Desire Me If You Can parte 6: 6

6


El viento, que solía soplar de forma refrescante, se tornó gélido por alguna razón. Grayson observó fijamente la espalda de Dane, quien permanecía inmóvil en su lugar. Mientras acortaba la distancia hacia él paso a paso, la llamada continuaba. Al situarse detrás de Dane tras apenas unos pasos, la voz que emanaba del teléfono llegó a sus oídos.


[​—La última vez me equivoqué y fui a su casa... Esto, ¿no lo recuerda?]


​Ante la voz, que de pronto se había vuelto desesperada, Dane reavivó sus recuerdos y se pasó una mano por el pelo.


​—Lo recuerdo.


​Se escuchó el sonido de un suspiro de alivio por parte de la mujer. Por supuesto, Dane albergaba otros pensamientos en su interior. No involucrarse en asuntos ajenos había sido su lema de vida hasta ahora, pero últimamente se estaba vinculando demasiado. Incluso con una mujer con la que, como mucho, solo había pasado una noche.


​Que esta sea la última vez que hago algo como esto.


​Tras tomar esa determinación, añadió sin perder el tiempo:


​—¿Te has decidido? ¿Cuándo lo harás? Preferiría que coincidiera con mi día libre.


​Ante la pregunta directa, ella respondió apresuradamente:


​—Sí... ¡Sí! Por supuesto, así lo haré. Esto...gracias.


​Dane no reaccionó de forma especial ante la voz que se desvanecía; le indicó su día libre y colgó. Fue justo cuando metió el teléfono de cualquier manera en el bolsillo del pantalón e intentó retomar el paso. Al girar la cabeza sin pensarlo mucho, se sobresaltó momentáneamente al ver a Grayson parado justo detrás de él.


​—¡Ah, joder, qué susto!


​Cuando Dane soltó un insulto irritado y frunció el rostro, Grayson le lanzó una mirada fugaz. Dane, que lo miraba con el ceño fruncido, se dio cuenta de que la vista de Grayson se dirigía al bolsillo donde acababa de guardar su celular.

—¿Es esa mujer?


​Ante la pregunta lanzada sin preámbulos, Dane no se molestó en fingir ignorancia.


​—Sí, la mujer que tú también viste.


​Cuando respondió con desgana, el semblante de Grayson se ensombreció. Justo cuando Dane sintió que algo no iba bien, Grayson habló con voz baja.


​—¿De verdad vas a ir al hospital con esa mujer?


​Su voz calmada sonó extrañamente escalofriante. Dane, alerta en su interior, respondió como de costumbre.


​—Sí, porque se lo prometí.


​Tras la breve respuesta, Grayson volvió a quedarse en silencio. ¿A qué viene este silencio? Dane sintió un repentino presentimiento funesto mientras Grayson contraía el entrecejo y entrecerraba los ojos.


​—...No pensarás realmente que es tu hijo, ¿verdad?


​—Ja.


​Pensar que estaba dándole vueltas a eso. Dane estaba tan atónito que ni siquiera sentía rabia. Torció la comisura de los labios y fulminó a Grayson con la mirada.


​—Sabes perfectamente cuál es mi segundo género, ¿acaso parezco idiota?


​Ante el sarcasmo implacable, Grayson retrocedió un paso.


​—...No es eso, pero...


​—¿Pero qué? ¿Qué es lo que quieres decir?


​Grayson pareció reflexionar un momento y, de repente, esbozó una sonrisa radiante. Dane vaciló ante aquel comportamiento que no encajaba con la situación. Al ver la expresión de Dane, Grayson borró la sonrisa de inmediato; se dio cuenta de que no era momento de reír.


​—...No, es decir...


​Grayson parecía querer decir algo más, pero se detuvo ahí. Al verlo llevarse una mano a la frente, incapaz de continuar, parecía sumamente confundido.


​Por supuesto, Dane pensó que esto también podría ser una ilusión suya. ¿Quién podría distinguir qué era real y qué era mentira en ese tipo? Quizás ni él mismo lo sabía. Era alguien que simplemente fabricaba expresiones adecuadas para cada situación de forma mecánica.


​Dane no esperó más y se dio la vuelta. Grayson se limitó a observar su espalda mientras se alejaba a grandes zancadas. Sin embargo:


​—No desperdicies tu tiempo en cosas sin valor.


​De repente, una voz baja llegó desde atrás. Cuando Dane se detuvo, Grayson habló con más fuerza y un tono más firme.


​—Esa mujer solo te está utilizando.


​Dane sacudió la cabeza con desdén ante lo que consideraba una estupidez y volvió a caminar. Desde atrás, Grayson advirtió de nuevo:


​—Te arrepentirás. De haber hecho algo innecesario.


​Ante la voz cargada de descontento, Dane echó la cabeza hacia atrás y miró al cielo. Tras soltar un suspiro, giró la cabeza y dirigió su mirada hacia Grayson. Al cruzar sus ojos, lo observó con frialdad y habló:


​—¿Alguien te ha preguntado?


​Acto seguido, Dane se dio la vuelta sin vacilar y se alejó rápidamente. Grayson le gritó a su nuca por última vez:


​—Te lo he advertido claramente, todo lo que suceda después de esto será por tu propia culpa.


​Dane, que acababa de abrir la puerta trasera de la estación de bomberos, se volvió hacia Grayson. Grayson lo miraba, por alguna razón, con una mirada gélida. Dane frunció el ceño y respondió con una voz fingidamente fina:


​—Ay, qué miedo.


​Tras decir aquello, Dane cerró la puerta con un estruendo frente a Grayson, como para que lo viera bien.



***



Maldito loco.


