Caramelo Ñam Ñam epílogo

Epílogo.


Sobre la carretera, donde aún quedaban marcadas las huellas de la lluvia reciente, se posaba un tenue atardecer. Era una hora ambigua, todavía demasiado temprano para llamarla noche. Un taxista, que merodeaba cerca de una zona de bares aún desierta esperando algún cliente, divisó a un estudiante que agitaba la mano con un fervor casi desesperado.


Tenía una estatura tan imponente que resultaba intimidante, y sus músculos se marcaban con claridad bajo la ropa; un físico que se sentía sólido pero que, para nada, aparentaba ser torpe. Era el tipo de universitario que, con solo mirarlo, sabías que se dedicaba a los deportes.


El taxista redujo la velocidad gradualmente y estacionó el vehículo en el arcén. Impaciente, el estudiante abrió la puerta de par en par antes de que el coche se detuviera por completo. Una racha de viento frío con olor a lluvia se coló en el interior.


Sin embargo, la persona que entró primero al taxi no fue el estudiante con porte de atleta. El taxista se sorprendió un poco al ver subir a alguien de quien ni siquiera había notado la presencia; el chico que acababa de entrar había estado oculto tras la gran envergadura del otro estudiante.


El joven de pelo teñido de rubio recordaba a esos cantantes actuales que salen en la televisión. Tenía rasgos delicados y, aunque no era bajo, al estar junto al estudiante corpulento se veía mucho más delgado y menudo. Además, vestía tan bien que uno podría creer que era un ídolo de verdad.


—Vaya a la puerta trasera de la Universidad Hansi, por favor.


—¿A la Hansi?


—La que está en Seúl. La Universidad Municipal de Corea. En Mapo... Mapo-gu, Saebyeoksan-ro 77.


El estudiante que había hecho subir a su amigo primero dictó el destino como una ráfaga, antes siquiera de apoyar el trasero en el asiento. El taxista, preguntándose qué prisa tendrían, se dio cuenta de que iban hacia Seúl y comenzó a circular lentamente tras confirmar que el destino de los dos pasajeros era de Ilsan a la capital.


Solo después de salir a la carretera principal y quedar retenido por un semáforo en rojo, el taxista introdujo la dirección en el navegador. Mientras tecleaba el destino con torpeza, su mirada se desvió hacia el retrovisor.


—Me sale que es una zona de villas, ¿es correcto este lugar?


—Sí, exacto. ¿Cuánto tardaremos?


—Marca 26 minutos.


—¿26 minutos? ¿No puede ir un poco más rápido?


—¿Pasa algo urgente?


—...Ah, eh...los fogones. Creo que me dejé el gas encendido. Yo...yo vivo solo allí.


—Vaya, hombre. Cómo se le pudo olvidar eso.


Al verlo titubear y mostrarse tan agitado, el taxista también se contagió de la prisa. En cuanto aumentó la velocidad constante que llevaba, el estudiante rubio regañó en voz baja al que parecía deportista mientras le daba un golpe, sin mucha fuerza, en la rodilla.


—De verdad... uf...


A esa hora, lo habitual era que hubiera pocos vehículos hacia Seúl, por lo que el camino no estaba congestionado. El tiempo estimado se redujo de 26 a 23 minutos.


Mientras se concentraba en la conducción escuchando anécdotas triviales en la radio, el taxista se percató de repente de que la parte trasera estaba demasiado silenciosa. Tras treinta años trabajando en el taxi solo en Ilsan, conocía de memoria los diversos patrones de sus clientes.


Normalmente, cuando subían dos hombres que parecían amigos, no paraban de charlar durante todo el trayecto. Cuanto más bebían, más alzaban la voz, y era frecuente que entablaran conversación con el conductor con total desparpajo.


Cuando no decían nada, solía ser porque estaban tan ebrios que no podían ni mantenerse en pie, o porque uno de ellos se sentía mal. El conductor echaba vistazos de reojo por el espejo a los pasajeros que emanaban una atmósfera extraña; ladeó la cabeza al ver que ninguno parecía borracho ni enfermo.


El mundo es amplio y hay gente de todo tipo, así que no hablar no tenía por qué ser raro, pero por alguna razón, esa actitud tan peculiar no dejaba de llamarle la atención.


El estudiante que parecía deportista no dejaba de mover la pierna. Se secaba las palmas de las manos en los muslos como si le sudaran. Movía la pierna con tal frenesí que ni siquiera los atletas nacionales que van a las Olimpiadas parecerían tan nerviosos.


En contraste, el estudiante que parecía un cantante estaba quieto. Más que quieto, estaba mudo. Ni siquiera se le oía respirar; estaba pegado a la ventanilla mirando el paisaje exterior con una rigidez que hacía temer que le acabara doliendo el cuello. De vez en cuando, al pasar bajo las brillantes farolas, solo se alcanzaban a ver sus orejas completamente rojas.


En fin. Era una combinación curiosa.


El taxista, mientras pisaba el acelerador, seguía dándole vueltas de forma intermitente a esos dos estudiantes que tanto le atraían la vista. ¿Serían amigos? ¿O un famoso no muy conocido y su mánager? ¿Hermanos?


Mientras tanto, llegaron a las proximidades del destino seis minutos antes de lo previsto. Al subir por una carretera de dos carriles con pendiente hasta casi la cima de la colina, aparecieron los edificios de estudios típicos de las zonas universitarias.


El estudiante, que había movido la pierna con más fuerza a medida que se acercaban al destino, extendió rápidamente los billetes que ya tenía preparados. Eran treinta mil wones. Como la cantidad marcada en el taxímetro era de veintitrés mil wones, el conductor iba a entregarle el cambio, pero levantó la vista al oír el sonido del portazo.


—¡Quédese con el cambio! ¡Gracias! ¡Vaya con cuidado! ¡Sea feliz!


A decir verdad, no estaba seguro de haberlo oído bien. Le sonó parecido a esas canciones que los tipos coloridos de la tele, raperos o lo que sean, sueltan como una ráfaga sin ser música ni nada.


¡Bang! La puerta se cerró con brusquedad. El taxista, que sostenía unos tres mil wones para dar el cambio, murmuró "Vaya, hombre..." y volvió a guardar el dinero en el cajetín de los billetes.


No sabía en qué momento se había bajado, pero el estudiante rubio que parecía un cantante ya no estaba a la vista. Debía de haber entrado ya. Acto seguido, el estudiante deportista corrió apresuradamente hacia el interior del edificio.


Aunque eran unos clientes peculiares, el conductor se sintió de buen humor al haber ganado siete mil wones extra y empezó a tararear una melodía. Además, por suerte, la aplicación del taxi le asignó un cliente en la zona universitaria que quería volver a Ilsan.


El taxista soltó una risita al recordar el saludo tan repentino de "¡Sea feliz!" que exclamó el estudiante deportista al final. Tenía la sensación poco científica de que, gracias a ese deseo, le estaban pasando cosas buenas.


—Sí... sean felices ustedes también, muchachos...


Tarareando para sí mismo unas palabras que ya no llegarían a sus destinatarios, el taxista descendió lentamente por la cuesta.



***



—¡Ugh...! ¡Mmm...!


¡Bang! La puerta se cerró con estrépito. Hyun-oh, que intentaba quitarse los mocasines empapados por la lluvia para entrar, terminó chocando contra la pared al recibir el beso de Do-jin, quien se le abalanzó mucho más rápido de lo esperado.


Bajo sus rodillas se escuchó el alboroto de sus zapatos enredándose. ¡Tac! Do-jin encendió la luz fluorescente de un golpe seco y, cargando a Hyun-oh en vilo, lo llevó directamente a la cama.


—¡Ah! Me asustaste... ¡Hhp...!


Hyun-oh frunció el ceño ante la claridad repentina, pero al sentir que su cuerpo era elevado, soltó un quejido y rodeó el cuello de Do-jin con más fuerza. Do-jin, por su parte, presionó sus labios con fiereza para pegarse a él lo más posible, succionando la carne blanda de su boca.


—¡Mnn...! ¡Ah...!


Con las piernas rodeando firmemente la cintura de Do-jin, Hyun-oh aterrizó en la cama colgado de él como un koala. Incluso el frío que emanaba del colchón rígido que venía por defecto en el estudio, y el edredón impregnado con el aroma de Do-jin, se convirtieron en potentes estimulantes para él.


Unas manos urgentes, que se sentían casi violentas, desabrocharon la hebilla del pantalón de Hyun-oh. Acto seguido, presa de la ansiedad y sin medir su fuerza, Do-jin le bajó los pantalones con brusquedad.


Siguiendo la ley de que tras una reconciliación vienen servicios coquetos y sexo desenfrenado, Hyun-oh se había puesto unos pantalones fáciles de quitar. Tal como predijo, la prenda cayó sin resistencia. Do-jin, tras deshacerse de ellos tirándolos a cualquier parte después de que Hyun-oh levantara un poco la cadera, apretó el bulto de carne sobre los calzoncillos de este.


—¡...Ah!


—¿Ya te corriste?


—No... no me he corrido...


Do-jin, acariciando con la yema de los dedos el líquido preseminal que ya había empapado la tela, murmuró:


—¿En serio? ¿Entonces por qué está tan mojado?


—No está mo... ¡ahhh...!


La frase de Hyun-oh quedó a medias cuando Do-jin metió la mano dentro de sus calzoncillos y lo apretó. Su pene, que ya estaba erecto desde que estaban en el taxi, soltó gotas de líquido viscoso ante el estímulo directo.


—Ahh. De verdad que has soltado un montón.


El pene de Hyun-oh, que quedó al descubierto a medio vestir, y el vello fino y claro que lo rodeaba, estaban empapados de líquido preseminal turbio. Hyun-oh, encendido en rojo en un instante, se cubrió la cara con ambas manos.


—...Te voy a matar, joder...


—Por eso te dije que hubiera sido mejor ir a un motel cercano


Refunfuñó Do-jin mientras sacaba con cuidado los condones que Hyun-oh le había dado. Hyun-oh, que se tapaba la cara, bajó las manos lentamente al oír el sonido de Do-jin desvistiéndose prenda por prenda.


¿Ir a un motel cercano? Era una locura. ¿Qué excusa les darían a sus amigos? Además, no había garantía de que nadie los viera saliendo de un motel en este barrio donde ambos habían vivido durante veinte años.


