Infierno 5

Días de violar a los de la propia sangre.


—Eras tú. Aquella persona que me miraba... de esa manera.


La mirada de sus recuerdos se superpuso con la de I-do, que estaba frente a él. La expresión del hombre que estaba encima del cuerpo de Seung-wan era idéntica a la que había sentido en el palacio de veraneo. Sin duda alguna.


Cuando I-do puso una expresión de no entender a qué se refería, Seung-wan, en lugar de soltar su voz ronca, murmuró solo con los labios:


—Palacio de veraneo.


I-do comprendió entonces y entornó los ojos con una sonrisa.


—¿Acaso cree que fue solo esa vez?


—Maldito asqueroso.


—No es una afirmación incorrecta, pero no me parece que sea algo que deba decirme hyung que suele mezclar su cuerpo con el de nuestro Padre Real.


El tacto de las manos que dejaban marcas sobre la piel merodeaba cerca de la marca. Al fingir que rozaba la marca de las alas, el cuerpo sensible se encogió. Con solo acariciar meticulosamente esa zona, la expresión llena de veneno terminaba por desmoronarse.


Como ver aquello desde arriba resultaba bastante placentero, I-do deslizó la punta de sus dedos sobre el pecho de su hermano mientras veía cómo este apretaba los dientes contra sus labios hinchados.


—Lo vi a menudo. Gemidos fingidos, clímax falsos. Aun así, era una imagen muy digna de ver.


Ahora es totalmente distinto. Mirando fijamente esos ojos ardientes, I-do bajó lentamente el rostro.


Seung-wan, que resistía mordiéndose los labios, no pudo contenerse y gritó, pero eso fue solo hasta antes de que I-do tocara la marca. Con un solo aliento, su cuerpo encendido saltó ante el estímulo aplicado en el lugar sensible. I-do lamió con la punta de la lengua la zona donde estaban grabadas las alas y frotó sus labios contra ella.


—…


El cuerpo desnudo que se retorcía se puso tenso. Al ver que Seung-wan hacía un intento inútil por no gemir, I-do sintió curiosidad. ¿Cuántas veces más tendría que doblegar al hombre llamado Gyo Seung-wan para poder arrancar la palabra resistencia de esa pequeña cabeza?


La mano de I-do se dirigió naturalmente hacia el brazo de Seung-wan. ¿Acaso no solía mover este brazo para escribir como un erudito en el pasado? El brazo truncado, que apenas se movía, se contrajo sin sentido. I-do siguió besando la marca de las alas mientras sujetaba el brazo. Pero fue solo por un momento. Como una araña bajando por su tela, su mano se dirigió hacia abajo, sujetó la parte posterior de la rodilla izquierda y el muslo derecho de Seung-wan, y le abrió las piernas.


—Este lugar también... es un espectáculo tan grandioso que es una lástima no poder mostrárselo a hyung.


—Ah, aaah…


Por mucha fuerza que hiciera para resistir, no podía vencer la potencia de I-do. Entre las piernas abiertas de par en par, quedó expuesto el lugar que Seung-wan desea ocultar con desesperación.


El estrecho orificio mordía el tapón. A pesar de que la cuerda había sido desatada...


I-do no ocultó su regocijo. Sujetó el extremo del tapón y le dio una vuelta lenta y completa.


—Qué lástima da ver este lugar tan rojo e hinchado.


El interior, que apenas se había acostumbrado y vuelto insensible, fue estimulado. Seung-wan, que no quería dejar escapar ni un quejido, apretó la mandíbula. Sin embargo, a medida que el tapón se deslizaba hacia afuera poco a poco, al darse cuenta de que el surco de sus nalgas se estaba empapando, sintió deseos de gritar a pleno pulmón.


—Mi semilla debería haber cumplido su función dentro de hyung.


Era una humillación insoportable. Cuando el rostro de Seung-wan, manchado por el deshonor, lo fulminó con la mirada, I-do sacó el tapón de un solo tirón. Un suspiro doloroso escapó de la boca abierta de Seung-wan. Su cuerpo esbelto se arqueó hacia atrás. I-do no perdió la oportunidad e insertó sus dedos en el interior, doblándolos como un garfio.


—Hru, aeu... ¡hreeuueuk!


—Voy a raspar lo que había quedado dentro. Será mejor ponerle algo nuevo, ¿verdad?


No se limitaba a raspar. Entraba hasta lo profundo, manoseaba las paredes internas y, tras presionar firmemente un punto específico, raspaba rápidamente el interior centrándose en ese lugar. Era la zona erógena que había descubierto la noche anterior.


Al atormentar ese punto que estaba ligeramente más hinchado que el resto, Seung-wan se estremeció violentamente antes incluso de poder emitir un sonido. Con solo dos dedos, su bajo vientre se sentía lleno, y su cuerpo entero era apuñalado una y otra vez por un placer afilado.


—Aaaa, ah, geu, eeut... ¡heuk, eueu!


De inmediato, brotó un líquido que no era semen. Los dedos de I-do se empaparon gradualmente. Incluso después de que todo el semen fuera expulsado del interior, el nuevo líquido que fluía mojaba las entrañas emitiendo un sonido obsceno. Aunque era algo que ya sabía desde anoche, Seung-wan no quería creer el hecho de que su cuerpo había cambiado.


—Aah, uuh…


Por un instante, abrió mucho los ojos. Le dolía el vientre. Sintió algo parecido a las ganas de orinar. No, ¿sería realmente eso? Su boca, abierta por los gemidos, no podía cerrarse. Su mandíbula temblaba sin parar.


—Ahhv, uuh, eut, eu...


I-do seguía penetrando el interior con indiferencia, pero no perdía de vista ni el más mínimo temblor de Seung-wan. Las paredes internas devoraban sus dedos y los envolvían sin dejar espacios. Al ver que los muslos también intentaban cerrarse, no pudo evitar darse cuenta.


Presionó el vientre con la palma de la mano de forma pausada. No era una presión tan fuerte, apenas como la de apretar un cinturón, pero para quien la sufría no era así. Cada vez que el vientre era presionado, sentía como si los dedos se hincharan dentro de sus entrañas.


—Aaah, uuh…


—No sirve de nada que resista. De todos modos, terminará por mearse.


—Uueu, ah, ah, aaaaaah…


Los dedos que hurgaban se movieron en círculos en el interior. Pero después de eso, se movieron con mayor ferocidad, por lo que Seung-wan no pudo mantener su cuerpo quieto. Su visión se volvió blanca antes de desgarrarse. El líquido que se filtraba poco a poco terminó empapando los dedos y la palma de I-do de golpe. Era un espectáculo ver cómo eyaculaba por el pene mientras derramaba ese líquido acuoso por el orificio trasero.


—Hru, ah, aaaa, aaah…


—Hyung.


I-do untó el líquido que quedó en su mano directamente sobre los testículos de su hermano. Seung-wan, que gemía y aullaba, sacudió la cabeza. Parecía un forcejeo desesperado por huir, por no querer aceptar que su cuerpo había cambiado. I-do no quería dejar que Seung-wan escapara. Ni su cuerpo, ni su mente.


—Dicen que cuando la marca de la ala aparece en el cuerpo de un hombre, este lugar deja de cumplir su función original, ¿verdad?


—¿Qué...?


Seung-wan preguntó con voz estúpida. El verlo preguntar con miedo, sin poder siquiera mirarlo bien debido a su vista desenfocada, incitó su sadismo. Y no tenía necesidad de ocultar ese sentimiento.


—Es algo realmente asombroso. Gracias a eso, no fue difícil lavar a hyung.


Incluso en una situación donde era difícil distinguir la realidad, Seung-wan poseía una mente brillante capaz de captar fácilmente las intenciones ajenas. Sus ojos se agrandaron al mirar a su oponente. En el instante en que dejó escapar un breve quejido, I-do añadió con voz amable mientras acariciaba la entrada:


—Sin embargo, es una lástima no poder ver a hyung comportándose de forma tan vergonzosa. Como no tiene brazos ni piernas, quería verlo suplicar al no poder siquiera sentarse solo en el orinal.


Ahora que lo decía... lo había olvidado por completo. Había estado fuera de sí, y como estaba ocupado recuperando su cuerpo herido, no había pensado hasta ese punto. Desde que abrió los ojos, ni una sola vez, por ese lugar...


—Aaah, uuh…


Inhaló aire con urgencia. No fue por la realidad en la que se encontraba, sino porque I-do entrelazó sus muslos y presionó el pene firmemente contra el orificio que brillaba por el líquido. Al pensar que su cuerpo se abriría como la noche anterior, Seung-wan pataleó. Era lo único que podía hacer con su pierna izquierda. Pero incluso esa pierna fue atrapada por I-do, abierta de par en par y empujada hacia arriba.


Era la misma posición de cuando le hizo arquear la espalda y levantar la cintura, diciendo que su semilla no se saldría.


—A través de este lugar, dará a luz a mi hijo y solo se dedicará a recibir lo que es mío.


Esta vez, el orificio mordió el pene con más facilidad que ayer. Pronto, no fue difícil engullirlo por completo.


Aunque para Seung-wan fue diferente.


—Hru... ah, aaaaaah... eut…


Sintió náuseas ante la sensación de algo atravesando su vientre. No quería creer las palabras de I-do.


Mentira. Mentira. Mentira.


Aunque era evidente que su cuerpo estaba cambiando, no podía dejar de negarlo. Aunque ocultara la marca de las alas, ahora su cuerpo-


—No, ah, eu, no es cierto, hru, ah... ah, heuk, aah. No quiero…


—Incluso cuando solo tenía un órgano sexual era así de lascivo, ahora que tiene dos.


—¡Cállate, cállate! Yo, yo... uuh.


—No se preocupe. Como poseedor de la marca del soberano, yo cuidaré de hyung, que posee la marca de las alas.


Lo que había salido volvió a entrar con ferocidad. Cualquier intento de escape era imposible desde el principio. Lo de I-do golpeaba a Seung-wan de arriba hacia abajo. Como si una estaca fuera arrancada y clavada de nuevo, su vientre se expandió.


Si tan solo tuviera brazos y piernas, habría empujado y pateado a I-do, pero los intentos inútiles eran todo lo que le quedaba.


—Aah, uuh, uuh... 


Pensó que no entraría nada más, pero había algo más allá. En el interior, estalló un líquido blanco y pegoso. I-do, que enterró profundamente lo suyo en ese lugar caliente y resbaladizo, soltó un suspiro bajo y rió. Le daba lástima incluso retirarlo.


—Aprieta tanto.


—Eu, uuuh… Ahhh…


—¿Acaso le gusta tanto lo mío?


Retiró hasta el glande y luego, moviendo la cadera, lo empujó hacia adentro, sujetando su cintura sin moverse. Los ojos de Seung-wan casi se pusieron en blanco. Olvidó hasta respirar y luego, soltando un breve suspiro, se desmoronó. Mientras I-do repetía la misma acción, las lágrimas asomaron en sus ojos inyectados en sangre.


