Infierno 2
El infierno de los hermanos.
Lo recordaba con total claridad. El día en que, por primera vez, mezcló su cuerpo con el de otra persona.
Aquella desagradable sensación, el calor que le hacía fruncir el ceño, la sensación de un objeto extraño; todas esas cosas se derramaron sobre su cuerpo una tras otra, y él las soportó apretando los dientes.
Mientras tanto, se esforzaba desesperadamente por recordar lo que estaba aprendiendo con su cuerpo, para poder usarlo igual más adelante. Cómo debía moverse, en qué punto debía desmoronarse para que al hombre le gustara.
Y no mucho después, empezó a utilizar lo aprendido aquel día. Fruncir el entrecejo mientras se mordía los labios, o en qué momento arquear la cintura y atraer al otro. Como no era más que el desarrollo de una serie de procesos estrictamente establecidos, no había lugar para que se colara el placer. Así fue tanto en la primera como en la segunda experiencia.
Desagrado, calor, sensación de un objeto extraño. A medida que el tiempo pasaba y su cuerpo se domesticaba, la sensación de extrañeza desapareció, y al usar otros métodos, el calor también se desvaneció, pero el desagrado seguía clavado como una espina. Sin embargo, pensó que era mejor así.
Por muy manchado que estuviera, al final se convertiría en un soberano noble. Viviría toda su vida sin conocer jamás un placer que solo entorpece la razón y ensucia el cuerpo. Una vez que este asunto terminara, nunca entregaría su cuerpo a quien no deseara… pensaba que viviría así.
—Je, ugh… uup.
Sus promesas del pasado se sentían en un lugar remoto. Como no tenía nada que morder para resistir, se trituraba los labios hasta sangrar, pero cada vez que I-do le daba un estímulo grande y repentino, terminaba abriendo la boca y soltando un gemido.
—Ah… ah, detente. Ahh… no quiero.
Como era un tipo que había soltado la estupidez de que estaba ansioso por no poder poseerlo, pensó que lo violaría de forma bárbara sin juegos previos. El dolor es algo que solo hay que aguantar. Estaba decidido a soportarlo como si fuera una tortura, pero… se equivocó. Las caricias de I-do, que empezaron rozando sus orejas, eran tan dulces que hacían que todo su cuerpo se derritiera.
—Ah, aat. Ah… ¡ugh!
Mientras besaba sus orejas y la piel circundante, su respiración superficial rondaba cerca. Si fuera solo eso, lo soportaría de alguna manera, pero I-do acarició su pecho con una delicadeza que no encajaba con sus manos de guerrero. Parecía que lo tocaba con viscosidad, pero luego lo acariciaba con la punta de los dedos, y cuando rozaba sugerentemente el pezón con la palma de la mano, los gemidos brotaban desde lo profundo de su garganta.
—Parece que no hay lugar en ti que no sea sensible. Especialmente aquí.
I-do, que hacía rodar con cuidado el pequeño y tierno pezón con sus dedos, descendió dejando marcas con sus labios sobre la piel. Por favor, por favor, Seung-wan suplicó internamente varias veces, pero finalmente el pezón fue succionado por la humedad de su boca.
—Kut… uugh, uuuut…
Su cuerpo, que temblaba mientras echaba la cabeza hacia atrás hasta que la nuca se le puso rígida, se quedó petrificado. Pero I-do solo lo contempló por un momento, como queriendo grabar esa imagen en su memoria, y pinchó el pezón con su lengua afilada. Acto seguido, cuando lamió la areola entera con toda la lengua, escapó un sonido que Seung-wan quería taparse los oídos para no oír. Era el sonido de la succión de la carne y el lamido viscoso de la lengua, algo que a Seung-wan le costaba horrores soportar.
—Si mimo demasiado a uno solo, ¿no se sentirá mal el otro?
—Ji, kku… ahh.
—El lugar que no puedo alcanzar con la boca, lo mimaré con la mano.
Sintió que le untaba algo parecido a un aceite resbaladizo con la mano, y en cuanto sus dedos tocaron el pezón izquierdo, se deslizaron brevemente por la punta e hicieron rodar la areola en círculos. Al ser burlado en ambos pezones simultáneamente con la boca y la mano, un placer que hacía difícil incluso parpadear estalló sobre su pecho.
—¡Ah…!
Las lágrimas asomaban tras sus párpados fuertemente cerrados. Aunque el cuerpo era suyo, era tan sensible como si no lo fuera, y su aliento encendido salía una y otra vez de su boca, desordenándose de forma vergonzosa. Incluso el exhalar su aliento estaba siendo controlado por I-do. Si él hundía sus labios, Seung-wan soltaba un gemido, y solo cuando le daba un respiro era capaz de jadear y forcejear.
—Hau, ut… aaah. ¡Ugh!
Las dos cosas que estaban adheridas a sus pezones se apartaron al mismo tiempo. Al abrir los ojos de par en par, sorprendido por la repentina sensación de liberación, I-do, desde arriba, observó fijamente el rostro de Seung-wan y le dirigió unas palabras mezcladas con una risa.
—¿Se siente decepcionado?
