Caramelo Ñam Ñam 5
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Diario de observación de Yoo Do-jin por Choi Hyun-oh
Caso número 1.
Yoo Do-jin. 21 años. Estudiante de Educación Física en la Universidad Municipal de Corea (2º año). Hobby: Hacer ejercicio. Especialidad: Comer bien.
...O eso es lo que creía, pero últimamente parece haber cambiado un poco. Hobby: Explorar nuevas posturas. Especialidad: Presumir de una resistencia inagotable.
Tras terminar rodando en una segunda ronda de sexo que lo dejó sin aliento, Hyun-oh cayó en un sueño profundo, casi como si se hubiera desmayado. No, "desmayarse para dormir" sería la descripción más exacta. Cuando volvió a abrir los ojos, ya había pasado un día entero y el sol brillaba con fuerza en lo alto.
Hyun-oh, que despertó sobre un colchón desnudo sin saber en qué momento habían quitado las sábanas, soltó un quejido lúgubre al oír un pequeño tintineo metálico. El sonido provenía de la zona de la cocina.
Moviendo con cuidado su cintura, que más que entumecida se sentía dolorida, Hyun-oh giró el cuerpo hacia donde provenía el ruido y se topó directamente con el trasero de ese loco de Yoo Do-jin.
Para ser exactos, se encontró con unas nalgas firmes y redondas que destacaban incluso sobre los bóxers, unos muslos sólidos que bajaban rectos desde ellas, y más arriba, una espalda y unos hombros anchos que parecían estar en tensión. Hyun-oh no pudo evitar soltar una palabrota por pura inercia.
—...Mier...da...
Qué espectáculo tan impresionante para empezar la mañana. ¿Por qué demonios estaba medio desnudo y solo con un delantal puesto? Sintiendo que sus mejillas se calentaban, Hyun-oh sintió el impulso de clavarse los dedos en los ojos.
—¿Te has despertado?
Do-jin, que picaba algo sobre una tabla de plástico barata comprada en una tienda de todo a cien, se dio la vuelta. Gracias a eso, su grueso torso quedó a la vista. Hyun-oh hizo un esfuerzo por no sentirse derrotado.
—¿...Qué pinta es esa?
Murmuró Hyun-oh con el ceño fruncido y la voz completamente ronca. De tanto gritar, sentía la garganta irritada como si tuviera un resfriado severo.
—Como te measte en mi ropa, no tenía nada más que ponerme. Ese era el último conjunto limpio.
¡Eeeek! Un quejido de indignación escapó de entre los dientes de Hyun-oh.
Do-jin, tras recordarle amablemente el incidente de ayer, echó a la sartén kimchi picado, cebolla y un trozo de zanahoria de dudosa caducidad que quedaba por ahí.
—Te voy a hacer arroz frito. Espera un poco.
—¡Ponte al menos ropa de calle!
—Es incómodo. Ya sabes que normalmente solo uso chándal.
Aun así, ¿era normal andar solo con un delantal encima de los calzoncillos? Hyun-oh murmuró como si lanzara una maldición:
—Ojalá te salte aceite en la polla.
Por supuesto, era un deseo que no llegó a cumplirse.
Do-jin preparó el arroz frito con movimientos algo torpes. Salteó el kimchi y las verduras, y luego añadió una gran bola de arroz frío. Cuando los granos, impregnados de aceite, se soltaron y quedaron sueltos, aderezó con salsa de soja y añadió dos huevos para saltearlos juntos.
Hyun-oh, aferrado a la manta, observaba la espalda de Do-jin mientras cocinaba. Al verlo tararear de vez en cuando y encorvarse frente a un fregadero que claramente se le quedaba pequeño para su altura y volumen, pensó que, después de todo, no era una mala vista.
De espaldas es guapo. Hyun-oh llegó a esa conclusión innegable mientras admiraba las proporciones y la forma de los músculos, dignas de un catálogo de fotos.
Sinceramente, sentía envidia. Hyun-oh bajó la mirada hacia sus propios brazos y muslos para compararlos con los de Do-jin, pero lo dejó de inmediato al sentir una profunda sensación de derrota: ¿cómo podía haber tanta diferencia siendo del mismo sexo?
Parecía que se había quedado absorto mirando a Do-jin por un buen rato. Gracias a la luz que entraba por la ventana, Hyun-oh notó las numerosas marcas de uñas y mordiscos que destacaban en la espalda de Do-jin.
Al ver los arañazos que bajaban por los omóplatos y la espalda, inevitablemente recordó lo de anoche. ¿Debería ponerle algo de crema? Por cierto, mi cuerpo se siente limpio... ¿Me habrá lavado Do-jin mientras estaba inconsciente? El flujo de sus pensamientos fue interrumpido por el plato terminado.
—Vamos a comer.
Do-jin se acercó con una sonrisa, cargando una montaña de arroz frito en la sartén. Hyun-oh se agarró al cabecero de la cama para intentar incorporarse.
¡Crack! Un sonido inquietante provino de abajo. El cabecero que había agarrado para apoyarse se inclinó peligrosamente hacia él. Hyun-oh levantó rápidamente ambas manos hasta la altura de los hombros, como demostrando su inocencia. Do-jin frunció el ceño, dejó el arroz frito sobre una pequeña mesa plegable y se acercó.
—¿...Se ha roto?
Do-jin se arrodilló para examinar la base del cabecero y murmuró con total seriedad:
—Parece que está más torcido que ayer.
—¿Más que ayer?
—Desde ayer me daba mala espina.
—¿...Por lo que hicimos?
—Sí. Ah, tendré que pagarle la reparación al casero antes de irme.
Hyun-oh se acarició la zona lumbar, que de repente sintió helada. Quizás lo que estuvo a punto de romperse anoche no fue la cama, sino su propia cintura.
Conclusión: ¿Será posible obtener la exención del servicio militar por efectos secundarios de las relaciones sexuales? Si es una hernia discal, de algún modo parece factible.
Caso número 2.
¿Cuál es el objetivo de Yoo Do-jin?
Do-jin atendía a Hyun-oh con extrema devoción, como si su meta fuera alimentarlo bien y cuidarlo hasta que engordara para luego devorarlo. Al final, solo fue una ración de arroz frito más grande de lo habitual y el helado de chocolate que tanto le gustaba a Hyun-oh, pero, en cualquier caso, fue una comida satisfactoria.
Con el estómago lleno, el cuerpo limpio y habiendo recuperado su "ropa de civil" tras la odisea de la noche anterior, Hyun-oh rechazó la petición de Do-jin de quedarse un poco más. Estaba seguro de que, si permanecía en esa casa, lo próximo en romperse sería su propia columna.
Do-jin intentó usar sus encantos e incluso soltó algunas lágrimas falsas, pero cuando vio que la decisión de Hyun-oh era firme, finalmente se puso ropa de calle en lugar del horrendo delantal. El motivo era que pensaba acompañarlo hasta la puerta de su casa.
Por mucho que Hyun-oh dijera que no, Do-jin no iba a escuchar. No quería gastar energías en algo que ya tenía un resultado predecible. Sin fuerzas ni para discutir, Hyun-oh terminó saliendo de la casa junto a él.
—Ay, ay, ay…
Hyun-oh soltaba quejidos involuntarios por el dolor punzante en todo el cuerpo mientras bajaba las escaleras dándose golpecitos en la cintura.
Do-jin, que iba unos pasos por detrás, preguntó:
—¿Quieres que te compre parches para el dolor?
—No hace falta.
Hyun-oh respondió con bastante brusquedad y no olvidó lanzarle una mirada fulminante. Debido a que Do-jin había intentado tantas posturas diferentes obligándolo a abrirse de aquí y de allá, no solo le dolía la cintura.
Hyun-oh, que no hacía un estiramiento de piernas tan extremo desde la secundaria, terminó de bajar las escaleras con un andar vacilante. Do-jin, que bajó hasta el portal, pareció notar algo al ver la espalda de Hyun-oh, quien caminaba encorvado como un anciano de setenta años, y declaró con total calma:
—La próxima vez lo haré con más suavidad.
—¡Si dijiste que la próxima vez me atarías las manos y me pegarías en el culo!
—Ah, es verdad. Entonces, la siguiente de esa, lo haré con mucha suavidad.
Ante la actitud de Do-jin, donde todas las conclusiones llevaban inevitablemente al sexo, Hyun-oh se acercó a él bufando de rabia. Do-jin lucía una sonrisa juguetona que resultaba evidente para cualquiera. Como le resultaba insoportable, Hyun-oh le puso la mano cerca de la oreja y susurró entre dientes:
—No pienso volver a hacerlo en tu casa.
Lo dijo muy en serio, cargando sus palabras con todo su resentimiento, pero Do-jin, en lugar de responder, se rió y le plantó un beso sorpresa en los labios al tenerlo tan cerca.
Los labios permanecieron unidos con intensidad durante unos segundos antes de separarse con un tierno sonido de beso. Ante tal atrevimiento en plena calle, donde cualquiera podría haberlos visto, Hyun-oh le gritó al oído:
—¡Maldito loco!
—¡Aaaaagh!
Ante una reacción digna de un niño de primaria, Do-jin se agachó cubriéndose la oreja con ambas manos. Tenía la boca abierta, realmente sorprendido. Do-jin gritó mientras se frotaba la oreja con fuerza:
—¡Duele! ¡He dicho que duele! ¡¿A quién se le ocurre gritarle a alguien al oído?! ¡¿Tan malo es darte un beso?!
—¡Estamos fuera! ¡Todo el mundo lo ha oído!
Hyun-oh agredió a Do-jin descargando toda su furia. Era también una venganza por haberlo "exprimido" anoche hasta que se orinó, a pesar de que le pidió que parara.
Tras darle un par de patadas y propinarle varios puñetazos en la espalda, Hyun-oh le gritó a un Do-jin que aún no se recuperaba del impacto sonoro:
—¡Ni se te ocurra volver a pensar en besarme, pedazo de cabrón!
Habiendo terminado su labor, Hyun-oh huyó rápidamente con su andar vacilante, dejando atrás a un Do-jin que lo miraba con desolación.
Conclusión: ¿Este hijo de perra solo se junta conmigo buscando acostarse conmigo?
Caso número 3.
¿¿¿¿¿¿¿¿????????
De camino a casa en el autobús, Hyun-oh sentía cómo sus quejas contra Do-jin afloraban una y otra vez debido al dolor persistente en su cuerpo.
Como se vería como un bicho raro si hablaba solo, se limitó a refunfuñar internamente. Hyun-oh lanzó una mirada fugaz al caótico centro de Seúl, que incluso a plena luz del día estaba atascado de tráfico.
Fue en ese momento cuando entró una llamada. Hyun-oh revisó la pantalla. Era Do-jin. ¿Debería contestar o no? Tras dudarlo un instante, y sin darse cuenta de que su humor había mejorado un poco, pulsó el botón de aceptar.
—Hola...
Era una videollamada. Al ver de repente el rostro de Do-jin apareciendo sin previo aviso, el corazón de Hyun-oh dio un vuelco y se apresuró a buscar y ponerse sus auriculares inalámbricos. Do-jin seguía fuera. Parecía estar acuclillado frente a los escalones del portal.
—¿Qué quieres?
—Cari.
—Qué. ¿Por qué sigues afuera?
—Me duele la oreja, recibí mucho daño. Como te escapaste sin darme un "sana sana", mi barra de vida no se llena. Todavía me late el dolor. Llamé para recargar energías con Hyun-oh.
Al ver a Do-jin refunfuñando mientras intentaba parecer tierno, Hyun-oh amagó con levantar una comisura de los labios, pero la congeló de inmediato. Esto se debió a que Do-jin lo observaba fijamente con la cabeza apoyada sobre sus rodillas juntas.
El Do-jin que veía bajo la luz natural era...muy extraño. ¿Siempre había tenido ese aspecto? Hyun-oh tragó saliva ante la mirada lánguida que Do-jin mantenía con él a través de la pantalla, y tuvo que esforzarse por recuperar el sentido.
¿Estás loco, Choi Hyun-oh? Sacudiendo la cabeza de forma casi imperceptible, Hyun-oh continuó hablando fingiendo indiferencia.
—Ya métete a casa.
—¿No te digo que mi barra de vida aún no está llena?
Una vez que eres consciente de algo, se te clava en los ojos. Hyun-oh sintió que su rostro se calentaba más que nunca y llegó a pensar que finalmente se había vuelto loco.
Yoo Do-jin se veía diferente. Era como si estuviera frente a otra persona que llevaba puesta la piel de Do-jin; le resultaba desconocido. ¿O quizás estaba nervioso precisamente por esa falta de familiaridad? Su corazón, que había acelerado el ritmo, no daba señales de querer calmarse.
Do-jin, que hacía un puchero con los labios, desvió ligeramente la vista hacia arriba. Probablemente estaba revisando su propio rostro en la pantalla. Hyun-oh también revisó rápidamente su propia imagen.
Por suerte, su cara se veía igual que siempre. A juzgar por el calor que sentía en las mejillas, debía de tener un leve rubor, pero por fortuna Do-jin no parecía notarlo.
—Si me das un beso, me meto.
Ahora que lo pensaba, la voz de Do-jin transmitida a través de las ondas y sus auriculares también sonaba distinta. Era grave y tenía una resonancia que le provocaba escalofríos por la espalda. Hyun-oh, sumergido de pronto en sensaciones desconocidas, soltó una tos falsa.
—...Lárgate. Te dije que ni pensaras en besarme.
—Iiiing.
—Estoy en el autobús.
—¿Un piquito en vez de un beso? ¿Eh? Solo pon los labios. En la pantalla. ¿Sí, sí? Entonces me meteré.
Hyun-oh echó un vistazo rápido alrededor del autobús. A esa hora de la tarde en un día de semana, el vehículo estaba casi vacío. Tras confirmar que no había nadie a los lados, acercó sus labios a la lente con un gesto de fingida desgana.
Tras rozar brevemente la pantalla con los labios y retirarse, Hyun-oh miró la imagen con el corazón latiendo aún más rápido que antes. La pantalla estaba totalmente rosada. ¿Qué era eso? ¿Qué estaba mostrando? Justo cuando un desconcertado Hyun-oh miró con más atención, se dio cuenta de que aquello eran los labios de Do-jin apretados contra la cámara.
Parecía que él también había acercado sus labios justo en el momento en que Hyun-oh lo hacía. ¡¿Pero este tío es un loco de remate?! Hyun-oh quiso gritar en ese mismo instante, pero en su lugar, colgó la llamada abruptamente por la impresión.
Se sentía aturdido, como si alguien le hubiera dado un golpe en la nuca. Loco. Maldito loco. Loco, rematadamente loco. De los labios entreabiertos de Hyun-oh brotaban pequeños insultos sin cesar.
Todo su cuerpo ardía. Estremeciéndose de hombros como alguien que acaba de ver algo que no debería, Hyun-oh guardó el móvil en lo profundo de su bolsillo.
—Ay, joder...
Hyun-oh sacudió la cabeza entre el impacto y el espanto. La sorpresa fue tal que perdió por completo el sentido de la realidad. Su corazón seguía latiendo con fuerza, reclamando su presencia. Hyun-oh presionó su pecho e insultó por lo bajo para intentar calmarse.
—Mierda...mierda, mierda...
Pum. Al ver que no podía tranquilizarse de ninguna manera, Hyun-oh golpeó ligeramente su cabeza contra el respaldo del asiento delantero. Quizás porque la sangre se le subió a la cabeza, podía sentir los latidos incluso en sus mejillas.
Conclusión: ¿Síndrome de Estocolmo?
Caso número 4.
He empezado a ser malditamente consciente de Yoo Do-jin.
Esta situación, en la que visualizaba el rostro del amigo de la infancia que conocía desde hacía casi diez años, no era normal en absoluto.
Como si hubiera previsto que Hyun-oh colgaría así, de parte de Do-jin llegó...
[JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA
Te amooo
>3<]
Aparte de esas respuestas, no llegó ningún otro mensaje.
Eso le dio todavía más rabia. No había razón alguna para que Hyun-oh se sintiera tan melancólico por un gesto que, para Do-jin, seguramente no era más que una broma.
—Maldito bastardo.
Soltando su insulto habitual, Hyun-oh clavó la vista en el aire y le mordió una oreja a Kim Sally. La oreja del peluche, ya húmeda por los mordiscos previos de Hyun-oh, estaba de un marrón oscuro y toda deshilachada.
¿Desde cuándo Hyun-oh se dejaba influir tanto por lo que Do-jin decía o hacía? Tras morder un par de veces más la oreja de Kim Sally ante aquella situación tan desconocida, Hyun-oh se dejó caer bocarriba.
Parecía que el dolor en la cintura, secuela de todo lo que ocurrió ayer, hacía que recordara a Do-jin con más intensidad. Incluso le vino a la mente aquella "botella de makkoli" ignorante que lo había embestido con tanto ímpetu.
—Es enorme, el muy cabrón...
Sin darse cuenta, Hyun-oh se quedó mirando fijamente los relieves del papel tapiz blanco de la pared, hasta que sacudió la cabeza y hundió la cara en la almohada.
Seguro que solo se había vuelto un poco loco por un momento, nada más. Hyun-oh definió su sentimiento como algo pasajero, como una brisa, y se llevó la mano al bajo vientre al sentir una punzada de dolor que venía notando desde hace un rato.
—...Mierda... Me duele la tripa...
Frotándose debajo del ombligo con la palma de la mano, Hyun-oh se encogió por ese dolor abdominal que parecía aparecer con frecuencia últimamente. Su cintura, maltratada por Do-jin todo el tiempo, le dolía como si se fuera a partir.
De una forma u otra, siempre acababa pensando en él. Al imaginar el rostro de Do-jin, que seguramente estaría durmiendo plácidamente tras haberle dado duro mientras él sufría así, Hyun-oh se sintió aún más miserable y se arrastró hacia el baño.
Olvídalo. Olvidémoslo. ¿Por qué sigo dándole vueltas solo porque me asustó y me hizo saltar el corazón? Hyun-oh murmuró para sí mismo y finalmente logró, según él, sacudirse la imagen de Do-jin de la cabeza.
O bueno, eso fue lo que creyó.
Conclusión: Jodido.
Caso número 5.
Decisión de irse lo antes posible de Working Holiday o al ejército.
Sábado, la mañana que debería ser el inicio de un fin de semana agradable. Hyun-oh, que despertó temprano, se quedó mirando al vacío con la expresión más estúpida del mundo. Tenía la boca tan abierta que parecía que se le iba a caer la baba en cualquier momento, pero eso no era nada comparado con el sueño que acababa de tener.
¿Estoy loco? ¿He perdido el juicio? Hyun-oh se desesperó mientras se tironeaba del pelo revuelto y seco. Inhala, exhala, inhala, exhala. Tras respirar hondo, golpeó su cabeza contra la pared una vez, y luego un par de veces más al ver que las imágenes del sueño se negaban a desaparecer.
—Choi Hyun-oh, estás loco...
Sin dudar en insultarse a sí mismo, Hyun-oh cerró los ojos con fuerza y sacudió la cabeza, pero el rastro del sueño seguía siendo nítido.
