Un día del gángster 12

12


La sala de urgencias del Centro Médico Chun-se era un caos absoluto, repleto de Alfas que gemían de dolor. Hombres heridos entraban sin cesar, cargando a hombros a compañeros en estados aún más críticos. El director Kim Chun-se corría de un lado a otro de la consulta sin tiempo siquiera para subirse las gafas que se le resbalaban por la nariz. Las pocas enfermeras del centro acudieron en masa tras la llamada del director, pero no daban abasto con la oleada de pacientes. En cuanto terminaba de suturar a uno entre sudores fríos y se daba la vuelta, otro aparecía gritando mientras se presionaba el abdomen donde aún tenía clavada una navaja.


A los que estaban tan graves que el centro no podía tratarlos, los enviaban al hospital universitario cercano. Los hospitales universitarios solían ser reacios a recibir a exconvictos Alfas de identidad dudosa, pero los mandaban de todos modos. Kim Chun-se sabía bien, como profesional de la salud, que por mucho que el hospital hablara de normas, políticas o castigos, no podían cerrar la puerta ante un paciente que se desangraba perdiendo el conocimiento.


Las curas de urgencia de los hombres de la oficina de Baek Pil-seung, que habían llegado en manada tras una pelea callejera nocturna, terminaron cerca de las cinco de la mañana. Los que yacían en los pasillos quejándose por falta de camas ya se habían marchado, dejando tras de sí un rastro de gasas usadas para detener hemorragias y frascos vacíos de suero.


El director Kim Chun-se observó el desastre en el que se había convertido su consulta y se desplomó en una silla, exhausto. Soltó un largo suspiro, "fiuuu", y solo entonces se subió las gafas hasta el puente de la nariz mientras miraba hacia un lado.


—¿Tú estás bien?


Pil-seung mantuvo la boca cerrada, como si la pregunta no mereciera respuesta, y se limitó a arreglarse las mangas de la camisa que se había remangado hasta los antebrazos para ayudar al director.


—¿Estás seguro de que no tienes nada roto o alguna puñalada?


—Vaya por Dios... ¿Es que a sus ojos todavía parezco aquel mocoso que andaba arrastrándose por las calles?


¿Quién en su sano juicio, por muy bueno que fuera con los puños, se atrevería a clavarle una navaja a Baek Pil-seung? Antes de que pudieran siquiera lanzar el tajo, él ya les habría molido los huesos.


Frunciendo el ceño y jugueteando con una mancha de sangre en la parte delantera de su camisa, Pil-seung habló con cautela.


—Aquel examen de feromonas que me hice…hace unos años.


Los ojos del director se abrieron de par en par. Pil-seung nunca era el primero en sacar temas como el género o las feromonas. Aquel examen de hace dos años se realizó a duras penas, tras mucha insistencia y amenazas del director. Como no lograba convencerlo con la advertencia de que moriría repentinamente si seguía tomando esos medicamentos fabricados a su antojo, tuvo que amenazarlo con cerrar el centro médico. Sabiendo que ese pequeño lugar era vital para los portadores de rasgos que tenían difícil el acceso a servicios médicos, ni siquiera el testarudo Baek Pil-seung pudo negarse.


Al director le pareció tan extraño que Pil-seung mencionara las feromonas por voluntad propia que se quedó mirándolo fijamente, esperando a ver qué diría después.


—Aquel nivel de feromonas… ya sabe, el que salió bajo. ¿No hay forma de mantener ese nivel y a la vez poder oler las feromonas de los demás...?


—¿Pero qué tontería estás diciendo?


—No, o sea, que mis feromonas no salgan pero yo pueda oler las de otros…, ¡ash! Olvídelo. Haga como que no ha oído nada.


Mientras Pil-seung se sacudía la ropa con fastidio y se ponía la chaqueta, el director lo miró desde abajo con el ceño fruncido y sentenció:


—Hablemos claro. Tú no es que tuvieras un nivel bajo de secreción por atiborrarte a esas pastillas raras, es que directamente salió indetectable.


—Sí, sí.


Pil-seung respondió con desgana, queriendo evitar un sermón largo, pero el director continuó hasta el final.


—¿Sabes qué significa no secretar feromonas? Significa que, aunque naciste Alfa y conservas ese carácter de mierda y ese físico absurdamente grande, tu capacidad de comunicación a través de las feromonas es nula. ¿Un tipo cuyo sistema de señales está totalmente inoperativo quiere leer las feromonas ajenas? Por favor.


—Haaa, solo era un comentario.


—En lugar de pensar en leer las de otros, deberías pensar en tu propio cuerpo. Deberías preocuparte por tu capacidad reproductiva como Alfa, que al igual que tus niveles de secreción, se ha vuelto cer...


—¡Joder, viejo, se ha vuelto loco de remate…!


—Si preguntas por él, cállate y escucha.


El director interrumpió a Pil-seung, quien mostraba un rechazo absoluto.


—Gi-dong me contó que vas a vivir con él.


—...


Pil-seung, que parecía estar a punto de salir disparado del centro médico, tensó la expresión y guardó silencio. El director desvió la mirada de Pil-seung hacia el frente y dijo en voz baja:


—A menos que dejes las pastillas por completo y aceptes vivir reconociendo que eres un Alfa, ni se te ocurra hacer estupideces.


—...


—No puedes negar tu género habitualmente y querer vivir como un Alfa solo cuando te conviene disfrutar.


—Joder, que no lo hago. ¿Quién haría tal cosa?


El rostro de Pil-seung se contrajo con ferocidad. Tal como decía el director, él sabía que era una tontería estúpida, pero mientras abrazaba a Woo-yoon, había deseado poder sentir su aroma y por eso tuvo esos pensamientos.


¿No habría forma de sentir a Nam Woo-yoon sin dejar de ocultar que soy un Alfa?


Frunció el ceño al máximo para no ser descubierto en su momento de debilidad mental, pero el director pareció leerle el alma y siguió reprendiéndolo.


—Ya sea que sigas negando tu esencia como hasta ahora, o que decidas volver a la vida de un Alfa, el motivo de esa gran decisión debes ser tú mismo.


—...


"Porque me gusta él", "por su bien"… todo eso son excusas. Si no eres honesto contigo mismo, estarás pecando contra él también. Para hacerte responsable de algo, primero debes estar tú bien firme.


—Por una palabra mal dicha, qué largo se le hace el discurso. Qué aburrimiento...


Tras darse la vuelta, Pil-seung se detuvo un momento antes de salir del centro médico y dijo:


—Me costó mucho cuidar de los chicos hoy. El dinero de la consulta lo traeré en efectivo a la oficina por la tarde. Y una cosa más.


—...


—No voy a volver a ser un Alfa, así que no se preocupe.


Tras salir del centro médico, Pil-seung se dirigió a grandes zancadas hacia su coche estacionado en la calle. En cuanto subió al asiento del conductor, cerró la puerta con tanta fuerza que la carrocería se sacudió. En lugar de arrancar, cerró los ojos y golpeó suavemente la parte posterior de su cabeza contra el reposacabezas una y otra vez.


‘—Para hacerte responsable de algo, primero debes estar tú bien firme.’


—...


Apretó con más fuerza sus labios sellados. Tras soltar un suspiro nasal tan profundo que su pecho robusto se hundió, Pil-seung abrió los ojos de par en par. Mientras se abrochaba el cinturón, comprobó el reloj digital en la pantalla del tablero. A esta hora, ¿seguirá durmiendo?


—Nam Woo-yoon… Nam Woo-yoon… Nam Woo-yoon...


Como si se hubiera convertido en un hábito, murmuró el nombre de Woo-yoon en voz baja mientras giraba el volante.


Subió las escaleras y se detuvo ante la puerta cerrada de la entrada. Cubriendo con una mano las manchas de sangre que quedaban en la parte delantera de su camisa, pulsó la contraseña de la cerradura electrónica.


Dada la hora, dio por hecho que estaría durmiendo y lo primero que hizo fue revisar la gran cama de la sala. Sin embargo, Woo-yoon no estaba allí. Los zapatos en la entrada estaban en su lugar, pero el dueño de las zapatillas de talla pequeña no aparecía por ninguna parte.


Tras echar un vistazo rápido a la sala vacía, Pil-seung se puso de rodillas y miró debajo de la cama y de la mesa baja. Por muy pequeño que fuera Nam Woo-yoon, no eran espacios donde pudiera esconderse.


—Nam Woo-yoon.


La voz de Pil-seung al llamarlo cobró fuerza. La ansiedad empezó a subirle ligeramente. Tras revisar el baño con la luz apagada, Pil-seung abrió de par en par la puerta de la habitación restante.


—Nam Woo...


Woo-yoon estaba profundamente dormido, acurrucado debajo del perchero donde colgaban las camisas y chaquetas de Pil-seung. Lo que abrazaba contra su pecho era, precisamente, la almohada de Pil-seung.


Entró en el vestidor con pasos silenciosos para no despertarlo y acostó su enorme cuerpo frente al rostro dormido.


—...


Se quedó mirando en silencio aquel rostro que apenas dejaba ver sus ojos cerrados con calma, debido a que tenía la nariz hundida en la almohada que abrazaba. Su mirada recorrió lentamente las cejas ordenadas que asomaban entre el flequillo alborotado, y los párpados hinchados y enrojecidos, como si hubiera estado llorando, hasta detenerse en las pestañas largas y el puente de la nariz afilado.


Tras apoyar la cabeza en el brazo que había pasado por debajo de sí mismo, Pil-seung observó el rostro de Woo-yoon durante largo rato antes de pegar su cuerpo al de él. Rodeó con el brazo el cuerpo inmóvil de Woo-yoon. Sin importarle que la ropa colgada en el perchero le estorbara, Pil-seung se concentró únicamente en acariciar con la palma de la mano la espalda delgada que subía y bajaba con una respiración acompasada.


‘—Si no eres honesto contigo mismo, estarás pecando contra él también.’


Ese viejo maldito se equivoca. Para Nam Woo-yoon, el hecho de que Baek Pil-seung sea un Alfa es algo aún más desesperanzador.


Levantando la cabeza del brazo en el que se apoyaba, Pil-seung inclinó el rostro hacia adelante y presionó sus labios contra la frente tibia de Woo-yoon.


Woo-yoon, que en sueños se sentía arrastrado por la maleza, atado firmemente con cuerdas que le impedían el más mínimo movimiento, apenas logró abrir los ojos al oír una voz que le susurraba: “Duerme más…” Estaba seguro de haberse quedado dormido en el vestidor de Pil-seung, pero, dejando de lado el hecho de estar acostado en la cama de la sala, le resultaba indignante que Pil-seung, quien se había ido ayer a "limpiar" y acababa de volver, no solo no lo hubiera despertado, sino que estuviera sumido en un sueño profundo con los brazos y piernas enredados a su alrededor.


Lo había esperado toda la noche, y si había vuelto, lo mínimo que podría haber hecho era sacudirlo para despertarlo y avisarle, en lugar de quedarse dormido tan campante...


Haciendo un puchero con el labio inferior, Woo-yoon retorció la cintura intentando apartar los brazos y piernas de Pil-seung que lo rodeaban. Al empujar con fuerza con ambas manos el pecho robusto que tenía cerca del rostro, el cuerpo gigante vestido solo con unos bóxers pareció inclinarse hacia el lado opuesto, pero de inmediato lo apretó con más fuerza. Se notaba que ya estaba despierto pero se resistía.


—Es incómodo. Pesas.


—Soporta el peso de tu novio, cachorro...


Baek Pil-seung parecía haber despertado, pero aún no recobraba el sentido, pues murmuraba tonterías. Woo-yoon, frunciendo el ceño ante el chiste sin gracia, se dio por vencido en su intento de escapar del abrazo y, en su lugar, movió los labios para soltar su queja:


—Tengo hambre porque ayer no cené.


—¿...Qué? ¿Por qué?


Pil-seung, que parecía que no se movería ni muerto, se incorporó de golpe. Era el típico Pil-seung que, incluso antes de salir juntos, perdía la cabeza en cuanto salía el tema de la comida. Woo-yoon, incorporando su cuerpo ahora libre gracias a que Pil-seung se había levantado, respondió mirando la nuca de Pil-seung con el pelo alborotado como un nido:


—Porque no tenía dinero.


—Ah, joder... ¿Acaso me fui sin dejarte dinero?


—Sí.


—¡Ah! ¡Maldita sea! ¡Hijo de puta!


Golpeando violentamente las sábanas con el puño, Pil-seung soltó una serie de insultos sin saberse exactamente hacia quién iban dirigidos. Tras un buen rato recuperando el aliento entre bufidos, Pil-seung se echó el pelo hacia atrás y miró a Woo-yoon.


—Oye, lo siento. Vamos a comer primero. ¿Qué quieres comer? Iré a comprarlo ahora mismo.


Woo-yoon, moviendo lentamente de un lado a otro sus ojos algo hinchados y con el párpado doble un poco desdibujado, preguntó bajito:


—¿Puedo comer…algo caro?


Con una mano en la cintura, Pil-seung miraba estupefacto la tapa de la caja de pizza donde se leía el nombre "Best Do-Re-Mi Pizza". Comparado con la comida que le había comprado hasta ahora, que costaba varias veces más que esa pizza, le resultaba gracioso que, tras decir que pediría algo caro, fuera solo una simple pizza. Podría haber pedido algo mucho mejor.


—¿Está rico?


—¡Mmm! Está rico, Pil-seung.


Woo-yoon, moviendo los labios afanosamente para meterse en la boca el queso que se estiraba sin romperse, entrecerró los ojos y sonrió con satisfacción. A diferencia de las pizzas congeladas que venden en las tiendas de conveniencia, la pizza traída de una pizzería tenía un aroma totalmente distinto. Además, estaba aún más rica porque Pil-seung le había dejado añadir la opción de cheese crust, que pone queso dentro del borde del pan.


Pil-seung, sentado frente a Woo-yoon con la pequeña mesa de por medio, sacó un cigarrillo y estuvo a punto de ponérselo en los labios, pero se detuvo y miró al chico que reía feliz.


—Oye, Nam Woo-yoon.


—¿Mmm?


Pil-seung apoyó la barbilla en su mano y acercó su rostro al de Woo-yoon, quien comía con entusiasmo moviendo sus mejillas abultadas. Pil-seung jugueteó con el encendedor mientras sostenía el cigarrillo, dudó un momento y finalmente habló.


—A partir de mañana, ven conmigo a la oficina.


—...