​Dane estaba sentado en la silla de la sala de espera con el rostro fruncido. Sentado con las piernas muy abiertas y sacudiendo una de ellas con rapidez, su cara rebosaba irritación. ¿Quién se creía ese para decirle lo que tenía que hacer? Sin saber cuál era su lugar.

‘—Te arrepentirás. De haber hecho algo innecesario.’


​Ya se estaba arrepintiendo lo suficiente. Pero no podía evitar que se le revolviera el estómago al recordar que esas palabras venían de Grayson Miller. "Mierda", maldijo por lo bajo sin darse cuenta, e inmediatamente movió los ojos para revisar su entorno. Por suerte, la sala de espera estaba tranquila y los demás pacientes o visitantes estaban sentados a una distancia considerable. Menos mal. Justo cuando suspiraba aliviado en su interior, la mujer, que traía un poco de agua, le habló.


​—Esto, ¿está bien un café?


​—Está bien, gracias.


​Tras aceptar la bebida que ofrecía el hospital, la mujer se sentó al lado de Dane y bebió agua. Mientras él se llevaba el café negro caliente a los labios, ella abrió la boca.


​—Gracias por venir conmigo, Dane. Es que...no tenía a nadie más a quién pedirle el favor...


​Al ver su perfil demacrado, Dane bebió café en silencio. De todos modos, era alguien a quien no volvería a ver. No había necesidad de escuchar historias profundas. Ese era el pensamiento de Dane, pero el de ella, Sabrina, era distinto.


​—Al final, si no hay un padre, es mejor no tener al niño, ¿verdad?


​—...Ha.


​Dane soltó un suspiro audible. Siguió hablando sin dejar de mirar hacia otro lado.


​—Eso es algo que debes elegir tú. Si no puedes hacerte cargo, es mejor deshacerse de él.


​El cuerpo de Sabrina se estremeció visiblemente. ¿Aún le quedaban dudas? Tras reflexionar un momento, él murmuró como para sí mismo:


​—Tener al niño no siempre es la mejor opción.


​—¿Qué?


​—¿Y por qué lo decides tú, pedazo de mierda?


​Ante el insulto repentino, Dane frunció el ceño y levantó la vista. Allí, una mujer increíblemente alta los miraba desde arriba mientras mascaba chicle. Con su llamativo pelo rubio platino, era una belleza tan espectacular que la gente contenía el aliento a su paso, pero la razón por la que Dane se quedó paralizado fue otra.


​Ojos violetas.


​La dulce fragancia que flotaba a su alrededor no dejaba lugar a dudas. Qué cojones. Justo cuando Dane intentaba levantarse, Sabrina se puso en pie de un salto antes que él.


​—¡Larien!


​Larien, que era casi cabeza y media más alta que la desconcertada Sabrina, la fulminaba con una mirada aterradora mientras esta palidecía.



***



♬♪♪♩♬♪…


Ezra se detuvo y miró hacia atrás al escuchar el silbido constante. Era Grayson, que silbaba mientras revisaba el equipo.

—¿Te ha pasado algo bueno, Miller?


​Ante la pregunta curiosa, él dejó de silbar y respondió: "No". Aunque su rostro lucía una sonrisa radiante, era la misma de siempre, pero Ezra no lo sabía.


​—Seguro que te ha pasado algo bueno, no me engañes.


​Ezra lo miró de reojo con tono burlón y regresó a sus asuntos con una sonrisa. Grayson, todavía con el rostro sonriente, levantó la vista hacia el reloj de la pared.


​Al comprobar la hora, los ojos de Grayson se entrecerraron ligeramente.


​Ya debe de haber empezado.


​Justo en ese momento, el minutero de la pared se movió con un clic.



***



—¡Pedazo de mierda! ¿Quién te crees que eres para decirle si debe abortar o no?


​Larien gritó lanzando un insulto vulgar. ¿Acaso estaba loca? Dane la miró de arriba abajo, estupefacto. La mujer, que parecía medir fácilmente más de 180 centímetros, lejos de acobardarse, lo fulminaba con la mirada como si quisiera devorarlo.


Las pocas personas que esperaban en la sala observaban la escena con estupor, sin saber qué hacer. Mientras tanto, Dane intentaba de algún modo procesar esa situación repentina, pero lógicamente le resultaba imposible. Lo único que podía hacer en ese momento era dejar clara su postura.

—Solo vine porque Sabrina me pidió que la acompañara. ¿Y tú quién te crees que eres?


​Ante la ruda reacción de Dane, la mujer no retrocedió y lo fulminó con la mirada.


​—¿Yo? ¡Yo soy la proveedora de esperma del hijo que espera esta mujer!


​—¿Qué?


​—¿Qué ha dicho?


​—¡Dios mío!


​Tanto Dane como los curiosos dejaron escapar exclamaciones de asombro aquí y allá. Sin embargo, a Larien no le importó y continuó gritando:


​—¡Sí! ¿Cómo te atreves a darle órdenes a mi mujer? ¿Es que quieres morir? ¿Eh?


​Dane miró a Sabrina con el rostro desencajado por la confusión, exigiendo una explicación sobre lo que estaba ocurriendo.


​Sabrina, sin saber qué hacer, miraba de un lado a otro. Al verla así, Dane no pudo evitar soltar un lamento. Mientras miraba al techo con incredulidad, un recuerdo desagradable acudió de pronto a su mente.


​’—Te lo he advertido claramente, no hagas algo de lo que te arrepientas.’


​Justo cuando frunció el ceño, Sabrina habló:


​—Larien, estás confundida. Este niño no es tuyo.


​Ante esas palabras, la atención de Larien se dirigió de inmediato hacia ella.