En cuanto pronunció esas palabras, el rostro de Seung-wan se distorsionó. Su expresión era la de alguien que, si se acercaba, le arrancaría incluso la nariz a mordiscos esta vez; recordaba a una víbora que, según dicen, sigue viva unas horas aunque le corten la cabeza.
—Aunque me mire así, todo se refleja en su rostro.
Si hubiera tenido dientes, ¿habría sido una mirada bastante feroz? Al darle un toque con la punta del dedo al pezón que sobresalía turgente, el veneno que emanaba de su rostro se dispersó rápidamente. Era un cuerpo que resultaba hasta austero en lo que respecta al sexo y al placer. Al encontrarse con su única pareja con ese cuerpo, no tuvo más remedio que desmoronarse fácilmente.
—Aah…
—…Qué lascivo.
Pronunció una palabra que no encajaba con el antiguo Príncipe Heredero. Pensó que era una frase sin importancia, pero ¿acaso fue una daga? Su rostro noble se derrumbó de forma atroz, y como ese rostro era terriblemente hermoso, I-do no pudo contener el impulso de besarlo aun sabiendo que sería mordido.
Pero como era de esperar, en cuanto acercó su rostro, Seung-wan se lanzó mostrando los dientes, y justo frente a su nariz se oyó el sonido seco del choque de sus dentaduras.
—¿Acaso no piensa aceptarme con su boca de arriba?
—Inténtalo, anda. Te la morderé todo.
La amenaza que hacía con su rostro enrojecido era feroz. No es que eso fuera a impedirle hacer lo que pretendía, pero I-do no tenía la intención de doblegar a Seung-wan por completo en una sola noche. Se acercó hasta sus labios, hizo el gesto de inclinar los suyos en el aire y luego retrocedió.
—Si es así, no tendré más remedio que besar la boca de abajo de hyung.
Puesto que para devorar la boca de abajo, debía descender un poco.
—¡…!
Sujetó la parte interna de sus muslos, los abrió y lo atrajo hacia sí en un instante. Al atraerlo, hizo que levantara los glúteos, y las pantorrillas, de las que solo quedaba un palmo, colgaron naturalmente sobre los hombros de I-do.
Seung-wan, que quedó con el pubis y hasta el ano expuestos como si estuviera haciendo el pino a medias, agitó sus muslos violentamente. Sin embargo, cuanto más se resistía, más doloroso era para él. Aunque I-do solo lo sujetaba por la cintura, debido a que se movió con violencia, sentía las partes cortadas como si las estuvieran cauterizando.
—U, uuh…
Su cuerpo, intentando detener ese dolor superior, frenó sus movimientos. I-do, que se limitó a observar la escena a pesar de que podía someterlo por la fuerza, clavó los dientes en la carne tierna de la parte interna del muslo mientras Seung-wan se lamentaba sin poder resistirse.
—Como no me ha entregado su boca de arriba, no tengo otra opción.
—¿Juk…? Ah, ah, ugh, es… espe… ¡ah!
Mientras descendía mordisqueando la carne sin lastimarlo, se detuvo en un punto y primero tanteó los alrededores con sus dedos. El estrecho espacio pareció contraerse como intentando bloquear al intruso, pero eso solo ocurrió mientras tanteaba la entrada.
El dedo índice se deslizó hacia el interior. Luego dos falanges. A diferencia de la fuerte presión del cierre, un espacio suave y caliente envolvió su dedo y se movió rítmicamente.
—Es un espacio que solo había imaginado, pero ciertamente es diferente. Bueno, es lógico, tratándose del agujero famoso que hechizó a nuestro Padre Real.
Dobló el dedo ligeramente. Las paredes internas, que parecían crear espacio pero luego se envolvían siguiendo la forma del dedo, parecían dispuestas a aceptar y tragar cualquier cosa que se les diera, por lo que I-do retiró el dedo y besó los alrededores. El perineo, la carne blanca que rodeaba los pliegues de un rosa pálido. Y por último.
—Ji, aah… Uuuh…ah. ¡Aah…!
Puso sus labios sobre el orificio que estaba cerrado y los frotó como si realizara un acto sexual. Como no podía moverse, golpeó el lecho con sus brazos cortados de forma roma y los agitó con fuerza, pero no alcanzaba a I-do. Al contrario, cuanto más se sacudía el cuerpo entre sus brazos, más se hundían allí su aliento bien caldeado y su nariz firme.
—Ah, aaah. Ah… detente, je… uuuh.
Lo que entró de repente no fue un dedo, sino la lengua. Gyo I-do cometió sin vacilar un acto que ni siquiera su padre hacía. Además, no dejó sus manos quietas. Envolvió el pene con su mano y lo agitó violentamente hacia donde estaba su rostro. Si seguía así-
—Por favor, por…uh…uut, ah…
El pene, exprimido entre las manos de I-do, ya había llegado a su límite. El calor había subido al máximo y estaba esperando ser liberado de su mano; aunque intentara aguantar, ya era imposible. Pasó un instante en el que algo estalló dentro de su cabeza. Tras ese breve tiempo en el que no pudo pensar en nada, el semen derramado sobre su rostro fluía por sus mejillas y sienes.