—Iremos a cobrar juntos. Bueno, no podré llevarte a los lugares de trabajo pesado, claro.


No tenía intención de mostrarle a Woo-yoon cada detalle escabroso de lo que hacía, pero había decidido que solo teniéndolo cerca estaría tranquilo. Le inquietaba dejarlo solo en casa y, al verlo hoy durmiendo así, se preguntó en qué se diferenciaba él de Nam Hee-jae.


Le daba lástima pensar en Woo-yoon esperándolo todo el día. Pero tampoco podía dejar que buscara un nuevo empleo; la sola idea de que trabajara donde él no pudiera verlo le hacía perder la cabeza, temiendo que volviera a pasarle algo malo. Incluso con gente vigilándolo para protegerlo, las cosas habían llegado a ese extremo.


Y además, era su forma de rebelarse contra las palabras del director Kim Chun-se.


¿Que Baek Pil-seung no puede hacerse responsable de Nam Woo-yoon? Joder. Me haré responsable teniéndolo a mi lado las veinticuatro horas. Para que no pase nada. Para que coma bien, duerma bien y pueda ser feliz.


Era una firme resolución de no quitarle el ojo de encima ni un segundo, pero Woo-yoon, tras dejar el trozo de pizza que estaba mordiendo, pareció interpretar sus palabras de otra forma. Se limpió la boca manchada de salsa con un pañuelo y dijo con expresión grave:


—¿Ahora…me estás pidiendo que aprenda a ser un gánster?


—Ja... Tú de verdad, joder...


Pil-seung iba a soltarle un regaño, pero se quedó mudo al ver que en ese rostro, además de nerviosismo, asomaba algo parecido a la ilusión. Woo-yoon, con las mejillas teñidas de un rojo tímido, apretó el pañuelo hecho una bola y dijo vacilante:


—No lo había pensado…me ha tomado un poco por sorpresa…pero aun así, lo intentaré.


Pil-seung abrió la boca estupefacto, sin saber qué preguntar primero. Decidió dejar que Nam Woo-yoon siguiera soltando tonterías para ver hasta dónde llegaba. Sentado de lado con una rodilla levantada, Pil-seung bajó la mirada hacia los dedos de Woo-yoon que jugueteaban con el pañuelo. Poco después, escuchó esa voz ligeramente tensa.


—Como te lo prometí…lo intentaré...


—¿Qué promesa?


Pil-seung preguntó saboreándose mientras observaba esos dedos delgados.


—Prometí que aunque fueras un gánster muy, muy malo…me seguirías gustando.


—...


—Si puedo estar contigo…puedo hacer trabajo de gánster. Por supuesto, lo de liquidar gente… eso no podré hacerlo, pero puedo ayudar con los recados o la limpieza...


—¡Pffft, jaja!


Pil-seung, que había estado escuchando con el ceño fruncido y la boca abierta, de pronto agachó la cabeza y estalló en carcajadas. Tras reír un buen rato, se echó el pelo hacia atrás y miró a Woo-yoon.


—¿Y tú cómo sabes eso de liquidar gente?


—Yo también sé cosas. Lo he visto todo… en la tele.


Faltaría más. Pil-seung rió un par de veces más antes de borrar lentamente la sonrisa de su rostro.


—¿Crees que yo te encargaría algo así? ¿Por quién me tomas?


—...


Esos ojos redondos y caídos miraron a Pil-seung con sospecha. Entonces, ¿para qué le había comprado "ropa de gánster"? Woo-yoon pensó que la razón de comprarle tantas prendas negras que solo usaría un matón era para criarlo como el nuevo gánster novato de la oficina de Baek Pil-seung, pero al oír que no era así, se sintió confundido.


—¿Vas a comer más?


Pil-seung volvió a meter el cigarrillo en la cajetilla y dio un toque a la caja de pizza. Woo-yoon negó con la cabeza.


—Entonces durmamos un poco más. Estoy cansado por no haber dormido en toda la noche.


Pil-seung se levantó y sujetó el brazo de Woo-yoon para ponerlo en pie. Woo-yoon se dejó arrastrar por la mano de Pil-seung hacia la cama mientras preguntaba:


—¿Estuviste limpiando toda la noche?


—Sí. Había mucha basura.


Respondiendo con desgana, Pil-seung se acostó abrazando a Woo-yoon tal como lo había hecho al despertar. Entrelazó sus piernas con las de Woo-yoon y rodeó su cuerpo pasando un brazo por debajo de su axila. Woo-yoon echó la cabeza hacia atrás lo más lejos posible para no hundir la cara en su pecho, y Pil-seung aprovechó para presionar sus labios una y otra vez contra su frente. Restregando sus labios contra el ceño fruncido del chico, Pil-seung le dio varios besos seguidos y preguntó con una sonrisa satisfecha:


—¿Por qué lloraste?


—...


Woo-yoon, que recibía los besos con los ojos apretados, levantó ligeramente sus párpados hinchados. Le resultaba abrumador sentir esa mirada tan cerca.


Pensó que Pil-seung no se daría cuenta de que había estado llorando hasta quedarse dormido, pero al parecer lo supo desde el principio. Con Baek Pil-seung nunca se sabe si es perspicaz o no, porque no suele demostrarlo. A veces parece no tener tacto cuando dice cosas raras o hace tonterías, pero cuando cuida de él dándole cosas que necesita sin que se las pida como el bolso o las medicinas, parece que tiene cien sentidos...


Woo-yoon miró de reojo a Pil-seung, que esperaba su respuesta, y volvió a cerrar los ojos. Su corazón latía tan fuerte que no le salían las palabras.


La verdad es que ayer lloró mucho. No es que se pusiera a llorar a moco tendido en cuanto Pil-seung salió de casa. Se acostó en la cama de él para ver un poco la televisión y entonces recordó que le había dicho que cenara, pero no pudo pedir nada porque no tenía dinero. Quiso preguntarle a Pil-seung qué debía hacer, pero como él le advirtió que no podría contestar, no tuvo más remedio que pasar hambre.


Agotado tras pasar el día sacando documentos para el registro y comprando en el centro comercial, se quedó dormido un rato. Cuando despertó, aún faltaba mucho para la mañana, que era cuando Pil-seung debía volver.


Sentado allí solo, sin nada que hacer más que esperar, empezaron a asaltarlo malos pensamientos. La ansiedad que sintió en la subestación volvió a trepar por su cuerpo, temiendo que Baek Pil-seung no regresara. Para olvidar esas ideas, agarró los calzoncillos que aún no le había entregado a Pil-seung y se metió en el baño a lavarlos a mano.


Debo lavarlos para que pueda usarlos en cuanto vuelva por la mañana.


Lo que empezó como un gesto cariñoso terminó en un mar de lágrimas mientras enjabonaba los calzoncillos de Pil-seung. Woo-yoon se sentía dolido y resentido; quería entregarle ese regalo que aún no le había dado durante la cena, pero Pil-seung se había marchado a trabajar de repente, dejándolo solo. Tras escurrir con fuerza la prenda que goteaba y colgarla, se refugió en el vestidor, abrazó la ropa de Pil-seung y lloró de nuevo durante largo rato.


Se sentía avergonzado, como un niño pequeño que no puede separarse ni un segundo y que había pasado toda la noche extrañándolo. Woo-yoon, que mantenía los ojos cerrados fingiendo no saber nada, los abrió lentamente ante el silencio de Pil-seung.


—...


—...


Tal vez la limpieza había sido agotadora, porque Pil-seung ya se había quedado dormido. Woo-yoon contempló el rostro dormido y rozó con sus labios la punta de la barbilla del hombre. Ante el contacto, Pil-seung soltó un suspiro profundo, le dio un par de palmaditas suaves en la espalda a Woo-yoon entre sueños y se quedó inmóvil.


Woo-yoon observó durante mucho tiempo aquel rostro sumido en un sueño profundo, como si fuera algo fascinante, y susurró con voz quebrada:


—Te quiero...


Se acurrucó en el pecho de Pil-seung, quien no respondió. Abrazó su piel cálida y restregó su cabeza contra su cuello. El resentimiento y la soledad que lo habían mantenido despierto toda la noche se habían derretido hacía tiempo. Woo-yoon cerró los ojos en brazos de Pil-seung y pensó:


¿Cuánto más tengo que quererte para que esta ansiedad que me oprime el pecho desaparezca?


Gi-dong, que había llegado a la villa para recoger a Pil-seung, estiraba la muñeca que le habían curado en el centro médico mientras presenciaba un "desfile de lencería" de su hyung-nim que no tenía precio. Pil-seung, que merodeaba frente a Woo-yoon como si estuviera en una pasarela, se plantó con las piernas abiertas y pose arrogante, mientras se apretaba con ambas manos las nalgas embutidas en los calzoncillos rojos.


—Has subestimado demasiado a tu novio.


—Es que...de la ropa interior para Betas...esa era la talla más grande...


Woo-yoon ladeó la cabeza y miró de reojo la parte inferior de Pil-seung. Por debajo del borde de la tela que envolvía el muslo izquierdo, su pene asomaba tímidamente, como si se quejara de lo apretado que estaba.


Incluso sin estar erecto, el segundo Pil-seung se veía aplastado y sufriendo por la falta de espacio. Woo-yoon pensó que, más allá del tamaño, el problema era la estructura ósea de Pil-seung. Su estatura era mayor que la de otros Alfas de la oficina, y con su esqueleto robusto y músculos densos, era imposible que la ropa interior para Betas le quedara bien.


—Como ya los lavé, no puedo cambiarlos...


Suspiró profundamente mirando los calzoncillos que parecían destinados a la basura. Mientras pensaba si usarlos como trapo para limpiar los zapatos de Pil-seung para no desperdiciarlos, el hombre gritó con convicción:


—¡Me los pondré de todos modos!


—¿Pero cómo vas a usarlos si no te quedan? Será incómodo...


—Oye, ¿crees que un gánster que soporta una puñalada en la tripa no va a aguantar unos calzoncillos un poco pequeños?


Pil-seung soltó una carcajada burlona. Woo-yoon no entendía cómo podía comparar una puñalada con una talla incorrecta de ropa interior, pero se sintió secretamente feliz de que Pil-seung dijera que estaba bien. Estaba agradecido de que le gustara su primer regalo, entregado tras tantas complicaciones.


—...


Gi-dong, mirando la imponente silueta trasera de su hyung-nim y a su cuñada que, aunque apenas se veía, parecía divertirse balanceando las piernas en la cama, sintió unas ganas locas de terminar su jornada laboral antes de haberla empezado.


Aunque en el coche camino a la oficina Pil-seung alardeó sobre la resistencia de los gánsteres, en cuanto se bajó empezó a soltar insultos a cada paso mientras se retocaba la entrepierna. Con gesto irritado, se acomodaba algo dentro del pantalón, caminaba un poco y volvía a tantearse entre la ingle y el muslo.


—¡Bienvenido, jefe!


Los hombres que hacían guardia en el edificio saludaron a pleno pulmón. Luego, lanzaron miradas juguetonas hacia el jefe, que aparecía junto a Woo-yoon. Estaban a punto de silbar o soltar alguna broma pesada, pero Gi-dong se adelantó con una advertencia:


—No jueguen. El jefe está sensible hoy.


Los que se reían se encogieron de inmediato. Woo-yoon, caminando entre Pil-seung y Gi-dong, observó con atención las vendas que todos los hombres tenían en alguna parte de su cuerpo. Parecía que se hubieran caído todos juntos; algunos llevaban simples tiritas en la cara y otros, escayolas. Gi-dong incluido.


Woo-yoon miró la espalda de Pil-seung, que caminaba delante, y le susurró a Gi-dong bajando el ritmo:


—Esto... Gi-dong, ¿por qué está herido?


Gi-dong movió los ojos un momento y respondió con total naturalidad:


—Me dio un tirón jugando a las cartas.


—Ah...


Mientras Woo-yoon se sentía decepcionado al darse cuenta de que Gi-dong, al igual que Baek Pil-seung, lo tomaba por tonto, sintió un tirón en el brazo. Pil-seung, que había subido las escaleras primero, había bajado de repente para arrastrarlo.


—¿Qué están secreteando?


Woo-yoon negó con la cabeza rápidamente. Pil-seung miró de reojo a Gi-dong, bajó su mano desde el brazo de Woo-yoon y entrelazó sus dedos con los del chico. Gi-dong no se sintió muy bien al ser tratado como una amenaza; parecía que su jefe, cegado por el amor, había olvidado toda su lealtad pasada. A pesar de haber estado en medio de sus constantes peleas, siempre había rezado para que el primer amor del jefe tuviera éxito, pero ahora sentía que todo había sido en vano.


Gi-dong hizo un puchero, mostrando claramente su descontento. En otros tiempos, Pil-seung le habría dicho que no se desanimara, pero ahora entró en la oficina ocupándose solo de Woo-yoon. El verano pasado cuidaron a un pájaro herido durante medio día hasta que llegó el centro de rescate, pero el nivel de sobreprotección actual superaba con creces aquel episodio.


Gi-dong intentó seguirles, pero su cabeza chocó contra la puerta que se había cerrado de golpe. Frotándose la frente, que ya empezaba a enrojecerse, golpeó la puerta cerrada.


—¡Jefe! ¡La puerta está cerrada!


En cuanto tumbó a Woo-yoon en el sofá de cuero, Pil-seung abrió la boca con urgencia y su lengua empezó a lamer con avidez la mucosa bucal de Woo-yoon. Al oír el forcejeo en la puerta, Woo-yoon empujó con sus puños el pecho de Pil-seung, que yacía sobre él. Sin embargo, por mucho que empujara, Pil-seung no se movía, al igual que la puerta que Gi-dong intentaba abrir.


Pil-seung, que succionaba la lengua de Woo-yoon ignorando su resistencia, levantó la cabeza. Frotó su parte inferior contra la de Woo-yoon y miró hacia la puerta de la oficina.


—¡Jefe! ¿No vamos a ir a cobrar?


—¡Ah, joder…! ¡Bajamos en diez minutos!


Tras el grito de Pil-seung, se oyó un murmullo de quejas afuera que pronto se extinguió. Él apartó la vista de la puerta ahora silenciosa y miró hacia abajo. Debajo de su pecho, Woo-yoon pataleaba intentando incorporar su cuerpo. El roce de los muslos de Woo-yoon, vestido con pantalones cortos, contra el asiento de cuero produjo un sonido húmedo y sugerente.


—Uggh, pesas mucho... Y hay gente afuera...


