A Moderate Loss extra 3
Una nueva familia.
Eun-soo y Do-kwon estaban sentados en un restaurante coreano al que solían ir. Do-kwon había hecho una reserva días antes, así que la comida se sirvió tan pronto como se sentaron.
El camarero dejó la última olla humeante de sinseollo en el centro de la mesa. Se inclinó para irse, pero Do-kwon le pidió que le trajera unos palillos de madera para Eun-soo. Las cucharas y los palillos de metal coreanos eran muy pesados.
Gracias a su tratamiento constante, la muñeca de Eun-soo había mejorado bastante. No estaba lo suficientemente fuerte como para trabajar en un almacén de paquetería, pero podía hacer la mayoría de las cosas sin problema. A pesar de eso, Do-kwon siempre pedía palillos de madera en los restaurantes. A veces, incluso los llevaba en el bolsillo interior de su traje.
A Eun-soo le había parecido divertidísimo la primera vez que vio unos palillos de madera salir del bolsillo de un traje que costaba varios millones de wones.
El camarero le trajo los palillos amablemente. Do-kwon los partió por la mitad y se los puso a Eun-soo. Luego, le sirvió un plato de sinseollo, escogiendo sus ingredientes favoritos.
—Come.
—Gracias.
Eun-soo tomó su cuchara lentamente y probó la sopa. Luego, tomó una gran cucharada de arroz con champiñones y castañas. Y por último, agarró cualquier acompañamiento que tuviera delante.
Pero por alguna razón…no tenía apetito. No había comido nada desde la noche anterior. Pero el arroz que pasaba por su garganta se sentía como plástico. Eun-soo masticó lentamente. No quería atragantarse.
Comieron en silencio. Normalmente hablaban de la comida, de sus vidas o del trabajo, pero Do-kwon y Eun-soo se mantuvieron callados.
Cuando Eun-soo se acercó a un plato de abulones, miró a Do-kwon.
—¿...Do-kwon?
—…—
—Do-kwon, ¿por qué lloras?
Do-kwon estaba llorando. Los ojos de Eun-soo se abrieron de par en par. Do-kwon tenía la cabeza gacha, y las lágrimas le caían en silencio. No se había dado cuenta. Eun-soo, sorprendido, dejó sus palillos y se sentó al lado de Do-kwon.
—¿Por qué lloras, Do-kwon?
—Eun-soo…
Do-kwon lo miró con los ojos rojos. Una gruesa lágrima le rodó por la mejilla. Eun-soo la limpió suavemente. Do-kwon agarró la mano de Eun-soo y se acurrucó en su palma.
—Estoy muy feliz, muy feliz…
—…
—Gracias. Gracias, Eun-soo.
Do-kwon seguía dando las gracias y llorando. Sus ojos estaban llorosos, pero su boca sonreía.
Eun-soo suspiró levemente. Se puso de rodillas y lo abrazó. Do-kwon lo abrazó con fuerza, como si hubiera estado esperando ese momento.
Eun-soo estaba tratando de consolarlo, pero Do-kwon lo abrazó más fuerte y lloró más. Eun-soo le acarició la espalda.
Eun-soo sabía por qué Do-kwon estaba llorando. Antes de ir al restaurante, habían ido al obstetra. El mismo lugar al que solían ir.
La médica les había confirmado el embarazo, diciendo con voz calmada: “Felicidades. Tres semanas de embarazo.” La frase fue corta y simple, pero el impacto fue enorme. Do-kwon y Eun-soo se quedaron sin aliento. Sus ojos se abrieron, y sus bocas se abrieron de par en par.
Lo habían esperado, pero al mismo tiempo, fue una sorpresa.
Los dos escucharon aturdidos las advertencias de la médica. Que Eun-soo tenía que tener cuidado porque ya había tenido un aborto espontáneo. Y que no se le ocurriera tomar supresores de feromonas.
Los dos salieron del hospital tomados de la mano. En el camino al restaurante, nadie dijo una palabra. Simplemente estaban conmovidos por el milagro. Se imaginaron un futuro con tres personas, y sonreían al pensar en la pequeña mano que tendrían en diez meses.
Pero para Do-kwon, no era solo conmoción. Estaba llorando mientras comía.
Después, Do-kwon repitió sin cesar que está tan feliz, gracias y que lo hará bien. Eun-soo se rió en silencio y le dio palmaditas en la espalda.
Do-kwon dejó de llorar cuando la comida se enfrió. Eun-soo sonrió. Un hombre que llora de felicidad porque va a tener un bebé. ¿No es adorable?
Pensó en cuando Bom vino a sus vidas, y se sintió un poco triste. Pero se recuperó rápidamente.
—Lo siento. Tienes que…comer…
Do-kwon habló mientras trataba de recuperar el aliento. Eun-soo se rió y le limpió los ojos.
—Está bien. Puedo comer ahora.
Eun-soo se limpió las lágrimas de la barbilla de Do-kwon y se levantó para volver a su asiento. Pero Do-kwon lo agarró de la muñeca.
—Come aquí.
—¿Aquí?
—Sí. A mi lado. No quiero que te vayas.
Do-kwon acercó un cojín que estaba lejos.
—Pero si solo es el asiento de enfrente…
Eun-soo murmuró, pero Do-kwon lo agarró de los muslos y las rodillas. Cuando el cuerpo de Eun-soo se inclinó, un largo brazo lo rodeó y lo sentó con cuidado a su lado. El cuerpo de Eun-soo se levantó y bajó. Fue muy suave, como si lo hubieran puesto en un columpio.
Eun-soo parpadeó.
De verdad… ¿De dónde saca…tanta…fuerza…?
La fuerza de Do-kwon siempre lo sorprendía. Era asombroso cómo podía voltearlo en la cama con una sola mano, pero era aún más impactante cuando usaba esa fuerza en la vida cotidiana.
A veces, pensaba que era un error que Do-kwon trabajara en una oficina. Debería haber ido a los Juegos Olímpicos. Sería un héroe nacional. Esas eran sus ideas.
Mientras Eun-soo estaba distraído, Do-kwon trajo sus utensilios. Le pidió al camarero que calentara la sopa. Luego, limpió con cuidado las espinas de un pescado asado y puso un trozo de carne en el plato de arroz de Eun-soo.
—Come rápido. No has comido desde esta mañana.
—Ah…sí…
Eun-soo, todavía sorprendido, tomó sus palillos lentamente. El pescado salado y jugoso estaba delicioso. De repente, sintió un hambre inmensa. También estaba feliz y emocionado por la noticia, pero ahora su apetito se disparó. Parece que calmar a Do-kwon también lo había calmado a él.
