Un día del gángster 10

10


Las ojeras de Woo-yoon estaban más marcadas de lo habitual debido a la hinchazón. Se quedó mirando fijamente su rostro algo atontado en el espejo y frunció el ceño, tratando de poner una expresión intimidante. Sin embargo, por mucho que intentara lanzar miradas feroces, con el rabillo del ojo caído y sus largas pestañas, era evidente que no había nacido para verse rudo.


Tras girar la cabeza de un lado a otro examinándose durante un buen rato, terminó de lavarse y salió del baño.


—Good morning.


Pil-seung, que estaba acuclillado junto al zapatero fumando un cigarrillo, le echó una mirada rápida y lo saludó. Woo-yoon lo observó en silencio, fijándose en que tenía todos los botones de la camisa desabrochados, dejando al descubierto su robusto pecho mientras fumaba.


Woo-yoon, que pensaba que Pil-seung se habría marchado después de aparecer en el semisótano por la madrugada, casi se muere del susto esta mañana al encontrarlo durmiendo a su lado en ropa interior y empapado en sudor. Había salido de la habitación a hurtadillas para asearse, tratando de no despertar a Pil-seung, quien incluso en sueños no dejaba de murmurar: "Mierda, qué calor de locos".


Woo-yoon pensó que era un alivio que Pil-seung, que se veía tan desaliñado al despertar, al menos se hubiera echado la camisa encima, y finalmente habló:


—Ahora... ¿te vas a ir a trabajar?


Ante esa voz dubitativa y algo torpe, Pil-seung lo miró de reojo y soltó una risita burlona. Aplastó el cigarrillo contra el suelo para apagarlo, lo lanzó hacia un montón de basura cercano y se puso de pie.


—No. Hoy tengo una cita con un desempleado.


Al oír la palabra "cita", Woo-yoon recordó todas las veces que Pil-seung lo había arrastrado a algún lado por la fuerza. En aquel entonces, le aterraba y le desagradaba ir con un gánster que no sabía qué planeaba hacerle, pero ahora, saber que Pil-seung no iría a trabajar para quedarse a jugar con él le hacía sentir un poco de ilusión. Estaba seguro de que, si se quedaba solo en casa, no habría podido evitar hundirse en la depresión rumiando lo sucedido ayer en el supermercado.


—Vete a cambiar de ropa para que salgamos.


—¿Esto? Pero si me acabo de cambiar al despertarme.


Pil-seung miró con amargura la camiseta de Woo-yoon, que tenía estampado un personaje de dibujos animados de cejas pobladas riendo de forma insoportable. Se preguntó si debería comprarle ropa nueva antes de ir a pasear. Hasta ahora, había estado demasiado ocupado concentrándose en hacer que el esquelético Nam Woo-yoon ganara algo de peso. Pil-seung decidió que, a partir de hoy, le compraría ropa cara para que nadie volviera a menospreciarlo como ayer. Pensó que con un par de cadenas de oro en el cuello y la muñeca bastaría para quitarle ese aire de pobreza que invitaba al desprecio.


—¿Me pongo...otra cosa?


—...


Pil-seung se rascó la cabeza con torpeza mientras observaba a Woo-yoon, que se frotaba el pecho con las palmas de las manos, y decidió retirar su resolución anterior. Si Nam Woo-yoon se ponía demasiado elegante y guapo, Pil-seung moriría joven por la ansiedad. Era mejor tener a su pequeño algo desaliñado pero adorable; ya habría tiempo de sacarle brillo en la cama. Además, mirándolo bien, esa camiseta era mucho mejor que la que tenía fotos de una granja de fresas o tomates.


—Olvídalo. Quédate con esa.


Woo-yoon entornó los ojos al ver a Pil-seung agitar la mano en el aire con indiferencia. Ya no sabía quién quería a quién. Pil-seung decía que le gustaba, pero lo llamaba cuando le daba la gana, desaparecía si estaba ocupado, aparecía de nuevo sin previo aviso y ni siquiera parecía alegrarse tanto de verlo...


En cambio, yo sí me alegro.


—Eres un indeciso…


Pil-seung le dio un toquecito en la coronilla con la palma de la mano al oír su murmullo insatisfecho, le susurró un "mocoso" y pasó por su lado. Woo-yoon hizo un puchero y jugueteó con el suelo con sus pies en sandalias mientras veía a Pil-seung entrar al baño. No pasó mucho tiempo antes de que se oyera un grito desde dentro: "¡Agh! ¡Está helada! ¡Mierda!". Al escucharlo maldecir a la canilla como si se estuviera peleando a muerte con alguien, Woo-yoon relajó su expresión molesta y soltó una risita traviesa.


Hoy va a ser divertido…


Quizás por ser época de vacaciones escolares, el parque del río Han estaba bastante concurrido a pesar de ser la tarde de un día de semana. Woo-yoon, con un algodón de azúcar que siempre había querido probar desde niño, se subió a un bote de pedal con forma de pato junto a Pil-seung. Subirse a esos botes era otro de sus grandes deseos, así que aceptó de inmediato la propuesta.


Sin embargo, el bote de pato resultó ser más aterrador de lo que parecía en televisión. El agua estaba movida y el bote se balanceaba mucho; además, debido a la diferencia de peso con Pil-seung, el bote se inclinaba hacia un lado, navegando por el río Han en una posición que parecía al borde del naufragio.


Pil-seung pedaleaba con fuerza en lugar de Woo-yoon, quien estaba distraído con su algodón de azúcar más grande que su propia cara. Cuando el bote se alejó del muelle y llegó a una zona más tranquila, Pil-seung dejó de pedalear y miró a su lado. Woo-yoon sostenía el algodón de azúcar, que parecía saturado de colorante azul y rojo, y solo se lamía los labios sin morderlo. Pil-seung soltó una risita, se quitó las gafas de sol y empezó a limpiarlas contra su rodilla mientras preguntaba:


—Hace un rato estabas como loco pidiendo que te lo comprara, ¿y ahora por qué no te lo comes y solo te lo quedas mirando?


—Es que me da pena…


—Tsk. Come tranquilo, que te compraré otro.


Pil-seung frunció el ceño y le puso sus gafas de sol a Woo-yoon. Las gafas, más pesadas de lo esperado, se le resbalaron por las mejillas. Woo-yoon se las acomodó con el dorso de la mano y miró el paisaje. Gracias a que el reflejo del sol en el agua ya no le lastimaba los ojos, se quedó embelesado observando los otros botes de pato que flotaban pacíficamente y el edificio 63 que se alzaba imponente ante ellos.


—Mierda, esto es más jodido de lo que parece.


Pil-seung se arremangó la camisa mientras soltaba una maldición y volvió a pisar los pedales, que emitían un chirrido oxidado. Parecía que el esfuerzo continuo le estaba pasando factura. Woo-yoon soltó una risita burlona al recordar cómo Pil-seung lo había regañado antes, diciéndole que era un tonto sin romanticismo por sugerir que alquilaran un bote eléctrico.


Qué tonto eres, Baek Pil-seung.


Mordiéndose el labio para contener la risa, Woo-yoon dejó de mirar el paisaje y se quedó observando a Pil-seung, que bufaba mientras pedaleaba a su lado.


—...


Desde la primera vez que lo vio en el tanatorio, pensó que era guapo. Solo que, al ser tan aterrador como atractivo, no le había parecido alguien agradable en su momento.


Pil-seung se echó el pelo hacia atrás con una mano y, al cruzar la mirada con Woo-yoon por un instante, curvó la comisura de los labios con suficiencia.


