Un día del gángster 3
3
El amanecer estaba despuntando. Woo-yoon se incorporó sujetándose la cabeza, que sentía a punto de estallar. Sin tiempo siquiera para calmar la sed abrasadora que lo invadía, escudriñó una y otra vez la oficina desconocida. Se levantó de un salto del sofá de cuero que apestaba a tabaco, se acercó al escritorio y, al ver la placa que decía "Director Baek Pil-seung", se frotó la comisura de los labios con el dorso de la mano.
No sabía el nombre del gánster. Pero en cuanto lo vio, tuvo la certeza de que ese era su nombre. Y entonces, recordó los labios que chocaron contra los suyos sin descanso la noche anterior.
Ese matón, sin duda, había tenido la intención de desnudarlo y abrirle el vientre. Seguramente los besos fueron solo un pasatiempo antes de proceder con la extracción de órganos. Ese tipo de actos viles, que aparecen con frecuencia en libros y películas, no requerían de mucha imaginación para ser previstos.
Woo-yoon metió los pies a la fuerza en sus viejas zapatillas tiradas por el suelo, salió de la oficina y llegó al pasillo. Estaba a punto de bajar las escaleras cuando escuchó voces de hombres abajo; aterrorizado, corrió hacia el piso superior. Se escondió detrás de una pila de cajas acumuladas en el rellano.
Una de las voces que parloteaban pertenecía al gánster que lo había acosado y arrastrado de un lado a otro ayer.
—Oye, ¿me veo bien?
Pil-seung subió las escaleras y, antes de entrar al pasillo de la oficina, le dio un toque en el pecho a Gi-dong. Gi-dong, con los ojos entrecerrados, miró con desconfianza a Pil-seung, quien llevaba puestas unas gafas de sol negras.
—¿A qué viene lo de las gafas de sol tan temprano?
—Tú limítate a responder a lo que te pregunto.
Pil-seung manoseó las gafas apoyadas en el puente de su nariz y miró de reojo la puerta de la oficina al fondo del pasillo. Parecía que Woo-yoon aún no se había despertado, pues la puerta seguía cerrada tal como la dejó anoche al irse. Tenía prisa por despertar a Woo-yoon para llevarlo a comer algo para la resaca, pero Gi-dong, ajeno a sus prisas, no paraba de decir tonterías sobre que no fuera a pegarle un orzuelo.
—¡Ah, ya está bien!
Pil-seung apartó a Gi-dong de un empujón y caminó a grandes zancadas por el pasillo con una mano en el bolsillo del pantalón. Gi-dong lo siguió refunfuñando.
Woo-yoon, que escuchaba cómo se alejaban los pasos de ambos, sacó fuerzas de sus piernas temblorosas y bajó las escaleras con cautela. El corazón le latía con violencia y sentía la espalda arder, como si el sudor estuviera a punto de brotar. Vaciló un momento en el pasillo, pero en cuanto escuchó el estallido de voces tras la puerta de la oficina, bajó las escaleras corriendo.
Al salir del edificio de la oficina, los hombres que fumaban reunidos bajo el alero se quedaron pasmados al ver aparecer a Woo-yoon.
—¿A ese hay que atraparlo?
—No sé. El jefe no dijo nada de eso.
Woo-yoon se abrió paso entre los hombres, que se miraban desconcertados, y empezó a correr con todas sus fuerzas por el callejón bajo la lluvia. La cabeza, castigada por la resaca, le retumbaba con cada paso y todo le daba vueltas, pero no podía dejar de correr.
Si me atrapan, muero. Esta vez de verdad me abrirán el vientre.
Salpicando el agua de lluvia, corrió por el callejón hasta salir a la carretera principal y se lanzó contra un autobús urbano que esperaba el semáforo, golpeando desesperadamente la puerta delantera.
—¡Por favor, abra! ¡Se lo ruego!
Sin tiempo para preocuparse por si emanaba olor a feromonas o no, golpeó la puerta con desesperación. Woo-yoon, empapado en un instante, alternaba la mirada entre el semáforo que seguía en rojo y el callejón del que acababa de escapar mientras recibía la lluvia torrencial de la mañana. Sentía que el corazón se le iba a salir del pecho.
Woo-yoon suplicó con las manos juntas y al borde del llanto.
—Por favor..., señor...
Debido al agua de lluvia que nublaba su vista, Woo-yoon no podía saber qué expresión tenía el conductor tras el cristal de la puerta, ni con qué ojos lo miraban los demás pasajeros. Simplemente suplicaba fervientemente.
La puerta del autobús, que lo tenía en ascuas, se abrió lentamente. Solo entonces su corazón recuperó su ritmo normal. Woo-yoon se restregó la cara empapada con las palmas de las manos, como si se estuviera lavando, y subió al autobús bajo los insultos del conductor.
Durante todo el trayecto de vuelta, estuvo inquieto por si acaso se filtraba el olor de sus feromonas, pero el olor a alcohol era mucho más fuerte y nauseabundo. Uno de los pasajeros del autobús incluso lo miró fijamente con desprecio por apestar a alcohol desde tan temprano.
Woo-yoon, que pagó el pasaje con el dinero que había guardado ayer para ir al crematorio, no pudo soportar las miradas de los pasajeros y se bajó dos paradas antes de llegar a su casa. Tras caminar pesadamente bajo la lluvia, la familiar puerta principal lo recibió. Aliviado por haber llegado a casa, se desplomó en el suelo. Sus piernas, sin fuerzas, ya no le obedecían.
—Jaaaaa...
Sentado bajo la lluvia, Woo-yoon soltó un suspiro sujetándose la cabeza con ambas manos, como si fuera a arrancarse el flequillo empapado. Una vez fuera de la sombra de la muerte, la resaca olvidada volvió a atormentarlo. No podía recuperar el sentido ante el poder del alcohol, que probaba por primera vez. A pesar de estar bajo la lluvia, el calor de su rostro no desaparecía y, sobre todo, la acidez estomacal y el dolor de cabeza extremo eran insoportables.
Desde que su hermano murió, todo es un desastre. ¿Cómo pudo su hermano soportar solo todo este tiempo un mundo en el que es tan difícil sobrevivir?
