Desire Me If You Can parte 7: 3

3


​Parecía que el mundo estaba a punto de acabarse. Quizá esta noche fuera el último día de la humanidad. Debo llamar a mis padres para decirles que los amo. Hoy mismo me declararé a ella. ¡Si hubiera sabido que esto pasaría, no habría pagado la suscripción anual de la plataforma de streaming, sino solo un mes!


​Entre propósitos y arrepentimientos mezclados, la mirada de todos en la estación de bomberos se centraba en un solo punto: en Dane, que estaba apoyado contra el marco de la ventana con el rostro contraído en una mueca de fastidio, y en Grayson, que lo abrazaba con fuerza por la espalda mientras frotaba incesantemente su cara contra la cabeza de Dane.


​—Esto...oye... Miller.


​El que se atrevió a hablar, con el rostro pálido, fue cómo no Ezra. Actuando como representante del grupo, se acercó con cautela y señaló alternativamente a ambos con el dedo.


​—¿Qué...qué ha pasado? Es decir... ¿por qué...estáis así...?


​Ante la pregunta tartamuda de quien no lograba articular una frase coherente, Grayson solo mostró una sonrisa lánguida, como la de un gato tomando el sol. Sus labios temblaban como si se muriera por hablar pero se negara a soltar prenda, dejando a los espectadores estupefactos y sin palabras. Ahora el único al que podían pedir una respuesta era Dane, pero él se limitaba a fumar un cigarrillo tras otro con furia, sin dar señales de querer responder. Finalmente, Ezra volvió a dirigirse a Grayson.

—Parece que...esto...te ha pasado algo bueno, ¿no podrías contárnoslo? Y... ya que estamos, el motivo por el que estás así también.


​Como Ezra no se atrevía a ponerlo en palabras y solo señalaba con el dedo, Grayson dejó escapar una risita entrecortada que se desvaneció en un suspiro de plena satisfacción. Y finalmente, abrió la boca. Con un rostro rebosante de orgullo, como si no pudiera contener la alegría, alargó las vocales al máximo:


​—Hemos empezadooo a saliiir.


​Ante la bomba que acababa de estallar, todos los que habían estado conteniendo el aliento con el oído atento no pudieron reaccionar de inmediato. Tras unos segundos de pesado silencio, Deandre fue el primero en hablar.


​—¿Qué acaba de decir este imbécil? Creo que he oído mal.


​A partir de esas palabras, los demás empezaron a negar en cadena lo que acababan de escuchar.


​—¡Jajaja, jajajaja! Parece que Miller finalmente se ha vuelto loco de remate.


​—Hemos tenido demasiadas salidas últimamente, ¿verdad? El cansancio acumulado nos está haciendo tener alucinaciones colectivas. Estamos viendo cosas que no existen.


​—Oye, ¿has visto cómo han caído las acciones hoy? Ese color azul no tiene fin...


​Cada uno decía una cosa distinta, intentando por todos los medios ignorar la realidad. Era lógico. ¿Dane saliendo con alguien? No un lío de una noche o sexo casual, sino ¿una relación de verdad? ¿Ese Dane Striker?


​¿Y encima con Grayson Miller?


​—¡Es absurdo, nuestros ojos y oídos nos están engañando!


En medio de los tipos que intercambiaban direcciones de oculistas y otorrinolaringólogos, solo Ezra se enfrentó valientemente a la realidad.

—Oye, Dane. ¿Qué acaba de decir Miller? Es que no...no lo entiendo bien.


​Dane ni siquiera miró a Ezra, que soltó una risa nerviosa. Estaba claro que lo había oído. Los que antes no paraban de decir tonterías se quedaron callados de repente. En medio de esa tensión gélida, fue Grayson quien respondió.


​—Somos pareja desde hoy. Lo que significa que soy el novio de Daneee.


​Acto seguido, como si estuviera loco de alegría, frotó su rostro frenéticamente contra el hombro de Dane y, deslizando una de las manos que rodeaban su cintura, agarró con fuerza un pectoral de Dane. De inmediato, una vena se marcó en la sien de Dane y, por primera vez, este reaccionó.


​—¡Suéltame, pedazo de pervertido de mierda!


