Caramelo Ñam Ñam 4
4
La noche en que decidieron salir bajo condiciones. Hyun-oh, que había agotado todas sus energías tratando de despachar a un Do-jin que parecía a punto de aplaudir con las plantas de los pies, no tenía ni un gramo de fuerza.
Sentía que el simple hecho de mantener los ojos abiertos consumía su resistencia física, por lo que decidió irse a la cama más temprano de lo habitual. De todos modos, con la mente tan aturdida, no había nada que pudiera hacer.
Tras apagar las luces y encender una lámpara de noche con forma de arcoíris que le habían regalado alguna vez, Hyun-oh se acostó en silencio, moviéndose hasta encontrar una postura cómoda. El silencio absoluto y la tenue luz del teléfono le proporcionaron una extraña sensación de seguridad.
Girándose como un camarón y apoyando la mejilla sobre la almohada, se envolvió en el edredón y lo abrazó con fuerza. Quizás por haber encontrado la postura perfecta para conciliar el sueño, le pareció escuchar alucinaciones auditivas en la habitación vacía.
‘—¡Un hombre no retira su palabra una vez dicha! ¡Empieza hoy a las doce de la noche! ¡Choi Hyun-oh! ¡Recuérdalo! ¡Choi Hyun-oh!’
El origen del tinnitus era la voz excitada de Do-jin. Tal vez, el hecho de que Hyun-oh se hubiera acostado temprano hoy era una forma de huir, asustado por el Do-jin que anunciaba la llegada de las doce. Hyun-oh intentó ignorar sus pensamientos internos y buscó el sueño. Al recordar este día, que había girado vertiginosamente, sintió que hasta el último rastro de energía que le quedaba se evaporaba.
A pesar de saber que vivía en un edificio con tan poco aislamiento acústico que lo habían denunciado por una pelea pasional, Do-jin estaba tan emocionado que, con el rostro encendido, no paró de gritar a pleno pulmón. Su nombre, Choi Hyun-oh, se escuchaba casi como un alarido.
‘—¡Te amo! ¡Choi Hyun-oh! ¡Prometo que nunca dejaré que tus manos se mojen con agua en toda tu vida!’
‘—¡Cállate! ¡Por favor, vete ya! ¡Vete! ¡Vete!’
Esta vez, temiendo que llegara otra denuncia diciendo que la pareja de la pelea pasional había decidido reconciliarse, Hyun-oh no dejó de llevarse el dedo índice a los labios y fruncir el ceño. Era una señal para que, por favor, guardara silencio. Ante la súplica desesperada de Hyun-oh, Do-jin respondió con un grito agudo digno de un delfín.
¡Kaaaaaak! Le pareció escuchar de nuevo ese graznido que Do-jin había soltado. Hyun-oh se puso bocarriba y contempló el arcoíris que decoraba el techo oscuro. Recordó al Do-jin de esta tarde, que aunque él le decía que se fuera de una vez y Do-jin respondía que ya se iba, no paraba de asomar la cabeza por la rendija de la puerta con una sonrisa de oreja a oreja.
Do-jin quiere a Hyun-oh. Al recibir la confesión, Hyun-oh intentó huir, pero Do-jin lo persiguió hasta el final. Y el resultado fue este: salir juntos bajo condiciones durante un mes.
Era una situación que no habría podido predecir ni por asomo. Hyun-oh soltó una risita absurda y desganada, y luego hundió la cara en el edredón mientras daba vueltas.
Había terminado de forma muy simple. Para todo lo que había planeado el intercambio de trabajo, el ejército, el autoconfinamiento y lo mucho que pensó en escapar, el final fue demasiado sencillo. No esperaba que terminara así; de haberlo sabido, no habría desperdiciado tantas energías.
Aun así, era un alivio que todo se hubiera resuelto sin mayores contratiempos. Cerrando los ojos con tanta fuerza que se le formaron arrugas en el entrecejo, Hyun-oh no pudo contener una extraña agitación emocional y revisó la hora en su teléfono.
Faltaban poco menos de dos horas para la medianoche. El pecho le dolía debido a los latidos irregulares de su corazón. Hyun-oh presionó con fuerza la zona del plexo solar e intentó conciliar el sueño una vez más.
Sin embargo, una tensión sutil, similar a la de la noche anterior a un examen, le impedía quedarse dormido. Al final, pasó cerca de una hora dando vueltas de un lado a otro sin lograr pegar el ojo.
Logró dormirse de alguna manera, pero ¿sería porque no dejó de pensar en el pacto con Do-jin antes de caer rendido? Hyun-oh terminó incluso soñando con recuerdos del pasado.
***
Do-jin y Hyun-oh habían sido amigos desde hacía muchísimo tiempo. Eran amigos desde aquella época de mocosos en la que, vestidos con sus uniformes de taekwondo, compraban katsu de Pikachu y terminaban manchándose torpemente; entonces, ambos frotaban la mancha con toallitas húmedas con la esperanza de que sus madres no los regañaran.
Al conocerse desde hace tanto, no existían secretos entre ellos. Hyun-oh sabía todo sobre Do-jin, y lo mismo ocurría a la inversa.
Sin embargo, pensándolo bien, había una sola cosa. Una única cosa que Hyun-oh desconocía sobre Do-jin: su historial amoroso.
La suerte de Hyun-oh en el amor, que extrañamente siempre había atraído a chicas mayores desde pequeño, floreció por completo al entrar en la secundaria. Aunque su rostro aún era infantil, el uniforme escolar lo hacía lucir un poco más maduro, y parece que eso les resultaba adorable a las noonas.
Su historial romántico podía calificarse de deslumbrante: desde recibir confesiones de una superior del club escolar, o escuchar susurros en la cafetería diciendo que era "lindo como un idol", hasta tener su primera relación sexual casi siendo asaltado con la chica mayor con la que salía en segundo año de secundaria.
Naturalmente, Hyun-oh compartía sus andanzas amorosas con Do-jin sin reparos. Entre los chicos de esa edad, tener o no novia era una especie de estatus jerárquico y, sinceramente, a veces se lo contaba a Do-jin para presumir un poco.
Pero si lo analizaba con calma, nunca había escuchado a Do-jin decir que le gustara alguien, o que tal chica de tal clase fuera bonita.
Con su buena constitución física natural, siendo un deportista nato que había practicado casi cualquier disciplina y encajando perfectamente en el perfil de "el chico guapo y deportista" que siempre hay en cada salón, Do-jin debería haber sido popular; sin embargo, milagrosamente, no parecía tener suerte en el amor.
Aparte de aquella vez que inventó la mentira absurda de que estaba enamorado de una tal "Lee Candy" solo para no quedarse atrás frente a un Hyun-oh que chateaba con su novia a la vista de todos, realmente no recordaba haber oído nada.
Ah, pensándolo bien, creo que hubo una ocasión.
***
Hyun-oh, que ya estaba en tercer año de secundaria, terminó en una clase distinta a la de Do-jin.
Desde que ingresaron a la secundaria, siempre habían estado en el mismo salón, pero esta era la primera vez que los separaban. Como Hyun-oh esperaba internamente que volvieran a coincidir, la decepción fue grande.
Pero el sentimiento de pérdida duró poco; Hyun-oh, que tenía una gran facilidad para socializar, se integró pronto a su nuevo grupo. En abril, cuando ya se había familiarizado lo suficiente con las caras nuevas, llegó el momento de su primer viaje escolar. Precisamente ese año, debido a un brote infeccioso, no había podido ir al viaje de la escuela primaria, por lo que estaba muy ilusionado con este.
Iban a estar encerrados tres días y dos noches en un valle perdido de Gangwon-do, a tres horas en autobús. No se sabía si aquello era un retiro espiritual o un viaje escolar, pero no le importaba. Hyun-oh y sus amigos estaban demasiado ocupados divirtiéndose planeando las típicas travesuras de viaje.
Desde decidir que se vestirían de mujer para bailar, usar pijamas de hospital como uniforme de clase, hasta planear qué ropa usarían. Incluso hicieron pancartas con cartulina negra aunque sabían que, con las luces del escenario apagadas, apenas se verían.
Pero lo mejor de todo era el plan de beber a escondidas. Se podría decir que era el evento principal y lo que más esperaban.
Un amigo dijo que traería el whisky de su padre; otro, que su hermano mayor le compraría soju en secreto. Aunque no era más que la típica rebeldía mezclada con fanfarronería de menores de edad, el solo hecho de planearlo era emocionante.
Hyun-oh sabía que si le pedía a su hermano mayor que trabajaba como guardaespaldas que le comprara alcohol para el viaje, lo más probable es que este sacara un bate de béisbol y le rompiera las piernas, así que prefirió simplemente unirse al plan de los demás.
Finalmente llegó el ansiado día del viaje. Entre Hyun-oh, que traía su pequeña maleta con ropa para tres días, y los amigos que debían ocultar el alcohol, hubo un intercambio de miradas cómplices y maliciosas.
Por suerte, el soju tibio escondido dentro de envases vacíos de Pringles no fue descubierto. Hyun-oh y sus amigos dividieron el alcohol exactamente a la mitad para decidir cuánto beberían la primera noche y cuánto la segunda.
No se sabía cómo se habían enterado, pero esa primera noche, varios chicos de otras clases se colaron en la reunión. Entre ellos estaba Do-jin.
El primer trago de alcohol fue amargo. Tras compartir unos sorbos con sus amigos y quedar medio mareado, Hyun-oh se desplomó y no despertó hasta la mañana siguiente.
Como solo había bebido una copa, no tenía resaca, pero se sentía frustrado. Sus amigos, que habían pasado una noche frenética, presumían de sus dolores de cabeza como si fueran medallas de honor. Hyun-oh juró que esa noche bebería hasta morir.
Sin embargo, esa noche, el verdadero evento principal fue otro.
Después de una cena abundante, llegó el momento del concurso de talentos. Las pancartas de cartulina que tanto esfuerzo les costó hacer ni siquiera se veían por la oscuridad de la iluminación.
Tras comprar varias varitas y pulseras luminosas baratas en la tienda, Hyun-oh y sus amigos se vistieron de mujer como castigo y bailaron. Ver a cinco chicos tiesos bailando al ritmo de Coming-of-Age Ceremony hizo que todos se retorcieran de risa. Desde el escenario, Hyun-oh vio que Do-jin estaba a punto de convulsionar de la risa.
Do-jin, con lágrimas en los ojos de tanto reír, también subió al escenario junto a los de tercero del club de taekwondo. Vestidos con sus uniformes, realizaron una demostración de formas y roturas al ritmo de una canción de una banda de chicos de moda en ese entonces.
Aunque Do-jin se había quejado de que se le iban a caer los brazos de tanto cargar las tablas de madera para romper, al ver la actuación, Hyun-oh admitió que el esfuerzo valió la pena.
El último acto fue para el club de baile de la escuela. Con ropa corta y ajustada, impropia de su edad, maquillaje intenso y tacones altos, las chicas vestían un atuendo que les habría costado puntos de castigo inmediatos en la escuela; pero los profesores, solo por ese día, fueron generosos y lo permitieron.
El ambiente, que ya estaba caldeado, alcanzó su clímax en esa última actuación. Hyun-oh y sus amigos, que aún no se habían quitado sus disfraces de mujer, se abrazaron por los hombros y agitaron la cabeza como locos hasta que se les cayeron las pelucas.
Fue una noche divertida. Alegre. Y cuando terminó la última actuación, Hyun-oh presenció algo que jamás habría imaginado.
Así empezó todo. La chica que había bailado en el centro no bajó del escenario; se quedó allí, visiblemente tímida.
Parecía que las otras integrantes del club de baile ya lo sabían, porque empujaron su hombro con sonrisas extrañas. Cuando la chica recogió el micrófono del suelo y vaciló como si tuviera algo que decir, los estudiantes, que aún estaban eufóricos, empezaron a murmurar.
Incluso el presentador parecía estar al tanto, pues nadie la detuvo. Mirándola bien, era una chica de la clase de Do-jin. Era bastante bonita y de aspecto inocente; se pasaba el pelo tras la oreja una y otra vez mientras se presentaba brevemente y, tras dudar un momento, pronunció un nombre inesperado.
‘—...Yoo Do-jin…’
Lo que siguió fue, sorprendentemente, una declaración pública. Mierda. Hyun-oh se quedó con la boca abierta.
Los estudiantes, ya excitados por la fiesta, empezaron a gritar y armar un escándalo. Hyun-oh buscó instintivamente a Do-jin. Él también parecía estar en shock, mirando hacia el escenario con el rostro un tanto perdido.
Su rostro bajo el foco de luz blanca. El rostro de su amigo de la infancia. De repente, en ese instante, un latido inexplicable sacudió el pecho de Hyun-oh. Fue como si el corazón se le cayera al suelo. Hyun-oh pensó que era simplemente por la sorpresa.
‘—¡Acéptala!, ¡Ella se declaró primero!, ¡Yoo Do-jin!, ¡Salgan juntos!’
Un estruendo de voces mezcladas penetraba en los oídos de Hyun-oh. Él, tan sorprendido como el propio Do-jin, lo observaba fijamente.
El presentador instó a Do-jin a subir al escenario. Al igual que Hyun-oh lo miraba a él, Do-jin buscó por reflejo el lugar donde estaba Hyun-oh.
Sus miradas se cruzaron. Hyun-oh pensó que los sentimientos en los ojos de Do-jin estaban agitándose. Pero no estaba seguro. Sus rostros, bañados por las luces rojas, azules y blancas, estaban teñidos de una oscuridad que hacía imposible leer sus emociones.
Sin embargo, el cruce de miradas fue breve. Los amigos que rodeaban a Do-jin lo obligaron a subir al escenario.
Cuando Do-jin fue empujado al escenario, los vítores cargados de emoción se hicieron aún más fuertes. Do-jin, cuya complexión robusta destacaba más gracias al uniforme de taekwondo, y la chica, que lucía un vestido algo provocador pero maduro, se veían increíblemente bien juntos.
Incluso el presentador se unió, presionando para saber cuál sería la respuesta a esa declaración pública. Que si debían intercambiar miradas, que si ya sentían algo el uno por el otro, que si hacían una pareja perfecta... Sin darse cuenta, Hyun-oh se mordió el labio. Su corazón latía a toda prisa, aunque no era él quien estaba recibiendo la declaración.
***
Mientras tanto, bajo el escenario, los estudiantes comenzaron a aplaudir rítmicamente al grito de: “¡Acéptala! ¡Acéptala!”. Hyun-oh observó fijamente el rostro de Do-jin, que parecía confundido y sin saber qué hacer. De pronto, Hyun-oh pensó que esa declaración pública estaba condenada al éxito.
En una situación donde todos los alumnos estaban mirando, si Do-jin rechazaba la confesión, la autoestima de su compañera de clase quedaría por los suelos. Si no aceptaba, él sería el único que recibiría todas las críticas.
Sin embargo, los pensamientos de Hyun-oh saltaron por los aires en el momento en que Do-jin agarró la muñeca de la chica. Un clamor que casi parecía un grito de guerra estalló en el lugar. Do-jin la sujetó con firmeza y bajó del escenario a grandes zancadas. Hyun-oh pudo ver cómo el rostro de ella se encendía bajo las luces, mostrándose completamente tímida.
¿Qué expresión tenía Do-jin en ese momento? Hyun-oh no se dio cuenta de que sus manos habían empezado a temblar por culpa de ese instante que no alcanzó a ver bien.
Los vítores, que se sentían irreales, se hicieron aún más fuertes. Ambos salieron del gimnasio por un pasillo lateral, como si fueran los protagonistas de una película.
¿Por qué Hyun-oh había dado por sentado que Do-jin rechazaría la confesión? Estaban en clases distintas, y Do-jin compartía aula con esa chica. ¿Quién podía asegurar que no habían estado tonteando mientras él no los veía?
¡¿Qué ha pasado?! ¡¿Qué ha sido eso?! Las voces se propagaban por doquier. El ambiente, excitado hasta el punto de ensordecer a cualquiera, no amainaba.
Hyun-oh permaneció inmóvil, mirando al escenario ahora vacío donde antes estaban los protagonistas. Se sintió como si lo hubieran dejado solo. Una ansiedad de origen desconocido se apoderó de él.
El concurso de talentos terminó, pero obviamente solo quedaba un tema de conversación. La historia de la chica que se declaró en público y de Do-jin llevándosela como un héroe de cine era suficiente para desquiciar a cualquier adolescente.
Dicen que lo más divertido del mundo es cotillear sobre los amoríos ajenos. Todos regresaron al alojamiento con las mejillas encendidas por la emoción, parloteando sin parar. El tema siempre era el mismo.
‘—Qué fuerte. ¿Qué le ha pasado a Yoo Do-jin? Al final parecía que estaba rodando una película. Qué ganas de hacerse el guay.’
‘—Pero saldrán juntos, ¿no? Ella es guapísima.’
‘—Si después de esa declaración la rechaza, Do-jin quedaría como un imbécil. Además, ella es muy linda.’
‘—Si fuera yo, saldría con ella sin pensarlo.’
Las conversaciones llenas de picardía y envidia no faltaron entre los amigos de Hyun-oh. Él, por su parte, regresó al cuarto con la mirada perdida y paso cansado.