​—¿Es verdad? ¿Estás segura de que no es mío? Habla con claridad, Sabrina. Si me dices la verdad, puedo perdonarte lo que sea.

Su tono, que ahora era suave y persuasivo, contrastaba totalmente con el que había usado con Dane, haciendo que los presentes volvieran a abrir los ojos de par en par. Además, la forma en que acariciaba la mejilla de Sabrina con ternura la hacía parecer, a ojos de cualquiera, una persona profundamente enamorada. Sabrina también pareció olvidarse por completo de su entorno y levantó la vista hacia Larien con una mirada ardiente.


​—No lo sé, Larien. Lo siento.


​Finalmente, ella terminó confesando. Con los ojos llenos de lágrimas, Sabrina agachó la cabeza y susurró:


​—Tal vez sea de mi exnovio. No lo sé.


​—¡Pero también podría ser mío!


​Era evidente para cualquiera que había estado con dos personas a la vez, pero para ella eso no parecía ser un problema en absoluto.


​¿No eran tres?


​Ese pensamiento cruzó la mente de Dane justo cuando Larien agarró firmemente la mano de Sabrina y dijo:


​—No te preocupes, Sabrina. Casémonos.


​—Ja.


​Dane permanecía allí de pie, observándolas con absoluta estupefacción.



***



Es hora de ir saliendo.


​Grayson dejó de silbar y se puso en pie. Tras dejar en su sitio el equipo que había estado revisando para ganar tiempo, se dirigió con naturalidad hacia la oficina del jefe. Estaba a punto de decir que se marchaba por hoy. Alguien tendría que encargarse de limpiar el desastre que seguramente se habría formado; alguien que conociera todos los pormenores de la situación, como Grayson Miller.


​Caminaba con las manos en los bolsillos, canturreando, cuando ocurrió.


¡Nino-nino, nino-nino!


​Al oír el estruendoso sonido de las sirenas, se detuvo sin pensarlo. Parecía que se había declarado un incendio en alguna parte. Como era de esperar, los bomberos que estaban dispersos por el lugar salieron corriendo a toda prisa. Grayson, que observaba como si fuera un asunto ajeno cómo los demás se ponían sus trajes ignífugos y subían a los camiones, volvió a darse la vuelta. Justo cuando iba a retomar el paso:


​—¡Zona residencial Snowflake, junto al parque Lincoln!


​—¿Qué zona has dicho?


​Al oír el intercambio entre los hombres que pasaban apresuradamente a su lado, Grayson volvió a quedarse petrificado. Se dio la vuelta y permaneció inmóvil en su sitio durante unos instantes.


​¿Qué...?


​—¡Arranca ya! ¡Ah!


​Deandre, el último en subir al camión, gritó hacia el asiento del conductor y se llevó un susto de muerte cuando intentaba cerrar la puerta. Grayson la estaba sujetando.


​—¿Qué...qué haces? ¿Qué te pasa?


​Ante un Deandre que tartamudeaba por el desconcierto, Grayson preguntó con semblante serio:

—¿Dónde has dicho que es el incendio?


​—En la zona residencial Snowflake, ese barrio tranquilo que está al lado del parque Lincoln.


​Otro compañero respondió en lugar de Deandre. Grayson se quedó rígido al recibir la misma información que había escuchado antes.

No puede ser. Existe la posibilidad de que sea cualquier otra casa.


​Era una deducción muy racional. Entre tantas casas, era imposible que el incendio fuera precisamente en la de ese tipo. Además, en esa casa solo estaba aquel gato ciego. En este momento, Dane debía de estar en el hospital con esa maldita mujer.


​No había motivo para que se produjera un incendio.


​—¡Miller, ¿qué haces?! ¡Si no vas a venir, quítate de en medio!


​Gritó Deandre. Sin embargo, Grayson seguía sin poder moverse de su sitio. Ahora mismo debería ir al hospital. Debería resolver la situación, enviar a Larien con esa mujer y explicarle a Dane lo que había pasado; así él se daría cuenta de que había hecho algo inútil y comprendería que mi advertencia era acertada...

La gato.


​La mente de Grayson se quedó gélida.


​...Esa gato fea.


​—¡Miller, que te quites!


​—¡Grayson Miller!


​Tanto Deandre como otra voz le gritaron. Tenía que elegir. No había tiempo para más vacilaciones. Por supuesto, el rumbo de su elección ya estaba decidido. Soltar la puerta, darse la vuelta, ir a la oficina del jefe y decir que se marchaba temprano...


​—¿Qué...qué haces?


​Antes de que pudiera terminar el pensamiento, Grayson se subió al camión de bomberos. Los demás gritaron sorprendidos, pero él cerró la puerta desde dentro ante sus ojos.


​—¡Arranca!


​Ante el grito de Grayson, Ezra, que estaba en el asiento del conductor, puso el vehículo en marcha apresuradamente. Mientras todos lo observaban atónitos, Grayson se sentó de brazos cruzados y, con rostro sombrío, comenzó a agitar una pierna con nerviosismo.



***



—¡Casémonos!


​Ante la declaración de Larien, un silencio tenso recorrió la sala de espera. Todos los presentes, cautivados por una situación más emocionante que cualquier drama reciente, centraron su atención en ellas. Sabrina, con los ojos como platos, habló lentamente.

—¿Esto...es en serio?


​Ante su pregunta incrédula, Larien frunció las cejas y sonrió.


​—Por supuesto, mi dulce Sabrina. ¿Cómo podría abandonarte?

Como si fuera un juramento, Larien tomó las mejillas de Sabrina y le plantó un beso sonoro en los labios. Al separarse, su rostro resplandecía de alegría. Sabrina la miró, parpadeó y preguntó con cautela:


​—¿Y entonces...qué pasa con April?


