lo acorraló sin piedad.


—¿Te lo dijeron esos tipos que te molestaron? No, imposible. Hasta ahora, yo soy el único que sabe que Nam Hee-jae no ha muerto.


—Es que...


—¿Cómo eran esos tipos? ¿Cuántos eran?


—¡¿P-por qué tengo que decirte eso?!


Woo-yoon puso una mano sobre la cesta donde escondía los cubiertos y le gritó con dureza:


—¡Si no vas a salir conmigo, lárgate! ¡Vete...he dicho que te vayas!


Pil-seung lo observó mientras el chico rodeaba la cesta con ambos brazos, casi abrazándola, y luego se levantó. Dijo con voz grave:


—Me gustabas.


—…


—Ha.


Pil-seung soltó un breve suspiro hacia Woo-yoon, que lo miraba con esa expresión adorable y tonta hasta el final, y se dio la vuelta sin mirar atrás. Pensó que a sus veinticinco años por fin empezaría su primera relación, pero todo se había ido al garete. El impacto de saber que las señales que creía sentir eran solo una ilusión suya, y la herida cruel de ver cómo la persona que creía que lo quería le saltaba a la yugular para arañarlo, le hacían sentir un calor punzante en el pecho.


Al salir del edificio del restaurante, Pil-seung buscó un cigarrillo en su chaqueta, pero se detuvo y se llevó la mano al lado izquierdo del pecho. El corazón, que hace unos minutos latía con emoción pensando que saldría con Woo-yoon, ahora le escocía. Quería tener a Woo-yoon cerca, comer con él todos los días, hablar por los teléfonos de pareja y mirar esa cara boba cada vez que estuviera cansado. Y también, disfrutar de su cuerpo.


—...Ah, joder.


Chasqueó la lengua y, en lugar de encender el cigarro, caminó hacia el aparcamiento donde lo esperaba Gi-dong. Era una lástima, pero tendría que olvidarlo; no quedaba otra.


Tras separarse de Pil-seung y regresar al semisótano, Woo-yoon levantó la puerta caída y la apoyó de lado contra la pared. Si el casero la veía así, su otra mejilla tampoco saldría ilesa. Limpió el suelo de la habitación, lleno de huellas de varias personas, y usó el pijama de su hermano para tapar la ventana por donde se filtraba la lluvia.


—…


Woo-yoon, que estaba enrollando la parte de arriba del pijama en el marco de la ventana, se detuvo en seco y frunció el ceño con amargura. A diferencia de él, que no distinguía entre ropa de calle y de casa, su hermano tenía tres juegos de pijamas. Al verlos, un nudo grueso y ardiente de resentimiento subió por su garganta.


Mirando hacia atrás, su hermano solo se había portado mal con él de principio a fin, y aun así, no fue capaz de decirle nada al gánster cuando este le preguntó en el restaurante. No mencionó la llamada de su hermano, ni que le había pedido ir a Incheon; lo protegió con su silencio.


Había jurado que viviría a su manera sin aguantar nada, pero como un tonto, terminó encubriendo al hermano que lo engañó. Por miedo a que el gánster le hiciera algo malo.


No tendría por qué haberle pedido protección ni ayuda al gánster. Podría haber ido a la policía y ya está. En lugar de pedirle favores extraños a un criminal en el que no podía confiar, lo más sensato habría sido denunciar, aunque eso significara ser castigado por vivir años sin registro de casta.


Pero por culpa de su hermano... No sabía qué relación tenía él con aquel cadáver calcinado, ni cuántos errores graves habría cometido… Tenía miedo de que, si denunciaba, su hermano recibiera un castigo demasiado severo.


Woo-yoon se sintió patético y frustrado consigo mismo por preocuparse por él inconscientemente, y sus ojos se humedecieron. Acurrucado en un rincón de la habitación, se frotó los ojos con el dorso de la mano para secarse las lágrimas. Se había prometido vivir de forma egoísta, sin remordimientos, igual que el hermano que huyó tras utilizar a todo el mundo, incluido él mismo…


—Hic...


Sentía ganas de golpearse la cabeza con fuerza, tal como hacía su hermano cada vez que él se portaba de forma desesperante. El reproche hacia sí mismo se convirtió de nuevo en resentimiento hacia Hee-jae.


