Desire Me If You Can parte 7: 5

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—¡Bienvenido, Darling!


​Grayson, que ya lo estaba esperando listo, abrió la puerta principal de par en par y rodeó a Dane con un fuerte abrazo. Era un truco demasiado obvio eso de llamar a Dane Darling fingiendo que se refería al nombre de la gata. Dane quiso apartarlo de un empujón, pero no tuvo opción, ya que en una mano llevaba el transportín de Darling y en la otra un bolso repleto de sus cosas. En su lugar, murmuró con una voz baja y amenazante:


​—Suéltame ahora que te lo pido por las buenas.


​A pesar de entender perfectamente el mensaje, Grayson no lo soltó hasta que restregó su rostro contra el hombro de Dane, y solo entonces deshizo el abrazo. Al levantar la cabeza y retroceder un paso, sus mejillas estaban encendidas con un rubor intenso.


​—Te estaba esperando, desde hace muchísimo tiempo.


​—¿Muchísimo?


Dane frunció el ceño y preguntó sin pensar. Grayson asintió con una sonrisa radiante.


​—Toda mi vida.


​—Ya estamos con eso otra vez.


​Dane sacudió la cabeza como si estuviera harto. Grayson llevaba hablando de "el destino" y esas tonterías desde que apareció por primera vez, así que ya estaba acostumbrado. Que Dane estuviera de acuerdo era un tema aparte.


​Bueno, tener sueños es algo bueno, pensó Dane con indiferencia mientras miraba a su alrededor.

—¿Cuál es mi habitación?


​Apenas terminó la pregunta, Grayson se dio la vuelta y dijo:

—Ven por aquí, he preparado el cuarto con la mejor vista.


​Mientras subían las escaleras, Grayson tarareaba. Al ver cómo irradiaba felicidad con todo su cuerpo, Dane, por el contrario, empezó a sentirse extraño. Tras subir los cinco tramos de escaleras, el piso de abajo parecía quedar a una distancia remota. Dane echó una mirada rápida por encima de la barandilla hacia la inmensa altura y volvió a seguir los pasos de Grayson. De pronto pensó que, si Darling hubiera venido aquí cuando era más joven, habría disfrutado mucho más el día, pero enseguida sacudió la cabeza. Al fin y al cabo, no era su casa, así que ¿qué importaba?


​En el amplio y largo pasillo solo resonaba el eco solitario de sus pasos. El silencio era tal que parecía que solo estaban ellos dos en esa mansión tan grande, aunque seguramente habría personal de mantenimiento. Las estatuas colocadas a intervalos regulares estaban impecables, sin una mota de polvo, y la larga alfombra brillaba con un lustre perfecto.


​—Es esta habitación.

Tras pasar varias puertas, Grayson finalmente se detuvo ante una y se giró hacia Dane. Fue en el momento justo, ya que Dane empezaba a sentirse cansado y estaba a punto de decirle que le diera cualquier cuarto.


​Grayson abrió la puerta y se hizo a un lado; Dane pasó por delante de él y entró primero. Y, al ver el paisaje frente a sus ojos, se quedó clavado en el sitio.


​Más allá del enorme ventanal de pared completa, se extendía una vista nocturna infinita y espectacular. Las luces deslumbrantes de la ciudad lejana teñían la noche oscura de un azul profundo, haciendo que las sombras brillaran con la intensidad de las estrellas. Era la primera vez que veía un espectáculo así, por lo que Dane se quedó allí parado, embobado y sin palabras. ¿Había existido siempre una noche tan hermosa?


​La casa donde vivía Dane estaba sobre una pequeña colina, pero como tenía una montaña baja detrás, era imposible ver la ciudad de noche. A veces veía las luces pasar rápido por la carretera cuando volvía tarde, pero nunca había contemplado el paisaje nocturno así, a través de un ventanal en su propia habitación. Seguramente, de día, bajo el cielo azul infinito, se vería una vegetación frondosa.


​¿Puede haber un lujo más extravagante que este? Pensó Dane aturdido. Dicen que el mayor privilegio de los ricos es comprar el paisaje.

—¿Qué te parece, Dane? ¿Te gusta?

Grayson, que había estado esperando en silencio detrás de él, se acercó un poco y preguntó. Si alguien dijera que esta habitación no le gusta, tendría que ser una persona con una personalidad terrible, alguien sin escrúpulos o algún emperador de algún país. Por supuesto, Dane no tenía tan mal carácter, sabía lo que era la decencia y, lejos de ser un emperador, era un indigente que acababa de perder su única propiedad, su casa.

—Hay otras habitaciones. Puedes echarles un vistazo y decidir. ¿Quieres hacer eso?

Propuso Grayson sin esperar respuesta. Dane intentó hablar, pero le salió una voz ronca, así que se aclaró la garganta rápidamente.


​—No, está bien. Me gusta. Me quedaré con esta habitación.

—¿Ah, sí? Qué alivio.