​Gritó mientras agarraba la cabeza de Grayson intentando apartarlo por la fuerza, pero Grayson seguía colgado de su cintura con una sonrisa de oreja a oreja. Y seguía manoseándole el pecho con una mano. Al ver semejante escena, Ezra sintió que se le nublaba la vista y se tambaleó. Al mismo tiempo, los que habían intentado ignorar la realidad estallaron en gritos y alaridos que hicieron retumbar toda la estación.



***



Fuuu. Dane, apoyado contra la pared exterior de la estación, exhaló una larga bocanada de humo. Al sentir una presencia cercana, se giró por instinto, pero al ver de quién se trataba, relajó la tensión de su cuerpo de inmediato.


​—Dane, aquí estabas.


​Ezra lo saludó con una sonrisa incómoda. Dane, sin responder, echó un vistazo rápido detrás de él. Ezra, notando el significado de esa mirada, dijo:


​—Logré despistar a Miller antes de venir, no te preocupes.


​Solo entonces Dane retiró la vista y volvió a llevarse el cigarrillo a la boca. Al ver su expresión atribulada, Ezra se colocó a su lado con discreción, observando sus reacciones con cautela. Solo cuando Dane exhaló de nuevo el humo que había inhalado profundamente, Ezra se atrevió a hablar.


​—Esto... Dane. ¿Qué ha pasado? Me he quedado de piedra... Todos están preocupados por lo que está ocurriendo.


​—¿Preocupados?


​Dane repitió la palabra como preguntándose por qué demonios harían algo así. Ezra asintió.


​—Ya lo sabes, esta situación no es normal. Ha pasado algo malo, ¿verdad? Si hay algo en lo que podamos ayudar...

—No hay nada de eso.


​Dane negó sus palabras con rotundidad. ¿Significaba que no había problemas o que no podían ayudarlo? Ezra se sintió momentáneamente confundido por el doble sentido, pero no se dio por vencido.


​—Es... ¿acaso es una situación difícil de contar?


​Intentó tantear el terreno con cuidado, pero Dane seguía fumando mientras miraba a lo lejos. Inhalaba el humo con fuerza, una y otra vez. Al verlo así, Ezra preguntó con inquietud:


​—No será que Miller te está chantajeando, ¿verdad?


​—No.


​Dane respondió escuetamente con rostro de pocos amigos. Como la mirada de Ezra seguía fija en él esperando más, Dane terminó soltando la respuesta junto con el humo.


​—Solo acepté porque me propuso que saliéramos a prueba durante tres meses.


​Ezra no pudo reaccionar de inmediato. Le sorprendía que Dane hubiera aceptado semejante propuesta, pero lo que más le desconcertaba era no tener ni idea de cómo habían llegado a hablar de eso.


​—No es un chantaje.


​Dane lo interrumpió antes de que Ezra sacara a relucir más sospechas. Se llevó el cigarrillo a los labios y añadió con frialdad:


​—Simplemente no pude negarme porque es el salvador de la vida de Darling. Dijo que, si aguantaba tres meses, desaparecería de mi vista.

—¿Que desaparecería? ¿Qué significa eso?


​Ante el asombro de Ezra, Dane explicó brevemente:


​—Que si después de tres meses mis sentimientos no cambian, dejará la estación y no volverá a aparecer ante mí en la vida.

—¿...De verdad?


​Ezra preguntó tras una pausa, incrédulo. Dane respondió con desgana, sin dejar de mirar hacia otro lado.


​—De momento no me queda otra que creerle. Si cambia de opinión, ya me ocuparé de eso cuando llegue el momento.


​—Ya...supongo que sí.


​Dane lo miró de reojo al notar que su voz se apagaba con incertidumbre.


​—¿Qué pasa? Si tienes algo que decir, suéltalo.


​Ante el comentario directo, Ezra se rascó la mejilla con timidez y murmuró evitando el contacto visual:


​—No, es solo que...podrías cambiar de opinión...


​—Ezra.


​Dane lo cortó tajantemente ante la mención de esa mínima posibilidad.


