Un día del gángster 15
15
—Pon tu nombre ahí, bien clarito.
Pil-seung, de pie junto a Woo-yoon frente a un escritorio improvisado en una esquina del ayuntamiento, no dejaba de darle instrucciones como si fuera lo más natural del mundo, con la mirada clavada en la mano que sostenía el bolígrafo.
—No, ahí no. Ahí solo pones "Omega", y el número de registro de rasgo va ahí abajo.
La mano que vagaba indecisa sobre el papel terminó dándole un manotazo en el brazo a Pil-seung.
—¡Me confundes más con tanto comentario!
—Si te equivocas aunque sea en una coma, no podrás casarte conmigo.
—¿Es…es verdad? ¿No se puede…corregir…?
Ante la reacción de Woo-yoon, que lo miraba de reojo con preocupación, Pil-seung echó el cuerpo hacia atrás y se apoyó en el escritorio soltando una carcajada. Woo-yoon hundió la cabeza en esa espalda ancha que subía y bajaba por la risa.
—Me das miedo. Escríbelo tú.
—Dame el bolígrafo.
Woo-yoon, que ya estaba desanimado por haber tenido que empezar de nuevo tras arruinar la primera hoja, le entregó el bolígrafo de inmediato. Pil-seung, con sus manos grandes, fue rellenando los recuadros con sus nombres y fechas de nacimiento. Al ver cómo el acta de matrimonio se completaba poco a poco con esa caligrafía firme y elegante, Woo-yoon esbozó una sonrisa de oreja a oreja.
No era estrictamente necesario venir al ayuntamiento a rellenarlo, pero Pil-seung insistió en que, para que se sintiera real, debían venir juntos. Woo-yoon estuvo de acuerdo. Él también quería saborear cada segundo del momento en que se convertían en familia.
Convertirse en familia. Tener una nueva familia.
Con la barbilla apoyada en el escritorio, Woo-yoon alternaba su mirada entre el acta de matrimonio y el perfil de Pil-seung, que escribía con total concentración.
Abandonar a la "vieja" familia que no pude elegir, para formar una nueva con la persona que yo mismo escogí. Seremos una familia preciosa. Una donde el amor sobre, donde nunca nos lastimemos el uno al otro. Una familia donde no hagan falta armarios estrechos para esconderse. Una familia donde no exista la violencia.
Pil-seung dejó el bolígrafo sobre la mesa y miró hacia atrás.
—¡Oigan, vengan aquí!
Gi-dong y Chul-hee, que estaban perdiendo el tiempo ojeando folletos informativos, se acercaron con sus aires intimidantes. Siguiendo las órdenes de Pil-seung, escribieron sus nombres y firmaron en el apartado de los testigos.
Pil-seung sostuvo el acta terminada y la revisó rápidamente con la mirada. Sonrió satisfecho, pero luego miró a Woo-yoon y se llevó una mano al pecho.
—Joder, de repente me puse nervioso.
Woo-yoon soltó una risita. Gi-dong, que observaba a ambos desde atrás, soltó un: "¿Quiere que la entregue yo por usted?", pero solo se ganó un pescozón de Pil-seung. Park Chul-hee sonrió en silencio al ver a Woo-yoon reír sin parar, visiblemente feliz.
Tras entregar todos los documentos necesarios, les informaron que el proceso legal tardaría aproximadamente una semana. Al salir del ayuntamiento, Pil-seung rodeó los hombros de Woo-yoon con un brazo mientras caminaban hacia el estacionamiento, y discretamente le hizo una seña con la cabeza a sus dos subordinados. Gi-dong asintió con una expresión bastante tensa y llamó a Woo-yoon.
—¡Jefe!
—¿Sí?
—Nosotros nos adelantaremos a la oficina. Que tengan un excelente día.
Gi-dong se inclinó respetuosamente y Park Chul-hee hizo lo mismo para despedirse.
—¿El señor Gi-dong y el señor Chul-hee no van a almorzar con nosotros?
—Comeremos en la oficina.
—Ah… Pero Pil-seung dijo que me compraría langostinos gigantes… ¿Saben cuáles son? Dicen que es temporada ahora. Yo nunca los he probado, pero dicen que son riquísimos. Pil-seung dijo que me los compraría a la sal y…
Pil-seung, que había estado esperando pacientemente a que terminaran las despedidas, agarró de repente a Woo-yoon por la nuca. Si no lo cortaba por la fuerza, el chico seguiría parloteando tonterías eternamente.
Tras abrir la puerta del copiloto y meter a Woo-yoon en el coche, Pil-seung se plantó frente a sus hombres y bajó el tono de voz.
—Revisen todo lo que preparamos hasta el último detalle. Si alguien comete un error, hoy mismo cerramos la oficina de Baek Pil-seung y nos morimos todos. ¿Entendido?
—¡Sí! ¡Confíe en nosotros!
—Eso espero. Váyanse rápido y ensayen.
Gi-dong y Chul-hee asintieron ante las órdenes susurradas de su jefe y se dieron la vuelta para desaparecer a toda prisa. Pil-seung, con las manos en la cintura, observó cómo se alejaban con una mirada inquieta y murmuró para sí mismo:
—Mierda, estoy condenadamente nervioso…
Hoy era el día del evento más importante en la vida del gánster número uno, Baek Pil-seung, y no podía haber ni un solo fallo. Se palpó el pecho para confirmar que el estuche del anillo seguía en el bolsillo interior de su chaqueta.
El ambicioso plan de hoy era el resultado de varias noches en vela con los muchachos de la oficina. Habían buscado el lugar considerando el tiempo de viaje, invirtiendo personal y dinero. Gi-dong y los demás no entendían por qué tanto lío si ya habían firmado los papeles, pero Pil-seung tiene su lado romántico. Esos gánsteres mediocres no tienen ni idea de que el romance nace de la devoción pura.
El lugar al que Woo-yoon llegó siguiendo a Pil-seung era una marisquería en Wolmido, Incheon. Sentado frente a Pil-seung en una terraza al aire libre con vistas al mar, Woo-yoon no podía quitarle los ojos de encima al hombre, que llevaba puestos guantes de algodón mientras asaba almejas y langostinos. Ya lo había sentido durante las vacaciones con los de la oficina o en la parrillada en la azotea del edificio, pero Baek Pil-seung frente a una parrilla tiene un atractivo especial.
Sobre la sal gruesa que cubría la sartén, los langostinos se tornaban rojos con un sonido crepitante. Pil-seung sacó el que mejor aspecto tenía, lo puso en un plato y empezó a pelar la cáscara rojiza mientras soplaba para enfriarlo.
—Abre la boca.