Grayson sonrió con un alivio genuino. Por otro lado, la situación era desconcertante para Dane. En la habitación, que era mucho más grande que tres de sus salas de estar juntas, había una puerta plegable que dividía el espacio: a un lado estaba el dormitorio y al otro un espacio similar a un salón. Además, tenía sofá, televisión y hasta una mesa de té. Pensó que, si quisiera, podría vivir allí sin dar un solo paso fuera de la habitación.


​¿Y qué decir de la cama en el dormitorio? Era la primera vez que veía una cama tan grande que un hombre alto como él podía tumbarse con los brazos y piernas extendidos y aún sobraba espacio. Aunque se hubiera hecho a medida porque el dueño de casa era más grande que Dane, él, que siempre había sentido que las camas estándar le quedaban cortas, sintió el impulso inmediato de tumbarse al ver semejante amplitud.


​Sin embargo, más que las pinturas en la pared, los adornos o las porcelanas que parecían carísimas, lo que más atrajo el corazón de Dane fue el rascador para gatos instalado junto a la ventana.


​Ese mismo rascador que Dane había estado planeando comprar durante meses, el que recibió por casualidad como regalo de Grayson pero que se quemó antes de poder armarlo bien, y el que ya no podía permitirse volver a comprar debido a todos los gastos que se le venían encima.

—Cielos...

Dane murmuró para sí mismo como si fuera un suspiro. El enorme rascador estaba completamente montado, incluso con las alas de ambos lados. Con eso, Darling también estaría satisfecha. Quería poner a Darling sobre el rascador ahora mismo y sacarle fotos, pero debía contenerse. Darling debía de estar muy estresada por las mudanzas consecutivas. Tardaría tiempo en salir del transportín, así que no debía impacientarse y debía esperar a que se adaptara al entorno desconocido.


​Aun así, con un sentimiento de añoranza, acarició el rascador. Grayson se le pegó por detrás una vez más y preguntó:


​—A Darling también le gustará esto, ¿verdad?


​—Bueno...

Dane no pudo negarlo y dejó la frase en el aire. No esperaba que llegara a cuidar tanto los detalles. Mientras él estaba allí de pie, con sentimientos encontrados, Grayson volvió a hablar:

—Es un regalo. Puedes llevártelo cuando te vayas de aquí.


​—¿Qué?


​Ante las inesperadas palabras, Dane giró la cabeza y Grayson le dedicó una sonrisa abierta.

—Es mi agradecimiento por haber aceptado venir aquí.


​Dane escrutó su rostro sin decir nada. ¿Qué está diciendo este tipo...?


​Un regalo así no significaría nada para Grayson Miller, alguien que gasta miles de dólares como si nada. Pero para quien lo recibía, no era lo mismo. Sobre todo, ¿no era esta una relación forzada con una fecha de caducidad establecida?


​—...Miller.


Dane habló con el rostro inexpresivo.


—No me gusta recibir ni dar regalos excesivos de esta manera. Agradezco el gesto, pero lo rechazo.


​—No es un regalo excesivo.


​—Para ti no lo será, para mí sí. 


Dane lo rechazó con frialdad.


—Si no respetas los límites adecuados, me iré de aquí, sin importar que me acoses o lo que sea.


​Hablaba en serio, y Grayson se dio cuenta.


​—Está bien...pero acepta esto al menos, no compraré más de ahora en adelante.


​Se percibía un rastro de amargura en la voz de Grayson. Dane hizo una pausa y luego asintió. Al fin y al cabo, este tipo no tiene gatos y sería un desperdicio tirar las cosas.


​Enseguida, Grayson curvó las comisuras de los labios y sonrió. Dane notó algo de extrañeza en su reacción, pero decidió no señalarlo. En su lugar, señaló una puerta y preguntó:

—¿Esa es la puerta del baño?


​—¿Eh? No. El baño es esa puerta de allá. 


Grayson dijo mientras sus mejillas se teñían levemente de rojo. 


—Esa puerta conecta con mi habitación.

Dane se quedó mirando a Grayson sin decir una palabra.


​—¿...Qué?


​Frunció el ceño y soltó esa única palabra después de unos segundos de silencio.


Grayson miró a Dane desde arriba y añadió con naturalidad:

—Podría surgir alguna emergencia en medio de la noche en la que me necesites. En ese caso, tienes que llamarme de inmediato.


​Dane se quedó con la boca abierta, estupefacto. Antes de que su cerebro pudiera procesar aquello, Grayson se adelantó y agregó:


​—O quién sabe, a lo mejor te entran ganas de venir a mi habitación.


​Verlo sonreír con timidez mientras sus mejillas se teñían de rosa era un espectáculo digno de ver. Dane se limitó a parpadear, mirándolo en silencio. Ya se había quedado sin palabras muchas veces por culpa de Grayson, pero este siempre se las apañaba para superarse con algo todavía más absurdo. Sintiendo un mareo repentino, Dane se llevó la mano a la frente y cerró los ojos mientras respiraba hondo. Sabía que gritar o insultar no serviría de nada a estas alturas. Aplicando lo que ya había aprendido sobre cómo tratar con él, extendió una mano como quien intenta frenar a un perro y habló:


​—Escucha, creo que es necesario que marquemos ciertos límites.

