A Moderate Loss 2

Recuerdos distorsionados.


Como siempre, Eun-soo entró en el hospital. Presionó el botón del último piso en el ascensor y revisó su móvil. No había ninguna notificación especial. Ningún mensaje de que Do-kwon hubiera vuelto a la "normalidad". Esperaba que Myung-hee, Gi-ho o incluso Do-kwon se hubieran puesto en contacto.


Sabía que era una expectativa absurda. No habían pasado ni doce horas, ¿cuánto podría haber cambiado? Aun así, una pequeña parte de él, tan pequeña como una uña, se aferraba a la esperanza de que algo, aunque fuera un recuerdo fugaz, hubiera cambiado.


La puerta de la habitación estaba abierta. No sabía si los médicos acababan de irse o si había llegado una visita.


Temiendo que fuera un invitado importante, Eun-soo asomó la cabeza por la puerta. Vio a Do-kwon, recostado en la cama, y a un hombre de pie frente a él. Llevaba un traje impecable, no era tan alto como Do-kwon, pero tenía un peinado familiar.


A Eun-soo se le curvó la boca con una amplia sonrisa.


Era el secretario de Do-kwon. Eun-soo lo conocía porque era el responsable de gestionar cada detalle de la vida de Do-kwon. Además, lo envidiaba, pues habían trabajado juntos durante diez años. Su relación probablemente seguía siendo sólida, antes de la amnesia o ahora.


Justo cuando Eun-soo iba a entrar en la habitación, después de observar el ambiente entre ambos, Do-kwon miró hacia la puerta con un movimiento rápido. Como si hubiera sido el único en escuchar los pasos de Eun-soo, que no había hecho el menor ruido.


Eun-soo sonrió con incomodidad y levantó la mano para saludar. Do-kwon no reaccionó. Por la mirada fría y desolada, Eun-soo supo que él todavía no lo recordaba. El Do-kwon de antes nunca lo hubiera mirado de esa manera tan distante.


Con una decepción evidente, Eun-soo bajó lentamente la mano. Do-kwon no apartó la vista de él. El secretario Jung también se giró para ver la puerta y, al ver a Eun-soo, mostró una gran sonrisa.


Esa sonrisa le dio a Eun-soo un sentimiento de calidez. Entró en la habitación, y el secretario Jung caminó a zancadas hacia él para recibirlo.


—Hola, secretario Jung.


Dijo Eun-soo, inclinando la cabeza.


—Hola, jefe de equipo Yoo.


Respondió el secretario Jung, devolviendo el saludo. Se acercó medio paso más a Eun-soo, frunció sus atractivas cejas y expresó su preocupación.


—¿Se siente bien? Fui al hospital justo después del accidente, pero tenía tanto trabajo que hacer por el director que no pude volver. Me dijeron que le habían dado de alta.


—Ah, sí. No me hice mucho daño... Estoy bien.


—Pero fue un accidente de tráfico.


—Sí… a veces me duele el cuerpo, como a un abuelo.


Dijo Eun-soo, encorvando la espalda y dándose golpecitos como si fuera un anciano.


El secretario Jung se cubrió la boca y se echó a reír. Eun-soo también sonrió, curvando los ojos.


Do-kwon los miró fijamente. Los rayos del sol que entraban por la ventana se aferraban a Eun-soo. Do-kwon no podía apartar la vista de sus mejillas redondas, sus ojos amables y sus bonitos labios. Su sonrisa franca parecía tan inocente.


Y cuanto más miraba ese rostro, más le dolía la cabeza. Do-kwon se apretó la sien con el pulgar y el dedo medio.


—¿Y el bebé?


Le preguntó el secretario Jung a Eun-soo.


—En este hospital me dijeron que está bien. Todavía no he ido a un ginecólogo de verdad, pero… ya que lo pienso, debería ir hoy.


Eun-soo se acarició el vientre sobre el abrigo. Había oído que debía tener cuidado en la fase inicial del embarazo, pero no sabía qué cuidados específicos debía tener. Antes de que sea tarde, debo ir al ginecólogo hoy.


—¿Le gustaría que lo llevara?


Ofreció amablemente el secretario Jung. A veces, cuando Do-kwon tenía algo que hacer, él llevaba a Eun-soo con él, o lo llevaba de vuelta a casa. Por eso, hacer de conductor no era un problema. Y le daba un poco de pena dejarlo ir solo al ginecólogo.


Sin embargo, Eun-soo negó con la cabeza.


—Es que yo…no puedo…ir en coche.


—¿Por qué? Ah, ¿por el accidente…?


—Sí. Iré en metro.


—Ay… ¿Qué desastre es este?


—Pronto estaré bien. Muy pronto, muy pronto estaré bien.


Dijo Eun-soo con una leve sonrisa. El secretario Jung lo miró con lástima. Si de verdad se recuperaba pronto, nada podría ser mejor. Pero el estado de Do-kwon no parecía nada bueno.


Eun-soo inclinó un poco la cabeza. Luego, se acarició suavemente el cuello liso. Fue un acto sin pensar.


Sin embargo, Do-kwon, al verlo, inhaló profundamente. Un olor extraño le invadió las fosas nasales y se extendió hasta sus pulmones. Su rostro se endureció. Luego, se arrugó de repente, como una lata de aluminio aplastada.


—¡Cielos...!


Exclamó con un jadeo. Ante el grito de Do-kwon, Eun-soo y el secretario Jung lo miraron de inmediato. Eun-soo, que aún no había borrado por completo la sonrisa de su rostro, se encontró con la mirada de Do-kwon. En ese momento, Do-kwon se agarró la cabeza y cayó de la cama.


—¡Do-kwon!


—¡Director!


Eun-soo y el secretario Jung corrieron hacia él. Do-kwon, con su cuerpo grande, se acurrucó en el suelo.


—Do-kwon, Do-kwon, levántese.


Dijo Eun-soo, intentando ayudarlo.


Sus codos, hombros y tobillos golpeaban contra el duro suelo de mármol. Se veían tan dolorosos.


—¡No me toques!


Pero Do-kwon empujó a Eun-soo, impidiéndole acercarse.


—¡Lárgate de aquí!


Do-kwon miró a Eun-soo con los ojos inyectados en sangre. Rechinaba los dientes de dolor y las venas de sus manos, que sostenían su cabeza, se abultaron. Todo su cuerpo temblaba.


Aun así, lo miraba como si fuera su archienemigo. Eun-soo sintió como si lo estrangularan.


—Do-kwon…


Dijo Eun-soo encogiendo los hombros. Era la primera vez que veía a Do-kwon con ese rostro. Su expresión era como si alguien lo estuviera golpeando en la cabeza con un hacha.


Eun-soo se arrastró hacia atrás. Instintivamente, supo que él era la causa del dolor de Do-kwon. Entonces, una gruesa línea de sangre goteó de la nariz de Do-kwon.


Las pestañas de Eun-soo se crisparon. Es sangre, sangre. Se acercó rápidamente a Do-kwon y le limpió la nariz con el dorso de la mano.


—…


Do-kwon contuvo la respiración.


—…


Eun-soo soltó el aire.


Por un instante, hubo un silencio total. Lo único que se oía era el sonido del botón de emergencia que el secretario Jung presionaba. Entonces, Eun-soo soltó un largo suspiro sin darse cuenta.


La punta de la nariz de Do-kwon se movió. Luego, apartó bruscamente la mano de Eun-soo. Con un picor en el dorso de la mano, Eun-soo la retiró rápidamente, como si hubiera tocado algo caliente.


Do-kwon miró a Eun-soo con la mandíbula temblorosa. Eun-soo sintió un dolor como si le estuvieran arrancando el corazón de su pecho ante esa mirada insensible.


Justo cuando el rostro de Do-kwon estaba completamente consumido por la ira y el dolor, los médicos entraron en la habitación.


Ayudaron a Do-kwon, o más bien lo inmovilizaron, para subirlo a la cama. Analgésicos y sedantes entraron por la vía intravenosa, y una gasa con alcohol limpió la sangre. Una linterna revisó los ojos de Do-kwon, que se contraían, y las piernas y los brazos que se retorcían como en una convulsión fueron atados por enfermeros robustos.


Eun-soo se levantó, temblando. Cuando intentó acercarse a Do-kwon, una enfermera lo detuvo.


—Acompañante, por favor, salga un momento.


—¿Por qué? ¿No puedo quedarme?


—Es para la estabilidad del paciente. Por favor, salga un momento.


La enfermera sonrió y le habló con suavidad a Eun-soo. Y sutilmente lo empujó hacia atrás, como si estuviera echando a un intruso. No le dijo nada al secretario Jung, que estaba de pie a un lado, lo que hizo que Eun-soo sintiera la situación de esa manera.


Eun-soo salió de la habitación, de mala gana. La enfermera, con la mano en la manija de la puerta, le sonrió a Eun-soo.


Era una sonrisa sin más. Una sonrisa común en el ámbito profesional, de esas que las enfermeras usan cuando tratan con pacientes o familiares. Luego, sin dudar, cerró la puerta.


—…


Eun-soo se quedó mirando la puerta cerrada, aturdido. Apenas podía oír los gemidos de Do-kwon a través de ella. Mientras lo escuchaba, se acarició el dorso de la mano. El dorso de la mano que tenía la sangre de Do-kwon.


‘—¡No me toques!’


‘—¡Lárgate de aquí!’


Los gritos de Do-kwon resonaban en sus oídos. Sus ojos rojos que lo miraban y la forma en que su nariz se arrugó, como si su olor fuera repugnante, dominaban su mente.


Eun-soo frotó el dorso de su mano con un poco más de fuerza. Frotó y frotó hasta que su piel se enrojeció por completo y no pudo distinguir entre la sangre de Do-kwon y su propia piel.


Seguro que no es eso.


Seguro que yo no soy la razón por la que te duele.


¿Qué hice yo? ¿Qué clase de recuerdo soy yo para que el tiempo que pasamos juntos te duela tanto?


¿Por qué me miras con tanto asco? ¿Por qué ya no me miras con esos ojos cariñosos como antes?


Eun-soo dejó de frotar y se rascó con las uñas. No sintió el dolor punzante hasta mucho después. La piel se había deshilachado de forma horrible. La miró por un momento y luego se dio la vuelta.


Había un lugar a donde ir.



***



Era un fin de semana tranquilo y lánguido. Eun-soo estaba tumbado en la alfombra de la sala de estar de Do-kwon, mirando su ordenador portátil. Aunque era domingo, tenía que entregar un trabajo el lunes, así que le estaba dando un último repaso.


Do-kwon lo abrazaba, frotando su cara en la nuca de Eun-soo. Al principio de su relación, habían prometido no trabajar los días libres, pero como Eun-soo era jefe de equipo y Do-kwon era director, no era tan fácil.


Así que ahora, Do-kwon era comprensivo, siempre y cuando el trabajo no interfiriera en su tiempo juntos. Por supuesto, de vez en cuando fruncía los labios y murmuraba que despediría a los que le daban trabajo a Eun-soo, cosas que serían titulares por abuso de poder.


Pero hoy, por alguna razón, esperaba sin quejarse a que Eun-soo terminara. Eun-soo, pensando que era digno de elogio, le prometió un gran beso apasionado cuando terminara.


Justo cuando Eun-soo estaba escribiendo el último correo electrónico, Do-kwon le acarició la cintura suavemente y lo llamó.


—Eun-soo.


—¿Sí?


—¿Te sientes mal?


—¿Eh? ¿Yo? No, ¿por qué?


Ante las palabras inesperadas, Eun-soo levantó las cejas. Había dormido hasta tarde, comido delicioso, y casi terminado el trabajo. Su condición no podía ser mejor.


Pero Do-kwon no dejó de preocuparse por algo que no tenía sentido. Hundió la nariz detrás de la oreja de Eun-soo y olfateó de forma juguetona.


—¿De verdad? Es un poco extraño.


—¿Qué es lo extraño?


—Tu olor es diferente. Como en tu ciclo de celo, pero ya pasó, ¿no? No sé cómo describirlo, pero es diferente a lo habitual.


Eun-soo olió su propia muñeca. Pero no sintió ningún olor en particular. Era natural, ya que no podía oler sus propias feromonas. Solo podía oler el aroma de Do-kwon en su piel.


—Debe ser cosa tuya.


Dijo Eun-soo sin darle importancia, mientras terminaba de redactar el correo. Sin embargo, la expresión seria de Do-kwon no cambió.


—No. No creo que me equivoque con tu olor por una simple sensación.