—¿Qué miras? ¿Tan sexy te parece tu novio?


—No tengo palabras…


—Oye, tócame la entrepierna. Mierda, de tanto pedalear se me han puesto los músculos a tope.


Woo-yoon miró a Pil-seung con cara de asco; ni siquiera le había pedido que le tocara el muslo, sino directamente la entrepierna. Se sintió ridículo por haber pensado, aunque fuera por un instante, que Pil-seung se veía genial. Que alguien sea guapo y que alguien sea genial son conceptos completamente distintos.


—De verdad, no tienes remedio…


—¿Qué llevas rato mascullando ahí? ¡Mierda, habla más alto!


Pil-seung se inclinó hacia él acercando la oreja. Al mismo tiempo, el bote de pato se tambaleó hacia el lado de Woo-yoon. Mientras escuchaba el chapoteo del agua, Woo-yoon se quedó mirando fijamente el perfil de Pil-seung, que ahora estaba a un palmo de su cara.


—¿Qué has dicho? ¿Eh?


Ese rostro que lucía una sonrisa en la comisura de los labios se acercó un poco más. El aroma de Pil-seung invadió su nariz de golpe. Era una fragancia que no sabía si era perfume o cosméticos, mezclada con un rastro muy tenue y amargo de tabaco. En el momento en que fue consciente de ese olor, Woo-yoon sintió un vuelco en el fondo del pecho. Asustado por esa sensación repentina, Woo-yoon se sonrojó y apretó con fuerza la tela de su camiseta a la altura del pecho, arrugando la cara del personaje que sonreía en el estampado.


Siento que voy a vomitar. Me dan náuseas. No es que huela a feromonas, pero de repente mi corazón está...


Woo-yoon se alejó todo lo que pudo de Pil-seung, quien seguía ofreciéndole la oreja, y negó con la cabeza.


—No es...nada…


Pil-seung soltó una carcajada al verlo balbucear de forma tan torpe. Le parecía increíble que un bicho tan lindo solo hiciera cosas lindas. Bueno, supuso que las cosas adorables son así: siempre se portan de forma encantadora como si supieran perfectamente que lo son. Como si suplicaran que los quieran todavía más.


Si me dieras permiso, joder, te querría hasta la muerte.


Pil-seung se lamió los labios con pesar y volvió a pedalear con fuerza.


Navegaron por el río Han a una velocidad aterradora, como si Pil-seung estuviera compitiendo contra las demás parejas, y solo detuvo sus zapatos de vestir cuando quedaban diez minutos para que terminara el tiempo de alquiler. El bote se detuvo cerca de las boyas que delimitaban la zona para no alejarse demasiado del muelle. Woo-yoon, que apenas había logrado calmar su agitado pecho mientras sentía el vaivén del bote sobre el agua, arrancó un trocito del algodón de azúcar que había estado reservando y se lo llevó a la boca.


El algodón de azúcar que tanto había esperado tenía una textura curiosa que se derretía al contacto con la lengua, pero el sabor no era nada del otro mundo: solo azúcar. Aunque podría haberse sentido decepcionado, Woo-yoon estaba simplemente feliz. Alguna vez había escrito una lista de deseos que estuvo de moda, y se sentía pleno solo por haber cumplido el tercer punto: "Comer algo bonito e inútil".


Pil-seung, que lo observaba en silencio mientras Woo-yoon picoteaba el dulce, bostezó con aburrimiento y se estiró.


—¡Aaaah! Mierda, termina de comer de una vez. Para que pueda darte la mano.


—...


Woo-yoon pasó el algodón de azúcar a la otra mano y le tendió la mano vacía. Pil-seung bajó la vista hacia la palma de Woo-yoon y preguntó con una voz que de repente se volvió mucho más grave:


—¿Esto a qué viene?


Sus ojos feroces se movieron rápidamente de arriba abajo, alternando entre la mano extendida y el rostro cándido de Woo-yoon. Entonces, Woo-yoon respondió con orgullo:


—Dijiste que era una de laz obligaciones.


Pil-seung se quedó mirándolo fijamente, recordando que Woo-yoon estaba sacando a relucir el punto de "dejarme tomar tu mano" que él mismo había incluido cuando empezaron su relación condicional. Finalmente, abrió la boca.


—¿Eso es...todo?


—...


Woo-yoon parpadeó sorprendido. La voz baja con la que Pil-seung preguntaba era inusualmente cautelosa. Parecía que esperaba una respuesta específica, o quizás que temía escuchar otra. Pensó que Pil-seung se alegraría si seguía dócilmente las obligaciones de pareja que él mismo había inventado, pero su reacción fue inesperada. Woo-yoon movió los ojos de lado y arqueó las cejas mientras preguntaba:


—¿Entonces qué más hay?


Si Pil-seung le decía la respuesta correcta, estaba dispuesto a seguirle el juego. Al fin y al cabo, le estaba agradecido por todo lo que había hecho por él, se alegraba de que hubiera vuelto después de tanto tiempo y, además, Pil-seung era divertido.


Sin embargo, Pil-seung se limitó a atrapar su mano sin añadir nada más. Woo-yoon se quedó allí, con la mano firmemente sujeta por una mucho más grande que la suya, observando a Pil-seung con cautela tal como había hecho por la mañana. Al mirar su perfil inexpresivo, su corazón volvió a dar un vuelco: pum. Esta vez, a pesar de no estar oliendo a Pil-seung, sintió náuseas.


¿Será que...me estoy mareando por el bote?


Entornó sus ojos de párpados caídos. Sentía la nuca caliente y le sudaban las palmas de las manos. Se encogió sobre sí mismo, tratando de ocultar su pecho, donde el corazón latía con fuerza.


Tras cenar con Pil-seung en una mesa junto al ventanal con vistas a la autopista Gangbyeonbuk-ro, Woo-yoon contempló el río Han bajo el manto de la noche. El pastel y el helado que sirvieron de postre estaban casi terminados; la mesa, donde solo quedaba un poco de té negro, combinaba a la perfección con el paisaje nocturno exterior. Woo-yoon no sabía nada de música, pero prestaba atención a la melodía de jazz que envolvía el ambiente relajado, pensando que este momento era mucho más romántico que pedalear un bote de pato manualmente.


Cada vez que Woo-yoon balanceaba sus pies calzados con las viejas zapatillas, el mantel blanco y pulcro ondeaba ligeramente. Pil-seung, apoyando la barbilla en su mano, observaba a Woo-yoon mientras este miraba las luces de la ciudad. Hizo un último repaso mental sobre cómo decirle las palabras que había estado preparando desde la mañana, mientras fumaba acuclillado junto al zapatero. Pero enseguida frunció el ceño.


No importa lo que Nam Woo-yoon responda. Mierda, de todas formas lo voy a tener viviendo a mi lado.


Aunque racionalmente pensaba que no aceptaría la opinión de Woo-yoon, sus labios se secaban una y otra vez como si estuviera nervioso. Pil-seung se humedeció los labios con la punta de la lengua y carraspeó.


—¿Has comido bien?


—¡Sí! Este sitio es realmente rico y bonito.


—...


Pil-seung esperó un compás mientras miraba a Woo-yoon, cuyos ojos brillaban al contemplar las luces de los puentes sobre el río, y volvió a hablar.


—Nam Woo-yoon.


—¿Mmm?


Woo-yoon, que estaba embelesado con el paisaje nocturno, se giró hacia él con tono curioso. El rostro de Pil-seung estaba más serio que nunca. Sin rastro de risas ni bromas, su mirada era gélida y afilada. Woo-yoon movió los labios con torpeza ante esos ojos que no revelaban lo que estaba pensando.


