It's only a paper moon 1
Unforgettable.
—Mucha gente piensa que la historia es una ciencia ya completa, y que ya ha sucedido en el pasado, por lo que no podemos hacer ya nada al respecto. Sin embargo, se cree que está terminada y nos limitamos a memorizar la cronología de los acontecimientos que sucedieron y el alcance de su impacto en el presente. Pero esa es una idea muy equivocada. El pasado es una especie de joya o prisma. En el momento en que lo miramos desde un punto de vista diferente, es algo en lo que no habíamos notado antes, y al mirar otro aspecto de la verdad, podemos acercarnos un poco más a la esencia de un suceso.
Alec dejó la tiza por un momento y miró alrededor del aula. Como era el comienzo del semestre, los ojos de los alumnos se dirigían a Alec sin ninguna somnolencia. Alec escribió "Roma" en la pizarra con grandes letras blancas.
—¿Alguno ha leído alguna vez el libro “La Decadencia y Caída del Imperio Romano”?
Unos cuantos levantaron las manos. Una ligera sonrisa apareció en la boca de Alec. El alumno que terminó el aburrido libro no parecía estar aquí. Quizá no pudo evitar quedarse dormido mientras lo leía. Alec continuó explicando de nuevo.
—Según La Decadencia y Caída del Imperio Romano de Gibbon, fue la invasión la que destruyó el antiguo Imperio Romano. Es cierto que la invasión de pueblos extranjeros, incluidos los germanos y los hunos, fue la causa directa. Pero, ¿por qué el Imperio Romano a diferencia de antes, no pudo detener la invasión de los pueblos extranjeros? Algunos hablan incluso de la separación de los heterodoxos y de la división del imperio. Entonces, ¿por qué se dividieron los territorios y por qué se dividió el imperio?
Como si estuviera pidiendo que alguien respondiera, Alec se detuvo un momento y miró por toda el aula. Pero seguía un silencio en esta. Alec comenzó a explicar de nuevo sin mostrar ninguna señal de decepción.
—Es una cuestión del sistema de producción. El Imperio Romano se sostenía en base a la esclavitud, un sistema en el que los esclavos producían todos los bienes de la sociedad. Ese sistema que no perduró. Cuando el sistema inferior que sostiene al sistema superior, el sistema económico, se derrumbó, el sistema superior también lo hizo. Y un nuevo orden surgió en el lugar donde el sistema se derrumbó. Ese es el comienzo de la Edad Media.
En algún lugar del aula, se escuchó un pequeño suspiro. “Supongo que es un estudiante que conoce a Marx” pensó Alec. Por supuesto, Alec no tenía intención de profundizar en este punto. Hoy es el primer día de clase y por ahora no es necesario tocar este tema tan delicado. Alec volvió a mirar alrededor del aula. La brillante luz de sol de la mañana se reflejaba en el cabello de los estudiantes.
—A diferencia de antes, cuando se aborda la historia en términos de economía, se interpreta de esta manera. Por supuesto, no es algo que esté absolutamente correcto o incorrecto. Es sólo una parte de la verdad. La historia tiene un corte transversal en muchas secciones, como he dicho antes, como una joya o un prisma, y quiero que sean capaces de encontrar algo que nadie ha encontrado.
Al decir esto, Alec tocó la mesa con ambas manos. Su mirada se dirigió al reloj que había detrás del aula.
—Eso es todo por hoy. A partir de la próxima clase, tienen que traer los libros de texto. No lo olviden.
Los alumnos se levantaron con el sonido de las sillas arañando el suelo. Alec se detuvo un momento mientras intentaba levantar el libro con la mano izquierda. Pudo ver cómo el borde de la manga izquierda temblaba. Alec presionó suavemente su mano izquierda con la derecha y cerró los ojos. Pronto cesó el temblor y suspiró.
—El profesor Foster, ¿verdad?
Alec giró la cabeza ante la extraña voz. Un hombre con un sombrero de fieltro y un traje marrón estaba de pie frente a la puerta del aula. El rostro del hombre estaba oculto por la sombra de su sombrero. Antes de que Alec pudiera preguntar quién era, el hombre se acercó a él. Tomó la mano de Alec y le estrechó la suya.
—Encantado de conocerle.
—Ah, sí…
Alec respondió con brusquedad y miró por encima del hombro a otro hombre. Estaba vestido con un traje similar con este hombre extraño.
El hombre sacó su tarjeta de presentación del bolsillo interior y se la entregó a Alec. El papel blanco y rígido decía Theodore Dylan en cursiva.
—Somos del Ministerio de Asuntos Exteriores. Tengo algunas preguntas para el profesor. ¿Puedo hablar con usted en el despacho, si no le importa?
Alec asintió con el ceño fruncido.
El despacho de Alec estaba iluminado por la luz del sol. La luz que entraba por el amplio ventanal se derramaba sobre la biblioteca donde estaban apilados libros sin ordenar. Alec despejó bruscamente el escritorio lleno de papeles, y le preguntó a los dos hombres:
—¿Quieren un poco de té?
Los dos hombres negaron con la cabeza al mismo tiempo.
—No, gracias.
Fue Theodore, un hombre de unos treinta años con un traje marrón, quien le entregó a Alec su tarjeta de presentación, que rechazó amablemente su oferta. Otro hombre que lo acompañaba apenas habló. Su pelo grisáceo y las comisuras de sus ojos caídos detrás de unas gafas redondas, le recordaban a un funcionario a punto de jubilarse.
Alec se encogió de hombros y empezó a hervir el agua.
«De todos modos, voy a beber té, así que no es necesario que te negaras.»
Los ojos de Theodore se volvieron ligeramente más finos.
Pronto Alec se sentó en una silla frente a la mesa de invitados con una taza de té. El aire húmedo con olor a té negro se elevó en medio del despacho. Las miradas de los dos hombres se dirigieron hacia Alec al mismo tiempo. Alec preguntó mientras daba un sorbo al té negro.
—Bueno, ¿qué han venido a preguntar exactamente?
Theodore respondió rápidamente.
—Hemos venido a preguntar por su amigo, Philip Meyer.
Los ojos verdes de Alec dejaron de moverse. Theodore y el otro hombre seguían mirándolo. Los dedos de Alec se movían sobre la superficie de la taza de té. Esta, estaba caliente y dura como el peso del calor que contenía.
***
Las cortinas se balanceaban con el viento. La forma de la luz del sol en la habitación cambiaba poco a poco con el movimiento de las cortinas. El borde de la sombra se posó sobre los dedos de Alec que sostenía el libro con fuerza. Alec estaba acostado en la cama, leyendo un libro, y levantó la cabeza un momento. A lo lejos se escuchaba un fuerte ruido a través de la ventana abierta. Pensándolo por un momento, hoy era la final de cricket*. Alec recordó que los chicos estaban actuando extrañamente los últimos días. No faltó un niño que golpeara a Alec en el costado diciendo: “Vamos a animarlos.” Sin embargo, Alec dio una respuesta un poco convincente y siguió adelante. A lo lejos, se escuchó una fuerte exclamación sobre el equipo que había anotado. Alec dejó el libro y se levantó.
*N/T: Cricket: Es un deporte de bate y pelota, en el que se enfrentan dos equipos de once jugadores cada uno. Se juega en un campo de hierba, más o menos ovalado, cuya extensión no debe superar al del fútbol.
Los niños estaban jugando al cricket en el patio. No podía ver sus caras debido a la distancia, pero podía distinguir aproximadamente quién era quién. Adam debía de ser el que sostiene la pelota en el campo ahora mismo, y Leonard es el que anima con entusiasmo a su lado. Y la persona que está de pie, debe de ser Max, Bill, Chris… Alec se dio cuenta de repente de que habían pasado cinco años asistiendo a este colegio.
El lanzador lanzó la pelota. El bateador hizo girar el bate. La pelota voló en la distancia dibujando un largo arco. Se produjo un estallido de exclamaciones al mismo tiempo. El defensor persiguió la pelota pero al final la perdió. Los chicos corrieron hacia el bateador que anotó y gritaron.
“Parece que al final ha ganado nuestro equipo”. Alec lo pensó y se dio la vuelta. Vio un montón de libros apilados sobre el escritorio. Ahora que lo pensaba, era hora de devolverlos a la biblioteca. Alec colocó unos cuantos libros bajo el brazo izquierdo y salió de la habitación.
Antes de darse cuenta, el borde del cielo se tiñó naranja. Alec caminó por el estrecho sendero junto al césped. Atravesó el patio de recreo que seguía repleto de personas, entonces, si giraba a la izquierda encontraría la antigua biblioteca. Alec caminó lentamente y miró el patio. Los demás chicos rodeaban a la persona que había marcado la última puntuación. Todos parecían entusiasmados y emocionados, sus gestos eran alegres y sus voces altas. Alec inclinó ligeramente la cabeza como si quisiera encontrar a alguien en la escena, pero pronto se dio por vencido y se dio la vuelta.
—¡Alec!
Alguien levantó la voz para llamarlo. Alec miró de dónde provenía el sonido. En medio de la multitud de niños, alguien levantó las manos y saludó a Alec. Unos ojos largos y fríos se extendían bajo el pelo negro que caía sobre la frente. Con hoyuelos en ambas mejillas que se formaban superficialmente cuando sonríe, volvió a pronunciar el nombre de Alec. Una sonrisa apareció en el rostro de Alec.
—¡Phil!
El chico llamado Phil, o más bien llamado Philip Meyer, sonrió alegremente a Alec.
Phil se abrió paso entre los demás que lo rodeaban y caminó hacia Alec. El pelo negro de Phil estaba despeinado. Iba vestido de jugador de cricket, así que cada vez que caminaba, los protectores de las piernas se movían de forma irregular. Phil le dio una palmadita en el hombro a Alec. El olor caliente del sudor le llegó a la nariz.
—Alec, ¿a dónde vas?
—A la biblioteca.
Entonces Alec levantó los libros de su lado. Phil se rió y sacudió la cabeza.
—Eres un ratón de biblioteca.
Alec se encogió de hombros ligeramente.
—Pero te he visto anotar antes, Phil. Hiciste un buen trabajo.
—Odio los deportes, pero, ¿cómo lo has visto?
—Lo vi desde la habitación.
Phil abrió los ojos delgados.
—¿Por qué no viniste a animar si querías ver el partido?
—Olvídalo. No me gusta eso.
—¿Por qué?
Alec respondió displicentemente con la habitual mirada hosca.
—Es que no me gusta el deporte en sí. Ya sea cricket, el bote, o lo que sea… Cuando juegas en un grupo así, si se pierde, la culpa siempre se dirige a alguien que lo hizo peor. Odio a un sistema que critica a los peores y los expulsa.
Los ojos azules de Phil brillaron con interés. Sonrió levantando las comisuras de la boca. Sus ojos claros dibujaron un fino arco.
—Eres un tipo muy interesante, Alec Foster.
Era una sonrisa que olía a polvo y sudor. Las orejas de Alec se pusieron un poco rojas.
—¡Phil, ven aquí! ¿Qué pasa si el protagonista desaparece?
Alguien gritó con fuerza. Phil giró la cabeza y gritó: "Ahora mismo voy". Le dio una palmadita en el hombro a Alec.
—Tengo que irme. Te veré más tarde.
Alec asintió con la cabeza.
—Hasta luego.
Pronto Phil se dio la vuelta y corrió hacia los demás. Alec observó la escena por un momento y pronto se dio la vuelta.
***
—He oído que fue al mismo colegio que Philip Meyer.
Alec respondió con un breve “sí” a la pregunta de Theodore. Pero este no se detuvo.
—Al parecer fueron compañeros de habitación...
—Es verdad, pero hace tiempo que no sé nada de él desde la graduación.
La voz de Alec era fría y firme como el mármol. Entonces, el anciano sentado junto a Theodore se levantó.
—Profesor Foster, sabemos que usted y Philip Meyer se reencontraron durante la guerra.
El rostro de Alec se endureció. Mirando el rostro de Alec, que parecía haberse tensado, el anciano volvió a hablar.
—Comprendo que es una historia desagradable. Pero debemos saberlo.
—¿Qué quiere decir?
El hombre respondió rápidamente.
—El paradero de Philip Meyer.
***
Phil regresó a la habitación al anochecer. En cuanto entró, se quitó la camiseta sudorosa. Pronto los calcetines, los pantalones y la ropa interior cayeron al suelo en ese orden. Alec estaba acostado en la cama, leyendo un libro y levantó ligeramente la cabeza. Debajo de la redonda y negra parte trasera de la cabeza, podía ver una espalda blanca y lisa, además que tenía unas piernas largas. Cuando Phil levantó la toalla, los músculos de su espalda y los huesos de esta se movieron prominentemente. Pronto Phil se dirigió directamente al baño con la toalla alrededor de los hombros. Entonces, al oír el sonido de la puerta del baño cerrarse, Alec sacudió la cabeza como si hubiera recuperado el sentido común.
El cuerpo de Phil desde el baño olía a jabón húmedo. Alec se acostó boca abajo en la cama y observó a Phil sentado frente a él. Antes de darse cuenta, ya casi era la hora de apagar las luces. Alec apagó todas las luces y solo dejó una pequeña lámpara naranja sobre la mesa. Una gran sombra se extendió sobre la pared.
—Ya casi son las vacaciones.
A la voz de Phil, Alec respondió un “sí”. Phil murmuró frotándose el pelo mojado con la toalla.
—Son nuestras últimas vacaciones. Nos graduaremos el año que viene.
—Sí... Y luego iremos a la universidad.
—¿A qué universidad vas a ir? ¿Oxford? ¿Cambridge?
A la pregunta de Phil, Alec miró hacia arriba como si estuviera pensando por un momento.
—Bueno…tal vez vaya a Cambridge porque mi padre se graduó de allí.
Phil sonrió como si entendiera lo que dijo Alec.
—Phil, ¿y tú?
—¿Yo?
Phil ladeó la cabeza un momento y miró a Alec. Tenía una sonrisa desconocida. Unos curiosos y brillantes ojos azules miraban fijamente a Alec, que no tenía idea sobre lo que estaba pensando. Phil se sujetó la barbilla con una mano y susurró:
—¿Debo ir a donde tú vas?
Alec abrió mucho los ojos. Los ojos de Phil seguían mirando a Alec. La luz naranja se derramó sobre el rostro de Phil, proyectando una sombra oscura. Alec tragó saliva.
—Eso es... —Alec giró ligeramente la cabeza dando vuelta en la cama. —Este tipo de cosas no deben de decidirse así. Será mejor que te dejes de bromas y pienses en serio, Philip Meyer.
La risa de Phil se escuchó. Alec se frotó la mejilla y pensó: “Me alegro de que la habitación esté en estos momentos oscura.”
Pronto Phil se acostó en la cama. Ahora miraba al techo. La luz de la lámpara naranja reflejaba el patrón en el techo y las paredes.
—Alec, de hecho, puede que me vaya a Alemania después de la graduación.
—¿A Alemania?
Alec dio un salto de sorpresa.
—Sí. Bueno, no estoy seguro.
—¿Pero no es mucho mejor para ti estudiar en Inglaterra?
—Mi madre dijo que volvería a Alemania después del divorcio.
Los ojos de Phil seguían mirando al techo. El rostro de Phil estaba tranquilo y pulcro como siempre.
—Tal vez siga a mi madre. Ella no puede vivir sin mí.
—Entonces tú...
Phil sonrió cuando Alec no pudo hablar en absoluto.
—Bueno, estoy bien. Incluso en Alemania, la ciudad natal de mi madre está cerca de Francia… Oh, es cierto. Por eso puedo hablar francés. La mayoría de la gente de allí habla francés.
Phil sonreía despreocupadamente, como si estuviera realmente bien. Alec no sabía qué decir, así que se limitó a mirarlo fijamente.
—En primer lugar, aún no está decidido. Mi padre quiere que me quede en Inglaterra y que me gradué en la universidad que más quiera.
Después de un largo rato, Alec murmuró en voz baja.
—¿Qué no el ambiente en Alemania es muy malo ahora mismo…? Es lo que se ha dicho últimamente… Después de que Hitler se convirtiera en Fuherer…
—Mi madre odia a mi padre, así que eso no es lo importante.
Alec miró la cara lateral de Phil, sin palabras. Alec observó durante mucho tiempo cómo las largas pestañas negras parpadeaban sobre los ojos azules.
¡Bang! Escucharon que alguien llamaba a la puerta.
—¡Apaguen las luces y vayan a la cama! ¡Es hora de acostarse!
Era un profesor de la escuela. Alec se apresuró a apagar la lámpara del escritorio. Pronto el sonido de los pasos se hizo distante, y solo se pudo escuchar al profesor decir lo mismo frente a otra habitación. En un instante, la oscuridad y el silencio llegaron de golpe en la habitación. Pero Alec no podía dormir en absoluto. Alec parpadeó durante mucho tiempo y dio vueltas en la cama. Entonces, de repente, se dio cuenta de que no podía oír la respiración dormida de Phil.
***
Alec sacó una pitillera* de su bolsillo. Abrió un estuche fino y delgado, tomó un cigarrillo, lo golpeó ligeramente en el estuche y lo colocó en su boca. Al mismo tiempo que el encendedor hizo “clic” el extremo del cigarrillo se encendió en rojo. Alec dejó escapar el humo de su boca. Los dos hombres sentados frente a él observaron los movimientos de Alec. Este, inhaló profundamente el humo del cigarrillo y luego volvió a exhalar.
*N/T: Pitillera: Es un envase plano en el que se conservan los cigarrillos ordenados dispuestos para su uso.
