Un día del gángster 17
17
Woo-yoon se despertó tragando saliva por el hambre y tanteó el lugar a su lado. El espacio donde debería estar la carne cálida de su esposo estaba frío, como si llevara tiempo vacío. En otro momento, se habría inquietado con alguna fantasía absurda, pero ahora Woo-yoon sabía que Pil-seung nunca se alejaba demasiado de él.
En parte era por la confianza inquebrantable que le tenía, pero sobre todo se debía a la protección exagerada que Pil-seung ejercía últimamente. La historia de cómo el gánster número uno, Baek Pil-seung, se había convertido en un marido devoto corría como una leyenda urbana no solo en la oficina, sino entre todos los delincuentes de la zona.
—Pil-seung.
Llamó con voz ronca, pero no hubo respuesta. Woo-yoon se incorporó. Aunque su vientre aún no abultaba demasiado, sentía el cuerpo pesado por el cansancio acumulado de los malestares constantes.
Pil-seung había movido la mesa que antes estaba junto a la cama hacia la cocina y estaba sentado allí. Woo-yoon bajó de la cama y se acercó a él; Pil-seung estaba inmóvil, sentado en la penumbra con solo la luz auxiliar de la cocina encendida.
—…
Se escuchaba el sonido del bolígrafo deslizándose sobre el papel: shik, shik. Woo-yoon se detuvo detrás de su espalda y miró hacia abajo. Pil-seung tenía puestos los auriculares y escribía algo con fervor. El cuaderno de notas con el logo de "Oficina Baek Pil-seung" en la esquina estaba repleto de palabras.
Woo-yoon leyó lo que había escrito y soltó una risita. Solo entonces Pil-seung se quitó un auricular y lo miró.
—¿Por qué te has despertado? ¿Quieres algo?
Pil-seung hizo el amago de levantarse apoyando un brazo en el suelo, listo para traerle cualquier cosa que necesitara.
—¿Y tú qué haces aquí sin dormir?
En cuanto Woo-yoon se puso de cuclillas a su lado y le rodeó el cuello con los brazos, Pil-seung, que estaba sentado con las piernas cruzadas, tiró de su cintura y lo sentó con naturalidad sobre su regazo. Luego, dio unos toquecitos con el bolígrafo en el cuaderno lleno de anotaciones.
—Tengo que preparar la educación prenatal. Dicen que dentro de poco ya podrá oírlo todo.
Últimamente, Pil-seung aprovechaba cualquier momento libre, en la oficina o en el coche, para leer sin descanso manuales de maternidad y crianza. Gracias a eso, sus conocimientos habían aumentado mucho, lo cual aliviaba a Woo-yoon, aunque a veces le molestaba que se hubiera vuelto un poco mandón con los consejos.
Woo-yoon tomó el auricular de la mano de Pil-seung y se lo puso. Sonaba una canción de pop que nunca había escuchado.
—¿Vas a grabarla tú mismo para que la escuche?
Pil-seung frotó su rostro contra la nuca de Woo-yoon mientras este examinaba la letra de la canción escrita tal como sonaba.
—Si yo te conquisté a ti con esto, también tengo que conquistar a Mango con una canción para que no sea tan duro con su padre mediocre.
Susurró bajito y besó la piel cálida de su cuello. Woo-yoon, recibiendo esos besos que le daban cosquillas, se quitó el auricular y rió en silencio; le parecía adorable que Pil-seung ya pronunciara el nombre prenatal con tanta naturalidad.
En realidad, Pil-seung quería ir a una oficina de nombres para que le dieran uno tradicional y robusto, bajo la creencia de que un nombre común hace que los bebés crezcan sanos. Sin embargo, una noche en que Woo-yoon sufría de fiebre y malestar, se aferró a la ropa de Pil-seung llorando porque quería comer mango. Desde entonces, el nombre del bebé quedó fijado como "Mango".
‘—Ese que me compraste en verano...el mango rojo...quiero comer ese...’