Hyun-oh saltó de la cama y buscó nicotina. Se llevó a la boca el cigarrillo electrónico que tenía siempre cargado para no tener que salir de casa, y mientras volvía a respirar hondo, se mordisqueó la punta con el rostro encendido.
El sueño trataba sobre "aquel" viaje escolar. Aquella noche de la que apenas guardaba recuerdos, en la que un Hyun-oh borracho le suplicaba a Do-jin que practicaran cómo besar.
Ya era bastante jodido tener el mismo sueño, pero lo peor fue que empezó a distorsionarse y a reconstruirse a su antojo.
‘—Ni siquiera sabes besar…’
Claramente se lo decía al Do-jin de su misma edad, pero la respuesta que recibió fue la voz del Do-jin actual.
‘—¿Quién dice eso?’
No era la voz de alguien que estuviera pasando por la pubertad; esa voz grave de ahora le erizó la piel. Y luego...
Cuando volvió a abrir los ojos en el sueño, un Do-jin que de repente se había convertido en adulto lo observaba con una mirada sombría y lasciva. No era el idiota juguetón de siempre, incluso cuando tenían sexo; era un Do-jin con un aspecto que imponía tanto que podría hacerte sangrar la nariz, alguien desconocido pero que, al mismo tiempo, te hacía tragar saliva.
Ante esa faceta diferente de Do-jin, que en el sueño resultaba el doble de sexy que en la realidad, Hyun-oh se había excitado mucho más de lo normal y el resumen de la pesadilla era que habían tenido relaciones de mil formas distintas.
—¿Será frustración sexual? No... Si después de lo que hicimos sigo frustrado, tengo que ir al hospital...
Murmurando seriamente sus hipótesis, dio otra calada y sacó la silla que venía con el escritorio empotrado para sentarse. Mientras seguía fumando en el interior con las piernas cruzadas, Hyun-oh bajó la mirada hacia su entrepierna.
¿Sería por ser de mañana? ¿O por el sueño erótico? Al sentir que la desesperación lo invadía al aceptar que el protagonista de dicho sueño era Do-jin, dejó lentamente el cigarrillo electrónico. Se le acababa de ocurrir una idea que parecía buena, pero que al mismo tiempo sentía que lo iba a sentenciar.
—...Mierda...
Hyun-oh se cubrió la cara con las manos. Realmente sentía que, si intentaba este método, cruzaría el punto de no retorno.
—A mí...a mí Yoo Do-jin no me atrae en absoluto... No me pone... Es el amigo al que le he visto las pelotas desde los diez años... Un amigo...
Aunque además de las pelotas, también la tenía grande... Ante el pensamiento que siguió al flujo de su conciencia, Hyun-oh se golpeó la frente con un ruido seco. ¡Loco! ¡Obseso de las pollas!
Tras regañar a su yo lascivo, Hyun-oh bajó la vista hacia su pene, que por alguna razón parecía estar ahora más firme que antes. Realmente me he vuelto loco. ¿Me he empalmado pensando en Yoo Do-jin? ¿Cómo puede pasarme esto?
Hyun-oh tragó saliva. Sentía que daría cualquier cantidad de dinero por poder borrar con una goma de borrar esa suposición que no se le iba de la cabeza desde hace un rato.
Si fallaba, Hyun-oh podría definir su estado simplemente como una reacción animal de su cuerpo; si tenía éxito, su huida al ejército quedaría decidida. Parecía que iba a terminar mal de cualquier forma, pero ya no podía ignorar la curiosidad que empezaba a brotar en su interior.
Sobre qué era exactamente ese sentimiento que Choi Hyun-oh había empezado a tener por Yoo Do-jin.
Con la sensación de estar convocando su propia desgracia, Hyun-oh emitió un gemido desesperado mientras hundía el rostro entre sus manos.
Tras agonizar y luchar contra sí mismo durante un buen rato, soltó un largo suspiro. Al levantar de nuevo la cabeza, el brillo en sus ojos recordaba al de un general que se dirige al campo de batalla con una determinación inquebrantable.
—Los hombres...solo necesitan un disparo. Mierda...
Murmurando como si hiciera una promesa, se dirigió a la cama para crear el ambiente propicio para masturbarse con comodidad. Tumbarse en la cama con un propósito tan lascivo desde temprano en la mañana, con la luz del sol entrando de lleno, era un acto cargado de culpabilidad.
Hyun-oh cerró los ojos al contacto con el mullido colchón. Repitió varias respiraciones profundas para calmar su corazón, que latía con una fuerza inusual, y comenzó a dar rienda suelta a su imaginación.
Dicen que los hombres son animales de fantasía. Fue fácil dibujar la figura de Do-jin. Hyun-oh ya podía recordar con facilidad cada uno de sus hábitos durante el acto: por dónde empezaba a besar, qué zonas estimulaba con más ahínco, hasta dónde llegaban sus labios al descender por su cuerpo...
...Para su desgracia, Hyun-oh se empalmó perfectamente. Se empalmó bien e incluso terminó rápido. Incluso la velocidad fue asombrosa.
Así, el experimento de Hyun-oh basado en la hipótesis de que podría excitarse pensando en Yoo Do-jin fue un éxito rotundo.
Hyun-oh decidió que quería morir.
Conclusión: La curiosidad mató al gato... no, mató a Choi Hyun-oh.
Caso número 6.
??????????????
Tras haberse excitado por Do-jin, haber sido capaz de imaginar cosas obscenas e incluso haberse masturbado pensando en él, Hyun-oh quedó hecho jirones en sentido mental, espiritual y físico. Se pasó todo el dulce fin de semana consumiéndose de preocupación por cómo vería a Do-jin de ahora en adelante.
En cuanto vuelva a la universidad, tendrá que verlo. Hyun-oh se arrepintió una y otra vez por lo que había hecho, preguntándose en qué estaba pensando al masturbarse imaginando a su amigo.
El único logro, si se le podía llamar así, fue admitir que se había acercado un paso más a un sentimiento que ni él mismo sabía definir. Por supuesto, eso no significaba que el logro fuera algo positivo o bueno.
El tiempo no se detiene por nadie. Y así, llegó el día de volver a clase. Aunque las clases de la mañana las pasó sin problemas porque no coincidía con Do-jin, la de la tarde tenía que tomarla junto a él.
Podía visualizar perfectamente el futuro que se repetiría como un bucle, tal como en los últimos meses, pero después de haber hecho aquello pensando en él, Hyun-oh sentía que llevaba una bomba de tiempo en su interior.
Debido a eso, apenas probó un bocado y no dejó de suspirar, ganándose la preocupación de Chung-myung. A medida que se acercaba la hora de clase, Hyun-oh se convenció de que no pasaría nada por faltar al menos una vez.
De todos modos, puede faltar hasta tres veces sin problemas. Hyun-oh tomó la decisión de volver temprano a casa, aun sabiendo que sus padres quienes pagaban la matrícula le darían un buen golpe si supieran que faltaba a clase por culpa de un hombre.
Tras despedirse de un preocupado Chung-myung diciéndole que se sentía mal y debía irse antes, Hyun-oh sintió que su corazón se aligeraba, al menos momentáneamente.
No podría huir así toda la vida, pero la ligereza de haber evitado este momento preciso era inevitable. Con la idea fija en que si Do-jin lo atrapaba estaba acabado, huyó rápidamente evitando las miradas ajenas, y por esa razón tardó bastante en oír la voz que lo llamaba.
—¡Oye! ¡Choi Hyun-oh! ¡Eh!
—¿Eh?
Hyun-oh se giró hacia donde lo llamaban por su nombre. Era la zona de fumadores cerca del estacionamiento de la universidad, rodeada de arbustos espesos. La persona que le saludaba alegremente era alguien conocido.
Era un hoobae de Do-jin a quien este le había presentado, ya que compartían un par de clases; también habían ido juntos a la cita grupal y, al tener la misma edad, habían acordado hablarse de forma informal. El chico tiró la colilla que le quedaba, la pisó para apagarla y se acercó a Hyun-oh.
—¿En qué estabas pensando? Te llamé varias veces y ni te enteraste.
—Ah, lo siento...
Hyun-oh se disculpó mientras el amigo le daba un toque amistoso en el hombro, y echó un vistazo rápido al grupo que estaba detrás. Por suerte, Do-jin no estaba. Soltó un suspiro de alivio.
Sin embargo, el alivio duró poco. Al encontrarse con el hoobae de Do-jin justo después de haber estado pensando en este y en sus actos melosos, Hyun-oh sintió un escalofrío. Ante el ligero temblor de Hyun-oh, el chico preguntó preocupado:
—¿Te pasa algo? ¿Estás enfermo?
—¿Un poco...? Por eso me iba ya a casa.
—¿De verdad? Lo siento, hombre. Te he detenido estando mal, vete rápido.
Ante la mentira de Hyun-oh, el amigo puso cara de culpabilidad y le dio un empujoncito para que se fuera. Sintiéndose algo mal por la preocupación genuina del otro ante su mentira, Hyun-oh hizo un gesto con la mano.
—Tengo tiempo para saludar. Ah, por cierto...
En ese momento, recordó que este chico había terminado saliendo con la chica de Danza tras la cita grupal. Naturalmente, también recordó los mensajes que Do-jin intercambió con ella.
Él era quien salía con la chica de Danza de Shinmyung. Aprovechando el tema que le vino de repente a la cabeza, Hyun-oh le dio un toque en el hombro al hoobae y dijo en tono de broma:
—¿Y qué tal vas con tu novia últimamente?
Al mencionar a su novia de la nada, el rostro del chico se puso rojo. Cualquiera notaría que estaba loco de amor por ella, aunque sus palabras sonaran como una queja.
—Nos peleamos hace unos días. Ni me lo menciones.
—¿Por qué se pelearon?
—Por una clase. Tú también la tomas, esa de Género y lo que sea para estudiantes. Pensé que sería una clase fácil porque no hay que ir y solo hay que entregar un trabajo, pero se enteró y me montó un pollo preguntándome con qué zorra iba a tener una cita. Le dije que no era una zorra sino un hombre, pero se enfadó igual, así que tuve que pedirle perdón de rodillas al compañero con el que iba a hacer el grupo y dejar la clase... En fin, nos peleamos por eso y ahora estamos en guerra fría.
—Ah, el compañero que iba a hacer el grupo conmigo también la dejó por la misma razón…
Recordando a la "vieja zorra" de rostro desconocido que le había arrebatado a Chung-myung, Hyun-oh sacudió la cabeza con exageración. El hoobae de Do-jin chasqueó la lengua y consoló a Hyun-oh con desgana.
—Qué mala suerte. Es una clase tan fácil que muchos se apuntan, pero también hay muchos que la dejan por razones parecidas. ¿Y entonces? ¿Vas a cambiar de grupo o tú también la vas a dejar?
—He decidido hacerla con Yoo Do-jin.
—¿Con Do-jin sunbae?
El chico arqueó ambas cejas. Hyun-oh, temiendo haber respondido de forma sospechosa por estar demasiado consciente de Do-jin, bajó el tono de voz al final.
—Sí, con Yoo Do-jin...
—Bueno... ¿Vas a escribir el informe parcial como si fuera una novela y luego haréis el final juntos? Qué amable es ese sunbae.
—¿Pero si hemos quedado en ser del mismo grupo?
—¿Eh? ¿Incluso para el parcial? Si el parcial hay que hacerlo por grupos de la misma clase.
—Por eso. Lo voy a hacer con él.
Parecía que el hilo de la conversación se estaba desviando de forma extraña. El hoobae de Do-jin, moviendo los ojos de un lado a otro y ladeando la cabeza, respondió completamente desconcertado:
—Pero si Do-jin sunbae no está apuntado a esa clase.
Conclusión: ?????
***
Ante la inesperada declaración, Hyun-oh parpadeó aturdido. Era algo tan extraño que incluso llegó a dudar de si había oído bien.
¿Que Do-jin no estaba cursando esa asignatura? Fue el propio Do-jin quien le buscó un hueco y se lo ofreció a un Hyun-oh que había fallado en su inscripción a principios de semestre, e incluso habían asistido juntos a clase varias veces hasta ahora.
—¿De qué estás hablando? ¿Por qué no iba a estar en esa clase?
Ante la reacción algo afilada de Hyun-oh, el hoobae de Do-jin retrocedió un paso agitando las manos y comenzó a excusarse apresuradamente.
—No, es que... ¿fue durante la orientación? En ese momento le pregunté al sunbae qué clases me recomendaba inscribir. Él me explicó las ventajas de esta asignatura, diciendo que la cursó el año pasado y que no pasaban asistencia. Le pregunté si la cursaría de nuevo este año, pero me dijo que ya era suficiente o que no podía, algo así me pareció entender.
El entrecejo de Hyun-oh se contrajo cada vez más. ¿Qué significaba esto ahora? La explicación detallada sonaba plausible, pero no terminaba de encajar con la idea de que Do-jin no estuviera en esa clase. El sentido común que poseía negaba tal hipótesis.
—¿...Solo por eso dijiste que Yoo Do-jin no está en esa clase?
—También por esto... Durante la primera sesión, mientras explicaban el programa, pasaron una lista para anotar quiénes serían pareja, ya que todos habrían venido sabiendo de qué iba. Me pareció no ver el nombre de Do-jin sunbae en ese papel... Ni siquiera sabía que la estaba cursando.
¿Acaso existía otro Yoo Do-jin además del que Hyun-oh conocía? ¿Qué demonios significaba todo esto? Al ver cómo el rostro de Hyun-oh se ensombrecía de golpe, el hoobae añadió palabras rápidamente.
—Solo es lo que pienso. No es que se lo haya oído decir directamente a Do-jin sunbae, sino que yo mismo lo supuse. ¡Vaya, no tenía ni idea!
El hoobae de Do-jin añadió aquello con una sonrisa forzada, mostrando claramente en su rostro que se arrepentía de haber sacado el tema, pero sus palabras ya no llegaban a los oídos de Hyun-oh. Las palabras y acciones de Do-jin durante todo este tiempo pasaron por su mente como un relámpago.
—...Este hijo de perra...
Surgió la pregunta más básica: ¿Do-jin estaba cursando la clase de amor o no? Pero eso no era lo importante en este momento.
Por supuesto, al principio pudo haber dicho que no la cursaría. Pudo haber cambiado a la clase actual durante el periodo de rectificación. Sin embargo, ¿no había ya varias mentiras que Do-jin le había dicho a Hyun-oh? Justo hasta la semana pasada, Hyun-oh tenía la intención de salir a buscar los secretos que Do-jin ocultaba.
Aquella situación dudosa, revelada justo cuando se había decidido, era difícil de negar de inmediato incluso tratándose de un amigo de diez años. Hyun-oh intentó calmar su interior hirviente con un largo suspiro, pero falló al darse cuenta de un hecho repentino.
«¡Mis créditos, joder!»
Si realmente Do-jin no era un estudiante inscrito. Si solo había estado balbuceando que sería pareja de Hyun-oh mientras asistía de oyente ilegal. Entonces, los créditos de Hyun-oh por haber tomado una clase que ni siquiera le interesaba solo porque era "fácil", estaban destinados a romperse en mil pedazos.
—¡Mierda!
En un instante, la dirección de su ira cambió. Hyun-oh, gritando como si fuera a dar saltos en el lugar, apretó los puños con ojos ardientes de furia.
¡Había cosas con las que se podía bromear y cosas con las que no! ¡Mis créditos! ¡Mi medio año! ¡Mi semestre! Hyun-oh no era un estudiante precisamente apasionado por el estudio, pero tampoco tenía una personalidad que le permitiera quedarse de brazos cruzados tras saber que había estado haciendo esfuerzos inútiles.
—Me voy primero.
Hyun-oh informó conteniendo a duras penas la rabia que le subía. El hoobae de Do-jin soltó un torpe: “sí…” mientras lo despedía con la mano.
El plan de huir a casa se frustró. Hyun-oh subió a grandes zancadas el camino de la colina del campus por el que antes había bajado cautelosamente.
Yoo Do-jin, pedazo de mierda. ¡¿Dónde estás?! Buscando a su alrededor mientras bufaba con ganas de darle un golpe en cuanto lo viera, Hyun-oh repasó mentalmente los lugares donde Do-jin podría estar.
El lugar más probable era la sala del club. Siempre que quedaba tiempo libre entre las clases de la mañana y la tarde, Do-jin solía matar el tiempo principalmente allí. Como la clase aún no había empezado, el único sitio con altas probabilidades parecía ser la sala del club. Hyun-oh dirigió sus pasos errantes hacia allí.
El club deportivo al que pertenecía Do-jin era principalmente un lugar de convivencia para el departamento de Educación Física. Según le había contado Do-jin, habían ganado varios premios en competiciones, pero Hyun-oh solo conocía la ubicación por descripción y nunca había ido en persona.
Siguiendo el mapa del campus que tenía dibujado vagamente en su cabeza, Hyun-oh caminó rápido hacia donde estaba la sala del club de Do-jin y llegó frente a un edificio antiguo situado en un rincón.
Le pareció recordar haber oído que este lugar, que quedó vacío al construirse un edificio nuevo hace unos años, fue convertido íntegramente en salas para clubes. Tras mirar un momento el edificio de ladrillo rojizo envuelto en hiedras que emanaba un aire algo lúgubre, Hyun-oh subió al segundo piso tal como le había indicado Do-jin.
La furia ardiente se sentía en los pasos decididos de Hyun-oh, que se dirigió sin vacilar hasta la última habitación del pasillo del segundo piso. El pasillo, silencioso y viejo, resonaba ruidosamente con sus pisadas.
Llamándolo de mil formas, todas terminadas en "bastardo", Hyun-oh agarró el pomo de la puerta y la abrió de par en par. En el interior de la sala, que desprendía un olor rancio por la antigüedad, se mezclaba el aroma a tabaco rancio dejado por los hombres que ocupaban el ochenta por ciento del club. En medio de todo, había un sofá hundido por el paso del tiempo. Y sobre él, Do-jin yacía dormido.
La ira que no se había enfriado en absoluto durante todo el trayecto, sorprendentemente, se desvaneció en el momento en que vio el rostro de Do-jin. Fue algo que desconcertó al propio Hyun-oh, quien esperaba agarrarlo por las solapas y darle un puñetazo en cuanto lo tuviera enfrente.
Do-jin, que dormía profundamente con la boca ligeramente abierta, mantenía las manos juntas con total tranquilidad, como una "bella durmiente". Tras quedarse mirando fijamente esa imagen sin darse cuenta, Hyun-oh cerró la puerta con cuidado.
Al sentir que el pestillo quedaba al alcance de sus dedos, también echó el seguro y se acercó lentamente a Do-jin. Dentro de aquella sala con olor a humedad que no podía llamarse fragante, a medida que se acercaba a Do-jin, un aroma familiar se mezclaba en el aire.
Su rostro, en un estado de total vulnerabilidad por el sueño profundo, era de una inocencia absoluta. Hyun-oh se sentó frente al sofá, observando a Do-jin mientras dormía plácidamente como un bebé.
Al quedar a la altura de su mirada desde arriba, pudo ver el rostro de Do-jin con más detalle. Incluso podía distinguir cada uno de los vellos faciales de su cara. De pronto, Hyun-oh se dio cuenta de que nunca había observado el rostro de Do-jin tan de cerca.