​—¿Qué?


​La sonrisa de Larien se congeló. Sabrina acababa de señalar un problema crucial.


​—Estás casada con April. Tendrías que divorciarte primero.


​—¿Qué? ¿Casada?


​—¡Cielo santo, es una infidelidad!


​—Dos bandas, juega a dos bandas.


​Murmullos de sorpresa y espanto estallaron por doquier. Tras el revuelo inicial, se hizo un silencio sepulcral. Todos esperaban con el alma en un hilo la respuesta de Larien. Incluso Dane. Larien soltó un suspiro y sacudió la cabeza.


​—Eso no se puede, Sabrina. April está esperando un hijo mío.


​—¿Qué? ¿Entonces me estás pidiendo que sea tu segunda esposa?


​Sabrina gritó de inmediato. Mientras los cuchicheos se reanudaban, Larien se rascó la mejilla con el dedo índice, con gesto apurado.


​—Bueno, esto... técnicamente serías la novena, Sabrina.


​—¡Madre mía, madre mía!

—¡Válgame Dios! ¡Pero qué es esto!


​—Señora, su turno para la consulta es...


​—¡Un momento, espere! ¡Estamos en un momento crucial!


​En medio del alboroto, Sabrina deformó el rostro por el horror.


​—¿Qué? ¿Tu religión permite la poligamia?


​—Oh, no es eso, Sabrina.


​De forma absurda, Larien negó con el dedo índice y luego extendió ambos brazos con devoción, declarando solemnemente:


​—Mi religión es el amor.


​¿Qué es este maldito déjà vu?


​Dane observaba estupefacto mientras algo turbio cruzaba su mente. De pronto, el rostro de alguien se solapó con las facciones glamurosas de la mujer. ¡Ah! ¿Acaso...por si acaso...? Justo cuando Dane comprendía la razón de aquel mal presentimiento, Sabrina se lanzó sobre Larien gritando:


​—¡Estafadora! ¡Maldita mentirosa!


​—¡Sabrina, cálmate! ¡Piensa en el niño!

—¡No es tuyo, que no! ¡Te odio, te desprecio! ¡Muérete!


​—Mi pequeñina, diciendo esas mentiras... Eres tan adorable. ¡Jajaja!


​Mientras la gente observaba atónita a Sabrina golpeando y a Larien recibiendo los golpes entre risas, alguien gritó como si acabara de despertar:


​—¡Oigan! Ahora que la veo bien, creo que ha salido en la lista de los más buscados.


​—¿Eh? ¿De verdad?


​—Seguro. Reviso la lista de búsqueda del FBI todos los días. Un segundo, aquí está. Miren.


​—¡Cielos, es verdad!


​—¿Qué delito cometió? ¿Estafa? ¿Es estafa?


​—¡Es una estafadora romántica! ¡Vaya! Dicen que hay víctimas por todo el país.


​—¡Hay que denunciarla, rápido! ¡Oigan! ¿A dónde se fue?


​Todos sacaron sus teléfonos con urgencia, pero ya era tarde. Larien ya se había esfumado junto a su adorada Sabrina, dejando atrás únicamente a un Dane que permanecía allí de pie con cara de incredulidad.



***



Maldita sea, si vuelvo a meterme en los asuntos de los demás, dejo de ser humano.


​Dane soltó un insulto mientras arrancaba el coche. Mientras conducía, tratando de calmar la furia que le hervía por dentro, multitud de preguntas cruzaban su mente. ¿Esa mujer también es una Miller? Seguramente sí, ¿no? No puede haber otra persona con ese aura de Alfa dominante y un rostro tan parecido.

La familia Miller tenía seis hijos. Por supuesto, también había hijas de por medio. Esa era toda la información que Dane tenía sobre ellos. Sabía que Chase era uno de ellos gracias a Joshua, pero en el caso de Grayson, no había llegado a atar cabos hasta que Joshua se lo mencionó, a pesar de que se parecían muchísimo.


​Bueno, es lógico, ya que no era asunto mío.


​En cualquier caso, pensaba que no volvería a cruzarse con un Miller, y de la nada aparece uno nuevo. Y para colmo, era una mujer, así que ni siquiera pudo desahogar su rabia adecuadamente. Si hubiera sido uno de los hermanos varones, lo habría agarrado por la solapa para sacarlo a rastras y pelear fuera.


​—¡Maldita sea!


​Golpeó el volante con el puño mientras maldecía. La única persona que podía explicarle esta situación era Grayson Miller. Por aquellas palabras tan significativas que dijo antes, estaba claro que sabía algo.


​No puede ser que ese tipo lo haya planeado todo... ¿o sí?


​Justo cuando el pensamiento de que Grayson era perfectamente capaz de algo así asomaba en su mente, divisó a lo lejos una columna de humo negro que cubría el cielo azul.


​—¿Eh?


​Un mal presentimiento le revolvió el pecho. A medida que avanzaba con el coche, el humo se veía cada vez más cerca. No, no puede ser. No puede estar pasando...


​Siguió negándolo. Pero conforme se acercaba a su casa, el mal presagio se convertía en una realidad inevitable.


​—¡Dane!


​Ezra lo vio y gritó cuando Dane, tras frenar el coche a cierta distancia, corrió desesperadamente hacia allí. Dane se quedó clavado en el sitio, pálido como un muerto. Su preciado hogar estaba envuelto en llamas escarlatas que ardían con furia. Dane se quedó aturdido por un momento. Mientras observaba el fuego como hechizado, la realidad empezó a filtrarse poco a poco en su mente. Y, de inmediato, soltó un grito desgarrador:

—¡Darling!