—No necesitamos límites, somos pareja.


​—No, precisamente porque somos pareja los necesitamos más.

Dane rechazó su objeción de inmediato. Ignoró el escalofrío que recorrió su cuerpo como si le fuera a dar un sarpullido solo por pronunciar la palabra "pareja" y continuó:

—Si cruzas la línea de esta manera todo el tiempo, me voy a cansar enseguida. Ya he superado mis propios límites solo por estar aquí. No invadas mi espacio personal más de la cuenta, ¿entendido?


​Dane lo fulminó con la mirada. Era una advertencia clara: si daba un paso más, no se quedaría de brazos cruzados. Grayson lo miró fijamente durante unos segundos.

Tras un breve silencio, Grayson soltó un pequeño suspiro y dijo: “Está bien.”


Al verlo tan desanimado, Dane estuvo a punto de ablandarse, pero recuperó la compostura enseguida. Por mucho que esto fuera el pago por salvar la vida de Darling, todo tenía un límite. Ya había cedido bastante, ¿no? Tenía que dejar claro qué terreno era sagrado y cuál no.

—Dame la llave.

—¿La llave?


Grayson ladeó la cabeza.

—La de esa puerta. Tiene que haber una.


​—No hay.


​—Te he dicho mil veces que no me mientas.


​Ante la amenaza de Dane, Grayson hizo un puchero y se dio la vuelta hacia una cómoda. Sacó una llave de un cajón pequeño y se la lanzó; Dane la atrapó en el aire con una mano.

—Esa puerta se puede cerrar desde ambos lados. Aunque yo no pienso cerrarla, claro.


Añadió Grayson con tono significativo.


​En resumen: él siempre estaría disponible. Por supuesto, para Dane eso era una idea inadmisible, y lo demostró pasando a la acción de inmediato.

Caminó decidido, pasando por delante de Grayson, y cerró la puerta de conexión con llave. Tras girar el pomo para confirmar que estaba bien bloqueada, tomó la mano de Grayson y dejó caer la llave sobre su palma con un golpe seco, indicándole que se la llevara.


​—¿Algo más que decir?


​—Como es nuestra primera noche y a lo mejor tienes miedo, podría quedarme con...


​—Buenas noches.


​Dane no dejó que terminara su treta y lo empujó fuera de la habitación. Solo cuando se vio por fin a solas, pudo soltar un suspiro de agotamiento.


​Estar con este tipo es un caos mental constante.


​Sacudiendo la cabeza, Dane reparó en el transportín que había dejado sobre la cama. Vaya, me he olvidado de Darling. Se movió apresuradamente y abrió la rejilla. Al sentir las feromonas que Dane liberaba para calmarla, la gata olfateó el aire y soltó un pequeño maullido.


​—Lo siento, Darling. ¿Has pasado miedo?

Se disculpó con voz dulce mientras le acariciaba suavemente la cabeza con un dedo. La gata buscó su mano para restregarse, pero todavía no se atrevía a salir del transportín.


​Al ver que el empapador que había puesto estaba mojado, Dane empezó a desempacar. Sacó a Darling con cuidado, cambió el empapador y la volvió a meter; ella se refugió en el fondo del transportín de inmediato.


​Incluso después de ver que la gata se calmaba, Dane tenía mucho trabajo por delante. Colocó los objetos favoritos de Darling en lugares estratégicos, llenó su cuenco de comida y preparó el arenero con arena nueva. Solo entonces llegó su turno. Dejó el cuenco de comida justo frente al transportín para que ella pudiera comer en cuanto quisiera y se dirigió al baño.


​—Fuuu...

Sentir el agua caliente llenando la bañera mientras sumergía su cuerpo le devolvió un poco la lucidez.


​Dane apoyó la cabeza en el borde de la bañera y miró al techo. Como el resto de la casa, el baño tenía techos altos, y la mitad era de cristal, permitiendo ver el cielo nocturno con claridad. Durante el día, el sol entraría a raudales por ahí. Al mirar hacia la pared, vio que, al igual que en la habitación, había una enorme puerta de cristal que permitía bañarse con la brisa nocturna y las vistas de la ciudad si uno lo deseaba. Pensó que Grayson tenía razones para estar orgulloso de este cuarto. Y también tuvo que admitir algo: tal como él había dicho, no odiaba esta habitación; es más, estaba bastante satisfecho con ella.

—Fuuu…


Soltó otro suspiro complejo y volvió a sus pensamientos.


​Si lo analizaba bien, esta situación era lo que Dane siempre había soñado: vivir sin preocupaciones de dinero, holgazaneando y disfrutando de la vida. A simple vista, era perfecto, pero...


​El problema era que Grayson Miller estaba desempleado.


​Lo que Dane quería era una pareja que trabajara, que se fuera de viaje de negocios a menudo y que le dejara la mayor parte del día libre para su vida perezosa. No alguien que se le pegara como una lapa y lo siguiera a todas partes las veinticuatro horas.


