Un día del gángster extra 1

Extra 1: Navidad.


Woo-yoon, que se frotaba el pelo con una toalla, detuvo su movimiento y miró hacia abajo. Yoon, con su barriguita blanca y redonda sobresaliendo, sostenía con ambas manos el secador de pelo desenchufado y trataba de imitar algo con mucho fervor. Apuntando el secador hacia su entrepierna, Yoon soltó un grito bastante potente para un niño de cuatro años.


Woo-yoon se puso de cuclillas al lado de Yoon, le quitó el secador y preguntó:


—Yoon, ¿qué estás haciendo?


Aunque creía saber la respuesta sin necesidad de escucharla, Woo-yoon esperó pacientemente mirando a los ojos del niño. Era el método de crianza que le había enseñado Pil-seung: decía que había que escuchar la razón de sus actos directamente de boca del niño.


Frunciendo su tierno entrecejo y tragando saliva, Yoon empezó a doblar sus pequeños dedos con mucha seriedad.


—¡Hyung y los tíos, y...eh...hyung hizo así!


Cuando Yoon dobló el último dedo y sonrió con orgullo, sus mejillas, sonrosadas por haber salido recién del baño, se crisparon levemente.


—Haa…


Woo-yoon soltó un suspiro bajo y envolvió el cuerpo de Yoon con una toalla. Hace poco, Yoon había visitado una sauna por primera vez siguiendo a Pil-seung. Parecía que esto era la secuela de aquello; Woo-yoon decidió no preguntar qué escenas había presenciado allí esta vez.


Secarse con el secador el vello corporal que no fuera el de la cabeza era un paso esencial en el aseo de Pil-seung después de ducharse. Ahora Woo-yoon ya estaba acostumbrado de tanto verlo, pero la primera vez que presenció esa escena en la isla de Jeju durante su luna de miel, entró en un estado de shock considerable. La extraña imagen no se le iba de la cabeza, hasta el punto de que durante un tiempo evitó usar el secador incluso para secarse el pelo mojado.


Lo bueno era que, a diferencia de él, a los ojos de Yoon el aseo de Pil-seung no parecía chocante, sino genial. A juzgar por cómo decía con orgullo que estaba imitando a Pil-seung y a los tíos del centro.


Abrazando con un brazo el cuerpo de Yoon cubierto por la toalla, Woo-yoon se levantó y susurró pegando el rostro al lado de su cabeza, que olía a champú dulce como un caramelo:


—Papa Pil-seung y los tíos son adultos, por eso está bien, pero Yoon todavía es un bebé y te puedes hacer pupa. ¿No lo haremos más a partir de ahora, vale?


—¡Sí!


En cuanto salieron del baño con Yoon respondiendo sin dudar, Pil-seung, que estaba esperando fuera, tomó al niño en brazos.


—¿Se siente fresco el jefe?


Pil-seung cubrió con la toalla la cabeza de Yoon, quien asentía sonriendo, y frotó con energía antes de vestirlo rápido para que no perdiera temperatura corporal. Aunque los movimientos para vestirlo eran algo rudos y el pequeño cuerpo se tambaleaba de adelante hacia atrás, Yoon mantenía el equilibrio como si estuviera acostumbrado y seguía dócilmente a Pil-seung.


Tras sacar la cabecita que se había quedado atascada en la camiseta interior, Yoon le dijo a Pil-seung:


—¡Papi Woo-yoon no tiene barba en la pilila!


Juntó ambas manos sobre sus mejillas infladas como si fuera a decir un secreto al oído, pero su voz fue atronadora. Woo-yoon, cuyos ojos se agrandaron ante la repentina declaración de su hijo, detuvo el movimiento de meter el pie en sus calzoncillos.


—¿Yoon…?


Mientras Woo-yoon se quedaba congelado por la confusión tras el impacto de haberlo visto jugando con el secador en el baño, Pil-seung respondió con total naturalidad:


—Bueno, hay pililas con pelo y pililas sin pelo.


—La pilila del hyung y de los tíos tiene barba. La de papi Woo-yoon no tiene. La de Yoon tampoco tiene.


Abriendo mucho sus grandes ojos, informó a Pil-seung con total claridad de los hechos que había observado. Pil-seung metió la camiseta con dibujos de fresas por dentro del pantalón, subió la banda elástica hasta debajo del pecho de Yoon, la soltó con un chasquido y dijo en voz baja:


—Baek Yoon, ¿qué te dije yo? Huevo frito, rollo de huevo, huevo al vapor. ¿Eso qué es?


Ante la pregunta de Pil-seung, Yoon juntó sus diez dedos con cuidado formando un círculo. Significaba huevo.


—Exacto. Aunque se vean diferentes, un huevo es un huevo. Pilila de Alfa con pelo, pilila de Omega sin pe…


Woo-yoon, que observaba la conversación de padre e hijo desde un lado, le tapó la boca a Pil-seung. Gracias a que se había empapado de libros de crianza desde que Yoon estaba en su vientre, Pil-seung sabía mucho de teoría para ser un ex-gánster, pero cuando se trataba de poner la teoría en práctica, sus expresiones seguían siendo demasiado crudas.


Sin embargo, a Yoon pareció gustarle la "teoría del huevo" de Pil-seung, ya que con cara de satisfacción salió corriendo hacia la cama que estaba en medio del salón.


Woo-yoon se rascó la cabeza al ver a Yoon hacer volteretas sin parar en la cama, con la camiseta saliéndose del pantalón y dejando ver su ombligo. Para Woo-yoon, que nunca había hablado con un niño hasta que nació Yoon, era muy difícil leer los pensamientos de su hijo, que crecía día tras día. En momentos como este, no quedaba más remedio que preguntarle a Pil-seung.


—Pero, ¿por qué Yoon de repente habla de cosas como la pi...lila? Hace un momento también te imitó. Con el secador hizo eso de...en fin. Me pilló desprevenido y creo que no supe reaccionar bien…


Woo-yoon le contó a Pil-seung los detalles de lo ocurrido en el baño mientras su voz se apagaba al final. Pil-seung apartó la mano de Woo-yoon de su boca, se levantó de su posición de cuclillas y echó un vistazo hacia la cama.


—Simplemente ha llegado a esa edad.


—¿Solo tiene cuatro años? Si contamos por meses, apenas ha pasado.


—Es precoz, pero Baek Yoon siempre ha sido rápido para todo. Es el tipo que empezó a correr en cuanto aprendió a dar sus primeros pasos.


Aunque había algo de exageración, parte de aquello era cierto. Criado desde que nació entre el amor rudo de Pil-seung y los "tíos" de la oficina, Yoon tenía una capacidad verbal superior para su edad, aunque su pronunciación fuera algo torpe, y su desarrollo motor era notablemente más avanzado que el de sus compañeros.


Woo-yoon pensaba que, teniendo en cuenta que Pil-seung, quien siempre tuvo un desarrollo físico inusual se manifestó como Alfa a los once años, la causa de la precocidad de Yoon no era solo el entorno, sino también un fuerte factor genético.


Aunque le resultaba extraño y desconcertante ver a Yoon mostrando curiosidad por el cuerpo, Woo-yoon decidió aceptar que era algo natural, ya que Pil-seung lo decía con tanta seguridad.


—…


Pil-seung, con la mirada fija en un Woo-yoon que se rascaba la cabeza con aire distraído, recorrió sugerentemente su torso aún desnudo. Su vista bajó desde el pecho, donde aún quedaban marcas rojizas de mordiscos de hacía dos días alrededor de las areolas claras, pasó por el vientre liso y se detuvo en la parte delantera de sus calzoncillos.


En el momento en que Woo-yoon se inclinó para ponerse el pantalón del pijama, Pil-seung se lamió los labios y murmuró:


—Durmamos al niño primero…


—¿Ya? Pero si todavía no es hora de que Yoon se acues...te.


Woo-yoon, que apenas había metido un pie en el pantalón, se quedó mirando la espalda de Pil-seung mientras este se dirigía al salón sin terminar de escucharlo. Al verlo tan apurado, Woo-yoon pensó que Pil-seung debía tener algún trabajo pendiente por terminar.