El arrepentimiento y la culpa hacia su hermano lo hicieron llorar. Sentado en el callejón desierto, dejó escapar pequeños sollozos, que siempre se había esforzado por contener. Como el sonido quedaría oculto por la lluvia, ¿podría llorar un poco más fuerte?
—¡Hic...!
Se sentía patético por haber arrojado a su hermano a las llamas sin siquiera poder abrazar la urna adecuadamente, y por haberse dejado arrastrar todo el día por ese gánster. También le dolía el corazón al pensar que había vuelto a descuidar a su hermano por culpa de ese matón que lo obligó a beber, se rió de él y luego se enfadó repentinamente actuando de forma impredecible.
Mientras se limpiaba las lágrimas bajo la lluvia, la puerta de hierro oxidada se abrió con un chirrido desagradable. Inmediatamente, se escuchó un insulto mordaz.
—¡Maldita sea! ¿Por qué estás sentado ahí frente a mi casa como un mendigo? ¡Qué mala suerte!
Woo-yoon se limpió la nariz con la manga de la camiseta y se levantó rápidamente.
El que llevaba unas zapatillas que parecían de baño y sostenía un paraguas de plástico en la mano era el dueño de la casa. El rostro del dueño estaba rojizo, tal vez por haber bebido demasiado la noche anterior, al igual que él. La voz del dueño de la casa atravesó el sonido de la lluvia para increpar a Woo-yoon.
—¿Cuándo dice que vuelve tu hermano, ese que se fue a ganar dinero? ¿Es que acaso va a volver?
—...
—¡Ay, estos buscavidas! ¿Crees que puedes usar esa cara de gigoló y esas sonrisitas para librarte de pagar el alquiler? ¡¿Quién te crees que va a caer en tu trampa?!
Ante los gritos del dueño de la casa, que lo acusaba de una intención que jamás se le había pasado por la cabeza, Woo-yoon murmuró por lo bajo:
—Todavía...no es el día de pagar el alquiler...
A pesar del ruido de la lluvia, el dueño debió de escucharlo perfectamente, porque estalló en cólera.
—¡¿Crees que no lo sé?! ¡Lo que te digo es que dejes de intentar seducir a este Oh Chung-man para siempre!
—Sí...
Woo-yoon hizo una reverencia ante el dueño, que seguía gritando a pleno pulmón, y bajó las escaleras que conducían al semisótano. Aunque apresuró el paso, la voz que le gritaba con desprecio lo siguió con saña.
—¡Con esa cara de Omega buscavidas! ¡Qué mala suerte me das!
Al oír la mención a su casta, Woo-yoon se sobresaltó involuntariamente, miró hacia arriba por las escaleras y, con manos temblorosas, abrió rápido la puerta de su cuarto.
En cuanto entró, echó el cierre. Al igual que el día que escapó de la morgue, estuvo a punto de esconderse bajo las mantas sin siquiera secarse el agua, pero cambió de opinión, abrió el armario y se metió dentro.
Dentro del armario se sentía la humedad, el calor y el mal olor. Pero su cuerpo estaba igual. En realidad, todo el cuarto estaba igual. Acurrucado en el estrecho armario, Woo-yoon soltó un largo suspiro, pegó la cara a la rendija de la puerta que no cerraba bien y vigiló la ventana por la que se veía un trozo del exterior a nivel del suelo.
Seguramente el gánster vendría a buscarlo aquí, como la última vez. ¿Debería huir ahora mismo? Pero ¿a dónde? ¿Con qué dinero…?
Una gota de lluvia resbaló por la mejilla de Woo-yoon y quedó suspendida peligrosamente en la punta de su barbilla.
Aun así, tendría que huir. Si lo atrapaban esta vez, podría morir de verdad.
En el estrecho armario vibró un sonido. Woo-yoon sacó el móvil del bolsillo de sus pantalones cortos empapados. En el móvil que había heredado de su hermano aparecían unos números desconocidos.
¿Sería el gánster? Al gánster le había mentido diciendo que no tenía móvil. No había forma de que supiera este número.
Pulsó el botón de rechazar llamada y volvió a vigilar por la rendija del armario cuando, de repente, la ventana del lado opuesto se abrió de par en par con un estruendo. Junto con el ruido de la lluvia torrencial, una voz que gritaba su nombre retumbó con fuerza en la habitación.
—¡¡Nam Woo-yoon!!
A través de la ventana abierta se veía la parte inferior de un cuerpo en cuclillas. En la mano izquierda, que colgaba entre sus muslos descaradamente abiertos, un anillo brillaba con un tono amarillento. A pesar de que no había luz que pudiera reflejarse en el oro debido al mal tiempo, el anillo brillaba con nitidez hacia el interior, como el ojo de una víbora.
La serpiente que mordería su cuello hasta matarlo.
—El...el gánster...ha venido...
Cerró los ojos y hundió la cabeza aún más profundamente en el armario. Sus jadeos entrecortados llenaron el pequeño espacio.
—Joder, sé que estás dentro. Sal antes de que cuente tres.
Woo-yoon cerró los ojos con fuerza y se tapó los oídos.
—¡Uno!
—Uuuh...
—¡Dos!
—Fuu, fuu, fuuu.
—¡Tres!
Solo se oía el sonido de la lluvia. Woo-yoon temblaba de pies a cabeza dentro del armario, apretando con más fuerza sus manos contra sus oídos. ¿Debería salir ahora? Si salía y le suplicaba, ¿quizás lo perdonaría? Su corazón debilitado lo hacía dudar, pero aguantó con la idea de que esta podría ser de verdad su última oportunidad.
Huire esta noche, así que tengo que aguantar el miedo ahora mismo...
—...Tres y medio. Tres y tres cuartos.
—.......
—Joder, como llegue a cuatro, te mato con mis propias manos. Tres y siete octavos.
Pil-seung, que pasaba apuros cambiando de posición en cuclillas frente a la ventana del semisótano por la que apenas se veía nada, se mordió el labio inferior.
—Ah, joder... Tengo que darle esto de comer....
