El caparazón del monstruo azul Vol 4 Cap 3
Caparazón.
Sentí el calor por todo el cuerpo. Ya no había olor a aceite ni a humo acre.
Al parecer, esta vez llevaba mucho tiempo dormido. Lo sentí instintivamente.
Ya había dormido bastante. Cuando abrí los ojos con la mente despejada, vi un techo con dibujos de colores. Más allá del gran balcón, podía ver los muros del castillo cubiertos de nieve. Enseguida supe, por el paisaje, que estaba en una habitación del Palacio Real.
—Hemos salido de la Torre de los Magos.
Mi voz salió entrecortada debido a lo mucho que había dormido. Aún así, me encontraba relativamente bien. Todo el calor que había estado hirviendo en mi interior había disminuido, y la visión era clara. Mientras revisaba mi cuerpo, dejé de respirar en cuanto vi mi mano izquierda.
La mano que había tocado la solución estaba vendada. La venda que estaba meticulosamente envuelta hasta la punta de los dedos era diferente de la que yo había envuelto torpemente. Alguien había cambiado las vendas.
Pernin no habría sido capaz de mostrar mi estado físico a la gente del Palacio. Entonces, esto significa que Pernin lo había cambiado.
—Él lo vio.
Me levanté de un salto y sentí la mano envuelta en el vendaje. No me dolía. Tampoco había problemas para moverla. Sin embargo, parecía que había un problema con la apariencia, por lo que la textura que se sentía debajo del vendaje era extraña.
—Lo ha visto.
Me apresuré a quitar la venda para comprobarlo. Mi cuerpo se puso rígido cuando el dorso de la mano quedó al descubierto. La piel de la mano se había vuelto gris azulada. La carne estaba perforada en varios lugares, y los huesos del dorso de la mano eran claramente visibles. Era el aspecto que tenía hace mucho tiempo, cuando la transformación era inestable.
—Pernin...
¿Acaso viste esto? ¿O todavía parecía normal cuando cambió el vendaje? Cerré los ojos. Traté a que mi mano recuperara su forma original. Pero por mucho que lo intentara, mi mano medio destrozada no volvió a la normalidad.
—No
Empujé la carne a mi alrededor y la puse sobre el hueso.
—No.
Intenté darle una forma normal empujando y acomodando la carne. Fue inútil. Observando la sensación, era como si la carne se hubiera derretido no sólo en el dorso de la mano, sino también en las puntas de los dedos. ¿Qué puedo hacer? Si ya se ha derrumbado, no hay manera. Si no podía arreglarlo, tenía que acostumbrarme.
—No pasa nada. Esto...
Es sólo una mano. No fue todo mi cuerpo el que se derrumbó, por lo que podría capaz de ocultarlo lo suficiente.
—Puedo usar guantes.
Sería suficiente como para vivir en armonía con la gente. Mientras sacaba mis propias conclusiones, oí abrirse la puerta fuera de mi dormitorio. Envolviendo con urgencia las vendas, escondí la mano detrás de la espalda y retrocedí. La persona que entraba no era Pernin. Al escuchar el ruido de tres o cuatro personas que arrastraban algo hacia dentro, agudice mi oído y me centré en el sonido que provenía del otro lado de la puerta.
—El dormitorio está bien. Solo hay que limpiar la habitación exterior.
A juzgar por la voz, parecía un empleado que había venido a limpiar la habitación de invitados.
—¿Por qué quiere que no limpiemos el dormitorio?
—Se puede saber con sólo mirarlo, está cerrado con llave.
Menos mal que uno de los sirvientes tocó algo que colgaba de la puerta. Al parecer, la habitación en la que me encuentro está cerrada desde fuera.
—¿Qué es? ¿Qué es lo que hay dentro de la habitación?
—Es obvio. La persona que se aloja en esa habitación es la persona con la que el Señor está obsesionado, por lo que está durmiendo…
—¡Shh! Habla en voz baja.
—¿Qué pasa? He oído que ha estado inconsciente durante cuatro días. Hace unos días, la Torre de los Magos se quemó en un accidente. Quedó atrapado en él y ahora está en coma.
Por sus palabras, supe que había despertado después de cuatro días. Queriendo averiguar si había más información, me moví y me acerqué a la puerta.
—Viendo como tomaba el cuerpo moribundo e incluso lo encerrara con llave…supongo que es verdad que tiene una enfermedad mental.
Eso no es así. Cerrar con llave la puerta debió de ser una medida tomada para evitar que la gente revisara mi cuerpo. Los sirvientes que no lo sabían continuaron su charla, mencionando la enfermedad mental de Pernin.
—Ahora que lo pienso, ¿el Señor con anterioridad, no ha encerrado a gente de esta manera?
—Ah, eso. ¿Estás hablando de la última persona que conoció? Se acercó al Señor después de teñirse el cabello… ¿Cuándo fue eso? Creo que fue hace más de cinco años.
—Probablemente fue suficiente con él. El tipo intentó robar propiedades con documentos falsos y fracasó. Fue un gran escándalo por un tiempo.
En cuanto comenzaron a hablar, se oyeron palabras de simpatía de diferentes partes. No era el tipo de información que quería, pero me atraía el inesperado pasado de Pernin.
—Pero, ¿por qué lo encerró? ¿Tomó represalias después de saber que era un estafador?
—No, el estafador tropezó y rodó por las escaleras haciéndose daño. Como estaba herido, de repente el Señor lo encerró en una habitación. Dijo que era para mantenerlo a salvo. ¿Qué clase de lógica es esa?
—Lo gracioso es que lo encerraron y dejó de caminar ese día. Así que el estafador casi se muere de hambre.
Ante sus palabras, imaginé al Pernin del pasado. ¿Cuántos años podría tener? ¿Tal vez entre 20 y 30 años? Es imposible que él, que tiene un gran instinto, no hubiera reconocido a un estafador que se tiñó el pelo y se acercó a él. Aunque Pernin lo sabía, probablemente lo mantuvo a su lado para su propia satisfacción.
—Yo también he oído ese rumor. ¿Por qué se murió de hambre?
—No fue a propósito, fue porque se olvidó que lo había encerrado. Solo se le olvidó.
Ante las palabras de uno de los sirvientes, pude escuchar risas.
—Qué locura. Si te olvidas de darle a alguien de comer, significa que no eres realmente un ser humano.
—¿La persona en esa habitación no se habrá muerto de hambre?
Ante las palabras de un sirviente, el ambiente se volvió cada vez más tenso. De todos modos, es un país que abandonaré pronto. No tenía que prestar atención a lo que decían, pero me ofendió la mala manera de hablar de Pernin.
Tenía que al menos golpear la puerta para que supieran que estaba vivo. Mientras me acercaba a la puerta con tales pensamientos, la voz de otra persona me interrumpió.
—No lo creo. No sé cómo eran las acciones del Señor antes…pero parecía preocuparse por la persona que está dentro de esa habitación.
Mis pasos se detuvieron ante las palabras que defendían a Pernin. Mis oídos se agudizaron cuando dijo que parecía preocuparse por mí. ¿Pernin se preocupa por mí? Sí, le importo, le preocupo. Lo sé, pero cuando lo escuché por la boca de otras personas, mi pecho hizo cosquillas de manera extraña.
—¿Cómo lo sabes?
—Ayer vine a regar las plantas y lo vi. La puerta de la habitación estaba ligeramente abierta.
La voz del sirviente se hizo más pequeña, como si estuviera contando una historia secreta. Como resultado, las voces que estaban esparcidas por todas partes se reunieron en un solo lugar. También escuché palabras que le apresuraban a decir lo que había visto.
—Le cambió la toalla de la frente, le masajeó las manos y los pies. El Señor estaba inquieto porque no se despertaba.
—¿Sólo eso? ¿No lo estás inventando?
—No es así. Además, se inclinó sobre él y…
La voz se hizo más pequeña.
—Lo besó… Besó a la persona que estaba inconsciente… Yo, no sabía que un beso podría verse tan erótico. Me sentí como si fuera una especie de voyeur.
N/T: Voyeur: Persona que espía o mira a escondidas a otras personas en situaciones eróticas para excitarse sexualmente.
Los sirvientes soltaron un pequeño suspiro. Pude oír varios corazones latiendo más rápido, como si estuvieran excitados. ¿Qué es eso? Mi corazón también latía.
—Dios mío, ¿atacó a un paciente en coma? ¿No es una locura?
—El loco eres tú. ¿Qué tienes en la cabeza? Dije que solo lo besó.
Me acaricié los labios. Era una pena que no pudiera recordar lo que decían, pero estaba bien. Cuando Pernin vuelva, puedo pedirle que lo haga otra vez.
—Y no es que estuviera en coma, sólo está recostado porque está herido. Gemía y su cuerpo temblaba mientras lo besaba.
—¿Y entonces?
—¿Qué quieres decir? Pensé que no debía seguir mirando, así que me alejé rápidamente.
—Imbécil.
Por alguna razón, alguien maldijo al sirviente.
—No importa, no podemos creer en los rumores del Palacio Real.
—Pero, resultó que era un falso rumor que el Señor era impotente.
Los sirvientes al otro lado de la puerta cambiaron de tema como si hubieran encontrado un nuevo asunto del que hablar. Impotente. Yo sabía lo que era. Era un síntoma de que la parte inferior del cuerpo no podía ponerse erecta. También era una palabra que no tenía nada que ver con Pernin. El pene de Pernin a menudo se agranda incluso cuando no sabe por qué.
—Yo también lo he oído. ¡Dicen que el Señor era impotente! ¡Pero los sirvientes que entraron ese día pensando que era una habitación vacía lo vieron!
—¡Soy yo! ¡Uno de esos sirvientes soy yo! ¡Yo lo vi! La parte del Señor en ese momento…
Se escucharon golpes. Los sirvientes dejaron de respirar ante una voz firme. ¿Qué fue lo que hizo la atmósfera tan pesada? E incluso yo, que me dejé llevar por su impulso, contuve la respiración y agudice el oído.
Sus corazones latían rápidamente por la excitación. Como asimilado por el sonido agudo, mi corazón latía a la misma velocidad que los de ellos.
—¿Cómo es la parte inferior del Señor? ¿Es grande? ¿O pequeño?
—Mira su físico. ¿No es algo obvio?
—Aún así, él es el que se rumoreaba que era impotente, incluso decían que era un eunuco. Es peor que yo, ¿no? Cuando lo viste, ¿cómo fue?
Podía sentir la urgencia en la voz que instaba a responder. Era hasta tal punto que cualquiera pensaría erróneamente que su vida dependía del tamaño del pene de Pernin.
—Eso es...lo vi. Me sorprendió y salí corriendo enseguida...
—Eres realmente inútil.
—¡Aún así, una analogía es posible! El Señor es muy violento. Así que su pene también lo es.
Abrí ligeramente los ojos ante las palabras que ni siquiera podía imaginar. ¿Pernin era violento? No lo era. Era muy dulce y amable. No entiendo por qué dicen que es violento. Seguí escuchando con la idea de corregir su malentendido.
—Lo supe después, ya que fui a limpiar la habitación y me sorprendió lo que vi. Las botellas que estaban en la bañera estaban todas caídas y rodaban por el suelo… Bueno, eso está bien. Pero, ¿qué hizo para romper el espejo del baño?
—Espejo...
Un pequeño gemido escapó de mi boca. Fui yo quien lo rompió, no Pernin. Me sentí tan bien que puse fuerzas en mis manos y golpee el espejo. Menos mal que me tranquilicé a tiempo, de lo contrario habría agrietado no el espejo, sino la pared detrás de mí.
—¿Y qué pasa con la cama? Había manchas oscuras de sangre por todas partes. Casi me desmayo cuando lo vi. ¿Ha metido el antebrazo en el cuerpo del hombre? ¿Cómo puede sangrar así?
Esa mancha de sangre debió quedar en la cama inmediatamente después de que fuera apuñalado.
—Incluso las mantas estaban rasgadas. Tal vez... ¿Podría ser que usó un látigo o algo así?
—¡Un látigo es una locura! ¡Absolutamente no es normal!
No, la manta también fue culpa mía. Me sentí tan bien que tiré de ella para soportarlo, y eso fue todo. Por alguna razón, todo lo que hice estaba usado para inculpar a Pernin. Pero antes de que pudiera corregirlos, alguien cortó las palabras de los sirvientes.
—Piénsalo. He oído que la persona que estaba allí con él fue apuñalada y llevada a la habitación. La mancha de sangre debe de ser de esa herida.