***



El fuego era mucho mayor de lo esperado. Al bajar del camión, Grayson se quedó atónito ante la magnitud del incendio. Los demás bomberos, aunque igual de sorprendidos, se movieron con rapidez, como si estuvieran acostumbrados a ello.


​—¡La manguera, traed primero la manguera!


​—¿Dónde empezó el fuego? ¿No hay nadie dentro?


​—¿Dónde está el equipo de entrada? ¡Que se preparen!


​—¡Necesitamos más camiones! ¡Pedid refuerzos y contactad con las otras estaciones!


​—¡Rápido, dadme agua, vamos!


​Por todas partes se mezclaban gritos, el crepitar de las llamas y el estruendo de los edificios derrumbándose. En medio del caos, Grayson solo miraba un lugar: la modesta vivienda envuelta por completo en llamas escarlatas que se alzaban hacia el cielo.


​Era la casa de Dane Striker.


​La puerta principal, la misma que él había pateado con fuerza, ya estaba carbonizada y apenas mantenía su forma entre el fuego. Alguien que quemaba hojas secas en una casa había provocado el incendio, que terminó por devorar su propio hogar antes de extenderse a las viviendas vecinas. En aquel escenario donde ya ardían cinco casas, la de Dane era, por desgracia, la tercera. El fuego debía de llevar tiempo activo, pues ya se alcanzaba a ver la estructura de la vivienda. A este paso, se derrumbaría pronto.


​Tal vez ya sea tarde.


​—Menos mal que es un día laborable por la tarde, parece que la mayoría de las casas están vacías. Dicen que los que estaban dentro han evacuado a salvo.


​Wilkins asintió y tomó la palabra:


​—Como sea, evitemos que se propague más. ¡Eh, tú! ¡Sube más el chorro de agua!


​Los bomberos seguían corriendo de un lado a otro. Ninguno parecía saber que aquella era la casa de un compañero.


​Bueno, dijo que no llevaba a nadie a casa a menos que fuera para acostarse con él.


​Grayson lo comprendió de inmediato. Lo que sabían de Darling sería por algún comentario ocasional o por haber visto la foto que Dane tenía pegada en su taquilla. E incluso si supieran que Darling estaba dentro, rescatarla en esta situación sería imposible...


​De pronto, recordó a Dane lanzándose a las llamas para salvar al perro de un desconocido. En aquel momento no pudo entenderlo. En realidad, seguía sin entenderlo. Aunque ocurriera lo mismo ahora, Grayson nunca actuaría como Dane, jamás.


​Pero aquellla era la Darling de Dane.


​Su razón le decía claramente que la gata estaba muerta, que era imposible sobrevivir a aquel infierno.


​Sin embargo, Darling ya había pasado por una crisis similar una vez. Aquel valiente gato había resistido entre las llamas, había sobrevivido y, aunque perdió la vista y el oído, seguía viviendo con determinación.


​Hasta hace apenas un momento.


​’—Darling.’


​La imagen de Dane llamando a la gata por su nombre mientras lo acariciaba con ternura revivió vívidamente ante sus ojos. Si Darling moría...


​Sintió un escalofrío recorrerle la espalda a pesar del calor sofocante que lo empapaba en sudor. Grayson parpadeó y observó la casa envuelta en llamas.


​Esto es una locura.


​Grayson se mordió el labio. Sabía perfectamente que cometer una estupidez semejante no tenía sentido.


​Pero.


​—Miller, ¿qué haces?


​Ezra fue el primero en notarlo y gritó su nombre. Pero Grayson no lo oyó. Como si estuviera hechizado, sus pasos se aceleraron hasta que empezó a correr.


​—¡Miller! ¡¿Miller?!


​—¿Qué pasa? ¿Por qué? ¿Qué sucede?


​Los demás bomberos gritaron sorprendidos a sus espaldas, pero ya era tarde. Grayson ya se había adentrado en el fuego.

—¿Por qué...por qué hace eso?


Gritó Deandre, asombrado.

Ezra sacudió la cabeza, igual de desconcertado.


​—No lo sé, entró de repente.


​—¿Qué? ¿Por qué? ¿A santo de qué?


​—¡No lo sé! ¡Ninguno lo sabemos!


​—¡Maldito loco de mierda! ¡¿Por qué tiene que causar problemas otra vez?!


​Los clamores estallaron por todas partes. Wilkins, también desconcertado, recuperó la compostura rápidamente y dio órdenes.


​—Seguirlo ahora mismo es peligroso, así que apaguemos el fuego primero. Yo intentaré contactar con Miller por radio; vosotros concentraos en esta casa y en la última. ¡Rápido, que no se extienda más!


​Tras gritar con aspereza, vio cómo sus hombres se dispersaban con rapidez y sacó apresuradamente la radio.


​—Miller, Miller. ¿Me recibes? ¡Miller!


​Gritó repetidamente, pero no obtuvo respuesta. Wilkins maldijo y se llevó una mano a la frente. Las llamas no daban señales de amainar; solo seguían alzándose incesantes hacia el cielo.



***



—¡Wow!


​El fuego estalló ruidosamente frente a sus ojos, emitiendo un sonido espeluznante. Grayson soltó una breve exclamación y retrocedió apresuradamente. Por poco lo envuelven las llamas. Aunque llevaba puesto el traje ignífugo, quedar cubierto por el fuego no era algo fácil de sobrellevar.


​Era la primera vez que se daba cuenta de que el fuego podía emitir semejantes alaridos al arder. Con una sensación de escalofrío, soltó un breve suspiro y volvió a mirar a su alrededor. El lugar ya estaba saturado de humo y cenizas. Varias partes se habían derrumbado y roto, dejando el suelo tan irregular que era difícil mantener el equilibrio.