Pil-seung le ofreció un langostino perfectamente pelado, tras pasarlo apenas por la sal. Woo-yoon abrió la boca dócilmente y aceptó el manjar humeante. La carne firme estalló en su boca liberando un dulzor exquisito; le resultaba increíble que un langostino pudiera saber tan dulce.
Antes de que terminara de masticar, Pil-seung ya le estaba metiendo otro. Woo-yoon, viendo que el hombre solo se dedicaba a cocinar, le acercó sus palillos de madera.
—Come tú también.
—No quiero. No tengo hambre.
—…
Woo-yoon observó en silencio a Pil-seung, que seguía con el ceño fruncido más de lo habitua peleándose con las cáscaras. Aunque en el ayuntamiento parecía estar de buen humor, durante el trayecto en coche hacia Incheon había hecho varias arcadas. Preocupado por si estaba mareado, Woo-yoon le sugirió parar en una farmacia, pero Pil-seung se negó rotundamente alegando que estaba bien. Sin embargo, su rostro seguía pálido.
—¿Todavía te sientes mal del estómago?
—¿Del estómago? Qué…ah. Eso…
Pil-seung no supo qué decir y solo movió los labios. No podía confesar que estaba tan nervioso por la propuesta de matrimonio que le daban ganas de vomitar. Era mejor pasar por un tipo débil que se marea en el coche.
—Mierda. Sí, es eso. No tengo hambre, así que no me prestes atención.
—¿Quieres que vaya por medicina?
—Olvídalo. Tú come mucho, que anoche ni dormiste de la emoción por venir a comer esto.
Woo-yoon hizo un puchero.
—Te dije que no pude dormir por los nervios de firmar el acta de matrimonio…
—Sí, claro, lo que tú digas.
Pil-seung chasqueó la lengua, le sirvió unos cuantos langostinos más en el plato y empezó a sacar las almejas que ya se habían abierto. Recordó la imagen de Woo-yoon la noche anterior, acurrucado al borde de la cama tras salir él del baño; lo increíble era que el móvil que tenía en la mano estaba reproduciendo un video de alguien comiendo langostinos a lo bestia.
Y uno aquí, sin apetito desde hace días por la bendita propuesta.
Al cargarlo para acostarlo bien, Woo-yoon se despertó de su sueño ligero y lo primero que dijo fue: "¿Ya nos vamos a Incheon?"Pensando que ya era de mañana, empezó a quitarse las mantas para ir al vestidor, pero Pil-seung lo detuvo. El "tonto" de Nam Woo-yoon pareció avergonzado al principio, pero luego se quedó despierto hasta la madrugada viendo un video tras otro de langostinos.
Cuando Pil-seung daba vueltas en la cama, inquieto por el gran día, se encontraba en la oscuridad con la cara de Woo-yoon iluminada por el móvil, concentrado con sus auriculares inalámbricos puestos. Verlo con el ceño fruncido tan seriamente viendo a un youtuber comer era tan absurdo que Pil-seung decidió molestarlo.
Le lamió la oreja hasta que Woo-yoon lloriqueó y, al mismo tiempo, le metió la mano en los calzoncillos para acariciarle la entrepierna. Tras forcejear un poco intentando apartar la mano que lo provocaba, Woo-yoon finalmente se rindió con el video y, tras una buena descarga, se quedó profundamente dormido. Eran cerca de las tres y veinte de la mañana.
Que ahora venga a decir que no durmió por el acta de matrimonio es no tener vergüenza. Mocoso adorable. ¿Tanto significa un simple langostino?
—Oye, levanta un langostino. Te voy a sacar una foto de recuerdo.
—¿Con…el langostino?
Woo-yoon miró a Pil-seung, que ya preparaba el móvil, y tomó uno con cuidado. Como quemaba, no tocó el cuerpo; en su lugar, lo agarró de las largas antenas. Con el langostino colgando en el aire y Woo-yoon sonriendo con timidez, Pil-seung buscó el mejor ángulo, incluso levantándose de la silla para recorrer la terraza.
Woo-yoon se sentía un poco avergonzado por las miradas de los clientes de las otras mesas, pero se puso feliz de inmediato cuando Pil-seung le levantó el pulgar diciéndole que se veía guapo. Cualquier cosa junto a Baek Pil-seung era divertida, y hoy no podía dejar de sonreír.
Tras terminar el almuerzo, se dirigieron al siguiente punto del plan: un parque temático a tres minutos a pie. Pil-seung quería pasar el rato en las atracciones para hacer tiempo y bajar la comida.
A diferencia de Woo-yoon, que había ido un par de veces de excursión cuando vivía en el centro de acogida, para Pil-seung era la primera vez que entraba a un parque de diversiones. En su época de mendigo solía vender drogas cerca del parque de Jamsil, mucho más grande que este de Wolmido, pero nunca había cruzado la entrada donde la música se mezcla con los gritos.
Con toda su atención puesta en la inminente propuesta, Pil-seung se dejó guiar por Woo-yoon casi en trance, recuperando el juicio solo frente a un puesto de tiro.
Apoyó el rifle de juguete en su hombro y mejilla, apuntó con cuidado, pero no logró derribar las cinco latas en fila, así que se quedó sin premio. Sin embargo, en el juego de tiro de cuchillos, demostró su verdadera habilidad y no solo obtuvo el "primer puesto", sino el "premio especial".
Por primera vez, el color volvió al rostro pálido de Pil-seung, quien alardeó diciendo que un gánster coreano siempre es mejor con el cuchillo que con la pistola. Pero su expresión se ensombreció de nuevo al ver el premio: un peluche de la mascota oficial de la ciudad de Incheon.
—¡Joder, ese estafador llama a esto un premio especial…!
—…
A Woo-yoon le preocupaba que Pil-seung no hubiera comido nada y que anduviera con esa cara de pocos amigos. Pensó que el ambiente mejoraría con el premio, pero parecía que no. Hoy era el día que firmaron los papeles, ¿por qué Baek Pil-seung estaba tan irritable?
Sintiéndose un poco desanimado al pensar que solo él se estaba divirtiendo, Woo-yoon intentó cambiar de tema señalando una jaula de bateo de béisbol.
—¿Eres bueno en el béisbol?
—No sé, nunca le he pegado a una pelota con un bate. Solo a personas.
—Ah… Solo a personas…
Woo-yoon apretó el peluche del premio con sus manos. Torturó el ojo del muñeco con el pulgar hasta que escuchó unos gritos cercanos y levantó la vista. El "Vikingo", iluminado con luces de colores al caer la noche, subía hacia el cielo antes de desaparecer.
—Pil-seung, subamos a ese.
—Ve haciendo cola. Me fumo un cigarro y voy enseguida.