—Ya, basta, aahhh.


Para cuando lo que estaba acumulado finalmente fluyó, Seung-wan quiso morir de la pura humillación de haberle mostrado sus lágrimas a I-do una vez más. El movimiento se detuvo por un momento. Pero pronto I-do hizo que Seung-wan abriera las piernas de par en par y, mirándolo desde arriba en posición misionera, continuó con las embestidas.


—Suplique más, hyung.


—¡Ah, aaaa...ah, basta, detente...!


—Si esas súplicas me gustan, me detendré.


La eyaculación estaba cerca. No era el falso clímax de siempre; algo estaba por venir provocando un escalofrío en todo su cuerpo. Un placer abrumador cubrió su cuerpo. Intentó retorcer las partes que podía mover para escapar, pero aquello no hizo más que estimular a I-do.


—Hau, aaah…


Después de que Seung-wan eyaculara una vez, su cuerpo se dio la vuelta. En un estado de haber sido empujado hasta el borde del desmayo, fue aplastado contra la ropa de cama, y cuando intentó hundir la cabeza, su pelo fue sujetado.


Haciéndole echar la cabeza hacia atrás, I-do mordió su suave nuca. Sus labios húmedos se pegaron a la piel y se despegaron. Una vez. Un poco más arriba, otra vez. La piel mordida con la boca se filtró dulcemente en el interior de la boca de I-do.


—¡Heuk, aaaa, aahah!


Mientras movía la cadera violentamente, vertió su semen dentro de Seung-wan. El cuerpo frágil fue sujetado por manos fuertes. Tenía la intención de taponarlo así en lugar de usar el tapón. Entonces, tras embestir con fuerza tres o cuatro veces más, Seung-wan no pudo contenerse y sollozó. Podía aguantar cualquier otra cosa, pero no podía soportar este momento. Un movimiento con el propósito evidente de dejarlo encinta. Dado que él poseía la marca del soberano y Seung-wan la de las alas, no había forma de que no quedara encinta.


—Aaah…uuhhh…


Sintió náuseas al pensar que algún día la semilla de I-do esparcida en su vientre se convertiría en un niño.


—Hyung.


I-do acarició tranquilamente la columna vertebral de Seung-wan, quien enterraba el rostro en la manta y tragaba sus llantos.


—Me gustaría quedarme más tiempo con hyung, pero como estoy ocupado con los asuntos, no podré.


Al retirar su pene lentamente, pensó que el líquido se escurriría a chorros, pero la entrada se cerró y no dejó escapar la semilla fácilmente. ¿Debería elogiar esto? I-do, sin decir palabra, trajo un nuevo tapón. Y tal como cuando insertó el primer tapón, lo empujó profundamente hacia adentro y ajustó la cuerda. Seung-wan nunca podría desatarlo por su propia cuenta.


—Aah, uuh…


Hubo poca resistencia. Como parecía estar llorando boca abajo, lo giró para que se acostara de espaldas, y él simplemente derramaba lágrimas en silencio mientras evitaba su mirada. Pero no eran solo lágrimas lo que caía. Parecía que la sangre que se había acumulado en sus labios, destrozados por sus incisivos innumerables veces, había fluido hasta los alrededores. Como no era una imagen que le gustara del todo, el entrecejo de I-do se contrajo. Extendió la mano y examinó el área alrededor de los labios.


—Tendré que corregirle este hábito.


Era para comprobar si, por haber apretado tanto los dientes, no se habría hecho una herida. Mientras hacía eso por un buen rato, Seung-wan abrió los ojos. Al instante siguiente, sus dientes chocaron ruidosamente justo frente al dedo pulgar de I-do. I-do, que retiró el dedo por un pelo de diferencia, rió al ver a Seung-wan lanzando dentelladas como una víbora a la que solo le queda la cabeza.


—Si no tuviera un asunto urgente…


Esa boca que intentaba morderlo.


Al pensar que algún día le haría morder su polla con esa boca y le haría sujetarlo, el calor volvió a su entrepierna.


—Subir al trono no es tarea fácil. Estoy sumamente ocupado.


Cerca había un incensario lleno del incienso que se encendía para hacer dormir a Seung-wan. Sin embargo, I-do, en lugar de prenderle fuego, se limitó a mirar tranquilamente esos ojos que lo fulminaban en un estado de total vulnerabilidad.


—Hyung tenía miedo de quedarse dormido solo, ¿verdad? Hoy, concilie el sueño sin el incienso.


No eran necesarias las palabras trilladas de cómo sabía él eso. Ya se había dado cuenta, hasta el punto de aborrecerlo, de que él lo había estado vigilando durante mucho tiempo.


—Si tan solo tú no estuvieras, podría dormir tranquilo, así que lárgate ahora mismo.


—Ah, ¿es así?


Tenía ganas de escupirle en ese rostro impecable de I-do. Giró la cabeza, lo único que podía mover libremente. ¿Y cuánto tiempo pasó? El sonido de los pasos se alejó. Parecía que finalmente se había quedado solo en la habitación. Al abrir los ojos y ver que I-do no estaba y que no se sentía presencia de nadie alrededor, Seung-wan intentó retorcer la parte inferior de su cintura. Al mismo tiempo, hizo fuerza en su bajo vientre.


—Haaa, eu... maldita sea.


Como era de esperar, no salió nada. Al contrario, cuanto más se frotaba contra el lecho, más se hundía la cuerda. Tal vez era un nudo que se apretaba más si se hacía fuerza. Aunque fue difícil, al relajar el cuerpo y soltarse, se aflojó gradualmente.


—Eut… Aahh…


¿Tendría que estar así de nuevo hasta acostumbrarse al tapón? Cuando le quedaba la sensación residual en todo el cuerpo y llegaba el momento de ser consciente de que el tapón estaba dentro, se sentía simplemente miserable. Hizo el amago de enterrar la cabeza en la almohada que estaba cerca. Pero su cuerpo privado de libertad hizo que ni siquiera pudiera hacer eso a su antojo. Además, tal como dijo I-do, tampoco tenía sueño. Significaba que no había otra forma de escapar de esta incomodidad.


Tenía la cabeza despejada. No sabía si era correcto decir despejada, pero al menos no tenía sueño y, a medida que pasaba el tiempo, su visión se volvía más nítida. A pesar de que le hormigueaban los brazos y las piernas por lo ocurrido hace un momento y le dolían las articulaciones. Nunca antes le había pasado esto. Como si dormir fuera la gran cosa.


Solía quedarse dormido con solo poner la cabeza en el suelo, por eso cuando I-do quitó el incensario, lo consideró algo ridículo.


Sin embargo, eso era porque yo vivía una vida increíblemente ocupada. Era porque apenas dormía unas dos horas al día. Ahora pasaba la mayor parte del tiempo acostado durmiendo. No había nada en particular en lo que mover el cuerpo o usar la cabeza. Además, como había dormido lo suficiente gracias al incienso, en lugar de estar cansado, otros pensamientos comenzaron a surgir una y otra vez para atormentar a Seung-wan.


'—Hoy tú también estarás cansado, encárgaselo a otro.'


'—…'


'—Te digo que está bien.'


'—…'


'—No... no me mires así. Está bien.'


La mayoría de ellos estaban relacionados con Ye-ha. Su fiel subordinado. Extrañaba ese rostro joven que solía guardar silencio a su lado y le tomaba la mano cuando tenía pesadillas. Quería verlo. ¿Estaría vivo? Pensar que la Emperatriz Viuda no habría dejado en paz a su gente y que habrían sido ejecutados junto con él por los pecados de su amo, hizo que se le humedecieran los ojos.


Pero sin tiempo para sumergirse largamente en la tristeza, abrió mucho los ojos sobresaltado por un sonido que provino del otro lado de la pared.


—¡…!


¿Qué fue ese sonido de hace un momento? En el instante en que giró la cabeza, se escuchó algo parecido a pasos. ¿Sería un sirviente del palacio?


Mientras contenía el aliento, el sonido que se escuchó de nuevo le puso los pelos de punta. Tratándose de sonidos en el palacio, deberían ser pasos de sirvientes o el sonido del viento a lo lejos...


Tras tragar la saliva que se acumulaba pesadamente en su boca, sintió que la cabeza le daba vueltas. Mientras se mordía los labios, se escuchó una vez más un sonido. Esta vez era seguro. Se movió sobre el lecho para pegarse a la pared lo más posible. Su cuerpo, vuelto sensible, reaccionaba en exceso ante el más mínimo ruido.


'—Wan.'


Ah, por poco deja escapar un grito. Una voz familiar se escuchó detrás de su espalda fría.


'—Ven al palacio Daeseungjeon esta noche.'


Los fantasmas no existen. Solo alguien con el cuerpo y la mente debilitados ve esas cosas. Lo mismo con las alucinaciones auditivas. Lo que se escucha ahora debe ser una alucinación, o un pensamiento que brotó al no poder soportar su propia mente complicada. Seung-wan sacudió la cabeza rápidamente, se acurrucó y cerró los párpados haciendo fuerza en los ojos.


Pasó así no se sabe cuánto tiempo. Por la sensación corporal, parecía haber pasado al menos una hora, pero la longitud de la vela no había cambiado mucho, seguía sin poder conciliar el sueño y le dolía la cabeza. Por apretar los dientes a la menor oportunidad, también le dolía la mandíbula. Como era de esperar, nada había cambiado. El tapón seguía encajado en su interior, y un poco más adentro, estaría estancado el semen que I-do había eyaculado a su antojo antes de irse.


Un lugar que ya no cumple con su función original.


Un cuerpo que debe de haber cambiado.


Reuniendo la razón, que no habría sido extraño que se hiciera pedazos en ese mismo instante, recordó los registros imperiales que conocía.


Incluso antes, hubo quienes ascendieron al puesto de Emperatriz portando la marca de las alas. En el caso de las mujeres, daban a luz a un sucesor rápidamente, pero no ocurría lo mismo con los hombres. Siendo la Emperatriz, debían de haber consumado el matrimonio al menos una vez cada diez o quince días. Aunque la muestra fuera pequeña, la persona más rápida tardó nada menos que cinco años.


Sin embargo, ellos no habrían sido ultrajados de esta manera. Si era violado cada noche, y por si fuera poco, tenía que pasar el tiempo incluso con un tapón puesto, sentía que no podría aguantar mucho tiempo por muy difícil que fuera quedar encinta.


…Si tan solo su aliento se cortara así, sin más.


Mientras se esforzaba por conciliar el sueño con el deseo de escapar de la realidad, por otro lado, pensaba de esa forma. El fin. Un final que no continuara más. Siempre había querido vivir y deseado ser quien sobreviviera, pero ahora, quería morir.