El plan original de Hyun-oh era aclarar el malentendido, crear un ambiente suave y tierno, despedirse de los amigos con naturalidad y, tras intercambiar miradas cómplices, empezar el juego principal a solas.


Pero Hyun-oh no contó con que Do-jin huiría al verlo, ni que terminaría confesándose entre peleas en un callejón desierto lleno de colillas y basura, ni mucho menos que Do-jin se pondría como un loco diciendo que se moriría si no probaba a Hyun-oh en ese mismo instante. Tuvo que cambiar sus planes por completo.


Primero, envió un mensaje individual al amigo que más ayudó a traer a Do-jin: “Voy a hablar con Do-jin y arreglar las cosas. Invéntate cualquier excusa.”


Fue una excusa que sacrificó el honor social de Do-jin, pero resultó útil en ese momento. Do-jin, que estaba a punto de tirarse al suelo de la calle mientras buscaba alojamientos cercanos en su móvil, solo cedió cuando Hyun-oh le advirtió:”¡O lo hacemos en tu casa o en la mía, o no lo hacemos!”. Así que, con Do-jin quejándose de que le dolía de tanto estar erecto, tomaron un taxi de vuelta de Ilsan a Seúl.


—¿Estás loco?


Do-jin, mirándolo desde arriba, entrecerró los ojos con una sonrisa alargada.


—Es verdad. Estoy loco por ti...


—¿Quieres que cortemos?


—...Siempre me buscas pelea aunque te dé la razón.


Protestó Do-jin con un mohín mientras terminaba de quitarle la camisa a Hyun-oh. Cada vez que sus manos grandes rozaban los botones, el cuerpo de Hyun-oh se estremecía.


—Pensándolo bien... si hubiéramos ido a un motel, tendríamos que habernos quedado tres días seguidos, ¿no? Habría que darte de comer y dejarte ir al baño entre medias. Un motel no es cómodo para quedarse tanto tiempo. Qué bueno que vinimos a mi casa, ¿verdad?


Aunque Do-jin intentara parecer inofensivo con esa voz dulce, Hyun-oh sintió un escalofrío en la nuca. ¿Tres días? ¿Tres días? ¿De verdad tres días...? Darle de comer y dejarlo ir al baño... ¿Tres días...?


Por alguna razón, Hyun-oh pensó que se había metido en un buen lío. Por supuesto que esperaba sexo intenso tras la reconciliación, ¿pero tres días...? Seguro que es una broma fanfarrona, pensó Hyun-oh, intentando calmar su ansiedad.


...Al bajar la vista, vio el pene de Do-jin, que al estar completamente desnudo mostraba una erección feroz. El tamaño era impresionante, llegando casi hasta su ombligo. Joder...los condones...son diez...si rompo unos cinco fingiendo que no me di cuenta...


—¡...Ah!


Los pensamientos de Hyun-oh se interrumpieron cuando sus calzoncillos, que colgaban de sus muslos, fueron retirados por completo. Do-jin, que lo miraba desde arriba totalmente desnudo con una sonrisa de niño travieso, susurró:


—Cochino.


—¿Qué...? ¡Ah!


Al darse cuenta de hacia dónde se dirigía la mirada de Do-jin, Hyun-oh apretó los muslos intentando ocultar sus partes íntimas. Do-jin, que ya lo había visto todo, sonrió con malicia. Deslizó ligeramente sus manos por debajo de las corvas de Hyun-oh y lo empujó hacia atrás hasta que su cabeza tocó la pared, para luego subir de un salto a la cama.


—Yo te voy a lavar.


—¡Maldito loco! ¡Ah! ¡Aaah-hht!


Do-jin, sujetándolo de las corvas para abrirlo de par en par, agachó la cabeza. Sin dudarlo, mordió la punta del pene que estaba cubierto de líquido preseminal y jugueteó con la punta del glande usando su lengua. Ante el estímulo directo en esa zona sensible, la cintura de Hyun-oh dio un brinco.


La lengua caliente que recorría el glande de tonos rosáceos se adentró sin piedad en la uretra. Hyun-oh se tapó la boca con la mano, reprimiendo a la fuerza un gemido que estaba a punto de estallar.


Su vientre, aplanado por la tensión, temblaba incontrolablemente. Do-jin acariciaba los prominentes huesos de la pelvis de Hyun-oh mientras se metía el pene más profundamente en la boca.


—Hmp... ¡Ahh...! ¡Uhh...!


Hyun-oh cerró los ojos con fuerza, dejando escapar gemidos agudos a través de su mano. La mucosa cálida y húmeda del interior de la boca acogió el pene de Hyun-oh sin dificultad.


Do-jin, que continuaba con la felación succionando hasta casi la zona de la úvea sin mostrar signos de cansancio, separó los labios provocando un sonido viscoso de saliva.


—Huuu... Ha, haaa... Uuu...


—No llores. Ya está limpio.


Hyun-oh se secó con el dorso de la mano las lágrimas que se habían acumulado sin darse cuenta y fulminó a Do-jin con la mirada. Do-jin, al ver el pene de Hyun-oh hinchado y enrojecido por el estímulo a pesar de estar limpio, levantó las comisuras de los labios con picardía y asomó un poco la lengua.


La lengua blanda y caliente lamió el perineo y subió de largo para hacerle cosquillas a los testículos de Hyun-oh de forma juguetona. Hyun-oh, con los dedos de los pies encogidos, dejó escapar un gemido que no pudo contener.


—¡Ah, a-ah-hht...! ¡Oye, oye, o-oyeee...! ¡No, no!


Al darse cuenta de lo que Do-jin planeaba hacer gracias a sus experiencias pasadas, Hyun-oh suplicó casi llorando. Sin embargo, como siempre, Do-jin no escuchó sus súplicas.


Sus manos, que bajaban por los muslos, ejercieron una fuerza intensa. Como si fuera un niño pequeño al que le cambian el pañal, Hyun-oh se vio obligado a levantar la cadera apoyando todo su peso solo en la parte baja de la espalda, mientras volvía a taparse la boca con ambas manos.


Do-jin acercó sus labios sin vacilar hacia la zona que ahora quedaba expuesta y lista para ser succionada. Era demasiado vergonzoso. La humillación y el bochorno cayeron sobre Hyun-oh como un tsunami. Una masa de carne con un calor tan intenso como el de Do-jin le hacía cosquillas en sus partes más privadas.


Do-jin, que sometió a Hyun-oh sujetando firmemente sus corvas mientras este forcejeaba, hurgó en su parte baja con mayor intensidad. Sentir el tabique nasal de otra persona presionando su perineo le daba muchísima vergüenza. Cada lugar que tocaba esa lengua que se abría paso hacia el interior se volvía tan caliente como si le hubieran prendido fuego.


Hyun-oh, que sollozaba con la voz reprimida por su mano, forcejeaba intentando golpear el hombro de Do-jin con sus puños cerrados. Sacudía la cabeza, intentaba empujar a Do-jin, era un caos.


—No lo hagas, basta, ah, a-ah, no, ¡noooo...!


—Es que te corriste tanto que te mojaste hasta aquí.


—¡No digas, ah-hng, tonterías, ahhh! ¡No hables, uuh, m-mmn, pegado ahí, ah! ¡Ah-huuu...!


La lengua que lo había estado hostigando durante un largo rato se retiró. Do-jin, sin siquiera pensar en limpiarse el brillo que le quedó alrededor de la boca, extendió la mano hacia el escritorio que estaba junto a la cama.


Desde hacía un tiempo, Do-jin tenía una loción preparada en su escritorio. Justo al lado de la cama, a una distancia donde podía alcanzarla con solo estirar el brazo.


—Como ya te lavé bien, vamos a ponernos loción.


—...Maldito...


—Haa. Nuestro Hyun-oh va a quedar bien hidratado.


—¡Cállate!


Era una burla evidente. Hyun-oh gritó con fuerza mientras se cubría con el dorso de la mano sus ojos, que por alguna razón sentía que se iban a llenar de lágrimas. Maldito loco. Debí dejar que se fuera al servicio militar. Un arrepentimiento tardío empezó a invadirlo.


Do-jin, al ver a Hyun-oh estremecerse de disgusto, soltó una pequeña risa y abrió la tapa de la loción. Justo cuando iba a inclinarla para sacar el contenido con familiaridad, se detuvo soltando un gemido como si recordara algo.


—Los anillos de pareja se ponen en los dedos.


Hyun-oh se puso ansioso. Do-jin sonrió con malicia y extendió la mano hacia los condones que había sacado y guardado con cuidado. Pero antes de tocar los de aroma a uva o fresa, cambió de parecer y estiró el brazo un poco más hacia adentro.


—Como son nuestros anillos de pareja, sería un desperdicio usarlos. Vamos a conservarlos como un lindo recuerdo.


—¿...Conservarlos...?


—Tengo los condones que usábamos antes.


Al oír decir eso a aquel que afirmaba ser un eyaculador precoz, que no lo era, capaz de gastar diez en una hora, Hyun-oh no supo si sentirse aliviado o ansioso. ¿Significaba que no lo harían diez veces?


Lo que Do-jin trajo fueron los condones que Hyun-oh, en su momento, intentó autoconvencerse de que eran chicles de globo comprados por error. Do-jin los sacó de la caja con movimientos descuidados. Quedaban tres en total.


¿Acaso tres sería mucho mejor que diez? Mientras Hyun-oh dudaba si sentirse aliviado, abrió los ojos de par en par al ver a Do-jin romper el envoltorio y ponerse la fina membrana de goma opaca en sus dedos índice y corazón juntos.


—Me queda un poco flojo...


Do-jin chasqueó la lengua y terminó metiendo también el dedo anular dentro del condón. Al juntar los tres dedos, se veían incluso más grandes que el tamaño promedio de cualquier hombre. Definitivamente eran más grandes que los de Hyun-oh.


Aquello de que "los anillos de pareja van en los dedos" parece que tenía esa intención. ¿Pensaba meter todo eso de una vez? Hyun-oh, horrorizado, abrió los ojos tanto que se le veía lo blanco por arriba y por abajo.


Do-jin, que se puso una gran cantidad de loción blanca en los dedos, le dio palmaditas en la pantorrilla a un Hyun-oh que temblaba ligeramente. Fue un consuelo innecesario, como si hubiera adivinado los pensamientos de Hyun-oh.


—Ya es tarde. Estás atrapado. Choi Hyun-oh es mío.