—…


Eun-soo no respondió. Pero, por supuesto, le preocupaba. No porque pensara que había un problema con su cuerpo, sino por otra cosa.


Eun-soo tecleó en el portátil sin apartar la vista de la pantalla y preguntó:


—¿Es un olor... malo?


—¿Qué?


—No, como dijiste que era extraño…


—…


—Pensé que olería a leche cortada, a desagüe o a gases de escape...


Ante las débiles palabras de Eun-soo, Do-kwon dejó caer la mandíbula. Eun-soo lo miró de reojo y luego volvió a la pantalla. Do-kwon le agarró la barbilla e hizo que lo mirara.


—Eun-soo.


—¿...Sí?


—¿Cómo puedes decir eso? Casi me enfado contigo.


—Aun así…


—Tu olor es mejor que cualquier otro que haya olido en toda mi vida.


—…


—Ahora también. Y siempre lo será.


Do-kwon presionó sus labios contra la mejilla de Eun-soo y los retiró. Luego, como para demostrarlo, hundió su rostro profundamente en la nuca de Eun-soo y olfateó. El olor era suave, tranquilo y dulce. Era un olor que te hacía experimentar el paraíso.


Era un olor tan sublime que no podía compararse con olores a leche cortada, a desagüe o a lo que fuera.


El pelo de Do-kwon, que se movía suavemente, le hizo cosquillas a Eun-soo en la barbilla. Eun-soo soltó una risita.


—¿De verdad?


—Claro.


Do-kwon hizo contacto visual con Eun-soo y sonrió.


Y al día siguiente, Eun-soo fue al hospital por si acaso, y descubrió que estaba embarazado.


Eun-soo pensó que tal vez su cuerpo estaba experimentando un cambio similar al de entonces. Tenía que haber una razón por la que Do-kwon arrugaba tanto la nariz, sintiendo su olor como algo tóxico.


Por eso, vino al ginecólogo. Era un hospital pequeño. Como no podía ir en coche y tenía prisa, vino al que estaba más cerca. Había un ginecólogo al que solían ir juntos, pero estaba lejos de la estación de metro y era complicado llegar.


Eun-soo, después de registrarse, miró el dorso de su mano raspada cuando…


—Paciente Yoo Eun-soo, pase.


Llamaron a Eun-soo. Se levantó rápidamente y entró en la consulta.


El examen se desarrolló sin problemas. La doctora era una mujer bastante joven con el pelo recogido en una coleta alta. Se veía muy estricta por su barbilla afilada y sus gafas sin montura. Movió sus labios de un color rosa pálido para diagnosticar el estado de Eun-soo.


Eun-soo apenas escuchaba lo que decía. Ya había escuchado esas palabras varias veces en el hospital anterior y tenía otras preguntas, así que solo esperaba a que la doctora terminara con su discurso.


—Como es Omega, no tiene que preocuparse demasiado por el aborto espontáneo. La mayoría de los Omegas tienen un parto sin problemas. Además, es joven, así que todo estará bien. ¿Tiene alguna pregunta?


Dijo la doctora en un tono monótono.


Eun-soo acercó su silla y habló rápidamente.


—¿Disculpe?


—¿Sí?


—¿Es posible que, como estoy embarazado... el padre de mi hijo sienta mi feromona de forma diferente?


—¿...Disculpe?


—Siento que él lo siente diferente a antes. Si es así, ah, ¿mejorará si el bebé desaparece?


—…


La doctora se quedó sin palabras. No sabía si estaba sorprendida por las palabras inhumanas o si sentía repulsión por la ignorancia.


Pero a Eun-soo no le importaba su reacción. Ya estaba medio fuera de sí. No era consciente de lo que había dicho ni de cómo lo había dicho.


Si Do-kwon solo lo hubiera olvidado por la amnesia, estaría bien. Se sentiría amargado y triste, pero podría soportarlo.


No sería muy diferente de reencontrarse con el Do-kwon que iba y venía por el piso 14 con una taza en la mano dos años antes.


Pero ahora, Do-kwon lo odiaba y lo evitaba. Eso no era por la amnesia. Tenía que haber otra razón.


Eun-soo sentía que cada día, cada momento, era una carga. Era como si su vida entera se estuviera desmoronando.


Era la misma sensación que tuvo cuando un primo con el que no se hablaba le llamó. Y ese primo le dijo que sus padres habían muerto.


Se sentía igual. Tenía tanto miedo de la desesperación que lo esperaba.


La doctora miró a Eun-soo, que estaba pálido. Luego, se inclinó un poco hacia adelante como Eun-soo y habló con calma.


—Paciente. ¿El padre del bebé lo trata mal después de que se enteró del embarazo?


—¿...Sí?


—¿Lo presiona para que aborte o le pide que se separen o se divorcien?


—…


—Si es así, puede denunciarlo y el Estado lo ayudará…


—No, no. No es eso.


Dijo Eun-soo, sacudiendo la cabeza. Luego, se frotó la cara con fuerza y suspiró.


Como la doctora dijo, si Do-kwon le hubiera pedido que abortara, que odiaba a los niños y le hubiera exigido que se separaran, todo habría sido mucho más fácil.


Bastardo. Malnacido. Quizás lo habría insultado y luego habría abortado, o se habría recuperado y habría criado al niño solo.


Pero ahora, no podía llegar a ninguna conclusión. Do-kwon podría volver. Podría recuperarse en tan solo una semana. Podía soportar eso sin problemas.


Solo tenía miedo de que, incluso si recuperaba la memoria, todavía sintiera repulsión por su olor.


—Es solo que... me dijo que mi feromona era diferente a antes...


—Claro que la sentirá diferente. Sienten el olor del Omega que embarazaron de forma particularmente clara y prominente. Es su instinto de proteger al Omega.


—Ah...


Particularmente clara y prominente. Sí, eso parecía. Había entrado en la habitación sin hacer ruido, pero él lo había mirado como si supiera que iba a venir. Había fruncido la nariz como si su olor le irritara.


Entonces, sintió su olor demasiado fuerte, por eso se comportó así. Por fin lo entendió.


Los hombros tensos de Eun-soo se relajaron. Temía que su rechazo no tuviera razón, pero ahora que había encontrado una explicación, se sentía un poco aliviado.


—Pero no es una diferencia tan grande como para interferir en la vida diaria. Cuando usted está entre otros Omegas, el Alfa simplemente lo notará primero.


—…


—Por supuesto, hay variaciones entre las personas. Los Alfas dominantes lo sienten más fuerte, y los recesivos, un poco más débil.


—Entonces… ¿podría odiarlo? Un ambientador o un perfume pueden ser agradables si son sutiles, pero si son demasiado fuertes, dan asco.


—Uh… no. No puede comparar un olor instintivo con uno artificial. Un Alfa lo siente más fuerte para proteger a su Omega. Pero…eso también depende de cada persona, así que es difícil darle una respuesta definitiva.


—…


Eun-soo asintió sin sentido. Se rascó los dedos mientras organizaba sus pensamientos y, de repente, recordó la razón por la que había venido.


—Recéteme un supresor de feromonas.


—Claro. ¿No necesita vitaminas o suplementos?


—Ah, de eso tengo.


Eun-soo se estremeció al recordar las cajas de medicinas amontonadas en un rincón de su casa. Cuando se enteraron de su embarazo, Do-kwon, Myung-hee y Gi-ho hicieron un alboroto y le compraron de todo. Incluso el secretario Jung le había regalado suplementos para embarazadas.


Podría sobrevivir un año sin comida, solo con las pastillas.


—Le daré solo una caja de supresores.


Dijo la doctora, tecleando varias cosas.


—¿No puede darme más?


Preguntó Eun-soo rápidamente.


La doctora negó con la cabeza.


—No, no puedo. Venga al hospital periódicamente para que se lo dé. Y no intente conseguirlos sin receta, porque en las farmacias no los venden sin ella.


—Pero... ¿por qué solo una caja de supresores? 


Eun-soo se inclinó.


Para un Omega, los supresores eran como el agua. Los usaban a diario, toda la vida. Pero, ¿solo una caja? Y además, ¿no podía conseguirlos fácilmente? No era una droga ni nada...


—Está embarazado. Suprimir las feromonas que se producen de forma natural no es bueno para un Omega embarazado.


—Ah...


—Es mejor no tomarlos, pero si tiene que hacer vida normal, no hay más remedio. Así que tome un máximo de cuatro pastillas al día. No más. Y si tiene el ciclo de calor, tendrá que volver a visitarnos porque las pastillas no serán suficientes 


Dijo la doctora con firmeza. Eun-soo asintió lentamente. Cuatro pastillas al día. Se repitió esas palabras en su mente.



***



Eun-soo regresó a casa directamente desde el ginecólogo para descansar. Mientras estaba en la clínica, se había dado cuenta por primera vez de que estaba embarazado. Al ver a la gente acariciando sus vientres, se sintió como si le hubieran dado un fuerte golpe en la nuca.


Tenía que cuidar su cuerpo. Aunque era un Omega creado para quedar embarazado, debía hacer lo básico, ¿verdad?


No, en realidad… quería tomarse un tiempo para reflexionar y expiar las palabras terribles que había dicho.


‘—Si es así, ah, ¿mejorará si el bebé desaparece?’


Cómo pudo decir algo así. Está loco. Completamente loco.


Eun-soo había creído que el sentimiento de ser padre, la capacidad de hacer y sacrificarlo todo por un hijo, aparecería de repente, como un chispazo.


Pero el hecho de quedar embarazado y el desarrollo del amor paternal eran cosas distintas.


Eun-soo se enteró de su embarazo por la sensibilidad de la nariz de Do-kwon antes de que apareciera cualquier síntoma físico en su cuerpo. Y el accidente ocurrió antes de que pudiera asimilarlo, así que no tuvo la oportunidad de desarrollar el amor paternal.


Por eso, el bebé en su vientre no le resultaba tan valioso. Seguía en un estado de confusión.


Sin embargo, las palabras que había dicho en el ginecólogo estaban claramente mal. Se había excedido. Había cosas que se pueden decir y otras que no. Aunque no estaba en sus cinco sentidos, ¿cómo pudo decir algo así? Si Do-kwon lo hubiera sabido, el Do-kwon que lo amaba, se habría sentido muy decepcionado y triste.


Cuando Eun-soo llegó a casa, lo primero que hizo fue comer. Sacó todos los platillos que tenía y se hizo unas costillas que Do-kwon había traído en secreto. Comió a lo grande. Luego, buscó en Internet los suplementos correctos y bebió un té sin cafeína.


Comer y descansar bien. Esa era la única forma en que podía disculparse con el bebé.


Y para hacer la digestión, se puso al día con los correos atrasados. Había estado alejado del trabajo por dos semanas completas debido al repentino accidente y a la licencia que se tomó. No había terminado sus tareas pendientes y se sentía muy avergonzado con su equipo.


Después de trabajar unas tres horas, se durmió temprano abrazado al abrigo de Do-kwon.


Y al día siguiente, Eun-soo, como siempre, estaba de pie frente a la habitación de Do-kwon.


La puerta de la habitación del hospital estaba cerrada. Eun-soo respiró hondo y luego exhaló lentamente. Nerviosamente, abrió y cerró las manos y levantó los talones. Estaba tan ansioso que podía oír los latidos de su corazón en los oídos.


Después de unos minutos de indecisión, Eun-soo abrió la puerta. Pero, por alguna razón, la habitación estaba vacía.


Eun-soo soltó un suspiro de alivio sin darse cuenta. Luego se rió de sí mismo por lo ridículo que se veía. He venido a ver a Do-kwon, pero me siento aliviado de que no esté aquí. No podía creerlo.


Eun-soo entró con cautela en la habitación. Recorrió el lugar en silencio. Olía a Do-kwon. Era un olor mucho más denso y vibrante que el del abrigo que tenía en la almohada de su habitación.


En la espaciosa habitación, el lugar con el olor más fuerte era, por supuesto, la cama. Eun-soo se acercó a la cama, como si estuviera poseído por algo.


Sobre la cama, había una tableta que parecía ser de Do-kwon y un grueso suéter, tirados sin cuidado. ¿Estaba trabajando? El hecho de que estuviera usando la tableta significaba que el ataque de ayer no había continuado hasta hoy.


Qué alivio.


Con una leve sonrisa, Eun-soo colocó la tableta en la mesita de noche. Iba a arreglar la manta desordenada y colgar el suéter en el perchero.


—...


Entonces, se le ocurrió una idea perversa.