—¿Qué...pasa…?


—He encontrado a tu hermano.


El corazón de Woo-yoon se desplomó en un instante. El jazz que sonaba sin cesar dejó de escucharse. Incluso la voz de Pil-seung, sentado frente a él hablándole con rostro inexpresivo, se sentía lejana, como si estuviera sumergida bajo el agua. Su corazón caído latía con fuerza y le costaba respirar; se quedó con los ojos muy abiertos, incapaz de apartar la mirada de Pil-seung.


—Pensaba decírtelo más tarde, pero… Bueno, creo que no tiene sentido seguir alargándolo.


Woo-yoon, sin darse cuenta, se aferró al mantel. Sus palmas se humedecieron de sudor.


—Atrapamos a tu hermano. Ahora mismo está en Incheon.


Estaba tan desconcertado que sentía que el mundo le daba vueltas. Ni siquiera podía ver bien el rostro de Pil-seung.


—Pensé que tú eras quien debía escuchar primero las explicaciones de Nam Hee-jae, así que no le pregunté qué ha estado haciendo todo este tiempo.


Woo-yoon sintió que el calor le subía por la nuca y entrelazó sus pies bajo la mesa. Como su agitado corazón no se calmaba, movió los ojos con ansiedad y, en silencio, presionó con fuerza su pie izquierdo con el derecho.


—Ve a verlo mañana. Yo te llevaré.


—Uugh…


Apretando los dientes y con la cabeza gacha, Woo-yoon aplicó fuerza a su cuerpo tembloroso y murmuró bajito:


—¿Cómo...cómo…?


¿Cómo podía ser así? ¿Cómo era posible que, en el preciso instante en que recibía noticias de su hermano a quien tanto había deseado encontrar, se diera cuenta de lo que sentía por Baek Pil-seung?


El hecho de que su corazón se hubiera desplomado no por el inminente encuentro con su hermano para reclamarle por su crueldad, sino enteramente por Baek Pil-seung, dejó a Woo-yoon consternado. Él, que solo pensaba en seguir divirtiéndose con Pil-seung como siempre, tragó saliva con dificultad y el rostro tenso.


Ahora que habían encontrado a su hermano, ya no tenía necesidad de fingir ser el novio de Baek Pil-seung. No tenía que cumplir con las obligaciones de pareja. No tenía que tomarle la mano. No tendría que verlo, ni recibir sus llamadas.


Ya no recibiría los cuidados de Baek Pil-seung. No comería con él. No jugaría con él. Se volvería a sentir aburrido. Solo. Ansioso.


Sin levantar la cabeza, Woo-yoon se frotó la nuca ardiente con el dorso de la mano.


Juró que, una vez que encontrara a su hermano, no volvería a tratar con ese gánster, y pensó que en algún momento se habían vuelto amigos, pero no era eso…


Sus grandes ojos se empañaron. Woo-yoon levantó lentamente la mirada para ver a Pil-seung, sentado frente a él.


Esa irritación sin motivo y esa alegría al verlo. La razón por la que siempre estaba pendiente de su humor. Ese calor que no desaparecía incluso con un contacto físico casual. Todo era el síntoma torpe de un primer amor.


Una lágrima acumulada en sus grandes ojos rodó por su mejilla sonrojada. Las pupilas de Woo-yoon temblaron con confusión mientras miraba a Pil-seung, quien lo observaba en silencio con la cabeza ligeramente ladeada.


¿Cómo puedo haberme enamorado de un gánster?


—No...no tiene sentido…


—...


Pil-seung miró con pesadumbre a Woo-yoon, quien lloraba murmurando que aquello no tenía sentido. Supuso que el impacto de volver a enfrentar al hermano que lo abandonó era demasiado fuerte. Todo el mundo tiene a alguien así: una persona cuya sola existencia es una herida.


Pil-seung jugueteó con la larga cicatriz de su cuello esperando a que Woo-yoon se calmara, pero al ver que la ansiedad no desaparecía de sus ojos, volvió a hablar. Lo que realmente quería decirle empezaba ahora.


—Dile a tu hermano todo lo que has querido decirle. O, mierda, golpéalo hasta cansarte si quieres.


—...


—Y después de eso, termina conmigo.


Ante la palabra "terminar", Woo-yoon estremeció sus ojos húmedos. Su corazón volvió a caer por una sola frase de Pil-seung. Su voz salió quebrada y ahogada.


—¿Ter...terminar…?


—Acordamos ser novios a cambio de encontrar a tu hermano. Terminemos con eso.


—...


—Mañana te arreglas con Nam Hee-jae, dejas esa habitación de mierda y luego. Y luego…


Sus labios vacilaron un par de veces antes de que las palabras salieran, y de pronto, como si recordara algo, Pil-seung buscó en el bolsillo interior de su chaqueta. Se las había guardado tras ponérselas a Woo-yoon en el bote de pato y lo había olvidado. Casi lo arruina todo en el momento más importante. Sacó las gafas de sol a toda prisa, se las puso y habló con firmeza.


—Vive conmigo. Yo te cuidaré.


—...


—Mierda, olvida todas las condiciones y simplemente...sé mi novio de verdad. Te voy a querer un montón.


—¡Uuub…!


Woo-yoon se tapó la boca sintiendo que el corazón se le iba a salir y se encogió bajo la mesa. Su espalda estaba empapada de sudor y sus rodillas temblaban.


Siento náuseas. Quiero vomitar. Siento que el pecho me va a estallar…


—Oye. Nam Woo-yoon.


—Uuh…hic.


Woo-yoon no pudo soportar el desconcierto y rompió a llorar. Sentirse cercano al gánster que vino a cobrarle dinero era una cosa, pero amarlo era un mundo de diferencia.


¡Un gánster…! ¡A Baek Pil-seung……! Baek Pil-seung no es una mala persona, se ha portado bien conmigo, es guapo, pero aun así. ¡Aun así……!


El amor, ese sentimiento, siempre había pertenecido a Pil-seung. No era parte de Woo-yoon. Pero ahora que se daba cuenta de que también era su problema, no sabía qué hacer. El amor que había aprendido a través de videos y libros mientras estaba tumbado en su pequeña habitación no era así. Imaginó que sería un escalofrío agradable, no un impacto que parecía romperle todo el cuerpo.


Sin tiempo para organizar su mente confusa, su cuerpo, que acababa de reconocer el amor, montó un escándalo como si quisiera demostrar con todas sus fuerzas que amaba a Baek Pil-seung. Antes de poder aliviarse porque el "terminar" de Pil-seung no era el "final" que él temía, Woo-yoon se asustó al sentir su corazón latir como si fuera a explotar tras oír que quería vivir con él. Se sentía como si estuviera entrando en hiperventilación, como alguien sufriendo un ataque de pánico.


—¿Qué te pasa? ¿Te duele algo?


—Huuu…huu…


Al notar algo extraño en el comportamiento de Woo-yoon, que estaba encogido y sin moverse, Pil-seung apartó la silla y se levantó. Se acercó a él y se arrodilló para bajar su postura. Se quitó las gafas de sol con una mano y agachó la cabeza para mirar el rostro de Woo-yoon, que sudaba mientras se presionaba el abdomen y el pecho.


Estaba rojo hasta el cuello y temblaba visiblemente, lo cual era sospechoso, pero no podía ser el celo. Si se había tomado bien los supresores que él le compró, el ciclo ya debería haber pasado.