—Sí…
Pil-seung sacó el móvil y el tabaco del bolsillo interior de su chaqueta y caminó pesadamente hacia la zona de fumadores. En la pantalla se acumulaban los mensajes de los muchachos de la oficina que no había podido revisar frente a Woo-yoon.
—Mierda.
Con el cigarrillo entre los labios y la mirada fija en el móvil, Pil-seung soltó una maldición. Por mucho que los hubiera instruido de antemano, las fotos del "control intermedio" que le enviaban eran un auténtico desastre. Los nervios más intensos de su vida le quemaban las entrañas. Mordisqueó con fuerza el filtro del cigarro entre los dientes.
El tiempo se agotaba y ya solo quedaba dejarlo en manos del cielo. Jugueteó con el anillo de la iglesia que llevaba en el dedo meñique.
Écheme una mano, por favor.
Él no importaba, pero Nam Woo-yoon era una buena persona y merecía una recompensa. ¿Acaso no es un mundo donde los buenos son felices lo que desea el de arriba? Tras encender el cigarrillo, Pil-seung se rascó el entrecejo con la mano que sostenía el encendedor.
¿No irá a anular el acta de matrimonio porque la propuesta sea un fracaso, verdad? Aunque Nam Woo-yoon haga el berrinche de su vida pidiendo anularlo, no lo voy a dejar.
Inquieto por la falta de confianza en sus subordinados, Pil-seung se sentó en un banco de la zona de fumadores y encadenó dos cigarrillos seguidos, aspirando con fuerza. Estaba a punto de encender el tercero cuando vio un mensaje de Woo-yoon pidiéndole que volviera rápido, y solo entonces se levantó. Si subían a un par de atracciones más y luego se movían de lugar, el tiempo coincidiría con la hora acordada. Miró la hora en el móvil, respiró hondo y volvió a palpar el estuche del anillo en el bolsillo interior de su chaqueta.
Woo-yoon, que daba golpecitos en el suelo con la punta de su zapatilla, agitó la mano hacia Pil-seung en cuanto este apareció para su turno en la atracción. Por suerte, el semblante de Pil-seung se veía mucho mejor que cuando se fue a fumar.
Sentado con Pil-seung en la parte trasera del "Vikingo", Woo-yoon sujetó con fuerza su mano grande.
—En realidad, es la primera vez que subo al Vikingo. Antes me daba miedo y no me atrevía.
—Mocoso, ya estás poniendo excusas. No intentes abrazarme aprovechando que finges tener miedo, ¿eh?
Baek Pil-seung soltó una risita burlona mientras se cubría el pecho con ambos brazos, diciendo que no pensaba abrazarlo bajo ningún concepto. Aunque la intención de burlarse era evidente, Woo-yoon solo le dedicó una sonrisa radiante al ver que el humor de Pil-seung había mejorado.
Mientras Woo-yoon forcejeaba intentando abrir los brazos de Pil-seung, que se mantenían rígidos, la barra de seguridad bajó sobre sus rodillas. Woo-yoon miró con desconfianza la barra, que no parecía sujetar mucho, y en cuanto el Vikingo empezó a moverse tras el anuncio por megafonía, se lanzó directo a los brazos de Pil-seung. El hombre, que hace un momento decía que no lo abrazaría, soltó una carcajada y lo rodeó con un brazo sin rechistar.
Durante los dos minutos que duró el viaje, Woo-yoon no se movió ni un milímetro con la cara hundida en la axila de Pil-seung. Solo cuando la atracción se detuvo por completo, su cuerpo recuperó la movilidad. Pil-seung le tomó la cara que se veía algo aturdida con el flequillo alborotado entre sus manos y, no pudiendo contener la ternura, le dio un beso sonoro.
Incluso después de bajar, Pil-seung intentó animar a un Woo-yoon todavía algo ido contándole anécdotas de su infancia, como cuando saltó desde un tercer piso para huir de la policía. Sus historias sobre "caídas libres" continuaron en la noria; sin embargo, cuando llegó al relato de la vez que casi salta de un puente sobre el río Han, Woo-yoon estalló en llanto de repente, obligando a Pil-seung a posponer sus otras cinco anécdotas para otra ocasión.
—Hic…mmm…
Abrazando el peluche que recibió de premio y con la frente apoyada en el cristal de la cabina de la noria, Woo-yoon sollozaba con desconsuelo. Pil-seung lo observaba sin entender absolutamente nada.
—¿Por qué lloras de repente?
—…
Woo-yoon mantuvo la boca cerrada, dejando caer gruesas lágrimas mientras observaba las luces de colores de las otras atracciones bajo ellos, mientras la noria subía lentamente hacia el punto más alto. Pil-seung se levantó encorvando su gran cuerpo, haciendo que la vieja y estrecha cabina se tambaleara. Sin poder estirar la espalda del todo, se sentó al lado de Woo-yoon y lo rodeó por la cintura.
—¿Qué pasa, eh?
Ante esa voz, que se había vuelto mucho más dulce, Woo-yoon finalmente se giró hacia él. Sus labios, curvados hacia abajo, murmuraron entre sollozos:
—Tú… aah… ¿te arrepientes…ahh, de haber firmado…de haber firmado el acta conmigo?
—¿Eh?
La pregunta era tan absurda que Pil-seung soltó un sonido de estupefacción. Limpió con su pulgar el rastro brillante bajo la nariz de Woo-yoon y parpadeó confundido con el ceño fruncido. Ni siquiera se le ocurrió preguntar a qué se refería con lo de arrepentirse.
Sorbiendo por la nariz, Woo-yoon dijo entre lágrimas:
—Leí en un libro que es cuando más se arrepiente la gente, justo antes de casarse. Pensé que quizás tú, ahora que vamos a ser esposos legalmente, te habías arrepentido…
Pil-seung suspiró pesadamente y se frotó los ojos con sus manos de venas marcadas.
—Haa…. ¿Y por qué pensó eso el señorito?
—Porque has estado…todo el tiempo sin prestar atención.
—Ah… Eso es un poco injusto, ¿no crees?
Pil-seung ladeó la cabeza y fue cerrando sus dedos uno a uno mientras enumeraba su defensa:
—Te saqué fotos, comí esos langostinos que no quería solo porque tú me lo pediste. Joder, hasta te gané ese peluche de mierda del estafador aquel… ¿Y dices que no te presté atención? Qué injusto.
—Es que tu cara…uuh…no era buena…
—...
Pil-seung bajó la mirada hacia sus dedos cerrados y luego dejó caer la mano. Se pegó aún más a Woo-yoon, que estaba arrinconado contra la pared de la cabina. La noria soltó un chirrido al inclinarse hacia un lado por el peso de ambos.