Fuera quien fuera, era la respuesta correcta. Pensé que esto aclararía el malentendido sobre Pernin, pero por alguna razón la situación se volvió aún más extraña.
—¿No es eso más espeluznante? Entonces, quieres decir que el pene del Señor se clavó en una persona que agonizaba tras ser apuñalada con una daga.
—De ninguna manera. Probablemente fue después de haberlo curado. Hay uno o dos magos en el Palacio Real.
—Así es, pero... Aunque se cure las heridas con magia, el dolor no desaparece enseguida, ¿verdad? Entonces, al final, contra una persona herida…
—¡Shh!
Su charla se cortó abruptamente. Sintiendo algo, los sirvientes se dispersaron rápidamente en todas direcciones. Poco después, la puerta de la habitación se abrió. Pernin está aquí. Se oyó el sonido de una cerradura al abrirse, seguido de la puerta de la habitación.
—Pernin.
Al abrir la puerta, me vio de pie frente a él y se puso rígido por un momento. Por encima de su hombro, pude ver a los sirvientes que miraban con ojos sorprendidos. Pero las figuras eran borrosas, como la niebla. Lo único que podía ver con claridad era Pernin.
¿Dónde has estado? ¿No es peligroso quedarse en el Palacio Real? ¿Has visto mi mano?
Había muchas cosas que quería preguntar, pero otras palabras salieron de mi boca.
—Dormí profundamente.
Le conté mi estado.
—Ya estoy bien.
Pernin entró en la habitación. Me agarró del brazo y me enterró entre sus brazos. Los brazos que me rodeaban la espalda apretaron fuertemente mi cuerpo. Una expresión de alivio apareció en su rostro.
—Has dormido mucho tiempo.
Una voz grave sonó en mis oídos.
—¿Has dormido bien?
Pernin me acarició el pelo y bajó la cabeza. Un suave toque me rozó la frente. Llegó a mis ojos. Se deslizó por mi mejilla y me rozó los labios. Le correspondí a su beso. Su lengua era cálida como siempre, suave como siempre. Pernin no vio mi mano. Si la hubiera visto, no habría hecho este tipo de contacto. Me sentí confiado y aliviado de que no lo hubiera visto.
—Quiero hacer un poco más.
Lamenté que los labios se separaran, así que dije esas palabras. Pernin me frotó los labios con el pulgar y se rió.
—No. Primero tienes que comer. Hace tiempo que no comes nada.
—No moriré si no como durante unos días. Esto es más urgente para mí.
Le agarré la cara y junté los labios de nuevo. Podía sentir su sonrisa. Pero la mano que había estado acariciando suavemente mi nuca me agarró del hombro y me empujó suavemente.
—Más tarde. Ahora no.
Pernin volvió a mirar a los sirvientes. Los sirvientes que lo habían estado mirando con la boca abierta apartaron rápidamente la mirada. Tenían las orejas rojas.
—Ya que han terminado de limpiar. Vayan por la comida.
—Ah... Ah sí. Si está enfermo, ¿le traemos sopa?
Pernin me miró. Supongo que no me dará lo que quiero a menos que coma algo. Si tenía que comer de todos modos, quería comer lo correcto.
—Me gusta la carne.
—Ya veo. Lo pediré para que sea preparado.
Diciendo eso, Pernin cerró la puerta de la habitación. Más allá, se oía el sonido de los sirvientes saliendo desordenadamente de la habitación.
—¿Lo has visto?
—¡Lo vi! ¿Quién dijo que era violento?
—Dios mío, ¿qué? ¿Meter el antebrazo? ¡Deberías ser tú quien meta el antebrazo en la cabeza!
Las voces de los sirvientes que susurraban estaban llenas de excitación. En cuanto se fueron, la sala quedó en silencio. Repasé una a una las palabras de los sirvientes. Quienquiera que fuese la persona con la que Pernin se reunió en el pasado y qué tipo de obsesión mostraba, todo eso es cosa del pasado. Incluso sabiendo eso, la ansiedad salió lentamente.
Pernin dijo que sólo cuidaría de mí a partir de ahora. También dijo que sólo tendría sexo conmigo. Pero, ¿cuánto durará esa promesa? Mi mirada bajó hasta mi mano. Incluso después de ver la realidad oculta entre las vendas, me pregunté si los pensamientos de Pernin seguirían siendo los mismos.
—¿En qué estás pensando?
Tiró de mí y me sentó en el largo sofá.
—No hagas caso de lo que dicen. Los rumores siempre aumentan en una mala dirección.
Yo también lo sabía. Pero saberlo y estar ansioso eran dos cosas distintas.
—Parece que no me crees. ¿No confías en mí?
—No es así.
—No. Si tienes alguna pregunta, hazla directamente. Te responderé.
No sabía qué preguntar. ¿Debería preguntar a cuánta gente ha conocido durante todos estos años?, ¿o debería preguntar si me daría la confianza en que no conocerá a otras personas después de que mi cuerpo colapse? Ninguna de las dos preguntas salió.
—Pernin, ¿dónde tengo que ir en el Palacio para encontrarme con Radeck?
Esa fue la pregunta que surgió. A través de Radeck, debería ser capaz de ponerme en contacto con mi padre. Todas mis preocupaciones se resolverán si mis manos están bien. Pensando así, pregunté y la sonrisa desapareció de la cara de Pernin.
—Pensé que preguntarías algo sobre mí. Pero preguntas por Radeck,
Me tomó de la mano izquierda, que estaba envuelta en una venda. Me sorprendí e intenté apartarla, pero una fuerte fuerza hizo que levantara el brazo.
—¿Es por esto?
—¿Qué...?
—Pensé que lo odiarías, así que intenté fingir que no lo sabía.
—Pernin, espera...
—Si usas esto como excusa para ir a ver a otro hombre, las cosas cambiarán.
Me quitó la venda antes de que tuviera tiempo de detenerlo.
«No lo quites. No mires.»
Antes de que pudiera decir eso, el dorso de mi mano quedó al descubierto. A primera vista, se veían los huesos. Después de recuperar el sentido, lo empujé con fuerza. Cubrí el dorso de la mano con la otra, pero ya lo había visto.
—Esto es…no. Es porque está un poco herida… Esta…
«Esta no es mi mano.»
Las palabras no salieron de mis labios. Pernin volvió a agarrarme del brazo. Intenté resistirme, pero una fuerza mayor tiró de mi brazo.
—Eres fuerte y seguro de ti mismo, pero...a veces eres así. Hay momentos en los que no puedes evitar encogerte.
El vendaje restante se desprendió. Mis feas manos quedaron al descubierto. Apreté los puños, queriendo ocultarlo aunque fuera un poco. Incluso esos dedos fueron extendidos uno a uno por Pernin. Sus dedos se entrelazaron entre mis dedos escasamente huesudos.
—¿Cuál es el problema?
Acarició mi mejilla y levantó la cabeza inclinada.
—¿Cuál es el problema? Te has despertado, ¿hay algo más importante que eso?
Lo había. Una mano intacta, un cuerpo perfecto, un caparazón de una persona que puede ser igual a él. No contesté en voz alta, pero la comisura de sus labios se levantó como si hubiera logrado entender mis pensamientos.
—De acuerdo. La apariencia es importante para ti. Entonces, si mi piel está arrugada, ¿me dejarás?
«No. Eso nunca ocurrirá.»
—Si me hubiera quemado la cara en la Torre de los Magos, ¿me habrías dejado atrás?
—No, no es así.
—Por supuesto que no. Seguirás a mi lado aunque mi piel esté toda deformada. Sé que lo harás. Si no lo haces, te atraparé y haré que lo hagas.
La voz lánguida sonaba de algún modo sombría.
—Lo sé, pero… Tú no lo sabes…
Me quedé sin palabras. Quería decir algo, pero no me salía ningún sonido. El secreto de mi mano que intentaba ocultar no era en realidad un secreto. Pernin lo sabía todo desde el principio.
Lo sabía, pero no lo demostró. Me besó aunque lo sabía. A pesar de toda mi fealdad, me sonrió como siempre.
La calidez se extendió desde el corazón. Al mismo tiempo, la cara de mi padre, que había sido arrogante y había dicho que le daba asco, apareció en mi mente.
Saqué la mano que estaba siendo sujeta por él. Bajé la manga para cubrirme el dorso de la mano, pero Pernin volvió a subirla.
—No la cubras. Es bonita.
Pernin me empujó suavemente el hombro. Cuando caí sobre el sofá, su gran peso se subió. No fueron patadas ni puñetazos lo que golpeó mi frente. Fueron sus labios suaves como el algodón.
—Ten tanta confianza como siempre. No pasa nada.
Era una voz ligera, pero el peso llegó con fuerza. Cada palabra penetró en mi mente. Levanté la vista hacia él. Vi un enorme lago mirándome. Su pelo brillaba como el cálido sol de primavera. Todo eso me envolvía cálidamente.
—Te lo diré muchas veces. Me gusta tu aspecto ahora.
Se inclinó. Su aliento rozó mis labios. Su respiración se transmitía a través de su pecho.
Mi padre, que me había golpeado con los pies diciendo que era feo y que estaba delante de mí, se desvaneció poco a poco. Con cada respiración de Pernin, con cada pulso de su corazón, mi padre se desvanecía.
—Yo...no soy una persona. ¿Pero estás bien?
—Si hubiera considerado eso, no habría tenido una relación como ésta en primer lugar.
Sus labios tocaron mis ojos y luego se separaron. El bastón blandido por mi padre desapareció. Era una sensación agradable. No había necesidad de ocultar que era feo.
—¿Qué más específico quieres que sea? ¿Quieres que te diga que me excito cuando veo tus manos? ¿Te sentirías tranquilo si dijera eso?
Mi lengua separó sus labios como si estuviera ansioso. Estaba apunto de besarlo, pero Pernin se apartó inmediatamente. Cuando levanté la vista con una sensación de traición, se rió silenciosamente.
—Eres el primero con el que me siento satisfecho…sí, ya lo he dicho antes, nunca he sentido afecto por nadie. Es la primera vez que beso a alguien así. ¿No te lo había dicho?
Apartó mi pelo.
—Eres el primero por el que siento un deseo sexual pleno, no solo curiosidad.
Agarró mi mano. El lugar donde me sentó fue en su parte baja.
—Eres el primero al que permito tocarme aquí.
Dejé que Pernin presionara con mi mano su pene erecto. El suave tacto que sentía a través de la palma de mi mano me hizo sentir mejor. Disfrutando de ello, Pernin también me acarició el centro de mi parte baja.
—Eres el primero al que chupo esto con la boca… Ahora que lo menciono, me siento un poco extraño. ¿Qué he estado haciendo durante tantos años?
Me subió la parte superior del pijama. Su pulgar acarició el pezón mientras se escuchaba un gemido desde su garganta.
—Solo pude hacer esto. Es todo el contacto que tuve.
—Ah…¿qué?
—Al querer llegar más abajo del pecho, toda la emoción se enfriaba. En algún momento se me quitaron las ganas por los continuos fallos. Mientras tanto, corrió el rumor de que era impotente e incluso que era eunuco. Los que albergaban malos sentimientos hacia mí intensificaron el rumor.
Pernin cubrió mi pecho con toda la palma de la mano. Mi respiración se aceleró mientras subía y bajaba lentamente sobre mi pecho. Los dedos de los pies se curvaron al sentir el roce de mis pezones contra sus palmas. Mis rodillas se flexionaban y luego se extendían.
—Pernin, que...
—¿Te sientes bien?
Respondí asintiendo con la cabeza. Sonrió y se inclinó sobre mí. Los labios de Pernin cubrieron las protuberancias de mi pecho. Un pezón fue succionado por su boca.
La otra mano de Pernin bajó y agarró mi pene. Un jadeo fue el que salió mientras lo apretaba.
—Ah... Ah... sí...ahí...
El pezón, que había sido succionado con fuerza, volvió a su posición original. Mi espalda se estremeció cuando su lengua presionó contra mi piel. El entumecimiento subió por la nuca y recorrió hasta mi cuero cabelludo.
Tiró de la correa de mi pantalón. Una mano se deslizó dentro de mi ropa interior y sacó mi pene. Mientras tanto, Pernin me chupaba suavemente los pezones.
—No puedo ponerme erecto si no eres tú. ¿Estás más convencido ahora?