—¡...Lárgate! ¡Loco, esa cosa tan bruta en mi, oye! ¡Oye! ¡Oye, hijo de puta!


Do-jin soltó una risita y, como si nada, empezó a deslizar sus dedos en el interior de Hyun-oh. Sin embargo, Hyun-oh se resistió apretando con fuerza su parte trasera. Además, lo fulminó con la mirada con todas sus fuerzas. Do-jin añadió entonces con una voz llena de ternura, fingiendo timidez tardía:


—Por supuesto, Do-jin también es de Hyun-oh.


Qué tipo tan raro. Realmente raro. Al final, Hyun-oh tuvo que sorber por la nariz y aceptar los dedos de Do-jin. Los dedos, cubiertos de loción resbaladiza, se adentraron en su zona privada sin ninguna resistencia.


Pensó que sería difícil que entraran tres de golpe, pero fue más soportable de lo que esperaba. Do-jin, que observaba cómo el tórax de Hyun-oh subía y bajaba debido a su respiración agitada, dobló las yemas de sus dedos con bastante destreza para estimular el punto donde Hyun-oh sentía más placer.


—¡Ah, aaah! ¡Haaa!


Debido a la erección que mantuvo durante el trayecto de Ilsan a Seúl, sumada a la succión previa de Do-jin, el semen brotó de golpe desde la punta de su pene. El eyaculado manchó su sexo, el vello púbico y su bajo vientre.


Do-jin, que observaba con la boca entreabierta la forma en que Hyun-oh eyaculaba, tragó saliva con fuerza. Hyun-oh, que respiraba con tal intensidad que su pecho subía y bajaba tras sentir finalmente la sensación de la descarga, puso ojos de desconcierto cuando Do-jin retiró los dedos de forma apresurada.


Do-jin también había estado erecto desde que estaban en el taxi, al igual que Hyun-oh. Su pene, con las venas marcadas y latiendo, parecía estar cerca de su límite. Tras tragar saliva una vez más, Do-jin murmuró un insulto en voz baja.


—Ah.. joder...


Desprendiendo un calor abrasador, Do-jin abrió las piernas de Hyun-oh con impaciencia. En cuanto el glande rozó su entrada, Hyun-oh abrió los ojos de par en par por la sorpresa.


—Oye, espera, si lo metes así dolerá, me va a do... ¡Ah!


No lo preparó adecuadamente. Era algo que ambos sabían, pero Do-jin se adentró en el interior de Hyun-oh de un solo golpe, soltando una disculpa sin mucha convicción: "Lo siento".


—¡Ahhh...!


Hyun-oh volvió a eyacular mientras soltaba un sonido que parecía rasparle la garganta. A pesar de ser una inserción claramente apresurada, el pene de Do-jin entró hasta el fondo. Sintió como si sus órganos fueran desplazados, con la ilusión de que el pene de Do-jin llegaba hasta su boca del estómago.


Las manos de Hyun-oh, que arañaban las sábanas con agonía, temblaban violentamente. Do-jin, tras haber entrado por completo, soltó un suspiro cargado de impaciencia.


—Si hubiera sabido que iba a entrar directo, no habría usado condón.


Murmuró Do-jin tarde, quitándose de cualquier manera el condón intacto que cubría sus dedos para lanzarlo al suelo. Acto seguido, agarró los brazos de Hyun-oh, quien solo rascaba la sábana por el impacto de la inserción, y los rodeó alrededor de su propio cuello. Hyun-oh, que aún no se adaptaba a la posición de sus órganos repentinamente desplazados, no pudo responder y solo apretó los hombros de Do-jin hasta dejar marcas de uñas.


—Ah, aah... Ha, uuh... ¡Duele...!


Marcas rojas de uñas se dibujaron en los hombros y la nuca de Do-jin. En realidad, no era dolor lo que sentía, pero al intentar expresar con palabras sencillas esa extraña sensación que se acumulaba en su bajo vientre, no se le ocurrió otra cosa.


—¿Te duele?


—¡Mmn, uuh, aah!


Hyun-oh, que mordisqueaba sus labios mientras asentía con dificultad, terminó golpeándose la nuca contra la pared. ¡Pum! Fue debido al pene de Do-jin, que salía a medias para luego arremeter de nuevo. Esta vez sí le dolió de verdad.


—¡Aaagh!


—Lo siento. ¿Te dolió mucho?


Las lágrimas estuvieron a punto de brotarle. Mientras sentía dolor en la cabeza y una sensación extraña abajo, Do-jin envolvió la cabeza de Hyun-oh con cuidado y lo cambió de posición hacia donde estaba el cabecero de la cama.


—Ahora no te dolerá aunque te golpees la cabeza.


Do-jin estiró la mano a tientas y colocó una almohada mullida contra el cabecero. Hyun-oh, que observaba cómo quedaba atrapado bajo el cuerpo de Do-jin, sintió que su ansiedad crecía poco a poco al ver la sonrisa que este le dedicaba. De repente, Do-jin le dio un beso en la frente.


—Y a ti tampoco te dolerá. ¿Verdad?


¿Eh...? Mientras Hyun-oh estaba desconcertado, Do-jin, que lo envolvía con cariño, se distanció un poco. Sus pechos, que estaban cálidamente unidos, se separaron. Mirando hacia abajo, donde aún seguían acoplados, Do-jin acarició el vientre abultado de Hyun-oh y soltó un suspiro de satisfacción.


—Hyun-oh.


Cuando Do-jin lo llamó por su nombre omitiendo el apellido, Hyun-oh sintió una sensación extraña y cosquilleante, y movió sus ojos con timidez.


—...Sí.


—Estamos saliendo, ¿verdad?


—...Mmn...


—¿Verdad que somos novios?


Era una pregunta vergonzosa para Hyun-oh, en quien todavía predominaba la identidad de amigo de la infancia desde hace diez años. Incapaz de responder por la timidez, Hyun-oh asintió levemente para confirmar. Pero Do-jin parecía querer la seguridad a través de las palabras y preguntó una vez más.


—¿Sí o no? Dilo con palabras.


—...Sí.


Susurró Hyun-oh con una voz tan pequeña que parecía que se iba a hundir. A pesar de lo bajo que fue el sonido, se escuchó tan claramente que Hyun-oh sintió cómo sus orejas se calentaban de vergüenza. Incómodo, apretó los labios con fuerza para aguantar la situación.


—¿...A que sí? ¿Verdad? ¡Jo...de...r...!


Murmuró Do-jin para sí mismo. Sin embargo, su mirada seguía fija en Hyun-oh. Esta vez no parecía estar esperando una respuesta, pero la sensación era extraña. No, más que extraña, era escalofriante.


Do-jin, que acariciaba suavemente las piernas de Hyun-oh con sus manos aún impregnadas de excitación, le apretó los muslos con fuerza. Las piernas de Hyun-oh, que rodeaban de forma relajada la cintura de Do-jin, se tensaron al instante.


—¡Joder! ¡Estoy saliendo con Choi Hyun-oh! ¡Mierda!


—¡Ah! ¡Aaagh! ¡Aaah-hht!


De repente, Do-jin empezó a embestir como un loco. Sin medir su fuerza en absoluto, se entregó a un acto sexual repentino y lleno de alegría que dejó a Hyun-oh sufriendo las consecuencias. Desde la punta de su pene semierecto, el semen que aún quedaba goteaba poco a poco con cada estocada de Do-jin.


—¡Ah, ah, hht, hht! ¡Más despacio! ¡Ah-hht!


¡Es más, el ritmo de Do-jin, que estaba fuera de sí de felicidad, ni siquiera era el habitual! Normalmente, ¿no es el que penetra quien se mueve y el penetrado quien sigue el movimiento?


Al menos así había sido la vida sexual de Hyun-oh. E incluso cuando lo hizo hace apenas unos minutos con su amigo de la infancia convertido en amante, Hyun-oh se había dejado llevar por los movimientos de Do-jin.


Sin embargo, Do-jin, que estaba tan emocionado como un potro desbocado, se quedaba quieto y movía a un Hyun-oh que estaba atravesado por él. ¡Sujetándolo por los muslos y la pelvis! Sabía que Do-jin tenía fuerza, ¡pero no esperaba esto! ¡Se sentía como estar haciendo una posición de vaquero pero estando acostado! ¡Joder!


—¡Ah, ahh, aah, ha, mmn! ¡Me retumba la cabeza! ¡Ah, uuh...! ¡Es...cansado...!


Hyun-oh, cuya cintura estuvo a punto de romperse con el más mínimo movimiento, aplicó fuerza en su cuerpo para resistir a la fuerza. Como resultado, Do-jin terminó embistiendo a su antojo. Logró salvar su cintura, pero no pudo salvar su trasero.


—Aahh, haa, mierda, Hyun-oh, esto es demasiado bueno. ¡En serio! ¡Ah!


—¡Uhhh, ah, mmn! ¡Te dije que lo hicieras despacio, joder! ¡Ahhh!


Do-jin directamente agarró los muslos de Hyun-oh y embistió como quiso. Parecía que toda la paciencia que había mantenido durante menos de una hora hasta llegar al apartamento en Seúl se había quebrado por completo. Con las piernas atrapadas, Hyun-oh no podía escapar y solo retorcía la cintura sin poder salir de ese placer insoportable.


—¡Ah, aa, ah! ¡Ahhh...!


No solo golpeaba el punto sensible, sino que ante un placer que se sentía como ser pisoteado más que presionado, chispas saltaron ante sus ojos. Un frenesí que lo asaltaba una y otra vez sin darle tiempo a disfrutar. Antes de que la sensación de su primera eyaculación se desvaneciera, el acto continuó y Hyun-oh alcanzó el clímax una vez más soltando un gemido que era casi un grito.


El semen que salía parecía gotear como antes, pero Hyun-oh se vio envuelto en un clímax violento. En un abrir y cerrar de ojos, Hyun-oh, que había subido hasta cerca de la almohada en el cabecero de la cama, retorció su cuerpo agarrando la manta que tenía a mano, sumergido en una ola de placer.


—¡Ah...! ¡Ahhh...!


Casi al mismo tiempo, Do-jin también pareció eyacular, y por un momento, el sonido de la respiración jadeante de una bestia llenó el apartamento. Una sensación punzante de post-placer lo invadió. Hyun-oh sintió que iba a morir aplastado por el peso de Do-jin desplomado sobre él, pero al mismo tiempo sintió una sensación de seguridad.


