Un día del gángster 11
11
Sentado en una silla de la comisaría de distrito, Woo-yoon miraba sus muñecas esposadas mientras gruesas lágrimas caían de sus ojos. Le resultaba cruel que los policías le hubieran puesto las esposas solo a él por ser Omega, mientras que a los borrachos que habían sido traídos por causar disturbios y que seguían gritando y portándose mal, no se las habían puesto.
Levantó ambos brazos y se frotó los ojos para secarse las lágrimas. Cada vez que movía los brazos, las esposas emitían un tintineo metálico: clac, clac.
Woo-yoon intentaba con todas sus fuerzas mantenerse firme, pensando que si Pil-seung venía, tendría a alguien que escuchara su versión. Sin embargo, incluso ahora que la llamada había terminado y el exterior, visible a través de las puertas de cristal de la comisaría, se había sumido en una oscuridad total, Pil-seung no aparecía.
—¿Por qué…no viene…?
Woo-yoon se mordió los labios para contener el llanto y tragó sus lágrimas a duras penas. ¿Será que no va a venir? ¿Me habrá abandonado? ¿Se habrá escapado de mi lado para siempre, igual que mi hermano? ¿Acaso todo lo que pasó desde que apareció ese gánster un día... fue solo una fantasía?
¿No habría sido todo una triste ilusión nacida de su deseo de que al menos una persona en el mundo lo amara?
—Si espera un poco más, será trasladado a la comisaría jurisdiccional, tal como le informé antes.
El oficial a cargo que había traído a Woo-yoon a la comisaría le habló mientras sorbía un café de mezcla en un vaso de papel. Woo-yoon, sumido en sus pensamientos, levantó la cabeza.
—Si voy allí… ¿qué pasará…?
El policía miró de reojo sus ojos llenos de lágrimas, se puso una mano en la cintura y murmuró:
—Si llegas a un acuerdo con la víctima, el caso no pasará a mayores, pero la víctima insiste firmemente en que seas castigado. Además, como agrediste a un Beta estando en una situación de falta de registro de rasgo, será difícil evitar el castigo. Por ahora, basándonos en la declaración que escribiste aquí, el caso se transferirá al departamento correspondiente y…
El oficial dejó la frase en el aire. Fue porque su colega, que estaba sentado en el escritorio, se puso de pie de un salto repentinamente. El oficial de Woo-yoon siguió la mirada de su compañero hacia la puerta de entrada de la comisaría.
Un grupo de hombres vestidos con trajes negros, que parecían teñidos por la oscuridad del exterior, entró en la comisaría creando una atmósfera intimidante. Ante la aparición de esos hombres que, a simple vista, eran todos Alfas, el oficial echó mano inmediatamente a la pistola Taser que llevaba en la cintura.
—¿En qué…puedo ayudarles?
El policía preguntó el motivo de la visita con un tono rígido. Woo-yoon, que contenía el llanto mientras sus pupilas se movían de un lado a otro a punto de soltar más lágrimas, se levantó de la silla y corrió hacia adelante al mismo tiempo.
—¡¡Pil-seung…!!
Las lágrimas contenidas rodaron por sus mejillas. Eran lágrimas de un profundo alivio. Woo-yoon se lanzó a los brazos de Pil-seung, que estaba allí rodeado de sus hombres, hundió el rostro en su pecho robusto y aspiró su aroma familiar.
Es real. Está aquí. Mi único aliado.
Woo-yoon estalló en sollozos entrecortados.
—Hic, yo, a una persona, huup, hic… El señor a mí, ugh, a mí, a la fuerza…
—Ya está bien. Has pasado por mucho.
No había razón para dejar que Woo-yoon se humillara ante los demás contando de nuevo una historia que él ya conocía de sobra. Pil-seung interrumpió las palabras de Woo-yoon y, rodeando con un brazo su cuerpo tembloroso por el llanto, le acarició la espalda. Ante ese toque rudo pero reconfortante, como diciéndole que podía estar tranquilo porque él ya estaba allí, Woo-yoon sintió que la tensión desaparecía y se tambaleó como si fuera a desplomarse. Gi-dong, que estaba al lado de Pil-seung, se apresuró a sostenerlo.
Pil-seung, tras confiar a Woo-yoon a Gi-dong, se llevó el borde de la mano cerca de la ceja a modo de saludo y se dirigió con tono insolente al policía que les apuntaba con la Taser.
—Vaya, qué duro trabajan.
—¿Quiénes son ustedes?
—Ay, mierda.
—¿Qué? ¿Mierda? ¿Se ha vuelto loco?
El oficial se acercó a Pil-seung, quien acababa de soltar el insulto. Entonces, Pil-seung levantó el brazo de Woo-yoon, que permanecía apoyado en Gi-dong, y dijo:
—¿Cómo se les ocurre ponerle las esposas?
—Es la norma esposar a un poseedor de rasgo que ha agredido a un Beta…
—¿Qué clase de norma de mierda es esa de tener esposadas durante horas las muñecas de un Omega que no representa ningún peligro y que no es un Alfa fuera de control? Y encima a alguien que ha sido traído por rociar un poco de spray de defensa en defensa propia.
—Ja, por lo que escucho... ¿Usted es policía? Queda arrestado por obstrucción a la justicia…
Justo cuando el oficial a cargo apuntaba la Taser hacia las piernas de Pil-seung con intención de disparar, el colega que estaba tras el escritorio contestó el móvil que no paraba de sonar. Tras intercambiar unas palabras en un tono disciplinado y terminar la llamada, carraspeó. Luego, gritó en voz baja, casi como un susurro:
—¡Oficial Han! Déjalo, ¡déjalo ir!
—¿Qué?
—Llamó el capitán. Dijo que desde la central ordenaron que lo soltáramos.
—¿Por qué la central ordenaría soltar a un sospechoso que ni siquiera ha sido transferido aún? ¿Tiene eso algún sentido?
El oficial a cargo miraba alternativamente a Pil-seung y a su colega, sin bajar la Taser, como si no pudiera aceptarlo.
—Es una orden del jefe de policía…ven aquí un momento.
Mirando con sospecha a su colega que le hacía señas para que se acercara, el oficial bajó la Taser y caminó hacia el escritorio. Woo-yoon se escondió detrás de la espalda de Pil-seung para evitar las miradas de los policías, que no dejaban de observarlo mientras cuchicheaban.
En la conversación de los policías se mencionaron varias veces el nombre de Pil-seung y la palabra oficina. Poco después, el oficial a cargo guardó la Taser en su funda, soltó un largo suspiro e hizo un gesto con la mano a Woo-yoon. Pil-seung empujó suavemente la cintura de Woo-yoon, que dudaba, indicándole que podía ir.
El policía insertó la llave en el pequeño orificio central de las esposas, las giró y el metal que apretaba sus muñecas cayó. Woo-yoon regresó al lado de Pil-seung acariciando las marcas rojas que le habían quedado y tomó su mano grande y áspera.
—...
Pil-seung miró de reojo la coronilla de Woo-yoon, que apretaba su mano con fuerza, y sus cejas se contrajeron levemente. Debió de pasar mucho miedo. Al fin y al cabo, a diferencia de los gánsteres como ellos que entran y salen de las comisarías como si fuera su casa, una persona normal apenas pisa una en toda su vida, y él lo había pasado mal incluso estando esposado.
Debí haber llegado antes.
Pil-seung chasqueó la lengua tras salir de la comisaría llevando a Woo-yoon con él. Se había retrasado porque la conversación con el jefe de policía se había alargado. Al recordar el rostro de aquel hombre que se empeñaba en cerrar el caso como una investigación interna pero se negaba a eliminar el registro del sistema, soltó un insulto en voz baja: "Mierda".
—¡Ah…!
Woo-yoon, que se dirigía hacia el coche estacionado en la calle de la mano de Pil-seung, soltó una pequeña exclamación y se detuvo en seco. Los hombres de la oficina, incluido Pil-seung que caminaba mirando al frente, se detuvieron uno tras otro como fichas de dominó.
—¿Qué pasa? ¿No te sientes bien? ¿Estás cansado?
Ante la voz preocupada, Woo-yoon sacudió la cabeza y, parpadeando con sus ojos aún húmedos, dijo vacilante:
—¿No hay...tofu?
—¿Qué?
—Yo, ¿no tengo que...comer tofu?
—...Ah.
Tras recibir la llamada de Woo-yoon diciendo que esperaba el traslado en la comisaría de distrito, Pil-seung corrió a la comisaría jurisdiccional para negociar primero con el jefe de policía. Por estar adulando al jefe con una propuesta tentadora, se olvidó del tofu. Hoy en día, ya nadie comía esas cosas por ser algo anticuado.
Incapaz de resistir la mirada de Woo-yoon que esperaba el tofu, Pil-seung murmuró: “El tofuuu…” alargando el final de la palabra mientras se giraba hacia Gi-dong. Ante la señal con la mirada de si no había nada preparado, Gi-dong miró hacia un lado. El subordinado que recibió la mirada de Gi-dong miró hacia atrás. Los corpulentos hombres empezaron a buscar a su alrededor un tofu que nunca habían comprado.
Pil-seung, observando a sus hombres que empezaban a alborotarse, tiró rápidamente de Woo-yoon.
—Vamos. Te compraré un estofado de tofu. Por aquí todos los locales de tofu artesanal abren las 24 horas.
—Sí.
Temía que se decepcionara, pero Woo-yoon asintió dócilmente. Pil-seung, frotándose el pecho por el susto momentáneo, apretó con fuerza la mano de Woo-yoon.
Así, en medio de la noche, se llevó a cabo la cena de la oficina de Baek Pil-seung en un restaurante de estofado de tofu artesanal. Ollas de estofado llenas de setas y tofu se colocaron en cada mesa, y antes de que el picante caldo hirviera, se escuchaba por doquier el sonido de las botellas de soju al abrirse. Sentado a solas frente a Woo-yoon, en un lugar apartado de sus hombres que ocupaban tres o cuatro mesas juntas, Pil-seung extendió una toallita húmeda desechable en la palma de su mano.
—Asoma la cabeza.
Pil-seung chasqueó la lengua con pesar al ver a Woo-yoon asomar el rostro dócilmente. Le daba lástima ver que sus ojos caídos se veían aún más tontos de lo habitual debido a la hinchazón. Con la toallita, le frotó con energía el rostro descuidado por las lágrimas secas.
—Come esto y vete a mi casa. A partir de hoy, vives conmigo.
—Sí…
—¡Ah, joder! ¡Debí haber vaciado esa habitación de mierda mucho antes!
Pil-seung, bufando mientras limpiaba meticulosamente hasta debajo de la nariz de Woo-yoon, lanzó la toallita a un rincón de la mesa. Luego, ajustó el fuego del gas y removió el estofado con un cucharón.
—Baek Pil-seung….
—Qué.
Pil-seung respondió con indiferencia mientras observaba con expresión seria la olla que no terminaba de hervir. Woo-yoon se mordió repetidamente el labio inferior. Una vez que su corazón asustado se calmó un poco, surgió la curiosidad hacia Pil-seung.
¿Cómo supo Baek Pil-seung lo que estuvo a punto de pasarle? Cuando hablaron por teléfono, no pudo ni mencionar que le había rociado el spray al dueño porque estaba llorando, así que sentía curiosidad por saber cómo lo sabía, aunque preguntarlo le daba algo de vergüenza.
Woo-yoon vaciló un momento antes de hablar.
—Lo que pasó hoy... ¿cómo lo supiste?
A pesar de que preguntó con cautela, recibió una respuesta sumamente serena.
—Llegué tarde porque pasé por la comisaría a la que ibas a ser trasladado. Allí le pedí a un detective conocido ver tu declaración.
—¿También conoces a un detective? ¿Un gánster puede entrar...así como así...en una comisaría?
A pesar de que no había dejado de temblar en todo el camino desde la comisaría hasta aquí, parecía que ahora que se sentía a salvo no paraba de hacer preguntas. Pil-seung soltó el cucharón y miró fijamente a Woo-yoon.
—¿Acaso crees que siendo gánster no tendría vínculos con la policía local?
—Vínculos…. ¿Le diste...dinero al policía? ¿A cambio de sacarme? En las películas se ve eso…
La escena de un gánster sobornando a policías corruptos con dinero o invitándolos a beber era un cliché que nunca faltaba en las películas coreanas. Woo-yoon se sintió mal pensando que Pil-seung había hecho algo así por su culpa. ¿Se sentiría menos culpable si hubiera hecho lo que Pil-seung le pidió ayer, o si se hubiera dado cuenta antes de sus sentimientos y hubiera tenido el valor de decirle que le gustaba? Woo-yoon bajó la cabeza y jugueteó con sus dedos bajo la mesa.
Con la mirada fija en la cabeza de Woo-yoon, que parecía desanimado, Pil-seung vertió soju en un vaso de acero inoxidable. Bebió el alcohol que llenaba el vaso de un trago, como si fuera agua, y respondió:
—Iba a arreglarlo con dinero, pero como dijeron que no lo aceptaban, decidí hacer un poco de limpieza a cambio.
—¿...Limpieza?
—Sí. Suelo hacerlo de vez en cuando. No fue ningún esfuerzo especial por tu culpa, así que no te preocupes.
Tras retener el alcohol restante en la boca para enjuagarse como si fuera un colutorio y tragarlo, Pil-seung sacó un paquete de cigarrillos de su chaqueta. Woo-yoon miró fijamente a Pil-seung mientras este se ponía un cigarrillo en los labios y murmuró:
—Entonces yo también ayudaré.
—...
Pil-seung, con el encendedor en la mano, solo movió las pupilas para mirar a Woo-yoon. Woo-yoon habló con total sinceridad.
—Se me da bien limpiar.
—¡Jajajaja!
Ante la carcajada de Pil-seung, sus hombres, que estaban bebiendo, miraron de reojo a Woo-yoon. Observaron con envidia el romance de su jefe, que no paraba de reír, y pronto apartaron la vista.
—Mira que decir que va a limpiar, joder.
En las palabras que Pil-seung murmuró para sí mismo se filtró una risa que no podía detener. Poco después, volvió a estallar en carcajadas. Cada vez que Pil-seung reía, su nuez se movía violentamente entre el cuello de la camisa que tenía un par de botones desabrochados.
Gracias a Nam Woo-yoon, Pil-seung logró enfriar su cabeza, que hervía con la intención de ir de inmediato a buscar el hospital donde estaba internado el viejo pervertido que tocó a Woo-yoon para degollarlo. Solo después de reírse hasta que se le humedecieron las comisuras de los ojos, Pil-seung levantó el plato pequeño de Woo-yoon, que solo movía las pupilas sin entender nada. Con el cigarrillo entre los dientes, sirvió con el cucharón el estofado que burbujeaba y lo puso en el plato.
—Cachorro adorable. Come mucho.
Woo-yoon miró el estofado que Pil-seung le había servido y se aclaró la garganta. Parecía que lo estaban ignorando, pero no se sintió mal. En lugar de mirar mal a Pil-seung como antes, le preguntó con cautela mientras él fumaba y le servía agua con una mano:
—¿Después de comer esto…vamos a tu casa?
—Eso es lo que he dicho. ¿No quieres? Aunque no quieras, no se puede. Tienes que ir.
Pil-seung, que se preguntaba y se respondía a sí mismo, sonrió de oreja a oreja mientras las comisuras de sus labios temblaban. Woo-yoon, que picoteaba el tofu esponjoso con la cuchara, dijo en voz baja:
—Tengo que pasar por allá….
