Romance no romántico 12

Return 0.


—¿Esto es todo lo que tienes? Son menos cosas de las que pensaba.


—Es porque mi apartamento era un full option. Además, ya había traído bastantes cosas la última vez.


La mudanza se llevó a cabo sin contratiempos. Debido a su personalidad, a la que le molestaba cualquier complicación, no tenía muchos objetos en casa y, además, ya había traído una maleta llena de ropa la vez anterior. Para ser el día de la mudanza, con unas cuantas cajas fue más que suficiente.


Aprovechando que se instalaba definitivamente en casa de Hyun-jun, Jin-ha vendió todos los trastos innecesarios en el mercado de segunda mano. El extracto de cereza ácida que tenía arrumbado en casa se lo repartió a sus compañeros de la oficina. Lo único que quedaba era la cafetera que reposaba solitaria en un rincón de la cocina.


—Ah, no tires eso. Tengo a alguien específico a quien dársela.


Naturalmente, el destinatario era Kim Dong-woo.


—Gracias por haberme suministrado cápsulas todo este tiempo. Úsala mucho a partir de ahora.


—Eh, sí, claro…


Como si estuviera haciendo entrega de algo grandioso, Jin-ha le tendió la cafetera con rostro solemne. También le devolvió las cápsulas que Dong-woo había comprado en grandes cantidades.


Si se pensaba bien, era un objeto con mucha historia. Al trabajar como desarrollador e ingerir café a raudales, la había comprado porque, si no tomaba café los fines de semana, sentía que la cabeza le estallaría de dolor. Dong-woo, que sufría los mismos síntomas, se había ofrecido voluntario para suministrar las cápsulas con tal de que le dejara usar la máquina.


Y, debido a esta cafetera, al irrumpir un día para tomarse un café, acabó abriendo la caja de Pandora y recibiendo un impacto tremendo. Dong-woo miró alternativamente la máquina de cápsulas y a Jin-ha con una mirada llena de sentimientos complejos.


—¿Por qué? ¿Ya te compraste una nueva?


—No. No es eso. Gracias, la usaré bien.


A Dong-woo le resultó extraño ver a Jin-ha con esa sonrisa de oreja a oreja, así que se rascó la mejilla sin motivo.


¿Acaso mi amigo era alguien que sabía sonreír de esa manera? Para Dong-woo, que estaba acostumbrado a verlo consumido por el cansancio de las horas extras o mandando a la mierda a todo el mundo con cara de haber perdido la fe en la humanidad, aquella era una imagen un tanto inusual.


—En fin, me voy. Nos vemos en la empresa.


Independientemente de si su amigo se ponía melancólico sintiendo que estaba casando a un hijo, Jin-ha simplemente estaba emocionado con la idea de mudarse. Aunque la intrusión de Kim Dong-woo, el autoproclamado ladrón de café, le dio un susto en su momento, al final terminaron vinculados y viviendo juntos. De alguna manera, el despistado de Kim Dong-woo incluso ayudó un poquito en este romance.


Como se suele decir, todos los caminos llevan a Roma. Fiel a su visión de desarrollador, Jin-ha tarareó una canción pensando que todo lo que bien acaba, bien está. Lo importante empezaba ahora.


—Esta habitación es mía. Me la pido.


—Llevaré las cajas hacia allá.


Entrando oficialmente y con gran pompa en casa de Hyun-jun cargando una caja azul de mudanza, Jin-ha exploró primero el lugar donde estirar las piernas. Era la habitación que le había echado el ojo desde el día que decidió mudarse. Hyun-jun trasladó el equipaje sin decir ni una palabra.


En la grande y espaciosa casa de Hyun-jun, por supuesto, había habitaciones vacías. Entre ellas, la habitación amplia, ventilada y con un ventanal desde el que se veía el río Han se convirtió en el estudio de Jin-ha. Todo tipo de libros de programación que estaban guardados en las cajas y su equipo para teletrabajar llenaron el cuarto.


—¡Listo! Buen trabajo.