Volví a asentir con la cabeza ante las palabras susurradas. De hecho, estaba tan alterado que no entendía lo que decía. Sólo asentí incondicionalmente con la cabeza porque me gustaba la voz de Pernin. Pernin se rió. Era una sonrisa que parecía algo retorcida.
—Bien, entonces hablemos de otra cosa. La razón por la que no podía estar con otras personas. Antes dije que era por ti, ¿recuerdas?
—Ah… Ah, sí… Ya lo habías dicho antes…
Mi espalda temblaba mientras masajeaba mi pene. Sus labios húmedos me rozaron las orejas.
—¿Has pensado alguna vez en lo que eso significa?
—No, no lo sé... Pernin, que... Un poco más fuerte en eso...sí…
Me impacientaba que frotara mi pene hasta el punto de casi enloquecer. Extendí la mano y toqué el suyo. Al igual que yo, estaba erecto e hinchado, pero no entendía por qué lo soportaba y su cuerpo no estaba temblando.
Sé que tiene mucha paciencia porque lo he visto desde que era niño. Pero desearía que no demostrara esa paciencia en una situación como esta. La otra mano acarició sus firmes muslos.
Los fuertes músculos de sus piernas se tensaron y jadeó. Mientras acariciaba sus muslos y su pene erecto, Pernin dejó escapar un pequeño gemido.
—Me gusta esto.
También hubo un pequeño sonido de dolor.
—Tú... ¿Qué demonios eres?
Su codo se apoyó en el sofá mientras su cuerpo temblaba. Su pecho, que se hinchaba y luego se hundía, informaba de su excitación. Pernin es débil en el interior de su muslo. Sabía que era algo bueno.
Su cuerpo se inclinó hacia mí, así que abracé la espalda de Pernin y tiré de él hacia abajo. Froté mi pene contra él y mi espalda se levantó. Ambos penes se frotaron mutuamente. Su boca rozó mis orejas y dejó escapar un pequeño suspiro.
Pernin levantó un poco la espalda. Volvió a bajarla mientras frotaba su pene y la levantó de nuevo. Un gemido se escuchó mientras se repetían sus acciones y se estimulaba.
A diferencia de mí, Pernin llevaba pantalones, lo que hizo que me doliera el vientre que era acariciado por la tela. Incluso el dolor se convirtió en una sensación extraña, y mi bajo vientre se tensó.
—Ah... Ah, Pernin, un poco...duele un poco...duele...
No dolía. Se sentía bien. El dolor hormigueante me hizo jadear. El sonido de su respiración agitada en mis oídos hizo que mi cuerpo se eriza de placer.
El cuello, donde tocaba el aliento de Pernin, hacía cosquillas. Parecía que el aliento se extendía por toda la piel. Mi cuerpo temblaba de sensaciones insoportables. Mi espalda se arqueaba, caía sobre el sofá y volvía a levantarse.
—Duele… Para, duele…
—Sopórtalo un poco más. Te gustará.
Pernin desató sus pantalones. Al bajarse la ropa, pude sentir directamente su calor. Gemí por el pene que me tocó.
—Y no mientas. ¿Realmente te duele?
La voz de Pernin, que se escuchaba gruesa y entrecortada, hizo que mis dedos de los pies hormiguearan. Mientras jadeaba sin poder responder, su espalda se detuvo. La manera en que me miraba parecía estar observando algo.
—¿Te duele?
—Ah...me duele... No, no me duele, no pares...así que... Aunque sea un poco más difícil... Ah, ah, ah...
Juntó sus labios con los míos, las respiraciones se mezclaron. La saliva también lo hizo. La lengua, que entraba en mi boca atrapó la mía como si estuviera viva. Mi mente se quedó en blanco en una sensación agradable.
—Izar.
Todo mi cuerpo se crispó al escuchar mi nombre.
—Dime...cuando estaba en el bosque. ¿Alguna vez me dijiste que no tuviera sexo con otras personas?
Asentí con la cabeza mientras buscaba recuerdos. Seguro que dije algo así. Probablemente lo dije el día en que los monstruos estaban en celo. Pernin, que me había estado mirando fijamente, movió la cintura.
Molesto por la lentitud del movimiento, le di una palmada en la espalda. Fue inútil. También le di una palmada en el trasero. Era muy duro. Clap, clap. Intentaba apresurarlo con una serie de palmadas en sus nalgas, pero Pernin no me estimulaba tanto como yo quería. Aun así, me gustaba el tacto de sus fuertes nalgas, así que mi humor también mejoró.
—El tuyo es pequeño y si muestras algo tan pequeño, serás ignorado... Ser ignorado significa morir. Eso es lo que dijiste, ¿verdad?
Volví a asentir. En realidad, fue hace tanto tiempo que no podía recordar si realmente dije eso. Sin embargo, asentí incondicionalmente porque parecía que sólo movería su cintura si le daba la respuesta que quería. Pernin se rió. Era una sonrisa inquietante.
—Así es. Después de todo, tú eres el culpable.
—Ah…espera… Culpable…¿de qué hablas?
—¿No lo sabes? Yo… No podía mover mis testículos.
Mi espalda se entumeció ante la voz baja susurrada. Sentí como si algo se arrastrara por el interior de mi columna vertebral.
—Cada vez que intentaba estar con alguien, escuchaba el sonido de golpear a alguien con los testículos.
—Ah...¿qué?
—Si pudiera escucharlo claramente, podría ignorarlo, pero en mi cabeza el sonido que resuena es borrosa, tal vez porque he perdido recuerdos. El sonido es cortado, pero es ridículo que piense en ello… Quiero decir, sobre tener sexo…
Movió su cintura. Los endurecidos genitales se rozaron con los míos.
—Cada vez que intentaba hacerlo, algo me lo impedía… Me sentía como si me obligaran a castrarme. No conocerás esa sensación.
Un pequeño gemido brotó cada vez que su cintura se movía. Cada vez que su cintura presionaba contra mi pene, mi cuerpo se enterraba en el sofá. La mano que agarraba su hombro era fuerte.
—Sé que sólo son alucinaciones. Si alguien viera mi pene, me ignoraría o podría morir… Eso no era posible, pero no podía evitar sentirme rechazado, aunque lo supiera… Porque saberlo y que esté impregnado en tu cerebro son dos cosas diferentes.
Las palabras que siguieron entraron en mis oídos como un murmullo. En lo único que podía concentrarme no era en su voz, sino en la parte inferior de su cuerpo rozando con el mío.
Ojalá pudiera hacer más. No, esto no era suficiente. Conocía un estímulo mayor que este. Conozco la sensación cuando su pene se aprieta entre mis nalgas, pero esto no podía ser suficiente para satisfacerme.
—Tú no puedes escuchar ese tipo de palabras. ¿Tu mano está un poco mal? No pasa nada. Es bonita. Todo tu cuerpo puede colapsar. No importa el aspecto que tengas, puedo follarte.
Se levantó. Un pie aterrizó bajo el sofá mientras Pernin me agarraba la pierna y la separaba. Sus labios se acercaron a mi pene y lo tragó. Sentí su aliento y dejé escapar un gemido. Movió la cabeza lentamente hacia arriba y hacia abajo.
Mi cintura intentó moverse, pero mis muslos que estaban siendo agarrados lo impidieron. Un sonido obsceno se escuchaba constantemente desde la parte inferior de mi cuerpo. Los labios que estaban succionando mi pene como si lo arrancaran, continuaban lamiendo el glande de mi pene antes de separarse.
—Es una enfermedad mental creada por ti. Así que no pienses tonterías... Sin importar tu aspecto, quédate a mi lado.
Asentí. Asentí incondicionalmente. En realidad, no entendía lo que decía, pero no importaba. Pernin me aceptaba. Nada era más importante que eso, así que era hora de pasarlo bien.
En cuanto lo pensé, oí el ruido de la puerta de la sala al abrirse. La presencia se acercó a la puerta de la habitación y se detuvo. El golpe sonó como un trueno. Era el sonido de romper un agradable momento.
—He traído la comida. ¿Puedo pasar?
El cuerpo de Pernin se detuvo ante la voz del sirviente. La molestia y la vacilación brillaron en sus ojos por un momento, que rápidamente se convirtieron en una expresión tranquila.
—Déjalo delante de la puerta.
Escuché al sirviente alejarse de la habitación. Mientras tanto, la mirada húmeda de Pernin no se apartaba de mí. Cerró los ojos.
«De ninguna manera. No puedes hacerlo.»
Contrariamente a mi deseo, cuando abrió los ojos, Pernin se estaba tranquilizando.
Tras respirar hondo, se levantó. Pernin, innecesariamente paciente, estaba a punto de poner fin a la diversión aquí.
—Pernin, puedo comer más tarde.
Mientras le agarraba la mano que estaba a punto de subirme los pantalones, Pernin me miró con una expresión preocupada. Su boca sonreía, pero sus ojos parecían oscuros.
—No tengo conciencia suficiente para tratar con alguien que lleva cuatro días sin comer. Come primero…
Sus palabras se cortaron. Agarré a Pernin por el cuello y lo derribé. Giré su cuerpo y lancé a Pernin en la posición en la que yo estaba acostado. La posición se invirtió. Me subí encima de él y miré a Pernin. Tal vez, si Pernin hubiera querido detenerme, podría haberlo hecho. Aún así, el hecho de que no lo impidiera significaba que Pernin también quería esto.
—Pernin, si quieres hacer algo, hazlo.
Si vives con sencillez, el mundo será feliz. Agarré el abrigo de Pernin antes de que lo impidiera. No había tiempo para deshacer los nudos. Al quitarlos uno por uno, Pernin controlará su deseo sexual y me apartará.
—Si quieres algo, hazlo.
Abrí la parte superior de la prenda de un lado a lado. Con un ruido sordo, la tela se desgarró. En cuanto apliqué fuerza, su cuerpo quedó expuesto. La tela desgarrada cayó sobre su pecho. Su pecho, que se hinchó y luego se hundió, me hizo saber que estaba excitado por mis acciones.
—Mira. Tu también te sientes ansioso, ¿verdad?
Le cubrí el pecho con ambas manos. Moví mi mano, recordando lo que había hecho por mí. Arriba, abajo. Mientras acariciaba lentamente, sus pezones se frotaban bajo mis palmas. Esto te hará sentir mejor. Lo froté con un movimiento circular, recordando lo que él me había enseñado. Pequeñas protuberancias rodaron bajo mis palmas. Froté con el dedo cerca de la areola y pellizque el pequeño bulto.
—Lindo.
Es un bultito muy lindo. Es el pezón de Pernin. Pensé que le gustaba que me tocara, pero no era así. Inmediatamente entendí por qué Pernin sujetaba mi cuerpo así y respiraba agitadamente. Mi respiración cambiaba de igual manera.
—Pernin, eres tan lindo...muy lindo...sí que lo eres.
¿Qué debería hacer con esta sensación? ¿Qué debo hacer? Algo, de alguna manera… Pernin de alguna manera. Yo sabía lo que era este sentimiento. Este sentimiento es llamado para alguien que es encantador. Esa hermosura se extendió desde el corazón y se reunió en el bajo vientre. Ese calor dirigió a Pernin a que hiciera algo al respecto.
Froté su grueso pecho en redondo. Tocaba los músculos envueltos en piel suave. Estaba erecto. Cuando a veces se estremecía y aplicaba fuerza, se tensaban como si lo estuvieran aprisionando.
Me gustaban esas sensaciones, así que mi espalda temblaba. El pene de Pernin bajo mi trasero se presionaba repetidamente. Probablemente fue por eso que Pernin dejó escapar un pequeño gemido.
—¿Te gusta esto?
No hubo respuesta, pero probablemente fue positiva. Su respiración entrecortada me hizo saber que le gustaba. Me senté sobre su pene, presionándolo contra mi agujero. El pene presionado se frotaba hacia delante y hacia atrás. Pernin emitió un sonido de placer. Se pasó la mano por la cara. Un pequeño suspiro escapó de entre sus dedos: “Qué demonios.”
Bajé la mano y le acaricié el vientre. Los músculos convexos me dieron ganas de morderlos. El vientre es difícil de morder, así que en su lugar mordí la protuberancia del pecho.
Sabía cómo hacer que esto se sintiera bien. Como había hecho Pernin, lo cubrí con los labios y lamí el pezón con la lengua. El sonido de su respiración grave pareció erizarme la piel de toda la espalda.