—¡No te oigo!
La voz de Woo-yoon quedó sepultada por el estruendo de los hombres que comían alborotados detrás, así que subió un poco más el tono.
—¡Es que dejé algo! ¡Tengo que ir a buscarlo!
—Joder, ¿qué podrías tener que recoger en ese cuchitril?
—...
—¿Qué es? Les diré a los chicos que lo traigan. ¿Cómo vas a volver a pisar ese sitio? Mierda.
Pil-seung, con el ceño fruncido, apagó en el cenicero el cigarrillo al que apenas le había dado un par de caladas y apoyó la barbilla en la mano para mirar a Woo-yoon. Le estaba indicando que dijera qué necesitaba. Pero Woo-yoon cerró la boca con fuerza y puso expresión de enfado.
Tras observar ese rostro silencioso, Pil-seung extendió la palma de su mano sobre la mesa.
—La mano.
—...
Aunque no le sostuvo la mirada, Woo-yoon puso su mano dócilmente sobre la de él. Pil-seung apretujó esa mano pequeña, que sobraba dentro de la suya, y dijo:
—Siento haberte dejado ir ayer.
Woo-yoon, que mantenía la vista baja, finalmente levantó la mirada para observar a Pil-seung, sentado frente a él.
—Debí haber impedido que te fueras aunque dijeras que querías irte. Lo siento.
—...
—De ahora en adelante, te cuidaré bien para que una mierda como la de hoy no vuelva a pasar nunca.
Apretó la mano de Woo-yoon con un poco más de fuerza.
—Mañana registremos tu rasgo. Yo seré tu garante.
—...
—Joder, si te duele algo iremos al hospital, podrás ir con la frente en alto a donde quieras, y además…
—Pil-seung.
Woo-yoon llamó a Pil-seung en voz baja y se quedó mirando fijamente sus ojos de aspecto feroz. Esos ojos que la primera vez que los vio desprendían una mirada tan afilada que casi no podía respirar, en este momento se sentían más cálidos y confiables que los de cualquier otra persona en el mundo. Woo-yoon aplicó fuerza en la mano que Pil-seung sostenía y, al contrario, fue él quien sujetó a Pil-seung con más fuerza. Los ojos cálidos que lo miraban con asombro temblaron levemente.
Woo-yoon no se guardó más las palabras que planeaba entregar junto con el regalo.
—Yo también te quiero. Me has empezado a gustar, ¡umm…!
Las lágrimas cayeron sobre el rostro que Pil-seung se había esmerado en limpiar con la toallita. Una oleada de sentimientos, que incluía gratitud y arrepentimiento hacia Pil-seung, lo desbordó. En ese sentimiento también había alivio por haber sobrevivido en un mundo donde pensaba que se había quedado solo. Había autocompasión por su propia situación y remordimiento por los días pasados en los que se sintió tonto y patético. Los sentimientos de Woo-yoon hacia Pil-seung eran demasiado complejos para expresarlos solo con la palabra amor. Era una emoción que no terminaría con un simple me gustas.
—Huup, ugh…
—Nam Woo-yoon…
Pil-seung, con el rostro enrojecido, no podía apartar la vista de Woo-yoon, que sollozaba desconsoladamente. Esa criaturita pequeña y lamentable finalmente le había abierto un hueco a su lado. Se había lanzado a sus brazos pidiendo que lo cuidara. Le había dado permiso para hacerse responsable.
Ahora podía mimarlo todo lo que quisiera.
Con los ojos entrecerrados mientras intentaba contener la sonrisa que se extendía por su rostro, Pil-seung se limitó a mirar fijamente a Woo-yoon, que lloraba diciendo que lo quería. Sentía que si apartaba la vista, sería un sueño del que despertaría. Seguía sosteniendo la mano de Woo-yoon con firmeza.
En cuanto entró en el semisótano, cuya puerta estaba abierta de par en par, Woo-yoon recogió primero la bolsa de regalo que estaba sobre la cómoda. Solo después de confirmar el contenido envuelto para regalo, una sonrisa asomó a sus labios.
Pil-seung, que miraba de reojo a Woo-yoon de espaldas abrazando la bolsa de regalo, levantó la mochila que estaba tirada por el suelo. Mientras metía en la mochila las pertenencias esparcidas alrededor, apretó los dientes. La situación de urgencia de aquel momento se dibujó ante sus ojos y una rabia ardiente brotó desde su interior. Estuvo a punto de mandar todo a la mierda e irrumpir en el hospital donde yacía el viejo pervertido del dueño, pero recuperó la calma a duras penas al ver la correa de la mochila sujeta con un imperdible. Si terminaba arrestado por causar un escándalo, ¿quién se haría cargo de este pobre infeliz?
—Tira esto y vámonos.
—¡Por qué voy a tirarla!
Woo-yoon, que abrazaba la bolsa de regalo, descubrió la mochila que colgaba de la mano de Pil-seung y se la arrebató rápidamente.
—Es mía. Me la voy a llevar…
—Te compraré una igual.
—...
Unos ojos tontos y caídos miraron fijamente a Pil-seung.
—Joder, mierda. Está bien. De ropa solo agarra una muda para dormir hoy. Mañana te compraré ropa nueva.
Woo-yoon asintió y empezó a hurgar en la cómoda. Pil-seung, mirando con incredulidad la nuca de Woo-yoon mientras este dudaba tras desplegar varias camisetas aunque para él todas eran la misma porquería, tanteó el bolsillo interior de su chaqueta.
Sacó el móvil y comprobó primero la foto de Nam Hee-jae enviada desde Incheon. Tras varios días capturado, Hee-jae, que vestía algo que podía llamarse ropa, estaba aceptando dócilmente la comida que los subordinados de Pil-seung le daban a cucharadas. Era una orden de Pil-seung, quien juzgó que Hee-jae debía haber ganado algo de peso cuando se encontrara con Woo-yoon para no despertar la compasión de este.
Borró la foto de Hee-jae tras revisarla y terminó de comprobar un mensaje de Gi-dong, que aún seguía en la cena de la oficina.
[¡Jefe! ¡¿Podemos ir a asar carne?!]
Apoyado con un hombro en el armario, envió su respuesta.
[Sí, dales de comer, pero que no se metan en líos.]
Seguramente hoy sería la última cena grupal antes de salir a hacer la limpieza que el comisario había encargado. A cambio de resolver el caso de Woo-yoon, aceptó el encargo de ocuparse de una banda emergente que últimamente estaba creciendo y causando dolores de cabeza. Hoy en día, casi no quedaban mafiosos que se metieran en grandes peleas, vieran sangre y entraran y salieran de la cárcel como antes. Esto se debía a que, siguiendo las corrientes de la época, la mayoría de los negocios habían cambiado hacia el tráfico de drogas, los casinos, las criptomonedas o las acciones.
Sin embargo, hay tipos que son difíciles de procesar bajo la justicia de la ley. Desde el punto de vista de la policía, a esos tipos no les queda otra que dejar que un gánster igual los pisotee y los mate. Para la policía era matar dos pájaros de un tiro, ya que se quitaban una espina del ojo y hasta podían aspirar a un ascenso especial. E incluso si algo salía mal, bastaba con encubrir el hecho de que se habían aliado con ellos para instigarlos y meterlos a todos en la cárcel diciendo que solo eran un montón de gánsteres.
—Joder, de todas las que había.
Pil-seung agarró por la nuca a Woo-yoon, quien con manos cuidadosas estaba escogiendo una camiseta de la Granja de Fresas de Yongpyeong, y lo puso en pie. Finalmente, ante la insistencia de Pil-seung, Woo-yoon salió a rastras apenas habiendo recogido su ropa interior, con el labio un poco fruncido pero con una sonrisa radiante. Le dio risa sentir las manos de Pil-seung, que tras haberlo tironeado con rudeza, ahora le masajeaban suavemente la nuca con un tacto que le daba cosquillas. Pil-seung le frotó suavemente el puente de la nariz con el índice a Woo-yoon, que lo miraba hacia arriba sonriendo.
Cachorro adorable. Cosa linda. Nam Woo-yoon.
El lugar donde vivía Pil-seung era una villa de cuatro pisos cerca de la oficina, un sitio sorprendentemente común. La única particularidad era que todos los residentes de la villa, que tenía dos viviendas por piso, eran miembros de la oficina de Baek Pil-seung. Dijo que en cada casa vivían como mucho cinco o seis personas.
Según Pil-seung, la mayoría de los que trabajaban bajo su mando como gánsteres eran personas que no tenían a dónde ir. Dijo que, aunque tuvieran la capacidad de conseguir una vivienda, no se molestaban en tener algo como un hogar porque nunca sabían cuándo acabarían en prisión.
Parece ser que era frecuente que, tras pasar unos años en la cárcel, el dueño de la casa vendiera el edificio y desapareciera, pero para el sentido común de Woo-yoon, no terminaba de entender cómo un gánster podía ser engañado así.
La casa de Pil-seung era la de la izquierda en el cuarto piso. Al abrir la puerta y entrar, lo primero que saltó a la vista fue una cama enorme colocada en la sala, y aparte de eso, había equipos de ejercicio, una televisión de pared y una mesa baja. Había dos habitaciones más al fondo: una era el vestidor y la otra el baño.
Pil-seung, que trajo una camiseta negra de manga corta y unos pantalones cortos del vestidor, le entregó la ropa a Woo-yoon y le dijo:
—Debes estar cansado, entra rápido a lavarte. Yo iré a lavarme a la casa de los chicos.
—Sí.
—Si pasa algo, llámame. Estaré lavándome justo en la casa de enfrente.
No sabía qué podría pasar mientras se lavaba, pero por ahora asintió. Woo-yoon entró al baño empujado por Pil-seung, que agitaba la mano como indicándole que entrara pronto.
—...
Pil-seung, que se quedó mirando fijamente la puerta cerrada del baño, sacó un frasco de pastillas de su chaqueta de traje. Se metió unas pastillas de no feromonas en la boca y las masticó ruidosamente antes de tragarlas. Aunque uno intente reprimir el deseo sexual común, no el provocado por las feromonas, masticar pastillas no soluciona nada. Aun pensando que sería mejor darse una satisfacción propia mientras se lavaba, Pil-seung masticó una pastilla más por si acaso.
Mientras Pil-seung se dirigía a la casa de enfrente pinchándose el muslo, Woo-yoon disfrutaba de la abundancia del agua caliente en un baño amplio y limpio, comparado con el baño exterior que tenía su habitación de un solo ambiente en el semisótano. Uno de los deseos en la lista de pendientes de Woo-yoon, que siempre había vivido lavándose con agua fría sin importar la estación, era desperdiciar agua caliente lavándose con agua que soltara vapor incluso en verano.
También le gustaba el chorro de agua que caía desde más arriba de su cabeza. Le resultaba asombroso un baño donde no tuviera que inclinar el cuerpo ni acuclillarse.
Woo-yoon, que terminó de ducharse tarareando la canción que Pil-seung le había grabado, salió del baño con una toalla sobre la cabeza.
En la sala, Pil-seung estaba sentado en la cama en ropa interior, medio desnudo, fumando un cigarrillo. Su cuerpo, con los músculos de los brazos, el pecho y la espalda hinchados como si estuviera enfadado, se veía inmenso cada vez que lo miraba.
Pil-seung, al notar la presencia de Woo-yoon, apagó el cigarrillo en el cenicero que estaba en la mesilla de noche unida al cabecero de la cama y, soltando el humo, preguntó:
—¿Por qué no te secaste el pelo?
—Porque hacía mucho calor.
—...
Tenía las mejillas rojas. El cuello de la camiseta que le había prestado le colgaba por debajo de la clavícula, y los pantalones cortos, como si hubiera aguzado el ingenio para sujetar la cintura que no era de su talla, tenían la parte de arriba metida por dentro y el cordón de la cintura apretado al máximo. A pesar del esfuerzo, seguían estando tan holgados que parecía que se caerían si alguien tiraba de ellos.
Pil-seung se pasó la mano por el pelo, que al no llevar gomina caía hacia adelante más de lo habitual, y se lo echó hacia atrás.
—Ah, me voy a volver loco…
¿Cómo habría sido si hoy fuera otro día? Habría tumbado y devorado a placer al tonto de Nam Woo-yoon, que acababa de decirle que le gustaba. Sin embargo, no quería ponerle las manos encima a Woo-yoon, quien apenas unas horas antes había pasado por una experiencia tan terrible.
—Siéntate, te lo secaré. Te vas a resfriar con el aire del aire acondicionado.
Woo-yoon se acuclilló y se sentó al pie de la cama, donde Pil-seung le indicó. Así que el frescor era por el aire acondicionado. Woo-yoon miró de reojo el aire acondicionado de pared que estaba junto al cabecero de la cama y se sintió tonto al pensar que el aire de la sala se sentía fresco solo porque se había lavado con agua demasiado caliente.
Pil-seung, que trajo el secador de pelo del baño, se sentó pesadamente en la cama. Enchufó el aparato al contacto integrado del cabecero y empezó a revolver el pelo de Woo-yoon, que estaba sentado de espaldas a él en el suelo.
Cada vez que metía los dedos entre el pelo mojado y frotaba con fuerza, la pequeña cabecita era empujada sin resistencia hacia todas las direcciones. Aun así, le pareció tierno y lindo que Woo-yoon le confiara su cabeza sin decir una palabra, así que, como señal de elogio, de vez en cuando le acariciaba el lóbulo y el pabellón de la oreja. En realidad, era un gesto que Pil-seung hacía a menudo cada vez que atrapaba y bañaba a los perros callejeros que merodeaban frente a la oficina.
Un elogio por haberse esforzado en sobrevivir superando las penurias.
—A ver.
—...
—Bueno, ya está.
Pil-seung aplastó un par de veces con la palma de la mano el pelo de Woo-yoon, que se había quedado encrespado como si tuviera estática por haberlo secado mal, y dio unos golpecitos al sitio a su lado.
—Sube.
Woo-yoon se sentó pegando sus nalgas al lado de Pil-seung, quien le hacía señas para que se acercara. En cuanto se sentó en el borde de la cama, Pil-seung le tomó la mano de forma natural. Pero eso fue todo. Baek Pil-seung se limitó a masajear la mano que sostenía, inclinó el torso hacia atrás como si fuera a tumbarse en la cama mirando al techo, y luego volvió a acercarse y a masajearle la mano.
No era diferente de lo habitual. Como Baek Pil-seung siempre sonreía tontamente con solo cruzar la mirada con él, pensó que armaría un gran escándalo al escuchar que le gustaba, pero se veía sorprendentemente calmado. Pensó que incluso le echaría en cara todo lo que había sufrido a solas.
Woo-yoon, mirando sus dedos entrelazados con dificultad entre los dedos gruesos de Pil-seung, murmuró bajito:
—¿Tú...no me preguntas por qué me empezaste a gustar, o qué parte de ti me gusta y cuánto...? ¿Cosas así?
Pil-seung, que tragaba saliva en secreto mientras echaba vistazos a la clavícula expuesta de Woo-yoon, soltó una risita.
—Si Nam Woo-yoon, que temblaba como un flan solo con verme respirar, me dice llorando a moco tendido que me quiere, es que está jodidamente colado por Baek Pil-seung. ¿Qué más necesito indagar?
—Supongo que sí…
—Mierda, ya pasaron las dos de la mañana. Duérmete ya.