En cuanto escuchó aquello, Pil-seung se vistió de madrugada asegurando que, si hacía falta, forzaría la cerradura de un supermercado cerrado para conseguirlo.
‘—Pil-seung, puedo aguantar...no vayas haciendo vandalismo por ahí...’
Ante la súplica de Woo-yoon, esperó a que saliera el sol para correr al mercado y comprar cajas enteras. Desde entonces, con las náuseas matutinas que le quitaban el apetito y lo mantenían indispuesto, lo único que Woo-yoon lograba ingerir era el mango.
No podía comer mucho por el azúcar, pero curiosamente, al comerlo, las ganas de vomitar se calmaban. Woo-yoon pensaba que era porque el mango estaba ligado a un buen recuerdo.
—¿Pero por qué te has despertado? Deberías ir a dormir más.
Aunque decía eso, sus labios, que chocaban contra el cuello de Woo-yoon, se desplazaron hacia el hombro como si no tuviera intención de dejarlo volver a la cama. Tiró de la camiseta holgada de Woo-yoon y deslizó su lengua por el escote estirado.
Succionó la piel blanca hasta dejar una marca roja. Incluso mordisqueó un poco el hematoma para dejar la marca de sus dientes. La piel de Woo-yoon era tan fina que cualquier contacto dejaba rastro rápidamente, lo cual le parecía erótico y hermoso.
Solo con succionar un poco de piel, sintió una punzada de deseo abajo. Sin embargo, Pil-seung se apresuró a acomodarle la camiseta. Según el médico, las relaciones sexuales durante el embarazo no afectaban gravemente a los omegas masculinos, pero él no quería desahogar su deseo con un Woo-yoon que apenas podía comer y se pasaba el día durmiendo por el malestar.
Mientras Pil-seung intentaba pensar en otra cosa para calmar la erección, Woo-yoon dejó el cuaderno con la letra de la canción sobre la mesa y sintió el hambre que había olvidado por un momento. Tragando saliva, dijo:
—Me desperté porque tengo hambre.
—Joder, normal que te despiertes con hambre si no has podido ni beber agua en todo el día.
Aunque había dejado de fumar, Pil-seung aún no había corregido su forma ruda de hablar y chasqueó la lengua con pesar. Acarició suavemente el vientre de Woo-yoon con la palma de la mano. Para ser el vientre de un embarazado, estaba tan plano que parecía pegado a la espalda. Ojalá esas náuseas las tuviera él, que tenía mucha mejor condición física.
Mierda, el embarazo debería haber sido cosa de los alfas. Pil-seung no entendía por qué el mundo estaba hecho para que un tipo con la energía de un triciclo como Nam Woo-yoon tuviera que sufrir tanto llevando a un niño. Lo único que podía hacer era prepararle el mango, que era lo único que toleraba.
Cortó media pieza, la puso en un plato y Woo-yoon, pinchando un trozo con el tenedor, se lo ofreció a Pil-seung.
—¡Joder! ¿Crees que me falta comida para andar robándote la tuya? Cómetelo todo tú.
—Solo es que…me gusta comer juntos…
Pil-seung, tras echar un vistazo de reojo y confirmar la expresión de puchero de Woo-yoon, atrapó el tenedor con la boca y le quitó el trozo de fruta. Después de masticar y tragar el dulce mango, empujó el cuaderno de notas con la letra de la canción hacia el borde de la mesa y se apoyó en su mano. Se quedó observando aquel rostro que devoraba el mango con ganas.
—Mierda, estás jodidamente flaco.
Estiró la mano hacia Woo-yoon y le acarició suavemente la mejilla afilada.
Definitivamente, esto no podía seguir así. Mañana mismo iría a la iglesia para "negociar" un trato. Normalmente no sentía que Dios le prestara mucha atención, pero cuando se trataba de asuntos relacionados con Nam Woo-yoon, parecía que solía escucharlo.