Este suéter debe tener más olor de Do-kwon. Debe ser mucho más denso que el olor que flota en el aire.


Se le secó la garganta, pero su boca se llenó de saliva. El suéter suave y grueso le pareció tan valioso como un tesoro. Se sintió como Adán mirando el fruto prohibido.


Eun-soo se mordió el labio inferior y finalmente cedió a su deseo.


No es gran cosa. Solo voy a olerlo un poco. Y es el olor del padre de mi hijo, de todos modos. ¿Qué hay de malo en eso? Se convenció a sí mismo.


Eun-soo hundió la nariz en el suéter. E inhaló profundamente. Como esperaba, el olor de Do-kwon lo invadió. Era un olor tan maravilloso que era sublime. También era el olor que Eun-soo más amaba en el mundo.


Una sonrisa se dibujó en su boca. Antes del accidente, lo olía todos los días. Se dormía y despertaba con ese olor. Pero sentía que ese tiempo había pasado hace mucho.


Eun-soo abrazó el suéter de Do-kwon, perdiendo la noción del tiempo.


—¿Qué está haciendo?


Si esa voz fría no le hubiera cortado el cuello, se habría quedado congelado como una piedra. Eun-soo se estremeció de la sorpresa y dejó caer el suéter. Sorprendido por segunda vez, se apresuró a recogerlo y lo colgó en el perchero.


—Yo, yo estaba ordenando un poco.


Eun-soo no se molestó en darse la vuelta para ver de quién era la voz. Sabía quién era solo por la voz.


Después de colgar el suéter, siguió jugueteando con la manga y la tela. Había ido a ver a Do-kwon, pero no podía darse la vuelta. En ese momento, Do-kwon soltó una risa hueca.


—¿Mientras roba mi olor?


Ante esas palabras, Eun-soo contuvo la respiración por un momento. Luego, cerró los puños. La venda que tenía en el dorso de la mano se retorció y se desprendió un poco. Eun-soo se sintió irritado. No le gustaba en absoluto que Do-kwon lo tratara como a un ladrón sinvergüenza.


Eun-soo presionó la venda con la palma de la mano para que se volviera a pegar. Luego, se dio la vuelta bruscamente y dijo con descaro:


—Sí. Lo olía todos los días y ahora no, así que no pude evitarlo.


Hasta el punto de que parecía un síndrome de abstinencia. Eun-soo pasó por delante de Do-kwon como si nada. Luego se sentó en la silla auxiliar al lado de la cama, como si fuera su sitio.


Su actitud era de lo más descarada, pero por dentro no estaba tan tranquilo. Temblaba tanto que le preocupaba que Do-kwon pudiera notarlo.


—...


Do-kwon se limitó a mirarlo por un momento, sin decir nada. En lugar de sentarse en la cama, se sentó en el sofá. El sofá estaba contra la pared, así que con solo levantar la cabeza, sus ojos se encontrarían con los de Eun-soo. Pero Do-kwon se concentró en la montaña de periódicos amontonados al lado del sofá.


Gracias a eso, Eun-soo pudo observar a Do-kwon a su antojo. Parecía normal. Aún llevaba el camisón de hospital, pero su rostro indiferente no mostraba signos de dolor de cabeza o secuelas del accidente.


Eun-soo se sintió un poco feliz. Parecía que el supresor estaba funcionando. Ayer, tan pronto como entró en la habitación, él había arrugado la cara.


Si seguimos así, las cosas volverán a ser como antes. Y algún día podremos volver a lo que éramos.


—Tomé un supresor. Fui al ginecólogo ayer. Ya no oleré a nada.


Dijo Eun-soo, mirando los dedos de Do-kwon, que sostenían el periódico.


Sus manos, sin una sola cicatriz, eran grandes y hermosas, como las de un Alfa. Eun-soo no podía apartar la vista de los huesos prominentes y los nudillos marcados.


Si agarraba esa mano, no sentiría el frío del invierno. Era una mano fuerte, cálida y amable.


Especialmente cuando tenían sexo, podía sujetar mi muslo por completo...


—Aún huele. Horriblemente.


Eun-soo, que se había perdido en su imaginación, se estremeció. Luego, frotó sus mejillas sonrojadas como si se lavara la cara. ¿Estoy loco? Después de recomponerse, finalmente comprendió lo que Do-kwon acababa de decir.


—Um... 


Eun-soo se apoyó la barbilla en la cama y soltó un quejido. El olor de Do-kwon subía suavemente de la sábana. Olía tan bien. Do-kwon seguro que sentía su olor igual de aromático, pero aun así, lo llamaba horrible. Eun-soo detestaba que eligiera solo las palabras más hirientes.


—Entonces, aguántese.


—¿Qué?


—Le dije que se aguantara. Esto es lo máximo que puedo suprimir. Hice lo que pude, el resto depende de usted.


—Ja... 


Do-kwon soltó una carcajada corta, como si estuviera atónito. Pero Eun-soo no le hizo caso y se concentró en aspirar el olor de Do-kwon.


Do-kwon debía de estar estupefacto. El primer Omega que ve en su vida aparece, entierra su cara en su ropa, y cuando dice que su olor le disgusta, le dice que se aguante. Con la amnesia ya estaba lo suficientemente confundido, y ahora Eun-soo lo irritaba aún más.


Sin embargo, Eun-soo tenía todo el derecho a decir esas cosas. Habían sido pareja por dos años, y llevaba a su hijo en el vientre. Y, por si fuera poco, Eun-soo estaba tan atónito como Do-kwon por el hecho de que su pareja lo hubiera olvidado por completo de un día para otro.


Hasta ahora, se había tambaleado con cada palabra y expresión de Do-kwon, impactado por su amnesia. Pero ya no más.


Eun-soo tenía la intención de recuperar al viejo Do-kwon, costara lo que costara. Y con él, consigo mismo y con su bebé, formarían una familia feliz.


Después de su visita al ginecólogo ayer, había hecho esa promesa. Se lo prometió al bebé.


Eun-soo miró a Do-kwon con una expresión sombría. Do-kwon también lo miró fijamente. Se miraron a los ojos por un buen rato. El primero en hablar fue Do-kwon.


—Hace un momento dijiste que me olías todos los días. Eso significa que nos veíamos todos los días. ¿Lo dijiste sin pensar, o de verdad me veía contigo todos los días?


—Nos veíamos todos los días.


Los ojos de Do-kwon se entrecerraron un poco ante la respuesta firme de Eun-soo. Su expresión mostraba que no le creía. Y tenía sentido. Do-kwon era una persona muy ocupada. Era director, e hijo único de Myung-hee, así que su horario siempre estaba lleno.


No había forma de que se viera con un Omega común todos los días.


Pero Eun-soo continuó hablando como si no viera nada extraño.


—Almorzábamos y cenábamos juntos. Rechazaste muchas reuniones que incluían almuerzo porque querías comer conmigo, y el secretario Jung lo pasaba mal por eso.


Do-kwon soltó otra risa hueca. Por mucho que hubiera estado obsesionado con un Omega, no había forma de que actuara así, sin siquiera saber la diferencia entre los negocios y su vida personal. Si creía lo que Eun-soo decía, parecería un perro con los ojos desorbitados.


Do-kwon cerró de golpe el periódico que estaba leyendo. El secretario Jung se lo había dado para que se pusiera al día con los datos económicos de los últimos cuatro años que había perdido, así que tenía que leerlo rápido. Y para eso, primero tenía que quitarse de encima a Eun-soo.


Do-kwon se sentó con las piernas cruzadas y miró fijamente a Eun-soo.


—Mi madre me dijo que nos conocimos en el trabajo.


—Sí.


—Entonces, sabías quién soy y de quién soy hijo.


—Sí. Como soy jefe de equipo, claro que conozco la información de los directores.


—¿La conoces?


—Tengo la obligación de ser amable incluso si me encuentro con usted por casualidad.


—…


—De hecho, incluso si no fuera jefe de equipo, lo sabría. Cualquier persona con un mínimo de interés en la economía sabe de qué empresa es usted el único hijo, ¿no?


Dijo Eun-soo con desinterés. No le interesaba el pasado de Do-kwon, así que no le gustaba hablar de eso. Era más útil para que él recuperara la memoria si le contaba los recuerdos que tenían juntos.


Pero, a diferencia de Eun-soo, los ojos de Do-kwon brillaron. Golpeó suavemente el reposabrazos del sofá con el dedo índice.


—¿Quizás quieres dinero?


—¿...Qué?


Dijo Eun-soo, como si no lo hubiera escuchado bien. Se quedó sin aliento. Al escuchar esas palabras, su mente, que había estado llena de pensamientos, se congeló por completo.


Una sonrisa maliciosa apareció en el rostro de Do-kwon ante la reacción de Eun-soo. Parecía que había tocado un punto sensible. Do-kwon se frotó la barbilla y miró a Eun-soo de reojo.


—¿Por eso te embarazaste antes de casarte? Mi padre y mi madre se mueren por ti. Parece que tienes talento para eso.


—...


Eun-soo parpadeó lentamente. Por un momento, no dijo nada. Se limitó a mirar fijamente un punto en el aire, por encima del hombro de Do-kwon. Parecía estar organizando sus pensamientos.


Do-kwon, sin embargo, lo vio como una acción astuta para pensar en una excusa. Pensó que esta era su oportunidad para deshacerse de Eun-soo. Abrió la boca para hablar, pero de repente, Eun-soo se levantó de un salto. Y caminó resueltamente hacia él.


La sombra de Eun-soo, de espaldas a la luz, se proyectó sobre Do-kwon.


—Do-kwon. Tengo mucho dinero.


Dijo Eun-soo en voz baja.


—Puf, ¿qué dices?


Do-kwon soltó una carcajada hueca. No lo parecía. ¿Había ganado la lotería? Incluso si fuera verdad, ¿cómo se atrevía a decírselo a él? Le parecía increíble y ridículo.


Pero a Eun-soo no le importó y siguió hablando.


—Claro, no tanto como usted, que tiene billones, pero tengo suficiente para comprar lo que quiero y comer lo que me apetece.


—...


—Tengo una casa en Seúl y un coche. Invierto y ahorro mucho. También es una riqueza insignificante para usted, pero para mí, es suficiente.


—Entonces, ahora...


—Sí. No necesito su dinero.


La voz de Eun-soo era firme. Después de hablar, exhaló lentamente por la nariz. Luego, miró a Do-kwon en silencio. A pesar de llevar un camisón de hospital, Do-kwon seguía siendo muy guapo. Su pelo, que caía suavemente, era totalmente del estilo de Eun-soo.


Eun-soo extendió su mano hacia el rostro de Do-kwon. Las cejas de Do-kwon se crisparon. Pensó que Eun-soo le iba a dar una bofetada. Pero, en lugar de eso, lo acarició suavemente.


—Si me hubiera preguntado si lo que quiero es su atractivo rostro o su cuerpo, le habría dicho que sí.


—¿Qué?


—Me gusta su cara, Do-kwon. Me gusta su cuerpo, y me gustan muchas otras partes físicas suyas.


Eun-soo acarició la mandíbula de Do-kwon con el pulgar. El pulgar se movió de la mandíbula afilada hasta los gruesos labios. Esos labios que se abrían con una sonrisa, revelando una dentadura perfecta. Los labios que siempre eran cálidos y suaves.


Hacía más de dos semanas que no los tocaba. Antes, se besaban decenas de veces al día. Incluso habían llegado a saltarse el almuerzo, pasándose toda la hora besándose en la oficina del director.


Justo cuando el pulgar de Eun-soo estaba a punto de tocar los labios de Do-kwon, este apartó su mano con irritación. Eun-soo se retiró dócilmente. También enderezó la espalda que había encorvado para tocar su cara.


—Y, lamentablemente... usted fue quien se me acercó, me buscó, me compró comida y bebidas, y me envió mensajes para conquistarme.


—Si estás mintiendo porque no recuerdo nada, te arrepentirás mucho en el futuro.


Dijo Do-kwon, frotándose con nerviosismo la mejilla que Eun-soo había tocado.


Eun-soo miró con sequedad el ceño muy fruncido de Do-kwon. Habían sido pareja por dos largos años, pero nunca lo había visto gritar, enojarse o siquiera frustrarse.


Últimamente, veía su rostro distorsionado con demasiada frecuencia. Aunque este Do-kwon no fuera "ese" Do-kwon, no podía evitar sentir amargura.


Eun-soo cerró la mano en un puño, sintiendo el débil calor de Do-kwon que aún quedaba en su palma. Luego, habló con voz monótona.


