It's only a paper moon 2
As time goes by.
El puerto estaba lleno de olor a pescado y ruido, como siempre. Robby llevaba un sombrero plano de ante marrón. Los usaban habitualmente los manipuladores en Inglaterra. Una camisa blanca con las mangas remangadas, tirantes marrones y unos pantalones negros de algodón que se veían fácilmente en todas partes. Pero aquí destacaba el conjunto con la gente con trajes tradicionales y largos. Un hombre que empujaba un carro lleno de pescado levantó la mano hacia Robby. Robby sonrió y dijo un simple saludo en árabe.
Robby giró la cabeza al escuchar el fuerte sonido de la bocina de un barco. Un gran barco de pasajeros estaba llegando al puerto. Robby sacó el papel doblado de su bolsillo y lo desdobló. En el papel había una simple nota con bolígrafo que decía: "Tres en punto, Iskandarho". Robby miró su reloj. Todavía faltaban más de treinta minutos para las tres. Robby silbó y miró el puerto. Pronto el barco iba a sacar el ancla y enviar abajo a todos los pasajeros. Robby se quitó un momento el sombrero, que no dejaba de molestar con la brisa marina, y se alisó el corto cabello rubio. Tenía que causar una buena impresión para alguien a quien conocería pronto.
La gente con maletas empezó a bajar en fila del barco. Robby confiaba en encontrar pronto a alguien con quien se supone debía reunirse. Los sombreros de fedoras sobresalían entre la gente con ropa blanca, con ropas elegantes y los marineros rudos. Robby murmuró: “Los británicos son siempre demasiado extravagantes.” El vestíbulo esperó un rato hasta que la gente se dispersó un poco.
El pelo castaño oscuro y la piel blanca se veían bajo el fedora plano. Llevaba un ligero traje de verano. Su rostro, mirando a su alrededor, estaba lleno de curiosidad oculta.
«He oído que tiene unos treinta años, pero parece que tiene la misma edad que yo.»
Al tiempo que lo pensaba, Robby se acercó.
—Hola, ¿es usted el profesor Alec Foster?
Robby le tendió la mano de inmediato. Alec miró al hombre con ojos asombrados.
—Me llamo Robert Blake. Llámeme Robby.
—Ah, sí. Encantado de conocerle. Lille...no, ¿eres conocido de la señorita Layla Anderson?
Alec habló con un perfecto acento inglés de Oxford.
—Sí, así es. La señorita Anderson me pidió que viniera a conocerlo. Y seguiré ayudándolo durante su estancia.
Robby contestó con un alegre acento cockney* y extendió la mano hacia el equipaje que Alec sostenía.
N/T: Cockney: En el sentido menos estricto de la palabra, es un habitante de los trabajadores londinenses.
—Entonces, permítame llevar esto.
—No, gracias.
Alec se negó cortésmente.
—No es tan pesado. Y tú no estás aquí para llevar mi equipaje ¿verdad?
Los ojos de Robby se entrecerraron ligeramente.
—No, pero no puedo dejar que alguien con una discapacidad levante una carga.
—¿Ha dicho eso la señorita Anderson?
—Sí, así que no se niegue en entregármelo.
Pero Alec negó con la cabeza.
—Puedo sostenerlo. Creo que la señorita Anderson debe haber exagerado un poco porque estaba preocupada por mí, pero no es tan incómodo.
El rostro de Robby se frunció ligeramente, pero pronto se encogió de hombros.
—Si es así.
El puerto estaba abarrotado de marineros, trabajadores y pescadores. Robby se lo explicó, mientras caminaba en medio del ajetreado puerto con pasos familiares.
—Este es un lugar diferente al de Inglaterra. No llueve en todo el día, y hace sol todo el año. A veces llueve y se nubla en invierno, pero aun así no es nada comparado con Inglaterra. De todos modos, por eso siempre hace calor. Tendrás que acostumbrarte a este calor.
Alec seguía limpiándose las gotas de sudor de la frente con el dorso de la mano. Al ver la expresión tímida de Alec, como si lo hubieran atrapado en una escena embarazosa, Robby sonrió amablemente.
Ambos salieron del puerto y Robby condujo a Alec hasta donde estaba estacionado un viejo jeep. Era un coche verde descolorido que parecía haber sido utilizado como camión militar durante la guerra. Abrieron la puerta, que estaba rígida y era difícil de abrir. Se oyó un chirrido de hierro oxidado.
Robby empezó a hablar con Alec, que estaba en el asiento de al lado, mientras conducía. Alec se dedicó sobre todo a escuchar. Robby comenzó a contar su propia historia.
—Ahora trabajo para una empresa comercial, en realidad, era un obrero que solía llevar equipaje en el muelle de Londres, pero de alguna manera conseguí una conexión y llegué aquí. En este lugar hace calor, pero sigue siendo mejor que El Cairo…
Entonces Alec preguntó de repente.
—¿Cómo llegó a conocer a Lille, o a la señorita Anderson?
Robby sonrió como si supiera que la pregunta iba a surgir.
—Para los periodistas, los empleados de la prensa comercial son buenas fuentes de información. La señorita Anderson, en particular, es una reportera encargada de los reportajes en el extranjero para un famoso periódico. Es una gran persona en ese sentido.
—¿Desde cuándo se conocen?
—Hace años. La conocí en El Cairo. Ya sabe, es tan ruidoso… Incluso antes de que Nasser asumiera la presidencia, Egipto seguía en polémica por la retirada de las tropas británicas. Dio la casualidad de que yo estaba en El Cairo por un trabajo de la empresa, y la señorita Anderson me encontró mientras buscaba una fuente local fiable.
Robby pisó de repente el freno. Un transeúnte de barba poblada salió de repente y les bloqueó el paso. El viejo Jeep se detuvo en medio de la carretera con un gran balanceo hacia adelante y hacia atrás. Robby bajó la ventanilla y maldijo al transeúnte en árabe. Entonces el transeúnte sacudió la cabeza y desapareció rápidamente. Robby volvió a tomar el volante.
—La gente de aquí no tiene mucho concepto del transporte. Rara vez han conducido un coche, así que…es realmente molesto conducir.
En lugar de responder, Alec miró el abarrotado mercado. Las tiendas y los puestos estaban llenos de frutas y verduras que nunca había visto. Alguien tenía pollos vivos y los ataba junto a la tienda. Las lenguas extranjeras se entremezclaban y hacían un gran ruido.
—He oído que estos días es peligroso aquí…
Ante las palabras de Alec, Robby resopló.
—Es peligroso. Porque hubo un disturbio. En este momento, solo hay un estado de calma por un tiempo. Nuestra empresa también estaba alterada por eso. De hecho, todavía se encuentra en ese estado. El responsable era una persona tímida, así que me sorprendió y volví a casa enseguida. Gracias a él, ahora estoy sin trabajo. Sólo estoy matando el tiempo.
—¿Está todo bien contigo?
—Tengo muchos amigos.
Robby entonces frunció el ceño. Alec respondió brevemente.
—Ya veo.
El coche de Robby llegó frente al callejón. Las casas blancas y cuadradas estaban una al lado de la otra. Se bajaron frente a la calle estrecha y sinuoso del centro.
—Tenemos que caminar desde aquí—, dijo Robby, señalando la carretera. —En Marruecos, el centro se llama Medina. Dicen que fue deliberadamente construida como un laberinto para evitar la invasión de extranjeros. Aquí es donde comienza Medina. Aunque sea un poco incómodo, tenemos que caminar por Medina.
Mientras Robby tomaba la delantera, Alec le seguía lentamente desde atrás. Las alfombras de colores colgaban en hileras sobre las tiendas de color primario y las paredes blancas. En el callejón se mezclaban el olor de las especias picantes y el aroma de la menta. Un niño pequeño y moreno corrió por el callejón gritando, los vio y huyó rápidamente. Se vio a una mujer con hiyab* alejarse a toda prisa, abrazando al niño.
N/T: Hiyab: s un velo que cubre la cabeza y el pecho que las mujeres musulmanas.
—Esto es como un laberinto. Podrías perderte.
—Eso es lo que parece.
Aunque sólo caminó un rato, el sinuoso callejón continuaba aquí y allá, y sentía que iba a perder el sentido de la orientación en un instante.
—¿Sabe cuál es la forma más fácil de perderse en un laberinto como éste, profesor Foster? —bromeó Robby.
—Bueno, ¿qué es?
—Es que te des la vuelta y vuelvas por donde has venido.
Alec se rió brevemente.
—Bueno, no creo que sea una forma de pasar. Si lo piensas, el hilo Ariadna también era el camino que funciona.
Robby no respondió, al parecer no sabía quién era Ariadna. Pensó que había cometido un error, pero le daba vergüenza explicarlo todo, así que Alec se apresuró a cambiar de tema.
—¿Dónde se aloja el señor Blake?
—Llámame Robby. Vivo aquí, cerca del puerto. Está justo al lado de la empresa.
Caminaron durante mucho tiempo por las escaleras de caracol, hablando tan poco. Después de caminar unos 15 minutos, Robby levantó el brazo y señaló el edificio.
—Es aquí.
La posada tenía una sombra oscura y era más fresca. El interior era antiguo pero estaba limpio. Un anciano con barba estaba dormitando sobre un mostrador de madera. Cuando Robby se acercó a él, el hombre se despertó asombrado.
—¡Despierta, Hakeem! Tenemos una visita.
Mientras Robby hablaba alegremente, el hombre parpadeó con sus ojos somnolientos. Robby empezó a decir algo en árabe. Señaló a Alec varias veces y Hakeem le hizo un gesto con la cabeza, por lo que pareció presentar a Alec.
—Profesor Foster, se llama Hakeem y es el dueño del hotel. Avíseme si necesita algo. Sé hablar inglés.
Hakeem hablaba en inglés con un fuerte acento árabe.
—Encantado de conocerle, Señor Foster.
—Encantado de conocerle. Y llámame Alec.
Robby recibió la llave de Hakeem y se la entregó a Alec.
—Aquí tienes. Alec, la habitación está en el segundo piso. Puedes subir las escaleras por allí.
Robby llevó el equipaje de Alec hasta arriba. Le dijo a Alec que descansara porque debía estar cansado. Alec asintió ligeramente. Robby se despidió alegremente y bajó las escaleras.
La habitación era mejor de lo que Alec había esperado. La cama cubierta con sábanas blancas no parecía nueva, pero estaba bien arreglada y el pequeño baño estaba limpio. Robby parecía haber elegido con cuidado. Alec se sentó en el borde de la cama. El ardiente sol del país del sur brillaba claramente a través de la ventana en medio de la sombra. El polvo brillaba en el aire. Alec se quedó mirando durante mucho tiempo el trozo de luz que flotaba. Murmuró en voz baja.
—Por fin he llegado…
Sacó una postal del bolsillo. La postal tenía marcas de que estuvo en varias manos y las esquinas estaban ligeramente desgastadas. Alec miró las letras de la postal.
***
Alec y Phil corrieron uno al lado del otro hasta la puerta principal del edificio de la escuela pública, que se decía que había sido construida hace cien años. El cuello del uniforme escolar se agitó con molestia. Las gotas de lluvia empezaron a caer ligeramente del cielo nublado de todo el día. Cuando entraron en el recinto escolar, dejaron de correr y respiraron entrecortadamente.
Mientras tanto, Phil dijo: "He ganado" y Alec hizo un mohín ante el comentario. Phil se apoyó en el tronco del árbol para recuperar sus fuerzas. Alec también se apoyó junto a Phil. Antes de darse cuenta, ya era verano. Estaban en el exterior del recinto escolar, donde los árboles estaban plantados densamente como un bosque. El olor de la lluvia húmeda se elevaba a través de las frondosas hojas con el olor de la hierba. Alec levantó suavemente la cabeza y miró a su lado. Una nariz que se extendía bajo una frente recta y unos labios ligeramente separados.
—Alec, mira hacia allá.
Alec respondió con un grito de sorpresa.
—Oh, ¿qué?
—Oye, ¿ves el coche?
Donde Phil señalaba, un coche negro cruzaba el patio de la escuela.
—He oído que Johnny se va a cambiar de escuela hoy.
Ante las palabras de Phil, Alec hizo un sonido débil como si lo supiera. Johnny Austin iba un año por delante de ellos y era un titular de la carrera de barcos. Alec no era para nada cercano a él, pero Phil había tenido algunas conversaciones durante el partido.
—Creo que Martín también se va a trasladar mañana.
Alec respondió brevemente al murmullo de Phil: "Ya veo". A Alec no le interesaban los rumores que circulaban por la escuela, pero de todas maneras lo sabía.
Por ejemplo… La historia de dos de los alumnos de último año que fueron sorprendidos haciendo “cosas que un estudiante sano no debería hacer” por la noche, y cosas por el estilo. La actitud de los demás era la misma cuando hablaban de la historia. Empieza con cautela, como si contara un secreto que nunca debería contar, y al final, se hablaba como si fuera un escándalo de una estrella de cine.
«Si, es verdad, es así de malo.»
Hoy era la primera vez que Phil le ha contado la historia a Alec. El coche negro ya había salido de la escuela. Alec golpeó el suelo varias veces con la punta de su zapato sin motivo.
—Alec, si… Si desaparezco de aquí sin decírtelo, ¿vendrás a buscarme?
La pregunta de Phil fue repentina. Alec lo miró por un momento. Los ojos azules de Phil eran profundos y estaban nublados.
—…Sí.
—¿De verdad?
Preguntó Phil una y otra vez.
En ese momento Alec tuvo de repente una extraña corazonada. Ahora miró a Phil a los ojos y le dijo con firmeza.
—Si es así, dime a dónde irás. Así decidiré si ir a buscarte o no.
Alec añadió un rápido comentario juguetón al final. En ese momento los ojos de Phil se entrecerraron y sonrió.
—Entonces, Alec, ¿jugamos a un juego?
Antes de darse cuenta, la voz de Phil había cambiado tan alegre como siempre.
—¿Qué juego?
—Si dejo una pista, tienes que venir a buscarla. Seguro que será divertido.
—Hmm, ¿cómo vas a empezar?
—Veamos, en primer lugar… —Phil sonrió. —¿Qué tal unas postales?
***
«Mentiroso.»
Alec se acostó en la cama. Cuando extendió los brazos, pudo ver un techo bajo como si pudiera alcanzarlo.
—Realmente no era mi intención.
Alec pensó en Phil cuando se fue a Alemania. La repentina ruptura fue un tema popular en la escuela durante un tiempo. Era bastante desagradable ver que se volvía a hablar de la complicada historia familiar de Phil.
Algunos de los compañeros sin tacto le preguntaron a Alec si sabía lo que estaba pasando, pero Alec contestó sin rodeos, diciendo que él tampoco lo sabía. Alec se paseó por la escuela sin dudarlo después de las clases. Lugares como debajo de un árbol donde se apoyaban juntos de espaldas, en la sala de lectura de la biblioteca donde susurraban en secreto, o en un banco detrás de la capilla donde solían acostarse uno al lado del otro. Alec deambuló por la escuela durante mucho tiempo. Buscaba por todas partes donde estaba Phil. Y, sin embargo, no había nada. Nada en absoluto.
—Puede que vuelva a repetirlo. Phil siempre ha tenido su propio camino. Sin embargo, la razón por la que he venido hasta aquí…
Murmuró Alec.
—Es una locura, realmente.
Siempre lo estuvo. Su nombre, que siempre aparece y paraliza todo pensamiento y juicio racional, un nombre que nunca se borrará como si estuviera grabado en su cabeza. Alec cerró los ojos. Hacía demasiado calor y estaba cansado.
El cielo del sur estaba despejado, sin una sola nube. Alec miraba el cielo azul intenso, como si una tela azul se extendiera sobre el profundo mar azul. Podía ver a lo lejos el faro que había visto en la postal. El faro, que se alzaba sobre el horizonte, brillaba blanco bajo el sol.
Alec se limpió el sudor de la frente con el dorso de la mano. Era un trabajo bastante duro subir una pequeña colina bajo una luz solar tan intensa. El aire está lleno de luz solar y calor que parece quemar todo lo que toca la luz. Cosas que no existen en Inglaterra. Alec se quitó el sombrero fedora durante un rato. La brisa del mar alborotaba el sudoroso cabello castaño.
No había ningún edificio en la colina. Las bajas y viejas casas blancas de la calle no parecían haber crecido tanto. En su lugar, una pequeña tienda se alzaba como si hubiera surgido de la nada. Era el único pequeño puesto en la soleada colina que vendía cigarrillos, simples bocadillos y periódicos a la sombra de un árbol. Alec se preguntó de repente si estaría en el negocio, pero no sabía árabe, así que no tenía forma de preguntar.
Alec pasó por delante de la tienda. Sentía que iba a quemarse si se quedaba así bajo el sol abrasador. El dueño del puesto era un anciano con arrugas en la cara.
Miró a Alec con los ojos semicubiertos por las cejas blancas y luego volvió a darle la espalda. No parecía muy interesado en vender cosas. Alec se detuvo frente a la tienda con una sensación de comodidad, ya que odiaba la venta ambulante. Alec miró el mar y sacó una postal de su bolsillo. El horizonte infinito, los faros y una hilera de casas bajas y blancas. El paisaje pintado desde esta colina parecía correcto.
Cuando le preguntó a Robby si había algún lugar desde el que pudiera mirar el faro, Robby frunció el ceño. En primer lugar, preguntó por qué el faro, y en segundo lugar, si tenía algo que ver con el propósito por el que había venido aquí. Alec respondió que como las dos preguntas significaban lo mismo, era algo que tenía que saber. Eso no era lo importante.
Robby pareció desconcertado por un momento, pero pronto habló en voz baja.
—Creo que probablemente está cerca de la playa, al oeste de la ciudad.
Y ante esto, se ofreció a averiguar dónde se podía ver el faro desde allí. Y al día siguiente, le mostró el lugar donde se encontraba actualmente.
Incluso los esfuerzos de Robby fueron en vano, y Alec no podía encontrar nada en este lugar. —Lo siento por Robby—, susurró Alec. Está aquí por él, desde que llegó a Casablanca, solo quería encontrarlo.
Es una pena que haya acabado así, por lo que Alec decidió hablar con el anciano de la tienda de al lado. No hablaba nada de árabe, pero como este lugar es francés, pensaba que podría funcionar en francés.
—Bonjour, Monsieur.
Se las arregló para encontrar y hablar el francés en su cabeza, que fue lo único que aprendió en la escuela y que usó algunas veces durante la guerra. El anciano se quedó callado.
«¿No sabe usted francés, o mi pronunciación en francés es terrible?»
Alec planteó dos hipótesis, pero el anciano tuvo que responder para demostrar la hipótesis.
Alec saludó de nuevo, tratando de mejorar su pronunciación.
—Bonjour, Monsieur.