Al final del año, las solicitudes de empleo y de personal en el centro de Pil-seung se duplicaban. Además, como Pil-seung era un exgánster que figuraba en las listas de vigilancia, cada fin de año se sometía a inspecciones de funcionamiento bastante rigurosas; para recibir a los empleados municipales que aparecían sin previo aviso, tenía que estar ocupadísimo.


Pil-seung apagó todas las luces del salón, excepto la lámpara auxiliar de la mesita, y levantó a Yoon, que estaba peleándose con una almohada, para acostarlo con cuidado en el medio de la cama.


—Cierra los ojos y duérmete ya. Solo faltan tres noches para Navidad. Dicen que ese tal Santa Claus tirará tu regalo al río Han si no haces caso y te duermes tarde.


—…


Unas pupilas con las comisuras caídas y dulces, idénticas a las de Woo-yoon, miraron fijamente a Pil-seung. Los ojos de su hijo, que lo aliviaban porque no se parecían a los suyos, a veces mostraban una chispa de mirada que era exactamente igual a la suya. Pil-seung se quedaba sin palabras de la impresión cada vez que Baek Yoon, con esa cara de despistado como la de Woo-yoon, lo miraba con una intensidad que no parecía propia de un niño.


Maldita genética. Joder, te dije que no salieras a mí....


Pil-seung le dio un toquecito en la mejilla a Yoon, que no le quitaba la vista de encima.


—¿Qué miras?


—Hyung, recógelo.


—¿El qué?


—El regalo de Yoon.


—¡Ja!


Pil-seung soltó una carcajada corta, como si le pareciera una insolencia graciosa. Le gustaba ese descaro heredado de él. Apoyando la cabeza en un brazo y acostado de lado hacia Yoon, Pil-seung respondió con aire burlón:


—Si lo tiraron al río Han por no hacer caso, ¿por qué iba yo a recogerlo?


—Hyuuung…


—¿Qué, vas a llorar?


—¿Qué es el río Han?


Ante la pregunta inocente de Yoon, que parpadeaba con sus ojos redondos, Pil-seung perdió el interés en seguir burlándose de su pequeño hijo y agitó la mano.


—Oye, olvídalo. Duérmete ya.


De repente se sintió cansado al recordar al Nam Woo-yoon de veinte años, que solía soltar tonterías inesperadas que le revolvían las tripas. Además, las preguntas de un niño de cuatro años no tienen fin una vez que empiezan. Especialmente en una noche como hoy, donde tenía mucho que hacer tras dormir a Yoon, lo mejor era no empezar ninguna charla.


—Ssh, cierra los ojos.


—¿De qué están hablando?


Woo-yoon, que ya se había puesto el grueso pijama de invierno de forma ordenada, se acercó a la cama y se unió a la conversación mientras se acostaba al lado de Yoon. Notando la firmeza en la voz de Pil-seung, Yoon se dio la vuelta y se acurrucó en los brazos de Woo-yoon. El pequeño cuerpo de Yoon emanaba un calor radiante de tanto haber estado revolcándose solo en la cama.


—Papi Woo-yoon, ¿qué es el río Han?


—Un río muy grande que fluye por Seúl. Eh... como si fuera el mar. En verano fuimos los tres con papa Pil-seung a montar en bicicleta, ¿no te acuerdas? También montamos en el bote de patito.


—¿Hyung hizo pum con el patito? ¿También vino el señor policía?


—Ah…


Las pupilas negras de Yoon brillaron con intensidad mientras miraba a Woo-yoon. Este, con expresión apurada, miró de reojo a Pil-seung. Le envió una señal de auxilio, pero Pil-seung solo sonreía burlonamente como si estuviera viendo un espectáculo ajeno.


Un día de verano, Pil-seung, que había salido al río Han con Woo-yoon y Yoon, persiguió y chocó su bote de patito contra unos Betas maleducados que, desde lejos, señalaban y apuntaban con sus cámaras de móvil hacia su familia.


Al pensar que aquel recuerdo aterrador donde incluso intervino la policía seguía en la cabeza de su pequeño hijo, Woo-yoon se sentía avergonzado y arrepentido, pero al ver la comisura de los labios de Pil-seung, que seguía sonriendo, parecía que él estaba orgulloso de ello.


Sin saber qué reacción sería la correcta para un niño en esa situación, Woo-yoon dudó y terminó por entornar los ojos, evitando sutilmente la mirada de Yoon. Pensaba dar por terminada la historia del patito fingiendo ignorancia, pero Yoon, emocionado, siguió repasando lo ocurrido aquel día mientras tragaba saliva con prisa.


—Los hyungs malos, ¿hyung los regañó, verdad?


—Eh, sí, sí. Pero Yoon, eso no se debe hacer. Papa Pil-seung también se equivocó un poquito.


—¿Por eso vino el señor policía?


—Es que…no es que papa Pil-seung se equivocara tanto como para que se lo llevaran arrestado… O sea, el señor policía también fue un poco duro con papa Pil-seung…


En el momento en que Woo-yoon se desesperaba por no saber cómo explicar una historia tan compleja, se escuchó una voz grave.


—Baek Yoon, duérmete.


Asustado por la voz de Pil-seung, Yoon soltó un grito y hundió la cara en el pecho de Woo-yoon. Pil-seung palmeó con su mano grande el trasero de Yoon, que fingía estar dormido aferrado a Woo-yoon.


—Cuento hasta cien a partir de ahora. Si no te duermes para cuando termine, voy a llamar de verdad a ese tal Santa Claus, ¿entendido? Uno, dos, tres, cuatro…


Yoon, que tenía la cabeza hundida en el pecho de Woo-yoon, se tapó los ojos con ambas manos con un sonido seco. Ante el conteo, que sonaba más a una amenaza que a una canción de cuna, Woo-yoon también cerró los ojos con fuerza por instinto.


Cuando la voz grave superó el número treinta, Yoon soltó un bostezo enorme. Se frotó los ojos humedecidos, gimoteó un poco por el sueño y pronto rodó lejos de Woo-yoon para ir hacia Pil-seung. Él, acostumbrado a los mimos de su hijo, lo abrazó y empezó a palmearle la pequeña espalda.


A simple vista, parecía que Yoon prefería a Woo-yoon, pero cuando tenía sueño, hambre, miedo o se sentía triste, siempre buscaba a Pil-seung. Incluso en los dibujos que traía de la guardería, se notaba claramente la admiración que sentía por él.


Yoon se quedó dormido bajo esos golpecitos toscos, con sus piernas cortas apoyadas sobre el pecho firme de Pil-seung.


—…


Pil-seung levantó la cabeza para confirmar que Yoon dormía y luego miró a Woo-yoon, que estaba al otro lado. Woo-yoon tenía los ojos cerrados con fuerza, con un rostro idéntico al de su hijo. Pensando que se trataba de una actuación impecable para ayudar a dormir al pequeño, Pil-seung lo llamó en voz baja.


—…Oye, ya se durmió.


—…


—Oye. Nam Woo-yoon.


—…


—Joder, ¿por qué te duermes tú también?


Al escuchar la palabrota susurrada, Woo-yoon finalmente se frotó los ojos y miró a Pil-seung.


—¿Me llamaste?


Pil-seung bajó con cuidado la pierna de Yoon a la cama y se incorporó, mirando a Woo-yoon con incredulidad. No podía creer que Woo-yoon estuviera preguntando tan tranquilamente si lo había llamado, cuando hacía poco lo había tentado frente al niño mostrando su pecho marcado por los mordiscos de hace dos días.


Chasqueando la lengua, Pil-seung le hizo una seña a Woo-yoon para que se levantara, bajo la tenue luz de la lámpara auxiliar que se filtraba en la oscuridad. Woo-yoon lo miró con cara de despistado y preguntó con voz atontada:


—¿A mí?


—Sí, a ti. Joder, ¿quién más hay aquí?


—¿Por qué?


—¿Qué por qué? Mierda.


Incapaz de seguir esperando a que Woo-yoon terminara de ser perezoso, Pil-seung bajó de la cama y se acercó a él. Metió sus brazos fuertes bajo la cintura y las piernas de Woo-yoon y lo levantó en vilo. Con Woo-yoon en brazos, que seguía sin entender nada, Pil-seung se dirigió al vestidor con el entrecejo fruncido.