Pil-seung se sintió genuinamente preocupado por si Nam Woo-yoon, que hasta hace un momento devoraba con gusto la cena de pareja, había sufrido una indigestión fulminante tras escuchar la noticia de su hermano. Pero en el instante en que Pil-seung extendió la mano diciendo "¿A ver?", Woo-yoon, que estaba encogido y rígido, se puso de pie de un salto.


—No me toques. De verdad…siento que voy a vomitar…


Apenas logró exprimir esas palabras reuniendo todo su valor. La primera vez que vio a Pil-seung, la voz no le salía por el puro terror; ahora, no podía hablar correctamente porque el corazón le martilleaba con demasiada fuerza. ¿Cómo era posible algo así?


—Quiero irme a casa, me voy a ir…


—...


Pil-seung, que apretaba los puños dejando que el anillo de oro en su meñique brillara, estiró sus rodillas y se puso de pie. Se quedó mirando en silencio a Woo-yoon, que permanecía cabizbajo atrapado en la sombra que él mismo proyectaba, y finalmente se dio la vuelta.


El coche de Pil-seung se detuvo frente al conocido portón. Habían compartido muchos trayectos, pero era la primera vez que Pil-seung conducía en absoluto silencio, sin mediar palabra. Woo-yoon, sentado en el asiento del copiloto, jugueteaba con sus uñas sintiéndose culpable.


Todo iba tan bien cuando estábamos en el bote de pato. No, incluso cuando estábamos cenando…


—...


—...


El aire acondicionado del coche mecía suavemente el flequillo de Woo-yoon. Pil-seung guardó un largo silencio observando esos pelos que revoloteaban sobre el entrecejo de forma casi irritante, hasta que soltó el nombre de Woo-yoon como quien escupe una palabra que le estorbaba.


—Oye.


—¡…!


Woo-yoon dejó de arrancarse los padrastros de las uñas y se giró hacia él con los ojos muy abiertos. Pil-seung tenía un brazo apoyado en el volante y lo miraba fijamente. Su expresión rígida y el ligero temblor en su mirada eran iguales a los que tuvo aquel día en el valle.


—A tu hermano... ¿lo verás mañana?


Woo-yoon negó con la cabeza de inmediato. Antes le angustiaba qué preguntar, qué cara poner o qué hacer con él, pero ahora ese no era el problema. Woo-yoon estaba totalmente absorto en otro dilema: cómo lidiar con Pil-seung y con este sentimiento tan confuso.


—Bueno, míralo cuando te apetezca. Mis chicos lo tendrán bien vigilado…


Pil-seung dejó la frase en el aire y extendió la mano hacia Woo-yoon, que seguía con la boca cerrada. Cubrió con su palma la mano de Woo-yoon, que movía los dedos con inquietud. Sin embargo, esa mano pequeña, que no tendría escapatoria si él decidiera atraparla con fuerza, se escabulló de su agarre con una determinación insolente.


—...


Pil-seung retiró la mano y sus cejas pobladas se contrajeron en un tic silencioso. Antes tenía dudas, pero ahora estaba seguro. Nam Woo-yoon no había sentido náuseas por la impresión de encontrar a su hermano. Había colapsado ante la idea de vivir con él. Pensó que las cosas iban por buen camino últimamente, pero una vez más, había sido una ilusión suya. Soltó una carcajada amarga, incrédulo.


—Ja…


Se acarició la mandíbula con torpeza y soltó una risita seca. Aunque la opinión de Woo-yoon no era estrictamente necesaria para seguir adelante con su plan de meterlo en su casa, no es que no le importara en absoluto. La reacción de Nam Woo-yoon le había dejado un sentimiento de mierda en el pecho.


Pil-seung endureció su expresión autodestructiva y preguntó en voz baja:


—Dijiste que no te caigo mal. Entonces, ¿cuándo voy a empezar a gustarte?


—¡…!


Woo-yoon dio un pequeño respingo por la sorpresa y se mordió el labio inferior sin poder responder. Pum, pum, pum. Sentía el latido del corazón en el cerebro. Sentía que, si abría la boca, el corazón se le escaparía hacia afuera.


Ya me gustas.


No pudo decir esa frase. El sentimiento que acababa de descubrir le resultaba tan extraño y confuso que se limitó a agachar la cabeza profundamente con el rostro encendido. Pil-seung lo observó un momento, se lamió los labios con amargura y sentenció:


—No me importa si no te gusto. Se siente como la mierda, pero joder, voy a vivir contigo sí o sí, así que vete haciendo a la idea.


Sí o sí. Ante esa palabra absoluta de Pil-seung, aquello que Woo-yoon no lograba articular finalmente subió por su garganta.


—¡No, es que yo…!


Justo cuando abría la boca con urgencia, el viejo portón de hierro se abrió con un chirrido metálico escalofriante.


—¡Maldita sea! ¡Qué clase de malnacido se atreve a estacionar ilegalmente frente a la casa de Oh Chung-man!


El dueño de la casa salió blandiendo un bate de béisbol en el aire, bufando de rabia. Pil-seung, al ver interrumpida su conversación crucial por el viejo, cerró los ojos con fuerza y frunció el ceño. Estaba tragándose un arranque de ira que subía como el fuego.


Ya me siento bastante mal como para que este venga a joder... Le rompería la cabeza con ese mismo bate, joder….


—¿Dónde se han visto estos tipos asquerosos restregándose frente a mis ojos?


Ante el grito del viejo, Pil-seung abrió los ojos y se giró para bajar del coche. Woo-yoon, que lo observaba con cautela, agarró rápidamente el brazo de Pil-seung para detenerlo antes de que descendiera.


—Voy a entrar. Vete tú también.


Antes de que Pil-seung pudiera decir nada, Woo-yoon bajó del coche como si huyera. Pasó corriendo al lado del dueño de la casa, que seguía gritando y amenazando al aire con el bate, y bajó las escaleras oscuras a toda prisa.


Tras entrar en su habitación de una zancada y quitarse los zapatos de cualquier manera, Woo-yoon cerró la puerta con llave y se acarició el pecho agitado.


‘—Voy a vivir contigo sí o sí, así que vete haciendo a la idea.’


—Ah… No puedo respirar…


Con sus manos temblorosas, apretó la tela de su camiseta justo donde estaba impreso el rostro del personaje.


Hasta ahora, solía ignorar o dejar pasar las palabras autoritarias que Pil-seung soltaba, pero ya no podía. El peso de sus palabras había cambiado. Esa frase de que viviría con él "sí o sí", incluso cuando su propia familia de sangre lo había abandonado, no dejaba de resonar en sus oídos.


Sí o sí. Sin condiciones. Simplemente. Aunque no hubiera una razón o una necesidad, simplemente tenerme con él…


Woo-yoon se frotó ambas orejas, que ardían con un calor intenso, usando las dos manos.


Apoyado contra la puerta que había cerrado con llave, comenzó a recordar lentamente esos momentos en que el amor de los protagonistas de dramas y películas finalmente se concretaba. Mientras rumiaba el amor que tantos rostros diferentes, en diversos lugares, habían expresado en innumerables idiomas, Woo-yoon se dio cuenta de una verdad.


El amor debe decirse. Hoy no pudo articular palabra porque estaba demasiado asustado y desconcertado por ese latido repentino que sentía que le haría estallar el pecho, pero debía decirlo sin falta. Tenía que decírselo a Baek Pil-seung.


Me has empezado a gustar. Ya te quiero.