​Haa, haa. Haa, haa.


​Grayson respiraba con dificultad dentro del casco mientras inspeccionaba el interior a toda prisa.


​—¡Darling, Darling! ¿Dónde estás? ¡Sal de ahí, Darling!


​Gritó con fuerza, pero su voz fue engullida por las llamas y se dispersó inútilmente. Intentó limpiarse el sudor de la frente sin pensar, pero su brazo solo rozó el exterior del casco.


​Es así de doloroso estar aquí dentro.


​Sintió un impulso repentino de salir corriendo. ¿Por qué? ¿Por qué tenía que estar pasando por esto? Solo era una gata. Una gata fea, vieja, sorda y ciega. De todos modos, era tan vieja que no viviría mucho más. Es más, lo más probable era que ya hubiera muerto entre las llamas. ¿Por qué demonios tenía que sufrir tanto buscando a una gata que seguramente ya no existía?


​—¡Darling, joder, sal de una vez!


​Gritó de nuevo entre insultos. El sonido de su propia respiración agitada quedaba atrapado dentro del casco, lastimándole los oídos. No sabía si era por la falta de oxígeno o por el pánico, pero empezó a sentir un leve mareo.


​—Mierda, ¿dónde demonios se habrá metido...?


​Grayson murmuraba para sí mismo mientras seguía soltando improperios. El salón ya estaba totalmente calcinado. El árbol rascador donde Darling solía tumbarse perezosamente al sol se había derrumbado hacía rato. Ya había revisado toda la primera planta, así que solo quedaba la segunda. Tenía que arriesgarse a subir por unas escaleras que ya estaban medio derruidas; existía el riesgo de morir por la caída antes que por el fuego.


«Los gatos se esconden cuando hay una situación de crisis.»


​De repente, recordó algo que había oído sobre los gatos. Como él tenía perro, en su momento ignoró aquel comentario, burlándose de lo estúpidos que eran. Por eso siempre pensó que los gatos eran tan inútiles como los pájaros. Seres arrogantes que actuaban a su antojo sin proteger la casa ni arriesgar la vida por su dueño. Bolas de pelo que no acudían cuando las llamabas y que, en momentos críticos, solían esconderse para fastidiar a los demás.


​¡Lo ves! Es justo como pensaba.


​Grayson apretó los dientes mientras pensaba para sus adentros. ¡Qué Darling ni qué ocho cuartos, se debería llamar Lucifer! Repitiendo el nombre del demonio en su cabeza, subió las escaleras de un salto. A sus espaldas, resonó el estruendo de otra parte de la estructura cediendo ante el fuego.


​—¡Darling, Darling! ¡Joder, sal ya!


​Grayson recorrió la segunda planta gritando hasta desgañitarse. Era una casa pequeña de apenas tres habitaciones, ¿cómo podía ser tan difícil encontrar a un animal tan diminuto?


​Levantó estanterías caídas, rompió armarios empotrados que ardían con su hacha para mirar dentro, y volvió a maldecir.


​¿Dónde? ¡¿Dónde demonios estás?!


​Mientras corría de un lado a otro revolviendo los restos de la casa destrozada, en un arrebato de frustración, levantó el colchón y lo lanzó lejos. En ese instante, se quedó petrificado. Allí, en el estrecho hueco entre la pared y el colchón, vio una bola de pelo cenicienta. Estaba acurrucada, inmóvil. No había duda: era la gata que Grayson había estado buscando desesperadamente.


​—¡Darling!


​Grayson extendió la mano apresuradamente mientras llamaba a la gata. Pero fue un gran error. La gata, que ya había sobrevivido a un gran incendio quedando discapacitado, no podía ver ni oír, pero recordaba perfectamente aquel calor abrasador.


​Al desaparecer el colchón, sintió de golpe el calor aterrador del fuego en su pequeño cuerpo y entró en pánico. Darling empezó a aullar como si gritara y salió disparada. Al verla correr a ciegas sin rumbo fijo, Grayson gritó asustado.


​—¡Darling, no! ¡Detente!


​La persiguió a toda prisa, pero Darling escapó de sus manos con una velocidad asombrosa. Era una rapidez que nada tenía que ver con la imagen perezosa que solía dar tumbado en su rascador, lo que dejó a Grayson lívido.


​—¡Darling, te he dicho que te detengas! ¡Para ahí!


​Siguió persiguiéndola mientras la llamaba. Darling pareció intentar bajar por las escaleras que apenas se mantenían en pie, cuando de repente intentó trepar por la pared. Hasta el año pasado, cuando estaba de buen humor, solía jugar trepando por las paredes de la casa de Dane. Pero ahora sus articulaciones ya no aguantaban y correr no le resultaba fácil. En medio de la crisis, su cuerpo recordó viejos hábitos e intentó saltar hacia la pared, pero la realidad no estuvo a la altura. En el momento en que la gata dio un paso en falso y estaba a punto de caer, el suelo se derrumbó con un ruido estrepitoso.


​—¡Darling!


​Grayson gritó y se lanzó hacia la gata.



***



¡Maldición! ​Las llamas rojizas se alzaron con fuerza, devorando la casa como si fueran el fuego del mismísimo infierno. Al mismo tiempo, un estruendo escalofriante de algo derrumbándose resonó en el aire.


​—¡Darling!


​Ante el grito de Dane, los bomberos reunidos lo miraron desconcertados. Pero Dane no tenía tiempo para vacilar. Intentó lanzarse hacia el interior de la casa con el cuerpo descubierto, sin equipo alguno. Al verlo, Ezra gritó horrorizado:


​—¡Espera, Dane!