Pernin me acarició la nuca. Su otra mano acarició mi espalda y luego agarró mi trasero. Se me escapó una sonrisa al ver las manos temblorosas. A Pernin le gusta mi trasero, como a mí me gustan sus testículos. Le gustaba golpear ligeramente y acariciar mis nalgas, como lo hace ahora. A mí también me gustaba.
—Pernin...tu pecho...me gusta tu pecho.
Mis labios que chupaban su pecho se apartaron. Se hizo un sonido húmedo. Froté con la lengua el pezón erguido y volví a morderlo. Evidentemente era yo quien lo estimulaba, pero de algún modo estaba más excitado que Pernin. Pernin, que me agarraba y me frotaba el trasero, parecía bastante tranquilo.
—Pernin, ¿cómo te sientes?
—Bien.
Sus ojos parecían oscuros cuando miró hacia abajo. Fruncía el ceño como si intentara aguantar algo, pero tenía la boca abierta en una sonrisa. Eso era terriblemente aterrador
—Se siente bien. Así que paremos y levantémonos. Comamos…
Todavía no. Me levanté y bajé a su vientre. Como él hizo por mí, aparté uno de sus muslos e hice que se apoyara fuera del sofá. Mordí con la boca la suave carne del interior de las piernas ensanchadas. Pernin dio un pequeño suspiro. Sí, esto es lo que quería ver, esta reacción.
—Te gusta aquí, ¿verdad?
El interior de los muslos, cerca del pene. Chupé suavemente la carne de allí. Al lamerla con la lengua, sentí una carne caliente en mi mejilla. Era el testículo de Pernin.
Lo sostuve en mi mano y lo masajeé, luego agarré el pene erguido. Mientras frotaba con mi mejilla el pene erecto, lo miré.
—Te gusta hacer esto. Ya lo sé.
Mi respiración se acelera. La respiración de Pernin también se hacía más fuerte. Esto es algo bueno. Metí el húmedo y brillante glande en la boca. Moví mi lengua y la froté contra el pequeño agujero. En ese momento, me agarraron los hombros y tiraron de mi cuerpo hacia arriba. Sus labios se tocaron contra los míos. Las lenguas se entrelazaron. Los cálidos fluidos corporales se mezclaron entre sí. Los labios que se separaron de mí esbozaron una sonrisa retorcida.
—Sí, has ganado.
Era una voz inquietante.
—Has dicho que no vas a comer. Entonces te follaré sin problemas. ¿Te parece bien?
Me agarró el trasero con ambas manos. Las nalgas se abrieron de lado a lado, luego se juntaron, volvieron a abrirse y luego se cerraron. Mi excitación era máxima porque sabía lo que estaba haciendo. Un gemido resonó en su garganta.
Sus dedos se deslizaron entre mis nalgas y tocaron el agujero. Levanté la cabeza mientras presionaba su dedo la entrada y lo frotaba en círculos.
—Ah, ahí... Pernin, ahí.
Volví a inclinar la cabeza. Respiré hondo. Mi frente se frotó contra su pecho. Los muslos que sostenían mi cuerpo se desplomaron y mi cuerpo cayó encima de él.
—¿Por qué te acuestas encima de mí? Levántate. ¿Vas a seguir tocándome?
—Ah... ¿Dónde…? ¿Dónde debo tocarte?
—Donde quieras. Te gusta tocarme, ¿no es cierto? Saca la lengua y chúpamelo.
Quería hacer lo que me decía, pero me tumbé encima de él y no podía chuparlo. Mientras acariciaba su cuerpo con mi mano, mis dedos tocaron su hombro. Al deslizar mi mano, pude sentir más su duro hombro. La sensación era tan agradable, que mi cabeza se frotó contra él. Sus rápidos latidos se escuchaban sobre mi pecho inclinado.
—Ah...ah…sí… Pernin. Tus hombros…sí…me gustan tus hombros.
—Lo sé. Por supuesto que te gustan. Te gustará cada mechón de mi pelo. ¿verdad?
Mi estómago se apretó ante la sensación de un dedo entrando en el agujero. Como para regañarme, me dio una palmada en la nalga. Mientras gemía y me relajaba, esta vez me agarró el trasero suavemente y lo masajeó, como si fuera un elogio.
Sus dedos se deslizaron y recorrieron el interior de la carne. Su dedo se deslizó hacia afuera, recorriendo la zona del perineo y acariciando la suave piel. Nuevamente metió el dedo y hurgó el interior.
—Ah...ahí. Pernin, hace cosquillas...se siente bien… Ah…es genial…
Mi cuerpo se crispó. Estaba tumbado encima de él y jadeaba. Me gustaba el calor del vientre desnudo y su pene.
—Bueno, ya lo sabes… Me siento tan bien…
—Ah... Sí...
—Ha sido así desde la primera vez. ¿Lo has hecho alguna vez con un monstruo en el bosque?
—¿Qué, qué...? Ah, duele un poco. Más lento...
Los dedos que entraban en el agujero daban una sensación de rigidez. Ignorándolo, sus dedos se apresuraron a entrar.
—Dime. Te pregunto si alguna vez has follado con alguien que no sea yo. ¿Lo has hecho en el bosque cuando estabas de forma humana?
No pude responder enseguida a la palabra desconocida “follar” y jadeé. Pernin hizo un pequeño sonido "ah" como si se hubiera dado cuenta de mi reacción.
—Te pregunto si alguna vez alguien más te ha metido un pene. ¿Entiendes cuando digo esto?
—Ah…sí…no, solo tú…ah…
—Contesta correctamente.
El dedo que entró se detuvo en un punto y temblé ligeramente. Mi columna vertebral se puso rígida. Los músculos de mis muslos se tensaron. Moví las caderas y froté mi pene contra su vientre. Mi cuerpo temblaba de vez en cuando con el picor que se extendía por todo mi cuerpo.
—No pasa nada. Puedes responder con sinceridad.
—Ah…ah…
—Te habrías sentido solo ya que pasaste durante mucho tiempo en el bosque. Pienso que podría ser suficiente. Si no te sientes solo con este placer, es suficiente.
Una voz suave susurró en mi oído.
—Entonces... Dime qué tipo de monstruo era.
N/T: Para después matarlo, seguramente ese es el pensamiento de Pernin.
El tono lento era tan suave y dulce. Aún así, de alguna manera se sentía espeluznante. Eran celos. Un pensamiento cruzó mi mente nublada.
—¿Era un animal? ¿O plantas?
Los dedos aumentaron a dos. Por alguna razón, en el momento en que los metió, fue cuando las palabras “animal o planta” salieron de su boca. Al ver su expresión, pensé que ese tipo de monstruo moriría en el bosque.
—Si es difícil definir la forma... Está bien. ¿Vamos juntos al bosque? Sólo tienes que señalar desde lejos. ¿Qué te parece?
Los dedos que entraron profundamente se movieron en círculo y luego salieron. Quise contestar, pero lo único que pude hacer fue gemir. Comprendí tardíamente la pregunta de Pernin y negué con la cabeza en respuesta.
—¿Qué quieres decir con eso? ¿No lo hiciste?
Respondí asintiendo con la cabeza. La piel, que rozaba contra mi mejilla, era suave. Pernin me acarició la espalda. Mis dedos sentían un entumecimiento.
—Sí, no lo hice... Si lo digo de otra manera, sería un inexperto en el tema.
Su dedo se retiró. Mi espalda tembló de sorpresa, pero Pernin se levantó. Por eso, yo, que estaba encima de él, me incliné hacia atrás. Mi espalda tocó el sofá. Una gran mano me agarró y me levantó la pierna y la separó. Se reveló que la entrada por donde entraban y salían los dedos estaba abierta. El agujero se estrechó y se ensanchó mientras miraba. Se oyó una risa baja.
—Inexperto o lo que sea, está bien. Que solo lo hayas hecho conmigo, es bueno. Sí, me gusta.
Una lengua suave se frotó entre las nalgas abiertas. La lengua húmeda llegó hasta los testículos. Los labios que habían estado chupando la suave carne se movieron hacia mi pene.
Pernin se metió el pene en la boca. Abajo, los dedos volvieron a deslizarse por el agujero entre las nalgas. Mi cintura se retorció ante aquellas sensaciones.
El pene entró hasta su garganta. La sensación de apretar y aflojar se repitió. Mi pecho subía y bajaba ante ello.
—Per...ah… Ugh…
Mi espalda temblaba. Mis muslos temblaban. El balanceo de la cintura subió y bajó repetidamente en el sofá. Un sentimiento a una sensación de clímax recorrió mi cuerpo y mis ojos se cerraron con fuerza. Mi pene vomitó un líquido espeso en su boca. Pernin abrió la boca.
Pernin escupió el líquido blanco en la palma de su mano. El movimiento parecía lento. Pernin se restregó el semen en su propio pene. Por alguna razón no podía quitarle los ojos de encima.
—Las rodillas. Agarralas y abre las piernas.
Por reflejo hice lo que me dijo. Entre las piernas abiertas, el cuerpo de Pernin se acercó.
—Dime si te duele.
Un trozo redondo de carne tocó el agujero. Mi cuerpo se puso rígido mientras abría la entrada y entraba.
El glande del pene entró. Los músculos del interior, abiertos a la fuerza, provocaron pequeñas convulsiones y repetidas contracciones y relajaciones.
—Pernin...ah...esta sensación... Se siente extraño... Esto es, extraño, extraño.
El interior se estremeció finalmente. La sensación era desconocida. Tal vez era lo mismo para Pernin. Se mordió el labio con el ceño fruncido. Como si estuviera reteniendo algo, dejó escapar un breve suspiro.
Intentaba aliviar lo que parecía doloroso, pero no lo conseguía. Mis tensos músculos volvieron a tensarse aunque se relajaron suavemente. Acabé tensando y aflojando rápidamente. Pernin chasqueó ligeramente la lengua. Me agarró por mis hombros y me empujó hacia atrás de golpe.
—¡Ah...! ¡Espera...!
El estrecho pasaje interior se abrió de golpe. Un grueso bulto de carne llenaba el interior. El agujero que intentaba estrecharse apretaba fuertemente la carne intrusa.
No me importó, y el pene, que se estaba deslizando lentamente, levantó mi cuerpo una vez más. Al oír la carne chocar, agité la mano y le agarré el hombro. El pene salió y volvió a entrar. El sonido se repetía cada vez más rápido.
—¡Per...ah…!
Se inclinó. La profunda inhalación y exhalación de Pernin me conmovió.
—Sólo...
Sus dedos perforaron el cuero del sofá a mi lado. Debería haberme sorprendido por aquella fuerza ridícula, pero me distrajo el movimiento de la parte inferior de su cuerpo.
—Quiero follarte todo lo que pueda.
El débil sonido que salió apenas era audible por el sonido de la respiración. Respiró hondo y redujo la velocidad. Una mano que no estaba en el sofá acarició mi cara.
—¿Está bien?
—Ah...ah...
—¿Puedo hacerlo? Follarte a mi voluntad. ¿Puedo?
Las manos son suaves. Los ojos no eran amables. Mi columna vertebral se estremeció como si estuviera frente a un monstruo.
—Contéstame. ¿Puedo hacerlo?
«¿Qué puede? Ah, follarme. Claro que puede.»
Estaba sin aliento, así que solo me limité a asentir con la cabeza en su lugar. En el momento en que los labios de Pernin se levantaron en señal de satisfacción, mi espalda se movió hacia atrás. El repentino movimiento me impidió respirar, y empujó de nuevo la parte inferior de mi cuerpo. Se escuchó el sonido de la piel chocando entre sí.
El agujero abierto a la fuerza apretó su pene. No le di importancia y agarré el brazo de Pernin por el grueso pilar de carne que entraba y salía. Mi respiración era irregular. Mi agujero hormigueaba cada vez que su grueso pene se metía profundamente.
—Pe, Pernin, un poco...más despacio...¡ah...! ¡Ah!
Él, que se suponía que era amable, no me escuchaba. Mi cuerpo temblaba. El sonido de la carne chocando entre sí resonó. Su respiración entrecortada me hacía cosquillas en los oídos. Mi corazón dio un vuelco mientras fruncía el ceño por momentos. Todo mi cuerpo tembló al oír un gemido bajo.
«Me encanta. Pernin. Haz ese sonido una vez más.»
Quería decir, pero estaba fuera de mí para hablar.
—Ah... Ah…
El pene que se frotaba estrechamente contra el interior seguía presionando una parte. Mi cuerpo temblaba. La parte posterior de mis rodillas dobladas me picaban y no podía soportarlo. La sensación de hormigueo se desplazó desde el bajo vientre hasta la parte posterior de la cintura.