El segundo intento también fue un fracaso. El anciano miró a Alec como si fuera una mosca y se dio la vuelta. Alec se rascó la mejilla con cara de vergüenza. Mucho tiempo después, Alec buscó en su bolsillo y dejó billetes arrugados y monedas frente al anciano. Señaló un cigarrillo colocándolo delante del anciano. Entonces el anciano miró a Alec, colocó el cambio cerca del cigarrillo y lo empujó hacia Alec. Alec sonrió con amargura.
«Al fin y al cabo, ¿es éste todo el ingreso de hoy?»
Por la noche, Robby llevó a Alec a un bar. Incluso en medio de la noche, un cartel de neón que decía "Rick's Coffee American" brillaba bajo el cielo azul.
—Es el bar más famoso de Casablanca, y todos los extranjeros de Casablanca se reúnen en él. —dijo Robby.
Como había dicho Robbbie, había bastante gente en el bar. Aunque todavía era temprano para beber, no había muchas mesas vacías. Ninguno de ellos era local. Los franceses se escuchaban por todas partes. Alec recordó la historia que le había contado Lille antes de venir.
Debido a los recientes disturbios e intentos de fusilamiento de sultanes en varias partes de Marruecos, el sultán de Arafa renunció a su cargo y se convirtió en un nuevo sultán. Sin embargo, la hostilidad y la tensión hacia Francia no había disminuido, y Francia tenía dificultades para tratar con Marruecos. Así que, entre los franceses que viven actualmente en Marruecos, los más rápidos están regresando a sus países de origen… Entonces Lille le advirtió “Ten cuidado de no ser confundido con un francés.” Pero aquí, en el Rick's Coffee todas esas historias parecían mentiras.
Después de caminar unos pasos más, pasando por el pianista que se encontraba en el centro, Robby se detuvo.
—Me gusta este lugar. ¿Nos sentamos?
Alec miró a su alrededor con curiosidad. Las coloridas luces escarlatas titilaban a través de los singulares pilares de arco blanco de Marruecos. El sonido de la música que tocaba el pianista se mezclaba con el de las palabras de la gente para crear una extraña armonía.
—Es interesante. No sabía que hubiera un lugar así en esta ciudad.
—¿De verdad? Pero este café existe desde hace tiempo. Durante la guerra, había mucha gente huyendo de la Europa continental a través de Casablanca. Dicen que es famoso desde entonces. Se dice que se reunían aquí e intercambiaban información sobre cómo llegar a América y de cómo escapar de los nazis para siempre.
Robby señaló al pianista del centro.
—Ese pianista ha estado tocando el piano aquí desde entonces. Se llama Sam y es una persona increíble. No importa la canción que le pidas, la toca enseguida sin dudarlo... Oh, Alec también, si tiene una solicitud de canción, Sam la tocará.
Dijo Robby alegremente. Alec respondió: "Ya veo", sacó un cigarrillo y dijo.
—Fui al lugar que me mostraste hoy…y cometí un error. No había nada. Estos cigarrillos son las únicas cosechas del día.
—Oye, son cigarrillos británicos, ¿no? Ha pasado mucho tiempo. Aquí sólo hay cigarrillos franceses malos, pero te las arreglaste para conseguirlos.
Alec miró a su alrededor mientras Robby extendía la mano y jugueteaba con el paquete de cigarrillos. Aunque había, no veía a nadie que se pareciera a Phil.
—Alec, ¿puedo hacerte una pregunta?
Alec se volvió ante la pregunta de Robby. Los ojos grises de Robby se veían más serios que nunca.
—Estás aquí para… Estás aquí para encontrar a alguien llamado Phil Meyer. Pero, ¿por qué lo buscas?
—¿Estás preguntando por qué?
—Sí, dijiste que era un amigo, pero para ser honesto, nadie cruza el mar sólo para encontrar a un amigo.
Todo lo que dijo Robby era correcto. Alec aspiró profundamente su cigarrillo. Un trozo de luz se rompió y cayó en el humo blanco.
—Él es muy importante para mí. Es todo lo que puedo decir. No hay otras palabras apropiadas.
Los ojos grises del Robby miraron fijamente a Alec. Una mirada que no muestra ni curiosidad ni interés, sino que sólo observa al sujeto. Después de un rato, Robby dijo.
—¿Sabes qué, Alec? Conozco bien a la gente como tú.
—¿De verdad?
—¿Adivinamos? Tu familia es de clase media o superior, debes haberte graduado en una escuela pública y haber asistido a Ox-bridge. Un tipo como tú probablemente es bueno en los estudios. Debes haber sido diferente de otros amigos que a menudo fracasaron porque estaban ocupados jugueteando en la universidad. Durante la guerra, el país estaba en peligro, así que por supuesto te ofreciste como voluntario para alistarte en el ejército. Por supuesto no eras un soldado normal, seguramente pertenecías a una unidad de caballería. Las cosas que pasaste durante la guerra debieron ser lo más duro y sucio de tu vida. Pero después de la guerra, deberías haber vuelto a tu vida normal como es debido. No hay peligro, y todo lo que tienes que hacer es correr por el camino que se te ha dado. Pensarás que no eres codicioso. Creo que es bueno tener muchos ingresos y reputación social, pero no eres codicioso. Sin embargo, nunca te has preocupado por tener que comer mañana por culpa del dinero. Estás contento con lo que tienes, pero nunca te has dado la oportunidad de lo grande que es. Es imposible que tengas un espíritu aventurero. Te sientes cómodo con las cosas viejas y disfrutas de lo que tienes. He visto mucha gente como tú. Gente como tú… porque a menudo se les llama “ingleses”.
Las palabras de Robby eran un poco rápidas, pero su voz era tranquila en todo momento. En lugar de responder, Alec miró en silencio a Robby.
—¿Qué clase de persona lo deja todo para venir al extranjero? Para ser honesto, no entiendo la idea de venir a un país donde pueden ocurrir disturbios en cualquier momento y esté dispuesto a morir.
Una voz tranquila que pedía una respuesta. No obstante, los ojos de Robby eran fríos y persistentes. Alec se enfrentó a la mirada directamente. Se encogió de hombros.
—¿Dijiste que sabías cómo era yo? Bueno, en realidad no es tan sencillo, pero digamos que sí. Por cierto, ya sabes que algunas personas pueden ser más tenaces que otras.
Las cejas marrones doradas de Robby se fruncieron. La luz roja giraba en torno a la mesa.
—Como has dicho, ni siquiera sabes lo que tienes, puedes tirarlo a la basura tan fácilmente. Ni siquiera te entiendes a ti mismo, y simplemente no te importa dejar tu vida por una razón realmente ridícula.
Murmuró Alec para sí mismo.
«Así soy yo.»
Alec sonrió hacia Robby.
—A veces la razón no importa. Lo importante es lo que haces. Estoy seguro de que encontraré a mi amigo aquí, y estoy seguro de que tú me ayudarás con eso.
Robby miró a Alec en silencio. Alec seguía sonriendo.
—Estás evitando inteligentemente las palabras.
Robby sacudió la cabeza y se rió. Alec respondió con una sonrisa.
—Puede ser. Lo que has dicho antes, casi todo es correcto, pero hay una cosa que está mal. Me alisté en el ejército como soldado regular, no en una unidad de caballería.
—Eso es inesperado. ¿Qué ha pasado?
La respuesta de Alec fue sencilla y lúcida.
—Fue un período de resistencia durante mucho tiempo.
—Jajaja…
La risa de Robby estalló claramente. Pronto miró a Alec con su habitual sonrisa simpática alrededor de la boca.
—Eres un hombre muy divertido. Me gustas.
Alec se rió brevemente.
—Te ayudaré en todo lo que pueda, de todos modos. Aunque no sea la petición de la señorita Anderson... Porque me gustas.
—Me alegra oír eso.
Alec sonrió y trató de sostener su vaso, pero se dio cuenta de que era su mano izquierda y cambió a su mano derecha. Los ojos de Robby se dirigieron al brazo de Alec.
—¿Te duele mucho?
Preguntó Robby, y Alec sonrió.
—No, apenas me duele. Duele cuando hace frío, pero aquí siempre hace calor. No hay nada que me incomode, salvo que no puedo levantar objetos pesados con la mano izquierda.
—Pero debió de dolerte cuando te lesionaste.
La mano de Robby tocó de repente el antebrazo de Alec. Alec lo miró. Robby no tardó en girar la cabeza y dijo.
—Primero, echemos un vistazo por aquí. Si te sientas aquí, tendrás muchas posibilidades de encontrar a ese amigo. Literalmente, aquí es donde se reúnen todos los extranjeros de Casablanca. Ahí está el señor Adri. Es una buena fuente de información. Tendrás que hablar con él una vez.
Robby se acercó al hombre que estaba junto a la banda y empezó a hablar con él. Alec le observó reír y hablar durante un buen rato y empezó a pensar en la conversación de antes.
***
En su segunda semana después de llegar a Casablanca, la rutina de Alec era sencilla. Recorría la ciudad, siguiendo las huellas de Phil. Se paseaba por los lugares donde puede haber gente que conozca a Phil, y por los lugares que posiblemente puede haber visitado a menudo. Por la noche, va al Rick’s Coffee y repite lo mismo. Robby parecía que tenía algo de tiempo, por lo que aparecía a menudo a ayudar a Alec. Su mayor ventaja era que guiaba a Alec, que no estaba familiarizado con la geografía, a varias partes de la ciudad y, sobre todo, era bueno con el árabe.
—No habría podido hacer nada sin ti.
Alec hablaba en serio. Robby se encogió de hombros. Robby respondió mientras giraba el volante.
—Yo también estoy libre. ¿La empresa va a quebrar pronto?... No tengo ningún trabajo que hacer. Si no hubiera hecho esto, me habría aburrido y querría morirme. Además, te he dicho que me gustas bastante, Alec. Por eso te estoy ayudando, así que no te preocupes.
Mientras Robby decía eso, miró a Alec con sus gafas de sol puestas.
—¿Y has conseguido algo?
Alec sonrió con amargura. No se lo dijo a Robby, pero Alec iba a la colina de la postal casi todos los días.
Sin embargo, nada había cambiado. Todavía había un sol abrasador, y en la única sombra había un anciano, que no decía ni una palabra, y como siempre, pasaba un vendedor ambulante. Alec intentó una y otra vez hablar con el anciano, pero no lo consiguió. La única cosecha fue que parecía entender el francés. Alec murmuró con un suspiro.
—Hoy no he conseguido ningún progreso. Tal vez sea porque soy blanco, pero la gente en la calle simplemente me evita…
Robby sonrió ante las quejas de Alec.
—No te preocupes. Seguro que esta vez conocerás a alguien.
Se detuvieron frente a una taberna de estilo europeo. En Marruecos, un país islámico que prohíbe el alcohol, el lugar que vende alcohol era un sitio donde se reunían los extranjeros. Cuando los dos hombres entraron, el dueño los miró. El interior del local parecía como si se hubiera trasladado toda una taberna europea. En Marruecos, donde no hay muchos árboles, pocos lugares están decorados con productos de madera, desde las paredes hasta los muebles. Excepto donde viven los europeos. Además, había banderas francesas y periódicos franceses enmarcados colgados por toda la pared.
Tal vez porque todavía era el almuerzo, solo había tres o cuatro clientes en el local, pero todos eran blancos. Los dos se acomodaron frente a la barra. Robby le susurró a Alec. —Ese es Muller.— Un hombre de mediana edad con un buen bigote dorado estaba comiendo solo junto a la ventana.
—Sabe lo de Phil.
Muller dio una calada a su puro. Dijo que era un agente comercial entre Alemania y Marruecos. Pidió tres botellas de cerveza sin preguntar a Alec y Robby. Alec no la tocó, pero Robby tomó un sorbo. Muller se sentó con la espalda apoyada en la silla y las piernas cruzadas. Encendió su cigarro y le prestó a Alec su encendedor. Al ver que Alec encendía su cigarrillo, haló.
—¿Es un cigarrillo británico? Ahora que lo pienso, el amigo que buscas…creo que también fumaba ese cigarrillo. Recuerdo haber preguntado dónde lo había conseguido porque era un cigarrillo que no había visto antes.
Alec levantó la vista.
—¿Te refieres a esto?
Alec sostenía un paquete de cigarrillos Benson & Hedges que había comprado del viejo de la colina. Muller asintió.
—Aquí no hay más que cigarrillos franceses e insípidos. Le pregunté cómo se las había arreglado para conseguirlos, me dijo que lo sabía todo, y se negó a decirme. Así que le pregunté cómo no podía conseguir cigarrillos alemanes, y dijo que no lo sabía.
El corazón de Alec latía rápidamente.
Entonces Robby preguntó.
—¿Cómo se conocieron?
Muller comenzó a hablar de forma severa.
—No hay muchos alemanes en Marruecos que no me hayan conocido. Ya sea en Alemania Occidental o en Alemania Oriental. Los alemanes que han venido aquí antes son muy raros. Así que estoy seguro de que haber visto a la persona de la que hablas. ¿Dijo que su nombre era Phil Meyer…?
—Sí, pero es probable que usara un alias aquí.
Ante las palabras de Alec, Muller suspiró mientras fingía que pensaba. Ya había preparado lo que iba a decir, pero era como si esperara un momento dramático como un actor de teatro. Pero Alec no tenía tiempo de jugar con él. Tan pronto como intentó preguntar de nuevo, Muller habló.
—Pelo negro, ojos azules, y cuando sonríe, se le forman hoyuelos. Mide alrededor de 1,80 m. ¿Es él?
—Así es-
—Entonces lo sé. Lo vi el otoño pasado.
Alec casi se levantó de un salto. Consiguió inclinarse hacia Mueller con la cadera pegada a la silla.
—Cuénteme más detalles…
—Oh, no fue nada. ¿Cuándo nos conocimos?... Oh, sí. Probablemente fue en la fiesta de cumpleaños del diplomático de Alemania del Este, el señor Eisenhart. Así que tal vez fue alrededor de octubre. El señor Eisenhart hace una gran fiesta de cumpleaños. Siempre ha sido un amante de las fiestas, así que todos los alemanes aquí en Casablanca deben haber venido. No, no son sólo los alemanes, estoy seguro de que cualquiera de Europa los habría convocado a todos. Por supuesto, sé que no debe ser el caso en el continente. Pero esto es Casablanca, y a nadie le importa eso. Comunismo, liberalismo, lo que sea, todos somos parte de Alemania, así que nos juntamos unos con otros. De todos modos, allí… Bueno, su nombre no era Phil Meyer en ese momento. Su nombre debe haber sido Franz Klose. No, ¿era Frederick? Estoy confundido. Oh, sí. Creo que era Frederick.
Alec se dio unas palmaditas nerviosas en el muslo. La cara redonda y gorda de Muller mostró una expresión divertida.
—De todos modos, me interesaba porque era alguien que nunca había visto antes. Como he dicho, conozco a todos los alemanes que vienen aquí. Así que le pregunté a Eisenhart, que estaba a mi lado, y me dijo que era alemán del este. Bueno, es comprensible. Como soy de Alemania Occidental… La información llega un poco tarde por allí. De todos modos, me picó la curiosidad y fui a hablar con él. Era un amigo interesante. Me dijo que había venido por el Ministerio de Asuntos Exteriores, y que se quedaría aquí un tiempo y luego se iría enseguida. Como dije, soy de Alemania Occidental, así que no le pregunté por su trabajo. Normalmente no hablo de eso con los alemanes del Este. Podrían acusarme como espía si lo hiciera. ¿No le parece?
El señor Muller guiñó un ojo.
—Mi primera impresión fue la de un tipo bastante bueno. Me cayó muy bien desde el principio. Me agradó su forma de hablar y no era demasiado brusco, su voz era amable. Al principio, sólo hablaba brevemente de su vida personal... Dijo que llevaba aquí unos dos meses y que era originario de Berlín. Y luego hablamos de la caza. Pronto será la temporada de caza del faisán, y lamentó no poder hacer nada en un desierto como éste, creo que dijo. También dio que él mismo había cazado con anterioridad. Y hablamos un poco más sobre armas, pólvora y sabuesos. Tiene muy buen gusto para las armas de caza. Me gustó, así que le propuse que fuéramos juntos a cazar elefantes la próxima vez. Entonces se negó porque pensó que no estaría aquí mucho tiempo. Así terminó el día.
Muller exhaló profundamente el humo del cigarro. Sus gordos ojos parpadearon lentamente como si estuviera recordando el pasado.
—Pero como usted sabe… Este país siempre ha sido un desastre. No mucho tiempo después, hubo otro disturbio. Esta vez fue mayor que el anterior. Ni siquiera salí de casa durante un tiempo porque los disturbios no habían terminado. El Rick's Coffee también estaba cerrado en ese momento. Sin embargo, pensé que nadie había muerto. Después de calmarse un poco, había bastantes muertos o desaparecidos. La mayoría fueron confundidos con franceses y asesinados. Él era uno de ellos. Cuando los disturbios se calmaron, quedé con el señor Eisenhart para tomar un café, más o menos en junio. Sin embargo, la persona que buscas desapareció en febrero. Dijo que saldría por un tiempo, pero mientras tanto, se encontró con una turba y fue asesinado. Puede que no haya encontrado el cuerpo, pero debió de morir en circunstancias…
Mueller hizo una pausa y examinó la complexión de Alec con sus ojos azul pálido. La expresión de Alec era rígida. Entonces irrumpió Robby.
—¿Así que el señor Mueller cree que está muerto?
Mueller respondió con alivio.
—Sí, lo lamento, pero todavía no ha aparecido. Nunca se encontró el cuerpo, pero es posible que lo hayan arrojado al puerto.
Robby asintió con gravedad.
—Bueno, señor Muller, ¿puedo preguntar quién hizo la limpieza de cuerpo después de morir?
Ante la pregunta de Robby, Muller hizo una pausa.
—Yo tampoco lo sé. Como he dicho, sólo lo he visto una vez. Estaba en el lado del Ministerio de Asuntos Exteriores de Alemania del Este, así que probablemente se ocuparon de él.
—¿Eso fue todo? ¿Lo mataron, pero no se habló ni se anunció en Alemania Oriental?
Ante la pregunta de Alec, Muller hizo una pausa y negó con la cabeza.
—Eso... No lo sé. He estado ocupado durante un tiempo, así que…no lo recuerdo realmente.
Por primera vez, la voz de Muller vaciló sin confianza. Robby y Alec intercambiaron miradas. No parecía haber nada más que ganar en interés.
***
Había menos gente de lo habitual en el Rick’s Café. Quizá por eso, la melodía del piano, que siempre era tranquila, se escuchaba más fuerte el día de hoy. Como de costumbre, en la mesa de la esquina se repartieron café, cigarrillos, ceniceros, cuadernos y bolígrafos. Robby cogió un bolígrafo y revisó la lista.
—Hoy he visto al señor Muller. Según él, murió en febrero de este año.