​En realidad, el puesto ideal para Dane habría sido el del amante número 35.896.425 de alguna mujer multimillonaria. Alguien que no llamara la atención, que pudiera vivir sin dar golpe y recibiendo dinero poco a poco para sus gastos. No necesitaba una fortuna; solo lo suficiente para comprarle cosas a Darling, darse algún capricho de vez en cuando y vivir tranquilo el resto de su vida.


​Pero para Grayson Miller, la presencia de Dane era demasiado importante. Si fuera una relación en la que pudiera pasar desapercibido y dar servicio una o dos veces al año, aceptaría encantado, pero estaba claro que Grayson jamás lo dejaría en paz. Solo imaginar lo que pasaría si llegaba a aceptarlo de verdad le daba escalofríos.

Es capaz de vivir pegado a mi espalda para siempre.

La imagen mental de Grayson, pegado a él como el caparazón de una tortuga mientras le manoseaba el pecho, apareció con tanta nitidez que Dane sacudió la cabeza con horror. Su respiración se aceleró y, con el rostro pálido, murmuró:


​—Definitivamente, con ese tipo no se puede.

Dane estaba listo para marcharse en cuanto se cansara de aquel lugar, tal como había hecho siempre. Nadie iba a cambiar su estilo de vida. Jamás.

​Reafirmando su promesa, Dane empezó a frotarse el cuerpo con fuerza con la esponja llena de gel. Como si se estuviera dando latigazos por haber permitido que su juicio se nublara por un momento.



***



Miau. Un pequeño sonido despertó una parte de la consciencia de Dane. Parecía que Darling lo estaba llamando. Emitió un ligero gemido y, al abrir los ojos, vio a la gata a su lado. Dane abrazó con ternura a la gata, que restregaba su cabeza contra su mejilla como si hubiera estado esperando ese momento.


​—¿Has dormido bien, Darling?


​Le dio un beso en la cara y volvió a cerrar los ojos. Hoy se sentía inusualmente bien. ¿Acaso la cama del motel era tan mullida? La sensación del colchón y las sábanas suaves, que parecían envolver todo su cuerpo, hizo que las comisuras de sus labios se elevaran por sí solas.


​Gimió Dane con placer, pero acto seguido abrió los ojos de par en par. Mientras seguía tumbado, movió las pupilas de un lado a otro y luego se incorporó lentamente para no asustar a Darling, mirando a su alrededor.

La luz abrasadora del sol que entraba a raudales por el ventanal iluminaba con claridad la lujosa habitación, un paisaje que aún no le resultaba familiar. Solo entonces Dane asimiló dónde se había dormido la noche anterior.

—Ah...


​La exclamación salió sola. Por más que la mirara, era una habitación a la que no lograba acostumbrarse. Probablemente seguiría así hasta el día en que se marchara.

Con ese pensamiento, Dane intentó salir pausadamente de la enorme cama. Al girar la cabeza sin pensar, se quedó petrificado.


​No puede ser, habré visto mal.


​Dudando de sus propios ojos, giró la cabeza lentamente. Y en el momento en que confirmó lo que había visto, se quedó completamente congelado.

Porque Grayson, que lo observaba desde el otro lado de la ventana cerrada, lo saludaba con una mano mientras sonreía de oreja a oreja. De forma absurda, al cruzarse sus miradas, él se alegró enormemente y dijo:

—Buenos días, Darling.


​¡Aaaaaaaaargh!

Dane se quedó con la boca abierta, soltando un grito silencioso.



***



Grayson estaba sentado al otro lado de la mesa con el rostro lleno de insatisfacción. En una de sus mejillas todavía se marcaba una huella rojiza de una mano. Se acarició la zona mientras decía con voz quejumbrosa:


​—Cariño, tienes la mano muy pesada.

—Te dije que pararas...

Dane apretó los puños sobre la mesa, temblando de rabia y apretando los dientes. Como no había salido al balcón el día anterior, no sabía que ese espacio conectaba con la habitación de al lado.


​¿Qué sentido tiene cerrar la puerta si el balcón está totalmente abierto?


​Le hervía la sangre al recordar cómo ese tipo, sabiendo perfectamente la verdad, fingió lástima el día anterior mientras Dane cerraba la puerta con llave.


​Ante la mirada fiera de Dane, Grayson intentó decir algo de nuevo, pero acabó guardando silencio, aunque su expresión de queja no cambió. ¿Cómo se atreve este tipo a hacerse la víctima...? Dane estaba atónito, pero pronto se calmó. Esto es solo otra de sus reacciones manufacturadas. No vale la pena responder a cada una. Sobre todo...


​Si reacciono a cada tontería, no voy a llegar a viejo.

Sin embargo, a pesar de pensar eso, las palabras salieron solas:


​—¿Y a qué viene ese balcón?


​Ante su murmullo, Grayson respondió al instante:


​—Romeo y Julieta...


​—Cállate.