Pil-seung llevaba el envase del caldo para la resaca pegado al cuerpo para que no se enfriara, y aunque se le estaba empapando todo el hombro por no poder sujetar bien el paraguas, toda su atención estaba puesta en ese cuartucho.
—¡¿Por qué los hermanos Nam son tan buenos dándose a la fuga, joder?!
—Pff.
Pil-seung, que merodeaba frente a la ventana, detectó como un demonio el sonido de la burla y se giró bruscamente hacia Gi-dong. A pesar de llevar las gafas de sol, se notaba que los ojos de Pil-seung estaban cargados de instinto asesino. Gi-dong enderezó el paraguas de Pil-seung, que estaba inclinado hacia un lado, y fingió no haberse enterado de nada.
—Parece que no va a salir, mejor vámonos. Le prometo que no le diré a los chicos que lo han rechazado. Aunque, bueno, parece que el rumor ya ha corrido esta mañana.
—¡¿A quién han rechazado, joder?! ¡Oye! ¡Nam Woo-yoon! ¡¿Vas a salir de una puta vez?!
A pesar de sus gritos, la habitación seguía en silencio. Pil-seung se levantó de un salto y bajó las escaleras con paso furioso.
Anoche, sin duda alguna, Woo-yoon había sido el primero en morderle el labio y succionarlo. Gi-dong no tenía ni idea de cuánto le había gustado, hasta el punto de succionar como si estuviera comiendo algo delicioso. El amor es cosa de dos. ¿Cómo iba a saber nada de lo que pasa entre dos personas alguien como Choi Gi-dong, que ni siquiera se ha acercado a una relación?
—Joder, Choi Gi-dong. No tienes ni puta idea.
Nam Woo-yoon se había quedado frito como un idiota y por eso no habían follado, pero estaba claro que entre Baek Pil-seung y Nam Woo-yoon había habido varias señales.
Así que, si la cita que había planeado para hoy salía bien, Nam Woo-yoon caería rendido a los pies de Baek Pil-seung sin duda.
Resoplando con furia, Pil-seung llegó frente a la puerta del cuarto y dejó con cuidado el caldo en el suelo. Entonces, levantó su larga pierna y pateó con todas sus fuerzas el pomo de la vieja puerta. El pomo, golpeado con precisión por su bota, saltó por los aires al mismo tiempo que la puerta cedía y se venía abajo.
Cerró el paraguas que llevaba, lo lanzó cerca del zapatero y entró en la habitación sin siquiera quitarse las botas. Pil-seung, ladeando el cuello como si estuviera estirando, murmuró:
—Vaya, por fin he conseguido entrar...
Pil-seung, con las manos apoyadas en las caderas, giró sobre su propio eje con aire triunfal para inspeccionar el pequeño cuarto. Debido al clima sombrío del exterior, la habitación del semisótano estaba sumida en la penumbra, apenas iluminada por la escasa luz natural. Ya sabía que sus pertenencias eran escasas por haber mirado antes por la ventana, pero verlo en persona era peor de lo que había imaginado. Un suspiro de lástima se escapó de sus labios.
—Madre mía...
En aquel semisótano, cuya única conexión con el mundo exterior era una ventana del tamaño de una palma, el olor a moho que emanaba del papel tapiz ennegrecido era penetrante. No parecía un lugar donde pudiera vivir un ser humano. Solo los muebles probaban que alguien habitaba allí: una cómoda bajo la ventana y un armario al lado opuesto era todo lo que había. A falta de escritorio o estantería, libros de texto de secundaria ya pasados de fecha y novelas estaban apilados de cualquier forma en las cuatro esquinas de la habitación.
Pil-seung observó con amargura el cuartucho, que parecía que se llenaría por completo si él intentaba estirar las piernas, se subió las gafas de sol con el dedo corazón y se acercó al armario. Luego, golpeó suavemente la puerta, que estaba abierta apenas un centímetro.
—Caballero, salga de ahí. Con este tiempo, si se queda ahí dentro, se va a morir asfixiado.
—...
—¡Joder! ¿Señor Nam?
Solo tras escuchar la palabrota, la puerta del armario se abrió con un chirrido. Pil-seung miró en silencio a Woo-yoon, que estaba acurrucado dentro, completamente empapado.
—Fue mi culpa... Por...por favor, sálveme...
—¡Ah, me cago en...!
Ante el violento improperio, Woo-yoon encogió los hombros con un respingo. Pil-seung acercó su rostro, cubierto por las gafas de sol, hacia Woo-yoon, quien intentaba retroceder a pesar de que ya no quedaba espacio detrás de él. Metiendo la cabeza en el armario y dejando su rostro a milímetros de la nariz de Woo-yoon, Pil-seung susurró suavemente:
—¿Te doy miedo?
—...
—¡Joder! ¿No vas a contestar?
—Sí, me...me da miedo.
—Ay, joder...
El entrecejo de Pil-seung se arrugó profundamente. ¿Entonces el problema no eran los ojos? Se había tomado la molestia de ponerse las gafas de sol y, si aun así le decía que daba miedo, ¿qué más se suponía que debía hacer? Chasqueó la lengua con insatisfacción, lamentándose un poco de no haber traído también una mascarilla.
Aunque para los besos tendría que quitármela. Así que daría igual.
Inclinando su cuerpo, demasiado alto para el armario, y manteniendo su rostro pegado al de Woo-yoon mientras se relamía, Pil-seung lo agarró del antebrazo blanco, aún húmedo por la lluvia, y lo arrastró hacia afuera.
—...
Forzado a salir del armario, Woo-yoon observó la reacción de Pil-seung con el rostro encendido. Ahora sí que voy a morir, era el único pensamiento que cruzaba su mente. De repente, empezó a sentir un leve dolor de barriga por los nervios. Woo-yoon se agarró la camiseta húmeda y soltó un quejido ahogado.
—Oye, tú...
Pil-seung cerró la boca antes de regañarlo. No entendía por qué, si se había despertado por la mañana, no se quedó sentado dócilmente en la oficina esperándolo, en lugar de mojarse bajo la lluvia para encerrarse en esta casa pestilente. Si lo hubiera esperado, le habría traído un caldo caliente y ropa nueva.