—Per...ugh…ah…
Levanté la cabeza. La sensación se extendía desde la parte inferior del cuerpo, pero el pene estaba atascado en el agujero, por lo que no podía moverse correctamente. Cada vez que oía un ruido sordo, mi estómago se flexionaba y temblaba.
El pene del interior golpeaba tan fuerte que gemía. La zona golpeada dolía. Era bueno. Me sentía entumecido. Sentía un gran picor.
—Demasiado...tan…ah…. Bueno…
—Entonces, ¿te gusta?
No. No es eso. Pero creo que está bien. Escuché una voz temblorosa en su respiración. Nuestros ojos se encontraron. Los ojos brillantes parecían los de una bestia. No, quizá se parecían a los de un monstruo. Cerré los ojos con fuerza. Escuché la carne golpeando. Mientras sacudía la cabeza ante las insoportables sensaciones, la fuerza que golpeaba la parte inferior de mi cuerpo se intensificó como si me castigara. Sus dedos acariciaron mis ojos.
—Abre los ojos.
No tenía fuerzas para contestar. El pene de Pernin sobresalía por el estrecho agujero.
«Despacio, solo un poco. Sí, un poco más duro. Sí, más fuerte. No lo hagas, porque duele. Se siente bien.»
Todo tipo de pensamientos contradictorios pasaban por mi cabeza. Mi espalda temblaba incontrolablemente y me estremecía con sus movimientos. El sonido de la carne llegaba constantemente.
—Abre los ojos. Deprisa, ¿sí? ¿No quieres verme?
El sonido de la voz en mi oído hizo temblar mi columna vertebral. Detuvo el movimiento que estaba haciendo y se movía en círculos, como si aplastara la carne interior. El movimiento de la parte inferior del cuerpo, se transmitió de manera clara. Mis muslos temblaron ante la extraña sensación.
—¡Ah…! ¡Ahí…! Pe, Pernin… Es bueno…
—¿Es bueno?
Asentí. Asentí varias veces. Era bueno que se moviera en círculos como ahora. Todo era bueno. Su voz entrecortada también era buena.
—¿No te duele?
—No me duele… No duele. Incluso hazlo más fuerte… Ah… Eso, no lo frotes. No lo hagas lento.
—¿Por qué?
—Eso es…sí… Eso es demasiado…
—¿Es demasiado bueno? Sí, ya veo.
No. No es eso. Pero también parece ser correcto. Todo lo que diga Pernin tal vez era correcto. Los pensamientos que tuve hace un momento volvieron a llenar mi cabeza. Estaba preocupado por la cintura que estaba firmemente incrustada en su pene y que constantemente se movía. En el agujero, el glande de su pene se clavaba con fuerza en la pared interior. La sensación fue tan clara que mi vientre temblaba. Mi boca se abrió ante la sensación que se arrastraba por el interior de mis muslos. Una suave lengua se deslizó en mi boca. Instintivamente, succioné la lengua con los labios.
Pernin tomó aire y levantó la parte superior del cuerpo. Me agarró por detrás de la rodilla y me levantó. Un sonido húmedo de las nalgas levantadas resonó. No sabría decir si a Pernin le temblaban los ojos o si su cuerpo temblaba.
—Ah... ¡Ah…!
Mi trasero se tensó. La columna vertebral tembló. El segundo clímax llegó de golpe, levanté la cabeza. Fluidos corporales más finos que los primeros salpicaron mi estómago. Los ojos de Pernin se clavaron en mí mientras respiraba. El vello de la espalda se erizó ante la mirada que parecía lamerme.
—Bien hecho. Sigamos.
Pernin golpeó la parte inferior de su cuerpo contra mí. Varias veces brevemente. Mi cuerpo temblaba mientras respiraba profundamente. Se oyó un sonido obsceno por la viscosidad que se extendía dentro del agujero.
—Ah...esto...me gusta.
Mi cuerpo se levantó con jadeos. Cuando me senté encima de él con el agujero conectado con su pene, el bulto de carne que llenaba el agujero se incrustó hasta la base. Ante la sensación, me aferré al hombro de Pernin, y una gran mano acarició mi espalda.
—Tomate tu tiempo para relajarte… Sí, eso es.
Mientras me incorporaba sobre mis rodillas, su pene fue sacado del agujero. Cuando su glande quedó cerca de la entrada, Pernin me agarró la cintura y me presionó hacia abajo. Clap, el trasero chocó contra el muslo. El trozo de carne que había sacado volvió a llenar el agujero.
—Ah...ah...
Me sobresalté por la repentina estimulación y el interior tembló. Pernin exhaló ligeramente y frunció el ceño. Me gustó esa cara, así que me levanté. Volví a levantarme y volví a bajar
Cada vez que me sentaba sobre sus muslos, se escuchaba un ruido seco. El interior, que había sido frotado sin parar, resultaba doloroso. Cada vez que la carne interior se frotaba, una sensación de cosquilleo se transmitía hasta las puntas de mis pies. En el momento en que el pene flácido estaba a punto de endurecerse de nuevo, un golpe rompió el flujo.
Toc toc. Intenté ignorarlo, pero escuché otro golpe procedente del otro lado de la puerta.
—Ah, Pernin...parece que alguien ha venido…ah…
—Ignóralo.
Como respuesta a esa palabra, sonó un golpe persistente. Cansado de esperar, el oponente abrió la puerta de la habitación y entró.
—Señor, ¿se encuentra…?
Era la voz de Jack. Como si hubiera encontrado la comida que habían dejado el sirviente, se acercó al dormitorio.
—Pernin, necesitas salir a ver... ¡Ah!
Gemí mientras me agarraba por la cintura y me movía arriba y abajo. Mi trasero también subía y bajaba rápidamente. Debe ser por eso que la puerta del dormitorio se abrió ligeramente y luego se detuvo de repente. Pernin también se detuvo y me tapó ligeramente la boca con la mano.
—No hagas ruido. ¿Quieres que te escuchen?
—Ah, ah... Pernin, es...porque tú, te mueves...ah…
Escuché la puerta cerrarse de golpe. Los pasos que se habían apresurado a salir de la habitación volvieron fuera del dormitorio.
—Mi Señor, lo siento si está ocupado… Entonces, la reunión aristocrática celebrada bajo su dirección. Han pasado 30 minutos desde que empezó. No ha asistido, así que he venido a ver qué pasaba.
Jack tartamudeó sus palabras, como si se hubiera mordido la lengua en medio. Pernin frunció el ceño al oír la palabra “reunión”. Como si lo hubiera olvidado, incluso chasqueó un poco la lengua.
—Diles que llegaré pronto.
Lo escuché salir corriendo después de la respuesta de Pernin. Probablemente la reunión sea para discutir el incendio de la Torre de los Magos. Me pareció extraño que Pernin, un plebeyo, celebrara una reunión aristocrática.
—Voy a llevarte a la reunión.
—¿Yo también iré?
—Sí. Disfruta viendo sus caras de resignación.
—¿Qué quieres decir...? Ah, ugh…
Mis ojos se cerraron mientras su lengua húmeda succionaba las protuberancias de mi pecho.
—No tienes nada de qué preocuparte. La reunión de hoy es para dar la noticia de la victoria.
Los ojos de Pernin se curvaron agradablemente. Debe haber una buena razón para que esté así de relajado. Entonces podré seguirlo.
Acarició mi cabeza mientras lamía mi pecho. No está bien pensar en otra cosa cuando estoy compartiendo este placer con Pernin. El sonido de su risa se oía en medio de mi respiración acelerada.
***
¿Cuál fue el último recuerdo? Ah, sí. Pernin, que se movía conmigo en la cama, agotado. Cuando abrí los ojos pensando en eso, estaba en el baño. La sensación del pecho de Pernin tocando mi espalda se sentía bien. Me lavó suavemente mientras yo estaba medio dormido.
El pecho, el estómago, el pene e incluso dentro del agujero. El dedo que entraba y salía para sacar el semen del agujero, provocó que el pene de Pernin comenzara a levantarse, pero de todos modos, Pernin me lavó hasta el final. El semen de Pernin que fue sacado, nuevamente llenó el interior del agujero.
—Pernin, si haces esto, no terminará aunque lo laves… Ah…
—Lo siento. No puedo controlarme.
Era una voz que no lo sentía en lo absoluto. Yo también me sentía bien, así que no había ningún problema. Para cuando terminé de jugar con Pernin en el baño, cambiarme de ropa y comer, ya habían pasado cuatro horas.
—Pernin, creo que es demasiado tarde. Tal vez todos los aristócratas ya se han ido.
—No. Están esperando. Deben de estar ahogándose de ira.
Lo que dijo Pernin era cierto. Al llegar a la sala de reuniones, vi al Rey y a los aristócratas sentados. Eran los que había visto en la sala del banquete.
Puede que estuvieran enfadados con Pernin, pero los ojos de los aristócratas estaban tranquilas, como si hubieran perdido el espíritu de lucha. Incluso después de que Pernin se sentara, la sala seguía en silencio. Me preguntaba si estaban presionando a Pernin, pero las expresiones de los aristócratas eran sombrías para hacer tal cosa.
—¿Por qué no dicen nada? Deberían señalarme como la última vez, ahora como el culpable que quemó la Torre de los Magos. ¿No dijeron que era un criminal atroz que pasaría a la historia?
Fue Pernin quien hizo una burla primero.
No hubo respuesta de vuelta. Algunos aristócratas bajaron la mirada mientras rebuscaban entre los documentos apilados frente a ellos. Aquellos ojos estaban llenos de sorpresa.
—¿Qué es eso?
Preguntando en un pequeño susurro, Pernin empujó hacia mí los papeles que tenía delante. Al ver la primera hoja, apareció una lista de los inversores en el estudio de marionetas. Allí estaban estampados los sellos del Rey y de cada familia aristócrata.
Tras pasar unas cuantas páginas más, apareció también el informe de la Torre de los Magos.
En el informe fue descrito el proceso de producción, los efectos secundarios que tuvieron las personas que murieron y se convirtieron en los sujetos de prueba, qué tipos de experimentos se llevaron a cabo. Además que todo lo demás estaba escrito con todo detalle y divididos en varios legajos.
—¿Cuándo demonios…?
Al pasar unas páginas más, se mostraban informes de inversión respaldados por el Imperio. Como el sello estaba estampado, el Imperio también estaba involucrado en la experimentación humana.
—Los saqué de la Torre antes de quemarla. Porque pensé que sería útil.
Una voz sonriente me susurró al oído. El mismo documento que tenía en mis manos estaba sobre los asientos frente a los aristócratas. Probablemente todos los documentos de aquí son copias creadas mágicamente. La copia original debe haber sido guardada en otro lugar por Pernin.
—¿Cuándo preparaste esto?
—Mientras dormías. Cuatro días fueron suficientes.
Pernin lo dijo a la ligera, pero habría sido imposible para una persona normal. El hecho de que no hubiera salido del Palacio Real durante cuatro días, eso significaba que los aristócratas mantuvieron a Pernin bajo custodia por traición. Así que debía de haber vigilantes. Era sorprendente que preparara todo esto evitando esos ojos.
—La magia para hacer copias es difícil.
Se habría necesitado una considerable cantidad de poder mágico y esfuerzo para crear suficientes documentos para cada aristócrata. No era algo que pudiera hacerse en sólo cuatro días.
—El dinero hace posible lo imposible.
—¿Dinero?
—Le di a Heath un pago extra.
Fue una oración breve, pero tuvo sentido de inmediato. El hecho de que Pernin mantuviera a los magos esperando fuera del Palacio me vino a la mente. No sé como cruzó el muro y se encontró con Heath, pero los documentos originales debieron salir del castillo. Imaginaba a Heath sosteniendo en sus brazos una bolsa con monedas de oro. Esos ojos cansados por el exceso de trabajo. Sin embargo, su boca mientras contaba las monedas de oro parecía sonreír.
—¿Cómo...? ¿Cómo has sacado estos documentos?
Alguien murmuró como un gemido.
—Estas son las cosas guardadas en el pasadizo secreto. No hay manera de encontrarlas…
Pernin se rió. No hubo respuesta, pero creí saber cómo lo había encontrado. Pernin lo encontró con su intuición. Quizá había cortado con su espada la pared que le parecía sospechosa. Los aristócratas se agarraron los cuellos de manera inquietante.