Justo cuando Eun-soo terminaba de masticar, Do-kwon le sirvió un plato de abulones guisados. Eun-soo se le iluminaron los ojos y se comió uno al instante. El sonido crujiente del abulón le hizo sonreír.
Do-kwon lo miró con una sonrisa satisfecha. Y movió su cojín más cerca de Eun-soo. Estaban tan cerca que sus brazos se tocaban cada vez que tomaban algo con los palillos.
Eun-soo se dio cuenta de su juego, pero no dijo nada. Le pareció adorable. Su esposo tratando de estar lo más cerca posible de él. Un esposo que pensaba que el asiento de enfrente estaba demasiado lejos. Demasiado lindo.
Cuando Eun-soo se terminó los abulones y la carne. El galbi-jjim, la sopa de algas con erizo, y el sinseollo llegaron. El camarero se detuvo un segundo al ver a Eun-soo y Do-kwon tan pegados, pero continuó con su trabajo.
—Come bien.
Do-kwon le puso el plato de galbi-jjim en frente. Eun-soo asintió y tomó un trozo de galbi.
—Sí, no te preocupes. Soy bueno comiendo.
Do-kwon soltó una carcajada. Eun-soo se metió un gran trozo de galbi en la boca. Sus mejillas se redondearon. Do-kwon no pudo resistirse y le dio un par de besos en la mejilla.
Mientras Do-kwon pagaba, Eun-soo se tomó un cacao de una máquina expendedora. El olor a cacao espeso y dulce era celestial. Pero después de dos sorbos, la mitad del vaso ya estaba vacío.
Eun-soo suspiró y miró la máquina. Uno no era suficiente. Dos tampoco. Y no tenía suficientes manos para tomar tres. Era un problema.
Se terminó el vaso. Se mordió los labios con tristeza, cuando Do-kwon se le acercó.
—¿Quieres un cacao?
Eun-soo asintió. Do-kwon miró a su alrededor.
—Hay una cafetería cerca…
—No, esto. Quiero esto. Esto.
Eun-soo apuntó a la máquina expendedora, repitiendo la palabra esto tres veces. Quería ese cacao. El cacao de 300 wones. El que sabía a leche en polvo. Ese cacao dulce y un poco agrio.
La cara de Do-kwon se puso seria. Sabía que un vasito de papel no sería suficiente. Do-kwon le compró otro cacao y se lo dio.
—Espérame un segundo.
Y Do-kwon se alejó. Eun-soo se sentó en una silla de plástico, tomando su cacao.
Do-kwon regresó en menos de tres minutos. En su mano, un vaso grande de café. Estaba blanco y limpio, como si fuera nuevo.
Eun-soo lo miró con curiosidad. Se preguntó de dónde lo había sacado. Do-kwon puso una moneda en la máquina y dijo.
—Hay una pequeña cafetería al lado.
—¿La…compraste? ¿Una taza vacía?
—No podía pedir solo la taza, así que compré un café y no lo quise.
—¿En serio?
—¿Por qué no? Pedí cualquier café, el tamaño más grande, sin el café.
Eun-soo se rió a carcajadas. Do-kwon ignoró su risa, y puso el cacao en el vaso grande.
Eun-soo se moría de la risa. Se imaginó la cara seria de Do-kwon pidiendo un café, el más grande, sin café y la cara de la persona que lo escuchó. No podía parar de reír.
Después de un rato, Eun-soo se secó las lágrimas y le preguntó.
—¿Y te la vendieron sin más?
—No. Me preguntó para qué la quería.
—¿Y?
—Le dije que mi esposo embarazado quería tomar mucho cacao de la máquina expendedora. Y me la dio gratis. Es una buena persona.
Do-kwon frunció el ceño, pensando en la dueña de la cafetería con el pelo corto. Había pensado que tendría suerte si no pensaba que estaba loco. Pero la mujer le dio la taza con una sonrisa. Una persona maravillosa.
Eun-soo se paró al lado de Do-kwon. Él estaba sirviendo el tercer cacao. Le dio la taza pesada a Eun-soo. Eun-soo la tomó con ambas manos.
Sus palmas sintieron el calor. El calor del amor de Do-kwon y la amabilidad de la dueña. Eun-soo sonrió y miró a Do-kwon. Era tan lindo que hubiera ido a buscar una taza vacía solo para él.
—¿Quieres un beso?
Preguntó Eun-soo.
—Sí.
Do-kwon se inclinó de inmediato. Eun-soo se rió y se puso de puntillas. Le dio un beso en los labios. Y otro, y otro, y otro. Sabía que uno solo no sería suficiente. Do-kwon sonrió de oreja a oreja.
Se tomaron de la mano y se dirigieron al auto. Do-kwon se aseguró de que Eun-soo estuviera bien sentado en el asiento del copiloto, y que su cinturón de seguridad estuviera puesto antes de sentarse en el asiento del conductor.
—Antes de ir a casa, pasemos por los grandes almacenes.
—¿Por qué?
Eun-soo preguntó mientras tomaba su cacao.
—Tenemos que comprar vitaminas, suplementos y frutas.
Eun-soo gimió. Sabía que necesitaba vitaminas, ácido fólico y probióticos. Pero no le gustaba la idea de tomarlos. No tenían sabor, le llenaban el estómago de agua y las pastillas eran enormes.
Su cara se puso sombría. Do-kwon lo notó y se apresuró a añadir.
—Si estás cansado, puedo ir solo…
—No. Vamos juntos. Si no, comprarás toda la tienda.
Sabía que compraría todas las pastillas que le recomendaran. Y no una o dos botellas, sino cajas enteras. La idea de una montaña de pastillas le dio un escalofrío.
Do-kwon inclinó la cabeza, sin entender por qué no podía comprar cajas.
—Es mejor que no nos falte…
Eun-soo lo miró fijamente. Do-kwon se calló de inmediato.
La carretera de Seúl estaba un poco congestionada. El tráfico se detenía de vez en cuando. En esos momentos, Do-kwon tomaba la mano de Eun-soo. Le acariciaba el dorso de la mano con el pulgar, y besaba el anillo de boda.
Eun-soo sonrió por el afecto. Do-kwon le devolvió la sonrisa. Eun-soo se acordó de algo.
—Tengo que llamar a tu madre y a tu padre.
—Lo haré yo después.
—No, yo lo haré.