Entró al vestidor y echó el cerrojo de la puerta. Nada más bajar a Woo-yoon, inclinó la cabeza y lo besó.


—Uuh, Pil…mgh…


La lengua entró con cierta urgencia en la boca que se abrió sin defensas. Mientras frotaba su lengua contra la de Woo-yoon, pegó su parte inferior vestida solo con calzoncillos contra él. Presionó su bulto endurecido contra el abdomen de Woo-yoon como si fuera una declaración de guerra: iba a entrar allí pronto. En ese instante, los lóbulos de las orejas y la nuca de Woo-yoon se tiñeron de rojo. Parecía que recién ahora comprendía por qué Pil-seung había dormido a Yoon tan temprano.


Es tan lindo que no se entera de nada, el muy cabrón. Por más décadas que vivamos juntos, Nam Woo-yoon siempre me va a tener impaciente con esa cara de tonto, igual que cuando lo conocí a los veinte.


—Joder…qué lindo eres, carajo…


Susurró Pil-seung antes de ladear la cabeza y volver a succionar la lengua de Woo-yoon.


Cada vez que el grueso pene golpeaba su trasero desde atrás, la frente de Woo-yoon, apoyada en el espejo de cuerpo entero, se resbalaba. Le costaba mantener la consciencia debido a la fuerza de los embates y a las feromonas que inundaban el vestidor. Woo-yoon jadeó con el aliento en la garganta y apoyó las palmas con urgencia en el espejo. Una mancha de vaho se extendió sobre la superficie del cristal colgado en la pared.


—¡Ah! ¡Mmgh! ¡Pil-seung-ah! ¡Un po-poco, ah! ¡Más des-despacio!


—Haa…. ¿Quieres que lo haga con calma?


—S-sí…


Al escuchar esa respuesta que era casi un gemido de dolor y placer, Pil-seung dejó su pene enterrado profundamente mientras estimulaba su punto sensible, frotando su cintura con suavidad. El cuerpo de Woo-yoon, incapaz de soportar el peso que lo presionaba desde atrás, quedó aplastado entre el pecho ancho de Pil-seung y el espejo. Su postura ya era precaria, pues debido a la diferencia de estatura estaba de puntillas pisando los empeines de Pil-seung.


—Haa…haa…


Woo-yoon jadeaba tratando de seguir el ritmo de Pil-seung, con sus mejillas encendidas. En ese momento, una voz ronca resonó en su oído.


—Hace un rato, haa, ¿fingiste dormirte a propósito?


—Haa…no es cierto… No sabía que, ah…querías hacerlo…


—Mgh, joder, pues después de enseñarme el pecho, uuh, y tentarme así, no me digas que no lo sabías.


Woo-yoon frunció el entrecejo murmurando que era verdad. Solo habían pasado dos días desde que desahogaron todo el deseo acumulado durante el periodo de exámenes finales para celebrar el fin de curso. Era lógico que no pensara que la prisa de Pil-seung por dormir a Yoon fuera "esa" señal. Después de haber tenido sexo toda la noche hasta el punto de que Pil-seung admitió que le dolía la polla, ¿quién iba a pensar que querría repetir solo dos días después?


Si me hubiera dado la señal con las feromonas, lo habría entendido enseguida.


Por cierto, después de Navidad es el ciclo de celo de Pil-seung; ¿no debería estar ahorrando energías hoy si quería sobrevivir a días y noches de asedio?


Solo de pensarlo, ya le temblaban las piernas. Sintiéndose un poco injustamente tratado, Woo-yoon intentó contener sus gemidos, pero terminó levantando la cabeza y arqueando la espalda ante la sensación que le revolvía el interior. En ese instante, sus ojos se cruzaron con los de Pil-seung en el espejo. La mirada de Pil-seung, que lo observaba fijamente mientras lo abrazaba por la espalda, era más ardiente que nunca, con el deseo desbordándose por sus ojos afilados.


—¡Ahhh…!


Al confirmar a través del espejo esos ojos brillantes de pura ambición, Woo-yoon frunció el ceño y sus gemidos subieron de tono. Aunque hace un momento pensaba que era demasiado lidiar con el deseo desbordante de Pil-seung, al ver esos ojos que lo deseaban con tal ferocidad, su cuerpo se encendió como por arte de magia.


Notando que Woo-yoon estaba excitado, Pil-seung presionó con la punta de su glande lo más profundo de su interior.


—¡Ah! ¡Mmgh!


—Te gusta, ¿verdad? Joder, aquí, ah, te vuelves jodidamente loco.


—Va a…va a salir, ¡ah…! ¡Pil-seung! ¡Siento que me voy a correr…!


—No. Ja, no te corras todavía.


—Mmh…de verdad siento que va a salir…


Cada vez que Pil-seung giraba su pene, enterrado hasta la raíz de modo que el vello púbico rozaba la carne de los glúteos aplastados, el interior de Woo-yoon se contraía espasmódicamente, apretándolo con fuerza. Estaba a punto de eyacular. Pil-seung, observando en el espejo a Woo-yoon soltar gemidos agudos, entrelazó sus manos con las de él y retomó el movimiento de cadera que había detenido un instante.


—¡Ah! ¡Ah! ¡Mngh! ¡Aah!


—Joder, cómo se pega esta mierda, haa, parece que te encanta la polla de tu marido. Mierda, si te gusta tanto, uuh, joder, ¿cómo pensabas dormirte así nada más?


—¡Ah…! ¡Haa! ¡Pil-seung-ah! ¡Ah! ¡Me gusta, mgh!


Pil-seung tiró de las manos de Woo-yoon que tenía sujetas y las llevó hacia su bajo vientre, donde la cicatriz de la cirugía aún permanecía como un rastro tenue.


—¡Maldita sea, ah! ¡A mí también me encanta, kgh! ¡Nam Woo-yoon, ha!


Woo-yoon miraba al espejo sintiendo los golpes rítmicos contra sus palmas cada vez que Pil-seung empujaba hacia adentro. Pil-seung, con la mandíbula tensa y los dientes apretados por el esfuerzo, gemía de excitación mientras lo observaba.


—¡Aah! ¡Nam Woo-yoon, ah! ¡Woo-yoon, joder!


—¡Mngh, ah! ¡Mmh! ¡Pil-seung…! ¡Ah, es-espera un momento!


Una mano enorme apresó uno de los muslos de Woo-yoon y tiró de su pierna hacia arriba. Cuando el grueso pene se hundió aún más profundo entre sus piernas abiertas de par en par, Woo-yoon, abrumado, cerró los ojos y sollozó. Pil-seung abrazó la cintura de Woo-yoon, que se mantenía precariamente apoyado sobre un solo pie encima del empeine de su marido y embistió con rapidez contra las paredes internas que lo succionaban con voracidad.


En el momento en que el sonido húmedo de la carne chocando y los sollozos alcanzaron su clímax, el pene de Woo-yoon, que ya goteaba un líquido transparente, tuvo un fuerte espasmo. El semen diluido salpicó la superficie del espejo al mismo tiempo que sus glúteos, teñidos de rojo, tragaban por completo a Pil-seung. Debido a la tensión en todo el cuerpo de Woo-yoon, las paredes internas ardientes lo apretaron de una forma indescriptible.


—¡¡Kgh!!


Con el ceño fruncido y la barbilla en alto, Pil-seung aplicó fuerza en sus manos que sujetaban la cintura y la pierna de Woo-yoon, y embistió salvajemente un par de veces más.


—Haah…ah…


Ante el movimiento que hurgaba profundamente en su interior sensible y convulsionado por el placer post-orgásmico, Woo-yoon se mordió el labio inferior y sorbió por la nariz. Las lágrimas que se habían acumulado en sus ojos rodaron por sus mejillas.


Pil-seung, jadeando mientras abrazaba la espalda de Woo-yoon empapada en sudor, soltó la pierna que sostenía. En cuanto el pie que descansaba sobre el empeine de Pil-seung tocó el suelo, Woo-yoon se desplomó soltando un gemido que sonaba a llanto. Debido a eso, el largo pene se deslizó hacia afuera de golpe.