Tal vez incluso si no hubiera encontrado los documentos, la situación no habría sido muy diferente. Ya que los documentos estaban en sus manos, este era el único medio para presionar a los aristócratas y pensé que Pernin los habría presionado de otra manera incluso sin los documentos.
—¿Qué vas a hacer con estos documentos?
Una voz lánguida resonó en la silenciosa sala de reuniones.
—Me corresponde a mí decidir si se revelarlo o no a cada país. Sólo el Imperio tiene el poder de reprimir las protestas de los países vecinos. Si dicen que invirtió en este proyecto pero que no sabían nada acerca de los experimentos en humanos, entonces…
—Eso es...
—Al final, sólo el Rey y los aristócratas presentes serán castigados por la ley internacional. Porque este tipo de experimentos están prohibidos en todo el continente.
Pernin se reclinó en su silla y sonrió. No era la sonrisa amable que me dedicaba a mí, sino una sonrisa fría que cortaba la respiración de la otra persona.
—Si entra en vigor la ley internacional, caballeros de cada país cruzarán el mar para decapitar a los de la lista.
—Ah, el Imperio ayudará.
—Ja. Creo que el Imperio será el primero en enviar caballeros, porque es la manera más rápida de deshacerse de los testigos para ocultar su deshonra.
Los sonidos de pasar la saliva venían de todas partes. Viéndolo bien, parece que los aristócratas recibieron una presión similar por parte del Imperio.
—Díganme, ¿qué debo hacer?
Los aristócratas se quedaron sin habla. El silencio se rompió, algunos suspiraron y cerraron los ojos.
—Dinos lo que quieres. De todos modos... Ha llegado una orden del Imperio para escucharte.
—Supongo que sí. También alguien ha sido enviado para que se ocupe de todo sin problemas. Entonces díganme, cómo planean manejar las cosas en el futuro.
Los aristócratas que habían adoptado una actitud altiva en el salón se encogieron como si sus cuerpos se hubieran encogido. Las palabras de Pernin de que conseguiría una victoria eran ciertas. La batalla contra ellos había terminado incluso antes de empezar.
—El trabajo de la Torre de los Magos... Se registrará como obra de los magos que causaron la explosión.
—¿Eso es todo?
Los nobles abrieron la boca tras mirarse unos a otros.
—Cada familia pagará el traslado como forma de felicitarte por tu naturalización. Será una cantidad satisfactoria. ¿Será suficiente?
Dijeron que es un coste de traslado, no una compensación por intentar encubrir el crimen. Era solo una diferencia en las palabras que habían dicho, pero pude ver el último orgullo de no agachar la cabeza hasta el final. La boca de Pernin se levantó como para ridiculizar a tales aristócratas.
—Gastos de traslado. Muy bien, ¿y qué más?
—Se pasarán los documentos de solicitud de naturalización y transferencia de propiedad lo antes posible.
—Eso es obvio. Pero hay algo más importante que eso.
Pernin levantó el dedo como indicando a los aristócratas que se levantaran. Algunos de ellos apretaron los dientes ante aquella actitud, pero se levantaron como si reconocieran la realidad.
Ellos son los que han reinado sobre los demás durante toda su vida. Debe de ser la primera vez que recibía una orden con el dedo. Tal vez por eso, los aristócratas no pudieron superar su enfado y respiraron agitadamente. Pernin los miró y sonrió amargamente.
—De rodillas.
Los ojos de los aristócratas se abrieron de par en par ante las palabras que salieron brevemente.
—¿Qué...es lo que nos has dicho?
—Veo que a su cerebro le cuesta entenderlo. Arrodíllense.
—¿De qué estás hablando…? ¡Estamos ofreciendo pagar todo sobre tu naturalización! ¿No estás satisfecho?
—Por supuesto que lo estoy. Estoy satisfecho con el coste que me dieron. Pero, ¿qué pasa con Izar?
De repente se mencionó mi nombre y me volví hacia él. Los ojos de los aristócratas también se centraron en mí a la vez.
—Así que ahora...¿quieres que nos arrodillemos ante el esclavo y no ante ti?
—¡Loco! ¡Estás loco!
—¡Somos aristócratas! ¡No pueden hacernos esto...!
Los nobles dejaron de hablar mientras los papeles caían al suelo y se esparcían. Pernin lanzó los documentos amontonados delante de él y los dejó caer. Hojas de papel esparcidas en todas direcciones volaron hacia los pies de los aristócratas. Los aristócratas retrocedieron como si aquello fuera un enorme veneno.
—¿No van a arrodillarse?
No hubo respuesta.
—Arrodíllense y pongan las manos en el suelo. Asegúrense de bajar esa cabeza hueca.
—¿Por qué…demonios…?
—¿Por qué? Deberían disculparse por lo que pasó en el salón de banquetes.
La sala se quedó en un silencio sepulcral.
—Tonterías.
Alguien murmuró eso y dio un paso atrás.
—Elijan bien. ¿Es su orgullo o su cuello? Todo el mundo sabe qué tipo de tortura hasta la muerte recibirán si son tomados por los caballeros bajo la ley internacional, ¿verdad?
Era un espectáculo asombroso. Pernin manejaba bien la espada, pero en este momento, sus palabras parecían más intimidantes que la espada. La suave sonrisa era como los afilados dientes de un monstruo. Oí a alguien sollozar. Era un grito de compasión por sí mismo.
—Yo, yo... No hice nada en el salón de banquetes. Quiero decir, yo sólo estaba mirando desde un lado. Incluso no humillé al esclavo acercándole un cristal…
—¿Detuviste la hemorragia cuando Izar fue herido?
El aristócrata, que había estado protestando, se sobresaltó.
—Como has dicho, no hiciste nada y te limitaste a mirar. Si hay alguien que llamó a un mago, que salga. Lo dejaré irse.
Se hizo el silencio. Ponerse de rodillas para poder vivir no era gran cosa. Sin embargo, los aristócratas fueron incapaces de tomar una decisión y se mantuvieron firmes. Su rostro se extendió con sudor frío como si estuvieran en una encrucijada entre la vida y la muerte.
—Yo...me equivoqué. Lo siento.
El primero fue el Rey. Como si estuviera a punto de arrodillarse, su cuerpo, que se había balanceado 15 veces, se agachó en el suelo. En realidad, era el más fácil para ponerse de rodillas porque estaba en la posición más baja entre los presentes.
—¡Tú...! No tienes orgullo.
Alguien señaló con el dedo al Rey. Sin embargo, los insultos se desvanecieron cuando los aristócratas cercanos también se arrodillaron uno a uno con cara de resignación.
Una persona, dos personas. Los nobles gimieron y se arrodillaron. Sus manos tocaron el suelo y sus cabezas se inclinaron hacia el suelo. Los nobles que habían estado aguantando hasta el final les siguieron después mirando al suelo con lágrimas en los rostros. Todas las cabezas se volvieron hacia el suelo. Sólo se veían las cabezas de los nobles, pegadas al suelo.
Pernin me miró con una sonrisa de satisfacción.
—¿Estás satisfecho?
Era una voz cantarina. En mis labios se dibujó una sonrisa.
—Estoy satisfecho. Me gusta.
No era bueno que los aristócratas inclinaran la cabeza ante mí. Fue bueno que Pernin lo hiciera por mí. En realidad, la sala de banquetes no me perjudicó en absoluto. Pernin es muy consciente de ese hecho. Aún así, estaba enojado con ellos por haberme lastimado. Eso me hizo feliz.
—Si estás satisfecho, eso es suficiente. Ahora... Vamos a tomar una taza de té.
Pernin dijo suavemente. Los aristócratas que estaban arrodillados en el suelo miraron a Pernin como si fuera algo ridículo, pero no hubo ningún cambio. Incluso cuando los sirvientes trajeron el té y el té caliente se enfrió por completo, los nobles sólo pudieron sacudir los hombros avergonzados, incapaces de levantarse del suelo.
***
Los aristócratas no se levantaron hasta que Pernin y yo abandonamos la sala de reuniones. Algunos temblaban los hombros con impotencia, como si estuvieran resignados. De vez en cuando podía oír sollozos, ya fuera de resentimiento o de lástima por sí mismo. Yo no sentía lástima por ellos. Sólo pagaban por las decisiones que habían tomado.
—Ahora todo ha terminado.
La luz del sol que entraba por la barandilla del pasillo era excepcionalmente cálida. Ahora dejaré el Palacio, y podré volver a mi pacífica vida cotidiana con Pernin. Eso pensé, pero en el momento en que vi a una persona caminando desde el otro lado del pasillo, supe que no iba a ser tranquilo todavía.
—Cuánto tiempo sin verte, hermano.
Pernin miró a Oble y se detuvo. Oble también se detuvo delante de él con el rostro firme.
—Deja de tratarme como tu hermano. Tienes valor para decirlo, parece que has ganado.
Hasta ahora, Oble se había comportado como un hermano amable con Pernin. Tal vez se quitó la máscara, ya que miró a Pernin con cara fría.
—Tu actitud ha cambiado.
—¿No es evidente? Se rumorea que vas a salir del país. ¿Qué clase de juego de fingir ser un hermano le daría a una persona así? De todas formas, ya no me vas a financiar, ¿verdad?
Las comisuras de los labios de Pernin se levantaron. Era una sonrisa tranquila, pero el salvajismo juvenil de sus ojos no se ocultaba.
—Gracias por romper tu orgullo y decirlo. Me preguntaba cuándo me traicionarías. Pero has sido paciente durante mucho tiempo solo para conseguir mi dinero.
—¡A la mierda esas palabras! ¡Hasta cuándo te vas a burlar de mí!
—Hasta que mueras, hermano.
La respiración de Oble se detuvo por un instante ante la voz calmada.
—Porque hacer esto hiere más el orgullo de mi hermano mayor, ¿verdad?
—Tú...
—¿Has gastado todo el dinero que te di la última vez?
—…
—Bueno, supongo que lo has utilizado para cubrir el incidente de la Torre. Hiciste un gran trabajo cubriendo el incidente en mi nombre.
Su tono era suave, pero sin duda contenía burla. La comisura de la boca de Oble tembló ligeramente. Frotándose los ojos, esbozó una sonrisa retorcida.
—Estás pensando en matarme.
—De ninguna manera. Te daré dinero suficiente para soportar la situación actual. Porque ni siquiera deberías suicidarte debido a la desesperación.
El tono de Pernin era suave, pero me di cuenta de que estaba siendo sarcástico.
—Siempre eres tan arrogante. ¿Te arrepentirás de tus actos si te sientes acorralado?
—A veces hablas como si no lo supieras. Si tienes tiempo para hablar, invierte en algo más productivo. Porque sería beneficioso para ti.
Pernin me rodeó el hombro con el brazo y pasó de largo. La mirada de Oble siguió su espalda.
—Pernin, una persona con ojos así no se sabe de lo que es capaz de hacer. Será mejor que no le provoques demasiado.
Cuando vivía en el bosque, vi monstruos con ojos similares a Oble. Monstruos que ya no tenían esperanza en medio de una batalla territorial. Ofrecían su cuello al tiempo que mordían el cuello de su oponente. Un monstruo que decía: “no moriré solo.”
—No sé por qué mantienes vivo a Oble, pero… Sea lo que sea que planees hacer, creo que será mejor que lo hagas rápido.
—De acuerdo, lo haré en cuanto salga de aquí.
Pernin también asintió sin refutar, como si tuviera un mal presentimiento.
—¿Vas a volver a la mansión ahora?
—No, me detendré en la Asociación. Mi padre adoptivo quiere verme.
Su padre adoptivo. El que apoyó a Pernin. Si nos conocemos, quería darle las gracias por criar a Pernin por hacerlo fuerte. Pero en cuanto vi sus ojos, me di cuenta de que mi deseo no se haría realidad.
—¿Quieres conocer a mi padre adoptivo?
Estaba sonriendo. Sus ojos no sonreían. Fue sólo un momento, pero un aura escalofriante me recorrió la espina dorsal.
—Sólo deberías mirarme a mí. ¿Por qué quieres ver a otra persona?
«No es otra persona, es tu padre adoptivo.»
Intenté decirlo, pero mantuve la boca cerrada. Dejé de caminar debido a la mirada de sus ojos que incluso parecía espeluznante. La expresión de Pernin se endureció en un instante ante mi reacción. Sonrió mientras desaparecía esa aura amenazante. Era una sonrisa amable de siempre.