Extrañamente, su corazón latía de forma irregular y molesta, y su mente estaba completamente en blanco. No podía definir ese sentimiento que lo inundaba como una marea, pero tenía claro que no era nada positivo.
¿Por qué estoy tan irritado?
Se lavó un poco, pasó el control de asistencia del profesor y, al igual que el día anterior, fingió dormir hasta que se levantó a escondidas para unirse a la borrachera de sus amigos; pero su humor no mejoraba. En su cabeza se repetía una y otra vez la imagen de Do-jin recibiendo la confesión y saliendo de la mano con la chica.
Rumiando el recuerdo una y otra vez, Hyun-oh no podía ocultar su expresión sombría. No se mezcló en el centro del grupo como solía hacer, sino que se sentó en un rincón a dar sorbos al alcohol que sus amigos le habían encasquetado. Por mucho que bebiera, no sentía el amargor que había notado el día anterior.
Sus amigos, ajenos a todo, seguían hablando de la confesión de Do-jin bajo los efectos del alcohol. El ambiente se caldeó aún más cuando se colaron algunos chicos de la clase de al lado.
‘—Oye, ¿ha vuelto ya Yoo Do-jin?’
‘—Todavía no. Pasó el control y se volvió a ir.’
‘—Ese cabrón... ¿se lo estará pasando bien, eh?’
Al fijarse bien, resultó ser un amigo de la misma clase que Do-jin. Hyun-oh, sin darse cuenta de que ya se había acabado una botella entera, balanceaba el cuerpo como el péndulo de un reloj.
Sentía las mejillas calientes. Deseaba que hablaran de cualquier otra cosa, pero sus amigos, ya ebrios, empezaron a decir groserías imaginando qué estarían haciendo después de la declaración.
Que si no ha vuelto es porque estarán haciendo "eso", que para haber empezado a salir hoy van muy rápido... Los adolescentes, con la mente llena de esas ideas, soltaban comentarios cada vez más subidos de tono debido al alcohol. Todo aquello solo servía para que Hyun-oh se sintiera peor. Hyun-oh sacudió la cabeza con fuerza, sintiendo como si un insecto le zumbaran dentro del oído.
‘—¡Cállense todos! Denme más.’
Gritó Hyun-oh con la pronunciación trabada. En parte, era un deseo de que se cortara la conversación de sus amigos. Al verlo pedir más con el vaso de papel extendido y claramente borracho, sus amigos le dieron unos coditos.
‘—¿Por qué está tan gruñón este? ¿Es por lo de Yoo Do-jin?’
‘—¿Por qué me escuchas con el sobaco?’
A pesar de la respuesta mordaz de Hyun-oh, sus amigos soltaron risitas y lo rodearon, oliendo la oportunidad de burlarse de él. Sus rostros rojos y juguetones mostraban una voluntad férrea de no dejar pasar la ocasión.
‘—Pobre Choi Hyun-oh. ¿No hace tiempo que no tienes novia?’
‘—¿...Y qué?’
‘—¿Vas a llorar de soledad ahora que Do-jin tiene novia? Si siempre era Do-jin el que se quejaba cuando tú salías con alguna chica. Parece que seas su mujer.’
‘—¡Mierda, ni hablar! ¿Se creen que soy un crío como él?’
Por mucho que Hyun-oh protestara, sus amigos ya le habían hincado el diente a la broma. Hyun-oh, extrañamente ofendido, inclinó la botella verde y se la bebió sin decir palabra. Las risas aumentaron.
‘—Sí, sí, lo que tú digas. Lo que digas.’
‘—Déjenlo. Seguro que en un par de días vuelve a estar tonteando con alguna. Que hagan una cita doble, ¡qué envidia me dan los que no están solteros!’
Todos parecieron estar de acuerdo y, finalmente, para alivio de Hyun-oh, el tema cambió. Al dejar de oír hablar de Do-jin y su novia, Hyun-oh pudo sumergirse en su propio mundo de melancolía.
Sorprendentemente, las palabras burlonas de sus amigos se le clavaron en el pecho. Soledad. Tras reflexionar profundamente sobre sus sentimientos, Hyun-oh empezó a comprender vagamente por qué estaba tan inquieto.
Se sentía decepcionado, dolido y solo, porque estaba seguro de que si Do-jin tenía novia, ya no podrían estar tan unidos como antes. Eran amigos que pasaban prácticamente todo el día juntos, y le irritaba que otra persona creara un vacío entre ellos.
Visto así, Hyun-oh había sido quien siempre tenía novia desde que empezó la secundaria. Pero aunque fuera un hipócrita, eso era lo que sentía.
Qué asco. Todo le daba asco. La chica que hizo la declaración y revolvió sus sentimientos, Do-jin por llevársela como si fuera el prota de una película, y el hecho de que fueran a salir juntos.
Al final, Hyun-oh terminó desplomándose después de beber varios tipos de alcohol mezclados. Mientras yacía medio inconsciente sobre el edredón mal extendido, sus amigos empezaron a picarlo con el dedo.
‘—Oye, Choi Hyun-oh. ¿Te has emborrachado? ¿No vienes? Dicen que a los de la clase 3 todavía les queda alcohol.’
‘—Venga, que es la última noche, vamos.’
‘—Déjenlo. Está frito.’
Al confirmar que Hyun-oh solo parpadeaba lentamente, sus amigos parecieron decididos a abandonarlo a su suerte. Le echaron el edredón por encima de su cuerpo ardiente por el alcohol y salieron de la habitación de puntillas para no ser descubiertos por los profesores, rumbo a la habitación de al lado.
Malditos... Al menos podrían haber apagado la luz antes de irse, maldijo Hyun-oh para sus adentros. Sentía los párpados tan pesados como si les hubieran colgado pesas de hierro. El sueño lo invadía, pero esa dichosa luz le impedía dormir.
Finalmente, Hyun-oh decidió levantarse para apagarla él mismo. Logró ponerse de pie, pero falló estrepitosamente al intentar mantener el equilibrio. Justo cuando caía de nalgas una y otra vez, preguntándose si es que hoy el suelo tenía pegamento, escuchó la voz de Do-jin.
‘—¿Qué estás haciendo?’
Su voz, cargada de una pizca de condescendencia, era más aguda que la de ahora. Aunque ya había pasado por el cambio de voz, todavía conservaba ese rastro de niñez.
‘—La luz...quiero apagarla.’
Hyun-oh respondió balbuceando. Con cada suspiro, soltaba un aliento caliente y pesado. Al ver el rostro de Do-jin, sintió que toda la decepción y el resentimiento que había acumulado estaban a punto de desbordarse.
‘—¿Y los demás?’
‘—...Se fueron a la habitación de la clase 3 a beber…’
No era su intención, pero las palabras salían de su boca con una lentitud exasperante. Do-jin se acercó a grandes zancadas y se puso de cuclillas frente a él. Hyun-oh, sin darse cuenta, se quedó mirándolo con el rostro perdido.
‘—¿Cuánto has bebido?’
‘—¿...Tú estuviste con ella hasta ahora?’
En lugar de responder "unas dos botellas", como tenía planeado, lo que salió de su boca fue un pensamiento sin filtrar. Do-jin enarcó ambas cejas.
No respondió, pero con eso Hyun-oh pudo leer la respuesta. Un mal humor inexplicable, que había estado dormido en lo más profundo de su ser, asomó la cabeza de repente. Era un sentimiento ligeramente distinto a la simple tristeza de pensar que Do-jin tendría novia, pero Hyun-oh no fue capaz de identificarlo.
‘—Me voy a dormir.’
‘—Pues duérmete ya, idiota.’
Do-jin sonrió de lado y le dio un capirote juguetón en la frente. Hyun-oh frunció el ceño con todas sus fuerzas antes de dejarse caer bruscamente sobre el edredón.
Do-jin apagó la luz. En cuanto se acostó y su visión quedó a oscuras, el efecto del alcohol que tenía reprimido en el pecho subió de golpe. Incluso el alboroto de la habitación de al lado empezó a sonarle como una canción de cuna.
Parpadeo, parpadeo. Sus ojos se cerraron con pesadez. Hyun-oh se acurrucó como un camarón y abrazó el edredón. Sentía la cabeza caliente y mareada por haber bebido de forma tan imprudente sin conocer su límite. La oscuridad trajo el sueño, y así, Hyun-oh se durmió.
Eso fue todo. Al día siguiente, Hyun-oh se despertó con una resaca monumental y ganas de vomitar. Recordaba vagamente a Do-jin chasqueando la lengua mientras le daba palmaditas en la espalda. Recordaba haber tomado a duras penas la sopa de brotes de soja que sirvieron para desayunar, haber pasado un infierno durante todo el trayecto en autobús y haber quedado inconsciente en su casa durante todo el fin de semana.
¿Y qué pasó después? Aquel fue el único incidente relacionado con la vida amorosa de Do-jin, pero el final estaba algo borroso en su memoria.
Como resultado, Do-jin no salió con la chica que se le declaró en público.
Cuando volvieron a clase la semana siguiente, todo el interés de los compañeros estaba centrado en si ellos dos eran pareja.
Sin embargo, la respuesta de Do-jin fue inesperada. Dijo que, como no le parecía correcto rechazarla en el escenario frente a todo el mundo, la había llevado aparte para decirle que no.
Sus amigos, que internamente esperaban que funcionaran, se sorprendieron. Fue una anécdota del viaje escolar que todos rieron y olvidaron, comentando que era un poco cruel haberla rechazado después de semejante despliegue...
Quizás porque ahora había aceptado salir con Do-jin bajo condiciones, a diferencia del recuerdo real, un sueño extraño empezó a mezclarse y confundirse con la realidad.
Tras apagar la luz, Do-jin se quedó mirando a Hyun-oh durante un buen rato. Podía sentir su mirada incluso en la oscuridad. Esa punzada constante en la piel se detuvo cuando Do-jin se dio la vuelta.
‘—Que duermas bien.’
‘—¿A dónde vas? No te vayas.’
Hyun-oh murmuró con la pronunciación torpe de un borracho. Do-jin se detuvo, como si hubiera atrapado ese pequeño sonido al vuelo. Hyun-oh soltó lo primero que se le ocurrió.
‘—Los de tu clase...están todos bebiendo...hay mucho ruido. Duerme aquí. Estoy borracho…’
‘—Está bien.’
Do-jin se acercó a Hyun-oh sin rechistar. No usó sus típicas onomatopeyas alegres como "¡Oki!" o "¡Vale!". Hyun-oh sintió el aroma de un perfume de mujer rozando su nariz. Debía de habérsele pegado a Do-jin. Cuando Do-jin se acostó a su lado sobre el edredón arrugado, Hyun-oh murmuró con insatisfacción:
‘—...Hueles a perfume.’
‘—Y tú hueles a alcohol.’
Pudo ver a Do-jin sonreír en la oscuridad. Hyun-oh dejó escapar un quejido de desagrado. Sintió la risa de Do-jin. Frush, frush. El sonido de las mantas acomodándose se mezcló en el ambiente.
‘—Oye, Yoo Do-jin.’
Hyun-oh lo llamó con la mirada perdida. Do-jin dejó de acomodar las mantas. Hyun-oh terminó soltando las palabras que estaban formando un torbellino en su pecho.
‘—¿...Vas a salir con ella?’
Hyun-oh murmuró, haciendo un ruidito con los labios. Tenía los ojos cerrados, pero podía sentir la mirada de Do-jin fija en su rostro. Do-jin guardó silencio durante un largo rato antes de murmurar con firmeza:
‘—Sí.’
Era algo que esperaba, pero aun así fue una respuesta inesperada. Hyun-oh sintió un mareo, como si el corazón se le cayera al suelo, y apretó los ojos con más fuerza.
‘—¿...Por qué?’
‘—Parece buena persona.’
‘—Mentiroso. Es porque es guapa.’
Do-jin soltó una risita ante la respuesta cínica de Hyun-oh. Lo que dijo después de reír sonó juguetón:
‘—Aunque sea guapa, ¿crees que lo sería más que tú?’
‘—No digas...estupideces…’
Ante el murmullo de Hyun-oh, Do-jin soltó una risita y se giró hacia él. Hyun-oh seguía con los ojos cerrados por el cansancio.
‘—Si sales con ella...los demás dicen que hagamos una cita doble. Cuando yo también consiga novia.’
‘—Esos idiotas...no saben lo que dicen. Ni loco haría algo así.’
‘—Je, je... por fin Yoo Do-jin tiene novia.’
Murmuraban. Sus voces eran tan bajas que parecían a punto de apagarse, pero en el silencio de la habitación, se escuchaban con total claridad.
‘—¿...Ella...te gusta...?’
‘—...No está mal.’
‘—¿Entonces por qué sales con ella?’
Do-jin no respondió. Se escuchó el sonido de sus dedos jugueteando con el edredón. Fue un silencio sutil. Ante la prolongada mudez, Hyun-oh soltó una risita y murmuró:
‘—Ya sé. Es para presumir delante de mí, ¿verdad? Para que me sienta solo…’
‘—Hyun-oh.’
Do-jin lo interrumpió. Hyun-oh abrió los ojos ligeramente. Sus pupilas, ya acostumbradas a la penumbra, captaron el rostro de Do-jin. Debido al alcohol, sentía calor en los ojos y la cara de su amigo se empañaba y se aclaraba intermitentemente.
‘—...Yo también estoy cansado ya.’
Do-jin lo observaba mientras confesaba su sentir de forma lenta y serena. En esas palabras dichas con tanta calma se escondía una emoción de una profundidad incalculable. Hyun-oh, a pesar de su embriaguez, fue capaz de notarlo, pero no alcanzó a comprender a qué se refería con que estaba cansado.
Los ojos de Hyun-oh parpadearon con pesadez. Sentía que las palabras de Do-jin se estiraban como melcocha, entrando por un oído y saliendo por el otro. Do-jin, arqueando la comisura de los labios por hábito, presionó la frente de Hyun-oh con un dedo, manteniendo su tono bromista de siempre.
‘—No tienes ni idea de lo que hablo, ¿verdad? Olvídalo. Duérmete ya. Olvida todo.’
Ante la orden de Do-jin, Hyun-oh parpadeó un par de veces y cerró los ojos obedientemente. Al ver su actitud dócil, se escuchó a Do-jin soltar un suspiro profundo y cargado de pesadez.
Ya veo. Así que Do-jin va a salir con esa chica. Y les irá tan bien que todos tendrán envidia. Ese sentimiento de decepción, mezclado con el alcohol y el sueño, se hundió cada vez más profundo en su interior.
‘—Sí, pues que les vaya bien. Felicidades. Tenía curiosidad por saber con quién y cómo saldría este idiota.’
Hyun-oh murmuró palabras que no sentía, forzando un tono alegre. Do-jin curvó los labios mecánicamente. Con la pronunciación totalmente trabada, Hyun-oh empezó a sermonearlo:
‘—Cielos, pensar que Yoo Do-jin va a salir con alguien. Nunca has tenido novia hasta ahora, ¿verdad? ¿Qué vas a hacer cuando llegue el momento de la verdad?’
‘—Es cierto. ¿Qué voy a hacer?’
A diferencia de su tono de voz, Hyun-oh sentía cómo un hervidero de emociones inexplicables bullía en su pecho, lo que le llevó a decir con malicia:
‘—¿A que no tienes ni idea de nada? Seguro crees que los bebés nacen por dormir de la mano con papá y mamá.’
‘—¿Estás loco? Soy un imbécil por escuchar en serio lo que dice un borracho.’
Do-jin soltó una carcajada y habló como de costumbre. Hyun-oh entreabrió los ojos para mirarlo. En la oscuridad, reconoció ese rostro familiar. Ocultando el torbellino de su interior, Hyun-oh sacudió la cabeza de forma exagerada, como si estuviera bromeando.
‘—Vas a pasar vergüenza más adelante. Uff, ya lo estoy viendo. Por eso... por eso... por eso…’
Entre los labios titubeantes de Hyun-oh se escapó un sonido que no pasó por ningún filtro. O tal vez, antes de que la razón pudiera detenerlo, fue un sentimiento instintivo el que sujetó a Do-jin sin que Hyun-oh lo supiera.
‘—¿..Quieres practicar cómo besar conmigo?’
***
—Qué demonios... ¿Por qué soñé algo así?
Tras despertarse por el sonido de la alarma, Hyun-oh se quedó parpadeando aturdido durante un buen rato. Normalmente, al despertar, uno puede tomar distancia incluso de la pesadilla más vívida, pero curiosamente con este sueño no fue así. A pesar de la falta de realismo propia de alguien que aún no ha despejado el sueño, lo que Hyun-oh había soñado se sentía como algo que realmente hubiera sucedido.
Hyun-oh tenía muchas cosas que hacer por la mañana como arreglarse el pelo, aplicarse el tratamiento capilar y debería haber saltado de la cama de inmediato, pero seguía chapoteando en los restos del sueño.
Se sentía extremadamente incómodo. El Hyun-oh de su sueño parecía una suegra malvada que, al enterarse de que Do-jin tenía novia, sentía celos e intentaba arrebatárselo a toda costa.
¿Y a qué venía eso de practicar besos? Hyun-oh repasó atónito el final del sueño. Era un comentario bastante atrevido para un chico de tercero de secundaria.