Eun-soo tomó el móvil de Do-kwon y marcó el número de Myung-hee. Sonó un par de veces, y luego se escuchó la voz de Myung-hee.
[—¿Hola, Do-kwon?]
—Mamá, soy Eun-soo.
[—Oh, Eun-soo. ¿Qué tal?]
—Acabo de regresar del obstetra.
[—Ah… ¿Sí?]
La voz de Myung-hee se apagó. Debió pensar que eran malas noticias. Eun-soo se apresuró a dar la buena noticia antes de que se preocupara más.
—Estoy embarazado. De tres semanas.
[—...]
Hubo un silencio. Eun-soo se mordió el labio. De repente, un grito rompió el silencio. Do-kwon y Eun-soo se rieron.
Myung-hee continuó gritando por un rato. Y luego se escuchó una voz familiar. Era Gi-ho.
[—¿Qué pasa? ¿Quién es?]
[—Es Eun-soo. Está embarazado, Eun-soo.]
[—¡Oh, Dios mío! ¡Oh, Dios mío!]
Se añadió otro alboroto. Myung-hee y Gi-ho se alegraron mucho y se turnaron para dar las gracias y felicitar a Eun-soo. Eun-soo les preguntó brevemente cómo estaban y continuó la conversación, diciéndoles que ahora mismo iban a los grandes almacenes con Do-kwon a comprar vitaminas.
El coche de Do-kwon entró en el aparcamiento de los grandes almacenes. Eun-soo iba a terminar la llamada, pero Myung-hee lo llamó.
[—Escucha… Eun-soo.]
—¿Sí, mamá?
[—Mira… Compré una casa…]
—¿Una casa?
[—Sí. Encontré una casa buena y la compré para cuando te quedaras embarazado. Tienes que comprar esas cosas con anticipación. Si no, no las encuentras. Las casas en los barrios buenos son difíciles de conseguir.]
—…
[—La casa en la que viven ahora tiene escaleras. No es muy buena para un bebé. Te será difícil subir las escaleras cuando estés a término. Y también es peligroso.]
—Ah…
[—Está en Yeoksam-dong, cerca de la empresa. Es espaciosa, tiene un patio. El barrio es tranquilo. Aún no está decorada. No me parecía bien decorar su casa. Y Eun-soo, tú lo harás más bonito.]
—…
[—¿Qué te parece si la ven…cuando tengan tiempo?]
Myung-hee fue amable y considerada. Era una oferta llena de amor. Eun-soo parpadeó un par de veces y luego sonrió.
—Me parece perfecto. Iremos la próxima semana. Gracias, mamá.
No había razón para negarse. Myung-hee tenía buen ojo y no habría elegido una casa cualquiera. Seguramente sería perfecta para un bebé. Además, una casa en Yeoksam-dong con un patio costaría cientos de millones de wones. Tenía que aceptarlo con los brazos abiertos.
Myung-hee estaba encantada con la respuesta y se despidió. El coche se detuvo en el aparcamiento. Do-kwon apagó el motor, y Eun-soo se quitó el cinturón.
—Wow, nos tocó la lotería. Cinco veces seguidas.
Do-kwon soltó una carcajada.
Do-kwon y Eun-soo compraron de todo en los grandes almacenes. Habían ido por vitaminas y frutas, pero la vida nunca va como uno quiere. Y no podían irse solo con eso. Así que compraron todo lo que se les antojó en el supermercado.
Compraron un pastel de terciopelo rojo, y también el resto de los éclairs de una famosa pastelería. Para ellos, y también para sus compañeros de trabajo. Para ganar su favor. Y también compraron yubuchobap, ravioles, una ensalada de ricota, y las nueces favoritas de Do-kwon.
Cuando llegaron a casa, Eun-soo corrió al árbol de Bom y lo regó, para decirle que iba a tener un hermano. Luego, se comió todo lo que habían comprado. Quizás era por el embarazo, pero podía comer más de lo normal.
Como siempre, Do-kwon se sentó a su lado, sirviéndole la comida con una sonrisa. Luego, le dio las vitaminas. Eun-soo las tomó obedientemente.
Después de limpiar, los dos se ducharon, se pusieron sus pijamas, y se encontraron en la sala. Eun-soo agarró una bolsa de nachos y se sentó en el sofá. Do-kwon lo siguió con salsa de queso y salsa.
Se recostaron en el sofá y vieron televisión. Los programas de variedades de los fines de semana eran ruidosos. Pero no les molestaba.
Eun-soo se rió y tomó un nacho. Do-kwon lo abrazó por detrás y puso la mano bajo su camisa. Y acarició su vientre plano. La idea de que su vientre crecería lo emocionaba. Se le hacía agua la boca.
Eun-soo veía la televisión, y Do-kwon veía el futuro. Era una noche de sábado tranquila y feliz.
A las once, los dos se cepillaron los dientes juntos. Y se acostaron.
Do-kwon puso su brazo detrás de la cabeza de Eun-soo como si fuera una almohada. Eun-soo se acurrucó contra el abdomen de Do-kwon y acarició sus músculos.
Do-kwon le acarició el hombro y el brazo, esperando a que se durmiera. Eun-soo levantó la cabeza y miró a Do-kwon.
—Do-kwon.
—¿Sí?
—Mañana.
—Sí.
—Quiero jajangmyeon.
Do-kwon se rio. Se había preguntado en qué pensaba Eun-soo. Y resultó que estaba pensando en la comida. La comida es importante. Y aún más para una persona embarazada.
Do-kwon le besó la frente. La idea de que las mejillas de Eun-soo se redondearían de nuevo lo emocionaba.
—Sí, pidamos jajangmyeon, y jjambbong, y arroz frito, y tangsuyuk también.
—Sí, y también camarones…
—Claro, camarones también.
Do-kwon lo abrazó con fuerza. Y luego, pensó seriamente. ¿Qué restaurante tiene el mejor jajangmyeon? Se arrugó la frente. Eun-soo tiró de su camisa. Do-kwon lo miró, y Eun-soo sonrió.
—Soy feliz.
Do-kwon lo miró confundido.
—¿Qué?
—Soy feliz. Ahora mismo. Muy feliz.
Do-kwon se quedó en silencio. Parpadeó y ladeó la cabeza.
—¿...Por el jajangmyeon?
No se le ocurría ninguna otra razón por la que Eun-soo estuviera tan feliz. Y estaba seguro de que tenía razón. Pero Eun-soo se rio.
—No. Soy feliz por este momento contigo.