—No sé por qué debería ayudarle.
Las palabras de Alec cambiaron ligeramente la expresión de Theodore. Alec los miraba con ojos fríos y hundidos, a diferencia de hace un momento. Dejó caer la ceniza del cigarrillo sobre la taza de té. La ceniza gris golpeó la superficie y unas pequeñas chispas rojas salieron.
—Phil...
Fue su primera pronunciación en años. Como siempre, sonó como un suspiro al pronunciar su nombre que pasaba por los dientes delanteros y el labio inferior. Alec se sintió un poco confundido y avergonzado por la sensación, que no había cambiado en absoluto desde hace años.
—No, Philip Meyer...es un amigo mío de mi época escolar y, como ha dicho, me encontré con él brevemente durante la guerra. Pero eso no significa que tenga que hablarle de ese amigo. Especialmente a alguien como ustedes...
A continuación, Alec dejó escapar el humo de su cigarrillo.
—Que pertenecen al SIS (Servicio Secreto de Inteligencia, Unidad de Inteligencia, MI6).
Theodore miró fijamente a Alec. Este midió la edad de Theodore en su mente. Quizá tenga la misma edad de Alec, o tal vez Alec podría ser un poco más joven. En ese momento, el anciano que estaba a su lado le guiñó un ojo a Theodore. Entonces, Theodore lanzó una mirada feroz. La voz del anciano era suave.
—Lo entiendo. Pero cómo sabe, somos gente que trabaja para el gobierno. Y si eres perteneciente a los civiles, sabe que tiene el deber de cooperar.
—Y esto es un país democrático. Aunque insista, no les diré nada.
Alec apoyó la espalda en la silla y se cruzó de brazos. Todavía con el cigarrillo en una mano, miró a los dos agentes del gobierno que tenía delante. Theodore miraba a Alec con una mirada hostil. De repente, Alec pensó que quería expulsar el humo del cigarrillo de su cara. Finalmente, el anciano respiró profundamente.
—Es confidencial, pero…ya que hemos llegado hasta este punto, no se puede hacer nada.
—Dígame.
La voz de Alec era contundente. El anciano juntó las manos sobre la mesa. Su voz era baja y cautelosa.
—Philip Meyer era nuestro agente. Para ser exactos, era un agente doble.
El sol de la tarde brillaba con fuerza en el despacho. La luz del sol brillaba débilmente en el humo del cigarrillo. Los ojos del hombre, que tenían arrugas, eran visibles en una capa de humo que circulaba lentamente por el aire.
—Durante la guerra, se hizo pasar por un agente alemán y nos trajo información, y después de la guerra, se convirtió en un agente de Alemania del Este, pero en realidad era nuestro agente. El agente más secreto de todos. Pocas personas en SIS saben de esto.
—Un agente doble, ¿es eso?
El hombre asintió ante la contra pregunta de Alec.
—Por así decirlo—, continuó el hombre, arreglando las gafas. —El contacto con él se perdió desde principios de este año. Tras comprobarlo por otro informante del gobierno de Alemania Oriental, me he enterado que Alemania Oriental no tiene idea de dónde o por qué ha desaparecido. Y mientras buscábamos su paradero…llegamos hasta el profesor.
Alec entrecerró ligeramente los ojos.
—¿Es esa la razón para querer encontrarlo? ¿Sólo por qué desapareció?
Los ojos grises del hombre respondieron sin evitar la aguda mirada de Alec.
—Eso es todo lo que podemos decir.
Alec miró atentamente al anciano y a Theodore en lugar de seguir indagando. Sin embargo, ambos estaban sentados con una mirada de indiferencia, incapaces de leer ninguna emoción o información. Alec respiró profundamente el humo del cigarrillo. Pronto sus labios se abrieron.
—Me encontré con Philip Meyer en Londres durante la guerra. Era una época en la que los ataques aéreos eran severos… Creo que fue alrededor de noviembre de 1940. Cuando le pregunté dónde había estado, me dijo que en Alemania. No pregunté mucho. De hecho, es más exacto decir que no me dio una respuesta adecuada cuando le pregunté. Me dijo que después me lo diría y estuvimos juntos por un tiempo. Sin embargo, después de una semana…simplemente desapareció. Desapareció mientras estaba fuera por un rato para recoger raciones de comida. Como si no hubiera estado ahí desde el principio. No he visto a Philip desde entonces. Nunca más supe de él.
—¿Eso es todo?
—Si.
La respuesta de Alec fue rápida y tranquila. El hombre mayor asintió con la cabeza.
—Bien.
Los dos agentes del gobierno se pusieron de pie uno al lado del otro.
—Gracias por su tiempo, profesor Foster.
Alec abrió la puerta y les pidió que se fueran.
—Phil... No, ¿Meyer hizo algo malo?
El anciano giró la cabeza. Los ojos sobre las gafas redondas brillaban de forma extraña.
—No puedo decírselo.
Una respuesta corta y contundente. Pero fue suficiente. Cuando se fueron, Alec se quedó solo.
Antes de darse cuenta, el cigarrillo era tan corto que la pequeña llama dentro podía alcanzar su mano. El último humo se elevó densamente con un sonido crepitante. Todavía lo acuerda. Todos esos momentos en la calle 25 3A, Chagford Street de Londres. Lo recuerda. El mundo ardía y la gente moría, pero ellos se amaban.
***
En cuanto sonó el órgano, los estudiantes se levantaron al unísono. El tarareo de una canción se extendió con fuerza por la capilla. Alec se limitó a sonreír y a fingir que cantaba moviendo solo su boca sin emitir sonido. Phil, que estaba a su lado, deslizó una nota bajo el brazo de Alec. En la nota, con letras poco uniformes, estaba escrito lo siguiente: "Esta noche, a las 10, en la habitación de Leonard" Alec miró a Phil. Phil miraba fijamente a Alec, como si fuera a responderle rápidamente. Alec negó con la cabeza. Entonces Phil bajó las cejas.
En cuanto terminó el servicio, Phil le preguntó a Alec.
—¿Por qué no? Leonard dijo que tiene bebidas muy buenas. Salgamos una última vez antes de las vacaciones, y el profesor de guardia es Mellington, así que será fácil escapar de él.
Los ojos de Alec se volvieron hacia Leonard. El rostro pálido y arrogante de Leonard se veía entre los estudiantes que salían de la capilla después del servicio.
Alec negó con la cabeza y dijo: "No me agrada Leonard". Entonces Phil emitió un sonido como si lo entendiera.
—Bueno, Leonard es un poco así.
—No es solo “un poco así”. ¿Viste lo que le hizo a Chris la última vez? Solo llegó tarde a clase, pero estaba haciendo un escándalo como si fuera algo importante. Todavía no está confirmado, pero ya actúa como el líder del curso.
Entonces Alec se quedó mirando a Leonard. Phil le lanzó una mirada avergonzada a Alec.
—Alec, está bien, pero no deberías mirarlo así.
Sólo entonces Alec dirigió su mirada hacia Phil.
Phil se encogió de hombros.
—Bueno, no digo que Leonard sea un buen tipo. De todos modos, la oferta ya está hecha, podemos salir juntos ¿cierto?
—Tienes razón. Entonces Phil, ¿vas a ir?
Entonces Phil guiñó un ojo.
—Tengo que ir. El gran Leonard Fletcher me pidió que fuera. Así que no puedo negarme.
—Bueno, no quieres que me quede solo, así que me pides que vaya contigo.
Phil se vio sorprendido por las palabras de Alec, y luego Alec se rió torpemente.
—Estoy bien. Ve a divertirte. Que no te atrapen.
—Me quedaré un rato y volveré enseguida.
Contestó Phil, poniendo la mano en el hombro de Alec.
—Estarás durmiendo profundamente, y yo me arrastraré con cautela, así que no te preocupes.
Huh, y Alec resopló ligeramente.
—No causes problemas después de beber.
***
Phil no volvió hasta tarde. De todos modos, Alec no tenía intención de esperarlo, así que se dio una ducha, apagó la luz y se durmió como de costumbre. En un sueño confuso, Alec oyó que alguien le llamaba por su nombre. La voz era lejana, como si estuviera en un sueño. “Alec, Alec...” La voz se detuvo después de un par de repeticiones. Alec pensó en despertarse y ver quién le llamaba.
En ese momento, algo caliente tocó sus labios. Podía sentir el aliento mezclado con el olor a alcohol junto con el tacto suave y blando. Alec abrió un poco los ojos. El pelo alborotado como las plumas de un pájaro, caían sobre su frente blanca. Las pestañas negras bien cerradas brillaban a la luz de la luna. Los labios, que se tocaban ligeramente, se separaron con lentitud. Alec volvió a cerrar apresuradamente los ojos. De alguna manera, sentía que tenía que hacerlo. Pronto, sintió un suave tacto en su rostro. La mano bajó lentamente desde el párpado a la mejilla y cayó con cuidado.
—Te voy a echar de menos.
La voz baja y susurrante de Phil. Alec seguía cerrando los ojos. Pronto oyó que Phil se levantaba y se acercaba a su propia cama. Sólo entonces Alec abrió un poco los ojos. La luz blanca y pálida de la luna entraba por la ventana, mostrando a Phil acurrucado sobre la cama. Le dio la espalda y no podía ver su rostro. Alec se quedó mirando la espalda de Phil durante mucho tiempo. Era una noche en la que faltaban tres días para las vacaciones de verano.
***
Nada más llegar a casa, Alec dejó caer su maletín al suelo. Hoy estaba realmente cansado. No le bastaba con que ayer le acosaran los agentes del MI6, sino que hoy, el jefe del departamento lo ha regañado. Fue precipitado abordar el tema del materialismo delante de los alumnos de primer año.
'—¿Qué haría usted si se vieran influenciados por las ideas marxistas…?'
Alec respondió secamente.
'—De todos modos, tarde o temprano lo sabrán.'
Gracias a esa conversación, estaba tan cansado que le dolía la cabeza.
Se aflojó la corbata con una mano y con la otra encontró un mechero y un paquete de cigarrillos. Se llevó un cigarrillo a la boca y encendió el mechero, pero no prendió. Vaya. Se había quedado sin aceite en un momento así. Alec se irritó y se acercó al cajón donde podría haber un mechero más. Al abrir el cajón, aparecieron todo tipo de cosas desordenadas. Entre los objetos como sellos y monedas, había un encendedor de repuesto junto al aceite.
En ese momento, la mano de Alec se detuvo de repente.
«¿He dejado esto aquí?»
La última vez no pudo encontrar aceite por más que buscó, así que tuvo que comprar uno nuevo… La cara de Alec se puso pálida. Se apresuró a abrir el otro cajón. Era parecido a lo de siempre, pero había algo diferente. Alec giró la cabeza. El pestillo de la ventana estaba abierto. El corazón de Alec empezó a latir rápidamente. Cerró apresuradamente la ventana y se dio la vuelta. Tenía que volver a la escuela, al colegio.
Cuando el guardia vio a Alec corriendo frenéticamente, tenía una expresión de desconcierto en su rostro.
—Profesor Foster, ¿por qué ha vuelto?
Cuando el guardia habló amistosamente, Alec asintió con brusquedad. Tomó aire y señaló hacia donde estaba su despacho.
—Señor Shelley, ¿ha visto a alguien entrar en mi despacho hoy o algo así?
—Oh... no. Creo que no lo he visto.
—Gracias, señor Shelley.
Alec dijo eso y empezó a correr de nuevo.
La oficina de Alec tenía el mismo aspecto de siempre. Nada había cambiado desde que había salido hace una hora. Alec abrió apresuradamente el cajón del escritorio. Sacó una carpeta y le dio la vuelta, y los sobres dentro de ella se desparramaron por el escritorio. Entre los sobres similares que estaban en el escritorio, Alec tomó uno. La dirección de la oficina de Alec estaba escrita a máquina en el sobre blanco. El lugar de donde fue enviado no estaba escrito en absoluto. Alec sacó el contenido del sobre con una mano temblorosa.
Era una pequeña postal. Una ciudad con mezquitas visibles entre las casas bajas con el mar al lado estaba pintada con acuarela. Alec dio la vuelta a la postal. En el centro de la postal había una palabra escrita con bolígrafo.
[Hello]
La mirada de Alec se detuvo. Su mano se movió con cautela sobre la postal. Su mano se deslizó lentamente como si acariciara las cinco letras escritas por el bolígrafo.
***
Durante las vacaciones de verano, Alec no tuvo contacto con Phil. Phil solía ir a Alemania, la ciudad natal de su madre, en vacaciones. Era Phil quien solía enviar la carta primero, pero por alguna razón, en estas vacaciones de verano no tuvo noticias de él durante varias semanas. Al final, hacia mediados de julio, Alec no pudo soportarlo y escribió una carta a la casa de Phil. No recibió respuesta.
El padre de Alec le gritó a su hijo, que se pasaba el día frente al buzón: “Vete a nadar o a leer un algún libro que te guste”. Su madre dijo que le avisaría en cuanto llegara alguna carta, así que estaba aliviado, pero los ojos de Alec seguían en la entrada de su casa. Si parecía que alguien visitaba la casa, se levantaba y comprobaba si era el cartero. En agosto, Alec se había dado por vencido. Mientras seguía a su padre haciendo pesca o caza, se preguntaba constantemente si le había pasado algo a Phil.
Volvió a la escuela, pero Phil no aparecía por ninguna parte. El señor Mellington dijo con displicencia que Phil ya no asistía a la escuela. Alec no se dio por vencido, y le preguntó constantemente a dónde había ido y qué le había pasado, por lo que el señor Mellington finalmente terminó por decírselo.
—Los padres de Phil se divorciaron y Phil siguió a su madre a Alemania.
Dijo con voz irritada. Mientras Alec se quedaba atónito, el señor Mellington le espetó.
—¿No te lo dijo? Eran muy amigos.
La voz de Alec que respondía: “Sí, lo somos”, era impotente.
***
Fue alrededor de marzo de este año cuando Alec recibió la postal. Fue cuando el invierno aún no había terminado, cuando el cielo salpicaba caprichosamente aguanieve. A Alec no le gustaba el invierno. En invierno, le dolía el brazo izquierdo, que había sido herido durante la guerra. Con el molesto y fastidioso dolor pegado a él, Alec enseñaba a sus alumnos, les daba tareas y amenazaba con suspenderlos de vez en cuando.
Las cartas a la escuela se recogían primero en la oficina de administración y luego se clasificaban por oficinas y se entregaban. El personal de la oficina de administración era perezoso, así que a menudo entregaban las cartas de varios días a la vez. También ese día, Alec recibió las cartas de una semana. Entre ellas, había boletines de conferencias, cartas diciendo que habían conseguido el libro que Alec buscaba en una librería de segunda mano y una carta de un compañero que conoció en una conferencia. En un sobre de aspecto similar, la carta no parecía llamar la atención en absoluto.
Cuando Alec levantó la carta, al principio no se dio cuenta de lo que era extraño.
«Creo que falta algo, ¿pero qué?»
Pronto se dio cuenta de que el sobre no tenía el nombre ni la dirección del remitente. Y no había sellos del correo. Alec rasgó cuidadosamente el sobre con un cortapapeles. Cayó una pequeña postal con un mensaje. En ese momento, Alec se dio cuenta de quién era la carta.
Alec permaneció inmóvil durante mucho tiempo. Su mano sostuvo la postal durante mucho tiempo y, de repente, la empujó violentamente hacia el interior del sobre. Abrió la carpeta de archivos y pasó el dedo por las cartas que habían llegado y estaban almacenadas dentro. Cerró la carpeta tan fuerte que hizo ruido y la guardó en el cajón. Alec se cubrió la cara con ambas manos. La mano izquierda le temblaba. Alec respiró profundamente y se pasó la mano por la cara. El temblor cesó lentamente.
«Pensé que lo había olvidado. No, solo intenté olvidarlo. Pensé que todo había terminado.»
***
Se oyó un fuerte sonido como un trueno. Alec giró la cabeza hacia el sonido mientras bajaba del autobús. Círculo rojos y azules se extendían en el negro cielo nocturno sobre el edificio. “Ahora que lo pienso, hoy era el día de Guy Fawkes", murmuró Alec. En el siglo XVII, Guy Fawkes fue encontrado y ejecutado por intentar volar las Casas del Parlamento.
Fue un evento que mostraba simbólicamente el enfrentamiento entre el protestantismo* y el catolicismo en Gran Bretaña en el siglo XVII, pero ahora su significado casi se desvanece y se reconoce como una semana de fiesta para disfrutar de los fuegos artificiales. Los fuegos artificiales parecían acabar de empezar. La calle estaba abarrotada de gente. Alec subió por el pasillo hasta el Támesis, donde se estaban produciendo los fuegos artificiales.
N/T: protestantismo: fue un 'movimiento religioso' que tuvo sus inicios en la Alemania del siglo XVI. Buscaba protestar en contra de las malas prácticas y los abusos que se venían presentando al interior de las iglesias católicas.
El lugar de encuentro era el Soho. El Soho, una zona del centro de la ciudad, estaba más lleno de gente que de costumbre. Aunque caminaba con todo el cuidado posible, los hombros y los codos de la gente seguían golpeando a Alec. Alec se ajustó con fuerza el cuello de su abrigo. Para cuando salía de Regent Street, sentía algo de frío en su nuca. Pudo sentir los ojos de alguien sobre su cuerpo. Alec giró la cabeza.