Tras organizar incluso la ropa, la mudanza terminó. Jin-ha recorrió la casa con rostro orgulloso.


La primera vez que vino a casa de Hyun-jun, el lugar, impregnado sutilmente de sus feromonas, le pareció un poco frío. Lleno de colores acromáticos, todo estaba perfectamente alineado y no se sentía rastro de calidez humana.


Pero ahora es diferente. En la habitación de Jin-ha, los libros de desarrollo y sus trastos están colocados de forma desordenada, y en el vestidor, la proporción de la colección de cuadros de Jin-ha ha aumentado. Sobre la cama de diseño moderno, ahora reposan cojines de personajes, que son el gusto de Jin-ha.


Y hasta las feromonas parecieron encontrar su sitio y se fundieron con naturalidad. Como si en un bosque frondoso colgaran frutos dulces, las feromonas de ambos se armonizaron orgánicamente. Esa asimilación natural de las feromonas era lo que más le gustaba a Jin-ha.


—Debes de estar cansado, acuéstate temprano hoy.


—Un ratito más.


Al pensar que no era una estancia temporal, sino la casa donde vivirían juntos, le invadió una emoción nueva. Jin-ha andorreaba por todos los rincones de la casa como un cachorrillo. Como le gustaba dejar su rastro, incluso liberó sus feromonas de forma disimulada.


Tras dar vueltas como si estuviera marcando el territorio, Jin-ha se detuvo en el salón. El amplio sofá y la gran televisión, la alfombra en el suelo y la mesa de centro sobre ella; era la definición de lo moderno.


—Mmm… Por fin ha llegado el momento.


Jin-ha murmuró como si hubiera tomado una decisión.


—Es hora de cerrar la cuenta bancaria.



***



Voy a decorar un poco el salón. Ante lo que fue casi una notificación, Hyun-jun no le dio mucha importancia. Para él, las excentricidades de Jin-ha ya eran como un evento entretenido. Incluso sentía una ligera curiosidad por ver qué clase de lío iba a armar esta vez.


Sin embargo, no esperaba que lo hiciera en un secreto tan absoluto. Jin-ha se encerraba en el estudio a buscar algo con fervor y, en cuanto Hyun-jun se acercaba, cerraba la ventana del navegador a toda prisa y fingía estar en otra cosa.


—¿Qué demonios piensas hacer que ni siquiera me lo cuentas?


—¡Que esperes! La bendición llega para los que saben esperar.


¿Qué cosa tan monumental planeaba para armar tanto revuelo? Hyun-jun, incapaz de contener la curiosidad, preguntó y solo recibió un reproche por su falta de paciencia. Jin-ha lo empujó por la espalda asegurando que tenía todo bajo control.


Y la identidad de ese misterio se reveló poco después.


—¡Tachán! ¿A que es increíble? ¿A que mola un montón?


—……


Lo que recibió a Hyun-jun al volver del trabajo fue un equipo de VR y un set completo de altavoces para cine en casa. A ambos lados de la televisión que estaba ahí más por cortesía que por uso real había un total de seis altavoces. Dentro de la pantalla de 86 pulgadas, unos zombis de gráficos hiperrealistas corrían desenfrenados.


—¿Qué te parece? El sonido es brutal.


Justo en ese momento, un zombi en la televisión lanzó un alarido. El grito agudo resonó con potencia a través de los altavoces de 5.1 canales. Hyun-jun se quedó petrificado en medio del salón. Ante aquel paisaje inimaginable, sintió que la vista se le nublaba.


—Ah… Esto es como un sueño hecho realidad.


—…Para mí también lo es.


Era cierto que tenía curiosidad por ver qué locura haría. Hyun-jun había esperado, como mucho, un evento algo disparatado pero ligeramente romántico, acorde a la personalidad de Jin-ha. Pero el plan que este había diseñado incluso pidiendo días de vacaciones superó con creces sus expectativas. La casa silenciosa y monocromática se había convertido en un instante en el set de una película de zombis.


—¿Qué tal? Lo he montado todo recordando nuestra primera cita.