—Haah…


Arrodillado, Woo-yoon tanteó entre sus piernas con la mano. El semen viscoso que salía de su trasero resbalaba por su perineo. Pil-seung, observando la escena, soltó un bufido ronco por la nariz y se lamió los labios.


Joder, me está tentando otra vez. Y eso que seguro no querrá repetir porque dice que está cansado.


La excitación, que aún no se había disipado, se intensificó en los ojos de Pil-seung, incapaz de apartar la vista de esos glúteos más sonrosados de lo habitual. Sin tener idea de que Pil-seung volvía a encenderse rápidamente detrás de él, Woo-yoon miró su mano manchada de semen y preguntó:


—Pil-seung-ah, ¿cómo es que tú siempre…sacas tanto? Incluso cuando no lo hacemos, tú solo te encargas de…


—Tú también estás muy mojado. Eres el tipo que se empapa por delante y por detrás solo con que le lama la oreja, hasta tienes que cambiarte de calzoncillos.


Pil-seung intentó elevarle el ánimo pensando que Woo-yoon le tenía envidia, pero en el sucio espejo, la comisura de los labios de Woo-yoon bajó con desaprobación.


—No importa cuánto líquido salga, ven aquí.


Pil-seung lo levantó del antebrazo y lo recostó sobre el mullido topper que había extendido junto al perchero del vestidor. Como normalmente el único lugar para intimar mientras Yoon dormía era el vestidor o el baño, Pil-seung lo había traído para que Woo-yoon no tuviera que acostarse sobre el suelo frío.


Apoyando ambos brazos a los lados de la cabeza de Woo-yoon e inclinando el torso, Pil-seung dejó besos por toda la zona de sus ojos desenfocados y sus mejillas encendidas.


—Nam Woo-yoon, ¿estás cansado?


Ante la pregunta cariñosa, Woo-yoon negó con la cabeza sin darse cuenta. Entonces, los labios que habían presionado levemente su nariz sudada buscaron su boca con un ángulo experto. Sus lenguas se enredaron desordenadamente. Ante el beso que cobraba intensidad, Woo-yoon notó la intención de volver a penetrarlo e intentó girar la cabeza un par de veces para romper el ambiente, pero Pil-seung le sujetó la mandíbula sin soltarlo.


—Mph…Pil, Pilse…mph…


Tras hurgar bajo la lengua que murmuraba palabras innecesarias y restregar las mucosas internas de sus mejillas, Pil-seung succionó el labio inferior de Woo-yoon, del que goteaba saliva, y lo soltó. Miró a Woo-yoon, que yacía con las piernas abiertas jadeando suavemente, y recorrió con una mano su propio pene, que volvía a estar erguido contra su bajo vientre.


—Haa, ¿vuelvo a entrar?


—…Sí.


Woo-yoon, mirándolo con el rostro encendido, asintió resignado. Parece que, tal como decía Pil-seung, él también "tenía mucha agua". Sus partes íntimas, excitadas rápidamente, palpitaban con un cosquilleo que le impedía rechazar a Baek Pil-seung.


Pil-seung besó la frente de Woo-yoon y, sujetando su pene con una mano, lo empujó entre las piernas de su esposo, que estaban empapadas de lubricación y de su propia eyaculación anterior. El orificio, tan estrecho que costaba creer que acababa de albergar algo así, se dilató lentamente mientras el grueso tronco era succionado por el interior de Woo-yoon.


—Mierda, haa… Es demasiado bueno…


—Mmmgh…


En el instante en que Woo-yoon soltaba un gemido de esfuerzo al tragar la parte más ancha del pene, Pil-seung apretó los dientes y embistió con fuerza.


—¡¡Haaaah!!


Su cuerpo, que ya había sido encendido una vez, sintió el placer de la penetración sin resistencia alguna. Al ser estimulada su próstata de improviso, Woo-yoon arqueó su pecho blanco y tembló violentamente. Pil-seung cubrió con la palma de su mano el abdomen delgado y jadeante, y sonrió con las venas de su frente marcadas por el esfuerzo.


—Joder…. Ah…qué bien se siente…


—Haa, mmm…


—No es que yo tenga mucho líquido, joder, es que tú haces que lo suelte todo. Maldita sea, con tener esa cara bonita bastaba, ¿por qué tenías que tener este cuerpo tan jodidamente perfecto?


—Ahgh, ah….


Debido a la pesada presencia que llenaba su interior sin dejar un solo hueco, su próstata era presionada incluso sin movimiento. Woo-yoon sentía que iba a volverse loco por los calambres en su vientre con solo respirar hondo, y ya no podía soportar que Pil-seung siguiera diciendo cosas tan vergonzosas frente a su cara.


Soltando gemidos roncos mientras se retorcía, Woo-yoon cruzó ambos brazos para taparse el rostro. Sin embargo, Pil-seung no detuvo sus palabras provocadoras.


—Cada vez que te veo, esta mierda se me pone dura varias veces al día.


—Ugh…hngh…


—Joder, es que no tienes ni un solo rincón que no sea hermoso.


Pil-seung, que hablaba mientras apretaba y masajeaba el pecho delgado de Woo-yoon con sus manos enormes, tiró suavemente del pezón que sobresalía entre sus dedos. Woo-yoon, que inhalaba aire entrecortado, se mordió el labio inferior y dejó escapar un quejido ronco desde la garganta.


—No, no me toques, ah, no me toques el pecho…


—¿Por qué? Si es genial recordar cuando te succionaba la leche.


—¡…!


Woo-yoon apartó de golpe el brazo que le cubría la cara y fulminó con la mirada a Pil-seung por mencionar los masajes que le daba después de que naciera Yoon. Al verlo tan encendido y avergonzado, Pil-seung soltó una carcajada llena de regocijo.


—Aquí, solía brotar leche de tus pezones a chorros. Joder, me quedaba tan lleno de chuparte que ni siquiera podía comer…


—¡Ya no quiero hacerlo!


Woo-yoon se retorció y pataleó. Le resultaba odioso que Pil-seung hablara de forma tan explícita a propósito, sabiendo perfectamente que el tema de sus pechos le daba muchísima vergüenza.


—Mierda, ¿y cómo piensas escapar con mi polla clavada en tu agujero?


Pil-seung sujetó la estrecha pelvis de un quejumbroso Woo-yoon con ambas manos y se rió entre dientes.


Nam Woo-yoon había crecido mucho desde que retomó los estudios que había abandonado por fuerza, empezó a ir a la universidad y se lanzó a la sociedad real, lejos del entorno de gánsteres Alfas. Había crecido tanto en sentido común como en conocimientos.


Pil-seung lo llamaba "descarriado", pero en realidad era su forma de elogiar lo inteligente que se había vuelto. Aunque él mismo no era un erudito, se sentía orgulloso de que Woo-yoon, quien antes no sabía ni lo más básico de la vida cotidiana ni cómo tratar a la gente por no haber aprendido de la sociedad, ahora actuara de forma similar a los chicos de su edad.


Pero una cosa era el orgullo y otra que, cuando Woo-yoon hacía tonterías como esta, le recordara a los viejos tiempos y le pareciera terriblemente tierno. No importaba cuánto éxito tuviera Nam Woo-yoon en el futuro, a sus ojos siempre sería ese chico pobre y tonto al que debía proteger.


Pil-seung miró con ternura a un Woo-yoon que resoplaba de indignación, y tras retorcerle el pezón como si le diera un pellizco, le dio un toque rápido con el dedo índice.


—¡Ah, mmmgh!


La expresión de enfado se desmoronó al instante. Woo-yoon arqueó el pecho y sacudió la cintura. Pil-seung se inclinó para presionar sus labios sobre la frente de Woo-yoon, donde el pelo sudado se pegaba como telarañas, y buscó de forma natural su nuca, donde las feromonas se sentían más intensas.


Besó la manzana de Adán, que sabía a sudor salado, y tras lamer con la lengua bien extendida como si fuera un perro, recorrió con lentitud la base de su oreja. A medida que acariciaba la zona debajo del lóbulo, donde se encontraba la glándula de feromonas y era especialmente sensible, el aroma de Woo-yoon se volvía más denso.


—Haa… Joder, me vas a volver loco…


—¡Mngh! ¡Mmm…!