Cómo fue su primer encuentro con Pil-seung, o cómo era posible enamorarse de un gánster... Esos problemas dejaron de ser importantes. Quería hablar. Quería decírselo.


Una tenue sonrisa floreció en los labios de Woo-yoon mientras seguía aferrándose al pecho. El impacto que se sentía como si todo el cuerpo se rompiera, y la plenitud que llegaba justo después; esa era la verdadera forma del amor.



***



Después de terminar el caldo frío de brotes de soja que Pil-seung le había enviado por la mañana, Woo-yoon no tenía nada que hacer. Había sido un desempleado crónico hasta que empezó en el supermercado, pero le resultaba extraño sentir ahora esa sensación de aburrimiento tan repentina.


Antes solía releer decenas de veces los mismos libros para matar el tiempo, pero ahora, por muy aburrido que estuviera, no quería ni abrirlos. Con la televisión pasaba lo mismo. Así que se limitó a quedarse tumbado frente al ventilador, mirando el teléfono móvil. Pil-seung le había dicho que empacara sus cosas, pero no tenía nada que valiera la pena llevarse; apenas unas cuantas prendas viejas.


—...


Tengo que decirle que me gusta, pero... ¿cuándo se supone que se hace eso? Woo-yoon se puso el móvil sobre la frente esperando una llamada de Pil-seung que no llegaba y cerró los ojos. Los momentos de confesión que conocía por los videos y libros solían ocurrir en lugares especiales: habitaciones decoradas con globos y flores, o destinos turísticos hermosos que quedarían grabados en la memoria por siempre.


Woo-yoon se entrelazó las manos sobre el vientre y se perdió en sus fantasías mientras recibía la brisa del ventilador. Sin embargo, pronto dejó de imaginar al darse cuenta de que él no tenía la capacidad para organizar algo así.


Tengo que hacer lo que esté a mi alcance. Como hizo Baek Pil-seung, que me trajo el desayuno, me compró cosas necesarias y me cuidó.


Woo-yoon, que estaba desparramado, se incorporó de un salto. Rebuscó en la mochila que le había regalado Pil-seung. El fajo de billetes que había retirado en su último día de trabajo seguía allí; con todo el alboroto, lo había olvidado por completo. Pensó que si le entregaba un regalo comprado con el primer y último dinero que había ganado mientras le declaraba sus sentimientos, al menos la situación tendría cierta forma. Una sonrisa se dibujó en sus labios.


—Primero, el alquiler…


Sujetando con fuerza el fajo de billetes, se cambió de ropa. Se cruzó al hombro su bolso cuya correa rota había reparado provisionalmente con un imperdible, se calzó las zapatillas pisando el talón y subió las escaleras corriendo. Se dirigió directamente a la casa del dueño.


El dueño de la casa salió al portón y miró de arriba abajo con desaprobación a Woo-yoon, que había tocado el timbre con determinación. Woo-yoon hizo una reverencia, sacó el dinero de su bolso y se lo tendió.


—Es el alquiler de este mes. Quería dárselo antes, lo siento…


El hombre tomó el sobre del banco, se escupió en la mano y empezó a contar los billetes uno a uno. Solo después de verificar tres veces esa pequeña cantidad de dinero, miró a Woo-yoon con sospecha.


—¿De dónde has sacado tú este dinero? Esos Alfas de negro no dejan de entrar y salir, así que seguro que tú...


Woo-yoon interrumpió al dueño antes de que volviera a tratarlo como a un estafador seductor.


—Estuve trabajando en un supermercado. Con su permiso.


Se despidió y echó a correr por el callejón antes de tener que escuchar más palabras hirientes. No tenía tiempo para lidiar con el viejo; hoy era un día importante en el que debía hacer una confesión. Sus pasos se volvieron más rápidos mientras corría por el callejón.


Al entrar por primera vez en su vida en una tienda especializada en ropa interior, Woo-yoon miró a su alrededor viendo cómo las secciones estaban divididas según la casta, y se dirigió hacia donde colgaban los calzoncillos para Betas. La ropa interior masculina tenía colores más monótonos que la femenina, pero aun así, a Woo-yoon le resultaba difícil elegir. En sus veinte años de vida ni siquiera había comprado su propia ropa, así que era imposible que supiera elegir bien la de otra persona.


Aunque no estaba haciendo nada malo, se sentía extrañamente avergonzado. Mientras corría con el dinero se sentía emocionado y nervioso, pero ahora solo quería comprar algo rápido y salir de allí; se rascaba la nuca mientras caminaba de un lado a otro frente a un maniquí.


—¿Busca alguna marca en particular?


—¿Eh?


Sobresaltado por la presencia repentina, Woo-yoon retrocedió un par de pasos. La empleada, acostumbrada a tales reacciones, volvió a preguntar con destreza:


—Esta es la sección para Betas… ¿Es para un regalo?


La empleada, que había identificado la casta de Woo-yoon de un vistazo por su apariencia, sonrió. Ante esa amabilidad abrumadora, Woo-yoon bajó la mirada y respondió con un sí.


—¿Para quién sería? ¿Qué edad tiene…?


—Es para mi nov...mi novio… Tiene veinticinco años…


Le brotó un poco de sudor en las sienes. No entendía por qué preguntaban la edad para comprar unos calzoncillos, pero respondió con sinceridad. La empleada, apoyando un brazo en el mostrador, sacó varios productos nuevos que no tenían descuento y los desplegó ante el cliente, que tenía el rostro completamente encendido.


—Esta es la línea más popular entre los jóvenes.


Woo-yoon, que mantenía la vista en el suelo, echó un vistazo rápido a los calzoncillos tipo boxer y volvió a bajar la mirada. Luego, señaló los de color rojo que estaban en medio de los que sostenía la empleada.


—Muy bien, le prepararé estos. Entonces, la talla sería…


—¿Ta-tamaño…?


Woo-yoon cerró el puño con torpeza y levantó un brazo, tratando de calcular mentalmente el tamaño del miembro de Pil-seung, que había visto unas cuantas veces. Para que esté cómodo, ¿debería decirle el tamaño que tiene cuando está erecto? Total, cuando está erecto casi siempre está desnudo, así que quizá sea mejor elegir la talla para cuando está en reposo. Pero Baek Pil-seung no parece que lo tenga erecto solo cuando está desnudo.


Woo-yoon ladeaba la cabeza mientras movía la mano sobre su brazo, aumentando y disminuyendo la longitud que marcaba. La empleada, que solía atender con soltura incluso a los clientes más despistados, se quedó callada y miró fijamente a Woo-yoon con una expresión de absoluta incredulidad.


Al regresar a casa, llamó a Pil-seung, pero este no respondió. Colocó la bolsa de la tienda con su bonito lazo de regalo encima de la cómoda y se puso los auriculares inalámbricos. La voz de Pil-seung cantando empezó a sonar. Woo-yoon tarareó la letra y se tumbó de espaldas en el suelo de la habitación.


—¡H-haaa, qué nervios!


Solo imaginar que le decía a Pil-seung que le gustaba hacía que su corazón martilleara con fuerza. ¿Cómo podía Baek Pil-seung decir esas cosas como si nada cada vez que lo veía? No lo entendía; por otro lado, ahora comprendía por qué siempre tenía esa cara de tonto sonriente cuando lo miraba. Desde hace un rato, las comisuras de sus propios labios no dejaban de temblar hacia arriba por voluntad propia.


Woo-yoon cerró los ojos y, escuchando la canción de Pil-seung, soltó una risita suave: jeje.