—Ah…
—Es tranquilo, y pacífico. Creo que mañana será divertido. Y el futuro también. De repente, soy muy feliz.
Eun-soo lo abrazó con fuerza. Do-kwon se rio y le devolvió el abrazo.
—Gracias por ser feliz, Eun-soo.
Susurró en su oído.
—Gracias a ti por hacerme feliz, Do-kwon.
Eun-soo le besó la mejilla. Se miraron y sonrieron como niños.
Eun-soo siguió hablando y luego se durmió. Debía estar cansado. Había dado vueltas en la cama por días, después de que reservaran el obstetra.
Do-kwon también había tenido insomnio por días, pero no quería dormir. Se acostó de lado, apoyó la cabeza en el brazo, y miró a Eun-soo.
Le acarició el pelo, se rio en secreto cuando se le movían los labios, le dio un beso, y de repente se asustó y le contó los dedos.
Cuando se dio cuenta, ya era de madrugada. El tiempo se le iba volando cuando estaba con Eun-soo.
Le acarició el ojo, y pensó en todo lo que había pasado. Tenía un bebé. Había recibido besos de Eun-soo. Y había escuchado que él era feliz por él.
Estaba tan feliz. Tan lleno.
Creía que podría pasar noches sin dormir, y sin comer. Y aun así se sentiría descansado, y lleno.
No había nadie tan grande y maravilloso como Eun-soo. Era increíble cómo podía ir en contra de las leyes naturales y hacer posible lo imposible. Do-kwon pensó que podría crear una religión con él.
¿Qué nombre sería bueno? La Religión de Yoo Eun-soo. Eun-soo-gyo. Do-kwon se rió en silencio. Y luego enterró su nariz en el pelo de Eun-soo, inhalando sus feromonas.
Realmente se sentía como si estuviera en el paraíso, como si su cuerpo estuviera flotando.
***
Eun-soo empezó a tener náuseas a partir de la quinta semana de embarazo. Rechazaba cualquier comida que le ofrecieran, y parecía que le costaba incluso respirar.
Por eso, tanto Eun-soo como Do-kwon se veían pálidos. La médica le decía que buscara algo que pudiera comer, y Eun-soo actuaba como si incluso respirar fuera una tortura. Do-kwon pasaba todo el día buscando comida, preguntándose si a Eun-soo le gustaría.
Myung-hee y Gi-ho también estaban muy preocupados. Myung-hee le había mandado comida, pero Do-kwon seguía serio.
—Antes comía bien el naengmyeon y el galbi.
Le dijo Myung-hee.
—¿Has probado?
Esa noche, Do-kwon llevó a Eun-soo a un restaurante de naengmyeon. Y Eun-soo se comió un plato entero por primera vez en dos semanas. Do-kwon casi grita de alegría. Eun-soo, que solo había sobrevivido a base de dulces de limón, helado y mango, comió con entusiasmo.
Do-kwon se puso a investigar qué comidas podría comer Eun-soo, basándose en el naengmyeon. Cosas frías y ácidas. Hizo una lista de platos con vinagre o salsa picante, y le dio a Eun-soo uno por uno. Naengmyeon, bibim-naengmyeon, bibim-myeon, ensalada picante, kimchi blanco, etc.
La mayoría tuvieron éxito. También comía bien si el arroz era con una sopa agria. La mayoría de las comidas eran frías, así que se aseguró de que Eun-soo tomara té caliente después.
Así pasaron varias semanas. Finalmente, las náuseas se acabaron. Pasaron el primer trimestre, y ahora estaban en el segundo, que es más estable.
El vientre de Eun-soo empezó a crecer.
Una vez que el embarazo de Eun-soo se hizo visible, el exceso de Do-kwon se disparó. Por ejemplo, un día, Eun-soo y su equipo estaban almorzando en la cafetería de la empresa.
El menú era costillas de cordero, yukgaejang con abulón y carne de res, arroz, y varias guarniciones. El postre era un croissant de queso crema y una tarta de fresa.
Era un menú tan lujoso que todos se sentían un poco incómodos comiéndolo gratis. Todos los empleados estaban emocionados, pero el equipo de diseño tenía una atmósfera extraña.
El equipo de diseño, que ahora tenía seis miembros, estaba sentado junto a las ventanas. ¿Por qué seis y no cuatro? Porque habían contratado a dos nuevos miembros hace un mes. Aunque solo eran dos, para un equipo de cuatro era un cambio enorme.
La empresa había crecido y los beneficios también, pero la falta de personal no era la razón principal. La razón principal era que Eun-soo estaba embarazado.
Al principio del embarazo, Do-kwon le preguntó a Eun-soo si necesitaban más gente en el equipo. Parecía que a Do-kwon no le gustaba que Eun-soo trabajara tanto.
Eun-soo pensó por un momento, y aceptó. Se tomaría un largo descanso para el parto y el cuidado del bebé. Los otros tres no podrían hacer todo el trabajo. Y cuando regresara, no podría trabajar tanto como antes. No quería dejar su trabajo, pero tampoco quería descuidar al bebé.
Era un dilema.
Pero no importaba. Quería hacer las dos cosas bien. Así que aceptó, sabiendo las intenciones de Do-kwon. Y así, el equipo de diseño creció a seis personas. Y el trabajo se redujo.
Eun-soo estaba comiendo su yukgaejang cuando Seo-young y los demás miembros del equipo se pusieron serios. Los dos nuevos se miraron. Seo-young fue la que habló.
—¿Me lo imagino o el menú de la cafetería ha mejorado mucho desde que el líder de equipo Yoo está embarazado?
—¿Verdad? Ya era bueno, pero ahora es como un hotel.
Otro miembro del equipo lo confirmó. Eun-soo se detuvo. Sonrió torpemente y levantó la cabeza.
—…No es tu imaginación.
Sabía que Do-kwon tenía mucha influencia en Primera Temporada. Era su empresa, así que era normal. Después de ver cómo llenaba la sala de descanso, supuso que también gestionaba la cafetería.
Do-kwon se había propuesto que él comiera bien. Y ahora que estaba embarazado, probablemente revisaba el menú cada semana.
No comas comida cruda. No comas nada muy picante. Come mucha proteína. Ensalada todos los días. Seguramente había dado esas órdenes.
No era malo. Gracias a Do-kwon, todos los empleados comían bien. No tenían que pagar. Y no usaba el dinero de la empresa. Era dinero de la cuenta de Do-kwon.
Definitivamente, Eun-soo no tenía por qué sentirse mal.