—Quítatelo.
Pil-seung quería quitar de su vista esa ropa que solo acentuaba la situación lastimosa de Woo-yoon. Le irritaba ver esa camiseta de la NASA goteando agua. Además, sería un problema si pillaba un resfriado de verano. Como no estaba registrado como Omega, ni siquiera podría llevarlo al hospital.
—Quítatelo rápido.
Ante la urgencia de la orden, Woo-yoon abrió mucho sus ojos caídos.
—¿Perdón...?
—Que te lo quites todo, hasta los calzoncillos.
—Ah...esto...fuuu. De verdad... ¿no podría dejar de hacer esto?
—¿El qué? Ah, déjate de rollos. Hoy tenemos mucho que hacer, así que no digas tonterías, desnúdate rápido, lávate y sal.
—...
Ante la actitud inflexible de Pil-seung, Woo-yoon cerró los ojos con fuerza mientras estrujaba el dobladillo de su camiseta. Sus sospechas se confirmaron. Iba a jugar con él antes de sacarle los órganos. Aunque debido al alcohol los recuerdos de ayer no eran nítidos, recordaba perfectamente que el gánster frente a él lo había besado a la fuerza y le había manoseado el cuerpo.
Pil-seung miró de reojo su reloj de pulsera, calculando la hora de embarque del crucero de Wolmi-do para el que ya había pagado los billetes, y apremió a Woo-yoon, que seguía vacilando con la camiseta en las manos.
—¡Joder! ¡Que no tengo paciencia!
Solo entonces Woo-yoon empezó a quitarse lentamente la camiseta por la cabeza. Cada vez que Woo-yoon forcejeaba con la ropa mojada y retorcía la cintura, se veía claramente cómo se movían sus costillas bajo la piel delgada. Cuando ambos pezones, que Pil-seung ya había visto en la oscuridad de la oficina, quedaron al descubierto, él se relamió sin darse cuenta. Esas pequeñas protuberancias se veían deliciosas.
Pil-seung, que se había quedado embobado tragando saliva constantemente, gritó girando la cabeza en el momento en que Woo-yoon empezó a bajarse el pantalón de goma.
—¡Eh! ¡De verdad! ¡Pero qué coño!
Pil-seung gritó mientras miraba de reojo cómo los calzoncillos mojados y enrollados apenas cubrían la parte superior de sus genitales.
—¡¿Quién cojones te ha dicho que te desnudes así?! ¡¿Por qué te pones a enseñar la polla en cualquier sitio como un idiota?!
No eran palabras que debiera decir alguien que planeaba usarlo como juguete. Parecía que algo había irritado al gánster. Woo-yoon movió sus grandes ojos y despegó los labios con inseguridad.
—¿Lo...siento...?
Como no sabía si debía disculparse, dejó la pregunta en el aire, lo que provocó un grito atronador.
—¡¿Qué haces ahí parado?! ¡¿Es que en este antro no hay baño?! ¡Puedes entrar ahí y desnudarte!
Pil-seung, tras gritar hasta que le dolió la garganta, salió de la habitación resoplando, dejando atrás a un Woo-yoon que se había quedado pasmado con el pantalón a medio bajar. Bajo las gafas de sol, las mejillas de Pil-seung se tiñeron de rojo.
—Joder... ¿Qué coño le ha enseñado ese cabron de Nam Hee-jae…?
Pil-seung empezó a merodear frente a la habitación sin puerta como si no supiera qué hacer, y finalmente tomó el caldo que había dejado en el suelo. Sin embargo, por mucho que oliera el caldo para calmarse, su corazón palpitante no se tranquilizaba. Menos mal que llevaba gafas de sol; si lo hubiera visto con sus propios ojos, seguramente habría cometido una locura allí mismo.
Mientras Pil-seung se frotaba el pecho sujetando el caldo para la resaca con un brazo, sintió una presencia a sus espaldas. Al girarse un poco, vio a Woo-yoon, todavía con el torso desnudo y abrazando la ropa de recambio, observándolo con timidez y vacilación.
—…
—…
Pil-seung recorrió con la vista los hombros y brazos pálidos del chico y soltó un grito sin motivo real.
—¡Joder! ¡¿Te vas a mover rápido o no?! ¡He dicho que no hay tiempo!
Nam Woo-yoon, que movía sus ojos de tonto con cautela, puso cara de llanto y entró en el baño que estaba fuera del cuartucho. Sus pasos lentos y vacilantes recordaban a los de alguien arrastrado al matadero.
Poco después de que la puerta del baño se cerrara con un chirrido desagradable, se oyó el ruido del agua. “Uugh, qué fría...”, se filtró el sonido de su voz junto con el chapoteo del agua, como si se estuviera lavando con agua helada. Pil-seung miró de reojo la puerta y sacó el frasco de pastillas del bolsillo interior de su chaqueta.
Como la tapa no abría bien con una sola mano, Pil-seung la mordió con saña para abrirla. Masticó y tragó dos pastillas sin agua y se quedó allí parado unos minutos, resoplando con fuerza.
Pasado un tiempo, Woo-yoon salió del baño rascándose la cabeza mojada que había secado a medias con la toalla, y se encontró de nuevo con Pil-seung, quien seguía con el envase de comida bajo el brazo. Parecía haber estado haciendo guardia frente al baño mientras se lavaba. Seguramente pensaba que intentaría huir de nuevo.
Woo-yoon jugueteó con sus manos entrelazadas frente a su vientre. No podía verle los ojos por las gafas de sol, pero la postura de aquel matón le resultaba extrañamente decidida, lo que le daba miedo.
¿Qué estará pensando? ¿Qué planea hacerme…?
—…
—…
Tras observar a Woo-yoon en silencio durante un rato, Pil-seung hizo un gesto con la mano y entró primero en la habitación. Woo-yoon, comprendiendo que debía seguirlo, entró tímidamente en el cuartucho.
Sentado en el suelo, Pil-seung señaló el sitio frente a él. Cada vez que movía la mano, el anillo de oro brillaba intensamente.
—Siéntate.