—No...está bien. Quieres conocerlo, así que te llevaré a verlo. Para conocerlo…
—No es necesario.
Corté las palabras de Pernin.
—Ahora que lo pienso, creo que no es necesario que nos conozcamos.
Cuando dije que no me reuniría con él, Pernin no insistió por segunda vez. Vi una sonrisa que aparecía y desaparecía de la comisura de sus labios, pero aparté la cabeza fingiendo que no la había visto.
Sé que Pernin tiene una extraña obsesión. Pernin odia que conozca a alguien nuevo y amplíe mi red de contactos. Si no le gustaba, no quería hacerlo.
—Haré lo que pueda.
La voz que salió con calma era seria.
—Te daré tiempo para que estés solo como antes. Te conseguiré todo lo que necesites. Tengo la capacidad y el dinero para hacerlo. Así que...Izar… No te canses de mí.
Asentí con la cabeza ante las palabras susurradas.
—Mi padre adoptivo oyó rumores de mi naturalización y vino a despedirse. Cuando lleguemos, espera en mi despacho. No salgas de la habitación. ¿De acuerdo?
—Sí, entendido.
—Le conté a Radeck lo de tu mano cuando salí de la Torre. Dijo que se puso en contacto con Baodel... Para ver la situación…
A Pernin tampoco le gusta que vaya a ver a mi padre. No sabría decir si era por su obsesión o simplemente porque no confiaba en él, pero podía oír su aversión hacia mi padre en su voz.
Bajé la mirada. Estaba bien, aunque escuchara las palabras que no se podía arreglar mi mano. No dolía y no había problemas funcionales. Sobre todo, Pernin no me abandonaría por cosas como ésta. Como tenía esa confianza, no importaba que tuviera la mano en este estado.
—Pernin, si no te gusta, estoy bien con esto.
No evité los ojos que miraban mis intenciones.
—Si no confías en mi padre, no hay necesidad de obligarte a ir. Está bien dejar el país así. ¿Has decidido ya a qué país vamos a ir?
—...El Reino de Sidran.
Pernin respondió lentamente. El Reino de Sidran era un país bastante alejado del Imperio. También era un país bastante poderoso y famoso como país comercial. Pero ese país…
—He oído que el mar allí es hermoso.
El Reino de Sidran también era famoso como ciudad turística. He oído que el mar en esa zona es azul cielo, y el agua es tan clara que se puede ver a través de ella.
—Aprendí que en ese país hay muchas islas grandes y pequeñas a su alrededor.
—Una de esas islas es la tuya.
No pude entender las palabras que salieron casualmente por un momento. Viéndolo tardíamente sorprendido, Pernin continuó con calma.
—Tengo una isla que es propiedad del Rey. El nombre de la propiedad de la isla cambiará a Izar en el futuro.
Me quedé con la boca abierta. Quería decir algo, pero el interior de mi pecho estaba congestionado y no salió ningún sonido.
—Pernin.
Fue lo único que dije. Aún así, Pernin sonrió como si entendiera lo que quería decir. Los labios curvados se acercaron a los míos. Sus labios eran tan suaves como mi estado de animo actual.
—Hay una villa en la isla. Un lugar con vista al mar.
Podré ver el mar desde el balcón con él. Me llené de emoción con solo imaginarlo. El sonido de las olas que nunca había escuchado antes sonaba como un zumbido en mis oídos.
—¿Te gusta?
Asentí. Asentí varias veces. Pensé que mi vida no podía ser mejor que esto.
—Si la isla será mía...
Pensé un momento antes de abrir la boca.
—Llamaré a la isla Pernin. Me gusta.
La risa es contagiosa. Me gustó que se riera a carcajadas, así que yo también me reí. De verdad, de verdad. Nunca tuve un día tan feliz como este. No, ¿tal vez lo hubo? Pensé que en el pasado había tenido pensamientos similares, pero no importaba. Cada momento será precioso si vivo con Pernin. Siempre seré feliz. Así que la felicidad también iba a cambiar cada día.
—Fuera del bosque es un lugar feliz.
No hay monstruo en el mundo más feliz que yo. Si alguien preguntara, podría decirlo con confianza.
***
Salí del Palacio en un carruaje. Mientras veía la muralla que se alejaba, pensé que todo había terminado de verdad. Fui apuñalado e incluso lastimado en la Torre de los Magos, pero al final, todo terminó limpiamente sin que se descubriera que era una marioneta. Por supuesto, no fue sin preocupaciones.
—¿Y si los aristócratas guardan rencor y hacen cosas extrañas?
Los ojos de los aristócratas que se arrodillaron con resentimiento en sus rostros atraparon mi corazón.
—No te preocupes. Serán eliminados antes de que intenten algo.
—¿Eliminados? ¿Estás usando tus influencias?
—No, el Imperio se moverá primero. No puede dejarlos solos, mientras conozcan su deshonor.
—¿Entonces no es peligroso para ti también?
Pernin tiene pruebas claras de que el Imperio ha cometido faltas. Pregunté porque estaba preocupado por eso, pero Pernin abrió ligeramente la boca.
—La verdad es que no. Ellos saben mejor que nadie que no pueden manejarme fácilmente. Porque siempre ha sido así.
—¿Siempre ha sido así? Entonces eso...
¿El Imperio había intentado alguna vez hacerle daño a Pernin? Al verme sorprendido, Pernin se rió.
—Han enviado asesinos varias veces cuando me he negado a aceptar la naturalización. Decidió que prefería deshacerse de mí antes de dejar que otros países me tomaran y me convirtiera en una amenaza.
Aun así, el hecho de que Pernin estuviera vivo significaba que los asesinos habían fracasado en su misión. Pernin es un niño que creció en el bosque. Aunque no tuviera memoria, era de esperar cómo trataría a los que atentaban contra su vida.
—¿Cómo supiste que fueron enviados desde el Imperio?
—Por mi sentido.
Era simple y claro, pero no parecía haber una respuesta más clara que esa.
—Han fracasado varias veces. No van a mandar a alguien a matarme ahora.
—¿Entonces?
—El Imperio me dijo que pusiera un precio. Quieren comprar los documentos con dinero.
—¿Por casualidad has aceptado?
—No. Sólo dije que lo pensaría.
Pernin se rió. Era una sonrisa que no parecía tener intención de entregar el documento original. Si estuviera en su lugar, haría lo mismo. No había necesidad de entregar deliberadamente su debilidad que había encontrado.
Tras viajar un rato, el carruaje se detuvo frente a un enorme edificio en el centro de la capital. Asociación de Izar. El nombre de la asociación estaba escrito en azul grisáceo en un letrero en lo alto del edificio.
Al entrar, varios empleados reconocieron a Pernin y lo saludaron. No había nadie más que ellos. El edificio es muy grande, pero no hay clientes.
—Ya estamos listos para cerrar, así que hemos decidido hacernos cargo de todos los elementos de construcción y objetos dentro de la otra asociación. Por lo que no aceptamos más clientes. También se rescinde el contrato con el cliente.
—¿Desde cuándo?
—Desde que recibí la invitación al banquete.
Recordé los documentos que Pernin manejaba en su mansión. Documentos que disponen de la propiedad de algo. Parece haberse preparado para abandonar el país incluso antes de entrar en el Palacio.
Cuando subí las escaleras, me encontré con el despacho. En cuanto abrí la puerta sin pensar, dejé de respirar por un momento. Vi un enorme cuadro que llenaba un lado de la pared.
Vi una cabaña. Vi a un hombre que bajaba las escaleras. Debajo había un perro marrón y un gato en la barandilla estaba bostezando. Las flores en plena floración teñían de colores el cuadro. Sabía de qué cuadro se trataba.
‘—En la cabecera de mi habitación. Fue enmarcado.’
La voz del joven Pernin sonó en mis oídos. El cuadro que se decía que estaba en su habitación estaba colgado en el despacho de Pernin ahora, 20 años después. De pie junto a mí, miró el cuadro.
—Me gusta ese cuadro.
Lo sabía. Dijo lo mismo cuando estaba en el bosque.
—Creo que hablé de eso contigo en el bosque, ¿verdad?
La respuesta no llegó enseguida. Recordé que había construido una cabaña. También recordé estar acostado en un montón de ropa y mirar juntos el techo. El día era bueno y me gustaba. Porque fue muy tranquilo.
—Ahora sólo lo recuerdo vagamente... Pero llegará un día en que esos recuerdos sean más claros.
Pernin me entregó algo que estaba sobre el escritorio, redondo y en trozos pequeños. Era un trozo de gato que había hecho.
—Esto...
«Esto también lo sacaste del bosque. Siempre tuviste esto contigo.»
Ni siquiera me salieron las palabras.
‘—Entonces, esto debe ser el gato, no tú.’
Su joven voz volvió a sonar en mis oídos.
‘—Sí. No soy yo. Es un gato.’
Recordé lo que había dicho.
‘—Sólo con esa boca... Se parece a ti.’
‘—¿Entonces de verdad se parece a mí?’
Sonreí al recordar ese día. También sentí ganas de llorar. Esta pieza es un gato. Esta pieza podría ser yo. Pernin, ¿me llevaste contigo? Tal vez no. Pero decidí pensar que lo había hecho. Pernin se olvidó de mí con el veneno del gas del terreno fangoso. Sin embargo, se acordó de mí. Me estaba abrazando.
Mis ojos estaban extrañamente calientes. Cerré los ojos un momento y me dejé llevar por el sentimiento que me embargaba. Los trozos que podía sentir en la punta de los dedos tenían grietas por todas partes. Informaba del paso del tiempo.
—Llegará un día en que yo también me acordaré de esto.
Pernin acercó otro objeto. En la portada del libro quemado, podía ver un título que me era familiar: “La historia de un hombre valiente”. No podía apartar los ojos del inesperado libro.
—Estaba obsesionado con esta historia… Probablemente tenga algo que ver contigo.
El borde del libro mostraba que lo había mirado innumerables veces en la última década.
En algún lugar de mi pecho algo zumbaba. Los cuentos de hadas son buenos. Es algo cálido. Las historias que me contaba delante de la hoguera se reproducían en mi cabeza una a una. Todos esos cuentos de hadas acababan felizmente. Sólo uno. El único cuento con un final desafortunado pasó por mi mente.
—Pequeña manzana.
El último cuento de hadas que me contó Pernin. La pequeña manzana que no pudo salir de las rocas, hasta ahora no supe cómo terminó.
—Pernin, ¿la manzana salió sana y salva de la roca?
—¿Disculpa?
—La pequeña manzana que rodó colina abajo. Es un cuento que me contaste. Se quedó atrapada en una roca y no pudo salir. No supe nada más después de eso
Esperé a que me contara el final, pero lo único que obtuve fue una mirada curiosa. Me di cuenta. No había ninguna historia de la pequeña manzana. No era porque su memoria no fuera perfecta, sino porque parecía que no conocía la existencia de ese libro de cuentos en sí.
Mi mirada bajó hasta el libro que sostenía. Ni siquiera sabía si era natural que los cuentos de hadas antiguos de más de veinte años desaparecieran si no eran tan famosos como este libro.
—Está bien. Dijiste que ibas a encontrarte con tu padre adoptivo, ¿verdad? Deberías irte. Yo esperaré.
Pernin me miró durante largo rato como si pensara en algo. Me pregunté si recordaría algo, pero al final se dio la vuelta sin decir nada. Era una pena que no conociera el final de la historia de la pequeña manzana, pero estaba bien. Los cuentos de hadas siempre tienen un final feliz, pero sería aburrido que tuvieran siempre el mismo final. Así que a veces está bien tener una historia que termina desafortunadamente. Era triste, pero no se podía evitar si ese era el final de la pequeña manzana.
***
Me quedé dormido mientras estaba sentado en el sofá viendo la historia del caballero y el dragón. Cuando abrí los ojos, oí ruidos fuertes al otro lado de la puerta.
—No. No puede entrar así…
—Soy pariente de sangre del dueño de este lugar, ¿por qué no puedo entrar?
Era la voz de Oble. Me sentí incómodo porque recordé su mirada cuando estaba en el Palacio.
—Ha bebido mucho. El Señor no se encuentra ahora mismo, un carruaje lo está esperando…así que si regresa después de que esté más sobrio…
—¡Cómo te atreves a tratarme como a un borracho! ¡Esperaré a que vuelva! ¡Fuera de mi camino!
