Romance no romántico extra 5
Extra 5: El alivio del estrés es con XX.
Vivir como coreano es algo difícil.
Ya de por sí es asfixiante que 50 millones de personas se amontonen en un país del tamaño de la cola de un ratón, pero es que la mitad de ellos se concentran en el área metropolitana. Defender el espacio personal en medio de ese denso bosque de gente es casi imposible. Si caminas distraído, lo más probable es que acabes dándote un empujón de hombros con alguien o, con un poco de mala suerte, pisándole el empeine a un desconocido.
La invasión del espacio personal no se limitaba solo a la distancia física. Ha sido así desde los tiempos en que saber cuántas cucharas tenía el vecino se consideraba una virtud. Lo tuyo es como si fuera mío, tu vida es como si fuera la mía. La gente, que acortaba la distancia psicológica de forma repentina, ni siquiera sabía que aquello era una falta de respeto; y en una sociedad donde incluso el aire para respirar es motivo de competencia, la ferocidad se convirtió en una virtud.
Nadie lo estableció por ley, pero como corresponde a una sociedad obsesionada con la eficiencia, se crearon etapas para la vida. Se da por sentado que hay que estudiar mucho para entrar en una buena empresa, luego tener citas y, al llegar a cierta edad, casarse, tener hijos y esto y aquello.
Es más, hoy en día han ido un paso más allá. Mientras sigues esas etapas asfixiantes, tienes que trabajar reduciendo las horas de sueño, hacer ejercicio, desarrollarte personalmente y, además, disfrutar de tus pasatiempos. Si no logras hacer todo esto al mismo tiempo, se te tacha de ser alguien sin determinación.
De niño uno se sumaba a esa sociedad uniformada sin saber nada, pero incluso ahora, mucho tiempo después de haberse convertido en adulto, seguir escuchando este tipo de cosas era un verdadero suplicio.
¿Por qué demonios la gente tiene tantas ganas de opinar sobre la vida de los demás? Jin-ha llegó a la conclusión de que todo se debía a que no se mantenía la distancia adecuada entre las personas.
En resumen, la preocupación reciente de Jin-ha era precisamente esa. Que ya de por sí estaba muerto de cansancio por el trabajo, pero había demasiada gente queriendo darle lecciones sobre su propia vida.
***
—Vaya, me voy a morir…
El Equipo 2 de Servidores lucía hoy, una vez más, como una horda de zombis.
Ocupando una mesa para grupos en un rincón del salón ubicado en el segundo piso, los miembros del equipo estaban desparramados como algas empapadas, limitándose a succionar sus Americanos con hielo. Era un esfuerzo desesperado por reponer energías de alguna manera, ya que su vigor para el día de hoy se había agotado por completo, pero aún faltaba mucho para la hora de salida.
La razón del agotamiento era obvia. Mucho trabajo y nada salía como querían. Además, hoy habían tenido una reunión con el Equipo de Planificación.
Que esto no se podía por tal razón, que aquello no se podía por cual otra. Se pasaron toda la mañana intercambiando reproches sobre por qué no hacían lo que sí se podía y explicaciones de que, ni aunque murieran y volvieran a nacer, terminarían a tiempo. Al final, la tediosa reunión concluyó con todas las solicitudes rechazadas. Fue una reunión donde no se ganó nada y se perdió mucho.
Para animar a los exhaustos miembros del equipo tras semejante paliza, el jefe de equipo Kim Bok-man sacó la tarjeta de la empresa después de mucho tiempo. Kim Bok-man, quien dentro del estereotipo de desarrollador destacaba por su falta de elocuencia, al menos sabía cómo cuidar de su gente.
En la era del capitalismo, el afecto se expresa con dinero. Aunque no era su propio dinero, el hecho de intentar subir la moral alimentándolos con comida cara hizo que todos recuperaran algo de energía respecto a la mañana. Todos, menos uno.
Yoon-jeong, que tenía el rostro especialmente demacrado, no apartaba la vista del polvo sobre la mesa. Yoon-jeong, que ya estaba en su tercer año, sufría un severo hastío laboral siguiendo la regla del 3-6-9 de los oficinistas. Además, al haber asumido una parte del proyecto de forma individual por tener ya cierta experiencia, parecía que no estaba durmiendo bien.
—De verdad, hoy quiero cenar en casa. Ya me harté de los snacks nocturnos de la empresa. Me cansé de los fideos instantáneos y no quiero ni ver el pollo frito. Si como ensalada, me da hambre y no me carbura el cerebro; si como algo pesado, me da sueño y no puedo trabajar. Solo quiero irme pronto a casa…
Jin-ha nunca había visto a Yoon-jeong hablar tanto desde que entró en la empresa. Mientras Yoon-jeong se quejaba diciendo que en casa la esperaban un ordenador como un zorro y una cama como un conejo, Dong-woo también aportó lo suyo.
—La gente con la que juego online también me pregunta que porqué ya no entro nunca. Si ni siquiera tengo tiempo para hacer ejercicio. Oye, Seo Jin-ha. Mira. Creo que he perdido masa muscular. ¿A que el contorno de mis bíceps se ha reducido?
—Quita esos músculos de ahí, en serio.
—Chicos, a mí cuando llego a casa Bok-bok me regaña. Mirad esta herida de aquí. Es muy agresiva. Y me han dicho que se queda sentada en la entrada hasta que vuelvo del trabajo. Me da una pena que no veas.
De alguna manera, el flujo de la conversación se volvió extraño. Al escuchar ese intercambio de quejas competitivo, Jin-ha sintió que él también debía decir algo sobre lo que le esperaba en casa. Mientras Jin-ha vacilaba, Dong-woo le dio un codazo actuando como su portavoz.
—Oye, tú tienes al jefe de equipo esperándote en casa.
—¿Eing?
—En realidad, ¿no eres tú el que más ganas tiene de volver a casa? Estás recién casado.
—Bueno, recién casado sí que estoy…
Cada vez que los que le rodeaban le recordaban su estado de recién casado de esa forma, Jin-ha se sentía extrañamente cohibido. Como ya habían completado el vínculo y vivían juntos desde hacía tiempo, en realidad no había gran diferencia entre el antes y el después de la boda.
—Ay, es verdad. ¿Han pasado ya tres meses? ¿O cuatro?
—Por ahí andará.
Por supuesto que el matrimonio es importante en la vida de una persona, pero cada vez que el entorno mostraba tal interés, se sentía avergonzado y presionado.
—¿Qué tal? ¿Cambia algo cuando te casas?
—Yo no noto nada en particular… Pero si tengo que elegir entre si me gusta o no, pues claro que me gusta.
Jin-ha, que ya había construido una base de datos a través de innumerables preguntas similares, identificó la respuesta más ideal para esta situación. Bastaba con decir que todo era genial y se acababa el problema.
La razón por la que las charlas sobre el matrimonio le resultaban pesadas era precisamente por eso. Debería bastar con asumir que vivían bien, pero la gente preguntaba con segundas intenciones. Incluso personas con las que apenas cruzaba palabra, después de felicitarle, siempre añadían la pregunta de cómo les iba.
Después de tres meses de esa vida, Jin-ha empezaba a estar harto.
La intención tras las preguntas era clara. Al decir recién casados, esperarían que estuvieran locos el uno por el otro, que destilaran miel o que él se comportara como un tonto enamorado. Tendrían curiosidad por saber si ese temible y difícil jefe de planificación estratégica le daba de comer bingsu de mango mientras le decía: “Cariño, come mucho.”
¿Qué destilar miel ni qué ocho cuartos? Vivían peleándose infantilmente por ver quién había comido más trozos de mango del bingsu. Además, aunque Hyun-jun le dijera eso, no era algo que Jin-ha tuviera necesidad de ir presumiendo ante los demás.