Aquel lugar al que Hyun-jun lo llevó tras pensarlo mucho como primera cita fue una cafetería de VR. Incluso allí, Jin-ha se tomó muy en serio el juego de zombis. Aunque seguramente no lo compró solo por eso, esa sonrisa llena de confianza rebosaba de una clara intención de tomarle el pelo a Hyun-jun.


Hyun-jun se acercó a grandes zancadas y abrazó a Jin-ha. Jin-ha, que esperaba una reacción de desconcierto, terminó atrapado entre sus brazos por sorpresa y solo pudo parpadear.


¿A qué viene esto de repente? Aunque sorprendido por la acción inesperada, Jin-ha correspondió al abrazo. Al frotar su frente contra el hombro de Hyun-jun, sintió que sus feromonas empezaban a filtrarse sutilmente. Hyun-jun le susurró seriamente al oído.


—¿Puedo volver a pedir aquel deseo que fue ignorado?


—¿Cómo que ignorado? Si te cumplí el deseo.


—Me refiero a lo otro.


La puerta que él mismo había destrozado con un martillo ya había sido reemplazada por una nueva. Por supuesto, no olvidó ponerle un pomo mucho más resistente. Jin-ha, que se quejaba de si realmente era necesaria una puerta en el dormitorio, tomó la llave y la escondió en algún lugar de su estudio. Era una expresión de su firme voluntad de no dejarlo solo jamás cuando llegara su ciclo.


—Te escucharé. ¿Qué es?


—Que juegues a los zombis solo de vez en cuando.


—¿De vez en cuando cuánto? ¿De vez en cuando a menudo? ¿De vez en cuando siempre?


Ante la debilidad de Hyun-jun, Jin-ha se creció. Estaba esperando esta reacción. El momento en que este hombre, que parecía no sangrar ni aunque lo pincharan, se volvía blando solo frente a él.


Ver las diversas expresiones de Hyun-jun era el pasatiempo reciente de Jin-ha. Como si le resultara divertidísimo, Jin-ha liberó sus feromonas mientras seguía burlándose.


—Con lo que me ha costado decidirme a comprarlo, sería un desperdicio usarlo poco. Sabes que me encantan los juegos de zombis. Esto es de importación y ha sido carísimo. Y la instalación se paga aparte. En serio, el sonido es una pasada.


—Jin-ha, por favor.


Ante el uso repentino de su nombre, Jin-ha cerró la boca al instante. ¿Cómo podía atacarlo así con ese apelativo para que no pudiera ni replicar, solo porque lo estaba vacilando un poco? A pesar de que seguía sin acostumbrarse, ese nombre le hacía sentir mariposas y un cosquilleo cada vez que lo oía, así que Jin-ha cedió como si no tuviera otra opción.


—Mmm… Qué remedio. Tendré que hacerlo solo de vez en cuando. Y eso que lo compré incluso cerrando mi cuenta de contrato de asesinato, es una lástima.


—¿Has cerrado la cuenta?


—Sí. Total, ya no la voy a usar para nada… Ah, espera. Ah…


En un instante, sus labios se solaparon. Una lengua invadió bruscamente el espacio entre ellos. Mientras Jin-ha forcejeaba sorprendido, sus pies retrocedieron poco a poco. Perdió el juicio por completo debido a esa masa de carne que removía y frotaba el interior de su boca.


Jin-ha, que terminó sentado de golpe al ser empujado hasta el sofá, levantó la vista hacia Hyun-jun jadeando con dificultad. ¿Qué clase de desarrollo es este? Hace un momento estaban en un parque temático de zombis y ahora el lugar se llenaba de feromonas densas y sensuales.


Hyun-jun, tras aflojarse la corbata con una mano, se posicionó sobre Jin-ha. Al ver la expresión de desconcierto de Jin-ha tan adorable, le dio un beso corto y sonrió con picardía.


—Estaba esperando a que cerraras esa cuenta.


—¿Por… por qué? Si ya nos hemos vinculado, realmente no tenía intención de usarla.