Para el Hyun-oh actual, no era más que una táctica ridícula, infantil y demasiado obvia. Pero un sueño era solo eso, un sueño. Por muy real que se sintiera, era algo que había ocurrido dentro de su propia cabeza...
—...Qué cosas a primera hora de la mañana...
Se sintió extraño al notar que su erección matutina parecía una respuesta directa al sueño que acababa de tener.
Seguramente, el hecho de haber aceptado salir con su amigo Do-jin por un mes había provocado que su cerebro atara cabos de forma arbitraria. Hyun-oh culpó a su mente excesivamente sensible y, una vez que la excitación física disminuyó un poco, salió de la cama.
Como se había demorado más de lo habitual, se metió directo a la ducha. El chorro de agua caliente envolvió su cuerpo con suavidad.
Sin embargo, incluso después de volver a la realidad, el recuerdo de Do-jin y el viaje escolar lo perseguía como una sanguijuela. Normalmente, Hyun-oh no podía pensar en otra cosa que no fuera su lucha contra el pelo dañado por las constantes decoloraciones, pero hoy era distinto.
Hyun-oh se frotó con fuerza las mejillas, encendidas por el agua caliente. «Es solo un sueño, ¿por qué me da tanta vergüenza?». Se sentía más bien como un momento humillante de su pasado.
Al final, bajo el chorro de agua, no tuvo más remedio que sumergirse de nuevo en aquel recuerdo.
La memoria del viaje escolar de secundaria, olvidada durante años, conservaba solo fragmentos de las emociones y la situación general de aquel entonces. Así fue: Do-jin recibió una confesión pública, Hyun-oh se sintió algo herido pensando que perdería a Do-jin ante una novia y, por eso, se unió al grupo que traía alcohol y bebió hasta perder el conocimiento.
Hyun-oh frunció el ceño al sentir que casi podía recordar la resaca de aquel día. ¿Y qué pasó después?
Podía sentir vívidamente el contacto de la mano de Do-jin dándole palmaditas en la espalda mientras sufría por el alcohol. Recordó haber pasado todo ese fin de semana quejándose por un dolor que nunca antes había experimentado y, al volver a la escuela, el rumor de que Do-jin había rechazado la confesión ya se había extendido por todas partes.
Lo curioso era que, a pesar de presumir de una vida amorosa deslumbrante durante toda su etapa escolar, Hyun-oh se sintió internamente aliviado al oír el rumor. Mientras sufría aquel fin de semana un dolor que no podía confesar ni a sus padres ni a su hermano, su mente había imaginado a Do-jin feliz con su novia, y eso le provocaba celos. Para él, era obvio que la persona más cercana a Do-jin debía ser Hyun-oh.
Qué alivio fue. Hyun-oh pudo volver a acercarse a Do-jin como si nada hubiera pasado. Y lo mismo hizo Do-jin.
Le molestaba que Do-jin tuviera pareja. Era el típico caso de "lo mío es amor, lo tuyo es pecado". Incluso ahora, si pensara en Do-jin con novia...sí, seguiría sintiéndose un poco herido.
Hyun-oh se echó agua caliente en la cara, confundido y un tanto impactado al darse cuenta de que no había cambiado nada desde la secundaria. Se lavó a toda prisa y restregó el champú en su pelo áspero, deseando que la espuma blanca se llevara todas las preocupaciones que inundaban su mente, pero, como era de esperar, nada salía como quería.
Tras haber evocado con éxito al Do-jin de secundaria, Hyun-oh se aplicó el tratamiento capilar de forma mecánica y rápida, perdiendo de nuevo el hilo de sus pensamientos.
Se sintió internamente impactado al descubrir que era una persona tan obsesionada con sus amistades. Al salir de la ducha todavía aturdido, recibió un mensaje de Cheong-myeong diciendo que ya estaba en el autobús, y fue entonces cuando se dio cuenta de que llegaba tarde.
¡Ah! Soltó un grito de frustración mientras se rascaba el pelo mojado. Tecleó rápidamente un mensaje diciendo que se retrasaría y que se adelantara, y comenzó a prepararse a toda velocidad.
Llegar tarde por culpa de pensar en Yoo Do-jin... No podía haber nada más improductivo. Hyun-oh no dejaba de maldecir mientras se vestía y se secaba el pelo a toda prisa.
Aplastó con el calor de sus palmas su pelo, que parecía una escoba y se alborotaba si no lo peinaba bien, y salió corriendo de casa. Por suerte, encontró un taxi esperando en el semáforo. Empezaba la mañana perdiendo el valioso dinero del taxi.
Una vez sentado en el vehículo, miró la hora. Desde su estudio hasta la universidad eran unos 10 minutos en taxi. Si bajaba en la puerta principal y caminaba rápido, le sobrarían unos 5 minutos. Al saber que llegaría a tiempo, la tensión desapareció. Hyun-oh se recostó en el asiento y recuperó el aliento.
La carretera estaba despejada, habiendo evitado por poco la hora punta. Con el paisaje pasando veloz ante sus ojos y su respiración ya normalizada, sintió una vibración y miró su teléfono.
[{Chindo}:
¿Dónde estás?]
Era un mensaje del protagonista que le había revuelto el alma y la cabeza. Hyun-oh respondió mientras se aplastaba el pelo alborotado inconscientemente.
[{Hyun-oh}:
Yendo en taxi]
El no leido desapareció de inmediato; Do-jin no había salido del chat. La respuesta llegó al instante.
[{Chindo}:
¿Te bajas en la puerta principal? ¿En cuántos minutos llegas?
{Hyun-oh}
¿En 5 min?
{Chindo}:
Ok.]
Tras terminar ese intercambio de mensajes tan cotidiano, Hyun-oh sintió que su corazón latía con una rapidez casi irregular. Tenía el estómago revuelto, por lo que se vio obligado a clavar la mirada en la ventana del taxi. Sin embargo, las náuseas empeoraron a medida que se acercaba a la universidad.
Con la boca seca y una sensación de mareo constante, el malestar alcanzó su punto máximo al descubrir a Do-jin esperando en la puerta principal. Do-jin, que alternaba entre mirar su teléfono y observar la carretera cada vez que sentía que se acercaba un vehículo, sonrió de oreja a oreja al reconocer el taxi donde venía Hyun-oh.
Hyun-oh se sintió como si de repente tuviera que enfrentar cara a cara aquello que había intentado posponer mientras se distraía pensando en el sueño y en Do-jin. Incómodo y sin saber por qué, pagó al taxista manteniendo la cabeza girada hacia el lado del conductor, cuando sintió de nuevo la vibración del teléfono.
[{Chindo}:
¿Mimiste bien? :)]
Era un saludo que no pegaba con él y un emoticono que le pegaba aún menos. Hyun-oh se sintió todavía más extraño y avergonzado. Con las mejillas ligeramente encendidas, bajó del taxi y Do-jin se le acercó con una sonrisa burlona.
—¿Soñaste con Do-jin?
Parecía que la pregunta era una continuación del mensaje. Hyun-oh, que efectivamente había soñado con él, sintió que lo habían descubierto y, mientras intentaba calmar sus latidos, murmuró en tono de queja:
—¿Estás loco?
—¿Soñaste o no? Mierda.
—¿Acaso rezas con un vaso de agua para que tenga pesadillas?
A diferencia de su predicción de que todo sería extremadamente incómodo, Do-jin se comportaba casi como siempre. Ah, bueno, había una diferencia. Do-jin, que solía venir a la facultad siempre en chándal, hoy vestía una ropa inusualmente impecable y se había peinado con la frente despejada, como si hubiera querido arreglarse más de lo normal. Era un contraste total con Hyun-oh, que venía hecho un desastre tras casi llegar tarde por pensar en él.
—Es que temía que te escaparas. Dijimos que la cuenta atrás empezaba en el momento en que nos viéramos hoy.
Do-jin respondió con una sonrisa tonta. Al encontrarse de pronto frente a frente con él, Hyun-oh no sabía qué hacer con sus manos. Primero las apretó entre sí con nerviosismo y luego las hundió en sus bolsillos fingiendo indiferencia.
—...Es verdad.
A pesar de haber pasado todo el tiempo pensando en Do-jin e incluso haber tenido ese sueño, Hyun-oh respondió con total naturalidad. Al escuchar la palabra directa "cuenta atrás", recordó la promesa que hizo en un arrebato de ira. Do-jin, que sonreía mostrando todos sus dientes, se veía extrañamente diferente a lo habitual.
Era el mismo camino de siempre hacia la facultad, pero no entendía por qué se sentía tan inquieto y emocionado. Mientras subían juntos la suave colina, Hyun-oh observó a Do-jin de reojo, pero no pudo evitar dar un respingo exagerado cuando este acortó la distancia de repente.
—¡Mierda, ¿qué te pasa?!
—Hoy hueles bien. ¿Qué es? ¿Tu olor corporal?
Do-jin tenía la nariz prácticamente hundida en la nuca de Hyun-oh, como un perro olfateando. Al sentir el calor corporal del otro tan cerca, Hyun-oh tensó los hombros y dio un paso torpe hacia atrás.
—Es...perfume...
Respondió por instinto, pero enseguida se dio cuenta de que, con las prisas, hoy no se había puesto su perfume habitual. Do-jin inclinó más la cabeza para seguir olisqueándolo a pesar de la distancia y murmuró para sí mismo con extrañeza:
—No huele a perfume.
—...Ah. Ahora que lo pienso, no me puse. No es perfume, será el suavizante de la ropa.
Hyun-oh respondió con torpeza mientras tiraba de la manga de su camiseta. Al olerse él mismo, notó un suave aroma a ropa secada al sol.
Do-jin, que mantenía el cuerpo inclinado hacia Hyun-oh estirando el cuello de forma casi grotesca, olfateó una vez más su nuca como si estuviera marcando territorio y, con rapidez, pegó sus labios a su piel y los separó enseguida.
Hyun-oh, que jamás esperó que le hiciera algo así en plena calle a plena luz del día, se estremeció horrorizado y se cubrió con la mano el lugar donde Do-jin lo había besado.
—¡¿Pero qué haces?!
—Ya no somos amigos.
No. Aunque hubieran aceptado salir bajo condiciones a partir de hoy, esto era el campus universitario. Hyun-oh miró rápidamente a su alrededor. Por suerte, los pocos transeúntes que había no les prestaban la menor atención.
—No hagas estas cosas en la calle, de verdad.
Murmuró Hyun-oh con descontento, frunciendo el ceño profundamente. Do-jin volvió a acercarse y, antes de que se diera cuenta, Hyun-oh estaba medio envuelto en sus brazos. Do-jin le rodeó la cintura con naturalidad y preguntó con una sonrisa cínica:
—Mira cómo te avergüenzas.
—Oye, Yoo Do-jin. Como es tu primera vez parece que no lo sabes, pero las relaciones tienen sus fórmulas, idiota.
Hyun-oh fue apartando uno a uno los dedos de Do-jin que sujetaban su cintura. Una brisa fresca pasó rozando sus mejillas ardientes, ayudando a enfriarlas un poco.
—Darse la mano, dos semanas. Entrelazar los brazos, tres semanas. Un besito, un mes. Beso de verdad, dos meses. Sexo, tres meses.
—¿Qué?
—¡El progreso!
—¡¿Qué?! ¡¿Dices que tengo que esperar tres meses para acostarme contigo?!
—¡Oye!
Do-jin gritó tan fuerte que Hyun-oh se asustó. ¡¿Este tío está loco?! Hyun-oh miró rápidamente a su alrededor de nuevo. Ante la repentina mención al sexo, todo el mundo se quedó mirando a Do-jin, pero él, obsesionado con la "prohibición", parecía no ver a nadie más.
—¿Te has vuelto loco?
—¿...Y cómo no me voy a volver loco? ¿Qué pretendes, que me ponga un cinturón de castidad en la polla o qué?
Do-jin refunfuñó con una expresión como si acabara de perderlo todo en este mundo. Hyun-oh, sintiéndose indignado, le preguntó:
—¿Acaso sales conmigo solo para tener sexo?
—...No, eso...no es así...
Do-jin, desinflado al instante, se rascó la mejilla. Al ver cómo de repente empezaba a hacer ruiditos tiernos, era evidente que quería esquivar de algún modo el sermón de Hyun-oh.
La alucinación de hace un momento, donde parecía que se le agitaba una cola invisible de felicidad, se esfumó. Caminando al lado de Hyun-oh con los labios fruncidos, Do-jin seguía murmurando sin perder la esperanza:
—Pero si ya lo hemos hecho todo...
Si ya nos hemos besado... Si ya nos hemos dado besos de verdad... Si hasta te la chupé... Si hasta te lamí el culo... Las tentaciones de Do-jin continuaban como un eco, pero Hyun-oh evitó responder incluso mientras entraban al edificio de la facultad y esperaban el ascensor. Do-jin estaba visiblemente de mal humor.
Tras haber logrado aplacar con una sola frase al insistente Do-jin, Hyun-oh tuvo que esforzarse para que las comisuras de sus labios no se elevaran en una sonrisa. No entendía cómo pretendía manejarse por la vida mostrando sus emociones de forma tan descarada.
Aunque fuera un noviazgo con fecha de caducidad, en el amor siempre acaba perdiendo el que más demuestra sus sentimientos. Actuando así, ¿cómo pensaba llevar una relación...?
«...Actuando así, ¿cómo piensas llevar una relación?».
En ese instante, una escena se solapó en la mente de Hyun-oh. Supo instintivamente que era un fragmento del viaje escolar. El Hyun-oh de secundaria tenía los ojos cerrados, pero por el movimiento del aire sintió que Do-jin se había incorporado, sorprendido. Una respiración agitada se mezcló con el calor del ambiente.
‘—Si ni siquiera eres capaz de besarme…’
La voz infantil de Hyun-oh, que aún no terminaba de cambiar por la pubertad, se desvaneció en un susurro. El rostro de Hyun-oh se encendió como la brasa. Las puertas del ascensor se abrieron y Do-jin, a su lado, le preguntó: “¿Qué haces ahí parado? ¿No subes?”, pero Hyun-oh, teñido de rojo de pies a cabeza y sumido en el espanto, no lo escuchó.
***
¿Te has vuelto loco, Choi Hyun-oh?
Pii-poo, pii-poo. Código rojo. Situación de emergencia. Situación de emergencia. Esto parece estar mucho más jodido de lo que pensaba. Una alarma estridente llenó la cabeza de Hyun-oh.
Aquella imagen que parecía un sueño, no.. aquel recuerdo olvidado que tenía altísimas probabilidades de ser real, empezó a desencadenarse en su mente. Una habitación vieja donde se oía el débil canto de los grillos. La luz difusa de la luna. Una temperatura corporal extrañamente elevada. Un ligero mareo y una respiración que se agitaba con urgencia.
Al final de ese recuerdo del que no se atrevía a confirmar su veracidad, no podía asegurar si esa noche Do-jin y él se habían besado de verdad.
Sin embargo, en esa memoria que preferiría creer que era una fantasía recién materializada, recordaba vagamente que al día siguiente sentía las comisuras de los labios como si se le fueran a rasgar y los dientes frontales le daban punzadas. Además, pensándolo bien ahora, ¡¿cómo es que Do-jin, que estaba en otra clase, terminó en la habitación de Hyun-oh y le dio palmaditas en la espalda mientras este moría de resaca?!
Por mucha resaca que tuviera como para no fijarse en nada más, las piezas de esa locura escolar que encajaban ahora tenían demasiada coherencia.
Una sensación ardiente y punzante, como la primera vez que probó el whisky fuerte, recorrió sus venas a toda velocidad. No sabía ni cómo había llegado a entrar en el aula. Hyun-oh se quedó rígido, preso de una vergüenza abrasadora.
A diferencia de su cuerpo petrificado, el interior de su pecho ardía como un metal fundido. Sentía que todos los recuerdos que guardaba hasta ahora se estaban enredando.
Idiota, por muchos celos que tuvieras, hay cosas que se dicen y cosas que no. La realidad, que tenía visos de ser auténtica, era desoladora.
Hyun-oh se pasó las manos por la cara, reprimiendo el deseo de soltar un gemido de abatimiento. Sus mejillas, frotadas por sus palmas calientes, se encendieron aún más. Tenía la cabeza hecha un lío, como un ovillo de hilo enredado sin remedio. Respiró hondo e intentó desenredarlo todo pieza por pieza.
Si el recuerdo de Hyun-oh fuera cierto... Incluso plantear la hipótesis le resultaba difícil, pero se mordió el labio y siguió pensando.
Si un Hyun-oh cegado por los celos de que Do-jin tuviera novia propuso el beso esa noche, y si realmente lo hicieron... Para haber pasado algo así, habían seguido siendo demasiado amigos hasta ahora.
«¿Qué está pasando?».
Hyun-oh retiró las manos de sus mejillas ardientes. Cuando la vergüenza amainó un poco y surgió la duda, empezó a ser consciente de lo que le rodeaba.
En aquel entonces, Hyun-oh estaba completamente ebrio, pero Do-jin estaba sobrio. Eso significaba que, aunque los recuerdos de Hyun-oh se hubieran borrado por el alcohol, Do-jin sí los conservaba. Sin embargo, Do-jin nunca dio señales de ello hasta ahora. Con la mente enfriándose poco a poco, Hyun-oh repasó los bordes de aquel recuerdo.