Las calles seguían llenas de gente. No había ninguna persona sospechosa entre la multitud que se agitaba. Alec llevaba un fedora*. Es sólo por la reciente visita del MI6 y la intromisión de alguien que no conoce. Alec pensó que sí, pero decidió deliberadamente ir por Oxford Street, una calle más concurrida, en lugar de Margaret Street, un atajo. No había nada malo en ser precavido.
N/T: Fedora: es un sombrero flexible y de ala corta, clásico originario de Italia.
Alec caminó durante mucho tiempo y se metió en un callejón. En el callejón se oía un excitante sonido de música. Alec tosió frente a la puerta.
—Tengo una cita aquí...
El portero examinó a Alec de arriba abajo. Alec llevaba un viejo abrigo gris sobre un traje marrón. Los ojos del portero parecían decir: "No deberías estar aquí". Pero Alec no se desanimó y le respondió.
—¿Quiere que le muestre mi identificación, si es necesario?
Entonces alguien agarró el hombro de Alec. Alec se giró por reflejo sin darse cuenta.
—¡Alec!
—¡Lowry!
Lowry abrazó el hombro de Alec con una sonrisa.
—¿Por qué estás tan sorprendido, amigo mío?
La cara de Lowry estaba llena de sonrisas y unas finas arrugas se extendían bajo sus ojos. Alec, que todavía trataba de calmar su corazón, que latía con fuerza, respondió.
—Por supuesto que estoy sorprendido. Todavía estás en forma.
Lowry tenía un físico fuerte y robusto que se había perfeccionado con el tenis y la natación, desde que conoció a Alec en su primer año de universidad.
A primera vista, parecía un simple estudiante de gimnasia, pero Alec sabía bien que contenía un cerebro extraordinario y genial. Lowry se echó a reír.
—Ja, ja... No te encoges de miedo como antes, ¿verdad? Supongo que a ti también te ha ido bien. Hace frío, ¿nos damos prisa en entrar?
Le guiñó un ojo al portero.
—Este es mi amigo. ¿Me dejas entrar?
El portero asintió moviendo la cabeza nervioso y se hizo a un lado.
En el club sonaba una música lenta. En el escenario, una cantante con trajes brillantes estaba cantando. Alec pensó de repente que era una voz extraña y pegadiza. No había muchos clientes en el club, pero todos parecían ricos. Lowry caminó con familiaridad, como si fuera alguien habitual, y pronto encontró un buen sitio. En el oscuro y sombrío interior, las luces de las lámparas y las velas brillaban como la luz de las estrellas.
Alec pidió whisky con hielo y Lowry pidió Martini. Fue Lowry quien sacó el tema primero.
—¿Sigues siendo profesor universitario estos días, Alec?
—Sí. Sigo dando clases a los chicos.
—Por eso todavía pareces tan joven. Cada día me hago mayor trabajando con gente mayor.
Alec se rió de la broma de Lowry.
—¿Cuándo vuelves a White Hall?
*N/T: White Hall, el apodo de la calle donde se reúnen varios departamentos gubernamentales en Gran Bretaña.
Lowry hizo un gesto con la mano cuando Alec hizo una pregunta.
—Oh, ni lo menciones. Hago horas extras todos los días desde que llegué de Holanda. Estoy de mal humor estos días por culpa de Egipto... El Ministerio de Asuntos Exteriores, en el que estoy, está en emergencia.
—¿Pero puedes salir así?
—Esto es diferente. La gente no puede vivir solo trabajando.
Alec asintió como si estuviera de acuerdo con Lowry.
Cuando Alec se llevó un cigarrillo a la boca, Lowry lo encendió con un encendedor. Alec soltó entonces el humo del cigarrillo. El humo gris se dispersó lentamente a través de las resplandecientes luces amarillas.
—Lowry, ¿todavía no te gusta fumar?
—Sí, lo he intentado, pero sigue sin gustarme.
Lowry levantó una copa de Martini y la agitó ligeramente.
—Porque en su lugar tengo esto.
—Dios mío, no, un James Bond.
Ante las palabras de Alec, Lowry estalló en carcajadas.
—¿Cómo está Liz?
Preguntó Alec mientras bebía un sorbo de whisky. Liz era la esposa de Lowry. Había visto a Alec una o dos veces, y era una mujer alegre y amable. Se conocieron durante la guerra y se casaron en cuanto ésta terminó.
—¿Liz? Le va muy bien. Está ocupada porque mi hijo está yendo a la escuela estos días.
—Oh, sí. Tu hijo, se llama...
—Timmy.
—Sí, Timmy. ¿Timmy tiene ya la edad para ir a la escuela?
—Sí. Los niños crecen tan rápido.
—Quizá nosotros nos hacemos mayores demasiado rápido.
Era un tono ligero que no sabía si era una broma o no. Lowry asintió como si estuviera de acuerdo.
—Sí, pero ¿por qué me pediste encontrarnos?
En respuesta a la pregunta de Lowry, Alec rozó ligeramente su cigarrillo en el cenicero.
—Tengo algo que preguntarte.
Alec miró un momento a su alrededor. El club seguía a oscuras y la gente parecía ocupada hablando entre sí, sentada en cada mesa. La cantante del escenario estaba cantando ahora una canción diferente.
Y así pasan los días, y yo, desesperando. Y tú, tú contestando, quizás, quizás, quizás…
Alec pensó que se trataba de una canción que había escuchado en alguna parte y volvió la vista hacia Lowry. Sacó una postal de sus brazos y la extendió.
—¿Qué es esto?
Lowry preguntó al mirar la postal.
—He oído que estuviste en el frente del norte de África durante la guerra.
—Sí, lo hice.
—El lugar que está dibujado… ¿sabes dónde está?
Lowry pensó un momento y luego recogió la postal. Sus grandes ojos de doble párpado se dirigieron a la postal.
—Para ser sincero, la guerra fue hace unos años... No lo sé mirando solo esto.
—¿Es así…?
Murmuró Alec.
—Pero estoy seguro que no es Oriente Medio. Estuve sobre todo en Egipto y Siria... Pero aquí puedo ver que las casas son todas blancas. Pero hay muy pocas casas blancas en esa zona. Las casas blancas son perfectas para ensuciarse después de una tormenta de arena. Aquí hay una mezquita, pero eso no es Oriente Medio. Y…
La mano de Lowry señaló la esquina de la postal.
—Aquí se ven palmeras. Así que no es Oriente Medio. Más bien es un país africano que cree en el Islam.
Y Lowry le devolvió la postal a Alec.
—Por cierto, ¿por qué buscas esto? Puedes preguntarle a la persona que te envió la postal.
Preguntó Lowry. Alec volvió a poner la postal en sus brazos y dijo.
—No sé quién la envió.
—¿De verdad?
—Sí.
—¿Es esa la única razón por la que querías verme?
La pregunta de Lowry fue cortante. Alec se encogió ligeramente de hombros para evitar su mirada.
—Bueno, es una parte. Llevo pensando en encontrarme contigo desde que me enteré de que habías vuelto de Holanda.
—¿De verdad?
Había un sutil tono al final. Alec se dio cuenta de que Lowry no le creía. Alec se apresuró a sacar otro comentario para cambiar el tema, sin embargo, fue Lowry quien lo dijo.
—Por cierto, ¿vienes a este club a menudo?
Alec miró a su alrededor.
—No suelo venir a sitios como éste… Es realmente incómodo. Hacía mucho tiempo que no veía a una cantante cantar así.
—Nunca habías sido un gran fan de este tipo de cosas. Siempre decías que no, aunque te invitara a bailar con chicas en un bar ¿no? Todo el mundo pensaba en tratar de atrapar a una chica de alguna manera.
—¿Lo hice?
—Lo hiciste. Por eso todo el mundo decía que eras un bicho raro. Tal vez por eso, había algunos rumores extraños de que eras Rosa*… no lo creí. No podía ser. Siempre dije que Alec es solo un ratón de biblioteca que está obsesionado con los libros, y que ellos no podían saber nada. Y siempre añadía que te ibas a casar antes que todos nosotros.
N/T: Rosa (핑크) Un apodo común para referirse a los homosexuales.
Alec soltó una risita y respondió.
—¿De verdad? Gracias por eso, pero te has equivocado, sigo estando soltero.
Lowry también soltó una risita.
—Así que date prisa y cásate. Deberías intentar entrar en este círculo.
En lugar de responder, Alec contestó con una ligera risa.
—Oh, supongo que la canción ha terminado.
Murmuró Lowry. La diva del escenario se preparaba ahora para terminar su canción y bajar. Su piel color caramelo brillaba suavemente dorada a la luz de los focos. En ese momento levantó la cabeza. Una mirada de bienvenida apareció en su rostro. Alec miró a su alrededor con sigilo. Lowry sonreía.
Ella se acercó a la mesa donde estaban sentados en cuanto bajó al escenario.
—No sabía que iba a venir hoy, señor Browning. Y este es...
—Mi amigo, Alec Foster.
Cuando Lowry lo presentó brevemente, Alec sonrió y le tendió la mano.
—Encantado de conocerla. Su nombre es...
—Soy Aliyah.
La voz de Aliyah era tan suave como el terciopelo. Su voz era muy diferente de cuando cantaba.
—Gracias por la canción. La has cantado muy bien.
—Gracias.
Sus largas pestañas negras revolotearon como alas de mariposa mientras sonreía.
—Oh, claro. Aliyah. ¿Eres de Argelia?
Preguntó Lowry, como si hubiera tenido un flash en la mente.
—Sí, soy de Orán, Argelia.
—Bien, Alec. Vamos a preguntarle a Aliyah. Enséñale esa postal.
Ante las palabras de Lowry, Alec pareció reacio pero entregó la postal. Aliyah la miró durante mucho tiempo, sosteniendo la postal con sus manos cubiertas con suaves guantes de seda.
Tras un largo rato, sus gruesos labios se abrieron.
—Sé dónde está.
—¿Dónde?
Aliyah señaló con el dedo la esquina superior izquierda de la postal.
—Aquí, he visto este faro de camino a Inglaterra.
—Entonces, ¿dónde está? —se apresuró a decir Alec.
Aliyah pareció un poco sorprendida y entornó los ojos. Susurró con su voz cantarina.
—Casablanca.
“Casablanca”. Alec repitió lentamente el nombre. Por primera vez en su vida, fue una pronunciación cautelosa y torpe, como la de un niño que se mete una palabra en la boca. Rápidamente se dio cuenta que era una palabra en español, y sabía su significado.
—Es un lugar imprescindible para cruzar el Estrecho de Gibraltar desde África hasta Inglaterra. Y yo tomé un barco desde aquí hasta Inglaterra.
Quizás por el acento, las palabras de Aliyah sonaron como una canción.
—¡Hey, Aliyah!
Alguien llamó a Aliyah desde atrás. Era un trompetista que estaba en el escenario hace un rato. Aliyah se puso en pie, diciendo: "Dios mío”. Devolvió la postal a Alec y le guiñó un ojo.
—Me tengo que retirar. Señores, pásenlo bien.
El rostro anguloso y firme de Lowry sonrió suavemente en ese momento. Alec tomó un cigarrillo sin decir una palabra. Pensó en Liz y Timmy. Y no dijo nada.
Tras unas cuantas copas más, Alec se separó de Lowry. Antes de irse, Lowry le entregó una tarjeta de presentación con su número de teléfono en ella, pidiéndole que almorzaran juntos la próxima vez.
—Llámame si necesitas acercarte a White Hall. De momento, seguiré trabajando aquí en mi país de origen. Todavía no hemos decidido a dónde iré después.
Aunque bebió varios tragos fuertes, la cara de Lowry no estaba roja.
A medida que caía la noche, hacía bastante frío y su aliento se volvía blanco. Alec dijo que sí, frotándose las manos y metiéndolas en el bolsillo del abrigo. Con una ligera despedida, Lowry se dio la vuelta y se adentró en la calle llena de brillantes luces del Soho. No se molestó en preguntarle a dónde iba, pero tenía el presentimiento de que no volvería a casa de inmediato. Alec observó la espalda de Lowry mezclarse lentamente con la multitud durante un largo rato antes de darse la vuelta.
A través del oscuro callejón se veía un cielo fragmentado. A pesar de que ya era bastante tarde, los fuegos artificiales seguían en marcha. Un fuerte disparo sonó lejano y tenue. Al mismo tiempo, el borde del cielo brilló en rojo, revelando la textura de las nubes y desapareciendo. Aliyah estaba de pie frente a la puerta trasera del club. Llevaba en la mano una pipa corta, negra y brillante. En la punta del cigarrillo clavado en la pipa, la luz brillaba en rojo y un suspiro de humo salía de su boca.
Al final del callejón, podía ver una calle brillante y llena de gente incluso de noche. Pero el callejón donde estaba ella olía tan oscuro y sombrío como si fuera otro mundo. Aliyah se quedó mirando las sombras que se proyectaban sobre la desordenada pared. Pronto apareció alguien entre las sombras. Aliyah no se sorprendió en absoluto. Los pasos del hombre no hacían ruido. Saludó ligeramente, tocando la fedora con una mano. Aliyah también saludó.
—Cuánto tiempo sin verte.
—¿Cómo has estado?
Tras un breve saludo, el hombre se colocó al lado de Aliyah. Llevaba un maletín como si fuera a trabajar en medio de la noche.
—Estuvo aquí hoy—, dijo Aliyah. El hombre seguía mirando al frente. Las gafas redondas brillaban y resplandecían de forma pálida.
—Ha venido con un amigo.
—Cuéntamelo todo—, dijo el hombre. Los petardos volvieron a sonar en el cielo. Un estruendo de luz brilló sobre su rostro arrugado. Aliyah exhaló el humo del cigarrillo y dijo lánguidamente.
—No debes de apresurarte, Melbourne.
Melbourne levantó la mano. Aliyah también levantó la mano. Pronto un fajo de billetes cayó de la mano de Melbourne. Aliyah sonrió.
***
—…La economía de la Edad Media se basaba en la servidumbre, y el estallido de la peste supuso el final de la Edad Media y el fin de la servidumbre. Como la peste provocó una escasez absoluta de mano de obra, fue imposible mantener un sistema de subordinación de los campesinos a la tierra como en el pasado. Sin embargo, este cambio no llegó a todos los países en común. Rusia mantuvo la servidumbre en el siglo XIX, cuando otros países ya tenían la forma de estados modernos y estaban colonizados. Esta estructura social premoderna y desigual fue la causa fundamental de la revolución comunista.
Alec dijo eso y levantó la vista del libro de texto. Todos los alumnos parecían estar ocupados tomando notas o dormitando. Alec apartó la mirada. El aula estaba situada en el primer piso, por lo que era fácil ver a la gente ir y venir junto a la ventana. A menudo se veía a los estudiantes corriendo entre las ramas que colgaban de la ventana o a los profesores caminando elegantemente. Y la persona que estaba ahora de pie no era ninguno de ellos.
Los ojos de Alec se agudizaron. No le resultaba familiar la persona que veía con un fedora marrón. Tampoco era un miembro del profesorado. Ningún miembro del profesorado de la escuela podría pasearse con semejante sombrero a estas horas. Pero el rostro del hombre estaba hábilmente oculto por las ramas y el sombrero. Alec frunció el ceño con fuerza. Finalmente, volvió a girar la cabeza y comenzó a retomar la clase.
—La Revolución Comunista en Rusia fue algo que nadie se esperaba. Porque Marx sostenía que habría una revolución comunista en un país altamente capitalista, por ejemplo, aquí en Inglaterra. Pero lo que realmente ocurrió, fue que Rusia no pasó por la transición al capitalismo, lo que realmente causó la revolución capitalista. El comunismo era originalmente una ideología para los trabajadores, pero en Rusia, el comunismo se convirtió en una ideología para los campesinos oprimidos y funcionó como una herramienta para eliminar a los nobles corruptos y las familias reales. Y así, como saben, la Unión Soviética se convirtió en lo que es hoy.
Alec explicó hasta ahí y volvió a dirigir la mirada a la ventana. No podía ver al hombre. “¿Habrá sido un transeúnte?”, pensó Alec.
—Entonces, ¿volvemos a la Edad Media? Aunque la peste es una causa directa del fin de la Edad Media, los signos de la peste han estado ahí desde entonces. Por ejemplo…
La voz de Alec continuó en el aula sin interrupción. La ventana mostraba un cielo blanco y nublado y una calle tranquila.
El viento se hacía más frío a medida que pasaba el tiempo. Antes de que se diera cuenta, ya estaban a mediados de noviembre. Dentro de poco, el frío invierno llegará hasta los huesos. De hecho, incluso ahora hace bastante frío por la mañana y por la noche, así que tenía que colocarse un abrigo para que no le temblaran los dientes. Antes de que llegue el verdadero invierno, la escuela decidió comprobar por adelantado todos los sistemas de calefacción. Un técnico recorrió la oficina y revisó el radiador. Y hoy era el turno de Alec en la oficina. El técnico puso una cara extraña mientras revisaba las tuberías del radiador.
Miró al radiador.
—Profesor, esto es un pequeño problema.
Su voz tenía un acento extranjero.
—¿Cuál es el problema?
—Las tuberías no están bien conectadas. Creo que tendré que encargarme yo mismo.
La pronunciación de la r parecía provenir de una colonia francesa como Argelia o Marruecos. Pronto el técnico abrió la caja de herramientas que había traído y empezó a reparar el radiador.
—¿Cuánto tiempo llevas aquí?
Preguntó Alec, sentado en el extremo del escritorio. El técnico dijo mientras arreglaba el radiador.
—No es demasiado tiempo. Hace unos dos años.