—No. Usted será el que se avergonzará.


—¿Yo? ¿Por qué me avergonzaría?


—Por haberme hablado de esa manera.


—¿Qué?


—Por haberme tratado tan mal. Por tratarme como alguien que solo busca dinero. Por pensar que soy un Omega tonto que solo esparce feromonas. Se arrepentirá mucho.


La ráfaga de palabras que soltó Eun-soo hizo que la comisura de la boca de Do-kwon se contrajera. Miró fijamente el rostro inexpresivo de Eun-soo. De repente, soltó una carcajada. Se rió como si algo fuera tan gracioso y sorprendente, incluso aplaudió.


—Vaya, ¿me amabas tanto como para decirme todo eso?


—Sí.


—¿Y estás seguro de que seguiré amándote incluso si recupero la memoria por completo?


—Sí. Lo estoy.


La respuesta de Eun-soo no tenía fisuras. Era como un muro inquebrantable y sólido. Do-kwon se atragantó con su propia saliva, sin darse cuenta.


Eun-soo se arrodilló frente a Do-kwon. Do-kwon se sobresaltó por la cercanía de su rostro. Afortunadamente, Eun-soo no se acercó más. Sin embargo, el suave olor de las feromonas le pinchaba todo el cuerpo a Do-kwon como agujas.


Do-kwon frunció la nariz con una expresión de disgusto. Lo hizo de forma deliberada. Pero Eun-soo no se inmutó. Con atrevimiento, incluso le tomó la mano a Do-kwon. Do-kwon intentó quitársela de inmediato.


—¿Sabes que íbamos en el mismo coche cuando ocurrió el accidente?


Con la pregunta repentina sobre el accidente, Do-kwon perdió la oportunidad. Sus ojos se oscurecieron.


—El secretario Jung me lo dijo.


—Pero, si tú te lastimaste tanto como para estar en coma durante semanas, ¿nunca te has preguntado por qué yo salí ileso?


—...


Claro que se lo ha preguntado. ¿Cómo no? Su cuerpo se rompió por todas partes y hasta perdió sus recuerdos. Se preguntaba por qué Eun-soo estaba tan bien. Incluso sospecho que lo había provocado a propósito para crear esta situación.


Por eso, no esperaba que las palabras sobre el accidente salieran de la boca de Eun-soo.


—¿...Qué quieres decir con eso?


—En el momento en que el camión nos golpeó, te desabrochaste el cinturón.


—¿Yo? ¿Intenté suicidarme...?


—Y me abrazaste en el asiento del pasajero.


—...


Do-kwon se quedó boquiabierto. Se desabrochó el cinturón y abrazó a Eun-soo. Eso significa que lo hizo para salvarlo. ¿Debía creer eso?


Qué tontería.


Do-kwon se levantó, intentando soltar la mano que Eun-soo sostenía. Pero Eun-soo se la volvió a agarrar. Usó toda su fuerza para no soltar la mano de Do-kwon.


Pero su fuerza era insignificante. No había forma de que un Omega pudiera vencer a un Alfa, y menos a un Alfa dominante, con pura fuerza. Do-kwon se rió con cinismo y torció la muñeca. En ese momento, Eun-soo se levantó lentamente y lo miró fijamente a los ojos.


—Do-kwon. Quería darte las gracias por salvarme. Gracias a ti, yo y el bebé estamos a salvo.


—...


—Pero no puedo decirte eso, porque tú no eres el Do-kwon que me salvó.


Eun-soo soltó la mano de Do-kwon.


Aunque no la había sostenido por mucho tiempo, el lugar de su piel donde su mano había estado se sentía caliente. Do-kwon se cubrió el dorso de la mano con la otra. No sabía por qué lo hacía. ¿Quizás para borrar el rastro de Eun-soo? ¿O tal vez no quería que el calor de Eun-soo se evaporara?


Do-kwon se quedó paralizado mientras Eun-soo abrochaba los botones de su abrigo.


—Me iré por hoy. Pensé en almorzar juntos, pero no creo que me siente bien...


Eun-soo se dirigió a la puerta sin esperar a que Do-kwon se despidiera. No parecía que él fuera a ser tan amable.


Así, Eun-soo recorrió una larga distancia, tomó el metro y caminó hasta su casa.


Y cuando llegó Eun-soo se abrazó al abrigo de Do-kwon y lloró como un niño pequeño.


Aunque Do-kwon solo hubiera dudado de su amor, le habría dolido el corazón. Pero él también había dudado de su propio amor, y por eso Eun-soo sintió que el mundo se derrumbaba.



***



Las vacaciones de Eun-soo, que no se sintieron como tal, terminaron. Eso significaba que era hora de volver al trabajo.


Eun-soo casi nunca había odiado ir a trabajar. Aparte de los días de mal tiempo o cuando se sentía resfriado, solía ir con gusto.


Pero hoy no.


Al llegar a la empresa, Eun-soo soltó un largo suspiro. Era un día en el que se dio cuenta, hasta los huesos, de lo difícil y doloroso que era ir al trabajo sin un coche.


La empresa, a la que solía entrar y salir sin problemas, le parecía ahora la cima del monte Paektu. ¿Por qué había tanta gente en el metro? ¿De dónde venía toda esa gente y a dónde iba? Y por qué su casa está tan lejos de la empresa. Se quedó mirando la pantalla del tren, con la mente en blanco, y por más que la miraba, la estación de Yeoksam no parecía acercarse.


¿Y si no se baja donde tiene que bajarse? ¿Y si llega tarde? Miró el reloj, se fijó en la gente y buscó un hueco. Pero, para su sorpresa, la mayoría de la gente se bajó en masa en Yeoksam. Eun-soo, arrastrado por la marea humana, logró bajarse en Yeoksam a regañadientes y por su propia voluntad.


Y de nuevo, salió del metro siendo golpeado por la gente. Afortunadamente, la empresa no estaba lejos de la estación de Yeoksam, así que la caminata no fue un problema.


Completamente agotado después de un viaje tan arduo, Eun-soo tuvo un pensamiento trivial. ¿Había alguien en su equipo que no tuviera coche? Quién era... Cuando lo viera, le compraría un café grande para consolarlo y elogiarlo al mismo tiempo.


Al llegar al piso 14, el piso del equipo de diseño, Eun-soo respiró hondo. El aire cálido y un poco denso. La gente abarrotada. Y los olores a champú y perfume que solo se podían oler por la mañana.


Hacía unas semanas que no venía a la empresa desde el accidente. No pudo evitar sentirse feliz. Cualquiera diría que estaba loco, pero a Eun-soo le gustaba la empresa.


Antes de conocer a Do-kwon, la empresa era el único lugar donde podía sentir el calor y la presencia de otras personas. Era el único lugar donde había gente que se movía sin parar y que lo buscaba, llamándolo "jefe de equipo" o "señor Eun-soo".


Si no trabajaba, Eun-soo estaba completamente solo, desconectado del mundo.


Sus padres habían muerto, había perdido el contacto con sus amigos de la escuela porque estudió en el extranjero, y no era una persona lo suficientemente activa como para unirse a un club o a un grupo para conocer gente.


La empresa era el lugar perfecto para él. Y después de conocer a Do-kwon allí, le gustaba aún más.


Ajustándose la corbata, Eun-soo se dirigió a su escritorio. Al verlo, los miembros de su equipo se acercaron a él agitando sus manos con entusiasmo. Con los ojos llenos de lágrimas y los labios fruncidos, parecía que estaban muy contentos de verlo.


—¡Jefe de equipo!


—¡Jefe de equipo, ha vuelto!


—¿Está bien?


—Dios mío, un accidente de coche. ¡Qué está pasando!


—Dicen que fue un accidente muy grave. Salió en las noticias.


—El conductor era un idiota, ¿verdad?


—Sí, exacto. Conducir ebrio. Si quieres morir, hazlo solo. Dicen que hubo varias víctimas, ¿no?


—Pero, ¿está bien que vuelva tan pronto?


Sus voces agudas y características le hacían cosquillas en los oídos a Eun-soo. De alguna manera, se sentía como si hubiera vuelto a casa. Eun-soo sonrió suavemente mientras colgaba su abrigo.


—Estoy bien.


Al oír su voz normal y ver sus movimientos, los hombros de los miembros del equipo, que habían estado hasta las orejas, se relajaron. Eun-soo se sentó en su escritorio. Se sentía extraño estar sentado allí después de tanto tiempo. El gran monitor, la tableta gráfica, el teclado, los post-its y los bolígrafos ordenados.


Eun-soo encendió la computadora y limpió el escritorio con una toallita húmeda cuando...


—¿Y el director? ¿Está él también bien? 


Preguntó un miembro del equipo. Eun-soo se sobresaltó y se puso rígido.


No había nadie en la empresa que no supiera de la relación entre Eun-soo y Do-kwon. Al principio, Eun-soo le había pedido a Do-kwon que se contuviera en la empresa, ya que la gente los miraba. Do-kwon le había dicho que lo haría, si eso era lo que Eun-soo quería.


Pero luego, lo esperaba con una sonrisa de oreja a oreja diez minutos antes de la hora del almuerzo, de repente enviaba postres caros al equipo de diseño, instalaba los purificadores de aire más nuevos solo en el piso 14 o se paraba junto a él con una cara de enojo, como si le hubieran dado una bofetada, si se quedaba una o dos horas extra en el trabajo. Hizo ese tipo de cosas incontables veces, y terminaron teniendo una relación pública sin quererlo.


—Oh... sí. Se lastimó mucho y se sometió a una cirugía, pero ya está casi recuperado.


Eun-soo levantó las comisuras de su boca con incomodidad. No se atrevió a decir que Do-kwon había perdido la memoria, así que actuó como si todo estuviera bien, pero una sombra se cernió sobre los rostros de los miembros de su equipo.


—¿Una cirugía...?


—No se habrá lastimado la cara, ¿verdad?


—Esa cara no se puede reconstruir ni con cirugía plástica.


—Ah, ese conductor es un verdadero hijo de perra.


Los miembros del equipo cerraron los puños con fuerza.


—Sí, es un bastardo.


Dijo Eun-soo, asintiendo con la cabeza. Si no hubiera sido por ese conductor, nada de esto habría pasado. Do-kwon no se habría lastimado, ni lo habría olvidado. Eun-soo se frotó los ojos, suspirando en secreto.


En ese momento, un miembro del equipo con buen ojo se acercó.


—Ah... jefe de equipo, tiene los ojos inyectados en sangre. ¿No durmió bien?


—Oh, estoy un poco cansado.


Eun-soo bajó rápidamente la mano. La verdad era que sus ojos estaban rojos porque había llorado a mares ayer, pero como también estaba agotado de pelear a muerte en la batalla del metro, no era una mentira completa.


—¿Sigue cansado a pesar de que estuvo de vacaciones?


—¿No se siente bien?


—¿Le preparo un café?


—No, el café no, gracias.


Dijo Eun-soo, rechazando la oferta rápidamente. No podía tomar cafeína por el embarazo. Todavía no les había dicho a los miembros del equipo que estaba embarazado. No lo había ocultado a propósito, pero no había tenido la oportunidad de decírselo. Y dadas las circunstancias, pensó que era mejor mantenerlo en secreto por ahora.


Eun-soo arrojó la toallita húmeda a la papelera y se rió con incomodidad.


—La verdad es que... vine en metro.


Ante esas palabras, todos los miembros del equipo inclinaron la cabeza de forma colectiva.


—¿En serio? ¿Por qué?


—¿Su coche se averió? ¿Por el accidente?


—¿No tuvo el accidente en el coche del director?


—Ah, ¿es quizás... por un trastorno de estrés postraumático? ¿Por eso no puede ir en coche?


—...Sí.


Eun-soo asintió lentamente. No parecía haber necesidad de ocultar que no podía ir en coche. Incluso si lo ocultaba, se darían cuenta de inmediato. Su corazón latía con fuerza solo de ver un coche, así que no sabía cuándo podría volver a subir a uno.


Los ojos de los miembros del equipo se llenaron de lástima. Eun-soo sonrió con amargura. No podía ir en coche, ni en taxi, ni en autobús. Merecía que tuvieran lástima de él.


Justo cuando sus labios se fruncieron con una nueva preocupación, el aire se torció de forma incómoda. La gente que estaba charlando y preparándose para empezar a trabajar se quedó en silencio.


Sintiendo que algo no iba bien, Eun-soo y su equipo estiraron el cuello y miraron a su alrededor. Cuando vieron a alguien que se acercaba entre los cubículos, se enderezaron como soldados de primer año en alerta.