Do-jin dándole palmaditas en la espalda mientras él estaba medio muerto por la resaca, desayunando la sopa del comedor, durmiendo en el autobús de camino a casa...
Aquel fin de semana estuvo convaleciente por las secuelas, y el lunes fue a la escuela preocupado por cómo mirar a Do-jin a la cara pensando en la confesión que este había recibido. Hyun-oh penso ahora: “¿Acaso esa preocupación no estaba relacionada con lo que pasó esa noche y que no recordaba?” Y al llegar, se enteró de que Do-jin había rechazado a la chica.
Después de eso, todo volvió a la normalidad. Quedaban todos los días, comían juntos, iban a la academia y al cibercafé.
Su pecho se agitó con inquietud. Hyun-oh se horrorizó al pensar que podía ser una persona tan descuidada. Si habían hecho "eso", debería haber habido alguna señal por parte de Do-jin, pero Hyun-oh, por el simple hecho de no tenerlo en su memoria, no se dio cuenta de nada.
«No. Espera un momento...».
El circuito de pensamiento positivo de Hyun-oh llegó a una conclusión: “¿Y si este recuerdo es solo una fantasía que acabo de inventar?
A diferencia de esa imaginación onírica e incierta, esta opción era la más normal. Pensar así le daba tranquilidad y era más dulce. Aunque quedara una pizca de malestar en un rincón de su corazón, era algo que podía ignorar si se esforzaba.
Claro. Si fuera un recuerdo real, ¿por qué iba a surgir ahora después de tantos años? Justo cuando ya ha pasado de todo con Do-jin y han aceptado salir por un tiempo limitado.
Además, Do-jin le confesó hace poco que le empezó a gustar recientemente. El motivo fue aquel accidente estando borrachos, donde Do-jin se enamoró de una mujer que ni siquiera recordaba bien...
El entrecejo de Hyun-oh se frunció cada vez más. Una sensación de déjà vu lo atrapó. Sentía la extrañeza de estar forzando piezas de un puzle que no encajaban. Era esa sutileza de tener una pieza de un puzle completamente distinto que, por mucho que intentes colocar, no termina de asentar.
Esa extrañeza surgió al intentar unir cronológicamente lo que Hyun-oh ha vivido con lo que se supone que vivió.
Aunque quisiera creer que era algo inventado por su sueño: si Do-jin y Hyun-oh se besaron esa noche, Hyun-oh lo olvidó por completo, Do-jin no dijo nada, y cinco años después tienen sexo por error estando borrachos, pero Do-jin recuerda a Hyun-oh como una mujer imaginaria y, para recuperar la memoria, hace de todo con Hyun-oh hasta que se enamora y se le confiesa...
—...Pero qué...
Debido a lo absurdo de la situación, Hyun-oh murmuró para sí mismo sin darse cuenta. Por suerte no fue un grito, y solo pudo oírlo Do-jin, que estaba sentado a su lado. Sin embargo, Do-jin estaba tan sumergido en su propio mundo que no le prestó atención.
Hyun-oh miró de reojo a Do-jin con cara de incredulidad. Do-jin garabateaba concentrado en una esquina de su libro de texto.
Al ver que Do-jin estaba dibujando círculos que claramente representaban un encuentro carnal entre dos hombres y escribía al lado de un "ㅓ" bien gordito: “¿De verdad 3 meses? Joder, qué locura”, Hyun-oh sintió una mezcla de lástima y curiosidad por saber qué pasaba por la cabeza de ese idiota.
Hyun-oh volvió a mirar al frente. Él también era un estúpido por pensar que un tipo tan lamentable estaba bien.
Sintiendo una punzada de dolor de cabeza, Hyun-oh volvió a tantear el origen de esa extrañeza. Había un abismo que no podía rellenar entre "se besaron en la escuela y Do-jin no dijo nada" y "cinco años después tuvieron sexo borrachos".
Era una monstruosidad extraña que no sabía cómo expresar con palabras. Por mucho que intentara espantarla, esa sensación de anomalía no desaparecía fácilmente.
De repente, su amigo de toda la vida le resultaba un extraño. Parecía que Do-jin era alguien a quien no conocía en absoluto. ¿Qué demonios estaba pensando Do-jin y qué recuerdos guardaba? ¿Cuáles eran sus verdaderas intenciones?
Lo que pasó después de ser adultos, cuando bebieron y cometieron un error, entraba dentro de lo que se puede considerar "un accidente". Pero si el recuerdo de la escuela era cierto, la pregunta pasaba a ser: “¿De verdad fue solo "un accidente"?”
Confundido, Hyun-oh apretó los labios con un sentimiento complejo e indescriptible. En realidad, la forma de resolver su duda era preguntarle directamente a Do-jin.
¿Nos besamos en el viaje escolar de la secundaria?
Por supuesto, aunque le arrancaran la lengua, no se lo preguntaría. No había garantías de que Do-jin respondiera con la verdad y, aunque fuera cierto, ¿qué beneficio sacaría él de todo esto?
Además, incluso si ese recuerdo repentino de Hyun-oh fuera real, la única conclusión posible era que Yoo Do-jin era un tipo de cuidado. ¿Cómo podía este imbécil haber besado a su amigo de la infancia y seguir actuando con tanta naturalidad durante años? Hyun-oh había estado tratando como a un amigo normal a un tipo aterrador durante una década.
En ese momento, otra hipótesis cruzó la mente de Hyun-oh. «Ah, ¿y si la razón por la que Do-jin se quedó callado fue porque, aunque lo hizo en un impulso, le dio tanta vergüenza que decidió enterrarlo?».
—...Ah.
Hyun-oh dejó escapar un pequeño gemido de comprensión. Había olvidado que en aquel entonces eran adolescentes. Era una época en la que los chicos se excitaban con cualquier historia picante que contaran los amigos.
Si alguien te insiste tanto para que lo beses, puedes perder la cabeza por el deseo un momento y hacerlo. Pero luego, cuando lo haces, te mueres de vergüenza y no sabes cómo mirar a la otra persona a la cara... así que como yo no recordaba nada, él simplemente decidió pasar de largo, ¿no?
Tenía sentido. De hecho, parecía la explicación más lógica. Si esto fuera así, no sería extraño que el sueño de Hyun-oh fuera un recuerdo real.
La duda persistente que lo había estado atormentando se desprendió por fin, trayendo consigo una sensación de alivio. Hyun-oh se felicitó internamente por ser tan inteligente al llegar a tal conclusión y sintió que su mente se despejaba. Justo cuando las comisuras de sus labios se elevaban ligeramente por la satisfacción, Do-jin se le acercó sigilosamente.
—Oye.
El susurro de Do-jin, con la mano cubriéndose la boca, hizo que la oreja de Hyun-oh ardiera. Probablemente era porque acababa de estar pensando en él.
Hyun-oh se frotó la oreja y se alejó unos centímetros. Do-jin, con el entrecejo fruncido con seriedad, acortó la distancia que Hyun-oh había puesto. Por un segundo, Do-jin le resultó un extraño.
—Tres meses es demasiado. Hagámoslo en dos semanas.
Hyun-oh, que no entendía de qué hablaba ese Do-jin "extraño", se quedó frío al darse cuenta de que se refería al progreso sexual. Yoo Do-jin era Yoo Do-jin. No sabía por qué se le había ocurrido pensar que era alguien diferente.
Ante la cara de desprecio de Hyun-oh, Do-jin pareció sentirse agraviado. Movía los labios gritando en silencio: “¡¿Qué?! ¡¿Por qué?! ¡¿Qué?!”, mientras refunfuñaba:
—Mierda, si ya me has visto todo, ¿a qué viene tanta modestia?
—Oye, no digas esas cosas aquí...
Hyun-oh lo interrumpió rápidamente, solo para darse cuenta de que el ambiente a su alrededor era bastante ruidoso. Al mirar alrededor, vio que los estudiantes estaban relajados, charlando con sus compañeros o mirando sus teléfonos.
Cielos. Al parecer, se había pasado toda la hora distraído. Hoy también había desperdiciado con éxito el dinero de la matrícula que sus padres ganaron con sudor y sangre. Al darse cuenta de que ya era el tiempo de descanso, Hyun-oh puso cara de pocos amigos.
—...Como sea, cállate. Además, si avanzas demasiado rápido, las mujeres se sienten inseguras pensando que solo quieres su cuerpo.
—Pero si tú y yo somos hombres, ¿qué importa eso?
—...Pues...es verdad.
Chasqueando la lengua, Hyun-oh decidió ejercer su derecho a guardar silencio y se tumbó sobre el escritorio cruzando los brazos. Do-jin sacudió el hombro de Hyun-oh con urgencia.
—¿Te duermes? ¿Vas a dormir? Juega conmigo.
No le desagradaba el ritmo constante del balanceo, ni la temperatura cálida de su mano, ni su peso sólido, pero la voz quejumbrosa de Do-jin era el problema. Hyun-oh murmuró con cansancio:
—No me agotes.
—¡Ah, Choi Hyun-oh!
—Oye, y el que pidió salir por un tiempo limitado fuiste tú, ¿por qué solo hablas como si fuéramos amigos con derecho?
Ante el murmullo inconsciente de Hyun-oh, Do-jin se quedó callado. Do-jin, que había olvidado lo más importante ante la noticia catastrófica de que salir juntos significaba la prohibición inmediata del sexo, se tranquilizó de golpe.
Con su asiento de al lado finalmente en silencio, sus oídos descansaron. Hyun-oh, que tenía la cara hundida entre sus brazos, giró ligeramente la cabeza para mirar a Do-jin. Para su sorpresa, las mejillas de Do-jin estaban encendidas de un rojo suave.
Maldito loco. ¿Por qué pone esa cara? Hyun-oh sintió un extraño vuelco en el corazón e intentó esconder de nuevo el rostro entre sus brazos.
—¿...Verdad?
Hyun-oh sintió cómo se le erizaba la piel. ¿Por qué se ponía tímido de repente? A Hyun-oh le daba vergüenza ajena solo de verlo. Sintiéndose igualmente apenado, Hyun-oh se mordió el labio inferior.
—Entonces... entonces, ¿quieres ir a mi casa cuando terminen las clases? Solo nosotros dos, sin Chung-myung.
Parecía un niño de primaria pidiendo una cita. Pero, extrañamente, no le disgustó. Hyun-oh dejó escapar algo parecido a una risa absurda. Inexplicablemente, sus labios querían sonreír, así que hizo fuerza para mantener el gesto serio y respondió fingiendo indiferencia:
—¿A qué viene Chung-myung ahora?
—Es que tenemos la siguiente clase juntos. Siempre volvemos juntos a casa. Y en la clase de "Amor y Relaciones" sois pareja de prácticas.
Ahora que lo pensaba, Do-jin aún no sabía que Cheong-myeong había dejado esa asignatura. Primero lo del gato de Schrödinger y luego lo de la clase de relaciones... Al recordar cómo Do-jin lo había engañado al principio del semestre, su calma se hizo añicos.
—Chung-myung dejó esa asignatura por su novia.
—¿Eh? ¿La dejó? Pero si erais pareja. ¿Entonces qué vas a hacer?
—Pues no sé...
Debido a todo el caos reciente, ni siquiera había pensado en esa asignatura optativa donde ni siquiera pasaban lista correctamente. Ante el murmullo de Hyun-oh, el rostro de Do-jin se iluminó. Do-jin sacudió a Hyun-oh con más fuerza que nunca y exclamó:
—¡Oye! ¡Yo! ¡Yo! ¡Lo del ayudante!
—¿Y a mí qué?
—¡Yo! ¡Puedo ser tu pareja!
Do-jin estaba tan emocionado como un científico que acaba de descubrir algo nunca antes visto. Hyun-oh, por el contrario, no estaba muy convencido.
—¿Tú y yo como pareja de prácticas?
Do-jin asintió con un vigoroso "mmm-hmmm". Era un sí rotundo se mirara por donde se mirara.
—¿Por qué?
Hyun-oh estaba desconcertado. Era una asignatura que incluso su compañero de carrera había abandonado. Aunque él había terminado ahí después de que Do-jin lo engañara con aquella extraña clase, la asignatura tenía sus ventajas.
Esa asignatura era conocida por no pasar lista y porque era fácil sacar buena nota simplemente entregando los informes a tiempo. Precisamente por eso, Hyun-oh no solía aparecer por clase desde la primera sesión.
Do-jin, al ser el ayudante de esa clase, aunque nadie sabía cómo había acabado siéndolo, conocía bien los detalles y usó ese punto para tentar a Hyun-oh. Así que la reacción sincera de este fue un simple: “¿Es necesario?”
—¿El ayudante no tiene pareja?
—Nop. Originalmente mi papel es ayudar en estas cosas. Emparejar a los que se han quedado solos porque su compañero dejó la asignatura.
Era la primera vez que oía eso. Mientras Hyun-oh seguía con cara de desconcierto, Do-jin le dio unas palmaditas en la espalda y, con disimulo, le pasó el brazo por los hombros.
—Hyun-oh.
De repente, sintió que sus orejas empezaban a arder. Cuando Do-jin le susurró al oído, Hyun-oh, con las mejillas teñidas de un rojo involuntario, se sobresaltó e intentó apartarse. Pero no había forma de ganar contra un tonto musculoso que solo tiene fuerza cuando decide aplicarla.
—¿...Estás loco?
—Escúchame bien.
Do-jin empezó a susurrar de forma aún más íntima. El aire que rozaba su oreja le daba tanta grima que Hyun-oh no podía evitar encoger los hombros.
—Por mucho que Chung-myung sea tu compañero de carrera, ¿por qué tienes que completar tú los créditos de alguien que ni siquiera viene a clase? ¿Desde cuándo eres tan caritativo?
Tenía razón. Si hubiera sido cualquier otro compañero y no Chung-myung, no le habría importado lo más mínimo desde el momento en que abandonara la materia. La única excepción, quizás, sería alguien tan cercano como Yoo Do-jin.
Sin darse cuenta, Hyun-oh se quedó mirando fijamente a Do-jin, hasta que fue consciente de que llevaban demasiado tiempo manteniendo el contacto visual. Normalmente no pensaría en estas cosas, pero no entendía por qué hoy estaba así. Hyun-oh enderezó la cabeza a toda prisa.
—Completar los créditos de una asignatura que otro ha dejado es de ser un pringado, no un santo. Si vas a ser pringado, hazlo conmigo y así ganamos los dos.
—¿...Tú crees?
Hyun-oh murmuró fingiendo indiferencia. Al escuchar a Do-jin, ya no encontraba una razón lógica para seguir cargando con la asignatura que Cheong-myeong había tirado por la borda. Do-jin, detectando que Hyun-oh estaba cayendo en su red, dio el golpe final.
—Claro que sí. Así que ya no puedes retirar lo prometido. Ebe-be-be-be.
Mientras Hyun-oh miraba con desprecio a Do-jin por comportarse como un niño de repente, su cuerpo se tensó al sentir cómo este le tocaba sutilmente la cintura por debajo de la silla.
—Pues trato hecho. Cuando terminen las clases, vamos a mi casa. Tienes que llevarte la ropa que te dejaste el otro día.
—¿...Ropa?
Sin previo aviso, sintió un escalofrío recorriéndole la espalda. Hyun-oh murmuró con voz un tanto titubeante:
—¿Ropa? Ah... sí. Me la dejé, ¿verdad?
La razón por la cual se la había dejado también vino a su mente de golpe. La nuca le ardía de calor.
Al recordar aquel pasado cercano en el que fue a casa de Do-jin buscando confirmar que solo eran amigos, y terminó siendo devorado de pies a cabeza hasta huir llorando, a Hyun-oh se le hizo un nudo en la garganta.
¿Debería decirle que simplemente la tirara?
Aunque el deseo de decirle eso mismo bullía en su interior, Hyun-oh se esforzó por no mostrarlo. No quería admitirlo, pero sentía ese cosquilleo extraño, como cuando de niños hacían una promesa secreta entre los dos.
Sentía un calor inusual en el estómago y las manos le sudaban. Tras tragar saliva, Hyun-oh se frotó las palmas contra los pantalones, fingiendo que no pasaba nada.
***
—Mmm... ¡Ah...!
Tan pronto como se cerró la puerta, los labios de Do-jin se pegaron a los suyos. Empujado contra la pared de golpe, Hyun-oh se golpeó los hombros y la nuca debido a que Do-jin no supo medir su fuerza.
Do-jin sujetó con firmeza la nuca de Hyun-oh, que pataleaba por el dolor, y comenzó a entrelazar sus lenguas. El sonido de la respiración de Do-jin, que lo presionaba con todo su peso de forma asfixiante, delataba una excitación evidente.
Sabía que esto pasaría. Al terminar la clase a la que no sabía ni cómo había prestado atención, el rostro de Do-jin, que le urgía a ir a su casa, tenía un ligero matiz rojizo.
Aunque intuyó lo que sucedería, Hyun-oh pensó ingenuamente que, por ser el primer día, Do-jin no llegaría hasta el final.
¡Pero no esperaba que empezara con estas cosas nada más cerrar la puerta!
—¡Dijiste que viniera por mi ropa! ¡Y te dije cuáles eran las etapas del contacto físico!
Ante la palma de la mano grande y caliente que se colaba sin descanso bajo su ropa, Hyun-oh golpeó los hombros de Do-jin con frustración.