—Pero yo tuve noticias de Phil en marzo… Bueno, recibí una carta. No era mucho, pero definitivamente era de Phil.
Alec no dijo que había recibido una postal deliberadamente ni que ahora estaba en sus brazos. Por alguna razón, tenía la sensación instintiva de que no debía decírselo a los demás imprudentemente. La luz que entraba por las ventanas, se reflejaba en la piel de Robby, pareciendo que era anaranjada. Alec examinó cuidadosamente los ojos de Robby. Robby continuó despreocupado.
—¿De verdad? Pero es un correo internacional. Teniendo en cuenta que el correo internacional tarda más de un mes, hay que decir que fue enviado antes del trabajo. Quiero decir... No puedo descartar la posibilidad de que haya muerto.
—Eso no puede ser cierto.
Las cejas de Robby se movieron ligeramente ante la firme respuesta de Alec.
—¿Cómo puedes estar tan seguro?
Alec pensó en algo para hablar, pero no se le ocurrió nada apropiado.
—Hay algo que no me has dicho.
La voz de Robby era ligera, pero el contenido era punzante como un punzón. Alec puso los ojos en blanco por un momento. Sin embargo, Robby lo miraba fijamente. Finalmente, Alec suspiró.
—Muy bien, te lo contaré. Hace unos meses, unos agentes del MI6 vinieron a verme y me preguntaron si sabía algo sobre el paradero de Phil.
La luz naranja parpadeó en la cara del desconcertado Robby. Alec se puso la mano en la frente e inclinó la cabeza.
—Lo siento, no te lo he dicho antes. Tengo miedo de que te asustes si lo sabes… Pero esto es todo lo que sé. No sé exactamente lo que está pasando. Todo lo que sé es que Phil está involucrado en algo peligroso, y que está vivo, y eso es lo único. Es por eso que estoy tratando de encontrarlo…
—Y, ¿porque es una persona importante?
La voz de Robby irrumpió. Su rostro parecía más serio que nunca.
—Dijiste que habías dejado todo atrás por él. ¿Te acuerdas, Alec?
—Me acuerdo.
Fue una conversación que tuvieron el primer día que pasaron por el Rick’s Coffee Robby preguntó por qué y Alec respondió. Alec siempre se preguntaba qué había entendido Robby en la conversación.
—Esa explicación es suficiente lo que necesito. Lo que me da más curiosidad es… Alec, ¿qué harías si estuviera realmente muerto?
Los ojos de Robby, ligeramente caídos, miraron a Alec con curiosidad.
—O, aunque no estuviera muerto si hubiera cambiado demasiado, ¿qué harías?
Alec miró a Robby. Robby esperaba la respuesta de Alec.
La pregunta de Robby no era desconocida. Más bien, era una pregunta que se había hecho numerosas veces. Quince años es tiempo suficiente para que el ser humano cambie. Si ha cambiado de una manera que no podía imaginar, si no era la persona que él conocía, ¿todavía lo amaría? No, ¿todavía estaba enamorado de él? ¿No era el tiempo del pasado lo que realmente Alec amaba? Cuando lo encuentre, ¿qué pasaría si se da cuenta que no está realmente enamorado de él? En las largas noches donde no había nadie, cuando estaba acostado en la cama, esas preguntas siempre surgían de repente y molestaban a Alec. Al final de una larguísima noche en vela y sin dormir, la respuesta era una.
—Puede que haya cambiado. Es tiempo suficiente para eso. Por eso quiero conocerlo.
Solo entonces, podría sacar conclusiones a todas sus preguntas. Sea cual sea el resultado que le esperaba, no había más tiempo ni razones para dudar. La cara de Robby adoptó un aspecto interesante, y luego sonrió como si lo supiera.
—De acuerdo, entonces sigamos buscando.
Alec frunció ligeramente el ceño e hizo una sutil expresión.
—Robby, tú también eres una persona bastante rara.
—¿Es así?
Alec negó con la cabeza cuando Robby le preguntó con naturalidad.
—Por supuesto. Mira, sigues haciéndome preguntas sin mencionar tu historia. Ahora debes contarla tú.
—Eso es porque estoy aquí por ti, Alec..
—De todos modos.
Robby se encogió de hombros.
—Robby, ¿por qué has venido aquí? Estoy seguro de que hay muchos otros trabajos en los que puedes trabajar en el Reino Unido.
Ante la pregunta de Alec, Robby ladeó la cabeza.
—Bueno, qué debo decir… Alec ya era un adulto durante la guerra, ¿verdad? Yo no lo era. Yo era un niño entonces. En esa época, los padres enviaban a todos los niños a sus parientes en el campo, ¿no? Tenían que trabajar, así que sólo enviaban a los niños en el tren llevando solo sus nombres colgados. Eso también me pasó a mí. Con uno de esos collares puestos, tomé una maleta pequeña y me fui a Southampton. Fue una deuda con alguien que se dice que es mi tío paterno al que nunca había visto. En el campo, donde sólo había extraños, me preguntaba cuándo terminaría la guerra y cuándo volvería a casa para ver a mi madre y a mi padre, pero cuando volví a casa, la mataron en un ataque aéreo.
Cuando Robby dejó de hablar, se produjo un solemne silencio entre los dos.
—…Lo siento.
Robby negó con la cabeza ante las tristes palabras de Alec.
—No pasa nada. Después de todo, era una guerra. Mi madre no fue la única que murió. Un sinfín de personas murieron, resultaron heridas, y… Ya sabes, pero… Sólo tenía curiosidad. ¿Por qué tuvo que haber muerto así? ¿Por qué tuvo que luchar? ¿No tienes curiosidad? Por supuesto, la escuela dijo que fue por culpa de los nazis, pero ¿por qué no pudimos deshacernos de ellos antes? ¿Qué faltaba?
Robby agitó el vaso en su mano.
—Esos pensamientos eran cuando era joven. Ahora sé más o menos por qué estalló la guerra. De todos modos, pensando en ello…no quería ser una persona que se quede atrapada en Inglaterra. Como no estudié bien, este es mi límite. Quizá por eso vine a ayudar a la señorita Anderson.
Robby se bebió de golpe el contenido de su vaso. Alec pensó por un momento en qué decir, pero tampoco se le ocurrió nada.
Entonces Robby susurró de repente.
—A las tres, un hombre con sombrero. Nos están observando.
Alec trató de mirar hacia atrás por reflejo, pero Robby agarró el brazo de Alec. —No mires hacia atrás. Se darán cuenta.— Un susurro rápido y bajo. Alec asintió nervioso. Robby volvió a fingir que bebía.
—Supongo que se sabe que hemos estado husmeando. ¿El MI6 vino a verte?
—Sí.
—Me has metido en un lío.
Alec se disculpó con una mirada severa.
—Lo siento.
—Salgamos de aquí.
Alec se levantó con Robby y miró de reojo al hombre. El hombre del sombrero también se puso de pie.
***
Robby llevó a Alec a la parte delantera del dormitorio.
—Estaré bien, Alec. Estoy seguro de que es a ti a quien persiguen... En primer lugar, conozco a gente así.
El estrecho callejón de Medina estaba oscuro. En este lugar laberíntico donde los caminos se entrelazaban, cualquiera parecía perderse rápidamente.
—Cuando trabajas para una empresa comercial, a menudo te relacionas con gente así aunque no te guste... No te preocupes. Ellos también tienen algunas reglas de hierro. No tocan a los civiles si es posible. Para reducir el número de cosas que luego los perjudiquen. Por supuesto, eso es “si es posible”.
Añadió Robby.
Cuando Robby intentó darse la vuelta, Alec le agarró por el brazo. Robby miró a Alec con los ojos ligeramente abiertos.
—Robby, no me importa si quieres salir de esto ahora mismo. Entiendo...
Antes de que Alec pudiera terminar su frase, Robby se rió brevemente.
—No te preocupes. Ya te he dicho que me gustas.
Al decir esto, Robby agarró suavemente la mano de Alec y la apartó de su brazo. En el callejón de Medina, sin una farola, sólo la luz azulada de la luna brillaba sobre el pelo rubio de Robby.
—Te ayudo porque quiero.
Alec miró en silencio a Robby. Robby seguía sonriendo.
—Entra ahora, Alec.
Las palabras de Robby eran extrañamente intimidantes. Justo antes de entrar en la entrada de la posada, Alec miró hacia la calle. Robby seguía observándolo.
***
[—Estoy llamando para saber si estás vivo. Tienes un corazón muy frío. ¿Basta con enviar solo un telegrama diciendo que has llegado? Estaba muy preocupada porque decían que volvería a haber un conflicto.]
Alec sonrió torpemente ante la voz de Lille después de mucho tiempo. La voz de Lille seguía sonando, a pesar de que el teléfono del hotel era antiguo o internacional, y a pesar del ruido crepitante.
—Lo siento, Lille. Sólo ha pasado.
[—Por cierto, ¿estás bien? ¿Te duele el lugar donde te has herido? ¿Hay algún progreso en la búsqueda de esa persona?]
—Oh, bueno, está bien. Mi brazo… Como es un país caluroso, no me duele como si estuviera en Inglaterra. Y con respecto a encontrarlo… Bueno, ¿debo decir que hay progreso o no...? De todos modos, estoy trabajando duro. Pero Robby me está ayudando mucho…
[—¿Te refieres al Sr. Blake?]
Preguntó Lille con incredulidad.
[—Oh, ¿desde cuándo empezaron a llamarse por su nombre? ¿El señor Blake te ayuda mucho?]
—Oh, sí. Me ayuda mucho. Es una persona amable…
[—¿El señor Blake? Dios, eso es increíble.]
Preguntó Lille con incredulidad. Alec frunció ligeramente el ceño. Le pareció un joven amable y simpático, aunque le hiciera una pregunta un poco descabellada y despistada, pero ¿trataba a Lille de forma diferente? No, tal vez solo a él… Alec pensó hasta ahí y sacudió la cabeza enérgicamente. Eso es pensar demasiado.
[—De todos modos, me alegro de que lo hayas hecho. Creo que está bien escuchar tu voz. En estos días se habla mucho de cambiar al sultán allí en Francia, así que ten cuidado con los disturbios. ¿De acuerdo, Alec? Lo más importante es tu seguridad. No me perdonaré si te hacen daño.]
Las últimas palabras de Lille contenían una preocupación seria y afectuosa. Alec respondió con voz suave.
—No te preocupes, Lille. Voy a estar bien.
Alec colgó el teléfono. Hakeem, el dueño del hotel, bostezaba con cara de aburrimiento. Al ver eso, no podía creer una palabra de que este país estaba en estado de tensión. Alec volvía a su habitación. En ese momento Hakeem llamó a Alec.
—Profesor Foster. Ahora que lo pienso, alguien vino esta mañana.
—¿Quién?
Cuando Alec le devolvió la pregunta con cara de interrogación, Hakeem miró un momento a su alrededor y bajó la voz.
—No lo sé. No reveló su nombre. Preguntó si el profesor Foster se alojaba aquí, así que le dije que nunca había oído hablar de ese nombre. Y él dijo: "Debe haber un inglés que ha estado por aquí hace unos días, ¿lo conoces?" Así que le dije que sí había, pero que no había venido aquí.
Los ojos de Hakeem, que siempre habían parecido somnolientos, brillaron con fuerza. Alec tragó saliva.
—¿Has visto qué aspecto tiene?
—Era difícil de reconocer porque llevaba el sombrero tan apretado, pero…no tenía barba, su mandíbula estaba afilada, oh, y parecía que era de la parte alta del país.
Alec parecía saber de quién se trataba. Alec llamó a Robby al teléfono del hotel. Robby no contestó al teléfono, al parecer no estaba en casa. Alec colgó el teléfono un momento después y le dijo a Hakeem.
—Si Robby viene aquí, dile que no vaya hoy al Rick’s Coffee. Que espere aquí, por favor.
Hakeem asintió.
Mientras subía la colina como de costumbre, Alec no dejaba de mirar hacia atrás. No tenía nada de malo que le persiguieran ya una vez. Afortunadamente, no parecía que lo estuvieran persiguiendo. Había lugareños que lo miraban con ojos recelosos, pero no importaba porque era algo que había visto desde que había llegado aquí. Afortunadamente, esta colina era un lugar donde no había muchos edificios alrededor, por lo que era fácil darse cuenta cuando alguien lo seguía. Pero Alec subió la colina lentamente, todavía con precaución.
La colina era la misma hoy. Se extendía el paisaje de la ciudad bordada de casas blancas y la costa azul y clara. Alec se levantó ligeramente el sombrero ante el anciano del que constantemente saludaba. Los ojos del anciano parecían decir: "No te cansas de hacer esto". Alec compró hoy un paquete de cigarrillos como de costumbre y empezó a hablar en un francés parecido al inglés.
—Hola, Mushu. Es un buen día, ¿verdad?
Una respuesta silenciosa
—Por casualidad, ¿no ha venido aquí una persona extraña después de que me fuera?
Los ojos del anciano cambiaron. Bajo sus cejas blancas y pobladas, sus ojos redondos miraron fijamente a Alec. Era la primera vez que el anciano lo miraba así en varias semanas. Alec sintió que la hipótesis que había estado rondando su cabeza era como si se hiciera realidad. Alec preguntó, como si estuviera comprobando algo que él sabía.
—¿No preguntó por un extraño alemán que siempre compraba aquí cigarrillos británicos?
Y Alec tomó los cigarrillos que acababa de comprar. El logotipo de Benson & Hedges, un cigarrillo británico que rara vez se encontraba aquí, brillaba al sol. Los ojos del anciano siguieron el cigarrillo. Alec tomó la postal de los brazos. A Alec no le pasó desapercibido el repentino aumento de la mirada del anciano.
—¿O sobre una postal?
Alec continuó. Había confianza en su voz.
—¿No te ha dicho algo Phil Meyer que tiene que contarme?
El anciano no respondió. Alec se encogió de hombros.
—Bueno, aquí los blancos son extremadamente reacios a mezclarse con los locales. No se encuentra ni un solo local donde se reúnen. Sólo se reúnen, hablan entre ellos e intercambian información entre sí. Tal vez crean que todas las cosas importantes del mundo sólo ocurren entre blancos. Así que tal, el viejo no tenga ningún interés.
Los ojos del anciano cambiaron ligeramente.
—Él dijo lo mismo.
La voz del anciano era ronca y gruesa. Su francés tenía un fuerte acento marroquí. El corazón de Alec empezó a latir con fuerza y rapidez. Susurró con voz segura.
—Usted conoce a Phil.
—No sé el nombre. Es un estúpido alemán que conozco y siempre viene a comprar cigarrillos británicos… Es que me habla de forma muy diferente a la de los blancos comunes. Como tú.
Alec levantó una postal.
—¿Sabes lo que significa esto?
—Yo mismo la vendí. No la he vuelto a vender después de que esa persona desapareciera.
—¿Por qué?
—Él dijo: “Puede haber alguien que te moleste con esto.”
El viejo refunfuñó.
El anciano dijo que al principio pensó que Phil era un blanco excéntrico. Pensaba que era bastante extraño y molesto ver a un hombre blanco que saluda y habla casualmente a alguien más, en lugar de los blancos que conviven y son reacios a hablar con lugareños a menos que sea absolutamente necesario. De todos modos, lo veía a menudo, y era muy amable en cada conversación. Hasta entonces, el anciano dijo que vendía tarjetas postales entre diversas mercancías.
—El hijo de mi vecino Mehdi ha estado aprendiendo pintura en Francia. Gracias a los bastardos franceses que lo han arrastrado a la guerra, ahora no tiene trabajo y está atrapado en casa. A veces, para ganarse la vida, hace esto y me lo vende. En realidad, no hay nadie en esta ciudad que lo compre. Estaba en una mala situación, así que lo conseguí y lo exhibí. Pero el tipo lo compró. Y dijo que sería mejor que no vendiera esto más. Porque puede haber alguien que me moleste por eso. Cuando le dije: “No hace falta que te escondas”, él solo se rió. Luego, no volvió a venir.
—¿Sabe a dónde fue?
El anciano negó con la cabeza ante la pregunta de Alec.
—No lo sé exactamente. Pero sé el lugar.
El rostro arrugado del anciano se ensombreció de repente. El anciano habló con cautela y despacio, como si estuviera diciendo un nombre muy siniestro.
—Al desierto.
Alec giró la cabeza. De repente, parecía que las nubes que se acumulaban en el horizonte, parecían querer desbordarse de golpe. Alec miró su reloj. Era la hora de irse. Preguntó al anciano por última vez.
—¿Pero por qué me lo has dicho hoy?
El anciano mostró los dientes. Alec pensó por un momento si aquello era una sonrisa o una amenaza.
—No soy estúpido. Sabía más o menos lo que estaba haciendo. Así que, por supuesto, nunca le hablé a nadie de él, y traté de hacerme el mudo. Pero ese hombre, antes de desaparecer dijo esto último: “Oh, por cierto. Quizá venga mi amigo. Cuando venga, puede tener la amabilidad de contárselo todo.” Ni siquiera me dijo cómo era su amigo. Sólo que el pelo es castaño, los ojos verdes, los ojos un poco más pequeños que los míos, y además añadió que como hace tiempo no lo veía, no lo sabía exactamente. Incluso dijo “te va a decir algo parecido a mí, tal vez” ¿Cómo podría saber si eres ese maldito amigo o no? En los cigarrillos y la postal… Y tú dijiste lo mismo que él, así que me di cuenta.
Las últimas palabras sonaron como un gruñido, y Alec se rió brevemente. El anciano chasqueó la lengua brevemente.
—Si te encuentras con ese maldito bastardo, dile que su cliente habitual se ha ido y que él es el responsable de la pérdida, debe de asumir la responsabilidad. Por supuesto, si está vivo en el desierto.
Alec sonrió.
—Me aseguraré de decírselo.
La lluvia, que había estado cayendo solo con pocas gotas, empezó a espesar. Antes de darse cuenta, sus hombros y su sombrero estaban mojados. Alec empezó a correr a toda prisa. La gente de la calle también corría. Los comerciantes del mercado también estaban ocupados guardando los artículos que estaban expuestos en el exterior. Siempre era un mercado concurrido, pero hoy era más complicado, quizá porque llovía.
Alec salió corriendo, murmurando "lo siento" mientras chocaba con la gente que se atravesaba en su camino. Consiguió escapar del mercado y entrar en un callejón con poca gente. Alec se detuvo bajo el edificio y tomó aire.
Era una posada que estaba un poco más lejos de lo que conocía. Los callejones de Medina se entrelazaban con caminos sin salida, calles laterales, solares vacíos e intersecciones. Alec estaba bastante perdido cuando llegó por primera vez –una vez fue en dirección contraria para ir al mercado del sur– y ahora se había acostumbrado a este complicado camino.
Desde aquí, si sube las escaleras y pasa dos o tres callejones, encontrará una posada. Alec se colocó el sombrero y comenzó a subir las escaleras inferiores.