Aunque Jin-ha solía vivir a su aire sin importarle nadie, tras empezar a ser consciente de la mirada ajena por los programas de intercambio, no podía evitar sentirse observado. Aun así, su temperamento no había desaparecido, por lo que zanjaba todo diciendo que todo iba bien.
—Ya. En la boda se te veía con una sonrisa de oreja a oreja.
—Ah, bueno. Era un día feliz.
No mencionó que en realidad estaba tan cansado que se encontraba en un estado de semi-consciencia.
Los vídeos del vlog grabados bajo el pretexto de ser notas de desarrollo finalizaron en el D-1.
Tenía planeado grabar vlogs del día de la boda y de los días posteriores bajo los nombres de día de lanzamiento y mantenimiento post-lanzamiento, pero todo quedó en nada. La razón era muy simple: desde el mismo día de la boda, no tuvo un momento de respiro.
Hyun-jun y Jin-ha, que apenas habían dormido la noche anterior, abrieron los ojos de golpe ante el estruendoso sonido de la alarma. Parecía que solo habían dormido unos diez minutos, pero el alba ya estaba despuntando. Sin tiempo para recomponerse del susto, tuvieron que pasarse la madrugada gateando por todo el suelo buscando el proyectil del cañón que se había metido debajo de la cama.
Era demasiado pronto para alegrarse de haberse despertado de golpe, pues la agenda estaba apretada. Dado su carácter sensible, sumado a la presión y los nervios, su mente se quedaba en blanco a medida que se acercaba la hora.
Lo único bueno fue que la boda se celebró de forma tranquila. Hyun-jun sugirió invitar solo a la familia y amigos cercanos. Gracias a eso, Jin-ha no dejó de murmurar lo aliviado que estaba por no tener que besarse con Hyun-jun frente a empresarios y políticos cuyas caras le sonaban de las fotos de prensa pero que nunca había visto en persona.
Los conocidos que Jin-ha podía invitar estaban contados. Sus antiguos compañeros de hackatón, la gente cercana del equipo de servidores y sus pocos amigos. A pesar de no haber dormido ni dos horas y de tener el estómago revuelto por los nervios, Jin-ha recordaba perfectamente lo que le dijo a Yoon-jeong.
‘—Todo esto son flores naturales, llévate algunas. Costaron muchísimo dinero’.
‘—Si… Gracias, sunbae…’
Yoon-jeong, que le felicitó con una sonrisa radiante, se alejó con una expresión extraña. Luego, Jin-ha alcanzó a oír vagamente cómo corría hacia la desarrolladora Yoon Hae-na del Equipo 1 para decirle: “Sunbae debe estar nerviosísimo. Está en peor estado que cuando terminamos un parche de toda la noche y encadenamos cuatro horas de revisión.”
Aunque ya se había imaginado que sería caótico e incluso hizo simulacros, vivirlo en la realidad fue mucho peor de lo esperado. Al regresar a casa, incluso el resistente Hyun-jun estaba agotado, y ambos se quedaron profundamente dormidos sin tener tiempo para disfrutar del romanticismo de la noche de bodas.
Además, al día siguiente, Jin-ha cayó enfermo en cama. Fue el resultado de un sobreesfuerzo sumado a la liberación repentina de toda la tensión acumulada. Cuando Hyun-jun sugirió posponer el viaje al ver a Jin-ha gimiendo de dolor por todo el cuerpo, se llevó una buena reprimenda.
‘—¿Quieres posponerlo aunque se nos arruine todo el itinerario?’
‘—Es que te veo muy mal. Total, nos hemos tomado vacaciones largas, descansemos bien antes de irnos?’
‘—Te digo que se me pasará en cuanto descanse un poco. No quiero que tú te des la paliza de cambiar todos los planes. Ya tenemos las maletas hechas, solo es cuestión de salir.’
No podía permitir que su esposo sufriera por su comodidad. A base de voluntad y terquedad, Jin-ha aguantó. Como fuera, tras tomarse un cargamento de elixires contra la fatiga y dormir profundamente en la primera clase del avión, recuperó su mejor estado físico.
‘—¿Ves? ¿No te dije que estaría bien…? Eh, oye. ¿Estás bien?’
El problema fue que, nada más llegar al destino, fue Hyun-jun quien se desplomó. Jin-ha, que no dejaba ni que Hyun-jun abriera la boca cuando se preocupaba por él, resultó ser mucho más exagerado cuando las tornas cambiaron. Hyun-jun decía que era por lo mismo, que solo era un malestar por los nervios y la fatiga acumulada, pero eso no llegaba a oídos de Jin-ha.
Hyun-jun, que no tenía fuerzas ni para detener a Jin-ha mientras este mantenía una seria conversación telefónica con el doctor Jang, acabó por primera vez quitándole a Jin-ha sus elixires contra la fatiga para tomárselos él. Y se tomó dos.
Pasaron muchísimas cosas incluso después de turnarse para estar enfermos. Jin-ha no tenía especial interés en contárselo a la gente. No quería darles el gusto a los que, fingiendo no estar interesados, tenían los ojos inyectados en sangre por desenterrar cotilleos de su vida diaria, ni tampoco quería ir repartiendo chismes sobre sí mismo voluntariamente. El espíritu rebelde de Jin-ha brillaba también en estos momentos.
Sin embargo, había situaciones inevitables.
—Ahí viene el jefe de sección. Parece que viene hacia nosotros.
Era el jefe de sección medio calvo, el administrador más detestado y actual enemigo público del equipo de servidores, el que había perdido totalmente el favor de la gente. Si el calendario de desarrollo fuera razonable, no habrían tenido que discutir con el equipo de planificación esta mañana, ni habrían tenido que hacer horas extras forzadas, y todo habría ido sobre ruedas. Todo era culpa del jefe de sección calvo, que exprimía a la gente tras diseñar un calendario asfixiante.
El jefe de sección, a quien se le había caído un poco más el pelo desde la última vez que se vieron, los saludó al descubrir al Equipo 2 de Servidores. Según la experiencia de Jin-ha, nunca salía nada bueno de llamar la atención de ese hombre.
Ah, qué mala espina. Al ver el reflejo de las luces del salón en su cráneo, Jin-ha se vio envuelto en un presentimiento atroz. Tenía la sensación de que ese individuo, una vez más, le iba a sacar de sus casillas hoy mismo…
***
Hay muchas ventajas en ser compañeros de vínculo, pero una de ellas es poder conocer minuciosamente el estado de ánimo del otro. Por mucho que uno intente ocultarlo, las feromonas se sienten amplificadas entre ambos.
Hyun-jun se dio cuenta pronto de las feromonas decaídas de Jin-ha, pero en lugar de preguntar, prefirió esperar. Jin-ha no era de los que se guardaban el descontento, y sabía que, una vez que se calmara, se lo contaría todo por voluntad propia.
Se saltaron la cena porque ya habían comido en la empresa. Tras un baño caliente en la bañera y vaciar una lata de cerveza de un trago, Jin-ha finalmente reveló, rechinando los dientes, al culpable de su mal humor.
—Ah, maldito. Ese infeliz medio calvo…
Solo había una persona calva a su alrededor capaz de hacerlo rechinar los dientes de esa manera.
‘—Je, je, ¡pero si a Jin-ha se le ve una cara radiante!’
Si solo hubiera sido eso, Jin-ha habría estado dispuesto a ser generoso y dejarlo pasar. Sin embargo, el jefe de sección medio calvo, aunque era muy capaz en su trabajo, carecía de tacto, no sabía respetar el espacio personal y estaba ansioso por entrometerse en la vida de los demás.
A Jin-ha, que ya tenía los nervios de punta como un corzo ante el exceso de atención, el jefe de sección medio calvo terminó por asestarle el golpe de gracia.
‘—Ahora ya deberías ir haciendo planes familiares.’