—¿Ya olvidaste cuánto tiempo estuve persiguiéndote porque quería vivir contigo?
Pil-seung apoyó la barbilla sobre la cabeza de Woo-yoon y estrechó su pequeño cuerpo.
—No es nada de eso que llamas arrepentimiento, pero lamento haberte hecho sentir mal. Joder, es que hoy estoy fuera de mí.
—¡Por eso! ¡¿Por qué…aah, por qué estás fuera de ti?!
—...
Pil-seung aflojó el agarre de sus brazos, bajó la cabeza y miró profundamente esos ojos enrojecidos. Sus pestañas mojadas por las lágrimas se agrupaban pegándose a la piel, dándole un aire extrañamente sensual. Besó repetidamente sus párpados húmedos y luego acarició suavemente el borde de sus ojos con la punta de la lengua. Pudo sentir la textura de sus largas pestañas directamente en su lengua.
—Por qué ha sido…lo sabrás pronto.
Susurró con voz baja antes de buscar sus labios. Se adentró en su boca entreabierta y llena de llanto para enredar sus lenguas. Apoyó una mano en el cristal contra el que descansaba la nuca de Woo-yoon e introdujo su lengua profundamente con un movimiento denso y pausado. Desde afuera, el sonido de la música de las atracciones llegaba como un eco lejano.
Por estar tan obsesionado con la propuesta, no había atendido a lo más importante: Nam Woo-yoon. Se sintió culpable y apenado al pensar en cómo Woo-yoon debió de haber estado pendiente de su humor. Era un marido desastroso; hacerlo llorar justo el primer día de su matrimonio legal.
Incluso en medio del beso, Woo-yoon hipó un par de veces más, inhalando bocanadas cortas de aire mientras sus hombros se sacudían. No entendía por qué, de repente, Pil-seung lo besaba con tanta intensidad, pero al menos se sentía aliviado de que el problema no fuera lo que él temía. Había sido solo un pensamiento fugaz mientras Pil-seung iba a fumar, pero la idea de ser abandonado por segunda vez por su familia era demasiado dolorosa. Woo-yoon rodeó el cuello de Pil-seung con sus brazos y succionó su lengua con fervor.
Quiero ser la familia de Baek Pil-seung por mucho, mucho tiempo. Hasta que la muerte nos separe.
Woo-yoon bajó de la noria con los ojos y los labios visiblemente hinchados. Pil-seung salió del parque temático, cuyas luces se difuminaban en la distancia, y caminó por las calles nocturnas abrazando a Woo-yoon por los hombros. Aunque sus pasos eran algo pesados, no retiró el brazo que protegía al chico.
Desde el muelle del crucero, se alcanzaba a ver la noria en la que habían estado hace un momento. Pil-seung guió a un confundido Woo-yoon al interior del barco y lo llevó hasta la cubierta de observación del tercer piso. Al llegar a la terraza, equipada con un pequeño escenario y equipo de sonido para fiestas a bordo, Woo-yoon se sentó en una mesa para disfrutar de la brisa marina y las vistas nocturnas.
El crucero zarpó del muelle y comenzó a surcar las aguas frente a Yeongjongdo. Woo-yoon contemplaba en silencio el mar negro azabache y las luces lejanas de la costa, hasta que la llegada de un camarero con filetes y vino lo hizo volver en sí y llamar a Pil-seung.
—Pero, Pil-seung…
Su voz, tan baja que casi se perdía en el viento marino, no llegó a oídos de Pil-seung, sentado enfrente. Finalmente, Woo-yoon estiró el brazo y dio unos golpecitos en la mano de Pil-seung apoyada sobre la mesa. Cuando el hombre arqueó una ceja preguntándole qué quería, Woo-yoon alzó un poco la voz.
—¿Por qué no hay nadie más que nosotros en el barco?
—Ah…eso parece.
Maldita sea, pedazo de idiotas… Deberían haber dejado subir a un par de pasajeros para que pareciera natural…
Parece que, tras pedirles un ambiente tranquilo, sus subordinados decidieron comprar todos los boletos del turno de noche. Pil-seung se presionó las sienes con una mano ante el repentino dolor de cabeza, pero al recordar a Woo-yoon llorando en la noria, forzó una sonrisa triunfante.
—Primero comamos. ¿Tienes hambre?
Tomó el plato de Woo-yoon y empezó a cortarle el filete. Observando las manos de Pil-seung manejando el cuchillo con destreza, Woo-yoon dijo con timidez:
—Gracias por invitarme a los langostinos por lo del acta, y por traerme a un lugar como este. Yo no he preparado nada… ¿qué hago?
Pil-seung lo miró de reojo mientras Woo-yoon se rascaba la nuca riendo con torpeza, y le devolvió el plato ya cortado.
—Luego en casa, muéstrame cómo te tocas tú solo ahí abajo.
—…
Woo-yoon, que estaba a punto de llevarse un trozo de carne a la boca, se detuvo y lo miró con los ojos fríos como el hielo. Pil-seung se pasó la mano por el pelo y soltó una carcajada ronca.
—No espero nada de ti, joder. Solo quiero que vivas a mi lado mucho tiempo. Mierda, esa es mi felicidad.
—¿Qué dices…?
Woo-yoon murmuró quejumbroso por la vergüenza, pero en su interior estaba profundamente conmovido.
Mi sueño también es vivir con Baek Pil-seung como su familia durante mucho tiempo.
Masticó la carne tierna y, pinchando el trozo más grande con el tenedor, se lo ofreció a Pil-seung. Esta vez, a diferencia de los langostinos, el hombre aceptó la comida sin rechistar. Feliz, Woo-yoon le dedicó una sonrisa radiante mientras cruzaban miradas.
Woo-yoon saboreó el vino que Pil-seung le había servido con generosidad medida. Justo cuando terminaba su copa, el crucero se detuvo repentinamente en medio del mar nocturno. Woo-yoon abrió mucho los ojos buscando una explicación, cuando de pronto, rostros familiares empezaron a aparecer uno tras otro en lo que él creía que era un barco vacío. Subiendo en fila por las escaleras que conectaban con el segundo piso, aparecieron los hombres de la oficina de Baek Pil-seung.
Antes de que Woo-yoon pudiera siquiera saludar a Gi-dong y Chul-hee con la mirada, Pil-seung se levantó de su silla y subió al escenario donde estaba el equipo de sonido.
Gi-dong corrió velozmente para entregarle un micrófono. Pil-seung lo sujetó con una mano y, desafiando la brisa marina, le dedicó una sonrisa a Woo-yoon. El chico se quedó con la boca abierta, embelesado por esa expresión cálida y atractiva dirigida exclusivamente a él.