—Eun-soo... no, jefe de equipo Yoo.


Dijo Myung-hee. Myung-hee. La madre de Do-kwon y la presidenta del Grupo Seongjin. Llevaba un traje impecable y estaba acompañada por su séquito de secretarios, emanando su aura de presidenta sin reservas.


Gracias a esto, los empleados ni siquiera se atrevían a respirar con libertad. Estaban hartos de que el director entrara y saliera todos los días, y ahora hasta la presidenta aparecía. Seguro que el piso estaba embrujado.


—Sí, presidenta.


Dijo Eun-soo, poniéndose rápidamente a su lado.


—¿Puedes venir conmigo un momento?


—Sí.


Eun-soo la siguió sin chistar. Los miembros del equipo se quedaron boquiabiertos, mirando a Eun-soo. Probablemente, cuando los dos desaparecieran, empezarían a hacer todo tipo de chismes. Se podía adivinar: "Pobre jefe de equipo Yoo, ya lo están atormentando sus suegros".


Eun-soo subió al piso más alto de la empresa. Más precisamente, a la oficina de la presidenta. No era la primera vez que iba. ¿Habían pasado unos tres meses desde que empezó a salir con Do-kwon? Myung-hee lo había llamado.


En ese momento, se había preocupado por todo tipo de cosas. ¿Le rociará agua preguntándole por qué miró a su precioso hijo? ¿Le dará un grueso sobre con dinero y le dirá que se vaya del país? Pensaba en ese tipo de melodrama de tercera.


Pero sus preocupaciones fueron en vano. Myung-hee miró a Eun-soo como si fuera un extraterrestre o un unicornio, y lo trató con un respeto aún mayor. Le dijo que no sabía que Do-kwon tendría una pareja y que si necesitaba algo o si Do-kwon le hacía daño, le dijera.


Después de eso, a menudo la visitaba. Tomaban té y tenían charlas triviales. Al ver el té y los pasteles elegantemente colocados en la mesa, parecía que hoy no sería diferente.


—Cariño. Te dije que descansaras más. ¿Por qué viniste al trabajo?


Myung-hee frunció sus cejas afiladas. Eun-soo agarró una galleta de chocolate y sonrió con los ojos entrecerrados.


—Estoy bien. Me recuperé por completo y tengo trabajo atrasado... Además, ya no me quedan más días de vacaciones.


—No tienes que preocuparte por eso. ¿Acaso usaste días de vacaciones para divertirte? Fue por el accidente, podías haber descansado más.


—Estoy bien, madre.


Dijo Eun-soo. Masticó la galleta lentamente. Había estado luchando en el metro toda la mañana, así que necesitaba azúcar. La dulce galleta le sentó de maravilla. No tenía la costumbre de comer algo por la mañana, pero parecía que el embarazo le había cambiado eso.


Eun-soo sorbió el té y tomó otra galleta. Ante eso, Myung-hee se removió en su asiento.


—¿No has desayunado? ¿Quieres que pida una sopa de arroz caliente? No, hay un buen restaurante de galbitang en la intersección. Creo que sirven el desayuno también. ¿Quieres ir a comerlo?


—Comí sopa de arroz. Si me dice la ubicación del restaurante de galbitang, iré con mi equipo a almorzar.


Eun-soo sonrió y rechazó su amabilidad. Luego, hubo un breve silencio. Los labios de Myung-hee, pintados de un rojo intenso, se fruncieron. Pero no dijo nada.


Eun-soo, al verla, inició la conversación de forma sutil.


—¿Me llamó aquí para regañarme por venir a trabajar?


—No. No es eso...


—¿Entonces?


Eun-soo tomó otra galleta. Está deliciosa. Cuando se vaya, le preguntara a la secretaria qué galleta es. Mientras pensaba eso, Myung-hee dijo un nombre con vacilación.


—Do-kwon...


—¿Sí?


—Sale del hospital hoy.


—¿...Qué?


Eun-soo dejó caer la galleta.


Parpadeó rápidamente. ¿Sale del hospital? ¿Ya? ¿Por qué? Pensó que no le habían dicho nada al respecto ayer, pero luego recordó cómo había salido de la habitación del hospital y se mordió la parte interna de la mejilla. No había sido una situación para hablar de la salida, y Do-kwon no le habría dicho nada amablemente de todos modos.


Mientras Eun-soo estaba en shock, Myung-hee chasqueó la lengua.


—Dice que odia el hospital. Que se siente atrapado, aunque ya esté curado.


—Ah... puede ser...


—¿Qué puede ser? ¿De qué sirve que su cuerpo se haya curado si su cabeza se ha estropeado...?


—Madre.


—Sí, su cabeza se estropeó. ¿No crees?


—...


—En fin, ese chico. Lo crié sin malcriarlo, y aun así creció como un niño mimado que hace lo que quiere…


Myung-hee agitó la cabeza. Eun-soo no podía afirmar ni negar nada, y solo puso una sonrisa ambigua.


Salir del hospital no era el problema. Do-kwon era un adulto y probablemente sabía cómo estaba su cuerpo. Lo que a Eun-soo le preocupaba era cómo iba a verlo ahora.


Era fácil ir al hospital, pero no era lo mismo ir a su casa.


Claro que sabía la dirección de su casa. Incluso tenía su huella dactilar registrada en la cerradura. Aun así, visitar el hospital y visitar su casa eran dos cosas completamente diferentes. Se sentiría muy triste si lo rechazaran en la puerta.


Podría verlo en la empresa. Pero había demasiadas personas mirando. Si el director, que solía visitar el piso 14 varias veces al día, dejaba de hacerlo, sin duda correrían rumores. Además, si él no lo buscaba, las oportunidades de Eun-soo para verlo se reducirían drásticamente.


Había una distancia abismal entre un jefe de equipo de diseño y un director.


Eun-soo, con la mente en blanco, tomó una galleta y se la llevó a la boca. La galleta, que le había parecido tan deliciosa hace un momento, se sintió seca y espesa. Era tan espeso que se le atascó en la garganta.


Después de trabajar, el móvil de Eun-soo casi nunca sonaba. Si lo hacía, era solo Do-kwon. Incluso eso era raro, ya que la mayoría de las veces estaban juntos. Pero hoy, cuando ya estaba acostado para dormir, su móvil sonó.


Era el secretario Jung.


Tuvo un mal presentimiento desde el momento en que vio el nombre. Y tenía razón. Do-kwon había sido encontrado colapsado en casa. Eun-soo salió a toda prisa y tomó otro taxi.


Después de decirle el destino al conductor, hundió la cara entre las rodillas. El áspero sonido del motor y los coches que pasaban rápidamente por la ventana le daban más miedo que un fantasma cubierto de sangre.


Cada vez que una bocina sonaba con un "¡beep!", tenía que morderse el labio y reprimir las lágrimas que se le escapaban. Esta era la segunda vez que tomaba un taxi por culpa de Do-kwon. Era casi como si lo estuviera haciendo a propósito para que se acostumbrara al coche.


Eun-soo solo llegó al hospital cuando su espalda estaba empapada de sudor frío.


La habitación, que ya le resultaba tan familiar como su propia casa, estaba llena de gente otra vez. Entre la multitud, pudo ver a Do-kwon de vez en cuando.


Do-kwon no estaba en la cama, sino sentado en el sofá. Contrario a lo que esperaba, se veía bastante bien. Tenía los ojos bien abiertos, estaba sentado por su cuenta y no tenía un respirador ni vendas.


Eun-soo suspiró de alivio. Al mismo tiempo, los ojos de Do-kwon brillaron mientras miraba fijamente a Eun-soo entre la multitud. Definitivamente, lo estaba mirando con odio.


El escalofriante y agudo vistazo hizo que Eun-soo contuviera la respiración.


—¡Oh! ¡Oh, Eun-soo!


Gi-ho lo vio. Ante su grito, todos en la habitación, incluido el doctor, miraron a Eun-soo. Pero sus ojos estaban nublados. Aunque no esperaba que lo recibieran con alegría, era extraño que lo trataran como un intruso.


Eun-soo retrocedió sin darse cuenta. Entonces, un médico y Myung-hee salieron rápidamente de la habitación. Se pararon a su alrededor, como si quisieran bloquearle el paso. Ya fuera la intención o no, Eun-soo lo sintió así.


—¿Qué pasa? ¿Qué ha sucedido? ¿Por qué ha colapsado Do-kwon de repente? 


Preguntó Eun-soo, limpiándose el sudor frío de la frente con el dorso de la mano.


Myung-hee se quedó callada, y el médico, con sus labios que parecían pequeños, dudó.


—En la casa del paciente hay demasiadas huellas del señor Eun-soo.


—¿...Qué dice?


Preguntó Eun-soo con una expresión tonta. El médico se aclaró la garganta y luego, con una voz monótona como la de un robot, soltó una ráfaga de palabras.


—Al principio era un dolor de cabeza leve, pero se hizo cada vez más intenso, le sangró la nariz y luego perdió el conocimiento.


—O sea... ¿eso es por mi culpa?


—Exactamente, es por las huellas del señor Eun-soo. Al verlas, algo debió intentar recordarlas.


—¿No es algo bueno? Significa que puede recuperar la memoria.


—Un dolor de cabeza leve está bien. Pero perder el conocimiento es una situación completamente diferente.


—¿En qué es diferente?


—Si un dolor de esa intensidad se repite, crea un fenómeno de evitación. El paciente desarrolla un miedo a todo lo relacionado con el señor Eun-soo. Naturalmente, querrá evitarlo y rechazarlo. La recuperación de la memoria también se ralentizará.


Eun-soo se mordió el labio. Fue en ese momento cuando entendió por qué Do-kwon lo había mirado como si quisiera matarlo.


Él había vivido toda su vida como un Alfa dominante, sin saber lo que era el dolor o el sufrimiento. Ahora, lo experimentaba todos los días, y la razón era Eun-soo. ¿Cómo no iba a odiarlo?


Pero, aun así... esto no podía ser. ¿Qué había hecho él para que Do-kwon se sintiera así? ¿Qué había hecho mal para que no pudiera pararse frente a él?


Eun-soo cerró el puño con fuerza. Con los ojos inyectados en sangre, miró fijamente al médico.


—¿Entonces? ¿Me están diciendo que me largue hasta que sus recuerdos vuelvan?


—Continuaremos con el tratamiento farmacológico y la terapia. Déjenos a cargo.


Eun-soo apretó los dientes con un crujido ante las palabras del médico. Sabía que no estaba bien enojarse con él. Y sabía que la dirección de su ira, que crecía hasta el punto de sentir la cabeza arder, era incorrecta.


Pero la ira era demasiada. Y la pena y la tristeza eran demasiadas. Eun-soo miró al médico con su cara enrojecida.


—Cariño.


Dijo Myung-hee, agarrando la muñeca de Eun-soo. Eun-soo la miró con los ojos llenos de injusticia.


—Puedes quedar con él y verlo regularmente. Dicen que necesita tiempo para prepararse.


—...


—Dos veces por semana es lo mejor, según dicen.


Myung-hee le habló a Eun-soo con voz suave. Pero no fue muy efectivo. Dos veces por semana. Y aun así, probablemente sería como una cita a ciegas forzada o una entrevista incómoda, y duraría solo una o dos horas.


Eun-soo sabía que era lo mejor. ¿Qué puedo hacer si a Do-kwon le duele? No hay nada que hacer. Lo entendió con la razón. Sabía que los médicos eran inteligentes y harían lo correcto. Sabía que no hacían esto porque les desagradara, ya que nunca lo habían visto antes.


Realmente...lo sabía. Lo sabía muy bien.


Pero era muy difícil aceptarlo. Eun-soo se frotó los párpados ardientes.


El médico, que lo miraba con lástima, añadió.


—El paciente no solo te ha olvidado a ti, sino que ha olvidado todo. Y no siente que haya olvidado las cosas, sino que el mundo ha cambiado.


—...


—Las personas a su alrededor, él mismo, la presidenta, la situación de la empresa... Hay mucha información que tiene que aprender. Y tú, su pareja, y el bebé en tu vientre son los mayores cambios.


—...


—Así que tienes que darle tiempo y acercarte lentamente. El aprendizaje unilateral y forzado puede sobrecargarlo fácilmente.


Era un consuelo y una persuasión. Su tono y su voz eran como los de alguien que convence a un niño que hace rabietas. Por eso, Eun-soo no tuvo más remedio que asentir.