Pil-seung lamió con parsimonia la parte inferior de la mandíbula blanca de Woo-yoon, que estiraba el cuello mientras forcejeaba, y dijo con voz baja y teñida de una sonrisa:


—Sácame la polla. Estos calzoncillos me quedan demasiado pequeños, Woo-yoon.


—¡Ah!


Esa forma de hablar tan suave y melosa le provocó un escalofrío repentino en la nuca. Woo-yoon encogió el cuello que antes mantenía rígido y frunció el ceño con el rostro encendido.


—Por…eso…te dije que no te los pusie...


Pil-seung apretó con una mano las mejillas del balbuceante Woo-yoon y besó repetidamente sus labios, que se habían fruncido como los de un pez. Sus ojos le indicaban que se callara y cumpliera con lo ordenado. Woo-yoon, mientras Pil-seung succionaba y mordisqueaba juguetón sus labios protuberantes, tanteó la parte inferior del hombre y puso la mano sobre la hebilla del traje.


En otro tiempo, Woo-yoon se habría enfadado tanto por una actitud así en público que Pil-seung habría tenido que escribir una carta de arrepentimiento, pero lo extraño era que no sentía ira alguna. Lejos de estar enfadado, su cuerpo estaba tan encendido como el de Pil-seung. Aunque llevaban tres días entregados a actos lúbricos día y noche, sentía una presión constante en el bajo vientre y sus piernas se enredaban solas. Woo-yoon jamás imaginó que fuera una persona con un deseo sexual tan potente. Quizás la lujuria también era contagiosa.


Sin poder esperar el torpe manejo de Woo-yoon, Pil-seung se bajó los pantalones y la ropa interior de un tirón con una mano y puso su pene, ya furioso, entre las manos del chico.


—Por favor, termina en diez minutos.


Habiendo dejado lo suyo en manos de Woo-yoon, Pil-seung se dedicó a besar con urgencia sus mejillas ardientes y su nuca. Lamió el lóbulo fino de su oreja y mordisqueó su mandíbula aún juvenil. Le resultaba adorable ver a Woo-yoon girar la cabeza para evitar los besos persistentes mientras aplicaba estímulos con movimientos inexpertos. Al verlo rodear la base con una mano y recorrer el tronco, frotando de vez en cuando la punta del glande, se notaba que, aunque era muy torpe, ya sabía qué partes tocar y en qué orden después de haberlo intentado un par de veces.


El hecho de que aquel Nam Woo-yoon, que antes decía que besar le daba náuseas, moviera las manos obedientemente sin rechistar era algo conmovedor, pero con ese nivel de caricias no terminaría en diez minutos. Pil-seung incorporó a Woo-yoon, que estaba aplastado bajo él, y se puso de pie frente a él. Al apoyar un pie sobre el sofá, el cuero pisado por su zapato negro reluciente se hundió creando profundas arrugas.


—Dame un beso.


Le acercó su pene semirrecto a Woo-yoon, quien lo miraba con sus ojos caídos y expresión atontada.


—He dicho que le des un beso a mi polla.


—...


Woo-yoon, que jugueteaba con sus propias manos entrelazadas sobre su entrepierna donde empezaba a despertar una sensación incómoda, se quedó mirando fijamente el grueso pene frente a sus ojos. Como si fuera abrumado por la imponente presencia del segundo Baek Pil-seung que lo sorprendía cada vez que lo veía, los latidos de su corazón se aceleraron drásticamente y tragó saliva instintivamente.


Mirando con fijeza el tronco que asomaba por fuera del pantalón desabrochado y los calzoncillos rojos, Woo-yoon cerró los ojos como si hubiera tomado una decisión. Sujetó el tronco con una mano e introdujo la carne en su boca entreabierta. En cuanto el sabor metálico del glande tocó su boca, sus largas pestañas temblaron levemente sobre sus párpados cerrados.


—Ah, joder...


Pil-seung, que había dicho "dame un beso" por miedo a que Woo-yoon se espantara si le pedía que se la chupara, soltó un suspiro profundo al verlo juguetear solo con la lengua, como si realmente estuviera besando la cabeza de su pene. Este cachorro adorable siempre elegía hacer las cosas más tontas. Quizás porque nadie se las había enseñado, o porque había más cosas que no había hecho que las que sí. Pil-seung no podía evitar adorar esa ingenuidad que nacía de la carencia y el vacío. Alguien digno de lástima y hermoso; así era Woo-yoon para él.


—Fuuu...


Mientras recibía una felación inexperta que, lejos de hacerlo eyacular en diez minutos, solo lo dejaba con las ganas, Pil-seung apartó con ternura el flequillo que cubría la frente redonda de Woo-yoon. El entrecejo y las cejas contraídas quedaron a la vista. Con su pulgar grueso, frotó suavemente las arrugas de su frente.


—Nam Woo-yoon, métela más al fondo. Así, ¿crees que voy a, ah, correrme en diez minutos?


Para acabar rápido, podría haber forzado su pene dentro de esa boca estrecha, pero no tenía la menor intención de hacerle algo así a Nam Woo-yoon.


Pil-seung acarició la barbilla de Woo-yoon, que seguía succionando solo la punta, y le dio unos golpecitos en la mejilla para indicarle que parara. Woo-yoon apartó la boca del pene que había estado lamiendo con esmero y se rascó la frente, evitando la mirada.


—Es que…no se me da bien...


—¿Es difícil?


Tras preguntar, Pil-seung jugueteó con la cabeza de su pene humedecida por la saliva de Woo-yoon y, sin dudarlo, se puso de rodillas frente al sofá. A Woo-yoon le sorprendía que Pil-seung, que siempre alardeaba de ser un gánster de primera, se arrodillara en cualquier parte. No sabía si era correcto que las rodillas de un gánster fueran tan ligeras. Le preocupaba que sus subordinados afuera se sintieran decepcionados si lo vieran.


Arrodillado frente a Woo-yoon, Pil-seung acarició con ambas manos los muslos blancos que quedaban al descubierto por el pantalón corto y luego los apretó con fuerza.


—Mira bien.


Tras amasar la carne de los muslos hasta dejar marcas, subió sus manos grandes a la cintura. Woo-yoon sujetó las manos de Pil-seung cuando este levantó su camiseta para quitarle el pantalón.


—¡Ah, no! ¡Yo...!


Sus manos intentando detenerlo no sirvieron de nada. Incapaz de vencer la fuerza que le quitaba los pantalones, sus nalgas se deslizaron sobre el cuero del sofá y la parte inferior de su cuerpo quedó expuesta frente al rostro de Pil-seung.


—…Qué cachorro tan lujurioso. Me la chupas de una forma asquerosa que ni parece que estés succionando y, joder, resulta que tú sí que estás empapado.


Pil-seung sujetó con una mano las rodillas de Woo-yoon, donde aún colgaban el pantalón y los calzoncillos, y las empujó hacia arriba. Debido a eso, Woo-yoon, con la nuca apenas apoyada en el respaldo del sofá y el cuello doblado, soltó un gemido ahogado.


Doblado por la mitad sobre el sofá y muerto de vergüenza, Woo-yoon cerró y abrió los ojos con fuerza.


—Uggh... No te burles tanto de mí...


Murmuró bajito y, sin saber dónde poner la mirada, se quedó observando fijamente las puntas de sus pies levantados hacia el techo de la oficina. Veía los cordones de sus zapatillas anudados en un lazo balanceándose. Le resultaba desconcertante que su cuerpo se excitara y se humedeciera tan rápido con solo un poco de juego erótico con Pil-seung, y sentía que era injusto que él fuera el único tratado como un pervertido cuando Pil-seung también gemía y se excitaba escandalosamente cada vez que Woo-yoon le tocaba lo suyo.


Sin embargo, parecía que no era el único que se sentía agraviado, pues escuchó una voz que sonaba aún más indignada que la suya.


—Nam Woo-yoon. ¿Por qué me burlaría de ti?


¿Acaso alguien que no tiene la menor compostura, hasta el punto de arrodillarse solo para lamerte el trasero, podría atreverse a burlarse? Con el ceño fruncido, Pil-seung presionó firmemente con el pulgar el periné, esa línea que subía hacia el orificio que se contraía rítmicamente. La carne tierna se hundió con suavidad. Pil-seung tragó saliva, como si tuviera ante sí el manjar más exquisito del mundo.


Si lo pensaba bien, ¿no era este cachorro el que se burlaba de él? Hoy, ayer y antes de ayer. Desde que lo conoció, Pil-seung apenas se ha conformado con restregarse contra él cuando lo que realmente quiere es meterle la polla hasta el fondo, y mientras tanto, Woo-yoon le hace berrinches gritando: "No me quites los pantalones, no te burles de mí". Si eso no era burlarse, ¿entonces qué era?


Joder, es que es jodidamente precioso.


Mientras presionaba y frotaba el periné con suavidad, como dándole un masaje, Pil-seung hundió los labios entre las nalgas que colgaban al borde del sofá. Besó ligeramente la piel suave y comenzó a acariciar con el dedo índice el orificio humedecido.


—Uuuhhh...


Woo-yoon soltó un gemido ahogado y sacudió la pierna que Pil-seung sujetaba. Debido a que sus muslos estaban levantados hacia el cielo, Pil-seung no podía verle la cara, pero podía imaginar perfectamente su expresión, lo que hizo que su propio centro, ya congestionado de sangre, empezara a palpitar con fuerza.


Pil-seung lamió la zona que acababa de besar y, al mismo tiempo, presionó con el índice el orificio que estaba tensamente cerrado por los nervios. Gracias al fluido que ya abundaba, el dedo se deslizó suavemente hacia el interior.


—Ah, uuh...


Woo-yoon, que observaba los cordones de sus zapatillas balanceándose mientras se concentraba en las sensaciones que venían de abajo, cerró los ojos con fuerza al darse cuenta de que esta vez Pil-seung no había metido la lengua como la última vez, sino un dedo.


Sabía perfectamente qué significaba eso de meter la mano. Aunque en las clases de educación sexual de la secundaria no enseñaban los actos de forma explícita, había escuchado de pasada las bromas y mitos sexuales de los otros chicos. Aunque no tuviera experiencia directa, sabía lo mismo que cualquier chico de su edad. Y según sus deducciones basadas en ese conocimiento, que metiera un dedo significaba que...iba a haber penetración.


...Probablemente. ¿Pero aquí? ¿Con Gi-dong esperando afuera?


Woo-yoon se sumió en sus dudas con los ojos cerrados. ¿Acaso el sexo con penetración se podía terminar en diez minutos? ¿Era así normalmente? Pero si Baek Pil-seung tardaba mucho más de diez minutos incluso cuando solo usaban las manos...


—...


El orificio, que hasta hace un momento succionaba y apretaba el dedo, se calmó de repente. Ante la reacción de Woo-yoon, que claramente estaba distraído pensando en otra cosa, Pil-seung torció el gesto y soltó una risa incrédula entre dientes. Míralo. El que se burlaba de su pareja no era él, sino Nam Woo-yoon.


Pil-seung dobló el dedo índice que tenía profundamente insertado y empezó a palpar con suavidad la mucosa ardiente que lo rodeaba. Con movimientos expertos, encontró rápidamente la próstata y le dio un toque directo.


—¡¡Hnggh…!! ¡Qué, uubp!


Sorprendido por el gemido que se le escapó de golpe, Woo-yoon se tapó la boca él mismo. Miró de reojo la puerta cerrada de la oficina y, en el momento en que el dedo dentro de él volvió a presionar con fuerza ese punto sensible, arqueó la cintura violentamente.


—¡Hnggh…! ¡Ah, nngh…!


Su cintura, tensa al máximo, temblaba sin control. Pil-seung, que bufaba como un perro buscando un rastro con la nariz hundida en la parte interna de los muslos de Woo-yoon, ahora más firmes por la tensión, retiró el dedo que revolvía sus paredes ardientes.


—Aún no puedes correrte. Tienes que aprender a chupar pollas.


Manteniendo los pantalones de Woo-yoon enganchados en las rodillas, le abrió las piernas al máximo y metió la cabeza entre sus muslos. Por fin pudo ver el rostro de Woo-yoon. Sus pupilas estaban dilatadas y sus ojos, húmedos. Al ver esos ojos llorosos por placer, Pil-seung sujetó con una mano el pene erecto de Woo-yoon. Luego, envolvió la parte inferior con su lengua extendida y lo tragó por completo.


El sonido de la succión de la carne húmeda llenó la oficina. Como Woo-yoon ya había recibido felaciones varias veces, no eyaculó de inmediato como la primera vez; pudo aguantar un poco.


—Uuh…mmm…sí...


Tragándose los pequeños gemidos que se le escapaban, Woo-yoon miró hacia abajo a Pil-seung, quien succionaba lo suyo con tal fuerza que sus mejillas se hundían mientras lo miraba fijamente. La mirada que esos ojos feroces le lanzaban estaba cargada de excitación pura.


Pil-seung, que succionaba inclinando el ángulo para que la punta rozara su paladar, giró la cabeza para masajear el interior de sus mejillas con el pene de Woo-yoon. Al frotar el glande contra la mucosa suave, Woo-yoon, tendido en el sofá, gimió y apretó los muslos. Eso estrechó el cerco alrededor del cuello de Pil-seung, que asomaba entre sus piernas.


—Aaaah…nngh…sí...


—Fuuu, knggh...


La fuerza de los muslos que le apretaban el cuello aumentó, señal de que el clímax estaba cerca. Aunque sentía que se asfixiaba, Pil-seung no dejó de succionar el pene de Woo-yoon.


—Nngh, sí, mmm...


Sin perderse ni un detalle de la expresión de Woo-yoon reaccionando con sensibilidad, Pil-seung sacó el tronco erecto de su boca y lo lamió con avidez de abajo hacia arriba. Acto seguido, introdujo los dedos índice y corazón simultáneamente en el orificio que palpitaba levemente.


—¡Ah! ¡Espera, aaaaah!


Dos dedos gruesos entraban y salían del orificio empapado. A diferencia de antes, cuando solo revolvía el interior, ahora los dedos imitaban el movimiento de una embestida, hundiéndose de golpe y rozando la próstata cada vez que salían.


—¡Sí! ¡Nnggh!


Woo-yoon olvidó taparse la boca, de donde brotaban gemidos agudos, y estiró las manos hacia atrás para aferrarse al respaldo de cuero del sofá. El sonido de la fricción en el orificio viscoso, el roce de la carne contra el cuero y los ruidos de succión que Pil-seung hacía con la boca se mezclaron con los gemidos entrecortados de Woo-yoon.