Tras masajearse un par de veces el pabellón de la oreja, que extrañamente empezaba a calentarse, observó cómo Do-jin cerraba la boca entreabierta y hacía un pequeño gesto de masticar. Sus labios bermellones, antes apretados, volvieron a abrirse.
—...Qué tipo tan odioso.
A diferencia de la dura elección de palabras, su voz no tenía fuerza. No sabía cuántas verdades le habría ocultado ya, después de haber actuado con tanta ingenuidad, sonriendo de oreja a oreja como si no supiera nada.
Por su carácter, quería preguntarle qué estaba pasando en ese mismo instante, pero no tenía la certeza de que Do-jin fuera a confesar dócilmente. Si eso sucedía, ¿se sentiría Hyun-oh decepcionado de él? Tras sacudir la cabeza, se reafirmó en su plan inicial: era mejor presentarle pruebas irrefutables para obligarlo a confesar la verdad.
Está bien. De todos modos, ya tenía pensado escribir un informe ficticio en lugar de Chung-myung, quien había abandonado la asignatura a mitad de camino, así que quizás fuera mejor seguir observando hasta encontrar una prueba clara de si Do-jin estaba asistiendo ilegalmente o no.
Tras reafirmar su decisión, Hyun-oh soltó un largo suspiro cargado de frustración. Una pregunta básica y fundamental empezó a apoderarse lentamente de su mente.
¿Por qué demonios? ¿En qué estaba pensando Do-jin y con qué intención le había mentido a Hyun-oh?
La idea de que el amigo de la infancia en quien tanto confiaba le hubiera dicho varias mentiras y ocultado diversos hechos hizo que, inevitablemente, Hyun-oh se sintiera deprimido. Al tambalearse los cimientos de la confianza que siempre habían estado ahí, también surgió un sentimiento de decepción.
Y al profundizar en cuáles serían las intenciones de Do-jin y qué más podría estar ocultando, Hyun-oh llegó al origen de por qué su corazón se agitaba con tanta inquietud.
«¿No será mentira también eso de que le gusto?»
Con la sospecha a flor de piel, Hyun-oh fulminó con la mirada a Do-jin, quien dormía ajeno a todo. Al ver su expresión relajada, como si estuviera teniendo un buen sueño, de repente sintió resentimiento hacia él.
No sabía cómo definirlo, pero lo que era seguro es que su humor se había agriado. Podía ser que a Do-jin no le gustara Hyun-oh. Quizás solo lo hacía para burlarse de él, porque le divertía su reacción, o tal vez por alguna otra razón desconocida. Pensamientos absurdos, como que en realidad llevaba planeando su venganza desde hace diez años, empezaron a brotar como nubes de humo.
Realmente no lo sabía. El hecho de que Do-jin hubiera perseguido a Hyun-ji para luego cambiar de parecer de repente y declararse a Hyun-oh ladrando que le gustaba, podía ser un acto de represalia por algún motivo oculto desde sus días escolares.
O tal vez, como Do-jin ya sabía que Hyun-ji no estuvo en aquel lugar ese día, quería devolverle la jugada a Hyun-oh, quien le había soltado una mentira primero, dándole un escarmiento monumental.
De alguna manera, la imaginación que comenzó con hipótesis descabelladas fue tornándose cada vez más verosímil. Desde el punto de vista de un amigo de la infancia de toda la vida, esto resultaba más realista que el hecho de que Do-jin estuviera enamorado de él...
Una vez que los pensamientos negativos comenzaron a propagarse, fueron imposibles de detener. El rostro de Hyun-oh se fue transformando en un gesto de fastidio. Si a Do-jin no le gustaba Hyun-oh, este debería salir corriendo ahora mismo por el campus en calzoncillos. Era algo muy extraño.
—Este hijo de perra... ¿Qué me ha hecho...?
Los días de escuela, el presente y su infancia se mezclaron formando un torbellino negro de identidad desconocida. Hyun-oh, murmurando con hostilidad, le pinzó con fuerza la nariz a Do-jin, que dormía plácidamente roncando suavemente.
—...Uuh, mmm...
Al faltarle el aire, el rostro de Do-jin, que dormía tan cómodo, empezó a distorsionarse. Aun así, se las ingenió para no despertar e intentó respirar por la boca, pero cuando un indignado Hyun-oh también le tapó la boca, abrió los ojos de golpe mientras manoteaba al aire.
—¡...Ah, ugh, joder!
Do-jin, que se incorporó de golpe soltando una palabrota, se quedó con cara de estupefacción al darse cuenta de que la persona que intentaba asfixiarlo era Hyun-oh. Hyun-oh bajó la mano lentamente. Ante la mirada fija de Hyun-oh, que lo observaba sin decir una palabra, Do-jin tragó saliva instintivamente por la tensión.
—¿Qué...qué...? ¿Por qué? ¿Qué pasa?
Do-jin murmuró sin fuerzas, desviando la mirada de un lado a otro ante los ojos de Hyun-oh, que de alguna manera se llenaban cada vez más de rabia. Parecía buscar instintivamente a alguien que lo ayudara.
—¿Por qué, por qué, por quéee...?
Habiendo sido despertado a la fuerza, Do-jin se vio obligado a lidiar con la ira inexplicable de Hyun-oh y balbuceó con voz queda. Sin embargo, en la mente silenciosa de Hyun-oh, las palabras que Do-jin le había dicho ya estaban pasando revista.
Cierto. Habían acordado salir por un periodo de prueba de un mes. De todos modos, en un mes esta relación tan extraña terminaría. Pero quizás por los antecedentes de Do-jin, incluso aquella confesión entre llantos donde decía que le gustaba empezó a parecerle una artimaña.
Podía ser que todo ese comportamiento de "me muero por ti" que Do-jin había mostrado hasta ahora no fuera real. En una situación donde normalmente debería haber sentido alivio, afloró un sentimiento inesperado que hizo que Hyun-oh quisiera negar la realidad.
Las emociones que hervían en su pecho se desbordaron hacia cada hueco vacío de su ser. Envuelto en una indignación indefinible, Hyun-oh gritó:
—¡A mí tampoco me gusta la gente a la que yo no le gusto!
—¡Ah, pero qué quieres que haga! ¡Ah, joder, oye! ¡Oye! ¡Mierda, ¿por qué lloras?! ¡Oye!
Debido a la frustración, sus emociones se desbordaron y una lágrima involuntaria cayó del ojo de Hyun-oh. Las lágrimas que ardían en sus ojos comenzaron a rodar por sus mejillas en un goteo incesante.
Al estallar sus sentimientos, fue como si toda la niebla se disipara y Hyun-oh pudiera enfrentarse a la verdad que tanto había negado.
Creo que me gusta.
Hyun-oh soltó un sollozo irritado consigo mismo. Estaba jodido. Y muy seriamente.
Sumido en la desolación, Hyun-oh no pudo detener fácilmente sus llantos. No estaba en sus cabales. ¡Estás loco, Choi Hyun-oh! Do-jin, que acababa de sufrir un percance repentino nada más despertar, estaba totalmente desconcertado.
—¡Mierda! ¡¿Pero por qué lloras?!
—Aaaah...mierda...
—¿Quién ha sido? ¿Has venido para que le pegue a algún cabrón?
—¡¿Qué dices?! ¡No es eso! ¡¿Acaso soy un niño?!
Gritó Hyun-oh con la pronunciación totalmente deformada por el llanto, mientras se frotaba los ojos con un gesto compungido. Con los ojos y las mejillas enrojecidos en un instante, Hyun-oh se veía bastante lastimoso.
Do-jin, sufriendo este apuro de la nada, lo sujetó con preocupación mientras se desvivía por calmarlo. Al sentir el calor corporal siempre elevado de Do-jin, Hyun-oh no pudo ocultar su melancolía.
¿De verdad le gustaba Do-jin? El sentimiento que llenaba su corazón, uno que nunca debió haber tenido hacia Do-jin, le resultaba demasiado extraño. Mirando de reojo a Do-jin con la vista baja, Hyun-oh sorbió sus mocos llenos de pesar.
Aquel amigo de la infancia, con el rostro que veía todos los días, se le antojaba cada vez más desconocido. El estilo de peinado al que no parecía prestar mucha atención. Las cejas pobladas, masculinas pero cuidadas; el puente de la nariz y la frente bien definidos; la mirada dulce que ni siquiera las gafas redondas que usaba a veces por su astigmatismo lograban ocultar; y los labios que siempre se sentían cálidos al contacto.
Hyun-oh, haciendo un puchero, terminó sintiéndose verdaderamente miserable ante la belleza de Do-jin que redescubría en ese momento. Por si no fuera suficiente con haberse masturbado pensando en su mejor amigo de diez años el fin de semana pasado, ahora resultaba que le gustaba como pareja sentimental. Aquella verdad difícil de creer le produjo a Hyun-oh una profunda sensación de derrota.
¿Por qué, de entre todos, me tuvo que gustar este tipo?
Hyun-oh miró a Do-jin con reproche y ojos afilados. Era un auténtico misterio. Cómo había llegado a sentir un afecto de un matiz tan distinto al de la amistad por aquel imbécil que usaba todo tipo de palabras extrañas y fingía una ternura que no encajaba con su tamaño.
El hecho de no poder aceptarlo racionalmente fue un choque para él. No tenía ni idea de cuándo había empezado a caer en el ritmo de Yoo Do-jin. Cuando su mirada afilada se desvaneció y fue reemplazada por una expresión sombría, Hyun-oh volvió a agachar la cabeza como negando la realidad.
—¿Qué pasa? ¿Qué tienes?
Do-jin, sin tener ni la más mínima idea de lo que pasaba por la mente de Hyun-oh, le agarró la muñeca y la sacudió ligeramente como si estuviera haciendo un berrinche tierno. Al no obtener respuesta a su habitual despliegue de afecto ante el cual Hyun-oh siempre solía reaccionar de diversas formas, Do-jin inclinó el torso para quedar a la altura de sus ojos.
Hyun-oh encogió los hombros ante la repentina cercanía de aquel calor corporal y de ese rostro del que ahora era tan consciente. Do-jin, por su parte, pegó su cara a la de él con la misma insistencia con la que Hyun-oh intentaba alejarse.
—¿Mmm? Dime algo, amor.
Ante la sonrisa pícara y el tono juguetón de Do-jin, Hyun-oh bajó la mirada con aire dubitativo. Sin darse cuenta, estaba entrechocando las yemas de sus dedos nerviosamente. Do-jin, que se había acercado tanto que sus respiraciones se mezclaban y sus labios casi se rozaban, preguntó con más guasa aún:
—¿Quieres un besito?
—...Si sigues hablando como un bebé, te voy a arrancar la lengua. ¡Oye!
En cuanto Hyun-oh soltó su reacción habitual, Do-jin aprovechó para plantarle un beso en la mejilla con un sonido antes de apartarse. Fue un beso tan intenso que casi pareció una succión. Con el corazón ya de por sí revuelto, el hecho de ser besado por Do-jin hizo que las pulsaciones de Hyun-oh trazaran una curva ascendente vertiginosa.
—Lo...loco...
Hyun-oh, con el rostro encendido al instante, se sintió desconcertado por el fuerte latido que retumbaba en sus oídos. Temiendo que Do-jin pudiera escucharlo, cruzó los brazos sobre su pecho para cubrirlo mientras abría y cerraba sus labios, tan rojos como sus mejillas.
Para suerte de Hyun-oh, Do-jin, que tenía una personalidad bastante simple, solo soltó una risita boba, aliviado por haber logrado que Hyun-oh volviera a ser el de siempre. Do-jin soltó un grito mientras revolvía con brusquedad el pelo de Hyun-oh, el cual se había esmerado en peinar durante una hora esa mañana, y luego tiró de su muñeca.
Como si fuera un muñeco de papel, Hyun-oh se dejó arrastrar y terminó sentado directamente sobre el regazo de Do-jin. Para alguien que acababa de darse cuenta de que sentía algo por él, aquella postura era demasiado abrumadora.
Sintiendo que su rostro no podía estar más rojo, Hyun-oh encogió aún más las manos contra su pecho. Do-jin levantó la vista para observar aquel rostro encendido y lleno de confusión, y soltó otra risita ligera.
Do-jin sacudió un par de veces sus muslos de arriba abajo como si lo estuviera acunando, lo que reforzó en Hyun-oh la sensación de ser un juguete de papel.
¿Toda la comida que ingiere se le va a los músculos? ¿Es tan fácil para él levantar a un hombre adulto de su misma edad solo con la fuerza de sus piernas? Mientras miraba a Do-jin con ojos redondos por el asombro, Hyun-oh tuvo que ponerle un alto cuando este le agarró ambas muñecas y empezó a manipularlas a su antojo.
—Para.
—¿Ya no lloras?
Solo entonces Hyun-oh se dio cuenta de que el llanto se le había cortado por la sorpresa, pero no fue capaz de evitar que Do-jin usara las propias manos de Hyun-oh para tocar el pecho de este.
—¡...Ah! ¡¿Pero qué haces?!
Hyun-oh, que de repente se vio a sí mismo manoseando el lado de su pecho donde tenía el piercing, apartó las muñecas con brusquedad. Una comisura de los labios de Do-jin se elevó con malicia.
—Venga, ahora cuéntamelo.
—¿El qu... ¡Ah!
Do-jin agarró ligeramente las rodillas de Hyun-oh para atraerlo más hacia sí. Al perder el equilibrio sin previo aviso, Hyun-oh rodeó instintivamente el cuello de Do-jin con los brazos. Al verse de pronto en brazos de Do-jin en una posición de "estilo princesa", Hyun-oh empezó a temblar de puro nerviosismo.
—¿Por qué llorabas? Mientras me estrangulabas.
—No te estaba estrangulando.
—Intentaste asfixiarme.
—No quería matarte, no es eso...
Mientras respondía mecánicamente a las preguntas de Do-jin, Hyun-oh cerró la boca de golpe como una almeja. Retiró con rapidez los brazos del cuello de Do-jin y los puso ordenadamente sobre sus muslos. Al soltar Hyun-oh su punto de apoyo, Do-jin pasó una mano por detrás de su cintura para sostenerlo.
—¿Tienes alguna preocupación?
Del mismo modo que Hyun-oh conocía a Do-jin desde hace diez años, Do-jin también conocía a Hyun-oh desde hace una década. Su mejor amigo de la infancia, aunque ahora tuvieran sexo y hubieran acordado salir por un tiempo, podía adivinar qué le pasaba con solo mirar su expresión o su semblante.
Hyun-oh, sintiéndose descubierto, respondió con el tono típico de alguien que oculta algo:
—¿Ah, no es nada?
—No me mientas.
—Que no es nada.
—¿Cómo que no? Pon la mano en el corazón y dímelo... Oye, ¿quieres que la ponga yo por ti?
Glup. Do-jin tragó saliva haciendo que su nuez se moviera visiblemente mientras clavaba la mirada en la zona del pecho de Hyun-oh. Cuando Hyun-oh echó la cabeza hacia atrás como si fuera a darle un cabezazo, Do-jin estiró rápidamente la espalda hacia atrás.
—¡Joder, que no toco nada, no toco nada! ¡Con lo planas que tienes las tetas, ni siquiera hay nada que tocar!
—¡¿Y quién fue el bastardo que no paró de chuparlas y morderlas con tanto gusto?!
—¡¿Crees que por tener un piercing ya lo eres todo?! ¡¿Crees que por ponerme caliente ya basta?! ¡Ah, ah, aaaagh! ¡Aaaaaagh!
Tras fallar el cabezazo, Hyun-oh le clavó los dientes en el cuello a Do-jin. Sin importarle que este gritara a todo pulmón, Hyun-oh mordió con todas sus fuerzas hasta dejar la marca de sus dientes y luego se separó del cuello, que ahora brillaba por la saliva.
Do-jin, con los ojos llorosos, sujetaba a Hyun-oh por la cintura para intentar apartarlo mientras ponía cara de resentimiento. Sin embargo, la expresión de Hyun-oh tampoco era muy amigable. Yoo Do-jin era Yoo Do-jin. Claramente se había vuelto loco por un momento al sentir que el corazón le latía por un tipo que seguía siendo el mismo imbécil de siempre.
—...Es que alguien me tiene harto y me puse de mal humor por su culpa. ¿Contento?
Hyun-oh soltó una parte de la verdad con un tono cortante, y en ese instante captó cómo la expresión de Do-jin se volvía incómoda. Los ojos de Hyun-oh se entrecerraron. Al estar tan cerca, pudo ver claramente cómo las pupilas de Do-jin temblaban a pesar de que intentaba ocultarlo. Tras mover los ojos de un lado a otro, Do-jin soltó una tos falsa y balbuceó:
—Pero no hace falta que llores por eso. Cuando lloras, no sé qué hacer conmigo mismo...
Pareciendo haber olvidado ya el dolor del mordisco en el cuello, Do-jin miró a Hyun-oh con una sonrisa melosa y encantadora. No contento con eso, soltó un “mngh” y hundió la cara en el pecho de Hyun-oh.
¿Lo mato? Hyun-oh bajó la vista hacia la coronilla de Do-jin, que estaba acurrucado contra él. Do-jin, que restregaba sus mejillas a gusto contra ese pecho que antes decía que era "plano y sin nada que tocar", asomó solo los ojos para mirar a Hyun-oh.
Al ver cómo le dedicaba una sonrisa dulce con los ojos entrecerrados en cuanto cruzaron miradas, Hyun-oh decidió posponer sus deseos asesinos por un momento.
—Ya, suéltame.
—No quiero.
—Lárgate.
—No kiero.
Claramente tenía la lengua a medio cortar. Do-jin sonrió de oreja a oreja, jadeando suavemente. A Hyun-oh le pareció ver una cola de samoyedo blanco agitándose detrás de él. Le resultaba increíble que, después de todo lo que había pasado, ese gesto le pareciera tierno. Hyun-oh suspiró de nuevo y, con un gesto caprichoso, extendió ambas manos para acunar las mejillas de Do-jin.
Las mejillas de Do-jin, que tenía una temperatura corporal más alta de lo normal, se amoldaron con suavidad a las palmas de Hyun-oh. Observándolo con cierta desaprobación, Hyun-oh empezó a amasarle el rostro a su antojo.
¿Qué demonios era este tipo para él? ¿Era el sentimiento de un padre criando a su hijo? ¿Era amor-odio? ¿O simplemente afecto? En cualquier caso, el ovillo de hilos que los unía desde hacía tanto tiempo estaba totalmente enredado. Ajeno al conflicto interno de Hyun-oh, Do-jin estiró los labios pidiendo un beso, soltando unos pequeños sonidos de "muac, muac".
De forma impulsiva, Hyun-oh presionó con fuerza las mejillas de Do-jin para que sus labios sobresalieran y le plantó un beso rápido antes de separarse. El sorprendido esta vez fue Do-jin; sus ojos se abrieron de par en par, rompiendo su actuación previa.
—¿A qué viene esto?
—...He echado el cierre, así que no pasa nada.
—Pervertido. ¿Cuándo cerraste la puerta? Veo que ya se te pasó el enfado, ¿no?
—¿Tú qué crees?
—¿Que ya se te pasó?