Hijo de perra… Jin-ha murmuró sombríamente mientras aplastaba la lata vacía.
En realidad, no era solo un problema del jefe de sección. Desde que se reincorporó tras su mes de vacaciones, el número de personas que le hacían ese tipo de comentarios había aumentado drásticamente. Él solo había pasado por un trámite institucional para poder disfrutar de su vida diaria más cerca de su pareja, pero la perspectiva de quienes lo rodeaban había cambiado por completo.
¿Por qué se meten en la vida de los demás? En una sociedad donde incluso las revisiones de código se hacen con educación, las lecciones sobre la descendencia le llegaban sin cesar; Jin-ha pensó que preferiría mil veces que el jefe de sección lo hiciera trabajar en un ejemplo de mierda.
—No me habría importado si solo hubiera sido el jefe de sección. Pero es que todo el mundo a mi alrededor tiene algo que decir. Sinceramente, ¿esto no es acoso laboral?
Eran palabras que escuchaba siempre, pero ¿por qué hoy le enfurecían tanto? Era porque ya tenía acumulada una gran base de datos. Se sentía como si cada persona con la que se cruzaba estuviera hurgando en su vida privada. Para Jin-ha, que ya tenía suficiente con vivir su propia vida sin importarle la de los demás, todo aquello era una intromisión excesiva.
—En serio, la gente tiene demasiado interés en las vidas ajenas. Parece que tienen un espíritu pegado que no les deja vivir si no dan consejos. Si fueran haters de internet, al menos me pelearía con ellos, pero como son de la empresa no puedo hacer nada. Por vivir así es por lo que se le escapa todo el pelo.
A medida que lo pensaba, la rabia crecía, y Jin-ha terminó dando golpes en la mesa mientras hablaba con fervor.
Hyun-jun, que envolvió con su mano el puño enrojecido de Jin-ha, comprendió de inmediato la situación. Para los demás serían palabras con buena intención, pero para el interesado podían ser puro estrés.
—Escúchalos y olvídalo. Al fin y al cabo, esa gente tampoco pregunta porque tengan un gran interés.
—Es que, aunque lo sepa, no es tan fácil. Sé que lo dicen por decir, pero me estresa indirectamente… Ese interés se siente como si me estuvieran obligando a vivir de cierta manera.
Si tres personas insisten, pueden inventar un tigre donde no lo hay; ese es el poder de las palabras. Por mucho que uno intente ignorarlas, hay un límite para bloquear los comentarios incesantes. Además, como Jin-ha recibía el doble de intromisiones disfrazadas de interés en lugar de Hyun-jun, a quien es más difícil dirigirle la palabra, era comprensible que estuviera exhausto.
—¿Y sabes qué dicen? Que para cuándo verán a un niño que se parezca a ti y a mí. ¿Acaso me lo han encargado? De verdad, me parece indignante. ¿Un niño? Estaría bien tenerlo, claro. ¿Te imaginas qué mono sería? Si se pareciera a tu cara, habría una cola desde Seúl hasta Busan de gente queriendo verlo.
Hyun-jun estaba seguro de que, si se pareciera al aspecto de Jin-ha, la cola sería de ida y vuelta de Seúl a Busan.
—Pero no es algo que se pueda decidir a la ligera solo por ver algo mono. Hay que tener en cuenta muchas cosas. Y sinceramente… no tengo confianza en ser un buen cuidador.
El ímpetu de Jin-ha decayó un poco. Comparado con sus gritos sobre lo mucho que odiaba las intromisiones, esto era un argumento bastante específico, lo que indicaba que se había planteado seriamente el plan de tener hijos.
—Piénsalo tú también. Yo de verdad, sinceramente, creo que me pelearía con el niño por ver quién se come el último grano de soja. Está claro que no sería de ayuda. Al final, tú acabarías esforzándote el doble.
Hyun-jun asintió sin darse cuenta y luego recobró el sentido. Por suerte, parecía que Jin-ha no lo había visto. Menos mal que no me ha pillado, pensó Hyun-jun mientras le daba palmaditas de consuelo.
Hyun-jun, por supuesto, también había pensado alguna vez en tener hijos. Todavía guardaba como un tesoro aquella foto de Jin-ha vestido de princesa que trajo de su casa… Pero, sin necesidad de imaginarlo mucho, era evidente que el nivel de dificultad de la crianza sería más alto que el de los demás. Porque ese temperamento de Jin-ha no era algo que fuera a desaparecer fácilmente.
—¿Qué iba a aprender el niño? Haría exactamente lo mismo que yo.
Hyun-jun estaba convencido de que Jin-ha seguiría montando números incluso cuando cumpliera los sesenta.
—¡Y además, he vivido más de 20 años como Beta! Lo que más me costó cuando recibí la educación sobre el género fue precisamente eso. Nunca me lo he planteado en serio. Pero como los demás no paran de empujarme, siento que de alguna manera tengo que hacerles caso. Que si un Alfa Dominante esto o aquello…
Al oírlo hablar así, se notaba que los de su alrededor lo habían atormentado bastante. Pensó que Jin-ha había aguantado mucho para tener una personalidad que no soporta que le digan qué hacer, pero al verlo influenciado por las palabras ajenas, sintió que no le había dado la seguridad suficiente y se sintió culpable.
En momentos como este, la respuesta correcta era dar una contestación firme. Hyun-jun miró fijamente a Jin-ha a los ojos.
—Yo tampoco tengo esa intención ahora mismo.
—¿En serio?
—Para empezar, hace poco que manifestaste tu género, y aunque hayamos hecho el vínculo, tu ciclo todavía es irregular. No hay necesidad de correr riesgos innecesarios. Y, sobre todo, lo correcto es hacer lo que tú quieras.
—Buaaaaa…
Jin-ha se lanzó prácticamente a los brazos de Hyun-jun. No solo por su actitud firme, que parecía no verse afectada en lo más mínimo por lo que dijeran los demás, sino por darse cuenta de que no le importaban otras circunstancias y solo pensaba en él; su corazón se derritió.
Sintiendo las feromonas mucho más ligeras, Hyun-jun acarició lentamente la espalda de Jin-ha.
—Quiero que hablemos mucho y decidamos juntos las cosas importantes. Para elegir esas cosas juntos es para lo que nos vinculamos y nos casamos.
—...Tienes razón. Al final, la optimización del sistema también tiene su momento.
Lo importante en el desarrollo es añadir la función adecuada en el lugar adecuado. No se deben asignar especificaciones excesivas pensando solo en el rendimiento, ni se debe dejar que el sistema envejezca por pereza. Hay que observar y medir la situación minuciosamente y realizar la actualización en el momento en que sea realmente necesaria.
La vida, vista a largo plazo, es como un desarrollo: surgen variables por diversas razones y hay que ajustarlas. Así han pasado por la transformación de género, la marca y hasta el matrimonio. No sabía cuándo sería la próxima actualización, pero al pensar que tenía a alguien con quien discutir el calendario, su corazón se sintió mucho más ligero.
Sí, digan lo que digan los demás, no tengo necesidad de demostrar mi felicidad. Solo tenía que vivir mi vida sin preocuparme por las miradas ajenas.
***
Jin-ha, habiendo recuperado la paz mental, volvió rápidamente a ser el de antes. Levantaba el dedo corazón mentalmente ante las personas que decían tonterías. «No importa lo que digáis, yo voy a vivir bien con él a mi manera». Al pensarlo así, se preguntaba incluso por qué había vivido tan influenciado por las miradas ajenas. Ahora Jin-ha poseía la maestría necesaria para ignorar con total naturalidad cualquier falta de respeto o entrometimiento.
Para bien o para mal, las oportunidades de poner en práctica esa maestría se volvieron extremadamente escasas. La razón era que la actualización estaba a la vuelta de la esquina.