Tras observarlo con ternura durante unos instantes, sumido en la emoción del momento, Pil-seung separó sus labios para hablar.
—Nam Woo-yoon, yoon, yoon, yoon. ¡Mierda, erda, erda, erda! ¡¿Qué le pasa al micrófono, ono, ono, ono?!
Desconcertado por el eco inesperado, Pil-seung empezó a golpear el micrófono con la palma de la mano. Los muchachos de la oficina, que rodeaban la terraza esperando la conmovedora propuesta de su jefe, empezaron a murmurar intentando encontrar la falla.
—¡Me cago en todo!
Finalmente, tras soltar un insulto brusco, Pil-seung lanzó el micrófono a un lado y gritó a pleno pulmón:
—¡Yo! ¡Me gustaste desde la primera vez que te vi! ¡Y entiendo que para ti no debió de ser fácil!
—…
—¡Te agradezco infinitamente que hayas tomado esta difícil decisión!
—……
—¡Para que no te avergüences de vivir con un gánster! ¡Para que no te arrepientas! ¡Joder, juro que lo haré malditamente bien!
—…
—¡Vivamos de puta madre los dos juntos! ¡Te amo!
—…
—¡Woo-yoon-ah! ¡Cásate conmigo!
Con una mano en la cintura y tras gritar la última frase, los hombres de la oficina estallaron en aplausos y vítores. Chul-hee y otros hombres subieron al escenario desplegando una pancarta que mantenían oculta tras sus espaldas. Woo-yoon no podía cerrar la boca; se quedó mirando fijamente el cartel que se extendía tras Pil-seung.
[¡Deseamos una vida larga y feliz a la pareja Baek Pil-seung ♡ Nam Woo-yoon! - De parte de todos en la oficina de Baek Pil-seung -]
Pil-seung apartó de una patada el micrófono que estorbaba en el suelo, bajó del escenario y caminó con paso firme hacia Woo-yoon. Se detuvo frente a él y, sin dudarlo, hincó una rodilla en el suelo.
Le quitó el tenedor que Woo-yoon aún sostenía, lo dejó sobre la mesa y tomó su mano blanca entre las suyas. Miró fijamente hacia arriba, encontrándose con el rostro estupefacto de Woo-yoon.
—Nam Woo-yoon.
—…
—Te amo.
En el instante en que susurró esa confesión profunda, un estallido de fuegos artificiales decoró el cielo nocturno. La boca de Woo-yoon se abrió aún más mientras contemplaba las luces de colores que bordaban la oscuridad. Al verlo tan absorto en el espectáculo, al punto de que no se habría enterado si le metieran varios dedos en la boca, Pil-seung recordó el trato que hizo para esta propuesta: prometió ceder a los responsables un porcentaje de las ganancias de los productos de contrabando que salían del puerto de Incheon. Viendo la reacción de Woo-yoon, no le dolió en absoluto.
Mientras Woo-yoon admiraba las explosiones brillantes, Pil-seung metió la mano en el bolsillo interior de su chaqueta para el gran final.
—…
Palpó con desesperación, pero lo único que encontró fue su móvil y el paquete de tabaco. El estuche del anillo no estaba por ninguna parte. Un sudor frío le recorrió la espalda y la nuca al instante.
Mier…da…
¿Dónde se había perdido? ¿En el maldito Vikingo? ¿En la noria?
Pil-seung mantuvo la mano hundida en el bolsillo mientras sus ojos se movían frenéticamente de un lado a otro. Sus hombres, ajenos a la tragedia, miraban de reojo a su jefe, que permanecía inmóvil como una estatua a pesar de que el momento de sacar el anillo ya había pasado. Gi-dong, falto de tacto, incluso susurró: "¡Jefe!"
Finalmente, el último cohete subió al cielo trazando una estela larga antes de estallar. Woo-yoon cerró la boca y sonrió tímidamente al ver el destello rosa en forma de corazón que se formó entre las chispas.
Incluso cuando el cielo volvió a la calma, Woo-yoon no pudo apartar la vista durante un buen rato mientras se acariciaba el pecho. Sentía que el corazón le iba a estallar con cada explosión. Aunque ya habían decidido casarse, se sentía inmensamente agradecido por el despliegue de Pil-seung, aunque fuera un poco exagerado. Comparado con eso, él no tenía ningún regalo preparado, por lo que empezó a considerar seriamente si, al volver a casa, debería mostrarle esa "cosa extraña" que Pil-seung le había pedido.
Woo-yoon se giró hacia Pil-seung con una mirada mezcla de emoción y preocupación. Pensaba darle las gracias primero, pero al ver a Pil-seung pálido y rígido mientras aún sostenía su mano, la preocupación ganó la partida.
—Pil-seung… ¿También te mareas en los barcos?
—Es…que…
Pil-seung fue incapaz de continuar. Solo bajó la mirada hacia la mano de Woo-yoon que aún sujetaba para ponerle el anillo. Jugueteó con el dedo anular del chico.
Tenía que ser el anillo, joder...
Pil-seung, incapaz de levantar la vista frente a Woo-yoon, habló con los ojos fijos en el suelo:
—¡Oye, Gi-dong!
Su voz bronca retumbó en la cubierta silenciosa. Gi-dong, que sonreía satisfecho frente a la pancarta, corrió de inmediato al lado de Pil-seung.
—¿Me llamó?
—Ve a…ver si hay…objetos perdidos…
—¿Eh? Perdón, no lo escuché bien.
Pil-seung, apretando la mano de Woo-yoon, alzó la voz:
—¡Que vayas a revisar si hay algún objeto perdido reportado!
—Si se refiere a objetos perdidos…
La mirada de Gi-dong se desplazó lentamente hacia la mano de Woo-yoon. Al ver el dedo anular vacío, sus ojos se abrieron como platos. ¡El, el anillo…!
—¡Si ya lo entendiste, ve a averiguar ahora mismo, pedazo de animal!
—¡¿Ah, ahora?! ¡¿Ahora mismo?!
Gi-dong, sin saber qué hacer, hizo amago de lanzarse por la borda como si pensara volver nadando al parque temático. Woo-yoon, que observaba la escena, se levantó de un salto y logró sujetar a Gi-dong por la ropa justo a tiempo.
—¡Está bien, está bien! ¡No pasa nada!
Tras detener a Gi-dong, Woo-yoon se acercó a Pil-seung, que seguía con una rodilla hincada. Entonces, se arrodilló él también, quedando en la misma posición.
Tomó la mano de Pil-seung, áspera por los callos. Sosteniendo entre las suyas esa mano tosca de venas marcadas, Woo-yoon sonrió y retiró con cuidado el grueso anillo de oro que brillaba en el dedo meñique de Pil-seung.