Do-jin sonrió con picardía y le apretó un par de veces las nalgas magras a Hyun-oh. Sus manos, que amasaban la carne como si fuera un pastel de arroz, empezaron a profundizar poco a poco, rozando incluso la costura rugosa de sus vaqueros.
—Hagamos como que lo de intentar estrangularme no pasó. Si me "matas" con esto...
Ji, ji. Do-jin dirigió una mirada brillante hacia Hyun-oh. Parecía que en su cabeza ya estaba ocurriendo algo calificado para mayores de edad.
—¿No se puede?
¿Te parece que sí? A pesar de la mirada fulminante de Hyun-oh, Do-jin sonrió de medio lado y deslizó ambas manos por debajo de la ropa de Hyun-oh.
Eran unas manos cargadas de un calor ardiente, pero Hyun-oh se estremeció como si le hubieran echado un balde de agua helada. Al sentir las manos grandes sujetándole suavemente los costados y subiendo por su piel, se le puso la carne de gallina.
—Ah, oye... Espera, aquí... ¡Ah!
—Dijiste que habías echado el cierre.
Ante la provocación de Do-jin, quien rozó intencionadamente el pezón izquierdo perforado, Hyun-oh gritó con el rostro rojo como un tomate:
—¡¿Pero cómo pretendes que tengamos sexo en la universidad, pedazo de cabrón?!
—Ala. ¿Quieres que tengamos sexo en la universidad?
Do-jin abrió mucho los ojos, como si hubiera oído a un perro maullar. Aunque él mismo había provocado esa línea de pensamiento con su conversación y sus caricias cargadas de intención sexual, ahora fingía ser un unicornio puro mientras acariciaba suavemente el pecho de Hyun-oh.
—Pervertido. Mira que tener fantasías tan obscenas en la facultad...
—...Si tanto quieres morir virgen, no seré yo quien te detenga.
—¡Ah…! Sí, señor... Solo estaba fingiendo un poco de timidez porque me gustas mucho...
Do-jin, que prefería vivir como un semental antes que como un unicornio, se disculpó formalmente.
La mano que ya estaba bajo la ropa jugueteando cerca de los pezones levantó de golpe la camiseta de Hyun-oh. Tras dejar su torso expuesto de forma descarada hasta la altura del pecho, Do-jin tragó saliva con fuerza.
Hyun-oh se sintió extraño al ver a Do-jin relamiéndose ante un cuerpo tan común y corriente; no es que hubiera mucho que ver. Cuando Hyun-oh ayudó a quitarse la prenda superior, el sonido de la deglución de Do-jin se volvió aún más ruidoso.
—¿No hay loción o algo parecido por aquí?
Avergonzado por la mirada de Do-jin, que parecía estar volviéndose loco de deseo, Hyun-oh soltó una pregunta al azar. Do-jin, que ya estaba desabrochando el botón de los pantalones de Hyun-oh tras dejar la camiseta en el suelo, murmuró:
—No creo que haya nada de eso...
Era lógico. En un club lleno de hombres donde solo había tipos con rabo, era imposible que hubiera algo como loción corporal. Al darse cuenta de que no tenían nada para facilitar la penetración, Do-jin frunció el ceño con ansiedad.
—Hay Reflex.
—¡¿Quieres que se me congele el culo?!
Hablaba con ligereza porque no era él quien se lo iba a poner. Do-jin, obsesionado con encontrar algo que pudiera lubricar la zona, sugirió otra opción:
—Entonces... ¿Y si simplemente la meto...? ¿No se podrá? Usando saliva...
La voz de Do-jin fue perdiendo fuerza ante la mirada gélida de Hyun-oh. Aun así, siguió bajándole los pantalones y los calzoncillos de un solo tirón.
Ploc. La ropa cayó al suelo de la sala del club. Tras dejar a Hyun-oh desnudo, Do-jin le flexionó las rodillas y se las abrió hacia los lados. Hyun-oh alcanzó a ver el contorno amenazante y el calor que emanaba de la entrepierna de Do-jin incluso a través de sus pantalones.
En la cara interna de los muslos, bajo el ombligo, en la clavícula y el cuello, en las areolas y los pezones... Todavía quedaban las marcas rojizas que Do-jin había dejado. Especialmente el pezón con el piercing, que estaba hinchado y de un color rojo intenso.
Una mirada hambrienta recorrió meticulosamente el cuerpo desnudo de Hyun-oh. Aquellas marcas cargadas de posesividad eran un espectáculo que solo Do-jin podía contemplar.
Cuando Do-jin sonrió satisfecho, Hyun-oh se limitó a morderse el labio inferior. Por mucho que fueran amigos de la infancia, era inevitable sentir vergüenza cuando la persona de la que acabas de aceptar que estás enamorado te mira de una forma tan explícitamente sexual.
—Bueno... Inténtalo y si duele, para... ¡Aaaah!
Las palabras de Hyun-oh murieron antes de terminar. En cuanto recibió una especie de permiso a medias, Do-jin metió las manos bajo las corvas de Hyun-oh para abrirlo con firmeza y, antes de que pudiera detenerlo, hundió el rostro entre sus piernas.
—¡Ah, ah! ¡Ah, joder! ¡Está sucio...! ¡Ah, ugh...!
El puente de su nariz presionó el perineo. Ante la acción de Do-jin de lamer vorazmente su zona íntima y profundizar con la punta de la lengua, Hyun-oh sintió vergüenza y excitación al mismo tiempo.
—¡Pa-para, ugh, está sucio! ¡Ah, para ya...!
La lengua afilada rozó la carne sonrosada. No era como un dedo o un pene grueso. Era un placer mucho más cosquilleante y difícil de atrapar que hizo que Hyun-oh temblara lastimosamente mientras se tapaba la boca.
—No lo... ¡Ugh, jooo, ah! ¡Mngh...!
A veces Do-jin lamía la zona posterior de Hyun-oh, pero nunca había emitido esos sonidos de succión tan descarados como hoy. La fuerza de las manos de Do-jin, que lo empapaba de saliva más que nunca, aumentó. Inmovilizado por las corvas, Hyun-oh miró hacia abajo a Do-jin con los ojos enrojecidos y empezando a humedecerse.
Do-jin observaba a Hyun-oh sin parpadear, como si disfrutara de cada una de sus reacciones. En cuanto Hyun-oh se dio cuenta de eso, una oleada de vergüenza lo invadió por completo. Su pene, que estaba a media asta, se terminó de poner erecto por completo.
El aliento caliente de Do-jin, producto de su risita, rozó el perineo que ya estaba presionado por el puente de su nariz. Un calor extraño empezó a propagarse con un cosquilleo. Do-jin se separó con un sonido de succión, dejando las comisuras de sus labios brillando por la humedad.
—¿Crees que con esto sea suficiente?
Limpiándose la boca con el dorso de la mano con total naturalidad, Do-jin se posicionó entre las piernas abiertas de Hyun-oh. Acto seguido, deslizó su dedo índice dentro de la boca de Hyun-oh, quien lo miraba con los ojos llorosos y el rostro encendido.
Al sentir el dedo entrar de repente, Hyun-oh empezó a succionarlo por instinto. El entrecejo de Do-jin se contrajo ligeramente. Hyun-oh, sobresaltado, dejó de juguetear con el dedo y parpadeó mirando a Do-jin. Do-jin, que observaba cada movimiento de Hyun-oh con minuciosidad, soltó una ráfaga de insultos con el rostro congestionado.
—¡Joder, joder, joder...ah, mierda!
¿Qué le pasa? Hyun-oh, desconcertado, relajó los labios que había apretado sin darse cuenta; entonces Do-jin se mordió el labio inferior y retiró el dedo. Antes de que el índice empapado en saliva se secará, Do-jin lo llevó hacia la intimidad de Hyun-oh.
Presión. Ante el tacto del dedo que empujaba con urgencia para entrar, Hyun-oh contuvo el aliento con un pequeño jadeo. Gracias a que Do-jin se había esmerado en lamerlo, no hubo problema para que la entrada se dilatara al tamaño del dedo, pero el interior era otra historia.
—¡Ah! ¡Ah, duele! ¡Duele! ¡Sácalo! ¡Sácalo! ¡Que lo saques!
—Aguanta solo un poco.
—¡Duele! ¡Me duele! ¡Ugh, ah, oye!
Había logrado introducirlo hasta la base, donde la uña estaba bien recortada. Sin embargo, por mucho que lo hubiera humedecido con saliva, el interior reseco no era suficiente para lubricar. Si tenían lubricante, Hyun-oh solía aceptar cosas del tamaño de una botella de makkoli sin problemas, pero ahora le costaba incluso con un solo dedo índice.
Ante aquel dolor tan punzante y desconocido, Hyun-oh jadeaba con la boca abierta. Su erección también había perdido fuerza. Cuando Do-jin chasqueó la lengua y forzó un poco más el dedo hacia dentro, Hyun-oh terminó rompiendo a llorar.
—¡Te he dicho que duele, hijo de perra!
Hyun-oh empezó a patalear mientras las lágrimas brotaban a raudales. Por mucho que le dijera que le dolía, ese maldito bastardo seguía soltando frases tranquilas pidiéndole que aguantara. Ante el rechazo violento de Hyun-oh, Do-jin tuvo que desistir de su intento.
—No llores. No llores, lo siento. ¿Te dolió mucho?
Hyun-oh, que estaba medio recostado por la forma del sofá, se incorporó de inmediato. Estaba en modo defensa absoluta de su retaguardia. Do-jin lo atrajo hacia sí y le dio palmaditas en la espalda para consolarlo. Hyun-oh hundió la cara en el hombro de Do-jin, secándose las lágrimas, y murmuró malhumorado:
—Solo hazme una paja.
—...Ah, mmm... ¿O prefieres que me corra yo una vez...?
Hyun-oh enarcó una ceja mientras clavaba la vista en Do-jin. Cualquiera notaría que Do-jin no quería conformarse con un simple acto manual; sus ojos se movían inquietos de un lado a otro.
—Es que vi en el porno que si te corres...ah, no es nada.
Do-jin se calló de golpe al ver que la ceja de Hyun-oh subía cada vez más. Este tipo, vete a saber qué demonios anda viendo en su casa.
Los pantalones de Do-jin estaban tan abultados que parecían una tienda de campaña alrededor de su entrepierna. Como solía llevar pantalones de chándal holgados, el contorno del grueso pilar se marcaba claramente.
—...Bueno...si quieres, inténtalo.
Murmuró Hyun-oh con aire remilgado. El rostro de Do-jin se iluminó al instante. Emocionado como un cachorro que acaba de recibir el permiso de su dueño, se bajó los pantalones antes de que Hyun-oh pudiera arrepentirse.
—¡...Ah!
Hyun-oh soltó un jadeo involuntario. El pene que saltó fuera de los calzoncillos se veía mucho más grueso y amenazador al verlo bajo la luz, y al poder distinguir de cerca incluso las venas marcadas, las pupilas de Hyun-oh temblaron como si hubiera un tsunami.
—Terminaré rápido.
En cuanto el enorme pene palpitante quedó al descubierto, Do-jin empezó a masturbarse. Agarró el tronco con su mano grande y empezó a deslizarla lentamente de arriba abajo mientras cerraba los párpados y fruncía el ceño.
Estimulaba el pilar con las venas marcadas mientras rozaba de vez en cuando el glande sensible con el pulgar. Do-jin, que sostenía aquel tronco que parecía difícil de abarcar incluso con su mano y lo agitaba con parsimonia, abrió sus ojos cerrados. Una mirada ardiente, cargada de deseo, se clavó en Hyun-oh. Al mismo tiempo, el ritmo empezó a acelerarse.
—Hyun-oh...
La mirada de Do-jin recorrió el rostro de Hyun-oh, su cuello lleno de marcas, las areolas y pezones cubiertos de mordiscos, y volvió a subir. El calor empezó a retornar a la entrepierna de Hyun-oh, que antes se había ablandado por el dolor.
—Ayúdame, ah...un poco. Para que me corra rápido.
Al ver a Do-jin susurrando con voz grave y las mejillas encendidas, Hyun-oh tragó saliva sin darse cuenta. Do-jin dejó de masturbarse y se acercó a Hyun-oh gateando sobre sus rodillas. Hyun-oh, que había retrocedido un poco, se dejó guiar por Do-jin y volvió a recostarse lentamente en el sofá.
—El pecho. Junta tus pechos. Con las dos manos.
—¡¿Pero qué dices, pervertido?!
Do-jin no parecía tener energía ni para quejarse como un niño; simplemente exhalaba un aliento pesado con el ceño fruncido. Hyun-oh tragó saliva. Do-jin, mirándolo desde arriba, se veía más imponente que nunca.
Mientras sujetaba su propio pene con una mano, con la otra Do-jin agarró suavemente las corvas de Hyun-oh para abrirlas. Al quedar con las piernas separadas y su intimidad expuesta, parecía que estuvieran a punto de realizar la penetración. Mordiéndose el interior de la mejilla, Hyun-oh terminó haciendo lo que Do-jin quería.
Para empezar, era una zona sin nada de grasa. Por mucho que intentara juntarlos, apenas se acumulaba algo de carne entre sus manos. Hyun-oh bajó un momento la vista hacia su pecho, ligeramente más abultado de lo habitual, y volvió a mirar a Do-jin.
La respiración de Do-jin se volvió aún más errática. Acelerando el ritmo de su masturbación, Do-jin mordió sin mucha fuerza el pecho de Hyun-oh, que ahora estaba más turgente.
—¡Ah...!
Como si quisiera engullir toda la carne acumulada de una vez, Do-jin succionó con tal ansia que pareció que todo el pecho iba a desaparecer dentro de su boca. Hyun-oh, sorprendido, soltó las manos que mantenían su pecho unido. Do-jin levantó la cabeza tras juguetear un poco con los labios.
Se debió a que la carne que llenaba su boca había desaparecido de repente. Cuando Hyun-oh intentó juntar sus pechos de nuevo apresuradamente, Do-jin mordisqueó el pezón con el piercing antes de separarse.
—¡Ugh...!
Un dolor electrizante lo atravesó. Fue como si una corriente eléctrica recorriera la barra del piercing, algo de lo que normalmente ni era consciente. Cuando Hyun-oh empezó a tocarse el pezón por inercia, Do-jin habló con una voz claramente excitada:
—Más...tócamelo más, ah, tócalo, joder...
Sentirse como el "platillo principal" de una masturbación justo frente a la persona que se está autosatisfaciendo era una sensación verdaderamente mística. Entre la vergüenza y la excitación, Hyun-oh comenzó a estimular sus propios pezones tal como Do-jin deseaba.
Frotó con el índice el pezón rosado, hinchado de tanto ser lamido y succionado, y luego probó a rodarlo entre el pulgar y el índice. Quizás por la situación, un calor incontrolable comenzó a propagarse desde esa pequeña protuberancia.
—Ah, hngh, mmm...
Encogió los dedos de los pies. En algún momento, el pene de Hyun-oh también había quedado completamente erecto. Do-jin observaba cada movimiento de Hyun-oh sin siquiera parpadear. El hecho de que Hyun-oh estuviera sintiendo placer al tocarse sus propios pezones hacía que Do-jin sacudiera la cadera una y otra vez.
—Do... Do-jin... ¡Aaah!
En un abrir y cerrar de ojos, su cuerpo fue volteado. Sorprendido por el movimiento repentino y sin aviso de Do-jin, Hyun-oh se agarró al reposabrazos del sofá. Al cambiar a una posición similar a la del estilo perrito, Hyun-oh se giró a mirar a Do-jin con ojos de conejo asustado.
—Joder, qué jodidamente sexy...
Vio el pene de Do-jin, pegado hasta debajo del ombligo y goteando líquido preseminal. Do-jin sujetó a Hyun-oh por los hombros y aplicó una presión lenta. Sin entender qué estaba haciendo, Hyun-oh apoyó la mejilla contra el reposabrazos con rostro dubitativo. Sintió una textura mullida, como la de una almohada.
Quedó en una posición donde solo alzaba el trasero para mostráselo a Do-jin. No satisfecho con eso, Do-jin acarició suavemente los hombros de Hyun-oh y bajó con delicadeza por sus brazos hasta rozar el dorso de sus manos.
Sujetando sus muñecas, que no mostraban voluntad de resistencia, Do-jin manipuló las manos de Hyun-oh a su antojo. Cuando hizo que él mismo se agarrara las nalgas para abrirlas, Hyun-oh se puso rojo hasta el cuello.
—¡E-esto, joder, qué...!
No bastaba con levantar el trasero, ahora tenía que sujetarse las nalgas él mismo para abrirlas y mostrarle el agujero. Estaba tan avergonzado que sentía que la cabeza le daba vueltas. Do-jin sujetó con firmeza las manos de Hyun-oh para mantenerlas abiertas mientras susurraba con voz entrecortada:
—Quédate así.
La nuez de Hyun-oh se movió visiblemente de arriba abajo. Glup. El sonido de tragar saliva quedó sepultado por el ruido de Do-jin retomando su masturbación. Al no poder ver lo que ocurría, los sonidos se volvieron mucho más estimulantes.
—Haah... Ha, hngh... Hyun-oh, Hyun-oh...
La voz de Do-jin llamando su nombre una y otra vez mientras se masturbaba hacía que el corazón de Hyun-oh diera un vuelco. ¿Cuántas fantasías extrañas habrá tenido este tipo conmigo para que esta posición le salga tan natural? Las palabras que gritaba en su interior no llegaron a convertirse en lenguaje.
Extrañamente, el calor recorrió sus nalgas y llegó hasta el interior. Su parte íntima, que ya conocía el placer de las relaciones anales, palpitaba una y otra vez. Muerto de vergüenza, Hyun-oh se mordió los labios y cerró los ojos con fuerza.
Al bloquear la visión por completo, cada acto de Do-jin se clavó en sus oídos. Su respiración agitada, el sonido rítmico de la masturbación, el roce entre el sofá de cuero y la piel empapada de sudor, y esa mirada tan caliente que sentía que le quemaba allá donde apuntaba...
Sentía un cosquilleo en su retaguardia, que se abría y cerraba repetidamente. Quería que la metiera pronto. Quería ser sacudido frenéticamente. Rezando internamente para que Do-jin eyaculara rápido mientras encogía los pies, Hyun-oh abrió los ojos de golpe cuando sintió que Do-jin presionaba su cuerpo contra su espalda.
Do-jin, que atrapó las piernas de Hyun-oh entre las suyas, deslizó su pene entre el hueco de los muslos de este, como si estuviera realizando el acto sexual. Ante el contacto repentino del pene grueso moviéndose contra la cara interna de sus muslos, Hyun-oh soltó un jadeo agudo.
—Casi...ya casi, haah...creo que ya está. Terminaré rápido, Hyun-oh.
Do-jin susurró justo al lado de su oído con una respiración entrecortada. Se le puso la piel de gallina. Do-jin superpuso su cuerpo sobre la espalda de Hyun-oh y succionó su lóbulo sin lastimarlo, comenzando un movimiento de cadera tal como si estuvieran teniendo sexo de verdad.
Ante la presión de sentirse aplastado por un oso pesado y el estímulo ardiente que sentía abajo, Hyun-oh terminó apretando el hueco entre sus muslos. Do-jin soltó un gemido de satisfacción aún mayor y aceleró sus movimientos.