—Eres de la colonia francesa, ¿no? ¿No sería mejor que fueras a Francia en lugar de Europa? Sólo es una curiosidad, así que no tienes que responder si te sientes incómodo.
El técnico respondió, todavía sin inmutarse.
—Soy de Marruecos. Francia puede hablar mejor el idioma, pero…estoy harto de los franceses.
Es así, rió Alec con amargura. Alec preguntó de repente.
—¿Qué clase de lugar es Marruecos?
—¿Marruecos?
Alec sacó una postal de sus brazos. En algún momento, siempre llevaba una postal consigo.
—Aquí, mi amigo me envió una postal. No sabía dónde estaba, así que pregunté y me dijeron que en Casablanca.
El técnico miró detenidamente la postal de Alec y asintió.
—Es Casablanca. Aquí, este faro es el único que hay.
El técnico volvió a mirar la tubería. Empezó a hablar mientras apretaba los tornillos con una llave inglesa.
—Marruecos es un desastre ahora mismo. Los franceses intentan cambiar al sultán a su gusto, y la gente se levanta por todas partes… Tuve que huir de allí justo antes de que me mataran. Yo era un oficial administrativo allí. Así es. Es un trabajo perfecto para morir. La gente irrumpe en las oficinas del gobierno y… Literalmente salvé mi vida. Me escapé de mi ciudad natal y cogí un barco desde Casablanca a Inglaterra. Y aquí, en Inglaterra, aprendí a ganarme la vida.
El tono del técnico era tranquilo. Mientras hablaba, su mano se movía sin parar.
—¿Su amigo es británico?
El técnico giró la cabeza. Mirando sus ojos negros, Alec se rascó la mejilla, avergonzado.
—Bueno...su nacionalidad es un poco ambigua…no sé si debería decir si es alemán o británico…
—De todas formas, no es francés.
—¿Es eso algo bueno?
—Bueno, la gente de allí no distingue muy bien a los europeos.
Alec sonrió con amargura.
El técnico se levantó de su asiento.
—Por ahora lo he arreglado todo. Si tiene algún otro problema, póngase en contacto conmigo.
—Lo haré.
Alec extendió la mano.
El técnico tomó suavemente la mano de Alec con una mirada ligeramente sorprendida. Se dieron un breve apretón de manos. El técnico abrió la puerta e intentó marcharse, pero giró la cabeza como si recordara de repente.
—Creo que puedo responder a más de las preguntas que me hiciste antes.
—¿De verdad?
—En Marruecos... Está el desierto del Sahara. En el desierto hay cosas que no se pueden ver aquí. La mayoría son cosas terribles. Todos los que no pueden soportar el calor del desierto huyen a Casablanca. Porque allí está el mar. Si tienes alguna intención de ir…
Los ojos del técnico se volvieron hacia Alec. Sus ojos eran negros, que no reflejaban sus intenciones.
—Le recomiendo que no vaya, pero si lo hace, le aconsejo que tenga cuidado con el desierto.
Alec sonrió.
—Gracias por decírmelo.
—De nada.
El técnico salió y la puerta se cerró. Alec murmuró, jugueteando con la postal en su mano.
—Es un desierto…
***
Al decano Lehman Burns no le gustaba nada Alec Foster. Tal vez la causa sea el profesor William McTaggert, que es el asesor y defensor de Alec y la persona que lo recomendó como profesor en la universidad. De hecho, unilateralmente, Burns, el jefe del departamento, odiaba al profesor McTaggert. Nadie sabía exactamente por qué. Corría el rumor de que cuando el decano Burns era un profesor nuevo, el profesor McTaggert lo había tratado mal, pero sólo era un rumor. Ninguno de los dos dio una explicación concreta sobre el rumor, por lo que éste quedó flotando entre la gente como un fantasma.
De hecho, la razón puede no ser un gran problema. El odio comienza originalmente como un pequeño acontecimiento trivial y crece cada vez más. En cualquier caso, con tales circunstancias, Burns trató de rechazar la recomendación del profesor McTaggert por una u otra razón, pero no había una justificación adecuada.
El profesor Lewis, que había enseñado anteriormente historia universal, dimitió por enfermedad y tuvo que cubrir la vacante, y Alec Foster publicó algunos artículos polémicos, pero bastante buenos cuando era un joven…
Además, el hecho de que era un alumno del profesor McTaggert era lo más fiable de todo. Teniendo en cuenta el peso del nombre del profesor McTaggert en la conferencia de Londres, independientemente de los gustos personales de Lehman Burns, esa confianza era natural.
Alec Foster lo supo en su primera semana en la escuela. Se lo contó un oficinista al que le gusta cotillear. Alec se encogió de hombros.
«Bueno, no hay más remedio. En cualquier caso, el decano del departamento no podrá cortarme el paso si está en condiciones de desconfiar del profesor McTaggert.»
Alec lo pensó con calma. La idea no cambió hasta que el profesor McTaggert se jubiló y se fue a su ciudad natal, Highland.
Hace aproximadamente un año que el profesor McTaggart se jubiló, pensó Alec despreocupadamente. El decano Burns llevaba gafas con montura de cuerno y tenía una cara inusualmente arrugada. Cada vez que veía sus mejillas caídas, Alec pensaba en un bulldog. Fielding, el amigo de su padre, tenía un bulldog con el mismo aspecto. Era un perro muy feo y malhumorado, y Alec casi fue mordido por ese perro una vez. Siempre tenía el impulso de patear al perro cuando lo veía. El decano del departamento, Burns, tosió. Alec levantó las manos sobre sus piernas cruzadas y esperó a que el decano dijera algo.
—He oído que has vuelto a hablar de comunismo en clase.
—¿Me ha vuelto a llamar para eso?
La voz de Alec parecían espinas, Ya era la tercera vez en este semestre que lo criticaba por semejante tontería.
—Es la primera vez que escucho que enseñe historia universal sin hablar del comunismo. No es que McCarthy esté en esta escuela… ¿No era éste un país libre?
La cara del decano Burns se arrugó aún más. No era que no conociera el macartismo, que sacudió a Estados Unidos hasta hace pocos años. Y no es que no supiera de qué hablaba Alec.
—No digo que sea incómodo. Ha llegado una queja de uno de los alumnos.
—¿Cuál es la queja?
—¿Es el profesor Foster un comunista, o está justificando para revelar sus ideas en clase?
—Le he dicho muchas veces que no soy comunista. Y creo que sólo he hablado del comunismo en un grado al que puedo mencionarlo mientras enseño historia del mundo. Y la actividad comunista no es ilegal en este país.
La respuesta de Alec fue rápida y coherente.
Burns chasqueó la lengua.
—De todos modos, si dices que no lo haces, no lo menciones. Los estudiantes son más inteligentes de lo que crees. Si tienes esa forma de pensar, los alumnos simplemente lo tomarán por hecho, ¿no es cierto?
Los ojos de Alec se fruncieron incomprensiblemente.
—Habla como si hubiera tomado mi clase.
—Eso no importa. En realidad, hay muchos problemas con tu investigación que has publicado esta vez. Si dices: “La explotación y el aprovechamiento de Irlanda en el siglo XIX por parte de Gran Bretaña: Centrándonos en la Gran Hambruna Irlandesa", sólo puedo decir que tienes una tendencia antigubernamental cuando publicas esto. En un momento en el que Egipto está en plena agitación por el Canal de Suez… ¿Sabes la presión que tengo por tu culpa?
—Sólo he investigado el ámbito científico social.
—No todo es investigación académica. Mira a tu alrededor.
Alec miró fijamente a Burns, el decano de Departamento. Por encima de las gafas con montura de cuerno, los ojos parecían hundidos en el rostro arrugado. Alec apoyó la espalda en la silla y levantó ligeramente las comisuras de los labios.
—Sea sincero conmigo, decano. Simplemente no le agrado y usted no me agrada, así que no pierda el tiempo en estas estupideces.
El decano abrió mucho los ojos. Abrió la boca como si fuera a gritar con fuerza, pero pronto se calló. Sus músculos faciales se crisparon como si se obligara a tragarse su ira. Pronto trató de aclararse la garganta y dijo,
—Eres sincero. Esto no va a funcionar.
El tono era como si agradeciera que no lo hubiera despedido. Alec se rió ligeramente.
—Muchas gracias.
Se puso en pie sin borrar su retorcida sonrisa.
El oficinista dijo en tono apenado que era una suspensión de seis meses.
—Ya se ha extendido por toda la universidad el rumor de que el decano y el profesor se han peleado. ¿Cómo demonios lo ha hecho?
Alec se encogió de hombros en lugar de responder. El personal chasqueó un poco la lengua. También sabía muy bien que a Burns, no le agradaba Alec. Sacudió la cabeza y murmuró.
—Bueno, se ha peleado con el decano y solo tiene una suspensión de seis meses, así que es un alivio.
Alec no respondió a su afirmación e hizo otra pregunta.
—¿Quién dará clases mientras esté suspendido?
—Bueno, creo que será uno de los alumnos del profesor Burns, porque el profesor Burns es de Oxford y él es de allí.
—Ya veo—, respondió Alec despreocupadamente. Era un resultado obvio.
—Profesor, ¿qué va a hacer durante su descanso?
—No lo sé...
Alec giró la cabeza. Por la ventana, apareció una calle como si hubiera recortado una imagen en blanco y negro.
—Creo que iré de viaje.
Las luces del despacho del decano Burns, estaban encendidas hasta tarde. Se frotó los ojos adormecidos y miró su reloj. Ya eran las 8 de la noche. Pero aún quedaba mucho trabajo. Tomó una lista de instructores que había pedido al personal de oficina hacía unas horas. Giró los gruesos expedientes uno por uno y los revisó con un bolígrafo.
Ring- el teléfono sonó. El color se desvaneció del rostro del decano Burns. Alcanzó el teléfono, pero dudó un momento. En ese momento, el teléfono volvió a sonar como si fuera algo urgente. Burns tragó saliva y contestó al teléfono.
—Ah, sí, hice lo que me dijiste. Seis meses.
Al decir eso, Burns jugueteaba con el dedo con el cable que colgaba del receptor metálico.
—Sí. No, el profesor Foster no se ha dado cuenta…
Los ojos, hundidos en la carne del decano Burns parpadearon varias veces. Pronto colgó el teléfono. Un fuerte y profundo suspiro se escuchó en el oscuro despacho. No tardó en colgar las gafas, frotarse los ojos y volver al trabajo.
***
Alec se bajó en la estación de metro de Marylebone. El metro, que siempre estaba abarrotado, hoy estaba vacío. El paraguas negro se movía suavemente y se desplegaba sin hacer ruido. Alec piensa que usar un paraguas en estos días es genial, así que lo usaba. La fría lluvia de invierno caía sobre el paraguas. El camino desde Marylebone hasta Chagford Street no estaba muy lejos.
“También han pasado 15 años aquí”, murmuró Alec para sí mismo. Los compañeros que conoció cuando trabajaba aquí solían decir que se reunieran unas cuantas veces. Cada vez que eso ocurría, Alec ponía cualquier excusa y se iba, y no se ponía en contacto con ellos en ningún momento. La última vez que vivió aquí, la gente estaba trabajando duro para restaurar el edificio que había sido destruido por los ataques aéreos. Ahora las calles estaban rectas y limpias como si nunca hubiera pasado nada. Alec se detuvo después de una larga caminata. Veía un viejo cartel de latón que decía "Chagford Street". Alec miró durante mucho tiempo el sucio y oxidado cartel antes de dar un paso atrás.
Incluso ese día, hace 15 años, llovió en Londres. Ese día, Alec salió del edificio y sacó un paraguas negro. El paraguas no se abrió bien porque estaba un poco rígido y oxidado. Alec agarró el paraguas con una mano e intentó abrirlo con fuerza con la otra, y luego frunció el ceño.
Alec cerró los ojos con fuerza y se rodeó el brazo izquierdo con la mano derecha. Contuvo la respiración durante un largo rato. El sonido de la lluvia golpeando el suelo y el agua que caía de los aleros del edificio fue un poco intenso. La ropa húmeda le apretaba la piel.
Abrió lentamente los ojos. El mundo entero era todo gris. Las paredes del edificio de enfrente se habían derrumbado a causa del ataque aéreo, dejando al descubierto la fea barra de refuerzo. Era el edificio donde trabajaba hasta ayer.
Ayer por la tarde, en cuanto sonó la alarma de ataque aéreo, la gente tiró todo lo que estaba trabajando y corrió al refugio. Un refugio antiaéreo en la calle más cercana se llenó rápidamente de gente. No parecía haber tiempo para entrar, así que Alec se apresuró a ir a la estación de metro. La estación de metro también estaba repleta de gente. Todos los hombres y mujeres de todas las edades estaban agachados.
Alec dijo: "Lo siento, lo siento", mientras pasaba entre la gente. Finalmente, en cuanto vio un asiento del tamaño de la palma de la mano, se desplomó. Boom, boom… El sonido de cosas pesadas que se derrumban, se rompen y estallan resonó sobre el muro de hormigón. Una vibración baja y pesada impregnaba la piel y parecía retener el corazón. La gente, ahora acostumbrada, guardaba silencio sin emitir un solo grito. Como hace un mes, o como hace una semana, la gente ha aprendido que todo esto es cuestión de esperar. Alec enterró la cara entre sus rodillas dobladas. La espera era larga y dolorosa, aunque supiera que había terminado.
El temblor que parecía durar eternamente se detuvo. A través de la repetida experiencia, la gente sabía que se había acabado. Uno a uno, se levantaron de su asiento. Alec también se levantó.
Al salir del edificio, las calles estaban llenas de humo acre y polvo. Alec tosió continuamente. Incluso entre el polvo, pudo ver a todo el mundo salir del refugio y volver al trabajo. En esta ciudad, donde los ataques aéreos se han convertido ya en una rutina, no estaba permitido ir a casa y tomar un té con leche para calmar el agitado corazón. Alec empezó a caminar a toda prisa. Tardó un poco más en volver a la oficina, ya que el ataque aéreo había dejado un gran agujero en medio de la calle y no tuvo más opción que rodearlo.
Cuando finalmente llegó, Alec murmuró: "No puede ser”. La pared de ladrillos rojos se había caído a pedazos y estaba destrozada. El humo y las llamas revoloteaban entre las feas barras de refuerzo elevadas.
Alec estaba de pie, aturdido, y alguien estaba a su lado. Era el señor Wilkins, que trabajaba con él. Chasqueó la lengua.
—Sabía que esto pasaría. Después de todo, es una agencia gubernamental… Los que han soportado hasta ahora son los más afectados —Luego añadió brevemente: —Malditos nazis.
—¿Está herido el Señor Wilkins?
Ante la pregunta de Alec, Wilkins se apretó ligeramente el sombrero fedora y se lo quitó mostrando su cabeza calva.
—Estoy bien. Entré en el refugio antes de tiempo.
Luego miró el edificio en llamas.
—No hay nadie ahí dentro que no haya podido evacuar… He visto a todo el mundo huir antes de tiempo. En todo caso, si lo hubiera, sería demasiado tarde.
El rostro arrugado de Wilkins parecía aún más viejo a la sombra de las llamas. Se oyó a lo lejos una brigada de bomberos que entraba a toda prisa.
—Tengo que entrar ahora. Tengo que ver si mi mujer está bien. Vete a casa ahora.
Alec asintió. El Señor Wilkins se vio caminando hacia una calle llena de humo. Alec miró durante mucho tiempo la llama brillante en la oscuridad y luego se dio la vuelta.
Cuando fue a trabajar al día siguiente, como era de esperar, le dijeron que no podría trabajar durante un tiempo. “Tardaremos una semana en prepararnos para trabajar en otro edificio”, dijo la señora Duncan, la directora de la oficina. Estaba sentada en un despacho provisional en el edificio opuesto al de la oficina original. Hablaba con hollín en una mejilla.
—Foster, no tiene que salir mientras tanto. Le llamaré cuando esté listo, así que tómese un descanso.
Eso significaba que Alec no tenía nada que hacer mientras tanto. De hecho, Alec era el más joven de la oficina, así que estaba en condiciones de hacer tareas. Además… Alec se miró el brazo izquierdo. Volvía a temblar ligeramente. Alec se apresuró a agarrar con su brazo derecho el izquierdo y dijo: "De acuerdo", y se despidió de la señora Duncan.
—Entonces llámeme cuando haya terminado, señora Duncan.
Preguntó de repente antes de salir.
—¿Hay alguien herido?
La señora Duncan respondió con una sonrisa cansada.
—Nosotros estamos a salvo.
«Nosotros estamos a salvo.»
Pero alguien más… Alec optó por sonreír de frente en lugar de pensar más.
“Es un alivio”, dijo Alec, y la señora Duncan, levantando las comisuras de la boca ante las palabras de Alec. Sin embargo, todavía había hollín en una de sus mejillas.
Al final, Alec decidió no tomar un paraguas e irse. Después de todo, esto era Londres. Era habitual caminar bajo la lluvia. La lluvia, que no era ni gruesa ni fina, siguió sin cesar. Alec se subió el cuello del abrigo y caminó rápido. Cuando le dieron el alta en el ejército, consiguió una pequeña casa en un piso de la calle Chagford Street, donde el propietario, era un veterano de la Primera Guerra Mundial, y le hizo una rebaja considerable en el alquiler. Un autobús rojo de dos pisos pasó junto a Alec.