—¡Aaaah! ¡Hngh, nngh!


Con un gemido agudo, sus pies calzados con zapatillas se quedaron rígidos en el aire y los cordones, que antes bailaban frenéticamente, se calmaron. Su cuerpo, tenso como una cuerda, vibró en un espasmo y los muslos que asfixiaban a Pil-seung se relajaron gradualmente.


En el momento en que Woo-yoon eyaculó, Pil-seung tragó hasta la base el pene y bebió el semen que saltó dentro de su garganta antes de retirar la boca.


—Ah…ah...


Cuando retiró los dedos de sus nalgas, Woo-yoon, que jadeaba pesadamente, soltó un gemido que sonó a un suspiro. Pil-seung lamió meticulosamente el tronco, que aún vibraba levemente por el placer, para terminar la felación, pero no sintiéndose satisfecho, depositó varios besos en la punta enrojecida del pene.


—Haah…ya basta... Pil-seung, para...


Tras la eyaculación, la lucidez regresó junto con la sensación de debilidad. Woo-yoon intentó detener a Pil-seung presionando la coronilla que asomaba entre sus piernas. Pil-seung retiró la cabeza de entre las ingles de Woo-yoon a regañadientes, apoyó una rodilla en el sofá y le presentó su entrepierna, donde su pene se erguía como si fuera a estallar.


—¿Aprendiste bien?


Las orejas de Pil-seung, quien preguntaba mientras le acercaba su pene erecto, estaban al rojo vivo. No se sabía si era por el roce de las piernas que lo habían asfixiado durante la felación o simplemente por la excitación, pero a Woo-yoon le pareció que esas orejas teñidas de rojo y el pelo alborotado eran adorables. Sentía un vuelco en el pecho por esa emoción tan vergonzosa.


Quería hacer sentir bien a Pil-seung, tal como él lo había hecho con él. Incluso ese pene que hasta hace poco le parecía aterrador, en este momento le resultaba encantador. No porque fuera un pervertido, sino por puro sentimiento.


Woo-yoon incorporó su torso, que había estado desplomado como una muñeca a la que se le acabó la cuerda, y se sentó. Luego, comenzó a succionar el enorme pene tal como Pil-seung lo había hecho con él. El grueso pene, curvado hacia arriba, rozaba naturalmente su paladar cada vez que movía la cabeza, incluso sin intención. A veces, cuando fallaba al calcular la profundidad, tocaba su úvula provocándole náuseas. Su primera felación no era tan fácil como pensaba.


—Uuh…hnguub, ugh…mmm...


—Haah... Tu boca es jodidamente suave... Ah... Joder…mírame hacia arriba mientras, ah, chupas.


Woo-yoon, que envolvía con su lengua el pene que solo lograba introducir hasta la mitad mientras movía la cabeza, levantó la mirada tal como Pil-seung le ordenó. Pil-seung, jadeando con fuerza, acarició el pelo de Woo-yoon, quien lo miraba temblando con las pestañas agrupadas en mechones, quizás por las lágrimas de su eyaculación reciente.


—¡Ah, mierda! Nam Woo-yoon, ¡haah! ¿Está rica la polla de tu novio? ¿Eh?


—Uuubbb...


Woo-yoon bajó la mirada con inseguridad. Sentía que si respondía con sinceridad que no sabía a nada bueno, arruinaría el momento; además, recordaba a Pil-seung succionando entre sus piernas hace un momento como si estuviera comiendo algo delicioso. Se sentía mal por no poder hacer lo mismo.


—¡Hngh! ¿Puedes abrir más, haah, la garganta?


—¿Uuh…?


Nam Woo-yoon solo abrió los ojos de par en par, sin entender a qué se refería. Pil-seung sujetó las mejillas abultadas de Woo-yoon con ambas manos y le hizo levantar la barbilla. Woo-yoon, con la cabeza inclinada hacia atrás apoyada en las manos de él, sintió cómo el grueso pene se abría paso hacia el interior de su garganta, que se había abierto de forma natural.


—¡Uuugh! ¡Kghuub!


Su cabeza, sostenida por las manos de Pil-seung, temblaba violentamente.


—¿Te duele? ¿Tienes miedo? Haah…, ¿quiero que pare?


Woo-yoon, mirando hacia arriba a esos ojos que brillaban de excitación, entrecerró los párpados indicándole que no se detuviera. Lo que tenía en la boca seguía sin saberle bien, pero quería ver a Pil-seung sintiendo placer. Tal como Pil-seung lo había hecho llorar de sorpresa y desconcierto, en Woo-yoon brotó el deseo de hacerle lo mismo a él. Sentía que podía soportar las náuseas que le oprimían la garganta porque Baek Pil-seung le resultaba adorable.


Probablemente pronto lo haremos hasta el final…así que puedo aguantar esto...


Woo-yoon cerró los ojos con fuerza y, con sus manos que buscaban algo de qué asiderse en el aire, apretó con fuerza la manga de la camisa de Pil-seung. Tras empujar lentamente bajo la úvula y abrir camino hasta lo más profundo de la garganta, Pil-seung retiró la cintura un momento y luego, con un sonido sordo, hundió su pene hasta la base en la boca de Woo-yoon.


—¡Haah! ¡Mierda!


—¡Hggh, uuugh!


—¡Hngh! ¡Aah! ¡Nam Woo-yoon! ¡Ah! ¡Es demasiado bueno! ¡Joder!


La velocidad con la que el grueso pene golpeaba el interior de su boca aumentó gradualmente. Woo-yoon sujetó la muñeca de Pil-seung con la mano que antes apretaba la manga y se aferró dócilmente. Si no sujetaba con firmeza el brazo de él, su cabeza se sacudía sin control y el pene golpeaba inevitablemente su úvula. Solo podía confiar en Pil-seung, cerrando los ojos con fuerza cada vez que el vello púbico rozaba su nariz y mejillas.


—¡Nam Woo-yoon! ¡Haah! ¡Joder, abre los ojos! ¡Mírame!


Ante la voz excitada, Woo-yoon abrió los párpados que mantenía fuertemente apretados, y una lágrima se deslizó por el rabillo de su ojo.


—Ah, mierda, ¿te gusta? ¿Te gusta tanto como para llorar, ah? ¿Está rica? ¿Eh?


A Pil-seung le pareció que esos ojos inyectados en sangre que lo miraban eran dignos de lástima y a la vez eróticos. Al observar el rojo de sus ojos, sintió el deseo de tocar a Woo-yoon más y más profundamente.


Pil-seung frotó con su pulgar el borde húmedo de sus ojos y hundió la cintura con profundidad.


—A mí también me gusta, Nam Woo-yoon, ¡haah! ¡Me gusta demasiado, ah!


—¡Fuuu! ¡Ugh! ¡Uhgg…!


En el momento en que el pene, empapado en saliva, se deslizó de forma viscosa hacia el interior de la garganta, Woo-yoon no pudo contener las náuseas y contrajo el cuello con fuerza. Al mismo tiempo, Pil-seung levantó la barbilla y soltó un gemido que sonó ronco y quebrado.


—¡Aaaah…!


—¡Ueeh, egh, hnggh!


Tan pronto como el pene de Pil-seung salió, Woo-yoon giró la cabeza bruscamente y soltó una arcada seguida de tos. Una mezcla viscosa de saliva que no pudo tragar y semen se derramó. De sus ojos caían lágrimas sin parar; no era porque estuviera llorando de tristeza, sino una reacción fisiológica. Woo-yoon sentía el interior de su garganta y su boca entumecidos, como si estuvieran paralizados, así que ni siquiera pensó en limpiarse la boca de donde colgaba la saliva; solo se limitó a jadear pesadamente.


Pil-seung, con la mirada fija en Woo-yoon que tosía con la cara hundida en el sofá, se sentó pesadamente en la mesa de la oficina y recuperó el aliento. Luego, metió la mano por la parte delantera de su pantalón de traje y rasgó con fuerza los calzoncillos rojos que le estorbaban.


Woo-yoon reaccionó con agilidad al sonido de la tela desgarrándose, un ruido que ya había escuchado apenas un día atrás. Giró la cabeza rápidamente hacia Pil-seung. Los calzoncillos que había comprado con su primer sueldo estaban en manos de Pil-seung, partidos por la mitad.


—Oye, trae tu cabeza aquí.


Pil-seung envolvió su mano con los calzoncillos como si fuera un pañuelo y movió el dedo indicándole que se acercara. Woo-yoon apretó los labios con fuerza, olvidando el dolor de su mandíbula por haber tenido el pene grande en la boca y haber succionado. Aunque pensaba usarlos como trapo, verlos desgarrados le dolió en el corazón.


—¿Fue muy difícil? Lo hiciste bien.


Pil-seung, malinterpretando la expresión algo hosca de Woo-yoon, lo consoló con voz suave y limpió personalmente con los calzoncillos el rostro de Woo-yoon, que estaba hecho un desastre de saliva y mucosidad. Incluso se sentó al lado de Woo-yoon y lamió el borde de sus ojos donde las marcas de las lágrimas eran evidentes. Su pene, cuyo deseo no se había saciado con una sola eyaculación, lo acomodó con una mano dentro del pantalón antes de que Woo-yoon lo notara.


Besó repetidamente el rabillo de sus ojos, que caían con gracia, y susurró en voz baja:


—Tus labios están tan hinchados que ahora mismo te ves jodidamente sexy.


—...


La mirada de Woo-yoon, que sufría por los calzoncillos desgarrados, bajó hacia la entrepierna de Pil-seung. Aunque no se había abrochado la hebilla, el cierre estaba subido y parecía que había terminado con sus asuntos.


¿No…vamos a seguir? Pensé que llegaríamos hasta el final. ¿Entonces lo haremos la próxima vez? ¿Cuándo será la próxima vez...?


Sintió que su determinación había sido en vano. También se sintió avergonzado por haber imaginado cosas tan lejanas él solo. Miró de reojo la entrepierna de Pil-seung varias veces para confirmar si realmente eso era todo, y luego se subió los pantalones cortos y la ropa interior que tenía en las rodillas. Notó una molestia en sus nalgas, como si estuvieran hinchadas por el breve tiempo en que los dedos habían entrado y salido, y eso lo inquietó.


—...


Pil-seung observó en silencio, desde arriba, a Woo-yoon, quien sentado en el sofá y con la espalda encorvada, se dedicaba a ajustarse los cordones de sus zapatillas con excesiva meticulosidad. Pil-seung puso una expresión de desconcierto y se rascó la barbilla.


Joder, ¿es que de verdad estoy en celo o qué?


No podía apartar la vista de la nuca de Woo-yoon, que asomaba blanca entre los mechones de pelo. Su entrepierna volvió a palpitar con fuerza. Por mucho que hubiera acumulado deseos reprimidos hacia Nam Woo-yoon durante todo este tiempo, esto ya le parecía un poco extraño.


Frunciendo el entrecejo, Pil-seung apretó con su mano grande la zona que empezaba a molestarle de nuevo, arrugó la nariz y se inclinó hacia la nuca de Woo-yoon. Buscando instintivamente ese aroma de feromonas que no podía percibir, su nariz estaba a punto de rozar la parte posterior del cuello del chico, donde brillaba un poco de sudor, cuando de pronto Woo-yoon enderezó el torso.


¡CRAK! Un sonido seco, como de hueso rompiéndose, resonó en la habitación.


—¡Kgh!


—¡Pil, Pil-seung!


Sujetándose la nariz con una mano tras el impacto contra la nuca de Woo-yoon, Pil-seung agachó la cabeza con el rostro encendido para intentar soportar el dolor. El golpe había sido tan seco y directo que sintió como si los huesos se le hubieran triturado, pero gracias a eso, su pene se enfrió por completo en un segundo.


—Ya está. Estoy bien.


Pil-seung levantó la cabeza y mostró su mano con naturalidad. Le pareció tierno que fuera Woo-yoon quien pusiera cara de querer llorar, a pesar de que el herido era él.


—Tu novio por una tontería como esta, jaja…, ¿qué...?


Un líquido caliente comenzó a brotar rápidamente de su nariz entumecida. Pil-seung se tanteó el rostro, vio la palma de su mano manchada de sangre roja y parpadeó estupefacto. Jamás imaginó que él, que se había cargado a los tipos de la banda rival a puño limpio durante toda la madrugada sin soltar una gota de sangre, acabaría con la nariz reventada por la nuca de Nam Woo-yoon.


En lugar de Pil-seung, que se quedó allí sentado como un tonto, Woo-yoon se levantó del sofá al borde de las lágrimas. Abrió la puerta de la oficina de par en par y gritó hacia el pasillo: “¡Ayuda, por favor!” Pil-seung se tapó la nariz, de la que manaba sangre caliente, con los calzoncillos rojos hechos jirones, y soltó un insulto en voz baja al ver la espalda de Woo-yoon, que no sabía qué hacer en el umbral de la puerta.


—Joder, qué vergüenza...


—¡Ayuden, por favor!


—Oye, Nam Woo-yoon. Ven aquí de una vez.


—¡Hola! ¿No hay nadie? ¡Ayuda!


—No, que vengas digo...


Justo cuando Pil-seung iba a levantarse del sofá para atraparlo él mismo, Gi-dong, que había escuchado los gritos desesperados de Woo-yoon, entró corriendo a la oficina. Gi-dong alternó la mirada entre su jefe, que jadeaba con la nariz hundida en unos calzoncillos conocidos, y su cuñada, que tenía el rostro cubierto de marcas de lágrimas; acto seguido, protegió a Woo-yoon poniéndolo a su espalda. A Pil-seung le hizo gracia el gesto de Gi-dong, soltó una risita y se apartó los calzoncillos de la cara.


—Oye, Choi Gi-dong. Tú, joder, ¿por quién tomas a tu jefe?


La sangre, que aún no se detenía, resbaló por su surco nasolabial. En ese momento, escuchó una voz que murmuraba bajito desde detrás de Gi-dong.


—Fue por mi cabeza... Ah… Pil-seung, ¿qué voy a hacer contigo...?


Solo entonces Gi-dong percibió el aroma de las feromonas de Woo-yoon que llenaba la oficina. Fuera lo que fuera que hubiera pasado, no había sido algo unilateral. A juzgar no solo por el olor en toda la habitación, sino por la fragancia que emanaba suavemente de Woo-yoon a su espalda, parecía que se lo habían pasado bastante bien. Aunque no entendía cómo se había llegado a ese inesperado baño de sangre.