Aquel tonto musculoso parecía no sentir dolor. La prenda holgada que llevaba Hyun-oh fue despojada de un tirón por las manos bruscas de Do-jin.
Al sentir el aire frío sobre su piel desnuda, se le erizó el vello. Hyun-oh dejó escapar un jadeo agudo e intentó detenerlo. Sin embargo, Do-jin sujetó sus manos con facilidad, las presionó con fuerza y continuó con un beso tan feroz que denotaba urgencia.
Con el peso del otro encima no podía moverse, y hasta sus manos, con las que intentaba resistirse, fueron apresadas. Hyun-oh cerró los ojos con fuerza por la falta de aire y jadeaba en los breves instantes en que sus labios se separaban.
—Oye, mmm, ah... Espera, ¡ay...!
Tras lograr sacudir la cabeza, Hyun-oh encontró el lugar perfecto para evitar los besos de Do-jin: su hombro. Mientras respiraba entrecortadamente con el rostro hundido en el pecho de su amigo, sus ojos se afilaron al oír la leve risa de Do-jin.
—¿De qué te ríes?
La pared, que antes guardaba el frío a sus espaldas, ahora estaba caliente por la temperatura corporal de Hyun-oh. En lugar de responder, Do-jin bajó un poco la cabeza y comenzó a depositar pequeños besos en la oreja expuesta de Hyun-oh.
En la sien, en el pómulo, en el pequeño cartílago triangular donde llevaba el piercing... Eran besos cortos y lentos, pero el sonido de las mucosas húmedas juntándose y separándose resonaba como un trueno en sus oídos.
Era extraño. No solo era una sensación mental; le daban escalofríos en las manos, los pies y la zona del corazón. Temiendo que si levantaba la cabeza los besos empezarían de nuevo, Hyun-oh hundió más el rostro en el pecho de Do-jin, pero terminó estremeciéndose cuando sintió que este le mordía la oreja.
—¡Ay!
El acto de clavar los colmillos en el sensible pabellón auricular dolió bastante. También fue nítido el sonido del roce del piercing plateado contra los dientes de Do-jin. La oreja de Hyun-oh se encendió al instante.
—Es...esto...maldito idiota...si haces esto de repente...me falta el aire...mierda...es difícil...
Hyun-oh empezó a divagar con el rostro congestionado por el calor que nacía en su oreja. Do-jin ni siquiera lo escuchó y siguió mordisqueando el borde de su oreja.
Pegaba sus labios ardientes y luego lamía con la punta de la lengua siguiendo la curva de la oreja. El murmullo de Hyun-oh se volvió cada vez más pesado hasta que las palabras desaparecieron.
—...Dijiste...que me devolverías la ropa...
—Choi Hyun-oh, ¿por qué finges ser tan inocente?
Do-jin habló en tono de broma mientras depositaba un beso sonoro en el lóbulo de Hyun-oh y lo succionaba ligeramente un par de veces. Hyun-oh, que se agitó de forma visible, no tuvo más remedio que levantar la cabeza.
—¡Dijiste que pasara por casa porque me devolverías la ropa!
—Tú también viniste esperando esto. Estuve a punto de explotar en la facultad, sentía que me moría.
—¡No es cierto!
—¿Ah, no?
¿O sí...? Hyun-oh lo negó por hábito, pero se sintió avergonzado al ver cómo la situación se solapaba con lo ocurrido en el pasado.
Recordó cuando fue a su casa para "experimentar" si Do-jin era solo un amigo o no. En aquel incidente que fue el punto de partida de este noviazgo por contrato, Do-jin también le había dicho que si no había venido esperando hacer esto y aquello con él.
En aquel entonces realmente no fue así...pero terminaron teniendo sexo con ganas...y él terminó huyendo...
Pensándolo bien, las palabras de Do-jin habían sido la versión aplicada de "¿quieres entrar a comer ramen a mi casa?" Pobre Choi Hyun-oh, ¿por qué se daba cuenta recién ahora?
Hyun-oh miró a Do-jin con el ceño fruncido y gesto hosco. Do-jin soltó una risita, besó la punta de su nariz y bajó un poco más para reclamar sus labios otra vez.
De repente, la pared fría a sus espaldas desnudas y el calor ardiente que emanaba de Do-jin frente a él calentaron su cuerpo de forma irreal.
Hyun-oh cerró los ojos, sintiéndose frustrado pero medio resignado. Al notar esa rendición, la respiración de Do-jin se volvió aún más errática. Lo que se frotaba contra su entrepierna a través de los pantalones estaba claramente excitado. Maldito loco. No sé por qué va por ahí con semejante arma guardada en el pantalón.
Parecía puro instinto el hecho de que Do-jin frotara su muslo, que a todas luces albergaba esa "arma", contra la entrepierna de Hyun-oh. Do-jin soltaba gemidos lastimeros, ansioso por estar aún más cerca de él.
—Hyun-oh... Hyun-oh...
Do-jin lo llamaba gimiendo. Mientras lo presionaba con su cuerpo para estar totalmente pegados, de repente sujetó a Hyun-oh por la cintura y lo levantó en vilo.
—¡Ah!
Hyun-oh gritó asustado por el cambio repentino de visión. Para no caerse, envolvió instintivamente la cintura de Do-jin con sus piernas, mientras este sujetaba sus nalgas para cargarlo con más estabilidad.
—¡Oye, oye! ¡Loco, bájame! ¡Bájame!
Hyun-oh gritaba golpeando los hombros y la espalda de Do-jin. Él no hizo caso y caminó a grandes zancadas hacia la habitación.
En esos estudios pequeños típicos de las zonas universitarias, bastaban unos pocos pasos para llegar a la cama. ¡Ah! ¡Ah! Hyun-oh, que colgaba de Do-jin gritando, extendió las manos apresuradamente en cuanto sintió que sus nalgas tocaban el colchón.
—¡Oye, Yoo Do-jin, mmm...!
Do-jin, que ya tenía experiencia con él, parecía haber aprendido que no debía darle tregua. Se subió encima atrapando los muslos de Hyun-oh y volvió a unir sus labios.
El cuerpo de Hyun-oh se echó hacia atrás de golpe. Evitando por poco golpearse la cabeza contra la pared, calmó su pecho sobresaltado al sentir el roce de su pelo contra el muro.
El beso profundo en aquel espacio donde estaban a solas caldeó el ambiente rápidamente. Hyun-oh logró frenar a duras penas a Do-jin, que estaba lamiendo su boca por todas partes como un perro.
—Espera, espera... solo un momento...
Tenía el rostro de Do-jin justo delante. Sus ojos destellaban un deseo carnal que parecía querer devorarlo en cualquier momento, pero puso una expresión de "a ver qué tienes que decir". Do-jin murmuró con una voz más grave de lo habitual:
—Habla rápido.
—¿Lo...lo vamos a hacer...?
Cualquiera que viera la situación sabría que esto no era un juego de niños entre amigos de la infancia. Aunque ya preveía lo que venía, Hyun-oh preguntó por si existía alguna remota posibilidad de que no fuera así. Do-jin soltó una risa burlona.
—Sí, vamos a hacerlo de puta madre.
—Pero el progreso...
—¡Ah, al carajo con eso!
Gritó Do-jin a pleno pulmón. Al parecer, este tipo sufría de alguna enfermedad terminal que lo mataría si no tenía sexo en este preciso instante. Hyun-oh se mordió el labio inferior, que ya estaba algo hinchado, y llegó a la conclusión de que no podía escapar.
Después de tantos roces, él mismo estaba excitado... No es que fuera algo malo, pero... aun así...
—...Entonces, ¿podemos...bañarnos primero?
—Claro. Hagámoslo mientras nos bañamos.
—¿...Eh?
—Primero hagamos el calentamiento y luego nos bañamos. Con eso bastará.
—¡Oye, oye, oye!
Hyun-oh giró la cabeza para esquivar el beso que Do-jin intentaba darle de nuevo. Sintió un escalofrío al procesar la advertencia. No era difícil adivinar que el "calentamiento" era exactamente lo que estaban haciendo ahora.
—¡Stop! ¡Stop!
—¿...Por qué?
¿Saldrá vivo de aquí mañana? Hyun-oh parpadeó aturdido mientras recordaba la última vez. El recuerdo de lo mucho que sufrió porque aquel tipo no terminaba nunca, hasta el punto de sospechar si se había aplicado anestesia en la polla, volvió a su mente.
Al recordar cómo le succionó hasta la última gota de humedad de su cuerpo, y dándose cuenta de que hoy y probablemente en el futuro pasaría lo mismo, Hyun-oh apoyó las manos temblorosas en los hombros de Do-jin.
—Es-espera...mierda...no es eso. Tú, cuando empiezas... ¿Cuántas rondas aguantas?
La pregunta salió de su boca por puro instinto de supervivencia. Do-jin puso cara de incredulidad. Incluso para Hyun-oh era una pregunta extraña, pero Do-jin respondió con sinceridad.
—Como es la primera vez que lo hago es contigo, no lo sé.
—Ah...joder...
Hyun-oh se revolvió el pelo maltratado sin cuidado. El futuro se presentaba aterrador: iba a enfrentarse a un oponente del que ni siquiera tenía una base de datos.
Al ver la desesperación de Hyun-oh, Do-jin se mordió el interior de la mejilla para contener la risa y dejó escapar un bufido por la nariz. Sin embargo, Hyun-oh estaba demasiado concentrado en su inminente destino como para notarlo.
—¿Puedo seguir dándote besitos?
—¡...Ah, espera, espera!
Pero dicen que, aunque entres en la boca del lobo, te salvarás si mantienes la calma. Mientras su mente trabajaba a mil por hora buscando una salida, una idea brillante cruzó la cabeza de Hyun-oh.
—¡Oye! Si vamos a hacerlo...si vas a hacerlo, primero mastúrbate.
—¿Eh?
—¡Maturbate, suelta una carga y luego empezamos!
Do-jin, al recibir la orden repentina de masturbarse, puso una cara de querer abrirle la cabeza a su amigo de la infancia para ver qué tenía dentro.
Parecía preguntar con la mirada si estaba loco. Hyun-oh, avergonzado, movió los ojos de un lado a otro buscando una excusa.
—Es que...tú...como no terminas nunca...y lo haces tantas veces...
Su voz se fue apagando hasta convertirse en un murmullo. La duda se reflejó en las pupilas de Do-jin. Hyun-oh terminó por desviar la mirada.
—Si sueltas una carga primero... ¿quizás sea menos intenso después...?
¿Y si le llega el momento de claridad postpaja? Hyun-oh se aferró a esa vana esperanza como un beneficio secundario.
Mientras mantenía la vista fija en algún punto sobre el hombro de Do-jin, Hyun-oh lo observó de reojo. Do-jin hizo un puchero. No entendía por qué intentaba actuar de forma tierna ahora.
—Es que soy eyaculador precoz, por eso tengo que ganar por número de rondas.
—¡¿Cómo vas a ser precoz tú, pedazo de idiota?!
Gritó Hyun-oh del susto. Los labios de Do-jin se curvaron en una sonrisa circular. Solo entonces Hyun-oh se dio cuenta de que se estaba burlando de él, y su entrecejo se arrugó por la frustración.
Do-jin soltó una carcajada y bajó la cabeza, apoyándola en el hombro de Hyun-oh. A pesar de su gran tamaño, empezó a restregar sus mejillas contra él con un mimo.
—¿Do-jin no es precoz?
—No, no lo eres. Así que deja de hacerte el tierno o te mato.
—¿Entonces Hyun-oh es el precoz?
—¡...Es que tú eres el raro!
—Mm.
Respondió Do-jin con naturalidad y separó su rostro. Sus mejillas estaban teñidas de rojo. Alargó la mano y, con la punta del dedo índice, le apartó con delicadeza el flequillo alborotado a Hyun-oh.
—Toma Omega-3. Dicen que es bueno para el vigor sexual.
—Mierda... Tú deberías tomar algo para reducirlo.
—Dicen que el alcohol y el tabaco son fulminantes para eso. Ah, ¿será por eso que tú estás así?
Do-jin se incorporó rápidamente para esquivar el cabezazo de un Hyun-oh furioso. Al separarse sus cuerpos, el frío ocupó el lugar donde antes había calor.
Do-jin, que estaba encima de Hyun-oh, se sentó a su lado. Hyun-oh también se levantó a duras penas.
Do-jin solía vestir ropa deportiva, pero hoy, por aquello de arreglarse, llevaba unos vaqueros. Hyun-oh se quedó mirando embobado el contorno de sus muslos antes de cerrar la boca de golpe.
¿En qué momento se le puso así? Do-jin, con la mano puesta en la hebilla de su pantalón, anunció lo que estaba por venir con una solemnidad innecesaria.
—Entonces... ¿Empezamos?
Hyun-oh, que no sabía qué responder, sintió que todo aquello era rarísimo, pero alcanzó a murmurar:
—Sí, claro...
El sonido de la hebilla desabrochándose resonó con una fuerza inusual. Hyun-oh tragó saliva inconscientemente y luego soltó una tos falsa, avergonzado.
Entonces se dio cuenta de lo absurdo de la situación. Si se iba a masturbar, podía ir al baño a soltar una carga y volver; no entendía por qué se estaba quedando ahí de espectador.
—Oye, pero...
Mientras Hyun-oh intentaba hablar con timidez, Do-jin acarició con parsimonia el contorno de su miembro marcado sobre los bóxers. Al sentir que estaba presenciando una escena que no debería ver, las orejas de Hyun-oh se tiñeron de rojo al instante.
—Hyun-oh.
Una voz grave, cargada de excitación, lo llamó. La mano de Do-jin se coló con naturalidad bajo la tela y sujetó su erección.
Entre la abertura del calzoncillo se asomaba el vello y el tronco surcado de venas. Como todavía era de día, todo se veía con una claridad exasperante. Él tenía lo mismo aunque el tamaño fuera distinto, así que no comprendía por qué sentía que la cara le ardía de esa forma.
Do-jin frunció el entrecejo. Con los ojos entrecerrados, sacó su miembro completamente erecto fuera de los bóxers. Al pensar que aquello había estado dentro de su cuerpo, Hyun-oh sintió que se volvía loco. De pronto, un calor punzante recorrió su bajo vientre y encogió los dedos de los pies. Tras agitar la mano arriba y abajo un par de veces sujetando el tronco, Do-jin abrió los ojos.
—...Pensándolo bien.
A Hyun-oh se le erizó el vello de los brazos al oír esa voz más profunda de lo habitual. Volvió a tragar saliva con dificultad.
—No tengo necesidad de imaginar nada, ¿verdad?
—¿...De qué hablas?
Tuvo un mal presentimiento. Por instinto, Hyun-oh se alejó un poco de Do-jin arrastrando las nalgas por el colchón.
—Puedo hacer que me ayudes directamente. Si tengo a Choi Hyun-oh delante, ¿para qué voy a dibujarlo en mi cabeza?
—¿Acaso estabas teniendo pensamientos impuros conmigo presente?
—¿Y en qué otra cosa voy a pensar?
Do-jin lo preguntó con tanta naturalidad que Hyun-oh estuvo a punto de convencerse y decir: “Ah, es verdad, estabas teniendo pensamientos lascivos sobre mí, entiendo.”
—¿...No me irás a pedir que te ayude con tus fantasías o algo así, no?
—Estoy cumpliendo tu petición de soltar una carga antes de empezar. Si algo va, algo tiene que volver.
Do-jin mostró una sonrisa ladeada. No era su risa traviesa de siempre, sino una mueca sospechosa.
Sintiendo que se estaba hundiendo en un fango por su propia voluntad, Hyun-oh se mordió el interior de la mejilla. ¿Ayudarlo con sus fantasías? Ni siquiera podía imaginar qué locuras pasarían por esa cabeza.
—Si me ayudas, creo que terminaré más rápido... ¿Y no crees que así podré correrme dos veces más en lugar de una?
—¿Dos veces?
¿Dos veces más? Hyun-oh se sintió tentado. El recuerdo de la última vez, cuando terminó llorando tras ser atormentado por Do-jin durante toda la noche, estaba profundamente arraigado; si iba a suceder de todos modos, prefería que el suplicio durara lo menos posible.
—¿...Y en qué piensas cuando te masturbas?
Al final, Hyun-oh preguntó fingiendo desinterés. Do-jin, tras recorrer su miembro arriba y abajo con desgana, abrió la boca:
—Primero...ven aquí.
Do-jin señaló el espacio entre sus piernas. Hyun-oh se acercó lentamente al lugar indicado y se acomodó. Parecía que la erección de Do-jin emanaba calor.
—Más cerca.
—¿Más?
—Sí. Ah, ahí.
Do-jin hizo que Hyun-oh se acercara hasta que prácticamente quedaron pegados. Sin saber dónde poner las manos, Hyun-oh las apoyó sobre sus propios muslos mientras estaba arrodillado, pensando que se estaba hundiendo cada vez más en el lodo.
—¿Y luego?
—Primero, un beso.
Tras dudar un instante ante la inesperada orden, Hyun-oh se acercó vacilante a los labios curvados de Do-jin. Do-jin acortó la distancia restante de un golpe y abrió con suavidad el espacio entre sus labios.