​Dane le lanzó una mirada amenazante y Grayson apretó los labios. Seguía con cara de pocos amigos, pero Dane lo ignoró y bajó la vista hacia la mesa, solo para palidecer al instante.

Ni siquiera en una cena de gala servirían tanta comida. Había cinco tipos de zumo de frutas desde tomate, limón, kiwi, naranja, arándanos y hasta col rizada, luego yogur, leche, y unos diez tipos de pan, desde bollería hasta pan de molde. Había mermeladas de todos los colores para los panqueques, y Dane ni siquiera se atrevió a contar cuántos siropes las acompañaban.


​El bacon estaba preparado de todas las formas posibles, poco hecho, escaldado, muy crujiente y lo mismo pasaba con los huevos. ¿Y cuántos tipos de tortilla había? Al ver incluso varios filetes alineados según su punto de cocción, se sintió empalagado antes de empezar a comer.


​Grayson le sonrió radiantemente a un Dane que solo contemplaba la ingente cantidad de comida con el rostro pálido:

—Es tu primera mañana en mi casa, así que he preparado algo especial.


​—Oye...

A Dane le dolía tanto la cabeza que sentía mareos. ¿Quién demonios come tanto por la mañana? Hasta ahora, él solía tomar como mucho una tostada con café, y a veces ni eso.


​Dane no pudo contener un suspiro tras otro. No sabía ni por dónde empezar a hablar. No llevaba ni una hora despierto y ya sentía el agotamiento de quien ha apagado cinco incendios seguidos. Habló con voz fatigada:

—Con café es suficiente.


​—¿Expreso? ¿Descafeinado? ¿Americano? ¿Qué grano prefieres? Brasil, Kenia...


​—Café.

Dane respondió de nuevo apretando los dientes. Al menos, la ventaja de Grayson que Dane apreciaba era que era rápido captando señales. Esta vez no perdió el tiempo, se levantó y volvió enseguida con un café cargado. Dane se maravilló internamente por el aroma fragante que nunca había olido antes y se llevó la taza a los labios.

—Ah...

Sintió cómo la tensión abandonaba su cuerpo y sus nervios se calmaban. Pensó que así debía de ser el café de buena calidad. Hasta entonces, por pereza, solía tomar café instantáneo o, como mucho, pasaba por el autoservicio de una cafetería camino al trabajo. Siempre había pensado que el café era solo para despertarse y que eso de disfrutar del aroma y el sabor eran tonterías.


​—¿Qué café es este?


Preguntó con curiosidad.

Grayson respondió encantado:


​—Caca de gato...

—Basta.


​Apenas había recuperado el habla y ya le habían prohibido hablar de nuevo, así que el rostro de Grayson se llenó de fastidio otra vez. Dane miró el café que acababa de disfrutar con una mueca de disgusto, pero pronto se rindió y siguió bebiendo, aunque dudó un segundo antes de volver a acercar la taza a su boca.

Como siempre dormía solo con unos pantalones de algodón viejos o de chándal, esta vez también tenía el torso desnudo. Mientras Dane despertaba su cerebro bebiendo café sentado a la mesa, como solía hacer en su casa, se dio cuenta de que Grayson lo miraba fijamente y frunció el ceño.

—¿Qué pasa? ¿Por qué no comes y te quedas ahí mirándome? No, olvídalo.

Dane se arrepintió de inmediato de haber preguntado. Al ver cómo los ojos de Grayson brillaron por un momento antes de apagarse, confirmó que no se equivocaba.


​Este tipo... ¿Qué era lo que quería comer?


​Pensando en eso, Dane se sentó de lado discretamente, ocultando su pecho con los brazos mientras terminaba el café. Estaba tan caliente que casi se quemaba, pero no le importó y se lo bebió de un trago antes de levantarse de golpe. Iba a darse la vuelta para ir a su habitación cuando Grayson habló:

—Ah, ayer se me olvidó decirte algo.


​Dane lo miró con desgana, preguntándose qué sería ahora, y Grayson añadió con tono ligero:


​—Hay un perro en el jardín.

—¿Un perro?

—Sí.

Grayson asintió y continuó:


​—Alex ya es muy mayor y no es tan rápido como antes. Parece temible, pero es un buen chico, así que no te preocupes. Darling estará dentro de casa y Alex vive fuera.


​Dane se quedó un momento pensativo. Grayson esperó con curiosidad al ver que Dane parecía dudar sobre si decir algo o no.


​Internamente, Dane estaba en conflicto. Si el perro era viejo, requeriría muchos cuidados, y tenerlo en el jardín no parecía lo mejor, pero no sabía si debía meterse en eso. Si fuera el asunto de otra persona, lo ignoraría, pero al tratarse de un animal, no podía evitar que le importara.


​Siendo rico, seguro que lo tiene bien cuidado, ¿para qué me voy a meter...?


​Además, no pensaba quedarse mucho tiempo, así que no era buena idea andar opinando. Pensando en eso, se decidió y asintió.


​—Entendido. ¿Algo más que se te haya olvidado?