En ese momento, Alec se sintió de repente extraño y giró la cabeza. Había alguien de pie en la distancia. A primera vista, no parecía que fuera un lugareño. Además, el sombrero que llevaba le resultaba familiar. Alec se llevó la mano al interior de su saco.
«Maldita sea, solo llevo un cuaderno y una postal.»
No podía someter a quien no conocía con un cuaderno.
Ojalá tuviera una pistola. La última vez que disparó un arma fue hace diez años, pero en esta situación estaba claro que sólo con tenerla en la mano habría sido de gran ayuda. Alec se mordió ligeramente el labio. Alec comenzó a caminar en una dirección diferente a la habitual, preocupado por el bienestar de Robby.
***
En cuanto Robby entró en la posada, Alec le agarró del brazo bruscamente. Alec miró a su alrededor y llevó a Robby a la esquina de la posada.
—Robby, ¿te han seguido en tu camino hacia aquí?
—No, no lo han hecho. Alec...¿te siguieron?
—Alguien me siguió. Me llevó un raro dar vueltas y vueltas para perderlo.
Robby miró la cara de Alec y asintió con la cabeza, sabiendo la causa.
—Probablemente sea alemán. Mueller debe haber hablado—. Después de decir eso, Robby miró fijamente a Alec y de repente escupió. —Ese amigo tuyo debe ser una persona muy importante.
Alec no dijo lo afirmó ni lo negó, tan solo se quedó callado. Robby dijo encogiéndose de hombros.
—Hablemos de los avances de hoy.
Alec contó la historia del anciano.
—Dijo que se fue al desierto.
En ese momento, la expresión de Robby se distorsionó y murmuró brevemente. —Está...está arruinado.
—El desierto—, murmuró Robby.
—El desierto del Sahara es el lugar perfecto para pasar desprevenido y desaparecer en tres días, y ser encontrado décadas después como una momia reseca. Además, el desierto del Sahara suele ser grande ¿cierto? No tenemos ni idea de si fue a Argelia, a Egipto o si recorre el desierto con nómadas.
Robby se rascó la cabeza con nerviosismo después de un largo rato de quejas.
—Tu amigo es inteligente. Un desierto es perfecto para borrar las huellas de alguien. Tanto los perseguidos como los perseguidores morirán.
Las últimas palabras de Robby sonaron inusualmente frías.
Alec sacudió ligeramente la cabeza.
—No tengo intención de saltar de inmediato con la vaga información sobre que está en el desierto. Tengo que ser más específico.
—Sí, y luego iremos al desierto.
Robby estaba ahora refunfuñando abiertamente. Alec se quedó mirando el vestíbulo y sonrió involuntariamente. Robby sacudió la cabeza, lo miró fijamente y preguntó.
—¿Qué? ¿Por qué te ríes?
—No, sólo estoy asombrado. Siempre pensé que eras maduro y hábil para tu edad.
Robby tenía ahora una expresión extraña en su rostro. Alec volvió a reírse de la cara que expresaba sus emociones no expuestas, no sabía si se trataba de timidez o de vergüenza, quizá era algún punto intermedio. Robby parecía sorprendido y se dio la vuelta.
—Pero Robby, creo que deberíamos cambiar la dirección de nuestra búsqueda.
Alec sacó su cuaderno y lo mostró. Los nombres y pistas de las personas con las que había preguntado hasta ahora estaban todos anotados.
—Hasta ahora, hemos estado preguntando y buscado principalmente a personas blancas. Phil también es blanco, y debe haberse relacionado con gente blanca. Por cierto, si Phil hubiera huido por su propia voluntad, y se hubiera ido al desierto, ¿a quién habría ayudado?
Los ojos de Robby se agudizaron.
—Debió de recibir ayuda de los lugareños. Si es un lugareño que conoce bien el desierto y lo conoce lo suficientemente bien como para guiarlo… —Robby murmuró —Debe ser bereber*.
N/T: Bereber: son las personas pertenecientes a un conjunto de etnias autóctonas de África del Norte, denominado Tamazgha.
Marruecos y el desierto del Sáhara estaban originalmente habitados por los bereberes. Esta tierra, que había construido su propia cultura durante muchos años, cambió cuando los árabes se trasladaron o invadieron el Norte de África, junto con la expansión del Islam. Las tierras fértiles de la costa del norte de África se convirtieron en árabes, y los bereberes fueron empujados a los desiertos y las montañas. Además, bajo el dominio árabe, los bereberes tuvieron que vivir como ciudadanos de segunda clase durante muchos años. Y lo mismo ocurría en las colonias francesas.
—Es muy probable que la gente a la que ayudó tu amigo sean los bereberes. A esta gente no le importa nadie y... Si hay gente que puede vivir en el desierto y además, si hay alguien que puede guiar a alguien al desierto, los únicos son los bereberes—afirmó Robby.
—Vamos a encontrarlo primero. ¿Hay algún bereber que pueda acercarse a Phil? He escuchado que has estado en la embajada, así que será mejor que busquemos entre la gente de su entorno.
Robby habló rápidamente y de repente miró a Alec.
—Los dos tenemos que tener cuidado ahora.
La voz de Robby era baja. Alec asintió. Robby le dio una palmadita en el hombro a Alec. Luego, cuando trató de quitar la mano, los dedos se deslizaron ligeramente unos cuantos centímetros y luego se apartó. La cara de Alec brilló de desconcierto, pero Robby se giró como si nada hubiera pasado.
—Bueno, pensemos en cómo vamos a sobrevivir hoy.
***
Hakeem levantó de repente la cabeza. El reloj estilo occidental de la pared señalaba las nueve de la noche antes de darse cuenta. El sol se pone rápidamente en Casablanca en invierno. El cielo azul, se había vuelto negro antes de darme cuenta. Hakeem se levantó para añadir aceite a las lámparas del vestíbulo del hotel. En ese momento, alguien entró en el hotel.
—Bienvenido...
Hakeem no pudo terminar su saludo, y con el rostro pálido miró el arma que tenía delante de él. El hombre del sombrero que había visto esta mañana le estaba apuntando con una pistola.
—Dame la llave de la habitación 205
Era un francés con un acento contundente. Hakeem entregó la llave sin dudar. El hombre del sombrero le arrebató la llave y subió rápidamente las escaleras.
La puerta se abrió con el sonido del pestillo. El hombre entró con la pistola en alto y silenciando sus pasos. La habitación estaba a oscuras, con las luces apagadas y las cortinas corridas. El hombre se acercó a la cama y retiró las mantas. El hombre tiró la manta, exhalando una maldición. Sobre la cama yacía una figura con forma humana que había sido hecha con ropa.
Alec saludó al casero, amigo de Hakeem, con una sonrisa incómoda. El casero, de grueso bigote, asintió en silencio.
—No está mal. De todos modos, aquí estará bien por el momento. Hakeem se encargará del resto.
Robby volvió a mirar a Alec y sonrió. Antes de que se diera cuenta, pronto se hizo de noche y la luz de la luna penetró tenuemente en la habitación. El pelo rubio y brillante de Robby también era azulado a la luz de la luna. Alec murmuró inconscientemente.
—Se parecen.
Robby ladeó la cabeza y le devolvió la pregunta.
—¿A quién?
—A Phil...a la persona que estamos buscando, mi amigo.
Robby frunció el ceño de forma ligeramente incomprensible y se encogió de hombros.
—Ya veo. ¿En qué nos parecemos?
Alec empezó a sentirse un poco incómodo ahora. Dudó en responder, apartando su mirada de la de Robby.
—No estoy diciendo que se parecen por completo… Bueno, no lo sé. Es sólo lo que he pensado de repente.
Alec pensó que no sabía de lo que estaba hablando. Nunca antes se había confundido con sus palabras. Alec se esforzó por ocultar su cara, ardiendo en vergüenza.
—El ambiente debe ser similar, ¿verdad?
Alec asintió apresuradamente a las palabras de Robby.
—Sí, creo que sí...
Robby no respondió más, pero una sonrisa desconocida se dibujó en sus labios. Alec apartó su mirada, que por alguna razón estaba completamente roja.
***
Como de costumbre, se despertó con el Adhan (el sonido que anuncia la hora de la oración) y se encontró con que el vestíbulo estaba vacío desde temprano. Evidentemente, todas las personas debían de ir a trabajar, así que Alec decidió dar un paseo solo, como de costumbre. En el mejor de los casos, se había acostumbrado al camino, pero luego tuvo que mudarse, por que tenía que aprender un nuevo camino. Pensó que sería mejor comprobar la geografía de los alrededores con antelación cuando tuviera tiempo, pare evitar perderse y ponerse nervioso.
El callejón estaba curiosamente tranquilo. “Quizá porque es temprano”, pensó Alec. En el interior de Medina, donde las casas y la muralla de tierra están unidas y dan vueltas sin parar, la punzante luz del sol de Marruecos flotaba sofocante. Alec se detuvo de repente mientras caminaba lentamente por los callejones, donde había alfombras de colores esparcidas. Aunque era una casa de ladrillo tradicional de Marruecos, había algo diferente en ella. Alec, que seguía observando la estructura de las columnas, las puertas y las ventanas, sacó apresuradamente su cuaderno.
—Es interesante. La decoración de la ventana combina los estilos islámico y español. Nunca había visto algo así en una casa.
Alec le dio la vuelta al cuaderno. Mientras buscaba a Phil, había muchas notas y dibujos sencillos de Marruecos que él había observado.
Mientras tomaba notas frenéticamente, oyó el eco de unos gritos procedentes de algún lugar. Alec levantó la vista de repente.
¡Bang! Se oyó un disparo. Al mismo tiempo, los gritos de la gente llegaban como una marea. El cuerpo de Alec se detuvo.
El cielo azul profundo, las casas de tierra blanca y bajas, las alfombras rojas y amarillas que ondeaban; y en medio de todo ello, un sonido terriblemente familiar se escuchaba. El sonido de los disparos volvió a sonar. ¡Bang bang bang! A juzgar por las múltiples detonaciones, parecía que se estaba produciendo un tiroteo. Escuchó un grito en árabe. El sonido se acercaba cada vez más. Todo esos sonidos, el miedo y la confusión golpearon a Alec con viejos recuerdos.
***
Las bombas estallaban y la gente moría. Cuando los alemanes dispararon, se agacharon en la fosa de tierra y cargaron sus armas de nuevo. Como un topo, solo su cabeza asomaba por encima del montón de tierra y Alec disparaba su arma contra la espesa niebla. Le habían dicho que el ejercito alemán, al que nunca se había enfrentado correctamente, estaban al acecho en esa niebla.
—Aquí vamos a morir todos.
Alec oyó al comandante del pelotón murmurar así. Incluso en medio del ruido de los disparos que sacudían los tímpanos, los gritos de sus compañeros resonaban con fuerza. Un compañero que disparaba con él cayó al suelo con un grito.
«Esa bala podría haberme atravesado la cabeza.»
Alec se sintió patético por pensar así aunque su colega muriera. Las lágrimas brotaron de la lástima que le producía que su colega hubiera muerto y él sobrevivido.
«¿Soy yo el afortunado por sobrevivir, o mi compañero que ha muerto es el afortunado por salir de aquí?»
***
—¡Cálmate!
Alguien agarró a Alec por el hombro y gritó. Alec murmuró todavía consternado.
—Robby...
La cara de Robby estaba frente a Alec. Pelo brillante del mismo color que la luz del sol y ojos grises brillantes. Alec volvió en sí por la fuerza de su fuerte agarre en el hombro.
—¿Aquí, cómo...?
—¡Eso no es lo importante ahora!
Robby agarró la mano de Alec y comenzó a arrastrarlo.
—Tenemos que huir, rápido.
Alec miró hacia atrás. Podía ver a la gente corriendo apresuradamente hacia la entrada del estrecho callejón. Entre ellos, algunos agitaban banderas o otros gritaban consignas en voz alta. También había gente con armas en las manos.
Robby volvió a agarrar a Alec.
—Si nos quedamos aquí, la gente blanca como nosotros morirá.
Volvió a oírse el sonido de los disparos. Desde la entrada del callejón, se veía una multitud enfurecida que gritaba, maldecía y blandía garrotes de forma amenazante. Los ojos de Alec se encontraron con uno de los hombres. En cuanto vio a Alec, le señaló con el dedo y gritó.
— فرنسي (¡Es francés!)
Robby jaló a Alec y gritó:
—¡Corre!
Los dos empezaron a correr juntos. Robby se dirigió a un callejón que se extendía como una tela de araña. Giraron a la derecha, giraron a la izquierda, bajaron las cortas escaleras y volvieron a seguir recto. La voz de la muchedumbre enfurecida seguía avanzando detrás de sus cuellos como cuchillos. Robby se detuvo un momento. Antes de que se dieran cuenta, se encontraban en medio de un camino que se dividía en tres partes. Alec miró hacia atrás.
En la entrada del callejón, podía ver una multitud. Es sólo cuestión de tiempo para que los descubran. Tan pronto como lo pensó, Alec se imaginó a la multitud apresurarse para encontrarlos y matarlos. Eso no era lo que quería. Robby lo agarró de nuevo y corrió por el camino de la izquierda. Robby miró de nuevo a Alec y gritó.
—¡Allí!
Había una puerta de tablas de madera flojamente atornillada justo al lado de ellos. Cuando Robby abrió la puerta, Alec miró hacia atrás y comprobó si había gente persiguiéndole.
La puerta se abrió fácilmente. El sonido de la gente se acercaba cada vez más. Los dos se apresuraron a abrir la puerta y entraron en ella. El interior era tan pequeño y estrecho que la palabra bodega era más apropiada que almacén. Una escoba se pegaba a sus pies y había un olor a humedad y a moho. Ambos no podían enderezar la espalda y sus cuerpos estaban casi tocándose. Al estar lo suficientemente cerca el uno del otro, los dos silenciaron sus voces mientras luchaban por controlar su respiración entrecortada.
Pronto se oyeron fuertes pasos y gritos. Al mismo tiempo, sonó otra ronda de disparos desde algún lugar. El sonido de la gente corriendo y el olor a suciedad entraron y salieron como una marea baja. Antes de darse cuenta, los dos estaban frente a frente, muy cerca del otro.
Hip. Un fuerte ruido salió de la garganta de Alec. Alec abrió mucho los ojos y se tapó la boca. Sin embargo, sus esfuerzos también fueron inútiles, y los hombros de Alec volvió a temblar, haciendo un fuerte ruido. Hip.
Puede que todavía haya gente en la calle. Si, por casualidad, queda al menos una persona y escucha esto... Los ojos de Alec y Robby se dirigieron nerviosamente hacia el exterior para después establecer un contacto visual. Los ojos grises oscuros de Robby estaban mezclados con manchas marrones, como si en ellos hubieran derramado pintura por error. Robby parpadeó con sus pestañas doradas y besó a Alec.
Los labios de Robby eran cálidos y húmedos. De repente, Alec pensó que era extraño que aún tuviera agua en los labios a pesar de haber corrido así. El hipo cesó como si hubiera sido una mentira. Alec miró a Robby mientras retiraba lentamente sus labios. Estaba sonriendo como siempre.
Después de un rato, de repente Robby siseó y le susurró a Alec.
—¿No crees que ahora está mejor?
Como dijo Robby, no hubo más disparos ni gente gritando. La calle, que se veía a través de las grietas de la puerta del almacén era tan silenciosa y tranquila como de costumbre.
—Lo sé. Creo que está bien.
Alec asintió.
—Alec, ¿cuándo fue la última vez que besaste?
Cuando Robby hizo una pregunta repentina, Alec abrió mucho los ojos por un momento y luego rodaron hacia un lado.
—…¿Hace tres años?
—Vaya—, dijo Robby con una breve exclamación. —Entonces, ¿puedo preguntarte cuándo fue la última vez que te acostaste con alguien?
Alec miró con rigidez a Robby. Robby seguía mirando fijamente a Alec. Alec intentó decir algo moviendo los labios, pero se detuvo. Robby susurró.
—¿Es tu amigo?
Alec guardó silencio por un momento. Sólo eso fue suficiente.
—Por cierto, ¿cómo me encontraste y me salvaste?
Preguntó Alec como si tuviera un flash en su mente. Robby se encogió de hombros.
—Tuve suerte. Iba de camino al mercado de la entrada de Medina para encontrarme con un amigo local. Iba a contactar con los lugareños de aquí, como dijiste. Pero, de alguna manera, el ambiente era extraño. A la entrada del mercado, hubo un enfrentamiento entre la gente que era activista por la independencia y la policía francesa. En cuanto lo vi, pensé que sería peligroso. Así fue el lío de la última vez. Así que empecé a huir antes de que la policía francesa abriera fuego. En un principio iba a volver al alojamiento donde te encontrabas…
Los ojos grises de Robby miraron juguetonamente a Alec.
—No esperaba que estuvieras tan aturdido en la calle. Ni siquiera tuve tiempo de pensar en nada. Solo corrí hacia ti, si no lo hacía, te hubieran matado enseguida.
—Gracias.
La voz de Alec era seria y grave. Robby se limitó a sonreír como siempre.
Los dos abrieron con cuidado la puerta del almacén y salieron. El sonido de la hora de la oración del mediodía impregnaba el aire de la ciudad. “Alá es sumamente grande. Juramos que no hay más Dios que Alá. Ven a adorar. Ven al rescate. Alá es sumamente grande. No hay más Dios que Alá...” Con la música de alabanza a Alá, los musulmanes que creen en un solo Dios, se inclinan hacia La Meca. De la misma manera, bajo el dominio de los franceses que creían en un solo Dios, los odiaban. Alec sacudió ligeramente la cabeza para eliminar esos pensamientos y comenzó a seguir a Robby de vuelta al alojamiento.
Cuando llegaron delante del alojamiento, Alec se despidió de Robby. Dijo que iba a volver a hacer negocios. Cuando Alec entró en su dormitorio, el amigo de Hakeem mostró una mirada de bienvenida a pesar de mantener un rostro contundente. Por alguna razón, Alec sonrió al verlo.
Alec le preguntó cómo estaba en francés, idioma que no se le daba bien. No respondió, pero miró a Alec con atención y desapareció de repente. Al cabo de un rato, apareció nuevamente, con un té de menta caliente en cada mano. Alec respondió: "Gracias", y bebió el té. El té de menta con mucha azúcar era refrescante y dulce. El amigo de Hakeem también bebió el té lentamente. Un silencio tranquilo en la mañana en el que todo parece una mentira. La mente de Alec se fue calmando poco a poco. Alec miró el paisaje a través de la ventana y la hermosa escena blanca de la ciudad durante mucho tiempo.
Era invierno en Marruecos. Aunque era invierno, no hacía nada de frío, y salvo algunas lluvias, hacía el mismo calor que en verano, pero la duración del del día era notablemente corta como en Europa. Después de las cuatro de la tarde, Alec se sintió un poco extraño mientras miraba el cielo, que empezó a oscurecerse.