¿Por qué no pudiste seguir conmigo así...? ¿Por qué tuviste que arruinarlo todo...? Si lo hubieras hecho, aunque me estuvieras engañando sin que yo lo supiera, al menos no estaría así de solo...


Woo-yoon pasó la noche oscilando entre la culpa hacia sí mismo y el odio hacia su hermano. Sus emociones, inestables y peligrosas, lo hacían estallar en un calor sofocante para luego hundirlo en una frialdad infinita.



***



Pil-seung, con las mangas de la camisa arremangadas hasta los antebrazos, hundió un brazo en un cubo azul lleno de agua con hielo. Poco después de sumergirlo, los hielos que flotaban en la superficie se derritieron por el calor de su piel. Gi-dong vertió una bolsa de hielos nuevos que había comprado en la tienda. A Pil-seung se le marcaron las venas de la frente mientras aguantaba el brazo dentro del agua helada. Gi-dong, viendo a su jefe con expresión sombría aplicándose el frío, no pudo evitar regañarlo.


—Por eso le dije que tuviera cuidado con las manos durante el trabajo.


—Ya cállate. ¿Cuántos quedan?


—Hoy terminamos con la banda de Seogu-pa, así que quedan...unos cinco o seis.


Pil-seung asintió y no dijo nada más. Gi-dong le entregó una toalla cuando sacó el brazo del cubo y, con movimientos rápidos, preparó parches analgésicos y vendas de compresión. Aplicó el parche en la mano que Pil-seung le tendía y envolvió su muñeca con la venda.


La razón por la que la mano de Pil-seung estaba tan hinchada que necesitaba hielo para bajar la inflamación era simple: en los últimos días, se había dedicado a registrar los nidos de todos los maleantes de su jurisdicción para abofetear a sus líderes.


Desde el día siguiente a que Woo-yoon lo rechazara, Pil-seung localizó a todos los tipos que le habían prestado dinero a Nam Hee-jae o que se habían acostado con él al menos una vez, y les propinó una bofetada sin previo aviso. Siempre en el lado derecho, el mismo lado donde Woo-yoon tenía la herida.


Gi-dong, que era muy perspicaz, supuso que lo hubiera oído directamente de Woo-yoon o no su jefe estaba convencido de que los responsables de dejar la mejilla de Woo-yoon hecha jirones eran esos tipos relacionados con Hee-jae.


Por eso, siendo diestro, se empeñaba tercamente en usar solo la mano izquierda para soltar los golpes y destrozar exclusivamente la mejilla derecha de aquellos malnacidos. Era una comedia agridulce ver por la zona de ocio a tantos delincuentes cubriéndose la mejilla derecha hinchada, como si hubiera una epidemia de paperas.


—Hoy, por favor, váyase temprano a casa.


Pil-seung se bajó las mangas y se abrochó los botones mientras miraba de reojo a Gi-dong. Su voz denotaba insatisfacción. Pil-seung, sabiendo que Gi-dong le reprochaba con cariño que se quedara toda la noche en el taller a la mínima oportunidad, levantó su mano izquierda, más grande de lo normal por la hinchazón.


—Con la mano en este estado, últimamente me he ido a casa en cuanto terminaba de cobrar. ¿Por qué me das la lata?


—¡Porque bebe, jefe! ¡Bebe demasiado! 


Ayer mismo, Pil-seung apareció en el taller apestando a alcohol; mientras merodeaba cerca de la cinta transportadora diciendo que quería revisar el embalaje, casi se le queda la mano atrapada en los rodillos. Gracias a que todos los hombres de la oficina se unieron para suplicarle que se fuera, se marchó pronto, pero Gi-dong no se quedó tranquilo; mandó a un subordinado a vigilarlo y resultó que el jefe se había metido en otro bar de camino a casa para seguir bebiendo.


Al llegar la noche, Pil-seung bebía sin parar, cometía errores en los cálculos de los cobros que antes eran milimétricos y, en el coche, se pasaba el tiempo escuchando canciones de ruptura en bucle, a pesar de lo deprimente que ya era de por sí la temporada de lluvias. Aunque no se había anunciado oficialmente, en la oficina de Baek Pil-seung ya era un secreto a voces que su intento de dejar la soltería había sido un fracaso estrepitoso.