Woo-yoon gemía sin cesar ante las manos que atormentaban su pecho y las caricias persistentes que solo buscaban sus zonas erógenas. Pil-seung, que frotaba su rostro contra el de Woo-yoon hasta aplastar su afilada nariz, susurró bajito:


—Woo-yoon, el niño se va a despertar. Tienes que bajar el volumen.


—¡Mmph, mph…! ¡Mmmgh…!


Woo-yoon apretó los labios con fuerza para tragarse los gemidos, pero no tardó mucho en abrir los brazos hacia Pil-seung.


—Haa, no puedo aguantar el sonido… Pil-seung…hngh, bésame…


Como si hubiera estado esperando esas palabras, Pil-seung ladeó la cabeza y unió sus labios. Con los ojos cerrados, devoró el aliento caliente y los gemidos rotos que escapaban de Woo-yoon, tragándoselo todo mientras movía la cintura con parsimonia. Cuando su pene, que estaba siendo succionado con fuerza, empezó a entrar y salir suavemente del orificio, Woo-yoon que rodeaba el cuello de Pil-seung con sus brazos clavó sus dedos y revolvió su pelo en la nuca.


Woo-yoon aferró el pelo sudado de Pil-seung y movió su cadera siguiendo las embestidas que venían desde abajo. Cualquier pensamiento sobre el cansancio o la vergüenza se había esfumado por completo.


El sexo con Pil-seung siempre era así. Su voz grave susurrándole mientras lo abrazaba, sus agradables gemidos, su calor corporal y el intenso aroma de sus feromonas. Excepto por esas cosas, solía olvidarlo todo. Fue así la primera vez que lo hicieron, y seguía siendo así ahora que el tiempo había pasado. Como si no necesitara recordar nada más, siempre termina olvidándolo todo, excepto a Baek Pil-seung.


Porque ama demasiado a Baek Pil-seung.



***



Yoon, que salió con unos guantes de lana que no le había visto antes puestos en ambas manos, buscó la mano de Woo-yoon y la apretó mientras parloteaba sobre el evento de Santa Claus que habían tenido en la guardería. Al parecer, los guantes eran el regalo de Navidad grupal que habían repartido allí.


—Dice Santa Claus que me da un regalo porque Yoon come frijoles. Santa Claus lo sabe todo.


Había una pizca de emoción contenida en su rostro mientras presumía con orgullo. Woo-yoon caminaba sujetando con fuerza la mano enguantada de su hijo y sonreía con dulzura.


Ayer, ante la petición de la guardería de enviar algunos elogios para decirle al niño durante el evento, Pil-seung había seleccionado un par de cosas para informar a la maestra de Yoon; parece que una de ellas era lo de no ser caprichoso con la comida. Woo-yoon, ignorando por completo el esfuerzo de hyung por corregir el hábito alimenticio de Yoon, a quien solo le gusta la carne, encontraba la figura de su hijo disfrutando del momento simplemente adorable y tierna.


Yoon, que movía sus piernas cortas con prisa para seguir el paso de Woo-yoon, se detuvo en seco y señaló el paso de peatones.


—Papi Woo-yoon, ¡por aquí no se va a la casa de Yoon!


—Hoy es Nochebuena, así que acordamos comprar un pastel e ir a ver a papa Pil-seung, ¿te acuerdas?


—¡Ah, cierto!


Como si acabara de recordarlo, Yoon sonrió de oreja a oreja y dio saltitos de alegría. Unos pequeños pompones de lana tintinearon ruidosamente en el talón de sus botas de invierno forradas de pelo sintético.


Para Pil-seung, que estaría tan ocupado como para comer y dormir en el centro hoy y el día después de Navidad, la fiesta navideña de las tres familias se celebraba cada año de forma modesta en su oficina. Aunque casi no tenían tiempo para conversar debido al exceso de trabajo de Pil-seung, le daban importancia al simple hecho de compartir el mismo espacio.


Tras comprar con Yoon un pastel de crema decorado con chocolates en forma de Santa en una pastelería cercana, Woo-yoon se dirigió al centro con el corazón palpitante. Se sentía nervioso y su corazón latía rápido al pensar en entregarle el regalo que había comprado a escondidas de Pil-seung. Tal vez él estaba más emocionado que Yoon, quien intentaba asomarse constantemente al interior de la caja del pastel.


Mientras se rascaba la mejilla sonrojada y respiraba hondo, sintió un débil tirón en su mano desde abajo.


—Oh, Yoon. ¿Qué pasa?


—Me duelen las piernas. Cárgame.


—Ven aquí.


Woo-yoon cargó con un brazo a Yoon, que intentaba usar artimañas porque no quería caminar, y cruzó la calle con cuidado de que la caja del pastel no se inclinara.


Al llegar al edificio de Pil-seung, Woo-yoon subió las escaleras hacia la oficina que había cambiado su letrero de "Oficina Baek Pil-seung" a "Centro de Colocación Laboral Baek Pil-seung". Abrió la puerta con energía esperando encontrar a un Pil-seung que lo recibiera con alegría, pero el ambiente dentro de la oficina era gélido. Solo dos empleados administrativos sentados junto a la ventana recibieron a Woo-yoon y a Yoon.


El centro se encargaba no solo de mediar empleos, sino también de recoger y dejar a los trabajadores de contrato corto en furgonetas o minibuses, operando los vehículos tres veces al día: una al amanecer, otra por la tarde y otra tarde en la noche. Al parecer, en ese momento habían salido para la recogida de la tarde.


—Siéntense y esperen. ¿Quieres un jugo, Yoon?


Yoon, sintiéndose tímido ante la pregunta amable de la empleada, negó con la cabeza en silencio. Llevando a Yoon, que se escondía tras sus piernas, Woo-yoon se sentó en el viejo sofá de cuero situado en medio de la oficina. Yoon, sentado a su lado, pronto se colgó del borde del sofá y empezó a tararear con torpeza "Navidad, Navidad", que había aprendido en la guardería, mientras observaba el árbol lleno de polvo.


Justo cuando sacaba el móvil para revisar si tenía mensajes de Pil-seung, la puerta de la oficina se abrió de par en par. Entraron en fila rostros desconocidos de diversas edades. Y al final de la procesión de trabajadores, estaba Pil-seung.


Al entrar en la oficina, Pil-seung se giró hacia Gi-dong y dijo:


—Oye, Gi-dong. Asegúrate de recibir bien las firmas en la lista de pago de salarios, y cuando termines eso, la factura de cobro de la fábrica... ¿Cuándo vinieron?


Al descubrir a Woo-yoon sentado en el sofá, Pil-seung dejó de dar instrucciones frenéticas a Gi-dong y caminó hacia ellos a grandes zancadas. Envolviendo el rostro del sentado Woo-yoon con ambas manos e inclinándose, le dio un beso sonoro, sonrió, y luego revolvió con fuerza el pelo de Yoon, que jugaba con un adorno de muñeco de nieve colgando del árbol. Al presionar su cabecita, el cuello de Yoon desapareció dentro de su bufanda.


Pil-seung le dio un toquecito en el trasero a su hijo, que fingía no verlo, y acarició la mejilla de Woo-yoon con su palma áspera por los callos.


—Siéntate un momento.


—Sí.


—Si tienes hambre, dile a Choi Gi-dong que pida algo.


—Puedo encargarme de eso yo solo.


Cuando Woo-yoon frunció el ceño como diciendo que se preocupaba demasiado, Pil-seung soltó una risita y murmuró bajito: "Este mocoso..."


—Está bien. Nos vemos luego. Te llamaré.


Pil-seung depositó un beso algo impetuoso, casi como un golpe, en la frente de Woo-yoon y salió apresuradamente de la concurrida oficina. Pareció escucharse el sonido de alguien bajando las escaleras corriendo, pero al poco tiempo la puerta de la oficina se abrió de nuevo.


—¡Ah, Gi-dong!


Pil-seung desapareció solo después de explicarle a Gi-dong algo más que se le había olvidado. A juzgar por la llave del coche que sostenía en una mano, parecía tener asuntos que resolver fuera, y no se sabía cuándo regresaría. Observando el paisaje de la oficina, que parecía más ajetreado que el fin de año pasado, Woo-yoon pensó que tal vez este año tendría que partir el pastel de Navidad sin Pil-seung.