Junto a un sonido fuerte, como si le golpearan las nalgas, el hueso de la pelvis de Do-jin chocaba contra él repetidamente hasta el punto de doler. Siendo sacudido de adelante hacia atrás sin descanso, Hyun-oh dejó escapar gemidos débiles.
—Ah, aaah... Ah, hngh... ¡Hngh...!
El pene que penetraba entre sus muslos también estimulaba los testículos de Hyun-oh y la base de su pene. Debido al placer indirecto, la respiración de Hyun-oh también se volvió cada vez más agitada.
—¡Hngh, haah...!
—¡Hyun-oh! ¡Aah, Hyun-oh...!
Do-jin, que se movía rápido, retiró su pene de repente. Al desaparecer el calor y el apoyo, Hyun-oh se desplomó de lado y miró a Do-jin con la boca abierta, aturdido.
Do-jin, habiendo detenido la penetración simulada justo antes de eyacular, sujetó su pene y lo estimuló con rapidez. El pene, que goteaba líquido preseminal indicando la inminencia de la descarga, palpitaba como si fuera a explotar en cualquier momento.
—¡Hngh...!
Finalmente, Do-jin eyaculó. Hyun-oh no podía apartar la vista. Se sentía como si hubiera espiado un acto primario y desordenado propio de una bestia.
Tras observar embobado el rostro de Do-jin con las mejillas y los ojos enrojecidos, y su expresión distorsionada disfrutando del clímax, Hyun-oh vio cómo Do-jin, jadeando, abría su mano empapada de esa sustancia blanca como si fuera una aleta.
Clac. Hyun-oh sintió que algo se rompía en su cabeza después de mucho tiempo. Do-jin, que intentaba recuperar el aliento exhalando aire caliente, soltó un grito agudo al verse repentinamente embestido y derribado por Hyun-oh.
A pesar de su gran tamaño, el grito delicado que soltó no apagó la excitación de Hyun-oh. Do-jin, que quedó tumbado en el sofá al instante, miró a Hyun-oh con los ojos muy abiertos.
Hyun-oh apoyó las manos sobre los hombros de Do-jin con ímpetu para sostener su peso, y vio cómo Do-jin tragaba saliva nerviosamente. Siguiendo con la mirada el movimiento de la nuez que subía y bajaba, Hyun-oh murmuró:
—Quédate quieto.
—¿...Eh?
—Yo me encargaré de todo.
—Qu-qué...
—¿Confías en mí?
Aunque se sentía un poco como un forajido, Hyun-oh lo besó con brusquedad antes de ver si Do-jin asentía. De un Do-jin desconcertado brotaron sonidos, pero fueron devorados por la boca de Hyun-oh.
Tras juguetear a su antojo con la lengua de un Do-jin que se había quedado paralizado por la sorpresa, Hyun-oh comenzó a moverse sobre él, cuyo pene aún mantenía su forma erecta a pesar de haber eyaculado. Do-jin, que aún no se había recuperado del todo de la eyaculación, se agitó como si le hubiera caído un rayo.
—¡Mngh, mngngh! ¡Mmmngh!
Colocando el pene de Do-jin entre su perineo y sus muslos, Hyun-oh empezó a girar la cadera de arriba abajo mientras sujetaba su propio pene completamente erecto para empezar a masturbarse. Al rememorar el acto sexual simulado de hace un momento para obtener el semen, sintió que sería capaz de correrse incluso dos veces.
Do-jin, que acababa de eyacular y estaba extremadamente sensible, sacudió la cadera como un loco. Aunque intentaba retorcerse para escapar de Hyun-oh, que se masturbaba sobre él mientras giraba la cintura, la desventaja de estar debajo hizo que, por el contrario, terminara moviendo su propia pelvis contra los muslos de Hyun-oh.
—¡Mngh, aaagh! ¡Aaaaagh!
Do-jin gritó como si fuera a morir. Incluso un par de lágrimas asomaron en las comisuras de sus ojos. Mientras su boca permanecía abierta dejando salir una mezcla de sonidos roncos y gritos que subían desde su garganta, Hyun-oh le pidió que se callara y le apretó el glande. Do-jin soltó un lamento gemido.
—¡Aag, uuh, ahhh, Hyun-oh, ugh!
¿No será mejor agarrar su pene y frotarlo junto al mío en lugar de tenerlo atrapado bajo mi perineo? Hyun-oh, con la mente nublada por la lujuria, pasó de inmediato a la acción. La cintura de Do-jin dio un respingo violento.
—¡Aaaaaagh! ¡Sálvame! ¡Aaaaagh!
Al oír esos sonidos que parecían más propios de una sesión de tortura, Hyun-oh se detuvo. La realidad de que acababa de asaltar a Do-jin cegado por la excitación empezó a calar en él poco a poco.
Mientras Hyun-oh aguzaba el oído por un momento para ver si había alguien afuera, Do-jin, con el pecho subiendo y bajando por la respiración agitada, soltó un sollozo.
—¿Es que...es que tienes intención de matarme?
—¿De qué hablas?
—Aah, uhh...
Al ver a Do-jin a punto de llorar de puro sentimiento, Hyun-oh se apresuró a darle palmaditas en la mejilla. Do-jin, como si buscara mimos, parpadeó y hundió su rostro contra la palma de la mano de Hyun-oh.
—Aah...
—Cállate, idiota.
—...Uuh...
Hyun-oh le dio un par de palmaditas más y retiró la mano. Do-jin, ya sin rastro de llanto, clavó la mirada en él. Este tipo... Hyun-oh chasqueó la lengua y ordenó:
—La mano.
Do-jin, como un perro obediente, le entregó la mano sin rechistar. Hyun-oh, con su mano derecha, recogió el semen que se había esparcido sobre la palma de Do-jin. Quizás porque este había apretado el puño ante el placer involuntario, el fluido se conservaba bastante bien.
Tras pasar el semen de Do-jin principalmente a sus dedos índice y corazón, Hyun-oh respiró hondo. Aunque ya lo había hecho varias veces, seguía sintiendo cierta resistencia psicológica a introducirse los dedos en un lugar que no tenía ese propósito original.
Do-jin, que hace un momento gritaba que se moría, ahora estaba en silencio. Sus ojos, envueltos en excitación, seguían cada movimiento de Hyun-oh. Hyun-oh tomó otra bocanada de aire y llevó sus dedos hacia su retaguardia.
Acarició suavemente la entrada palpitante y, cerrando los ojos, deslizó los dedos lentamente hacia dentro. Cuando introducía los dedos de Do-jin, que eran grandes en todos los sentidos, sentía casi como si fuera una penetración real, pero sus propios dedos, comparativamente delgados y ahora provistos de lubricante, entraron sin mucha resistencia.
—...Mngh...
Hyun-oh se mordió los labios para contener un gemido nasal y fue introduciendo los dedos paso a paso. Se sentía extraño. Tras tantear con sus dedos el estrecho interior que parecía morderlo y no querer soltarlo, Hyun-oh se armó de valor e introdujo un dedo más.
—Hngh, ugh... Haah...
Los quejidos se le escapaban sin cesar. Junto a la sensación de cuerpo extraño que le producía la inserción, un sentimiento místico empezó a brotar como una neblina.
El semen que usaba como lubricante se secó pronto en su interior. Sin embargo, ¿sería cosa de su imaginación? De alguna manera, sentía una textura resbaladiza similar a la de cuando tenía sexo con Do-jin habitualmente. Hyun-oh movió sus manos con impaciencia para unirse pronto con Do-jin.
—¡...Ah!
La punta de su dedo corazón rozó una zona abultada. Instantáneamente, sintió como si una corriente eléctrica recorriera toda su columna vertebral y apretó con fuerza su retaguardia. Al hacerlo, la sensación del dedo invadiendo sus paredes internas cambió por completo respecto a antes.
—¡Ah, ugh...hngh! ¡Ah...!
Hyun-oh, que se concentraba en el placer que lo invadía con los ojos fuertemente cerrados, levantó ligeramente los párpados. Debajo de él, Do-jin observaba la escena tapándose la boca con ambas manos.
Esa mirada ardiente, casi táctil, recorría cada detalle de Hyun-oh de arriba abajo. Hyun-oh, que movía la cadera involuntariamente para recibir los dedos con más profundidad, terminó echando la cabeza hacia atrás cuando Do-jin deslizó sigilosamente sus propios dedos junto a los de él.
—¡Ah, aaah! ¡Ugh! ¡Me...me gusta, haaaah!
La mano ajena que estimulaba sus paredes internas se movía con una fuerza y una intensidad distintas a la suya. Una excitación aún más rápida lo embistió. Las yemas de los dedos de otra persona, moviéndose en contra de su voluntad, estimularon su punto máximo. Hyun-oh gritó con la cintura vibrando. Rápido. Rápido. Quiero que entre algo más grueso, más profundo y más largo.
Jadeando, Hyun-oh retiró la mano. Sus paredes internas, que lo apretaban con fuerza, siguieron sus dedos de forma viscosa hasta el último momento.
—Para...hngh, ha...detente un momento.
—¿Vas a meterla?
Los ojos de Do-jin brillaron. Cuando Hyun-oh asintió con el rostro encendido, Do-jin volvió a llevarse rápidamente ambas manos a la boca, como si estuviera listo para ser "devorado".
—Cariño, eres demasiado sexy...
Do-jin murmuró con voz amortiguada por sus manos, con los ojos enrojecidos. Hyun-oh se sintió algo cohibido ante esa mirada que parecía estar viendo una película porno en vivo.
Ocultando sus sentimientos con una tos falsa, movió sus piernas, que ya empezaban a hormiguear. Un gemido inconsciente escapó de Do-jin. Hyun-oh lo fulminó con la mirada.
—...Es que estás muy sexy...
Ignorando a Do-jin, que balbuceaba excusas, Hyun-oh cambió de posición apoyando las rodillas, agarró el pene de Do-jin y miró de reojo hacia atrás.
Es grande. Incluso visto desde arriba, era enorme. Además, estaba tan rebosante de vigor que, si Hyun-oh lo soltaba, parecía que fuera a quedarse pegado contra sus abdominales en cualquier momento.
Tragando saliva involuntariamente, Hyun-oh sintió una punzada de autodesprecio como si se hubiera convertido en un demonio de la lujuria, y bajó la cintura lentamente. El orificio, totalmente relajado, se dilató con dificultad.
Exagerando un poco, con solo albergar parte del glande que parecía el puño de un bebé, su bajo vientre empezó a temblar. Hyun-oh tomó una gran bocanada de aire y soportó la abrumadora sensación de dilatación total.
—Hngh, haah…
—¿...Mmm? ¿Mngh? ¿Eh? Hy-Hy-Hyun-oh… ¡Espera! ¡Ugh…!
Un gemido tembloroso escapó de Do-jin. Hyun-oh, preguntándose qué pasaba, bajó la vista y vio que el rostro de Do-jin estaba teñido de un rojo intenso, sumido en el espanto.
¿Lo siente más sensible de lo habitual? Hyun-oh, que estaba ocupado tratando de calmar la sensación de estarse partiendo en dos por abajo, no le dio importancia y terminó de bajar su cuerpo lentamente. Do-jin inhaló aire como si se estuviera quedando sin aliento.
—¡Hyun, Hyun-oh…! ¡Ugh! ¡Ah, espera, mngh!
Do-jin cerró los ojos con fuerza y se tapó la boca. Los gemidos nasales, bloqueados por sus manos, resonaron sordamente antes de disiparse. Al ver la reacción repentina de Do-jin, Hyun-oh sintió de forma directa el hecho de que estaban en la universidad, en una sala de club donde cualquiera podría entrar.
Paradójicamente, la excitación se duplicó y Hyun-oh terminó de albergar por completo el pene de Do-jin. Con la sensación de ser atravesado y de que algo grueso llenaba todo su interior, Hyun-oh también alcanzó un clímax preliminar.
Do-jin temblaba violentamente con ambas manos tapándose la boca. El muy idiota estaba siendo más precavido de lo normal. Al verlo actuar con más cautela que él mismo, Hyun-oh sintió cómo hervía un deseo de conquista que tenía oculto.
Mordiéndose el interior de la mejilla con una sonrisa, Hyun-oh apoyó las manos sobre el abdomen de Do-jin y comenzó a moverse lentamente de arriba abajo. Sintiéndose morir de placer, Hyun-oh agitaba la cadera mientras notaba bajo sus palmas las líneas bien definidas de los abdominales hundidos por el esfuerzo.
—¡Ah, ah, hngh! ¡Ah! ¡Aaah…!
Bajo sus palmas, sentía los músculos firmes de Do-jin vibrar mientras este contenía el aliento. La sensación del pene llenando su interior también era nítida. Envuelto por completo en la esencia de Do-jin, Hyun-oh se dio cuenta de la verdad como si fuera una explosión.
Estaba más excitado que de costumbre. Se sentía bien. Tras haber aceptado sus sentimientos por Do-jin, la unión de sus cuerpos era tan intensa que podía sentir cada una de sus células.
No puedo creer que me guste Yoo Do-jin…
El hecho de que su posición como mejor amigo de la infancia durante más de diez años hubiera cambiado le causó un breve impacto mental, pero ese sentimiento desapareció pronto debido a la excitación despiadada que le provocaba el pene llenando su interior y rozando sus puntos sensibles.
Ah, qué bien se sentía. El pene de Do-jin que lo atravesaba como si hubiera sido hecho a medida, el tronco que rozaba sus zonas de placer a su antojo, y esa sensación de hundirse desde arriba para penetrar aún más profundo. Se sentía tan bien que creía que se iba a desmayar.
—¡Mngh, mmmgh, ah!
Do-jin, con la boca tapada, soltaba sonidos que parecían casi de asfixia. Al verlo estremecerse con el rostro y el cuello totalmente rojos, Hyun-oh susurró:
—Haah, mngh, ¿te gusta?
—¡¡Aaah, ah, ugh!!
Hyun-oh, más excitado que de costumbre y entregado a sus instintos, pensó: “Este idiota…” y sin darle más vueltas, continuó cabalgándolo con más fuerza. La entrada desde abajo hacia arriba se sentía cada vez más profunda.
—¡Ah, ah, hngh! ¡Do-jin, mmm…!
Su cuerpo, ahora más sensible, lo conducía fácilmente hacia un mundo de lujuria. Mientras movía la cadera frenéticamente, las manos de Hyun-oh fueron subiendo por el cuerpo de Do-jin hasta colapsar sobre él. Apoyándose sobre el pecho firme de su amigo, sintió bajo su palma que el corazón de Do-jin latía demasiado rápido.
—Es…ah, demasiado bueno, mmm, ¡ah! ¡Aaah! ¡Me gusta! ¡Ugh!
—¡Hy-Hyun-oh, ugh! ¡Para, mngh! ¡¡Para!!
Unas lágrimas brotaron de los ojos de Do-jin, que temblaba levemente con la boca tapada, y rodaron por sus sienes. Soltando un llanto, Do-jin sacudió la cabeza con desesperación.
—¡Hyun-oh, mmm, hngh! ¡Oye, oye! ¡¡Espera un momento!!
Al ver a un Do-jin que sollozaba de puro placer mientras él mismo sentía más que en encuentros anteriores, Hyun-oh creyó entender por qué Do-jin solía seguir con el sexo aunque él llorara. Como uno intenta apartarse cuando se siente demasiado bien, quería presionarlo más hasta hacerle perder el juicio.
—¡Mmm, ah! ¡Me gusta, Do-jin, ah, ah! ¡Aaah…!
El clímax se acercaba rápidamente. De arriba abajo. De lado a lado. Usando sus rodillas y su propio peso. Hyun-oh, moviéndose con tal intensidad que se escuchaba un sonido húmedo de succión, apretó sus paredes internas y alcanzó un clímax vertiginoso.
—¡Ah! ¡Aaah! ¡Hngh…!
Eyaculando con una sensación explosiva en su interior, Hyun-oh se desplomó. Había cabalgado con tanta locura por el placer que ahora le golpeaba el cansancio. Do-jin pareció alcanzar el orgasmo casi al mismo tiempo, pues seguía estremeciéndose con los ojos fuertemente cerrados.
Su interior se sentía más empapado que nunca. Algo cálido… ¿Líquido…? Hyun-oh, que había cerrado los párpados para saborear el post-sexo, los abrió intrigado. Un Do-jin completamente rojo estaba llorando con la boca tapada, temblando como un cachorro que acaba de tener un accidente.
Envuelto en una sensación extraña, Hyun-oh miró fijamente a Do-jin y luego bajó la vista hacia la zona de unión, que se sentía inusualmente mojada.
—…Oye, mmm, ¡ah! ¡Joder!
Toda su parte inferior estaba empapada, como si le hubieran echado agua. El líquido que empapaba su interior y goteaba por la unión definitivamente no era semen. A menos que Hyun-oh hubiera expulsado agua por detrás, eso significaba que era de Do-jin.
Sorprendido, Hyun-oh retiró rápidamente el pene de Do-jin. Del orificio que había estado taponado salió un chorro de algo transparente, similar al agua, que Do-jin había eyaculado.
Al pensar en qué tipo de líquido podía salir de un pene, el rostro de Hyun-oh se puso pálido. No, no podía ser. No era posible. El agua transparente y sin olor no parecía orina. Pero, ¿acaso había otro tipo de "agua"…?
Hyun-oh miró a Do-jin con ojos aturdidos. Do-jin parecía, a ojos de cualquiera, un niño pequeño llorando de vergüenza tras hacerse pis encima.
—…Ugh, snif, no…es que…simplemente salió…te dije…que pararas…
—¿...Te has meado?
¡Uaaaang! Ante la franqueza de Hyun-oh, Do-jin, que balbuceaba incoherencias, se tapó los ojos y se puso a llorar de verdad. A Hyun-oh se le quedó la boca abierta por lo absurdo de la situación. Aquel hecho era suficiente para enfriar una pasión de mil años y hacer que el pene de Hyun-oh, que estaba a medio camino, se ablandara por completo. Un silencio aterrador inundó la sala del club.
En sus veinte años de vida, ni largos ni cortos, Hyun-oh se jactaba de tener una experiencia sexual más temprana y variada que la de sus compañeros.
Por supuesto, era la primera vez que se acostaba con un hombre. También la primera vez que se le ocurría meterse algo tan bestial por el culo. Y la primera vez que sentía un placer que lo hacía estar al borde del desmayo. Incluso la primera vez que sentía que le exprimían todos los fluidos del cuerpo hasta quedar seco.
Sin embargo, Hyun-oh, que siempre pensó que tenía más experiencia que el hombre que lloriqueaba frente a él, supo que, independientemente de la experiencia, aquel era un sexo fallido se mirara por donde se mirara. Se había sentido tan bien que estuvo a punto de morir, pero al final todo se arruinó.
Debido a que Do-jin había expulsado un fluido corporal que Hyun-oh supuso que era del mismo tipo que el que él mismo había soltado sin querer en su encuentro anterior, toda la limpieza quedó a cargo de Hyun-oh.
Hyun-oh, observando de reojo a Do-jin, quien se encontraba sumido en la miseria con el rostro enterrado en el sofá y el trasero aún al descubierto, comenzó a limpiar con el sentimiento de quien cría a un hijo que ni siquiera tiene.