Tal vez por el cansancio acumulado de trabajar en el súper, o por la tensión de haber estado pensando en Pil-seung desde su cita de ayer, su cuerpo se rindió al sueño. Cuando volvió a abrir los ojos, la habitación estaba sumida en la penumbra. Los auriculares ya no emitían música; se habían quedado sin batería.


Frotándose los ojos aún cargados de sueño, se incorporó y lo primero que hizo fue mirar el móvil. No había ni un solo mensaje de Pil-seung.


¿Estará ocupado otra vez? ¿Por qué siempre se va así de repente a trabajar? ¿Será que el trabajo de gánster es siempre así?


Bueno, la mayoría de sus asuntos deben de ser ilegales... Porque Baek Pil-seung es un gánster...


Aunque Pil-seung no fuera una mala persona, no podía negar el hecho de que era un matón.


¿Hará...muchas cosas malas?


Woo-yoon frunció el ceño sumido en sus pensamientos, pero pronto sacudió la cabeza. Sabía que era una tontería creer que no era así, sobre todo recordando que, cuando se conocieron, Pil-seung hablaba de arrancarle los ojos a un cadáver en el tanatorio.


Pero no quería tener pensamientos negativos ahora. En este momento, solo quería...que le gustara.


Miró hacia la cómoda para confirmar que la bolsa de regalo seguía allí. Al verla exactamente en el mismo lugar donde la había dejado, una sonrisa volvió a cruzar su rostro.


Dudó si llamar a Pil-seung una vez más, pero terminó soltando el móvil y agarrando el mando de la tele.


Me da vergüenza, parece que estoy desesperado por declararme…


Con el rostro encendido, encendió el televisor. Pasó los canales de la vieja tele que a veces hacía interferencias hasta que se detuvo en una noticia sobre un incendio ocurrido esa madrugada.


—Ah…


El edificio con las paredes exteriores carbonizadas y humo gris saliendo por las ventanas rotas era el supermercado donde Woo-yoon había dejado de trabajar hace apenas dos días. Woo-yoon abrió mucho los ojos, mirando fijamente al encargado que daba una entrevista con el local quemado de fondo.


[—¡Ay, es que se quemó todo! Alguien prendió fuego y huyó justo antes de que los empleados entraran a trabajar. ¡Menuda maña tuvo! ¡Esto no es un accidente, es provocado! Yo y mis empleados nos quedamos sin trabajo de la noche a la mañana. El Estado debería darnos una compensación…]


Woo-yoon apagó la tele al ver al encargado lamentándose y golpeándose el pecho. Era una coincidencia increíble. Sentía el corazón agitado al ver que un lugar tan cercano a él había ardido de esa forma. Según la entrevista, no parecía haber heridos. Woo-yoon pensó que era una suerte que el fuego empezara antes de que llegara la gente, pero al mismo tiempo sintió una sensación extraña. El lugar del que lo echaron injustamente había desaparecido.


Intentaba vaciar su mente para no tener pensamientos demasiado malvados cuando, de repente, alguien golpeó la puerta con fuerza. Solo había una persona que vendría a buscarlo a esa hora a este semisótano viejo y maloliente.


Es Baek Pil-seung. Ha venido.


Soltó el mando y se levantó de un salto. Se frotó las mejillas con el dorso de la mano, sintiendo cómo el calor subía por la emoción de recibirlo, y abrió la puerta de par en par.


—¡Baek...! Ah…


Al confirmar el rostro del visitante, Woo-yoon frunció sus ojos caídos.


—¿Pasa algo…?


Woo-yoon tiró un poco de la puerta para cerrarla parcialmente, mirando con desconfianza al dueño de la casa. Incluso cuando vivía con su hermano, el dueño casi nunca bajaba las escaleras. Excepto cuando irrumpía por sorpresa para inspeccionar la habitación, solía limitarse a gritarles desde arriba, mirándolos como si fueran bichos.


Woo-yoon lo observó con recelo, preguntándose qué quería ahora si ya le había pagado el alquiler por la mañana.


—Ooooye.


Su forma de llamarlo era torpe, arrastrando las palabras. El hombre vestía una camiseta interior blanca de tirantes estirados bajo una camisa de manga corta desabrochada, y unos pantalones que no se sabía si eran calzoncillos o ropa de calle. Apestaba a alcohol; un olor mucho más fuerte que el que tenía por la mañana.


—Voy a...cerrar la puerta.


El dueño empujó rápidamente la puerta antes de que Woo-yoon pudiera cerrarla y entró. Aunque tenían una estatura similar, el hombre era mucho más corpulento y fuerte que el delgado Woo-yoon. Empujándolo hacia el centro de la habitación, el dueño le atrapó la mano y empezó a acariciarle el dorso repetidamente.


—Con estas manos tan finas, ¿te imaginas qué rico cocinarías?


—¿Qué? ¡¿Qué hace de repente?!


Woo-yoon, horrorizado, intentó zafarse, pero el hombre le sujetó la muñeca con firmeza, interrogándolo con el rostro congestionado por la bebida.


—Túuu...eres un Omega, ¿verdad?


—¡…!


Los ojos de Woo-yoon temblaron violentamente. Había vivido dos años en ese lugar engañando al dueño, quien odiaba profundamente a las personas con casta. Aunque pronto se mudaría porque Pil-seung le había dicho de vivir juntos, no se sentía orgulloso de haberlo engañado todo ese tiempo.


—E-es que hubo razones…


—No andes vendiendo tu cuerpo para ganar dinero. Mejor quédate aquí al lado de este Oh Chung-man y encárgate de la casa.


Woo-yoon frunció el rostro con desconcierto. No entendía cómo el dueño de la casa, que siempre que los veía los llamaba estafadores con cara de Omega y que incluso asistía a manifestaciones de odio contra las castas, ahora le hacía proposiciones asquerosas tras descubrir su secreto.


Al sentir la fuerza con la que le apretaba la muñeca y la mano, Woo-yoon se dio cuenta de que la mirada con la que lo recorría no era normal y gritó con todas sus fuerzas:


—¡Salga! ¡He dicho que no se acerque!


—¿El tipo de ayer es tu chulo? El sexo hay que aprenderlo de los adultos.


En un instante, la rabia le subió hasta la cabeza y sintió ganas de vomitar. Woo-yoon sacudió su brazo con todas sus fuerzas para soltarse de la mano gruesa del dueño. Por muy pequeño que fuera debido a su naturaleza de Omega, Woo-yoon seguía siendo un hombre de veinte años. En una situación de peligro, tenía fuerza suficiente para resistirse a la agresión de un viejo borracho.


Woo-yoon retrocedió y le advirtió al dueño de la casa.


—No lo haga. Si sigue diciendo cosas extrañas, lo voy a empujar.


—Dicen que a los Omegas se les moja la parte de abajo aunque sean hombres, ¿ya te confirmó ese tipo si se te moja bien? ¿Quieres que lo confirme yo?


Woo-yoon apartó de un golpe la mano que se extendía hacia su entrepierna y gritó su última advertencia.


—¡Lo voy a empujar de verdad! ¡Si sigue siendo grosero, voy a usar la fuerza! ¡O-oiga, que puedo pe, pegarle!


—Tócame y compárame con un Alfa. Tu hermano solía hacerme descuentos de cincuenta mil wones.


—¡Eh…!


Ante la mención repentina de su hermano, Woo-yoon frunció el ceño con furia y empujó los hombros del hombre. El dueño cayó hacia atrás con un golpe seco. Woo-yoon intentó salir de la habitación ignorando los quejidos del hombre, pero terminó desplomándose en el sitio. El dueño le había atrapado el tobillo y había tirado de su pierna.