Tal como Woo-yoon predijo, Pil-seung no apareció hasta tarde en la noche. Tampoco hubo llamadas. Yoon preguntaba de vez en cuando cuándo vendría hyung, pero no se quejaba, pareciendo comprender que estaba ocupado.


Después de que los trabajadores que llenaban la oficina cobraran su jornal y se marcharan, el lugar quedó increíblemente tranquilo. Woo-yoon aprovechó para ir a un restaurante cercano con los empleados del centro, cenó con calma y, tras enviarle un mensaje a Pil-seung avisando que ya había comido, abrió la caja del pastel.


Sentado en el sofá con Gi-dong y el personal administrativo, compartió el pastel sin Pil-seung. Mientras Gi-dong repartía los trozos de pastel usando vasos de papel como platos, Yoon aprovechó el intermedio para cantar un villancico. El "Dinner Show" de Baek Yoon terminó pronto, ya que tras cantar un par de versos se escondió tras la espalda de Woo-yoon muerto de vergüenza.


Gi-dong soltó una carcajada y le dijo a Woo-yoon con asombro:


—¡Cuñada! ¡La pronunciación en inglés de Yoon es idéntica a la del hyung!


Al recordar la tosca pronunciación de Pil-seung, quien memorizaba las letras de las canciones de pop escribiéndolas tal como le sonaban, Woo-yoon no supo si Gi-dong le estaba dando un cumplido o expresando lástima, así que solo movió los ojos. En lugar de Woo-yoon, Yoon mostró una sonrisa e hizo una reverencia profunda para expresar su gratitud.


—Señor Gi-dong, gracias.


Ante el agradecimiento de Yoon, una oleada de risas estalló en la oficina del centro.


Gi-dong adoraba especialmente a Yoon. Woo-yoon pensaba que aquello derivaba de la lealtad que Gi-dong sentía hacia Pil-seung. Cuando Pil-seung anunció que dejaría la vida de gánster y cerraría la oficina, Gi-dong fue quien se opuso con más fervor, pero, irónicamente, también fue el primero en dejar el traje de matón para seguirlo.


Incluso en sus días de gánster, Gi-dong nunca había llegado a estar entre los tres primeros en la jerarquía de la organización, pero el hecho de que Pil-seung le otorgara el título de jefe de sección nada más abrir el centro era prueba de que Pil-seung conocía bien su lealtad.


Gi-dong, que reía feliz por las ocurrencias de Yoon, se levantó y sacó algo de detrás de su escritorio.


—¡Toma! ¡Es el regalo de Navidad del señor Gi-dong!


A juzgar por el papel de regalo rojo que cubría el misterioso presente y la cinta adhesiva pegada por todos lados, parecía que el mismo Gi-dong lo había envuelto. Yoon, emocionado al ver el regalo, se subió al sofá y empezó a dar saltitos.


—Yoon, tienes que decir gracias.


En cuanto Woo-yoon le indicó que saludara, Yoon, que abrazaba el regalo riendo a carcajadas, juntó ordenadamente las puntas de sus pies e inclinó profundamente la cabeza. Tras terminar el saludo con una postura muy formal, Yoon volvió a saltar en su sitio con el regalo en manos. En ese momento, la puerta de la oficina se abrió. Pil-seung, que pensaban que tardaría más en volver, entró sacudiéndose la nieve acumulada en los hombros.


—Vaya, una blanca Navidad.


Debido a la presencia de su pequeño hijo, Woo-yoon creyó escuchar en su mente el "joder" que Pil-seung debió omitir al final de la frase. Pudo imaginar a Pil-seung soltando todo tipo de maldiciones frente al volante mientras conducía por las carreteras nevadas durante el festivo.


Sin siquiera quitarse el abrigo, Pil-seung se acercó al sofá y se dejó caer sentado, rodeando de inmediato la cintura de Woo-yoon con su brazo. Woo-yoon le ofreció un vaso de papel con un trozo de pastel nada más sentarse, pero él negó con la cabeza. Al estar cerca de su rut, no tenía nada de apetito; estaba en un estado donde todos sus deseos, excepto el sexual, habían desaparecido.


Pil-seung, lamiéndose los labios con insatisfacción, masajeó la cintura de Woo-yoon y miró a Yoon. El pequeño abrazaba con fuerza el paquete envuelto en papel rojo con sus manitas. Pil-seung soltó una risita.


—Baek Yoon, ¿le diste las gracias al tío? El tío compró tu regalo hace un mes.


—Ay, ¿por qué dice esas cosas, hyung?


Woo-yoon empezó a despegar la cinta adhesiva pegada toscamente en lugar de Yoon, que forcejeaba por romper el papel. Pero Yoon, impaciente ante la lentitud de Woo-yoon que intentaba abrirlo con cuidado, no pudo esperar más y desgarró el papel de golpe.


—Ah…


En el momento en que se reveló la identidad del regalo oculto tras el envoltorio, Woo-yoon soltó un suspiro casi involuntario. Al lado de Woo-yoon, las pobladas cejas de Pil-seung se crisparon.


—¿Qué es esto?


El regalo que Gi-dong había preparado era un libro ilustrado titulado "100 años de secretos para la defensa personal". En la portada, aparecía un hombre de nacionalidad desconocida estrangulando a su oponente con una expresión solemne. Mientras los rostros de Pil-seung y Woo-yoon se quedaban petrificados, los empleados administrativos sentados enfrente también torcieron el gesto con desagrado.


—¡Papi Woo-yoon, dámelo! ¡Dáselo a Yoon!


Solo Yoon estaba ansioso por abrir el libro. Gi-dong, ganando confianza ante la reacción de Yoon, dijo con orgullo:


—Tiene muchos dibujos, así que puede verlo desde ya. Más tarde, cuando aprenda el Alfabeto y lea las explicaciones junto a los dibujos, se convertirá en un maestro de las artes marciales de defensa y abrirá pronto la Oficina Baek Yoon...


—¡Pedazo de animal! ¿Acaso estás rezando cien días a mis espaldas para que Baek Yoon crezca como un gánster? ¡Pero qué...!


Woo-yoon, rápido de reflejos, tapó ambos oídos de Yoon con sus manos. Pil-seung, frenando a duras penas las palabrotas que querían saltar de su boca, le arrebató el libro de secretos centenarios a Yoon. Enrolló el libro y le propinó un golpe en la cabeza a Gi-dong.


—¡Ay, hyung! ¿Por qué hace esto? ¡Agh!


Woo-yoon no solo tapó los oídos de Yoon, sino que lo atrajo hacia su pecho para cubrirle la vista, aunque no hizo nada por detener a Pil-seung mientras golpeaba a Gi-dong. Sentía que, por esta vez, la violencia de Pil-seung estaba justificada.


—¿Mierda, compras esta porquería y me dices desde hace un mes que espere grandes cosas?


Pil-seung blandió el libro enrollado con firmeza, como si sostuviera una espada de madera. Cada vez que el manual de defensa personal golpeaba el cuerpo de Gi-dong, se escuchaba un sonido seco, como si la carne fuera a reventar.


Gi-dong, con ambos brazos en alto para bloquear la lluvia de golpes, clamó por su inocencia:


—¡Pensé que si tenía dibujos era para niños! ¡No tengo niños cerca, ¿cómo iba a saberlo?!


—¡Si no lo sabías, debiste preguntar, cabeza de chorlito…!


Al no poder aguantar más la escena, los empleados administrativos intervinieron para detener a Pil-seung, quien parecía querer arrancarle los labios a Gi-dong de un pellizco.


—¡Director! ¡Jefe! Deténganse y coman pastel, por favor.


—¡Pil-seung, para ya!


Pil-seung, que no cedía ni ante la mediación de los empleados, solo se calmó y se sentó después de que Woo-yoon le hablara. Por supuesto, tiró el manual de defensa personal a la basura. Pil-seung levantó en vilo a Yoon, que buscaba desorientado su regalo desaparecido mágicamente mientras no veía, y tomó el abrigo de Woo-yoon que colgaba en el perchero de la oficina.


—Voy a llevar al niño a casa y luego iré a hacer la última recogida. Prepárenlo todo para que puedan irse a casa en cuanto yo regrese.


—Sí. Vaya con cuidado, Director.