Al tratarse de un despliegue sin interrupciones que se realizaba en tiempo real sin caídas del servidor, en realidad no era una actualización masiva, pero tenía el inconveniente fatal de que cualquier pequeño error desembocaría inmediatamente en un fallo del servicio. Por supuesto, además de la actualización, otras tareas como proyectos a largo plazo estaban acumuladas a montones en la herramienta de colaboración.
—Aunque no es la primera vez que hago un despliegue, me pone algo nervioso.
—Ya te digo. Espero que esta vez también pase sin contratiempos.
A juzgar por cómo todos sentían una sensación de logro cada vez que se lanzaba un servicio, a pesar de quejarse de que el trabajo era agotador, estaba claro que su vocación era ser desarrolladores. Todos mostraban una voluntad firme, incluso ofreciéndose para hacer horas extras.
Sin embargo, eso no significaba que Hyun-jun estuviera libre; más bien al contrario.
Si hubiera que medir el nivel de ocupación, Hyun-jun ganaba por goleada. El problema era que se le añadía la palabra estrategia a todo, sin definir un campo exacto, ya fuera planificación de servicios o planificación de marketing. Eso significaba que, además de liderar los negocios principales, debía ser experto en todas las áreas. Todas las estrategias y predicciones de resultados que surgían de los nuevos negocios, junto con las reuniones con todo tipo de equipos, estaban encadenadas una tras otra como salchichas.
Con razón no paraban de llegarle llamadas de la empresa incluso antes de reincorporarse. Viviendo en la misma casa y trabajando en la misma empresa, resultaba incomprensible por qué era tan difícil verse las caras.
Hoy era igual. Al buscar el nombre de Hyun-jun en la intranet de la empresa, aparecía como en reunión. Hace dos horas también estaba en reunión. Al pensar en lo ocupado que estaba Hyun-jun, a Jin-ha se le escapó un mohín.
En realidad, tenía otra queja mayor.
«¿No hace ya bastante que no lo hacemos…?».
Era lógico. Jin-ha, que había estado al borde de una crisis nerviosa por el estrés laboral sumado a las intromisiones del entorno, vivía cada día como un suplicio. Al repetirse el ciclo de caer rendido por el cansancio nada más salir del trabajo, no había tenido tiempo de disfrutar de esa vida de recién casados de la que todos hablaban como si fuera un mantra.
Un día que se encendió la chispa y estuvieron rodando por la cama hasta la madrugada, se pasó todo el día siguiente hecho polvo como un pollo enfermo. Al final, se llegó al acuerdo implícito de pasar días de abstinencia hasta que terminaran las tareas urgentes. Era una buena idea, pero para Jin-ha significaba que se le había cerrado la única vía de escape para el estrés que le quedaba.
Tener un banquete bien servido frente a sus ojos y tener que limitarse a mirar. Que las feromonas de Hyun-jun ondularan de forma tentadora y tener que quedarse quieto. Sentía cómo no solo las suyas, sino también las feromonas de Hyun-jun se acumulaban sutilmente, pero como llevaban una vida casta bajo la premisa de que si empezaban no podrían parar, sentía que estaba alcanzando la iluminación espiritual a la fuerza.
Sí, porque está ocupado. Su cabeza lo entendía, pero el corazón de una persona es otra historia. El tener que reprimir la irritación que brotaba de repente mientras trabajaba solo aumentaba su estrés.
Si hubiera que definir esto con una palabra, sería insatisfacción sexual.
Jin-ha puso el calendario y la herramienta de colaboración de trabajo en paralelo en el monitor y empezó a calcular fechas. Si se tomaba un día libre, tendría que trabajar un poco más para cuadrar las horas de desarrollo, pero para un Jin-ha con los ojos medio desorbitados por la insatisfacción, la carga de trabajo ya no importaba. Solo verificaba cuándo debía tomarse el libre para poder estar pegado a Hyun-jun todo el día.
Él está ocupado todos los lunes, así que descartado. La última vez que me pedí un viernes no pararon de llegarle llamadas. Este día hay una revisión intermedia, y este otro él dijo que tenía trabajo fuera… De esa forma, fue eliminando fechas hasta seleccionar el día apropiado. Tras decidir el día de sus vacaciones, Jin-ha envió un mensaje con determinación.
[{Cha Hyun-jun}
Me voy a pedir el día libre después del despliegue.
Pídetelo tú también.]
***
El permiso fue aprobado sin problemas. El protagonista del despliegue era Dong-woo, y como Yoon-jeong ya se encargaba de su propia sección, Jin-ha no tenía mucho en qué intervenir en este lanzamiento. Aunque eso no significaba que no estuviera ocupado.
Sería ideal que la actualización se hiciera sin errores, pero los fallos siempre aparecen donde uno menos lo espera. Justo surgió un problema en la parte de la que se encargaba Dong-woo, y los desarrolladores se amontonaron en el Equipo 2 de Servidores. Cada vez que aumentaba el número de personas a su espalda, Dong-woo sudaba frío a pesar de estar bajo el aire acondicionado.
Incluso cuando todos se levantaron para tomar un respiro tras finalizar el despliegue, Jin-ha seguía con la nariz pegada al monitor. Su objetivo era uno: salir pronto y pasar una noche increíble con Hyun-jun.
No solo se terminaba los sobres de ginseng rojo de un trago, sino que, sintiendo que perdería tiempo incluso yendo a comprar café, disolvía vitaminas efervescentes en agua y se las bebía. Devoró la cena en la cafetería como si se la estuviera tragando y en 20 minutos ya estaba sentado de nuevo. Para disfrutar de las vacaciones con tranquilidad, había que aceptar este nivel de sacrificio.
—Hoy de verdad lo he dado todo. He trabajado a muerte.
Quizás por eso, el camino de vuelta a casa fue especialmente satisfactorio. El trabajo terminó bien, no se quedó hasta demasiado tarde y mañana era festivo. Con el orgullo de haber pasado un día perfecto, Jin-ha tarareaba desde que subió al coche. Al pensar que Hyun-jun también descansaba mañana, se le escapaba una risa tonta.
Jin-ha se preparó a conciencia. En momentos así, las feromonas son más efectivas que mil palabras. Dejó sus feromonas impregnadas por toda la cabina de la ducha a propósito. Mientras Hyun-jun se bañaba, abrió a hurtadillas el cajón de la mesilla de noche para contar cuántos condones quedaban. Ignoró deliberadamente el collar de lazo rojo que descansaba en un rincón.
Tras bajar la intensidad de la luz, Jin-ha saltó a la cama vistiendo solo su albornoz. Total, se lo iba a quitar pronto, no había necesidad de vestirse. Después de moverse de un lado a otro buscando la mejor postura, terminó tumbándose de lado bajo el edredón.
—¿Cuándo va a salir…?
Parecía que Hyun-jun llevaba ya un buen rato dentro, pero solo se oía el sonido del agua. A juzgar por las feromonas que llegaban desde el baño, estaba claro que él también tenía ganas. ¿Se estaría dando un baño de agua fría? Jin-ha ladeó la cabeza y acabó despatarrado boca arriba.
La ducha caliente había dejado su cuerpo relajado, la cama estaba tan acogedora como siempre y, sobre todo, quedaba el aroma de Hyun-jun. El suave olor a madera de cedro relajó a Jin-ha, que había estado en tensión todo el día. Era esa terapia de feromonas de la que siempre hablaba.
Cerraré los ojos un momento hasta que salga. No se va a quedar duchándose toda la noche, saldrá pronto… Con la vista parpadeando, Jin-ha se entregó al sueño.
—…Maldita sea.
Nada más abrir los ojos, Jin-ha soltó un taco. Se sentía extrañamente ligero. Lo que iba a ser cerrar los ojos un momento se convirtió en un sueño profundo.