—Me hacía sentir mal todo el tiempo, porque era la prueba de que te había hecho enfadar. También me sentía culpable al pensar que me habías odiado tanto como para querer matarme.


Hubo un tiempo en el que, efectivamente, Jin-ha rabiaba deseando matar a Cha Hyun-jun. Jin-ha recordó brevemente su pasado, cuando soltaba puñetazos al aire en la azotea para calmar su ira.


Había jurado con rencor que ahorraría dinero para cortarle el cuello, pero al final terminaron vinculados, confiándose el cuello el uno al otro. Realmente la vida era impredecible.


—Si la has cerrado, será porque ya no tienes motivos para enfadarte conmigo. Por lo tanto.


La mano de Hyun-jun se coló de repente bajo su ropa. Sus yemas ordenadas acariciaron su cintura subiendo rítmicamente hasta rozar un punto sensible. Jin-ha retorció el cuerpo ante la aguda sensación.


—Entenderé que esto significa que puedo hacerte estas cosas.


—Oye, tú…


Maldito astuto. El gruñido de Jin-ha fue devorado rápidamente por los labios de Hyun-jun.



***



—No puedo caminar…


—Te llevaré a la cama.


Al final, el sofá le succionó hasta la última gota de energía. Por muy caro que fuera aquel sofá reclinable, no se comparaba con la cama. Debido a que Hyun-jun se había abalanzado sobre él sin tregua, Jin-ha terminó todo arrugado y con el cuerpo dolorido. Fue un alivio que terminara tras una sola vez.


Incluso mientras lo llevaba en brazos, Hyun-jun seguía uniendo sus labios como si le costara contenerse. Tras acostarlo con cuidado en la cama, se dedicó a masajear suavemente sus músculos rígidos y tensos para relajarlos. Jin-ha le lanzó una mirada de reproche ante aquella actitud de darle una de cal y otra de arena.


—Desde luego, eres un astuto. ¿Eh? Cuando dijiste que habías esperado a que cerrara la cuenta, pensé que tenías una razón de peso.


Hyun-jun se limitó a sonreír sin responder, lo que hizo que Jin-ha bufara aún más irritado. Si me quedara aunque fuera un poco más de fuerza, le daría un buen capón a Cha Hyun-jun.


Mientras hacía pucheros, Hyun-jun limpió su cuerpo con una toalla tibia y le arregló el pelo revuelto. Luego, trajo algo familiar de la cocina. Lo que más necesitaba Jin-ha en este momento: ginseng rojo.


—Tómalo.


Jin-ha lo aceptó como quien no quiere la cosa. Sentía que necesitaba apoyarse al menos en los suplementos para que su cuerpo mejorara. Aunque había reducido el número de vitaminas a regañadientes, su voluntad de mantener la salud sin esfuerzo seguía intacta.


Mientras Hyun-jun salía a recoger la ropa tirada en el salón, Jin-ha tomó rápidamente su teléfono. Apareció la familiar pantalla de carga de la aplicación del banco.


¡Ding!


[1577-xxxx


Seo Jin-ha ha transferido 11.010 wones a la cuenta “Definitivamente me vengare”.]


—Al fin y al cabo, crear una cuenta es pan comido.


Si se mira de lado, los números 11.010 parecen formar la palabra ‘Hmph’. Jin-ha juró que depositaría dinero cada vez que Hyun-jun fuera tan odioso que le dieran ganas de darle un puño. El dinero volvería a acumularse poco a poco en esta cuenta.


Toda actualización conlleva un mantenimiento. La gestión de un sistema ya construido no siempre es fluida y, a veces, hay que luchar contra los errores. Para que un servicio funcione correctamente, se requiere un esfuerzo inmenso.


Jin-ha estaba preparado para aceptar esta actualización de por vida. Hyun-jun seguramente también lo estaba. Tiene la confianza de corregir cualquier código de error que aparezca en el camino. Porque esta integración de servicios no es algo que tenga que liderar él solo.


FIN.



Raw: Ruth Meira.

Traducción: Ruth Meira.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Bang bang 10

Complejo de Rapunzel 1

Winterfield 9