No fue un beso violento como el de cuando entraron a la casa, sino un contacto dulce. Al entrelazar sus lenguas y rozar el paladar sensible y la zona bajo la lengua, un gemido nasal escapó de los labios de Hyun-oh.
—Mmm...ah...
Hyun-oh apretó los puños sobre sus muslos y se estremeció cuando sintió la mano de Do-jin acariciando su oreja. Al ser estimulado en sus puntos sensibles, el calor que se había disipado volvió a florecer.
Do-jin acariciaba su miembro lentamente con la mano derecha, mientras con la izquierda envolvía con naturalidad la nuca de Hyun-oh. El sonido del intercambio de saliva mezclado con el ruido impúdico de Do-jin agitándose abajo hizo que el aire de la habitación se volviera sofocante.
Con un chasquido, Do-jin separó sus labios y comenzó a depositar pequeños besos por la mandíbula de Hyun-oh hasta bajar al cuello. Los besos se transformaron en leves mordiscos sobre la piel delicada.
—Ay, duele...
—Ahh...ah... Hyun-oh, ah...
Murmuró Do-jin con voz excitada mientras mordisqueaba su nuca. El aliento que emanaba de él era demasiado caliente. Hyun-oh tragó saliva e intentó concentrarse contando los patrones del papel tapiz detrás de Do-jin.
Tal vez por la idea de estar ayudando a otro a masturbarse, el calor que surgía de la entrepierna de Do-jin empezó a contagiarse a Hyun-oh. Al borde de su límite de vergüenza, Hyun-oh murmuró:
—¿A...aún no has terminado...?
—Te dije... Uhh... que no me midas por tus estándares, Choi Hyun-oh.
Hyun-oh estuvo a punto de indignarse al ser llamado precoz de nuevo, pero terminó soltando un jadeo de sorpresa. Fue porque Do-jin tomó la mano de Hyun-oh y la puso directamente sobre su miembro.
—¡Oye, oye, ¡¿qué haces de repente...?!
El miembro, que era difícil de rodear con una sola mano, emanaba un calor casi anormal. Hyun-oh, horrorizado por esa columna surcada de venas que parecía un ser vivo independiente, intentó retirar la mano, pero Do-jin puso la suya encima y lo obligó a presionar con fuerza.
Hyun-oh se mordió el labio inferior. Con su mano sobre la de él, Do-jin empezó a moverse de arriba abajo. Era una sensación extrañísima. El contacto con ese miembro ardiente que palpitaba bajo su palma, sumado al sonido de la respiración de Do-jin que parecía excitarse aún más al sentir la mano de Hyun-oh, hacía que la cabeza le diera vueltas.
—Ah...mmm...joder, qué bien se siente... Ah, Hyun-oh, ugh...
Do-jin, masturbándose con la ayuda de la mano de Hyun-oh, movía la cintura como si estuviera en pleno acto sexual. Ante el movimiento explícito y el roce del vello y la carne dura bajo su mano, la respiración de Hyun-oh también se volvió irregular.
Do-jin, que no paraba de besar su cuello, levantó la cabeza. Su mirada, cargada de un deseo oscuro, se clavó en Hyun-oh. Al cruzar sus ojos, la nuez de Adán de Hyun-oh subió y bajó con fuerza. Do-jin lo miraba fijamente mientras seguía usando su mano como un juguete sexual.
La velocidad de las manos entrelazadas aumentó. Un gemido que sonaba casi como un gruñido escapó de entre los dientes apretados de Do-jin.
De pronto, Hyun-oh se dio cuenta de que él mismo estaba jadeando. Cuando Hyun-oh apretó los dientes, Do-jin curvó los labios en una sonrisa y empezó a gemir de forma deliberada para que él lo oyera.
—Ah... Ah, Hyun-oh... Choi Hyun-oh, fff...
—Ya, para de una vez...
Finalmente, Hyun-oh, superado por la vergüenza, desvió la mirada y murmuró. Tenía las mejillas y hasta las orejas completamente rojas. Le resultaba aún más abrumador sentir cómo el miembro palpitaba bajo su mano. Do-jin soltó una risita y dijo:
—Sujétala con las dos manos. Tú solo.
—No quiero...
No se consideraba alguien que se hiciera de rogar, pero en ese momento su instinto más sincero salió a flote. Do-jin puso cara de "ya sabía que dirías eso".
—Hazlo.
—¡He dicho que no!
—Entonces hazlo con la boca.
Casi parecía mejor idea hacerlo con la mano. Do-jin soltó lentamente la mano de Hyun-oh que tenía apresada. Hyun-oh volvió a sentir la misma desolación que cuando se quedó fuera de la universidad por una sola pregunta y supo que tendría que repetir el examen de ingreso.
En lugar de responder, Hyun-oh rodeó el miembro de Do-jin con ambas manos. Do-jin sonrió satisfecho.
—Ah, baja y hazlo desde abajo.
—¿...Vas a metérmela en la boca?
—Que no. Dijiste que me ayudarías como yo quisiera.
Otra vez esos quejidos mimosos. Hyun-oh, sujetando aquel miembro con resignación, terminó por bajarse de la cama gateando.
Do-jin se sentó en el borde del colchón, como alguien que está a punto de recibir una felación. Hyun-oh, posicionado entre sus piernas, alzó la vista mientras permanecía arrodillado. Verlo así, de frente, hacía que pareciera aún más grande que antes. Seguía siendo un misterio para él cómo aquello había cabido en su trasero.
Cumpliendo el deseo de Do-jin, Hyun-oh volvió a sujetar su miembro. La sensación del pulso latiendo bajo su palma era una mierda. Apretó los dientes y comenzó a mover las manos.
Estimulaba el tronco con las palmas y, con la punta del pulgar, rozaba el glande por donde ya asomaba el líquido preseminal.
—Ah...hazlo más rápido.
Siguiendo las exigencias de Do-jin, Hyun-oh aceleró el movimiento, pero empezó a sentir un hormigueo de cansancio en los brazos. Cuando estaban cara a cara, sus brazos estaban hacia abajo, pero ahora los tenía levantados hacia arriba. Hyun-oh bajó las cejas con lástima y se quejó:
—Me duelen los brazos.
—¿Te duelen?
Do-jin puso su mano sobre la de Hyun-oh, que ya había perdido velocidad. Al sentir la palma cálida cubriendo el dorso de su mano, un calor extraño pareció transmitirse directo a su corazón.
—Entonces lo haré yo. Tú quédate quieto.
Sorprendentemente, Do-jin accedió con facilidad a su queja. Hyun-oh se alegró y retiró las manos. Do-jin soltó una risita y continuó masturbándose solo.
—Mmm...ah, ah...
Do-jin soltaba gemidos graves entre dientes. Hyun-oh se quedó mirando embobado cómo el miembro de Do-jin subía y bajaba rítmicamente, preguntándose si de verdad tenía que quedarse ahí sentado justo enfrente de eso. Hyun-oh preguntó tanteando el terreno:
—¿...Me levanto?
—No. Fff... Quédate quieto.
—¿Quieres que me quede arrodillado mirando cómo te masturbas?
—Sí. Aún me queda algo que quiero hacer.
—¿...Algo más?
—Ha... Es que quiero restregarte la polla por la mejilla. Mmm... ¿Puedo correrme en tu cara?
Ante el anuncio tan tranquilo de Do-jin mezclado con gemidos, Hyun-oh soltó sin pensarlo lo que le dictaba el corazón:
—...Eres un puto pervertido de mierda.
Al pervertido no pareció molestarle el comentario. Al contrario, incluso mostró una sonrisa de oreja a oreja.
—Ha...me pones más cuando me miras así…ah... Hyun-oh, Hyun-oh...
Viendo cómo Do-jin seguía masturbándose mientras lo llamaba por su nombre deliberadamente, Hyun-oh empezó a retroceder gateando hacia atrás. Do-jin reaccionó rápido, le sujetó la nuca y lo atrajo hacia sí.
—¡Mmm, ah...!
Asustado por la repentina cercanía, pensando que le metería el miembro en la boca, Hyun-oh apretó los labios con fuerza. Por suerte, Do-jin no fue tan despiadado.
En cambio, tal como había advertido, restregó el glande contra la mejilla de Hyun-oh un par de veces. Hyun-oh, que no creía que fuera capaz de hacerlo, se quedó con la boca abierta de la impresión. Do-jin soltó una palabrota en voz baja:
—¡Ah, joder...!
Si un ser de otro planeta rozara su mejilla, probablemente se sentiría así. Caliente, pesado, extraño... Do-jin untó el líquido preseminal acumulado en la punta contra la mejilla de Hyun-oh y luego, sujetando la base, golpeó suavemente el rostro de Hyun-oh con su miembro un par de veces.
—Maldito...loco...de mierda...
El rostro de Hyun-oh se encendió como una brasa. La realidad de haber sido golpeado por un miembro era mucho más vergonzosa y humillante de lo que esperaba. Aprovechando que Hyun-oh se había quedado aturdido por el impacto mental, Do-jin le golpeó las mejillas con su miembro un par de veces más.
Realmente debía de estar loco. Hyun-oh recuperó el sentido cuando vio a Do-jin sujetando su miembro para darle pequeños toques alrededor de su boca y restregarlo contra la comisura de sus labios.
—¡Oye, oye! ¡Lo-loco! ¡Oye!
Hyun-oh, con cada centímetro de piel expuesta teñido de rojo, protestó tartamudeando. Como buen amigo de la infancia desde hace diez años, Do-jin sabía exactamente en qué momento Hyun-oh iba a estallar en ira, así que continuó masturbándose usando el enfado de Hyun-oh como incentivo.
Todavía aturdido, Hyun-oh se limpió la mejilla con la mano. Tanto Do-jin, que se masturbaba frente a sus ojos produciendo aquel sonido seco, como el líquido preseminal que le había dejado embarrado, le parecían una auténtica locura.
—¡Fuu...! ¡Hyun-oh, Hyun-oh...!
Para desgracia de Hyun-oh, que acababa de limpiarse la mejilla, el semen de la eyaculación de Do-jin salió disparado hacia su rostro. Cerrando los ojos por instinto, Hyun-oh se estremeció ante la respiración agitada de Do-jin y la sensación viscosa que se deslizaba por su cara.
—Wow...joder, qué increíble..wow...
Con los ojos fuertemente cerrados, Hyun-oh escuchó la voz baja de admiración de Do-jin. Sintió que alguien se acercaba y, acto seguido, Do-jin comenzó a restregar el semen restante por el rostro de Hyun-oh.
Hyun-oh, aún más traumatizado por el acto de ver cómo Do-jin usaba el glande para esparcir el semen de un lado a otro, abrió los ojos con desolación. Le escocían los párpados.
—Oye...tú...
Mientras Hyun-oh balbuceaba palabras que no llegaban a formar frases, Do-jin lo levantó con facilidad y lo sentó sobre su regazo.
Hyun-oh, que seguía fuera de sí con la boca entreabierta, terminó de estallar cuando Do-jin depositó un beso ligero sobre su mejilla manchada de semen.
—¡Maldito loco! ¡¿Cómo se te ocurre correrme en la cara de verdad?!
Hyun-oh golpeó con saña los hombros y el pecho de Do-jin. El tonto musculoso, a pesar de los golpes, se reía como un tonto mientras abrazaba a Hyun-oh con más fuerza.
Con los brazos inmovilizados, Hyun-oh tuvo que soportar los besos de Do-jin mientras sentía que moría aplastado. Por lo que percibía abajo, el miembro de Do-jin, que había mantenido su firmeza incluso después de eyacular, estaba recuperando fuerzas a una velocidad alarmante.
Hyun-oh se dio cuenta de que su plan de "soltar una carga" para intentar controlar a la fiera había fracasado estrepitosamente. Cuando Do-jin lo sujetó para impedir que escapara y empezó a mover la cintura, Hyun-oh finalmente soltó un grito:
—¡Mierda! ¡Quita esa botella de makgeolli de encima de mí!
Hyun-oh no lo sabía, pero para un Do-jin que tenía ante sí un banquete exquisito, la estratagema de Hyun-oh no había sido más que un aperitivo. Gracias a eso, el deseo de Do-jin se encendió aún más.
***
Al final, el sexo entre Do-jin y Hyun-oh ni siquiera pudo esperar a que llegaran a la ducha. Fue el resultado de una combinación entre un Do-jin completamente erecto tras tantos besos y un Hyun-oh horrorizado ante la absurda sugerencia de que, como después de bañarse estarían limpios, no pasaría nada por hacerse una felación.
Por supuesto, Hyun-oh tenía esa tendencia extrema de encontrarse con un tigre justo cuando intentaba esquivar una simple piedra.
—No puedo más...ah, ah...
Hyun-oh, con la energía completamente drenada, lloraba boca abajo sobre la cama. Su cuerpo sin fuerzas estaba pegado al colchón, manteniendo a duras penas las caderas elevadas mientras Do-jin lo sujetaba del bajo vientre. Sin embargo, Do-jin ni siquiera se dio por aludido.
Do-jin, que alternaba entre morder los omóplatos de Hyun-oh y la zona carnosa a su alrededor, enterró su miembro en un interior que ya no solo estaba suave, sino completamente dócil.
—Ah...aaah...
Un quejido involuntario escapó de su garganta. Hyun-oh frotó sus ojos llorosos contra la almohada de Do-jin. Aquella almohada ya estaba manchada con de todo: las lágrimas de Hyun-oh, sudor frío y hasta el semen que Do-jin le había salpicado en la cara. En condiciones normales le habría parecido asqueroso, pero ahora la almohada era su único punto de apoyo.
Habiendo eyaculado ya varias veces, Hyun-oh no tenía ni un gramo de fuerza. Do-jin, por el contrario, que se había corrido menos veces, estaba en su mejor momento, probando una postura tras otra. Por supuesto, el que estaba muriendo era Hyun-oh.
El acto de penetrarlo, facilitado por el semen que no solo estaba presente sino que desbordaba, se realizaba sin ninguna resistencia. Do-jin, que había usado las primeras rondas para saciar rápidamente sus instintos, parecía estar dedicando este tiempo simplemente a disfrutar de las reacciones de Hyun-oh.
El miembro, que entraba lentamente, salía con la misma parsimonia. Do-jin movía la cintura con calma, como si quisiera saborear cada pliegue de las paredes internas, y depositó un beso tierno en el hombro de un Hyun-oh que sollozaba y se lamentaba.
—Mmm, ah...
Su cuerpo, caldeado tras el largo encuentro, se estremecía incluso ante un beso tan ligero. Hyun-oh intentó bajar la cintura que Do-jin sujetaba a la fuerza para aliviar la presión, pero ante la embestida que buscaba lo más profundo de su interior, terminó llorando más fuerte que antes y levantó las caderas de nuevo. Sin exagerar, sentía que se desmayaría si seguían un poco más.
—...Ah, mmm, sí... Do-jin...ah...
Hyun-oh murmuró con la voz completamente rota mientras giraba la cabeza. Su labio inferior estaba hinchado por habérselo mordido intentando reprimir los gemidos.
—Para...para ya... ¡Si sigues, ah, ya no lo haré más contigo! Aah...
Al escuchar por primera vez la súplica desesperada de Hyun-oh, Do-jin detuvo el movimiento de su cintura. El miembro, medio insertado, quedó suspendido justo en el punto de placer de Hyun-oh. Cuando este cerró los ojos con fuerza, las lágrimas acumuladas se deslizaron por sus mejillas congestionadas.
—¿Te cansa la postura?
—¡Eso también es cansado, ah!
Ante la repentina salida del miembro, Hyun-oh sufrió un espasmo. Do-jin, con facilidad, giró el cuerpo de Hyun-oh para ponerlo boca arriba. Quedó expuesta su entrepierna, desordenada por el sexo, manchada de fluidos y con el miembro que ya había alcanzado el clímax varias veces. Do-jin, juguetón, le dio un pequeño toque a la punta del glande de Hyun-oh. Ante el estímulo directo en una zona tan sensible, Hyun-oh soltó algo parecido a un grito.
—¡Ay, duele! ¡Ah!
—¿Acaso te la agité demasiado fuerte antes?
Do-jin, con expresión analítica, sujetó el miembro de Hyun-oh y observó la punta. Al agitarlo un par de veces sin mucho entusiasmo, las manos de Hyun-oh arañaron las sábanas mientras negaba con la cabeza en silencio, con las venas del cuello marcadas por el esfuerzo. Ante la imagen de Hyun-oh convulsionando con la barbilla en alto, Do-jin preguntó:
—¿Por qué tú...? Ah.
Do-jin observó el semen que manchaba su mano y el vientre plano de Hyun-oh. La nueva descarga, menor en cantidad y color, era casi transparente. Tras abrir y cerrar los dedos un par de veces, Do-jin hizo una pregunta que sonaba bastante estúpida:
—¿Te has corrido otra vez?
—...
—...Te has corrido.
Murmuró Do-jin para sí mismo frente a un Hyun-oh que jadeaba rítmicamente, claramente desmayado por un instante. Do-jin se llevó a la boca la mano manchada de semen. Sacó un poco la lengua para probarlo y frunció levemente el entrecejo.
—Sabe mal.
Tras murmurar eso con voz turbia, volvió a mirar a Hyun-oh. Con las mejillas y el contorno de los ojos teñidos de rosa y los ojos cerrados, parecía alguien que dormía plácidamente.