Woo-yoon se arrodilló sin decir ni una palabra en el lugar que Pil-seung le indicó. Pil-seung se subió las gafas de sol con la punta del dedo y preguntó:
—¿Acaso no tienes otra ropa que esa?
Ante la pregunta, Woo-yoon miró de reojo su camiseta de manga corta que tenía impreso en grande: "Granja de Fresas Yongpyeong" junto con una foto.
—Mi hermano...me dijo que se la dieron cuando trabajó allí...
—Olvídalo. De momento, cómete esto.
Pil-seung deslizó el caldo para la resaca hacia Woo-yoon.
—Cómetelo todo, hasta el caldo. Como dejes algo, te abro el vientre y te lo vierto dentro yo mismo.
Ante la aterradora amenaza de abrirle la barriga, Woo-yoon agarró la cuchara de inmediato. Pil-seung lo observó con satisfacción mientras Woo-yoon se metía el caldo caliente en la boca a toda prisa, y luego agitó la mano.
—Oye, oye. Siéntate cómodo para comer.
Con las mejillas hinchadas por la boca llena de comida, Woo-yoon cambió su postura de arrodillado a sentarse con las piernas cruzadas. Al verlo, Pil-seung también estiró las piernas, apoyó las manos en el suelo y reclinó el torso hacia atrás con aire relajado.
—Come despacio. Te vas a morir si comes así.
—…
—…
Pil-seung, que no tenía nada más que hacer, se quedó mirando a Woo-yoon, que estaba ocupado masticando y tragando con la cara hundida en el cuenco. De pronto, su mirada se desvió hacia los pantalones cortos y los muslos de Woo-yoon. Al tener las piernas cruzadas, los muslos quedaban totalmente al descubierto bajo el pantalón holgado.
—Joder...
Woo-yoon, que bebía el caldo como si le fuera la vida en ello para sobrevivir, levantó la cabeza y miró a Pil-seung con cautela. Pil-seung, que lo miraba con lascivia confiando en sus gafas de sol, giró la cabeza y carraspeó en cuanto sus miradas se cruzaron.
Tras soltar un par de carraspeos falsos más, Pil-seung preguntó como quien no quiere la cosa:
—Tú, esto...lo de ayer... ¿te acuerdas de que nos besamos?
—Sí....
—¿Y bien? ¿Qué vas a hacer al respecto?
—¿Eh?
—¿Vas a...salir conmigo, o qué piensas hacer?
Woo-yoon dejó el cuenco y se limpió los labios teñidos de rojo por el caldo con el dorso de la mano. La verdad es que no entendía qué rayos estaba diciendo aquel gánster. Tenía que pedirle que se explicara, pero al ver que el rostro que esperaba su respuesta estaba rojo como si fuera a enfadarse en cualquier momento, no le salían las palabras.
Mientras Woo-yoon se frotaba los labios inocentes con la mano, justo cuando iba a responder "no lo sé", sintió un reflujo ácido en la garganta. Se tapó la boca con la mano sintiendo que iba a vomitar en cualquier momento y, sin poder llegar al baño de fuera, se arrastró hacia el lado del armario. Hundió la cabeza en la esquina donde se unían la pared y el armario y tuvo arcadas.
—¡Uugh! ¡Mmpf!
Como era de esperar, no salió nada. Mientras Woo-yoon soltaba sonidos de agonía y la saliva clara goteaba entre sus dedos, Pil-seung, que lo observaba desde su posición relajada, soltó una frase y se rió entre dientes.
—Solo te he dado un beso, ¿ya estás embarazado?
Woo-yoon, que se golpeaba el pecho frustrado porque no salía el vómito, se giró para mirar a Pil-seung. Odiaba profundamente ese rostro que se reía de él. La terrible resaca que experimentaba por primera vez en su vida lo estaba incitando. Quería gritarle que no tenía capacidad para pagar la deuda de su hermano, que no quería ser su juguete y que no entendía por qué le preguntaba de repente si quería salir con él, así que por favor se marchara de inmediato.
—Uuuh... ugh.
Woo-yoon apretó los molares y soltó un sonido ahogado. Estaba recordando a vida o muerte el consejo de su hermano: "Si no tienes nada, tienes que aguantar".
Pil-seung, que se reía mirándolo desde lejos, borró la sonrisa y se sentó bien al ver el brillo inusual en los ojos de Woo-yoon. Había hecho la broma pensando en Woo-yoon, para que no se sintiera humillado por mostrar su resaca de ayer, pero parecía que no le había sentado bien. Los gánsteres consideraban la debilidad como algo sumamente vergonzoso, por eso, cuando un compañero hacía una broma pesada, solían responder con una broma aún más fuerte para alardear de su entereza.
Para él era un gesto de consideración, pero al ver que Woo-yoon lo detestaba tanto, al punto de mirarlo con esos ojos caídos entrecerrados y temblar como una hoja, Pil-seung decidió dejar las bromas de lado. Se deslizó por el suelo empujándose con las nalgas hasta acercarse sigilosamente a Woo-yoon.
—Oye... ¿de verdad te sientes tan mal?
—Me duele...
—¿Dónde te duele?
—La...la tripa...
—¿Qué parte? ¿Aquí?
Sin previo aviso, Pil-seung deslizó su mano bajo esa camiseta de la "Granja de Fresas" que tanto odiaba y empezó a palpar el abdomen delgado. Atrapó a Woo-yoon entre sus piernas cuando este intentó retroceder por la sorpresa y, con su palma ancha y gruesa, comenzó a masajearle suavemente la zona de la boca del estómago.
—Esto no es por el alcohol, parece que estás empachado.
—No...no me...toque...
—Joder, si has dicho que te duele.
—...
Woo-yoon apretó los labios. Le resultaba sumamente incómodo el tacto de Pil-seung, cuya mano rozaba disimuladamente su pecho mientras masajeaba en círculos cerca del estómago.
—Es que...mis manos son grandes. No es que te esté tocando a propósito.
Aunque Woo-yoon solo se había encogido de hombros, Pil-seung se apresuró a dar explicaciones como si tuviera la conciencia sucia, mientras sus ojos se movían inquietos tras las gafas de sol.
—¿Te sigue doliendo? Ya casi es hora de que salga... No hay de otra. Vamos a pincharte.