—Ah…aaah…
Tras exhalar un aliento tembloroso, sus dientes castañetearon. Ante una humillación que jamás había experimentado en su vida, su pensamiento no lograba funcionar correctamente. En medio de eso, solo el rostro de I-do era nítido. Con el rostro hundido entre sus piernas, moviendo su larga lengua como alardeando de lo que hacía, volvió a poner la lengua en ese lugar.
—Aunque ha tenido un descanso de un mes, gracias a que mezcló su cuerpo con el de nuestro padre cada día, este lugar está sumamente suave.
—Kku-ju, uut… ¡hijo de, perra, je, uuuugh!
—Su rostro está muy rojo, hyung.
Como pensó que ya había besado suficiente la boca de abajo, dejó el cuerpo sobre el lecho; Seung-wan intentó escapar de él a pesar de no tener a dónde huir. Por supuesto, fue atrapado y arrastrado antes de haber gateado ni la mitad del lecho. Fue arrastrado y presionado contra la cama, terminando por mostrarle su rostro degradado a I-do.
—Incluso me muestra sus lágrimas.
I-do no pasó por alto el rastro de humedad que brillaba entre el semen manchado en su rostro. Cuando extendió la mano para limpiarlo, Seung-wan, en lugar de morderlo, giró la cabeza de un lado a otro intentando evitarlo. Probablemente porque detestaba aún más mostrar una apariencia tan patética.
—¿Cree que es porque he provocado su vergüenza? Solo estoy recitando la verdad tal cual es… además de ser lascivo, ¿acaso no posee una puerta trasera que devora fácilmente a los hombres?
Si era así, no le quedaba más remedio que hacerlo verse aún más patético.
I-do, sujetando y presionando a Seung-wan justo debajo del cuello para que no pudiera moverse, deslizó un dedo dentro del orificio que había suavizado lamiéndolo con su lengua. El dedo, curvado como un gancho, se movía de arriba abajo en el interior, haciendo estallar estímulos superficiales dentro del cuerpo de Seung-wan. Su cuerpo, ahora sensible, enseguida soltó gemidos y retorció la parte inferior de la cintura.
—Pero como no está acostumbrado a las sensaciones, con solo mover la punta del dedo… se moja así.
A pesar de que acababa de eyacular, al poner el dedo índice en la punta del pene y luego retirarlo, un líquido blanco y transparente se estiró como un hilo. I-do frotó el líquido que se había estirado contra el glande y presionó levemente la hendidura.
—¡Si vas a hacerlo, hazlo rápido! ¡No lo hagas así, te digo que la metas…!
—Hyung, otra vez intenta escapar así de sus propias sensaciones.
—Aaah, uhh…
—Tendrá que recibirlo aunque no quiera.
Aumentó un dedo más. Envolvió el índice y el corazón y los movió rápidamente de un lado a otro en el interior; algo era extraño. Una sensación de extrañeza que nunca había sentido antes se extendió gradualmente entre el placer.
—Qué, uhh… aah, ah.
—Vaya.
Primero lo supo Seung-wan, y no mucho después I-do también se dio cuenta. Sin embargo, como era algo increíble, I-do fue el primero en pronunciar aquel hecho que estaba negando inconscientemente.
—Incluso el interior está mojado.
Era una estupidez. Era algo imposible. No había forma de que ese lugar se mojara. Seguramente era porque él había usado aceite, y por eso decía tales cosas… o eso debería ser.
—Ah, uuh... ¡¿Ugh…?!
—¿Lo oye?
—Aaah…. ¡Uuug!
Se escuchó un sonido húmedo proveniente del ano. Un sonido que solo se produciría al aplastar una fruta con mucha agua se oía cada vez que los dedos se movían. Como queriendo confirmárselo al horrorizado Seung-wan, I-do retiró los dedos lentamente. Un líquido blanquecino se pegó a sus dedos y salió de forma viscosa.
—Mire esto.
Abriendo el interior como si empujara de nuevo hacia adentro el líquido derramado, penetró como una serpiente, y una sensación que jamás había sentido en su vida punzó sus entrañas. Cuanto más movía I-do su mano, más intenso se volvía todo. El placer, los sonidos y la humillación que le daban ganas de morderse la lengua.
—Bueno, puesto que también dará a luz a un niño por aquí, ¿qué importancia tiene que salga un poco de líquido?
—Ah… ah, ¡no lo hagas, no lo hagas, no lo hagas…!
Realmente tiene la intención de hacerlo concebir. Antes de eso, su cuerpo estaba cambiando primero. Dándole una ferviente bienvenida a aquel que posee la marca del Soberano, ajustándose a él. Seung-wan soltó un alarido. Sus entrañas se retorcían como si un nuevo órgano estuviera naciendo. No cabía duda de que era eso.
—Debe cumplir con su deber.
—No quiero. Ugh… ah, uuh…
—Llenaré el agujero de mi hyung con mi semilla. Dé a luz a mi hijo y al suyo.