Mañana tenía que encontrarse con Robby, pero teniendo en cuenta lo que había pasado hoy, no se sentía incomodo. No, hacía mucho tiempo que no besaba a alguien en primer lugar. Alec recordó su historia de amor, que había sido lo suficientemente sombría y desolada como para llamarla su ruina, después de que Phil se marchara. Alec nunca acudía a los bares o clubes donde suelen reunirse los homosexuales. Sin embargo, había un hombre que sabía lo que era Alec y se acercó a él primero. Pero el final fue un desastre. Alec sabía mejor que nadie por qué ocurrió y por qué no tuvo más remedio que decepcionar a esa persona.
Alec suspiró y se agarró la cabeza.
—Phil, ¿dónde diablos estás…?
«Arruinaste mi vida de esta manera, te fuiste en secreto, reapareciste y volviste a arruinar mi vida, ¿dónde diablos estás?»
Alec hizo acopio de toda su desesperación y solo rezó para que Phil pudiera escuchar esta voz. Aunque realmente no lo creía.
Llamaron a la puerta. Alec se giró y Robby abrió ligeramente la puerta y entró.
—Los disturbios de hoy se han calmado por completo. Por la mañana, parece que también hubo disturbios en otras zonas, pero…por la tarde, parece que todo ha sido reprimido.
A continuación, Robby colocó tres papeles arrancados sobre el escritorio frente a Alec.
—Hakeem conoce a alguien que trabaja en el consulado alemán. Para ser exactos, es un conocido de un conocido... De todos modos, Hakeem lo ha recibido hoy.
El papel era una lista de personas que trabajan en el consulado. Había lugares que mostraban el rastro donde alguien añadió y borró con un bolígrafo.
—Incluso en el consulado alemán, todos los que hacen las tareas son árabes. No hay muchos bereberes.
Robby comenzó a explicar, señalando con el dedo uno por uno.
—Aquí, las personas marcadas con un círculo son los bereberes.
En la lista habían tres círculos.
—¿Hakeem hizo toda esta investigación?
Preguntó Alec con incredulidad. Robby sonrió.
—¿No lo sabías? Hakeem parece estar durmiendo todo el tiempo, pero puede ser la persona más competente del mundo si lo decide.
También fue Hakeem quien los llevó a este lugar. Alec no hizo más preguntas y esperó a que Robby retomara su explicación.
—Una es la encargada de la lavandería, otra es una chica que hace recados, y la otra persona es el conserje que vacía la basura.
El dedo de Robby, que recorría la lista uno a uno, se detuvo sobre el nombre de la conserje.
—Este es un país islámico. Por mucho que sea una conserje, si hablo con un hombre de forma imprudente, seguramente no les guste. Si es así....
—Es el único.
—Bien. Veamos primero a esta persona.
El conserje se llamaba Badr Hadji.
—Entonces tendré que pensar en cómo voy a conocerlo.
—Tenemos que ir al consulado alemán…o nos atraparán.
Contestó Alec y luego frunció el ceño como si se hubiera dado cuenta.
—Si seguimos así, solo vamos a poner nuestro cuello en la boca de un león… Qué ridículo…
Robby y Alec fruncieron el ceño y se pusieron a pensar profundamente.
La luz del sol en Marruecos era tan deslumbrante e intensa como siempre. Aunque la luz del sol era fuerte, la sombra era oscura, así que era perfecta para esconderse. Escondidos en la sombra azul del callejón, Robby y Alec observaron a Hakeem de pie, a lo lejos, frente al consulado alemán. Hakeem estaba charlando y compartiendo cigarrillos con los guardias que estaban frente al consulado alemán.
El callejón era tan estrecho y pequeño que apenas entraban dos hombres adultos. Alec y Robby tuvieron que permanecer de pie con los hombros y los brazos muy juntos. A través de la tela que se tocaba, podían sentir claramente la temperatura corporal del otro y su respiración. Pero esto debería estar bien. Alec sufrió aún más en la guerra. Sin embargo...lo extrañamente incómodo es probablemente por lo que pasó ayer. Alec miró el cabello rubio de Robby que estaba frente a él. El cabello rubio de Robby siempre estaba rizado cerca de la parte superior de su cabeza.
—¿De qué demonios están hablando?
Cuando Alec se quejó en voz baja, Robby respondió en un susurro:
—No es gran cosa. Es sólo una charla casual. El hijo de alguien se hirió, la hija de alguien se casó...
—…¿Cuándo se volvieron tan cercanos? Creí que Hakeem y esa gente se habían reunido por primera vez hoy.
—Esperemos un poco más.
Robby susurró y tomó ligeramente la mano de Alec como si quisiera calmarlo. Los ojos de Alec se agrandaron por un momento. Bajó la mirada hacia la mano de Robby que sostenía su mano. La temperatura corporal caliente se enredó en las yemas de sus dedos. Alec retiró la mano con cuidado. La mano de Robby cayó como si no hubiera arrepentimiento desde el principio.
Mientras los guardias tomaban y fumaban su segundo cigarrillo, Robby murmuró:
—Shh, ahora comienza la verdadera charla.
Los guardias de seguridad se miraron entre sí cuando Hakeem preguntó sobre el tema de interés. Pronto empezaron a responder, mezclando gestos con las manos y los pies. Hakeem asintió un rato y luego dijo algo. Hakeem tardó unos 10 minutos más para que se retirara de la conversación. Hakeem se dio la vuelta deliberadamente y entró al final del callejón. Mirando a Alec y Robby que lo miraban como si estuvieran esperando, Hakeem dijo en voz baja.
—Esa persona, Badr Hadji ha renunciado. Hace unos días, renunció de repente sin decirle a nadie. No hablaba y nadie se acercaba a él porque era bereber, además que no tenía amigos cercanos. Así que nadie se preguntó por el motivo de su renuncia.
—¿Sabes dónde vive?
Preguntó Robby con urgencia.
—No tenía amigos, así que no conozco los detalles, pero uno de los guardias lo recordaba vagamente. Al parecer, escuchó que vive en un barrio costero donde se puede ver un faro…
El rostro de Alec palideció. Creía saber dónde se encontraba. Hakeem y Robby comenzaron a hablar rápidamente sin ver la cara de Alec en absoluto.
—¿Es cerca del norte?
—No creo que haya barrios bajos cerca de allí.
—Oh, no. Hay una barrios bajos alrededor de Gautier…
—Creo que sé dónde está.
Ante las palabras de Alec, Robby y Hakeem miraron a Alec al mismo tiempo. Alec repitió lentamente.
—Creo que sé dónde está.
***
La luz del sol brillaba aún más en la ladera de la colina bordeada de casas blancas. Las paredes de piedra caliza blanca reflejaban la luz y brillaban como si quisieran atravesar los ojos. Alec y Robby llevaban ya dos horas caminando. Para preguntar dónde vive Badr Hadji. Sin embargo, la gente miraba a los occidentales no identificados con ojos sospechosos o decía repetidamente que no lo sabían con una mirada temerosa. Alec recordó al anciano que seguía sentado en la colina. ¿Lo sabría si le preguntara al anciano? Pero pronto negó con la cabeza. Probablemente él tampoco lo sepa. Si lo supiera, se lo habría dicho antes. Mientras llamaba a la undécima casa, Robby dijo:
—Si esta casa no tiene ninguna información, es mejor dejarlo aquí.
Alec estuvo de acuerdo, secándose el sudor de la frente. Cuando llamó a la puerta marrón de la casa blanca de dos pisos, salió una anciana con un chador* azul. Robby preguntó con una ligera y amable sonrisa en su rostro.
N/T: Chador: es una prenda de calle femenina típicamente iraní, consistente en una simple pieza de tela semicircular abierta por delante que se coloca sobre la cabeza, cubriendo todo el cuerpo salvo la cara.
—Hola. Hemos venido a ver al señor Badr Hadji, pero he olvidado su dirección. ¿Por casualidad Badr Hadji vive aquí?
Los ojos marrones de la mujer se agrandaron y empezó a sacudir la cabeza salvajemente.
—¡Esa persona se ha ido!
Robby y Alec se miraron. Como si gritara que no tenía nada más que decir, la mujer trató de cerrar la puerta y Robby lo impidió. A través de la rendija de la puerta, pudo ver los ojos asustados de la mujer.
—Señora, no estamos aquí para hacer daño al señor Badr. Sólo estamos aquí para hablar.
—¡Bueno, no sé! Era sólo un inquilino, ¡no lo sé!
La mujer trató de cerrar la puerta, diciéndolo obstinadamente. Robby intentó decir algo más, pero la mujer sólo repitió lo mismo. Finalmente, Robby se apartó de la puerta. ¡Bang! La mujer cerró la puerta.
—No tiene talento para mentir.
Robby hizo un breve comentario. Alec miró a Robby y dijo.
—Estoy seguro de que vivía allí de todos modos. Pero, ¿qué hacemos ahora?
Entonces Robby señaló con la mano la ventana de madera de la casa. —Es sencillo—, Alec frunció el ceño. —No me digas…— Robby sonrió.
—Está bien si no nos atrapan.
En el apartado callejón, un tubo de desagüe blanco se alargaba verticalmente entre las paredes de la casa. Alec se agarró al desagüe, pero resbaló y se arrancó feamente.
—¡Ah!
El dolor pélvico porque había caído sobre su trasero llegó, pero no podía levantar la cabeza por la vergüenza. Mientras Alec se frotaba el cuerpo con la cara roja, Robby sacudió la cabeza y agarró el tubo de desagüe como si quisiera hacer una demostración. Su agarre de la mano fue firme, y su pie se apoyó contra la pared. Cuando el cuerpo de Robby se levantó, su mano agarró la parte inferior del balcón que sobresalía de la pared. Poco después, la otra mano también agarró la parte inferior del balcón. De nuevo, su pie se apoyó a la pared y dio una patada. Fue tan rápido como una acrobacia. Mientras Alec miraba con la boca abierta, Robby ya había subido a lo alto de una casa baja de dos pisos.
—¿Puedes subir aquí?
Alec negó con la cabeza con una expresión de disgusto ante las palabras de Robby. Robby se encogió de hombros y dijo.
—Entonces, ¿voy a entrar solo?
Alec se detuvo ante el comentario. Miró la pared por la que había subido Robby hace un momento, y luego bajó la mirada hacia su mano.
—Sí, si tú pudiste hacerlo, yo también puedo.
Alec volvió a agarrarse al desagüe. Siempre le dolía el brazo izquierdo cuando era necesario, pero quizá pueda hacerlo. Nunca trepó a un árbol cuando era joven, pero quizá pueda hacerlo… Alec murmuró una promesa cercana a la oración en su interior, se agarró al tubo de desagüe y apoyó un pie en la pared, como hizo Robby. Al mismo tiempo, intentó balancear su brazo derecho y agarrar la parte inferior del balcón, pero no podía alcanzarla. El corazón de Alec se hundió. Al mismo tiempo, sin darse cuenta, estiró el brazo hacia adelante. Entonces, algo duro tocó la punta de los dedos. Alec agarró casi instintivamente lo que su mano tocaba. Al mismo tiempo que daba fuerza, le dolió el brazo izquierdo. El agarre de Alec se debilitó por un momento. Alec se agarró desesperadamente a la pared con el otro brazo.
—Ha, ha...
Alec miró hacia abajo, respirando con dificultad. Tenía los pies colgando en el aire. Pero después de eso, fue fácil. Le costó subir a la parte que sobresalía del balcón, pero pudo hacerlo. Alec por fin subió, casi empapado en sudor, y Robby sonrió al verlo.
La puerta que bajaba del tejado a la casa estaba, por supuesto, firmemente cerrada. Pero Robby la manipuló un poco y abrió la cerradura, sin saber cómo. Robby se encogió de hombros cuando Alec lo miró con desconfianza.
—Son sólo algunos trucos que he aprendido en mi vida.
Alec volvió a mirar con desconfianza la espalda de Robby, pero pronto no tuvo más remedio que seguirle al interior.
El segundo piso era pequeño y rústico, pero ordenado. Se notaba que las alfombras que usaban los musulmanes para hacer la reverencia estaban bien organizadas y colocadas al lado. Mientras Alec miraba a su alrededor, Robby se acercaba al escritorio y abría el cajón.
—¿Qué estás haciendo?
Cuando Alec se horrorizó, Robby se encogió de hombros con naturalidad.
—¿No es esto por lo que has venido?
—Pero es…
—Eso no es lo importante ahora.
Robby comenzó entonces a rebuscar en el cajón. Pronto suspiró, y sacó algo del cajón.
—Esto es un mapa. Tal vez el lugar donde se encuentra tu amigo esté marcado.
Entonces Robby abrió el mapa. Alec se acercó y miró al mapa. El vasto desierto del Sahara se extendía en el mapa. Al mismo tiempo, las carreteras de colores, los oasis, los nombres de las ciudades... Entonces la mano de Robby señaló el centro del mapa. Había trazos de dibujo a lápiz en el mapa y luego lo habían borrado apresuradamente.
—Esto es....
—Alto ahí.
Una voz extraña. Los cuerpos de Robby y Alec se endurecieron al mismo tiempo. La fría sensación de que el corazón se detenía y la sangre se enfriaba llegó. Alec miró hacia atrás lentamente, muy lentamente. Un joven de rostro oscuro con turbante les apuntaba con un cuchillo. Alec murmuró un nombre que le vino a la mente.
—...¿Señor Badr Hadji?
Badr ignoró las palabras de Alec. Seguía mirándolos fijamente con un cuchillo que brillaba. Su agarre, temblaba con nerviosismo.
—Chicos, creo que están aquí para buscar algo importante… No tengo otra opción.
Al mismo tiempo que Badr hablaba con dureza, la luz brilló en la punta del cuchillo. Robby tragó saliva. Comenzó a hablar en árabe con las dos manos levantadas.
—Señor Badr, no estamos aquí para hacerle daño. Sólo quiero saber algo sobre este allanamiento no autorizado, y nada menos.
—No mientas—, gritó Badr. —¿Quién no sabe que husmeas y andas por ahí?
Robby volvió a hablar, tratando de calmarlo.
—Señor Badr, nosotros...
—No somos alemanes. Soy británico.
Era un francés pobre. Badr miró a Alec sorprendido por el poco fluido francés que era difícil de escuchar aquí.
—Estoy aquí para encontrar a mi amigo Phil Meyer. Seguramente usó otro nombre aquí. Era Frederick Klose, tal vez ese sea el nombre. Vino aquí alrededor de agosto del año pasado y desapareció en febrero.
La mano de Badr dejó de temblar lentamente. La respiración entrecortada fue disminuyendo poco a poco. Alec miró a los ojos de Badr y le preguntó como para confirmar lo que ya sabía.
—Lo conoces, ¿verdad?
Badr alternó entre Alec y Robby y bajó lentamente el cuchillo. Se oyó a Robby suspirar de alivio. Ahora era el turno de Robby de hablar. Bajó las manos y se acercó a Badr.
—¿Hablamos?
***
Frederick llegó con el viento del sur. Dijo que llegó a Casablanca, o Dar Elbeida en árabe, siguiendo el viento que cruzaba el mar desde la Península Ibérica al continente africano. Frederick fumaba a menudo en el patio trasero. Badr iba al consulado alemán tres veces por semana para vaciar la basura, y cada vez se encontraba con Frederick.
Cuando Frederick le saludó con una brillante sonrisa el primer día, Badr se sintió bastante avergonzado. Hace más de tres años que no lo hacía, pero nunca había visto a un blanco que se mostrara tan amable con él. Los blancos no solían preocuparse por su existencia. Al principio, giraba la cabeza sorprendido y lo ignoraba. Sin embargo, en cada segundo, tercero o posterior encuentro, siempre lo saludaba amistosamente. Con una sonrisa con hoyuelos en la mejilla, siempre.
En algún momento, Bard también empezó a responder a los saludos. Frederick podía hablar algo de árabe. Parecía hablar mucho mejor en francés, pero Badr no sabía francés. Apenas lo entendía. Frederick era siempre torpe, pero también hablaba en árabe. Frederick no parecía saber que era bereber. De hecho, a los ojos de los blancos, los árabes o los bereberes parecían iguales.
Unos días después del saludo casual, Frederick le ofreció a Badr un cigarrillo, pero éste negó con la cabeza. El padre de Badr solía fumar narguile, pero Badr odiaba el olor y el sabor de los cigarrillos. La siguiente vez, Frederick le dijo: "¿Te gustaría tomar el café que tengo en la mano en lugar de cigarrillos?". Olía y sabía muy diferente al café marroquí, pero se podía beber.
Frederick tenía una personalidad alegre y jovial. Hablaba a menudo con Badr, y éste no odiaba hablar con él. No, de hecho, le gustaba bastante. Frederick se enteró de que Bard era de una tribu del desierto, y Bard se enteró de que Frederick no tenía familia.
Fue alrededor de diciembre cuando Frederick le pidió ayuda.
—Badr, si alguien desaparece en el desierto, ¿puedes encontrarlo de nuevo?
Preguntó Frederick de improviso.
—Bueno, es difícil. El desierto es demasiado amplio… Y normalmente, si desapareces en el desierto, se suele pensar que estás muerto.
—¿Algún conocido tuyo ha desaparecido del desierto?
—Oh, sí. Una vez, hace mucho tiempo, el tío Wu iba en camello hacia Argel y fue arrastrado por una tormenta de arena... Todos dijeron que estaba muerto. Si te arrastra una tormenta de arena en el desierto, renuncian a buscar un cadáver. Así que acabamos teniendo un funeral sin ataúd.
Ante las palabras de Badr, Frederick pensó en algo por un momento y le dijo a Badr.
—Badr, ¿puedes hacerme un favor?
—¿Cuál?
—Se trata de desaparecer.
Badr parpadeó lentamente por un momento, preguntándose si había escuchado mal. Pero una vez más, Frederick repitió con firmeza.
—Voy a desaparecer de aquí. Y Badr, necesito tu ayuda.
Los ojos azules de Frederick se volvieron hacia Badr. Badr asintió lentamente.
El primo de Badr, Medhi, venía a la ciudad desde el desierto cada tres meses. Vende especialidades como la sal de roca del desierto, la leche de cabra y la lana, y compra los artículos necesarios con el dinero y los devuelven a la tribu. El pueblo de la tribu pertenece a Argelia geográficamente, pero está cerca de Marruecos, y últimamente se dice que Marruecos es mejor para vender productos porque Argelia es muy terrible.
Gracias a eso, Badr sugirió que podía irse con Medhi porque visitaba a menudo Casablanca. Pero Frederick dijo que eso no era suficiente.
—No se trata solo de desaparecer, Badr. La gente tiene que pensar que estoy muerto. Así, no me buscarán más.