​—Mmm, por ahora nada.


​Dane lo miró de nuevo, preguntándose qué significaba eso de "por ahora". Grayson sonrió con naturalidad:


​—Quiero decir que no se me ocurre nada en este momento. Si hay algo más, te lo diré.

—...Vale.


​Dane se retiró por el momento. Ya se acercaba la hora de ir al trabajo. No tenía tiempo que perder, así que fue directo a su habitación para prepararse. Parece que Darling había aprovechado la noche para hacer sus necesidades y comer. Tras acariciar a la gata, que volvía a estar acurrucada en su transportín, rellenó su comida y agua y salió del cuarto. No olvidó cerrar a conciencia todas las puertas y ventanas antes de salir.


​Tras comprobar el cierre varias veces, se dio la vuelta y se encontró con la mirada de Grayson. Dane sintió que retrocedía automáticamente mientras preguntaba:

—No me digas que te has quedado ahí parado esperándome.

—¿Cómo no iba a hacerlo? Somos pareja, así que es natural que vayamos juntos al trabajo.


​Al ver a Grayson responder como si fuera lo más lógico del mundo, Dane sintió que se le oscurecía la vista. Esto no podía seguir así. Tenía que tomar medidas.


​Ahora mismo.

—Espera un segundo. Tengo que poner condiciones para quedarme en esta casa.

Dane extendió la mano y Grayson, que se acercaba entusiasmado, se detuvo. Dane le declaró con tono severo:


​—Iremos y volveremos del trabajo por separado, y no me seguirás más de tres horas al día. Esas son mis condiciones.

Grayson lo miró con el rostro carente de expresión. Se hizo el silencio entre los dos.

—Es una broma, ¿verdad?

Grayson fue el primero en romper el silencio. Con su habitual sonrisa, pero con esa expresión que a Dane siempre le resultaba artificial. Por supuesto, la respuesta de Dane fue firme:

—Hablo totalmente en serio, idiota. ¿Cuándo te he bromeado yo?


​Justo después de soltarlo con fastidio, Dane se quedó helado.

Grayson tenía una expresión tan devastada como si se le acabara de hundir el mundo.


—No, quiero decir... bueno.


​Dane habló sin darse cuenta, pero de repente se detuvo a pensar. Espera, ¿por qué tengo que llegar a este extremo? Aunque es verdad que este tipo se me pega demasiado.

Grayson no era de los que entendían a menos que se le hablara con dureza. Además, para que se alejara fácilmente, Dane tenía que hacerle comprender durante estos tres meses que no había esperanza. Si lo trataba con tibieza, las consecuencias podrían ser peores más adelante...


​El conflicto interno resurgió, pero la respuesta ya estaba decidida. Dane era consciente de que su corazón se había ablandado, pero no tenía otra opción. Soltó un breve suspiro y habló:


​—Escucha guapo. Por muy bien que se vea una cara, cansa verla todo el día. Y yo no estoy acostumbrado a pasar tanto tiempo con alguien. No va con mi personalidad. Es molesto.


​Dane señaló el problema de raíz, siendo lo más honesto y claro posible.


​—Incluso en una pareja, cada persona tiene su forma de ser. A ti te gustará estar pegado, pero yo lo detesto. ¿No crees que deberíamos ajustar eso entre los dos, guapo? Una relación donde solo uno impone lo que le gusta no se puede llamar saludable.

Con esto debería bastar.

Dane esperó la reacción de Grayson, convencido de haber dado un juicio realista y frío. Sin embargo, por alguna razón, Grayson se limitó a ladear la cabeza con una expresión indescifrable.


​—¿Has entendido lo que he dicho?


​Ante la insistencia de un Dane que no podía esperar más, Grayson sonrió de repente de oreja a oreja. Otra vez esa cara... Mientras Dane fruncía el ceño, Grayson respondió:

—No entiendo nada de nada.


​—Ah...


​Era de esperarse. Dane se cubrió la cara con una mano y soltó un suspiro profundo cuando, de pronto, recordó algo.


​—Tú has salido con gente antes, ¿verdad? ¿Cómo era con ellos? ¿A ellos les gustaba que los persiguieras así?


​Estaba seguro de que a nadie le gustaría que su pareja estuviera tan encima. Ante su pregunta llena de convicción, Grayson se rascó la nuca y volvió a soltar una risa falsa.

—Es que en ese entonces no los perseguía así.


​¡Este tipo...! A Dane le dio un ataque de rabia y se le marcaron las venas en las sienes.

—¿Y entonces por qué conmigo sí? ¡¿Por qué eres tan pesado?!


​—Pues porque tú eres mi verdadero amor.

Ante esa respuesta tan natural, Dane no pudo ni gritar; solo levantó sus puños cerrados, que temblaban levemente. Tenía tanto que decir que, al final, no pudo decir nada. Tras maldecir para sus adentros, suspiró como si estuviera exhausto y dejó caer los hombros.

—Eres demasiado controlador.


Continuó Dane con voz fatigada.