Si no era nada grave, a Gi-dong no le importaba el "cómo" ni el "qué" de lo sucedido entre ellos. Simplemente le resultaba gratificante ver a su jefe, el mismo que lo había dejado fuera diez minutos antes, pasándolas canutas.


Abanicando el aire con la mano para disipar el denso olor a feromonas, Gi-dong estalló en carcajadas frente a un Pil-seung que se limpiaba la sangre con el dorso de la mano y gesto molesto.


—¡Este tipo...!


A pesar de ver a Pil-seung agarrando el cenicero de la mesa, Gi-dong no pudo contener la risa y se escondió detrás de Woo-yoon. Pil-seung lo miró con ojos afilados y le hizo un gesto con el dedo.


—Oye, Nam Woo-yoon. Agacha la cabeza.


—¿Mi cabeza…? ¿Me vas a pe, pegar?


—¡Maldita sea!


Nam Woo-yoon se tapó la coronilla y tembló como un tonto, pensando que Pil-seung se vengaría por lo de la nariz. Aunque en el fondo pensaba que él no le pegaría, no parecía estar seguro al cien por cien.


A Pil-seung le hirvió la sangre al ver que Woo-yoon no confiaba en él y tiraba tímidamente de la ropa de Gi-dong para usarlo de escudo. No le importaba tanto si Woo-yoon confiaba en él o no, pero le molestaba de sobremanera verlo tan pegado a otro tipo.


Vaya par de payasos.


Pil-seung dejó el cenicero de cristal que sostenía con su mano manchada de sangre, se echó el pelo hacia atrás y respiró hondo.


—Fuuu…, voy a contar hasta tres. Si no se separan, Choi Gi-dong está muerto. Uno.


Gi-dong y Woo-yoon, que habían estado forcejeando por el sitio, se separaron un paso el uno del otro antes de que Pil-seung llegara al "dos" y bajaron la mirada dócilmente.


—Nam Woo-yoon, ven aquí.


Pil-seung sorbió ruidosamente, tiró a un lado el jirón de calzoncillo con el que se había limpiado y tomó el rostro de Woo-yoon, que ya estaba frente a él, con ambas manos.


—¿Crees que le rompería la cabeza al tipo que hace un momento estaba besando y lamiendo porque me parece precioso?


—...


—Sana, sana para mí.


—¿...Qué?


—Joder, hazlooo.


Al final de la frase, se filtró un tono mimoso que no encajaba para nada con su tamaño. Inclinándose, Pil-seung acercó su rostro con descaro al de Woo-yoon, manteniéndolo sujeto con sus manos.


—...


Woo-yoon observó fijamente el rostro frente a él. Debido a las manchas de sangre que se habían extendido por sus mejillas, su expresión habitualmente fiera daba aún más miedo. Aun así, a sus ojos seguía siendo encantador. Woo-yoon juntó sus labios hacia Pil-seung, quien esperaba con los ojos cerrados a que le soplara sobre la nariz herida.


En el momento en que Woo-yoon tomó aire para soplar, Pil-seung le robó un beso. Tras el beso sorpresa, Pil-seung mostró su dentadura perfecta con una sonrisa de oreja a oreja y soltó una risita. Acarició el pelo de Woo-yoon con su mano ensangrentada y volvió a presionar sus labios contra los del chico, que solo lo miraba atónito. La mancha de sangre de los labios de Pil-seung quedó grabada como un sello rojo en la comisura de Woo-yoon.


Pil-seung asintió con satisfacción y enderezó su espalda.


—¡Vamos a cobrar!


Exclamó con energía, mientras rodeaba con su brazo los hombros bajos de Woo-yoon y salía de la oficina.


Mientras caminaba abrazando a Woo-yoon por los hombros, Pil-seung se tanteó el puente de la nariz, que aún le palpitaba. Por suerte, no parecía que el hueso se hubiera hundido, pero estaba seguro de que al menos tenía una fisura. Quizás porque su cabeza es pequeña, pero tiene buena densidad, pensó. Todo lo que es pequeño tiende a ser más compacto. Decidió que no debía tomarse a la ligera a Nam Woo-yoon, dada la alta densidad ósea de su cráneo.


—Tú eres el número uno en el rango de la oficina de Baek Pil-seung.


Inclinando la cabeza, Pil-seung susurró al oído de Woo-yoon y su garganta vibró con una risa ronca.



***



Habían pasado dos semanas desde que Woo-yoon empezó a ir a la oficina con Pil-seung. Tal como él sospechaba, no se convirtió en un pene activo de la banda de Baek Pil-seung. Su rutina consistía en despertar temprano, ir a la oficina con él, saludar a los hombres que hacían su ejercicio matutino y pedir el desayuno. Al llegar el mediodía, los subordinados se dispersaban para sus propios asuntos, y Pil-seung también se iba a reuniones o viajaba a Incheon cada dos o tres días.


Por alguna razón, Pil-seung jamás llevaba a Woo-yoon a sus reuniones, a los lugares de trabajo o al puerto de Incheon; por eso, Woo-yoon solía pasar horas aburridas en la oficina, justo como ahora.


—He vuelto a ganar. Practiqué mucho cuando vivía solo en casa, así que se me da bien.


Con una sonrisa en los labios, Woo-yoon contempló con orgullo la pantalla de su móvil donde aparecía un gran cartel de "Win". Los rompecabezas numéricos donde debía deducir los números de las casillas vacías habían sido su pasatiempo favorito para combatir el aburrimiento mientras esperaba a su hermano en su pequeño cuarto.


—¿Quiere jugar una partida de… Omok esta vez?


El hombre que tenía los brazos cubiertos de tatuajes se limitó a asentir en silencio. Woo-yoon corrió hacia el escritorio donde estaba la placa con el nombre de Pil-seung y recogió hojas de papel A4 de la impresora y un bolígrafo.


Como Gi-dong, en quien Woo-yoon confiaba más, solía estar pegado a Pil-seung, casi nunca estaba en la oficina si el jefe no estaba. Por eso, la única persona con la que Woo-yoon podía hablar y jugar tranquilamente era el hombre con el que trabajó en el supermercado.


Cuando ocurrió aquel altercado con la banda de Jin-woo en el súper, ese hombre fue el único que se puso de su lado, seguramente por órdenes de Pil-seung, pero Woo-yoon se sentía agradecido y por eso pudo abrirle su corazón rápidamente.


Tras jugar con él durante dos semanas, descubrió que se llamaba Park Chul-hee, que tenía treinta y un años, que empezó tarde en el mundo de los gánsteres y que hablaba poco porque no le gustaba su propia voz. También se enteró de que fue arrestado e investigado como el principal sospechoso del incendio en el supermercado. Seguramente fue por la pelea que tuvo con Jin-woo antes de renunciar, pero a Woo-yoon le extrañaba que él, siendo quien tuvo el mayor conflicto con la gente del súper, ni siquiera hubiera sido llamado como testigo.


Justo cuando Woo-yoon dibujaba la cuadrícula en el papel blanco para empezar la partida, Pil-seung abrió la puerta y entró. Traía en la mano una caja de tamaño pequeño y elegante. Era un pudín de flan que había comprado en una famosa pastelería de regreso de Incheon para Woo-yoon. Tras dejarlo sobre la mesa, se sentó bruscamente metiéndose entre Woo-yoon y Park Chul-hee, que estaban sentados hombro con hombro.


Park Chul-hee se retiró hábilmente antes de que ocurriera el accidente de que el jefe terminara sentado sobre sus piernas. Gracias a eso, Pil-seung se pegó a Woo-yoon y le dio un beso en la mejilla mientras señalaba el pudín.


—Prueba el pudín. Lo compré porque se parece a tu trasero. Ah, joder, qué caliente me pone.


Woo-yoon miró de reojo a Gi-dong y a Park Chul-hee, avergonzado por las palabras de Pil-seung, quien se excitaba solo con lo que decía. Gi-dong y Park Chul-hee, como si no conocieran la vergüenza ajena, no reaccionaron ante el gesto de su jefe de manosearse descaradamente la entrepierna con su mano grande.


Woo-yoon sujetó la mano de Pil-seung, que estaba sentado con las piernas abiertas masajeándose el centro, para detenerlo.


—Pil-seung, no hagas eso...


—¿Por qué? ¿Acaso quieres tocármelo tú?


—...


Woo-yoon frunció el ceño y apretó los labios ante la broma vulgar de Pil-seung.


Últimamente, Pil-seung no perdía oportunidad para soltar bromas extrañas frente a los demás y pegarse a su cuerpo. Durante estas dos semanas, aunque Woo-yoon se saltaba algunos días por falta de energía, Pil-seung eyaculaba al menos una o dos veces al día, ya fuera masturbándose solo o recibiendo una felación de Woo-yoon. Al principio Woo-yoon admiraba su resistencia impropia de un Beta, pero ahora empezaba a preocuparse seriamente por su salud.


Y otra preocupación era que, a pesar de estar tan encendido, Pil-seung nunca llegaba a penetrarlo. Disfrutaba de los preliminares, de lamerlo vorazmente de pies a cabeza y de los juegos con los dedos, pero ¿por qué no daba el paso final? Según los conocimientos sexuales de Woo-yoon, el "final" de una relación física entre parejas era el coito, y no entendía por qué Pil-seung no quería llegar hasta ahí con él. Ese era su gran dilema últimamente.


Con un gesto pensativo, agarró el pudín. Era un tema demasiado vergonzoso para consultarlo con alguien. Woo-yoon tomó una cucharada del pudín blando y abrió mucho los ojos al sentir la textura dulce deshaciéndose en su boca.


—¡Está delicioso! Prueba un poco.


Olvidando por completo su dilema existencial ante el sabor dulce, Woo-yoon llenó la cuchara y se la acercó a la boca a Pil-seung. Él, que lo observaba con una sonrisa apoyando la cabeza en el brazo que descansaba en el respaldo del sofá, frunció el entrecejo y negó con la cabeza.


—No, gracias. Cómelo tú.


—Solo un bocado.


—No tengo hambre. Tú tampoco comas demasiado, que luego tenemos que comer panceta.


—¡Ah, es verdad!


Hoy estaba planeada una fiesta de panceta en la azotea de la villa con toda la gente de la oficina. Según Pil-seung, era un momento para recuperar fuerzas y fortalecer la amistad y la lealtad. Woo-yoon llevaba días esperando este momento, pues le recordaba a la barbacoa que hicieron durante las vacaciones de verano. Aquellas vacaciones eran su recuerdo más preciado, donde experimentó muchas cosas por primera vez.


Woo-yoon se metió la cuchara en la boca y sonrió con el rostro iluminado. Al ver esa sonrisa que hacía que sus ojos caídos se entrecerraran, Pil-seung chasqueó la lengua. Sentía una presión familiar en el bajo vientre que no presagiaba nada bueno.


Pil-seung buscó en el bolsillo interior de su chaqueta, sacó un frasco de pastillas y se metió en la boca las pocas que quedaban para masticarlas. Ante el sonido de los comprimidos crujiendo, Woo-yoon lo miró de reojo, pero él solo le devolvió una sonrisa.


Le había dicho a Woo-yoon que eran suplementos musculares, pero no sabía cuánto tiempo más podría engañarlo. Woo-yoon no sabía que él era un Alfa, y mucho menos debía enterarse de que estaba tomando un fármaco experimental relacionado con las feromonas. Esa era también la razón por la que no lo llevaba a los lugares de trabajo.


A lo lejos, Gi-dong observó con preocupación a Pil-seung guardando el frasco vacío, pero luego sacudió la cabeza. El jefe sabía cuidarse mejor que él, que era mayor, así que no debía cometer la imprudencia de preocuparse más de la cuenta.


Sin embargo, la rebelión que Gi-dong tanto temía terminó estallando de forma inesperada durante la fiesta de la panceta.


Pil-seung, que no tenía mucho apetito, se limitó a beber a sorbos mientras se dedicaba a asar con esmero la carne que iría a parar a las bocas de Woo-yoon y de los tipos de la oficina. Comió un par de envoltorios de lechuga porque no pudo rechazar los que Woo-yoon le preparó, pero no se sentía bien. Por el contrario, Woo-yoon no paraba de comer. Aunque siempre ha tenido buen apetito para lo pequeño que es, hoy, por alguna razón, estaba muy animado y se zampó media botella de soju.


Mientras daba la vuelta a la carne en la parrilla, Pil-seung no dejaba de vigilar a Woo-yoon; cada vez que lo miraba, su rostro estaba más rojo, hasta que finalmente terminó de pie, con aire triunfal y la mirada completamente perdida, en medio de la tarima donde los hombres de la oficina estaban sentados en círculo.


Pil-seung golpeó la parrilla con las pinzas que goteaban grasa y le gritó a Woo-yoon, quien estaba inclinado haciendo reverencias de agradecimiento a cada uno de los subordinados.


—¡Nam Woo-yoon! ¡Bájate de ahí!


—Gracias, gracias. Muchas...gracias.


—Ah, joder...


Se quedó mirando atónito las tonterías de Woo-yoon, que saludaba con las manos juntas sobre el pecho y rostro conmovido, como si estuviera recibiendo un premio en algún lugar. Aunque le molestaba un poco compartir con otros a su cachorro, que derrochaba ternura por estar borracho, lo dejó estar porque era un espectáculo digno de ver.


Sin embargo, fue un error de juicio. Woo-yoon, que saludaba con entusiasmo, se tambaleó mareado y se desplomó sentado en cualquier parte. En el momento en que Pil-seung se disponía a dejar la parrilla para llevárselo a dormir de una vez, ocurrió el incidente.


Woo-yoon, que sonreía con el rostro encendido por el alcohol, agarró de repente el rostro de Gi-dong, que estaba sentado a su lado, con ambas manos. Y entonces, antes de que nadie en la azotea pudiera detenerlo, se lanzó directamente hacia él.


La boca de Woo-yoon, que antes sonreía, se abrió de par en par y mordió sin dudarlo el labio inferior de Gi-dong. Al mismo tiempo, el grito de Pil-seung, que parecía brotar desde lo más profundo de su ser, retumbó en el cielo nocturno.


—¡¡Oye!!


—¡Mmmgh! ¡Mmmgh!


Gi-dong, con el labio inferior atrapado por Woo-yoon, levantó ambas manos por encima de su cabeza para proclamar su inocencia, pero eso no funcionó con su hyung, que ya estaba fuera de sí. Pil-seung lanzó las pinzas que tenía en la mano. Incluso en el aterrador momento en que las pinzas volaron girando rápidamente y se clavaron como un dardo en el suelo de la tarima, justo entre las piernas de Gi-dong, Woo-yoon seguía apoyado en los hombros de este, masticando con gusto el carnoso labio inferior que tenía bien sujeto.