Do-jin soltó un pequeño quejido y levantó el torso. Al alejarse el calor, sintió un leve escalofrío. Do-jin, que lo miraba en silencio, de repente chocó sus labios contra los suyos.


Sintiendo la temperatura de los labios que se tocaban suavemente, la carne blanda se introdujo de forma natural por la abertura. Como si lamiera lentamente el interior de su boca, Do-jin exploró a su antojo la dentadura de Hyun-oh, su saliva y la forma de su paladar.


—Ahh.... Mmm....


Un gemido tenue también escapó de Hyun-oh. Al escuchar ese pequeño quejido como de alguien enfermo, Do-jin separó los labios con un sonido de beso y miró fijamente a Hyun-oh.


Si estuviera bromeando sería una cosa, pero ver a Do-jin mirándolo seriamente sin una sonrisa era extraño y vergonzoso. Hyun-oh mordisqueó su labio inferior y evitó la mirada; repetía el ciclo de mirar a ninguna parte sin enfocar la vista, pero Do-jin seguía acariciando suavemente el pelo de Hyun-oh sin dejar de observarlo.


Fue entonces cuando Hyun-oh cruzó su mirada con la de Do-jin. Tras unos segundos densos y pesados, Hyun-oh puso cara de llanto y golpeó repetidamente el hombro de Do-jin.


—¡No, no dejes que se ponga más grande, maldito loco...!


—¿Te vas a enojar si lo hacemos de nuevo ahora?


—¡Es motivo de ruptura, hijo de puta!


—...Pues no me aprietes tanto ahí abajo entonces...


Do-jin refunfuñó soltando un quejido un poco más fuerte. Hyun-oh golpeó la piel desnuda de Do-jin con más fuerza. Al idiota musculoso no pareció dolerle nada y ni siquiera parpadeó.


—Entonces dame "pechito".


Do-jin se quejó con un puchero. Su mirada, que se volvió tan brusca como su tono de voz, bajó hacia el pecho de Hyun-oh. Este pudo recordar el mensaje que había enviado en el pasado.


—Ya se fue en taxi.


—Pero yo lo atrapé de nuevo.


Era una lógica que, extrañamente, te hacía pensar: "¿Ah, sí?". El entrecejo de Do-jin se frunció gradualmente y sus labios, que hasta hace un momento intercambiaban besos dulces, empezaron a sobresalir como el pico de un pájaro. Hyun-oh pudo sentir cómo el pene de Do-jin empezaba a recuperar fuerza y se sentía aún más grande.


Normalmente debería haber un tiempo de descanso tras eyacular una vez, pero Do-jin, con su resistencia de bestia y que no solía terminar rápido, tenía tendencia a presionar demasiado. Además, cuando se enfurruñaba, se portaba aún peor. Parecía mejor complacer el capricho de Do-jin que seguir sintiendo ese placer difícil de manejar.


—Oye, o-oyee... Primero, ya entendí, así que sá-sácalo.


—¿Me lo vas a dar?


—¡Sí! ¡Por eso te digo que lo saques!


Ante la respuesta afirmativa de Hyun-oh, Do-jin dejó de hacer el mohín y retiró lentamente su pene. Tras prometer el "pechito" y lograr evitar el segundo asalto, Hyun-oh soltó un suspiro de alivio en secreto. El pene de Do-jin, que salió deslizándose, estaba de nuevo pegado a su vientre y totalmente erecto, como si nunca hubiera eyaculado.


—Ugh... Qué asco... En serio...


Hyun-oh, sabiendo cuánto duraría aquello, se quedó asombrado y con cara de llanto. Sin importarle aquello, Do-jin agarró las muñecas de Hyun-oh y lo obligó a levantarse para apoyarse en el cabecero de la cama.


—¡Pechito!


—¡Que ya entendí, pedazo de mierda!


Do-jin se rió y se hundió en el regazo de Hyun-oh. Esquivando a Do-jin, que metía la cara en su pecho de forma bruta como si fuera a morderlo, Hyun-oh movió la cadera para encontrar una postura cómoda. En cuanto se movió, sintió el semen que Do-jin había dejado en su interior fluyendo hacia afuera.


A diferencia de Hyun-oh, que se preocupaba por lavar las sábanas, Do-jin estaba encantado y se acurrucaba en su regazo. Cuando el tipo, con semejante envergadura, intentó meterse a la fuerza encogiendo los hombros, Hyun-oh estalló a gritos.


—¡Ya basta!


Hyun-oh le dio una palmada en la cintura a Do-jin para que dejara de moverse y, sintiéndose realmente extraño, avergonzado y con ganas de matar a Do-jin, se sentó con las piernas cruzadas de modo que la parte exterior de sus muslos tocara completamente la cama.


Do-jin, con su pene bien erecto y los ojos brillantes, se acomodó rápidamente sobre él con agilidad. Logrando quedar acurrucado en una postura similar a la de un bebé siendo amamantado, Do-jin miró a Hyun-oh con ojos centelleantes. Seguía con el pene tieso.


Hyun-oh tuvo un momento para arrepentirse de sus palabras pasadas, debatiéndose entre el instinto paternal y la vergüenza. El brazo que sostenía la espalda de Do-jin empezó a dolerle. Fue porque Do-jin, sin pensar en su propio peso, se entregó por completo a Hyun-oh con todas sus fuerzas.


¿Pero qué estoy haciendo...? Hyun-oh sintió una profunda autoconmiseración al verse dándole el pecho a su amigo de la infancia. Do-jin, con ambas manos juntas dócilmente sobre su propio pecho, tragaba saliva con ansia.


—¿Puedo succionar?


—...Ha...


Hyun-oh soltó un suspiro profundo en lugar de responder. Al leer el permiso implícito en ese suspiro, Do-jin abrazó la espalda de Hyun-oh con fuerza y sin previo aviso.


—¡Ah!


Abrazándolo hasta dejarlo sin aliento por un instante, Do-jin llevó sus labios ávidamente hacia la areola de Hyun-oh. Sus dientes afilados rozaron la piel delicada. Como también rozó descuidadamente el piercing plateado, Hyun-oh sintió dolor y placer al mismo tiempo.


Do-jin, como disculpándose, rozó levemente el pezón con la punta de la lengua. Hyun-oh encogió los hombros cuando la lengua blanda rozó el sensible pezón, y terminó soltando un grito cuando Do-jin finalmente empezó a succionar con fuerza la areola y sus alrededores.


—¡Ah, ah! ¡Duele! ¡Ah!


Hyun-oh forcejeó, apartando incluso las manos que sostenían a Do-jin de forma estable. Sin embargo, Do-jin aplicó aún más fuerza en los brazos con los que abrazaba a Hyun-oh, impidiéndole escapar.


Un dolor y un placer similares a los de cuando manipuló bruscamente el piercing asaltaron a Hyun-oh al mismo tiempo. Pero la sensación de ser succionado como si estuviera amamantando se sentía mucho más intensa.


—¡Ah, duele, uuh, ah! ¡Ah.!


Incluso ante la fuerza de la succión, sus pezones, que se habían vuelto carnosos y sensibles desde que empezó su relación con Do-jin, sintieron placer. Hyun-oh, que gemía como si sollozara con la boca abierta, abrazó con fuerza la cabeza de Do-jin; entonces, este dejó de succionar y lo miró hacia arriba fijamente.


—¿Te duele?


—...Joder...joder... Trata bien a tu madre.


—Es que crecí tomando leche de fórmula. Por eso soy débil ante el "pechito".


Do-jin, que sonrió entrecerrando los ojos como si estuviera coqueteando, volvió a acurrucarse en el regazo de Hyun-oh. Cuando la fuerza del abrazo que parecía asfixiarlo disminuyó, Hyun-oh se desplomó contra el cabecero de la cama.


—Duele muchísimo, joder...


Sentía como si le hubieran succionado hasta el alma. Tras el paso del dolor, le invadió una punzante sensación de lasitud. Hyun-oh, con los labios entreabiertos como si estuviera ido, fulminó con la mirada a Do-jin, quien deslizaba su mano sigilosamente hacia su pecho.


Sin embargo, al darse cuenta de que Hyun-oh, sin fuerzas, ya no podía protestar más, Do-jin ni siquiera fingió estar asustado. Rozó con la yema del dedo el pezón que estaba rojo e hinchado. Quizás por haber sido succionado tanto, solo sentía una sensación punzante aunque débil.


Do-jin, que acariciaba suavemente el pezón y la areola de Hyun-oh, que últimamente parecían haber oscurecido su color, rodeó el pecho con la palma de la mano desde abajo hacia arriba, apretándolo para que sobresaliera a la fuerza.


—Mmn... ¡Ah!


Do-jin, que sujetó y fijó el pecho medio lleno en su mano sin lastimarlo, abrió la boca. Tras rodear el pecho que sobresalía de forma apetitosa, empezó a succionar de nuevo de forma lenta pero clara.


—¡Ah, aaah...! ¡Mmn...!


No había dolor. Debido a la lengua que lo acariciaba con una succión adecuada, a la humedad del interior de la boca y al acto de succionar rozando levemente el pezón carnoso y sensible, gemidos de excitación empezaron a brotar gradualmente de entre los dientes de Hyun-oh.


—¡Mmn, huuu, ha...! ¡Mmn...!


La fuerza en los brazos que sostenían la espalda de Do-jin fue aumentando. Sus hombros y brazos intentaban encogerse hacia adentro. Naturalmente, Do-jin terminó pegándose aún más a su pecho.


Era diferente a cuando antes se centraba solo en el pezón. Al ver a Do-jin succionando todo el pecho mientras hacía sonidos de succión sin lastimarlo, realmente se sentía como si lo estuviera amamantando.


—¡Huu, aaah...!


Parecía que iba a alcanzar un clímax superficial solo con que le succionaran el pezón. Hyun-oh soltó gemidos que parecían sollozos ante esa sensación borrosa que parecía ir y venir. Do-jin, que estaba medio abrazado al regazo de Hyun-oh, se puso de rodillas sobre la cama.


Sujetando la muñeca de Hyun-oh, quien intentaba echarse hacia atrás, Do-jin succionó el pecho ávidamente. Hyun-oh, mientras se acostaba empujado por Do-jin, no dejaba de mover el pecho hacia arriba.