I-do, tras retirar los dedos, observó el orificio que derramaba líquido por sí solo, se bajó la ropa inferior y sacó su pene erecto. A diferencia de Seung-wan, ese lugar no había recibido ningún estímulo y estaba cargado de calor, por lo que no sería extraño que su paciencia se quebrara en cualquier momento.
—No, no puede ser. No… no puedo.
Seung-wan, que seguía forcejeando, volvió a resistirse con violencia al ver lo de I-do. Era el objeto que podría dejarlo encinta, pero antes de pensar en eso, no era de un tamaño que pudiera aceptar de ninguna manera.
—Puede que sea así, ya que es un lugar absurdamente estrecho para que yo entre.
Aquel trozo de carne cercano a un arma, que hacía que el miedo instintivo se antepusiera, se deslizó por la entrada. Lo hizo varias veces, y luego puso el glande sobre la entrada que no dejaba de escupir líquido, aplastando los pliegues que se contraían.
—No tenga miedo. Si este lugar llega a desgarrarse de mala manera, entonces usaré agua bendita.
Ambos hombros fueron presionados con fuerza. El rostro de I-do, que se había mantenido gélido incluso mientras lo burlaba, tragó un aliento lleno de excitación. Seung-wan sacudió la cabeza previendo lo que venía, pero un dolor que no conoció ni siquiera cuando tuvo su primer coito con un hombre atravesó su parte inferior. El glande. Luego, la mitad del pene.
—¡No, ah, ah! ¡Aaaaaah…!
Retiró lo que había metido y, al entrar de golpe con un sonido seco, la carne chocó, pero el sonido sucio y húmedo que provenía del interior fue mayor. Ese sonido no se apartaba de los oídos de Seung-wan.
—…Está tan estrecho que parece que va a reventar lo mío.
Pero lo está tragando muy bien. Añadió I-do. El orificio, que se adhería como una ventosa y apretaba lo que llenaba su interior, trituraba el trozo de carne. Al meterlo succionaba, y al intentar salir se envolvía, algo que no tenía comparación con cuando metía los dedos.
—Aaah, ugh…uuh…ugh.
—Después de todo, es la única parte de su cuerpo que cumple con su utilidad. Comprendo porqué Padre Real lo atesoraba.
Incluso ante esas palabras humillantes, Seung-wan no pudo alzar la voz. Cada sonido que salía de su boca no era más que un gemido o una súplica. El embiste, que al menos había sido lento, se aceleró a medida que aumentaba la frecuencia.
—I-do… ¡Ah, uhhh…agh!
La mano que sujetaba el hombro descendió hacia el pecho. El pecho del hombre, sin mucha carne, era plano, pero al apretarlo no es que no hubiera nada que agarrar. En cuanto sujetó el pezón turgente y la carne circundante, presionando y frotando, los ojos de Seung-wan se pusieron en blanco.
—Aah, uuh…
Sus muslos temblaron sufriendo espasmos. I-do no perdió ese momento y embistió hacia arriba con ferocidad, acorralando a Seung-wan. Al hacerlo decenas de veces seguidas, chispas blancas saltaron aunque tuviera los párpados cerrados.
—Aah, uugh. S-ugh, voy a morir, a… ¡Ah, ah…ah…!
Aunque no eyaculó, un placer similar recorrió todo su cuerpo como el filo de una espada. Mientras suplicaba y soltaba gemidos entrecortados, Seung-wan se inclinó como una flor cuyo tallo ha sido quebrado; entonces, I-do manoseó la marca grabada sobre su pecho. Que sus manos lo tocaran no era muy distinto a un roce en la piel, pero cuando sus labios lo hicieron, fue diferente. El cuerpo desnudo atrapado entre sus brazos forcejeó débilmente.
—Aah, ah…
La marca de las Alas reaccionaba al aliento de la pareja que poseía la marca del Soberano. Insufló su aliento como si quisiera devorar la marca con sus labios y la tomó en su boca. Una vez. En el mismo lugar, otra vez.
—A hyung le gusta tanto que lo mimen en este lugar.
Sin poder siquiera retorcer su cuerpo a voluntad, Seung-wan opuso una resistencia menor que un soplo de aire. Al juntar los labios y succionar profundamente hacia adentro, la marca roja se volvió aún más carmesí.
—De-tente, up… detente.
—¿Por qué Padre Real no lo amó y en su lugar intentó arrancársela?
Preguntaba la razón aun sabiéndolo porque quería que Seung-wan no olvidara esta marca ni por un instante.
Mientras embestía lentamente, lamió con la punta de la lengua no solo la marca, sino también la cicatriz que dejó Padre Real; Seung-wan emitió un tipo de gemido diferente. Mientras que al entrar con ímpetu soltaba gritos de placer ante un estímulo que no podía procesar, ahora intentaba resistir con tenacidad.
Sin embargo, aunque cerrara la boca, no podía evitar el sonido que se filtraba desde el fondo de su garganta, por lo que el sonido reprimido resonaba lastimeramente.
—Ut, uuu, up…
Lo que debía soportar no era solo el placer que emanaba de la marca. Le dolía el vientre. En el lugar donde rondaba una sensación de ardor, otra sensación estaba por florecer; cuando I-do cambió de posición y realizó el acto sexual, no pudo contener el sonido.