Pil-seung soltó la mano que sostenía y se puso en pie. Woo-yoon intentó agarrarlo para que no se fuera de la cama, pero como Pil-seung estaba en calzoncillos, no había ropa de donde tirar, así que terminó agarrándole un glúteo a toda prisa. Pil-seung, sorprendido por el contacto repentino, se detuvo en seco y miró hacia atrás.
—¿Qué pasa? ¿Me estás tentando, joder?
Woo-yoon retiró rápidamente la mano de la nalga firme y balbuceó:
—No es eso de tentar... Pero, ¿a dónde vas?
—A dormir a la casa de enfrente.
—¿Por qué?
Pil-seung le respondió con total naturalidad a su rostro despistado:
—Para que no se me pare la polla.
—...
Las erecciones de Pil-seung no eran algo nuevo. Era extraño que él, que siempre tenía el pene erecto en cualquier momento y no dudaba en masturbarse frente a él, de repente se pusiera caballeroso. Por encima de todo, Woo-yoon no quería dormir separado. Quería que Pil-seung se quedara a su lado un poco más.
Woo-yoon miró fijamente a Pil-seung, que estaba allí de pie rascándose la barbilla con timidez, y dijo con el rostro algo enrojecido:
—Eso que te pasa...antes me daba un poco de asco y me caías fatal por eso, pero ahora que me gustas, lo entiendo.
—...
—Yo también...a veces siento que el corazón me late tan rápido que parece que voy a vomitar. Es algo que no puedes controlar, igual que me pasa a mí.
Era una mezcla extraña de algo dulce de escuchar con algo bastante peculiar. Pil-seung frunció el ceño y preguntó:
—¿O sea que te doy asco cuando se me para?
—Dije que antes… Ahora...bueno, puede que ahora también, pero…
—...
Pil-seung apretó los labios hacia adelante, lo pensó un momento y se sentó pesadamente al lado de Woo-yoon. La cama se hundió con fuerza. Pil-seung envolvió la mejilla de Woo-yoon con su mano enorme e inclinó la cabeza de forma natural.
—...
—...
Woo-yoon, con la mirada baja, se quedó mirando pasmado el rostro de Pil-seung, que se acercó hasta casi rozar sus narices, y de pronto sus labios dieron un pequeño respingo por los nervios. Sintió un cosquilleo eléctrico en los labios, igual que cuando Pil-seung le apretaba las muñecas y luego las soltaba.
—Entonces...podemos comprobar ahora mismo cómo te sientes.
Pil-seung frotó suavemente con la palma de su mano la mejilla de Woo-yoon, que seguía irradiando un calor ardiente. Ante la propuesta que le daba vergüenza, Woo-yoon movió sus grandes ojos y respondió lentamente:
—¿Lo...hacemos...?
En medio de la frase su voz sonó obstruida. Pil-seung bajó la mano que acariciaba su mejilla hacia la nuca. Juntando su frente con la de Woo-yoon, acarició con el pulgar la clavícula prominente y movió sus labios secos:
—Sí. Me voy a masturbar, así que mira bien si te doy asco o no.
—Mnh…
Woo-yoon respondió con un sonido apenas audible y tragó saliva. Le costaba respirar por la cercanía de sus rostros. Parecía mentira que hubiera podido besar a Pil-seung antes sin sentir nada especial. Aguantó con fuerza frunciendo el ceño, pero al final giró la cabeza bruscamente y empezó a jadear buscando aire. Sin embargo, antes de poder dar siquiera un par de bocanadas, Pil-seung le sujetó la mandíbula. Obligándolo a mirarlo tomándolo por el mentón, Pil-seung dijo con la vista fija en la camiseta holgada:
—Para celebrar que por fin soy tu novio, enséñame el pecho. Dijiste que te late como si fueras a vomitar. Déjame verlo.
—El regalo de celebración…es otra cosa… Lo compré ayer…
—Joder, para mí, masturbarme mirando tu pecho es el mejor regalo del mundo…
—...
—¿Puedo...? ¿Lo hago?
Su voz, grave y profunda, sonaba ansiosa. Woo-yoon echó un vistazo de reojo a la bolsa de regalo que había dejado frente al baño. Había estado impaciente por entregárselo. Se había pasado el tiempo imaginando la escena de dárselo a Pil-seung. Pero, curiosamente, pensó que podría dárselo mañana.
Primero, tenía curiosidad. Quería saber cómo se sentiría ahora esa actitud extraña de Pil-seung que hasta hace poco solo toleraba. Quería saber cuál era el límite de su corazón, que ya latía como si fuera a estallar.
Woo-yoon frunció el ceño y cerró los ojos con fuerza. Pil-seung, que retiró un poco su rostro, se quedó mirando a Woo-yoon, quien estaba rojo hasta el cuello y temblaba tanto que hasta se le movía la cabeza. Al ver a Woo-yoon tan tenso, que se había tomado sus besos como si nada, a Pil-seung también se le enrojecieron los ojos.
Pil-seung pensaba que, tras haber escuchado que le quería, seguir indagando sobre el tema no solo era innecesario, sino que además le quitaba estilo. Que hubiera llorado por un gánster diciéndole que le amaba ya era suficiente.
Pero recibir la confirmación de los sentimientos de Woo-yoon de forma tan visible, como ahora, le hacía sentir realmente bien. Tanto que la parte de abajo, que intentaba contener a duras penas, se le puso tensa en un segundo.
¿Cuánto me quieres? ¿Qué te gusta de mí? Esas preguntas de mierda son para los zorros que intentan seducir con palabrería, joder…
Realmente no tenía intención de hacer nada con alguien que acababa de pasar por un mal trago, pero si Nam Woo-yoon decía de intentarlo, ¿por qué iba él a detenerlo?
Por supuesto que no, joder.
Si Nam Woo-yoon tenía curiosidad por saber si su polla tiesa le seguía dando asco o no, y quería comprobarlo, entonces tenía que dejar que lo hiciera.
Pil-seung chocó sus labios contra los de él justo en el momento en que Woo-yoon entreabría los párpados. Muak, muak. La cabeza de Woo-yoon se echaba hacia atrás cada vez que los labios de Pil-seung lo tocaban. Woo-yoon puso fuerza en su cuello mientras recibía aquellos besos que se volvían cada vez más densos y profundos.
Era algo extraño. Su corazón latía con más fuerza que cuando subió al bote de pedales con Pil-seung. El sonido era un retumbo constante que le golpeaba los oídos. Sentía que empezaba a sudar a pesar de acabar de bañarse, y el calor le subía por la nuca y la espalda.
—U…um…
Cada vez que Pil-seung presionaba sus labios contra los suyos con esos besos cortos y dulces que le daban cosquillas, Woo-yoon fruncía el puente de la nariz y encogía los labios de forma circular sin darse cuenta.
Ah...las feromonas...
Su rostro, ya de por sí rojo, se encendió aún más. Mientras estaba distraído por los besos de Pil-seung, la fragancia de las feromonas que no había podido controlar vibraba alrededor de la cama. De repente, recordó al Omega con el que se había cruzado durante las vacaciones. Aunque su rostro ya era un recuerdo borroso, recordaba perfectamente el aroma de las feromonas que aquel hombre había desprendido sentado al lado de Pil-seung. Era una fragancia que contenía un deseo sexual tan explícito hacia Baek Pil-seung que incluso a él lo había hecho sentir avergonzado.
Woo-yoon no podía creer que ahora mismo, en la cama de Pil-seung, él estuviera desprendiendo ese tipo de olor. Si Pil-seung fuera un Alfa en lugar de un Beta, y pudiera sentir sus feromonas, probablemente Woo-yoon se habría desmayado de la pura vergüenza.
Tensó el cuerpo hasta el punto de encoger los dedos de los pies. Aunque Pil-seung no pudiera sentirlas, no quería seguir desprendiendo ese olor que lo hacía sentir más que abochornado, casi loco de la vergüenza. Sin embargo, por mucho que intentara controlar sus feromonas, los nervios y la excitación no disminuían fácilmente. Su corazón no obedecía sus órdenes y seguía agitado.
—U, uum…
Los labios, que antes chocaban y se separaban brevemente, ahora se movían suavemente, encajados el uno con el otro. Woo-yoon, cuyos hombros daban un respingo cada vez que Pil-seung mordía y soltaba alternativamente sus labios superior e inferior, murmuró sin llegar a abrir del todo la boca:
—Siento...que voy a vomitar...
—No lo harás.
Pil-seung lo negó con firmeza y volvió a devorar sus labios. Pasó la lengua por el labio inferior de Woo-yoon y lo soltó de un tirón. Al confirmar que en los ojos de Woo-yoon, entrecerrados como cuando fingía tener sueño, había un brillo de excitación que nunca antes había visto, Pil-seung se mordió sus propios labios mojados.
Joder, esto es una locura...
Sentía una presión dolorosa en el bajo vientre, donde la sangre se había acumulado con una fuerza tan sólida como una roca. Le costaba horrores contener las ganas de tumbar a Woo-yoon y, siguiendo su verdadera naturaleza, hundirse entre sus piernas.
Nam Woo-yoon, que parecía no tener ni idea de la situación de Pil-seung y su paciencia extrema, se estremecía mientras dejaba que succionaran sus labios dócilmente, pero volvió a girar la cabeza y empezó a parlotear como un tonto con voz insegura:
—Siento que el corazón me va a... ¿a explotar...?
—No va a explotar.
—Late demasiado rápido... De verdad...
—...
Pil-seung se quedó mirando fijamente al balbuceante Woo-yoon con los ojos enrojecidos, luego agachó la cabeza y frunció el entrecejo. Se mordió el labio inferior durante unos segundos como alguien sumido en un profundo dilema, movió los ojos de un lado a otro y de pronto levantó la cabeza con determinación.
—Veamos.
Pil-seung se apartó bruscamente el pelo que le caía sobre la frente y extendió la mano para apoyarla sobre un lado del pecho de Woo-yoon. Cuando Woo-yoon, sobresaltado, intentó echar el cuerpo hacia atrás, Pil-seung lo sujetó con firmeza por la nuca con la otra mano y bajó la voz a modo de advertencia:
—Eeeh, quieto.
Pil-seung observó a Woo-yoon, que solo parpadeaba mientras lo sostenía por la nuca, y se concentró en el movimiento que percibía a través de su palma. Dentro de ese pecho delgado, el corazón latía sin descanso. Tras confirmar que no estaba exagerando ni era una táctica para echarse atrás ahora, Pil-seung asintió levemente.
—Ah, es verdad.
—¿A...a que sí?
—Mierda, pero mi polla también está a punto de explotar.
La mano que estaba apoyada en su pecho atrapó de repente la muñeca de Woo-yoon. Pil-seung tiró de la muñeca, donde las marcas rojas de las esposas aún eran visibles, hacia el espacio entre sus propias piernas. Woo-yoon encogió la mano rápidamente al acercarse a la parte delantera de los calzoncillos bóxer y gritó:
—¡Es...espera!
—¿Hacemos una apuesta a ver a quién le explota primero?
—¡No...!
En el momento en que un desconcertado Woo-yoon giró la cabeza, Pil-seung llevó la mano de Woo-yoon desde su entrepierna hacia su propio pecho izquierdo. Colocó la pequeña mano sobre su pectoral y susurró:
—Siente.
—...
Woo-yoon extendió lentamente la palma de la mano, que había mantenido encogida, y cubrió el robusto pecho de Pil-seung. Levantó la mirada desde sus ojos caídos y, con la vista fija en Pil-seung, sintió cómo el corazón de aquel gánster de cuerpo enorme como una roca y rostro fiero latía violentamente. Bajo los músculos calientes y sólidos, los latidos trabajaban con tal intensidad que hacían vibrar toda su palma.
Late, con muchísima fuerza. De una forma salvaje que no se puede comparar con la mía.
—Has perdido, ¿verdad?
Pil-seung, con los ojos inyectados en sangre, habló en voz baja mientras lo miraba de frente.
—Incluso si algo explota, explotará el mío primero, así que puedes hacer lo que te dé la puta gana.
—...
—Sigue a tu corazón, haz lo que quieras hacer. Yo...
—...
—Lo aceptaré todo.
Las pupilas de Woo-yoon, que miraba a Pil-seung atónito, brillaron levemente.
Seguir a mi corazón, hacer lo que quiera hacer...
Woo-yoon recordó el momento en que, tras descubrir que su hermano lo había engañado y abandonado, juró que no volvería a contenerse por nada. Había jurado que viviría de forma caprichosa y egoísta, igual que su hermano. Había decidido que usaría y desecharía al gánster, tal como su hermano hizo con él.
Como mi hermano, como mi hermano...
Pensándolo ahora, ese no era su verdadero yo. Solo estaba imitando al hermano que lo traicionó, pero no era la imagen que él realmente deseaba.
Woo-yoon movió la mano que estaba apoyada en el pecho de Pil-seung y acarició con cuidado la nuez de su garganta, donde quedaba una clara y larga cicatriz.
Ahora ya no hay un hermano como motivo para encontrarse con Pil-seung. Se encuentra con él basándose puramente en sus propios sentimientos. Entonces, ¿qué debería hacer con Pil-seung a partir de ahora? ¿Qué es lo que quiere hacer con él?
No "como su hermano", sino como "Nam Woo-yoon". Lo que Nam Woo-yoon quiere hacer, a donde el corazón de Nam Woo-yoon se dirige es...
Woo-yoon, que había estado encogido por su corazón latiendo con un ímpetu aterrador y el olor a feromonas vibrando de forma vergonzosa, se movió con valentía. Fue gracias a que se sintió aliviado por las palabras de Pil-seung de que, hiciera lo que hiciera, sería él quien explotaría primero.
Hacia su novio gánster, que le dijo que aceptaría cualquier cosa, Woo-yoon hizo audazmente lo que más deseaba. Apoyando un brazo en la cama y estirando el torso hacia arriba todo lo posible, Woo-yoon rodeó el cuello de Pil-seung con la mano que antes acariciaba la cicatriz.
—...
Presionó suavemente sus labios sobre los ojos de Pil-seung, que siempre solían estar ocultos tras las gafas de sol. Los ojos de aspecto fiero se cerraron sin resistencia, y el leve temblor de los delgados párpados se transmitió a sus labios. Era un temblor largo y fino, impropio de un gánster.
—Ha…
Pil-seung, con un ojo cerrado mientras recibía el beso de Woo-yoon, se burló de sí mismo en voz baja. El gesto de Woo-yoon de besar sus ojos, que no tenían nada de bonito por parecerse a los de su difunto padre, echó gasolina al pene que ya estaba encendido desde hacía rato.
Rodeó con ambos brazos la cintura de Woo-yoon, quien besaba sus párpados con delicadeza, y lo tumbó.
—¡Huat!
Pil-seung, introduciéndose entre las piernas de Woo-yoon, que cayó hacia atrás sin fuerzas, unió sus labios con los de él, los cuales lo estaban volviendo loco. Siguió un beso mucho más ardiente que el de hace un momento.
Pil-seung frotó su lengua contra la de Woo-yoon, que este asomaba torpemente, y luego exploró el interior de su boca. Lamió su paladar suave y frotó el interior de sus mejillas. Aunque estaban frenéticos por devorarse el uno al otro, cada vez que Pil-seung succionaba su lengua desde la raíz, Woo-yoon emitía sin falta un pequeño gemido de dolor mientras agitaba su cuerpo atrapado. Parecía estar algo incómodo, pero ya no decía tonterías sobre querer vomitar o que su corazón fuera a estallar.