Un poco más. Un poco más fuerte. Terminó ofreciendo el pezón como pidiendo que lo succionara, pero Hyun-oh no se daba cuenta de qué postura estaba adoptando. Hyun-oh, que había rodeado el cuello de Do-jin con la mano que este no sujetaba, parpadeó aturdido cuando sintió que el calor corporal se alejaba de golpe.


Sentía que si succionaba un poco más fuerte, podría llegar al clímax. Hyun-oh miró a Do-jin con desconcierto. Do-jin, apoyado en ambas rodillas, agarró ligeramente la cintura de Hyun-oh y le dio la vuelta. Fue un movimiento que destilaba urgencia.


—¡Ah! ¡Es-pera...!


Al quedar en una postura donde ambas rodillas y ambos brazos tocaban la cama, Hyun-oh miró hacia atrás con las orejas encendidas en rojo. Como si no tuviera paciencia para esperar ni ese instante, el pene de Do-jin, que se había vuelto a erectar al máximo mientras succionaba el pecho de Hyun-oh, se hundió desde atrás sin previo aviso.


—¡Ah!


Debido a la fuerza intensa que venía desde atrás, Hyun-oh terminó golpeándose la cabeza contra el cabecero de la cama. Gracias a la almohada no le dolió mucho, pero eso ya no era lo importante.


—¡Ah! ¡Ah! ¡Ah-¡¡! ¡Mmn, aah! ¡Ah...!


Gracias a que el semen de la eyaculación anterior sirvió como lubricante, Do-jin continuó con el acto de embestir sin vacilar. El problema era Hyun-oh.


La entrada desde atrás era mucho más profunda. Aunque Hyun-oh, tras golpearse la cabeza, no pudo sostenerse con los brazos y se desplomó, Do-jin continuó con el rudo movimiento de cadera mientras sujetaba la pelvis de Hyun-oh.


—¡Mmn, m-mmn! ¡Ah, aah! ¡Hhuua...!


Hyun-oh, con la cara hundida en la sábana, forcejeaba intentando levantarse. Pero a Do-jin esa postura le parecía mucho más fácil para embestir.


—Huu...mierda. Me encanta. Me gustas. Me gustas, Hyun-oh, Hyun-oh...


El pene, que arremetía con fuerza acompañado de insultos en voz baja, parecía entrar aún más profundo que de costumbre, quizás por el cambio de postura. No había ni rastro de duda en las acciones de Do-jin, quien golpeaba sin piedad el punto sensible de Hyun-oh.


—¡Huu, aaah! ¡Ah, mmn! ¡Despacio, ah, aah...!


Finalmente, Hyun-oh se desplomó cuando sus rodillas perdieron la fuerza, justo cuando Do-jin retiraba el pene a medias. Sin embargo, Do-jin se subió completamente sobre Hyun-oh, sometiéndolo con su peso.


—Pesas, ¡aah...!


Hyun-oh, aplastado bajo el cuerpo de Do-jin, soltó un grito lleno de llanto ante la sensación del pene que se abría paso con insistencia. Debido a una inserción mucho más difícil y ajustada que cuando lo recibía en posición del misionero, Hyun-oh agarró la sábana y sacudió la cabeza.


—¡Me quiero levantar, me quiero levantar! ¡Hu, hua, mmn! ¡Mmn...!


Debido a la postura, su parte íntima ya estaba de por sí más apretada. Al abrirse paso por ahí, podía sentir claramente incluso las venas hinchadas del pene. Hyun-oh sorbió por la nariz y se frotó las lágrimas contra la sábana.


—Así no, ¡no quiero, hu, ah! ¡Ah! ¡Ah...!


Al moverse como si hurgara en su interior totalmente apretado, los dedos de sus pies se encogieron por sí solos. Con el peso total de Do-jin encima y el hecho de que este presionaba sin piedad su punto sensible, sentía que se iba a morir.


Si seguía moviendo la cadera así de loco, Hyun-oh pensó que realmente podría morir. Hyun-oh, dándose cuenta del futuro basándose en sus experiencias pasadas, sorbió por la nariz y pensó en algo que pudiera retrasar esta situación aunque fuera un poco. En ese momento, una tabla de salvación cruzó por la mente de Hyun-oh.


—¡E-espera! ¡Oye! ¡Yoo Do-jin, es-espera...! ¡Hijo de puta! ¡Tienes algo que decirme!


—¿Que te amo?


—¡Eso no! ¡La...la clase de citas!


Aquello que escuchó del hoobae de Do-jin: “¿Do-jin no debería estar tomando esa clase?”, era precisamente la tabla de salvación de Hyun-oh. Frente a Do-jin, que intentaba jugar con él usando el pretexto de los créditos, Hyun-oh gritó con aires de triunfo.


—¡Tú no estás en esa clase! ¡¿Me estuviste mintiendo?!


—...De qué hablas. ¿Te refieres a la clase de género y no sé qué más? Sí la tomo.


Sin embargo, Do-jin respondió frunciendo el entrecejo con aire de injusticia. Su actitud era la de alguien que realmente no entendía por qué Hyun-oh decía algo así. ¡Mentiroso! Hyun-oh, que creía haber descubierto la verdad sobre lo que Do-jin había ocultado durante todo el día, lo miró con ojos llenos de desconfianza.


—¡Me dijeron que pasaron la lista en la orientación y tu nombre no estaba! ¡¿Cómo puede ser ayudante alguien que ni siquiera está en la lista?!


—Ah...


Ante el agudo interrogatorio de Hyun-oh, el rostro de Do-jin cambió como si finalmente comprendiera algo. Hyun-oh tomó aire y lo fulminó con la mirada, sintiéndose aún más victorioso. Do-jin soltó una risita burlona.


—Sí tomo la clase. Cuando te conseguí el cupo a ti, busqué un lugar para mí porque quería tomarla juntos.


—¿...Eh?


—Pero no quedó lugar para mí, así que por si acaso le pedí un favor al profesor y me dijo que me aceptaría fuera del cupo si aceptaba ser su ayudante. Joder, acepté ser ayudante solo porque quería usar la excusa de la clase de citas para picotear un poco y hacer esto y aquello contigo.


—¿Eh?


—Qué descarado, este tipo. ¿De repente te pones así de impertinente?


Resultó que Do-jin sí era el ayudante de la clase y Hyun-oh acababa de escuchar toda la historia, pero poco a poco se dio cuenta de que aquello no había solucionado nada. Mientras Hyun-oh movía los ojos con nerviosismo, Do-jin sonrió apretando los dientes.


—¿De dónde sacaste ese chisme para tratarme de mentiroso?


—¡...Ah, ah! ¡Es-espera! ¡Ah! ¡Aaa!


—¿Crees que este es el momento para sacar ese tema de la nada, cariño? Estábamos pasando un buen rato.


Do-jin, que levantó la cadera sosteniendo su peso con los brazos que antes aprisionaban a Hyun-oh, comenzó un movimiento de cintura violento.


—¡Hu, huaaa...! ¡Auk! ¡Ahh...!


Hyun-oh hundió la cara en la sábana y sacudió la cabeza. Entre Do-jin golpeando por detrás y su frente frotándose contra la sábana, no tenía respiro. Al ser estimulado por ambos lados simultáneamente, la sensación de querer eyacular lo invadió al instante.


Resultó que lo que Hyun-oh pensó que era una tabla de salvación era, en realidad, una cuerda podrida. Hyun-oh tuvo que aceptar a un Do-jin que ahora embestía con más furia debido al "crimen de impertinencia".


—¡Ah, ah-aa! Lo siento, ah, ¡aeu!


—Está bien. Haa, puedes ir aprendiendo de ahora en adelante... ¿Mmn? Ah...joder, qué apretado estás...


Do-jin intercalaba inserciones profundas entre cada palabra. Hyun-oh, que se vio obligado a aprender con el cuerpo, se sacudía tanto que sentía que su frente ardía contra la sábana. Además, los pezones que Do-jin había estado mordiendo y succionando también se frotaban contra la tela. Al ser restregada bruscamente una zona que ya estaba sensible, Hyun-oh terminó llorando a moco tendido sin darse cuenta.


Aunque forcejeaba para intentar separar al menos sus pezones de la sábana, Do-jin volvía a aplastarlo con su peso de inmediato, por lo que Hyun-oh no tenía más opción que sacudirse al ritmo de los movimientos de Do-jin.


—¡Ah, aah! ¡Uhh, aah...! ¡Ha, ha..., mmn, ah, ah!


Cerró los ojos con fuerza e intentó taparse la zona de la boca con la sábana, pero gemidos crudos, similares a los de un animal apareándose, escapaban sin remedio.


Do-jin movía la cintura con tal rapidez que la cama crujía; luego, apretando los dientes y sujetando el cabecero, repetía el acto de triturar y profundizar como si fuera alguien que necesitara dejar una marca en lo más profundo de Hyun-oh.


Su cabeza y su cuerpo se sacudían de arriba abajo tan frenéticamente que sentía que perdía la conciencia a medias. Jadeando lastimosamente, Hyun-oh eyaculó sintiendo que su mente se quedaba en blanco. La zona alrededor de su pene, que se frotaba naturalmente contra la cama, pareció humedecerse vagamente, pero Hyun-oh no pudo prestar atención a lo que pasaba abajo debido a las acciones incesantes de Do-jin.


—¡Hu, ha-uk, ah, ah, u! ¡Hht...! ¡Ah, ah-aa! ¡Ahh...!


Hyun-oh intentó gatear para alejarse mientras sacudía la cabeza. Sin embargo, ese intento fue frustrado por Do-jin, quien detuvo sus movimientos rápidos para presionar con fuerza el punto sensible.


Con un golpe sordo, Hyun-oh volvió a desplomarse y sollozó frotando su rostro empapado de lágrimas contra la manta. Escuchó una pequeña risa detrás de él. El pene, que parecía retirarse lentamente, volvió a presionar maliciosamente el punto sensible de Hyun-oh sin piedad antes de salir siquiera a la mitad.


—Ah, ahh... Hu. Huu... Aaah, no hagas, esooo...


Hyun-oh lo fulminó con la mirada sin poder ocultar sus sollozos. Entre sus labios, que temblaban por la indignación, escapaba una respiración agitada.


—¿Esto?


—¡Mmn, h-huuk, ah, mmm-mmn...! ¡Ah...!


La acción de Do-jin de empujar con más fuerza era claramente intencionada. Como no le daba tiempo de enfriarse incluso después de llegar al clímax, el semen diluido goteaba poco a poco a pesar de haber eyaculado ya una vez.