A juzgar por su temperatura corporal algo más baja de lo habitual, parecía haber dormido profundamente incluso sudando un poco. Al despertar se sentía como nuevo y el mundo se veía despejado, pero esa ligereza no le hacía ninguna gracia. Lejos de haber tenido una noche increíble, el haber dormido de un tirón sin siquiera soñar se sentía como una pérdida monumental.
Acurrucándose contra Hyun-jun, que lo abrazaba ligeramente, Jin-ha movió los ojos. Como aún no había amanecido del todo, debían de ser las seis de la mañana. El aire fresco de la madrugada añadía un confort agradable. Las sábanas que tocaban su piel eran mullidas y el pijama de Hyun-jun era suave y liso.
¿...Pijama?
Esa vestimenta inesperada le quitó el sueño de golpe. Al levantar un poco el edredón, vio que Hyun-jun llevaba puesto el pijama de pareja a rayas, de arriba abajo y bien abrochado. Ante esa vestimenta tan excesivamente decente, la mirada de Jin-ha se volvió feroz al instante.
Vamos a ver, mientras uno estaba aquí desnudo pensando en cómo pasar una noche increíble, ¿él se pone el pijama tan ricamente sin despertarme? Además de la rabia de haber dormido toda la noche sin que pasara nada, le hería el orgullo sentir que era el único que esperaba algo como un tonto estando desnudo.
Al tantear las feromonas, notó que estaban muy acumuladas. A este nivel, Hyun-jun se había contenido hasta el punto de tener que morderse la lengua. Y aun así, se hizo el caballeroso y el decente. La comisura de los labios de Jin-ha se elevó con malicia.
—Cariño. ¿Duermes?
Lo llamó en voz baja, pero él no se movió, sumido en un sueño profundo.
—Mmm, ¿estás dormido, eh?
Preguntó de nuevo mientras se contoneaba bajo las mantas. Apartó con cuidado el brazo que descansaba en su cintura y se quitó el albornoz, que estaba tan abierto por delante que era como no llevar nada.
—Pues sigue durmiendo entonces.
Porque yo no soy un santo que deja en paz a alguien que duerme como haces tú. Decidido, Jin-ha liberó sus glándulas de feromonas. A diferencia del aroma de Hyun-jun que emanaba de forma natural en un espacio cómodo, el suyo era tenue pero con una intención clara.
Jin-ha bajó su mano sin dudarlo. Al rodear su pene, que ya estaba bien erecto, con toda la palma de la mano, la fuerza se concentró en su cintura. Su temperatura corporal, que se había enfriado, subió rápidamente hasta arder.
—Mmm… ah…
Al acariciar el tronco rígido y frotar el surco balánico con la yema de los dedos, se le acumuló tanta saliva que le dolió la mandíbula. Al extender el líquido preseminal que se escapaba por el tronco, su palma se humedeció. Cuando aplicaba fuerza desde la base y soltaba, su cabeza se echaba hacia atrás por instinto.
El hecho de estar haciéndolo solo sin que el dormido Hyun-jun lo supiera aumentaba el placer. Al reprimir los gemidos que se escapaban, el calor se acumulaba en su interior. Hundiendo la cara en la almohada, Jin-ha se encogió y aumentó la velocidad. Con cada movimiento de su mano, las feromonas de Jin-ha emanaban bajo el edredón que se agitaba levemente.
—Ah, ah… Mmm. ¡Ah, haaa…!
Al borde del orgasmo, Jin-ha detuvo su mano a duras penas y soltó un suspiro caliente. Sentía que se correría con un poco más, pero ese no era su objetivo.
Tras frotar su sensible glande para recoger el líquido preseminal en su mano, Jin-ha estiró el brazo hacia atrás. Casi nunca se preparaba él mismo por detrás… Pero no es que no lo hubiera hecho nunca.
Sus dedos, que tanteaban entre sus nalgas, se dirigieron hacia el interior de su zona íntima. Al presionar el lugar que aún estaba cerrado, la primera falange desapareció. Ah, ah. Sus dedos fueron entrando poco a poco al ritmo de sus inspiraciones y espiraciones.
Sus dedos índice y corazón exploraban las paredes internas como abriendo camino. Al ensanchar esas paredes de carne que, aunque blandas, lo apretaban sin dejar huecos, sus dedos tocaron una zona rugosa. Solo con rozarla, sus piernas temblaron violentamente. Un gemido que no pudo contener del todo escapó de entre sus dientes, obligándole a hundir la cara en la almohada.
De pronto, Jin-ha estaba concentrado en masajearse por detrás. Añadió un tercer dedo para ensanchar el interior, y la mucosa, ya suave, succionaba sus dedos con espasmos. Estaba tan excitado que sentía con nitidez hasta el sudor resbalando por su espalda.
Cuando el brazo estirado hacia atrás empezó a entumecerse, Jin-ha sacó los dedos. Su cuerpo ardía ante el orificio que se abría y cerraba como si echara algo de menos. Bajo el edredón, Jin-ha levantó un poco la parte de arriba del pijama de Hyun-jun. La mano de Jin-ha, húmeda de fluidos, tocó la piel ardiente.
—No estás, ah, fingiendo que duermes, ¿verdad?
Preguntó una vez más, pero seguía sin haber reacción. Hyun-jun no era alguien que no se despertara con esto. Pensando si se habría desmayado, le manoseó cerca del ombligo, pero solo sintió unos abdominales firmes. Si era así, para Jin-ha era incluso mejor.
—Si no te despiertas, haré lo que quiera.
Tras anunciar lo que él no podía oír, Jin-ha enganchó sus dedos en la goma de la cintura. Agarrando el pijama y el calzoncillo a la vez, los bajó con sigilo y la polla de Hyun-jun, ya medio erecta, apareció como impulsada por un resorte. El interior del edredón se llenó de un aire más húmedo y de feromonas.
Jin-ha ya conocía la polla de Hyun-jun tan bien que podría dibujarla con los ojos cerrados.
Con las yemas de los dedos arrugadas por los fluidos, la acarició desde el escroto hacia arriba como si le hiciera cosquillas. Con una mano agarró el tronco hinchado y apretó y soltó con una fuerza casi excesiva. Al rodear todo el pene con la palma y frotar en círculos… el líquido empezó a brotar así. No hacía falta levantar el edredón para saber que debía estar de un rojo encendido.
—Mmm.
Como si el placer que interrumpía su sueño le molestara, Hyun-jun frunció el entrecejo y soltó un quejido. Jin-ha contemplaba embobado cómo cambiaba la expresión de Hyun-jun cada vez que rozaba las venas bajo el glande o frotaba el tronco.
Vaya… es sexy de verdad. Se tragó la saliva ante esa imagen nueva y excitante de Hyun-jun. Sinceramente, le ponía mucho pensar que él estaba perdido en sus sueños sin saber qué le estaban haciendo.
Se sentía como un despojo humano por abusar de alguien que duerme. Parecía un pervertido sin remedio, pero no sería humano si no se excitara viendo cómo reaccionaba fielmente a sus estímulos.
Al levantar el edredón, vio que la cabeza de la polla bien erecta estaba soltando un líquido pegajoso. Tras mirar alternativamente la polla de Hyun-jun y el otro lado de la cama, Jin-ha renunció al condón sin pensarlo mucho. Estaba tan excitado que no tenía margen para estirar la mano hasta el cajón de la mesilla.
Humedeciendo sus labios con la lengua, Jin-ha se dio la vuelta con cuidado para no despertar a Hyun-jun. Estiró la mano hacia atrás para agarrar la polla de Hyun-jun y con la otra mano se abrió un poco las nalgas. Sintió escalofríos por el volumen de la punta del glande abriendo la entrada.