***


'—Debe ascender al trono lo antes posible.'


Los ministros decían aquello unánimemente. Eran palabras correctas, pero I-do podía intuir vagamente que algunos de ellos habían sido instigados por su familia materna. Ante la noticia de que alguien de su propia sangre subiría al trono imperial, el ímpetu de sus parientes maternos se había vuelto excesivo. Tras la súplica de que ascendiera al trono, subyacía la intención de que recibiera a una Emperatriz, y que esta debía ser alguien relacionado con ellos.


La codicia de un abuelo materno que creía que, dado que su hija, una madre sin ambiciones y obediente, había seguido dócilmente sus deseos, su nieto haría lo mismo. Era una lástima no poder cumplir con esas expectativas. Lamentablemente, la madre que debía convertirse en Emperatriz Viuda y velar por su familia se había transformado en un cadáver viviente a manos de su propio compañero; por lo tanto, lo que I-do estaba considerando era a quién eliminar primero.


Dicen que perder a un hijo es un gran dolor, así que se preguntaba si sería mejor enviar primero a su abuelo… Mientras lo meditaba, sin darse cuenta, llegó frente al lugar donde se encontraba Seung-wan.


Como planeaba quedarse un buen rato una vez que entrara, I-do se detuvo un momento y miró hacia el cielo. Ya era de madrugada. El aire azulado que teñía lentamente el firmamento era una vista bastante agradable. Pensándolo bien, incluso cuando estaba en el campo de batalla, este era el momento que más le gustaba.


El parpadeo de las estrellas que contenían el aliento. El aire húmedo que se pegaba a la piel. Puesto que hoy también innumerables estrellas rodeaban a la luna, la escena le recordaba a la marca de las alas en el pecho de Seung-wan.


Ahora que lo pensaba, ¿parecía no estar al tanto de los cambios corporales causados por la marca de las alas?


Al recordar su expresión llena de horror, I-do esbozó una sonrisa imperceptible. Seung-wan sabía poco. La marca era la debilidad del Emperador. Por eso, Seung-wan se había mantenido más alejado de ella que nadie, así que probablemente ni siquiera investigó los detalles.


En cambio, I-do había encontrado copias de los registros que el Emperador quemó secretamente, descubriendo varios hechos sobre la marca. No era nada del otro mundo, pero al menos eran cosas adecuadas para hundir a Seung-wan en la desesperación algún día. Por su mente cruzó fugazmente ese rostro que no podría ni articular palabra ante la desolación. Tras pasar por ese proceso una y otra vez, ¿qué sucedería entonces? ¿Se volverían romos sus afilados dientes? ¿Aparecería un rastro de obediencia en esas pupilas que antes ardían?


Cuando el manto imperial cubriera su propio cuerpo, ¿qué pensaría Seung-wan?


Puesto que ahora podía convertir sus fantasías en realidad, el trono no era del todo malo. ¿Sería esto también la voluntad del cielo? Mirando al cielo una vez más antes de entrar, abrió la puerta personalmente y dio un paso al frente.


Había pasado al menos medio día desde que lo dejó, así que supuso que, aunque habría sufrido por la falta de su aroma, se habría quedado dormido. Sin embargo, el rostro de Seung-wan, que miraba fijamente al techo con los ojos inyectados en sangre, se veía sumamente fatigado, y solo soltaba alientos ásperos de forma intermitente. A pesar de que el cansancio se asentaba en su cuerpo como una roca, su mente parecía incapaz de dirigirse hacia los sueños.


—¿No ha podido dormir?


Seung-wan, que involuntariamente giró la cabeza hacia un lado, se estremeció visiblemente. Su cuerpo, que yacía lánguido y vulnerable por la fatiga, se tensó al instante al verlo.


—De todos modos, pensaba despertarlo, así que ha salido bien.


—…No me toques.


No quería admitir que tenía miedo. Sin embargo, tras tragar saliva espesa, por mucho que intentara poner una expresión indiferente, se desmoronaba sin remedio al entrar en contacto con esa mirada carente de emociones. Sin el cargo de príncipe heredero, encontrarse con Gyo I-do de persona a persona, ¿era así? Su corazón debilitado le temía. Le gritaba a su cuerpo inmóvil que huyera de allí de inmediato.


—No tengo intención de dejar que ningún otro tipo ponga sus manos en su cuerpo, hyung.


La pantorrilla que se extendía apenas un palmo por debajo de la rodilla fue detenida por la palma de I-do. Agarró la pantorrilla con su mano y luego sujetó el otro muslo. Aunque lo había bloqueado con un tapón, era inevitable que los alrededores estuvieran ligeramente húmedos.


—Le quitaré el tapón. También lo lavaré.


Cerca de la entrada había un pequeño punto. Puesto que se había acostado tanto con el Emperador, él mismo debe de saberlo. Al fingir que sacaba el tapón, rascó suavemente con la punta de la uña; como era de esperar, Seung-wan se agitó violentamente.


—¡Ah, ugh…!


Sus piernas sin tobillos lanzaron patadas, pero seguían atrapadas. El tapón giró una vez bajo la punta de los dedos de I-do, presionando las paredes internas. Como era de esperar, el cuerpo sensible de Seung-wan se convulsionó; al pensar que sentía placer con algo que no fuera él, I-do no se sintió muy bien. No podía tener su polla metida todo el tiempo para bloquear el agujero, así que debía ponerle el tapón, pero….


I-do pensó por un momento, agarró el tapón y lo sacó de golpe. El interior, que había estado apretando fuertemente lo que estaba dentro, se contrajo como si se pegara a sí mismo al retirarse repentinamente el objeto. Parecía añorar con avidez la cosa que se había ido con tanta frialdad.


—Ah, ah… ugh, mgh…


La mano de I-do tocó el agujero que se contraía. Seung-wan pensó que entraría de inmediato y rasparía las paredes con saña, pero al contrario de sus sospechas, I-do solo juntó dos dedos y presionó la entrada. Como si lo acariciara con la punta de los dedos. Pronto supo la razón de ese comportamiento inusual.


—He oído que los gatitos no pueden evacuar por sí mismos, así que la madre les lame el ano para inducirlos.


Antes de que I-do terminara de murmurar, Seung-wan soltó un insulto. Lo que él quería ver era evidente. Deseaba ver la escena humillante de Seung-wan derramando el líquido de la semilla que él mismo había metido. Sus ojos indiferentes lo miraban fijamente, esperando la escena que deseaba. Se le puso la piel de gallina por el escalofrío.


—…Ah.


Quería expulsar lo que había dentro. No, debía hacerlo. Aunque ya lo había contenido durante mucho tiempo, no era bueno seguir así. Pero era humillante. Seung-wan temblaba de ira ante una situación en la que tanto aguantar como no aguantar era vergonoso.


—Mgh… ugh.


Mientras tanto, los dedos que palpaban obsesivamente los pliegues hicieron que su vientre bajo se entumeciera. Por otro lado, la sensación de evacuación que nunca había sentido desde que apareció la marca de las alas le producía un cosquilleo interno, llegando a su límite. Ya no más, no más, gritaba Seung-wan para sus adentros mientras cerraba los párpados con fuerza. Los pliegues contraídos se agitaron y escupieron un líquido blanco. Era semen, pero estaba diluido y pegajoso. La razón era fácil de adivinar.


Se debía a que, mientras lo tocaba un poco, su cuerpo sensible se excitó y, desde el lugar transformado en genital, soltó líquido esperando más estímulo. El hilo plateado se estiró largamente antes de cortarse. I-do miró su palma manchada, cerró el puño con fuerza una vez y lo abrió.


—Lo ha hecho muy bien.


Un cumplido, o tal vez una exclamación. Seung-wan intentó soportar lo que fuera que dijera tras haber aguantado semejante humillación, pero su ira estalló. ¿Qué podía hacer? No bastándole con escupirle, movió su pierna incompleta.


Sin embargo, ni siquiera mientras lo hacía pensó que podría golpearle la cara. Al mismo tiempo que un dolor punzante subía desde su pantorrilla amputada, el rostro de I-do giró hacia un lado. Fuera como fuese, le había golpeado la cara. El desconcierto duró solo un instante. Seung-wan soltó una carcajada ruidosa e I-do se frotó con el dorso de la mano la mejilla, que no le dolía demasiado.


—¿Está satisfecho?


—¿Solo con esto?


Ni hablar. Al ver a su pariente de sangre jadeando de ira tras reír, I-do fingió una sonrisa. Según él, era una sonrisa que al menos se parecía a la de los demás.


—Si no le ha parecido suficiente, puedo dejar que me golpee más.


—…


—De todos modos, voy a volver a violarlo después de lavarlo, ¿cómo no voy a dejar que me dé unos cuantos golpes más?


Tan pronto como terminó de hablar, Seung-wan levantó la pierna, pero esta vez el dolor era tan intenso que no pudo patear a I-do. No era solo que le doliera esa parte, sino que el dolor subía de forma rápida y aguda como chispas de fuego, dándole punzadas hasta la columna vertebral.


—Ah, ugh… mgh, ah.


Ante el dolor inesperado, Seung-wan gimió frunciendo el ceño. Ni siquiera era un dolor que caía con fuerza como un aguacero y se detenía, sino que persistía como una lluvia fina y constante.


—Es una pena que no pueda aprovechar esta oportunidad para golpearme.


—Maldito, ah, ugh… mgh. Ah…


—¿Vamos al baño? He disuelto medicina en el agua, si se sumerge allí, se sentirá mejor.


I-do mantuvo la mirada baja en silencio y luego cargó a Seung-wan en brazos. Como era de esperar, este armó un escándalo, pero debido al intenso dolor no duró mucho y solo soltaba alientos turbios. Como no le había dejado cerca el incienso que aliviaba el dolor y le permitía dormir plácidamente, su cuerpo estaba en tensión máxima. I-do lo intuyó mientras abrazaba a Seung-wan por detrás y lo sumergía en el agua.


Originalmente, las bestias heridas son más sensibles. Seung-wan tensó el cuerpo al entrar en un barril de madera de una profundidad que apenas le cubría hasta la cintura, en lugar de la bañera amplia que habían usado antes.


Quería preguntar qué clase de truco era este, pero se contuvo para no cruzar palabra con él. Al ver la mandíbula tensa de su oponente, I-do dejó escapar una risa bastante sincera sin darse cuenta.


—Dejamos a medias lo de sacar lo que tiene dentro.


Era fácil separar las piernas de Seung-wan, que no podía resistirse adecuadamente debido al dolor. Lo que siguió también lo fue. Al hacerle echar la parte inferior del cuerpo hacia adelante para poder tocar entre sus piernas, el pene que rozaba cerca de su muñeca estaba duro. Había tenido una erección desde que jugueteó un poco con el tapón, y aunque disminuyó debido al dolor, volvió a levantar la cabeza ante un estímulo que ni siquiera podía considerarse como tal.