Pil-seung, que lo besaba mientras vigilaba sus reacciones, sacó apresuradamente el dobladillo de la camiseta de los pantalones cortos que tenía la cintura apretada. Metió la mano por el hueco de la prenda que no había salido del todo. Dentro de la ropa, Pil-seung subió acariciando el vientre plano con manos expertas y apretó su pecho.
—Ugh…
Woo-yoon giró la cabeza y emitió un sonido ahogado. Cada vez que la palma áspera apretaba y soltaba su pecho delgado, sentía una tensión extraña en el vientre y las piernas; era una sensación muy rara. Le daba vergüenza pensar que Pil-seung notaría cómo su cuerpo se ponía rígido, pero si no aplicaba fuerza, sentía que su cintura se agitaría por sí sola.
Woo-yoon, con la boca bien cerrada, soltaba su respiración agitada por la nariz mientras miraba a Pil-seung. Por la vergüenza no podía sostenerle la mirada, así que fijó la vista en los labios de Pil-seung. Vio cómo sus labios rojos, ligeramente entreabiertos, se movían apenas para decir: "Mierda".
—Huu, ugh…
—Haaa, cachorro hermoso…
—Uuugh…
Pil-seung, mirando de arriba abajo aquel rostro que tragaba los gemidos con sonidos tontos, ladeó la cabeza y lamió la barbilla de Woo-yoon. Cuando su lengua rozó el orificio del oído tras lamer desde la punta de la barbilla hasta debajo de la oreja, el cuerpo que yacía debajo se sacudió violentamente.
—¡H-huuugh!
Pil-seung sujetó firmemente la mandíbula de Woo-yoon, que negaba con la cabeza sorprendido por el estímulo repentino, e introdujo la lengua en el oído. Al mismo tiempo, palpó el pecho que antes solo masajeaba y rascó rápidamente con el índice el pezón ligeramente erguido.
—¡Huugh, no! ¡Ugh, espera…!
La lengua caliente recorrió viscosamente su oído. Woo-yoon, sorprendido por la sensación de que se le erizaba todo el vello corporal, se estremeció con fuerza y encogió el cuello todo lo posible para evitar que Pil-seung le lamiera la oreja, mientras tironeaba de la camiseta a la altura del pecho. Era para detener la mano que jugueteaba con su pezón por dentro de la ropa, pero no sirvió de mucho.
Pil-seung, esquivando fácilmente la mano de Woo-yoon, interpretó sus forcejeos de otra manera y, subiéndole la camiseta hasta debajo de la barbilla, le dijo en tono reconfortante:
—Está bien. Tu novio chupa muy bien.
—¡E-h-eso no es, no es eso…!
—No te preocupes. Te voy a chupar jodidamente bien.
Bajo la camiseta levantada, quedó al descubierto el torso superior, que tenía marcas rojas de manos no solo alrededor del pezón rosado, sino en todo un lado del pecho.
—Joderrr…
A Pil-seung se le escapó un insulto ante aquella estampa que lo hacía salivar, y tuvo que forzar la vista para que sus ojos no se pusieran en blanco. Ahora empezaba a entender por qué los hermanos y hermanas que veía en la iglesia murmuraban tanto el nombre del que está en los cielos. Sentía que perdería el juicio si no invocaba a algo.
Para empezar, no tiene sentido mantener la razón mientras se folla, pero se trataba de Nam Woo-yoon. No quería perder la cabeza y embestirlo jadeando para terminar siendo rechazado por el chico que apenas acababa de abrirle el corazón y confesarle que lo quería tras haber estado temblando de miedo cada vez que lo veía.
Pil-seung, recomponiéndose una vez más para intentar comerse aquel banquete obtenido tras una larga espera de la manera más pausada y culta posible, murmuró el nombre de Woo-yoon repetidamente como si rezara una oración.
—Nam Woo-yoon, Nam Woo-yoon, joder, Nam Woo-yoon…
Woo-yoon escuchaba la voz de Pil-seung llamándolo, pero como de su garganta no dejaban de salir sonidos vergonzosos, no pudo responder y solo retorció su cuerpo delgado. Pil-seung acarició con la palma de la mano el costado sensual donde las costillas se marcaban bajo la piel blanca cada vez que Woo-yoon giraba la cintura, y hundió sus labios en el pecho que tenía las marcas rojizas.
—¡U-uu…!
En cuanto la lengua caliente de Pil-seung tocó su pezón, Woo-yoon soltó un gemido que no pudo tragar, puso ambos brazos sobre su frente y cerró los ojos. Era extraño que, sin que le estuvieran tocando los genitales, su sensibilidad sexual se disparara más rápido que cuando se encargaba de sus deseos a solas.
La lengua húmeda y suave trazaba círculos lentos alrededor de la areola, y a veces lamía el pezón de forma traviesa. Cada vez que lo hacía, su cintura se retorcía sin falta por voluntad propia. Sentía como si todo su cuerpo hubiera escapado de su control y solo obedeciera a Pil-seung. Reaccionaba exactamente como Pil-seung lo tocaba.
—Huugh, u…uun…unm…
De su garganta, que antes solo emitía sonidos ahogados, empezaron a brotar gemidos mezclados con sonidos nasales. Pil-seung, que acariciaba el pecho de Woo-yoon con los ojos cerrados, frunció el entrecejo.
—Ha, mierda, sabe jodidamente bien.
Pil-seung no pudo contenerse incluso mientras hablaba y mordió y succionó el pezón. Sin embargo, solo con esa pequeña protuberancia endurecida no era suficiente para saciar su ardiente deseo sexual. Mientras frotaba con la punta de la lengua la hendidura del pezón, extendió la mano hacia abajo. Bajó los calzoncillos bóxer con una mano de forma impaciente.
Pil-seung sacó su grueso pene de los calzoncillos que se habían quedado trabados a mitad de las nalgas y lo empuñó. Con el pezón, que estaba húmedo por su saliva, aún en la boca, comenzó a masturbarse. No había recorrido el tronco de su pene ni un par de veces cuando de su garganta brotó una respiración agitada junto con un gemido. Su velocidad de reacción fue mucho mayor que cuando se la pelaba hundiendo la nariz en los calzoncillos que le robaba a Woo-yoon a escondidas.
—Hiss, mierda, haaa, haaa.
—Uuung, geuk, detente…un…
Woo-yoon, emitiendo quejidos, levantó un poco la cabeza y miró hacia abajo, donde Pil-seung, con su enorme cuerpo encogido, se masturbaba con el rostro enterrado en su pecho. Desde su perspectiva, Woo-yoon solo alcanzaba a ver la cabeza succionando su pecho y los hombros alzados por la fuerza de sostenerse con un brazo sobre la cama.
Pil-seung había dicho que le mostraría cómo se masturbaba, pero en realidad, su pene, lo más importante, no se veía para nada. Así, no tenía forma de saber si su impresión sobre la masturbación de Pil-seung había cambiado. Además, solo le había pedido ver su pecho, nunca dijo nada de morderlo y succionarlo así.
En condiciones normales, Woo-yoon le habría reclamado que esto no era lo que habían acordado. Después de todo, Baek Pil-seung le tenía bastante miedo cuando él levantaba la voz. Sin embargo, Woo-yoon no pudo decir nada y dejó caer su cabeza hacia atrás, la cual sostenía con esfuerzo para mirar a Pil-seung.
Se sentía demasiado bien como para regañar a Baek Pil-seung. Mientras su cintura se retorcía por voluntad propia y sufría por las feromonas descontroladas, sentía un placer electrizante en el pecho que Pil-seung succionaba.
—Huuu, uuung…uuugh…
En realidad, no necesitaba comprobar con sus propios ojos si el pene de Pil-seung, erecto de forma amenazante, le seguía pareciendo asqueroso o no. Su ropa interior, empapada desde que empezaron los besos, ya le estaba dando la respuesta. Había intentado ignorarlo, distraído por su corazón que no dejaba de latir y las feromonas vibrantes, pero ya no podía seguir mirando hacia otro lado.
Woo-yoon cerró las piernas, avergonzado por su parte íntima que palpitaba sin control dentro de sus calzoncillos.
—Ha, mierda… ¿Por qué me provocas así? Me vas a volver loco…
Pil-seung, que se masturbaba mientras acariciaba el pecho de Woo-yoon encajado entre sus blancas piernas, enderezó el torso que tenía unido al de Woo-yoon, quien ahora apretaba el cuerpo de Pil-seung con sus propias piernas. Fue entonces cuando Woo-yoon pudo ver claramente el pene de Pil-seung por el que sentía curiosidad.
—...
Con el rostro ardiendo, Woo-yoon parpadeó con los ojos muy abiertos mientras miraba fijamente aquel pene grueso y curvado. Ya conocía el pene que sostenía la mano de Pil-seung, pero se veía mucho más "saludable" que la última vez que lo vio.
Ah, ¿qué hago…? Creo que los calzoncillos... no le van a quedar...
Woo-yoon pensó que era muy erótico ver cómo el pene, con las venas hinchadas de forma agresiva y visible, goteaba líquido preseminal cristalino por la punta del glande enrojecido; pero al mismo tiempo, le preocupaba que el regalo que tanto se había esmerado en preparar resultara inútil.
Pil-seung, mirando hacia abajo a Woo-yoon que solo jadeaba con expresión boba, frotó la punta de su pene contra el muslo blanco de él. Woo-yoon se aferró a las sábanas de la cama al sentir el contacto del pene caliente y firme deslizándose dentro de sus holgados pantalones cortos.
—Uugh… Se siente raro…
—¿Qué tiene de raro? Esta es la polla de tu novio.
Pil-seung, con la mirada fija en Woo-yoon, sujetó su pene introducido profundamente en la pernera del pantalón y empezó a agitarlo rápido. Dentro del pantalón de Woo-yoon, la sensible cabeza del pene se frotaba bruscamente contra el muslo que estaba abierto hacia él.
—¡Augh, mierda! ¡Nam Woo-yoon, haaa, haaa!
Pil-seung soltó un quejido ronco mientras fruncía el ceño con ferocidad.
—¡Ha, mierda, cómo se supone que un gánster... hiss... tenga modales, joder...!
—¿Qué...qué... uuuu...?
Pil-seung, que se frotaba contra la pierna de Woo-yoon quien no entendía a qué venía eso de los modales, tiró hacia abajo de la cintura de los pantalones cortos, los cuales había pensado antes que se caerían con un solo tirón. Arrojó los pantalones fácilmente fuera de la cama.
—¡A-ah, no! ¡Esper-huup!
Pil-seung, apoyando ambos brazos a los lados de la cabeza de Woo-yoon y uniendo sus cuerpos, empujó su cintura hacia arriba. Su pene, erguido rígidamente contra su bajo vientre, se deslizó con fuerza presionando la parte delantera de los calzoncillos de Woo-yoon.
—¡Augh!
Woo-yoon, al recibir fricción y presión al mismo tiempo entre sus piernas, apretó los dientes y cerró los ojos con fuerza. El placer provocado por otra persona era un estímulo intenso que nunca había sentido en su vida. Ya no podía aguantar más.
—¡Ugh, huuup! ¡Uguuk, ugh...! ¡Ah! ¡Huaa, ah!
Pil-seung, pegando sus labios a la frente de Woo-yoon quien había empezado a gemir con la garganta abierta solo con el roce mutuo de sus partes íntimas, susurró en voz baja:
—Haaa, mírame.
—Ah…ah, aauuh…
Woo-yoon negó con la cabeza y se limitó a gemir con los ojos fuertemente cerrados. Se veía adorable con la mandíbula temblando. Pil-seung le dio unos cuantos besos más en la frente y no dejó de frotar su pene contra el de Woo-yoon, que se estaba endureciendo dentro de su delgada ropa interior. Woo-yoon jadeaba con más fuerza cada vez que Pil-seung frotaba rápido o movía la cintura presionando con firmeza.
—¡Ah, ah...huugh! ¡Baek Pil-seung, ah!
Pil-seung sujetó con una mano la mandíbula de Woo-yoon, que gemía su nombre con el rostro encendido, y la giró hacia él. En cuanto el rostro de Woo-yoon quedó frente al suyo, inclinó la cabeza y lamió sus labios. Woo-yoon, que jadeaba gemidos con la boca entreabierta, sacó la lengua por instinto.
Pil-seung frotó su lengua contra la de Woo-yoon, al igual que hacía con su parte inferior, y luego la introdujo profundamente en su boca. Woo-yoon, con la garganta obstruida por la lengua de Pil-seung, se apresuró a sujetar con ambas manos los gruesos antebrazos que estaban cerca de su rostro.
—¡Uuup…um, uuung…!
La saliva de ambos y su aliento caliente se mezclaron viscosamente. Woo-yoon mordió la lengua que se enredaba con la suya de forma abrumadora pero placentera, y aplicó fuerza en sus manos hasta dejar marcas de uñas en los antebrazos de Pil-seung. Incluso durante el beso, sentía un cosquilleo como si fuera a eyacular en cualquier momento por el pene de Pil-seung que presionaba sin descanso.
Qué calor… Siento que me quemo, todo mi cuerpo.
Sentía todo su cuerpo, incluyendo la nuca y la espalda, húmedo por el calor, pero la zona inferior que estaba en contacto con Pil-seung ardía de forma especial. Ya no sentía el aire fresco del aire acondicionado.
Woo-yoon, que gemía mientras succionaba la lengua que llenaba su boca, movía instintivamente la cadera cada vez que Pil-seung frotaba su pene erecto. Se sentía extraño actuando de una forma que nunca antes había hecho, pero no podía detenerse en su afán por saciar ese deseo ardiente que lo consumía por completo.
Pil-seung, que succionaba la lengua de Woo-yoon desde la raíz, apartó los labios ante ese movimiento torpe y soltó un gemido grave.
—Haaa, mierda…qué bien se siente...
—Huuu…ah…aaaa…
Pil-seung no entendía cómo un movimiento tan tímido, apenas levantar un poco la cadera y frotarse al ritmo de sus embestidas, podía darle una sensación de orgasmo inminente. Pil-seung susurró "qué lindo eres" y dio besos cortos en las mejillas de Woo-yoon, quien no sabía qué hacer con ese primer contacto físico y retorcía levemente su cuerpo.
—Haaa, ¿te gusta? Nam Woo-yoon…aaaa…, ¿te gusta?
—Huuup, sí… Me, me gusta…pero…
Woo-yoon, mientras respondía, seguía recibiendo besos continuos en la mejilla y la oreja, tragando gemidos que resonaban en su garganta mientras balbuceaba.
—Yo…creo que ya me voy…voy a correr…
—Está bien. Te pondré la boca.
—¿Eh…?
Pil-seung, tras presionar sus labios firmemente en la clavícula y retirarlos, extendió la mano con la intención de quitarle los calzoncillos. Y casi al mismo tiempo, la mano blanca y delgada de Woo-yoon defendió desesperadamente su ropa interior.
—¿…?
Pil-seung, sorprendido por el bloqueo, recorrió lentamente su pene que estaba completamente furioso con una mano mientras miraba fijamente a Woo-yoon.
Sujetando su entrepierna, endurecida como si fuera a eyacular en cualquier momento, Woo-yoon solo movía los labios sin que salieran palabras ante tan vergonzosa situación.
Sabe perfectamente lo que Baek Pil-seung pretende hacer. Lo ha visto todo en la televisión.