El sonido de las voces se hizo cada vez más fuerte. La puerta se abrió de golpe y entró Oble. De repente, el olor a alcohol me picó en las fosas nasales. Sentí un fuerte olor a perfume, probablemente para borrar el olor del alcohol. Los olores se mezclaron creando una sensación repugnante.
—Si ibas a ocultar tu embriagues… No deberías haber traído una botella como esa.
Parecía que Oble estaba tan borracho que ni siquiera se daba cuenta.
—Como puede ver, el Señor no se encuentra aquí. Si puede esperar en el salón del primer piso…
—Es suficiente. Esperaré aquí, ¡así que fuera!
Oble echó a los empleados y cerró la puerta. Oí al vacilante empleado de fuera bajar corriendo las escaleras.
—Envía a alguien y pónganse en contacto con el Señor. ¡Deprisa! Dile que el Barón Oble está aquí.
Gritó el empleado en voz alta como para hacerse oír. Pero Oble resopló y se sentó frente a mí. Su mirada se dirigió al libro que tenía en el regazo.
—Tienes gustos extraños, como él. A esta edad querer un libro infantil…
Oble se rió mientras giraba lentamente la botella que sostenía.
—Bueno, Pernin también tiene una enfermedad mental y al parecer tú te has hecho daño en la cabeza, así que es bueno que se hayan conocido.
¿Lo echo? ¿O espero a que venga Pernin? Mientras pensaba, Oble se recostó en el sofá como si ésta fuera su casa. Tomó despreocupadamente un cigarrillo de su saco. En cuanto lo vi, me acordé del aceite que me había rociado en el cuerpo. También recordé que Oble me tiró un cigarrillo y me prendió fuego. Incluso pensé en el carruaje alejándose más allá de las rugientes llamas.
Me acerqué a Oble y le arrebaté el cigarrillo. El cigarrillo apagado se partió por la mitad y cayó al suelo. Oble me miró con un rostro curioso y se echó a reír.
—Eres realmente un esclavo insolente. No puedo creer que me trates así.
—Si vas a decir tonterías, lárgate. No deberías entrar sin cuidado.
—No debería entrar. Este es mi edificio, ¡por qué tengo que salir!
Oble saltó y gritó.
—Originalmente, era todo mío. ¡Este edificio, la propiedad de Pernin y la mansión en la que vive! Todo era mío.
Respiró hondo y se frotó los ojos enrojecidos.
—Sí, mi casa… Era mía. He llegado a hacer algunos sacrificios para estar en esa posición. No puedo perderlo así. Si yo no puedo tenerlo…entonces él…tampoco debería…
Se llevó la botella a los labios y se detuvo.
—En una época, el mundo entero era mío. Pero cuando se acabó la fuente de dinero, todos me dieron la espalda. Incluso el negocio que mantenía viva a la familia… Gracias a mi orgulloso hermano, lo arruinó todo.
Oble me miró. Sentí una sensación de incomodidad. A pesar de estar tan enfadado, los ojos de Oble parecían tranquilos. No, tal vez no sea tranquilidad, más bien se había rendido. Como si lo hubiera dejado todo, no sentía ni resentimiento ni ira. Parecía tranquilo, como si fuera mentira que había estado enfadado hace un momento.
—Sí, debe ser el destino que no esté Pernin y tú estés aquí.
Era difícil entender las palabras que salían sin explicación.
—He pensado en ello antes de venir aquí. Ya no podré recuperarme El incidente de la Torre fue encubierto de alguna manera, pero... Como todos los aristócratas que estaban involucrados han desaparecido, mi crédito está por el suelo.
Oble volcó inmediatamente el contenido de la botella en su mano. Aunque sus guantes estaban mojados, no parecía ser consciente de su extraño comportamiento.
—Por cierto, mostraste interés por mí, ¿verdad?
«¿Cuándo lo hice?»
No tenía por qué preguntar. No tiene sentido discutir seriamente con alguien que está borracho. ¿Debería echarlo o esperar a que venga Pernin? Las preguntas seguían recorriendo mi mente.
—¿Sabes qué? Eres la primera persona que se me acerca tan agresivamente desde que mi posición cayó al suelo.
Oble se tambaleó y dio un paso más hacia mí.
—Me enfadé porque me preguntaba si me había vuelto tan patético como para que un simple esclavo me tratara de esa manera. Tu actitud de no mirar mi posición también es interesante.
No necesitaba escuchar más tonterías. Tenía que correrlo a patadas. Cuando lo decidí, lo agarré por el cuello y lo arrastré hacia la puerta. Como si estuviera esperando este acto, Oble me agarró de la mano.
—Ya eres bastante interesante, pero ya está hecho.
Sus guantes empapados de vino estaban inusualmente calientes. Una sensación de ardor que una vez sentí. En el momento en que lo aparté, sobresaltado por la sensación de quemazón de mi mano, Oble giró la botella y roció el contenido.
Instintivamente sentí el peligro y retrocedí para evitarlo. Pero la distancia era demasiado corta. Una pequeña cantidad de líquido, aproximadamente medio sorbo, me salpicó en los ojos.
Mi vista se oscureció. No podía ver nada. Me cubrí la cara con la sensación de ardor dentro de mi cabeza. Retrocedí vacilante y me golpeé contra el sofá. No era alcohol lo que me había rociado. Este olor no era alcohol. Esto es repugnante.
—La solución huele muy fuerte, ¿no lo crees? ¿No lo notaste en absoluto?
El fuerte olor a alcohol y el perfume. Oble no estaba borracho. Esos olores eran camuflaje para una oportunidad. Pero ya era tarde para darme cuenta.
—Es algo que conseguí cuando dejé la Torre de los Magos. Pensaba fundirle el brazo a Pernin para que no volviera a sostener la espada...aunque esto está bien también. De todos modos, no pensé que podría tener éxito si me enfrentaba a él.
Agitó la botella. Aunque no pudiera ver, podía notar el sonido del contenido al agitarse.
—Pernin te quiere mucho, ¿verdad? He oído que te trata de manera diferente a la gente que ha conocido antes. Sí, debería perder algo tan preciado, así como lo hice yo alguna vez.
Un paso, el sonido de sus pasos se acercó.
—Si es la solución...en la mano. ¿Por qué la rociaste en tu mano?
Hablé a propósito. El olor a alcohol y perfume que se extendía en la habitación, no ayudaba a determinar la ubicación de Oble. Pero mi audición seguía intacta. Tenía que orientarme por el sonido. Oí la pequeña risa de Oble.
—Me he puesto cuero debajo de los guantes. Si se derrama sobre el cuerpo sin protección, aunque sea Pernin, causará daño…
No tuve que escuchar más. El propósito de determinar la dirección y la distancia se ha logrado. En el momento en que me puse en posición, ya me estaba moviendo.
De frente, siete pasos a la derecha. En cuanto salté, balanceé los brazos en la dirección del sonido. Sentí que Oble intentaba rociar la solución de nuevo, pero el balanceo de mi brazo fue más rápido.
Oí el sonido de huesos rompiéndose. Oí el sonido de una botella que caía y se rompía. Oble gimió y retrocedió. Avancé, siguiendo los pasos.
—No te dejaré ir.
Lo golpeé en el lugar donde se había roto el brazo. El cuello probablemente esté lastimado. Estiré la mano con una sensación áspera. Mi mano tomó su cuello. Rápidamente lo presioné contra el suelo porque era claro que iba a agarrarme con los guantes empapados de solución. Como si se hubiera desmayado, se dejó caer y no se movió.
—¿Puedo matarte?
No, no puedo. En primer lugar, Pernin tenía que traer un médico. No sé en qué estaba pensando para mantener vivo a Oble hasta ahora, pero debe haber una razón. Pensé que lo correcto era dejar esa decisión a Pernin. Lo importante ahora eran mis ojos, no Oble.
—Agua...
Necesitaba agua para lavarme los ojos. Mientras buscaba a tientas, recordé un jarrón sobre la mesa. Busqué con la mano, arranqué todas las flores, las tiré y vertí agua en la cara y las manos. Fue entonces cuando oí las voces de los empleados al otro lado de la puerta.
Pernin ha vuelto. ¿Cómo está mi cara ahora? ¿Se ha estropeado mucho? Me dijo que estaba bien de todas maneras, tenga el aspecto que tenga. Pero fue tan repentino que no estaba preparado mentalmente.
Me quité el saco a toda prisa y me lo puse sobre la cara. Casi al mismo tiempo se abrió la puerta y el sonido se detuvo en el centro.
Pernin no habló. No podía verlo, pero sentí que su mirada estaba fija en mí. Probablemente, de vez en cuando dirigía su mirada a la botella rota del suelo y al desmayado Oble.
—A Radeck…
Abrió la boca en voz baja.
—Llamen a Radeck para que venga ahora mismo.
Dijo Pernin hacia el otro lado de la puerta. La voz era firme. Como si hubiera terminado de comprender la situación aunque yo no le hubiera dicho nada. Así que ordenó de inmediato que llamaran a Radeck. La puerta se cerró. Pernin me condujo y me sentó en el sofá.
No me obligó a quitarme el abrigo que me cubría el rostro. No había duda de lo que le había pasado a mi cara. De pronto caí en la cuenta de que algo parecido había ocurrido antes. Cuando Pernin era un niño y le mostré por primera vez mi forma humana y fue el mismo día en que mi cuerpo se derrumbó. No podía salir de la túnica, así que Pernin me dijo tranquilamente.
‘—Sal cuando te calmes.’
Me esperó. Era lo mismo incluso ahora. Pernin no preguntó qué me había pasado. Ni siquiera preguntó por qué el abrigo me tapaba la cara. Debía de haber muchas cosas que quería preguntar, pero eligió el silencio como una consideración para mí. No, tal vez se estaba culpando por no haberse ocupado antes de Oble.
—El libro...
Alargué la mano y tomé el libro que yacía a mi lado.
—Me gustaría que me leyeras el libro.
Sin decir una palabra, recibió el libro de cuentos.
—Hace mucho tiempo, un joven caballero pidió indicaciones a un viejo dragón que dormía la siesta.
Su voz era escalofriante y espeluznante que hizo que mi cuerpo temblara.
—Suave… Quiero que hables suavemente. Das mucho miedo.
Parecía que el dragón y el caballero fueran a morir en cualquier momento. A mi petición, la historia que se había cortado durante un rato empezó de nuevo. Era una voz tranquila.
—Pernin, estoy bien.
En lugar de responder, leyó tranquilamente el cuento.
—Estaba avergonzado. Por eso me cubrí la cara. Dijiste que me querrías pasara lo que pasara. Ya lo sé. Sé que no soy feo.
Levanté la mano. Agarré el saco sobre mi cabeza y la bajé lentamente. El sonido de la lectura de cuentos de hadas no cesó. El largo viaje de cuidado mutuo entre el dragón y el caballero llegó a su fin. Incluso en el momento en que cerré los ojos ante el recuerdo de un bosque tranquilo, Pernin leyó el libro a un ritmo constante.
El último capítulo había llegado a su fin. Le tomé de la mano. No podía verle la cara porque estaba ciego, pero me di cuenta de que no me odiaba.
—Mira. Estoy bien. Así que...
Así que...
—Espero que tú también estés bien. No te castigues.
Ante ese pequeño susurro, una gran mano cubrió el dorso de mi mano. La pequeña manzana atascada en la roca terminó en una historia desafortunada. Pero espero que la historia de Pernin y yo termine con un final feliz. Eso espero.
Raw: Lady Moon.
Traducción: Lady Moon.
Corrección: Ruth Meira.
JA! Pernin bien chico, hizo que toda esa gente miserable se arrodillaran frente a Izar y se disculpan 💖
ResponderEliminarPor otro lado maldito seaas Oble.
Re chusmas los sirvientes de Pernin. Oble te detesto 😤
ResponderEliminarMe dio ternura la última parte que Pernin le lee un cuento a Izar y éste toma confianza de sacarse el saco de la cara afrontando su miedo .
Maldito oble, estaba disfrutando de que se arrodillaron >:c
ResponderEliminarDesde que empecé la novela no creí que llegaría algún momento tierno y romántico, pero todas las formas de Pernin de decirle que lo acepta como sea me llega al corazón.
ResponderEliminarGracias por el capítulo.
Oble maldito, ojalá sufras por lo que hiciste
ResponderEliminarOdio a Oble espero reciba su merecido pronto y que sufra mucho en el proceso. Por otro lado espero la felicidad de la pareja, se que esto se solucionará 🙂
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