—¡Ah, aaah…ah, at!
Al no tener extremidades que colgaran de forma molesta en un cuerpo que ya de por sí era ligero, cambiar de posición fue fácil. Lo hizo en posición del misionero, lo cargó pegando los cuerpos estrechamente o lo giró por completo para embestirlo. En cualquier posición, I-do empujaba el cuerpo y las emociones de Seung-wan hasta el precipicio para hacerlo romper en llanto.
—¿Alguna vez ha hecho esta posición con Padre Real?
—¡Aah, uugh…ah, ut…ja, uuuuup…!
I-do le mordió detrás de la oreja desde su espalda, lo soltó y dijo aquello. Para desgracia de Seung-wan, en el momento en que escuchó esas palabras, no pudo contener la sensación de eyaculación que lo invadió y terminó mojando el lecho. Un placer profundo y pesado que se extendió al instante, oscureciendo su visión.
—…Ugh, jeeut.
No solo se mojó por delante. El interior se humedeció con un líquido diferente al suyo. Seung-wan, con el rostro hundido sobre la ropa de cama, sintió de repente náuseas y tuvo una arcada.
—He visto la imagen de hyung temblando con timidez bajo Padre Real como si fuera su primera experiencia.
¿Hasta dónde sabe exactamente?
El pensamiento que logró fabricar enfriando su cabeza se hizo añicos. El hecho de que quien provocó la causa estuviera acariciando su columna vertebral le producía una repugnancia indescriptible. Mientras Seung-wan seguía tosiendo, I-do retrocedió lentamente.
—Aah…
Era un lugar que se había dilatado hasta el límite. El orificio, que no se cerró de inmediato y dejó el rastro de él tal cual, mostraba su interior rojo intenso y se contraía. Lo de llamarlo agujero famoso no era para insultar a Seung-wan. Para un cuerpo que había vivido alejándose del deseo sexual, aquel sabor era excepcionalmente especial. Su parte inferior, que no se calmaba con una sola vez, quería entrar de nuevo en Seung-wan.
Sin embargo, por un momento quiso contemplar a quien tenía ante sus ojos.
—Ugh… Aah…
El cuerpo, apenas liberado de él, quedó desordenado sobre el lecho. Sus extremidades cortadas se sacudían intermitentemente como un ser vivo a punto de expirar y luego se detenían; al ver aquello, un deseo que no sabía si era sexual o apetito llenó la boca de I-do.
Tal como Seung-wan lo había mordido a él, I-do también quería triturar alguna parte de Seung-wan. Puede que no se diera por satisfecho hasta que, además de masticar, lo tragara. No obstante, como no tenía intención de dejar más cicatrices en ese cuerpo, abandonó el pensamiento y dirigió su mirada a otro lugar.
—No debe dejar que se derrame así.
Parecía que estaba haciendo fuerza en el bajo vientre. Al no tener dedos para raspar el semen, lo estaba dejando salir poco a poco, pero I-do lo descubrió. I-do volvió a girar el cuerpo de Seung-wan y sujetó con ambas manos sus glúteos enrojecidos.
—Trague la semilla de su hermano menor de forma más adecuada.
—¡Ja, uuu… ah, jeee-ug…!
—Aunque hyung no pueda ascender al trono, el hijo de hyung debería ascender al trono, ¿no es así?
Lo abrió ampliamente para exponer el ano y raspó hacia arriba el semen que se había deslizado hacia abajo. Y no se limitó simplemente a empujar el semen con la mano, sino que I-do jugueteó con sus dedos en aquel lugar que estaba empapado y relajado.
—Uuug, ah…uuuuh.
Al mover los dedos como tijeras, el orificio se abría hacia los lados o de arriba abajo, pero al soltar la presión, los dedos se tocaban de forma natural. Pensó que era inevitable que su propia parte inferior se pusiera rígida al ver que, después de haberlo atormentado tanto tiempo, el orificio intentaba apretar sus dedos.
—Más, más, aah…no…
Seung-wan no ignoraba que este acto pasaría de ser un juego posterior a uno previo. Para colmo, el pene de I-do, que tenía una apariencia similar a antes de meterlo, estaba preparado como una espada apuntando hacia él, y él pretendía unir sus cuerpos de nuevo. Aún queda semen dentro, pero tiene la intención de continuar.
—Por favor, por…favor. Ah, uuuh.
Si realmente llegara a quedar encinta de aquel que posee la marca del Soberano.
—No lo hagas, no, no puede ser, no puedo.
—¿A qué le tiene tanto miedo?
—Ahh… uuuh…
—Es algo que terminará haciendo de todos modos.
I-do, que miraba entre sus piernas, abrió sus muslos y tomó la misma posición que cuando acercó sus labios a ese lugar. ¿Qué piensa hacer? Seung-wan, con los ojos como platos a pesar de no estar en sus cabales, sacudió la cabeza. I-do incorporó un poco su cuerpo.
—Si lo hacemos en esta posición, la semilla no se escapará.