—Haaa…
A medida que bajaba el cuerpo poco a poco, sentía cómo las paredes internas se desplazaban y se abrían. A pesar de haberse preparado bien con los dedos, seguía siendo estrecho para meter la polla de Hyun-jun. Exhaló un suspiro caliente y relajó los músculos conscientemente. El placer mental de sentir esa polla roma presionando su interior era inmenso. Ante el placer que hacía que los dedos de sus pies se encogieran, las feromonas llenaron el húmedo interior del edredón.
Tras lograr insertarla por completo, Jin-ha parpadeó. Acarició su bajo vientre, que se notaba un poco abultado por la forma de la polla insertada, y soltó respiraciones cortas. Al relajarse los músculos tensos, la mucosa apretaba y soltaba el tronco. El glande, que había llegado al fondo, presionaba y aplastaba su interior.
—¡Ah…mm! Ah, haaa…
Con la mente aturdida por el placer, Jin-ha dejó la boca entreabierta. Se le acumulaba la saliva hasta dolerle la mandíbula, pero debido al aliento caliente, el interior de su boca estaba seco. Una gota de saliva resbaló dejando una marca en la almohada.
Con cada respiración, las paredes de carne que rodeaban la polla se agitaban a su antojo. Ante esos espasmos internos, Jin-ha no podía moverse mucho y se limitaba a apretar y soltar las nalgas. Pero cuando la polla encajada en su interior golpeaba el fondo en el ángulo exacto, temblaba sin poder siquiera respirar.
Ah, qué bien… Sintiendo esa sensación escalofriante, Jin-ha empezó a mover la cadera adelante y atrás poco a poco. Sus movimientos, que al principio eran cautelosos para no despertar a Hyun-jun, fueron ganando intensidad.
Jin-ha, perdido en el placer y medio ido, no se dio cuenta de que la naturaleza de las feromonas de Hyun-jun se había vuelto densa, ni de que unas manos rodeaban su pelvis. Mientras disfrutaba del clímax que iba creciendo, de repente sintió una estocada profunda en su interior y se tragó el aire.
—¡Ah! ¡Cariño, es-espera!
Sintió un aliento caliente en la nuca y su cuerpo fue tirado hacia atrás con fuerza. Arrastrado por Hyun-jun, que tiró de él hacia sí, Jin-ha fue empujado al orgasmo sin poder hacer nada. Sus paredes internas, apretadas al máximo, se contraían como queriendo cortar la polla. Con un sonido cercano a un grito, el semen salió a chorros.
Hyun-jun le mordió el lóbulo de la oreja mientras presionaba su interior para que pudiera vaciarse por completo. Su lengua se movió como dibujando el contorno de su oreja, provocándole escalofríos en la nuca. Sus hombros se encogieron ante esa voz todavía más grave y rota.
—¿Qué le estás haciendo…a alguien que duerme?
—Haa, haa… ¿Es que no lo ves? Te estaba devorando… ¡Ah!
Sin esperar a que Jin-ha terminara de responder, Hyun-jun volvió a embestir con la cadera. Lo abrazó como queriendo atraparlo y le acarició el cuerpo para sentir su calor. Al raspar con la uña su pezón, que sobresalía pidiendo ser tocado, Jin-ha soltó un quejido de dolor por la punzada.
Me dueleee… Como si sus lloriqueos fueran el detonante, Hyun-jun atrapó el pezón entre sus dedos y lo retorció con fuerza. El dolor punzante se transformó pronto en un placer que parecía derretirle el cerebro.
—Ah, ah, mmm…
Hyun-jun, aún algo somnoliento, repetía el movimiento de sacar y clavar la cadera lentamente. Sus movimientos, instintivos para sentir más placer, no tenían freno. Cada vez que aplastaba con fuerza su interior, sentía un hormigueo en el vientre.
Con cada embestida, la zona de unión se humedecía más y más. El sonido de la carne chocando desaparecía bajo el edredón que los cubría, dejando solo el sonido de las respiraciones agitadas y el crujido de la tela llenando la habitación silenciosa.
Demasiado…profundo. Jin-ha sollozaba mientras se abrazaba el bajo vientre. Cada vez que la cabeza de la polla embestía raspando las paredes internas al salir, veía destellos blancos. Su pene, que acababa de eyacular, volvió a ponerse tenso y golpeaba sus muslos. Un poco más y… En el umbral de un orgasmo inminente, Hyun-jun detuvo el movimiento en seco.
—Si te corres tan rápido será una pena.
—¿Eh, mm?
Hyun-jun agarró ligeramente el pene erecto de Jin-ha como calculando. A Hyun-jun le gustaba cualquier cosa que Jin-ha expulsara, ya fuera semen u otros fluidos, pero como habían empezado con prisas, no quería agotarlo con eyaculaciones seguidas. También era una pequeña venganza contra Jin-ha por haberle hecho eso mientras dormía.
Hyun-jun empezó a mover la cadera con lentitud deliberada. Al notar cómo se abrían las paredes internas mientras entraba despacio, Jin-ha soltó un lamento y se aferró al edredón. Al retirar el cuerpo aún más despacio, sentía con nitidez hasta las venas raspando su interior. Jin-ha temblaba sin poder respirar ante esa sensación tan aguda que le recorría hasta la nuca.
El placer, a punto de desbordarse, seguía hirviendo como brasas constantes. Además, la mano de Hyun-jun apretaba la base del pene de Jin-ha. Cada vez que él tenía espasmos queriendo eyacular, Hyun-jun apretaba con fuerza y, cuando pasaba la ola de placer, agitaba el tronco para elevar la excitación. Ante esa sucesión de estímulos donde no podía correrse ni descansar, Jin-ha lloraba a moco tendido.
—Más, ah…… Qué bien. Ahí. Ah, más profundo, ¿sí?
Impaciente, Jin-ha pataleaba. Quiso reclamarle que lo estaba haciendo a propósito, pero su respiración totalmente rota no le dejaba articular palabra. Solo podía suplicar mientras se balanceaba al ritmo que Hyun-jun le imponía.
—Por favor. Yo, yo-yo, quiero correrme. Por favor.
De nada servía liberar feromonas a raudales. A pesar de meterla y sacarla tan profundamente, solo rozaba el fondo a duras penas. A Jin-ha ya no le importaba nada. Solo quería entregarse a la sensación de tener la polla clavada hasta lo más profundo y dejar que su mente se quemara. Llorando y jadeando, Jin-ha finalmente bajó la mano con desesperación y agarró la mano de Hyun-jun, que le estaba frotando el orificio de la uretra.
—¿Por qué? Si te gusta que te toque.
A pesar de estar molestándolo, su tono de voz era cariñoso.
Jin-ha, ansioso, se llevó la mano de Hyun-jun a la boca. Rodeó sus dedos índice y corazón con los labios y los envolvió con la lengua. Succionaba los dedos haciendo ruido y frotaba entre ellos con la lengua.
Introdujo los dedos empapados en saliva profundo, cada vez más profundo. Como pidiendo que se la metiera así, los succionó hasta que pudo sentir el paladar blando. Cuando Hyun-jun dobló los dedos, frotó su velo del paladar. Incluso ese estímulo le hacía morir de impaciencia.
Ante los dedos que entraron como queriendo tocarle la campanilla, sintió una náusea fisiológica. Al tensar el cuerpo con un espasmo en la garganta, su zona íntima se contrajo y ordeñó el pene de Hyun-jun. Hyun-jun, que le daba palmaditas al Jin-ha que lloraba fuera de sí, dijo por fin como si lo hubiera entendido:
—Ah, ¿que quieres que te la meta profundo? Entendido.
Hyun-jun tiró de Jin-ha hacia sí sin sacar la mano. Como si lo de antes hubiera sido solo un juego, el glande presionó con precisión el fondo. Al mover la cadera con rapidez y saña, frotó la mucosa rugosa sin piedad. Ante ese placer como un rayo, a Jin-ha se le cortó la respiración.