Pil-seung pensaba que, probablemente, Dios se sentía culpable con Woo-yoon. Si realmente lo quería tanto, no debería haber permitido que viviera así antes de conocerlo; así que debía estar compensándolo por todo ese sufrimiento pasado. Por eso, pensaba pedirle que lo cuidara bien esta vez también. Si lo hacía, Woo-yoon podría comer y pasar el resto del embarazo tranquilo, sin esas malditas náuseas.
Las predicciones de Pil-seung no fallaron. Después de que él fuera a la iglesia liderando a todos los hombres de la "Oficina Baek Pil-seung", quizás conmovido por la lealtad de los gánsteres, el malestar de Woo-yoon desapareció de golpe. A cambio, todos los tipos de la oficina, incluido el propio Pil-seung, empezaron a sufrir náuseas matutinas en grupo.
Durante un tiempo, el sonido de las arcadas no cesó ni de día ni de noche en el edificio de la oficina. El director Kim Chun-se, al ver a toda la banda acudir junta a consulta, les explicó que se trataba de una coincidencia o de algo puramente psicológico. Y, por supuesto, no se ahorró el comentario de que "estos locos ya no saben qué más inventar para dar la nota".
***
Pil-seung bajó la vista hacia la pequeña mano que lo sujetaba con fuerza. Los nudillos de Woo-yoon estaban blancos por la tensión y su mano temblaba de forma tan evidente que era doloroso de ver. Pil-seung cubrió esa mano con la suya y le acarició la frente; entonces, las pupilas de Woo-yoon, que habían estado fijas en el techo de la sala de espera, se movieron con debilidad hacia él. Sus ojos se humedecieron al instante. Pil-seung rozó con el dedo el rabillo de sus ojos llorosos y preguntó en voz baja:
—Tienes mucho miedo, ¿verdad?
—No, no tanto…
Su voz, quebrada por el terror, daba lástima. Woo-yoon, que intentaba fingir entereza con una expresión que no convencía a nadie, terminó tirando del cuello de Pil-seung. Él se dejó llevar por el tirón y se inclinó sobre la camilla donde Woo-yoon estaba recostado. Tras echar un vistazo rápido a su alrededor en la sala de espera, Woo-yoon le susurró al oído con aire de secreto:
—Si yo grito, tienes que entrar a rescatarme. Tienes que venir.
Iban a usar anestesia total, así que Pil-seung no sabía cómo pensaba gritar, pero aun así asintió con la cabeza.
—No me iré a ningún lado. Si gritas, joder, entraré corriendo de inmediato.
—¿De verdad?
—Sí. Te lo prometo por mi vida.
Baek Pil-seung era un hombre de palabra, y si prometía algo jugándose el cuello en lugar de solo cruzar los dedos, definitivamente lo cumpliría. Aliviado, Woo-yoon logró contener el llanto y presionó el pecho de Pil-seung. Se escuchó el crujido de un papel dentro del bolsillo interior de su chaqueta de traje.
—Pil-seung y…aquí hay una carta.
—¿Una carta?
—Sí… La escribí anoche…
Pil-seung metió la mano en la chaqueta como si fuera a sacarla para leerla en ese mismo instante. Woo-yoon le sujetó rápidamente la muñeca y negó con la cabeza.
—Léela cuando yo entre.
Tras asentir y besar los labios de Woo-yoon, Pil-seung acarició su vientre abultado. Terminada esa breve despedida, Pil-seung salió de la sala de espera como si lo estuvieran echando.
Mientras caminaba de un lado a otro por el pasillo fuera del quirófano, se miró la mano con la que había tocado a Woo-yoon. Sintiendo un vacío repentino, cerró el puño con fuerza.
Se quedó de pie abriendo y cerrando la mano antes de dejarse caer pesadamente en un banco de espera. Sus ojos, que no habían pegado ojo en toda la noche, se sentían secos y arenosos. Aunque sabía que lo de "entrar a rescatarlo si gritaba" era una de sus ocurrencias absurdas, Pil-seung mantenía el oído aguzado hacia la puerta cerrada del quirófano mientras tanteaba su pecho.