—Haa, no puede ser…
Alec dejó escapar un breve suspiro. Debería haber tomado el autobús. Desde Marylebone, donde se encuentra la oficina, hasta Chagford Street estaba a unos veinte minutos a pie. Era una calle oscura para tomar el autobús, así que empezó a caminar porque pensó que el autobús no llegaría pronto, pero jamás se imaginó que sería todo lo contrario. Alec miró con reproche la parte trasera del autobús rojo y comenzó a caminar de nuevo con rapidez. Antes de darse cuenta, los hombros del abrigo ya estaban mojados.
Había poca gente en la calle. La lluvia era más fuerte que antes, golpeando con fuerza la calle. Alec se pasó la mano con fastidio por su pelo castaño, que ya estaba empapado y pegado a la frente. La lluvia caía por la frente y se pegaba en las puntas de las pestañas. Alec ya casi corría.
Atravesó Baker Street y entró en la entrada de Chagford Street. Pudo ver una calle en la que las casas de colores parecidos se alzaban en fila como si estuvieran agrupadas. Alec sacó la llave del bolsillo y se preparó para subir corriendo los escalones que tenía adelante hasta la puerta principal.
—Hola.
Una voz extraña, o familiar. Alec giró la cabeza. Había alguien de pie bajo la lluvia. Pelo negro pegado a las mejillas por la lluvia, cejas negras y rectas, frente pulcra y ojos claro. Los hoyuelos se atenuaban en las mejillas con una ligera sonrisa. Alec pudo saber de quién se trataba. Era imposible que no lo supiera. Era imposible que lo hubiera olvidado.
—Cuánto tiempo sin verte, Alec.
Phil saludó. La voz que siempre escuchaba en sus sueños… El mundo se quedó en silencio como si la lluvia se hubiera detenido por un momento. Entre las lentas gotas de lluvia, una cara ligeramente cambiada pero aún reconocible, se dirigía hacia él. Alec movió la boca. No, intentaba moverla. Pero nada se movió. Su vista y su cuerpo permanecían inmóviles.
En un mundo en el que hasta la lluvia parece haberse detenido, sólo Phil caminaba libremente por sí mismo. Cada vez que pisaba, una onda redonda se extendía por el charco de agua. Antes de que se diera cuenta, la cara de Phil se puso delante de Alec. Le tendió la mano.
—Estás muy mojado.
Su toque acarició el cabello castaño de Alec. Sin embargo, Alec tenía los ojos muy abiertos. Phil parecía un poco incómodo.
—No importa lo sorprendido que estés… ¿No vas a saludar?
—¿Por qué estás aquí?
La voz de Alec era rara y extraña. No es que esté enfadado, es que se siente sorprendido y desconcertado, pero era una pregunta que claramente pregunta el por qué. En lugar de responder, Phil giró la cabeza hacia lado. Veía un edificio de tres pisos de ladrillos rojos.
—Esta es tu casa, ¿no? Ya que está lloviendo, ¿entramos a hablar?
Alec asintió.
***
Alec llamó a la puerta un par de veces. Al cabo de un rato, un joven de rostro alargado abrió la puerta. Parecía tener unos veinte años.
—¿Qué pasa?
—Hola, antes he venido a ver al señor Bayless, pero no estaba. Así que vine aquí por si acaso. Solía vivir aquí.
El Señor Bayless era el propietario de este lugar y vivía en el primer piso. El joven dijo: "¡Ahá!" con una expresión de complicidad.
—El señor Bayless no suele estar en casa a estas horas. Sale a jugar al ajedrez en el parque.
—Oh, ¿entonces puedo saber cuándo volverá?
—Bueno, no sé exactamente, pero…
El joven pareció pensar un momento y luego le dijo a Alec.
—Pero no tardará mucho. Pronto será la hora del té.
—Ya veo.
Entonces el joven dudó un momento.
—Bueno... ¿quieres esperar aquí? Estaba preparando el té…
Alec pensó que era una oferta que normalmente rechazaría. Pronto respondió con una sonrisa.
—Es estupendo. ¿Puedo quedarme un rato?
La casa era un poco más pequeña de lo que recordaba. La sala de estar y la cocina estaban unidas sin distinción, y era una composición sencilla con un pequeño dormitorio y un baño al lado. La mayoría de los muebles de la sala de estar habían cambiado con el tiempo. Pero el papel pintado era exactamente el de color marfil que recordaba. Parecía haberse desvanecido un poco con los años, pero era claramente el mismo papel pintado. Alec barrió el papel pintado con la mano.
El joven le preparó un té negro. Era una bolsa de té, pero era manejable para beber. Alec se sentó frente a la mesa y miró a su alrededor.
—Ha cambiado mucho… Bueno, yo vivía aquí hace 15 años.
—¿Viviste aquí durante la guerra?
—Sí, me dieron de alta un poco antes porque me lesioné. Y luego viví aquí durante unos años.
Entonces el joven asintió.
—Entonces debe haber tenido una buena conversación con el señor Bayless.
—Le debo mucho—, dijo Alec, mirando a su alrededor. —El sofá y la mesa son iguales, ¿verdad? Incluso entonces, eran muy viejos, así que pensé que serían reemplazados pronto…
Al principio no lo reconoció porque su ubicación era diferente a la de antes. Sin embargo, el sofá de cuero marrón con los extremos y los reposabrazos inusualmente descoloridos, y la mesa de madera baja y ancha de forma cuadrada que había delante, seguían siendo los mismos. El joven respondió mientras daba un sorbo a su té.
—Así es, es muy antiguo. Pero cuando cambiamos algunas cosas, esos dos no presentaban daños graves, así que la dejé. Seguro que todos los antiguos inquilinos pensaban lo mismo, ¿no?
“Tienes razón”. Alec murmuró su respuesta. Sus ojos se quedaron clavados en el sofá y la mesa durante mucho tiempo.
***
En cuanto Alec entró, se quitó el abrigo mojado y sacó una toalla seca. Y le entregó una a Phil. Phil estaba tan mojado como Alec. Phil se desabrochó la camisa mojada y se la quitó, como hacía a menudo en el dormitorio hace mucho tiempo. Alec frunció el ceño y regañó a Phil.
—No dejes caer tu ropa mojada al suelo.
De cualquier manera, Phil se quitó los pantalones y se frotó el pelo con una toalla. Entre la toalla blanca, pudo ver que el pelo negro se asomaba con rebeldía. Alec entró en la habitación, se quitó la ropa mojada y se puso ropa seca. Alec trató de elegir ropa que pudiera servirle a Phil, pero era inútil porque se veía pequeña en él, que era más alto que Alec. Finalmente, Alec se dio por vencido y salió de la habitación con las manos vacías. Antes de darse cuenta, Phil estaba tumbado en el sofá.
—Phil, ¿puedo traerte algo caliente? Como un té o un café.
Phil respondió a Alec recostado y somnoliento.
—Bueno...eso sólo te calienta la garganta. Me gusta estar caliente.
Phil sonrió de forma rotunda. Alec no tardó en darse cuenta de lo que quería decir Phil y chasqueó la lengua, desconcertado.
—Oh, vaya. Te has vuelto descarado desde que no te veía.
Mientras decía eso, Alec se dirigió a la cocina. Abrió un armario de madera y sacó una gruesa botella de cristal.
—Es brandy que almacené originalmente para usarlo como medicina… Debes de agradecerme por dártelo. ¿Crees que es fácil conseguir cosas así en esta guerra?
Al mismo tiempo, Alec se acercó al sofá con dos vasos llenos de brandy. Phil tomó el vaso.
—Te lo vas a beber de todos modos.
—Cállate.
Alec se sentó junto a Phil. Phil y Alec brindaron, chocando ligeramente los vasos del otro.
Los ojos azules de Phil se volvieron hacia Alec. Alec miró a Phil a la cara. Todavía le costaba creer que Phil estuviera ahora delante de él.
—Phil, ¿qué te pasó en la cara?
Phil se tocó los labios desgarrados y sangrantes ante esas palabras. Su apuesto rostro tenía cortes y golpes en todas partes, como si hubiera estado en una pelea.
—Es el castigo de un alemán que vino a un país enemigo imprudentemente.
Alec abrió la boca ante las palabras de Phil.
—¿Cuándo te convertiste en alemán? No, espera, ¡¿has venido antes?! ¿Estás loco? ¿Cómo diablos llegaste aquí?
—Cuando entré en el país, me hice pasar por británico. Conseguí un pasaporte falso.
—Ese no es el problema…
Murmuró Alec, estupefacto. Phil se volvió hacia Alec. Estaba inclinado y le sonreía a Alec como alguien que está a punto de hacer una broma. Era una sonrisa que no había cambiado en lo más mínimo respecto al chico que Alec conocía.
—Cuéntame tu historia. ¿Cómo te ha ido?
Alec recordó el hecho de que siempre era débil ante esa sonrisa. El rostro de Alec se enrojeció sin motivo y comenzó a hablar.
—Después de que te fuiste…yo fui a Cambridge.
—¿De verdad? ¿A qué universidad? ¿Trinity?
—King's College.
—También es un buen lugar. Siempre has sido inteligente.
Los ojos de Phil eran dulces. Alec se avergonzó y tosió varias veces.
—De todos modos, la guerra estalló no mucho después de que entrara, y me alisté en el ejército enseguida.
Alec tenía entonces 19 años. Allí aprendió a beber y a fumar por primera vez. Y, por primera vez, aprendió a matar gente.
—Me enviaron al Frente Occidental. Era un grupo de refuerzo del ejército francés… Como sabes, Francia cayó en un mes, y me devolvieron a mi país de origen tras ser herido en una batalla justo antes de que cayera París.
—¿Dónde te hirieron?
La cara de Phil ya no era juguetona. Alec se subió las mangas. Desde encima del codo de Alec hasta debajo del hombro, una cicatriz se extendía como si una rama roja se enredara.
—Una granada explotó justo a mi lado. La esquivé, pero me alcanzaron los escombros. Sin embargo, tuve suerte. Mi amigo que estaba a mi lado murió al instante.
Alec recordó su nombre y su cara. Se llamaba Thomas Hudson y tenía las mejillas rojas y la nariz aguileña. Y la cerveza le gustaba más que a nadie.
—O bien, hubo algunos que tuvieron que amputarse los brazos o las piernas por completo. En comparación, yo conservé mis extremidades completamente intactas.
Los ojos de Phil se clavaron en la cicatriz de Alec y no se movieron. La cara de Alec se enrojeció por alguna razón ante la mirada que parecía analizar las líneas de la cicatriz y se apresuró a bajar de nuevo la manga.
—Pero me es imposible levantar algo pesado. No puedo hacer fuerza con este brazo. No podía manejar un fusil, así que me di de baja del ejército por discapacidad. De todos modos, perdimos a Francia…
Phil extendió la mano. Era una mano grande y prominente. La mano se colocó sobre la mano izquierda de Alec. A pesar de que las manos de Alec no eran pequeñas, la mano de Phil se cerró alrededor de la de Alec. La mano de Phil era áspera pero cálida. Phil miró a Alec. Sus ojos azules, ojos claros que parecían el cielo de verano, se volvieron hacia Alec.
—¿Te ha dolido mucho?
Una voz suave y amable. Alec asintió en silencio. Phil levantó suavemente la mano de Alec.
—¿Incluso ahora?
Alec negó con la cabeza.
—Ahora estoy bien. Mientras no haga un sobreesfuerzo, no hay problema.
Los dedos de Phil acariciaron suavemente el dorso de la mano de Alec un par de veces y se retiraron con cautela. Alec sintió una sensación de arrepentimiento y se tocó la mano sin motivo.
—Pensé en volver a la universidad, pero lo pospuse un poco. No quería estudiar cuando la gente estaba muriendo. No podía luchar, pero quería ayudar de alguna manera—. La voz de Alec bajó un poco. —Así que me ofrecí de nuevo para un puesto administrativo. Lo único que hago es hacer recados en la oficina.
Alec inclinó la cabeza sobre el reposabrazos del sofá. Poco a poco, se estaba emborrachando.
—Por eso estás en Londres.
Ante las palabras de Phil, Alec levantó la cabeza.
—Ahora que lo pienso, ¿cómo sabías que vivía aquí?
Phil dio un sorbo al brandy en lugar de contestar. Alec se quedó mirando a Phil.
—Hace tiempo que tú y yo no estamos en contacto. ¿Cómo lo sabes?
—Digamos que hay una manera.
La respuesta poco sincera aumentó el enfado de Alec. Alec ahora empezó a presionar.
—No sé qué estás haciendo, pero ¿cómo y por qué estás aquí? Sinceramente, ¿tiene sentido venir a este peligroso lugar de Londres a no ser que estés loco? A menos que estés intentando que te mate una bomba…
—No habrá ataques aéreos por un tiempo.
Alec dejó de hablar. Alec ahora frunció el ceño con incredulidad.
—¿Cómo sabes eso…?
—Simplemente, lo sé.
Phil respondió enigmáticamente y giró su cuerpo hacia Alec. El rostro de Phil era mucho más varonil, pero aún conservaba los contornos de su niñez. Phil miró directamente a Alec.
—En Alemania, vi cómo arrastraban a la gente.
La voz de Phil era un poco ronca, baja y sombría.
—La razón era sencilla. Solo por ser judíos, luego citados, luego discapacitados, luego polacos, luego homosexuales… Todos fueron llevados por la Gestapo* sin juicio. Una vez que entras, no vuelves a salir.
N/T: Gestapo: fue la Policía secreta oficial de la Alemania nazi, dirigida desde 1936 por Reinhard Heydrich.
Los dedos de Phil se posaron débilmente sobre los de Alec. Los nudillos y las articulaciones se enredaron y se aflojaron.
—No podía decir una palabra porque estaba asustado. Desesperadamente fingía no ver nada. Si saben quién soy, me atraparán.
El sonido de la lluvia golpeando las ventanas se superponen débilmente a la voz de Phil. Phil apretó sus dedos en las manos de Alec. Una fuerza cálida y fuerte agarró a Alec.
—Te he extrañado.
La mirada de Phil se dirigió directamente a Alec. Los labios de Phil repitieron lo mismo una vez más.
—Te he extrañado demasiado. Antes de que todo termine, por última vez.
Los ojos de Phil eran de un azul pálido. Alec podía verse reflejado en sus pálidos ojos. Phil extendió su mano. El toque de poner cuidadosamente el pelo castaño detrás de las orejas y acariciar el lóbulo de la oreja fue cauteloso. Un toque lento y amable, como si tocara lo más preciado del mundo. Alec seguía mirando a Phil. Su rostro se acercaba lentamente. Su aliento, el puente de su nariz, sus pestañas y sus labios… Alec cerró los ojos.
Los labios se tocaron, se separaron y se volvieron a tocar. Las lenguas se entrelazaron y se soltaron. Phil mordió ligeramente el labio inferior de Alec y volvió a besarlo. La mano de Phil se deslizó dentro de la camisa de Alec. Su mano acarició la cintura de Alec y subió lentamente. La otra mano de Phil desabrochó los botones de la camisa uno a uno. La mano de Alec acarició la espalda firme de Phil. Los prominentes músculos se retorcían bajo sus manos. Alec entrecerró los ojos. Más allá del pelo negro de Phil, podía ver una ventana donde las gotas de lluvia se deslizaban tenuemente.
Los labios de Phil tocaban ahora el cuello de Alec. Mientras el cuerpo de Alec temblaba con un breve gemido, la mano de Phil se aferraba al cuerpo de Alec. Cada vez que Phil besaba su piel, se oía un sonido húmedo. Alec pensó de repente que el sonido era más embarazoso que el calor y las cosquillas. El beso de Phil pasó lentamente por la clavícula y se posó en su hombro.
—Ah, Phil, ahí…
Alec intentó sacar su brazo izquierdo. Entonces Phil le agarró la mano izquierda.
—No pasa nada.
La mano de Phil acarició el brazo izquierdo de Alec. Sus dedos se movieron lentamente por las líneas de la cicatriz hinchada. El suave tacto le hizo cosquillas en su cuerpo y en su corazón. Alec se cubrió la cara, que estaba roja, con la mano derecha. Phil besó ligeramente la cicatriz. Al mismo tiempo, abrazó la cintura de Alec con la otra mano.
—Si te parece desagradable…
Alec negó con la cabeza.
—No es así.
—Entonces, ¿qué te parece?, —susurró Phil.
Alec murmuró, bajando su rostro al rojo vivo.
—…Muy genial.
Phil soltó una suave risita y besó los labios de Alec.
Las nariz de Alec y Phil se encontraron. La mano de Phil se movió hacia abajo. Alec se quedó sin aliento de repente.
—¿Está bien hacerlo?
La voz de Phil también temblaba de excitación. Alec asintió.
La parte delantera de la ropa interior de Phil, estaba tan abultada que parecía a punto de reventar. Alec también podía sentir un entumecimiento porque el calor subía hasta el punto de enloquecer. Phil se desabrochó los botones del pantalón con un gesto apresurado de la mano. Alec también bajó la ropa interior de Phil. Se frotaron mutuamente los genitales contra el estómago del otro. Phil sostenía el pene de Alec y el suyo en las manos. Alec jadeó. La mano de Phil comenzó a moverse hacia arriba y hacia abajo.
—Haaa…
Alec dejó escapar un gemido. La respiración de Phil también se volvió agitada. Pronto, un líquido blanco y pegajoso salió de la punta del pene de Alec. Alec se cubrió la cara roja hasta las orejas, con los brazos.
—Esto es…
Antes de que Alec pudiera explicar nada, Phil sonrió y puso su frente sobre la de Alec.
—Debes haber aguantado mucho.