Solo entonces los hombres de la oficina sintieron la gravedad de la situación, dejaron de reírse y se lanzaron, unos hacia Pil-seung y otros hacia Woo-yoon. Los que se aferraron a Pil-seung le sujetaron los brazos y lo abrazaron por la cintura desde atrás.


—¡Suéltenme, bastardos!


—¡Jefe! ¡Cálmese! ¡Seguro que no fue intención de Gi-dong hyung!


Mientras Pil-seung luchaba por zafarse de la horda de Alfas corpulentos que intentaban detenerlo, Gi-dong finalmente logró apartar a Woo-yoon, quien no soltaba su labio como si quisiera arrancarle un trozo de carne. Gi-dong se puso los zapatos a toda prisa y, tapándose el labio hinchado y rojo con la mano, gritó:


—¡Hyung! ¡Esto es una injusticia!


Tras dejar ese último rugido con pronunciación torpe, Gi-dong huyó de la azotea. Woo-yoon, empujado por Gi-dong, quedó tendido en la tarima mirando hacia el cielo nocturno.


—...


Sus labios, que estaban entreabiertos y perdidos, se curvaron en una sonrisa. Le pareció fascinante descubrir que, si se miraba con atención, también se podían ver estrellas en el cielo de Seúl. Cuando salía de su habitación a escondidas de su hermano dormido y se sentaba en las escaleras que daban a la superficie para mirar el cielo, no parecía verlas bien; era realmente extraño. Siendo el mismo cielo de Seúl, ¿por qué sería así?


Woo-yoon cerró los ojos. Miles de estrellas flotaban bajo sus párpados.


Ah, ya entiendo. Es el corazón.


Es el mismo cielo, pero su corazón ha cambiado. Su corazón se ha vuelto lo suficientemente tranquilo como para poder observar las estrellas. A diferencia de cuando vivía solo con su hermano, ahora tiene a la gente de la oficina que, aunque se ven aterradores, son amables, y tiene a Pil-seung, que siempre se pone de su lado.


—...


Woo-yoon, que sonreía tontamente con los ojos cerrados, de pronto frunció las cejas con fuerza. El extremo de sus cejas cayó con melancolía.


Ojalá esta paz no se rompa. Ojalá pueda seguir viendo las estrellas. Quiero entrelazarme un poco más, un poco más fuerte con Baek Pil-seung. Para que no se rompa, para que no se corte, para que no se vaya.


Pero, ¿por qué Baek Pil-seung no se acuesta conmigo?


En el momento en que la duda que lo había atormentado solo durante dos semanas volvió a surgir, sintió como si un peso ardiente se posara en su pecho. ¿Sería por el alcohol? ¿Sería por las estrellas?


—...Nam Woo-yoon.


Una sombra negra se proyectó sobre el rostro de Woo-yoon, quien hacía una mueca de llanto con los ojos cerrados. Woo-yoon, sumido en sus sentimientos, levantó lentamente los párpados. Se quedó mirando en silencio el rostro de Pil-seung, que lo observaba con el cielo estrellado de fondo, y soltó una carcajada: "Jajajaja".


—Haah...


Pil-seung soltó un suspiro con las manos en la cintura y relajó su rostro contraído. A lo largo de su vida, Pil-seung ha cuidado de muchas clases de cosas pequeñas y frágiles. Ya fuera que esas criaturas tontas e insignificantes volcaran su plato de comida, destrozaran documentos importantes o royeran las patas de los muebles, Pil-seung nunca podía regañarlas, sin importar el desastre que hicieran. Con Woo-yoon pasaba lo mismo.


Tocó con el índice el puente de la nariz de Woo-yoon, que seguía sonriendo con la mirada perdida.


Siendo tan pequeñajo, ¿dónde voy a encontrar sitio para regañarte, joder? En cambio, Choi Gi-dong se va a llevar un buen golpe, ya sea en la boca o en la tripa.


Pil-seung tomó en brazos a Woo-yoon, que estaba tumbado en la tarima. Woo-yoon soltó una risita suave y rodeó el cuello de Pil-seung mientras envolvía su cintura con las piernas. Como no podía regañar a alguien que estaba tan borracho que ni siquiera estaba consciente, le dio un ligero azote en las nalgas. El hecho de que Woo-yoon se estremeciera con sensibilidad ante el golpe a pesar del alcohol lo puso caliente, así que salió rápidamente de la azotea cargando con él. Los abucheos de los tipos de la oficina, que expresaban su preocupación por su cuñada hacia el gran jefe, se fueron alejando.


Sosteniendo las nalgas de Woo-yoon con un brazo mientras bajaba por las escaleras oscuras, Pil-seung besaba repetidamente su sien, que apestaba a alcohol.


—No te duermas. Lávate antes de dormir. ¿Eh? ¿Me estás oyendo?


Al bajar al cuarto piso, Pil-seung abrió la puerta de entrada. En cuanto se quitó las sandalias y entró, se dirigió al baño. Sentó a Woo-yoon en el inodoro y se mojó las manos con agua fría.


—Oye, cierra bien los ojos.


Woo-yoon, que estaba sentado atontado, por suerte entendió las palabras de Pil-seung y cerró los ojos que tenía medio abiertos y sin enfoque. Pil-seung lanzó hacia el rostro de Woo-yoon el agua que había recogido en sus palmas. El agua fría golpeó con un "plas" la frente y las mejillas de Woo-yoon. La técnica de Pil-seung para lavar la cara de Woo-yoon sin tocarla directamente con las manos era casi una proeza artística.


El flequillo de Woo-yoon estaba empapado tras recibir varios chorros de agua en la cara. Pil-seung arrancó una toalla del colgador del baño, la puso sobre el rostro que aún mantenía los ojos cerrados y presionó con sus grandes palmas.


—¿Morderle la boca a los demás es tu hábito cuando bebes?


Lanzó el regaño hacia el rostro cubierto, pero de pronto Pil-seung abrió mucho los ojos, sorprendido por sus propias palabras.


—¿...Eh? Ah, joder.


Un recuerdo olvidado cruzó por su mente. El día de su primera cita a solas, el comportamiento de Woo-yoon al morder y succionar sus labios en la oficina había sido exactamente el mismo tipo de accidente que lo de hoy con Gi-dong; darse cuenta de eso hirió su orgullo.


Retiró la toalla, le encajó a Woo-yoon en la boca el cepillo con pasta dental y empezó a cepillarle los dientes mientras arqueaba sus pobladas cejas con fastidio. Pil-seung, que estaba impaciente por que a Woo-yoon se le pasara la borrachera, decidió enterrar lo ocurrido hoy en silencio. Al amanecer, tendría que advertirles a los tipos de la oficina que cerraran el pico.


Ah, y primero que nada, Choi Gi-dong se lleva un golpe sí o sí.


—Escupe la espuma.


Woo-yoon, que había dejado su boca abierta y sus ojos cerrados a merced de Pil-seung, se puso de pie tambaleándose. Pil-seung sujetó con firmeza la cintura de Woo-yoon mientras este se aferraba al lavabo y, con su propia mano, le empujó la nuca hacia abajo para ayudarlo. Solo después de enjuagarle bien la boca a Woo-yoon, quien escupió la espuma con la cabeza gacha, lo tomó en brazos y salió del baño.


A saber cuánto había bebido, porque en cuanto lo dejó en la cama, Woo-yoon se fue a otro mundo roncando suavemente. Pil-seung se sentó al borde del colchón, acarició en silencio y con suavidad el vientre del dormido Woo-yoon, y de pronto se levantó de un salto.


—Ah, mierda.


Sujetándose la entrepierna, que se había erguido sin previo aviso, caminó con torpeza de regreso al baño.


Últimamente, de forma extraña, su cabeza estaba llena de pensamientos sobre follar, como si tuviera una insatisfacción crónica. No, incluso sin pensarlo, su cuerpo reaccionaba de antemano como ahora. No parecía ser algo que ocurriera simplemente porque su deseo por Nam Woo-yoon estuviera desbordado. Tuviera a Woo-yoon cerca o no, su libido se disparaba repentinamente hasta un punto difícil de controlar.


Esa era la razón por la que, durante todo el tiempo en que Pil-seung ya podría haber poseído a Woo-yoon de sobra, siempre limitaba el contacto físico a meros juegos manuales. Sentía que si metía su polla fuera de quicio dentro de Woo-yoon, terminaría embistiendo sin medida, como un potro desbocado. Independientemente de sus gustos en la cama, no quería tomar a Woo-yoon de esa manera. Pensaba abrazarlo suavemente una vez que ese deseo sexual de origen desconocido se calmara un poco.


Pil-seung se quitó la ropa, entró en la cabina de ducha y, en cuanto abrió el agua, se aferró al pene que estaba tan tenso que parecía estúpido.


Salió del baño sacudiendo su pelo mojado con una toalla enrollada en ambas manos. Se había corrido tres veces seguidas ahí mismo, pero no se sentía aliviado en absoluto. Su estado físico actual, sin emitir feromonas, debería ser igual al de un Beta sin casta, pero nunca había oído que los Betas tuvieran periodos de celo. Tras pensar en qué demonios sería la libido de un Beta, la conclusión a la que llegó Pil-seung fue que esta insatisfacción era un problema personal suyo.


Había pasado mucho tiempo desde que Pil-seung se esforzaba por vivir con un cuerpo que no se diferenciara del de un Beta. Todos los intentos fallidos de las fórmulas que creó con el método de fabricación que aprendió de aquel hyung mediador en sus días de mendicidad habían ido a parar a su propio cuerpo. Él mismo se había medicado y experimentado. Era un cuerpo en el que no sería raro que algo se hubiera estropeado. Quizás lo que el director Kim Cheon-se siempre decía se estaba volviendo realidad.


‘—¡Tú, si sigues tragando medicinas así, vas a probar un dolor que ni te imaginas!’


Aunque pensaba que eran palabras para asustarlo, por otro lado creía que realmente podría ser así. Aun así, no tenía miedo. Para un gánster que vivía día a día sin un futuro dibujado en su cabeza, la muerte no era algo tan temible. Por eso, sin importar con qué palabras lo amenazara el viejo, él las dejaba pasar.


—¿...Te despertaste?


Woo-yoon, que creía dormido, estaba sentado rígidamente en la cama. El hecho de que tuviera hasta el cuello teñido de rojo indicaba que aún no se le había pasado la borrachera.


Cierto. Ahora tengo eso.


Cambiando su rumbo hacia la sala en lugar de entrar al vestidor, Pil-seung decidió pasar mañana por el centro médico. No sabía si el director podría encontrar la causa de este "celo" que lo hacía estar erecto a todas horas, pero supuso que le recetaría algún inhibidor del deseo o algo parecido.


—Acuéstate y duerme más.


Pil-seung, sentado junto a Woo-yoon completamente desnudo sin siquiera unos calzoncillos, le peinó el pelo alborotado con la mano y preguntó:


—¿Quieres agua? ¿Tienes calor? ¿Subo el aire acondicionado? Ah, no, no se puede. Si duermes en un sitio frío después de beber, se te tuerce la cara.


—Baek Pil-seung...


—Sí, qué.


Woo-yoon, que solo parpadeaba lentamente con sus grandes ojos, cruzó su mirada con la de él. Pil-seung observó en silencio a Woo-yoon, quien lo miraba fijamente. Woo-yoon forzó la vista y frunció el entrecejo como alguien que intenta transmitir lo que quiere decir solo con la mirada, pero al parecer se rindió con la telepatía y finalmente abrió la boca.


—Quiero hacerlo.


—¿El qué?


—Quiero tener sexo contigo. Quiero acostarme contigo.


Por alguna razón, los ojos de Woo-yoon estaban húmedos. Pil-seung, que escuchaba con seriedad, giró la cabeza y soltó una risita. Luego, volvió a mirar a Woo-yoon con ojos un tanto afilados y le advirtió:


—¿Qué le pasa hoy a nuestro jefe? Joder, tú no vuelves a probar el alcohol. ¿Me has oído? ¿Eh?


—¿Por qué…no la metes?


—¿Qué, qué joder, qué?


Pil-seung tartamudeó, desconcertado por la pregunta inesperada. Por la borrachera, las mejillas rojas de Woo-yoon se inflaron. Él soltó todas las quejas que tenía hacia Pil-seung por haberlo hecho sentir desplazado durante este tiempo.


—No me, no me metes la polla.


—Oye, oye.


—¿Por qué no llegas hasta el final conmigo? Yo quiero…hacerlo todo hasta el final contigo...


—Oye, eso es porque...


—Dicen que ser pareja…es completamente diferente cuando has tenido sexo de cuando no.


Como no había salido con nadie más que con Woo-yoon, Pil-seung no lo sabía con seguridad, pero le pareció que no era mentira. Con expresión de incredulidad ante los desvaríos de Woo-yoon, Pil-seung se frotó la barbilla y preguntó con un tono ligeramente serio:


—¿Quién dice eso?


—Lo he visto todo. Yo también lo sé. Después de llegar hasta el final, te vuelves más cercano…más íntimo...


No sabía dónde lo habría visto, pero Pil-seung también deseaba ese vínculo de pareja del que hablaba Woo-yoon. Sin embargo, era imposible en su estado actual, con la libido ardiendo de forma tan extraña. Al menos tendría que ir mañana al centro médico antes de tomar a Woo-yoon. Además, para empezar, Nam Woo-yoon estaba borracho.


Pil-seung bajó la voz, como si intentara calmarlo, y dijo:


—Nam Woo-yoon. Eso, yo también…


—Yo también quiero estar más cerca de ti.


Woo-yoon interrumpió a Pil-seung y entrelazó su dedo meñique con el grueso meñique de él.


—Así…me gustaría que estuviéramos conectados.


—...


Pil-seung contempló en silencio el delgado dedo de Woo-yoon, que se aferraba con fuerza al suyo, donde brillaba su anillo de oro, como si no quisiera soltarlo. Su entrepierna, de la que se había corrido tres veces hacía apenas diez minutos, volvió a tensarse con fuerza.


Pil-seung frunció el ceño con dureza y preguntó con voz un tanto temblorosa:


—Nam Woo-yoon... Tú, ahora mismo… ¿Qué tan consciente estás?


—Se me pasó…casi toda la borrachera...