Se vistió a toda prisa, limpió el sofá empapado con papel higiénico cubierto de una fina capa de polvo, se aseó él mismo y luego limpió a Do-jin poco a poco, aprovechando para olisquear a escondidas.
No olía a nada y era transparente. Aquello que Do-jin le había dicho la vez pasada para consolarlo que no era orina y que podía estar tranquilo parecía ser verdad. Sin embargo, mientras acercaba el papel húmedo a su nariz para olfatear un par de veces más, Do-jin lo descubrió.
—Uuh, uugf...
Do-jin soltó un bufido, no se sabía si de indignación o de pura vergüenza, y se quedó en silencio. Sus nalgas, rojas hasta las orejas y firmes por el ejercicio constante, subían y bajaban al ritmo de su respiración agitada.
Sintiendo que si seguía mirando le darían ganas de darle un azote, Hyun-oh lo cubrió con una vieja manta que rodaba por el suelo, debajo del sofá.
Do-jin, envuelto hasta la cabeza en esa manta que seguramente soltaría nubes de polvo al sacudirla, parecía una enorme oruga. Quizás conmovido por el gesto cálido de Hyun-oh, soltó un sorbo nasal.
—...Uff...
Al escapársele un suspiro involuntario, el cuerpo de Do-jin se estremeció levemente. Hyun-oh fingió no verlo y terminó de recoger todo.
Una vez que cesó el ruido del ajetreo, el silencio se apoderó de la sala del club. Había una incomodidad tal que hacía difícil creer que hasta hace un momento habían estado entregados al calor de sus cuerpos.
—Vístete.
Hyun-oh le dio la orden a Do-jin, quien ocupaba todo el sofá con sus largos tobillos sobresaliendo por el borde y observó cómo este se ponía la ropa a trompicones.
—Quítate un poco, que yo también quiero sentarme.
Los hombros de Do-jin, que aún no superaba la vergüenza, temblaron. Hyun-oh lo miró fijamente sin decir nada. Tras vacilar un momento ante la mirada punzante de Hyun-oh, Do-jin se incorporó envuelto en la manta como si fuera un capullo.
Do-jin, con los ojos hinchados y enrojecidos, miró a Hyun-oh de reojo. Esa imagen de un perro enorme que ha cometido una travesura y busca la reacción de su dueño hizo que Hyun-oh dudara de sus propios gustos.
Es lindo. Hyun-oh ocultó su expresión con una tos falsa y se sentó al lado de Do-jin. Este se envolvió aún más fuerte en la manta.
—Cochino.
Murmuró Hyun-oh con ganas de molestarlo. Do-jin respingó y refunfuñó:
—...No soy un cochino.
—¿Cómo que no?
—...Es que simplemente salió porque se sentía demasiado bien...
Al verlo quejarse con el labio inferior hacia afuera, Hyun-oh tuvo que toser con más fuerza para disimular. Do-jin, interpretándolo a su manera, añadió una excusa desesperada:
—¡Es que...! ¡Acababa de correrme y tú vas y...me aprietas así y me tocas! ¡Me diste un estímulo que no pude controlar! ¡Tú también te masturbas, ya sabes cómo es! ¡Esa sensación de morir si te tocan justo después de terminar!
—¿Y quién era el que estaba tan ansioso por meterla en cuanto eyaculara?
—¡...Porque tú te subiste encima de forma demasiado sexy!
Do-jin alzó la voz indignado, pero se achicó de nuevo ante la mirada amenazante de Hyun-oh, que parecía preguntar de quién era la culpa. Jugueteando con sus dedos y manoseando la manta, hizo un puchero de desolación.
—...Es que siempre quise verme genial ante ti...
Hyun-oh, que seguía ocultando su rostro con toses ruidosas, se atragantó de verdad ante ese ataque inesperado.
—¿Qué? ¡No te ves nada genial!
Preguntó Hyun-oh entre toses mientras se llevaba la mano al cuello. Do-jin, cada vez más deprimido por la sinceridad accidental de Hyun-oh, sorbió los mocos que le quedaban y se lanzó al pecho de Hyun-oh soltando un ruidito.
Hyun-oh, que de repente se vio abrazando la espalda de Do-jin, bajó la vista hacia la oruga gris que restregaba su cara contra su pecho. No se sentía mal tener a ese ser cálido por su alta temperatura corporal buscándole mimos.
Do-jin no decía nada, pero estaba profundamente avergonzado. «No debería haberme burlado la otra vez diciendo que se había hecho pis». Do-jin, que se había llenado la boca diciendo que Hyun-oh era hermoso aunque tuviera incontinencia o se hiciera caca, ahora estaba recibiendo su propio merecido.
Cuando el llanto de frustración volvió a intensificarse, Hyun-oh empezó a consolarlo con madurez, aunque fuera el menor según el registro civil.
—...Dijiste que fue porque se sintió muy bien. Digamos que estamos en paz, una vez cada uno.
—Pero tú te ves lindo incluso cuando lanzas un chorro.
—Un cho...
Hyun-oh se quedó atónito ante el uso de una palabra que nunca en su vida había escuchado en ese contexto. Era un término tan explícito que supo de inmediato a qué acto se refería.
—...Joder. ¡Quítate de encima, idiota! ¡¿Acaso soy un parque acuático?!
Do-jinse hundió con más fuerza en el pecho de Hyun-oh. La vez pasada, cuando ambos creyeron que de verdad se habían hecho pis, parece que Do-jin buscó información y encontró términos que se le aproximaban, pero Hyun-oh no sabía en qué momento había aprendido vocabulario tan técnico.
Parecía que se estaba volviendo cada vez más pervertido, probablemente buscando material visual a espaldas de Hyun-oh. Aunque Hyun-oh intentó empujarlo por los hombros, terminó optando por abrazarlo con fuerza.
—¿De dónde sacas esas palabras?
—Estudié.
—...Si es algo por lo que hay que estudiar, ¿no crees que la gente normal debería vivir sin saberlo?
—¿...Acaso cuando lo hacías con tu exnovia alguna vez...? ¡No! ¡No! ¡No digas nada! ¡Me enfado! ¡Me pongo furioso!
Hyun-oh no sabía qué quería este tipo. Se sorprendió por la escena de ver a alguien enojarse por una pregunta que él mismo había formulado. La espalda de la oruga gris subía y bajaba con respiraciones bruscas por el berrinche. Hyun-oh le dio unas palmaditas suaves en la espalda.
—Dijiste que un hijo es lindo aunque se haga caca.
—Tú...tú estabas bien...pero yo...me veo como un tonto...
Do-jin murmuró apenas audible cerrando los ojos con fuerza. Hyun-oh sintió el movimiento de sus párpados y el roce de sus largas pestañas contra su ropa.
Era tierno, pero Hyun-oh se preguntó si Do-jin no se daba cuenta de que él siempre lo había considerado un amigo brillante pero un poco corto de luces. Intentar parecer inteligente ahora no le iba a servir de nada. Hyun-oh decidió concentrarse en consolarlo, sabiendo que si decía lo que pensaba, Do-jin rompería a llorar a moco tendido.
—Un...cho...rro... Bueno, lo que sea. Ya me quedó claro que te da vergüenza, así que de ahora en adelante, cuando estemos haciéndolo y te diga que quiero ir al baño, escúchame bien. ¿Entendido?
—¿De ahora en adelante...?
Solo después de que Do-jin lo señalara con ese matiz sutil en la voz, Hyun-oh se dio cuenta de que sus palabras daban por sentado un futuro compartido. La oruga gris, que antes estaba deprimida, levantó la cabeza poco a poco.
Quizás por haber tenido la cara hundida en el pecho de Hyun-oh tanto tiempo, su rostro estaba ligeramente congestionado y su mirada, brillante por las lágrimas, se clavó en él. Al ver esa expresión llena de expectativa, Hyun-oh tragó saliva involuntariamente.
—¿Vas a prometérmelo o no?
—¡Lo haré! ¡Lo haré! ¡Si me dices que quieres hacer pis, te llevaré en brazos hasta el baño!
—¡No hace falta!
Do-jin, habiendo olvidado ya su humillación, soltó una risita alegre. De repente, a Hyun-oh le vino a la mente un viejo dicho de los mayores:
Si te empieza a parecer tierno, estás perdido. Hyun-oh se mordió la lengua, pensando que las cosas se estaban torciendo un poco. Esto no puede ser.
Con las comisuras de los labios temblando, Hyun-oh terminó agarrando las mejillas de Do-jin con fuerza y lo besó. Presionó sus labios firmemente contra los de él un momento y luego se separó, arrepintiéndose al ver cómo la boca y las fosas nasales de Do-jin se expandían por la sorpresa.
—...Ya no llores más, idiota.
Hyun-oh soltó una excusa atropellada. Gracias a eso, las lágrimas de Do-jin desaparecieron y este asintió aturdido. Hyun-oh estiró una de las mejillas blandas de Do-jin, le dio unas palmaditas sin fuerza y se apartó de él.
Extrañamente, una sensación ondulante se propagó desde su corazón por todo su cuerpo. Era una energía mística que sentía que se contagiaría a Do-jin si seguían pegados.
Hyun-oh se levantó intentando ignorar a un Do-jin que seguía en trance. Fue entonces cuando recordó de nuevo que estaban en la sala de un club de la universidad.
—¡Ah, es verdad, la clase!
—¡...Ah!
La clase ya había empezado hacía rato. Do-jin, que tenía una expresión soñadora como si vagara por un mundo de fantasía, cambió al instante como si le hubieran echado un jarro de agua fría. Se levantó de un salto, dejando caer su papel de víctima al suelo.
—Supongo que.. no debería faltar.
Al recordar los créditos académicos que estaban a punto de irse al traste, Hyun-oh pensó: “Qué más da, ya veré cómo lo arreglo” y le dio un golpe seco en la espalda a Do-jin.
—¡Ay!
—Saltémonosla.
—¡...Ah, sí!
Do-jin empezó a recoger sus cosas a toda prisa. Incluso de espaldas se notaba lo emocionado que estaba. Tras guardar sus escasas pertenencias, se acercó a Hyun-oh, que lo esperaba junto a la puerta.
—¿Y qué hacemos después de saltarnos la clase?
—Primero, ducharnos. Tengo hambre, así que luego comer algo. Después ya veré.
—Vale. ¿Vamos al ciber un rato como antes?
—Me parece bien. Ah, ¿y qué te parece si vamos a que nos den sal?
—¡...Joder! ¡Oye! ¡Choi Hyun-oh!
Al ver cómo el rostro alegre de Do-jin se deformaba en una mueca feroz, Hyun-oh se rió para sus adentros. Quizás porque el tiempo que habían pasado como amigos era mucho más largo que el tiempo que llevaba consciente de sus otros sentimientos, le resultaba más divertido burlarse de él.
Viendo cómo la expresión de Do-jin volvía a ser de enfado fingido, Hyun-oh agarró el pomo de la puerta. Sin embargo, antes de girarlo con fuerza, la mano de Do-jin se superpuso a la suya.
—...Choi Hyun-oh.
Do-jin susurró con voz grave. La mano de Do-jin, siempre con una temperatura alta, se sintió de repente demasiado caliente. Cuando Hyun-oh intentó mover la mano como si tuviera un tic, Do-jin presionó con más fuerza y continuó:
—...Oye, tú...
De pronto, la imagen de Do-jin se grabó en su campo de visión. El rastro del sudor que se había secado. La camiseta pegada al cuerpo por ese motivo. Esas mejillas ligeramente encendidas que, aunque parecían normales, revelaban los vestigios de su encuentro amoroso si se miraban con atención.
...Realmente debía de ser el síndrome de Estocolmo. Si no, no había forma de que Do-jin le pareciera tan tierno y guapo a la vez. Una vez aceptados sus sentimientos, era una verdad que veía con demasiada claridad, aunque eso no quitaba que se sintiera un poco frustrado.
—...
La nuez de Do-jin osciló violentamente. Parecía querer decir algo, pero tras dudarlo, se tragó las palabras que ya le llegaban a la garganta y murmuró con voz apagada:
—...No es nada. Es que...sobre la reunión de exalumnos de la próxima semana...si querías que fuéramos juntos.
—...Qué soso eres.
Do-jin, que había apretado la mano de Hyun-oh con más fuerza por un segundo, la soltó sin mirar atrás. El calor de su palma seguía impregnado en el dorso de la mano de Hyun-oh.
Hyun-oh abrió la puerta en silencio y sintió cómo recuperaba la cordura al contacto con el aire fresco, tan distinto al ambiente caldeado de la sala. Se rascó disimuladamente el dorso de la mano, donde aún sentía el tacto de Do-jin, y se mordió el interior de la mejilla.
¿Había sido una alucinación suya? Por un momento, le pareció que Do-jin iba a preguntarle la razón de esa atmósfera sutilmente favorable que Hyun-oh había mostrado sobre su futuro juntos.
Imaginando esa situación que no llegó a ocurrir, Hyun-oh no pudo evitar dejar escapar un suspiro. Y es que llegó a la conclusión de que, si eso hubiera pasado, su boca habría balbuceado: «En realidad, creo que tú también me gustas».
Me he vuelto loco. Tras frotarse la frente, que empezaba a calentarse, Hyun-oh detuvo sus pasos mecánicos.
Do-jin, que iba adelantado, se giró extrañado. Bajo la luz del sol que entraba a raudales por los viejos ventanales, la figura de Do-jin quedó totalmente enmarcada en la visión de Hyun-oh. De entre sus labios escapó un suspiro de desolación junto a una parte de su verdadera intención.
—...Oye, Do-jin. Yo...
Las palabras que se le escaparon sin darse cuenta regresaron a sus oídos con unos segundos de diferencia. Era claramente su voz, pero le resultaba extraña, como si fuera la de otra persona. Sentía que su corazón, latiendo a toda velocidad, estaba a punto de salírsele del pecho. Hyun-oh se cubrió la boca con la mano seca, tragó saliva y, con ella, la pregunta que le había subido hasta la garganta.
Parecía que Do-jin también había notado algo extraño. Se limitó a mirar fijamente a Hyun-oh. El frío característico de los pasillos empezó a trepar lentamente desde los pies de Hyun-oh.
Hyun-oh también quería a Do-jin. Lo había querido durante los últimos diez años con el afecto de un amigo, y aunque solo hacía poco que lo veía como un amante, era innegable que sentía una fuerte atracción por él.
Sin embargo, Hyun-oh se enfrentaba a un dilema profundo del que no podía escapar.
Habían acordado salir solo por un mes, pero si terminaba queriéndolo así, ¿qué pasaría entonces? ¿Seguirían juntos? ¿Y si rompían? ¿Podrían volver a ser lo que eran antes?
Lo cierto es que apreciaba tanto a Do-jin como amigo que, más que el estado de amantes donde la relación podía romperse, le tentaba más la idea de ser mejores amigos para siempre, siendo el uno para el otro la relación más especial de sus vidas.
Podría parecer ridículo que Hyun-oh tuviera tales dudas cuando ya se habían acostado, besado y hecho de todo, pero una cosa era establecer un periodo de prueba y otra muy distinta dar una respuesta definitiva.
Al final, Hyun-oh terminó por tragarse sus verdaderos sentimientos. Do-jin, por su parte, esperaba pacientemente una respuesta.
—...No es nada.
—¿Por qué dejas las frases a medias?
—...Que me quiero lavar pronto. Me siento como si hubiera tenido diarrea y no me hubiera limpiado.
—¡Oye!
En cuanto Hyun-oh desvió el tema con esa queja mordaz, el rostro de Do-jin, que había recuperado su color normal por un momento, se puso lívido de nuevo. Por muy simple que fuera, Do-jin siempre captaba al instante cuando lo molestaban de forma indirecta y reaccionaba de inmediato.
—¡Tú...! ¡¿Cómo...?! ¡¿Cómo puedes decir esas cosas?!
Gritando con voz aguda, Do-jin empezó a caminar a grandes zancadas. Hyun-oh lo siguió, dejando atrás su amargura. La forma más fácil de ocultar la sinceridad era cubrirla con el sentimiento opuesto.
—Eh, meon.
—¡No voy a jugar contigo!
—¿Ah, no? ¿Aunque vaya a tu casa?
—¡...No!
—¿Tampoco vamos a jugar a los adultos?
Ante la pregunta de Hyun-oh, cargada de matices que podían interpretarse de mil formas, los labios de Do-jin, que no paraban de protestar, se apretaron en una línea recta. Parecía que se podía oír el sonido de los engranajes de su cabeza girando a toda velocidad.
¿Es verdad? ¿Se refiere a eso? ¿Vamos a hacerlo otra vez? La expresión de Do-jin era un libro abierto donde se leía cómo crecía la expectativa de un "por si acaso". Era increíble que, después de haberse "vaciado" tanto, en varios sentidos, aún le quedaran energía y deseo sexual para repetir.
—Ah, es verdad. Se me olvidaba que aún no te has quitado el pañal...
—¡Joder! ¡No me sigas! ¡No me toques! ¡Si me llamas, estás muerto!
Do-jin, fuera de sí por la rabia, saltó sobre el sitio con el rostro encendido y se marchó sin mirar atrás. Hyun-oh, observando cómo se alejaba con sus largas piernas, pensó que quizás se había pasado un poco con las bromas y corrió tras él.
—¡Oye, Do-jin! ¡Yoo Do-jin!
—¡Estoy enfadado! ¡Si me hablas, te mato!
Mientras Hyun-oh vacilaba un momento, Do-jin desapareció de su vista a toda velocidad. Pensó que era broma, pero de verdad se había esfumado.
—...Increíble...
Cuando Hyun-oh salió finalmente del viejo edificio, solo le esperaba el campus desierto. ¿Se había ido de verdad? ¿En serio?
Hyun-oh, que nunca había imaginado que Do-jin sería capaz de dejarlo atrás, se quedó con la boca abierta por el desconcierto. Debió de haber corrido con todas sus fuerzas, porque por más que miraba a su alrededor, no encontraba ni un solo pelo de Do-jin.
Vaya tela, huir solo porque me burlé de que soltó un chorrito. Hyun-oh, saboreando mentalmente aquel término tan explícito que ya se le había pegado a la lengua, pensó que Do-jin era un gigantón inútil y decidió llamarlo por teléfono.
Tuuu, tuuu. Tras un par de tonos, la llamada se cortó de golpe. Hyun-oh parpadeó y miró su móvil. La velocidad a la que se había cortado no era natural; incapaz de aceptar la realidad, volvió a marcar.
[—El número al que llama no puede recibir llamadas en este momento…]
—¿...En serio?
Se había producido la situación en la que Do-jin rechazaba a Hyun-oh. Ante un hecho que no podía creer ni viendo con sus propios ojos, Hyun-oh pulsó agresivamente el botón de llamada, pero la respuesta fue la misma.
—Este maldito bastardo...
Tras murmurar insultos con crudeza, Hyun-oh fulminó con la mirada su teléfono por un momento y luego lo metió bruscamente en su bolsillo.
—¡A mí también me cae mal la gente a la que no le gusto! ¡¿Oíste?!
Hyun-oh, que escupió aquel grito sin destinatario mientras resoplaba, también empezó a caminar a grandes zancadas. Yoo Do-jin, ese imbécil. Tiene las piernas tan rápidas. ¿Cómo es que desaparece en un abrir y cerrar de ojos como si se teletransportara?