​—Estoy plenamente satisfecho con mi vida actual. ¿Qué motivo tendría para complicarla saliendo con alguien? ¿Por qué iba a hacer algo tan molesto?


​—Lo siento, si te he molestado, perdona.


​Ezra se disculpó rápidamente. Dane se sintió aún peor al darse cuenta de que había pagado su irritación con él. Todo era culpa de ese pervertido, y él terminaba desquitándose con quien no debía.


​Pero no soportaba deber favores. Como fuera, tenía que saldar la deuda por la vida de Darling. Si el precio era aguantar a ese tipo durante tres meses, hasta le parecía barato. La vida de su gata era infinitamente más valiosa que eso.


​—No voy a cambiar de opinión. No tengo la menor intención de entablar una relación seria con nadie.


​—...Sí, claro.


​Ezra dio un paso atrás dándole la razón y luego forzó una sonrisa como si no hubiera pasado nada.


​—Bueno, yo me vuelvo dentro. Rezaré para que Miller no te encuentre.


​Ante el comentario bromista, Dane ni siquiera lo miró; se limitó a levantar una mano ligeramente a modo de despedida. Mientras escuchaba los pasos de Ezra alejándose, volvió a llevarse el cigarrillo a la boca. Fue justo cuando inhaló el humo hasta llenar sus pulmones y lo expulsó lentamente.

‘—...Me alegro.’


​¿Eh?


​De repente, un recuerdo que había olvidado afloró en su mente. ¿Por qué las palabras de Ezra, que en su momento no había logrado entender del todo, revivían ahora en su cabeza?

‘—Me alegro mucho de que no tengas nada con Miller…’


​Dane se quedó completamente inmóvil, sin siquiera parpadear. El humo grisáceo flotó a su alrededor durante un rato antes de desvanecerse sin fuerzas.



***



—Uff...


​Dane soltó un suspiro tan profundo que parecía que el suelo iba a hundirse. Sentía un dolor punzante en la cabeza y el pecho cargado de pesadez. En el trabajo, Grayson lo seguía a todas partes como si fuera su sombra. Por mucho que intentara despistarlo, apenas conseguía cinco o diez minutos de libertad; Grayson lo encontraba con una precisión asombrosa, hasta el punto de que Dane empezó a sospechar si no le habría implantado un dispositivo de rastreo sin que se diera cuenta.


​Aunque eso es absurdo.


​Dane pensó con el ceño fruncido. Cuando finalmente terminaba su turno y lograba despegarse de Grayson, lo que le esperaba era un motel barato. Su casa, pequeña pero acogedora, ya no existía; verse obligado a vivir por tiempo indefinido en una habitación sucia y vieja lo hacía sentir tan miserable que la rabia le hervía por dentro.


​Lo único positivo era que el seguro que había contratado le pagaría una indemnización y unos meses de alquiler. Sumando eso a un préstamo, reconstruir la casa era más o menos factible. El problema era encontrar dónde vivir mientras tanto. Como no andaba sobrado de dinero, le estaba costando encontrar una vivienda decente; quería evitar a toda costa esos apartamentos baratos donde se oyen disparos a cada rato y los ladrones entran como si nada. Sería peligroso para la gata.


​Pero tampoco puedo quedarme en un motel para siempre...


​Dane acarició el cuerpo de Darling, que estaba tumbada sobre sus muslos. Había buscado un lugar donde la seguridad no fuera mala, pero no podía permanecer allí indefinidamente. Reconstruir la casa podría llevar años, y si no encontraba pronto un hogar...


​Al llegar a ese pensamiento, sacudió la cabeza. La razón de tanto estrés acumulado era que no había tenido su habitual desahogo últimamente. Siendo así, lo que debía hacer estaba claro. Dane levantó a Darling, le dio un beso sonoro en la cabeza y la volvió a dejar con cuidado en su sitio. Por suerte, el cojín con el centro hundido que había comprado de urgencia le había gustado a la gata, pues se pasaba casi todo el día en él.


​Miau. Tras escuchar el pequeño maullido y ver cómo la gata se enroscaba en el cojín, Dane se levantó y salió de la habitación. Lo único que necesitaba llevar era la tarjeta del motel y dinero para las copas. Sin vacilar ni un segundo, subió a su coche y se dirigió al club que solía frecuentar.