La oportunidad llegó antes de lo que pensaba.
Ha habido señales de conflicto desde entonces. Francia forzó la disolución de un partido que no le era favorable y finalmente depuso al sultán que llevaba mucho tiempo en el poder. En el mercado, en los callejones, la gente decía en secreto que el "pueblo árabe" debía permanecer unido. Por supuesto, Badr fue excluido por ser bereber.
Como suelen ocurrir en los acontecimientos históricos, nadie sabía el punto de partida exacto. Sin embargo, sólo recordaba que en algún momento la gente empezó a reunirse, y en algún momento la gente empezó a rebelarse contra la represión de la policía francesa. Y en algún momento, empezó a volverse más feroz. Frederick no perdió el tiempo.
—Medhi llegó casi enseguida… Así que era enero cuando llegó a Casablanca. Medhi iba a pasar por Frederick en diciembre y volver al desierto, pero le pedí que viniera un poco antes. Medhi llevaba cinco o seis camellos con mucho equipaje. Esas eran las cosas para los aldeanos. De todos modos, Frederick eligió salir cuando los disturbios estaban en su peor momento. Y se encontró con Medhi. Él tiró su ropa rota en un callejón y escondió a Frederick en el equipaje que llevaba uno de los camellos. Y Medhi llevó a los camellos de vuelta al desierto.
—¿A qué parte del desierto fue?
Preguntó Alec. Badr respondió tras un momento de duda.
—A la frontera Argelia. Mi tribu vive cerca de allí.
En ese momento, Robby abrió el mapa que había sacado del cajón frente a Badr. Los ojos de Badr dieron vueltas alrededor del mapa durante mucho tiempo y finalmente se detuvieron. Su dedo señaló un punto del mapa.
—Aquí.
—¿Figuig?
Alec leyó lentamente el nombre del mapa.
—Figuig es una pequeña ciudad oasis aquí en el desierto.
Robby respondió rápidamente. Alec y Robby miraron un pequeño punto en el mapa sin decir una palabra por un momento. En ese pequeño punto estaba Phil. ¿Por qué Phil tuvo que huir allí? Una pregunta le vino a la mente, pero Alec pronto la descartó. Tenía que encontrarlo y preguntarle. Entonces Robby levantó la cabeza.
—¿Por qué es tan cauteloso? El casero también parece ser muy cauteloso, ¿qué pasó? ¿Por qué dejó de limpiar?
Badr puso los ojos en blanco por un momento. Parecía estar pensando hasta donde podía contarle a Robby. Pero poco después de que sus pensamientos llevaran un rato, empezó a responder con una actitud que decía que no tenía más remedio que decir todo.
—Eso es porque parece sospechoso. Llevo unas semanas escuchando el nombre de Frederick en la embajada. Y la última vez… Una persona extraña incluso me siguió.
Los ojos de Robby se agudizaron ante la confesión de Badr.
—¿No era un hombre blanco con la barbilla ancha y un sombrero? ¿Es bastante alto?
—No sé lo del sombrero, pero la barbilla parecía especialmente ancha. Era bastante grande y alto. Puede que sea sólo un malentendido, pero dejé mi trabajo porque no me sentía seguro andar por el barrio cada vez que iba a trabajar, y además, tengo el trabajo de Frederick. Y se lo dije al propietario por su venía alguien y…
—Por eso apareciste con un cuchillo.
Murmuró Alec. Badr asintió sombríamente. Robby apoyó la barbilla en la mano como si estuviera contemplando por un momento.
—Si es así… El hombre puede que se haya dado cuenta que hemos tenido contacto contigo. Tal vez aún esté observando.
Entonces Robby señaló la ventana. La ventana en forma de balcón que sobresalía al exterior estaba cerrada con cortinas y persianas. Pero Robby lo miró con recelo, como si la ventana se hubiera abierto de par en par.
—Tal vez estén vigilando desde la casa de enfrente. Tal vez estamos vivos no porque estemos en guardia y estemos huyendo, sino solo para ver si lo encontramos o no.
Robby recogió el cuchillo que Badr había dejado en el suelo. Era un cuchillo de caza bastante grande para que una persona normal lo lleve. Robby agarró el cuchillo con ligereza y luego lo balanceó ligeramente en el aire. La luz del frío metal brilló inquietantemente dentro de la oscura habitación. Robby sacudió ligeramente la cabeza y le entregó el cuchillo a Badr.
—Esto no es suficiente. Consigue un arma y huye ahora mismo. El propietario no tiene talento para mentir. Escóndete en casa de un amigo o en cualquier lugar que nadie conozca. Abandona la ciudad por completo.
Badr tomó el cuchillo con la boca ligeramente abierta. Robby se volvió hacia Alec. Unos ojos brillantes, ligeramente manchados de marrón, se volvieron hacia Alec.
—Tampoco tenemos tiempo para seguir investigando.
Robby y Alec se apresuraron a salir de la casa de Badr. Robby caminó rápidamente con sus largas piernas. Alec se apresuró a seguir a Robby.
—El desierto, está en el desierto...
Robby murmuró.
—Si vamos a ir al desierto, hay mucho que preparar. No sólo agua, sino neumáticos, cuerdas y tiendas de campaña... De todos modos, tenemos que salir de aquí lo antes posible. No tenemos más tiempo.
Dijo Robby sin mirar atrás.
—Iré a buscar las cosas que necesitaremos. Tú también prepárate. Tenemos que irnos esta tarde.
Alec asintió.
Alec tendió la mano al amigo de Hakeem, diciendo: "Gracias hasta ahora". Miró a Alec con cara de pocos amigos y le tendió la mano. Una mano áspera y cálida casi envolvió la de Alec. Miró a los ojos de Alec.
—Cuídate.
Alec se imaginó que le había dicho: “¿Es verdad que te vas al desierto?” Al mismo tiempo, asintió con la cabeza, dando las gracias como una respuesta ceremonial. Pero el amigo de Hakeem repitió. Como para que lo escuchara bien o para advertirle, hablaba en inglés un poco pobre pero entendible.
—Tengan cuidado con esa persona.
Alec abrió mucho los ojos. Preguntó sin darse cuenta.
—Por casualidad, ¿te refieres al alemán que lleva ese sombrero…?
—El sombrero, no. Pero alemán, sí.
Sus palabras consistían sólo en palabras cortas. Si la persona es un alemán, Alec solamente conoce a ese tipo del sombrero que lo perseguía… ¿Había alguien más? Mientras Alec lo pensaba, el amigo de Hakeem le tendió a Alec un paquete un poco más grande que la palma de su mano.
—Necesitarás esto.
Alec abrió el paquete con una mirada de desconcierto. Por un momento, la expresión de Alec cambió. Miró al amigo de Hakeem durante mucho tiempo y luego dijo.
—Gracias.
Robby dijo que vendría a las seis de la tarde. Alec miró su reloj en la muñeca. Ya era la hora de que estuviera aquí. Alec abrió la puerta con cuidado y salió a la entrada del callejón por donde podía entrar el coche. Su mirada recorrió los alrededores. Antes de darse cuenta, el sol ya se había puesto y la oscuridad se cernía sobre el callejón donde no había nadie. Una pequeña luz brillaba en la oscuridad. Alec apretó con fuerza la maleta. Intentó girar la cabeza hacia delante como si no hubiera visto nada. Su corazón empezó a latir rápidamente. Alec metió la mano en el bolsillo de su abrigo y dio unos pasos atrás.
Algo se movía en la oscuridad. Aunque el sonido de los pasos habían sido silenciados, no pudo borrar su presencia. Alec dio la vuelta rápidamente. El hombre se detuvo. Estaba todo oscuro y el hombre llevaba un sombrero, pero la línea ancha de su barbilla era claramente reconocible.
—…No esperaba una pistola.
Era un acento contundente, pero un inglés fluido. Alec sostenía una pistola un poco más grande que la palma de su mano. Respondió con el arma apuntando al hombre.
—Sí, parece un juguete, pero por ahora es una pistola. Así que…levanta las manos.
El hombre levantó suavemente las manos.
—Lo haré.
—Y tira tus armas.
Ante las palabras de Alec, el hombre chasqueó brevemente la lengua y llevó lentamente la mano a sus brazos. Luego levantó la pistola para mostrársela a Alec y la dejó caer al suelo. El hombre miró fijamente a Alec.
—No tienes que ser tan molesto.
—Creo que eso es lo que tengo que decir—, respondió Alec. —Dime, ¿por qué me sigues?
El hombre resopló ante la pregunta de Alec.
—Ja, ¿has estado por todas partes y me preguntas eso? ¿Por qué no preguntas por qué los leones comen carne?
El hombre estaba relajado a pesar de que la pistola le apuntaba al frente. Alec volvió a preguntar.
—Entonces, ¿es por nosotros?
—Has estado curioseando como si estuvieras haciendo una publicidad, ¿no? ¿Y cómo no te das cuenta cuando estás con un tipo así?
—¿Un tipo así?
Preguntó Alec confundido.
—No me digas, te refieres a Robby…
Entonces el hombre se agachó rápidamente. La mano de Alec apretó el gatillo.
¡Bang!
Sonó un fuerte disparo. Pero la bala no pudo darle al hombre. Rápidamente tomó la pistola que tenía a sus pies y apuntó a Alec. Se rió.
—Te tiemblan las manos.
Como dijo el hombre, la mano izquierda de Alec temblaba lo suficiente como para que se notara en la oscuridad. Alec se mordió el labio.
«¡Maldita sea, en momentos como éste...!»
El hombre parecía no estar dispuesto a mantener la confrontación. Dio un paso adelante. Alec apretó el revólver con manos temblorosas.
El hombre dio otro paso. Al mismo tiempo, Alec dio un paso atrás. En la sombra proyectada sobre el rostro del hombre, sus ojos brillaban. La pistola de Alec siguió temblando débilmente hacia arriba y hacia abajo. Pero el arma del hombre apuntaba firme y decididamente a Alec.
Un sonido familiar se oyó en la oscuridad. Era el sonido del motor de un coche. El semblante del hombre cambió. Alec dio un paso atrás, sin dejar de mirar el arma del hombre.
En ese momento, un jeep salió de la oscuridad. El hombre se dio la vuelta. Un viejo jeep conocido se acercó corriendo con un fuerte ruido. Cuando el hombre disparó contra el coche, unas pequeñas chispas atravesaron la carrocería. El jeep se precipitó hacia el hombre, sin tener en cuenta los obstáculos. El hombre acabó soltando una maldición y se apresuró a esquivar el coche. El jeep corría ahora hacia Alec. Alec agarró la maleta.
«¡¡Asombroso, Robby!!»
Se escucharon lo sonidos de los neumáticos que se desgarraron y el jeep giró bruscamente hasta detenerse de golpe. La puerta del jeep se abrió con fuerza.
—¡Apúrate y sube!
Gritó Robby. Alec subió de un salto. El hombre se puso de pie mientras se tambaleaba.
—¡Tenemos que huir!
Cuando Alec gritó, Robby también respondió con un grito.
—¡Lo sé!
Al girar bruscamente el volante, el jeep se balanceó y giró a la izquierda.
El hombre empezó a disparar. La bala persiguió tenazmente la parte trasera del jeep. Pero el coche no se detuvo. Condujeron bruscamente por callejones estrechos y llenos de baches. El coche rebotaba por los baches de la carretera, y los cubos de basura eran golpeados por el coche y salían volando.
—¿De dónde has sacado la pistola?
Preguntó Robby.
—¡El amigo de Hakeem! ¿Pero eso es importante ahora?
—¡Es importante! ¿Por qué estás sosteniendo una cosa tan peligrosa?
—¡Ni siquiera lo sabes! Si no tuviera un arma, estaría muerto.
Alec miró hacia atrás, gritando también. El hombre iba ahora en una moto y los perseguía. Las alfombras de colores esparcidas a lo largo del camino se balanceaban como olas al viento de una motocicleta que navegaba por el callejón. Una de ellas llegó a volar lejos, se pegó a la ventanilla del jeep por un momento y corrió por el viento. Alec gritó a Robby.
—¡Ha montado una moto!
Robbiy dijo: "Maldita sea", y siguió maldiciendo.
—¡Entonces no hay opción! ¡Sujétate bien por ahora!
—¡¿Qué?!
—¡Sujétate a cualquier cosa!
Robby frenó de golpe. El coche se tambaleó hacia delante y flotó sobre las escaleras. Alec dejó de respirar por un momento. Robby seguía mirando hacia adelante con un firme agarre en el volante. Alec gritó:
—Estás loco…
¡¡¡Pum!!! El coche aterrizó. Al mismo tiempo, ambos sintieron el choque de sacudir todo el cuerpo. Pero Robby no se detuvo. El coche comenzó a correr como si nunca hubiera ocurrido nada. Alec miró hacia atrás. La figura de la motocicleta se detuvo al final de la escalera del piso del edificio, donde habían saltado antes. La visión del hombre que gritaba se desvaneció rápidamente de la vista.
Tardaron menos de 30 minutos en salir de la ciudad por lo rápido que fue. Alec se aferró a su asiento mientras el coche seguía traqueteando por la calle.
—¡Creo que ya estamos fuera de peligro, Robby!
Alec jadeó y le dijo a Robby.
«Casi me muerdo la lengua mientras el coche temblaba.»
Robby miró entonces a Alec.
—Ese hombre de hace un momento, era alemán, ¿no?
A lo que Robby preguntó, Alec respondió: —Creo que sí.
El coche comenzó a correr a un ritmo significativamente más lento que antes.
—Creo que está detrás de ti. Así que...el bereber tampoco estaba a salvo. ¿También lo estaba vigilando?
—Su nombre es Badr.
Dijo Alec con firmeza. Robby miró a Alec un momento y luego volvió la cabeza.
—Si lo hubieran atrapado, entonces le sacarían información hacia donde vamos. Tenemos que huir tan rápido como podamos. Aunque sea hacia el desierto.
Alec abrió el cajón del interior del coche y sacó el mapa. La ruta que debían seguir estaba marcada con lápices rojos.
—Acabamos de salir de Casablanca...
—Todavía hay un largo camino por recorrer.
Como dijo Robby, sólo estaban empezando. El camino dibujado con lápices rojos cruzaba el desierto amarillo del Sahara y se detenía en el centro. Alec miró durante mucho tiempo la recta roja que se extendía sobre el amarillo. Esta línea recta roja era el camino que debían seguir.
El desierto no es sólo arena. En el desierto no sólo hay lugares donde las dunas de arena cambian de forma cada minuto. En algunos desiertos, hay lugares donde la tierra roja yace desnuda, y los escarpados acantilados de roca reflejan la luz del sol a lo largo del suelo. La topografía del desierto es tan diversa como su amplitud, por lo que quien quiera viajar al desierto debe acostumbrarse a todo ello.
Sin embargo, la razón por la que todo el terreno se llama desierto es sencilla. Porque no hay agua.
Alec bebió suficiente agua para apenas humedecer los labios por un momento. No, sería más exacto decir que “bebió unas cuantas gotas”. Volvió a ponerse el sombrero y le entregó a Robby una botella de agua. Aunque llevaba sombrero, la luz del sol en el desierto le atravesaba los ojos sin piedad.
—Ponte las gafas de sol.
Le dijo Robby a Alec. Nada más entrar en la zona desértica, sacó las gafas de sol y se las puso.
«Todavía estoy bien.»
Alec se ajustó el sombrero. No le gustaban las gafas de sol. Las gafas de sol cubren toda la vista de negro, impidiendo ver bien el paisaje.
El páramo continuaba interminable. El horizonte se extendía más allá de donde alcanzaba la vista. Matorrales polvorientos brotaban sobre la tierra roja. El tenue polvo se hinchaba a lo largo de la trayectoria del coche y luego se reducía lentamente.
Además, sólo la luz del sol llena el espacio vacío entre el cielo y la tierra, y la luz del sol intensa deja ciego a cualquiera.
En Inglaterra sólo había dos tipos de luz solar. La luz solar suave y brillante del verano, y la luz solar tenue y pálida del invierno. Era la primera vez que una luz solar tan violenta ocupaba todo el espacio bajo el cielo y hacía que cualquier criatura viva se asfixiara teniendo que recurrir a colocarse bajo la sombra.
El coche se detuvo con un estruendo. Pudieron sentir que el coche se inclinaba hacia un lado. Robby chasqueó la lengua.
—Parece que un neumático ha vuelto a explotar.
Alec salió del coche y abrió el maletero. Los neumáticos extra que Robby había traído estaban apilados en el maletero.
Ya habían pasado más de cuatro días desde que salieron. Y era la segunda vez que un neumático reventaba. En el desierto, los neumáticos suelen estallar a causa del calor. Alec cargó el neumático con un gemido. Robby agarró una herramienta y se metió debajo del coche. Alec le habló, mirando la parte inferior de Robby que sobresalía por debajo del coche.
—¿Qué te parece, cuánto tiempo tardará? —, preguntó Alec, y Robby respondió bajo el coche.
—No tardará mucho. Unas...¿tres horas?
—Si ese es el caso, será mejor que acampemos aquí. El sol se pondrá para entonces.
—¿De verdad? No hay otra opción. ¿Puedes pasarme la llave inglesa?
Alec le entregó la llave inglesa y miró el cielo.
Sobre el vasto páramo, el cielo sombrío, y un sol punzante les miraba fijamente. Ardiendo con infinita hostilidad, como si fuera a devorarlos en cualquier momento. Alec sabía que era una ilusión. El sol no brilla por sí mismo. Sólo orbita lentamente con infinita indiferencia. Y, sin embargo, la razón por la que se sentía así, era porque hacía demasiado calor.
Durante cuatro días corrieron hacia el desierto. Los dos primeros días pasaron en su mayoría por caminos rurales. Los cactus planos estaban plantados en cada límite del campo cuadrado. “En Marruecos se cultiva mucho trigo por la buena luz del sol”, dijo Robby al pasar. Los burros y las vacas también rondaban por los alrededores. En particular, el burro miraba fijamente a la parte trasera del coche mientras pastaban.
En algún momento, el color a su alrededor empezó a cambiar poco a poco. A medida que se acercaban a Argelia pasando por varias ciudades, había cada vez más polvo. En algún momento no había rastro de ningún ser humano. Era sólo el viento ocasional que soplaba en la tierra desolada. Al mismo tiempo, les llegaba el calor sofocante. Estaban en el desierto.
—¿Podemos llegar a la frontera mañana?
Preguntó Alec a Robby, entregándole frutos secos y galletas. Robby respondió, mordiendo la galleta.
—Así es. No habrá ningún problema. De todos modos, Marruecos y Argelia son franceses. Las fronteras casi no tienen sentido.