Normalmente, ante una noticia así, los bromistas de la oficina se habrían burlado de él sin piedad, pero tanto la oficina como el taller estaban sumidos en un silencio sepulcral. Las secuelas del primer rechazo amoroso del jefe parecían tan graves que nadie se atrevía a bromear sobre el desplante de Nam Woo-yoon.


Pil-seung, que rascaba su frente en silencio ante el sermón de Gi-dong, agarró su chaqueta del sofá y dijo: "Vámonos". Gi-dong lo miró con sospecha.


—¿Va a casa, verdad?


—...Pasaré un momento por el bar.


—Ah... Jefe...


—¡Que no voy a beber, idiota! Tengo algo que hablar con el dueño Han.


Pil-seung chasqueó la lengua con brusquedad y salió de la oficina. Gi-dong lo siguió negando con la cabeza, sin terminar de fiarse de él.


Toc, toc. Toc. Toc, toc.


El sonido persistente hizo que el rostro de Woo-yoon, sumido en un sueño profundo, se contrajera. Cada vez que intentaba volver a dormir, el ruido volvía a molestarlo; parecía el goteo constante de agua o el picoteo de un pájaro.


Finalmente se incorporó y, con los ojos entrecerrados, buscó el origen del ruido hasta que divisó una entrepierna acuclillada frente a la ventana. El dueño de esos muslos gruesos, abiertos sin ningún pudor, no mostraba la cara, pero Woo-yoon supo de inmediato quién era. El anillo de oro que brillaba en la mano que golpeaba el cristal revelaba claramente la identidad de su dueño.


Pil-seung, acuclillado frente a la pequeña ventana, volvió a llamar, haciendo que el anillo chocara contra el vidrio: toc, toc. Woo-yoon no se apresuró a recibir al gánster que reaparecía después de varios días; se limitó a observar lo que hacía.


El gánster intentó deslizar la ventana lateralmente con todas sus fuerzas, pero desistió enseguida y volvió a golpear el cristal. Luego intentó abrirla de nuevo. El pijama de su hermano, que Woo-yoon había encajado en el marco para que no entrara la lluvia, estaba tan empapado que bloqueaba la ventana con firmeza.


Desde su posición, Woo-yoon miraba hacia arriba al gánster que peleaba con la ventana en lugar de entrar por el hueco abierto de la puerta sin hoja. Al ver que Pil-seung cerraba el puño con intención de romper el cristal, corrió apresuradamente hacia la ventana.


Sacó la ropa del marco a toda prisa y abrió la ventana de par en par. En ese momento, Pil-seung, apoyando las manos sin asco en el suelo encharcado, asomó la cabeza hacia el interior.


—¿Estabas durmiendo?


A través de la ventana, con su gran cuerpo pegado al suelo mirándolo desde arriba, Pil-seung desprendía un olor a alcohol insoportable. Woo-yoon se tapó la nariz con los dedos y frunció el ceño ante la ráfaga de humo de tabaco y alcohol que le dio en la cara.


¿Con qué intención habrá venido? Pensándolo bien, ¿quizás venía a pegarle porque se sintió ofendido por lo que le pidió aquel día? ¿O pensaba pegarle hasta que le hablara de su hermano?


…Ya no me da miedo que me peguen.


Woo-yoon encendió la luz de la habitación, entornando los ojos para parecer lo más feroz posible mientras miraba a Pil-seung, a quien apenas veía en la penumbra. Daba igual si recibía un par de golpes más en su vida ya arruinada, pero no quería que le pegaran a oscuras. Prefería ver por dónde venía el puño para que le doliera menos.


Al iluminarse el cuarto, se reveló el perfil de Pil-seung, postrado frente a la ventana casi como si estuviera haciendo una reverencia. Como era tan grande, por el hueco de la ventana solo se veía su torso.


—Nam Woo-yoon.