Al mismo tiempo, los dedos en su boca presionaron su lengua. A la vez que su garganta se contraía, su vientre se hundió por la presión. Al retorcer la cadera con arcadas, el placer llegó al máximo. La saliva que no pudo tragar caía a gotas.
Sintiendo que perdía el sentido, intentó aguantar el estímulo agarrando con fuerza las sábanas, pero fue en vano. No era un estímulo que le quemara el cerebro en un instante, sino que parecía que todos sus nervios estaban siendo diseccionados.
—¡Hic, haaa…ah! ¡Ahhh!
Fue un orgasmo largo, acorde al tiempo que lo había estado torturando. Todo su cuerpo se puso rígido y su interior se contrajo sin control. Esa sensación de caída infinita se convirtió en miedo y luego en un placer que paralizó sus sentidos. Tanto Hyun-jun, que lo abrazaba por la espalda, como el edredón húmedo sobre su piel, se convirtieron en estímulos insoportables.
Un líquido blanquecino brotaba a chorros por su pene que se agitaba. Debido al tiempo que lo había estado provocando, no fue una eyaculación normal, sino que un placer primario, como si estuviera orinando, le golpeó el cerebro.
Hyun-jun, que abrazó con fuerza a un Jin-ha que temblaba con espasmos sin poder respirar, soltó un gemido bajo al oído de Jin-ha. Incluso en medio del delirio del orgasmo, Jin-ha sintió perfectamente cómo la polla encajada en su interior latía desde la base hasta la punta mientras escupía el semen.
Incluso mientras derramaba el semen en sus paredes internas, Hyun-jun dio unas últimas estocadas ligeras. Jin-ha sentía que perdería la cordura ante ese placer cercano a la tortura.
—He, ug, ag…
A pesar de haberse corrido del todo hacía un momento, cada vez que Hyun-jun frotaba el fondo, seguía saliendo líquido por su uretra. Jin-ha ya ni siquiera sabía qué estaba expulsando. Solo después de eyacular hasta la última gota, Hyun-jun sacó los dedos que revolvían su boca. Solo entonces Jin-ha pudo volver a respirar, tosiendo ruidosamente y rompiendo a llorar.
—Ha, ag, ahhh…haa. Snif.
Intentando calmar su respiración, Jin-ha se limpió la cara hecha un desastre contra la almohada. Jadeaba como si hubiera corrido una maratón y le costaba recuperar el aliento.
Para tranquilizar al jadeante Jin-ha, Hyun-jun le acarició el cuerpo y le dio besos incesantes en el cuello y el hombro. Siguió acariciando el cuerpo de Jin-ha hasta que se relajó contra su pecho y, como disfrutando del post-coito, movió la cadera lentamente sin sacarla. Sintió el eco del orgasmo mientras movía la polla para extender el semen en su interior.
—Si tantas ganas tenías, me habrías despertado.
—Te llamé pero no te despertabas. Pensé que ya te despertarías mientras lo hacíamos…
Aunque por supuesto también había un poco de intención de tomarle el pelo, no esperaba que Hyun-jun se vengara acosándolo de forma tan persistente. Realmente, cuando no está del todo despierto, es un poco bruto… Mientras pensaba esto acariciándose la garganta, Jin-ha volvió a entrecerrar los ojos con molestia.
—Oye, que yo también tengo cosas que decir.
Intentó incorporarse para pedirle explicaciones por lo de anoche, pero como aún estaban conectados, solo pudo girar un poco el torso. Al bajar un poco el edredón que cubría su hombro, sintió escalofríos cuando el sudor empapado se enfrió. Hyun-jun volvió a subirle el edredón, que estaba cargado de humedad y empapado en feromonas, y le indicó con la mirada que siguiera hablando.
—¿Qué pasó ayer? Yo lo tenía todo preparado y te esperé, pero estuviste en la ducha como si fuera el fin del mundo. Me quedé dormido de tanto esperar. Y si ves que me quedo frito, deberías despertarme, ¿no? ¡Yo estaba durmiendo solo con el albornoz y tú te habías puesto el pijama de arriba abajo! Ah, y también llevabas calzoncillos, ¿verdad?
—Ah… lo de ayer.
Hyun-jun desvió la mirada con incomodidad. Al verlo titubear, estaba claro que ocultaba algo.
—Haciéndote el caballero tú solo. Deberías haber mostrado al menos la voluntad de empalmarte y meterla mientras yo dormía, como hice yo. Mira estas feromonas. Soy yo y aguanto, pero si a otro le caen encima le da un shock de ciclo. No entiendo que te contengas así y no hagas nada.
Con esos ojos rasgados mirándolo con reproche, parecía el mismo mensajero de la muerte. Hyun-jun no podía rebatirle nada mientras Jin-ha lo interrogaba como una metralleta sujetándose el cuello, que aún le hormigueaba por las embestidas. Finalmente, Hyun-jun confesó la verdad.
—Sabía perfectamente lo que esperabas ayer.
—¿Y entonces?
—Al pensar que hacía mucho que no lo hacíamos, de repente me entraron muchísimas ganas… Pensé que si lo hacía con prisas no estaría bien, así que mientras me duchaba, me hice una yo primero…
—¿Qué has dicho?
El grito agudo golpeó sus tímpanos de lleno. Sabía que se enfadaría, pero ese rugido superó sus expectativas; sintió que los oídos le iban a estallar. Como Jin-ha había gritado poniendo toda la fuerza en su abdomen, sus paredes internas también se contrajeron con fuerza, haciendo que la polla de Hyun-jun estuviera a punto de explotar junto con ellas.
—¿Te hiciste una tú primero? ¿¡Te hiciste una tú primeeeeero!? ¿Me estás diciendo que, sabiendo perfectamente que yo te estaba esperando, te corriste tú solo?
—Lo hice porque temía lanzarme sobre ti demasiado desesperado. Jin, Jin-ha, relájate un poco, ag…
Hyun-jun se encogió soltando un quejido. ¿De verdad le dolía? Pero entonces, ¿por qué se le ponía más grande? Como si no hubiera eyaculado antes, su pene recuperó su forma sólida y ganó volumen. Mientras Jin-ha dudaba entre si darle un golpe o no por tenerla tan tiesa cuando él estaba furioso, Hyun-jun le susurró una disculpa.
—Quería hacerlo durante mucho tiempo contigo, pero me preocupaba que si lo hacía a mi manera, tú no quedaras satisfecho. Yo también te he esperado tanto como tú, no, incluso más que tú, pero no quería hacerlo con prisas, como si me estuvieran persiguiendo.
Con los labios pegados a su oreja, no dejaba de susurrarle, provocando que Jin-ha encogiera el cuello por la sensación de cosquilleo. Aun así, Jin-ha se mantuvo firme en su rabieta.
—¿Y por qué no me despertaste? Aunque te hubieras corrido una vez, no habrías tardado tanto. ¿Y por qué te vestiste? Ahora soy el único pervertido que está aquí haciendo un show de desnudos.
—Dormías tan profundamente que no pude despertarte y, bueno… pensé que si nuestras pieles se tocaban, de verdad no podría contenerme.
—Vaya, pero qué santo nos ha salido.
Ante un Jin-ha atónito, Hyun-jun protestó diciendo que se pasó toda la noche debatiéndose entre si despertarlo o no, y que apenas acababa de conciliar el sueño. En resumen, que se había contenido hasta el límite.
—Vaya. De verdad, esto hiere mi orgullo. ¡Es cierto que siempre me canso y me duermo antes que tú! Pero eso es un problema aparte. No somos dos adolescentes con un amor platónico, estamos vinculados y casados, ¿cómo puedes hacerme esto?