—Hijo de..aah, puta... No lo hagas... Te dije que descansáramos...


Ante la súplica llorosa de Hyun-oh, Do-jin apretó los labios y frunció el entrecejo como alguien que intenta contener la risa a la fuerza. ¡Este desgraciado! Cuando Do-jin vio un atisbo de furia en los ojos de Hyun-oh, rápidamente habló con voz seria.


—Mmm... No quiero.


La expresión de Hyun-oh se quedó en blanco por un momento. Por el tono de voz, las palabras deberían haber sido dulces y acceder a los deseos de Hyun-oh, pero lo que formó la frase fue un rechazo. Mientras Hyun-oh intentaba procesar la situación, Do-jin levantó las comisuras de los labios como un niño travieso y lo tomó de las corvas para cambiar la postura.


—¡... Ah! ¡Oye, es-pera...! ¡Ah...!


Sin llegar a ponerlo en posición del misionero, Do-jin lo hizo girar a medias y, con naturalidad, colocó la pierna de Hyun-oh que estaba sujetando sobre su propio hombro. Antes de que Hyun-oh pudiera asombrarse por sentir su cintura levantada, Do-jin sonrió como un villano y reanudó las estocadas.


—Choi Hyun-oh. ¿Ya te corriste? Huu... Haa, quién te mandó a correrte a escondidas. ¿Eh?


—¡Ah, ah! ¡Hijo de puta! Mmn, huu...


Ante el absurdo, la rabia y los movimientos de Do-jin que volvían a asaltarlo frenéticamente, Hyun-oh rompió a llorar desconsoladamente por la frustración. Sin embargo, Do-jin, que ya sabía de sobra que eran lágrimas de cocodrilo, aprovechó para dejar besos en la pantorrilla y el tobillo de Hyun-oh.


—¡Ugh, h-huuk, uuh! ¡Ah! ¡Ah...!


Llorar no servía de nada. Hyun-oh empezó a sentirse realmente afligido. En medio del caos de sus sollozos, cada vez que Do-jin embestía, sentía tal placer que su respiración se cortaba intermitentemente, y su mente comenzó a quedarse en blanco.


Al ser penetrado con los glúteos ligeramente levantados, sintió que entraba aún más profundo que antes. Sus paredes internas, sensibilizadas tras recibir tantas embestidas, se derritieron blandamente, siendo incapaces de ofrecer resistencia alguna a la entrada de Do-jin.


De la boca entreabierta de Hyun-oh escapaban gemidos involuntarios de forma descontrolada. Sus músculos, tensos por la rigidez, temblaban de forma visible. Irónicamente, en medio de aquel sacudón frenético, quien sostenía a Hyun-oh era Do-jin.


—Uu, huu, ha, ah... ¡Ah...!


En la frente de Do-jin, quien no podía ocultar su respiración agitada y cruda, se formaron gotas de sudor tenue. Sus ojos, que delataban lo concentrado que estaba en Hyun-oh, no se apartaban ni un segundo mientras lo examinaban palmo a palmo.


En el momento en que se dio cuenta de aquello, Hyun-oh sintió una sensación de calor insoportable brotando de su pecho. Esa sensación se extendió lentamente por todo su cuerpo. Pensó que ya estaba excitado al límite, pero no era así. Hyun-oh experimentó una euforia repentina e inesperada.


La trayectoria de la excitación, que hasta entonces lo asaltaba de forma dolorosa, cambió de rumbo. Al saber que estaba conectado con Do-jin a pesar del cansancio, sintió que podría aguantarlo. Con todo el cuerpo temblando y soltando gritos que parecían sollozos, Hyun-oh extendió ambos brazos hacia Do-jin.


—¡Ah, ahh, huu...! Do-jin, ¡abrázame, ah...!


—¡Ah, joder!


Do-jin gritó como si estuviera furioso e inclinó rápidamente su cuerpo hacia Hyun-oh. Las piernas de Hyun-oh, que colgaban precariamente de los hombros de Do-jin, cayeron lánguidamente, y el cuerpo ardiente de Do-jin entró en contacto total con el suyo.


—¡Mmn, ah! ¡Ha, ah-aa!


—Hyun-oh, joder, uuff, te quiero. Te quiero de verdad. ¡Haaa, mierda, te quiero...!


Do-jin susurró frenéticamente las mismas palabras al oído de Hyun-oh. Su aliento cálido y agitado también lo alcanzó. Hyun-oh abrazó con fuerza la espalda de Do-jin. Quería estar tan pegado a él que no quedara ni un espacio libre.


—Mmn, m-mmn, mmm, ha, h-huuu... ¡Do-jin, ah, ahh...!


Besos cortos rozaron la sien de Hyun-oh antes de apartarse. Mientras cerraba los ojos con fuerza pensando que se estaba cocinando con el calor abrasador de Do-jin, Hyun-oh sintió que el placer acumulado capa tras capa después de su eyaculación estaba a punto de ser expulsado, y abrió los ojos.


No era la sensación habitual de llegar a una eyaculación normal. Era algo que ya había sentido una vez antes...


—...Huu, h-hua, oye, oyee, Do-jin, ¡detente, detente, no puede ser!


Hyun-oh intentó empujar el cuerpo pesado con las manos con las que antes abrazaba la espalda de Do-jin, y trató de apartarlo dejando marcas rojas con sus uñas en su espalda. Do-jin lo llamaba "fuente" o lo que fuera, pero Hyun-oh estaba firmemente convencido de que, a pesar del nombre bonito, se trataba de orina.


—Al baño, ah, Do-jin, ahh, no puede ser, no puede seeer...


—Ha, aah, fuuu... ¿Al baño?


Do-jin preguntó con una voz que parecía aferrarse al último hilo de su cordura. Hyun-oh asintió rápidamente con la cabeza. Debido al pene que estaba insertado tan profundamente, sentía que si se descuidaba un poco, cometería una falta.


—Te lle- aah, varé, ah, uuu... ¡Ah!


De repente, su cuerpo se sacudió de arriba abajo y Hyun-oh se llevó un susto. Fue porque Do-jin cargó a Hyun-oh sin retirarse de su interior.


—¡Es-pera, maldito loco, ah, uuu, no te muevas, a-aa-aa!


Con el pene de Do-jin todavía ocupándolo, Hyun-oh quedó colgado de él como un koala. En cuanto Do-jin, que ya estaba fuera de la cama, dio un paso, el rebote se transmitió directamente.


—H-huu, h-huu, ha, ah, uuu, maldito desgraciado, h-hhp...


—Te llevo hasta el baño y encima soy un desgraciado. ¿Prefieres que no vayamos?


—Mmm-mmn...


Hyun-oh hundió la cara en el hombro de Do-jin y apretó con todas sus fuerzas la punta de sus pies y su parte inferior, conteniendo a duras penas la sensación de querer orinar. Cada vez que Do-jin se movía, recibía un estímulo. Hyun-oh se vengó tímidamente arañando con las uñas la nuca de Do-jin a la que estaba aferrado.


Afortunadamente, el apartamento de Do-jin era un estudio en una zona universitaria. Tras dar apenas unos pasos, llegaron al estrecho baño. Hyun-oh, que se mantenía aferrado con esfuerzo, intentó soltar discretamente las piernas que rodeaban la cintura de Do-jin. Sin embargo, Do-jin fue más rápido y le sujetó los muslos.


—¿Por…por qué? Quiero orinar...


Mientras Hyun-oh refunfuñaba insatisfecho, Do-jin, que acariciaba suavemente los muslos que había sujetado un par de veces, levantó las comisuras de los labios. Era una sonrisa que parecía inquietante.


—Sí.


Como respondió dócilmente, le pareció extraño. Pero Hyun-oh tenía prisa por su necesidad. Como Do-jin no estaba estimulando su parte trasera, no sentía que fuera a orinarse sin poder evitarlo, pero la sensación de querer evacuar seguía ahí.


—¡...Ah!


Hyun-oh, que bajó con cuidado, se tambaleó en cuanto sus pies tocaron el suelo. El hijo de puta que había embestido tan brutalmente hasta dejarle las piernas sin fuerza sujetó rápidamente la cintura de Hyun-oh para sostenerlo.


—Te ayudaré.


—¿Qué? ¡Ah! ¡Oye!


Do-jin, que giró rápidamente a Hyun-oh hacia el inodoro, lo abrazó con fuerza por la cintura. No, lo inmovilizó. Cuando Hyun-oh lo miró con ojos que mezclaban el desconcierto y la traición, Do-jin incluso sostuvo el pene de Hyun-oh con naturalidad.


—Haz pipí.


—¡Oye! ¡Hijo de puta! ¡Desgraciado! ¡A-aa-ak!


—Shhh. Shhh.


Al susurrarle incluso al oído, sintió un hormigueo hasta en el bajo vientre. Intentó apretar los muslos y forcejeó para escapar de Do-jin como fuera, pero estaba tan atrapado como si estuviera encerrado entre paredes sólidas.


—Uuu, h-huu, no quiero, no quiero...ah, uuu...


—¿No quieres? ¿Entonces prefieres hacerlo en la cama?


—No quie- ah, uuu, h-huuu...


Eso era aún peor. Mientras Hyun-oh sacudía la cabeza y se esforzaba por contener la urgencia que aumentaba, abrió los ojos de par en par al sentir que el glande golpeaba la entrada que no podía cerrarse.


—Es...estás loco... Oye... ¡Oye...!


Do-jin soltó el pene de Hyun-oh que tenía sujeto y, agarrando el suyo propio, lo presionó con fuerza para insertarlo. Debido a la sorpresa, a Hyun-oh se le doblaron las piernas, que de por sí ya no tenían fuerza. Do-jin sujetó rápidamente la cintura de Hyun-oh con ambas manos y lo penetró de una sola estocada.


—¡Ah! ¡Ah-aa!


—Aún no me he corrido. Ah, joder, qué apretado estás. Podemos corrernos juntos.


Tras dejar un beso sobre el cartílago de la oreja donde llevaba el piercing, Do-jin inmovilizó con más fuerza a Hyun-oh, quien forcejeaba asustado, y empezó a embestir moviendo solo la pelvis.


Como se había relajado un poco al pensar que Do-jin había cumplido su promesa de llevarlo al baño, la sensación de querer orinar volvió a ser insoportable. Hyun-oh sacudió la cabeza y la echó hacia atrás como queriendo apartar a Do-jin, pero este solo soltaba respiraciones rudas como las de una bestia mientras recibía con destreza todo el peso de Hyun-oh.