—Odio que se obsesionen conmigo y se me peguen. Por eso no me gustaba salir con nadie. Si te comportas con moderación, estoy dispuesto a aceptarte hasta cierto punto.


​Ante esta nueva propuesta de tregua, Grayson se acarició la barbilla pensativo.


​—¿Y qué significa exactamente "con moderación"?


​Dane respondió sin dudar a la pregunta sospechosa:


​—Que no me contactes hasta que yo lo haga y que no aparezcas ante mí por tu cuenta.

Grayson seguía sin bajar la guardia y preguntó:

—¿Y cuándo piensas contactarme o aparecer tú?


​—Cuando me acuerde de ti.


Respondió Dane lo primero que se le vino a la mente.


​Pensó que con eso bastaría, pero Grayson no se dejó convencer tan fácilmente.


​—Yo me paso todo el día pensando solo en ti, ¿y tú?


​Dane se quedó mudo ante la pregunta repentina, y Grayson bajó la mirada hacia él como si ya supiera la respuesta.


​—Si tú haces lo mismo, yo también puedo contenerme.


​Dane lo miró fijamente en silencio y luego se frotó la cara con fuerza. Con las manos aún cubriendo su rostro, murmuró:


​—...Lo intentaré.


​—Bien.

Pensando que por fin se había acabado, Dane bajó las manos y vio que Grayson estaba parado con una palma extendida hacia él.

—¿...Qué pasa ahora?


​—Tu móvil.

Grayson agitó la mano de nuevo para apresurarlo y dijo:

—No tienes mi número, así que dame el móvil.

Sin apartar la vista de Grayson, Dane sacó el móvil del bolsillo trasero de su pantalón y lo dejó caer sobre su palma. Grayson abrió el móvil y enseguida frunció el ceño.

—¿Qué es esto? ¿No tienes bloqueo de pantalla?

La respuesta estaba clara:


​—Es un fastidio.

Grayson se encogió de hombros y pulsó los botones con destreza para guardar su número. Dane esperaba con la mano extendida, pensando que sería rápido, pero, sorprendentemente, Grayson tardó bastante tiempo antes de devolverle el teléfono.


​—¿Por qué tardas tan...?


​Dane se detuvo al revisar el móvil. Al principio de la lista de contactos aparecía: "Love, Grayson". Dane lo miró en silencio y borró el "Love" de inmediato. Grayson puso cara de insatisfacción, pero, por supuesto, él lo ignoró.


​—¿Tengo que darte yo mi número también?


Preguntó Dane mientras se guardaba el móvil de nuevo. Le había parecido curioso que Grayson solo guardara su propio número en lugar de llamarse a sí mismo desde el teléfono de Dane.

Ante la duda de Dane, Grayson respondió con naturalidad:

—No hace falta, ya me lo sé.


​—Ja...


​Dane soltó un suspiro de cansancio. Aunque él nunca se lo había dado, no quiso discutirlo. Sabía por experiencia que era una pérdida de tiempo. Grayson continuó con una exigencia:

—Ahora que tienes mi número, envíame un mensaje cada vez que te acuerdes de mí. Aunque sea solo un punto, me vale. Si me llamas, mejor todavía. Entonces yo también aceptaré tu forma de hacer las cosas.


​—Qué...


​Iba a decirle que eso era absurdo, pero Grayson se le adelantó con tono desconfiado:

—Me has dicho que no te mienta, así que no estarás intentando engañarme tú con eso, ¿verdad?


​Dane se desconcertó por un momento, pero no tenía forma de rebatirlo. Por eso, tras una breve pausa, respondió como si nada:

—Por supuesto que no. ¿Ya hemos terminado? Me voy.


​Dane no quiso perder más tiempo, se dio la vuelta y empezó a caminar a grandes zancadas. Sintió que Grayson lo seguía por detrás, pero no pudo evitarlo; al fin y al cabo, iban al mismo trabajo.


​Al menos es un alivio no tener que ir en el mismo coche.


​Pensó mientras arrancaba su viejo vehículo. Si tuviera que ir al trabajo escuchando de nuevo sus tonterías sobre "pechos", estaba seguro de que acabaría estrangulándolo.


​Sin embargo, Dane sabía muy bien que solo había pospuesto momentáneamente la crisis y que, en realidad, no se había solucionado absolutamente nada.



***



—¿Qué haces, Dane? Llevas un rato así.


​DeAndre preguntó al ver a Dane sentado en una silla plegable, agitando una pierna con nerviosismo mientras enviaba mensajes por el móvil. A medida que se acercaba la hora de salir, su ansiedad aumentaba. En toda su vida, jamás se había concentrado tanto en pensar en una sola persona. Si esto era una estratagema de Grayson Miller, definitivamente había funcionado. Desde que pasó el mediodía, Dane había estado sacando y guardando el teléfono constantemente, preso de la impaciencia. Todo para enviarle un mensaje a Grayson.


​DeAndre, extrañado, echó un vistazo de reojo a la pantalla de Dane y se llevó un susto.