—Entonces...me iré por hoy.


Se dio la vuelta, pero...


—Eun-soo, es que... 


Myung-hee no lo soltó de la muñeca.


—¿Qué tengo que quitar? 


Preguntó Eun-soo, mirando a Do-kwon reflejado en el espejo del ascensor del hospital.


—Todas tus huellas. Todo lo que usabas. 


Do-kwon respondió con el rostro desbordado de cansancio. A Eun-soo le pidieron que se encargara de quitar sus pertenencias de la casa de Do-kwon. Do-kwon no podía distinguir lo que era suyo y lo que era de Eun-soo, y sus padres o el secretario Jung tampoco, así que Eun-soo tenía que hacerlo él mismo.


—¿De verdad...tenemos que llegar a esto? 


Preguntó Eun-soo con una voz triste.


—Si no, podría colapsar diez veces al día. Tenemos que hacerlo de esta manera. No puedo simplemente tirar la casa entera, ¿verdad? 


Respondió Do-kwon con una voz grave y pesada.


Eun-soo soltó una risa hueca. Le parecía ridículo y odiaba que Do-kwon estuviera dispuesto a tirar la casa antes que dejar sus "huellas".


Do-kwon giró levemente la cabeza para mirarlo.


—Si es demasiado problema, me mudaré yo. Sería más molesto, pero no puedo hacer nada si no quieres.


—...Yo lo haré.


Dijo Eun-soo, frotándose la cara con las manos secas.


Mientras tanto, intentó recordar qué cosas tenía en la casa de Do-kwon.


No se le ocurría nada más que el cepillo de dientes. ¿Será que tienen que cambiar todas las cosas que tienen sus recuerdos? Si fuera así, tendrían que tirar la cama y el sofá donde se revolcaron, la mesa donde comieron juntos, incluso la bañera en la que se bañaron.


En ese caso, la idea de Do-kwon de mudarse le pareció mejor.


La expresión de Eun-soo se puso seria.


En ese momento, el ascensor hizo un ruido alegre y se detuvo en el estacionamiento subterráneo. El secretario Jung se bajó primero. Do-kwon lo siguió, y Eun-soo...


—...


...Se quedó tieso y sin expresión. ¿El estacionamiento subterráneo? Eso significa que irán en coche. Eun-soo abrió la boca lentamente.


El ascensor, sin compasión, no esperó a Eun-soo y se preparó para cerrar la puerta. Si Do-kwon no hubiera metido la mano, Eun-soo habría bajado a un sótano más profundo.


—¿Qué haces?


Preguntó Do-kwon con irritación.


—¿Van...en coche?


Preguntó Eun-soo con voz temblorosa.


—¿Acaso vamos a ir caminando? 


Do-kwon preguntó de vuelta, con una expresión de "¿qué pregunta más rara es esa?"


—...


Eun-soo no pudo responder nada. Cierto. Aunque había bajado en el ascensor, no había pensado en cómo irían a la casa de Do-kwon. Sería extraño que tomaran el metro juntos.


Eun-soo se mordió el labio, sin saber qué hacer, y el ceño de Do-kwon se frunció aún más.


—¿Por qué? ¿Viniste en tu coche? Entonces ven a la casa. ¿Sabes la dirección?


—Ah, no. Vamos juntos.


Dijo Eun-soo, bajándose rápidamente del ascensor.


Lo aguantaré esta vez, también. Puedo aguantarlo. El solo pensar en subirse a un coche hacía que sus piernas temblaran, pero pensó que si lo aguantaba una y otra vez, se acostumbraría.


Soportar de forma estúpida y tonta. Eun-soo estaba bastante acostumbrado a eso.


El coche en el que se subirían los tres también le era familiar a Eun-soo. Una lujosa berlina negra, robusta y con un aspecto un poco tosco. Era el coche que Do-kwon usaba para asuntos de trabajo.


El secretario Jung abrió la puerta del asiento del conductor. Do-kwon también abrió la puerta del asiento trasero. Eun-soo tragó saliva con dificultad. Entonces, el secretario Jung abrió los ojos como platos, como si se hubiera dado cuenta de algo importante.


—Oh, jefe de equipo Yoo. Dijo que no podía ir en coche, ¿verdad?


—¿Que no puede ir en coche? ¿Por qué? 


Do-kwon giró rápidamente la cabeza para mirar a Eun-soo.


Una ligera irritación se desbordaba en su cara. Qué escandaloso. Su expresión era exactamente esa.


Enfrentado a esa mirada, Eun-soo se rascó el dorso de la mano con las uñas. La misma mano que había limpiado la hemorragia nasal de Do-kwon, la que él había apartado y la que él había agarrado con fuerza.


—Me dijeron que era una secuela del accidente de coche. Por eso tomó el metro cuando vino al hospital la última vez... 


Dijo el secretario Jung con voz de incomodidad.


Ya era tarde. No sabía si el metro aún funcionaba. Y aunque lo hiciera, tardaría bastante en llegar a la casa de Do-kwon desde allí.


Justo cuando el secretario Jung estaba encendiendo su móvil para buscar el horario del metro, Eun-soo gritó.


—¡Estoy bien, estoy bien ahora!


Su voz resonó con fuerza en el tranquilo estacionamiento subterráneo. El secretario Jung casi deja caer su móvil y Do-kwon arrugó la cara.


Ante esa reacción, Eun-soo murmuró en voz baja para que lo escuchara.


—De verdad. Vine en taxi al hospital también.


—...


Do-kwon no dijo nada. Solo miró a Eun-soo por un momento y se metió en el coche.


Por el contrario, el secretario Jung, con los ojos caídos, le preguntó si de verdad estaba bien. Eun-soo sonrió con ambigüedad y, a propósito, abrió la puerta del coche y se sentó al lado de Do-kwon.


El secretario Jung, que pataleaba de nervios, no tuvo más remedio que arrancar el coche.


Eun-soo miró por la ventana con la mirada perdida. El coche pasó por el estacionamiento y entró en el oscuro túnel. Hasta entonces, todo estaba bien. No había otros coches moviéndose cerca.


Pero al salir a la carretera, la cosa cambió.


Seúl de noche no parece de noche. En todas partes hay luces brillantes y siempre hay muchos coches. Aunque era cerca de la medianoche, y había menos coches que durante el día, decenas de faros luminosos pasaban a su lado con un sonido de "shhh".


Eun-soo no pudo con el ataque y cerró los ojos con fuerza. Inmediatamente, el miedo que esperaba una oportunidad se derramó como un aguacero. Su cuerpo temblaba. Un dolor punzante y un escalofrío le recorrieron la espina dorsal.


El sonido del motor del coche, que apenas se oía, golpeaba sus oídos con fuerza. Cada vez que el coche se detenía en un semáforo o volvía a arrancar, sentía náuseas.


Eun-soo se rascó de nuevo el dorso de la mano. No solo eso, también se frotó los hombros y el pecho. Sentía claramente el dolor de cuando el cinturón de seguridad lo había presionado durante el accidente.


En ese momento, sintió una mirada intensa. Eun-soo se puso rígido. En su profundo miedo, había olvidado quién estaba sentado a su lado. Qué estúpido.


Eun-soo, tarde, se enderezó como si nada. Miró a Do-kwon con una cara inexpresiva.


—El director Do-kwon... parece que no le importa ir en coche, ¿verdad?


—Como no recuerdo el accidente, no tengo motivos para tener miedo.


—Ah...es cierto...


Eun-soo puso una sonrisa amarga. Era un alivio que Do-kwon estuviera bien. Ya estaba lo suficientemente confundido, y si además tuviera miedo a los coches, habría sido terrible. Era mucho mejor que se hubiera olvidado del accidente.


Eun-soo se apartó el flequillo empapado de sudor. Las luces de la calle anaranjadas pasaban por su frente redonda y la suave curva de su nariz.


Los ojos de Do-kwon se entrecerraron un poco.


—Usted, por otro lado, parece estar pasándolo muy mal.


—No. Estoy, estoy bien.


—No lo parece.


Dijo Do-kwon con voz desprovista de emociones.


Eun-soo soltó una risa hueca. ¿Por qué le pregunta eso de repente? El Do-kwon de ahora no parecía preocuparse si él estaba bien o no. Era como si, si de repente se desmayara, él lo tiraría del coche con cara de fastidio.


Eun-soo hundió la cara entre sus rodillas y murmuró.


—Es cierto. No estoy bien. Siento que en cualquier momento... un camión... va a aparecer y aplastar el coche.


—...


—Pero estoy intentando aguantar, así que...solo finja que no lo nota.


—...


Do-kwon no respondió nada. Eun-soo tampoco esperaba una respuesta, así que no le importó. Mientras tanto, el coche seguía en movimiento. Cada vez que pasaban por un reductor de velocidad, la espalda de Eun-soo se estremecía.


En un momento, Eun-soo giró la cabeza para mirar a Do-kwon. Sonrió levemente y murmuró.


—Aun así, es un alivio. Que no lo recuerde...


¿Qué expresión habrá puesto Do-kwon en ese momento? Parecía que las comisuras de su boca se habían contraído, pero el coche entró en un túnel subterráneo y no pudo verlo.


Hacía un mes que no visitaba la casa de Do-kwon. Pero nada había cambiado. La decoración lujosa pero simple seguía igual, y gracias a la diligente ama de llaves, la casa estaba impecable, sin una mota de polvo.


El secretario Jung dejó a Do-kwon y se fue. Se ofreció a ayudar con la limpieza, pero Eun-soo lo despidió, diciendo que no estaba bien que un empleado se quedara por motivos personales a esa hora tan tarde. El secretario Jung no se negó.


Eun-soo dejó atrás a Do-kwon, que lo miraba con cara de "¿quién eres para despedir a mi secretario?", y se puso las zapatillas de casa que encontró con facilidad.


Antes del accidente de coche, sus citas solían ser en casa de Eun-soo. Do-kwon lo prefería. Decía que el olor de Eun-soo era más intenso en su pequeña casa. A Eun-soo le parecía ridículo que llamara "pequeña" a su casa de más de cien metros cuadrados, pero no dijo nada.


Aun así, la cantidad de veces que Eun-soo fue a la casa de Do-kwon no fue poca. La casa de Do-kwon estaba mucho más cerca de la empresa, así que la visitaban a menudo por varias razones.


Por ejemplo, cuando se escapaban del trabajo o cuando querían hacer algo más que besarse. Por eso, era imposible que no estuviera familiarizado con esta lujosa casa.


Do-kwon soltó una risa hueca al ver cómo Eun-soo abría con naturalidad el zapatero, donde apenas se veía la manija, y guardaba sus zapatillas deportivas. Había rastros de Eun-soo por toda la casa que no parecían ser suyos, pero no estaba seguro. Parecía que todo le pertenecía a Eun-soo.


¿De verdad era pareja de este Omega? No podía creerlo.


Pero eso era entonces, y esto es ahora. A menos que, como si le cayera un rayo, de repente recobrara la memoria, actualmente no sentía ninguna emoción por Eun-soo.


Simplemente... a veces, muy de vez en cuando, pensaba que era increíblemente guapo, o que se movía con tanto encanto, como un gatito blanco.


—Empecemos por la sala.


Do-kwon pasó junto a Eun-soo y entró en el pasillo. Pero Eun-soo pasó a su lado de forma repentina.


—Primero voy a beber un poco de agua.


Le anunció. Y se perdió por el pequeño pasillo que llevaba a la cocina.


—... 


Do-kwon se quedó solo, suspiró y se frotó la cara con las manos secas. Había muchas más huellas de Eun-soo de lo que había imaginado.


Dos años de noviazgo. Se podría decir que es mucho tiempo... pero tampoco es tanto, así que no sabía por qué había tantas cosas. Bueno, claro, casi no hubo un día en dos años que no se vieran.


Pero en la sala solo había una. Una gruesa manta que Eun-soo siempre tenía pegada a él cuando venía, como si fuera un peluche. En realidad, la manta era de Do-kwon, pero como Eun-soo la usaba la mayor parte del tiempo, decidió llevársela.


Luego, la cocina. Este espacio era un poco ambiguo. Eun-soo no había comprado nada. La taza que usaba con frecuencia era de Do-kwon, el agua con gas con sabor a toronja en el refrigerador era para Eun-soo, pero Do-kwon la compraba, y los macarrones helados del congelador eran lo mismo. Lo mismo con las cápsulas de café con leche y las suaves galletas de mantequilla.


Eun-soo, que hurgaba en las cosas bajo la estricta vigilancia de Do-kwon, lo miró de reojo.