Pil-seung agitó la mano hacia los empleados que intentaban levantarse para despedirlo, indicando que no era necesario, y le entregó el abrigo a Woo-yoon. Mientras se ponía la prenda, Woo-yoon palpó el bolsillo para asegurarse de que la caja de regalo seguía allí. No sabía si era porque hacía tiempo que no le regalaba nada a Pil-seung o porque el contenido era especial, pero los nervios no lo abandonaban. Le resultaba incluso un poco cómico.


Usando las palabras de Baek Pil-seung, eran una pareja que ya "había visto todo lo que había que ver", así que ¿por qué un simple regalo significaba tanto?


En lugar de conducir, Pil-seung cargó a Yoon y caminó junto a Woo-yoon hasta el edificio. La distancia era corta y, debido a la nieve que caía sin cesar, era muy probable quedar atrapado en la carretera si usaban el coche. Mientras calculaba mentalmente el tiempo que le tomaría dejar a Woo-yoon y Yoon en casa, volver al centro, conducir la furgoneta y llegar a la empresa para recoger a los trabajadores, Pil-seung chasqueó la lengua. Por más que echara cuentas, el tiempo que podía pasar tranquilamente con Woo-yoon era de apenas unos diez minutos.


—Pil-seung, Yoon se ha dormido. Debe estar cansado porque no durmió la siesta por el evento de la guardería.


Pil-seung, que cargaba a Yoon con un brazo y rodeaba los hombros de Woo-yoon con el otro, miró a Woo-yoon, que le hablaba en voz baja a su lado.


—Nam Woo-yoon.


—¿Sí?


—Te amo.


Ante la repentina confesión de amor, los ojos de Woo-yoon, que siempre tenían un aire lánguido, se agrandaron por la sorpresa y luego se entornaron. Evitó la mirada de Pil-seung con un leve movimiento de pupilas y murmuró con los labios agrietados y rojos por el frío.


—Yo, yo también… A mí también me gustas mucho.


—No te oigo. Dilo más fuerte.


—…


Al ver cómo Woo-yoon solo movía los labios sin soltar sonido, Pil-seung soltó una carcajada y, con la mano que tenía sobre su hombro, le dio un toquecito en la mejilla. Woo-yoon, fingiendo indignación por la burla, le apartó la mano de un golpe seco, pero Pil-seung volvió a pincharle la cara un par de veces más antes de acomodarle con ternura un mechón rebelde detrás de la oreja.


—…


Caminando sin apartar la vista de él mientras le arreglaba el pelo, Pil-seung rozó la pequeña oreja de Woo-yoon, que estaba roja y congelada. Frotó el pabellón auricular con el pulgar y luego jugueteó con el lóbulo. En cuanto le cruzó por la mente el pensamiento de querer meter la lengua en ese orificio y succionarlo, el corazón le dio un vuelco violento.


Maldito rut, joder.


Pil-seung apartó la mano de Woo-yoon y apretó con ambos brazos a Yoon, que dormía en su regazo, intentando ignorar los síntomas premonitorios del rut previsto para dentro de tres días. Caminó en silencio, con la nariz hundida en la cabecita de su hijo. Woo-yoon tampoco volvió a hablar. Pil-seung entendía su propio silencio debido al deseo sexual incontrolable que se avecinaba, pero le resultaba curioso que Nam Woo-yoon se hubiera quedado mudo de repente, como si le hubieran comido la lengua los ratones.


Mientras Pil-seung observaba de reojo a Woo-yoon, que caminaba mirando al suelo, llegaron a casa en un abrir y cerrar de ojos sin haber cruzado palabra. Pil-seung acostó al dormido Yoon en la cama y le quitó la bufanda y el abrigo. Al tirar suavemente de las botas de invierno que le quedaban ajustadas, los pequeños pies salieron. Por ser Nochebuena, Woo-yoon se había esmerado por la mañana en ponerle unos calcetines con estampado de muñecos de nieve, que ahora estaban negros de suciedad.


Normalmente, Pil-seung, que salía hacia el centro de madrugada, pasaba por casa tras terminar la recogida matutina para encargarse de llevar a Yoon a la guardería en lugar de un Woo-yoon ocupado con los preparativos para la universidad. Por supuesto, vestir a Yoon también era tarea de Pil-seung, pero estos últimos días, como Woo-yoon ya no tenía clases por el fin de curso, se encargaba él mismo de la crianza. Debido a eso, la vestimenta de Yoon, que solía ser sobria cuando la elegía Pil-seung, se había vuelto notablemente más pintoresca y llamativa bajo la mano de Woo-yoon.


Al ver los calcetines, que reflejaban tanto el toque de Woo-yoon como el día ajetreado de Yoon, Pil-seung soltó una risita mientras envolvía un pequeño pie con su mano.


—Esto… Pil-seung.


Pil-seung, que reía mientras tocaba el pie de su hijo, levantó la vista hacia Woo-yoon al oírlo pronunciar su nombre con vacilación. Por la forma en que escondía ambas manos tras la espalda, parecía que sostenía algo.


—¿Qué traes ahí?


—Compré un regalo de Navidad pero…


—¿Para mí?


Nam Woo-yoon sorbió por la nariz con timidez y asintió lentamente con la cabeza. Pil-seung, sentado en el borde de la cama, soltó una risita incrédula. Woo-yoon había dejado claro desde el principio de su matrimonio que no aceptaría regalos en fechas especiales, argumentando que ya le habían comprado todo lo que necesitaba y no tenía nada más que desear.


Hace dos años, Pil-seung desobedeció la regla de Woo-yoon y le compró un reloj de pulsera por su cumpleaños, pero él se puso tan furioso y se negó de tal forma que, desde entonces, Pil-seung no le compraba objetos, sino que se limitaba a invitarlo a comer toda la carne que quisiera.


Que ese mismo Nam Woo-yoon hubiera preparado un regalo para él dejó a Pil-seung estupefacto.


Maldito zorro.


—¿Qué es? Dámelo.


Con una sonrisa de oreja a oreja, Pil-seung extendió la mano. Woo-yoon dudó un momento moviendo sus grandes ojos y, finalmente, dejó una cajita sobre la palma de Pil-seung con timidez. Mientras observaba a Pil-seung abrir el envoltorio, Woo-yoon tragó saliva pesadamente. Su corazón latía tan fuerte que empezó a soltar explicaciones que nadie le había pedido.


—En realidad, iba a comprar otra cosa, pero de repente se me ocurrió comprar esto. Fue algo repentino, muy repentino.


—Vaya, vaya, entiendo.


—…


—¿...Qué es esto?


Era la segunda vez en el día que Pil-seung se hacía la misma pregunta tras ver la realidad de un regalo con sus propios ojos. Sostuvo entre sus dedos índice y pulgar un trozo de tela que venía enrollado dentro de la pequeña caja. Había una razón por la cual la caja pesaba tan poco. Pil-seung observó con una mirada profunda un tanga que solo tenía tela en la parte delantera y el resto eran simples cuerdas. Woo-yoon se apresuró a explicar:


—Tú dijiste que querías probar con...ropa interior sexy. Como dentro de unos días es tu rut…pensé qué tal si te lo ponías para probar, o sea, qué te parecía si…


—Vaya… Joder, hiciste una compra de puta madre.


Pil-seung estaba sinceramente impresionado. Si Yoon no hubiera estado durmiendo, se habría levantado a aplaudir. Desde que se enamoró a primera vista y empezó a perseguirlo hasta hoy, nunca había coincidido en pensamientos con Nam Woo-yoon, pero parece que las parejas terminan convirtiéndose en un solo cuerpo y alma al vivir juntos.


Pil-seung extendió el tanga frente a sus ojos con expresión complacida, sintiendo que su libido que apenas acababa de calmarse volvía a encenderse con fuerza.


—Te verás jodidamente lindo cuando te lo pon…, ¿eh? ¿Por qué tiene este tamaño?


Pil-seung miró con incredulidad la etiqueta que marcaba una "A" de Alfa, y luego levantó la vista hacia Woo-yoon, que estaba de pie frente a él.


—¿Acaso esto…es para mí?