Como si otorgara una recompensa, I-do recorrió la carne suave con la punta de dos dedos. Esta vez no se limitó a acariciar los alrededores del agujero. Primero el dedo índice y luego el corazón entraron para abrirse paso.


—He oído que no hay mejor método que este.


—Mal…maldición, ah.


—También tocaré el lugar que tanto le gusta, hyung.


—¡Ah…! Ugh, ah, mgh, mgh…


—Mientras yo hago esto, usted disfrute a su antojo.


Intentó tragarse el gemido agudo, pero finalmente brotó reprimido desde lo profundo de su garganta. Estaba tan caliente como para calentar la piel sumergida en el barril, y al entrar eso en su cuerpo, el calor se intensificó al doble. Por supuesto, el cuerpo de Seung-wan no resultaría herido con esto. Había disuelto unas gotas de agua bendita y diversas hierbas medicinales en el agua, además de regular cuidadosamente la temperatura.


—Mgh. Ah, ah, ah, ugh… ¡Ah…!


Sin embargo, desde la posición de quien lo sufría, era algo desconocido, y la sensación inusual era violenta. Era diferente a ser eyaculado en su interior.


El agua caliente se filtraba por allí a través de los dedos de I-do. Una falange de profundidad. Solo eso bastaba para que perdiera toda la fuerza de la cintura para abajo y sufriera espasmos que sacudían hasta su torso. Soportar en silencio era la máxima resistencia que podía ejercer. Y a I-do no le gustaba que Seung-wan intentara aguantar.


—Para, para… ya, detente, ya, ya, ugh. Mgh, ah.


—¿Me está diciendo que ya terminó?


—¡Ah, ah, ah…mgh, ugh!


Dobló los dedos y movió las yemas de forma circular en el interior. Por otro lado, juntó los dedos que había metido hasta el fondo y los agitó abiertos.


—Eso, ah, no lo hagas, ¡lo odio…!


Por un instante, tuvo la ilusión de que el calor llenaba su vientre. El semen que I-do había depositado hacía tiempo que había salido, pero ahora el agua caliente se abría paso en ese lugar. Por mucho que cerrara los muslos, de nada servía mientras los dedos se movieran abriendo espacio.


—No… ah, ugh, mgh…


¿Se sentiría así si I-do lo eyaculara continuamente? Con él respirando detrás de su espalda, y con su aliento y calor rozando su piel, la terrible imaginación que tuvo de pronto fue cobrando color y nitidez. Los dedos gruesos parecían una polla, el semen, Gyo I-do intentando que concibiera un descendiente imperial.


—¡No, ah, agh…ah, mgh!


Una sensación violenta hizo que su mente, atrapada en pensamientos aterradores, volviera a la realidad. Se oía un chapoteo entre sus muslos; antes de ser el sonido del agua, era el sonido proveniente de su pene, un poco más abajo. Cada vez que los dedos de I-do entraban y salían, el interior se mojaba, facilitando aún más la entrada. Por mucho que se lavara, volvía a mojarse.


—Hyung, creo que podría meter uno más.


—No, ah, no, ah, ah… ah, mgh.


—¿Acaso no le parece suficiente?


No. No. Basta. Sacudió la cabeza gritando que parara. Aun así, lo sabía. El hecho de que I-do nunca se detendría. Estaba a punto de eyacular, pero aun así deseaba que I-do parara.


—Mgh, ah… ¡Para…ya…!


—Si usted lo dice.


El embiste se detuvo. Tal como Seung-wan deseaba, I-do pareció detenerse. Al menos por un momento pensó eso, pero al igual que cuando sacó el tapón, al retirar los dedos de golpe raspando la mucosa, le sobrevino un placer clímax sin haber llegado a eyacular.


—Aah, ugh, mgh… mgh, mgh. Ah…


El aliento se detuvo justo frente a sus labios y estalló con retraso. Su cuerpo, que había estado encogido al máximo para no tocar a I-do, se desplomó hacia atrás, e I-do abrazó a Seung-wan como siguiendo un orden establecido. Su mano, salida del agua y pegajosa, recorría su pecho que subía y bajaba agitado.


—Hyung.


Debido al movimiento tan violento abajo, las gotas de agua habían saltado y se habían posado sobre su pecho. De repente, cuando una de ellas resbaló hacia abajo y pasó cerca del pezón, Seung-wan se estremeció. Incluso ante un hecho tan insignificante, su cuerpo intentaba reaccionar como un estímulo. I-do, que lo notó vagamente, hizo rodar el pezón suavemente.


—Aquí también está mojado.


Seung-wan no respondió. Ahora mismo, cualquier cosa que dijera solo serviría para el placer de I-do, y su voz no saldría clara por la falta de aire. No quería reaccionar al toque que jugueteaba con su aréola, así que solo se lastimó los labios retorciéndolos entre sus incisivos.


—Más adelante terminará empapando este lugar con leche, me divierte mucho pensar que yo mismo lo tocaré para que no se formen bultos.


—No digas…tonterías, mgh. Ah.


Parecía que los insultos que no pudo soltar se amontonaban en su garganta. I-do podía destrozar fácilmente la paciencia de Seung-wan con solo mover la lengua sin necesidad de actuar. Burlándose de él como si fuera una ramera y yendo un paso más allá, comenzó a apretar y amasar el pecho de Seung-wan como si estuviera ordeñándolo. Aunque no había mucho que agarrar, los juntó y, encogiendo los dedos, los sujetó, retorciendo la marca de las alas grabada en su pecho.


—¡Ah, ah, ah…!


Odiaba que le tocaran el pecho. Su cuerpo sabía que la marca, convertida en una zona erógena terrible, esperaba el toque de I-do. El placer que sentía en ese lugar desconocido era tan asqueroso que preferiría que humillara su pezón o su polla. Sentía cosquilleos, impaciencia,


—¡Mgh, ugh!


Incapaz de aguantar, giró la cabeza. El rostro con el que se encontró estaba sumamente calmado, no parecía el de alguien que estuviera tocando su cuerpo con manos tan sucias. Seung-wan rechinó los dientes con fuerza.


—Qué, qué más piensas hacer.


—¿No le dije que le lavaría el cuerpo?


—Mgh, mgh. Ah…


—Y después de eso, lo poseeré.


Presionó firmemente con la parte carnosa del pulgar. Luego, al darle un toque con la punta del dedo, Seung-wan soltó un sonido que a él mismo le resultaba penoso escuchar. Era un sonido aún más detestable por no estar teñido de dolor.


—¡Suéltame…!


Su cuerpo fue levantado por un toque que no prestaba atención a su resistencia por no rendirse. I-do cargó en brazos al Seung-wan que pataleaba y lo trasladó a la bañera grande que estaba preparada a un lado. Esta vez entró con él y lo sentó en su regazo. Como era una bañera con profundidad suficiente para llegar cerca del esternón, se sentó en el escalón intermedio como antes. Si en ese momento I-do soltara a Seung-wan, este no podría salir y acabaría ahogándose.


—Hyung, debe tener cuidado.


Aun así, verlo esforzarse por escapar de él era una actitud muy propia de Gyo Seung-wan. I-do, en lugar de someterlo por la fuerza, recorrió su espalda con los labios.


Ante la sensación que le puso la piel de gallina, Seung-wan arqueó la cintura e I-do puso de inmediato la mano en su ingle para atraerlo hacia sí. La resistencia que se quebraba cada vez que sentía placer era mínima para I-do. Además, era fácil humillar a un oponente indefenso sentado en su regazo. Con una mano en su pecho y con la otra levantando su pene, tocó un poco más abajo.


—Ah, mgh, ah…


El sensible perineo parecía acobardarse ante el más mínimo estímulo. Acariciándolo varias veces como para calmarlo, esta vez llevó su nariz y boca a su nuca. La piel mojada siempre hacía que el aroma corporal fuera más intenso.


—Incluso mientras me ocupaba de asuntos importantes, no dejaba de pensar en su cuerpo, hyung.


—Ugh, ah… mgh, ah, ah.


¿Alguna vez le había gustado el olor de la piel de una persona? Intentó recordar el pasado pero desistió. Solo el de Seung-wan era fragante. Cuanto más intenso, más dulce; atraído por el aroma, aunque no tuviera sabor al morderlo, este soltaba sonidos así de agradables.


—¡Ah, ah…mgh, mgh…!


—Y vuelve a mojar así abajo.


—¡Mgh, mgh…ah, ah, ah!


—No tiene sentido que intente lavarlo si sigue mojándolo.


Aunque solo había metido un dedo, todo estaba pegajosamente húmedo, dejando ver que ansiaba y codiciaba lo de su compañero. Aun así, como Seung-wan resistía gimiendo, en lugar de meterle más, levantó la mano a propósito y sacudió lentamente de arriba abajo el pene que estaba erecto.


—Ahh…ah, ya, mgh…basta, ya, ah, ah…


El placer aplicado en un lugar que no era el deseado hacía que el lugar vacío se impacientara aún más. Quería devorar con avidez lo de I-do. Su cuerpo ardiente le susurraba. Que lo mordiera y tragara con todo su ser.


—¡Ah, ah…mgh, ah!


Cambiando de postura, Seung-wan quedó de pie en una posición torpe apoyado en su hombro. Como no se sostenía por sus propios pies, más que estar de pie, estaba flotando sujeto por él. I-do sujetó el cuerpo de Seung-wan con un brazo y metió la mano por el hueco entre sus muslos. Ni siquiera llegó a tocar el punto de placer adecuado.


—¡No, ah, ah, ah, ah, ah, ah, ah, ah, ah…!


Sin embargo, sentía que iba a venirse, y en el instante en que el mundo se distorsionó una vez, no pudo contenerse y empapó el agujero. A diferencia de cuando estaba en el barril, esta vez un líquido blanquecino manchó hasta su cadera. Y ese fue el límite. Tras alcanzar el clímax por el toque forzado, su conciencia se cortó de forma extraña.


Le pareció haber abierto los ojos y haber visto vagamente a I-do o el cambio de escenario, pero no podía hacer nada por su propia voluntad. Se sentía aún más impotente que cuando le arrancaron las extremidades.


—Ahhh…


Sin darse cuenta, había regresado al lecho. Unas manos toscas reptaban sobre su pecho desnudo. Tocaba la marca de las alas con expresión satisfecha, y cuando él mostraba su odio enseñando los dientes, incluso eso lo alegraba. Para Gyo I-do, cada uno de estos instantes era alegría. Ver a Seung-wan bajo él, sentirlo abrir su cuerpo sin poder evitarlo, y cada momento en que confirmaba que era suyo, era así.


—¡Quita tus manos…!


Seung-wan gritó. Movió la pierna izquierda, la que había pateado su rostro, bajo la palma de I-do.