Eun-soo se encogió de hombros y volvió a comer. Pero la discusión del equipo no terminó.
—Bueno, ¿no es bueno para nosotros? Comemos así todos los días. Yo me salto el desayuno para comer dos platos. Ya hasta quiero venir a trabajar los fines de semana.
—Sí. Por eso hay que tener amigos ricos.
—El líder de equipo Yoo no es solo un amigo rico.
—Líder de equipo Yoo, por favor, quédese en esta empresa para siempre.
Eun-soo no sabía si reír o llorar. Pensó que lo estaban criticando, pero no eran ese tipo de personas.
Le sugerían que descansara cuando lo veían cansado. En lugar de ir a un bar, iban a una cafetería de postres. Le preguntaban primero a él sobre el aire acondicionado. Y se encargaban de las cosas pequeñas sin que él lo pidiera.
Eun-soo terminó de comer con una sonrisa.
Luego, volvió a trabajar duro. La idea de tomarse una licencia de paternidad le pesaba. Aunque la empresa era muy generosa al respecto.
Cuando sus ojos estaban secos de tanto mirar la pantalla, alrededor de las cuatro de la tarde, un repartidor aparecía con un carrito lleno de cajas.
El repartidor, ya familiar, miraba a Eun-soo. Eun-soo suspiró y se acercó a él. Se inclinó para saludarlo. El repartidor le devolvió el gesto.
—¿Hoy…también?
Eun-soo preguntó. Era una pregunta con muchas cosas omitidas. Pero el repartidor lo entendió.
—Sí. También hoy.
Eun-soo se encogió de hombros y se dio la vuelta. Vio a docenas de empleados mirándolo. Sus ojos brillantes, anhelando algo dulce en la tarde.
Eun-soo sonrió torpemente y ayudó al repartidor a bajar una caja. Los empleados corrieron a tomar las cajas.
—Un embarazado no debería cargar estas cosas. Quédese quieto.
—No es…pesado…
—No importa. Quédese quieto. Su esposo le manda esto para que no tenga que cargar nada, ¿verdad?
Los empleados se llevaron las cajas a la sala de reuniones. Eun-soo suspiró y se despidió del repartidor. El repartidor le dio el recibo y dijo: “Nos vemos pronto.”
Eun-soo fue a la sala de reuniones. Las cajas estaban apiladas, esperando.
Eun-soo abrió una a una. Dentro había postres bellamente empaquetados: tartas de huevo, pastel de manzana, financiers, milhojas, palmiers. Y también pasteles de arroz de todo tipo.
Los empleados se quedaron sin aliento. Eun-soo frunció la nariz. Se sintió un poco abrumado por la cantidad de comida. Luego, les dijo que comieran.
Tomó un financier de queso amarillo y se lo comió.
Do-kwon le enviaba postres cada dos días a esta hora. Una vez, Eun-soo le dijo que siempre tenía hambre después del embarazo. Y Do-kwon se lo tomó muy en serio.
Quería darle meriendas, pero no podía llamarlo cada vez que tuviera hambre. Y no podía mandar solo un pastel. Así que compraba en grandes cantidades para que todos pudieran comer.
Gracias a él, ahora tenían un descanso para el té. Un tiempo libre de 20 o 30 minutos para comer, charlar, o trabajar.
No era malo, pero a Eun-soo, a quien no le gustaba ser el centro de atención, no le encantaba. Aunque, comía la comida que le mandaban. A esta hora, siempre le daba hambre.
—¡Líder de equipo Yoo, gracias por la comida!
—Gracias a usted, líder de equipo Yoo, comemos como reyes.
—Me gusta más esta merienda que el almuerzo.
Los empleados le daban las gracias a Eun-soo. Eun-soo sonreía. Se sentía bien ver que todos disfrutaban.
Se metió un pastel de arroz con crema en la boca. El pastel suave y la crema dulce eran fantásticos. Levantó las cejas y miró la etiqueta de la caja para acordarse de la marca.
Pero se preguntó algo. ¿Cómo conocía Do-kwon estos lugares? Normalmente no le interesan los postres, solo conocía los que Eun-soo le había enseñado. Le preocupó que pasara el día buscando restaurantes en lugar de trabajar.
Eun-soo se comió otro pastel de arroz. Mientras trataba de memorizar la marca, sus compañeros, que estaban a su lado, hablaban.
—Pero hoy se siente diferente.
—¿Verdad? Algo es diferente.
—¿Será que hay más y más variedad?
—No, el jefe siempre nos mandaba cosas de una sola tienda. ¿No les parece que hoy nos mandó todo lo que hay en el sótano de los grandes almacenes?
—¿Seguro que lo mandó el jefe?
Preguntó Seo-young.
Eun-soo asintió y se tragó su pastel de arroz. Y miró el recibo que le había dado el repartidor.
—Sí. El repartidor dijo que era de Sungjin. Y no hay nadie más que Do-kwon que mande…
Eun-soo se detuvo al ver el remitente y el destinatario.
—Ah…
El nombre de Myung-hee estaba en el remitente. Eun-soo tosió. Seo-young se acercó.
—¿No es el jefe?
—…No. Lo mandó mi suegra, no Do-kwon.
—¡Wow! ¿Se refiere a la presidenta de la empresa?
—¿A la presidenta de Sungjin?
—Wow… ¡Claro que sí!
Los empleados se sorprendieron. Eun-soo se rió como un anciano. Claro, Myung-hee era tan exagerada como Do-kwon. Cuando estaba en Sungjin, lo llamaba a cada rato para darle comida.
Hace poco, lo había llamado para preguntarle si comía bien, si había subido de peso, si comía cinco comidas al día. Y finalmente, no se pudo aguantar y le mandó la comida.
Eun-soo pensó en llamar a Myung-hee para darle las gracias, o invitarla a cenar. Uno de sus compañeros, un padre de dos niños, le preguntó a Eun-soo.
—Líder de equipo Yoo, ¿todavía lo llama por su nombre a su esposo?
—Ah, sí.
—¿No es incómodo? Como si hubiera una distancia.
—Ah… ¿Sí?
—¿Y su esposo cómo lo llama a usted?
—Solo Eun-soo.
—Entonces, ¿por qué no lo llama de una forma más simple? Cuando tengan un hijo, van a pelear como perros.
—¿Como…perros?
—Sí. No van a dormir, estarán cansados, el cuidado del bebé será pesado, y se pondrán de mal humor. Habrá muchas peleas. Pero, ¿qué pasa si él habla de forma informal y tú de forma formal? Te sentirás como si estuvieras perdiendo antes de empezar.