Alec agachó la cabeza avergonzado, dejando ver su nuca roja. Phil examinó el semen de Alec con la mano. El líquido blanco y viscoso era tan espeso que parecía fluir desde la punta de los dedos de Phil. Phil lo miró y de repente metió un dedo en el trasero de Alec.
—¡Ah, Phil...!
Alec gritó sorprendido, pero Phil deslizó sus pegajosos dedos por su entrada. Alec se estremeció en cuanto los dedos de Phil tocaron el lugar secreto. Haa... Phil mordió el lóbulo de la oreja de Alec y susurró.
—Acércate.
Alec vaciló y pasó sus brazos alrededor del cuello de Phil. Ahora estaba sentado en el regazo de Phil. La mano de Phil frotó el líquido resbaladizo sobre el agujero.
—¡Agh!
Alec dejó escapar un gemido. Los dedos de Phil entraron lentamente en el agujero de Alec y empezaron a moverse en su interior. Alec agarró el hombro de Phil con su mano derecha. Phil agarró el trasero de Alec.
—¿Puedo entrar ahora?
El pelo negro se esparció sobre la frente de Phil. Los ojos azules de Phil también se veían rojos por el calor. Alec susurró. —Entra— Y Phil sonrió amablemente.
—¡Ah!
Alec gimió involuntariamente, y luego se tapó la boca por la sorpresa.
—Haa...
Phil también dejó escapar un gemido cálido. Podía ver cómo le temblaban las pestañas fuertemente cerradas. Alec vaciló y movió su cuerpo poco a poco. Cada vez que se movía, una sensación desconocida y extraña subía por la columna vertebral, haciendo que el cuerpo se estremeciera sin darse cuenta.
—Como era de esperar, esto no servirá.
Phil abrió los ojos y murmuró. Alec miró a Phil con la cara roja y los ojos muy abiertos. En ese momento Phil agarró el cuerpo de Alec y lo puso bruscamente sobre la mesa. Al apartar la mesa una vez, el vaso que estaba en el borde cayó sobre la alfombra. El brandy se derramó sobre la alfombra y la tiñó de oscuro.
La cintura de Phil empujó a Alec con brusquedad.
—Uh, ah, ah…
Alec se abrazó al cuello de Phil. La espalda empapada de sudor estaba resbaladiza. Cada vez que Phil se movía, una extraña sensación de placer, acompañada de dolor, le recorría todo el cuerpo. No, más bien, el dolor parecía estimular más el placer. Phil jadeaba para respirar.
—Ah, ugh, sangre. Ah, Phil…
Alec miró a Phil con los ojos húmedos y lo llamó por su nombre. "Sí, Alec", respondió Phil, con voz húmeda, y besó a Alec en la mejilla y en los labios.
La vieja mesa hacía un fuerte ruido cada vez que era empujada hacia atrás. Los dedos de Alec se volvieron blancos y se apretaron en el hombro de Phil.
—Phil, hmm, ah, Phil, hmm, Phil…
Alec seguía diciendo el nombre de Phil. El nombre que no había pronunciado durante mucho tiempo. El nombre que sólo podía llamar en sus sueños. Phil respondió. Susurrando cariñosamente a todas las llamadas.
—Sí, Alec, estoy aquí, Alec…
La lluvia caía con fuerza sin parar. Las gotas de lluvia se deslizaban por la ventana y las luces de la ciudad subían en forma de pequeñas manchas de colores. Alec se recargó en el sofá y murmuró mientras exhalaba un humo igualmente gris.
***
—Odio admitirlo, pero…
Phil se puso la camisa y se dio la vuelta. Acababa de terminar de limpiarse.
—Siento que siempre pierdo contra ti.
—¿Qué significa eso?
Preguntó Phil y se sentó junto a Alec.
—Te fuiste sin decirme nada, no te pusiste en contacto conmigo todo este tiempo, y tan pronto como te volviste apuesto volviste… De todas maneras, hacer solo esto… Es una locura.
Sonaba más a una excusa que a irritación.
Phil soltó una risita y se acercó a Alec. Alec miró a Phil con cara de fastidio y le entregó el cigarrillo que tenía en la boca.
—Oh, lo has hecho tú mismo ¿Algo más?
—No. Es muy difícil conseguir cigarrillos hoy en día.
—Bueno...me preguntaba si podría fumar Benson & Hedges por primera vez en un tiempo.
—También debe haber muchos cigarrillos en Alemania. Sólo eres exigente en momentos como éste.
Ante las palabras malhumoradas de Alec, Phil sonrió y aspiró el humo del cigarrillo, para luego exhalar. El humo de los cigarrillos blancos rodó por la oscura habitación.
—Pero teniendo en cuenta que te arrepientes tanto, tengo que decirte que me gustabas desde hace tiempo.
—Cállate.
Alec agarró la camisa que estaba a su lado y se la lanzó a Phil. Phil sonrió y atrapó la camisa con una mano.
—¿Por qué estás tan avergonzado? No es que fuera tu primera vez…
Los ojos de Phil se abrieron de par en par mientras hablaba. La cara de Alec está ahora casi como un tomate.
—Oh, espera, ¿soy el primero?
—¡No!
Gritó Alec apresuradamente, pero ya se había derramado el agua.
—¿De verdad es la primera vez que lo haces hoy?
—¡Oh, no, yo también lo he hecho!
Gritó Alec desesperadamente, mientras bajaba la mirada.
—Bueno, eso es... Tengo experiencia, pero a la vez no…
Murmuró Alec, con las orejas enrojecidas
—¿Qué quieres decir?
Preguntó Phil con naturalidad, fingiendo no saber nada. Pero viendo las comisuras de su boca que subían, definitivamente lo estaba disfrutando. Alec se cubrió la cara con una mano. Murmuró su respuesta con voz titubeante.
—Hubo una vez en la que casi tuve sexo con un hombre que conocí en un bar. Pero me asusté…
—Así que no lo metiste.
—¡¿Tienes que decir eso?!
Gritó Alec con rabia.
—¡¿Entonces te acostaste con alguien?! Viéndote hoy, parece que tienes mucha experiencia, ¿qué demonios has estado haciendo en todo este tiempo? No, nunca te contactaste conmigo antes. ¿Por qué sacas ese tema…?
Alec hizo un mohín con la boca. Entonces Phil agarró la mano de Alec. La cara de Phil estaba cerca a la de Alec. Dijo, mirando directamente a Alec como siempre.
—Iba a ponerme en contacto contigo.
Los ojos de Alec miraron a Phil.
—¿Entonces por qué no lo hiciste?
—Para olvidarte.
Los ojos verdes de Alec se volvieron transparentes. Sus pestañas marrones se detuvieron un momento y luego parpadearon.
—¿Por qué?
—Porque quería que me olvidaras.
La voz de Phil sonó como un suspiro.
—No sabía cuándo volvería, tal vez no volvía a verte nunca, pero no quería que nos arrastráramos fingiendo que podíamos encontrarnos algún día, fingiendo que no éramos nada. Pensé que era mejor si ambos nos olvidábamos del otro y seguir nuestros caminos por separado.
Phil agarró la mano de Alec y se la puso suavemente en la mejilla.
—Pero no funcionó.
Una textura de piel cálida y suave y un fuerte agarre en la mano. Alec miró a Phil en silencio.
—Por eso estoy aquí.
Alec parpadeó en silencio. Yo también…¿te extrañé o te odiaba? Lo que iba a decir cuando lo encontrara, y las palabras que habían quedado en su boca durante mucho tiempo, se vertieron en su memoria de golpe y enseguida se desvanecieron. Lo único que quedaba era Phil, que estaba frente a él. Los labios de Phil se colocaron suavemente sobre los de Alec.
—Ha....
Sus labios cayeron con una débil respiración. Phil tocó ligeramente a Alec en la punta de la nariz.
—Ahora que lo pienso, Alec, dijiste que tenías miedo. ¿No lo tuviste cuando lo hiciste conmigo?
Alec puso los ojos verdes en blanco. Intentó dar una respuesta plausible, pero no se le ocurrió nada. Finalmente, Alec respondió en voz baja.
—Simplemente, pensé que estaría bien porque eras tú.
La cara de Phil se llenó de sonrisas. Los lóbulos de las orejas de Alec se pusieron rojos con su habitual sonrisa clara y brillante.
Phil puso su frente contra la de Alec.
—¿Quieres hacerlo una vez más?
—Lunático…
Mientras Alec hablaba como si estuviera cansado, Phil acabó por estallar en carcajadas. Alec también se rió y se inclinó sobre Phil.
***
El señor Bayless parecía haber vuelto. Desde la ventana del piso veía pasar un anciano un poco regordete. Alec dejó su taza de té y se levantó.
—Tengo que irme ya. Gracias por el té.
El joven pareció algo sobresaltado.
—¿Ah, sí?
—Sí, gracias por su hospitalidad.
Alec se puso el fedora y se despidió amablemente. El joven respondió bruscamente sin recibir la despedida, como si estuviera distraído con otra cosa. Alec frunció ligeramente el ceño.
Le hizo una pregunta al joven antes de que saliera por la puerta.
—Por casualidad, a principios de año… ¿No ha oído hablar de un hombre que tiene el pelo negro y tiene más o menos la misma edad que yo, pero es un poco más alto?
—No.
La respuesta del joven fue corta y rápida. En cuanto Alec salió, el joven se apresuró a cerrar la puerta.
El señor Bayless seguía siendo regordete. Su pelo se había vuelto más gris que antes, pero su amplio bigote, que se había dejado crecer bajo la nariz, y sus mejillas rojas seguían siendo los mismos. En cuanto vio a Alec, le dio una palmadita en el hombro con alegría.
—¡Cuánto tiempo sin verte, Alec! ¿Cómo es que no has cambiado nada? Sigues pareciendo un universitario.
—Está usted igual, señor Bayless. ¿Su cuerpo se encuentra bien de salud?
—Todavía está lo suficientemente bien como para moverse. Aunque me duelen las articulaciones. ¿Y a ti? ¿No te duele la zona lesionada?
Alec sonrió débilmente y dijo que ya estaba mucho mejor.
El señor Bayless preguntó si Alec quería una taza de té en cuanto entró en la casa. Alec dijo que estaba bien, pero el señor Bayless ya había sacado dos tazas de té.
—Está bien. En el 3A...pasé por el lugar donde vivía y la persona de allí me dio un poco de té.
Entonces el señor Bayless inclinó la cabeza.
—Si es el 3A, debe haber un joven llamado Willow viviendo allí ¿Te recibió?
—Sí. Me pidió que entrara mientras esperaba al Señor Bayless.
Entonces el Señor Bayless inclinó la cabeza con extrañeza.
—¿Qué demonios está pasando? Es mi inquilino, pero no saluda mucho a sus vecinos, así que no parece muy amigable.
Los ojos de Alec se entrecerraron ligeramente.
El señor Bayless preparaba afanosamente galletas y bollos en un plato. Mientras tanto, Alec miraba a su alrededor. Por todas las paredes colgaban marcos con medallas recibidas durante la guerra y fotos del joven señor Bayless con uniforme militar. Estaba casi igual que hace quince años. Era una casa vieja pero limpia, pero estaba claro que no había muchos clientes.
—Bueno, ¿qué has hecho últimamente?
El señor Bayless le entregó la taza de té y dijo, Alec tomó un sorbo del té y lo dejó.
—Estos días, doy clases a personas en la Universidad de Londres.
—¿Así que todavía vives en Londres? Pero, ¿por qué no has venido a verme?
Ante las palabras del señor Bayless, Alec solo dijo: “Bueno…” y se encogió de hombros.
—Entonces deberías haber vivido aquí. Incluso puedo hacerte un descuento en el alquiler. Fuiste un soldado.
—¿Cómo puede ganarse la vida si hace un descuento por el alquiler porque alguien fue un soldado?
Dijo Alec con voz risueña. Pero el señor Bayless negó con la cabeza.
—¿De qué estás hablando? Eres un camarada que derrotó a los alemanes. Así que debería hacerlo.
En lugar de responder, Alec contestó con una ligera y sonora carcajada en la garganta.
***
Fue durante el partido de cricket del décimo grado cuando se armó un alboroto. Alec, que inicialmente estaba atrapado entre el público viendo el partido de cricket. Fue porque Phil dijo que sería bueno que asistiera a ver su primer partido como lanzador titular el día de hoy. Por supuesto, Phil añadió: "Si no te gusta, no tienes por qué venir", pero parecía estar deseando que fuera, tenía una expresión diferente de lo habitual. Alec reflexionó un momento y asintió: "Iré". El apuesto rostro de Phil se iluminó y se abrazó al hombro de Alec.
—Eso es genial. Asegúrate de venir a verlo, ¿si?
Phil no pareció darse cuenta de que las mejillas de Alec estaban ligeramente rojas.
El partido de cricket se desarrolló sin problemas. El equipo de Phil iba ganando por 20 puntos. Podía oír a la gente animando. Phil estaba en el campo como lanzador (en la zona donde se enfrentan el lanzador y el bateador). El bateador era Max Hammerton. El lanzamiento de Phil fue excelente para mantener las expectativas de la gente. Salvo una vez que lanzó una bola muerta*, se lanzaron sucesivamente una serie de bolas rápida y suaves que Max ni siquiera se atrevía a golpear. La bola que salió de la mano de Phil golpeó el muslo de Max con un sonido sordo. Por un momento la expresión de Max se distorsionó. Lanzó su bate bruscamente al suelo y se dirigió hacia Phil. Max agarró a Phil por el cuello. Alec se puso en pie de un salto.
N/T: Bola muerta: (una bola golpeada por el cuerpo del bateador)
—Lo has hecho a propósito, ¿verdad?
Gritó Max, fulminantemente. El árbitro se acercó a ellos con un silbato. Phil gritó sin la intención de perder.
—¿De qué estás hablando? ¡Estás haciendo esto porque no puedes jugar bien!
Max empujó a Phil con ambas manos. Phil rodó por el suelo.
—Eres un maldito alemán…
Ante la voz, que escupió las palabras, Phil se detuvo.
—¡Ustedes dos, sepárense! —El árbitro se interpuso y abrió los brazos. —¡Basta!
Max resopló y se calló cuando el árbitro apareció. Phil se levantó con su ropa desaliñada. Miró fijamente a Max, luego se dio la vuelta y volvió al lugar de lanzador, donde originalmente se encontraba. Como si no valiera la pena lidiar con todo este alboroto. Alec dejó escapar un suspiro aliviado.
El partido terminó con la victoria del equipo de Phil. En cuanto terminó el partido, Alec corrió hacia Phil. Phil se estaba quitando su polvoriento uniforme de cricket. En cuanto Phil vio a Alec, sonrió alegremente, como si dijera: “he hecho un buen trabajo, ¿no?” Alec y Phil caminaron uno al lado del otro y se dirigieron juntos al dormitorio. Phil se puso el uniforme de cricket sobre un hombro. Antes de darse cuenta, el sol se estaba poniendo lentamente. Las sombras de los dos se alargaban sobre la hierba iluminada por el atardecer color mandarina.
—¿Estás bien por la pelea de antes con Max? ¿Estás herido?
Preguntó Alec con cautela. Phil resopló ligeramente.
—No pasa nada. Max, de todas formas, es un Dummkopf. No vale la pena tratar con él. Fettarsch, siempre está presumiendo…
Phil mezclaba deliberadamente maldiciones alemanas durante la conversación. Alec no sabía mucho de alemán, pero conocía a grandes rasgos las palabras que Phil utilizaba de mala manera.
Pronunció maldiciones en alemán durante mucho tiempo, y para entonces se habían convertido en frases, no en palabras, por lo que Alec no podía entender nada. Phil murmuró en voz muy baja.
—No es lo que quería…
Alec había oído hablar de la madre de Phil, que era una alemana.
Phil le hablaba de sus padres siempre que él quería. Alec era el único al que Phil le contaba esas historias. Cada vez, el corazón de Alec latía con fuerza ante la idea de compartir un secreto. Aunque a menudo dichas historias se interrumpían a la mitad porque eran muy largas. Pero, por lo que sabía hasta ahora, el padre y la madre de Phil eran los protagonistas de un romance que parecía sacado de una novela.
Los dos se conocieron en Berlín. El padre de Phil era militar. Fue a Berlín para acompañar cierta conferencia internacional en Berlín, y la madre de Phil, originaria de Stuttgart, vino a Berlín para estudiar música. Los dos se conocieron por casualidad en una fiesta y se enamoraron en ese momento. Sin embargo, ambas familias estaban en contra de ellos. –Sobre todo la familia por parte de ella, es decir, la familia materna de Phil –Fue poco después del final de la Primera Guerra Mundial.
Sin embargo, el espíritu del amor arde más cuando existen obstáculos. Tras una breve estancia de varios meses, el padre de Phil se tuvo que ir a Inglaterra y su madre a Alemania, por lo que intercambiaban cartas desde el otro lado del mar y se extrañaban cada día. Mientras tanto, hubo numerosas penas, penurias y sufrimientos, pero en conclusión, los dos acabaron escapando completamente enamorados, y Phil nació al final de esa huida. Hasta el embarazo, las diferentes familias ya no pudieron oponerse más, así que al final, ambas familias dieron su permiso para que los dos se casaran.
—Si fuera una novela, habría sido un final perfecto como “y vivieron felices para siempre”
La voz de Phil al decir eso era tranquila y calmada. Alec no sabía qué decir. Alec solo había visto a la familia de Phil un par de veces.
Solían venir para recoger a Phil cuando tenían que ir a casa de vacaciones. La madre de Phil era una hermosa mujer con el pelo rubio, una cara blanca y delgada, y el padre de Phil era un caballero con el pelo oscuro, ojos azules y una impresión suave. Phil era igual a su padre. Sin embargo, los dos nunca estuvieron juntos. Phil a veces arrugaba una carta de casa.