Tras observar la reacción de Woo-yoon, Pil-seung sacó algo de su cintura. En el preciso instante en que Pil-seung, con un hábil movimiento de dedos, desplegó la hoja de una navaja automática, Woo-yoon palideció y soltó un grito desgarrador.
—¡¡Aaaaah!!
—¡Ah! ¡Joder! ¡¿Qué?! ¡¿Qué pasa?!
Pil-seung, asustado por el pánico de Woo-yoon, gritó casi al mismo tiempo y giró su enorme cuerpo con agilidad para vigilar sus espaldas. Olvidando por completo que solo quería pincharle el dedo para aliviarle el empacho, empezó a lanzar tajos al aire con la hoja brillante, poniéndose en guardia. La casa de Woo-yoon era el tipo de lugar donde no sería raro que apareciera una cucaracha del tamaño de un puño. O una rata negra gigante.
Con la navaja en mano, Pil-seung se levantó a medias, se subió las gafas de sol con el dedo corazón y, sin dejar de vigilar el entorno, le preguntó a Woo-yoon:
—¿Qué es? ¿Qué ha aparecido?
—¡Sálveme! ¡Por favor, sálveme!
—¡Ah, joder! ¡¿Qué pasa?! ¡¿Dónde está?!
—Le pagaré. De verdad, haré lo que sea, pero le pagaré sin falta.
—¿Qué?
Pil-seung, que seguía dando vueltas sobre su eje sin bajar la guardia, bajó la mirada hacia Woo-yoon con expresión atónita. Woo-yoon se acercó de rodillas y se aferró a las piernas de Pil-seung. Las lágrimas que había estado conteniendo estallaron finalmente.
—Por favor, sálveme. No quiero subir a ningún barco. Si es para ir a un sitio extraño... hic...
—No, oye. Escúchame. Lo que quiero decir no es eso...
—Todavía... todavía no quiero morir. No quiero morir.
Pil-seung miró con incredulidad a Woo-yoon, que suplicaba por su vida restregando su rostro empapado en lágrimas contra la pernera de su pantalón.
—Oye.
Pil-seung apartó con una mano la cabeza de Woo-yoon, que seguía pegada a su pierna, y se puso en cuclillas. Luego, le preguntó al chico que sollozaba con voz baja:
—Tú has olvidado todo lo de ayer excepto el beso, ¿verdad?
Woo-yoon no respondió, solo dejó que las lágrimas fluyeran.
—Lo de que no soy Alfa y que no soy una persona de temer. ¿No te acuerdas?
—¿No es...Alfa?
Un Joder soltó Pil-seung antes de clavar la punta de la navaja en el suelo con fuerza.
La navaja se quedó clavada verticalmente en el piso de la habitación. Ante un Woo-yoon que arrugaba el rabillo del ojo y la comisura de los labios al mismo tiempo al ver el arma afilada, Pil-seung habló en tono de advertencia:
—Mi nombre es Baek Pil-seung. No soy un puto Alfa de mierda, soy simplemente un gánster. No voy a matarte aunque no me supliques por tu vida. El dinero que debe tu hermano se lo cobraré a tu hermano. Y además...
Pil-seung apoyó una mano en el mango de la navaja clavada, se mordió levemente el labio inferior y bajó la cabeza. Parecía dudar, negando con la cabeza de vez en cuando como si estuviera ganando tiempo. Woo-yoon, mirando alternativamente el anillo de oro brillante y las botas del hombre, solo podía pensar en una cosa: ¿Cómo pensaba cobrarle el dinero a su hermano muerto?
Tras vacilar un momento, Pil-seung levantó la cabeza como si hubiera tomado una decisión y miró a Woo-yoon. Woo-yoon parpadeó frente a los cristales negros de las gafas de sol donde se reflejaba su propio rostro. En el instante en que una lágrima acumulada en el ojo de Woo-yoon resbaló por su mejilla, Pil-seung confesó:
—Me gustas. Salgamos.
—¿...Perdón?
—Que voy a ser tu novio. ¿Qué pasa, no quieres?
Su nariz, que asomaba bajo las gafas de sol, se contrajo con ferocidad, como si no fuera a tolerar ni la más mínima queja. Woo-yoon, tragando saliva involuntariamente, bajó la cabeza y murmuró:
—Si...si digo que no quiero... ¿qué pasa...?
Al oír esa pregunta inesperada, Pil-seung se rascó el puente de la nariz. No podía decirle que, si lo rechazaba, no solo sería el hazmerreír de Gi-dong y de toda la oficina, sino que su cara de tonto lo perseguiría durante mucho tiempo haciéndole sufrir. Como el gánster número uno que dominaba casi todos los distritos de Seúl, su orgullo no se lo permitía. No tenía clase.
Tras mirar de reojo los dedos de Woo-yoon, que estrujaban el dobladillo de la camiseta de las fresas esperando una respuesta, Pil-seung arrancó la navaja del suelo con fuerza. Luego, arqueando sus pobladas cejas por encima de las gafas, dijo:
—¡No te lo quiero decir!
—¡...!
Las pupilas caídas de Woo-yoon temblaron violentamente. Al ver cómo sus ojos se humedecían de nuevo, Pil-seung sintió que se quemaba por dentro. Debido a los nervios, su boca se secó tanto que su labio se quedó pegado a los dientes superiores. Pil-seung se humedeció los labios con la punta de la lengua mientras miraba a Woo-yoon y lo apremió para que respondiera.
—Responde rápido. ¿Soy tu novio o qué?
—¡Pe, pensar!
—....
—¿No puedo...no puedo pensarlo un poco?
La voz de Woo-yoon tembló lastimosamente. Pil-seung se golpeó la frente con su mano ancha una y otra vez.
—¡Agh! ¡Joder!
No sabía si esto era lo que llamaban "flirtear", o "tira y afloja", o qué demonios de tontería era, pero Pil-seung era pésimo para esperar y quedarse con la duda.
Si ya hemos hecho de todo, ¿a qué viene tanto hacerse el difícil? Comimos, tuvimos una cita, nos besamos intensamente... Lo lógico sería decir "vale, salgamos" y terminar de encajar nuestras partes bajas como no pudimos ayer...