​—¡No, ¿qué haces?!


​Desde todas direcciones, lo sujetaron justo cuando iba a saltar al interior. Dane intentó zafarse, pero varios hombres corpulentos lo rodearon, formando una barricada humana que le resultó imposible de atravesar.


​—¡Soltadme! ¡He dicho que me soltéis!


​—¡Cálmate, Dane! ¡¿Qué te pasa?!


​—¡Darling está ahí dentro! ¡Darling!


​—¿Qué?


​—¿Cómo has dicho?


​Todos se miraron entre sí, confundidos. ¿Esta era la casa de Dane? ¿Darling? ¿Esa gato? ¿Qué debían hacer? Mientras las dudas se reflejaban en sus rostros, Wilkins intervino.


​—¿Qué hacéis todos aquí parados? ¡Dispersaos! Dane, ¿qué haces tú aquí? ¿Por qué estás en este lugar?


​—¡Es mi casa!


Gritó Dane antes de que nadie pudiera decir nada. 


—¡Darling está ahí dentro, tengo que salvarla! ¡Está sola! ¡Darling!


​—¡Es... espera! ¡Cálmate, Dane! ¡Tranquilízate!


​Wilkins lo abrazó con fuerza desde atrás. Atrapado por los poderosos brazos del exluchador profesional, Dane agitó las piernas y forcejeó con todo su cuerpo, pero no pudo liberarse. Wilkins siguió gritando:


​—¡Ya es tarde! ¡¿Cómo iba a sobrevivir en medio de ese fuego?! ¡Ríndete! ¡Incluso Miller ha entrado y no puede rescatarla! ¡Nadie puede entrar, a menos que esté loco!


​Ante esas palabras, Dane dejó de moverse. Mientras giraba la cabeza lentamente hacia él, Wilkins asintió con semblante sombrío.


​—Sí, estamos preparándonos para entrar en cuanto el fuego esté bajo control, pero en este momento no podemos salvar ni a una persona. ¿Cómo vamos a un gato...?


​La mente de Dane se volvió un caos. Ya era bastante difícil procesar lo de Darling, pero ¿qué acababa de oír?


​—¿Grayson Miller ha entrado? ¿A mi casa?


Preguntó volviéndose hacia Wilkins. 


—¿Por qué?

—Quién sabe qué pasa por la cabeza de ese tipo.


​Wilkins soltó un profundo suspiro de frustración. Fue en ese preciso instante cuando se produjo un alboroto inexplicable. Dane giró la cabeza y sus ojos se agrandaron gradualmente. Todos los que miraban en la misma dirección reaccionaron de igual manera. Se quedaron allí de pie, con los ojos como platos; incluido Wilkins, como si no pudieran creer lo que veían.


​De entre las llamas, surgió la figura de un hombre caminando con paso vacilante.


​—Grayson Miller…


Alguien murmuró entre dientes, como un susurro.


​Era una visión casi increíble. Él, que siempre lucía una apariencia impecable y pulcra, sin un solo detalle fuera de lugar, ahora tenía el rostro manchado de hollín negro y su pelo rubio platino, que solía cubrirle la nuca, estaba quemado en varias partes, hecho un desastre. 


Sus ojos violetas, que solían mirar a los demás con arrogancia, habían perdido su brillo por el cansancio, y sus hombros, que subían y bajaban con respiraciones pesadas, colgaban decaídos, de forma inusual.

Parecía alguien que acababa de librar una guerra en solitario. Y, de hecho, así era.


​—...Miller.


Repitió Dane su nombre como para sí mismo.


​Al sentir que Dane perdía las fuerzas, Wilkins lo soltó con cuidado. La mirada de Dane se desplazó del rostro de Grayson hacia la pequeña criatura que este sostenía con sumo cuidado entre sus brazos.


​Darling estaba con los ojos cerrados, respirando el oxígeno del interior del casco de Grayson. Grayson caminó tambaleante y despacio hacia Dane. Y, ante un Dane que permanecía inmóvil, le tendió lentamente a la gata que había estado protegiendo.


​Dane tomó a la gata en silencio, con extrema precaución. Se podía ver a simple vista cómo las manos de Grayson temblaban mientras le entregaba a Darling.


​Con la gato finalmente entre sus brazos, Dane contuvo el aliento y comprobó su estado. Cuando sus manos tensas acariciaron suavemente el cuerpo, la gata, que no se había movido, se estremeció. Al oír un débil maullido y ver cómo la gata intentaba frotar su cabeza contra su pecho, Dane pudo por fin soltar un suspiro de alivio desde lo más profundo de su ser.

—Espera un segundo.


​Tras pedirle brevemente disculpas a Grayson por la prisa, corrió hacia la ambulancia. El paramédico que estaba de guardia acostó a la gata con cuidado en el asiento trasero, le suministró oxígeno y le aplicó los primeros auxilios. Tras realizar las pocas pruebas que podía hacer en ese momento, llegó a una conclusión clara:


​—No tienes de qué preocuparte. Habrá que llevarla a una clínica veterinaria para un examen detallado, pero por ahora puedes estar tranquilo. Se le ha quemado un poco el pelo, pero está en muy buen estado considerando las circunstancias. No ha inhalado mucho humo.


​El paramédico levantó el casco que le había quitado a la gata y sonrió.


​—Parece que algún héroe valiente le prestó su propia vida a tu Darling.


​Dane contempló el casco en silencio. Al ver la parte de la máscara, que tenía una gran grieta, se quedó allí de pie, sin hacer el más mínimo movimiento.