Como un perro asomándose por un agujero estrecho, Pil-seung acercó su rostro congestionado a la ventana abierta. Se ajustó las gafas de sol, que se le habían resbalado por la postura, y dijo con voz grave:


—Joder, acepto ser un mierda.


—…


—Seré tu pagafantas.


Woo-yoon observó en silencio al gánster que, postrado en la posición más humilde sin importarle el suelo sucio lleno de inmundicia y lluvia, se le declaraba.


—Te protegeré.


—…


—Y encontraré a tu hermano.


—…


—Salgamos.


Una mano cubierta de parches y vendajes entró con cuidado por la ventana. Woo-yoon miró esa mano grande y gruesa, extendida como si le pidiera que la sujetara, y vio el anillo de oro brillando en ella. Solo entonces pudo distinguir el grabado del anillo que antes no había logrado identificar: el relieve representaba a la perfección el rostro de un dios.


Un gánster y un dios...no pegan para nada...


—…


Ante el silencio de Woo-yoon, que solo miraba su mano haciéndolo desesperar, Pil-seung movió los dedos con impaciencia.


—Sujétala.


Ante la sutil presión, las pupilas redondas y caídas de Woo-yoon se dirigieron al rostro de Pil-seung. Pero eso fue todo. Se limitó a mirarlo fijamente sin dar señales de querer responder. A Pil-seung le invadió la urgencia; sentía que, si Woo-yoon seguía mirándolo así de absorto, terminaría huyendo de un momento a otro.


Tragó saliva mientras contemplaba ese rostro que no había podido olvidar ni bebiendo ni trabajando. Metió el brazo por la estrecha ventana hasta el hombro y agitó suavemente la mano extendida hacia Woo-yoon, que estaba a una distancia casi inalcanzable. Intentó engatusarlo y calmarlo.


—Es la primera vez que veo a un humano con una cara como la tuya, así que no te me sales de la cabeza. No dejo de pensar en ti y me estoy volviendo loco, joder, ¿qué quieres que haga?


Aunque su rostro era exactamente de su gusto, a él tampoco le gustaba alguien que le profesara odio. No tenía intención de forzar nada más con un chico que lo rechazaba, así que pensó en terminarlo todo. Pero, al llegar la noche, esos dos ojos tristemente caídos volvían a su mente. Se preocupaba por si estaría comiendo bien en esa habitación oscura y apestando a moho, o si los delincuentes que lo habían buscado lo estarían molestando de nuevo.


Ese es el problema con las cosas lastimosas. Se te quedan grabadas en la vista y te pesan en el corazón. Con un animal o una planta abandonada, o con un objeto insignificante que nadie quiere, bastaría con recogerlo en casa o pedirle a otro que lo cuide, pero con Nam Woo-yoon eso no funcionaba, y por eso le importaba aún más. Pil-seung nunca había sentido lástima por otro ser humano, así que no lo sabía: que una vez que alguien te da lástima, el corazón se te consume y te vuelves loco de angustia a cada momento.


—Si te quedas donde pueda verte, joder, haré todo lo que me pidas. Así que sujeta mi mano de una vez…


Woo-yoon observó fijamente la mano de Pil-seung extendida frente a su rostro. Esa mano grande y gruesa estaba ansiosa por tocarlo. Incluso parecía un poco patética.


Woo-yoon levantó la mano lentamente y la puso sobre la palma cubierta de parches. En cuanto las palmas se tocaron, Pil-seung cerró su enorme mano y apretó a Woo-yoon con fuerza. Como si temiera que soltara el agarre y huyera, envolvió incluso la muñeca de Woo-yoon con sus gruesos dedos y tiró de él hacia sí.


—¿Entonces salimos juntos? ¿Eh?


—…


Incapaz de resistir la fuerza con la que tiraba de su brazo, Woo-yoon fue arrastrado hasta quedar frente a la ventana. Miró los labios de Pil-seung, que se curvaban en una sonrisa bajo las gafas de sol, y asintió lentamente con la cabeza.


—Ahora somos novios, ¿verdad?


Tras confirmarlo de nuevo con una expresión radiante, Pil-seung se llevó la mano de Woo-yoon a la boca. Juntó los labios de forma redondeada y depositó un beso sobre sus dedos alineados. En ese instante, la mano que se había dejado sujetar dócilmente se zafó con rapidez y golpeó la boca de Pil-seung con un sonoro ¡tac!.