—¿Acaso no quiere hacer conmigo lo mismo que hizo con el Emperador?


Una voz inusualmente cariñosa se acercó a Seung-wan. No es que la voz de una persona pudiera pegarse a la piel, pero quería levantar la mano y sacudirse la piel con violencia.


—Puesto que vendió su cuerpo a su padre porque quería ser Emperador, ¿acaso le resulta difícil vender su cuerpo a su hermano para ser Emperatriz?


No era solo eso lo que le tocaba. Los ojos de depredador miraban a Seung-wan desde arriba. Eran fríos y sin afecto, pero algo hervía en ellos. Era el sentimiento dirigido ferozmente hacia su oponente.


—Ni aunque me estrangularas lo conseguirías.


—No tengo intención de estrangularlo, hyung.


El calor cubrió su cuerpo con pesadez. I-do cruzó sus piernas y solo con el roce brotó el placer. I-do acarició con ternura el cuerpo que temblaba sin que su dueño lo supiera. Cuando Seung-wan intentaba escapar, él se adentraba como una trampa y le susurraba al oído.


—Incluso falta tiempo para empaparlo todo, arriba y abajo, con alegría.


Esa frase fue el final y el comienzo de un largo placer.


Fue arrastrado por él, que entraba como una marea. Si sus extremidades estuvieran intactas, ¿habría podido escapar? Ni siquiera las puntas de los dedos que existían en su imaginación podían moverse libremente. Todo estaba bajo el control de I-do. Solo cuando él tenía la piedad de dejarle descansar podía exhalar o inhalar satisfactoriamente, y tenía que suplicar que lo liberara mientras sufría por la sensación de eyaculación que lo colmaba.


—¡Ah, mgh, ah…basta, basta, ja, ah…!


Llegó a sentirse como un ser que simplemente reaccionaba y gemía según I-do lo tocara, pero a la inversa, gracias a él se daba cuenta de que era una persona.


—No, ah, mgh, ahí, ah, no, mgh, mgh…


Una persona con la marca de las alas.


I-do cubrió ese lugar con besos. Entonces, el placer puro que se extendía por todo su cuerpo le rodeó el cuello como un lazo.


—…Abra la boca.


—Ja, ah, mgh…mgh…mgh.


—Si lo hace, haré que se sienta cómodo.


Se estrecha. Cuando sus labios tristemente abiertos se encontraron con los otros, incluso su aliento controlado pasó a ser de I-do. Una lengua viscosa recorría la carne tierna de su boca transmitiéndole el aliento ajeno.


En ese acto, Seung-wan pensó que I-do intentaba filtrarse en su interior. Como el veneno de una serpiente que se propaga. De modo que no pudiera separarse a menos que raspara cada lugar donde se había extendido.


—No podré venir durante unos dos días.


I-do, quien dijo eso mientras se ponía la túnica exterior, se dio la vuelta para mirar a Seung-wan. Se preguntaba si él lo consideraría una fortuna dentro de la desgracia o si se alegraría internamente. Añadió con voz baja:


—Ascender al trono resultó ser algo muy fatigoso y difícil. Hay muchos procedimientos que preparar incluso para la ceremonia de coronación.


—…


—Así que, por el momento, reciba los cuidados de los sirvientes del palacio. Les he ordenado que lo cuiden meticulosamente, así que no tendrá ninguna incomodidad.


Aunque no hubo respuesta, al ser I-do alguien sensible a la presencia de los demás, fue como si ya la hubiera escuchado. Seung-wan no dijo nada y solo escuchó en silencio las palabras de I-do, pero no pudo evitar que las lágrimas brotaran después de que él terminara de hablar y se escuchara el sonido de la puerta cerrándose al salir. Aunque intentó contenerlas, el líquido caliente brotaba una y otra vez, fluyendo con pesadez. Era algo que ya preveía, no, algo obvio, e I-do ya le había dicho que el trono era suyo. Aun así, era doloroso.


Era suyo. Era el lugar que había obtenido con tanto esfuerzo. Lamentablemente, debido a la voluntad del cielo, se le había escapado de las manos.


La marca de las alas. Y la marca del soberano que debía de estar grabada en el pecho de I-do. Todo esto era la voluntad del cielo.


—Yo, que tanto deseaba el trono y que soporté toda clase de humillaciones y deshonras, me convierto en el compañero del Emperador…


Enderezando la cabeza para mirar con fiereza el techo, y el cielo que estaría más allá de este, Seung-wan mostró tal cual su corazón lleno de ira y miseria. Si pudiera forjar una espada con este sentimiento, seguramente alcanzaría el cielo. No bastando con haberle otorgado una gran tribulación al llevarse a su madre, le habían arrebatado incluso aquello que había rascado y reunido con todas sus fuerzas.


—¿Es realmente la voluntad del cielo que I-do, quien ni siquiera deseaba el trono ni hizo esfuerzo alguno, ascienda a él?


El rencor hacía que su pecho le doliera, pero no hubo respuesta, y solo el silencio se filtraba gélidamente hasta sus huesos. Al girar la cabeza hacia un lado, una lágrima que cayó en forma de gota pasó por el puente de su nariz y cayó en su ojo izquierdo. Después de un rato, las lágrimas empezaron a fluir sin cesar hasta el punto de nublar su vista.


—¿Es esto realmente la voluntad del cielo?


Sin embargo, mientras lloraba durante un largo rato, su mente, que estaba atrapada en una densa niebla, se aclaró poco a poco. Si le habían arrebatado todo y solo le quedaba la vida, y si su existencia estaba decidida por la voluntad del cielo, el camino a seguir era uno solo y era sumamente claro.


Si te empeñas en ignorarme y arrojarme a este infierno de fuego, juro que escaparé.


—¿...Acaso crees que seguiré tu voluntad?


Masticando el resentimiento acumulado en su interior, Seung-wan dirigió sus últimas palabras al cielo, y entonces algo que podría ayudarlo entró en su campo de visión.


No muy lejos había un jarrón con varias flores rojas. Al estar colocado sobre el armario donde se guardaba la ropa, parecía difícil sacudirlo para que cayera. No obstante, era una altura desde la cual, si acostaba su cuerpo y levantaba las piernas para tocarlo, tal vez apenas lograría tirarlo. ¿Debería arrastrarme yo mismo? Tras considerarlo, pensó que, como I-do se había ido, un sirviente podría entrar pronto, así que midió la altura solo con la mirada.


Si tan solo pudiera soportar el dolor de sus piernas, tal vez podría apoyar su cuerpo contra la pared y golpearlo con la cabeza. Para que no hiciera ruido, mordería la manta, la pondría en el suelo, envolvería el jarrón y lo golpearía con las piernas para romperlo. También podría golpearlo con la frente. Como el jarrón no era pequeño, no sería difícil obtener un trozo grande.


I-do había dicho que no vendría en dos días, así que tenía al menos una oportunidad. Seung-wan, habiendo calmado su mente, volvió a apoyar la cabeza sobre la almohada. Ya que había decidido qué hacer, ahora debía dejar descansar su cuerpo agotado. Si tan solo tuviera brazos habría sido una tarea sencilla, pero ahora que no tenía nada, incluso mover su cuerpo hasta donde estaba el jarrón requería un gran esfuerzo. Por ello, cerró los ojos y trató de conciliar el sueño.


Había algo que hacer después de despertar: emitir quejidos que se oyeran hasta afuera, fingiendo estar pasándolo mal o dándose la vuelta con dificultad. Y una vez que los sirvientes comenzaran a asistirlo dentro de la habitación, ahí empezaría todo. Tan pronto como despertó de su corto sueño, se quejó amargamente y, al ver entrar a los sirvientes, fingió sorprenderse notablemente.


—Pe, Príncipe.


—No…es que…


Al actuar él así, ellos se asustaron aún más. Puso cara de estar aterrorizado y luego fingió esforzarse por parecer estar bien. Los sirvientes se acercaron, dejaron la palangana y se postraron por completo.


—Hemos traído el agua para su aseo.


Debido a que su cuerpo estaba en tal estado, tanto sus toques como su actitud eran excesivamente cautelosos. En el pasado, Seung-wan recibía miradas de reverencia de los sirvientes como príncipe heredero, pero eso nacía del temor hacia él, no de un corazón que temiera que algo malo le pasara como ahora.


Era algo triste, pero más bien resultó conveniente. Al menos por ahora lo era. Levantaron su cuerpo y lavaron su rostro.


—Ugh…mgh.


Mientras le secaban el agua con cuidado con una toalla seca, Seung-wan frunció el ceño a propósito fingiendo estar mareado. Al sentir que los sirvientes se desconcertaban visiblemente, fingió perder el conocimiento por un breve momento y abrió los ojos en el tiempo adecuado.


No sabía qué les habría dicho I-do sobre él, pero los rostros de los sirvientes que lo rodeaban estaban pálidos.


—Rá, rápido, al médico real.


—No, no es necesario. Es solo porque no he podido dormir profundamente. Debido a que mi cuerpo no está bien, hasta los sonidos pequeños se escuchan fuertes y no puedo conciliar el sueño en absoluto…


—Lo, lo lamentamos profundamente. Ordenaremos que se comporten con aún más cuidado.


Después de eso, los pasos que ya de por sí se oían poco se volvieron aún más tenues, volviéndose débiles como la respiración de un niño pequeño. Sin embargo, cerca de la hora en que los sirvientes entraban puntualmente para traerle la comida, se quejaba como alguien que no había podido dormir en absoluto y fingía estar aún más fatigado.


Ellos empezaron a caminar alejándose por completo. Después de eso, hubo una comida más y solo bebió agua una vez.


—…


¿Habría llegado finalmente la hora del gallo? A juzgar por el olor a viento frío que se desprendía de la ropa de los sirvientes, llegó el momento que se suponía era la cena. Juzgando que el plan estaba funcionando bien, cabeceó repetidamente incluso durante la comida como alguien consumido por el cansancio. Tras tomar apenas unas cucharadas, buscó el lecho como si estuviera exhausto, por lo que los sirvientes prepararon el lugar apresuradamente y acostaron a Seung-wan.


Como había fingido estar cansado todo el tiempo e incluso cabeceó durante la comida, seguramente pensarían que caería en un sueño profundo durante la noche. Así lo intuyó mientras movía su cuerpo incómodo para meterse bajo las mantas.


—Con su permiso, nos retiramos.


Tras escucharse la voz clara, los pasos se alejaron. La puerta se abrió y se cerró. Solo cuando consideró que había pasado el tiempo suficiente, Seung-wan cerró los ojos y tanteó una a una las presencias a su alrededor. Están lejos. Al menos parecía que no había nadie cerca. La persona que montaba guardia afuera parecía estar solo tras la puerta, pues no había presencias en otros lugares.