Preguntó esperando que la respuesta fuera un no, pero Nam Woo-yoon levantó un poco la barbilla y, de repente, empezó a presumir:


—¿Te preocupa que no te quede? No te preocupes. Es tu talla.


—…


—¿Crees que…no sabría tu talla? En fin. Ya me las sé todas. He visto lo tuyo…tantas veces que lo sé de sobra…


Woo-yoon apagó su voz al final, carraspeó y se frotó la mejilla sin necesidad. La piel que antes estaba fría por el viento y la nieve mientras caminaban desde el centro, ahora ardía de calor.


Pil-seung, que lo miraba con la boca abierta y cara de tonto, sacudió la mano que apretaba el tanga y dijo:


—O sea, que esto, haa… ¿Quieres que me lo ponga yo?


—La otra vez dijiste que querías hacerlo…conmigo usando ropa interior sexy.


—Ja, joder, me duele la cabeza.


Pil-seung se presionó la frente con la punta de los dedos y negó con la cabeza. Sentía que le retumbaba el cráneo. El tanga en su mano de pronto le pareció un objeto monstruoso.


—Lo que quería era ponértelo a ti y hacerlo, carajo, ¿por qué iba a querer ponérmelo yo?


—¿Eh…? Ah, era por eso…


A Pil-seung se le escapó una risita seca. Ya le resultaba raro que Nam Woo-yoon hiciera algo tan audaz. Gracias a esto, su deseo sexual se enfrió de golpe, así que supuso que debería estar agradecido.


Pil-seung, tras levantarse de la cama donde estaba sentado, guardó el "monstruoso" tanga de cualquier manera en el bolsillo interior de su chaqueta de traje y acarició la cabeza de Woo-yoon.


—En fin, gracias por el regalo. Joder, lo voy a guardar hasta el día en que cierren la tapa de mi ataúd.


—…


—¿Y por qué pones morritos? ¿Eh?


Aunque preguntó riendo, Woo-yoon simplemente giró la cabeza con brusquedad sin responder. Al ver que ese gesto de enfado le quedaba tan tierno, Pil-seung persiguió su rostro para quedar frente a él.


—¿Por qué? ¿Por qué te has picado?


—No me he picado…es solo que…


—¿Estás decepcionado?


Pil-seung depositó varios besos cortos en los labios de Woo-yoon, que sobresalían más de lo habitual. Woo-yoon intentó apartar a Pil-seung, quien ya le rodeaba la cintura con los brazos y le apretaba los glúteos.


No es que estuviera decepcionado con Pil-seung. ¿Qué culpa tenía él? El problema era él mismo, que no había entendido bien las cosas, como un tonto. Estaba dolido por haber arruinado el evento que tanto se había esmerado en preparar; no era decepción.


—No estoy decepcionado. Vete ya, que estás ocupado.


Pil-seung consultó su reloj de pulsera, besó la mejilla de Woo-yoon que ahora estaba más roja que cuando le entregó el regalo y le revolvió el pelo.


—Mañana ven al centro con Baek Yoon sobre las seis. Salgamos a cenar los tres antes de volver.


—¿Tus vacaciones empiezan mañana por la tarde?


—Sí. Tengo que mandar a Baek Yoon con el viejo y prepararme para el rut. Ese viejo siempre está esperando solo a que llegue Yoon.


Woo-yoon recordó la aterradora broma que el director Kim Cheon-se, quien cuidaba de Yoon durante cada rut de Pil-seung, solía decir como si fuera una verdad absoluta: "Ojalá el rut de Baek Pil-seung durara una semana". Woo-yoon sabía que lo decía porque le daba pena despedirse de Yoon, pero como el que moriría si el rut durara una semana era él, no podía reírse de la broma del director Kim.


Tras observar cómo la expresión de Woo-yoon se suavizaba un poco, Pil-seung presionó sus labios contra su sien y susurró:


—Nos vemos mañana.


Pil-seung besó también al dormido Yoon y se dirigió a la entrada. Por la prisa con la que se calzaba los zapatos, parecía que ya iba retrasado respecto a su horario. Aun así, antes de cruzar la puerta, se giró para agitarle la mano a Woo-yoon una última vez.


—…


Una vez que la puerta se cerró y Woo-yoon se quedó mirando el vestíbulo vacío por donde Pil-seung se había ido, de repente encogió los hombros. Por un instante, la amplia casa se sintió desolada. Con una sensación de vacío, se acarició la mejilla y el pelo donde los labios de Pil-seung habían rozado, y luego se subió a la cama para abrazar a Yoon. Colocó su mano sobre el pequeño pecho de Yoon que subía y bajaba rítmicamente, y se concentró en el calor que emanaba de su piel. Pronto, las comisuras de sus labios se elevaron.


Hubo un tiempo en que se quedaba solo en un espacio limitado, sin hacer nada más que esperar a alguien. Hubo una época en la que dependía por completo de quien abría la puerta y entraba. No podía ver el mundo por sí mismo; solo podía conocerlo a través de lo que otros le contaban.


Por esas razones, hubo un tiempo en que vivía con el miedo de que la puerta no se abriera. Pero ahora, Woo-yoon tiene cosas que cuidar aunque la puerta no se abra. Puede abrir la puerta y salir cuando quiera, y si siente curiosidad, puede enfrentarse al mundo por sí mismo. Y, sobre todo, tiene un lugar al cual regresar. Las razones para sentirse solo o ansioso han desaparecido.


A la mañana siguiente, Yoon, que se despertó temprano, soltó un grito de alegría al descubrir una caja de regalo bajo el pequeño árbol colocado junto a la cama del salón. Woo-yoon, que despertó sobresaltado por el ruido, comprendió al ver la caja que Pil-seung había pasado por casa durante la madrugada.


El regalo que Pil-seung había preparado de antemano era la versión final combinada del robot que aparecía en la serie animada favorita de Yoon. Woo-yoon, aún medio dormido, tomó las piezas del robot que Yoon le trajo a la cama pidiéndole que lo armara y se puso a estudiar el manual. Yoon, eufórico, no podía quedarse quieto ni un segundo y saltaba sobre la cama de pura emoción.


Woo-yoon, sin siquiera peinarse el pelo alborotado, pasó media hora ensamblando el robot mientras leía las tres páginas de instrucciones. Agotado desde la misma mañana de Navidad, Woo-yoon le entregó el robot terminado a Yoon y se dejó caer de lado sobre el colchón. No parecía un juguete diseñado para niños pequeños.


Mientras yacía acurrucado escuchando a Yoon, que estaba ocupado haciendo todo tipo de efectos de sonido con la boca, Woo-yoon divisó un papel bajo el árbol.


—…


Woo-yoon se acercó al árbol y recogió un sobre.


[Nam Woo-yoon]


Con solo ver esas tres letras escritas en el exterior del sobre, supo que eran de Pil-seung. Woo-yoon sacó una tarjeta que tenía dibujado un corazón rojo gigante y leyó lentamente lo escrito.


[¿Estabas muy decepcionado ayer? Lo siento.


Pero esa ropa interior tan provocativa te queda bien a ti. Si un tipo como yo se pone eso, da mala suerte. No te sientas mal por eso.


¡Hoy te compraré un tanga de tu talla para que lo uses tú!


Feliz Navidad un año más. Te amo.


—Tu esposo, Baek Pil-seung—]


Tras leer la última línea, Woo-yoon soltó una carcajada sonora. Yoon, que imitaba que su robot volaba sosteniéndolo en alto sobre su cabeza, miró desconcertado a Woo-yoon, quien reía a viva voz aferrando la tarjeta. Ante el contenido de aquella tarjeta que le daría miedo que alguien más leyera, una repentina felicidad lo invadió y no pudo contener la risa. Corrió hacia la cama y abrazó a Yoon, contagiándole la risa a carcajadas.


—¡Ah! ¡Extraño a Pil-seung!


—¡Yoon también extraña a hyung!


Woo-yoon y Yoon gritaron a pleno pulmón, como si compitieran por ver quién extrañaba más a Baek Pil-seung. Así, abrazados y rodando por la cama, las piezas del robot que tanto esfuerzo le costó armar terminaron soltándose una a una, concluyendo la ajetreada mañana de Navidad con el llanto desconsolado de Yoon.



Raw: Ruth Meira.

Traducción: Ruth Meira.

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