​—¿Qué es esto? ¿Por qué hay tantos puntos?


​Miraba alternativamente la cara de Dane y el móvil, pero Dane no tenía la menor intención de responderle. Al final, DeAndre se marchó rumiando su curiosidad. Dane lo ignoró por completo y siguió clavado en la pantalla. Tal como había dicho su compañero, en la ventana del chat, en el lado de los mensajes enviados por Dane, solo había una fila vertical de puntos individuales.


​Por el contrario, los mensajes recibidos desde el otro lado eran interminables:


​[Mi querido Dane. ¿Has visto la nube que acaba de pasar? ¡Era igualita a un perrito caliente! ¿No es increíble que flote un perrito caliente en un cielo tan azul? Se veía tan imponente como mi "Virginia". ¡Ja, ja!]

[Mi querido Dane, creo que revisar las motosierras es jugarse la vida. ¿No crees que deberían darnos un plus de peligrosidad cada vez que lo hacemos? ¿Qué opinas? ¿Quieres que pongamos una demanda juntos? Si se lo encargamos al bufete Miller, podríamos sacar un millón de dólares. Me gustaría que solo demandáramos nosotros dos, así nos llevaríamos medio millón cada uno. Por supuesto, yo le cedería mi parte a tus dos adorables Venus, a cambio de que me dejes hundir la cara en ellas y besarlas a mi antojo.]


​[Mi querido Dane, ¿sabías que entre las hormigas ya está decidido quiénes trabajan y quiénes juegan? La hormiga que pasa ahora mismo por mis pies, ¿será trabajadora o juguetona? Como van dos juntas, a lo mejor se van de juerga. ¿No quieres que este fin de semana nos vayamos de juerga como esas hormigas?]


​[Mi querido Dane.]


​[Mi querido Dane.]


​[Mi querido Dane.]


​[...]


​Ante aquella avalancha infinita de mensajes, el rostro de Dane se volvió completamente pálido.


¿Qué tanto tiene que decir este tipo?


​Dane pensó mientras sentía un sudor frío recorriéndole la espalda. Grayson le había enviado mensajes larguísimos con frecuencia durante todo el día, mientras que Dane solo había respondido con un único punto, y para colmo, los había acumulado todos cerca de la hora de salida. Parecía un estudiante que intentaba terminar en media tarde una tarea atrasada de meses.

Seguro que cuando regresemos volverá a parlotear sobre esto.


​Solo de pensarlo le empezó a doler la cabeza. Sentía que el estrés le iba a provocar alopecia. Dane tuvo que tragarse un grito de frustración.

¿Cómo terminé enredado con alguien tan pegajoso como una sanguijuela? ¡Qué fastidio, es un fastidio!

Estaba sentado en la silla con las piernas abiertas, sujetándose la cabeza con ambas manos e inclinado hacia adelante, cuando de pronto una sombra se proyectó sobre él. Dane hizo una pausa y levantó la vista. Un hombre al que nunca había visto lo estaba mirando.


​—Hola, disculpe.


Dijo el hombre con tono cauteloso.


​Dane se limitó a mirarlo fijamente, pero empezó a sentirse extraño. Estaba seguro de que era la primera vez que lo veía, pero ¿por qué le resultaba tan familiar? Tenía una sensación de cercanía, como si se conocieran de antes...

—Mire, lamento hacerle esta pregunta siendo la primera vez que nos vemos, pero...


​El hombre no pudo ocultar su emoción y sus mejillas se tiñeron de rosa. Tras echar un vistazo rápido a su alrededor para confirmar que no había nadie cerca, se inclinó y susurró al oído de Dane con voz baja:


​—¿Por si acaso...usted es del mismo tipo que yo?


​¿Eh?

En el momento en que se extrañó, sintió de repente un aroma de feromonas familiar. Dane se quedó inmóvil y parpadeó. Un rastro de feromonas idénticas a las suyas flotaba en el ambiente. Sin duda, el aroma provenía de aquel hombre. Ante la mirada sorprendida de Dane, el hombre sonrió radiantemente de alegría y dijo:


​—¡Lo sabía, qué gusto! Es la segunda vez que me encuentro con alguien de mi mismo tipo...

No podía ocultar su emoción y soltaba pequeñas risas constantes. Dane se levantó lentamente de la silla. ¿Quién es este tipo? Era la primera vez en su vida que conocía a alguien con su misma naturaleza, por lo que no podía evitar estar desconcertado. Al notar la reacción de Dane, el hombre ladeó la cabeza para mirarlo desde abajo y dijo:


​—Ah, lamento no haberme presentado antes. Soy Connor Niles. Mucho gusto, puede llamarme Koi.


​El hombre extendió una mano con los ojos brillantes, incapaz de contener su entusiasmo. Dane dudó un momento, pero finalmente estrechó su mano en un saludo incómodo. Mientras miraba a un Dane confundido, Koi no dejaba de rebosar alegría, como si no supiera qué hacer consigo mismo de la emoción.



Raw: Joicy Graciely.

Traducción: Ruth Meira.

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