En su parte trasera, donde entraba y salía rápidamente, la loción derretida producía un sonido viscoso y ruidoso. El sonido, parecido al de una nalgada, retumbaba en el pequeño baño. Al estar ahí, el eco parecía amplificarse aún más.


—¡Ah, ah-aa, ha-uu...! ¡Ah-aa!


Hyun-oh apretó los muslos y aplicó fuerza intentando resistir, pero ya había llegado a su límite. Do-jin murmuró apretando los dientes.


—Tsk. ¿Por qué no sale?


—¡H-hu, h-huu, desgraciado, ah, ahhh...! ¡Ah! ¡Ah...!


De la punta del pene de Hyun-oh, que forcejeaba por resistir, brotó un líquido transparente como el agua que ya no pudo contener. Al mismo tiempo, un placer inmenso que parecía atravesarlo de la cabeza a los pies lo invadió.


Mientras Hyun-oh abría la boca y temblaba ante aquel placer fulminante, Do-jin dio un último sprint con la cadera; ante el rebote, el chorro de agua transparente que brotaba como una fuente saltaba a intervalos.


—...Ah, ah.... Ah.... Hu.... Hu... Aaah....


Cuando el chorro transparente empezó a fluir como si fuera orina después de haber estallado, Do-jin eyaculó. Do-jin, que respiraba profundamente de forma agitada con la cara hundida en la nuca de Hyun-oh, levantó el cuerpo lánguido de este, que parecía haber perdido el alma.


—...Ha-aa. Hyun-oh. Fue demasiado bueno.


Do-jin habló en un susurro soltando un suspiro de satisfacción, pero Hyun-oh sentía que se moriría de vergüenza por el líquido que había empapado los alrededores del inodoro, a pesar de tenerlo justo enfrente. Se vio envuelto en diversos deseos: tristeza, humillación, vergüenza y ganas de asesinar a Do-jin, pero estaba tan agotado que no podía mover ni un dedo.


—.. H-hu, h-huu.... Hijo...de puta.... Hu, uuu....


—Habrá que lavarse. Vamos.


Do-jin cargó a Hyun-oh, que sollozaba quejumbroso, y se dirigió hacia la ducha como si lo estuviera consolando. Mientras era arrastrado lánguidamente, Hyun-oh continuó lanzándole maldiciones a Do-jin.


—Hijo de puta.... Malnacido desgraciado.... Que cuando vayas al dentista tengas cuatro muelas del juicio impactadas.... Pedazo de mierda.... Huuu....


La conciencia de Hyun-oh, que murmuraba con voz moribunda, se desvanecía entre el vapor caliente y denso provocado por el agua templada de la ducha y la presencia de Do-jin, que llenaba por completo el ya de por sí estrecho baño.


—Apár...tate.... Desgracia...


Ya no tenía fuerzas ni para insultar. Do-jin lavó a Hyun-oh, quien colgaba sin fuerzas, mientras dejaba besos por todas partes. Como Hyun-oh estaba tan lánguido como un muñeco de papel mojado y no protestaba aunque le tocara zonas que normalmente le harían enfurecer, Do-jin aprovechó el momento para besarlo por doquier.


Había lugares comprensibles como las mejillas, los labios, la frente o los párpados, pero también otros extraños como las orejas, el interior del oído, el pelo, la mandíbula o las axilas. Tras besarlo como si necesitara cubrir cada parte de Hyun-oh para estar satisfecho, Do-jin observó su reacción y, con disimulo, introdujo la lengua mientras lo besaba.


—Ya basta.... Es cansado....


Hyun-oh apenas expresó su opinión con una voz que parecía estar a punto de morir, pero Do-jin manifestó su negativa envolviendo y succionando esa lengua.


—Mmm.... Mmn, m-mmn.... Uuu....


Debido a esa masa de carne blanda que no dejaba de invadirlo, Hyun-oh intentó balbucear para apartarlo. Sin embargo, cuando incluso eso le resultó agotador, no tuvo más remedio que quedarse inerte y aceptar los besos de Do-jin.


Gracias a que Hyun-oh se rindió, como diciendo "cómeme si quieres", Do-jin perdió por completo el control; lo acorraló entre la pared y su cuerpo, dándole besos que lo dejaban sin aliento. Al final, sin darse cuenta, Hyun-oh acabó perdiendo el conocimiento y se desmayó.



***



Tal como perdió el conocimiento sin darse cuenta, la conciencia regresó de repente. Al recuperar el sentido, Hyun-oh estaba acostado tranquilamente en la cama.


—...Ah, ¡aghh!


Hyun-oh soltó un sonido ahogado e intentó levantarse, pero volvió a tumbarse debido a un dolor inmenso que azotó su cintura. Do-jin, que estaba acostado al lado de Hyun-oh usando su teléfono, le preguntó:


—¿Despertaste?


—Yo... ¿me quedé dormido?


—No mucho. ¿Unos treinta minutos?


—Treinta minutos...


La voz de Hyun-oh, que repetía aturdido las palabras de Do-jin, estaba completamente ronca. Parpadeando mientras intentaba recordar lo sucedido antes de terminar en la cama, llegó hasta el punto en que perdió el conocimiento mientras se besaban.


Había oído historias de besos que despiertan a la pareja, pero era la primera vez que escuchaba de uno que la dejara inconsciente. Al verse como el primer protagonista de tal hazaña, Hyun-oh se quedó sin palabras.


En medio de eso, al verse limpio y vestido con ropa desconocida que probablemente pertenecía a Do-jin, supuso que este lo había lavado y secado bien mientras estaba desmayado.


Se sentía como una col de kimchi recién preparada. Lanzando una mirada de incredulidad a Do-jin, Hyun-oh soltó un pequeño suspiro y se rindió. Aún sin fuerzas en las extremidades, Hyun-oh lanzó una pregunta que le vino de repente a la cabeza.


—...Por cierto, ¿qué hora es?


—Eh...la una y media.


Do-jin le dijo la hora tras consultarla en su teléfono. La habitación estaba a oscuras. La luz fluorescente que estuvo encendida durante todo el acto sexual se había apagado, y solo la lámpara de noche junto a la cama iluminaba apenas la penumbra.


Como no podía ser de día, obviamente era la una y media de la madrugada. Si Hyun-oh estuvo inconsciente treinta minutos, eso significaba que se estaban duchando alrededor de la una. Pero este tipo no había parado hasta justo antes de entrar a la ducha, y cuando regresaron de Ilsan a Seúl eran...


—¡...Hi-hi...hijo de puta! ¡Desgraciado! ¡Dijiste que en una hora terminarías con todo!


La furia hizo que una fuerza sobrehumana brotara en sus brazos, que antes estaban tan blandos como una cebolleta en vinagre. No tenía ni idea de cuántas horas habían estado revolcándose. Hyun-oh, furioso, se levantó de golpe y empezó a golpear con ambas manos a Do-jin, quien seguía acostado con cara de no entender nada.


—¡Qué asco! ¡Dijiste que eras precoz! ¡Maldito seas! ¡Tú no eres precoz! ¡Si tuvieras algo de conciencia, habrías parado a tiempo! ¡Loco de mierda! ¡¿Quién en este mundo tiene sexo durante horas sin descanso?! ¡¿Acaso estás en un maratón?!


—¡Ah! ¡Aa-ak!


Hyun-oh gritaba y golpeaba a Do-jin sin piedad por todas partes, mientras este intentaba esquivarlo encogiéndose como un camarón. Pero con su tamaño de montaña, aquello no servía de mucho.


En medio de eso, Hyun-oh vio dos cajas de condones intactas. Al verlas, su rabia se encendió aún más. Por más que lo pensara, esta vez parecía haber sido peor que usar diez condones.


—¡Es-te...desgraciado sin conciencia! ¡Tipo sin palabra!


—¡Uuhh! ¡Aah!


De tanto golpear a Do-jin, la tela de su ropa se rozó contra sus pezones debido al movimiento brusco. Le dolió. El dolor fue tan intenso que se le encogieron los dedos de los pies, por lo que dejó de golpear a Do-jin y se levantó la camiseta de golpe.


Sujetando el dobladillo de la holgada camiseta con ambas manos y subiéndola hasta las clavículas, Hyun-oh se quedó horrorizado. Todo su pecho estaba lleno de manchas.


No solo estaba terriblemente hinchado, sino que los alrededores de las areolas estaban rojos, como si estuvieran pelados. Incluso había marcas que parecían ser de las manos de Do-jin. Sus pezones, cuyo color se había vuelto un rojo intenso, estaban anormalmente hinchados. Además, el lado donde tenía el piercing estaba aún más inflamado, probablemente por el estímulo constante.


—Es...estás loco...


Hyun-oh, horrorizado, abrió y cerró la boca como un pez fuera del agua, y luego miró a Do-jin con resentimiento. Do-jin, que tenía la boca entreabierta, la cerró de golpe rápidamente.


—¡De ahora en adelante ni sueñes con volver a tocarme el pecho, pedazo de mierda!


—¿Qué? ¿Quéee?


Ante la repentina "prohibición de pechito", Do-jin también se levantó de un salto. Parecía que recién entonces se daba cuenta de la gravedad del asunto.


—¡Oye, no digas tonterías! ¡Tu pecho es mío!


—¡Lárgate! ¡Y dijiste que me llevarías al baño! Cuanto más lo pienso, más me cabreo. Oye, tú. ¡Mejor cortemos por lo sano!


—¡¿Qué?!


Do-jin se quedó boquiabierto ante Hyun-oh, quien le pedía la ruptura cuando no había pasado ni medio día desde que empezaron a salir oficialmente. Sus ojos se movían de un lado a otro, como si estuviera pensando intensamente en qué excusa poner.


—¡...Si te llevé al baño! ¡Y cumplí mi palabra de sostenerte el pene!


Do-jin insistió tercamente. Ciertamente, Do-jin cumplió las promesas que él mismo hizo. Cumplió su palabra, pero de una manera muy extraña. Hyun-oh sintió que se desmayaría de la indignación.


—Tú...tú...


—De todos modos...es injusto que no pueda usar tu pecho por eso.


Refunfuñó Do-jin con un puchero, observando la reacción de Hyun-oh. Hyun-oh se sintió como si hubiera comprado algo de segunda mano y le hubiera llegado un ladrillo en la caja.