Woo-yoon respondió rascándose el cuello. Pil-seung tragó saliva al ver esos ojos que le preguntaban si de verdad no iban a hacerlo. Aunque su pronunciación siempre era un poco torpe, sus ojos seguían entornados y el color de su piel no había vuelto a la normalidad. Sabía que si lo tomaba así, no sabría qué reclamos escucharía mañana cuando Woo-yoon recuperara el juicio. A pesar de eso, Pil-seung ya le estaba quitando la camiseta por encima de la cabeza.


—Si en medio quieres parar o si te duele, dímelo sin falta. ¿Eh? Joder, me detendré aunque tenga que reventarme las pelotas para hacerlo.


Woo-yoon ayudó dócilmente levantando los brazos mientras Pil-seung le quitaba la prenda superior y asintió. Pil-seung pegó sus labios a la frente de Woo-yoon, que estaba ardiendo por el alcohol, y tanteó hacia abajo. Le bajó los pantalones y la ropa interior. Mientras los besos se sucedían en su frente y cejas, Woo-yoon movió las piernas con entusiasmo para terminar de quitarse la ropa que Pil-seung le había bajado.


En cuanto Woo-yoon pateó la ropa que colgaba de sus tobillos fuera de la cama, Pil-seung le sujetó la mandíbula y le selló la boca. Empujó su lengua dentro de la boca abierta que lo recibió. Sus lenguas se enredaron con urgencia, compartiendo el sabor a pasta de dientes.


—Mmm, uub...


—Joder, qué rico...


Pil-seung, que ladeaba la cabeza por completo mientras restregaba su lengua contra la de Woo-yoon, lo empujó hacia atrás. En cuanto el pequeño cuerpo cayó sobre el colchón, subió las delgadas piernas sobre sus hombros. Woo-yoon soltó un quejido al sentir su torso encorvarse mientras su parte inferior quedaba elevada.


—Ah, mierda... Siento que se me va a reventar la polla ya mismo...


Murmurando por lo bajo, Pil-seung presionó a Woo-yoon con su cuerpo y le lamió la nuca. Lamió intensamente la nuez de Adán que soltaba pequeños quejidos, y hundió la nariz detrás de su oreja frotando su rostro. Aunque era imposible que percibiera el aroma de las feromonas, restregaba la punta de su nariz una y otra vez.


Ese acto de Pil-seung buscando el aroma de Woo-yoon era algo que surgía inconscientemente, como un instinto grabado en su cuerpo cada vez que tenían contacto físico; pero hoy, el instinto hacia las feromonas brotaba desde su pecho con una intensidad incomparable a la habitual.


—Haah, Baek Pil-seung... Pil-seung, rápido…rápido.


Woo-yoon, aplastado bajo el enorme cuerpo, rodeó la cabeza de Pil-seung con sus brazos y le rogó con voz quebrada. La reacción de Woo-yoon también era diferente a la habitual. Pil-seung pensó que se debía al alcohol.


Tenía la intención de prohibirle el alcohol a partir de hoy, pero mientras pensaba que quizás de vez en cuando no estaría mal hacerlo así, bajó sus labios desde la nuca ardiente hacia el pecho. Mordisqueó los pezones que sobresalían en el torso enrojecido por el alcohol. Woo-yoon arqueó la espalda elevando el pecho y soltó un pequeño llanto.


Saboreó cada rincón del cuerpo que gemía bajo él. Para cuando el calor sofocante que emanaba de ambos cuerpos se mezcló y sus respiraciones se volvieron jadeos entrecortados, los carnosos labios de Pil-seung envolvieron el pene de Woo-yoon, que temblaba levemente. Woo-yoon inhaló aire y gimió con una voz más aguda. Su reacción estaba mucho más encendida que cuando Pil-seung solía esmerarse en succionarlo.


—Aah, Pil-seung, Pil-seung... Hngh…salte, siento que me voy a correr, uut...


A Pil-seung le parecía tierno que Woo-yoon siempre se retorciera y le tirara del pelo antes de eyacular, a pesar de que siempre le decía que se corriera directamente en su boca. Pil-seung sacó el pene de su boca y succionó la punta humedecida por la saliva.


—¡Fraa, ah-hngh...!


Woo-yoon, derramando de golpe la excitación que se había acumulado sensiblemente, tembló violentamente. Pil-seung se limpió con el dorso de la mano el semen diluido que le salpicó la mejilla, y frotó su propio pene, que estaba furioso, bajo la entrepierna húmeda. Woo-yoon, que temblaba sintiendo el rastro de la eyaculación, cerró los ojos con fuerza y sollozó al sentir el tacto firme del pene deslizándose entre su perineo y sus glúteos mojados por el fluido.


—Se siente…ugh, raro... Estoy temblando mucho...


—Haah, Nam Woo-yoon... Abre los ojos y mírame. Mira aquí.


Pil-seung le dio un beso en la mejilla a Woo-yoon, que sollozaba por los nervios, y buscó su pequeña mano encogida para entrelazar sus dedos. Al encajarlos, Woo-yoon apretó su mano con fuerza. Con las manos entrelazadas por encima de la cabeza, Pil-seung le dio varios besos seguidos sobre los labios que jadeaban.


—No lo haré de forma que te asuste.


—No es miedo, es solo que mi vientre... Pil-seung, mi pecho se siente muy raro...


Parecía que los lloriqueos de un Woo-yoon asustado comenzaban de nuevo. En la frente, en la nariz, en las mejillas, en la barbilla; Pil-seung besó como pudo cada rincón de ese rostro pequeño y acarició las piernas de Woo-yoon que descansaban sobre sus hombros.


—No te pongas tenso, relájate. Yo me encargaré de todo.


—Mmm...


Fijando la mirada en Woo-yoon, quien asintió, Pil-seung bajó la mano y rodeó su grueso tronco. Frotó lentamente la punta de su polla entre los glúteos resbaladizos y terminó encajándola en la entrada que permanecía fuertemente cerrada.


—¡Hngh!


—¡Hngu-ugh! ¡Mierda...!


Pil-seung observó a Woo-yoon, quien retorcía su cuello enrojecido como si sufriera, y las venas de su frente se marcaron con fuerza. Su pene, ya de por sí hinchado de sangre, palpitó al recibir un estímulo difícil de soportar mientras intentaba abrirse paso en el estrecho orificio. Su respiración se volvió pesada y el calor subió por todo su cuerpo. Su espalda, nuca y axilas ardieron al mismo tiempo mientras el sudor empezaba a brotar.


La fuerza con la que apretaba las manos entrelazadas se desvaneció. Woo-yoon habló sollozando aún más que antes:


—Uugh, Pil-seung…, ah, parece que no entra... Parece que no podemos estar cerca, uugh...


—No es eso, está entrando, ah, está entrando.


Respondió con suavidad a ese desvarío claramente ebrio, mientras empujaba poco a poco el tronco lleno de venas marcadas dentro del apretado orificio. Sin embargo, no pasó mucho tiempo antes de que se le escapara un insulto agudo: "¡Joder!". A pesar de que la zona baja de Woo-yoon estaba empapada, la inserción no era fácil.


Mierda, ¿por qué la metí con tanta prisa...? Podría haberlo dilatado con la mano antes de meterla...


Seguramente se debía a esa maldita libido que lo había estado atormentando últimamente. Al ver el rostro de Woo-yoon contraído por el esfuerzo, Pil-seung tomó aire y bajó la vista hacia su entrepierna, que apenas había logrado introducir la punta. El orificio, que se contraía levemente mientras apresaba su pene con fuerza, estaba enrojecido. Parecía inflamado a pesar de que ni siquiera había entrado bien todavía. Justo cuando iba a retirar la cintura con la intención de dilatarlo bien con la mano, o incluso lamerlo hasta que se ablandara si fuera necesario antes de volver a intentarlo, ocurrió.


—¡He-eok…!


El aliento se le quedó atascado en la garganta, oprimiéndola. Al mismo tiempo, su ritmo cardíaco se disparó de una forma que él mismo podía sentir físicamente. Pil-seung frunció el ceño y abrió la boca, aturdido. Todos los sonidos que emitía Woo-yoon se amplificaron enormemente, como si tuviera una grabación a todo volumen en sus oídos. Poseído por una sensación de que algo iba mal, Pil-seung miró a Woo-yoon con ojos desconcertados. Woo-yoon, que antes solo balbuceaba que no podía entrar, también parecía haber notado algo extraño y lo miraba con los ojos desenfocados.


—Pil, Pil-seung…tú...


—Haah...


—Tú…hueles a feromonas.


En el instante en que Woo-yoon susurró eso parpadeando lentamente, un aroma que no había percibido antes se filtró en la nariz de Pil-seung. Un aroma similar al dulce, pero que contenía todo el placer que Woo-yoon estaba sintiendo. Al sentir las feromonas de Woo-yoon, algo que jamás habría podido percibir sin la ayuda de un catalizador, Pil-seung sintió que algo que dormía en su interior despertaba.


—¡Ha-ug! Joder...


Pil-seung agachó la cabeza con el rostro contraído por el dolor. Las gruesas venas resaltaron en sus manos, que aún seguían entrelazadas con las de Woo-yoon, y sus brazos, apoyados en la cama, empezaron a temblar violentamente.


Feromonas que no había liberado desde los quince o dieciséis años estallaron de forma explosiva.


—Aah…ah…joder...


Pil-seung apretó los dientes mientras jadeaba con respiración temblorosa. Basta. Tengo que parar. Debo detenerme ahora mismo. Solo tenía ese pensamiento en su cabeza, pero su cuerpo no le obedecía. No podía soportar el aroma extasiante de Woo-yoon que percibía con todos sus sentidos ni sus propias feromonas, que se secretaban a niveles explosivos dentro de su cuerpo.


—¡Uu-ut, no puedo...aah…hng, basta! ¡Basta, joder!


Gritando mientras miraba hacia abajo, donde estaba rígidamente conectado con Woo-yoon sin moverse, Pil-seung movió la cintura con violencia en contra de su voluntad. Su pene, que antes apenas avanzaba, se hundió de golpe dentro de Woo-yoon. Pil-seung tembló levemente al sentir cómo sus raíces eran devoradas por las calientes paredes internas.


—Ah... Aah...


Gotas de sudor resbalaron por el afilado puente de la nariz de un Pil-seung que gemía. Tenía la garganta seca. Una sed voraz, como si sus entrañas estuvieran hirviendo, dispersó su juicio. Su cuerpo ardía como si fuera a consumirse, y su conciencia, invadida por el aroma de Woo-yoon, se concentró únicamente en el acto. No podía dejar de pensar en meter su polla más fuerte, más profundo dentro de Woo-yoon.


Joder, no era así como quería hacerlo.


No debo moverme. No más que esto. Tengo que recuperar el sentido. Debo devolver a la normalidad este cuerpo que no puedo controlar.


No, primero tengo que explicarle. Nam Woo-yoon olió las feromonas. Me descubrió. Lo sabe todo. Tengo que explicarle que no lo engañé a propósito...


Nam Woo-yoon... ¿Cómo está Nam Woo-yoon ahora? ¿Está bien?


Mientras intentaba ordenar su mente, donde parpadeaban luces rojas de alarma, Pil-seung comprobó tardíamente el estado de Woo-yoon. Con los ojos fuertemente cerrados y la boca abierta, Woo-yoon no podía articular palabras, abrumado por el grueso pene que había partido su cuerpo; solo dejaba escapar sollozos que sonaban como un chirrido metálico.


—Hngh…uu...


—Nam… Woo-yoon... Haah, lo siento... Ah, la voy a sacar, espera un momento...


—No…no la saques... Hngh, se siente bien, aah…me gusta... Pil-seung…lo tuyo, tus feromonas…me gustan mucho...


—...


Pil-seung soltó el agarre de las manos, tomó las mejillas de Woo-yoon que ardían en rojo y lo obligó a mirarlo. Sus pupilas, brillantes por la excitación, no tenían enfoque. No era solo por el alcohol. Woo-yoon también estaba ebrio por las feromonas que hacían que Pil-seung se moviera contra su voluntad.


Woo-yoon jadeó suavemente y rodeó el cuello de Pil-seung con sus brazos.


—¡Haah, rápido Pil-seung, hng, rápido…!


Al ver a Woo-yoon rogándole con desesperación, Pil-seung entrecerró los ojos.


Incluso cuando se quejaba de que su cuerpo se sentía raro...


¿Acaso Nam Woo-yoon ya estaba sintiendo las señales anormales que emanaban de él desde que empezaron los preliminares? Pil-seung cerró los ojos con fuerza, con el rostro contraído ferozmente. Ya fuera que su cuerpo hubiera reaccionado a Woo-yoon provocando un cambio anormal, o que Woo-yoon hubiera reaccionado a él tras colapsar sus niveles de secreción de feromonas, ya no había vuelta atrás. El instinto Alfa, que despertó destruyendo años de represión forzada, borró por completo el último rastro de razón en su cabeza.


Cuando Pil-seung volvió a abrir los ojos, su mirada cambió por completo en un instante. Con una expresión de excitación extrema, Pil-seung retiró la cintura y embistió con fuerza hacia arriba.


—¡¡Ah-heug!!


Se inclinó sobre Woo-yoon, quien soltó un gemido echando la cabeza hacia atrás. Lamió su blanca nuca expuesta y buscó instintivamente el lugar donde las feromonas se sentían con más fuerza.


—Kgeu-uk… hgeu-uk...


Al recibir la presión de su cuerpo doblado por la mitad con las piernas elevadas, Woo-yoon emitió un sonido como si se asfixiara. Cada vez que Pil-seung se inclinaba para lamerle la nuca, su vientre bajo, que contenía a Pil-seung por completo, era presionado. Un placer que jamás había sentido sacudió a Woo-yoon. En el momento en que Pil-seung, que le mordisqueaba el lóbulo, subió lamiendo detrás de su oreja, Woo-yoon fue devorado por las feromonas que emanaban del enorme cuerpo que abrazaba con sus brazos.


—¡Uu-heug…geu-uu…aah!


Su conciencia, ya nublada, escapó por completo de su control. Woo-yoon no era consciente de qué sonidos emitía ni de qué palabras gritaba.


—¡Mi vientre…mi vientre retumba…! ¡Mmm-hng! ¡Rápido…!