—No, aah…
Acabó recibiéndolo con la cintura casi levantada. Cuando I-do se acercaba, sus entrañas retumbaban con fuerza. No era el pene de una persona, debía de ser algo como una enorme estaca triturando y removiendo su vientre.
—Aah…que, u, ah… ugh…
No ignoraba que la mirada de I-do se dirigía obsesivamente hacia su rostro, mirándolo como si fuera a devorarlo. Sin embargo, lejos de detener los sonidos, ni siquiera podía hacer nada con su expresión distorsionada. El placer era aplastado una y otra vez por un placer aún mayor. Puesto que había un después, sentía que todo su cuerpo iba a romperse.
No, ¿acaso no se había roto ya desde el momento en que entró en contacto con Gyo I-do? No sabía cuántas veces eyacularía él, pero el tiempo para llegar hasta ese punto fue infinitamente largo.
***
—Ugh… uugh.
El acto, que se prolongó por más de dos horas, continuó hasta que Seung-wan ya no pudo forcejear más. Sin embargo, en cierto sentido, fue más soportable que la primera vez. A diferencia de su primer encuentro, donde I-do no dejó de verter palabras de humillación y burla, esta vez se entregó a él en silencio, como un hombre impaciente.
Una bestia. O algo peor que eso.
Aunque Seung-wan abrió los ojos mucho tiempo después, así es como recordaba a I-do. Una bestia que, manteniendo un rostro inexpresivo, se desbocaba de lujuria y volcaba todo su deseo sobre él.
—…
Tras ser atormentado por esa bestia, no habría sido extraño que su conciencia se hubiera hecho añicos. No obstante, al notar que los alrededores estaban en un silencio sepulcral, parpadeó con sus párpados empapados de sudor y observó su entorno. Ni sobre él, ni en ningún lugar cercano, se proyectaba la sombra de I-do.
—Ah. Ugh.
En el instante en que levantó el muslo izquierdo, el líquido se deslizó chorreando por el surco de sus glúteos. Como estaba seguro de que se trataba de la semilla que I-do había hundido tanto en su interior, retorció sus muslos de un lado a otro. Su único pensamiento era que debía sacar aunque fuera una gota más antes de ser descubierto.
'—Si lo hacemos en esta posición, la semilla no se escapará.'
Al recordar cómo fue penetrado con la cintura levantada, sintió deseos de raspar sus entrañas incluso si tuviera que usar un rastrillo. ¿Cuánto habría eyaculado dentro? Recordó cómo la fina piel de su abdomen se sacudía al mismo tiempo que el trozo de carne embestía en su interior. En medio de su aturdimiento, el pene de I-do parecía que iba a desgarrar su vientre, y cuando eyaculó.
—Ugh… up. Uuu…
Sintió una oleada de náuseas. Naturalmente, las lágrimas estuvieron a punto de asomar en sus ojos, pero Seung-wan sacudió la cabeza frenéticamente. No es momento de pensar en esto. Rápido, rápido… Olvidando la vergüenza, frotó sus nalgas. Se dio cuenta de que, de repente, una sombra se proyectaba sobre su cuerpo, pero no pudo detener lo que estaba haciendo.
—Hyung.
I-do se sentó al lado de Seung-wan. No hubo necesidad de que suspirara.
—Sabía que estaría haciendo esto.
—Cállate… lárgate. Por mucho que hagas, por mucho que intentes esto.
—¿Qué piensa hacer?
—¿Crees que voy a dar a luz al hijo de un tipo como tú? Lo arrancaré de mí sea como sea.
—Con ese cuerpo.
Sin haber recuperado aún las fuerzas y quedando solo con su rencor, Seung-wan mostró los dientes como una bestia atrapada en una trampa. I-do curvó las comisuras de sus labios en silencio y respondió con voz baja.
—No me importa. Si ese niño es alguien que puede ser asesinado tan fácilmente por usted, significará que no tenía madera de soberano. Sin embargo, puesto que debemos averiguar si tiene madera de soberano o no…
I-do sujetó una rodilla de Seung-wan y la levantó. Como sus muslos ya habían sido forzados hasta el temblor, Seung-wan no pudo oponer resistencia y su parte íntima quedó expuesta fácilmente; aun así, agitó sus muslos con todas sus fuerzas. Eso tampoco fue un obstáculo para I-do.
—Es algo fabricado especialmente para usted.
—¿Qué… qué otra cosa vas a hacer… ¡Ah!
Mientras decía eso, sacó como si fuera un regalo un tapón hecho de jade. Tenía forma de gota, estrecho en la parte que se insertaba pero ensanchándose hacia el medio. Para evitar que el semen se derramara, I-do sujetó la cintura de Seung-wan, insertó el tapón y ajustó el cordón del extremo a su muslo.
—Debe guardarlo bien, ¿no cree?
Seung-wan, que no tenía manos ni pies que pudiera usar, no podía extraer el tapón por su propia cuenta. Por mucho que hiciera fuerza en su bajo vientre, debido al cordón que lo sujetaba, solo lograría estimular su propio interior. I-do acarició el abdomen de Seung-wan mientras le dirigía una mirada cargada de burla.