La primera vez que tuvo contacto con películas para adultos fue cerca de la época en que manifestó su género y empezó a pasar más tiempo en casa. A pesar de que la población Beta era mucho mayor, curiosamente los títulos de las películas para adultos donde siempre aparecían "Alfas" u "Omegas" eran una tentación que Woo-yoon, en plena explosión de curiosidad sexual, no podía pasar por alto. Recordando las escenas de sexo de aquellas películas que veía a veces por la noche cuando su hermano llegaba tarde, el significado de "poner la boca" que decía Pil-seung debía referirse al sexo oral.
Tiene curiosidad por saber qué se siente al recibir un fellatio, pero…no quiere mostrar sus partes íntimas sucias y empapadas. Para Woo-yoon, que ya se sentía morir de vergüenza solo por las feromonas que Pil-seung no podía sentir, mostrar su entrepierna humedecida por la excitación requería un valor mucho mayor.
Pil-seung, que lo miraba intensamente mientras él dudaba con la boca cerrada, soltó una exclamación como si hubiera comprendido algo y soltó una risita. Acto seguido, sin dudarlo un instante, agarró los calzoncillos de Woo-yoon con ambas manos y los desgarró de golpe.
—¡A-ah, no!
Gritó con urgencia, pero los únicos calzoncillos que había traído ya habían sido partidos a la mitad por las manos de Pil-seung. Woo-yoon miró con desolación a Pil-seung, quien arrojaba la prenda hecha jirones sin el menor remordimiento.
—Mis calzoncillos…
—¿Te gusta?
Pil-seung le preguntó su impresión sobre haber cumplido una fantasía sexual y añadió, torciendo la comisura de los labios:
—Joder, dilo con orgullo. Te dije que aceptaría todo lo que quieras hacer.
—¿Por qué…por qué haces eso, de verdad…?
No podía entender por qué rasgaba la ropa interior de alguien que estaba en perfecto estado y sonreía con tanto orgullo. Frunció el ceño con descontento y extendió ambas manos hacia abajo para cubrir su entrepierna ahora expuesta. Sin embargo, a Pil-seung no pareció importarle y hundió el rostro en el regazo de Woo-yoon.
Masajeando sus nalgas blandas con las manos que había deslizado bajo sus piernas, besó el dorso de la mano que cubría su sexo y lamió la muñeca donde aún quedaban las marcas de las esposas.
—Ugh, no hagas eso… Todavía…ugh, no mires…
Pil-seung ignoró a Woo-yoon, que murmuraba un "todavía" que no se sabía hasta cuándo duraría, y sujetó ambas muñecas con una sola mano, presionándolas contra su abdomen. Woo-yoon, que ni siquiera podía encoger las rodillas a su antojo al estar atrapado contra los hombros de Pil-seung, expresó su queja malhumorado con voz tenue.
—Uuuu…
—¿Por qué no quieres que mire…? Si eres jodidamente hermoso…
Pil-seung, murmurando mientras observaba su entrepierna limpia, dio un toquecito con el dedo corazón al pene de Woo-yoon, que estaba congestionado de sangre. Woo-yoon soltó un sollozo mientras un líquido cristalino escurría por la punta de su pene rígidamente erecto.
—No te corras todavía. Te lo voy a chupar, así que córrete en mi boca.
—¡No, no puedo aguant-huuung…!!
Con un gemido agudo, su cintura delgada se elevó violentamente. El semen de alta viscosidad saltó de color blanco sobre el dorso de la mano y la muñeca de Pil-seung, que sujetaba los brazos de Woo-yoon. Woo-yoon, tras expulsar la excitación acumulada, temblaba con el rostro encendido y los ojos llorosos.
—Ejei, qué desperdicio…
Pil-seung chasqueó la lengua ligeramente y soltó las manos de Woo-yoon. Luego, lamió el semen que había saltado sobre su mano y muñeca mientras miraba hacia abajo a Woo-yoon. El rostro que antes estaba al rojo vivo recuperó su palidez original mientras se distorsionaba lentamente. Pil-seung intentó tranquilizar a Woo-yoon, pensando que este se sentiría avergonzado por haber eyaculado tan rápido.
—Puede pasar. No tienes que preocuparte.
—Huu… ¿Qué…qué te hace pensar que estoy preocupado…?
La voz de Woo-yoon tembló al final de su pregunta. Se le quedó mirando simplemente porque no entendía por qué alguien lamería el semen de otro a propósito, pero Pil-seung parecía estar profundamente equivocado.
Pil-seung, tras lamer todo el semen blanco y quedar con las manos limpias, se echó el pelo hacia atrás, arqueó sus cejas oscuras y dijo:
—Ponte de rodillas y apóyate hacia adelante. Te voy a poner la polla tiesa en tres segundos.
—Qué…
Antes de que pudiera preguntar qué quería decir, Pil-seung le dio la vuelta al cuerpo de Woo-yoon con facilidad. Antes de que Woo-yoon, ahora de rodillas y de espaldas, pudiera patalear, Pil-seung acarició con sus labios el estrecho orificio que brillaba humedecido por el flujo.
—¡Qué, augh-huu…! ¡Ah! ¡Ah…aaaa…!
Woo-yoon, que estaba arrodillado de forma inestable, soltó un gemido tembloroso y se desplomó quedando completamente plano sobre la cama. Pil-seung, deslizando sus brazos bajo el vientre jadeante, levantó con ligereza la parte inferior de Woo-yoon hasta una posición cómoda para lamerle el trasero. Woo-yoon, con el rostro hundido en las sábanas, temblaba con las piernas alzadas hacia arriba.
—Ba… Baek Pil-seung…
Mientras Woo-yoon gemía su nombre, Pil-seung consolaba con sus labios el espacio entre sus glúteos y empezó a lamer con esmero alrededor del pequeño orificio por el que parecía que no entraría ni un dedo.
—¡Uuung…!
Woo-yoon se aferró a las sábanas con ambas manos mientras sollozaba gemidos que se le escapaban sin control. La lengua caliente y húmeda jugaba con su zona sensible como si se burlara de él.
—Ah…aaaa…
La mandíbula de Woo-yoon temblaba mientras soltaba respiraciones roncas con la boca abierta. Un placer que nunca antes había experimentado en su vida se agitaba en su vientre. Al mismo tiempo que su bajo vientre vibraba, su parte delantera que acababa de eyacular sentía un cosquilleo punzante. Tal como Pil-seung había asegurado con arrogancia, su centro se erguía de nuevo en poco tiempo, algo que lo hacía sentir avergonzado y asustado. Woo-yoon, con el rostro enrojecido y distorsionado, tanteó bajo su vientre y empuñó su pene endurecido.
Mientras tanto, Pil-seung, que había estado lamiendo como si disfrutara de un helado, introdujo su lengua dentro del orificio que palpitaba poco a poco. En el momento en que esa lengua blanda entró en su cuerpo y empezó a hurgar en sus paredes internas, Woo-yoon cerró los ojos con fuerza y soltó un gemido agudo, casi como un llanto. Sin tiempo siquiera para pensar que iba a eyacular de nuevo, el semen diluido escurrió entre los dedos que apretaban su propio pene.
—Huuu…uuu… ¿Qu…qué ha sido eso…?
Murmuró bajito Woo-yoon mientras cubría con sus manos mojadas la punta de su pene que aún daba espasmos. Frunció el entrecejo con tanta fuerza que sus cejas se curvaron hacia abajo, y llamó a Pil-seung con voz llorosa:
—Baek Pil-seung… Pil-seung…
Pil-seung, que había estado con la nariz hundida en éxtasis en esas nalgas blancas frotando con la punta de la lengua las paredes que se contraían, levantó finalmente la cabeza. El trasero que estaba alzado hacia él volvió a su sitio.
Pil-seung miró con extrañeza la espalda que subía y bajaba levemente mientras Woo-yoon yacía plano sobre la cama. No entendía por qué Woo-yoon cortaba el ritmo justo cuando estaba a punto de empezar a chuparlo en serio.
Pil-seung sacó la lengua para lamerse los labios, que brillaban por el flujo y la saliva, y observó con atención esa espalda que temblaba antes de fruncir el ceño.
—Oye, tú… ¿estás llorando? ¿Eh? ¿Lloras?
—Huuugh, uuuugh…
—Ah, ¿por qué?
Tras darle un apretón a esas nalgas de tamaño adorable, se dejó caer de lado junto a Woo-yoon. La cama se hundió pesadamente. Woo-yoon sollozaba con su pequeña cabeza enterrada en el colchón, soltando bocanadas de aire agitado. Pil-seung le dio unos toquecitos al lóbulo de su oreja, que estaba rojo como un tomate y se veía apetecible.
—Vaya tela. ¿Tanto te gustó? Pero tienes que llorar mientras lo hacemos, si te detienes para llorar, ¿qué se supone que…?
Ante el tono de voz de Pil-seung, que mezclaba timidez con orgullo, Woo-yoon se indignó. Giró de golpe el rostro que tenía hundido en la cama y lo fulminó con la mirada. Una lágrima gruesa se acumuló en el puente de su nariz y resbaló hacia el otro lado.
—Dijiste que querías ver mi pecho y... ¡y luego te pusiste a chupar donde quisiste! ¡Dijiste que hiciera lo que yo quisiera, pero tú rompiste mis calzoncillos porque te dio la gana! ¿Por qué? ¡Si solo tenía esos…!
—Oye, eso fue porque…
—¡Y además ya me había corrido! ¡Acababa de hacerlo y tú hiciste esa cosa rara...! ¡Me asusté porque salió tan rápido otra vez, pero...ugh, se siente raro y me dio miedo, joder...huu-ssiiií…!
Las palabras salían atropelladas de su boca mientras lo miraba con resentimiento, hasta que finalmente estalló en llanto de nuevo. Pil-seung observó en silencio a Woo-yoon mientras se frotaba con una mano su propio pene, que aún no había podido usar. Le parecía absurdo que Woo-yoon llorara de repente, pero también le excitaba. Aun así, intentó consolarlo de palabra:
—Rompí los calzoncillos porque tú me lo pediste con el cuerpo. Me parece injusto que me culpes.
—¡¿Cuándo te pedí yo que…?!
—¿Entonces para qué movías la cintura?
—...
—Y si no me vas a dejar chuparte, joder, ¿por qué me lamiste tú los ojos?
Woo-yoon guardó silencio mientras miraba a Pil-seung, que se indignaba dándole la vuelta a la tortilla, y parpadeó con fuerza sus ojos enrojecidos por el llanto.
Le había gustado. Cuando se frotaban los penes mutuamente mientras se besaban, se sintió realmente bien. Que le succionara el pecho también le dio vergüenza, pero sin duda le gustó. Solo que mostrar su parte inferior excitada de forma tan cruda sin estar preparado mentalmente, y eyacular una vez tras otra de formas tan extrañas, le daba miedo. Al parecer, él no podía ser tan descarado como Pil-seung, que se bajaba los pantalones en cualquier momento frente a él.
Como no le salían las palabras para decirle que lo del pecho estaba bien pero que todavía no estaba listo para que le chuparan ahí abajo, se limitó a soltar lagrimitas. Por suerte, Pil-seung cedió primero.
—Está bien, está bien. Dejémoslo aquí por hoy.
Pil-seung jugueteaba con el lóbulo de Woo-yoon y soltó un suspiro, sin poder creerse la situación. Se había contenido de milagro las ganas de dejarlo completamente desnudo y follárselo como un animal siguiendo sus instintos. Había pasado por mil dilemas intentando mantener la compostura y la clase, jurándose no cometer un error irreparable ahora que por fin estaba unido a Nam Woo-yoon, especialmente después de todo lo malo que había pasado; por eso, que el ritmo se cortara de forma tan inesperada lo dejaba vacío.
Solo tiene veinte años. Además, es un crío que ha estado encerrado en un cuartucho sin haber pasado bien ni un solo celo.
Si Woo-yoon lo escuchara, volvería a indignarse diciendo que ya es mayor y lo sabe todo, pero objetivamente hablando, Nam Woo-yoon era un niño sin experiencia sexual alguna. Pil-seung, que se había revolcado en el fango desde pequeño y tenía todo tipo de experiencias, podía llegar a entender, considerando la situación de Woo-yoon, que le diera por llorar de verdad en medio de un acto erótico. Pil-seung comprendía bien la timidez de las cosas pequeñas e insignificantes. De hecho, amaba esas cosas pequeñas precisamente por esa torpeza.
Pil-seung le dio unas palmaditas cariñosas en las nalgas redondas para tranquilizarlo y se tumbó mirando al techo. Soltó su pene, al que no había dejado de dar estímulo con una mano. Su pene, con las venas gruesas marcadas y sobresalientes, llevaba tanto tiempo ejerciendo paciencia que se mantenía erguido por sí solo sin necesidad de ayuda.
Es cierto que esa imagen tímida y tonta, llorando por arriba y por abajo, es linda y adorable, pero hay que terminar lo que se empezó.
—A cambio, tú me tocas a mí.
—¿...Qué?
Woo-yoon parpadeó con los ojos muy abiertos; sus pestañas estaban apelmazadas por las lágrimas. Pil-seung puso ambas manos tras su cabeza y soltó un quejido de incomodidad:
—Todavía no me he corrido ni una vez y me duele la polla de cojones, así que rápido, hazme una paja.
—¿Yo... yo?
—Joder, sí. Tú.
—...
Tras mover los ojos pensativo un momento, Woo-yoon se sorbió la nariz y se incorporó sobre la cama. A Woo-yoon le ponía muy nervioso y tenso que Pil-seung lo tocara, pero pensó que si el que tocaba era él, podría hacerlo sin necesidad de tanto valor.
Está demasiado...tiesa, ¿no…?
Woo-yoon bajó la mirada hacia el tronco que se alzaba firme en la entrepierna cubierta de vello y tragó saliva.
—...
Extendiendo tímidamente la mano hacia el pene de Pil-seung que era tan distinto al suyo, Woo-yoon rodeó con sus dedos la base del grueso tronco. Se sentía mucho más caliente y sólido que el tacto que percibió cuando se frotaron las partes inferiores.
Woo-yoon, que jugueteaba con la base de forma torpe y vacilante, empezó a recorrer lentamente con la palma de la mano el tronco que ahora envolvía.
—Huuu, haaa…
—...
—Mierda, haaa…
Cada vez que Pil-seung soltaba un aliento pesado, los músculos de la parte interna de sus muslos gruesos, donde todavía colgaban los calzoncillos a medio quitar, se dividían y se retorcían. Woo-yoon, con los ojos entrecerrados como alguien a quien le vence el sueño, echaba miraditas furtivas hacia abajo.
Es enorme. Muy, muy grande...
Woo-yoon, que ojeaba la parte inferior de Pil-seung con los ojos casi cerrados, frunció el entrecejo. ¿Acaso los Betas que veía en los baños públicos antes de manifestar su género eran así? No tenía recuerdos porque nunca miraba el cuerpo de los demás con detalle. Pero viendo que no lo recordaba, un Beta como Baek Pil-seung debía ser un caso excepcional. Si hubieran sido así de grandes, se le habrían quedado grabados, ¿no? Si un pene tiene un aspecto tan aterrador y bruto, no podrías borrarlo de la memoria aunque quisieras.
—Haaa, Nam Woo-yoon…
—¿...Eh…?
—Pon un poco de saliva en tu mano. No, da igual. Dame la mano.
Pil-seung, que estaba tumbado con los brazos tras la cabeza, se incorporó un poco. Agarró la mano de Woo-yoon, que sostenía su polla, y empezó a lamerla sin previo aviso. La lengua, tras recorrer la palma de Woo-yoon, empapó el espacio entre cada uno de sus dedos. Woo-yoon observaba embobado cómo Pil-seung succionaba sus dedos, dejando caer deliberadamente saliva sobre su mano.