—¡Ah! Joder…


Pil-seung, víctima de un golpe inesperado, se sujetó los labios y la mandíbula donde había quedado una marca roja. Se tocó la comisura de la boca, que sentía entumecida, para comprobar si se le había partido el labio. Al ver a Woo-yoon esconder las manos tras la espalda como si hubiera tocado algo impuro, soltó una carcajada. Le resultaba absurdo incluso a él mismo que Baek Pil-seung, un gánster de primera, estuviera pasando por esto solo por ver esa reacción tan tonta.


—Voy a bajar. Quédate ahí como si estuvieras muerto.


—…


La enorme figura que bloqueaba toda la ventana se levantó de golpe. Segundos después se oyó un silbido, que pronto se transformó en el sonido de unos pasos apresurados y algo torpes bajando las escaleras. Al darse la vuelta, Pil-seung estaba apoyado en el marco de la puerta sin hoja, saludando levemente con una mano y una sonrisa de oreja a oreja.


—Vaya, hace tiempo que no entraba…


—Quítate los zapatos.


Los pasos que entraban con entusiasmo se desviaron y volvieron a su sitio original. Pil-seung se quitó los zapatos tal como Woo-yoon le ordenó y los colocó justo al lado de las zapatillas que estaban en el zapatero. Al entrar en la habitación, se sentó con las piernas cruzadas en medio del suelo y dio unos golpecitos a su lado. Woo-yoon se sentó lejos de donde Pil-seung indicaba, en dirección diagonal. Pil-seung murmuró: "Este chico...", mientras se ajustaba las gafas de sol y lanzaba la pregunta cuya respuesta lo había tenido desesperado durante días.


—¿Cómo tuviste el valor de pedirme que saliéramos sin miedo a que me acostara contigo y luego no cumpliera mi promesa?


—…


—Bueno, da igual. Baek Pil-seung no es de los que dicen una cosa y hacen otra, así que no te preocupes. Pero…


Pil-seung dejó la frase en el aire, se subió las gafas con el dedo corazón y bajó el tono de voz.


—Aunque haya dicho que seré tu pagafantas, tú también tienes que cumplir con tu parte. Tienes que cumplir con tus deberes como pareja.


Ante Pil-seung, que hablaba de "deberes", algo que no pegaba nada con un gánster, Woo-yoon, que había estado callado, respondió con voz gélida.


—...Estoy preparado.


No era un idiota ingenuo que creyera que no pasaría nada tras proponerle salir a un gánster. Aunque no tenía experiencia social real, había visto y aprendido mucho a través de la televisión y los libros. Sabía que obtener lo que uno desea conlleva un gran precio.


Imaginaba que el gánster, que no perdía oportunidad para manosearlo y lamerlo incluso antes de salir, no cumpliría el favor de buscar a su hermano de forma gratuita. Ahora que eran pareja, exigiría besos con total derecho. No quería besar a un gánster por el que no sentía nada, pero como ya lo había hecho antes, Woo-yoon calculó que podría soportar al menos eso.


Mientras recibía el suero en urgencias, había hecho sus cálculos con detenimiento. Como resultado, desde el punto de vista de Woo-yoon, la mejor opción era Baek Pil-seung. A diferencia de los gánsteres que intentaron quitarle los pantalones, Pil-seung se detenía cuando él le suplicaba que parara; además, al haber dicho que no era un Alfa, era un hecho que resultaba más seguro que los demás.


Woo-yoon recorrió a Pil-seung con una mirada gélida. Entre los muslos cruzados y la chaqueta del traje abierta, la camisa se tensaba sobre su tórax; debido a sus hombros anchos y su volumen muscular, parecía que una roca gigante se hubiera instalado en la pequeña habitación. Solo verlo le cortaba la respiración.


Por mucho que lo mire, no me creo que no sea un Alfa...pero como no desprende olor a feromonas, supongo que no será mentira...


—Tus deberes son solo tres.


Al notar que Woo-yoon lo miraba de reojo con desconfianza, Pil-seung se apresuró a poner sus condiciones antes de que el chico cambiara de opinión.