—Yo me como estas cosas, pero si usted las compró, ¿qué hago?


—Llévatelo todo. O mételo en la basura.


Dijo Do-kwon, señalando el bote de basura en la esquina con un gesto de la barbilla.


Eun-soo frunció los labios y guardó las galletas y el agua con gas. No podía tomar el café con leche por la cafeína, pero no quería tirarlo. Esperaba que Do-kwon, que no bebía nada más que café negro, un día se equivocara y se lo tomara, haciendo una mueca.


La cocina estaba lista. Luego pasaron por el estudio. Allí, Eun-soo guardó su laptop, el mouse inalámbrico, el USB, etc. También pasó por el baño. Aparte del cepillo de dientes eléctrico que estaba al lado del de Do-kwon, no había nada que llevar. Usaba los productos de ducha y la loción de Do-kwon.


Eun-soo abrió el armario por si acaso, mirando aquí y allá. En otros lugares podía dejar una o dos huellas, pero no en el baño. Do-kwon podría lastimarse gravemente si se desmayaba en un lugar como este.


Justo cuando Eun-soo, sin encontrar nada más, cerró el armario, una voz tan baja que era casi insoportable le hizo cosquillas en el pabellón de la oreja.


—Parece que hoy no tomaste tus supresores.


Un escalofrío le recorrió la espalda. Eun-soo se dio la vuelta rápidamente.


Do-kwon estaba parado justo detrás de él.


Eun-soo lo miró fijamente. No sabía cuánto tiempo había pasado desde que lo había visto tan de cerca. No, había estado cerca, pero nunca tan tranquilo como ahora. Siempre que estaban cerca, Do-kwon estaba inconsciente, o en medio de un ataque, o en una estúpida guerra de nervios.


Al mirarse así, parecía que habían vuelto al pasado. El pelo despeinado y los ojos lánguidos de Do-kwon emanaban un aura sensual. Era el erotismo característico de un Alfa.


En el pasado, se habría dejado llevar por esa cara y esas feromonas y se habría acurrucado en sus brazos.


Eun-soo, que había estado perdido en el pasado, volvió en sí. Rápidamente se cubrió la nuca. Como si eso fuera a ocultar las feromonas. Era una especie de hábito. Un hábito que la mayoría de los Omegas tenían.


—Ah...vine a toda prisa.


—¿A toda prisa?


—Era hora de dormir. El secretario Jung me llamó y salí con lo primero que agarré...


Eun-soo retrocedió medio paso. Le hubiera gustado huir un paso, o incluso tres, pero la pared estaba justo detrás de él, así que no pudo.


Pero por alguna razón, Do-kwon dio un paso hacia él. Ahora estaban mucho más cerca. Eun-soo solo tenía que inclinar un poco la cabeza para esconder su cara en el pecho de Do-kwon.


—...


—...


Un silencio denso los envolvió. Eun-soo, aún con la mano en la nuca, rodó los ojos. No se atrevía a mirar la cara de Do-kwon, así que se quedó mirando al frente, pero el amplio pecho y los anchos hombros que se veían a través del suéter le llamaron la atención.


Sintiendo que estaba haciendo algo malo, Eun-soo exhaló y estaba a punto de girarse cuando sintió que Do-kwon inhalaba. Sorprendido, empujó a Do-kwon.


—¡No!


El empujón fue lo suficientemente fuerte como para hacer que Do-kwon retrocediera un paso.


—¿...Qué pasa?


Preguntó Do-kwon, con el ceño fruncido. De repente, se sentía como un pervertido. ¿En qué momento dijo que le gustaba su cara y su cuerpo? ¿Y ahora se hace el difícil?


Una de las cejas de Do-kwon se arqueó, mientras Eun-soo hacía una cara de que iba a llorar.


—¿Y si se desmaya de nuevo al oler mi olor? El piso del baño es de baldosas, si se cae podría romperse la cabeza.


—¿Está diciendo...que me empujó para que no me rompiera la cabeza?


—Dice que mi olor le da dolor de cabeza. Que es...terrible. La última vez hasta le sangró la nariz. Así que muévase.



Eun-soo volvió a empujar a Do-kwon. Era tan alto que se sentía como si una montaña gigante le estuviera bloqueando el paso. También bloqueaba la luz, así que todo estaba oscuro.


Eun-soo finalmente logró zafarse de Do-kwon y se apresuró a salir del baño. Agarró la manija de la puerta medio abierta, pero un brazo se extendió por detrás de su oído y la puerta se cerró.


La respiración de Eun-soo se detuvo. Con la persona pegada a su espalda y las feromonas flotando, sus rodillas le flaquearon. Eun-soo intentó, con sus labios temblorosos, pedirle que se apartara, pero Do-kwon hundió su nariz en la nuca de Eun-soo.


La punta de su nariz era firme. Su temperatura, más fría que la de su cuello. Su respiración era lenta. Eun-soo se quedó rígido como una roca. Comparado con las veces que sus cuerpos se habían tocado, este tipo de contacto no era nada, pero tal vez por haber pasado tanto tiempo, su corazón latía como si fuera a explotar.


—A...apártese.


—No quiero. ¿No sería bueno que me acostumbrara a tu olor? 


Do-kwon, como si le estuviera mostrando, abrazó la cintura de Eun-soo.


Cada vez que hablaba, el aliento cálido le hacía cosquillas en la piel. Eun-soo se encogió el cuello y miró la mano de Do-kwon que lo abrazaba.


—¿...No se va a desmayar?


—No puedo garantizar eso.


—Entonces no.


Eun-soo apretó los labios e intentó quitar la mano de Do-kwon. Pero la mano de Do-kwon no se movió. En cambio, se deslizó por debajo de la ropa de Eun-soo.


—No te hagas el difícil. Dijiste que tuvimos sexo. Y que estás esperando a mi bebé.


El cuerpo de Eun-soo se puso rígido. No sabía por qué Do-kwon actuaba así. Un momento antes, pensaba que su olor era una peste. E incluso lo había traído hasta aquí para que se llevara sus "huellas" porque las odiaba.


¿Se está divirtiendo? ¿Está bromeando con él?


Eun-soo exhaló un largo suspiro y murmuró en voz tan baja que apenas se oía.


—...Porque no quiero que le duela.


—¿Qué? No te escucho.


—Porque no quiero que te duela.


—...


—Ya es triste que odies mi olor, pero que te duela es aún más triste.


Ante esa voz tranquila, la mano de Do-kwon que rondaba la cintura de Eun-soo se detuvo de golpe. Luego, la apartó. El aliento que le rozaba la nuca desapareció. Pero su mano seguía bloqueando la puerta. Eun-soo tiró de la manga de Do-kwon para quitar su mano.


—Ahora voy a ordenar el dormitorio.


Dijo Eun-soo, saliendo del baño con una cara como si nada hubiera pasado. El dormitorio era el lugar donde Eun-soo había pasado más tiempo en la casa. Así que probablemente habría muchas huellas.


Eun-soo primero hurgó en la cajonera junto a la cama. Pero solo había... esas cosas. Ya sabes, preservativos, lubricantes, etc. Lo que Eun-soo y Do-kwon usaban casi todos los días. O a veces, varias veces en una noche.


Eun-soo lo pensó por un momento. ¿Son estas también sus huellas? Do-kwon las compró, pero... Echó un vistazo a Do-kwon. Do-kwon estaba apoyado en la pared, con el ceño muy fruncido. Parecía que algo le molestaba de nuevo.


Eun-soo frunció los labios y cerró la cajonera sin tomar nada. Luego, miró otras cosas y se dirigió al vestidor. Iba a guardar su ropa interior y algunas prendas.


En ese momento, Do-kwon se paró frente a él.


—Ya es suficiente. Vete.


—¿...Qué?


—Simplemente...vete.


Eun-soo sacó la barbilla. Un momento dice una cosa y en otro, otra. No sabía qué quería que hiciera. Nunca le había parecido indeciso. ¿Era así de impredecible cuando tenía treinta años?


Sin embargo, Do-kwon también estaba en una situación difícil. En el momento en que Eun-soo entró en el dormitorio, o más precisamente, en el momento en que lo vio, le llegó un terrible dolor de cabeza. Era como si un taladro le estuviera perforando la sien.


‘—Do-kwon. Duerme bien.’


‘—Suelta un poco el brazo. Me asfixio…’


‘—Ah... un poco más. Solo un poco... ¿sí?’


‘—Tengo hambre. ¿Qué desayunamos?’


‘—Ah... Do-kwon, eunng* basta con eso…’


Ante los fragmentos de memoria que estallaban esporádicamente, le picaban los ojos. Al mismo tiempo, el olor de Eun-soo, que en el baño le había parecido bastante soportable, ahora perforaba su cerebro como agujas. Era como si le estuvieran golpeando la nariz con un martillo.


—Simplemente...vete.


Dijo Do-kwon con voz reprimida, cubriéndose la frente con la mano.


Al ver su expresión, Eun-soo, que se dio cuenta de que la situación era grave, agarró suavemente el codo de Do-kwon.


—¿Le duele de nuevo? ¿La cabeza? ¿Vamos al hospital?


—No...no hace falta.


Do-kwon apartó la mano de Eun-soo con irritación. Luego lo miró con los ojos llenos de dolor.


—Si desapareces de mi vista, creo que estaré bien. Así que...piérdete.


Ante esas palabras, Eun-soo apretó los labios. Sabía que Do-kwon no lo decía porque lo odiara. Si el dolor de cabeza era tan fuerte como para desmayarlo, tenía que ser enorme.


Pero el entendimiento y el dolor son dos cosas diferentes.


Sus pestañas se estremecieron. Quería preguntarle: "¿Por qué te duele por mi culpa?", pero el estado de Do-kwon era demasiado grave como para hacerlo.


Si se quedaba allí de forma desvergonzada para que Do-kwon se diera cuenta de que estaba herido, Do-kwon podría acabar de nuevo en el hospital. Y no podía permitir que tomara una ambulancia dos veces en un día.


Eun-soo se dio la vuelta bruscamente y salió del dormitorio. Luego se dirigió a la entrada, como si lo estuvieran persiguiendo. La caja llena de sus cosas era pesada, pero no tenía tiempo para preocuparse por eso. Se puso los zapatos a toda prisa y salió de la casa de Do-kwon.


No se detuvo hasta que salió del edificio de apartamentos y se sentó en un banco. Dejó la pesada caja en el suelo como si la estuviera tirando. Era como si lo hubieran echado de casa. No podía ser más ridículo.


Eun-soo respiró hondo mientras el aire frío le daba en la cara. Aunque no era la primera ni la segunda vez que Do-kwon se enfermaba por su culpa, no lograba acostumbrarse. Ahora, con el obstáculo del tratamiento, no podrían verse con frecuencia, y sentía un sabor amargo en la garganta.


¿Cuánto tiempo estuvo sentado en el banco a oscuras? Un viento frío lo golpeó. La primavera apenas había comenzado, y el clima era aún muy frío. Y más aún a altas horas de la noche. Salía vapor blanquecino de su boca.


Eun-soo tomó la caja y se levantó. Salió a la calle principal sin pensarlo, y se dio cuenta.


De que no podía ir en coche.


Al ver los pocos coches que pasaban, soltó una risa hueca.


Dejó la caja de nuevo en el suelo y sacó su móvil. Era la 1 de la mañana. Por supuesto, el metro no funcionaba. Tenía que tomar un taxi. Pero no se sentía con la confianza suficiente para subirse a un coche de nuevo. Ya había tomado dos hoy. Si tomaba otro, podría ser él quien terminara en el hospital en lugar de Do-kwon.


Eun-soo buscó moteles y hoteles con urgencia. Sin embargo, como era una zona residencial de lujo, no había ninguno. Y los que había estaban a 30 minutos a pie.


30 minutos. El estómago de Eun-soo se revolvió solo de pensar en caminar por las frías calles de la noche con la caja.


Entonces, de repente, se le ocurrió una buena idea.


La empresa. La empresa estaba a 15 minutos a pie.



***



Cuando llegó a la empresa, Eun-soo estaba empapado en sudor. Cargar la caja y caminar no había sido fácil. Se detuvo varias veces en paradas de autobús y jardineras para descansar, pero aun así, se sentía agotado.


Y en el momento en que entró en la empresa, su cuerpo se enfrió rápidamente. El sudor se secó y le dio un escalofrío. Eun-soo cruzó el vestíbulo de la empresa, chocando su mandíbula.