…Que el pasado en el que fue acosado por asesinos sea de ayuda de esta manera, ¿debería incluso agradecer a los tipos a los que Ye-ha les rompió el cuello?


Tras tener ese pensamiento absurdo, empujó la manta gruesa hacia el suelo para que cayera. Y después de esto tenía que tomar una decisión un tanto importante. Esperando que la parte amputada tocara el suelo lo menos posible, apoyó con cuidado su rodilla izquierda sobre la manta que había caído al suelo. En el otro lado solo quedaba la mitad del muslo. Como debía hacer el menor ruido posible, no tuvo más remedio que inclinar su cuerpo hacia la derecha.


—…Ugh. Ah.


Dolió. Mucho más de lo esperado. Era como si frotaran bruscamente sal de grano grueso contra la herida.


Era un dolor que punzaba hasta la cabeza, pero logró reprimir el sonido por poco. Dado que los alrededores estaban en silencio, debía reprimir sus propios sonidos aún más.


Mordiéndose los labios con fuerza, dejó caer incluso su trasero. En esa parte no dolió porque la manta estaba algo amontonada. Podía considerar una fortuna que el lecho fuera bajo.


—Uff.


Se escapó un suspiro que apenas él mismo podía oír. Usando su única pierna izquierda, giró su cuerpo con dificultad. Estaba solo en la habitación. Tras confirmar eso una vez más, retorció su cintura de aquí para allá, usó su rodilla y frotó su muslo contra el suelo para avanzar un palmo a la vez. Los brazos eran casi inútiles, pero al aprender el truco, sirvieron de alguna ayuda.


—…


Tras avanzar así un trecho, soltó un aliento agotado y miró la distancia que se había movido, apenas un paso largo. A duras penas su pantorrilla alcanzó el lugar donde estaba la manta y la arrastró consigo. Aún faltaba mucho para llegar a donde estaba el jarrón.


—…Uuf, ugh.


Un paso. Y de ahí otro paso.


Una distancia que habría caminado sin dificultad si tuviera sus dos piernas se sentía como miles de leguas. Aunque estaba exhausto, en una situación en la que ni siquiera podía exhalar satisfactoriamente, su frente y su espalda empezaron a empaparse de sudor. Lo mismo ocurrió con la pierna que se había salido de la túnica. La rodilla que se raspaba contra el suelo tampoco podía ejercer una fuerza satisfactoria debido al dolor y se deslizaba en vano. Si braceaba diez veces, al menos cinco o seis eran movimientos en falso, así que usó sus brazos que, aunque le causaban un dolor terrible, al menos movían su cuerpo con seguridad.


Para ese momento, todo su cuerpo era un cúmulo de dolor. En algunas partes sentía punzadas, en otras un dolor sordo, y en otras le dolía como si le hubieran prendido fuego.


Solo cuando estuvo a punto de perder el conocimiento por el aturdimiento, llegó frente al armario donde estaba el jarrón. Allí, no tuvo más remedio que acostarse un momento para recuperar el aliento.


'—Dama de la corte Joo. Dama de la corte Joo.'


'—Sí, Príncipe. Dígame.'


'—¿Dónde estará mi padre ahora? A esta hora debe estar atendiendo los asuntos de Estado en el Palacio Daeseungjeon, ¿verdad?'


Tal vez fuera por el dolor extremo. Cruzó por su mente algo parecido a una linterna mágica de recuerdos. Incluso cuando le dieron de comer medicinas extrañas y le cortaron las extremidades por orden de la gente que trajo I-do, vio visiones del pasado Quizás uno vea estas cosas cuando es acosado hasta el borde de la muerte.


'—Eso es.'


'—¿Eh?'


'—Príncipe. ¿Qué le parece ir a la cocina? Le daré los pasteles Garap que tanto le gustan.'


'—¿Por qué no respondes? Dime dónde está mi padre.'


'—Lo lamento mucho.'


'—Te dije que me lo digas de una vezm'


'—…Su Majestad se encuentra ahora en el Palacio Yeonhui'.


Era el palacio donde residían la Consorte Imperial y I-do, que era dos años menor que él. Siguiendo las órdenes de la Emperatriz Viuda, la Consorte Imperial, que ya era dueña de un palacio grande y lujoso, se convirtió en la señora de un palacio que se decía era el mejor después del de la Emperatriz, y permaneció allí con su hijo.


Dicen que su Padre Real estaba allí.


—¡…!


Los sucesos del pasado lo succionaban como un pantano. Aunque fue por un instante, se sintió como si estuviera soñando, así que Seung-wan sacudió la cabeza. El armario estaba justo frente a él. Reunió la manta en el lugar donde caería el jarrón, amontonándola de la forma más gruesa posible. Como el jarrón tenía muchas flores, si caía por la parte superior, las flores chocarían con la manta y al menos el sonido sería menor. Sin embargo, era imposible que no hubiera ruido en absoluto.


Era algo que ya esperaba, así que, esperando tener suerte, se sostuvo sobre una rodilla, apoyó su cuerpo en el armario y tocó el jarrón con la cabeza. Se movía como un caracol para no desplazarse demasiado de golpe.


Entonces, cuando llegó al borde, golpeó con fuerza. Naturalmente, el precario equilibrio de Seung-wan se tambaleó, pero el armario donde la ropa estaba bien doblada era pesado y no se movió por el apoyo de una persona; el jarrón también cayó bien, por lo que el ruido fue escaso. Sin embargo, al ser una apuesta en la que se jugaba el corazón, sintió una opresión en las costillas.


Tras dejar pasar un poco de tiempo y sentir que no había cambios en las presencias externas, Seung-wan dejó deslizar su cuerpo hacia abajo, tal como hizo al bajar del lecho. No había lugar que no le doliera, por lo que el nuevo dolor le resultaba casi ridículo.


Fue lo mismo cuando envolvió el jarrón con cuidado con la manta para romperlo. Ignorando el dolor, lo golpeó con la pantorrilla y, al no resultarle fácil, cargó su peso sobre él. Su cuerpo, que había perdido peso y sus extremidades, era ligero, pero de todos modos era el cuerpo de un adulto, así que al presionar y resistir, se agrietó fácilmente. No fue difícil encontrar un trozo adecuado allí. Estaba dispuesto incluso a tragarse los pedazos si no funcionaba, pero al final la suerte estuvo de su lado.


—Ja… jaja.


Tras usar su pierna izquierda para encontrar el fragmento indicado, Seung-wan soltó una carcajada sin darse cuenta.


Él también moriría con el cuello perforado.


Al pensarlo de esa forma le resultó extrañamente cómico; aunque cerró la boca, una sonrisa breve y borrosa se extendió por la comisura de sus labios. Clavar un cuchillo en el cuello de su Padre Real para terminar en una situación peor que la muerte. Y finalmente, morir perforándose el cuello. Esto ya era una comedia.


Como justo cerca había un espejo pegado a la pared, Seung-wan pudo observar su rostro sin dificultad. La última vez que había visto su rostro fue justo antes de ser llamado por su Padre Real para ir al Palacio Daeseungjeon, mientras se aseaba.


Era marcadamente diferente a ahora. Su piel tenía brillo, sus mejillas no estaban hundidas de forma horrible como ahora, y no se veían sombras bajo sus ojos. Sobre todo, tenía brazos y piernas con los que podía moverse libremente por sí mismo.


En su fantasía, intentó cerrar el puño una vez. Al acercarse el final, incluso este era un sentido que podía aceptar con gusto.


Bien, ahora todo es el fin. Movió cuidadosamente el fragmento grande para que la parte afilada quedara hacia arriba. Como lo había fijado con la manta pesada, si cargaba su peso para que el cuello se clavara aquí, su garganta sería atravesada y ni siquiera podría emitir un gemido adecuadamente.


¿Qué pensará Gyo I-do cuando vea su cadáver más tarde?


Seung-wan se embriagó con un débil sentimiento de victoria. Seguramente no se imaginó que usaría lo que quedaba bajo su rodilla de esta manera. Es una lástima morir sin ver ese rostro distorsionarse pero habiendo llegado a la etapa final, no quería perturbar su mente con pensamientos sobre Gyo I-do.


Simplemente deseó y deseó. El descanso eterno que estaba por llegar.


Pensando que el descanso que acogería el final de su feroz vida lo estaba esperando, retrocedió su cuerpo y luego se irguió precariamente. Debajo del cuello de Seung-wan, que mantenía el cuerpo erguido por un pelo usando una rodilla y su brazo cortado, se encontraba el fragmento puntiagudo. Soltó un breve suspiro y dejó que su brazo resbalara.



***



—Saludos, Madre Real.


I-do hizo una reverencia y se sentó frente a su madre, quien llevaba años postrada por la enfermedad. Para cumplir con el tercer procedimiento de la ceremonia de coronación, solicitó una audiencia privada con ella. Sin embargo, más que un encuentro entre dos personas, aquello parecía la interacción entre un ser humano y un objeto.


En una situación donde no habría sido extraño que exhalara su último aliento en cualquier momento, su madre, curiosamente, se aferraba a la vida. Por ello, hasta ayer era llamada Consorte Imperial, pero a partir de hoy, convertida en la madre del Emperador, pasó a ser Emperatriz Viuda, se mudó de aposentos y recibió un nuevo título honorífico.


En el último paso de la coronación, la madre de Seung-wan fue nombrada Emperatriz Viuda Seong-heon del Este, mientras que su propia madre fue nombrada Emperatriz Viuda del Oeste. Siguiendo la etiqueta, se elevó un peldaño más el estatus de la Emperatriz, la esposa legítima del Emperador. Aun así, dado que la Emperatriz había fallecido hacía tiempo, la mayor autoridad de la familia imperial era la Consorte Imperial. Al menos, así habría sido si ella pudiera abrir los ojos.


—Su hijo ha ascendido al trono.


Tras repetir esas palabras en voz baja, observó con detenimiento el rostro de su madre; aún quedaban rastros borrosos de su antigua apariencia. Una persona bondadosa y honesta, que obedecía a su clan y no albergaba malicia fácilmente hacia los demás. Una personalidad alejada de la hipocresía y la traición, y por lo tanto, una naturaleza con la que era difícil sobrevivir en el palacio.


Sin embargo, debido a ese carácter, fue favorecida por el Emperador, quien solo tenía ojos para la Emperatriz y logró dar a luz a su segundo hijo, I-do. Gracias al poder de su clan, ninguna de las otras concubinas se atrevió a mostrarle malicia abiertamente.


Solo una persona fue diferente: Seung-wan.


No habría tenido necesidad de ponerle un dedo encima a su madre, pero Seung-wan lo hizo, asumiendo el riesgo a propósito. Siendo todos hijos del Emperador, la superioridad entre ellos se dividía más por el estatus de la madre que por el orden de nacimiento. Si lo que Seung-wan quería era dañarlo a él, debería haber tendido una trampa a la Consorte Imperial para degradar su rango. Sin embargo, Seung-wan prefirió dañar a la persona en sí.