—Yo…quiero este…
El anillo de la iglesia con el que Pil-seung había pedido ayuda para hacer feliz a Nam Woo-yoon, entró lentamente en el cuarto dedo de este último.
Con el anillo de Pil-seung puesto, Woo-yoon dijo en voz baja:
—Puede ser este.
—…
—El día que viniste a decirme que buscarías a mi hermano…que me protegerías…
—…
—Fuiste como un dios para mí.
Esa mano que se estiró hacia él a través de la estrecha ventana del semisótano, mientras él yacía en el suelo entre la lluvia y la suciedad. Woo-yoon sonrió radiante al sujetar esa misma mano que lo sacó del lugar más bajo del mundo.
Un día, un gánster irrumpió en su vida como si fuera una desgracia. Y ese mismo día, el gánster frente a sus ojos se convirtió en su única salvación. Woo-yoon no necesitaba nada más.
Miró a Pil-seung a los ojos en silencio y luego inclinó la cabeza para besarlo. Pil-seung, observándolo con una mirada ligeramente temblorosa, cerró los ojos. Sus labios se encontraron suavemente, buscándose el uno al otro.
Ante la intensidad del beso, los hombres de la oficina se dieron la vuelta discretamente. Gi-dong también dio la espalda y miró hacia el cielo. Aunque ya no había música elegante ni fuegos artificiales, ese cielo negro azabache era el más hermoso que Gi-dong había visto en su vida.
El anillo de compromiso que Pil-seung había preparado apareció en el centro de objetos perdidos. El empleado del parque informó que lo encontraron en la salida del Vikingo. Probablemente se le cayó cuando se agachó para ofrecerle su espalda a Woo-yoon, bromeando con cargarlo tras bajar de la atracción.
Aunque Woo-yoon dijo que no necesitaba el anillo, durante el camino de regreso a casa no dejó de mirar su dedo anular mientras tarareaba. Era una melodía extraña, sin letra, inventada por él en el momento.
Cuando Pil-seung soltó una risita mientras conducía, Woo-yoon empezó a parlotear sin que nadie le preguntara, diciendo que no era por el anillo, sino porque realmente sentía que se estaba casando. Pil-seung miró de reojo su propia mano izquierda, donde ahora lucía un anillo idéntico al de Woo-yoon, y empezó a tararear en voz baja siguiendo la melodía de su esposo.
***
El salón de bodas al aire libre de un hotel en Jangchung-dong estaba abarrotado de hombres vestidos con trajes negros. El director Kim Chun-se, luciendo un traje que el propio Pil-seung le había comprado, caminaba a paso apresurado devolviendo el saludo con la mano a los hombres que se inclinaban ante él con respeto. A pesar de ser un gran día, no podía evitar fruncir el ceño a cada paso; no se ponía un traje desde hacía décadas y le resultaba de lo más incómodo.
—Vaya, vaya. Vinieron un montón de estos desgraciados gánsteres.
Su mirada recorrió el pasillo central, decorado con flores blancas puras que contrastaban extrañamente con las hileras de tipos rudos sentados a ambos lados, y luego levantó la vista al cielo. El cielo de otoño, bajo un sol radiante, se veía hoy especialmente alto y azul.
—Qué buen día para irse.
Sonrió con ternura. Tras distraerse un momento con la belleza del día, retomó el camino hacia el altar situado al final del sendero de flores. Gi-dong, que revisaba el orden de la ceremonia con un micrófono en mano, lo saludó de inmediato. Aunque hoy en día la tendencia era prescindir del oficiante, Pil-seung insistió en que el director Kim debía oficiar la boda para mantener el decoro.
El director Kim sabía perfectamente que detrás de esa "formalidad" había otro sentimiento. Pil-seung quería que él, quien lo conoció cubierto de sangre cuando no era más que una bestia salvaje y estúpida, fuera testigo de cómo finalmente se convertía en un hombre de bien. No hacía falta decirlo con palabras.
Gi-dong, tras intercambiar unas palabras con el personal del hotel, anunció por el micrófono:
[—La ceremonia de unión de Baek Pil-seung y Nam Woo-yoon comenzará en breve. Se ruega a todos los invitados que tomen asiento.]
Ante la voz de Gi-dong, los gánsteres que deambulaban por el recinto empezaron a sentarse en estricto orden jerárquico. En el inicio del camino de flores, Pil-seung, de pie junto a Woo-yoon, soltó una risita al ver lo bien que Gi-dong manejaba la situación.
Pil-seung y Woo-yoon vestían trajes en tonos pastel a juego. Pil-seung revisó por última vez el boutonnière en el bolsillo de su chaqueta azul cielo, clara como el día, y le tendió la mano a Woo-yoon.
—Agárrate.
Woo-yoon, que movía sus ojos grandes de un lado a otro con la cabeza baja, entrelazó sus dedos con los de Pil-seung de inmediato. Tenía los hombros encogidos; estaba muerto de miedo.
—¿Estás nervioso?
Al oír el tono divertido de Pil-seung, Woo-yoon miró su propio traje de color lavanda suave y asintió vigorosamente.
—¿Y tú no?
—Yo no. Yo estoy que me muero de felicidad.
Pil-seung respondió con picardía, inclinándose para observar la reacción de Woo-yoon mientras soltaba una risita. Woo-yoon sabía que intentaba relajarlo, pero aun así le pareció un poco irritante que él estuviera tan tranquilo.
Si no fuera por...por eso, yo tampoco estaría tan nervioso…
Woo-yoon estuvo a punto de rascarse la cabeza por hábito, pero recordó la advertencia del estilista de no tocarse el peinado y retiró la mano con torpeza. En ese momento, unos dedos gruesos rozaron el adorno floral de su pecho.
—Deja de temblar y entremos.
Susurró Pil-seung, apretando con fuerza la mano entrelazada.
Un aroma suave a feromonas emanó de Pil-seung. Al oler la fragancia que su pareja liberaba para darle seguridad, Woo-yoon finalmente relajó la tensión de sus hombros. Una risa floja y espontánea escapó de sus labios.
[—Gracias por la espera. Tras el grito de inicio de Baek Pil-seung, les pedimos a los invitados que se unan con entusiasmo para recibir a los protagonistas de hoy. ¡Adelante, Baek Pil-seung!]
Pil-seung, atento a Gi-dong, sujetó la mano de Woo-yoon y, arqueando ligeramente la espalda, gritó con todas sus fuerzas:
—¡CIEN VECES!
Ante el potente grito de su jefe, los corpulentos hombres de la oficina se pusieron de pie al unísono y tronaron:
—¡LA VICTORIA ES NUESTRA!