—Tendrá que llevar esto puesto hasta que conciba a un niño que sea el primogénito del Emperador, tal como lo fue usted.
—¡Sácamelo, esto, sácamelo…sácamelo! No quiero, aah… ¡Gyo I-do!
Tras el breve desconcierto por lo ocurrido en un abrir y cerrar de ojos, Seung-wan, al comprender lo que I-do le había hecho, estalló en cólera tardíamente. Golpeaba el lecho con sus pantorrillas, de las que solo quedaba la mitad. No le importaba el dolor. Como alguien a punto de morir que agota sus últimas fuerzas, Seung-wan lanzó un alarido.
Había amenazado con matarlo si llegaba a tener un hijo, pero el simple hecho de concebir era algo aterrador y asqueroso. Un hijo de Gyo I-do en su vientre. Seung-wan era alguien que no había soltado el hilo de la vida ni siquiera cuando esperaba ser descuartizado tras degollar a Padre Real, pero si llegaba a quedar encinta de I-do, preferiría morir.
—¡Sácamelo ahora mismo, te he dicho que lo saques! ¡Ah, aaaaaah!
—Hyung, debe mantener el decoro.
El hombre, incapaz incluso de incorporarse por sí mismo, rabiaba con los ojos inyectados en sangre. I-do observó la escena en silencio y se limitó a poner un incienso preparado en el incensario para colocarlo cerca del lecho.
—Aunque haya degollado a Padre Real, usted sigue siendo alguien honorable… no se comporte de forma tan vulgar.
El denso aroma que se dirigía hacia el lecho pareció envolver el rostro de Seung-wan. Como había estado gritando a pleno pulmón, era lo mismo que inhalar el incienso continuamente, pero no tenía margen para preocuparse por eso.
—¿No es así? Si llega a dar a luz a mi hijo, debería empezar ascendiendo, al menos, al rango de Concubina Real.
—No me hagas reír, prefiero suicidarme antes que ser tu, tu concubina-
—¿Suicidarse?
Antes de terminar la frase, se le cortó la respiración. Al inhalar aire por la boca apresuradamente, sintió la cabeza embotada. Seung-wan, que encogió su cuerpo mientras tosía, se dio cuenta tardíamente de la naturaleza del incienso y exhaló aire suavemente, pero...
—Dudo mucho que pueda hacerlo.
Ya era tarde; su conciencia se cortó de golpe.
***
—He encendido incienso, así que por el momento seguirá durmiendo. No dejes entrar a nadie hasta que yo regrese.
Tras dar la orden al sirviente que montaba guardia frente a la puerta, I-do salió solo del Palacio Seogon y se dirigió al salón del banquete, que no estaba lejos. Fue debido a que un extraño recuerdo afloró en su mente. Así, caminó un largo rato junto a los muros rojos, abrió por su cuenta las puertas del salón y se paró en el centro del espacio, ahora vacío.
En una posición que obligaba a levantar la cabeza para ser vista, estaba la silla del Emperador, y justo al lado, el asiento de la Emperatriz.
I-do recordaba vagamente el último banquete al que asistió la difunta Emperatriz, quien poseía la marca de las Alas. La Emperatriz, que se encontraba en el límite entre la vida y la muerte, se mostraba firme como si enfrentara la muerte con entereza, pero no pudo escapar de las largas garras de la enfermedad. Sus dos mejillas, que antes tenían color, palidecieron día tras día, y sus ojos brillantes perdieron gradualmente la luz. Así debía ser como una persona muere lentamente.
Sin embargo, por alguna razón, en el último banquete, a pesar de no llevar ni un ligero maquillaje, la Emperatriz ocupaba su lugar al lado del Emperador con la misma apariencia de cuando estaba sana. Ataviada con ropajes blancos cuyos dobladillos brillaban con cinco colores, la Emperatriz era verdaderamente pura, e incluso emanaba una sensación de permanencia, como si fuera a brillar en ese lugar por siempre.
Esa fue la última imagen de ella que la mayoría recordaba. La Emperatriz falleció tras agravarse su estado antes de que pasaran diez días desde el fin del banquete. Los ropajes que el Emperador había mandado confeccionar, eligiendo meticulosamente la seda y las perlas más preciosas mientras rezaba por la longevidad de su esposa, resultaron inútiles. Ella partió de este mundo y nunca volvería a aparecer en este salón.
Así debió haber sido.
En el banquete celebrado tras tres años para coincidir con el cumpleaños de la difunta Emperatriz, él apareció en ese lugar.
'—Vuestro servidor, el Rey Boyun.'
Todos en el salón debieron pensar eso por un instante. Porque el hijo de la difunta Emperatriz tenía el mismo rostro que su madre.
'—Saluda a Padre Real.'
El Seung-wan que regresó miró hacia el lugar donde estaba su Padre Real y esbozó una sonrisa que ninguno de los otros hijos era capaz de hacer. Tras partir del palacio al ser nombrado Rey a los diecisiete años, la belleza del hombre que regresaba a la familia imperial a los veinte era tan radiante como la de la difunta Emperatriz.