—Ah…
—Bueno, incluso si no pelean, cuando se hagan viejos, serán como familia, como amigos, como compañeros. Si lo llamas de forma tan formal, sentirás una distancia.
Eun-soo gimió. Tenía razón. Sería extraño llamarlo Do-kwon-ssi cuando fueran viejos. La gente pensaría que su relación no es muy buena.
¿Pelear? No lo creía. Do-kwon se disculparía si él se enojara por algo tonto.
Pero nunca se sabe…
Eun-soo partió un palmier por la mitad y se lo comió.
El gopchang se cocinaba en la parrilla. Eun-soo miraba los intestinos con amor. Do-kwon le apartó la frente para que no se inclinara.
—El aceite te va a salpicar.
—Sí.
—Come esto primero.
—Está bien.
Do-kwon le puso un plato de fideos en frente. Eun-soo no quería comer fideos, pero Do-kwon insistió. A Do-kwon no le gustaba que Eun-soo comiera algo tan grasoso, pero Eun-soo le había dicho que comería proteínas antes. Y Eun-soo se había comido un trozo de pechuga de pollo, por lo que Do-kwon no se opuso.
Eun-soo probó la sopa de fideos. Y frunció el ceño, satisfecho. Do-kwon se rio. Ver que a Eun-soo le gustaba, lo hacía feliz.
Cuando Eun-soo terminó los fideos, el gopchang ya estaba crujiente. Do-kwon le puso un trozo en el plato. Eun-soo lo mojó en la salsa y se lo comió. Su cara se llenó de felicidad.
Do-kwon sonrió y le puso más en el plato.
—Es una pena que no puedas tomar alcohol.
—Está bien. Puedo comer más gopchang.
Eun-soo se encogió de hombros y comió el gopchang. También comió puerro y huevo al vapor. Y tomó el resto de la sopa de fideos. Do-kwon le pidió otro plato de fideos. Eun-soo sonrió y apoyó la cabeza en el brazo de Do-kwon.
Do-kwon exhaló, sin saber si era una risa o un suspiro. Le preocupaba que Eun-soo lo siguiera a quien le diera comida.
Cuando la parrilla estaba casi vacía, Eun-soo exclamó.
—Do-kwon.
—Sí.
—Vamos a estar muy ocupados hoy.
—¿Por qué?
—Tenemos mucho que hacer.
—¿…Qué? ¿Tienes trabajo pendiente? ¿A esta hora? ¿Aún no tenemos suficiente gente?
La cara de Do-kwon se puso seria. Eun-soo negó con la cabeza. Se tragó un trozo de intestino y continuó.
—Es hora de elegir un apodo para el bebé.
—Ah… Un apodo.
Las cejas de Do-kwon se relajaron. Gimió. Un apodo. Un apodo. Do-kwon pensó seriamente. Eun-soo le dijo.
—No quiero un apodo sin creatividad, como Verano, solo porque Bom fue Primavera. Nos hará querer tener un hijo en Otoño y otro en Invierno para completar las estaciones.
Do-kwon se rio. Él también pensaba lo mismo. A Bom le habían puesto ese apodo porque el tiempo era bueno, y las flores estaban bonitas. Verano y otoño no le interesaban.
No quería ponerle un apodo sin significado a su segundo bebé. Do-kwon miró a Eun-soo, que pensaba con la boca fruncida. Y de repente, se acordó de lo que había dicho cuando eligieron el nombre de Bom.
—Gopchang no. Makchang tampoco.
—¿Sí?
—El guiso de fideos tampoco.
—¿...Qué?
Eun-soo ladeó la cabeza. ¿Le estaba diciendo que dejara de comer? Pero si ya había comido mucho. Y él mismo había pedido otro plato de fideos. ¿Ahora se arrepentía? Eun-soo parpadeó con sus grandes ojos, y Do-kwon le acarició el pelo y dijo:
—Me refiero al apodo del bebé.
—Jaja... ¿Quién le pone un apodo así…? Ah...
La sonrisa de Eun-soo se borró. Un vago recuerdo de hace mucho tiempo le vino a la mente. También estaban en un restaurante de gopchang. Era un día de primavera. En ese entonces estaban pensando en un apodo para Bom. A Do-kwon, que había dicho que iría a un lugar de nombres, Eun-soo le había tartamudeado:
'—Eh... yo... solo... pensé en... pepino de mar...'
'—¿...Pepino de mar? ¿El animal marino?'
'—Sí. Lo vi en la ecografía y me pareció un pepino de mar.'
'—...'
'—¿No te gusta? O... ¿daechang? ¿Es muy gordo? Era muy pequeño. ¿Gopchang sería mejor?'
Eun-soo se frotó la cara al recordar esa corta conversación. Por fin entendía por qué Do-kwon estaba preocupado. Eun-soo tomó un trago de agua fría.
—Olvida eso y busquemos algo más normal.
—Hmm... Tendré que pensarlo.
—¿Qué podría ser...?
No quería algo muy especial, pero tampoco algo muy común. Eun-soo entrecerró los ojos. De repente, una fruta amarilla, regordeta, suave y dulce le vino a la mente.
—¿Qué te parece, mango?
—¿...Mango? ¿Por qué? ¿No te cansaste de comerlo cuando tenías náuseas?
—¿Por qué me cansaría? Estaba delicioso. El mango que tú cortabas estaba delicioso.
—...
—Además, el nombre es lindo.
Maaaango. Eun-soo alargó la palabra. A veces lo decía en inglés, mango, y otras lo pronunciaba con cuidado, mango. Luego tomó la mano de Do-kwon y se la puso en el vientre. A través de la camisa, sintió el vientre redondo de Eun-soo.
—Y ahora, mi vientre es del tamaño de un mango.
—¿....Y cuando sea más grande lo vas a cambiar a melón, y luego a sandía?
—Ay, solo es una forma de decirlo.
—Hmm...
—Quizás me acuerdo de la vez que rompiste una semilla de mango por la mitad para mí. Por alguna razón, me gusta el mango. Me parece familiar, y cálido. Entonces, mango.
Do-kwon soltó una risita. Mango. No estaba mal. Como Eun-soo dijo, la pronunciación coreana era linda. Mientras Do-kwon pensaba en mango, Eun-soo acercó su silla y se le pegó.
—Hay otra cosa que tenemos que hacer.
—¿Otra vez? ¿Qué?
—Ahora vamos a elegir tu nombre.