Tras el lema de la oficina de Baek Pil-seung, estalló una ovación ensordecedora. Pil-seung y Woo-yoon, con las manos entrelazadas, empezaron a caminar lentamente por el sendero de flores bajo los vítores.
Pil-seung saludaba con una mano a sus hombres en agradecimiento por los aplausos. A los que se pasaban de la raya gritando demasiado fuerte, les lanzaba una mirada de advertencia mordiéndose el labio inferior y señalándolos con el dedo.
Al llegar frente al director Kim Chun-se, ambos escucharon un discurso lleno de sabiduría y bendiciones sinceras. A continuación, Park Chul-hee pasó al frente para leer unas palabras. Representando a los amigos de Woo-yoon, Chul-hee a pesar de su complejo con la voz se esforzó y sudó la gota gorda para terminar su lectura con éxito por su querido y pequeño amigo.
Mientras Woo-yoon le agradecía con la mirada, un grupo de hombres de la oficina que presumían de tener buena voz salieron al frente. Presentaron una canción que habían ensayado durante quince días seguidos para su jefe. Aunque era una balada difícil, la ejecución fue impecable; después de todo, Pil-seung les había "motivado" diciendo que si fallaban, tendrían que clavar la cabeza en el mar de Incheon.
Satisfecho con la armonía de sus subordinados, Pil-seung se inclinó hacia la oreja de Woo-yoon y susurró:
—Parece que estos vagos ensayaron de verdad.
Su voz sonaba de lo más natural, como si no hubiera estado él mismo supervisando los ensayos con un palo de golf en la mano. Normalmente, Woo-yoon se habría reído de la actuación de Pil-seung, pero estaba demasiado tenso para hacerlo.
Cuando los hombres de la oficina bajaron con sonrisas de alivio tras el éxito musical, Gi-dong le hizo una señal visual a Woo-yoon. Este tragó saliva y soltó la mano de Pil-seung. Ante la mirada desconcertada del hombre, Woo-yoon retrocedió un par de pasos y tomó el micrófono que los anteriores habían dejado en el suelo.
[—A continuación, el señor Nam Woo-yoon dedicará una serenata al señor Baek Pil-seung.]
Pil-seung, que jamás imaginó que Woo-yoon tramara algo a sus espaldas, se quedó de piedra hasta que empezó a sonar la melodía. Era aquella canción pop que él mismo había grabado una vez para regalársela a Woo-yoon. Así que por eso se escapaba últimamente con Park Chul-hee; mientras uno ensayaba el discurso, el otro practicaba la canción.
Apoyando el peso en una pierna, Pil-seung observó con una sonrisa imborrable a Woo-yoon, que cantaba cada estrofa con total seriedad. Al notar que Woo-yoon seguía su propio estilo de canto, seguramente por haber practicado con su grabación y no con la original, Pil-seung bajó la cabeza riendo con una mano en la cintura. Sus anchos hombros temblaban levemente por la risa, pero cuando se oyó a través del micrófono el sonido de Woo-yoon tragando saliva con fuerza por los nervios antes de una nota alta, Pil-seung terminó acuclillado en el suelo, estallando en carcajadas de pura felicidad.
Tras reírse un buen rato, observó a Woo-yoon, quien cerraba los ojos y cantaba con toda seriedad mientras se llevaba al pecho la mano izquierda, donde el anillo brillaba bajo el sol otoñal; entonces, Pil-seung recuperó la postura firme. Siguiendo a los subordinados de la oficina, que agitaban las manos sobre sus cabezas creando una ola en los asientos de los invitados, Pil-seung levantó los brazos y los balanceó lentamente de izquierda a derecha al ritmo de la melodía de Woo-yoon.
En cuanto terminó la canción nupcial más adorable del mundo, caminó hacia Woo-yoon con los brazos abiertos. Abrazó al chico, quien ahora lo miraba sonriente y con una expresión en la que finalmente se notaba que los nervios se habían disipado.
—Ah, estaba muy nervioso…
—Lo hiciste bien, muy bien.
Le susurró mientras le daba palmaditas en la espalda. Pil-seung, que balanceaba ligeramente el cuerpo mientras lo estrechaba, presionó sus labios repetidamente contra la coronilla de Woo-yoon. Ignorando a Woo-yoon, que estaba inquieto por si se le arruinaba el peinado, le tomó la barbilla, se inclinó y lo besó en los labios, que llevaban una fina capa de brillo labial.
Gi-dong, que revisaba el siguiente punto del programa, lanzó los papeles del guión por encima de su hombro en cuanto vio que sus labios se unían. Al beso de los protagonistas aún le faltaba mucho para llegar según el orden establecido, pero pensó que qué más daba. Los tipos de la oficina sentados entre los invitados se emocionaron ante el apasionado beso del jefe y su esposo, vitoreando y silbando. El director Kim Chun-se observó el lugar, convertido de pronto en un caos, se llevó una mano a la frente y rió.
Decidieron que el destino de su luna de miel sería la cercana isla de Jeju. Según Pil-seung, no podían ir al extranjero porque, en cuanto él intentaba salir del país, la policía aparecía en el aeropuerto. Woo-yoon lo entendió sin necesidad de explicaciones.
Recordando cómo en aquel valle donde fueron de vacaciones de verano la policía acudió tras recibir un aviso, mencionando que Pil-seung y sus subordinados estaban en una lista de vigilancia y ordenándoles informar de cada movimiento, parecía que acercarse a la zona de vuelos internacionales del aeropuerto sería una tarea casi imposible.
Debido a asuntos de la oficina, decidieron quedarse esa noche en el hotel donde se celebró la boda y partir hacia el aeropuerto temprano a la mañana siguiente. En cuanto subieron a la habitación reservada, se dirigieron directamente al baño.
Woo-yoon se desnudó y empezó a lavarse el pelo con energía, algo que le había preocupado durante todo el día. Pil-seung, que se desabrochaba los botones de la camisa mientras observaba con cara de incredulidad a Woo-yoon quien rascaba su pequeña cabeza con ambas manos hasta llenarla de espuma de champú con los ojos fuertemente cerrados, descolgó la alcachofa de la ducha de la pared. Entonces, apuntó desde lejos hacia la entrepierna de Woo-yoon y abrió el agua.
—¡Hra-at! ¡Aaah! ¡¿Qué haces?!
Al ver a Woo-yoon encogerse de hombros y protegerse la entrepierna sin poder abrir los ojos por la espuma, Pil-seung soltó una risita y se lamió los labios al ver el pene, que ya se había erecto bajo el chorro de agua.
—Como tú solo te lavas el puto pelo, pensé que yo debería lavarte la polla.