Esto, en realidad, no tenía más significado que el de eliminar a la Consorte Imperial. I-do seguía siendo el hijo de la mujer con el rango más alto después de la Emperatriz, y como hijo de una consorte con un clan externo poderoso, seguía siendo una amenaza para Seung-wan. ¿Acaso su madre sabría la razón?


I-do, haciendo suposiciones inútiles, dejó escapar un soplido por los labios. Si ella lo hubiera sabido, no habría encendido el incienso que Seung-wan le dio. Convertida en un cadáver viviente, sus labios, que soltaban alientos turbios con dificultad, tenían un tinte azulado. El color de la muerte era evidente en su piel. I-do, contemplando ese color familiar, bajó la vista hacia sus propios brazos.


A diferencia del color que tenía frente a él, la túnica roja que vestía para la ceremonia de coronación, celebrada desde el amanecer, era tan fastuosa y pesada que parecía herir los ojos. En cada brazo llevaba bordado un dragón con hilos de oro, algo que solo el Emperador tiene permitido usar. Era una prenda digna de quien posee la marca del soberano y, por sí misma, probaba que había ascendido a la posición por encima de todos. Quizás, en el fondo, su madre deseaba que su hijo vistiera esta ropa.


—¿Está usted feliz, Madre Real?


Por más que le hablara, alguien sin conciencia no podía responder. Manteniendo la mirada en ese rostro reseco, comenzó a recorrer el pasado con calma. Sus preguntas se dirigieron hacia atrás.


'—I-do es siempre tan sereno y calmado como un lago en invierno.'


Fue una conversación de un día de invierno. Al escuchar las palabras de su madre, él forzó torpemente las comisuras de sus labios. Ante un cumplido, uno debe sonreír. Los niños del clan materno que vivían con ellos en el Palacio Yeonhui hacían lo mismo; cuando recibían halagos, sus mejillas se contraían en una sonrisa.


Observando el rostro de I-do mientras intentaba imitar aquello, la Consorte Imperial habló con franqueza, con un rostro libre de malicia. Era el cumplido de alguien que no tenía reparos en mostrar sus emociones.


'—Siempre lo he pensado, pero definitivamente eres diferente a los demás niños.'


Aunque esas palabras causaron en quien las escuchaba un impacto similar al de ver el cielo partirse en dos, la mujer que las pronunció no se dio cuenta. Su madre, a pesar de haberle heredado un rostro idéntico al suyo, era la persona que había dividido su mundo en dos, convirtiéndolo en una isla flotando en el mar.


Gyo I-do es diferente a los demás niños. Más aún, es diferente de los humanos. No puede mezclarse en ese grupo. Ella fue la primera en hacérselo saber y obligarlo a enfrentarlo.


'—¿Así le parecía a usted, Madre Real?'


Carecía de aquello que una persona debería poseer. El hecho de que la Noble Consorte, inconscientemente, comparara a su propio hijo con un lago helado de invierno en lugar de con algo vivo, debía de ser por la misma razón.


Está vivo, pero no lo está. El pensamiento de que su madre, que yace como muerta, podría estar más cerca de ser humana que él mismo, se profundiza de forma oculta como una espina que penetra en la piel. De niño intentó apartar la vista de ese hecho, pero una vez que lo supo, no pudo dejar de mirarlo.


Lo mismo ocurría con la relación con su madre. Si ella hubiera seguido viviendo sin percances, él habría cumplido con su deber filial como hijo, pero el hecho de que terminara así no le despertaba deseos de vengarse de Seung-wan.


Porque no sentía ganas de hacerlo.


Ni odio, ni afecto. No sentía tales emociones por su madre ni por nadie más. Si acaso, existía lo necesario y lo molesto, y en ese proceso, ninguna emoción llamaba a la puerta de su corazón. Aunque la gente de su clan materno deseara fervientemente que él ascendiera al trono, el trono no le causaba codicia ni su propia vida le parecía importante.


A pesar de ello, cuando veía a Seung-wan arder de rabia y mantenerse alerta contra él, sentía deseos de entregarle de buen grado tanto el trono como su vida, solo para lograr que ese rostro mostrara una sonrisa. Él fue su primera emoción. Todas las emociones comenzaron con Seung-wan, y desde allí se ramificaron y crecieron. I-do recordaba todo de aquel día en que nacieron sus sentimientos.


En el punto de partida estaba Gyo Seung-wan a los veinte años. Pasó frente a él ondeando una tela blanca y elegante, como si fuera el aleteo de una mariposa. No llevaba nada en sus manos, pero ¿acaso sostenía en realidad una antorcha invisible?


Tras pasar de largo una vez, él regresó. Pero aunque regresó, no fue por I-do. Seung-wan nunca le dedicó una mirada, y solo cortejaba a otros para lograr su objetivo.


El asombro del primer momento en que lo miró, la ternura por la tristeza que albergaba, el interés cuando la sensualidad que brotaba de él negó la tristeza mostrada anteriormente, y en el instante en que se acercaba y se alejaba repetidamente el deseo de posesión de querer atraparlo y traerlo a su lado.


Desde entonces, cada día nacían emociones nuevas y variadas que le hablaban a I-do. Todas derivadas del mismo lugar. En ese mismo lugar estaba Seung-wan.


Si tenía el rostro fruncido, quería consolarlo, pero al mismo tiempo deseaba que llorara amargamente por su causa. Si estaba sonriendo, quería proteger esa sonrisa, pero por otro lado, como no iba dirigida a él, su corazón hervía de deseos de distorsionarla. Ese sentimiento no era muy diferente incluso hasta ahora.


Tras imaginar la figura de un Príncipe Heredero fuerte y brillante, imagina a Seung-wan atrapado en sus aposentos. Ah, es insoportablemente placentero. Incluso esto era una emoción y, al mismo tiempo, una sensación que Seung-wan le había enseñado. Se extendió en un instante como si se hubiera prendido fuego a un campo seco. El éxtasis de que él fuera suyo era algo que no se podía expresar con el lenguaje humano.


Y, tras pasar por un largo y silencioso tiempo de paciencia, Gyo Seung-wan cayó en las garras de Gyo I-do. Por lo tanto, ya no era necesario que bailara. No importaba si nunca más podía ponerse de pie con sus dos piernas. Podía poseer, poseer y poseer todo el cuerpo de aquel que se ponía a la defensiva incluso ante el gesto trivial de quitarle un pelo.


¿Debería clavarle los dientes y masticarlo ruidosamente? ¿Debería clavarle las uñas y arañar su piel? Cuando no estuviera satisfecho, ¿qué tal sería masticarlo y tragarlo entero?


Cuando llegó el momento de salir de los aposentos de su madre para acudir al cuarto y último ritual, donde se encontraban las tablillas ancestrales de sus antepasados, I-do tuvo que esforzarse por tragarse una pizca de sonrisa que brotó secretamente en su interior. Allí también estaba la de su Padre Real. Cuando el sonido de la campana se detenía, presentaba sus respetos ante la siguiente tablilla, y cuando se detenía de nuevo, ante la siguiente; finalmente, aparecieron ante sus ojos el nombre póstumo y la tablilla escritos por su propia mano.


—Majestad. Por favor, presente sus respetos.


—…


Quizás fuera la primera vez en su vida que trataba a su Padre Real con una sonrisa sincera.


Tras permanecer largo rato con las dos rodillas en el suelo, al momento de levantarse, desató el cordón que cerraba su túnica ceremonial. El sirviente que lo observaba a su lado se desconcertó, pero pronto, al ver la marca del soberano revelada entre la túnica, no pudo ocultar su asombro y de inmediato inclinó la cabeza hasta el suelo.


Al girarse, los oficiales civiles y militares también lo vieron. Sus miradas estupefactas se posaron en el nuevo Emperador y en la marca del soberano que hacía resaltar aún más su nobleza. Era el signo del cielo que el anterior Emperador no poseía.


—¡Larga vida al Emperador!


Alguien dijo eso.


—¡Larga vida al Emperador!


Todos gritaron al unísono. El clamor sacudió el palacio. Bendecían el nacimiento del Emperador elegido por el cielo. Al mismo tiempo, era un insulto mordaz contra el anterior Emperador, quien había intentado borrar la marca dentro del palacio.


Y así se anunció formalmente al mundo la ascensión del nuevo Emperador. Comenzó la era del Emperador Gyo I-do. Observando con ojos impasibles a quienes inclinaban la cabeza ante él, I-do dejó fluir sentimientos secos. Eso era todo. No había nada más.


Por si acaso, pensó que al llegar este momento podría sentir alguna emoción por algo ajeno a Seung-wan pero, como esperaba, no hubo ni el más mínimo entusiasmo que obtener de este puesto. Si tuviera que expresar una impresión, solo era ruidoso. Tanto las voces que lo bendecían como las miradas de un poco más allá que, aun haciendo reverencias, no podían ocultar su descontento. I-do miró con ojos suaves el origen de aquello y luego dirigió su vista a otra parte.


Su abuelo no ocultaba su pesar por no haber podido llenar el puesto de Emperatriz con la persona que deseaba. Repitió una y otra vez que en la coronación de un Emperador suele haber una Emperatriz, pero I-do no escuchó. Tampoco prestó atención a otros asuntos, por lo que su abuelo debía tener un montón de quejas que soltar.


—Saludos al Emperador. Que goce de mil bendiciones.


—Levántense.


Como era de esperar, una vez que I-do entró en el Palacio Daeseungjeon, que ahora era su residencia, la gente de su clan materno, encabezada por su abuelo, acudió en masa para tener una audiencia con el Emperador que acababa de terminar su coronación. De todos modos, la voluntad de ellos estaba decidida por una sola persona, pero acudieron demasiados. Tras mirar uno a uno los rostros de más de diez personas y grabarlos en su memoria, I-do mostró una sonrisa afable.


—Tengo cosas importantes que hablar con el Gran General, así que retírense.


El abuelo de I-do, el Gran General Joo Seo-ryeong, pensaba hasta ese momento que ejercía influencia sobre su nieto, quien acababa de ascender al trono. No se podía decir que fuera una edad temprana, pero a sus ojos seguía siendo su nieto y, al igual que su hija, la Consorte Imperial, creía que obedecería al clan. Aunque había logrado grandes hazañas en el campo de batalla, también pensaba que ese poder procedía del clan, lo que daba peso a sus suposiciones.


—Abuelo, ¿hay algo que quiera decirme?


—Es una gracia infinita.


Seguramente actuaría por la gloria centenaria del clan.