De repente, al darse cuenta de que Yoo Do-jin siempre había sido así de imbécil, y que el que había vivido como su mejor amigo durante diez años y hasta le había confesado su amor era el propio Hyun-oh, volvió a perder todas sus fuerzas.


—Ha...


Agotado, Hyun-oh se desplomó contra el cabecero de la cama y soltó un suspiro tan profundo que parecía que el suelo se iba a hundir. Dicen que los esposos en esta vida fueron enemigos en la anterior. Hyun-oh pensó que este caso debía ser algo parecido.


Al notar que el espíritu de lucha de Hyun-oh, agotado física y mentalmente, se había esfumado, Do-jin lo abrazó con disimulo y volvió a acostarse en la cama. Hyun-oh, envuelto de repente en ese abrazo firme y con la cara hundida en el pecho de Do-jin, murmuró entre dientes:


—Suéltame...


—Aiiiing.


Do-jin dejó un beso en la coronilla de Hyun-oh e intentó actuar de forma adorable desesperadamente. Al verlo frotarse contra él y sonreír como si fuera un cachorro, Hyun-oh se mordió la lengua porque, a pesar de todo, le pareció bastante tierno.


Parecía que el amor le había cegado por completo. Jamás imaginó que llegaría el día en que pensaría que aquel tipo era "lindo". A medida que la respiración agitada de Hyun-oh se estabilizaba, Do-jin comenzó a intentar convencerlo de nuevo con su voz más melosa.


—De todos modos, nunca vamos a romper, así que no nos pongamos tan estrictos.


—¿...Dijiste estrictos, pedazo de mierda?


¿El tipo que no paró de follar durante horas sin descanso se atrevía a decir que no fueran estrictos? Hyun-oh levantó la vista y lo fulminó con la mirada. Al notar que los ojos de Hyun-oh se afilaban cada vez más, Do-jin soltó una risa incómoda.


—¿No es cierto? ¿Acaso estabas pensando en romper conmigo?


...Haa. Hyun-oh soltó un suspiro que debía de ser ya el número cien de la noche y volvió a hundir la cara en el pecho de Do-jin. Este, con bastante ternura, empezó a darle palmaditas lentas en la espalda.


—...Primero. De ahora en adelante, nada de "pechito".


—¿Nada? ¿Me prohíbes succionarlos?


—Succionarlos...está...bien... Pero nada de "pechito" como hoy. Eso de amamantar. Eso no.


—¿Ni siquiera en nuestro aniversario?


—...En el aniversario...


Hyun-oh movió los labios con duda. No podía ser todos los días. Aunque se hinchaban hasta doler, la sensación era tan buena que apenas podía soportarla. Si era solo de vez en cuando...


—...Es...tá bien.


—Para mí, cada día que paso contigo es un aniversario.


—¿Quieres que hoy sea el aniversario de nuestra ruptura?


—No, señor.


Do-jin bajó la cola de inmediato. Hyun-oh, mirándolo de reojo con los ojos entrecerrados, añadió condiciones de mal humor.


—Y nada de más de tres veces por sesión. Y me refiero a mis tiempos, no a los tuyos.


—¿Qué?


—¡Es que tú lo haces demasiadas, demasiadas veces!


—¡¿Y qué quieres que haga si tú eres precoz?! ¡Aaaghh!


Hyun-oh, enfurecido, le dio un mordisco en cualquier parte de la piel de Do-jin. Do-jin se estremeció por la sorpresa, pero no soltó a Hyun-oh.


—Tú eres el raro. Yo estoy en el promedio.


—...Entonces que sean dos veces, según mi criterio.


Do-jin refunfuñó después del mordisco. Normalmente, para cuando Do-jin terminaba una vez, Hyun-oh ya lo había hecho unas dos veces, así que una vez y media o dos veces venía a ser casi lo mismo. Hyun-oh asintió en silencio.


—Y el baño. Si digo que quiero ir al baño, me llevas dócilmente. Y no puedes tocarme para nada. Si no cumples, te arrancaré los pelos de ahí abajo.


—Ala. Ni "pechito", ni más de dos veces, ¿y si no te llevo al baño me arrancas los pelos? Qué cruel eres, de verdad.


Al escuchar las palabras de Do-jin, el propio Hyun-oh pensó que quizás se estaba pasando un poco. Sintiéndose algo quisquilloso por enumerar tantas reglas, Hyun-oh se retractó de lo dicho entre balbuceos.


—...Eso... Bueno, entonces olvida lo de las dos veces...pero tienes que hacerlo con moderación.


—De todos modos no pensaba cumplirlo. De acuerdito.


Como si hubiera estado esperando ese momento, Do-jin aprovechó la debilidad de Hyun-oh para aplastarlo de nuevo con su peso mientras este forcejeaba tardíamente. Hyun-oh, furioso consigo mismo por haber sido blando con un tipo que ni siquiera tenía intención de obedecer, gritó con todas sus fuerzas.


—¡Oye! ¡Aa-ak! ¡Hijo de puta! ¡Perro callejero!


—Ya durmamos.


—¡Maldito seas! ¡Más te vale cumplir!


—¿Qué debería hacer para que Choi Hyun-oh no se me escape? ¿Empezar por los anillos de pareja? Ah, ¿usamos esos condones en un aniversario en el que prometamos no romper nunca?


—¿Qué aniversario ni qué...? ¡Aa-ak!


Hyun-oh, que ya estaba aplastado, tuvo que soportar el peso aún mayor de Do-jin cuando este estiró el brazo para apagar la lámpara de noche. Se sintió como si una roca le hubiera caído encima. Por un momento, su conciencia se nubló.


Llegó la oscuridad. Do-jin, que volvió a abrazar al aturdido Hyun-oh usándolo como almohada para su brazo, sonrió de oreja a oreja. Gracias a la luz de las farolas que entraba por la pequeña ventana, Hyun-oh podía ver claramente la sonrisa de Do-jin incluso en la penumbra.


—Nuestro aniversario de bodas.


—¿Estás loco? ¿Cómo se van a casar dos hombres? ¿Y quién dijo que me casaría contigo?


—Eso ya se verá... Prepárate, Choi Hyun-oh...


Do-jin murmuró significativamente entre risitas. Era evidente que en su mente ya había pasado por la presentación a los suegros, la entrada al salón de bodas, la luna de miel y hasta había visualizado a Hyun-oh con un delantal cocinando sopa de pasta de soja para la cena. Hyun-oh, mirándolo con total incredulidad, se estremeció.


—Da escalofríos, apártate.


—No quiero.


—¡Ay, joder! ¡Oye!


—Zzzzz. Zzzzz.


Debido a que Do-jin fingía dormir mientras lo mantenía abrazado a pesar de sus forcejeos, Hyun-oh terminó rindiéndose poco después. Aunque dijera lo contrario, al estar envuelto por el calor corporal de Do-jin, una sensación acogedora y lánguida lo invadió.


Do-jin olía a un gel de baño fragante mezclado con su propio aroma corporal. Era el mismo aroma que emanaba también de Hyun-oh. Tras mirar de reojo a Do-jin, que seguía fingiendo dormir con empeño, Hyun-oh cerró los ojos y rodeó la espalda de Do-jin con sus brazos.


Se sentía extraño. Habían decidido ser amantes y dejar de ser solo amigos de la infancia, pero aquellos actos que jamás habrían hecho como amigos hacían que su pecho se agitara de una manera inusual.


—Lo haré bien.


Do-jin susurró en voz baja. Fue un comentario repentino, pero Hyun-oh respondió asintiendo silenciosamente con la cabeza. Do-jin bajó un poco la cabeza y besó la coronilla de Hyun-oh.


Al escuchar los latidos fuertes y constantes del corazón de Do-jin, Hyun-oh se dio cuenta de que su propio corazón latía a una velocidad similar.


De repente, Hyun-oh recordó el pasado, cuando temía que convertirse en amantes pudiera romper su relación de amistad, y dejó escapar una pequeña risa. Al llegar a este momento, comprendió que aquella ansiedad había sido innecesaria.


Hyun-oh siempre había visto a Do-jin como un caramelo de colores vibrantes; alguien a quien quería conservar intacto con solo mirarlo. Quizás por eso, incluso después de darse cuenta de sus sentimientos, Hyun-oh se empeñó en mantener esa identidad de "amigos".


Sin embargo, aunque el caramelo se derrita en la boca, su sabor dulce perdura por mucho tiempo. No desaparece, sino que permanece como una "dulce felicidad". No había razón para tener miedo.


De ahora en adelante, seguiría con Do-jin como hasta ahora. El hecho de haber pasado de amigos a amantes no significaba que ellos fueran a cambiar. Seguirían siendo esos amigos íntimos de toda la vida, pero intercambiando sentimientos más profundos y apoyándose mutuamente. Tal vez, al sumar las virtudes de la amistad con las del amor, Do-jin y Hyun-oh se convertirían en un apoyo aún más sólido el uno para el otro.


Incluso la ansiedad más leve que quedaba, esa que casi ni se notaba, terminó por disolverse. Con el corazón mucho más cálido, Hyun-oh buscó el sueño mientras abrazaba a Do-jin. No era un final perfecto, pero sí uno bastante satisfactorio.


Pronto, un silencio acogedor se instaló en la habitación. Como todas las preocupaciones se habían esfumado y se sumieron en un sueño profundo, ni Do-jin ni Hyun-oh pudieron presentir lo que estaba por venir.


Al día siguiente. Tras despertarse tarde, compartieron besos matutinos empalagosos, prepararon una comida íntima y se despidieron con gestos de afecto dulces y algo torpes, muy propios de una pareja primeriza. Pero toda esa tranquilidad estaba a punto de romperse por culpa de una nota en una hoja A4 pegada en la puerta por alguien que, presumiblemente, era un vecino.


En esa nota, escrita con un marcador rojo gigante, se leería: “El Reino Animal♨ ( ^0^)✄╰⋃╯-”


Debido a un Hyun-oh que, muerto de la vergüenza, lloraría y armaría un escándalo gritando: “¡No volveré a hacerlo en tu casa!”, ambos terminarían viviendo juntos a partir del próximo semestre. Y, desde entonces, nunca más volvieron a vivir separados en toda su vida.


Pero esa noche aún era suave, una noche en la que ese futuro accidentado provocado por un pequeño incidente todavía no había llegado.


<Fin>



Raw: Ruth Meira.

Traducción: Ruth Meira.

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