***



Grayson estaba sentado solo, a cierta distancia de la escena del incendio. Se había dejado caer en el borde de la acera y sostenía una botella de agua vacía en una mano mientras miraba al vacío con la mirada perdida. Dane se acercó a él con pasos lentos. Los demás bomberos seguían moviéndose frenéticamente, ocupándose de los rescoldos y tratando de poner orden en el caos restante.


​—Miller.


​Al oír su nombre, Grayson se sobresaltó ligeramente y levantó la cabeza despacio. Dane observó fijamente sus ojos violetas, que aún permanecían nublados.


​Ya lo había visto antes, pero volver a mirarlo de cerca era un espectáculo digno de ver. Partes de su pelo revuelto se habían quemado y estaban cortadas por varios sitios; su rostro estaba cubierto de ceniza y polvo, sucio más allá de lo imaginable, y tenía pequeñas heridas con sangre coagulada aquí y allá. Al ver su aspecto hecho un desastre, Dane no pudo evitar soltar una risa amarga.

—Oye, guapo, ¿qué le ha pasado a tu cara?


​Ante el comentario en tono de broma, Grayson no dijo nada. Esta era otra reacción distinta a las habituales. Normalmente debería haber respondido con algo fuera de lugar que dejara al otro atónito, pero, por alguna razón, se limitó a mirar a Dane en silencio.


​Tal vez aún no ha recobrado el sentido después de vivir una experiencia así por primera vez.


​Es algo común entre los bomberos que no están acostumbrados. Sin embargo, Dane nunca imaginó que Grayson Miller mostraría esa reacción. ¿Por qué demonios se lanzó solo a esas llamas? Podría haber perdido la vida de verdad.


​Tenía muchas preguntas, pero Dane solo tenía una cosa que decir en ese momento. Movió los labios lentamente:


​—Gracias.


​Ante ese agradecimiento tranquilo, Grayson parpadeó por primera vez. Dane continuó hablando mientras mantenía la mirada fija en él:


​—Darling está bien. Tendré que hacerle pruebas más detalladas, pero... en fin, es gracias a ti. Gracias.


​Era un tono suave que nunca antes le había dirigido a Grayson. Este solo parpadeaba, como si estuviera ido. Dane se sintió un poco avergonzado por esa reacción y se rascó la nuca.


​—Aun así, me has dado un buen susto. Nunca imaginé que te lanzarías al fuego para salvar a Darling...


​Justo cuando Dane intentaba romper el ambiente incómodo, Grayson, que había guardado silencio hasta entonces, habló. Tras mover los labios un par de veces sin emitir sonido, finalmente su voz salió:


​—Tenía miedo de que me odiaras...


​Su voz estaba totalmente ronca, tal vez por haber inhalado humo o por alguna otra razón. Dane se quedó inmóvil y lo miró desde arriba. Pero Grayson dejó de hablar ahí y volvió a cerrar la boca, como si quisiera decir algo pero no encontrara las palabras.


​Dane no lo presionó y esperó allí de pie. Esperó hasta que Grayson encontrara la expresión adecuada. Este bajó la cabeza e intentó hablar varias veces, arrepintiéndose en el último momento.


​—Pensé que, si Darling moría, me odiarías para siempre. Al pensar en eso, yo...


​Grayson, que apenas había logrado articular palabra, se detuvo de nuevo. Sin saber cómo explicar sus pensamientos confusos, terminó enumerando sus sensaciones una a una:


​—Mi corazón latía como loco, me mareaba, se me secaba la boca...


​Al revivir el sentimiento de aquel momento, Grayson volvió a experimentar lo mismo. Dane vio cómo sus manos empezaban a temblar de nuevo.


​—Por eso, mi cuerpo se movió primero. Tenía que salvar a Darling... No pude pensar en nada más que en eso.


​Grayson soltó un largo suspiro. Dane, que lo observaba en silencio mientras él respiraba hondo con el rostro pálido, habló:


​—A eso la gente lo llama tener miedo.


​Grayson se quedó paralizado. Tras lo que pareció un momento de rigidez, levantó la cabeza lentamente. Sus miradas volvieron a cruzarse, pero Dane no la apartó. Mientras seguía mirándolo, repitió las mismas palabras con calma:


​—Eso que sientes ahora es precisamente la emoción del miedo. Es parecido al temor.


​Grayson parpadeó despacio. Como un niño que experimenta algo desconocido por primera vez, saboreó las palabras de Dane en su interior. Y luego, lentamente, Grayson movió los labios:


​—...Tuve miedo.


​—Sí.


​Dane dijo eso y se inclinó. Arrodillándose con una pierna, abrió los brazos y abrazó a Grayson.


​—Buen trabajo, Miller.


​Como si lo hiciera con un niño, Dane le dio un par de palmaditas en la espalda. Grayson se quedó allí, abrazado a él, con los ojos muy abiertos y la mente en blanco. Su corazón latía con tal fuerza que parecía que iba a estallar, pero era distinto a lo que le acababa de confesar a Dane. Le costaba respirar y sentía el mismo vértigo que le hacía dar vueltas a todo, pero definitivamente no era miedo. Esto era, esto era...


​—...Me gustas.


​Grayson confesó, como si exhalara un aliento contenido. La mano de Dane, que le daba palmaditas en la espalda, se detuvo en seco. Tras un silencio de unos segundos, Dane se separó lentamente.


​A una distancia tan corta que sus alientos se rozaban, ambos se miraron a los ojos. Grayson observó el rostro de Dane y, como si fuera un lamento pero cargado de una convicción ardiente, confesó de nuevo:


​—Creo que... te amo.


​¡CRAAAAACK! Justo en ese momento, tras ellos, la casa que apenas se mantenía en pie se derrumbó por completo.



Raw: Joicy Graciely.

Traducción: Ruth Meira.

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