Pil-seung, con la frente enrojecida de tanto golpearse y el ceño fruncido al máximo, se quitó las gafas de sol de un tirón. En cuanto sus ojos feroces quedaron a la vista, Woo-yoon encogió los hombros y retrocedió. Pil-seung miró fijamente a Woo-yoon, que lo observaba con cara de tonto, y chasqueó la lengua.
¿Será que quiere hacer todas esas cosas que hace la gente normal para sentirse satisfecho? Al pensarlo así, le pareció extrañamente tierno y soltó una risita nasal. Recordó a uno de los tipos de la oficina, de la misma edad que Gi-dong, que cada vez que bebía se lamentaba de no haber disfrutado del recién casado y haber tenido hijos demasiado pronto. Esto era algo parecido. Puede que Nam Woo-yoon también quisiera flirtear y jugar al tira y afloja antes de salir oficialmente.
Estando ya aclarados todos los malentendidos sobre él, no creía que Woo-yoon pidiera tiempo porque no quisiera salir. Seguramente había señales que solo ellos dos conocían.
Pil-seung no era alguien que soliera ser comprensivo con las circunstancias ajenas, pero el rostro de Woo-yoon, que le gustaba tanto, hacía que cualquier excusa le pareciera válida. No se sentía mal siendo generoso con él.
—Te doy tres horas. Voy a pegar la oreja un rato, así que despiértame en tres horas.
Pil-seung se tumbó de espaldas usando un brazo como almohada, y la habitación pareció llenarse por completo. Movió los pies, sin quitarse las botas, y cerró los ojos. Como ya era imposible ir al crucero, pensaba dormir mientras Woo-yoon disfrutaba de su flirteo o lo que fuera.
La verdad es que, tras dejar a Woo-yoon dormido en la oficina ayer, se sintió tan inquieto que, en lugar de dormir, trabajó toda la madrugada en el taller. Normalmente a estas horas debería estar durmiendo, pero en cuanto amaneció corrió a su restaurante habitual para comprar el caldo, perdiendo el momento de irse a la cama.
El cansancio y el sueño le cayeron encima de golpe. Soltó un gran bostezo y se quedó dormido enseuida.
—…
Woo-yoon miró de reojo a Pil-seung, cuya respiración se había vuelto profunda en un instante, y levantó la cabeza para mirar hacia la ventana. Frente a la ventana, por la que empezaba a filtrarse el agua de lluvia, unos zapatos desconocidos iban y venían. Probablemente sería el hombre que vino con el gánster.
Gánsteres por aquí, gánsteres por allá... ¿Podré escapar alguna vez…?
Moviendo solo los ojos, Woo-yoon encogió las piernas contra su pecho. Abrazó sus rodillas con ambos brazos y hundió la cabeza.
‘—No soy un puto Alfa de mierda, soy simplemente un gánster. No voy a matarte aunque no me supliques por tu vida. El dinero que debe tu hermano se lo cobraré a tu hermano.’
Para Woo-yoon, que Baek Pil-seung fuera Alfa o no, daba igual. En la tele, tanto los Alfas como los gánsteres eran lo mismo. El hecho de que fueran seres amenazantes para alguien débil como él no cambia.
¿Que no tiene intención de matarme? Las palabras se las lleva el viento. Para alguien tan irracional, ¿qué le cuesta retractarse de lo dicho?
‘—Me gustas. Salgamos.’
Al recordar la propuesta de Pil-seung, Woo-yoon se encogió aún más. Que un gánster lo quisiera le resultaba aterrador.
¿Qué debo hacer en estos casos, hermano...?
—…
Durante un rato, Woo-yoon permaneció encogido y temblando, clamando internamente por su hermano muerto, hasta que levantó la cabeza poco a poco. Miró fijamente a Pil-seung, que dormía plácidamente con las gafas de sol sobre su pecho ancho, y su vista se desvió hacia su cintura. La navaja automática enganchada al cinturón captó su atención. Woo-yoon se mordió el labio inferior y, tras observar la navaja, sacudió la cabeza con fuerza soltando un gemido ahogado.
Ni siquiera tengo el valor para intentarlo...
Solo quedaba aguantar. Esa era la única forma en que los débiles sin poder podían sobrevivir. No se puede ir en contra de la cadena alimenticia. Aceptar y aguantar era el único camino. Si intentaba hacerse el valiente por nada...
Mientras Woo-yoon se esforzaba por desviar la mirada de la navaja y fijarla en el armario, el hombre que merodeaba frente a la ventana golpeó el cristal y gritó.
—¡Jefe! ¡Jefe!
La voz del hombre, amortiguada por la lluvia, apenas era audible incluso para Woo-yoon que estaba despierto, pero Pil-seung, que debía tener el sueño ligero, reconoció el llamado como por arte de magia y se levantó de un salto mirando a su alrededor.
Con la cara aún adormecida, Pil-seung buscó sus gafas de sol y se las puso en cuanto cruzó la mirada con esos ojos caídos y lastimeros. Tras ocultar su mirada feroz, se acercó a la ventana y la abrió de par en par.
—¡Qué coño...! ¡Pff-huu!
Pil-seung iba a soltar cuatro palabras a Gi-dong, pero en cuanto abrió la ventana, recibió un chorro de agua en la cara que le hizo resoplar de forma cómica y cerró la boca. Gi-dong, de quien solo se veían las piernas desde fuera, informó con urgencia.
—Tiene que ir al taller ahora mismo. Dicen que hay problemas con la producción.
Por el tono de voz, no parecía que Gi-dong estuviera exagerando por nada. Pil-seung cerró la ventana y se giró hacia Woo-yoon, que seguía acurrucado junto al armario. Se quitó las gafas salpicadas de lluvia, las frotó contra su pecho para secarlas y preguntó:
—¿Y bien? ¿Ya has terminado de pensar?