No obstante, antes de alabar la belleza del príncipe, los presentes en el salón no pudieron ocultar su impacto por otro motivo: las ropas que vestía eran la razón. ¿Qué pretendía hacer vistiendo con las ropas de la Emperatriz…? Antes de que el Emperador pudiera preguntar, la punta del pie de Seung-wan golpeó el suelo del salón.
Una vez. Y otra vez más. Para cuando los dobladillos de cinco colores se elevaron a lo alto, todas las personas en el salón estaban cautivadas por su figura, incapaces de apartar la mirada del príncipe ni por un segundo.
La danza que se desplegaba ante sus ojos era una danza en honor a la difunta Emperatriz que dejó la familia imperial hacía tres años en otoño. Su rostro, que ocultaba la tristeza, era elegante, y en cada movimiento de sus dedos se filtraban profundamente sentimientos mezclados de añoranza y desconsuelo… las miradas de la multitud se dirigían al príncipe como hechizadas.
Sin embargo, ¿cuántos de ellos sintieron solo tristeza mientras veían la danza del príncipe hasta el final? A medida que la danza continuaba, los dos pies de Seung-wan, que avanzaban ligeros, no pisaban el suelo raso, sino los corazones de quienes observaban.
Aquella imagen que despertaba una lujuria inexplicable.
Desde el momento en que Seung-wan entró al salón, I-do se dio cuenta de que se había engalanado con la intención de seducir a alguien desde el principio. Con la apariencia de su difunta madre, ¿a quién demonios pretendía seducir..? El lugar al que se dirigió la mirada de I-do fue hacia su Padre Real, sentado en el sitio más alto.
El Emperador, de quien se decía que no había vuelto a mirar a ninguna concubina tras perder a la Emperatriz, no podía ni cerrar la boca mientras miraba a su hijo. Ya fascinado, seguía cada movimiento con los ojos, intentando aferrarse a la razón a toda prisa, pero terminaba rindiéndose de nuevo al hechizo y volviendo a mirar a Seung-wan una y otra vez.
'—…Tú, con cada día que pasa, te pareces más a tu madre.'
Las palabras pronunciadas con una garganta que parecía estar a punto de arder estaban lamentablemente distorsionadas, y Seung-wan, en lugar de responder, solo dejó escapar una marcada sonrisa en su rostro límpido, lo que hizo que el Emperador se mordiera con fuerza el labio inferior.
Esa noche, ambos compartieron una mesa de licores a solas en el Daeseungjeon. Superficialmente, se trataba de un padre recibiendo a su hijo que regresaba al palacio tras tres años para ponerse al día. Sin embargo, se dice que el Emperador arrastró hasta su alcoba al hijo que vestía ropas que recordaban a la difunta Emperatriz, y solo lo dejó salir del Daeseungjeon al amanecer.
'—Padre Real… ¡ah, ah…!'
Escuchó los gemidos de placer de Seung-wan a través de la pared, y a través de una pequeña rendija vio su rostro enviando una mirada de desconsuelo bajo el cuerpo de su Padre Real. Y así ocurrió varias veces más después de aquello.
Entre esas ocasiones, tal como le había dicho a Seung-wan, hubo veces en las que sus mejillas se tiñeron de rojo tímidamente como si fuera su primera experiencia, y otras en las que soltaba sonidos de respiración agitada fingiendo estar sumido en un éxtasis irracional.
'—…Quiero hacerlo mirándolo a la cara, padre.'
Inconscientemente, I-do rascó con la punta del dedo la marca del Soberano. Aunque no sobresalía sobre la piel, sentía como si una luna creciente estuviera colgada allí; repitió la acción varias veces antes de levantar la cabeza.
En los pilares del salón del banquete colgaban arcos y flechas decorativos. Era un arco que carecía de utilidad práctica por ser grande y pesado, pero I-do lo tomó con ligereza, colocó una flecha con punta roma y apuntó hacia un lugar muy alto.
Era aquel hombre que, tras ser acuchillado por su propio hijo, murió miserablemente degollado y que ni siquiera poseía la marca del Soberano. Sabía que a estas alturas no tenía sentido, pero… terminó tensando la cuerda del arco hacia el asiento del Emperador. La flecha voló afilada y se clavó con un sonido feroz en el asiento sin dueño.
Raw: Elit.
Traducción: Ruth Meira.
Gracias
ResponderEliminarHay no, no me gusta cuando violan a alguien en las novelas y justamente acabo de recordar la side story de love shuttle.
ResponderEliminarSiento que esto se va ha poner feo 😞
ResponderEliminarVaya, que triste
ResponderEliminarKyodo realmente disfruta a Wan
ResponderEliminarGracias por la traducción
ResponderEliminarGracias por el capítulo
ResponderEliminarSi que esta heavy 😱 la temática.
ResponderEliminarLo que no me queda claro es sobre el agua bendita, quiere decir que si es untado o mejor dicho lavado sus heridas de mutilacion crecerán nuevas 🤔MI MO ENTENDER...
En cuanto al sello que hace que sean pareja destinada es elotivo por que el emperador su padre prefería vetlo muerto que con otro 🤷
Estoy odiando tanto a I- do en este momento
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