Recorrió con la mirada sus cejas pobladas y contraídas, sus ojos que se veían más fieros al mirar hacia abajo, sus mejillas rojas y el puente de su nariz agitado; pero en el momento en que su vista se fijó en la lengua roja que envolvía y exploraba con flexibilidad sus dedos índice y corazón, Woo-yoon encogió los dedos al sentir el contacto con los dientes.
—Hazlo otra vez.
—...
Volvió a empuñar el pene de Pil-seung con la mano empapada en saliva. El sonido de la respiración de Pil-seung se volvió más fuerte que antes, como si le gustara ese tacto resbaladizo. Los insultos también empezaron a salir con más frecuencia.
—Mierda… Ah…no solo la aprietes y la agites, hiss, toca también la punta…
—¿A-así…?
Cuando empezó a juguetear con el glande enrojecido, Pil-seung, que murmuraba insultos con la barbilla alzada, agarró de pronto la nuca de Woo-yoon y lo besó. Sus labios quedaron aplastados bajo la presión implacable de Pil-seung. Antes de que pudiera sorprenderse, la lengua gruesa entró en su boca.
—Uung…
El aire que no pudo soltar por la nariz se dispersó en un pequeño gemido desde su garganta. Woo-yoon, superado por la fuerza del beso, soltó un aliento caliente e intentó empujar la lengua que llenaba su boca. Para Woo-yoon, era su mejor forma de expresar que necesitaba un respiro, pero Pil-seung no parecía tener intención de detenerse. Succionó la lengua de Woo-yoon, que empujaba con fuerza, haciendo sonidos húmedos de succión.
—Uut, esp-, uup.
Pil-seung ladeó la cabeza y selló sin dejar huecos la boca balbuceante de Woo-yoon con la suya. Ante ese beso feroz que empujaba su labio inferior hasta darlo vuelta, la mano que tocaba el pene de Pil-seung perdió el movimiento. La mano que sujetaba firmemente la parte posterior de la cabeza de Woo-yoon mientras este era empujado hacia atrás, empezó a masajearle el cuero cabelludo con la punta de los dedos. Woo-yoon se dio cuenta por primera vez en su vida de que se podía sentir excitación incluso con una mano revolviendo el pelo. Se le erizó la piel de la nuca y sintió un cosquilleo en el bajo vientre.
He eyaculado dos veces y ya estoy otra vez...
Había llorado diciendo que le asustaba y sorprendía haber eyaculado seguido, pero ¿y si en realidad el problema no era Baek Pil-seung, sino que él mismo era un pervertido? La preocupación y el desconcierto lo golpearon al mismo tiempo, haciendo que su corazón latiera con fuerza.
Creo que fue demasiado pedirle que parara antes. Si me voy a poner así de tieso tan fácil, mejor hubiera hecho lo que Baek Pil-seung quería. Ponerme así ahora es más vergonzoso...
En realidad, no era para ponerse a llorar, pero lloró. No es que llorara a propósito, sino que las lágrimas salieron de repente por la sorpresa, pero...
Pil-seung, que mezclaba su lengua frenéticamente permitiendo que la saliva que no podían tragar resbalara por la comisura de sus bocas, separó los labios y susurró:
—Haaa, toca también el agujero.
Woo-yoon, con los ojos casi cerrados y confiando en el tacto, buscó el orificio de la uretra y lo frotó con el pulgar. Los gemidos de Pil-seung, que tenía su frente pegada a la de él, se volvieron jadeos.
—Aaah, mierda, frota, haaa, joder, solo mételo.
Cuando Woo-yoon levantó el dedo índice y empezó a rascar el pequeño orificio como si hurgara en él, Pil-seung, que le daba besos cortos chocando sus labios, alzó la barbilla. Woo-yoon miró fijamente la nuez de su garganta y depositó un beso suave sobre la cicatriz vertical.
—¡Mierda!
El cuerpo de Woo-yoon, que estaba masajeando el pene con esmero, fue levantado en vilo. Pil-seung, sujetándolo por ambos antebrazos, lo sentó encima de su cuerpo y empezó a sacudir las nalgas de Woo-yoon, que estaban cubiertas por la camiseta holgada. Woo-yoon, sentado sobre la pelvis de Pil-seung, frunció el entrecejo mientras intentaba mantener el equilibrio ante su cuerpo que se movía adelante y atrás sin su consentimiento.
Woo-yoon sentía que debía reclamarle por qué volvía a tocar su cuerpo cuando dijo que solo quería una paja, pero no tenía ánimos para enfadarse. Al fin y al cabo, él también era un pervertido, así que no había remedio. Se excitó de inmediato al sentir el vello púbico áspero y el tacto del pene sólido contra su escroto y su perineo.
Apoyando ambas manos en el pecho ancho de Pil-seung, Woo-yoon cruzó su mirada con la de él, que lo miraba desde abajo. Esa mirada fija que lo atravesaba era más caliente que el roce de sus partes íntimas.
—¡Haaa! ¡Mierda, Nam Woo-yoon, ah!
El sonido viscoso de la fricción entre la piel húmeda se hizo más fuerte. Aunque las manos de Pil-seung apretaban sus nalgas como si quisiera estrujarlas, Woo-yoon ya estaba moviendo la cintura por su cuenta sin necesidad de que lo forzaran.
—Huu… Pil-seung-aaaa…uut…
Pil-seung jadeaba al ver cómo el pelo de Woo-yoon, que se había quedado alborotado por haberlo secado mal, se mecía de adelante hacia atrás con cada movimiento de su cintura.
—Mierda, Nam Woo-yoon, ha, eres jodidamente hermoso, hiss! ¡Tú sabes, joder, ha, que me gustas una puta barbaridad, khut, lo sabes, ¿verdad?!
—Uuung, hugh… Lo sé, lo sé, pero, aaaa, Pil-seung-ah, va a salir, huu, me voy a co, correr…
—Aguanta.
Cuando Pil-seung giró su cuerpo, Woo-yoon, que estaba sentado sobre su cintura, quedó tumbado en la cama en un instante. Pil-seung, abriendo las piernas de Woo-yoon de par en par sujetándole las rodillas, terminó por tragarse en su boca el pene que ya goteaba líquido cristalino.
El delgado tronco que soltaba líquido preseminal alcanzó la eyaculación en cuanto entró directo en esa boca caliente. Pil-seung, con la cabeza enterrada en la entrepierna de Woo-yoon mientras este elevaba la cintura y su cuerpo temblaba espasmódicamente, sujetó su propio pene con una mano mientras se tragaba hasta la última gota del semen amargo que saltó en su boca. Le dio pena no haber podido chupar bien ese pene que daba pequeños espasmos adorables dentro de su boca, así que intentó apretarlo con la garganta como pudo. Sin embargo, el pene de Woo-yoon no llegaba hasta su garganta, así que fue un esfuerzo inútil.
—Huuu…haaa…
Mientras Woo-yoon temblaba levemente sumido en los restos del orgasmo, Pil-seung, incapaz de abandonar su deseo, siguió succionando el orificio del que ya no salía nada antes de soltar un grito mientras se masturbaba:
—¡Haaa! ¡Haugh! ¡Nam Woo-yoon! ¡Joder!
Pil-seung, que jadeaba con el rostro hundido en la entrepierna de Woo-yoon mientras este miraba al techo, levantó la cabeza y apuntó la punta de su pene hacia el rollizo perineo de Woo-yoon.
—¡Ha! ¡Aaa! ¡Ah! ¡Khut!
Una gran cantidad de semen saltó con fuerza sobre la entrepierna que permanecía abierta sin resistencia. Pil-seung, que había pegado su centro al de Woo-yoon para exprimir hasta la última gota, extendió los rastros blancos uniformemente sobre el bajo vientre y el perineo de Woo-yoon antes de desplomarse sobre él. Cuando el enorme cuerpo cayó de repente sobre su pecho, Woo-yoon, que yacía aturdido, soltó un grito ahogado.
—¡Ugh!
—Haaa…
—¡M-me asfixio…!
Pil-seung abrazó con fuerza el cuerpo que pataleaba entre sus brazos. Atrapó la parte inferior de Woo-yoon entre sus piernas, donde aún no había señales de que su excitación fuera a calmarse con una sola vez, y hundió la cabeza de Woo-yoon, que intentaba zafarse, entre sus gruesos músculos pectorales. Pudo sentir contra su pecho cómo la cabeza de Woo-yoon temblaba como si estuviera a punto de morir asfixiado.
Soltando una risita, Pil-seung metió la mano bajo la camiseta y recorrió con la palma la espalda de Woo-yoon, quien seguía exagerando su sufrimiento. La piel, empapada de sudor, se sentía húmeda.
—A partir de ahora, tú y yo somos familia viviendo en la misma casa.
—¡Uuup…!
—Tendremos que vernos las caras todos los días para comer, y dormir así, rozando nuestra piel. ¿Entendido?
—¡Uuh!
—Pequeño adorable.
Susurró Pil-seung mientras presionaba sus labios con fuerza sobre la coronilla del chico que tenía en brazos. Esa cabecita tibia le resultaba insoportablemente encantadora, así que estampó varios besos sonoros más.
—Cachorro hermoso…
Le pareció admirable que, después de haber llorado por miedo, finalmente lo hubiera seguido. Eso se refería tanto a lo que acababan de compartir físicamente como a toda su historia desde el primer encuentro hasta ahora. Pil-seung sabía perfectamente cuánto valor había tenido que reunir Woo-yoon, quien antes lo vigilaba con temor, para llegar a este momento de estar entregado en sus brazos. Los esfuerzos de esa pobre criatura le resultaban tan encomiables que no podía contenerse.
Pil-seung, que besaba la cabeza de Woo-yoon casi aplastándola, le sujetó la mandíbula y la levantó para que lo mirara.
—¡Hhaa…! ¡Haaa…!
Verlo soltar respiraciones cortas con el rostro encendido y la mirada desenfocada lo excitaba.
—Mierda, voy a correrme una vez más, así que quédate mirándome.
—N-no puedo…
—Solo mantén los ojos abiertos.
Sujetando con una mano la cabeza de Woo-yoon, que se negaba con fuerza, Pil-seung la fijó hacia él y empezó a frotar su pene contra el vientre de Woo-yoon.
Woo-yoon, que ya no tenía energías para lidiar con Pil-seung, se limitó a quedarse acostado y hacer lo que él le pedía. Le prestó sus manos o abrió las piernas para que Pil-seung pudiera restregarse. Quizás porque ya lo habían hecho tres veces, o porque se le habían agotado las fuerzas, ya ni siquiera sentía vergüenza. Solo podía pensar en lo increíble que era la resistencia de Baek Pil-seung, quien, sin ser un Alfa, estaba en un celo persistente teniendo como pareja a un Omega como él.
Se dice que para los Alfas y Omegas las feromonas son el catalizador del deseo sexual, pero ¿qué veía Pil-seung, un Beta, en él para ponerse así de frenético? Woo-yoon observaba aturdido, pensando que era algo asombroso, a aquel gánster que estaba absorto succionando su dedo gordo del pie mientras frotaba la punta de su polla contra el hueco de su rodilla.
***
—Haaaam…
—¿Tienes mucho sueño?
La cara de Pil-seung, que se acercaba a él con una sonrisa de oreja a oreja, le resultaba un poco odiosa. Pero al mismo tiempo, le gustaba. Woo-yoon, sentado junto a Pil-seung en el asiento trasero del coche que conducía Gi-dong, apoyó la cabeza en su hombro ancho y se frotó los ojos.
—Pobre Nam Woo-yoon, está agotado. Joder, en este país sacar papeles para cualquier cosa es un trabajo eterno.
Al escuchar esa voz grave que murmuraba quejas, Woo-yoon soltó otro bostezo. Casi no había dormido por haber estado haciendo cosas eróticas toda la noche, y desde temprano por la mañana habían estado yendo de un lado a otro para declarar el hecho de no estar registrado ilegalmente y formalizar su registro de género. Era inevitable que los bostezos no pararan.
Debido a la ausencia de su hermano, su tutor legal, Woo-yoon tuvo que sacar más documentos de los habituales. Algunos trámites se resolvieron de forma irregular usando los contactos turbios del gánster Pil-seung. Además, Pil-seung pagó con su dinero las multas atrasadas y el impuesto de género, y también firmó en la columna del garante.
Woo-yoon pensó, mientras aceptaba un trozo de churro con crema que Pil-seung le ofrecía, que si él no hubiera estado allí, seguiría siendo un Nam Woo-yoon que no era nadie.
Masticando el churro apoyado en el hombro de Pil-seung, de repente un pensamiento cruzó su mente y se incorporó de golpe. Pil-seung, mirándolo fijamente, le extendió el vaso de café para llevar que tenía en la mano.
—¿Qué pasa? ¿Quieres jugo?
—Es que, yo… ¿puedo preguntarte algo?
Pil-seung, que tenía el ceño fruncido porque no le gustaba que Woo-yoon tuviera que comer trozos de pan en el coche por no tener tiempo de almorzar, sonrió ampliamente al verlo balbucear con crema en los labios.
—Dime.
—Tú…
—Ajá.
—¿Eres un gánster muy malo?
Tan pronto como Woo-yoon terminó la pregunta, Gi-dong, que estaba conduciendo, soltó una carcajada golpeando el volante. Pil-seung, antes de poder responder, le gritó "¡hijo de puta!" a Gi-dong por arruinar el ambiente y pateó con fuerza el respaldo del asiento del conductor con sus zapatos de vestir.
—Cof, cof. Lo siento.
Gi-dong, conteniendo la risa ante las patadas que hacían vibrar todo el frente del coche, hizo un leve gesto de disculpa con la cabeza hacia el retrovisor. Pil-seung se pasó la mano por el pelo estirando el cuello y, tras dejar la bolsa de churros a un lado, se giró hacia Woo-yoon. Entonces, con un rostro que no tenía nada de amable, preguntó con dulzura:
—¿Y por qué tienes curiosidad por eso?
—...
Al ver que Woo-yoon no respondía, Pil-seung repasó mentalmente si hoy había ocurrido algo que pudiera haberle dado asco. Intentó recordar si había actuado como un gánster despreciable con el que no se debería tratar, pero pronto desistió. Pensó que un gánster se comporta como un gánster y que hoy no habría sido diferente.
Bajando las comisuras de los labios con expresión insatisfecha, Pil-seung se rascó la punta de la ceja y sujetó la mandíbula de Woo-yoon para girarlo hacia él. Succionó los labios que tenían crema. Tras lamer incluso los granos de azúcar que quedaban alrededor de la boca de Woo-yoon, Pil-seung se saboreó y dijo:
—¿Dónde has visto un gánster bueno en este mundo? ¿No es cierto?
—Cierto…
—Si yo soy, joder, un tipo jodidamente malo, ¿eh? Un tipo al que habría que matar...de todas formas, lo que hicimos ayer no tiene vuelta atrás. ¿Entendido?
Agitó en el aire su mano izquierda, donde un grueso anillo de oro brillaba en su dedo meñique. Era un gesto que advertía que ni se le ocurriera tener pensamientos extraños.
—Lo sé. No hay vuelta atrás…
—El hecho de que te montaras en mi polla y dieras la vuelta al mundo no va a cambiar, y que yo te chupara el trasero...