—Oye…no hagas eso. Se siente raro…
Pil-seung recorrió lentamente con la mirada a Woo-yoon de pies a cabeza mientras este, con los ojos cerrados, se cubría el pubis con las manos llenas de espuma; luego se acercó con la ducha. Colgó la alcachofa de nuevo en la pared tras cerrar el agua y tomó a Woo-yoon de la barbilla para obligarlo a mirarlo. Observó en silencio cómo sus párpados temblaban sin poder abrirse por el champú y lo besó. Lamió sus labios salpicados de agua.
—Mmmf…no bromees… Hng, quiero enjuagarme el pelo.
—Es nuestra noche de bodas, ¿y te desnudas tú solo sin ningún tipo de ambiente?
—Si nos bañamos…juntos todos los días, ¿qué tiene esto de…noche de bodas…?
Murmuró Woo-yoon con los ojos entrecerrados. Noche de bodas; la palabra creaba una atmósfera extrañamente sensual.
—¿Cómo que qué tiene de noche de bodas? Esposito, joder, esas palabras me duelen.
En su estado de ceguera temporal, la voz de Pil-seung resonando bajito en su oído se sentía más erótica de lo normal. Woo-yoon, soltando un sonido extraño sin querer, tanteó el aire buscando la ducha. Pil-seung, observándolo, deslizó su mano llena de espuma sobre uno de sus pezones claros y le dio un beso sonoro en la mejilla a un Woo-yoon que se estremecía.
—Woo-yoon, me duele la polla. Tócame.
—Pero si ahora…no veo nada…
Pil-seung, que mordisqueaba la mejilla suave con sus dientes, le dio un capirote en la frente cubierta de espuma.
—Ay…
—Tócame por instinto. Nos bañamos juntos todos los días, ya sabes dónde cuelga.
Pil-seung le devolvió sus propias palabras, soltó un suspiro y le enjuagó el pelo él mismo con la ducha. Aunque ya llevaban un tiempo casados legalmente, esta era la primera noche después de declararse marido y mujer ante tanta gente; le pareció tan absurdo que Woo-yoon se lavara el pelo como un señor en una casa de baños pública que quiso tomarle el pelo. Pero al verlo temblar sin poder abrir los ojos por el champú, decidió dejar las burlas y solo quiso poseerlo cuanto antes. Tendría que enseñarle bien en la cama lo que significaba el "ambiente" de una noche de bodas.
…Esa era la intención, pero no llegaron a la cama. Tras salir del baño besándose, con los cuerpos apenas enjuagados y sin haberse secado el agua, Pil-seung y Woo-yoon se enredaron el uno con el otro antes de alcanzar el colchón.
Sin haber podido secar su pelo, que aún goteaba, Woo-yoon apoyó una pierna en el tocador del vestidor y recibió a Pil-seung por detrás. Debido a que Pil-seung le había señalado lo de la "noche de bodas", Woo-yoon también se excitó y no pensó en detener a un Pil-seung que lo embestía con fuerza. Pensó que realmente se había convertido en un pervertido, pero por otro lado, sintió que encajaba bastante bien con Baek Pil-seung, lo cual era un alivio.
***
—Nam Woo-yoon, despierta.
—…
—Oye.
—…
—Vamos a tomar el avión. Se nos hace tarde.
Woo-yoon, que dormía sin moverse como si estuviera inconsciente, abrió los ojos de par en par. Frotándose los párpados hinchados por las secuelas de haber estado con Pil-seung en cada rincón de la habitación anoche, se incorporó a toda prisa y miró a su lado. Pil-seung, apoyado en el cabecero de la cama con un cigarrillo sin encender entre los labios, se reía de él. Al ver su torso musculoso al descubierto, Woo-yoon se dio cuenta de que simplemente lo había despertado temprano por puro gusto.
Tras pasarse la mano por el pelo alborotado con una carcajada ronca, Pil-seung rodeó el cuello de un Woo-yoon que lo miraba con cara de pocos amigos y lo atrajo hacia su pecho. Acarició con una mano la mejilla y la mandíbula de Woo-yoon, que se dejó caer dócilmente sobre él, se quitó el cigarrillo de la boca e inclinó la cabeza para darle un beso sonoro en la frente. Iba a incorporarse, pero volvió a bajar para besarlo repetidamente una y otra vez.
—Cosita linda. Joder, estás para comerte.
La lluvia de besos cayó sin orden por sus mejillas y el contorno de sus ojos. Pil-seung apretó entre sus manos ese rostro pequeño que cerraba los ojos con fuerza. También besó sus labios, que sobresalían de forma graciosa por la presión en sus mejillas.
—Oye, cuando subas al avión luego, quítate los zapatos.
Ante el comentario de Pil-seung, Woo-yoon abrió sus ojos hinchados con una mirada afilada. No era que fuera a caer en una broma tan absurda, pero le indignaba que Pil-seung lo subestimara. Además, era una broma que ya le habían hecho todos en la oficina durante la última semana: que si debía quitarse los zapatos, que si debía llevar el pasaporte para un vuelo nacional, que si pasaban lista antes del despegue… Al principio dudó, pero ahora tenía la seguridad de que no caería en ninguna broma.
—¿Crees que soy tonto?
—¡Jajajaja!
Pil-seung estalló en una carcajada que hizo vibrar la cicatriz de su garganta, abrazó a Woo-yoon y ambos se ocultaron bajo las mantas. Estrechó el cuerpo que forcejeaba y le dio unas palmaditas suaves en el trasero. No podía evitarlo; verlo mirarlo con arrogancia con esos ojos tontos y caídos era tan tierno que tenía que tocarlo.
Woo-yoon, que recibió los azotes por sorpresa, asomó la cabeza por fuera de la manta con los ojos muy abiertos por el desconcierto, pero pronto cambió su expresión y soltó una carcajada ante las caricias y mordiscos juguetones de Pil-seung en su pecho y costados.
—¡Para! Jeje, ¡me da cosquillas!
La cabeza de Woo-yoon, que reía sin parar, fue arrastrada de nuevo hacia el interior de las mantas. El edredón que los cubría se agitó juguetonamente durante un rato antes de quedarse en calma.
—Ah…Pil-seung…ah…aaah…
—Haa, mierda…
Las voces anhelantes que se filtraban desde el interior de la manta ahora tranquila llenaron el dormitorio. El edredón, que se movía lenta y rítmicamente siguiendo la silueta de los dos cuerpos superpuestos, se deslizó dejando al descubierto la nuca de Pil-seung. Él inclinó su cabeza despeinada para besar a Woo-yoon y tiró de la manta hacia arriba para cubrirse de nuevo. El aroma de las feromonas de ambos, atrapado bajo las sábanas, se mezcló con intensidad.
Raw: Ruth Meira.
Traducción: Ruth Meira.
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