Claro que el paisaje que se extendía debajo no era el de alguien durmiendo con tranquilidad. La piel blanca cubierta de sudor frío, el cuello y el pecho moteados de rojo por las succiones y mordiscos, el bajo vientre manchado de fluidos y los restos blancos del acto sexual que se filtraban desde su apertura relajada.
Incluso estando ya erecto, era una escena tan erótica que podría haber provocado a cualquiera. Do-jin tragó saliva, volvió a probar el semen de entre sus dedos y frunció el ceño una vez más.
Tras limpiar de forma descuidada los restos de su mano en las sábanas, Do-jin envolvió su cintura con las piernas de Hyun-oh, que estaban abiertas de cualquier manera. Al sentir el movimiento, los párpados de Hyun-oh temblaron.
—Hyun-oh. Choi Hyun-oh.
Do-jin lo despertó con suavidad mientras dejaba caer su peso sobre él. Al unirse sus cuerpos, un gemido ahogado escapó de los labios de Hyun-oh. Do-jin restregó su mejilla contra el pecho de Hyun-oh con avidez y luego levantó la vista.
Hyun-oh murmuró algo entre dientes con el ceño fruncido. Como parecía que no tenía intención de abrir los ojos todavía, Do-jin, vigilando su reacción, mordisqueó ligeramente el piercing de Hyun-oh con los dientes frontales.
—Mmm...uugh...
—¿No vas a despertar?
Do-jin, que no paraba de bromear rozando con la punta de la lengua el pezón erguido de Hyun-oh, retiró los labios al ver que este no reaccionaba. Acarició con la palma de la mano la curva de su espalda y, vigilando de nuevo su reacción, volvió a posicionar su miembro erecto bajo el cuerpo de Hyun-oh.
—Mmm...ah...
—¿Hyun-oh está dormido? Parece que sí. Esta es la última, la última de verdad.
Murmurando tonterías para sí mismo, Do-jin empujó lentamente su miembro dentro de Hyun-oh, quien como siempre, lo envolvía sin soltarlo. Las paredes internas, ya repletas de los rastros de las eyaculaciones previas, cedieron con facilidad ante Do-jin.
Estaba caliente y se sentía bien. Do-jin contuvo el aliento por un momento ante la sensación de que todo el interior lo apretaba y lo abrazaba. Me gustas mucho, Hyun-oh. ¡Me gustas demasiado! Do-jin, incapaz de contener la emoción que lo embargaba, agitó los pies de alegría mientras continuaba con la inserción lenta dentro de un Hyun-oh que gemía lánguidamente.
Se hundió hasta que sus vellos púbicos chocaron, y una vez que estuvo completamente enterrado dentro de Hyun-oh, envolvió con la palma de la mano el vientre bajo manchado. Quizás era su imaginación, pero sentía que el vientre, normalmente plano, estaba algo abultado.
Sintiéndose extrañamente feliz, Do-jin rió entre dientes y depositó besos por todas las mejillas de Hyun-oh. Tal vez por la sensación de plenitud abajo o por los labios que le hacían cosquillas, Hyun-oh soltó un quejido doloroso y abrió los ojos.
—...Uugh...ah, ¿qué...? ¡Oye!
En cuanto Hyun-oh abrió los ojos, Do-jin comenzó a embestir con la fuerza de un impacto. Sujetando incluso la cabecera de la cama, Do-jin se movió con determinación, haciendo que Hyun-oh sollozara y retorciera todo su cuerpo.
Hyun-oh, que acababa de pasar de estar desmayado a sufrir semejante emboscada, envolvió por instinto el cuello de Do-jin. El placer que había olvidado por un momento regresó de forma forzosa, haciendo que su espalda se arqueara profundamente.
—¡Ah, ah, maldito loco! ¡Ah! ¡Mmm, para ya...!
Hyun-oh, indignado, mordió con fuerza el lóbulo de Do-jin, pero este, lejos de detenerse, pareció excitarse más y continuó moviéndose con ferocidad. Era un movimiento destinado únicamente al placer final, similar al sexo del principio. La cama se sacudía sin descanso, produciendo un ruido estrepitoso.
Del miembro de Hyun-oh, que ya lo había dado todo, brotaron un par de gotas de un líquido blanquecino, como si estuviera siendo exprimido. Sentía que tanto sus paredes internas como su propio miembro se iban a desgarrar. El sonido húmedo que provenía de abajo y la sensación pegajosa que bajaba por su trasero daban una idea de la cantidad de veces que se habían corrido.
—He visto que...te gusta mucho cuando lo hago fuerte. ¿La próxima vez te ato las manos y te pego?
—¡Lo, loco! ¡Ah, ah, mmm!
Hyun-oh sacudió la cabeza. ¡¿Atarlo y pegarle?! Mientras tanto, su interior apretó con fidelidad el miembro de Do-jin, obligándolo a soltar un jadeo con los dientes apretados.
—¿Te has excitado más...haaa...solo porque dije que te pegaría? Ahhh, joder...
—¡Ah, ah! ¡Mmm...! ¡Ah...!
Por mucho que quisiera negarlo, sus palabras no llegaban a Do-jin. Hyun-oh abrió la boca al sentir que su umbral de placer estallaba, y cuando sintió que su bajo vientre se contraía con una sensación de eyaculación extraña, arañó la espalda de Do-jin y lo pateó mientras gritaba:
—Es-espera, ¡ah, oye! ¡Para, para! Tengo que ir al baño... ¡Ah...!
—No me mientas.
—¡No, en serio, mmm, ah, ha...!
Hyun-oh cerró los ojos con fuerza y abrazó la espalda de Do-jin, a quien antes intentaba empujar. Fue un acto reflejo, como si estuviera cayendo al vacío sin ningún equipo de seguridad.
Tras alcanzar el clímax con un grito silencioso, Hyun-oh se aferró a Do-jin temblando violentamente. Algo, algo que no podía controlar con su voluntad, salió y mojó sus vientres unidos.
Do-jin, que eyaculó casi al mismo tiempo, jadeó con fuerza y revisó abajo. Para su sorpresa, de la punta del miembro de Hyun-oh brotaba intermitentemente algo transparente como el agua. Do-jin, asombrado, tomó aire y exclamó:
—¡Oye, oye, Choi Hyun-oh, joder! ¡Te has hecho pis!
—Mmm, uugh, no...no es eso...
—Hala, qué guarro.
El experimento de "soltar una carga antes" había fallado, y ahora que hasta se había orinado, Hyun-oh se sintió tan miserable que estalló en llanto.
La atmósfera, que hasta hace un momento era densa y caliente, se rompió en mil pedazos debido a un Hyun-oh que lloraba de vergüenza por haberse orinado frente a su amigo de la infancia, y un Do-jin que estaba genuinamente sorprendido por el suceso.
—Tú...tú, joder... ¡Te dije que no...!
Hyun-oh sollozó como excusándose mientras se limpiaba los ojos con el dorso de la mano. Al ver el líquido transparente que empapaba la parte interna de sus muslos, pensó que sería mejor morderse la lengua y morir.
En el pequeño estudio solo quedó el silencio, roto únicamente por los sollozos de Hyun-oh. Por mucho que le gustara, parece que el fenómeno fisiológico fue demasiado incluso para Do-jin, quien empezó a vigilar la reacción del otro con timidez.
—¿...De verdad tenías ganas de ir al baño?
—¡Te lo dije! Que quería...que quería ir...mmm...
—Oye…lo siento. No pensé que de verdad fueras a hacer pipí...
Ante las palabras directas de Do-jin, el rostro ya rojo de Hyun-oh pareció que iba a explotar. Se había orinado. Y además sentía rencor hacia Do-jin por no haberle hecho caso cuando pidió que parara. Hyun-oh, sintiéndose aún más miserable por los moretones y marcas de dientes que cubrían su cuerpo, se hundió bajo las mantas con la cara roja. Tenía tanta vergüenza y sus piernas estaban tan débiles que ni siquiera tenía fuerzas para huir. Un silencio incómodo envolvió el lugar donde todo había terminado de forma abrupta.
Hyun-oh frotó sus ojos llorosos contra la parte seca de la manta. El sonido de sus sollozos se amortiguó bajo la tela acolchada.
Pensándolo bien, prefería morir. Hyun-oh nunca le había faltado al respeto a Do-jin de esa forma ni siquiera cuando eran niños e iban a comer chuletas de pollo de Pikachu vestidos con el uniforme de taekwondo. A sus veinte años, y precisamente durante el acto sexual, nunca imaginó que se orinaría; por eso lloraba a moco tendido por la pura desolación.
—Hyun-oh. Hyun-oh.
Do-jin lo llamó con voz quejumbrosa mientras sacudía ligeramente su brazo. Hyun-oh se encogió como un feto y se hundió más en la cama. Do-jin movió los ojos con nerviosismo y se acercó un poco más a él.
Do-jin, que apenas metió los pies y las pantorrillas en el borde de la manta manchada, comenzó a sonrojarse a medida que recordaba la situación anterior. Por supuesto, fue un cambio que Hyun-oh, que estaba de espaldas, no pudo notar.
—No pasa nada.
Gulp. Do-jin tragó saliva y soltó las palabras de la nada. Hyun-oh, que se limpiaba las lágrimas mientras sorbía por la nariz, se tapó los oídos con la manta para no oírlo. Sin embargo, la voz de Do-jin se escuchaba perfectamente incluso a través de la tela gruesa.
—Incluso voy a amar esa faceta tuya de meon.
—¡Vete a la mierda!
Hyun-oh sollozó con más fuerza y se hundió aún más en la manta. Sentía que lo mejor sería morir ahogado en un vaso de agua. Estaba tan congestionado que podía sentir los latidos de su propio corazón retumbando en sus orejas.
Aprovechando que Hyun-oh se había arrebatado la manta de la zona de las pantorrillas, Do-jin se acercó un poco más. Solo cuando estuvo pegado al bulto que formaba Hyun-oh envuelto en el edredón, comenzó su intento de consuelo.
—¿Te digo que no pasa nada? No es que seas un guarro.
—¡Claro que soy un guarro!
—Bueno, técnicamente sí, pero...ya sabes lo que dicen. Que para un padre, hasta la caca de su hijo es bonita...
Ante semejante consuelo de pacotilla, Hyun-oh lloró con más amargura y pegó su cuerpo completamente contra la pared. Do-jin se rascó el puente de la nariz, algo cortado, y decidió buscar información más precisa para ofrecer un consuelo más productivo.
Mientras Hyun-oh intentaba controlar su llanto enterrado en la manta húmeda, Do-jin, con el ceño fruncido, empezó a buscar en su móvil palabras clave como "hacerse pis durante el acto". Miraba la pantalla y luego la nuca de Hyun-oh, murmurando para sí:
—¿Incontinencia urinaria?
En cuanto la respiración de Hyun-oh, que apenas se estaba calmando, volvió a agitarse, Do-jin sacudió la cabeza rápidamente y buscó otro término.
—No, no. No debe ser eso. ¡Ah, Hyun-oh! Mira esto.
Como Hyun-oh no daba señales de querer levantar la cabeza por mucho que lo sacudiera, Do-jin lo abrazó por la espalda y le dio palmaditas cariñosas. Luego, empezó a leer en voz alta lo que ponía en la pantalla:
—Parece que no es pipí. Dice que puede pasar cuando sientes demasiado placer. Ah, debe ser eso que sale a veces en el porno... ¿Squi, squirt? ¿Eso también lo pueden hacer los tíos? En fin, que dice que no es orina. Así que levántate. Pensándolo bien, creo que eres súper erótico. En serio, quiero volver a verlo.
—...Lárgate.
—¿Quieres que lo huela? Así sabremos si es pipí de verdad o no...
—¡He dicho que te largues!
Sea orina o no, Hyun-oh sentía que se moría de la vergüenza y soltó un alarido. Do-jin, tras darle unas últimas palmaditas en el brazo, chasqueó la lengua y se levantó.
—¿No te vas a lavar?
—...Ahora no.
—Guarro... ¡Ah, no, que es broma! Me lavo yo primero, entonces.
Se oyó el crujido de la cama cuando Do-jin se levantó. El somier del colchón barato emitió un chirrido inestable, como si estuviera a punto de romperse.
—¿Quieres que te lave yo?
—Te he dicho que no...
—Vale. Como quieras. Quédate ahí. Luego lavaré las mantas.
Al oír lo de lavar las mantas, Hyun-oh evaluó las zonas húmedas que sentía contra su piel. Para empezar, la zona lumbar y la parte posterior de los muslos estaban pegajosas. No podía creer que todo eso hubiera salido de su propio cuerpo.
En el pequeño estudio se oía cada movimiento de Do-jin. Tras sentir su mirada ardiente sobre su espalda por un momento, Do-jin cogió ropa limpia y se metió en el baño. Se cerró la puerta y comenzó a sonar la ducha. En cuanto el ruido del agua llenó la habitación, Hyun-oh asomó tímidamente su rostro enrojecido por encima de la manta.
Gracias al absurdo consuelo de Do-jin, sus lágrimas ya se habían secado dejando marca, y el fluido transparente que manchaba sus muslos y su vientre había sido absorbido por la manta.
Hyun-oh frotó sus muslos con cierta incomodidad y luego bajó la mano para tocarse y comprobar. Tal como había dicho Do-jin, intentó olerlo y, al ver que no desprendía ningún aroma, retiró la mano.
¿De verdad no será orina? Si tenía que elegir, era mejor haber expulsado un líquido de origen desconocido que haberse meado encima. Hyun-oh sorbió por la nariz y movió los dedos de los pies con melancolía bajo el edredón.
Sus pies rozaron la tela húmeda. Con gesto aún más huraño, Hyun-oh buscó una parte seca de la manta con los pies.
Estaba seguro de que esto había pasado porque Do-jin lo había exprimido hasta que ya no quedaba semen. Dirigiendo naturalmente la flecha de su rencor hacia él, Hyun-oh lanzó una mirada afilada hacia el baño.
A través de la vieja puerta que delataba el paso del tiempo, se oía a Do-jin aseándose. Como podía imaginar perfectamente qué movimientos estaba haciendo, Hyun-oh se dio la vuelta con un nuevo mohín de fastidio.
Al intentar tumbarse en la estrecha cama evitando las manchas, apenas le quedaba espacio. Hyun-oh se encogió en una postura forzada y miró por la ventana; el sol ya se había puesto.
¿Cuántas horas hemos estado dándole? Se quedó asombrado ante la resistencia física de aquel tonto musculoso que se había pasado la vida haciendo deporte. Una vez que fue consciente del tiempo transcurrido, empezó a sentir dolor en todo el cuerpo. Tras haber estado tanto tiempo bajo Do-jin, Hyun-oh estiró sus articulaciones entumecidas haciéndolas crujir.
Le dolía la cintura, la espalda, las pantorrillas y los muslos. Mientras se estiraba ruidosamente dentro de su capullo de manta, escuchó un bzzzt, el sonido de una vibración.
Bzzzt, bzzzt. La vibración se repitió varias veces. Al parecer, alguien estaba llamando o enviando mensajes. Hyun-oh soltó un quejido y se incorporó a duras penas.
Instintivamente, alargó la mano hacia su móvil que estaba en la mesita de noche, pero al ver que no tenía ninguna notificación, arqueó una ceja extrañado. ¿Habré oído mal? Justo cuando iba a soltar el teléfono, volvió a sonar.
El móvil que vibraba era el de Do-jin. Hyun-oh cogió el teléfono de su amigo, que estaba boca abajo justo al lado del suyo, y sin pensarlo mucho, leyó el contenido del chat que aparecía en la pantalla de bloqueo.
[{Seo Yoon-ji - Danza, Univ. Femenina Shinmyung}:
JAJAJAJAJAJAJA
{Seo Yoon-ji - Danza, Univ. Femenina Shinmyung}:
Jajajaja, ¿qué?
{Seo Yoon-ji - Danza, Univ. Femenina Shinmyung}:
¿Él dijo eso?]
Al ver un mensaje de alguien con un nombre claramente femenino, Hyun-oh se puso de mal humor al instante. Podría haber sido un mensaje casual entre amigos, pero en el corazón de Hyun-oh, que no era consciente de sus propios sentimientos, aquello parecía un coqueteo en toda regla.
—¿Así que has estado hablando con una chica?
Masculló Hyun-oh con insatisfacción, haciendo amago de dejar el teléfono donde estaba.
Sin embargo, algo no encajaba. Al fruncir el ceño, se fijó de nuevo en la etiqueta que acompañaba al nombre y abrió los ojos de par en par al darse cuenta de un detalle crucial.
Rápidamente, volvió a pulsar el botón de encendido para que apareciera la ventana de vista previa. Aunque los mensajes se habían agrupado en una sola notificación, no tuvo problemas para identificar a la remitente.
[Seo Yoon-ji - Danza, Univ. Femenina Shinmyung]
No se había equivocado. De pronto, un escalofrío le recorrió la nuca y Hyun-oh tragó saliva con dificultad.
Danza de la Universidad Shinmyung. Era una facultad que no podía olvidar. No solo era el grupo con el que él y Do-jin habían tenido aquella cita grupal, sino que fue después de esa misma cita cuando, tras beber hasta perder el sentido, terminaron cometiendo el "accidente" que dio origen a todo esto.