Metió la mano en el bolsillo interior de la chaqueta y sacó la nota arrugada. Sentado en la silla frente al quirófano, Pil-seung escudriñó con expresión solemne las pocas líneas de la carta de Woo-yoon.
[Pil-seung…si por casualidad algo me sale mal…nunca, jamás debes volver a casarte…]
Anoche, mientras él estaba distraído haciendo las maletas en el vestidor, Woo-yoon se había quedado tumbado en el suelo del salón garabateando algo; al parecer, había estado escribiendo este testamento de mal agüero. El rostro de Woo-yoon a punto de llorar se superponía sobre las letras escritas con firmeza.
[Tampoco tengas nunca una pareja…vive solo en la montaña….]
En la palabra "pareja", se veía una mancha redonda donde una lágrima se había secado. Pil-seung la acarició con cuidado. El papel estaba rugoso en la zona que se había mojado.
El contenido de su supuesta "última voluntad" era ridículo, pero no le daban ganas de reír, sino que sentía una profunda pena. Le dolía pensar que el pequeño y pobre Nam Woo-yoon lo había conocido para terminar pasando por este sufrimiento que no le correspondía.
[Te amo mucho, Baek Pil-seung.]
—…
Apoyando los codos en sus muslos abiertos y con el torso ligeramente inclinado, Pil-seung leyó la carta de Woo-yoon una y otra vez. Y, suplicando que nada más importaba excepto que Nam Woo-yoon regresara sano y salvo, comenzó a reflexionar y arrepentirse de toda su vida pasada con una seriedad que jamás había tenido.
***
Tras salir de la cirugía sin complicaciones, Woo-yoon regresó a la habitación y, con el rostro aún aturdido por la anestesia, buscó primero a Pil-seung. A Pil-seung le conmovió que el miedoso de Woo-yoon hubiera regresado tras dar a luz él solo; le pareció tan meritorio y a la vez tan sacrificado que se limitó a tomar su mano en silencio.
Pil-seung, que ya había conocido a Mango antes de que Woo-yoon saliera del quirófano, recibió un buen regaño por no haberle tomado fotos al bebé mientras lo trasladaban al nido. Intentó excusarse diciendo que estaba demasiado preocupado por él como para pensar en fotos, pero en cuanto Woo-yoon le soltó un: "¿Acaso tú estabas más aturdido que yo?", se quedó sin argumentos.
Fue un día después del parto cuando Woo-yoon finalmente pudo ver a Mango.
Pil-seung, que oficiaba de escolta mientras Woo-yoon caminaba lentamente empujando el soporte del suero, le acomodó el pelo alborotado de la nuca.
—El crío está un poco hinchado, pero es igualito a ti.
—¿Que está…hinchado…pero es…igualito a mí?
Con una expresión de duda y entrecerrando los ojos, Woo-yoon le dio un codazo a Pil-seung en el abdomen. Él, que caminaba sujetando el brazo de Woo-yoon para apoyarlo, dejó escapar una carcajada ronca.
—Digo que es jodidamente lindo, porque se parece a ti.
—Baek Pil-seung, prometiste hablar con propiedad cuando naciera Mango.
—¡Ah, mierda! ¡Es verdad!
Woo-yoon soltó una risita al ver a Pil-seung dándose un golpe en la frente, incapaz de dejar de soltar palabrotas. Aunque Pil-seung era implacable con el tabaco hasta el punto de obligar a todos sus subordinados a dejar de fumar, parecía que corregir el lenguaje de alguien que vivió toda su vida como un gánster callejero no sería tarea fácil.
Incluso mientras esperaban al bebé frente al ventanal del nido, Pil-seung no dejaba de acariciar la mejilla de Woo-yoon. Este, recibiendo esas caricias que no sabía si eran para consolarlo o para molestarlo, sintió que las lágrimas estaban a punto de brotar y se frotó los ojos con brusquedad usando la manga de su bata de paciente.