El orificio dilatado se contrajo, apresando el pene de Pil-seung que estaba clavado profundamente. Pil-seung, que restregaba su rostro contra la nuca de Woo-yoon hasta aplastar su propia nariz mientras lamía bajo su oreja, movió la cintura. La polla roja y venosa comenzó a entrar y salir rígidamente del orificio empapado. Ante la sensación de algo que le atravesaba las entrañas, Woo-yoon agarró el pelo de la nuca de Pil-seung y soltó un grito de placer agudo.


—¡Ah! Hngh, ¡ah! ¡Aah!


—¡Haah, ha! ¡Nam Woo-yoon, ah, haah!


—¡Mmm-hng, ah-heug! ¡Ah!


—¡Joder! Siento que voy a volverme loco, ¡haah! No puedo parar, ¡ah, mierda!


Pil-seung no detuvo su cintura, que embestía con rudeza entre las blancas nalgas, y buscó los labios de Woo-yoon. Woo-yoon, que gemía con dificultad, devoró la lengua de Pil-seung con urgencia, como si hubiera estado esperando. Ambos se miraron con ojos carentes de enfoque y enredaron sus lenguas en un estado de trance absoluto.


—¡Uu-eub! ¡Hng-heug, mmm-hng!


—¡Haah! Mmm-mgh, ¡hng!


Pil-seung, que succionaba la lengua enredada mientras clavaba la vista en las pupilas de Woo-yoon, cerró los ojos. El surco entre sus cejas se hizo aún más profundo.


Los sonidos de fricción húmeda que resonaban abajo y los movimientos espasmódicos no parecían producidos por él mismo. Era algo extraño y, a la vez, extasiante. Sin necesidad de decir nada, podían sentir todo lo que el otro estaba experimentando: lo bien que se sentía, lo excitados que estaban, lo urgidos que se encontraban. A través de las feromonas que habían invadido su olfato y su conciencia, lo sabían todo.


No solo sus cuerpos, sino todos sus sentidos parecían conectados con los de Woo-yoon. Sentía que, si se lo proponía, podría devorar a Woo-yoon dentro de sí o ser devorado por él. Solo pensarlo hacía que se le erizaran los vellos de todo el cuerpo y sentía un chispazo desde el corazón hasta la punta de los pies.


La excitación y el placer se sucedían uno tras otro, acorralando a Pil-seung. Tras abrazar el cuerpo delgado y embestir rítmicamente contra el pequeño trasero, Pil-seung enderezó la espalda que mantenía inclinada. Al verse liberado de la presión, Woo-yoon jadeó con respiración entrecortada mientras miraba hacia arriba a Pil-seung. Ver su vientre marcado por manchas rojas subiendo y bajando frenéticamente resultó ser un estímulo brutal.


—Mierda...


Pil-seung soltó un insulto bajo y, sin darle tiempo a recuperar el aliento, sujetó con ambas manos los muslos de Woo-yoon que estaban abiertos hacia él. Movió su pelvis hacia adelante y hacia atrás, embistiendo con su polla, mientras atraía el cuerpo de Woo-yoon hacia su propia entrepierna.


—¡Aah! ¡Hng! ¡Ah! ¡Ah!


Sin que el pene llegara a salir ni a la mitad, se clavaba una y otra vez con rapidez y fuerza. Ante el movimiento de Pil-seung, que aumentaba la velocidad golpeando el mismo punto, la blanca cintura de Woo-yoon se elevó en el aire. Woo-yoon retorció su torso tenso y estalló en llanto.


—¡Hng-heeeug! ¡Uugh, se siente bien, ah! ¡Pil, Pil-seung! ¡Hng! ¡Aah!


—¡Ah, joder! ¡Haah! ¡Se siente bien, hng! ¡Se siente demasiado bien! ¡Nam Woo-yoon, ah!


Sus dedos, que apretaban la suave carne de los muslos, resbalaron por el sudor. Pil-seung apretó los dientes, sujetó directamente la pelvis de Woo-yoon y clavó con fuerza su pene, duro hasta el extremo, entre la blanca entrepierna. En el momento en que los sollozos se hicieron más intensos, el pene de Woo-yoon, que se sacudía violentamente por el rudo movimiento de cintura de Pil-seung, derramó un líquido blanquecino.


—¡Hng-heuuut...!


Al eyacular, el interior de Woo-yoon se contrajo con fuerza. Las paredes internas, que se pegaban deliciosamente a Pil-seung mientras él se abría paso, mordieron el grueso pene con calor y no lo soltaron. Pil-seung deformó el puente de su nariz ante el estímulo tan intenso. El aroma de Woo-yoon se volvió tan denso que su visión se volvió borrosa.


Pero aún no era suficiente. No bastaba para nada. Más, más, más...


Hizo girar el cuerpo de Woo-yoon, que aún temblaba por los restos de la eyaculación. Antes de que Woo-yoon pudiera acomodarse, Pil-seung metió lo suyo en el orificio teñido de rojo. Y, desde el principio, embistió con fuerza. Era un movimiento donde el instinto hacia el placer prevalecía sobre la comunión con el otro.


—¡Ah-heug! ¡Ah-ug, ah!


Woo-yoon, con el trasero en alto y aferrado a las sábanas en posición de gatas, encogió los hombros ante la sensación de invasión en su vientre, que se sentía aún más profunda que cuando se miraban a la cara. El sólido pene hurgaba en un lugar más profundo y sensible que antes no había alcanzado.


Pil-seung, que movía la cintura con rapidez mientras observaba la blanca espalda estremecerse, dejó de moverse un momento con el pene enterrado hasta la raíz para recuperar el aliento.


—Haah…se siente demasiado bien... Nam Woo-yoon…aah...


Atrajo el cuerpo de Woo-yoon hacia sí hasta que el trasero redondeado quedó aplastado contra él. Frotó su entrepierna cubierta de vello púbico contra las nalgas que encajaban sin dejar un solo hueco. Cuando la punta del pene dentro de su vientre presionó con fuerza el fondo, Woo-yoon restregó su rostro contra la cama para limpiarse las lágrimas de los ojos y gimió con mirada perdida.


—Mmm-hng, ah, ah-hng...


—Joder, así mismo…hng…quiero correrme dentro para que tú, uut, te quedes embarazado.


—Uuu, hng-heut...


—Ah... Aah…Nam Woo-yoon, dime que te gusta...


—Sí... Me…gusta, hng-heeeung, me gusta... Baek Pil-seung…me gusta todo de ti…ah-hng...


Intercambiaron palabras de las que ni ellos mismos eran conscientes. Pil-seung, con las venas marcadas en su frente contraída ferozmente, sonrió solo con las comisuras de los labios. Luego, detuvo el movimiento lento de su cintura, que presionaba las calientes paredes internas, y comenzó a follar de nuevo con propiedad.


Woo-yoon, que estaba desprevenido, se resbaló de rodillas y quedó tendido boca abajo. Pil-seung le sujetó la parte posterior de los muslos para abrirlos más, bajó su cuerpo y clavó su pene verticalmente entre las nalgas redondeadas. Cada vez que el pene curvado golpeaba hacia abajo en la parte frontal, la parte más gruesa del tronco rozaba la próstata.


—¡Mmm-heub, mmm-hng! ¡Hng-heug! ¡Mmm, mmm, mmm-heub!


Woo-yoon no pudo soportar el estímulo que se transmitía al ser su propio pene presionado contra el colchón y mordió la sábana con sus incisivos. Las lágrimas caían sobre sus mejillas encendidas mientras soltaba gemidos.


Pil-seung, que se movía llamando a Woo-yoon repetidamente con voz ronca, metió su grueso brazo bajo el vientre plano de este. El cuerpo de Woo-yoon, que estaba tendido, fue levantado de golpe.


—¡Hng! ¡Espe-espera, ah-heug!


Woo-yoon, de rodillas y con el torso erguido, manoteó sorprendido. Pil-seung, abrazándolo con fuerza con ambos brazos desde la espalda para que no perdiera el equilibrio, movió la cintura con rapidez. Por un tiempo, no salieron palabras de sus bocas, solo el sonido de jadeos pesados. La escena se asemejaba más a dos animales apareándose, habiendo olvidado su condición humana.


Atrapado por Pil-seung sin oportunidad de escapar de esos movimientos rápidos y rudos, Woo-yoon agachó la cabeza, con el pelo empapado de sudor pegado al rostro, y sollozó agudamente.


—¡Hng-heeeeug…! ¡Huu-heug, hng-heung…!


Sus ojos de mirada caída se contrajeron. Cada vez que el pene curvado entraba a fondo raspando las paredes internas, podía ver claramente cómo su vientre bajo se abultaba. La sensación que dominaba su cuerpo, la conciencia nublada, pero el aroma nítido de Pil-seung. Todo se sentía tan demencialmente bien que le daban ganas de pensar que no importaba morir en ese mismo instante.


Cerrando los ojos con fuerza y haciendo temblar sus pestañas húmedas, Woo-yoon soltó un hipido, como si se le fuera el aliento. Desde la punta de su pene, que ya se había puesto firme de nuevo, volvió a saltar un líquido diluido.


—Hng…me gusta... Aah...


Antes de que pudiera saborear por completo el placer de sentir sus muslos internos temblar sin control y su vientre bajo estremecerse, la enorme mano que rodeaba el pecho de Woo-yoon se deslizó hacia abajo y envolvió el pene que acababa de eyacular por segunda vez.


Ante el toque de esa mano que agitaba su pene recién eyaculado, Woo-yoon soltó jadeos rápidos con la boca entreabierta.


—¡Ah, haah! Mi cuerpo…tiembla…hng-heug, Pil-seung...


La mano gigante, que ocultaba por completo el delgado tronco, estimulaba repetidamente el glande con su palma callosa. Pil-seung no detuvo el movimiento de su cintura mientras seguía estimulando la corona del glande, enrojecida e inflamada, y el orificio de la uretra que se contraía con sensibilidad.


Finalmente, Pil-seung se recostó de lado abrazando a un Woo-yoon que se había desplomado sin fuerzas. Sujetó con firmeza la parte posterior de una de las rodillas de Woo-yoon y elevó su pierna. Su grueso pene, empapado en fluidos, volvió a embestir desde atrás entre las piernas abiertas.


—¡Haah, Nam Woo-yoon, más, joder, más…!


Enterrando la nariz en el pelo empapado de sudor, Pil-seung no detuvo el rudo vaivén mientras estimulaba la parte frontal. Luego, soltó la pierna de Woo-yoon como si la arrojara. Quizás por la influencia de las feromonas, el tiempo necesario para eyacular era más largo de lo habitual; por lo mismo, el ansia de Pil-seung por alcanzar el clímax era aún más feroz. Tras haber cambiado de postura varias veces sin haberse corrido ni una sola vez, su pene apretó el paso para encontrar el final dentro de Woo-yoon.


¡Solo un poco más, más, más...!


Pil-seung, que embestía con fuerza abrazando a Woo-yoon por la espalda, lo giró sobre sus hombros, que estaban resbaladizos por el sudor. Con los ojos inyectados en sangre, Pil-seung sujetó los delgados tobillos de Woo-yoon con ambas manos. Hundió profundamente su pene, que aún seguía conectado al orificio enrojecido.


—¡Ha! ¡Aah! ¡Ah! ¡Hng!


—...


—¡Joder, Nam Woo-yoon! ¡Ah! ¡Haah! ¡Woo-yoon-ah! ¡Nam Woo…!


Pil-seung, que movía la cintura siguiendo su instinto con la mandíbula tensa y gimiendo, solo entonces reparó en el rostro de Woo-yoon. Al ver ese rostro que se sacudía sin fuerzas con los ojos cerrados, sintió que el corazón se le caía al suelo.


Aun así, su cuerpo seguía sin obedecerle. Su polla, trastornada por el aroma de Woo-yoon que vibraba en todo el lugar, golpeaba las paredes internas sin descanso buscando llegar a lo más profundo. Y finalmente, al encontrar la entrada que permanecía cerrada, una sensación distinta recorrió su pene bañado en placer.


—Woo-yoon… ¡Ah! No… ¡Uuh, joder…!


Su pene rígidamente tenso se movió con obstinación para abrirse paso hacia el cuello del útero, más allá del camino habitual. Pil-seung apretó los dientes con tanta fuerza que los músculos de su mandíbula resaltaron, luchando por despertar su conciencia nublada por las feromonas.


—¡Nam Woo-yoon, ha! ¡Basta! ¡Joder, Woo-yoon, haah!


—...


—¡Uu-ugh, mierda, hng-heeeug!


Las gruesas venas se marcaron en el cuello y la frente de Pil-seung, quien apretaba los dientes como alguien que intenta vencer una fuerza invisible. Deseaba detenerse de inmediato, o mejor aún, caer desmayado junto a un Woo-yoon que ya había perdido el conocimiento; pero, en contra de sus deseos, la punta de su pene, que golpeaba ferozmente el interior de Woo-yoon, terminó abriendo la entrada que permanecía cerrada en lo más profundo de su vientre.


—¡Mierda…! ¡No...!


Pil-seung soltó un alarido desgarrador con la voz rota y sacó el pene que estaba clavado en el trasero de Woo-yoon. Su cuerpo, que lo embestía violentamente por voluntad propia, logró apartarse a duras penas. Jadeando con rudeza, miró hacia abajo. Su pene, con la base hinchada como si tuviera un anillo grueso, comenzó a derramar grandes cantidades de semen en espasmos violentos.


—Haah…haah...


Jadeando, Pil-seung envolvió con su mano el pene que estaba experimentando el nudo fuera del cuerpo, y se desplomó exhausto junto a Woo-yoon, que yacía inconsciente.


—Haah...


Abrazó el pequeño cuerpo con ambos brazos. Su pene, que aún seguía eyaculando, manchó de forma pegajosa el vientre y las piernas del Woo-yoon que tenía en sus brazos. Pil-seung, que recuperaba el aliento abrazándolo en silencio, hundió su cabeza, que temblaba levemente, en ese pecho pequeño.


‘—Para hacerte responsable de algo, primero tienes que estar tú bien parado.’


—Lo…siento...


Murmuró Pil-seung con la voz completamente ronca mientras cerraba los ojos con fuerza. Una gota de sudor que colgaba del extremo de su ceja cayó bajo sus pestañas, resbalando como si fuera una lágrima. El acto de venganza de su propio cuerpo, contra el que había luchado negando su identidad durante tantos años, fue verdaderamente desolador. Esa desolación que calaba en todo su ser hizo que Pil-seung, el hombre que no le temía a nada, sintiera miedo por primera vez.



Raw: Ruth Meira.

Traducción: Ruth Meira.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Bang bang 10

Complejo de Rapunzel 1

Winterfield 9