Sin siquiera sentir el dolor en su mandíbula tras golpearse contra el suelo, Woo-yoon se vio envuelto en un forcejeo caótico sobre el piso pegajoso por la humedad, mientras el hombre intentaba someterlo por la fuerza.


—¡Quítese! ¡¿Por qué me hace esto?!


—¡Maldita sea! ¡Quédate quieto!


Tras forcejear de un lado a otro, el dueño logró ganar la ventaja y se sentó sobre la cintura de Woo-yoon, inmovilizándolo. En ese instante, el recuerdo del día en que estuvo a punto de ser violado por una banda de gánsteres volvió a su mente. Se quedó sin aliento.


—¡Ha, ha, haa…!


—Tan suave y tierno, ¿seguro que eres un hombre?


—¡Ugh! ¡Quítese, he dicho que se quítese!


Mientras forcejeaba arañando el suelo para apartar el cuerpo pesado que lo aplastaba contra el piso, la mano de Woo-yoon alcanzó su bolso. Rebuscó desesperadamente hasta sacar el spray de defensa personal que Pil-seung le había comprado y, sin tiempo para pensar en las consecuencias, lo roció varias veces directamente en la cara del dueño.


—¡¡Aaaargh!! ¡¡Kaaargh!!


El hombre, que se le había echado encima con los ojos entrecerrados por el alcohol, se cubrió el rostro con ambas manos y cayó hacia atrás. Rodó por el suelo agitando las piernas como un insecto panza arriba. Woo-yoon se alejó de él arrastrándose de nalgas todo lo posible y gateó hacia la puerta abierta.


—¡Ah, mis ojos! ¡No veo! ¡No veo nada! ¡Agh, puagh!


—Ha…ha…


Incapaz de estirar sus piernas temblorosas, Woo-yoon intentó cruzar el umbral de rodillas mientras jadeaba y miraba hacia atrás. El dueño de la casa, con todo el cuerpo enrojecido, sufría mientras dejaba caer una gran cantidad de saliva al suelo.


—¡Ayúdenme! ¡No veo! ¡Ah! ¡Me voy a quedar ciego! ¡Aigo, aigo!


—Tsk…


Woo-yoon soltó un pequeño sonido entre dientes mientras parpadeaba con sus grandes ojos, que se llenaron de lágrimas en un segundo.


¿Y si de verdad le pasa algo malo? No. Él es el que se equivocó. Solo me estaba defendiendo…


Aunque su cabeza había decidido huir sin importar cuánto sufriera el hombre, su cuerpo no se movía como deseaba. Woo-yoon alternaba la mirada entre las escaleras fuera del umbral y el dueño de la casa. Mientras tanto, el hombre seguía gritando a pleno pulmón que sentía como si tuviera fuego en los ojos.


El sonido de las sirenas resonó con estrépito en el estrecho callejón. El dueño de la casa, acuclillado frente a la ambulancia con una bolsa de hielo en la cara, gritaba como si estuviera dándole una queja al policía y a los paramédicos que investigaban el suceso.


—¡¿Por qué demonios iba yo a acosar sexualmente a una porquería de Omega?! ¡Piénsenlo bien! Yo, Oh Chung-man, siento asco por los Omegas, los Alfas y todos esos que nacieron deformes. ¡Asisto puntualmente a las manifestaciones en contra y hasta gané el premio al miembro excelente a finales del año pasado!


—Ya lo entendimos, así que suba al vehículo, señor. Primero reciba tratamiento y luego tomaremos su declaración formal en la comisaría.


El policía, tras meter al dueño en la ambulancia, se giró hacia Woo-yoon. Al ver al oficial intercambiando mensajes por la radio, Woo-yoon sollozó. Su corazón latía con fuerza y estaba empapado en sudor. Ni siquiera era consciente de que, debido al terror, estaba desprendiendo olor a feromonas.


Una paramédica se acercó a Woo-yoon mientras este temblaba bajo la mirada del policía. Ella le susurró con cuidado, en un tono que solo él pudiera oír:


—Hizo bien en llamar a emergencias. Se tendrá en cuenta como atenuante.


Preso de la tensión, Woo-yoon no logró entender bien lo que ella le decía y se limitó a asentar con la cabeza. La paramédica miró con lástima aquel rostro joven y rígido antes de marcharse en la ambulancia. Entonces, el policía, tras terminar de hablar por radio, le hizo una seña a Woo-yoon para que se acercara.


El oficial agarró el brazo de Woo-yoon, que se acercaba vacilante, y le puso las esposas. El metal pesado y frío apretó ambas muñecas.


—Ya sabe que los poseedores de rasgo involucrados como sospechosos en casos de agresión o lesiones deben ser esposados al ser detenidos, ¿verdad? Su estatus de sospechoso puede cambiar según la investigación posterior; por ahora es un procedimiento formal.


Woo-yoon retorció sus muñecas esposadas y le dijo con urgencia al policía, quien acababa de terminar su notificación reglamentaria en tono burocrático:


—¡Es que...! ¡Ese señor intentó vi, violarme…!


—Sí, aunque haya una razón, la detención de un poseedor de rasgo es inevitable. Así es la ley.


El policía sujetó el brazo de Woo-yoon con una mano y lo condujo hacia la patrulla. Mientras era arrastrado a pasos torpes, Woo-yoon preguntó suplicante con voz llorosa:


—¿Pue, puedo hacer una llamada? Solo una.


—Sí, le daremos tiempo cuando lleguemos a la comisaría.


Respondiendo de forma mecánica, como quien ya ha visto a muchos como Woo-yoon, el policía abrió la puerta trasera del coche. Presionó la cabeza de Woo-yoon para meterlo dentro y cerró la puerta con fuerza y sin vacilar.


Woo-yoon pegó el rostro a la ventana y miró hacia afuera. Debido al alboroto nocturno, los vecinos habían salido a curiosear. Había una multitud considerable, pero no había ningún rostro al que pudiera pedir ayuda. Como casi nunca salía de su habitación, era normal que no conociera a nadie.


—Uugh… Uhh…


Apretó los dientes y cerró con fuerza sus ojos, cuya visión se volvía borrosa una y otra vez.


Debí haber hecho lo que Baek Pil-seung dijo ayer. Debí haberle dicho ayer que me gusta. Debí haberle dicho que quería vivir con él. Que me llevara de inmediato…


—Hic…


Apoyando la frente contra el cristal mientras soltaba breves jadeos, Woo-yoon finalmente se encogió sobre sí mismo y rompió a llorar. El policía en el asiento delantero, que miraba su móvil, parecía acostumbrado a los sollozos que venían de atrás y comenzó a charlar con su compañero, que subía al asiento del copiloto, sobre lo que había pasado en su última cena de empresa.


La patrulla que estaba apostada en el callejón apagó la sirena y se incorporó a la carretera. Mientras se dirigían a la comisaría de distrito, los policías intercambiaban bromas triviales. Woo-yoon escuchaba aquella charla amistosa mientras no dejaba de pensar en Pil-seung. Era la única persona en la que podía apoyarse.


Bajo la fría iluminación del almacén logístico, Gi-dong, de pie con una expresión bastante imponente y las manos a la espalda, movió los ojos brevemente de izquierda a derecha. En cuanto confirmó la señal que Pil-seung le hizo con la mano en el aire, abrió la boca.


—La puerta se abre. Entra lentamente.