—Ejei, te vas a lastimar los ojos.
Ignorando el regaño de Pil-seung, se restregó con fuerza los ojos que ya le escocían. Poco después, una enfermera salió del nido cargando al bebé. Woo-yoon, con sus grandes ojos inundados de lágrimas, pegó la frente al cristal y miró intensamente hacia el interior.
Mango, envuelto totalmente en una manta que decía "Nam Woo-yoon" y con solo su carita redonda a la vista, no parecía una persona, sino más bien un muñeco. Era pequeño, pequeño, realmente pequeño.
¿Será nuestro hijo de verdad? ¿Ayer no tenía la cara más arrugada? ¿Cómo se ha puesto tan guapo en solo un día?
Pil-seung no se atrevió a decirlo en voz alta, pero sus pobladas cejas se crisparon mientras ladeaba la cabeza con incredulidad.
La enfermera, tras girar al bebé para mostrarles el rostro, lo recostó cerca del cristal. Woo-yoon no podía apartar la vista de Mango, que yacía frente a él. Pil-seung soltó una risa entre dientes al alternar su mirada entre el bebé, que movía la boquita tranquilamente, y un Woo-yoon absorto que tenía la cara aplastada contra el vidrio, con la punta de la nariz chata de tanto presionar.
—Mira, ¿ves cómo se te parece? Tiene las pestañas largas y los labios pequeños y rojos, es tu viva imagen. Ah, pero la forma de los ojos no la sabremos hasta que los abra… Espero que no haya sacado mis ojos de loco…
Incluso escuchando la voz de Pil-seung, que se había vuelto repentinamente seria, Woo-yoon solo observaba el pequeño rostro de Mango. En ese momento, Mango, que fruncía el ceño hasta ponerlo rojo como si hubiera entendido a Pil-seung, abrió los ojos uno por uno. Con unas pupilas grandes que no parecían de un recién nacido, sus ojos tenían las comisuras redondeadas y caídas: era el vivo retrato de Woo-yoon. En cuanto Pil-seung confirmó esa mirada dulce y algo despistada, soltó una carcajada de satisfacción.
—Se parece…a mí…
Woo-yoon, que seguía absorto mirando tras el cristal, finalmente murmuró bajito.
—Pil-seung…. Es un bebé…que se parece a mí…
—Sí.
—Nuestro bebé…
—…
Al notar que la voz de Woo-yoon empezaba a temblar, Pil-seung lo rodeó por la cintura. Woo-yoon, sin dejar de mirar a Mango, se giró y abrazó con fuerza a Pil-seung. Hundió el rostro en su pecho cálido y, con los hombros sacudidos por el llanto, dijo:
—Ese bebé…hip, es nuestra familia… Yo…¡snif! Nosotros de verdad…uum, hemos formado una familia…
—¿Cómo vas a verle la cara si no paras de llorar…?
Pil-seung palmeó con cuidado la espalda de Woo-yoon, que ardía de emoción en sus brazos. Comprendía perfectamente el sentimiento de Woo-yoon al conocer a Mango y le daba ternura, pero una sonrisa no dejaba de extenderse por sus labios. El llanto desconsolado de Woo-yoon y el movimiento de esa pequeña vida tras el cristal hacían a Pil-seung inmensamente feliz.
Con una sonrisa, Pil-seung lo estrechó y susurró:
—De ahora en adelante, somos tres en nuestro bando.
—Sí…
—Vivamos los tres felices.
—¡Sí…!
Ante la respuesta enérgica, Pil-seung no pudo contener una risa baja y besó la cabeza de Woo-yoon mientras miraba de reojo tras el cristal. Unas pupilas negras y brillantes como estrellas los observaban fijamente. Con los labios presionados sobre el pelo de Woo-yoon, Pil-seung saludó con ternura a la nueva familia que un día llegó a sus vidas.
Raw: Ruth Meira.
Traducción: Ruth Meira.
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