Bajando por el campus mientras se quejaba para sus adentros, algo que se le daba de maravilla al no haber nadie cerca, Hyun-oh revisó su teléfono una vez más por si acaso. Estaba en silencio. Parecía que el afecto que sentía por Do-jin se estaba torciendo al ver que se había enfadado tanto solo por burlarse un poco de él.
Con lo grande que es, tiene el corazón de un mosquito. Se sintió tan bien que hasta pudo lanzar un chorrito. Por supuesto, estuvo mal burlarse llamándolo meón, pero ese tipo de deshonra no debería ser nada para dos personas que se conocen tan bien.
—¿...Crees que ser tierno lo es todo? ¡¿Acaso ser tierno lo es todo?!
Mientras bajaba por la colina quejándose a más no poder, Hyun-oh se dio cuenta de lo que acababa de decir. Debía de estar loco. Aunque sintiera que Do-jin era tierno, nunca lo había dicho en voz alta, pero ahora parecía haber perdido el juicio por completo.
"Ugh", tras soltar un gemido lúgubre, Hyun-oh se tiró de los pelos que se había peinado con esmero durante cuarenta minutos esta mañana y luego bajó la mano lentamente. Esto fue porque una buena idea cruzó la mente de Hyun-oh, en la que solo quedaba el instinto de atrapar a Do-jin, quien había empezado a evitarlo.
Por muy rápido que Do-jin pudiera desaparecer, el lugar al que regresaría ya estaba decidido. Era la casa de Do-jin. Y Hyun-oh no solo sabía la contraseña de su casa, sino que sabía hasta cuántas cucharas y palillos tenía.
"Uuugh", aquel gemido no tardó mucho en convertirse en una risa maliciosa de "je, je, je". Riendo como un científico loco con los ojos brillando de forma siniestra, Hyun-oh se dirigió casi corriendo hacia el estudio de Do-jin.
Tal vez Do-jin ya hubiera regresado a su cuarto. Su expresión de sorpresa al abrir la puerta de golpe sería magnífica. Planeando darle un azote en el trasero en cuanto lo viera, Hyun-oh movió sus pies con rapidez.
El estudio de Do-jin, que estaba a unos diez minutos a pie de la puerta trasera de la universidad, apareció mucho más rápido al caminar con prisa. Hyun-oh subió las escaleras jadeando con una respiración que, sin duda, había empeorado por el tabaco.
Al llegar al tercer piso, Hyun-oh puso la mano sobre la cerradura electrónica mientras resoplaba. Como su cuerpo estaba exhausto, la determinación de golpear a Do-jin empezaba a parecerle inútil, pero si un hombre desenvaina la espada, al menos debe cortar un rábano. Hyun-oh pulsó la contraseña tratando de calmar su respiración agitada.
El cuarto de Do-jin aceptó a Hyun-oh sin ninguna resistencia. Sin embargo, la habitación estaba en silencio.
—Eh... ¿Aún no ha llegado?
Tras murmurar para sí mismo, Hyun-oh encendió la luz fluorescente. En el estudio flotaba ese frío característico que aparece cuando no hay nadie. Tras quitarse incluso los zapatos y entrar, Hyun-oh se sentó de forma natural sobre la cama de Do-jin.
Ciertamente Do-jin había desaparecido antes que Hyun-oh, ¿pero a dónde se habría ido? Al pensar en Do-jin, con quien no se cruzó en el camino, Hyun-oh acarició inconscientemente la manta con la punta de sus dedos.
Al pensar en Do-jin dentro de esa habitación estática impregnada de su aroma, su respiración agitada se fue calmando gradualmente. Junto a esto, llegó el fuerte impacto que se siente cuando uno se enfría tras haberse encendido por un pensamiento específico.
De esta forma, parecía que fuera Hyun-oh quien estuviera mendigando atención. En lugar de venir jadeando a casa de su amigo enfadado para darle un azote, debería haber dicho de forma madura y fría: "Avísame cuando se te pase el enfado".
Hyun-oh, que empezaba a arrepentirse un poco, se tumbó cuan largo era en la cama de Do-jin. El olor de Do-jin se sentía aún más cerca. Tras repetir el acto de inhalar y exhalar profundamente sin darse cuenta, Hyun-oh abrazó la almohada de Do-jin con las mejillas ligeramente sonrojadas.
Definitivamente estaba loco. Estar tumbado en la cama de su amigo de la infancia, abrazando la almohada que aún conservaba su olor corporal y sonrojándose. Estaba claro que esto ya no pertenecía al territorio de la amistad. ¡Además, también habían hecho cosas que definitivamente no eran de amigos sobre esta cama!
Hyun-oh dio unas patadas a la cama y luego, al perder las fuerzas, bajó los pies dócilmente. Mirando fijamente el techo empapelado con rastros del paso del tiempo, Hyun-oh cogió el teléfono una vez más.
Vio la pantalla limpia del móvil. Hyun-oh intentó llamar a Do-jin una vez más. Como era de esperar, salió el mensaje indicando que no podía recibir la llamada.
—Mierda...
Chasqueando la lengua, Hyun-oh cambió de idea sobre lo de contactar por teléfono y entró en la aplicación de mensajería. Tras pulsar la ventana de chat con Do-jin, que estaba fijada en la parte superior, Hyun-oh escribió un mensaje letra a letra.
Estoy en tu casa, así que ven volando ahora mismo.
Tras enviar el mensaje sin contratiempos, Hyun-oh dejó caer la mano de nuevo. Al haber tanto silencio, un zumbido resonó en sus oídos. Hyun-oh murmuró distraído palabras de las que no era consciente.
—Que estamos saliendo...
Si Do-jin y Hyun-oh salieran juntos. Llamándose el uno al otro novios. Haciendo cosas que jamás podrían hacerse entre amigos.
Si Hyun-oh diera un paso adelante, el futuro que se aproximaba parecía bastante dulce y emocionante. Sin embargo, en un rincón del corazón de Hyun-oh seguía quedando la ansiedad de que, si avanzaban hacia una relación de pareja, su relación y sus recuerdos podrían romperse en cualquier momento.
—Me voy a volver loco.
Tras soltar un profundo suspiro, Hyun-oh cogió el teléfono de nuevo aun sabiendo que era infantil. Lo que Hyun-oh escribió en el buscador de internet fue "ruleta de decisiones".
—Salimos. No salimos. Salimos.
Tras escribir alternativamente en las seis casillas mientras murmuraba, Hyun-oh contuvo una respiración tensa. Pulsando el botón de girar con la punta del dedo ligeramente temblorosa, Hyun-oh cerró los ojos con fuerza, incapaz de ver cómo giraba la ruleta.
—¿...Pero qué demonios estoy haciendo?
Murmuró Hyun-oh, que había cerrado los ojos incluso conteniendo el aliento. Al levantar ligeramente los párpados, el resultado de la ruleta ya había salido.
[SALIMOS]
—Maldita sea.
Hyun-oh soltó un insulto y giró la ruleta una vez más. La ruleta, que emitía el efecto de girar a toda velocidad, entregó el resultado.
[SALIMOS]
Hyun-oh soltó una carcajada ante lo absurdo de la situación. No es que estuviera deshojando margaritas diciendo "me quiere, no me quiere". ¿Pero qué demonios estaba haciendo?
Aun pensando así, Hyun-oh pulsó el botón de girar una vez más. La ruleta, que daba vueltas y vueltas, mostró el resultado.
[NO SALIMOS]
Extrañamente, cuando vio la señal de "Salimos" se sintió vacío, pero al ver la de "No salimos", le entraron ganas de espetarle a la máquina: “¿Quién te crees que eres para decirme qué hacer?”
Justo cuando Hyun-oh soltaba una risa amarga preguntándose a sí mismo qué quería realmente, entró una llamada. Sorprendido, Hyun-oh dejó escapar una exclamación.
—¡Joder! ¡Qué susto!
Sujetándose el pecho por el sobresalto, Hyun-oh comprobó quién llamaba y se sentó de un salto. Era una llamada de Do-jin. Hyun-oh carraspeó un par de veces para aclarar su voz y respondió al teléfono fingiendo indiferencia.
—Diga.
[—¡Oye! ¡¿Por qué estás en mi casa?! ¡Si te fuiste sin mirar atrás ni una sola vez!]
En cuanto escuchó la voz de Do-jin, el corazón angosto de Hyun-oh se derritió por completo. Aunque en el fondo se sentía bien, Hyun-oh se quejó a propósito.
—¿Por qué? ¿Estoy en un sitio donde no debería estar?
[—E-eso no es, pero…]
—¿Dónde estás ahora?
Hyun-oh recordó las palabras de Do-jin sobre que se había ido sin mirar atrás. ¿No se habría subido al piso de arriba fingiendo que se marchaba? Como si esa nueva hipótesis fuera la correcta, Do-jin balbuceó de forma imprecisa.
[—Por ahí...fuera…]
Hyun-oh soltó una risa entre dientes, sintiéndolo tan tierno como absurdo. Do-jin, que seguía mascullando palabras, refunfuñó:
[—Eres malo. ¿Cómo es que no intentaste detenerme ni una vez?]
—Si dijiste que me matarías si lo hacía.
[—Qué poco conoces el corazón humano, Choi Hyun-oh…]
Al escuchar la voz de Do-jin quejándose con amargura, las comisuras de los labios de Hyun-oh se elevaron con cuidado. Se iba a volver loco. Finalmente, Hyun-oh, que sonreía sin emitir sonido mientras curvaba los labios, se frotó los ojos con la mano.
Parecía que las palabras que había tragado hacía apenas unas decenas de minutos no se habían digerido. Estaban ahí, aguantando la respiración, como si fueran a saltar fuera de sus labios en cualquier momento.
Piensa en lo que vendrá después, piensa con racionalidad. Sin embargo, por más que respiraba hondo lentamente, los sentimientos que habían brotado de golpe no daban señales de calmarse.
—...Do-jin.
Finalmente, las palabras que contenía el aliento salieron disparadas. Por un instante, sintió que el corazón se le caía a los pies. Pudo sentir a través del altavoz cómo Do-jin se quedaba callado.
Si la primera vez fue un error, la segunda era intencionada. Hyun-oh sacudió la cabeza con una sonrisa de resignación. La sensibilidad que deseaba explorar la incertidumbre aplastó a la razón realista. «No es para tanto, no es para tanto». Tragó saliva por los nervios.
—...Tengo algo que decirte.
Murmuró Hyun-oh soltando un largo suspiro mientras se mordía los labios. Al otro lado de la línea no se oía más que una respiración tensa, como si Do-jin se hubiera quedado petrificado en su lugar.
[—¿Qué...es?]
Hyun-oh se mordisqueó el interior de la mejilla. Ni siquiera sus confesiones en la época escolar lo habían puesto tan nervioso. Sentía las mejillas ardiendo.
Sintiendo que el corazón se le escaparía por la boca en cualquier momento, Hyun-oh, que mantenía los labios apretados para retenerlo, soltó otro suspiro y finalmente comenzó a hablar con dificultad.
—Oye...yo...creo que ha aparecido alguien...que me gusta.
Aunque intentaba sonar natural, su voz tembló ligeramente. Do-jin guardó silencio al otro lado del teléfono. Soltar cada palabra le costaba tanto como si tuviera pesas colgadas de los labios.
—La verdad es que todavía no entiendo bien mis sentimientos, pero...creo que me gustas. Creo que es verdad que me gustas.
—...
—...Me gustas, Do-jin. Me gustas.
Aunque pronunció cada palabra con cuidado, a medida que avanzaba, no solo su voz, sino también su cuerpo empezaron a temblar. La suerte estaba echada. Ahora Hyun-oh esperaba la respuesta de Do-jin. Estaba tan tenso que sentía que no había estado así de nervioso en mucho tiempo; se le encogían hasta las manos y los pies.
Sin embargo, la respuesta no llegaba. Hyun-oh comprobó el teléfono por si acaso se había cortado la llamada tras haberse armado de valor para mostrar su corazón de esa manera. La llamada seguía conectada. Hyun-oh, extrañado, llamó a Do-jin.
—¿...Do-jin?
[—... Snif, aah, uuh…]
A través del altavoz se escuchó un llanto contenido. Era evidente que estaba llorando desconsoladamente, aunque intentara ahogar el sonido. ¿Acaso era para tanto como para llorar porque le gustaba? Hyun-oh, sintiéndose algo cohibido, murmuró fingiendo que no pasaba nada.
—¿Por qué lloras por algo así?
[—¡Snif, uuuuh, tú, tú, tú, bastardo malo...!]
—¿...Eh?
Finalmente, la llamada se cortó junto al sonido de un llanto que estalló con amargura. Pi, pi, pi. Hyun-oh no pudo procesar la realidad ante la inesperada reacción de Do-jin y se quedó parpadeando atónito durante un buen rato.
Había soltado las palabras que tenía clavadas en la garganta de forma precipitada, pero no se sentía aliviado en absoluto. Hyun-oh, que por un tiempo no pudo adaptarse a la situación que le acababa de ocurrir, revisó lentamente su teléfono.
Todavía le parecía escuchar el llanto de Do-jin en sus oídos. Hyun-oh miró la pantalla negra con el rostro lleno de unos cien signos de interrogación.
—¿...Qué pasa?
Normalmente, cuando alguien se confiesa, hay dos reacciones previsibles: que digan que sí o que digan que no.
Colgar llorando no estaba en los planes de Hyun-oh. Y, como le ocurre a la mayoría de la gente, cuando sucede algo inesperado, uno se queda desconcertado.
¿Había escuchado bien? ¿Lloró porque estaba demasiado feliz? Hyun-oh pensó que, ahora que sus sentimientos finalmente se habían correspondido, aquel llorón de gran tamaño simplemente se había puesto a llorar por eso. Sin embargo, por más que repasaba la reacción de Do-jin, no podía quitarse la impresión de que se parecía más a un rechazo.
Era absurdo. ¿Quién había sido el que le rogó tanto para salir? En el caso de Do-jin, siempre andaba ladrando como un perrito y dejando clarísimo lo mucho que le gustaba Hyun-oh, por lo que esta reacción que se asemejaba a un rechazo le resultaba extraña. Hyun-oh empezó a negar la realidad.
—Sí... seguro lloró porque estaba muy feliz. Vaya. Llora de alegría porque le dije que saldría con él, vaya, vaya...
Soltando palabras dignas de alguien con un caso terminal de narcisismo, Hyun-oh llamó a Do-jin. Tan pronto como marcó, salió el mensaje de "en este momento no puede recibir la llamada".
—Ja, en serio...qué hijo de puta...en serio...
Como un obseso, llamó una y otra vez, y ante el mensaje que se repetía constantemente, acabó gritando con irritación.
—¡¡Oye, Yoo Do-jin!!
Pero por mucho que gritara su nombre, no había forma de que contestara. Hyun-oh, resoplando, empezó a lanzar una bomba de mensajes de texto, que era lo más realista en ese momento.
[Contesta el teléfono.
¿¿¿¿Ahora ni siquiera contestas????
¡¡¡¡¿¿¿¿Qué quieres que haga si me gustas????!!!!
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¿¿¿¿Qué quieres que haga????!!!!!!!!!!!!!
¡¡¡¡¡¡¡¡¡Aun así, ¿¿¿es esto algo para ignorarme???!!!!!!!!!
Joder, te matare ㅗㅗㅗㅗ]
Mientras enviaba mensajes llenos de furia, insultos y errores tipográficos, apareció un contenido enviado por la otra persona en la ventana de chat de Hyun-oh. Él calmó sus dedos, que se movían frenéticamente, y leyó el contenido.
Era un texto largo que, sin duda, Do-jin había estado escribiendo desde el momento en que ignoró la llamada de Hyun-oh. Hyun-oh leyó con los ojos bien abiertos lo que Do-jin había redactado.
[Hyun-oh.
Por mucho que me gustes, escuchar de tu propia boca que hay alguien que te gusta es difícil. Sé que es mi egoísmo. Lo sé, pero aun así es difícil.
La verdad, cuando me confesé y acordamos salir por un mes, pensé que si aparecía alguien que te gustara, tendría que dejarte ir... Pero parece que la realidad es distinta a lo que esperaba.
Si te preocupa tanto que llega a ser molesto, supongo que es porque de verdad te gusta mucho...
Espero que seas feliz. Me gustaría que no nos contactáramos hasta que pueda ordenar mis sentimientos.
Aun así, espero que podamos seguir siendo buenos amigos.]
—¿...Qué mierda es esto? ¿Es mi exnovio?
Hyun-oh murmuró estupefacto tras recibir aquel mensaje tan melodramático. Si tuviera que resumirlo en una frase, el contenido sería: "Te dejo ir con lágrimas en los ojos".
Y Hyun-oh, que acababa de confesarle a Do-jin que le gustaba, no tenía idea de en qué punto este se había confundido. Estaba a punto de volverse loco.
Probablemente Hyun-oh sea el único en el planeta al que han dejado tras confesar su amor por pensar que le gustaba otra persona. Con el pecho ardiendo de rabia, Hyun-oh saltó sobre su sitio gritando y repasó sus propias palabras.
‘—Oye...yo...creo que ha aparecido alguien...que me gusta.’
‘—La verdad es que todavía no entiendo bien mis sentimientos, pero...creo que me gustas. Creo que es verdad que me gustas.’
‘—...Me gustas, Do-jin. Me gustas.’
Mientras leía el mensaje de Do-jin con los ojos en blanco, Hyun-oh soltó un quejido de agonía. Seguía sin entenderlo del todo, pero si se esforzaba por comprender, veía dónde estaba el problema.
Hyun-oh lo había dicho centrándose en "Do-jin, me gustas", pero si Do-jin se había centrado en "ha aparecido alguien que me gusta…"
Al parecer, Do-jin había malinterpretado que Hyun-oh tenía a otra persona que le gustaba y por eso se lo estaba contando. Mordiéndose los labios, Hyun-oh llegó a la conclusión de que este idiota probablemente solo escuchó el principio y no el final. Pensando en cómo Do-jin estaba prácticamente sollozando, era una teoría muy probable.
—Este...este pedazo de animal... Cuando lo vea, le voy a dar una tunda en el trasero...
Tras adivinar dónde estaba el malentendido, Hyun-oh volvió a llamar. Esta vez, el mensaje decía directamente que el teléfono estaba apagado. Parecía que lo había apagado tras ver que Hyun-oh leyó el mensaje.
Podía imaginar perfectamente a Do-jin diciendo que necesitaba tiempo y luego apagando el móvil por miedo a la reacción de Hyun-oh.
Al pensar en la imagen de Do-jin lloriqueando en este momento con el puño en la boca, le pareció tierno. No. Debería estar irritado, pero estaba irritado y le parecía tierno a la vez. Preguntándose qué clase de sentimiento era ese, Hyun-oh se rascó con fuerza su pelo seco.
—Espera...entonces supongo que no vendrá a su casa.
Hyun-oh ya le había revelado que estaba en su casa. Dado que Do-jin pidió tiempo para ordenar sus sentimientos, este idiota intentaría no ver a Hyun-oh.
No contesta las llamadas ni lee los mensajes. Básicamente, la vía de contacto con el Do-jin actual estaba cortada. Sin embargo, los seres humanos son criaturas que, además de usar dispositivos avanzados, también pueden realizar acciones primitivas.