Alec no preguntaba nada, pero a veces Phil hablaba como si fuera un invitado en esa casa.
—Sería divertido para mí que algún día fuera a tu casa durante las vacaciones, o en Navidad.
Sólo cuando Phil se fue, Alec se dio cuenta de lo que significaban aquellas palabras.
***
—Bueno, ¿qué te trae por aquí?
La pregunta del señor Bayless despertó de repente a Alec de sus pensamientos. Alec golpeó la taza con la mano.
—Bueno…señor Bayless. ¿Ha visto a una persona extraña estos días? Si ha estado haciendo preguntas o…
—Hmm...no. No creo que haya visto a nadie ¿Por qué lo preguntas?
El rostro del señor Bayless se puso muy serio.
—Si alguno de nuestros inquilinos está haciendo algo ilegal…
Alec agitó las manos apresuradamente.
—No, no es así. Es sólo que últimamente he estado sensible por asuntos personales, así que no se preocupe.
A pesar de la excusa de Alec, el señor Bayless seguía pareciendo preocupado.
—Bueno...oh, sí. Ahora que lo pienso, creo que debería haberte dicho esto en el momento en que te vieira.
—¿Qué cosa?
El señor Bayless levantó ligeramente la vista como si buscara sus viejos recuerdos.
—Cuando vivías aquí, ¿por qué tenías un amigo que venía por un tiempo? Lo recuerdo porque vi su cara algunas veces. Ese amigo estuvo una vez aquí.
—¿Sí...?
Los ojos de Alec se agrandaron. Su cara se puso pálida, luego repentinamente roja, luego pálida de nuevo. Alec preguntó, tartamudeando.
—Realmente... Era realmente, Phil, no, ¿era ese amigo?
El señor Baeiless se sorprendió por la inesperada reacción, pero respondió amablemente.
—Sólo he visto su cara un par de veces, pero tiene un aspecto muy tranquilo. Por eso lo recordé. Hace unos siete años… Creo que fue por esta época. Estaba merodeando por la puerta principal, así que hablé con él porque me pareció sospechoso. Le pregunté: “¿qué está haciendo aquí?” Y me preguntó si Alec Foster todavía vivía aquí. Así que le dije: “Ya no vive aquí, hace mucho tiempo que no lo veo”. Él, al escucharlo al parecer lo entendió y luego se fue. Entonces pensé: "Oh, su cara me resulta familiar", así que me puse a pensar durante mucho tiempo y finalmente lo recordé.
La mano de Alec rodeó la taza y jugueteó con el asa durante mucho tiempo. Ahora el té estaba frío.
—Pero eso no fue el final. ¿Cuántos años después…? Bueno, él volvió de nuevo. En aquel momento, en cuanto me vio, se fue. ¿Fue hace cuatro o tres años?... No lo recuerdo con claridad.
—¿Cómo lo reconoció entonces?
La pregunta de Alec tenía un sentido de urgencia.
—En ese momento, solo estaba de pie frente a la puerta. Eso fue todo. Intenté averiguar y hablar con él, pero se fue sin decir nada. Para ser sincero, me pareció un poco extraño, pero después de vivir una larga vida, veo todo tipo de personas. Lo había olvidado, pero al verlo, me acordé de ti.
Al escuchar las palabras del señor Bayless, Alec respondió con la mirada perdida: “Si, ya veo…” Al final de la lengua, el sabor amargo y áspero perduraba.
El señor Bayless parecía querer que Alec se quedara más tiempo. Dijo que tenía muchas historias que contar, pero Alec se negó cortésmente diciendo: “Tengo otra cita” y le devolvió amablemente la taza de té.
Vio a Alec salir de la casa con la cintura algo más encorvada que antes.
—Vuelve la próxima vez. Los ancianos no tienen nada que hacer y nunca se sabe cuando van a morir, así que pasa por aquí a menudo.
—Sigue diciendo cosas sin sentido.
—¿De qué hablas? Aunque los ancianos parecen estar bien, un día de repente se caen y no pueden levantarse. Todos mis amigos se fueron así.
Finalmente Alec prometió pasar por allí a menudo. El señor Bayless se despidió de él con una gran sonrisa.
Alec miró hacia arriba mientras salía por la puerta. La ventana del 3A estaba cubierta con gruesas cortinas y no se veía el interior. Alec se detuvo y se quedó mirando el lugar durante mucho tiempo. Era como si viera que las cortinas se movían de forma extraña. Alec se dio la vuelta y comenzó a caminar lentamente hacia la calle llena de niebla.
***
Alec se despertó con el suave sonido de la lluvia golpeando el alero. Era una mañana nublada y sin luz solar. El aire dentro del piso era ligero y húmedo. Alec se vio obligado a parpadear con sus ojos aún pesados por el sueño. A su vista, podía ver el espacio vacío de la cama, donde la colcha blanca estaba desordenada. No había rastro de nadie.
¿Fue un sueño? ¿Fue todo un sueño en el que Phil apareció, le habló y juntaron sus cuerpos? Una sensación de frío descendió sobre su corazón. Y la constatación de que era natural pesó sobre Alec. Se sintió como un idiota, pensar que Phil cruzó el mar en medio de esta guerra solo para verlo. Alec culpó a su inocente inconsciencia. En ese momento, escuchó un estruendo en el salón.
Alec se puso en pie de un salto. De nuevo, un estruendo. Era el sonido sordo de la cerámica golpeando entre sí. Los dedos de Alec tocaron el suelo con cuidado. En el momento en que Alec pisó, la espalda le palpitó y le dolió. Alec se agarró la cintura, pero no podía creerlo, así que se preguntó: “No puede ser. ¿De verdad?”
Alec dio otro paso. Podía ver una pequeña sala de estar, y en ella, pudo ver la figura de una persona de pie frente al armario de la cocina adosado al salón. No tenía ropa en la parte superior del cuerpo y debajo solo tenía el pantalón del pijama de Alec. Giró la cabeza hacia otro lado.
—Te has despertado.
Una sonrisa inocente de niño, como siempre. Alec olvidó todo lo que tenía que decir.
Phil vertió agua hirviendo de la tetera en la taza. El tenue vapor con aroma a café se elevó. Phil le dio el café a Alec, que seguía aturdido.
—He buscado algo para desayunar, pero no lo he encontrado. Eso… ¿Es un huevo en polvo? En fin, eso era todo, pero no sabía cómo cocinarlo, así que lo dejé.
—Oh… Sí. Tengo que ir a buscar una ración pronto. No hay mucho que comer ahora.
Alec dio un sorbo a su café mientras respondía. Estaba hecho de cebada, no de granos de café, y sólo imitaba al café, pero era manejable de beber. Y en una época en la que las necesidades básicas diarias y los comestibles se distribuían poco, eso también era bastante valioso.
—He oído que era difícil en Inglaterra, pero no sabía que sería tan malo.
Alec miró a Phil murmurando mientras bebía su café. La línea de la nariz recta y las pulcras líneas de la frente estaban cubiertas por una capa de vapor humeante como un velo. En cuanto tomó un sorbo de café y lo tragó, el cuello se movió y creó una delicada sombra.
Al sentir la mirada, Phil giró la cabeza hacia Alec y le dedicó una sonrisa de satisfacción. En ese momento el corazón de Alec sintió un cosquilleo. Era como si algo muy dulce y amargo llenará su cuerpo. No podía creer que todo esto era real, pero de alguna manera, deseaba creerlo.
—Alec, ¿por qué me miras así?
—Es que, me encantas.
Alec no se dio cuenta de lo que había dicho hasta un segundo después de contestar. La cara de Alec se sonrojó en un instante. Una sonrisa brillante se extendió por la cara de Phil. El hoyuelo que entraba ligeramente en la mejilla con el sonido de la risa atrapada en la garganta. Todo estaba bien frente a Alec en este momento. Phil tiró suavemente del cuerpo de Alec.
—¿Eres tan feliz?
Alec no pudo responder. Los labios de Phil presionaron los de Alec. Alec abrazó a Phil por la espalda.
—Ah, sí, ha…
Las duras respiraciones se mezclaron. Cuando Phil empujó a Alec contra la pared, ¡Bang!, se escuchó un fuerte golpe. Los dos continuaron besándose y acariciando el cuerpo del otro. Phil se apresuró a subir apresuradamente la camisa de Alec hasta su pecho. La mano de Alec bajó los pantalones y la ropa interior de Phil. Los pantalones de Alec también bajaron y se colgaron alrededor de sus rodillas.
—Oye, cuando estoy contigo… Ugh, siento que mi cabeza está paralizada.
Murmuró Alec, mientras rodeaba con sus brazos el cuello de Phil, que, a su vez, besaba su clavícula.
—Es algo bueno—, dijo Phil, cuyo aliento hacía cosquillas sobre su piel cada vez que susurraba. —No tienes que pensar en nada.
La mano de Phil rozó suavemente el pelo castaño de Alec. Los ojos azules y claros de Phil se volvieron hacia Alec.
—Sólo tienes que disfrutar del momento.
En lugar de responder, Alec gimió por lo bajo. ¡Ah! La mano de Phil se volvió hacia abajo. Alec jadeó.
El pene de Phil entró suavemente en Alec. Fue un movimiento mucho más fácil que el de ayer. Sin embargo, todavía no estaba acostumbrado a la sensación. Alec apretó los dientes para soportar los elevados gemidos que salieron sin darse cuenta.
—Ugh…ah, ah…
Alec se mordió los labios, pero los gemidos seguían filtrándose por los dientes. Cada vez que Phil hacia levantar su espalda, una sensación de entumecimiento se extendía por todo su cuerpo desde abajo. La piel sudorosa se frotaba una contra otra. El sonido del líquido pegajoso se aferraba a sus oídos. Con un movimiento intenso, el cuerpo de Alec siguió golpeando el papel pintado de marfil. Alec apretó las manos. Phil le besó la mano. Era un beso tan dulce que no podía soportarlo por lo encantador que era.
***
Alec llamó a Phil cuando terminó de verter el agua caliente en la bañera.
—Phil, ¿te gustaría ducharte primero?
Preguntó Alec, mirando a Phil que estaba de pie detrás de él. Phil estaba desnudo. Al inclinarse, las marcas de las uñas en sus hombros eran claramente visibles. Alec volvió a preguntar, enrojeciendo de nuevo su rostro.
—Si vas a ducharte primero…
—Vamos a ducharnos juntos—, Phil tomó la mano de Alec.
—Pero es muy estrecho aquí…
—Lo sé.
Los ojos de Phil todavía tenían una sonrisa encantadora. “No puedo decir que no cuando me mira de esa manera.” Alec murmuró y asintió. Phil agarró el brazo de Alec con una ligera risa.
La bañera era estrecha y estaba caliente. Tenía los pies y las piernas enredados y la piel rozaba con la del otro. Aunque hace un rato lo habían hecho, ahora que estaban frente a frente, de alguna manera se sentía avergonzado, así que Alec se apoyó al borde de la bañera. Phil sonrió brevemente y levantó la mano. Con un crujido, una mano húmeda acarició suavemente el lóbulo de la oreja de Alec.
—Ven aquí.
Un toque amable y lento. Alec parpadeó.
El rostro de Phil sonreía bajo el vapor. El cuerpo de Alec se inclinó lentamente. Los labios estaban calientes y húmedos, pero la textura de su lengua era suave. La mano de Alec acarició la cabeza de Phil. El pelo negro de Phil se aferraba a su nuca.
—Ha…
Sus labios se separaron y Alec exhaló lentamente. Las narices de ambos se rozaron, y la forma de la sombra proyectada por las pestañas sobre sus pupilas era claramente visible.
—…Te amo.
Murmuró Alec con voz temblorosa. El cuerpo de Phil se detuvo de repente. Sus cejas húmedas se fruncieron. Mirando sus ojos redondos y azules, Alec volvió a susurrar. Su voz era ronca.
—Te amo, Phil.
En lugar de responder, Phil agarró los hombros de Alec con ambas manos. El agua de la bañera salpicó y se desbordó. Phil besó profundamente a Alec.
En invierno, en Londres, llovía repetidamente y luego dejaba de hacerlo. Estaban juntos en un rincón de la ciudad, que era salpicada por bombardeos aéreos y se ennegrecía con cada uno de ellos. En su pequeño refugio, comprobaban su olor, su temperatura corporal y el tacto del otro, deseando fervientemente que todo ese tiempo se detuviera.
***
Ya han pasado dos semanas desde que Alec fue suspendido. Gracias a su tiempo libre, Alec salía todos los días a dar un paseo por el barrio, que a menudo echaba de menos. Como se trataba de un barrio cercano a la universidad, en la calle se alineaban viejas casas de pensiones. En el estrecho y viejo callejón se oía el ruido de los bloques de la acera cada vez que pasaba un coche.
Mientras caminaba por la estrecha acera, por la que apenas puede pasar una persona, aparecen y desaparecen pequeñas tiendas. El cielo se extendía a lo largo de los cables que colgaban entre los edificios y las construcciones. Alec caminaba con la espalda ligeramente encorvada bajo las farolas de la calle, que algunas estaban rotas y parpadeaban incluso a plena luz del día. En el invierno en Londres soplaba un frío que inevitablemente se colaba en los huesos.
Tras caminar un rato por el callejón, llegó a un bulevar luminoso. Tras pasar el carril por el que circulaba el autobús de dos pisos, había un parque en el espacio que quedaba de la ciudad. Alec miró a ambos lados y cruzó rápidamente la calle. En cuanto Alec cruzó el paso de peatones, los coches se alejaron a toda velocidad. Alec volvió a mirar cuidadosamente a su alrededor. Pronto se apresuró a llegar a un teléfono público situado en la entrada del parque. Resulta que el teléfono público estaba vacío.
Tomó el teléfono y marcó el número, y la operadora respondió. “¿Dónde puedo comunicarlo?” Alec respondió rápidamente:
—Me gustaría hablar con Layla Anderson, en la sede de The Independent (diario británico) en Londres, tercera planta de la Oficina de Prensa en el Extranjero.
Alec marcó el teléfono público con el dedo, nervioso, con la mirada hacia fuera. A través de la ventanilla de una pequeña y polvorienta cabina telefónica pública, podía ver una oleada de coches que pasaban por allí en un borrón de colores.
—¿Hola?
Alec suspiró aliviado al oír la voz de la mujer. Pronto empezó a hablar por el teléfono.
***
Layla Anderson dijo que acababa de pasar por el Ministerio de Asuntos Exteriores y que estaba a punto de llegar. La mujer, de complexión pequeña, tiró del brazo de Alec hacia ella y le preguntó con voz amable cómo había estado. Su amable sonrisa era la misma que hace quince años, cuando Alec la conoció.
—Salí de la empresa a propósito porque dijiste que venías a verme. Vamos a comer juntos y a hablar después de mucho tiempo.
—¿Por qué tienes que…? Podía verte en el edificio delante de tu empresa.
—Oh, no digas que lo sientes. Y odio estar allí. ¿Sabes cuánta gente estúpida hay? Quiero librarme del dolor de verlos por un momento.
Alec se rió de sus amables pero conmovedoras palabras. Layla, no, Lille Anderson, siempre ha sido este tipo de persona.
Entraron en un pequeño restaurante del Soho. Era un lugar pequeño, pero ordenado, con música tranquila. En cuanto el camarero les tomó el pedido y se dirigió a la cocina, ella preguntó de repente.
—Sí, Alec Foster. ¿Por qué querías verme?
—Lille, es inútil que te cuente algo. He venido a pedirte un favor.
Lille frunció el dorso de la nariz con enfado.
—Lo sabía. Como era de esperar, toda la gente con la que contacto después de mucho tiempo tiene un motivo oculto.
—Pero como eres tú, ¿no piensas en que quieren pedirte un favor?
—Pues hazlo bien, de forma normal.
Alec se encogió de hombros. Era una señal de rendición. Lille era uno de los pocos a los que Alec no podía ganar con palabras.
—Sin embargo, tú y yo nos conocemos desde hace varios años, y nos vemos por primera vez después de la guerra… ¿Han pasado 15 años? Así que de todos modos, echaré un vistazo.
Entonces Lille miró fijamente a Alec. Alec recordó de repente el campo de batalla donde conoció a Lille por primera vez. En aquella época, Lille era reportera de guerra y Alec era un novato.
Cuando la conoció, le dijo a Alec que quería entrevistarlo.
'—¿Por qué?'
Le dijo Alec en un tono de confianza mientras estaba sorprendido por dentro.
'—Quiero escuchar las voces de abajo, así que te pido una entrevista a ti, que estás en el grupo militar y en la vanguardia de esta guerra.'
Alec ni siquiera se sintió ofendido en ese momento. Porque todo lo que decía Lille era cierto.
—Bueno, hagamos lo que tenemos que hacer. Pongámonos al día de lo que hemos hecho. ¿Cómo has estado últimamente?
Lille se encogió de hombros ante las palabras de Alec.
—Bueno, ¿hay alguna diferencia entre ir a una empresa periodística? Es lo mismo. Todos son estúpidos… Señorita Anderson, ¿no sería más apropiado que alguien como usted estuviera en casa que en el extranjero? Señorita Anderson, creo que es mejor que se ocupe de asuntos domésticos, Señorita Anderson… Siempre es señorita Anderson. Estoy harta. Si le digo que cuando tenía diez años, escribí sobre la ocupación de París por Hitler y se lo envié, tendrá que oírlo. ¿De verdad los periodistas tienen que ser tan malos para entender a la gente?