—Oh, ¿jefe de equipo Yoo?


El guardia de seguridad, a quien ya conocía, lo saludó con una cara de sorpresa. Eun-soo sonrió con incomodidad y respondió a algo que no le habían preguntado.


—Se me quedó algo.


Y para que no le preguntara nada más, presionó el botón del ascensor repetidamente. El ascensor, que estaba en un piso alto, comenzó a bajar.


«Primero, iré al piso 14 para dejar la caja y lavarme la cara. Luego me quedaré cerca del calentador, y en la madrugada, tomaré el metro para ir a casa y de ahí volver al trabajo.»


Eun-soo hizo un plan mientras veía el ascensor acercarse. Poco después, la puerta se abrió con un sonido de "ding". Eun-soo entró sin mirar. Pero la caja chocó contra la pared con un "bum". Le pareció que la pared estaba muy cerca. ¿Se habrá encogido el ascensor?


Eun-soo inclinó la cabeza y miró hacia el frente. Y entonces...


—Oh...


—...Oh.


Se encontró con una persona inesperada.


—¿Director, no, director ejecutivo?


—¿Señor Eun-soo?


Era Sung-heon. El director ejecutivo de Sungjin y primo de Do-kwon. Solo por eso, su relación era bastante especial, pero con Eun-soo, tenían una conexión profunda por otra razón.


Lo conoció por primera vez cuando Eun-soo fue a una entrevista en la empresa. A diferencia de los entrevistadores, que se veían mayores y quisquillosos, él era un hombre con una impresión amigable y una sonrisa genial.


Se sintió aliviado por su apariencia, lo que le hizo perder la tensión, pero Sung-heon solo hizo preguntas agudas y duras, dejando una clara impresión en su memoria.


Después de ser contratado, se lo encontró de nuevo por casualidad. En ese momento, Sung-heon era director y comía en el comedor de la empresa, lo que le pareció muy extraño. De repente, Sung-heon lo saludó primero. Le dijo que la entrevista le había dejado una buena impresión, que lo recordaba y que lo felicitaba por su contratación.


Era una buena persona. Se encontraron a menudo después de eso.


No había ninguna emoción particular entre ellos. Se podría describir su relación como la de un mentor o un superior. Además, él era un Omega y Sung-heon era un beta. Por supuesto, no había ninguna ley que impidiera que un Omega y un beta salieran, pero de todos modos, la relación de Eun-soo y Sung-heon no era de ese tipo.


Comieron y bebieron café juntos, y Eun-soo aprendió y recibió consejos sobre el trabajo, la empresa, las relaciones humanas y la vida social en general.


Él siempre le daba buenas respuestas, y gracias a ellas, Eun-soo pudo convertirse en jefe de equipo a una edad temprana.


Sung-heon era un buen jefe y un gran amigo.


Pero después de haberse unido de alguna manera a Do-kwon, no pudo mantener mucho contacto. Antes, aunque no se veían a menudo, al menos se veían una o dos veces al mes.


Ah, claro. Justo cuando Eun-soo y Do-kwon empezaron a salir, Sung-heon se fue a una sucursal en el extranjero por casi dos años. Había oído que había regresado, pero no esperaba encontrarlo así.


Eun-soo retrocedió sin darse cuenta. Estaba muy avergonzado de encontrarse con él en esas condiciones después de tanto tiempo.


Entonces, su talón se enganchó en el espacio del ascensor y su cuerpo se tambaleó. La caja que llevaba se agitó violentamente y las cosas de adentro salieron volando hacia atrás. Algunos objetos ligeros como el mouse inalámbrico y el USB cayeron al suelo con un "ploc-ploc".


Sung-heon agarró el brazo de Eun-soo para que no perdiera el equilibrio. Y, amablemente, se agachó para recoger las cosas que se habían caído al suelo.


—¿Has renunciado? 


Preguntó con voz sorprendida.


—¡No! ¡No he renunciado!


Eun-soo respondió con voz aún más sorprendida.


—Entonces, ¿qué es todo esto?


—Ah, no me lo estoy llevando. Lo estoy yendo a dejar.


—¿A estas horas?


—Sí. A estas horas. Quería venir a dejarlo de inmediato.


—¿...En pijama?


Sung-heon hizo un gesto con los ojos hacia la ropa de Eun-soo. A través del abrigo, se veía claramente un pijama. De color verde oscuro, de un material suave y con zapatillas de deporte.


El abrigo, el pijama y las zapatillas de deporte no combinaban en absoluto. A Eun-soo, que se dedicaba al diseño y tenía un gran sentido de la moda, ir al trabajo a esas horas y con esa ropa le parecía muy extraño.


Ante la mirada llena de preguntas de Sung-heon, Eun-soo cerró y abrió los ojos con fuerza. Luego, murmuró en voz tan baja que apenas se oía.


—¿No podría...no preguntar nada...?


—Bueno...está bien. Pero solo una cosa más.


—¿...Qué?


—¿Es cierto que necesitas ayuda en este momento?


Ante la voz amable, Eun-soo asintió débilmente. Sung-heon sonrió y le quitó la caja de las manos.


Eun-soo entró en la oficina de Sung-heon. Primero la oficina de la presidenta, luego la del director y ahora la del director ejecutivo. ¿Qué clase de destino es este?


—¿Un café con leche? 


Preguntó Sung-heon.


Eun-soo sacudió la cabeza rápidamente.


—No. Solo agua, por favor. Agua caliente.


Sung-heon asintió y salió de la oficina. Sung-heon tampoco sabía que Eun-soo estaba embarazado. Do-kwon le había dicho que por el momento solo se lo dijera a sus padres.


Le había dicho que si revelaba la noticia del embarazo a otras personas, solo causaría problemas. Empezarían a circular rumores sobre si el bebé en el vientre de Eun-soo era niño o niña, Alfa u Omega, cuándo empezaron a salir, cuándo se iban a casar y si Do-kwon tenía otra pareja. Esos rumores lo carcomerían.


Eun-soo, al recordar ese momento, exhaló un largo suspiro.


Cuando hablaban de eso, solo sentía felicidad. Pensaba que Do-kwon realmente se preocupaba por él y el bebé.


Pero ahora se sentía aliviado de no haber revelado el embarazo por otra razón. Si se supiera la amnesia de Do-kwon, recibiría toda la lástima y la atención.


Eun-soo se frotó las pantorrillas que se habían agotado por caminar toda la noche. Los músculos se le habían endurecido. Le dolía el cuello y tenía los ojos secos.


Ya fuera una secuela del accidente de coche o por el embarazo, sentía que su estado físico había empeorado. Por muy Omega que fuera, nunca se había sentido tan cansado por "solo esto".


Claro... Habían pasado demasiadas cosas hoy como para llamarlo "solo esto".


Eun-soo, que recordaba la voz de Do-kwon que parecía hervir, exhaló un largo suspiro por la nariz. En ese momento, la puerta se abrió y Sung-heon entró. Puso un vaso de agua humeante frente a Eun-soo.


—Gracias.


Dijo Eun-soo, agarrando la taza con las dos manos. La temperatura cálida le hizo sonreír.


Sung-heon se sentó en el sofá de enfrente y no preguntó nada mientras Eun-soo bebía la mitad del agua. Sin embargo, aunque no decía nada, miraba a Eun-soo fijamente, animándolo en silencio a que hablara.


—Ah, ha pasado mucho tiempo, director ejecutivo.


Dijo Eun-soo con una sonrisa incómoda, saludándolo muy tarde.


—Sí, ha pasado mucho tiempo, Eun-soo.


Sung-heon sonrió, imitando la forma de hablar de Eun-soo.


Eun-soo forzó su sonrisa. Si se hubieran encontrado a una hora normal y con ropa normal, habría saltado de alegría. Le molestaba que la situación no se lo permitiera.


—Has estado muy ocupado, ¿verdad? Con Do-kwon enfermo.


Preguntó Sung-heon.


—Ah... bueno…


Eun-soo tartamudeó.


Myung-hee y Gi-ho le habían pedido que guardara en secreto la gravedad de las heridas de Do-kwon y su estado actual. Especialmente, los problemas de memoria. Sabían que si lo revelaban, el ambiente en la empresa se volvería caótico.


Pero Sung-heon era pariente de Do-kwon, así que tal vez podía decírselo. Como siempre, le diría cómo soportar y superar la situación.


Pero el hecho de que Sung-heon no lo supiera hasta ahora significaba que la familia, incluida Myung-hee, no le había dicho nada.


Así que Eun-soo también decidió guardar silencio sobre el estado de Do-kwon.


—La cirugía terminó bien y se está recuperando.


—Claro, es un Alfa. Se recuperará pronto. Pero es extraño. Parece que Do-kwon también es humano.


—¿...Qué? 


Eun-soo ladeó la cabeza ante las palabras extrañas.


Sung-heon soltó una risita y se encogió de hombros.


—No, es que es un Alfa dominante. Pensé que ni siquiera se haría un rasguño si lo atropellaba un coche.


—Ah…


Eun-soo soltó una exclamación sin sentido.


Sí, Sung-heon era un beta. Los betas, que no sabían lo que eran los Alfas y los Omegas, a menudo los trataban como una especie completamente diferente. Con los Omegas no era tanto, pero contra los Alfas tenían un prejuicio muy fuerte.


Eran objetos de admiración y, al mismo tiempo, de celos, por su buena apariencia, su inteligencia y su cuerpo saludable.


—Pero me alegro de que usted esté bien. Parece que no se lastimó mucho.


—Gracias a Do-kwon.


—¿...Gracias a él?


—Sí. Cuando ocurrió el accidente, Do-kwon me abrazó. Yo estoy bien, pero él se lastimó mucho.


—¿...Do-kwon hizo eso?


Sung-heon abrió los ojos como platos. Parpadeó repetidamente. Era una expresión que no encajaba con su imagen sofisticada. Parecía realmente sorprendido.


Después de unos segundos de asombro silencioso, puso fin a su sorpresa con una risa baja.


—Wow... Lo oí como un rumor en Estados Unidos. Parece que a Do-kwon de verdad le gustas.


—Sí. Eso parece.


Eun-soo asintió con una sonrisa agridulce. Aunque lo habían echado de esa manera hacía apenas una hora, él reía de felicidad. Qué tontería. Pero era lo que sentía.


El tiempo que habían pasado juntos durante dos años era tan precioso que no podía odiar a Do-kwon por algo que el "verdadero Do-kwon" no había dicho.


Eun-soo tamborileaba con los dedos en la rodilla cuando su móvil, que había tirado en la caja, chocó con la taza y sonó con un fuerte "brrr, brrr". Eun-soo, extrañado, tomó el móvil. ¿Quién le llama a estas horas...?


El remitente era alguien totalmente inesperado.


[¿Es el móvil de Yoo Eun-soo?]


[¿Llegaste bien a casa?]


[Lo siento por hoy.]


[Nunca he sentido dolor en mi vida, así que no tengo inmunidad a los dolores de cabeza.]


[Comamos juntos el fin de semana.]


Era Do-kwon.



Raw: Elit.

Traducción: Ruth Meira.

Comentarios

  1. Me da mucha tristeza la situación de ambos pero este omega es de acero realmente ಥ﹏ಥ

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  2. No lo puedo creer, es demasiado lo que tiene que pasar Eun-soo 😭😭😭

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  3. Qué extrema situación...encima como que el Do-kwon del presente quiere volver a aparecer y ese otro no se deja.
    Gracias por el capítulo.

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  4. Eun-soo no merece ese trato :( ay manas no estoy soportando, me gusta lo tóxico pero no tóxico-triste

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  5. Me da mucha pena el omega :( Gracias por el capitulo!!

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  6. Qué actitud inquietante tiene Do-kwon, pienso que Eun-soo va a padecer de los vaivenes del alfa dominante. Afortunadamente ha vuelto al país el primo de Do-kwon, espero lo proteja a Eun-soo.

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  7. Me pregunto que pasará cuando el Alfa recuerde porque ahorita esta tratando muy mal al omega.

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  8. Es muy triste
    Ya quiero que sean felices
    Sospecho del primo algo va a hacer

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  9. Eun Soo!!, como quisiera estar a tu lado y consolarte!! 😭✨ Y de pasada darle un zape a ese a ver si recupera la memoria 😭❤️

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  10. Que tristeza por el omeguita pero creo que hay el alfa no quiere recordarlo por eso se merece sufrir

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  11. Amo la personalidad del omega, las cosas van bien, sin embargo aún esta comenzando y me preocupa lo que pasara mas adelante

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