Si no viene, iré a atraparlo. Hyun-oh se levantó de un salto y se dirigió a la entrada. Se calzó los zapatos a toda prisa y bajó las escaleras haciendo un estruendo.
Desde la puerta trasera de la universidad hasta la casa de Do-jin había unos diez minutos de distancia. Las rutas posibles eran limitadas. Además, Do-jin tenía un lado simple y tendía a aferrarse a un solo camino. Si Do-jin había salido después de vigilar que Hyun-oh se marchara, la posibilidad de cruzarse era muy alta.
Como un cazador acechando a un conejo, Hyun-oh recorrió cada rincón de los callejones con mirada afilada. Un callejón estrecho y pacífico bajo el cálido sol. Hyun-oh bajó por allí a grandes zancadas con los ojos echando chispas.
¡Yoo Do-jin, Yoo Do-jin, Yoo Do-jin, Yoo Do-jin! Hyun-oh repitió el nombre de Do-jin en su mente una y otra vez. Parecía que estaba recitando un hechizo.
¿Acaso funcionó el hechizo de Hyun-oh? ¿O fue el instinto de mejor amigo? No pasó mucho tiempo antes de que Hyun-oh encontrara fácilmente a Do-jin acuclillado frente a una tienda de conveniencia al lado del callejón.
Tal como Hyun-oh predijo, Do-jin estaba llorando a moco tendido con la cabeza gacha, encogido sobre sí mismo y sollozando con amargura. No era fácil que un tipo con ese tamaño se viera tan desconsolado al llorar, pero se veía tan triste que ni siquiera el empleado de la tienda se atrevía a acercarse. Pero Hyun-oh no era el empleado.
—¡Oye!
Hyun-oh gritó con voz estruendosa. Sobresaltado, Do-jin levantó la cabeza de golpe. Con el rostro lleno de rastros de lágrimas y los ojos rojos e irritados, Do-jin se veía tierno, pero a la vez provocaba rabia y compasión al mismo tiempo.
—¡Oye, pedazo de animal! ¡¿Por qué no contestas el teléf...?! ¡Oye! ¡No huyas! ¡Detente ahí!
—¡Aag!
Al descubrir a Hyun-oh, Do-jin empezó a correr dándose la vuelta casi por instinto. Si alguien huye, el instinto es perseguirlo. Así comenzó una persecución repentina.
—¡Oye! ¡¿No vas a parar?! ¡Maldito seas!
—¡Cuando...cuando ordene mis sentimientos, te contacto!
—¡¿Qué sentimientos ni qué contacto?! ¡¡Detente ahí de una vez!! ¡¡Mierda, te digo que te lo voy a explicar!!
Estaba claro que no escuchaba. Se oía el llanto de Do-jin junto con el sonido de sorberse los mocos mientras corría. Además, a pesar de estar llorando, corría tan rápido que recordaba a un atleta de pista y campo.
Efectivamente, su talento como estudiante de educación física que llegó a la universidad por el deporte no se iba a ninguna parte. No había forma de que Hyun-oh pudiera ganar a un estudiante de esa facultad que huía con todas sus fuerzas.
—¡Aagh! ¡Que me gustas! ¡¡Que me gustas, hijo de puta!!
Sentía que los pulmones se le iban a desgarrar por la carrera repentina, pero Hyun-oh gritó exprimiendo hasta el último aliento. Sin embargo, debido a la distancia que ya los separaba, la comunicación era imposible.
—¡¡Aaaaaaaaagh!!
Hyun-oh lanzó un grito de pura rabia. Sintió que los transeúntes se daban la vuelta preguntándose qué demonios era ese escándalo, pero como no los volvería a ver, Hyun-oh se concentró en atrapar a Do-jin. Mientras tanto, Do-jin, que ya le sacaba varias decenas de metros de ventaja, se subió a un taxi que estaba esperando en cuanto llegó a la calle principal.
—¡¡Oye, maldito bastardo!!
Hyun-oh forzó sus pantorrillas a punto de explotar para intentar detener el taxi donde subió Do-jin. Por un pelo logró alcanzar la manija, pero al confirmar que ya estaba trabada, solo pudo golpear la ventanilla con fuerza. Sin embargo, tras ver a Do-jin balbucear algo al taxista entre sollozos, el vehículo arrancó sin piedad.
—¡Hijo de puta! ¡Incluso si te digo que me gustas, armas este lío!
Como si fuera un drama de televisión, Hyun-oh, que acababa de protagonizar una escena de lo más surrealista, gritó a pleno pulmón hacia el taxi que se alejaba. Con la furia llegando al tope de su cabeza, las miradas de la gente que murmuraba a su alrededor ya no le daban vergüenza en este momento.
Jadeando por el aire que apenas llegaba a su garganta, Hyun-oh volvió a llamar a Do-jin. No había forma de que un teléfono apagado se encendiera de nuevo. Hyun-oh, riendo a medias como un desquiciado, escribió mensajes llenos de ira.
[¿Huyes? ¿¿¿¿Tú huyes de mí????
Maldito bastardo, estás muerto cuando te atrape.
No, no te voy a matar.
Te digo que te lo voy a explicar todo.
Oye.
¿De verdad lo apagaste?
Si vuelves ahora, te dejo verme mientras me la masturbo.
¿¿¿¿¿¿Quieres que te la chupe también??????
Muevo muy bien la lengua, ¿sabes? ¿¿¿¿Te mando al séptimo cielo????
¡¡¡¡Te la voy a chupar de maravilla, joder!!!!
Oyeoyeoyeoyeoeyoeyeo.
Estoy de buenas.
Hasta te dejo tocarme las tetillas. Jaja.
¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿De verdad lo apagaste, joder??????????????]
Por mucho que Hyun-oh ladrara, el no leido en la ventana de mensajería no desaparecía. Su respiración, que se había acelerado hasta marearlo, se fue calmando gradualmente, y una sensación de bajón repentino, como la que sigue a la masturbación lo invadió, haciendo que soltara un profundo suspiro y dejara caer la mano. Un murmullo desolado fue el remate.
—¿...Acaso me acaban de dejar?
Había sido rechazado por Yoo Do-jin. Tras quedarse un rato parado atónito viendo cómo se alejaba el taxi con Do-jin, Hyun-oh empezó a asimilar lentamente el sentimiento de "humillación".
La gente que había presenciado la ferviente persecución entre Do-jin y Hyun-oh ya se había marchado, pero la vergüenza no se iba a ninguna parte. Hyun-oh, con el rostro encendido por una ruptura más intensa que cualquiera que hubiera tenido con sus exnovias, abandonó el lugar sin rumbo fijo.
Tras alejarse de la avenida principal y caminar rápido hacia un callejón, Hyun-oh se aseguró de que no hubiera nadie cerca antes de empezar a dar saltos de rabia en su sitio. Sentía que ni aunque se ahogara en un plato de agua pasaría más vergüenza que esta.
¡Mierda, mierda! Insultaba gesticulando mientras saltaba, hasta que finalmente se calmó con un largo suspiro. Le apetecía un cigarrillo.
Al final, Hyun-oh se puso de cuclillas frente a un edificio en un callejón solitario. El frío suelo le helaba el trasero, pero para Hyun-oh, que sentía las pantorrillas a punto de estallar por la persecución de hace un momento, el frío no era lo importante.
Sacó el tabaco y el encendedor, que milagrosamente no se habían caído del bolsillo trasero del pantalón durante todo el alboroto, y encendió uno con irritación. A medida que inhalaba el aire acre y exhalaba el humo repetidamente, el fuego que le quemaba por dentro se fue apaciguando.
Al recordar la espalda de Do-jin huyendo mientras lloraba, volvió a encenderse de rabia, pero ya lo había perdido al irse en taxi y no había nada más que pudiera hacer. Hyun-oh mordisqueó el filtro con saña mientras insultaba a Do-jin.
—Maldito bastardo...huyendo incluso cuando le digo que se la voy a dar...
Hyun-oh sacó el móvil para comprobar una vez más si había algún mensaje de Do-jin. Debía de tenerlo apagado de verdad, porque ni siquiera su arma secreta de las tetillas había obtenido respuesta.
—Ah...joder.
Tras rascarse el pelo revuelto, dejándolo aún más desordenado, Hyun-oh dio unos golpecitos al cigarrillo con el índice para desprender la ceniza gris del extremo.
¿A dónde se habría ido Do-jin? Evaluando las posibilidades de que hubiera ido a casa de sus padres, a casa de un amigo o de que regresara a su estudio, Hyun-oh tomó la decisión más factible en ese momento: volver al estudio de Do-jin.
Cuando terminó el cigarrillo casi hasta el filtro, Hyun-oh lo aplastó con el tacón del zapato como si fuera Do-jin, presionando con fuerza hasta apagarlo.
—Como te pille, estás muerto. Perro asqueroso...
El estudio de Do-jin, que hasta que se marcharon estaba impregnado de la suave calidez de la confesión, ahora solo le brindaba miseria al soldado derrotado que regresaba. Hyun-oh se desplomó como un espantapájaros sobre la cama de Do-jin. Al ver la almohada con el fuerte aroma de Do-jin frente a él, Hyun-oh empezó a golpearla con saña como si fuera el mismo Do-jin, hasta que se quedó sin fuerzas esperando así a su amigo.
Una vez que la ira superó cierto punto y empezó a decaer, llegó la fase de aceptación.
Está bien. Con tal de que responda. Con tal de que vea mis mensajes. Con tal de que se entere de que la persona de mi confesión no es otro que él. Si venía vacilante porque quería chuparme las tetillas, fingiría no saber nada y solo le daría un buen azote en el trasero.
Hyun-oh se duchó en el baño de Do-jin, se puso ropa cómoda de Do-jin e incluso saqueó su nevera a su antojo para cenar, pero llegó la tarde, se hizo de noche y, aunque pasó la medianoche, Do-jin no regresó.
Por si acaso Do-jin entraba de madrugada, Hyun-oh se quedó dormido llevando solo un delantal sobre su cuerpo desnudo. Después de todo, a una reconciliación debían seguirle un servicio pícaro y un encuentro intenso. Sin embargo, el virgen, que no tenía forma de saberlo, permaneció oculto hasta que Hyun-oh despertó al día siguiente.
Finalmente, al sonar la alarma que había programado para ir a clase, Hyun-oh despertó sumido en un profundo sentimiento de autodesprecio.
Qué demonios estaba haciendo. Sintiendo una profunda desesperación al verse a sí mismo mendigando de forma patética para atrapar a un amante que lo había malinterpretado, Hyun-oh se llevó la mano a la frente y murmuró:
—Maldito bastardo...
Por cierto, le dolía la garganta y su voz salía ronca. Hyun-oh soltó un "ah, ah" mientras se acariciaba el cuello y se dio cuenta de que se había resfriado.
—Maldito sea este bastardo...
Su odio hacia sí mismo se intensificó. Pensando realmente en qué clase de estupidez estaba cometiendo, Hyun-oh arrastró su cuerpo pesado por la fiebre y empezó a prepararse para ir a la universidad.
—Joder...si al menos hubiera escuchado mi explicación antes de armar este lío, no me sentiría tan frustrado... Perro asqueroso... Como te pille...te voy a dejar solo en calzoncillos y te voy a echar a la calle...
Mientras refunfuñaba con dureza, Hyun-oh soltó una serie de tos. Parecía que su estado era peor de lo que pensaba. Teniendo en cuenta que durmió totalmente desnudo, aunque el clima estuviera calentando, era un resultado natural.
Moviéndose un poco más lento de lo habitual, Hyun-oh se preparó paso a paso para ir a clase. Tras lavarse meticulosamente con agua caliente y beber agua tibia que estaba a temperatura ambiente, la sensación de irritación en la garganta pareció calmarse un poco.
Cuando iba a ponerse la ropa de ayer, Hyun-oh se dio cuenta de que, estando resfriado, sería difícil llevarla. Tenía muchos desgarros y era demasiado fina. Además, le daba asco ponérsela después de haber estado revolcándose en ella.
De forma natural, Hyun-oh hurgó en el armario de Do-jin, sacó un jersey negro de cuello alto y tuvo que doblar un par de veces las mangas que le colgaban, como si le hubiera robado la ropa a un hermano mayor.
Tras terminar de prepararse para ir a clase, Hyun-oh miró por última vez si Do-jin había revisado sus mensajes. Este maldito bastardo seguía sin leerlos. Parecía que había apagado el móvil con determinación, sumido en la miseria.
—Idiota...
Tras murmurar otro insulto hacia Do-jin, Hyun-oh, más calmado que ayer, añadió un mensaje más.
[Avísame cuando lo veas.]
—Soy un santo. Un santo.
Murmurando para sí mismo sin que nadie lo escuchara, Hyun-oh fulminó con la mirada aquel no leído que no daba señales de desaparecer y salió del estudio.
Un día despejado. Una brisa suave. Era un día tan bueno que, si Do-jin no lo estuviera atormentando, le darían ganas de tararear. Gracias a que el estudio estaba a solo cinco minutos a pie de la universidad, Hyun-oh pudo llegar a la facultad antes de lo esperado.
Los compañeros del departamento de Lengua y Literatura Francesa, que no eran muchos en comparación con otros departamentos, ya le resultaban casi como una familia tras verse unas cuantas veces. Saludando a algunos compañeros mientras entraba, Hyun-oh se sentó de forma natural al lado de su único compañero varón.
—Buenos días.
—Ah, hola. No te vi en el autobús, así que pensé que hoy no vendrías, pero aquí estás.
Cheong-myeong lo saludó con aire de sorpresa. Hyun-oh, que por un momento arqueó las cejas preguntándose a qué venía eso, respondió mientras jugueteaba con el piercing de su oreja:
—Es que me quedé a dormir en otro sitio...
Hyun-oh hablaba con naturalidad, pero de repente miró a Chung-myung como si lo viera bajo una nueva luz. El teléfono que Chung-myung tenía boca abajo vibró con un "bzzzt"; él le dio la vuelta un segundo para revisar el contenido y esbozó una ligera sonrisa. Ante la mirada fija de Hyun-oh, ladeó la cabeza.
—¿Qué pasa?
—Oye, ahora que lo pienso... ¿Todavía te va bien con esa chica mayor?
Ante la inesperada pregunta, las mejillas de Chung-myung se encendieron. Esa impresión algo fría que daba cuando no sonreía desapareció, y al ver cómo se ponía visiblemente tímido, Hyun-oh sintió una pizca de amargura en el pecho, aunque no era tan intensa como el dolor de antaño.
—Bueno...pues...igual que siempre...
Para ser alguien que decía que todo seguía "igual", su rostro irradiaba una felicidad inmensa. ¿Será que uno se ve así de feliz cuando las cosas salen bien con la persona que le gusta? Sin darse cuenta, Hyun-oh murmuró su pensamiento interno:
—...Qué envidia.
—¿Eh?
—Nada... Pero...tú empezaste a salir con esa chica que ya conocías de antes, ¿verdad?
—¿...Eh? Ah, sí...bueno... ¿supongo que sí?
Ante la pregunta repentina de Hyun-oh, Chung-myung desvió la mirada balbuceando. Sin embargo, Hyun-oh estaba tan absorto en su propia curiosidad que ignoró por completo el estado de su interlocutor.
—¿Cómo fue? ¿Cuando empezaron a salir por primera vez?
—¿...Por qué preguntas esas cosas?
Al ver que Hyun-oh no tenía intenciones de rendirse, Chung-myung acabó confesando con docilidad:
—...A mí simplemente...me gustó.
—¿No sentiste ansiedad? Podrían no haber vuelto a ser lo que eran antes. ¿No pensaste que era mejor quedarse en la relación original en lugar de arriesgarse a ser rechazado al confesarte?
Hyun-oh disparó las preguntas una tras otra, sin dudar, como alguien que hubiera estado esperando mucho tiempo por este momento. Chung-myung parecía no entender a qué venía todo esto. Aun así, el único compañero varón y amable del grupo no evitó la conversación.
—Bueno, sí pensé en eso... Además, ya tenía el recuerdo de haber sido rechazado una vez... Pero al imaginar que a noona le pudiera salir otro novio...simplemente no me gustó la idea.
Chung-myung se rascó la nuca con timidez e intentó cambiar de tema rápidamente. Pero Hyun-oh, que estaba en racha, no pudo contener su curiosidad.
—¿Y qué pensabas hacer si te rechazaba de nuevo? Puede que las cosas salgan bien al confesarte, pero una relación de pareja puede romperse en cualquier momento.
—¿Eh? Ah...bueno, eso es verdad... Pero basta con no romper...
Fue una respuesta simple pero certera que dejó a Hyun-oh descolocado. Sin darse cuenta, Hyun-oh se había acercado tanto a Cheong-myeong que resultaba incómodo. Este último, vigilando sus movimientos, echó la cabeza hacia atrás.
—No, pero lo de no romper no es algo que uno pueda controlar a su antojo. Uno se confiesa porque siente que se va a morir si no salen juntos ahora mismo, pero luego, al estar en la relación, puede que te lleves una decepción. En ese caso, ¿no sería mejor quedarse como amigos o, no sé, conocidos?
Hyun-oh había empezado un debate en el lugar más insospechado. Gracias al virgen que huyó tras un malentendido absurdo cuando él se armó de valor para confesarse anoche, la razón de Hyun-oh, que había vuelto tras haberse marchado, estaba exponiendo todos los argumentos que antes le hacían rechazar los sentimientos de Do-jin.
Chung-myung abrió mucho los ojos por la sorpresa y luego evitó la mirada ardiente de Hyun-oh. Rascándose la mejilla por la incomodidad, murmuró en voz baja:
—Pero...cuando yo me confesé antes...tú me dijiste algo parecido... Dijiste que si ella daba tantas señales de que le gustabas, se divertía contigo y luego no te aceptaba, eso era "usar y tirar"... Que era de ser una basura...
La mente de Hyun-oh se quedó en blanco al recibir de vuelta sus propias palabras del pasado. Le pareció escuchar un sonido resonando en su cabeza.
Era verdad. El Choi Hyun-oh idiota y presumido había sido el que dijo que, si la persona que te gusta te rechaza, debías buscar un nuevo amor que te valorara.
Sintió que el desastre que él mismo había provocado lo aplastaba. Para empezar, no debería haber tenido sexo si le gustaba...ni haberlo besado...ni haberse confesado...ni haber propuesto salir por un mes...
Al sentir una fatiga repentina, Hyun-oh enderezó la espalda, que antes tenía totalmente inclinada hacia Chung-myung.
¿Qué demonios estoy haciendo...? El tipo al que se le confesó había huido, sus propias palabras del pasado lo estaban golpeando, y él mismo estaba actuando como una basura que "usa y tira". Hyun-oh soltó un profundo suspiro y se frotó la cara con las manos secas.
—Es verdad... ¿Qué estoy haciendo...?
¿Debería simplemente ir al servicio militar? Joder… En la mente de Hyun-oh, que consideraba el último método de escape disponible para un hombre que aún no ha cumplido con el servicio, pareció ondear una bandera de color verde militar que decía: "Te estamos esperando".
Raw: Ruth Meira.
Traducción: Ruth Meira.
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