Seo-ryeong, pensando que tendría una audiencia privada con I-do tras la retirada de los otros miembros del clan que habían entrado con él, frunció el ceño por un instante al ver a algunos sirvientes que aún permanecían a su lado, pero pronto no le dio importancia. Dentro del palacio, los sirvientes son como muebles. Especialmente si son quienes sirven al Emperador de cerca, aunque tengan ojos y oídos, es como si no los tuvieran, así que fue directo al grano ante I-do.


—¿Piensa usted mantener a la Emperatriz Viuda como la Emperatriz Viuda Hwi-gong del Oeste?—.


Seong-heon, que significa ofrecer estrellas, y Hwi-gong, que significa una sola belleza, marcaban una diferencia notable desde el significado mismo. Cuando el Ministerio de Asuntos Internos preparó inicialmente los títulos y rangos de las dos Emperatrices Viudas, Seo-ryeong no le dio mucha importancia. Pensó que el rango de la Consorte Imperial viva sería, por supuesto, mejor que el título póstumo de la difunta Emperatriz.


Pero I-do no lo hizo así. ¿Acaso fue porque pensó que era una simple distinción póstuma? Sin embargo, lo que quedaba en la historia era el registro, y la esposa legítima y la concubina tenían posiciones de autoridad radicalmente diferentes. Por el bien del clan, no debía hacerse de esta manera.


Además, le resultaba indignante que la descendiente legítima de su clan no hubiera podido ascender al puesto vacante de Emperatriz y tuviera que permanecer como concubina toda su vida. ¡Y para colmo, ser la segunda Emperatriz Viuda! Si lo hizo consciente de los grupos que alzaban la voz diciendo que era contrario a las leyes, fue una medida estúpida.


—Majestad…


Cansado de no recibir respuesta, cuando estaba a punto de hablar de nuevo, se detuvo al ver a I-do soltar una risa silenciosa mientras lo miraba. En la comisura de los labios de I-do, quien rara vez mostraba sus expresiones, había grabada una sonrisa evidente.


—Sí. Eso es lo que dicta la etiqueta. Como no pudo convertirse en Emperatriz en vida, no podemos colocarla en el mismo lado este.


—Tengo entendido que existe el precedente del Emperador Gwanghui.


—Un precedente es un precedente, y la etiqueta es la etiqueta. No puede ser que ignore que se debe dar más peso a la etiqueta que al precedente.


Dado que se estaba produciendo una disputa que no debería haber ocurrido, el primero en hablar no podía dar crédito a la conversación que estaba manteniendo. ¿Quién era la persona que tenía ante sus ojos? No se suponía que estuviera hablando con el Príncipe Heredero que tuvo a la Emperatriz por madre, pero I-do rechazaba su petición con una sonrisa generosa. A pesar de ser una solicitud para elevar el estatus de su propia madre, y de nadie más.


—Yo estoy hablando ahora de la Emperatriz Viuda, la madre de Su Majestad.


—¿Acaso cree que no lo sé?


Si llegara el día de cambiar el título de su madre, sería cuando ya hubiera barrido a la gente del clan materno, dejando solo a los necesarios. Aunque su madre estuviera postrada por la enfermedad, si la madre biológica del Emperador recibía el mismo trato de Emperatriz Viuda que la esposa legítima, el clan materno tendría una situación aún mejor para actuar a su antojo. Especialmente si se trataba de su abuelo, quien había presentado peticiones a la Emperatriz Viuda docenas de veces para convertir a la Consorte Imperial en Emperatriz.


—Al verlo venir nada más terminar la ceremonia de coronación, pensé que tendría algo urgente que comunicarme, pero parece que no es así.


—Yo-


—¿Tiene algo más que decir?


I-do, preguntando de nuevo, hizo un gesto a la dama de la corte. Preguntar si quedaba algo más por decir antes de que el otro hubiera terminado de hablar no era diferente a una orden de expulsión. En el instante en que Seo-ryeong cerró sus labios arrugados, una cortina opaca descendió entre los dos.


—Ma, Majestad.


El anciano gimió ante lo que se desarrollaba ante sus ojos. Solo se veían sombras, pero era fácil saber qué estaba haciendo. ¿Qué clase de falta de respeto era esta? I-do se quitaba la túnica ceremonial con sus propias manos sin reparo alguno, mientras los sirvientes a ambos lados recibían las prendas. Había borrado por completo la presencia de quien estaba frente a él, aun siendo consciente de ella.


—Si se despachan demasiados asuntos a la vez, la gente del palacio se fatiga. Desearía que usted también lo supiera, abuelo—.


Viendo cómo las manos que se vislumbraban tras la cortina temblaban levemente, I-do se vistió con la túnica del Emperador sobre su cuerpo bien forjado en los campos de batalla.


Un dragón dorado bordado en la espalda, otro en el vientre y uno en cada hombro. Esta vestimenta con un total de cuatro dragones era lo que Seung-wan tanto había deseado con ansia. Incluso en aquel estado tan enfermizo, al oler el aroma que solo se percibe en el Palacio Daeseungjeon y que se había impregnado en su cuerpo, puso por un instante una expresión triste. Si alguien así viera esta ropa.


—Además, hemos celebrado el funeral del anterior Emperador y el de la Emperatriz uno tras otro, y a eso se le ha sumado la ceremonia de coronación consecutivamente, por lo que el cansancio no debe de ser poco. No tendré energías para gastar en asuntos innecesarios.


Para ver aquello, tenía que apartar cuanto antes a ese anciano incapaz de ocultar sus emociones.


—…Si la Emperatriz Viuda estuviera viva, no habría podido contener su dolor ante este asunto.


Apenas pudo contener la risa. I-do, con su vestimenta correctamente colocada, descorrió la cortina con su propia mano y se acercó a su abuelo. Como no puede ganar con palabras, ¿la carta que saca el abuelo después de tanto tiempo es la Emperatriz Viuda? La ignorancia es realmente triste.


—Y bien, ¿está viva la Emperatriz Viuda ahora?


—…


Dice tales cosas porque no sabe quién mató a esa Emperatriz Viuda. Sus ojos, que solo se parecían a los de I-do en el color, brillaban con ira y se dirigían al oponente como puntas de flecha, pero sobre las escamas frías de I-do, solo se enfriaban y resbalaban de inmediato. I-do no le dedicó una mirada larga a Seo-ryeong, quien estaba sentado de rodillas ante él.


—Es mejor que el Gran General se retire ya. Con su avanzada edad, debe de haber pasado muchas penalidades el día de hoy.


—…Con su permiso, me retiro.


Sus pasos eran pesados mientras se levantaba apretando los dientes. Justo cuando se escuchaba el sonido de sus pasos, la voz de I-do llamando a un eunuco cercano para darle una orden fue sumamente cariñosa.


—Antes de que el Gran General salga del palacio, tráele el incienso más preciado del Ministerio de Asuntos Internos y entrégaselo. Dile que no es necesario que entre al palacio hasta que haya calmado su mente y cuerpo consumiendo todo ese incienso.


Probablemente, el abuelo, nada más regresar, llamará a toda la gente del clan para mencionar la humillación sufrida y dará un largo discurso sobre por qué deben vigilar al Emperador. Y eso era precisamente lo que I-do estaba esperando. Por favor, que lo haga. Por el bien del propio abuelo, debía hacerlo cuanto antes.


Solo así, antes de que la Emperatriz Viuda, cuyos días están contados, fallezca, podrá ser despedida sin conocer el dolor de perder a un hijo, ¿no es así?


—Iré al Palacio Seogon.


Tan pronto como ordenó sus pensamientos, I-do se puso en movimiento. Tenía planeado ir nada más terminar la coronación, pero se retrasó por un asunto molesto. Le había dicho que tardaría unos dos días, pero le mintió a propósito.


¿Con qué cara lo recibiría Seung-wan, quien se habría sentido aliviado pensando que al menos por un par de noches no vendría? Si lo llamaba hyung con naturalidad, él se desesperaría enormemente y se esforzaría por poner una expresión imperturbable. Al imaginar aquel hermoso rostro desmoronándose, cada instante se sentía como tres años. El tiempo que no pudo poseerlo se convirtió en fuego, calentando su cuerpo. El día de hoy, sin poder ver a Seung-wan, también fue largo como la eternidad.


Como sucedió en el pasado, ¿se aliviaría su corazón si lo poseyera hasta que gritara de dolor? Sintiendo una pesada impaciencia, I-do subió al palanquín y ordenó a los porteadores que apresuraran el paso. Sin embargo, ese caminar apresurado se detuvo cuando aún quedaba la mitad del camino hacia el Palacio Seogon.


—¡Ma, Majestad!


Era el eunuco que había dejado en el Palacio Seogon. Tras correr desesperadamente, en cuanto vio a I-do, se arrodilló e inclinó la cintura como si fuera a tocar el suelo con la cabeza. Aunque todo estaba oscuro, se notaba claramente que temblaba como una hoja.


'—¡Su Majestad ha fallecido! Lamentablemente… Su Alteza el Príncipe Heredero.'


Era una escena muy familiar. Cuando el anterior Emperador fue asesinado por Seung-wan, ¿acaso el que vino a dar la noticia no tenía este aspecto? Sin embargo, aquel que en ese momento pasaba las páginas de un libro con parsimonia, ahora estaba tan tenso que sentía un hormigueo en las yemas de los dedos.


—Habla.


Mirando al eunuco postrado, le resultó sumamente difícil pronunciar esa única frase. Tras terminar de hablar, sentía como si la raíz de su lengua se estuviera endureciendo lentamente. Antes incluso de escuchar el relato, alguna parte de su mente ya presentía el funesto suceso que vendría a continuación.


—Su Alteza del Palacio Seogon ha intentado suicidarse. El médico real ha entrado de urgencia y está examinando su estado.


I-do estuvo a punto de preguntar de nuevo, pero terminó soltando una risa cínica. Como era de esperar, se trataba de Gyo Seung-wan. Lograste intentar quitarte la vida con ese cuerpo. Incluso sentía curiosidad por saber qué método habría intentado. No habría sido tan estúpido como para morderse la lengua. Tras sopesarlo, rió una vez más. Él le había enseñado hoy otra emoción nueva.


El miedo a perder fácilmente lo que tenía en sus manos y la ira derivada de su acto.


Su boca reseca se volvió áspera como el desierto. Sus dientes incisivos presionaron el labio inferior y luego lo liberaron. Un leve dolor punzante devolvió a I-do a la realidad.


Ya veo. Así que eso es lo que hiciste.


Mientras rumiaba de nuevo la noticia recibida, sus dos piernas, que habían bajado del palanquín, se movían hacia el Palacio Seogon.



Raw: Elit.

Traducción: Ruth Meira.

Comentarios

  1. Que pesar me dan los pensamientos de Seung-Wan 🥲

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  2. Aunque hay partes en la lectura que me pierdo, he de decir que para obtener venganza tenía que sacrificar algo muy valioso.
    Pero el vivir limitado y ser un instrumento de pose ion de puede ser considerado vida.

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