Alec, a sus palabras, respondió con una sonrisa:
—En primer lugar, los periodistas suelen escuchar lo que quieren oír, ¿no?
—Oh, ¿me estás hablando a mí?
—Siempre eres la excepción, Lille Anderson.
En ese momento, sirvieron la comida y el vino que había pedido.
—¿Qué te trae al Ministerio de Asuntos Exteriores?
A la pregunta de Alec, Lille respondió con un cuchillo.
—Es por culpa de Egipto. Es un lío ahora mismo. Si lo haces mal, puede que no se detenga en el nivel actual de conflicto, sino que incluso podría haber una guerra. ¿Sabías que la Unión Soviética apoya a Nasser?
—¿En serio?
—Sí, porque la Unión Soviética apoya ahora a las naciones árabes anti-Israel… Podría haber otra guerra en Oriente Medio. La diferencia es que esta vez Gran Bretaña será una nación beligerante—. La voz de Lille bajó de repente.
—Ahora mismo hay todo tipo de historias. El Cairo es un desastre ahora mismo. Lo que es real, lo que es falso... Lo que pasa en Downing Street en este momento, lo que pasa en el palacio de Nasser... ¿Habrá otra guerra? Por eso el gobierno intenta que los medios de comunicación se involucren. Es evidente.
Lille se encogió de hombros y levantó su copa de vino. El vino rojo púrpura flotaba en la copa redondo.
—Pero mi amiga está en el Ministerio de Asuntos Exteriores, así que no hay que preocuparse.
—Debe de ser un tonto, señor Cambridge. Al fin y al cabo, los Ox-bridge* están en todas partes. Y todos son un poco idiotas.
N/T: Ox-bridge: término que designa a los licenciados de las universidades de Cambridge y Oxford.
—¿Me estás hablando a mí?
—Siempre eres la excepción, Alec Foster.
Mientras Lille sonreía con picardía, pudo ver pequeñas arrugas alrededor de sus ojos. Alec bebió vino con una sonrisa. El vino era liso y suave, sin un sabor amargo en la punta de la lengua.
—¿Cómo has estado?
Ante las palabras de Lille, Alec puso los ojos en blanco por un momento. Pero pronto respondió con amabilidad.
—Bueno, no ha estado mal. Excepto por estar suspendido.
—¿Por qué?
Los ojos marrones de Lille se agrandaron. Alec se encogió de hombros.
—Por supuesto. El profesor McTaggart, que me apoyaba, ya está jubilado, y Burns, siempre ha estado impaciente por eliminarme. Además, ya sabes, tengo un punto que no le agradan a todos.
—¿Comunismo?
Cuando la voz de Lille se hizo repentinamente más fuerte, Alec miró a su alrededor. Por suerte, nadie se preocupaba por ellos. Las cejas de Alec se fruncieron ligeramente.
—Ya te he dicho que no soy comunista.
—Lo sé. Eres un historiador que tiene una visión materialista de la historia, y eres partidario de la democracia socialista políticamente, lo sé muy bien.
Cuando Lille arrugó la nariz y habló con una expresión malhumorada en su rostro, Alec respondió con naturalidad.
—Lo recuerdas bien.
Lille negó con la cabeza.
—En cualquier caso, a los becarios les gusta crear conflictos a lo grande por pequeñeces. Para ser sincera, eres es el tipo de persona que lo ve todo torcido. Es un poco como yo. La diferencia es que yo regaño y apuñaló, mientras que tú te haces el simpático.
Las palabras de Lille fueron tan mordaces y certeras como siempre. Y esa es una de las razones por las que a Alec le gusta Lille.
Cuando se sirvió el postre, ya habían vaciado una botella de vino. La cara de Alec estaba ligeramente enrojecida, pero Lille permanecía inalterable, salvo por una risa de más.
—Entonces, Alec. ¿Por qué no hablas de ese asunto ahora?
Lille llevaba un buen rato hablando de su periódico y preguntó de repente. En lugar de responder prontamente, Alec se bebió el último vino que le quedaba. Luego señaló un pequeño bar junto al restaurante y dijo.
—¿Quieres beber un poco más?
El bar era pequeño y oscuro. La lámpara incandescente de color naranja esparcía la luz sobre la copa. Un camarero con bigote puso un vaso de whisky con hielo delante de Alec y un gin-tonic delante de Lille.
—Lille, estoy pensando en ir a un lugar lejano.
—¿Te vas de viaje? ¿A dónde?
Alec golpeó con el dedo un vaso de whisky varias veces. Gotas de agua gotearon del vaso a las yemas de sus dedos.
—A Marruecos, quizá a Casablanca.
Lille abrió ligeramente la boca.
—¿Marruecos? ¿Estás loco?
Alec se encogió de hombros. Lille dejó la copa de cóctel que iba a beber y comenzó a hablar.
—Tú, escúchame. Ahora mismo es un lío allí. El movimiento independentista o lo que sea, los disturbios siguen sucediendo. El norte de África está así ahora. Desde Egipto hasta Argelia y Marruecos, todo es un desastre. En Argelia, por no hablar de Egipto, empezaron una guerra de independencia. En Marruecos también hubo disturbios. ¿Sabías que hay una prohibición de viajar en esa zona en estos días? Ni siquiera puedes ir porque eres un civil. ¿Y por qué ibas a ir allí? Si quieres morir, hay muchas maneras que cuestan menos dinero.
Alec esperó en silencio a que Lille terminara su discurso y dijo con calma.
—He venido a pedirte un favor.
Lille frunció ahora el ceño y miró a Alec con incredulidad.
—Como eres periodista, creo que sabes cómo hacerlo.
Lille frunció el ceño limpiamente y miró a Alec. En lugar de su característica mirada de seguridad, Lille tenía los ojos ligeramente confusos. Alec esperó en silencio sus palabras.
—Alec, ¿cuál es la razón?
Su voz era ligeramente ronca y temblorosa. Alec pasó un poco de whisky en su boca y lo tragó. El fuerte y penetrante aroma del whisky cosquilleó desde la boca hasta la nariz.
—Necesito encontrar a alguien.
—¿Alguien importante?
—Muy importante.
—¿Cuánto?
La acelerada conversación se detuvo de repente en el aire. Lille esperaba su respuesta. El ritmo de la conversación se estrelló y rodó hasta el suelo. La voz de Alec, que salió mucho tiempo después, era lenta y pequeña.
—Ojalá lo supiera.
En el bar reinaba la luz de las bombillas incandescentes amarillas y el ruido de la gente. El borde del vaso brillaba de color escarlata. Alec sacó un paquete de cigarrillos del bolsillo de su abrigo. Cuando Lille extendió la mano, Alec le entregó un cigarrillo. Cuando Lille mordió el cigarrillo en la boca, Alec lo encendió con un encendedor. Bajo la llama roja había una sombra oscura en la cara de Lille.
Alec exhaló una bocanada de humo gris al aire.
—Sabes, Lille. ¿Sigues en contacto con los hombres con los que saliste durante la guerra?
Lille torció los labios pintados de carmín ante la pregunta.
—¿De qué hablas de repente?
—Sólo tengo curiosidad. Entonces, ¿lo haces?
Lille dijo: "Ja", y luego expulsó el humo del cigarrillo con una carcajada.
—De ninguna manera. Ahora no saben si estoy viva o muerta. Lo mismo pasa con esa gente.
Alec sabía que durante la guerra Lille había tenido algunas relaciones bastante agitadas. Algunos de ellos habían conocido a Alec. Ahora no recordaba bien sus caras, pero todos eran soldados altos y guapos.
—Todo el mundo era así en aquella época. No fui la única. Todo el mundo conocía y le gustaba alguien en el campo de batalla.
Una voz baja trazó lentamente el viejo y lejano pasado.
—Sí, es cierto. ¿Por qué lo hacían?
Ante la pregunta de Alec, Lille sonrió ligeramente.
—En aquella época, estábamos en guerra. La gente quiere obtener pruebas de que la vida no es en vano cuando la muerte está muy cerca. Sólo ante la muerte surge el deseo de vivir. La forma más fácil de encender ese deseo es enamorarse.
Sacudió la ceniza de su cigarrillo sobre el cenicero de cristal transparente.
—Porque estábamos en guerra… Sí, puede ser.
Alec asintió con una sonrisa.
—Por cierto, Lille. No sé si a ti te pasa, pero a veces sigo soñando con la guerra. En realidad, todo lo relacionado con esa época es muy vívido. También puedo decirte la forma y el color de la ropa que llevabas entonces. Llevabas ropa de color militar que parecía una versión modificada de un uniforme militar. ¿Por qué? Había un bolsillo delantero y otro en el lateral del pantalón.
—Sí, lo llevaba. Llevaba algo así. Puedo recordarlo.
—Fue todo un shock. Nunca había visto a una mujer con esa ropa. Pensé que era realmente genial. Y llevabas el pelo corto, unos pocos centímetros por encima de la nuca. Te dibujabas las cejas de negro, ¿no?
—Sí. Es increíble, sólo recuerdo que tu cara era un poco más regordeta que ahora. Ah, y salvo que todo el mundo te llamaba “joven maestro”, por tu cara blanca y grandes ojos.
Ante las palabras de Lille, Alec y Lille se miraron y sonrieron brevemente.
—Quiero decir, Lille, que esos recuerdos son tan vívidos para mí…que todavía no creo que haya pasado el tiempo desde entonces. ¿Por qué? Si todavía giro la cabeza, me parece que esos días siguen estando a mi lado. ¿Es por qué lo dijiste? ¿Por qué estábamos en guerra y éramos jóvenes? ¿Sólo por que lo éramos? O…
Alec dejó de hablar de repente.
—O...porque dejé algo importante en ese momento.
Lille tomó un sorbo de gin-tonic. El limón estaba sumergido como la luna en un vaso largo.
—Si lo dejaste atrás, significa que lo vas a encontrar.
Le susurró Lille. Alec la miró. Ella dejó escapar un breve suspiro.
—Te ayudaré. Encontrarás la manera de llegar allí. Y ahí está mi fuente. No podrás hacer nada por tu cuenta de todos modos, así que le pediré ayuda.
—Gracias, Lille.
—Espero que vuelvas con vida.
Dijo Lille, bebiendo todo el alcohol que quedaba y dejando caer el vaso.
Apagó el cigarrillo en el cenicero, tomó su abrigo y se levantó. Alec se levantó a la vez y dijo que la llevaría a casa.
—Está bien, puedo tomar un taxi.
Entonces salió y de repente giró la cabeza.
—Ha sido una buena estrategia hablar de mi ropa, Alec Foster.
Alec sonrió ante su comentario.
***
En invierno llovía con frecuencia en Londres. Phil se quejaba de que echaba de menos Alemania en momentos así.
—Por supuesto, en Alemania también es sombrío. Pero el sur es diferente. Es un buen lugar para ir de picnic porque es luminoso y cálido.
Dijo Phil, limpiando los discos polvorientos. Alec estaba en el dormitorio. Gracias a una pila de libros amontonados junto a la cama que acabó derrumbándose esta mañana, Alec estaba forzando un espacio en su pequeña estantería.
—Quiero ir allí una vez. Nunca he estado en Alemania.
—Cuando te pedí que vinieras, tu padre se opuso, ¿verdad?
—Pero ahora soy un adulto, y mi padre está en el campo de Wessex, así que no puede interferir.
—Entonces vayamos una vez que la guerra haya terminado.
La voz de Phil a través de la puerta abierta era clara y alegre. “Cuando la guerra haya terminado” Alec murmuró en su boca. La guerra ha durado años. Lo suficiente como para olvidar cómo era cuando no había guerra.
—¿Este disco está aquí?
La pequeña exclamación de Phil llegó desde el salón. Alec dejó un grueso libro de historia y asomó la cabeza a la sala de estar. Phil se dio la vuelta y levantó el disco con ambas manos.
—Mira esto, es una versión de Nat King Cole del disco “Paper Moon”. No esperaba que te gustara esta canción.
Alec intentó por un momento averiguar de dónde procedía ese disco. Ah, sí. Fue un regalo de Lille cuando le dieron el alta. Pero antes de que Alec pudiera hablar, Phil sacó el disco y lo puso en el tocadiscos. Hubo un sonido crepitante durante un rato, y pronto salió una música alegre.
Phil se puso en medio del salón y tendió la mano a Alec.
—¿Shall we?
N/T: Algunas palabras están directamente en inglés, entonces las dejaré en su idioma original, ya que cambian de idioma.
Alec sonrió brevemente y tomó su mano. Los dos se miraron un momento y estallaron en carcajadas. Por alguna razón, Alec no podía dejar de reír. Nat King Cole cantaba como si fuera el más feliz que nadie en el mundo.
It is only a paper moon sailing over a cardboard sea.
But it wouldn't be make believe If you believed in me.
Los dos se tomaron de la mano y recorrieron juntos el suelo de la estrecha sala de estar. Antes de que se diera cuenta, las nubes que cubrían el cielo se despejaron y la blanca luz del sol iluminó la habitación. El claro sonido de las risas seguía cada paso. Los dos se rieron durante mucho tiempo, y luego sus pies se enredaron y volvieron a estallar en carcajadas.
***
Alec se metió el boleto de racionamiento en el bolsillo del abrigo con una mano y sostuvo una bolsa de papel con víveres en la otra. Venía a recibir una ración después de mucho tiempo, así que era bastante pesada. Además, tuvo suerte de conseguir un paquete de cigarrillos Benson & Hedges, los favoritos de Phil. Gracias a esto, Alec sonreía, aunque sus manos eran pesadas. Ahora que tiene tocino, podría tener un desayuno adecuado después de mucho tiempo. Viendo los ingredientes, Phil podría decir que cocinaría algo parecido a la comida alemana.
De hecho, las habilidades culinarias de Alec eran terribles, pero sorprendentemente, Phil sabía hacer cosas como cocinar y limpiar. Era bastante extraño teniendo en cuenta que ambos estaban en un entorno hogareño en el que no había la necesidad de cocinar. ¿De dónde venía y a qué se dedicaba? Phil no lo dijo fácilmente, pero ya era el décimo día de su estancia. Alec podía decir que había visto y oído cosas que Phil no podía decir fácilmente.
«Un día me lo contará todo.»
Alec se apresuró con ese pensamiento.
Alec subió corriendo las escaleras del viejo edificio con un fuerte ruido. Phil debe estar todavía durmiendo. Phil no podía levantarse hoy. Cuando Alec le preguntó por qué lo hacía, Phil apoyó la cabeza en la almohada y murmuró que tenía problemas para dormir. Alec besó ligeramente el negro pelo de la cabeza, revuelta como un nido de pájaros, y le dijo que podía dormir todo lo que él quisiera. Phil contestó con una leve sonrisa y ojos somnolientos.
—Adiós, Alec.
La cabeza de Phil se giró mientras él se despedía de él.
Alec trató de abrir la puerta con la placa 3A. La puerta se movió suavemente.
—¿Eh?
Alec volvió a jalar de la puerta sorprendido. La puerta no estaba cerrada.
«¿Quizás Phil se olvidó de cerrarla con llave…?»
Alec pensó que era el caso y entró. Dejó la bolsa de papel sobre la mesa y dijo,
—Phil, ¿no cerraste la puerta?
No hubo respuesta. Alec miró hacia arriba. No había nadie.
No había nadie entre los marcos polvorientos de las ventanas, las cortinas beige, el papel pintado de marfil y un viejo sofá de cuero. El rostro de Alec palideció por un momento. Alec dio un paso cauteloso. No había ningún rastro de nadie en el pequeño dormitorio. Lo mismo ocurría con el baño. Alec salió de nuevo a la sala de estar. Seguía sin encontrar a Phil. Alec llamó a Phil en voz baja.
—¿Phil?
No hubo respuesta.
—Phil, ¿estás aquí?
Había silencio dentro de la habitación. Alec estaba solo. Durante mucho tiempo, el silencio junto con el polvo fue lo que permaneció.
Raw: Lady Moon.
Traducción: Lady Moon.
Corrección: Ruth Meira.
"El mundo ardía y la gente moría, pero ellos se amaban" (༎ຶ⌑༎ຶ) Omg muy intrigante esta historia
ResponderEliminarGracias por la traducción 😭😭😭
ResponderEliminar😥😥
ResponderEliminarDe nuevo muchas gracias
ResponderEliminarNo se que decir, solo puedo pensar que sus estudiantes se parecen a mi cuando menciona que como es de los primeros días de clase prestan atención XD
ResponderEliminarOmg!!! Ardiente y a la vez tan romántica!!! Ellos viven en su propia burbuja 😍
ResponderEliminarMe gusta pero al mismo tiempo me desespero porque quiero saber todo ya jajaj
ResponderEliminarMuchas gracias por la traducción se nota muy interesante
ResponderEliminarMe encantó este capítulo, sé que apenas va empezando la historia, pero tengo el presentimiento de que se viene mucho angst en los próximos capítulos :'v solo espero que Alec y Phil no sufran más, sobre todo Alec (empaticé mucho con él).
ResponderEliminarMe encanta, que ellos dos estén en su propio mundo, a pesar de que estaban en guerra, espero que no sufran :)
ResponderEliminarInteresante, me preocupaba a cada rato pensando cuándo Phil desaparecería...🤔🙄😔😓
ResponderEliminarGracias, es interesante😊
ResponderEliminarGracias, me gustó mucho este primer capítulo.
ResponderEliminarMuchas gracias por la traducción 🥺💖
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