Woo-yoon, consciente de que Gi-dong estaba conduciendo, tapó rápidamente la boca de Pil-seung con la palma de la mano. Aunque el gesto fue muy torpe y apenas cubrió la mitad de sus labios por estar pendiente de Gi-dong, Pil-seung cerró la boca dócilmente y miró a Woo-yoon desde arriba.
Su rostro enrojecido era adorable. También le parecía hermoso cuando fruncía el ceño moviendo sus ojos tontamente caídos. La imagen de Woo-yoon gimiendo entre sus brazos toda la noche sin rechazarlo parpadeaba ante sus ojos.
Joder, me ha costado la vida conseguir el puesto de novio. No lo suelto aunque me corten un brazo o una pierna.
Pil-seung sujetó la delgada muñeca de Woo-yoon que le tapaba la boca y la bajó, luego giró la cabeza hacia el asiento del conductor. Su mirada, sin embargo, seguía fija en el rostro de Woo-yoon.
—Gi-dong.
—Sí, hyung.
—Para el coche.
Habían pasado quince minutos desde que Gi-dong, captando la indirecta, dejó el coche en un rincón del estacionamiento subterráneo de un centro comercial y se marchó. No tomó ni un minuto convencer a Woo-yoon quien se quejaba de que afuera le daba miedo diciéndole que los vidrios estaban polarizados incluso por delante, para luego besarlo y quitarle toda la ropa excepto los calcetines, dejándolo desnudo.
Pil-seung apoyó su rostro en la mejilla de Woo-yoon, quien jadeaba abrazado a su cuello. Cada vez que deslizaba sus manos juntas apretando sus penes, el cuerpo de Woo-yoon, sentado sobre sus muslos, se sacudía violentamente.
—Pil-seung… Hugh… Pil-seung…
Su voz, que se volvía ronca y llorosa al mismo tiempo cuando gemía, era extremadamente erótica. Aunque Pil-seung la había escuchado durante toda la madrugada, no se cansaba de ella; le seguía excitando igual que al principio.
—Más…mierda, siéntate más cerca.
Pil-seung tiró hacia su pecho de las nalgas de Woo-yoon, quien solo negaba con la cabeza colgado de su cuello. Sus cuerpos se apretaron el uno contra el otro sin dejar ni un solo resquicio. Los penes húmedos se frotaron contra el abdomen de Pil-seung, que tenía la camisa desabrochada. Con los brazos rodeando y presionando la cintura de Woo-yoon, Pil-seung apoyó la espalda en el asiento y empujó su cadera hacia arriba. Con cada movimiento, el sonido metálico del cinturón de sus pantalones de vestir caídos hasta los tobillos resonaba en el habitáculo.
Woo-yoon, a pesar de estar abrazado fuertemente a Pil-seung, apenas podía controlar su cuerpo que rebotaba por la fuerza de las embestidas desde abajo. Intentó apoyarse con un brazo en el techo del coche y luego en el respaldo del asiento donde Pil-seung descansaba. Sin embargo, Woo-yoon, que acababa de descubrir el placer proporcionado por otra persona, no tenía forma de resistir la sensación que nacía de sus genitales presionados contra ese abdomen firme. Al final, sin importarle ya si su cuerpo se sacudía de forma ridícula, se aferró al cuello y la cabeza de Pil-seung soltando gemidos de puro placer.
—¡S-sí! ¡Huu, uup! ¡Pil-seung, ah! ¡Uuung…!
—Haaa, Nam Woo-yoon, joder, qué bien…ugh.
Pil-seung, con el ceño fruncido con ferocidad, abrazó con fuerza a Woo-yoon mientras ambos eyaculaban al mismo tiempo. Pil-seung giró su rostro, que antes descansaba en la mejilla de Woo-yoon, hacia su nuca, la cual desprendía un calor húmedo por el sudor y empezó a darle besos cortos antes de hundir la nariz bajo su oreja y restregarse allí.
A pesar de tener un cuerpo incapaz de sentir las feromonas de Woo-yoon, el instinto que permanecía en su sangre guiaba a Pil-seung. Olfateando, lamió bajo la oreja y la nuca como si fuera un animal. Su parte inferior, cuyos deseos no se habían saciado del todo, volvió a palpitar. Su cuerpo quería más de Nam Woo-yoon.
Sujetó la parte posterior del cuello de Woo-yoon, que descansaba sobre su hombro, y lo obligó a mirarlo. Acto seguido, lo besó directamente. Mordió los labios que soltaban respiraciones entrecortadas y mezcló sus lenguas. Le resultó adorable ver cómo Woo-yoon se había vuelto bastante hábil frotando su lengua en apenas un día.
Pil-seung dio un beso corto en los labios húmedos de saliva, soltó una risita llamándolo "cachorro" y liberó el cuello que sujetaba.
—Huuuu…
—...
Woo-yoon miró fijamente el perfil de Pil-seung mientras este recuperaba el aliento, y luego miró a su alrededor. Se sentía incómodo por el tacto del semen, mezclado con el de Pil-seung, que escurría alrededor de su ombligo. En ese momento, una mano grande sacó unas toallitas húmedas del compartimento de la puerta del coche y se las extendió.
—No, dámelas.
Pil-seung, observando a Woo-yoon intentar limpiarse solo, decidió que no podía dejarlo así y le arrebató las toallitas. Sin embargo, no lo limpió mucho antes de empezar a juguetear de nuevo. Arrojó la toallita con la que le limpiaba el cuerpo y empezó a masturbarse mientras apretaba y moldeaba el pezón blando de Woo-yoon.
Woo-yoon observó en silencio a Pil-seung, que se masturbaba jugando con uno de sus pezones lleno de marcas de dientes y murmuró bajito:
—Lo de ayer…no te lo pregunté para echarme atrás o cancelarlo…
—Haaa…, ¿qué?
—Hoy solo…solo he recibido tu ayuda…y no solo hoy, siempre me has estado ayudando. Pero no sé casi nada de ti…por eso te lo pregunté.
—Ha, hiss, mierda, ¿qué estás…ugh, sermoneando a alguien que se está masturbando, uuh…?
—Si eres una persona mucho más mala de lo que pienso, creo que debería prepararme mentalmente… Pero lo que quiero decir es que, aunque seas un gánster muy malo, me vas a gustar igual…
—¡Aah!
Al ver la gran cantidad de semen que brotó de la punta del glande enrojecido, Woo-yoon no podía creer que Pil-seung hubiera eyaculado varias veces de madrugada y también hace apenas unos instantes.
Woo-yoon echó un vistazo a las marcas que habían saltado hasta el respaldo del asiento delantero y agarró las toallitas. Pil-seung, que por ello perdió el pequeño bulto que pellizcaba y manoseaba, se quedó mirando con ojos algo perdidos a Woo-yoon mientras este limpiaba el semen esparcido.
En realidad, para alcanzar el clímax habría necesitado un poco más de estímulo, pero se corrió simplemente por esa frase de Woo-yoon diciendo que le querría fuera como fuera. Para un gánster que vive su vida de forma bruta y a su antojo, las palabras de ese pequeño ser que apenas puede valerse por sí mismo resultaron así de embriagadoras.
Pil-seung, que miraba a Woo-yoon con la boca ligeramente abierta, soltó una risita y se arregló los pantalones. Sin embargo, no pasó mucho tiempo antes de que su mirada volviera a Woo-yoon. Mientras se abrochaba los botones de la camisa desordenada, la mirada de Pil-seung, que contemplaba absorto a Woo-yoon, se volvió momentáneamente suave.
Mientras Pil-seung miraba a Woo-yoon con una mezcla de sentimientos, este jugueteaba con la parte delantera holgada de sus calzoncillos bóxer, donde cabría hasta un puño. Eran los bóxer de Pil-seung, que se había puesto a toda prisa en sustitución de los suyos, trágicamente rasgados de madrugada.
—Nam Woo-yoon.
Ante el llamado profundo, Woo-yoon soltó los calzoncillos y miró a Pil-seung. Sus dos ojos, con una profundidad inusual, le hablaron:
—Es cierto que soy alguien que se gana la vida haciendo cosas malas.
—...
—Pero contigo no seré malo.
Su mano, que incluso en los nudillos tenía callos y resultaba áspera de cualquier forma, envolvió con cuidado la mejilla de Woo-yoon.
—Contigo no seré un malnacido ni aunque me muera. Así que no necesitas saberlo todo.
—...
—Las cosas que no hace falta saber, mejor no las sepas.
—…Sí.
Pil-seung frotó con la palma de la mano la mejilla de Woo-yoon, quien respondió bajito, y recogió la camiseta que había caído a sus pies. Él mismo le puso la camiseta arrugada. Aunque sintió la mirada fija de los grandes ojos de Woo-yoon, Pil-seung se concentró en silencio en la tarea de vestirlo.
En el trabajo de Baek Pil-seung, había muchas más cosas que no podía contar que cosas que pudiera explicarle a Woo-yoon. Lo mismo ocurría con lo que planeaba hacer esta misma noche.
Las cosas que Baek Pil-seung hace, las que planea hacer. Y las que ya ha hecho. El tiempo que Baek Pil-seung ha vivido, e incluso la sangre y la carne que componen al ser humano llamado Baek Pil-seung, eran sucios y mezquinos. Nam Woo-yoon no necesitaba saberlo, y no sacaría nada bueno de ello.
Tras peinar con los dedos el flequillo de Woo-yoon, desordenado por ponerse la ropa, Pil-seung abrió la puerta del coche. El aire del estacionamiento subterráneo era húmedo. Sacudió con la punta de los dedos las partes arrugadas de su camisa mal abrochada y tomó la mano de Woo-yoon, quien bajaba del coche tras él.
Al salir del coche, Woo-yoon sacó de su bolsillo un perfume eliminador de feromonas y empezó a rociarlo por todo su cuerpo. Pil-seung, de pie con las manos en los bolsillos, esperó a Woo-yoon mientras este se aplicaba el perfume con esmero desde los tobillos hasta las axilas y la nuca. Al parecer, desprendía mucho de ese olor que él no podía percibir.
—...
Pil-seung observaba en silencio a Woo-yoon mientras este tiraba de su camiseta para comprobar el olor. Sacó la mano que tenía en el bolsillo y se frotó con torpeza la punta de la nariz, incapaz de percibir aroma alguno.
Tras rociar un último toque de perfume sobre su coronilla, Woo-yoon levantó la vista hacia Pil-seung.
—Vamos.
—Sí…
Pil-seung, que seguía jugueteando con su nariz, recorrió con el pulgar la comisura de esos ojos que caían con dulzura y soltó una carcajada.
Dos hombres, de pie con las piernas abiertas a la anchura de los hombros y los brazos cruzados, fruncían el ceño con aspecto amenazador hasta que, en cuanto Woo-yoon abrió la puerta del probador y salió, empezaron a aplaudir con entusiasmo. Ante el estruendo de los aplausos con los brazos en alto, los demás clientes que miraban ropa se quedaron observando al grupo de Pil-seung. Sin embargo, a Pil-seung no le importaron las miradas ajenas; levantó el pulgar hacia el aire y gritó:
—¡Aag! ¡Nam Woo-yoon, joder, ya podrías casarte ahora mismo!
—¡Podría entrar directo al salón de bodas!
Gi-dong secundó el comentario repitiendo exactamente la frase que Pil-seung le había ordenado decir justo antes de que Woo-yoon saliera. Woo-yoon, abrumado por los elogios repentinos, echó un vistazo al espejo de cuerpo entero junto al probador. A él le parecía que llevaba ropa prestada, pero al ver que lo halagaban tanto, llegó a pensar que quizás sí le quedaba bien. Aunque no entendía por qué siempre comparaban el que la ropa le sentara bien con el hecho de casarse.
—...
Woo-yoon abrió los brazos mientras se miraba al espejo. La chaqueta del traje negro, de hombros anchos, ondeaba sin fuerza. Pil-seung y Gi-dong decían que le quedaba bien, pero a sus ojos, no importaba por dónde mirara, parecía un espantapájaros clavado en un campo. Era el resultado de haber sido arrastrado por Pil-seung a una tienda de ropa masculina bajo la promesa de comprarle ropa, donde este eligió un traje sin dudarlo y lo empujó al probador.
...Es demasiado negro.
Acariciando las mangas largas de la chaqueta, miró a través del espejo a Pil-seung y Gi-dong, que estaban detrás de él. Los dos hombres, que estaban distraídos, levantaron el pulgar y asintieron al mismo tiempo al cruzar miradas con él en el reflejo.
Woo-yoon frunció levemente el ceño y, tras pensarlo un momento, se acercó a Pil-seung y le preguntó:
—¿Puedo elegir yo?
—¿Por qué? ¿No te gusta?
—Simplemente quiero elegir yo mismo. Nunca he podido elegir mi propia ropa personalmente…
—¡Nam Hee-jae, ese hijo de puta! ¡Oye, elige todo lo que quieras!
Pil-seung se encendió de rabia al oír que Woo-yoon, a sus veinte años, nunca había elegido una prenda a su gusto, y se puso las manos en la cintura resoplando. Mientras Pil-seung se debatía entre llamar a Incheon, donde tenían retenido a Hee-jae, para ordenar que lo dejaran sin comer unos días, Woo-yoon, con permiso para gastar libremente, salió de la tienda de trajes con expresión ilusionada.
Woo-yoon casi no tenía experiencia comprando cosas. En el centro donde vivió de niño, obviamente no tenía elección sobre los artículos de donación que recibía, y cuando salió del centro para vivir con su hermano, vestía, usaba y comía lo que este le daba.
Woo-yoon, muy animado, pasó lentamente por las diversas tiendas de marcas alineadas a ambos lados, moviendo sus grandes ojos con rapidez. Pero la ilusión duró poco; al subir al ascensor cargando bolsas de compras hacia el estacionamiento subterráneo, Woo-yoon tenía el rostro compungido. La razón era que Pil-seung, quien le había dicho que eligiera lo que quisiera, rechazó todo lo que él seleccionó y terminó pagando solo por un montón de ropa lisa y aburrida.
Pil-seung miró de reojo a Woo-yoon, que estaba de pie con gesto huraño abrazando las bolsas, y le soltó en tono de regaño:
—Oye, joder, ¿de qué te sirve tener esos ojos tan bonitos? ¿Eh? ¿Por qué quieres gastar dinero en cosas tan cutres?
Woo-yoon, que mantenía la boca cerrada con expresión de enfado, respondió balbuceando:
—¿Por qué…? Si es el mismo precio, es mejor si tiene dibujos y muchos, eh…varios colores.
—No es mejor, no es mejor, joder.
Pil-seung no sabía que en un centro comercial vendieran ese tipo de ropa. Cada vez que Woo-yoon traía algo para que se lo comprara, parecía sacado de un contenedor de reciclaje de ropa, lo que hizo que se horrorizara varias veces durante los escasos treinta minutos de compras. Todas las prendas, sin excepción, tenían colores chillones o dibujos enormes y horribles en el pecho. Si no estaban en el pecho, estaban en la espalda.
Pil-seung, que siempre creyó que las camisetas espantosas de Woo-yoon eran sobras que Hee-jae le obligaba a usar, pensó por primera vez que quizás no era así. O tal vez, de tanto usar esas cosas, su sentido estético había muerto.