Aunque ya estaba al borde del agotamiento, Jin-ha reunió las fuerzas que le quedaban y lanzó un puñetazo. Un lado del edredón se agitaba violentamente mientras golpeaba el muslo de Hyun-jun, que tenía sus piernas entrelazadas con las suyas.
Hyun-jun sabía, y Jin-ha también, que si el Hyun-jun de ayer se hubiera lanzado sobre él, Jin-ha habría terminado exprimido hasta la última gota llorando y suplicando que parara. Pero ayer era un día en el que eso estaba permitido. El plan de Jin-ha, que estaba más que dispuesto a dejarse llevar aunque no pudiera ganar, se fue al traste porque Hyun-jun decidió ir de caballero decente. Jin-ha incluso resoplaba de la rabia.
—Entiendo que lo hiciste pensando en mí, claro. Pero lo que digo es que el método fue incorrecto. ¿Por qué te corres tú solo? Como mínimo, deberías haberlo hecho delante de mí. ¿Sabes o no lo mucho que me gusta tu cara cuando te corres? El mayor problema es que no me dejaste ver eso. ¿Te enteras?
Al escucharlo, el contenido de la queja resultaba un poco extraño. Hyun-jun, que aceptaba el enfado mientras reflexionaba, levantó la cabeza de repente.
Se quedó observándolo de reojo, pensando si Jin-ha decía eso solo porque se sentía mal por haberse enfadado tanto, pero Jin-ha tenía la expresión de un niño al que le han robado la cesta de caramelos. Estaba genuinamente malhumorado y parecía lamentar de verdad no haber podido ver a Hyun-jun masturbándose.
Aunque estaba desconcertado, como ese parecía ser el punto del enfado, Hyun-jun retiró la cadera con cuidado para calmar la indignación de Jin-ha.
—Ese… ¿Entonces quieres que lo haga ahora?
Se preguntaba si mostrarle cómo se corría calmaría su furia. No esperaba tener que masturbarse al amanecer, cuando ni siquiera había salido el sol, pero parecía que era la única forma de que Jin-ha se tranquilizara. Además, era una tortura quedarse quieto con su parte más sensible enterrada en esas paredes internas que lo masajeaban como si quisieran cortarlo.
Sintiendo cómo el pene se salía lentamente, Jin-ha volvió a lanzar un puñetazo. Esta vez debió de ser en serio, porque el muslo recibió un golpe seco que dolió de verdad. Escucha a la gente hasta el final. Jin-ha, con la voz grave, sentenció solemnemente:
—Paga este pecado con tu cuerpo. Tienes que hacerlo tanto como queríamos hacerlo ayer.
En lugar de responder, Hyun-jun le mordió ligeramente el pabellón de la oreja y deslizó sus labios hacia abajo. Clavó los dientes suavemente en su glándula de feromonas, detrás de la oreja, y sus aromas estallaron de golpe. Empujado por las embestidas de Hyun-jun, Jin-ha terminó tumbado boca abajo. Hyun-jun apoyó sus brazos a ambos lados de los hombros de un Jin-ha que estaba completamente postrado.
—Uuuhm… Sí…
Ante el estímulo que se acumulaba fielmente, Jin-ha, con los ojos enrojecidos de tanto llorar, soltó un quejido de placer. Hyun-jun, que movía la cadera como comprobando si Jin-ha sentía bien el contacto, le preguntó como si lo hubiera olvidado:
—¿Cambiamos de postura?
—Mmmm-hmmm.
—Dijiste que querías ver mi cara cuando me corro.
—Eso para la próxima.
Ahora solo hazlo fuerte. El último murmullo quedó enterrado en la almohada, pero Hyun-jun pareció entenderlo perfectamente.
***
Hyun-jun cumplió con todo lo que Jin-ha le pidió. Como le pidió que lo hiciera fuerte, lo embistió hasta el punto de dejarle marcas en el bajo vientre, y como dijo que quería ver su cara al correrse, también lo hicieron en la postura del misionero. Jin-ha, que había cruzado el umbral del clímax varias veces durante ese tiempo, estaba a punto de desmayarse del cansancio.
Completamente agotado, Jin-ha solo dio un respingo con las piernas cuando Hyun-jun sacó su pene, pero no tenía fuerzas ni para hablar. Hyun-jun, posicionándose sobre el cuerpo de Jin-ha que yacía desparramado, puso la mano sobre su propia parte íntima, que seguía todavía bien erguida.
Como Jin-ha había dicho que le daba pena no haberlo visto hacerlo solo anoche, tenía la intención de aliviar también ese resentimiento. Con una mirada densa que recorría a Jin-ha minuciosamente como si lo estuviera analizando, Hyun-jun movió la muñeca. Su mano, desordenada por todo tipo de fluidos corporales, producía un sonido húmedo al rozar contra el tronco.
Hyun-jun, moviendo la mano con brusquedad como si su único objetivo fuera alcanzar la eyaculación, apretó los dientes. Un líquido blanquecino saltó desde el glande enrojecido. El semen, que salió disparado con una fuerza increíble para alguien que ya se había corrido varias veces, cayó sobre el vientre y el pecho de Jin-ha. También cayó una gota sobre la lengua de Jin-ha, que asomaba ligeramente entre sus labios entreabiertos, y resbaló por su barbilla. Jin-ha le dirigió ahora una mirada que rozaba el espanto.
—Por muy pervertido que yo sea, no puedo alcanzarte, cariño…
Recoger y limpiar a un Jin-ha que ya estaba lánguido y agotado a pesar de no llevar mucho tiempo despierto también fue tarea de Hyun-jun. Tras cargar en brazos a un Jin-ha cuyas piernas habían perdido toda la fuerza, lavarlo meticulosamente y ponerle el pijama a juego con el suyo, lo acomodó en el sillón reclinable y retiró las sábanas que estaban hechas un desastre. Al final, la lavadora tuvo que trabajar duro hoy también.
—Ah… qué agujetas.
Aunque exageraba diciendo que le dolía todo el cuerpo, el rostro de Jin-ha brillaba más que nunca. A pesar de quejarse de que se moría, sus ojos estaban chispeantes y llenos de vitalidad.
—De verdad, el estrés se ha esfumado por completo.
Haber liberado las feromonas acumuladas y, además, haber saciado todos los deseos reprimidos durante ese tiempo, hacía que todo en el mundo pareciera maravilloso. El trabajo atroz que lo había atormentado hasta ayer, e incluso el persistente interés de los que le rodeaban, parecían poca cosa comparados con ese orgasmo que le hacía evaporar el juicio.
Esto me gusta. Jin-ha estaba más que satisfecho con este nuevo método para aliviar el estrés.
—Dame el móvil, cariño.
—Aquí tienes.
—Pidamos algo de comer. No creo que esté bien pedirte que cocines después de todo lo que has hecho.
Hyun-jun, que se había encargado de recoger todo en lugar de Jin-ha vistiendo apenas el pantalón, no había tenido tiempo ni de sentarse. Jin-ha se relamió los labios al ver los músculos de la espalda de Hyun-jun mientras este abría la ventana para ventilar la habitación llena de feromonas y rociaba ambientador.
—¿Hay algo que quieras comer? Si no eliges, pido sopa con arroz, ¿eh?
—Sí. Haz eso.
Una sopa de cerdo para mí. Como a él no le gusta lo que huele a pescado, una sopa de abadejo para él. Tras terminar de hacer el pedido con diligencia, Jin-ha esbozó una sonrisa maliciosa a espaldas de Hyun-jun.
Son las 10 de la mañana. Llenaré bien el estómago, descansaré un poco y luego lo haremos otra vez. Jin-ha tenía la total confianza de que pasaría el día de hoy de forma muy productiva.
Raw: Ruth Meira.
Traducción: Ruth Meira.
Probando si ya puedo comentar
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