—¿...Mi nombre también?
Do-kwon abrió mucho los ojos. Eun-soo se rio al ver su cara de sorpresa.
—No, vamos a cambiar el modo en que te llamo.
—¿El modo?
—Sí. Llamarte Do-kwon-ssi es un poco distante, ¿no crees?
—¿...Sí?
—Claro que sí. Es lo mismo que cuando salíamos. Ahora estamos casados. ¿Qué te parece si te llamo de una forma más cercana, como familia?
—Como familia, más cercano...
Do-kwon se acarició la barbilla. Luego, tomó un montón de gopchang cocido y se lo puso en el plato a Eun-soo. Le pidió al camarero que hiciera dos porciones de arroz frito.
Tenía que pasar a otro plato antes de que Eun-soo le pidiera más gopchang. No podía darle más grasa. Si Eun-soo seguía con hambre, le compraría un batido de camino a casa, y le daría más bocadillos en casa.
Eun-soo se metió dos trozos de gopchang en la boca. Después de masticar, movió los labios.
—Tengo algunas ideas. Escucha y elige.
—Sí.
—Número 1, cariño.
—Cof... cof...
Do-kwon tosió, aunque no había comido. No se esperaba eso. Cariño. Un apodo tan dulce y cariñoso. No podía creer que saliera de la boca de Eun-soo. Quería escucharlo de nuevo.
Mientras Do-kwon estaba en shock, Eun-soo le mostró dos, y luego tres dedos.
—Número 2, amor. Número 3, Do-kwon hyung.
—...
—Número 4, papá mango. No, eso no. Yo también soy papá mango. Así que la 4 no.
Eun-soo dijo todas esas cosas sin vergüenza. Por el contrario, las orejas de Do-kwon se pusieron rojas. Do-kwon se frotó la cara con la mano. Eun-soo se le acercó.
—¿No te gusta ninguno?
—No, no... todos me gustan. Todos me gustan...
—¿Todos te gustan?
—Ah, sí. Todos me gustan, y es difícil elegir...
Do-kwon parpadeó rápidamente. El que más le gustaba era el número 1. Pero si elegía ese...no podría vivir una vida normal.
Ahora mismo, cada vez que escuchaba la voz de Eun-soo, quería dejar de trabajar, de dormir, de comer, y pegarse a él. Si lo llamaba cariño, Do-kwon no haría nada más que estar a su lado. Se movería como un perro esperando a que su dueño lo llamara.
Era una decisión difícil. Muy difícil.
Mientras Do-kwon pensaba, el arroz frito llegó. Eun-soo agarró una cuchara y empezó a comer con entusiasmo. Cuando la mitad del arroz frito había desaparecido, Do-kwon hizo su elección.
—Creo que hyung sería bueno.
La expresión de su cara era de derrota. Eun-soo dejó su cuchara al ver que Do-kwon no parecía feliz. ¿Prefiere que lo llame Do-kwon-ssi? ¿O es que no quiere que cambie nada? Mientras pensaba eso, Do-kwon le agarró la mano.
—Y...
—¿Y?
—A veces...si me llamas cariño...no estaría mal...
Eun-soo frunció el ceño. Hyung, pero a veces jagiya. Era un resultado extraño. Eun-soo lo miró con el ceño fruncido y le preguntó:
—¿...A veces?
—Sí. A veces... Una o dos veces a la semana, no, una vez al día...
Do-kwon tartamudeó. Eun-soo lo miró. Y luego, sonrió. Había descubierto la verdad. Eun-soo ladeó la cabeza, abrió los ojos, y miró a Do-kwon con adoración.
—Si es así, ¿por qué no te llamo cariño siempre, cariño?
—Ah... No, no puedo, no puedo...
Do-kwon se cubrió la cara con sus grandes manos. El rostro que se veía por sus dedos estaba completamente rojo. Eun-soo se rió y se golpeó la pierna.
¡Cielos! ¿Se sonrojaba solo por el apodo? No eran una pareja de novios recién empezando. Habían salido por más de cinco años, y hasta se habían casado. Y ahora se avergonzaba por un simple cariño.
Eun-soo le masajeó el lóbulo de la oreja a Do-kwon.
—Ah, hoy estás muy lindo.
—Tú también eres lindo.
—No, hoy tú eres más lindo.
Eun-soo insistió. Do-kwon no respondió. La prioridad era refrescar su cara.
—Está bien. Te llamaré hyung, y una vez al día te llamaré cariño.
Do-kwon asintió ante la propuesta de Eun-soo. Y luego, se puso a servirle la comida. Le sirvió agua, bajó la temperatura, y pidió más guarniciones. Sus movimientos eran torpes. Sus mejillas seguían sonrojadas.
Eun-soo se rió y le frotó la mejilla con el pulgar. Si no estuvieran en público, le daría un beso. Qué pena.
Cuando la cena estaba por terminar, Eun-soo preguntó, como si no fuera nada importante, como si la respuesta no le importara.
—Ah... ¿Y...puedo hablarte de forma informal?
—¿Qué?
—¿Puedo tutearte?
—Ah, sí. Claro.
—¿...Qué? Qué fácil.
—¿Qué tiene de difícil?
Do-kwon respondió, como si nada. Eun-soo hizo un puchero.
No creía que una persona estuviera por debajo de la otra solo por hablar de forma formal. De hecho, si había una persona por encima de la otra, era Eun-soo.
Pero Eun-soo quería una relación más profunda con Do-kwon. Como su compañero de trabajo le había dicho, hablarle de forma formal y llamarlo Do-kwon-ssi no se sentía familiar. Ahora que iban a pasar el resto de sus vidas juntos, Eun-soo quería sentirse más cerca de él. El modo en que le hablara no iba a cambiar sus sentimientos.
Pero, quién sabe. Tal vez así se sentiría más cómodo. Tal vez podría depender de él como lo hacía con sus padres.
Eun-soo movió los dedos, y dijo con cuidado:
—Entonces...lo haré poco a poco. Do-kwon...hyung.
—...Sí.
Do-kwon respondió un segundo tarde. Había elegido hyung como segunda opción, pero sonaba bien. Le gustaba la forma en que su boca se movía al pronunciar el nombre. Y también le gustaba cómo Eun-soo se avergonzaba.
Do-kwon sonrió al ver a Eun-soo. Eun-soo sonrió con los ojos al verlo. Ya sentían que su relación era más cercana.