Pil-seung no dudaba que lo que él eligió era mejor que lo elegido por Woo-yoon, pero Gi-dong, que estaba de pie detrás de ellos con las manos en la espalda, pensaba algo distinto. El gusto de su hyung, que intentó comprarle un traje a alguien que no tenía ni la talla adecuada, tampoco era precisamente excelente. Aplaudió y dijo que le quedaba bien siguiendo órdenes, pero en el fondo pensó que Woo-yoon recordaba a esos matones debiluchos que hay en todas las organizaciones criminales.
—No puedes intentar solucionar todo en la vida solo con tu cara.
Pil-seung, regañándolo seriamente mientras caminaban por el estacionamiento, llegó a chasquear la lengua. Pero cuando Woo-yoon giró la cabeza bruscamente con los ojos furiosos, Pil-seung sonrió de inmediato, rodeó sus hombros caídos con el brazo y pegó su enorme cuerpo al suyo. Woo-yoon seguía refunfuñando quejas en un hilo de voz para que Gi-dong no lo oyera, pero no apartó la mano de Pil-seung de su cintura.
Gi-dong, siguiendo a su hyung y a su cuñada quienes tenían un ambiente muy distinto al de ayer cuando se separaron en el restaurante de tofu, dejó de lado la disputa sobre quién tenía el peor sentido de la moda y se perdió en pensamientos sobre cuándo tendría él una relación o cuál sería el motivo de ese cambio.
Al llegar frente al coche estacionado, Gi-dong tomó las bolsas para meterlas en el maletero y abrió la puerta del conductor.
—¡Ugh!
Gi-dong se tapó la nariz rápidamente y retrocedió. Pil-seung miró a Gi-dong con cara de no entender nada, pero al ver el rostro de Woo-yoon, quien había abierto la puerta trasera, ponerse al rojo vivo, solo movió los ojos. Cuando Pil-seung intentó acercarse a Woo-yoon, quien cerraba sus ojos tontamente y golpeaba su cabeza contra el techo del coche, Gi-dong lo sujetó del brazo.
—Lo siento, hyung. Tendrá que conducir usted mismo.
Pil-seung miró las llaves que Gi-dong le puso en la mano. Solo entonces comprendió la situación.
—Está bien. Nos vemos luego en la oficina.
—Vayan con cuidado. Cuñada, me retiro.
Gi-dong, sin olvidar hacer una reverencia ante Woo-yoon, salió del estacionamiento por donde habían venido. Al parecer, en el coche sin ventilar aún quedaba el olor de las feromonas que los Betas no pueden percibir.
Pil-seung miró a Woo-yoon apretando sus labios y dio un ligero golpe en el techo del coche.
—Sube delante. Vamos a casa.
—Gi-dong…lo olió todo, ¿verdad?
El rostro de Woo-yoon, sentado en el asiento del copiloto con evidente vergüenza, seguía encendido. Pil-seung arrancó el motor y dijo mientras se abrochaba el cinturón:
—Para alguien que nos dejó espacio a propósito para que folláramos, ¿a qué viene tanta sorpresa ahora?
—Pero es que las feromonas… Es porque tú no puedes oler qué clase de aroma es…
—...
Pil-seung, con ambas manos sobre el volante, miró a Woo-yoon con la boca abierta, aturdido, antes de decir con voz grave:
—…Es cierto. No puedo olerlas. No tengo ni idea…
Aunque Gi-dong se había marchado hacía rato, Woo-yoon seguía inquieto, vigilando el estacionamiento a través de la ventanilla una y otra vez.
—¿Y si Gi-dong se sintió mal…?
Seguramente le habría resultado desagradable. Por mucho que lo supiera, como decía Pil-seung, a nadie le gusta encontrarse de frente con la vida privada de los demás.
Además, el olor era demasiado…
Woo-yoon sacó el perfume eliminador de feromonas de su bolsillo y lo roció al aire. Mientras él se preocupaba por el aroma que aún llenaba el coche, Pil-seung se quejaba a su lado de otro tema.
—Gi-dong, Gi-dong… No digas tonterías y llámalo Choi Gi-dong.
Woo-yoon, que agitaba la mano hacia el asiento trasero para que el perfume se dispersara, frunció el ceño y se giró hacia él.
—¿Pero si parece mayor que tú?
—¡Joder! ¿Desde cuándo importa la edad en la jerarquía? Si eres mi pareja, tú también estás por encima de Choi Gi-dong.
Tras hablar como si Woo-yoon no supiera nada del mundo, Pil-seung añadió un "ponte el cinturón" y agarró el volante con firmeza.
Al salir del estacionamiento subterráneo, el coche de Pil-seung se incorporó a la avenida de seis carriles frente al centro comercial. Pil-seung miró de reojo a Woo-yoon, que se había quedado callado, y bajó la ventanilla. El viento entró con fuerza en el vehículo en marcha. Seguramente eso ayudaría a eliminar el olor de las feromonas que tanto preocupaba a Nam Woo-yoon, aunque él no pudiera sentirlas.
—...
Mientras conducía, Pil-seung se sumergió en un pensamiento. Si en su cuerpo aún quedaran rasgos de Alfa, ¿habría sentido esas feromonas embriagadoras al abrazar a Nam Woo-yoon? Intentó recordar el aroma de Woo-yoon que sintió aquella vez en la sala de urgencias, pero no lograba evocarlo con claridad. Si conservara aunque fuera un mínimo de sus características de género, jamás habría permitido que Gi-dong oliera las feromonas de Woo-yoon, cargadas de información sexual.
Pil-seung, que conducía con un brazo apoyado en el marco de la ventana, chasqueó la lengua levemente. Por primera vez en todos los años que pasó atiborrándose de pastillas para negar a muerte que era un Alfa, se sentía de la patada.
—Baek Pil-seung…
—Qué.
Woo-yoon le preguntó con voz insegura mientras Pil-seung revisaba el espejo retrovisor para responderle.
—¿Debería…llamarte hyung?
—¡Ay, no me jodas! Qué asco, ¿cómo que hyung? ¿Acaso eres mi subordinado? Llámame por mi nombre.
Pil-seung se puso serio, mostrando un rechazo total. Para él, hyung era un tratamiento que solo escuchaba de los tipos de la oficina con los que trabajaba. No quería oírlo de su adorable novio; le daba repelús, sentía como si estuviera saliendo con uno de sus matones.
—Oye, Nam Woo-yoon. Escúchame bien.
Con rostro solemne, Pil-seung le explicó que la diferencia de edad no importaba: sin importar los años, si la jerarquía era alta, se le llamaba hyung y si eran pareja, se llamaban por el nombre. Mientras Woo-yoon escuchaba esa explicación lógica, que no tenía nada de lógica, pensando que el mundo de los gánsteres tenía reglas más profundas de lo que creía, el coche llegó frente a la villa.
Pil-seung acompañó a Woo-yoon hasta dentro de la casa cargando las bolsas y se despidió en la entrada, sin quitarse los zapatos.
—Me voy a trabajar. Los chicos están ocupados, así que por hoy cena solo.
—¿A dónde vas? ¿Otra vez de viaje? ¿Cuántos días?
Woo-yoon abrió mucho los ojos al recordar las veces que Pil-seung se marchaba de repente diciendo que tenía trabajo y perdían el contacto. Pil-seung, que bloqueaba la puerta con su enorme cuerpo, se puso una mano en la cintura y soltó una risita.
—Voy a hacer limpieza.
—Ah…
—Terminaré rápido y volveré. Nos vemos mañana por la mañana.
Al mencionar la limpieza que había prometido a la policía a cambio de su liberación, el rostro de Woo-yoon se ensombreció. ¿Qué tanto planeaban explotarlo para que tuviera que pasarse toda la noche limpiando la comisaría? Por muy gánster que fuera, ¿estaba bien que le robaran el trabajo de esa forma sin pagarle? Su rostro, antes desanimado, mostró un ligero aire de rebeldía.
Pil-seung, que observaba cómo Woo-yoon lo miraba con sus ojos caídos ahora entrecerrados, le hizo un gesto para que se acercara.
—Cierre bien la puerta, por favor.
Inclinándose, Pil-seung abrazó con fuerza a Woo-yoon cuando este se acercó.
—Si pasa cualquier cosa, llama directo a la comisaría.
—¿Y a ti…?
—Yo no podré contestar.
Al separarse de sus brazos, Woo-yoon hizo un puchero moviendo el labio inferior con descontento. El gánster que antes recitaba los deberes y obligaciones de un novio parecía haber olvidado sus propias palabras ahora que por fin lo eran.
Pil-seung, ajeno a lo que Woo-yoon sentía, le revolvió el pelo con su mano grande y se dio la vuelta.
—Baek… Pil-seung.
Pil-seung, que estaba a punto de abrir la puerta para salir, se giró.
—Tienes que venir rápido.
Pil-seung soltó una risita, estiró su largo brazo para darle un toquecito en la mejilla a Woo-yoon y desapareció tras la puerta. Woo-yoon se quedó mirando la puerta cerrarse lentamente y luego corrió a la cama de Pil-seung para tumbarse boca abajo. Cerró los ojos y restregó su rostro contra la almohada de él. Le molestaba el hecho de volver a tener a alguien a quien esperar, pero a la vez le gustaba; era un sentimiento contradictorio.
Ya me siento solo…y te extraño.
Ya sabía por experiencia lo aburrida, insignificante y solitaria que era su rutina sin Pil-seung. Por eso, deseaba que llegara pronto la mañana siguiente.
***
Oh Chung-man era un veterano de una unidad militar capaz de atrapar hasta fantasmas. En su juventud, había liderado a mucha gente portando brazaletes de mando en diversas organizaciones y grupos. Incluso ahora, con bastante edad, se sentía orgulloso de su vida por haber contribuido a cimentar las raíces de Corea del Sur.
Para alguien como Chung-man, la actitud de la policía que liberó sin castigo al estafador que cometió un asalto agravado contra él, y además sin pedirle su consentimiento para un acuerdo como víctima era algo absolutamente imperdonable.
—¡Denuncio al jefe de la subestación Go Mun-seok, que lidera la violación de los derechos humanos de las víctimas!
Gritando a través de un megáfono, Chung-man levantó en alto el bloc de dibujo que colgaba de su cuello. A la hora de la salida tardía, los transeúntes que pasaban frente a la subestación ni siquiera prestaron atención al alboroto de Chung-man, quien realizaba una protesta unipersonal vestido con ropa de hospital, y apresuraron su camino.
Con las venas del cuello hinchadas, Chung-man levantó aún más el bloc.
—¡Corea del Sur está podrida por culpa de los mutantes! ¡Garanticen la seguridad de los Betas! ¡Garanticenla!
La protesta individual de Chung-man, que comenzó por la injusticia de la liberación de Woo-yoon que escuchó anoche en el hospital, se había transformado en una exigencia de expulsión para los portadores de rasgos. Chung-man gritaba con entusiasmo las consignas que solía clamar todos los sábados en las manifestaciones contra los portadores de rasgos.
—¡Reconozcan la singularidad de los Betas, reconozcan…!
¡Chirrhhh! El chirrido de los neumáticos resonó con fuerza. Una furgoneta negra frenó en seco junto a la acera, frente a la subestación. En cuanto se abrió la puerta, varios Alfas de constitución robusta bajaron en tropel y no tardaron ni diez segundos en arrastrar a Chung-man al interior del vehículo. Los Alfas cerraron la puerta tan pronto como lo subieron y desaparecieron rápidamente al final del callejón.
Un oficial de policía que salió de la subestación sorbiendo café chasqueó la lengua al ver el bloc de dibujo, el megáfono y una de las pantuflas de Chung-man tirados en el suelo.
—Ja… Ya veo por qué tanto el jefe de policía como el de la subestación usan a estos matones Alfa para este tipo de cosas…
Sacudiendo la cabeza con desdén, el oficial volvió a entrar en la subestación.
La furgoneta, que ya había salido del callejón de la subestación y se había incorporado a la avenida principal, se sacudía. Chung-man, con ambos brazos inmovilizados por Alfas de aspecto rudo, pataleaba con todas sus fuerzas sin poder levantarse de su asiento.
—¡Suéltenme ahora mismo! ¿Saben quién soy yo? ¡Cómo se atreven, escorias Alfa, a hacerle esto a un Beta!
Chung-man, que bufaba como un toro furioso, se estremeció al reconocer el rostro sentado en el asiento de enfrente, pero de inmediato soltó una burla mordaz para ocultar el temblor de su pecho.
—¡Vaya, vaya! ¿No eres tú el chulo de ese Omega estafador? No, ¡agh!
Pil-seung le cruzó la cara con una bofetada sonora, se inclinó hacia adelante y frunció el ceño.
—Ya que sabías que soy su hombre, ¿por qué lo tocaste?
—Ay, ay…
Chung-man gimió bajito mientras sus labios ensangrentados temblaban. Pil-seung lo miró fijamente al ver que no respondía a su pregunta y le soltó otra bofetada en la misma mejilla. Esta vez, la cabeza de Chung-man giró violentamente como si fuera a salir volando.
—Pensaba ir a buscarte al hospital, pero me dijeron que estabas en la subestación.
—Ay… Oh Chung-man se muere…
—Hoy tenemos que ir a trabajar y estamos un poco ocupados. Terminaré contigo rápido.
—No debí haber metido a esos hermanos estafadores en mi casa, ¡ay! Ese pequeño Omega embaucador se tragó a Oh Chung-man, ¡ghack!
Con un puñetazo corto y rápido, Pil-seung destrozó la boca de Chung-man, quien no dejaba de mencionar a Woo-yoon. A diferencia de cuando recibió las bofetadas, Chung-man ni siquiera pudo gemir y solo derramó una gran cantidad de sangre. Junto con la sangre espesa que brotó de su nariz y boca al mismo tiempo, sus dientes rotos bajaron por su garganta con un sonido viscoso.
Pil-seung se limpió la sangre de los nudillos restregándolos en el asiento de la furgoneta y se giró hacia Gi-dong, que estaba sentado a su lado.
—Cuando lleguemos, cortarle las cuerdas vocales para que no pueda decir estupideces, y luego los diez dedos… Ah, ¿conseguiste el formulario de consentimiento de su esposa?
—Sí. Los chicos lo obtuvieron esta mañana.
Pil-seung volvió a mirar a Chung-man. Le explicó la situación al hombre, que aún no recobraba el sentido.
—Su esposa parece una buena mujer, y dicen que tú le levantabas la mano cada vez que podías, hijo de puta.
—Khueee…huu…
—Agradécele a ella, que tiene buen corazón y pidió que te dejáramos vivir por ser su esposo. Los subsidios para Betas y el dinero del seguro por discapacidad permanente irán a la cuenta de ella. Si ella no te da de comer, ayuna; y si te pega, aguántate.
Tras darle una bofetada más a Chung-man, cuya cabeza ya no se sostenía, Pil-seung sacó su móvil del bolsillo interior de su chaqueta y comprobó la hora. Según la información del jefe de policía, había una presentación de negocios de la banda Shinsaeng en un hotel de Yongsan. Dicha presentación, que se celebraba a una hora sospechosamente tardía, era en realidad una fachada para una estafa de inversión financiera. La misión encomendada a la oficina de Baek Pil-seung era armar tal escándalo que a Shinsaeng le resultara difícil rehabilitarse.
Tenía el horario apretado si quería encargarse de este viejo bastardo y llegar al hotel a tiempo. Pil-seung miró por la ventana mientras escuchaba los quejidos moribundos de Chung-man. Al parecer, el verano de días largos ya había pasado por completo; la oscuridad ya era densa.
Raw: Ruth Meira.
Traducción: Ruth Meira.
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