***



—¡Vaya, Dane! ¡Cuánto tiempo!


​—Dane, ¿por qué no te has dejado ver por aquí?


​—¡Dane, Dane!


​Por todas partes lo llamaban por su nombre, tratando de llamar su atención. Dane devolvió los saludos de forma vaga y siguió caminando. Mientras esperaba la cerveza que había pedido, una cara conocida se sentó en el taburete de al lado. Era un hombre con el que una vez se había ido a casa, habían pasado la noche juntos y al que incluso le había pagado un taxi para que se fuera; su rasgo era Alfa. Por supuesto, aquel hombre no podía ni imaginar que el tipo que lo había penetrado por primera vez era un Omega.


​El hombre apoyó la barbilla en una mano y, con una sonrisa, rompió el hielo:


​—Hola, te echaba de menos. ¿Cómo está Darling?


​—Ahí va.


​Dane respondió escuetamente mientras echaba un vistazo a su alrededor. Si era posible, prefería encontrar a alguien nuevo, pero hoy no tenía mucho tiempo. Le remordía un poco la conciencia haber dejado a Darling sola y lo primero era liberar el estrés. Como si hubiera leído sus pensamientos o porque esa fuera su intención desde el principio, el hombre acarició provocativamente el muslo de Dane. Concretamente, rozó con lentitud la protuberancia de su sexo y sonrió con los ojos entrecerrados.


​—¿A dónde miras? Si estoy aquí.


​El hombre habló como si estuviera algo molesto, pero su rostro estaba encendido, revelando claramente sus ansias. Como la vez anterior en que se acostaron sus mimos le habían resultado bastante excitantes, Dane pensó que no sería mala idea repetir con él.


​Cuando Dane le sujetó la barbilla, el hombre abrió la boca y cerró los ojos con naturalidad. Acto seguido, Dane unió sus labios, lamiendo y succionando la lengua del otro. Sintió cómo el hombre temblaba de expectación. No parecía necesario alargar mucho el juego previo. Al percibir el aroma de las feromonas Alfa que emanaban del hombre, la entrepierna de Dane también reaccionó.


​—Si estuviéramos en mi casa, te cogería en brazos y te llevaría directo a la cama.

Al susurrar esto sin separar los labios, el hombre soltó una risita.

—¿Para lanzarme sobre ella como la última vez?


​—Y luego me habría abalanzado sobre ti.


​Al recordar lo que habían hecho la vez anterior, el hombre miró a Dane con ojos nublados por el deseo.


​—Entonces, ¿nos vamos hoy también?


​Si pudiera, a Dane también le habría encantado, pero la realidad era otra. Exhaló un breve suspiro y lo rechazó.


​—Me temo que no va a poder ser. Mi casa se quemó por completo.


​—¿Qué? ¿Cómo ha pasado? 


Preguntó el hombre, sorprendido por la noticia inesperada.


​Dane respondió con indiferencia:


​—A un idiota se le ocurrió quemar hojas secas y terminó quemando mi casa también. Así que estoy viviendo en un motel hasta que encuentre un sitio donde mudarme.

—Vaya…


​El hombre soltó un lamento de lástima, pero enseguida le lanzó una mirada sugerente y preguntó:


​—Entonces... ¿Quieres venir a mi casa esta vez...?


​El aroma de sus feromonas se hizo más intenso. Aunque pensaba que Dane era un Beta, el hombre lo seducía fervientemente sin poder ocultar sus intenciones. Justo cuando Dane rodeaba la cintura del hombre para volver a besarlo en lugar de responder…


​—¡Ah!


​Una mano lo agarró del hombro de la nada, haciéndole soltar un grito ahogado sin querer. El hombre, cuyo beso fue interrumpido abruptamente, abrió los ojos de par en par, desconcertado, y se recompuso a toda prisa.


​—¿Pero qué...?


​Dane, furioso, se dio la vuelta para ver quién era y se quedó petrificado. Allí estaba Grayson Miller, con el rostro gélido y endurecido, mirándolo desde arriba.



Raw: Joicy Graciely.

Traducción: Ruth Meira.

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