Al escuchar a Robby, Alec se acercó a la hoguera para calentarse. El calor del mediodía se enfriaba rápidamente al caer la noche. Mirando el humo que se elevaba hacia las estrellas en el cielo nocturno, Robby dijo:
—La cuestión es si podemos encontrar el camino correcto. Porque aquí no hay nada por aquí... Nos ha ido bien hasta ahora, pero hemos llegado hasta un lugar sin caminos. Y no hay ninguna señal... Estoy guiándome con una brújula, pero podemos perdernos en cualquier momento.
Robby sonaba un poco inseguro, como siempre. Alec le dio una charla de ánimo amistosa.
—Has hecho un gran trabajo hasta ahora. Estoy seguro de que lo harás bien en el futuro.
Robby sonrió y sacudió ligeramente la cabeza. Alec dejó escapar una actuación más despreocupada que continuó erguida.
—Nunca pensé que podría venir a un lugar como éste…
—Sí—, respondió Robby con indiferencia.
—Mi padre siempre decía: "No puedes hacer algo porque no pareces un hombre. Estás encerrado en casa como una niña y seguirás así por el resto de tu vida, hojeando los libros, y tus huesos se derretirán mientras lo haces.” Pero… estoy aquí ahora mismo, en medio del desierto.
El sonido de las llamas crepitantes y ardientes se mezcló con la voz de Alec. Robby miró a Alec.
—¿Por eso te uniste al ejército? ¿Para enseñarle algo a tu padre?
—Sí, la masculinidad de mi padre era cazar, montar a caballo y beber alcohol. O a veces se ocupa de un sirviente maleducado. Eso no me gustaba. Pero no quería que mi padre me criticara.
Alec sonrió con amargura y sacó su cigarrillo.
—No dijo cosas así después de haber estado en la guerra... Mi padre me sigue llamando para la caza del zorro. Aunque sabe que no voy a ir. Y seré un hijo que decepcione a su padre por el resto de mi vida.
—¿Por lo que escondes?
Alec levantó la vista ante las palabras de Robby. El rostro de Robby se veía en el humo que revoloteaba y se extendía hacia el cielo. Había una expresión de incertidumbre en su rostro, mientras miraba a Alec. Los ojos de Robby estaban enrojecidos por las llamas. Alec susurró lentamente, suspirando.
—Sí, por lo que estoy ocultando.
Los ojos verdes de Alec se dirigieron hacia Robby
—Y tú también ¿verdad?
El rostro de Robby, que siempre sonreía, se volvió inexpresivo por un momento. Pero pronto sonrió ligeramente.
—Todo el mundo tiene secretos.
Preguntó Alec con voz suave.
—Robby, ¿por qué me has seguido?
Robby sonrió ligeramente levantando las comisuras de su boca.
—Te lo dije. Dije que me gustabas. Y...para ser sincero, me dejé llevar por ti. No sé quién es, pero hay gente que quiere matarnos. ¿Qué puedo hacer? Tienes que huir, y morirás en este desierto sin mí, así que sucedió de esta manera.
La voz de Robby era un tono infinitamente ligero. Mirando a Robby encogerse de hombros como una broma, Alec sonrió brevemente y se disculpó. Robby agitó la mano, diciendo que estaba bien.
Robby se levantó y dijo:
—Tendré que prepararme para dormir después de hacer una hoguera más.
Alec se quedó mirando a Robby durante un largo rato y luego le siguió hasta ponerse en pie. Como dijo Robby, era hora de ir a la cama.
Alec seguía dando vueltas en la cama. La noche azul oscuro del desierto era tan silenciosa que no podía dormir. Cuando sacaba la cabeza del saco de dormir y miraba hacia fuera, podía ver el cielo lleno de estrellas. Mirando un enjambre de estrellas que nunca había visto en Londres, Alec buscó sus viejos recuerdos.
«¿Es la Vía Láctea o es Casiopea...?»
Cuando estaba en la escuela pública, intentaba recordar los contenidos de astronomía que había aprendido comiendo sandías, pero a los ojos de Alec, la constelación eran todas iguales. Finalmente, Alec renunció a tratar de entender las constelaciones y bajó la mirada al suelo. El desierto rojo de la oscuridad era simplemente inmenso y tranquilo.
—¿Estás durmiendo?
Una voz pequeña pero clara. Alec giró la cabeza hacia la dirección donde escuchó la voz. Podía ver a Robby acostado de espaldas a un lado.
—No puedo dormir.
—Deberías dormir antes para no estar cansado.
—Lo sé, pero es tan tranquilo...que no puedo dormir. Entonces, ¿por qué no duermes Robby?
—Por la misma razón.
La voz de Robby era baja y tranquila. Alec miró desde su saco de dormir el pelo rubio de Robby. Como de costumbre, su pelo estaba rizado cerca de la parte superior de la cabeza, reflejando el azul de la luz de las estrellas. De repente, tenía el impulso de alargar la mano y dejar que esa rubia cabellera se hundiera entre sus dedos. La mano de Alec se movió involuntariamente. Una mano suavemente estirada se detuvo de repente. Eso fue todo. Una pequeña voz de advertencia sonó en el oído de Alec.
—Deberías dormir pronto…
Al oír el murmullo de Robby, Alec echó los brazos hacia atrás sorprendido. Sin embargo, Robby le daba la espalda. Alec se apresuró a decir sus palabras avergonzado.
—Bueno, Robby....
—¿Qué pasa?
—Bueno, qué debo decir, me preguntaba... Dijiste que te gustaba. ¿Por qué?
La verdadera intención surgió de la nada. Alec se arrepintió mientras hablaba, pero su voz ya había salido de su boca y había llegado al oído de la otra persona. Entonces escuchó a Robby reírse. Se removió y se giró de repente. Los ojos de Alec se abrieron brevemente ante el rostro de Robby, que apareció de repente frente a él. Robby sonrió y encaró a Alec.
—¿Por qué tienes curiosidad por eso?
—Puede que sólo tenga curiosidad.
Una sonrisa creció en el rostro de Robby. Los ojos de colores brillantes de Robby brillaban de forma extraña a la luz de las estrellas.
—No hay razón para eso.
—…Esa es una respuesta muy conveniente.
Murmuró Alec, y Robby se rió brevemente. Era una sonrisa brillante y alegre. Pronto se dio la vuelta y dijo.
—Hay que dormir pronto. Mañana tengo que levantarme temprano.
Alec le respondió con un murmullo y enterró la cabeza en su saco de dormir. Probablemente Robby no pudo oír su corazón palpitando de sorpresa hace un momento.
***
Robby dijo que parecían haber entrado en Argelia.
—Aquí, hemos pasado este punto, así que... Si estamos en el lugar correcto, ahora estamos en Argelia.
—No hay nadie así. ¿Es porque es un desierto?
—Más que eso... Creo que es porque he evitado deliberadamente la zona de conflicto. He oído que hay un ejército francés al lado de aquí.
Alec miró a su alrededor. Ahora estaban en el polvoriento páramo, comúnmente llamado desierto.
—Parece tranquilo para algo así—, comentó Alec brevemente.
Robby asintió.
—La gente de aquí lo llama guerra, pero Francia lo llama operación represiva. Esto es territorio francés, y sólo quieren acabar con el Frente de Liberación Nacional de Argelia (FLN)
El Frente de Liberación Nacional de Argelia, o FLN, era una organización comunista que abogaba por la independencia del pueblo argelino. Formaron el Ejército de Liberación Nacional (ALN), y participaron en la lucha armada en Argelia y en la Francia continental.
—Aun así, no se diferencia de la guerra en que los militares llevan armas.
—Sí, y el FLN ya ha formado un ejército civil y ha tomado la ciudad. Parece que incluso han bombardeado el territorio francés. Solo que Francia es el único país que insiste en que no es una guerra.
Escupió Robby mientras agarraba el volante.
—Nadie sabe cuándo terminará esta guerra.
—Pero un día terminará.
Replicó Alec en un susurro. “Dejes lo que dejes en la historia, la guerra terminará algún día". Alec murmuró las palabras en su boca y volvió los ojos hacia la ventana.
El desierto del mediodía era lo suficientemente blanco como para herir los ojos. No había ningún signo de vida en el lugar, lleno de aire caliente y los el calor sobre la arena. El único ruido era producido por el motor de un viejo jeep militar. La trayectoria de los largos neumáticos sobre el páramo arenoso que cortaba el viento era larga y se borraba en varios lugares.
Robby se detuvo a mitad de camino, comprobando continuamente la brújula y el mapa, mientras negaba con la cabeza. De alguna manera, movía la cabeza con el ceño constantemente fruncido. Alec preguntó qué pasaba, pero Robby se limitó a murmurar:
—Sólo estoy un poco confundido. Pero no será un problema.
Lo que dijo Robby también puso nervioso a Alec. Como no había caminos, no estaba claro ni siquiera mirando el mapa. Robby seguía murmurando: —Esto es extraño.
El jeep se detuvo de repente.
—¿Eh?
Robby se puso nervioso e intentó arrancar de nuevo. El motor no reaccionó en absoluto. Entonces Alec exclamó.
—Oye, ¿eso es humo?
Un humo negro salía del capó del coche. Robby y Alec salieron del coche a toda prisa.
Al abrir el capó, el polvo de arena blanca y el humo negro se levantaron juntos. Robby miró dentro del capó y murmuró.
—Estoy jodido…
—¿Qué pasa? ¿Ha estallado algo?
Cuando Alec le preguntó, Robby suspiró profundamente.
—La batería está muerta. Tal vez sea porque se ha sobrecalentado. Bueno, después de todo, es un día tan caluroso…
—¿Entonces no deberíamos cambiarlo?
—Traje suficientes neumáticos, pero no traje ni siquiera una batería. En primer lugar, es pesado y difícil de conseguir... Me preguntaba si pasaría algo, pero no puedo creer que esto haya sucedido...
Robby sacudió la cabeza.
—Dame primero la caja de herramientas. Veremos si hay alguna forma de salvarlo.
Ante las palabras de Robby, Alec sacó a toda prisa una caja de herramientas del maletero. Robby cayó de espaldas y empezó a tocar las cosas.
—Robby, mira eso.
A las palabras de Alec, Robby respondió como si gritara debajo del capó.
—¿Qué es?
—Lo que ves ahora... Creo que es un coche militar.
Al oír estas palabras, Robby sacó apresuradamente la cabeza del capó. Alec señaló el horizonte blanco. En la atmósfera agitada por el calor, donde el cielo azul y la arena blanca se encontraban, se veían varias formas de color ocre que no habían visto hasta ahora. Las figuras eran cada vez más grandes.
—No puede ser, ¿hemos entrado en la zona de conflicto...?
Robby murmuró.
La forma se hacía cada vez más grande, y ahora se reconocía a simple vista como un vehículo militar. Y el vehículo militar se dirigía obviamente hacia ellos.
—Mierda...
Robby murmuró una maldición.
El coche militar se detuvo justo delante de ellos, levantando polvo de arena. Pronto saltaron de él hombres con uniformes militares, de piel morena y turbantes blancos en la cabeza. Todos tenían un rifle en la mano. Uno de ellos gritó en francés.
—¡Haut les mains!
Alec y Robby ya habían levantado las manos.
Uno de los varios soldados que parecía ser el líder se acercó con un rifle. Llevaba barba y bigote, como suelen hacer los lugareños, y tenía los ojos muy abiertos. Apuntó con su arma a Robby y Alec y preguntó con dureza.
—¿Qué están haciendo? ¿Por qué están aquí a estas horas?
Robby respondió tranquilamente en francés.
—Estamos de paso porque tenemos negocios. Los dos somos británicos.
—¿Británicos? ¿Quieres que me crea eso ahora?
El líder les apuntó con un rifle. El arma negra estaba cerca de la punta de su nariz.
—Habla claro. ¿Por qué hay gente blanca por aquí? Si no se identifican bien, los mataré enseguida—, gruñó ferozmente el líder.
La luz del sol del desierto brillaba con fuerza en la punta del arma. Los ojos de Alec miraron nerviosos a su alrededor. En el interminable horizonte de arena, ellos eran los únicos humanos. El armamento de los hombres era diferente. Todos llevaban uniformes militares marrones, pero sólo los colores eran similares, y las formas eran todas diferentes. Los jeeps en los que venían tenían una forma igualmente diferente. Uno de los jeeps tenía grandes letras hechas con pintura. Los ojos de Alec se estrecharon ligeramente. No podía ver exactamente cuál era la frase, pero podía reconocer una palabra. “Comunista”. Alec tragó saliva.
—Somos comunistas. Somos del Partido Comunista Británico.
Robby abrió mucho los ojos ante las palabras de Alec. Le susurró a Alec.
—¿En qué estás pensando?
Alec respondió en un susurro.
—Tratando de sobrevivir.
El acento francés de Alec era un desastre, pero parecía transmitir un significado aproximado. La expresión sombría del líder se convirtió en asombro. Volvió a preguntar a Alec.
—¿Partido comunista?
Alec asintió con fuerza.
—¿Son camaradas del FLN? Camaradas argelinos que se resisten a los imperialistas franceses, ¿verdad?
El líder respondió brevemente.
—Sí.
Era contundente, pero no tan agresivo como hace un rato. Alec susurró a Robby.
—Ahora traduce lo que voy a decir.
Robby asintió.
—Somos del Partido Comunista Británico. Por una misión de alto secreto ordenada por el partido. Necesitamos encontrar a alguien que es muy importante para nuestro Partido Comunista. Es una misión de alto secreto, así que sólo somos dos, el intérprete y yo.
Cuando Robby pronunció las palabras de Alec, el líder comenzó a mirar a Alec. De repente dio un paso adelante y miró fijamente a la cara de Alec. Alec tuvo que captar la mirada del líder con cara de desconcierto. Pronto el líder preguntó con voz áspera.
—¿Cómo puedes probarlo?
Las cejas negras y oscuras se fruncieron, revelando los ojos negros del líder. Alec tragó saliva.
«¿Cómo lo digo? ¿Debo insistir en que no hay nada que revelar porque es una misión de alto secreto? ¿Debo memorizar el Manifiesto Comunista ahora mismo? ¿Pero acaso esta gente conoce el Manifiesto Comunista? Si esta gente conoce tan solo: "Trabajadores del mundo, reúnanse…"»
La cabeza de Alec se llenó de pensamientos. Entonces Robby habló de repente.
—Hay pruebas.
Los pensamientos de Alec se detuvieron. Volvió a mirar a Robby, consternado.
—Espera, deja que lo busque en mi equipaje.
Robby continuó hablando con calma. El líder agitó el arma con una cara incómoda, como si le pidiera que se apresurara. Cuando Alec y Robby se dieron la vuelta y caminaron hacia el maletero, un soldado del FLN los siguió. Alec susurró a Robby, fuera del oído del soldado.
—Robby, ¿en qué demonios estás pensando? Qué prueba hay, sólo conozco el Manifiesto Comunista en inglés…
—¿Qué es el Manifiesto Comunista?
Robby hizo la pregunta como si las palabras de Alec fueran ridículas. Sacó el equipaje de Alec del maletero.
—¿Sabes que tú lo tienes?
—¿Qué es?
Preguntó Alec con una mirada atónita. Robby repitió enfadado.
—Eres un erudito, un profesor. Y por eso debe haber algo así, ¿verdad?
Alec abrió la boca ante las palabras de Robby. Robby tenía razón.
Cuando Alec se dio la vuelta, el líder también puso la pistola en la cara de Alec. Alec levantó la mano con cuidado, sin dejar de mirar el arma. Sostenía algo parecido a una tarjeta de identificación. El líder bajó el arma y se la arrebató con brusquedad. Miró la tarjeta de identificación durante mucho tiempo y le gritó a Alec.
—¿Qué es esto?
Entonces Robby dijo.
—Es una identificación del Partido Comunista Británico.
Se acercó con valentía al lado del líder. Señaló una foto de una tarjeta de identificación del Partido Comunista y señaló la cara de Alec.
—Si miras la foto, es la misma persona, ¿saber? Y... Está todo en inglés, pero aquí puedes leerlo.
El dedo de Robby hurgó en la última frase de la tarjeta de identificación.
Entre las largas frases de la "Sociedad de Historia del Comunismo y Socialismo Inglés", los ojos del líder se detuvieron en la palabra "Comunismo". Se quedó mirando la palabra durante un momento. El corazón de Alec empezó a latir con fuerza. Alec observó al líder, esperando que éste no oyera los latidos de su corazón con tanta fuerza que sentía que en cualquier momento le saldría de la garganta. Bajó la mirada a la identificación que tenía en la mano durante un rato y de repente levantó la mirada hacia Alec.
Sus ojos desconcertados miraban fijamente a Alec. Alec se quedó sin aliento. El corazón, que había estado latiendo con fuerza hasta hacía un rato, parecía haberse detenido por completo. No podía mantener la boca cerrada. En ese momento el líder le dijo a Alec.
—Deberías habérmelo dicho antes, camarada.
El líder sonrió a Alec. Alec miró a Robby con incredulidad durante un momento. Robby también le mostró a Alec una mirada de alivio. El líder devolvió su tarjeta de miembro del partido a Alec. Alec trató de mantener la calma al aceptarla. Se dirigió a sus hombres detrás de él y dijo algo en árabe. Pronto los hombres también bajaron sus armas y levantaron la guardia.
El líder comenzó a hablarles con una actitud completamente diferente y favorable a la anterior.
—Parece que hay algún problema con su coche, ¿no es así? Los ayudaremos. ¿No deberíamos ayudar a nuestros compañeros revolucionarios?
Las caras de Robby y Alec se iluminaron. Cuando Robby le explicó cómo se había estropeado el coche, sus hombres salieron a ayudarles a arreglarlo.
El coche quedó pronto arreglado. Alec dio las gracias al líder en repetidas ocasiones. Entonces el líder se rió a carcajadas y dijo:
—Se supone que debemos ayudarnos unos a otros. Si nos une la misma ideología, somos hermanos sin importar la raza o la nacionalidad —, añadió —Nuestro enemigo sólo son los imperialistas franceses.
También mostró un profundo interés por el destino de Alec. Cuando escuchó hacia dónde se dirigían Alec y Robby y qué tribu buscaba, le señaló un mapa.
—Entonces están en el lugar equivocado. Estamos por aquí ahora mismo.
Señaló a Béchar, que estaba al sur de su destino, Figuig. Béchar era la ciudad más grande del Sahara occidental, conocida por Alec.
—Ahora Béchar está ocupada por las tropas francesas, así que todos los residentes han huido. Por eso estábamos inspeccionando la zona.
Mientras tanto, dijo que podía llevarle allí. Por supuesto, Alec se negó, agitando las manos.
—Estamos bien. Como sabes, es una misión de alto secreto, así que tenemos que movernos en secreto.
Pero el líder fue persistente.
—¿Qué hay que ocultar entre los mismos camaradas comunistas?
Entonces, Robby dio un paso adelante.
—Si vamos con el ejército, los aldeanos desconfiarán de nosotros. No queremos sorprender a nadie. Te lo agradezco mucho.