Desde aquel día, Hyun-oh se había visto tan envuelto en su nueva dinámica con Do-jin que incluso olvidó que habían tenido una cita a ciegas. Pero, al parecer, Do-jin seguía en contacto con una de las chicas.
Un mal presagio empezó a subirle desde la punta de los pies. A medida que esa sensación de escalofrío se extendía por todo su cuerpo, Hyun-oh se acarició el brazo distraídamente mientras dudaba.
¿Debería mirar? Si buscaba una razón para hacerlo, se le ocurrían varias en un segundo. ¿Por qué seguía hablando con ella? ¿Y por qué esa chica de Shinmyung seguía escribiéndole a Do-jin?
Hyun-oh se quedó sumido en sus pensamientos con el móvil silencioso de Do-jin en la mano. Do-jin acababa de entrar a ducharse, así que tardaría al menos diez minutos. En ese tiempo, él acababa de "descubrir" un mensaje de una mujer.
En una situación que parecía sacada de una infidelidad, incluso si se trataba de una relación por contrato, no era extraño que quisiera comprobarlo si habían acordado salir juntos. Hyun-oh se justificó mentalmente mientras jugueteaba con el aparato. Tras morderse el labio inferior hinchado y lanzar una última mirada hacia el baño, finalmente desbloqueó el teléfono.
Conocer la contraseña de su amigo de diez años era pan comido. La sabía, aunque nunca había tenido motivos para usarla. Con el corazón latiéndole con fuerza, entró en la aplicación de mensajería.
Do-jin tenía el chat con Hyun-oh fijado en la parte superior. Hyun-oh miró con extrañeza el nombre con el que estaba guardado, pero recordó que no era momento para eso y entró en la conversación que más le intrigaba.
Era una charla trivial. Lo normal entre amigos: saludos ocasionales o propuestas de comer o beber algo si alguno pasaba cerca de la zona del otro.
Hyun-oh subió en el historial de forma rápida pero precisa. Sus ojos ardían mientras leía los contactos esporádicos.
—Vaya, qué par de tortolitos.
Más que lo que decía la chica, Hyun-oh escaneaba las respuestas de Do-jin. Cuando hablaba con él, Do-jin se refería a sí mismo en tercera persona, soltaba palabrotas y enviaba todo tipo de emoticonos, pero con los demás especialmente con las mujeres era la cortesía personificada.
De hecho, sonaba hasta serio. Hyun-oh recordó el tono ligero y mimoso que Do-jin usaba con él y frunció los labios con fuerza.
Más arriba, más arriba. Siguió subiendo hasta que las fechas retrocedieron bastante. Mientras leía, se dio cuenta de que un compañero de facultad de Do-jin estaba saliendo con esa chica. Durante la etapa en la que parecían estarse conociendo, la mayoría de los mensajes de Do-jin consistían en consejos sobre qué le gustaría a su amigo.
Los labios de Hyun-oh, que antes sobresalían por el enfado, volvieron a su sitio. Si ella ya tenía pareja, quizás no había de qué preocuparse. Además, si salía con un amigo de Do-jin, las probabilidades de una traición eran mínimas.
Justo cuando Hyun-oh iba a salir del chat tras terminar su inspección general, el historial se detuvo con un clic. Había llegado al primer mensaje que Do-jin e intercambió con la chica de Danza.
Aunque desde que supo que ella salía con otro solo había leído por encima, por instinto volvió a leer las palabras con detenimiento.
—¿...Eh?
Hyun-oh frunció el ceño. Se preguntó si estaba viendo bien y leyó una, dos, tres veces, pero el contenido de la conversación no cambiaba. El corazón de Hyun-oh, que se había detenido por un instante, empezó a latir a una velocidad frenética, como si intentara recuperar el tiempo perdido.
[Hola, jaja. Nos conocimos en la cita grupal hace unos días, ¿verdad? Soy Yoo Do-jin. ¿Llegaste bien a casa ese día?
{Seo Yoon-ji - Danza, Univ. Femenina Shinmyung}:
Hola, jaja. Sí, llegué bien. ¿Pasa algo?
Solo quería preguntarte si habías llegado bien, aunque sea un poco tarde, jeje.
{Seo Yoon-ji - Danza, Univ. Femenina Shinmyung}:
¡¿Recién ahora?! Jajaja, es broma. Sí, llegué bien. ¿Llegaron bien los de tu facultad?
Jeje.
Gracias por preguntar. Oye, por cierto, ¿podría hacerte una pregunta? Tengo curiosidad por algo.
{Seo Yoon-ji - Danza, Univ. Femenina Shinmyung}:
¿Qué pasa?
¿Hay alguna chica que se llame Lee Hyun-ji en tu facultad?
Tengo curiosidad por saber quién vino a mitad de la cita. Según recuerdo, no vino nadie, pero mi amigo insiste en que sí.
{Seo Yoon-ji - Danza, Univ. Femenina Shinmyung}:
¡Pero si no vino nadie! ¿Tu amigo estaba muy borracho?
{Seo Yoon-ji - Danza, Univ. Femenina Shinmyung}:
Además, en nuestra facultad no hay nadie que se llame Hyun-ji...
Ah, ¡ya me parecía a mí! ¡Gracias! ^^]
Como si hubiera recibido un golpe seco en la cabeza, Hyun-oh leyó una y otra vez el último mensaje de Do-jin.
[Ah, ¡ya me parecía a mí! ¡Gracias! ^^]
¿A qué se refiere con "ya me parecía a mí"? Hyun-oh parpadeó, enfrentándose a una realidad donde sus pensamientos y su corazón no lograban ponerse de acuerdo. Sus pupilas temblaban violentamente. Sintió un frío gélido recorriéndole la nuca y sus manos estuvieron a punto de entrar en espasmos.
Tras lograr controlar a duras penas su respiración irregular, Hyun-oh fijó su mirada temblorosa. Cerró los ojos con fuerza, presionó sus sienes doloridas y leyó la conversación una vez más, como si intentara negar la realidad.
El contenido no cambiaba. Era obvio. No había forma de que una charla de hace meses cambiara de repente ahora.
Hyun-oh se mordió el labio con fuerza, clavando la vista en el emoticono que había enviado Do-jin. Do-jin, el mismo que preguntó si alguien más había llegado tarde a la cita; Do-jin, el mismo que preguntó si existía una amiga llamada Hyun-ji.
Do-jin sabía que la existencia de Lee Hyun-ji, de Danza de la Universidad Shinmyung, era una mentira.
—...Es-esto...mierda...
Un insulto lleno de desolación escapó de entre sus labios. No sabía por dónde empezar, pero tenía una cosa muy clara.
Si Do-jin sabía que "Hyun-ji" de la noche del accidente era en realidad Hyun-oh... Entonces todo lo que Hyun-oh había hecho hasta ahora no era más que una estupidez. Un esfuerzo inútil. Nada más y nada menos. El rostro de Hyun-oh se encendió como una brasa, resultado de una mezcla de vergüenza, humillación y furia.
Ardiendo en rabia, Hyun-oh golpeó la almohada con fuerza y luego, mordiendo una esquina de la misma, comenzó a soltar un grito silencioso: “¡Aaaaagh!”
Su pasado reciente pasó ante sus ojos como una exhalación. Aquella noche en la que ambos, borrachos perdidos, cometieron el error. Sus propios esfuerzos desesperados por engañar a un Do-jin que supuestamente no recordaba nada, todo para mantener su antigua relación. Y después de tanto lío, habían terminado teniendo sexo hasta hace un momento, ¡mientras ese maldito bastardo lo engañaba sin pestañear, actuando de forma mima y juguetona!
Rechinando los dientes, Hyun-oh lanzó una mirada afilada hacia el baño donde Do-jin se estaba duchando. El sentimiento de traición hacia su amigo de la infancia de diez años ardía con fuerza.
¡Al menos podrías haber mostrado algo de incomodidad cuando despertamos al día siguiente del accidente! ¡Pero no, actuaste con total naturalidad, fingiendo que habías perdido la memoria y tratando a Hyun-oh como si fuera un tercero!
Le hirvió la sangre al pensar que Do-jin, sabiendo toda la verdad, se limitó a observar cómo Hyun-oh inventaba mentiras mencionando a una tal Hyun-ji. Sin darse cuenta, Hyun-oh ya estaba mordisqueando la almohada con los dientes frontales.
Con los ojos aún enrojecidos por el llanto de antes, Hyun-oh miraba fijamente hacia el baño cuando, de pronto, un pensamiento cruzó su mente y dejó de masticar la funda de la almohada.
Pero, si Do-jin ya lo sabía todo, ¿por qué siguió la corriente a las mentiras de Hyun-oh?
Siendo muy generosos, quizás al principio, cuando despertaron tras el primer accidente, Do-jin realmente pudo haber confundido a Hyun-oh con otra persona.
Después de todo, seguramente nunca imaginó que se habría acostado con su amigo de diez años, y además, un hombre. Era muy probable que hubiera contactado con la chica de Danza de Shinmyung solo para confirmar sus vagos recuerdos.
Sin embargo, Do-jin descubrió la mentira de Hyun-oh hace ya meses. Eso significaba que mientras Hyun-oh corría de un lado a otro intentando salvar su relación como fuera, Do-jin ya lo tenía todo claro.
¿Por qué lo dejó pasar? ¿Simplemente porque quería ver a Hyun-oh haciendo el ridículo? ¿O porque al descubrir la verdad se sintió tan avergonzado como él y prefirió enterrarla? Si no era eso, entonces...
Las mejillas de Hyun-oh ardieron de calor. Fue debido a que el recuerdo de aquel viaje escolar, cuya verdad seguía sin conocerse del todo, pasó fugazmente por su mente.
No entendía nada. No podía concluir fácilmente cuáles eran las intenciones de Do-jin. Lo más rápido sería preguntárselo directamente, pero no podía decir algo como:
Oye, ¿sabes que yo soy Hyun-ji?
De ninguna manera. Por mucho que lo pensara, aquello no iba a suceder.
—¿...Debería fugarme al ejército?
Tras murmurar el último recurso de cualquier hombre coreano que aún no ha hecho el servicio militar, Hyun-oh sacudió la cabeza. En ese breve instante, pasó de pensar en el ejército a considerar un año sabático en el extranjero o incluso obtener otra ciudadanía, hasta que su cerebro acabó sufriendo una sobrecarga.
Soltando un quejido de agonía, Hyun-oh se golpeó la frente intentando mantener la calma. En este momento, sin poder adivinar las intenciones de Do-jin, solo tenía una pequeña pista entre las manos.
Do-jin debía de tener una razón para haber fingido ignorancia hasta ahora, y Hyun-oh no quería lanzarse contra esa razón teniendo solo un pequeño indicio. De hecho, un intento torpe podría traer resultados peores que no hacer nada.
Hyun-oh sintió que su instinto de detective se activaba de nuevo. Encontrar pruebas sólidas y ponérselas delante a Do-jin. Tras decidirse a interrogarlo cuando tuviera evidencias irrefutables de las que no pudiera escapar, Hyun-oh sujetó con fuerza el móvil de Do-jin con manos temblorosas.
...Aunque sentía que la última vez que pensó así acabó jodido, por ahora decidió ignorar ese hecho.
En ese momento, la puerta del baño se abrió de par en par. Hyun-oh, sobresaltado, se estremeció de hombros, actuando de una forma sospechosa para cualquiera. Do-jin salió vistiendo únicamente unos bóxers, secándose el pelo mojado con una toalla, y gritó al ver a Hyun-oh petrificado con su teléfono en la mano.
—¡Eh!
Do-jin lo señaló directamente con el dedo índice, lo que hizo que Hyun-oh atrajera el móvil hacia sí apresuradamente. Do-jin se acercó exclamando con incredulidad:
—¡¿Qué pasa?! ¡¿Por qué tienes mi móvil?!
—¡Aaaaaagh! ¡No te acerques! ¡No te acerques!
Ante la reacción exagerada de un Hyun-oh que se sentía culpable, Do-jin aceleró el paso. Hyun-oh, en medio del ajetreo, salió sin querer de la ventana del chat. Tras borrar la evidencia de lo que estaba mirando hace un momento, Hyun-oh soltó un grito de «¡Aaah!» ante el juego de Do-jin, que se lanzó sobre él, y terminó lanzando el teléfono lejos.
El teléfono de Do-jin, que salió volando sin fuerza, aterrizó peligrosamente en el borde de la cama. Do-jin, que tenía la temperatura corporal aún más alta tras haberse duchado con agua caliente, se abalanzó sobre Hyun-oh y comenzó a morderlo por aquí y por allá.
—¡Ay, duele!
—¿Por qué estás mirando mi móvil? ¡¿Qué pasa, qué?! ¿Acaso eres mi esposa? Ah, pues sí lo eres...
Hyun-oh giró la cabeza hacia el lado opuesto para esquivar los mordiscos juguetones en su lóbulo y el pabellón de su oreja, y gritó indignado, atacando primero para defenderse.
—¡Quita! ¡Y no soy tu esposa!
—¡Que sí! ¡Dí que sí!
—¡No quiero!
Do-jin, resentido, le dio un mordisco firme en el lóbulo clavando los dientes antes de separarse con un puchero. A Hyun-oh se le saltaron las lágrimas del dolor real y, tras fulminar a Do-jin con la mirada, alzó la voz a modo de excusa.
—¡Yo, yo, yo solo...! ¡Es que...! ¡Eso...! ¡Espera, tú, cabrón, estás hablando con una chica!
Hyun-oh había encontrado una vía de escape, pero de repente se sintió enfadado de verdad. Bufando de rabia, agarró a Do-jin por los hombros y lo empujó. Do-jin se dejó llevar dócilmente por el movimiento de Hyun-oh.
—¿...Una chica?
—¡Sí, una chica! ¿Cómo puedes seguir hablando con una chica que conociste en una cita grupal?
Do-jin movió los ojos de un lado a otro evaluando la situación, y un ligero rastro de alivio cruzó su rostro. Presionó su labio inferior y preguntó con cautela para indagar más.
—¿La de la cita? ¿La de Danza?
—¡Sí! ¡¿Te acuestas conmigo pero le respondes a ella?! No te creía así, me has decepcionado un montón, pedazo de imbécil. ¡Aunque hayamos acordado salir por un tiempo limitado, esto es una falta de respeto, joder!
Las comisuras de la boca de Do-jin, que estaban apretadas, empezaron a temblar. Justo cuando Hyun-oh iba a pensar si este tipo era un pervertido al que le gustaba que le regañaran, Do-jin se metió en sus brazos con una sonrisa de oreja a oreja.
—Cariiii.
—...Qué.
—Lo siento mucho, perdóoon.
—Si lo sabes, lárgate.
—¿Estás celositooo?
—Eso da asco, no lo hagas. ¿Se te ha cortado la lengua o qué?
—Cari es tan fríiooo...
Do-jin restregó sus mejillas, recién lavadas y suaves, contra el pecho de Hyun-oh. El olor a champú que emanaba de él hizo que el corazón de Hyun-oh latiera de forma extraña. Con ese calor corporal tan intenso, se sentía como si estuviera abrazando a un bebé gigante.
—¿Do-jin está bajo arresto?
—¿Quieres morir?
—Me encanta este tipo de arresto. Arréstame más.
Guau, guau. Parecía que una cola blanca y peluda se agitaba frenéticamente detrás de Do-jin. Ante la imagen de ese pervertido al que le brillaban los ojos de auténtica felicidad, Hyun-oh, sin darse cuenta, alargó la mano y acarició un par de veces su pelo húmedo.
Do-jin cerró los ojos disfrutando de la caricia y empujó su cabeza contra la palma de Hyun-oh. Con los ojos fuertemente cerrados para parecer más tierno, sacudió la cabeza de lado a lado y dijo con una voz llena de esperanza y dicha:
—La próxima vez que hable con una chica, enfádate conmigo. Dime cosas como "¿acaso quieres morir?" mientras me pegas, y dime que no mire a nadie más a los ojos... Amenázame para que te informe por chat de todo lo que hago y exígeme que solo te mire a ti.
—Loco de mierda...
Acababa de confirmarse que Do-jin era un pervertido mucho mayor de lo esperado. Ante el murmullo de incredulidad de Hyun-oh, Do-jin hizo un gesto mimoso y lo miró con ojos brillantes.
—¿Lo harás? ¿Lo harás por mí?
—¿...Por qué mejor no te pones un collar y una correa?
—¡Eso también me gusta! Solo quiero mirar a Hyun-oh.
Do-jin soltó una sonrisa boba y se acurrucó profundamente en el regazo de Hyun-oh. Aquel niño grande, que no paraba de decir tonterías como que era un "Girasol de Hyun-oh", empezó a darle besitos en la zona de la clavícula. Pesaba. Pesaba un quintal. Hyun-oh soltó un quejido de esfuerzo.
Como hoy ha sido agotador por el sexo, mañana empezaré a investigar por qué Do-jin ocultó su secreto. Tras concederse a sí mismo ese periodo de gracia, Hyun-oh separó horrorizado a Do-jin, quien ya había empezado a restregar su nada tierna erección contra él.
Sin embargo, Hyun-oh aún no sabía lo que le deparaba el futuro.
Raw: Ruth Meira.
Traducción: Ruth Meira.
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