Siguiendo las palabras de Gi-dong, que parecían leídas de las acotaciones de un guion, Pil-seung hizo la mímica de abrir una puerta. Luego, fingió entrar a pasos cortos. Cubriéndose la boca con una mano y encogiendo sus anchos hombros todo lo posible, Pil-seung estaba interpretando a Woo-yoon.


—¡Hyuuung!


Pil-seung llamó a Hee-jae subiendo el tono más de lo normal en su voz. Hee-jae, que estaba de rodillas, desnudo y con los brazos atados, levantó la cabeza con dificultad para mirar a Pil-seung. Las gruesas venas resaltaban en los brazos de Pil-seung, que tenía las mangas de su camisa blanca remangadas. Aquella imagen de Pil-seung armando un escándalo era lo suficientemente aborrecible incluso vista a través de una visión borrosa.


Pil-seung se puso de acuclillas frente a Hee-jae, cuyos párpados temblaban.


—¡Hyung! ¡Mierda, ¿qué ha pasado?!


—...


—…Di tu frase.


Pil-seung susurró en voz baja a Hee-jae, que lo miraba con ojos desenfocados. Entonces, Hee-jae movió sus labios pálidos y agrietados.


—Nam Woo-yoon… Cuánto...cuánto tiempo sin verte…


—¡Buuaaa! ¡Pedazo de cabrón, hyung, mierda, ¿cómo has estado todo este tiempo?!


—Solo…


—¿Por qué me hiciste esa putada? ¡Hic, dímelo, hyung!


—...


Hee-jae observaba en silencio a Pil-seung, quien movía sus anchos hombros y el pecho mientras distorsionaba su fiero rostro fingiendo llorar, y finalmente murmuró con voz quebrada:


—Lo siento… No me perdones…y vive feliz…


—¡Okey!


¡Chas! Pil-seung chasqueó los dedos en el aire con un sonido alegre y se puso en pie. Había valido la pena educarlo durante varios días a base de agua con sal.


Pil-seung pensaba que, si Woo-yoon tenía curiosidad por saber por qué Hee-jae hizo lo que hizo o por lo que había pasado, por supuesto tenía derecho a saberlo; era el derecho de la víctima. Sin embargo, pensándolo bien, llegó a la conclusión de que Woo-yoon no necesitaba conocer los detalles de las circunstancias de Hee-jae. ¿Qué más podría hacer el blando de Nam Woo-yoon tras enterarse, aparte de otorgar un perdón impotente? Pil-seung no quería que el agresor fuera perdonado por la víctima. Los que hacen algo malo deben recibir un castigo, no el perdón.


Retirándose el pelo de la frente con una mano, Pil-seung se bajó las mangas de la camisa que tenía remangadas y le ordenó a Gi-dong:


—Cuando se encuentre con Nam Woo-yoon, no olvides maquillar bien a ese imbécil. Ponle ropa nueva para que parezca que ha estado comiendo y viviendo bien.


—Sí, jefe.


—Ah, y cubre su mano izquierda con un guante.


Si Nam Woo-yoon viera la mano de su propio hermano mayor a la que le faltaba un dedo, cerraría sus ojos tontos y caídos y se pondría a llorar a moco tendido. Sin saber lo inútiles y desperdiciadas que son las lágrimas de compasión derramadas por alguien que no tiene madera para rehabilitarse.


Frunciendo el entrecejo, Pil-seung se llevó a la boca el cigarrillo que Gi-dong le ofreció mientras recordaba lo sucedido ayer, cuyo impacto aún no se había disipado.


‘—No me toques. De verdad siento que voy a vomitar.’


—Ja, joder… Qué lengua tan afilada tiene ese enano…


Pil-seung murmuró mientras le daba una calada al cigarrillo que Gi-dong le había encendido. Le irritaba que ese bicho tan blando fuera implacable solo con él.


Gi-dong, guardando el encendedor en el bolsillo de su chaqueta mientras observaba de reojo el humor de Pil-seung, preguntó con cautela:


—Pero que no lo rechazara esta mañana, ¿no es una señal verde?


—¿Tú crees?


Ante la pregunta de Pil-seung, que arqueó una ceja como si estuviera esperando que se lo dijeran, Gi-dong asintió rápidamente. Pil-seung dio otra calada larga al cigarrillo que sostenía entre los dientes y agarró la chaqueta de su traje que había dejado tirada sobre un montacargas. Estaba a punto de intentar llamar a Woo-yoon cuando, justo en ese momento, sonó el teléfono.


—Mierda, ¿qué pasa ahora?


Miró la pantalla del móvil donde aparecía un número desconocido y pulsó el icono de llamada.


—Habla Baek Pil-seung.


[—Hic, uaaa…]


El sonido de unos sollozos se extendió por su oído. Pil-seung frunció el ceño profundamente. Pensó que el mundo se iba al garete si algún idiota intentaba hacerle una estafa telefónica a un gánster. Justo cuando iba a colgar, una voz llorosa lo llamó: "Baek Pil-seung".


—¿Nam Woo-yoon?


[—Hic…]


—¿Por qué lloras? ¡Mierda, ¿hola?!


Pil-seung se pegó el móvil a la oreja y caminó hacia una esquina del almacén para alejarse del ruido. La voz de Woo-yoon se escuchaba más clara que hace un momento, pero era difícil entender qué decía exactamente entre tanto llanto.


—Te estoy escuchando, así que habla despacio y con claridad. Si no te entiendo, no puedo ayudarte. ¿Eh?


[—Es que...hic, yo…]


—Tú qué.


Soltó las palabras con brusquedad para intentar calmar al Woo-yoon que lloraba, pero no pudo ocultar su ansiedad mientras caminaba de un lado a otro con una mano en la cintura. Miles de malos pensamientos cruzaron su mente preguntándose por qué llamaba desde un número extraño y por qué estaba llorando.


[—Baek Pil-seung… Hic, creo que voy a ir a la cárcel…]


De entre todos los peores escenarios que habían pasado por su cabeza, la palabra cárcel no encajaba en ninguno. Pil-seung se quedó un momento con la boca abierta, estupefacto. Mientras tanto, los sollozos de Woo-yoon continuaban.


[—Estoy en la cárcel….]


Tiró al suelo el cigarrillo que se le había quedado pegado al labio y preguntó con voz afilada:


—¿De qué cojones estás hablando?


[—Yo...yo le pegué a alguien…le pegué a una persona… Dicen que como le pegué a un Beta…voy a ir a la cárcel, hic…]


No estaba claro si ya estaba en una celda, si iba de camino o si alguien lo había asustado diciendo que iría. Tampoco le resultaba muy creíble que Woo-yoon hubiera golpeado a un Beta. Aunque sabía que, cuando se le cruzaban los cables, el enano podía tener su genio, dudaba que tuviera la fuerza suficiente para causar una lesión que lo mandara a prisión.


[—¿Qué...qué hago, Pil-seung…?]


—¿Dónde estás ahora mismo?


Aunque no entendía ni una palabra de lo que Woo-yoon le estaba contando tras llamarlo de repente, Pil-seung movió sus pies con rapidez en cuanto escuchó su nombre: "Pil-seung". Le hizo una seña urgente a Gi-dong para que lo siguiera de inmediato. Si Nam Woo-yoon lo llamaba, por la razón que fuera incluso si no tenía sentido, tenía que ir. Esa era la devoción absoluta del gánster de primera, Baek Pil-seung, la cual había prometido entregarle a Woo-yoon.



Raw: Ruth Meira.

Traducción: Ruth Meira.

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