Cuando Robby lo dijo, el líder dijo: "No se puede". Sin embargo, parecía decepcionado. Repitió: "Es correcto ayudar a los camaradas comunistas". Finalmente, añadió una última palabra.
—Figuig tampoco es muy seguro. Porque los franceses siguen moviéndose por la zona. Será mejor que no se queden allí mucho tiempo.
Alec y Robby se miraron y asintieron al mismo tiempo.
Pasó aproximadamente una hora antes de que el coche fuera reparado. Como último regalo de despedida, el líder empaquetó todo lo necesario, incluyendo neumáticos para el desierto, agua, tiendas de campaña, mantas, etc. Además, no olvidó enseñarles amablemente cómo llegar a su destino. Alec y Robby, por supuesto, aceptaron toda su ayuda.
Dejándolos atrás, Alec y Robby arrancaron el coche. Mirando hacia atrás, pudieron ver a los soldados que se habían acercado a Robby agitando las manos a través del polvo. Cuando los soldados fueron finalmente tragados por el horizonte y dejaron de ser visibles, Alec y Robby estallaron en carcajadas al mismo tiempo.
—¡¡¡Jajajaja…!!!
Los dos se rieron durante un largo rato. Robby se rió tanto que jadeó.
—¡Jajaja, de verdad, no creí que los fuera a engañar con eso…! ¡Vaya, jajaja, fue lo mejor...!
—¡Supongo que nadie sabía inglés, pero no pensé que serían tan ingenuos! Al principio, pensé que ibamos a morir, pero no sabía que lo aceptaran tan fácilmente, ¡jajaja...!
Alec se rió tanto que no dejaba de sonreír mientras se frotaba la mejilla como si su cara estuviera entumecida.
—La verdad es que hace tiempo que no voy a esas conferencias, las primeras veces no fui. Me arrepentí de haber hecho una identificación de socio, pero no pensé que la usaría así. Las personas de allí eran idiotas con la enfermedad revolucionaria, así que no fui… ¿Debería dar las gracias por eso?
—Eso es lo que hacen los idiotas de clase media. No saben mucho, pero son unos pretenciosos... Pero, ¿cómo se involucró Alec en eso?
Alec se encogió de hombros ante las palabras de Robby.
—Me interesa. Para ser preciso, me interesa más la visión materialista de Marx que el comunismo... Aunque lo diga así, la gente no entiende muy bien cuál es la diferencia. Digamos que me interesa el comunismo en sí.
—Si haces algo malo como eso, es fácil que te malinterpreten.
Alec miró la cara de Robby. Una sonrisa se asomó a las comisuras de la boca. Sin embargo, el acento Cockney de Robby, al que creía haberse acostumbrado ya, sonaba de algún modo inusualmente áspero. Alec meditó sus palabras por un momento.
—Aunque se me malinterprete…no he hecho nada malo. Tengo la libertad de expresar y creer lo que creo que es correcto. Y no creo que el comunismo en sí sea una idea muy equivocada. Más bien, creo que es una muy buena idea para desarrollar la humanidad.
—Buena creencia, Alec. El comunismo es una lucha, no una buena voluntad. Es una realidad para aquellos que lo creen. Es ridículo ver a toda la gente blanca y negra que nunca ha hecho un trabajo adecuado hablando de comunismo.
Alec observó la cara lateral de Robby durante un momento. Entonces algo le vino a la mente.
—Robby, ¿cómo sabías que tenía esa tarjeta académica?
Robby respondió despreocupadamente, girando el volante.
—Simplemente lo adiviné. Y porque la señorita Anderson...dijo que te interesan esas cosas. Así que pensé que tendrías algo así.
Los ojos de Alec se entrecerraron ligeramente. La cara de Robby era la misma de siempre. Desde la parte superior de la cabeza hasta el pelo corto y rubio ligeramente despeinado, una nariz grande y bien formada, unos labios ligeramente cerrados y una barbilla redonda, todo seguía igual que siempre. Pero había algo que no estaba claro. Alec intentó decir algo, pero se calló. Tal vez fuera sólo su imaginación, los ojos de Robby parecían mirar fijamente el espejo de la ventanilla del coche.
Antes de que se diera cuenta, la puesta de sol comenzó a extenderse lentamente desde el borde del cielo. Se extendió por el horizonte durante mucho tiempo.
***
Las hojas verdes se mecían con el viento. Alec levantó de repente la cabeza mientras leía en el banco. Más allá del patio, podía ver el edificio de la escuela reflejando el sol rojizo de la tarde. Hoy no se veía a nadie en el patio. Todo el mundo parecía haber ido a la fiesta del pueblo por la tarde. Alec levantó la mano para cubrirse los ojos del sol. El domingo por la tarde, en la que el susurro de las hojas lo era todo, una voz familiar intervino en el silencio.
—¿No vas a la fiesta?
Alec bajó la cabeza. Podía ver el rostro de Phil recostado sobre su espalda y su cabeza sobre los muslos de Alec. Sus ojos azules miraban a Alec.
—Yo...
Alec intentó decir algo, pero levantó la mano.
Las yemas de los dedos de Alec tocaron el pelo negro de Phil esparcido por su frente blanca. Los ojos de Phil miraron los ojos de Alec. La luz azul que recorre el cielo de verano. Las pestañas de Phil parpadearon y pudo ver cómo la luz se desvanecía. Alec levantó lentamente el dedo y apartó las hojas del pelo de Phil.
—No me gustan los lugares con mucha gente.
—¿Pero no quieres ver fuegos artificiales?
Dijo Phil mientras sonreía a Alec. Una voz dulce y amable. Unos ojos celestes claros y largos y fríos. Alec pensó que estaría bien ir a ver los fuegos artificiales. Entonces, de repente, inclinó la cabeza como si tuviera algo en mente.
—Phil. Si quieres ir, puedes venir conmigo.
Phil se encogió de hombros en lugar de responder. Alec volvió a inclinar la cabeza con una expresión de desconcierto.
—Ahora que lo pienso, siempre hablas así. Siempre pidiendo mi opinión. En realidad, no me dices lo que piensas.
—¿Es así?
Phil se encogió de hombros mientras hablaba en tono alegre. Ahora dirigió sus ojos hacia el cielo azul y rojo, donde el resplandor del atardecer se extiende lentamente. Alec volvió a llamar a Phil por su nombre.
—Phil.
Los ojos azules de Phil se volvieron hacia Alec. Alec, como siempre, miró fijamente sus pupilas, que eran azules como el cielo, pero con el rostro confundido.
—Si dices que quieres ir, iré. Así que dime. Qué quieres de mí, qué quieres.
Phil miró a Alec. Luego sonrió.
***
Alec abrió los ojos. Sintió la textura de su pelo, que estaba mojado de sudor y se pegaba a la frente. Seguía teniendo un calor sofocante. El sonido del motor del jeep circulando por la carretera y el color azul y amarillo que se extendía por la ventanilla del coche. Todavía estaba en el desierto.
—¿Te has despertado?
La voz de Robby. Alec asintió y buscó agua. Delante de él se repetía una escena que llevaba varios días repitiéndose a sus ojos. Hoy también parecía haberse quedado dormido porque se despertó con la luz de la mañana y subió al coche.
—Creo que podremos llegar a nuestro destino hacia el mediodía de hoy.
Alec abrió mucho los ojos ante las palabras de Robby. La carretera amarilla en medio del desierto aún no mostraba ninguna señal.
—Tuve un sueño—, la voz de Alec era seca e inquieta. —Fue de hace mucho tiempo, cuando estaba en el instituto. Los dos íbamos a ir juntos al festival de la escuela, pero desistimos y en su lugar nos escondimos en el tejado de nuestro dormitorio y vimos juntos los fuegos artificiales.
—Es un buen recuerdo.
Alec se rió amargamente y dijo,
—Bueno, espero poder conocer hoy al protagonista de ese sueño.
Robby miró a Alec y dijo como de pasada.
—Supongo que estás pensando que tal vez no puedas encontrarlo.
—Eso es posible. ¿Qué pasa si él…?
«Tal vez no quiera verme.»
Alec se detuvo para decir la última palabra. Por alguna razón, era una posibilidad en la que nunca había pensado. Quince años es un tiempo en el que el mundo y las personas pueden cambiar bastante. El hecho de que quisiera ver a Phil no garantizaba que él quisiera verlo. Por supuesto, sabía que Phil pensaba en él, sólo porque le había enviado una postal.
Alec pensó hasta ahí y sacudió la cabeza.
«Ahora este pensamiento no tiene sentido. Todo el camino hasta aquí, pasando por tantas dificultades… Ya no puedo volver atrás. En primer lugar, no sé por qué, pero incluso Robby vino aquí conmigo.»
Alec miró a Robby por un momento. No podía leer ninguna emoción en los ojos con las gafas de sol y los labios apretados. Alec volvió a mirar hacia delante. El desierto seguía siendo interminable.
***
Al mediodía el sol era mucho más intenso. Sus cejas se fruncían naturalmente por el calor, que parecía atravesar sus ojos y golpear su piel con un látigo. En algún momento, el color del páramo, que había estado lleno sólo de polvo y arena, se oscureció gradualmente, y aparecieron poco a poco pequeños matorrales. Al cabo de unos minutos, aparecieron altas palmeras de forma dispersa sobre los verdes campos. Los árboles llenos de hojas largas y anchas, estaban cubiertos de polvo de arena, pero no perdían su vivo color verde. Alec dio una breve exclamación al ver luz verde que veía.
Todas las imágenes del oasis que había tenido en su cabeza hasta entonces eran ilustraciones infantiles de cuentos de hadas. Una imagen con un manantial en medio del desierto y unas palmeras justo al lado. Si lo pensaba un poco, pensaría que no era así. Pero incluso un profesor como él lo había pensado creyendo que era una mentira… Alec estaba un poco avergonzado de sí mismo.
Una casa de barro rojo empezó a verse por encima de las verdes hojas de los árboles.
Era un oasis.
Mientras recorría por el camino de tierra entre las palmeras, vio a unos bereberes con ropa azul. Estaban trabajando en el campo. Era un campo que se había recuperado extrayendo agua de la fuente del oasis a través de canales hechos artificialmente. Seguramente toda esta tierra era al principio un desierto. Sin embargo, los humanos comenzaron a cultivar y criar animales en busca de agua en este vasto desierto.
—De este modo empezó la civilización humana…
Murmuró Alec. Robby no respondió mucho a las palabras del extremadamente historiador Alec, aparte de encogerse de hombros.
La carretera a la entrada del pueblo se hizo cada vez más estrecha y, finalmente, los coches ya no podían entrar. Al final, se bajaron del coche a mitad del camino. De todos modos, podía entrar en el pueblo en unos pocos pasos más. Un bereber, que los había vigilado de cerca a la entrada del pueblo desde que estaban en el coche, se acercó a ellos. Era un anciano con ropas tradicionales de color azul intenso, el llamado color índigo. Les habló con ojos atentos y curiosos.
—Hola, ¿qué hacen aquí?
Era un dialecto árabe con una voz apagada. Robby pareció desconcertado por un momento, y pronto respondió en árabe.
—Estamos aquí para encontrar a alguien.
Alec atravesó la casa de barro rojo, dejando que Robby se ocupara del anciano. La casa de barro estaba cubierta de arena que, al parecer, llegaba desde el desierto. La forma de las casas de barro cuadradas con pequeñas ventanas cuadradas, estaban agrupadas como casas de hormigas. Y había un estrecho callejón que las atravesaban. Cuando Alec se acercó, se oyeron tenuemente risas de niños en el callejón.
Alec se metió en la sombra del callejón. Debían de tener unos seis o siete años, y varios niños vestidos de blanco y azul reían y jugaban a la pelota. Y entre ellos, había un adulto que era inadecuadamente alto, solo.
Un adulto, pelo negro desordenado y una camisa blanca con las mangas toscamente remangadas. Debajo de la camisa llevaba unos pantalones marrones con polvo por todas partes y sus pies, pateaban un viejo balón de cuero.
Un niño de blanco intentó robarle el balón, casi saltando sobre el hombre. Pero éste pateó el balón a otro lugar con facilidad, como si se burlara de él. Los niños gritaron emocionados y se abalanzaron hacia el balón. El hombre levantó las manos y observó cómo los niños se lanzaban para patear el balón primero.
—Alec, este es el jefe de la aldea con el que acabo de hablar...
Robby apareció detrás de Alec con el anciano con el que acababa de hablar. Alec no respondió. En ese momento, un niño se abalanzó sobre el hombre, haciéndole una broma. La cara lateral del hombre se reveló cuando se movió para aceptar la broma del niño.
Pelo negro alborotado sobre la frente. Cejas negras como pintadas y llenas de risa, ojos que se asemejan al cielo de verano. Un hoyuelo cóncavo junto a una nariz alargada y ligeramente levantada en la punta, y una comisura de la boca fría y elevada.
Alec lo sabía. Podía saberlo. Aunque tenía un poco más de arrugas y estaba un poco más bronceado que antes, nunca había olvidado esa cara. La cara que le venía a la mente cuando cerraba los ojos. La cara que le recordaba que estaba en un sueño cada vez que lo encontraba en la oscuridad. Sus ojos. A él.
Phil.
Phil Meyer.
Alec seguía de pie. Robby tocó el hombro de Alec como si fuera extraño, pero no hubo respuesta.
—Alec, ¿qué pasa de repente?
Alec no respondió. Robby miró el lugar donde los ojos de Alec, donde estaban clavados.
—No me digas... —, murmuró Robby.
Entonces Phil se dio cuenta del movimiento y giró la cabeza. Tenía una sonrisa que nunca había cambiado. Sus ojos se volvieron hacia Alec. Pudo ver que sus ojos azules se abrieron de par en par. Desde atrás, Robby habló con Alec.
—Alec, tal vez esa persona…
Robby no pudo terminar su frase. Alec se adelantó, casi corriendo. Antes de darse cuenta, estaba de pie frente a Phil. Alec miró la cara de Phil. Ahora estaban a una distancia en la que nunca podrían confundir el rostro del otro. La cara de Phil se iluminó.
—Alec, tú eres Alec, ¿verdad?...
Alec levantó el puño.
El cuerpo de Phil cayó al suelo. Una nube de polvo se levantó. Robby y el líder del pueblo, que estaban de pie detrás, abrieron la boca de par en par.
—Ugh...
Phil se agarró la mejilla y levantó el cuerpo. Pero Alec no dejó que Phil se levantara. Agarró a Phil por el cuello.
—¡Bastardo! ¿Es todo lo que tienes para enviarme una postal así?
La voz enfadada de Alec estalló.
—Me han perseguido y vigilado personas extrañas por tu culpa, ¿y tú te dedicas a hacer el tonto aquí? ¡Casi muero en este desierto buscándote!
Los ojos de Phil se abrieron de par en par por un momento y luego se estrecharon con una sonrisa.
—Alec, ¿lo hiciste?
—¡¡¡No debiste haber hecho eso!!!
Alec agarró a Phil por el cuello con rabia. El cuerpo de Phil se inclinó hacia delante. La cara de Alec estaba ahora enrojecida de ira y parecía que estaba a punto de estallar.
—¡Phil, tú, realmente no debiste haber confiado en mí y pedirme que te encontrara! ¿Sabes por qué estoy aquí? He venido a matarte con mis propias manos, ¡hijo de puta!
En ese momento, Robby, que estaba de pie en la distancia, dijo: "... ¿es así?"
Alec gritó y recuperó aire por un momento. Phil observó cómo Alec respiraba con dificultad. Alec seguía sujetando a Phil por el cuello con ambas manos. Respiró profundamente como si fuera a decir algo de nuevo, luego cerró los ojos con fuerza, emitió un largo y caliente suspiro y bajó la cabeza. Su voz era pequeña y temblorosa.
—¿Cómo pudiste…? ¿Cómo pudiste irte?
Phil miró a Alec. El pelo castaño que le caía era de un color amarillo transparente a la luz del sol. Hacía mucho tiempo, que lo había visto. Phil cerró los ojos y los abrió.
—Lo siento.
Las manos de Alec, que agarraba el cuello de Phil, perdieron su fuerza por un momento. Murmuró con la cabeza aún baja.
—No quería oír eso.
Una voz llena de lágrimas… Phil asintió con la cabeza.
—Lo sé.
Las manos de Alec soltaron débilmente el cuello de Phil. Phil estrechó las manos de Alec. Pero Alec sacudió la cabeza y retiró las manos. Phil miró a Alec. Alec se levantó en silencio.
Phil también se levantó quitándose el polvo de la ropa. Alec seguía sin mirar a Phil. Phil miró a Alec un momento, luego sintió una mirada y giró la cabeza. Robby y el jefe del pueblo estaban de pie en la distancia mirándolos. Los ojos de Phil y Robby se encontraron, y Phil puso una extraña sonrisa en sus labios. Robby también sonrió ligeramente y se adelantó. Phil dijo, mirando a Robby con una sonrisa.
—No esperaba encontrarme con un compañero en un lugar como este.
Era una voz con un agudo sentido de advertencia. Robby sonrió suavemente. Se quitó el sombrero y extendió una pequeña tarjeta de presentación de sus brazos. Era algo que Alec conocía muy bien. Un nombre escrito en cursiva sobre papel blanco rígido. Robby dijo alegremente:
—Encantado de conocerle, señor Meyer. Me llamo Robin Woolf, y soy un agente del MI6 que fue enviado para exiliarle a Inglaterra.
Alec miró a Robby. El callejón tan oscuro y profundo como la luz del sol del desierto. Robby estaba de pie frente a la línea creada por los colores vivos. Phil miró a Robby de abajo a arriba. Alec, no podía decir nada. Ni siquiera podía pensar en qué decir. Y Robert Blake, o Robin Woolf, observaba toda la escena con una sonrisa que nunca cambiaba en lo absoluto.
<Continúa en el Volumen 2>
Raw: Lady Moon.
Traducción: Lady Moon.
Corrección: Ruth Meira.
AAAAAAAAAAAH NO ME LO ESPERABA
ResponderEliminarGracias cada vez me atrapa más
ResponderEliminarWhat?!!!! 😱 No sé cómo ocurrió este suceso!!!! 🤣🤣🤣
ResponderEliminarMe gusta la novela. Pero me marea todo lo que pasa para encontrarse
ResponderEliminarYo sabía que escondía algo
ResponderEliminarWow, estuvo intenso este capítulo 😳 por cierto, me gustan las imágenes que vienen en la novela, los personajes están guapísimos jejej ❤️ y entiendo el enojo y la frustración de Alec al final del capítulo
ResponderEliminarQue interesante:)
ResponderEliminarEntonces usaron a Alec para encontrar a Phil, ya desconfiaba de ese tal Robby 😒
ResponderEliminarAhora si me quedé 😱
ResponderEliminarPero AAAAAAHHH
ResponderEliminarmuchas gracias