—Primero: ni se te ocurra soñar con huir. La mitad de la razón por la que acepto una propuesta tan estúpida es por tu cara. Si no me dejas ver tu cara cuando quiera, joder, que sepas que cancelo todo el trato. ¿Entendido?


Pil-seung le dijo la segunda condición a Woo-yoon, quien asentía dócilmente como si hubiera entendido bien.


—Segundo. Contesta siempre al teléfono. Tienes el móvil que te compré, ¿verdad? Cuando suene, no importa lo que estés haciendo, contesta sin falta. Y tercero es…


Llegó. Finalmente había llegado el turno. Los grandes ojos de Woo-yoon temblaron levemente. Seguramente diría alguna exigencia sucia y rastrera. Ahora que se habían convertido en pareja a cambio de garantizar su seguridad y encontrar a su hermano, nada de lo que pidiera resultaría extraño. Podría soportar un beso de alguna manera, pero si pedía algo más que eso, en ese mismo instante anularía el trato sin vacilar.


Prefiero morir antes que vender mi cuerpo...


Woo-yoon tragó saliva y fijó la mirada en la boca de Pil-seung. Los labios, que aún conservaban la marca roja de su mano, se movieron lentamente.


—Déjame que te tome de la mano.


—¿Qué?


—Por mucho que haya aceptado ser un pagafantas, al menos tendré que cogerte la mano, ¿no? Después de todo, somos novios.


—…


—¿Qué me miras así? Joder, ¿tienes algún problema?


Incluso si Woo-yoon tuviera alguna objeción, Pil-seung no pensaba ceder en lo de tomarse de las manos. Lo único que podía ambicionar con un chico al que le daba asco era, como mucho, tomarle la mano; si ni siquiera le permitía eso, Nam Woo-yoon no sería más que un demonio con cara de ángel. Ya fuera un mierda o un pagafantas, para hacer algo así debía haber al menos una pequeña recompensa que lo hiciera divertido.


Pil-seung, que golpeaba el suelo con el índice con impaciencia, no pudo soportar la tibia reacción de Woo-yoon. Chasqueó la lengua y se levantó de golpe. Tenía la intención de cerrar la conversación antes de que saliera un no de la boca del chico.


—Bueno, pues queda así. Vendré mañana por la mañana, así que prepárate para salir.


—¿Por qué?


Pil-seung, mirando los ojos de Woo-yoon que lo observaba desde el suelo, se tocó con la yema del dedo la comisura de los labios donde la marca del golpe ya se estaba desvaneciendo y murmuró por lo bajo.


—¿Que por qué? Pues joder... ¿No tendré que hacer correr el rumor de que eres el novio de Baek Pil-seung para que esos maleantes no se atrevan a tocarte? Y también, pues...para presumir...y esas cosas, qué sé yo…


Pil-seung, que había dejado la frase en el aire, hizo ademán de irse pero volvió a sentarse. Se deslizó por el suelo hasta quedar frente a Woo-yoon, lo encerró entre sus largas piernas abiertas y le tendió las dos manos.


—Oye... Antes de irme, déjame cogerte la mano solo una vez.


Si le dejaba tomarle la mano, él le serviría de escudo contra otros gánsteres y encontraría a su hermano; no era en absoluto un mal trato. En realidad, le desagradaba incluso el contacto físico, pero no estaba en posición de elegir. Woo-yoon abrió los ojos con ferocidad y advirtió:


—Solo la mano. No toleraré que hagas nada raro como antes.


No solo puso fuerza en su mirada, sino que mostró el puño de la mano que escondía tras su espalda. Mientras lo llevaban a urgencias, había golpeado innumerables veces a los subordinados de Baek Pil-seung, y hace un momento había golpeado directamente la cara del mismo Pil-seung. Ahora Woo-yoon no sentía ningún reparo en golpear a alguien.


Apretó con fuerza el puño pegado a su costado. Ante tal ímpetu, el gánster, como si se sintiera intimidado por su audacia, se rascó la sien y preguntó:


—¿Eres tú el gánster? ¿Cómo es que a la mínima estás pensando en pegarme?