***
Eun-soo fue el primero en acostarse. Do-kwon subió a la cama un momento después, tras subir la calefacción y acomodar algunas cosas para el frío. Eun-soo, que estaba con el móvil, le tendió los brazos. Do-kwon lo abrazó.
Durante un momento, sintieron el calor del otro y escucharon su respiración. Entonces, Eun-soo se levantó la camiseta. Su vientre, un poco hinchado, blanco y suave, quedó al descubierto. Do-kwon se asustó y le bajó la ropa.
—Hace frío.
—Ay, no hace nada de frío.
Eun-soo se volvió a levantar la ropa. Y puso la mano de Do-kwon sobre su vientre. Luego, puso su mano sobre la de Do-kwon.
—Ya que elegimos un apodo. ¿Por qué no lo saludamos?
—Ah...
—Yo primero.
Eun-soo se aclaró la garganta, se humedeció los labios y, con una voz llena de dulzura y amor, llamó a Mango.
—Hola, Mango.
Eun-soo se rio. Se sintió avergonzado. Sus costillas y su corazón se calentaron. Se encogió de hombros y miró a Do-kwon.
Do-kwon se dio cuenta de que era su turno. Se aclaró la garganta como Eun-soo, y con una voz baja y melodiosa, llamó a Mango.
—...Hola, Mango.
La mano de Do-kwon acarició el vientre de Eun-soo. La calidez, la suavidad y el bulto lo conmovieron. Mi bebé. Nuestro bebé. Do-kwon apoyó la frente en el hombro de Eun-soo. Eun-soo le acarició el pelo y le dio besos en la sien.
Los dos se quedaron en silencio, concentrándose en la presencia de Mango. Eun-soo apoyó la cabeza en el pecho de Do-kwon y murmuró.
—¿Deberíamos ponerle música para la educación prenatal y clases de inglés?
—¿Para qué? Si es nuestro bebé, lo hará bien de todas formas.
—Bueno... no puedo negarlo. Los estudios son hereditarios. ¿Sabes que mi mamá era profesora de literatura inglesa?
—Lo sé. Y sé que tu papá era ingeniero de semiconductores.
—Mis padres, tus padres, tú y yo somos inteligentes. Así que nuestro bebé también lo será.
—Claro. ¿Qué no podría hacer?
Do-kwon asintió. Eun-soo soltó una carcajada. La conversación que tenían era ridícula. Cualquiera que los escuchara, pensaría que estaban locos.
Después de reír, Eun-soo se tocó la boca y dijo:
—Ah... La verdad es que no me importa si no es inteligente. Solo quiero que nazca sano.
—...Yo también. No me importa si no es inteligente. Podemos darle todo.
—Sí, podemos darle todo. Por favor, por favor, que nazca sano...
Eun-soo acarició su vientre, con una cara de preocupación. La expresión de Do-kwon se endureció. De repente, se inclinó y le susurró al vientre de Eun-soo.
—Mango, solo tienes que nacer sano. Si lo haces, podrás tener cualquier cosa. Tu papá puede darte lo que sea. Así que, por favor, nace sano. Si no naces sano, solo te daré la mitad de la herencia.
Luego le dio un beso a su vientre y se levantó. Eun-soo se rio.
—¿Qué? Pareces un mafioso.
—Es una amenaza.
Eun-soo negó con la cabeza ante la confesión de Do-kwon. Do-kwon le bajó la camisa a Eun-soo y lo abrazó. Eun-soo, ya acostumbrado a que Do-kwon lo abrazara, murmuró.
—Este fin de semana tenemos que ir a la casa de Yeoksam-dong. Dicen que ya terminaron con el papel de pared.
—¿No es peligroso?
—¿Qué tiene de peligroso una casa con el papel de pared terminado?
—Aún así... Habrá olor a pintura.
—No me has dejado ir porque es peligroso. Me canso de ver las fotos. Me pondré una mascarilla, pero quiero ver si lo hicieron bien con mis propios ojos.
—...
—Y vamos a ir a la tienda de muebles. Tenemos que pedir la mesa y el sofá con tiempo. Y ya que estamos, podemos hablar con los diseñadores de la habitación de Mango.
Las cejas de Do-kwon se fruncieron. No le gustaba la idea de que Eun-soo fuera a un lugar con polvo y olores fuertes. El síndrome del edificio enfermo no era algo que pasaba por nada. Y que fuera con su estado era peor.
Do-kwon frunció el ceño, pero Eun-soo siguió hablando de sus planes.
—Mi papá dijo que nos presentaría a alguien para el jardín. ¿Cuándo lo vemos? Es mejor que lo hagamos todo el fin de semana, ¿verdad? Me gustaría que el pasto fuera suave, para que Mango no se lastime si se cae. Y que el patio de atrás sea de corcho. ¿Sabes? Como el suelo de un jardín de infancia.
—Sí. Me parece bien.
Do-kwon asintió lentamente. Solo le preocupaba la salud de Eun-soo. Decidió que llamaría a una empresa de limpieza antes del fin de semana. Y también a una empresa que ventila el aire después de la construcción.
Eun-soo siguió hablando de muchas otras cosas. La mudanza no era fácil, y no había tenido un hijo antes, así que tenía muchas cosas en qué pensar.
Así pasaron unos minutos. Los párpados de Eun-soo se empezaron a sentir pesados. Su voz y su respiración se hicieron más lentas. Le costaba mantener los ojos abiertos. Era adorable, pero también le daba pena.
Do-kwon le cubrió los ojos con la mano.
—Duerme. Mañana tienes que trabajar.
—Pero...
—El jardín, el patio, la habitación de Mango, la sala, el comedor. Lo recuerdo todo. Yo me encargo de todo, así que duerme.
—...
Eun-soo se quedó callado. Y se acurrucó en los brazos de Do-kwon. Do-kwon le dio unas palmaditas en la espalda. Eun-soo se relajó. Su respiración se hizo más profunda. Parecía que se iba a dormir en un minuto. Do-kwon se quedó en silencio, esperando que se durmiera, cuando Eun-soo lo llamó con los ojos cerrados.
—Do-kwon hyung.
—Sí.
—Cariño.
—...Sí.
—Buenas noches.
—Tú también, Eun-soo. Buenas noches.
Y tú también, Mango, susurró Do-kwon. Eun-soo soltó una leve risa.
Eun-soo se durmió con una sonrisa en la boca. Y Do-kwon se durmió, sonriendo también.
Fue un día feliz, porque Eun-soo estaba allí.
Raw: Elit.
Traducción: Ruth Meira.
Aww que nazca el bb en los extras
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