—¿Crees que solo los gánsteres como tú pueden pegar a la gente? Yo también puedo golpear.


—Uy, qué miedo. Ya entendí, así que dame la mano rápido.


—…


Aunque decía tener miedo, su gesto de fruncir el ceño hacía que pareciera más bien que estaba aburrido. Woo-yoon, mirando a Pil-seung con ojos desconfiados, puso su mano sobre la enorme palma que tenía extendida frente a él. Pil-seung tomó las dos manos de Woo-yoon, que eran mucho más pequeñas que las suyas, y mientras acariciaba las puntas de sus dedos, comentó asombrado:


—¿Cómo puedes tener las uñas tan pequeñas...?


—…….


—¿Y con estos dedos tan delgados puedes comer? Joder, se podrían usar tus dedos como palillos.


Al escucharlo, Woo-yoon se sintió ofendido; parecía que lo estaba despreciando. Cuando Woo-yoon hizo fuerza para retirar la mano que le había entregado, Pil-seung, que se dio cuenta al instante, le sujetó con rapidez la muñeca y soltó una risita burlona. Woo-yoon miró fijamente las gafas de sol donde se reflejaba su propio rostro y preguntó con firmeza:


—¿Te parezco gracioso?


—¿A mí? No.


Pil-seung respondió de inmediato y apretó con fuerza la mano de Woo-yoon. Luego, con un tono mucho más calmado, dijo en voz baja:


—Más adelante te enseñaré boxeo. Haz que te salgan callos aquí para que puedas moler a palos a cualquier malnacido que se pase de listo. No te dejes pegar como un idiota.


El gánster parecía no darse cuenta de que la primera persona a la que Woo-yoon golpearía sería a él mismo. Woo-yoon retiró su mano con brusquedad del agarre de Pil-seung, quien hablaba como si estuviera genuinamente preocupado por él.


Le parecía increíble. Habían acordado ser pareja por necesidad, pero Nam Woo-yoon seguía viendo a Baek Pil-seung como alguien del mismo tipo que los otros gánsteres con los que no quería tener nada que ver, y el mismo Pil-seung parecía no enterarse. No era más que el mal menor frente al peor de los escenarios.


Mientras Woo-yoon ignoraba el consejo de Pil-seung, este se rascó la larga cicatriz de su garganta y añadió:


—El mundo gira de una forma jodidamente cruel. Si te descuidas, mueres. No lo pienses dos veces, joder, el que pega primero es el que gana.


—...


—No tiembles, no aguantes, simplemente suelta el puño de inmediato. ¿Entendido?


—...


Era algo que nunca había escuchado de boca de su hermano. Su hermano, que le había mentido diciendo que aguantar era la única forma de ganar y de sobrevivir, ya no estaba a su lado; en su lugar, frente a él estaba un gánster que le decía que no aguantara.


Woo-yoon miró a Pil-seung en silencio. Resultaba que su propia familia lo había engañado y había huido desentendiéndose de él, mientras que este gánster, que llegó a su vida como una desgracia un día cualquiera, estaba sentado frente a él en esa habitación oscura y maloliente prometiendo protegerlo. Al pensar que para su hermano él era incluso menos importante que ese gánster, se sintió profundamente deprimido.


Pil-seung, sin saber en qué estaba pensando Woo-yoon ante su falta de reacción, extendió la mano hacia su mejilla. Cuando intentó tocar la zona donde los hematomas se habían oscurecido, Woo-yoon, que estaba sentado tranquilamente, apartó su mano con un golpe seco. Pil-seung intentó molestarlo un par de veces más y recibió otros tantos golpes en el dorso de la mano; luego jugueteó entrelazando sus dedos con los finos dedos de Woo-yoon antes de levantarse apresuradamente. El contacto de las palmas de las manos, que se sentían húmedas y pegajosas de tanto manosearlas, había despertado su deseo sexual.


Woo-yoon miró de reojo a Pil-seung, quien salió de la habitación soltando una maldición repentina, y se frotó la mano contra el pantalón para limpiar el calor ajeno que aún permanecía en ella.



Raw: Ruth Meira.

Traducción: Ruth Meira.

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