Woo-yoon, mirando con sus grandes ojos a Pil-seung mientras este se ponía las gafas con parsimonia, se limitó a negar con la cabeza. A Pil-seung le desesperaba esa actitud, pero al mismo tiempo le parecía tan tierno que las comisuras de sus labios no dejaban de temblar. Al fin y al cabo, pensó que con una cabeza apenas del tamaño de un puño, las ideas no podían salirle muy rápido. Los motores de los coches o las cabezas de las personas, cuanto más grandes, más fuerza tienen y mejor funcionan. Solo con ver que se había escapado de él dos veces para volver a esconderse al mismo sitio, ya se imaginaba el rendimiento de la cabeza de Nam Woo-yoon.
Pil-seung comprobó su reloj de pulsera y, mientras se arreglaba el pelo de la nuca que se había quedado aplastado por estar tumbado, dijo:
—Me ha salido algo y tengo que irme, y por la tarde estaré ocupado cobrando deudas, así que no creo que tenga tiempo...
Tras echar un vistazo a los ojos que seguían mirándolo desde abajo, Pil-seung retiró la mano de su cabeza y soltó una risita.
—Aparte de prestar dinero, bueno, tengo un pequeño negocio... Aunque en realidad, este negocio es el objetivo principal de nuestra oficina; lo de los préstamos es solo para divertirme un poco.
Tras alardear ante Woo-yoon de su capacidad económica, Pil-seung se frotó la punta de la nariz con el dedo índice. Se sentía algo cohibido y avergonzado al tener que presumir de sí mismo, pero debía dejar claro lo que ofrecía. Aunque no tenía experiencia en citas, al fin y al cabo, los asuntos humanos son siempre parecidos. El romance debía de tener puntos en común con los negocios: si presentas una oferta tentadora, la otra parte acaba aceptando.
A esto era a lo que él llamaba "la sangre del romance" que corría por las venas de Baek Pil-seung. Si era un hombre con buen olfato para los negocios, su pericia en el amor se daba por descontada. Por muy soltero de nacimiento que fuera, no se le podía comparar con tipos como Choi Gi-dong.
La voz de Pil-seung cambió a un tono más presuntuoso, henchido de confianza.
—Un gánster vive muy ocupado. En las películas solo salen escenas de tipos apostando, bebiendo y perdiendo el tiempo todo el puto día; me pregunto de qué cabeza salió eso.
Su broma, lanzada entre risas, no recibió ninguna respuesta. Pil-seung chasqueó la lengua con incomodidad y, subiéndose las gafas de sol, se dirigió a Woo-yoon con el tono más suave que pudo fingir.
—Vendré mañana. Ten preparada la respuesta.
Woo-yoon, incapaz de replicar ante la orden dada con voz intimidante, solo se encogió más. En ese momento, Pil-seung sacó algo del bolsillo interior de su chaqueta y se lo extendió bruscamente. Era el móvil de última generación que había comprado ayer en el distribuidor.
—Estaba tirado debajo del sofá. No está bien ignorar la cortesía de la gente.
—Lo...lo siento...
Unas manos delgadas tomaron el móvil. El movimiento denotaba puro terror. Pil-seung miró con desagrado a Woo-yoon, quien se disculpaba excesivamente solo porque él se había quejado un poco por despecho, y se despidió con ligereza.
—¿Mañana nos vemos entonces como pareja?
—Uu, uugh.
—Idiota...
Le pareció tan tierno que Woo-yoon siguiera emitiendo esos sonidos extraños hasta el final que, sin querer, soltó una risita y se dio la vuelta. Pil-seung sacudió su chaqueta del traje, que ya había impregnado el olor a moho, y salió del cuartucho silbando. El sonido enérgico del silbido fue sepultado por el ruido de la lluvia hasta desaparecer gradualmente.
Woo-yoon, solo en la habitación, esperó a que el silbido cesara por completo y a que desaparecieran los pasos desconocidos que merodeaban frente a la ventana. Solo entonces soltó el móvil como si le quemara y se frotó la cara con frenesí.
—Ha-aaah...
Se tapó la boca con una mano para ahogar los sonidos desagradables que escapaban de ella. Aunque no había nadie en el cuarto para escucharlo, salió corriendo hacia el baño presionando sus labios con fuerza. En cuanto entró, se desplomó frente al inodoro y se metió los dedos en la boca.
—¡Uugh! ¡Egk!
Con los ojos empañados en lágrimas y apretados con fuerza, se hurgó la garganta. Vomitó todo lo que el gánster le había obligado a comer. Tras devolver hasta que solo salió espuma blanca, las lágrimas rodaron por sus mejillas.
La voz y la expresión del gánster diciendo que lo quería volvieron a su mente con una nitidez espeluznante. No quería conservar ni el más mínimo rastro de aquel hombre. Woo-yoon se palpó el pecho y el vientre donde el gánster lo había tocado, apretó su camiseta con fuerza y giró la cabeza. Abrió el grifo de la pared del baño. Llenó un barreño con el agua que salía a presión y se lo volcó directamente sobre la cabeza.
Tenía miedo. Se sentía sucio. Deseaba que desapareciera la sensación de aquel hombre manoseando su cuerpo.
Llenó de nuevo el barreño con agua gélida y se la echó por encima. Woo-yoon lavó y lavó su cuerpo, que ya estaba limpio de hacía poco.
Tras unos treinta minutos, su temperatura corporal bajó drásticamente y empezó a temblar sin control. Sus dientes castañeaban tanto que ni siquiera podía sostener el cepillo de dientes con firmeza. Woo-yoon se miró en el espejo, con los labios ya azulados, y tomó una decisión.
Aunque lo atraparan y lo mataran, tenía que escapar a toda costa.
Se arrastró hacia la cómoda y sacó ropa limpia. Forzó su cuerpo mojado dentro de las prendas y empezó a registrar el cuarto desesperadamente. Sus manos, entumecidas por el frío, apenas respondían.
Seguro que hay una cartilla de ahorros que dejó mi hermano. No sé la contraseña, pero si explico la situación en el banco, ¿no me ayudarán? Cogeré la cartilla y esta vez escaparé de verdad. Es mejor huir que quedarse aquí sentado esperando a que pase algo.
No tengo a dónde ir, pero no puedo convertirme en el juguete de un gánster. Iré a cualquier parte. A cualquier lugar....
—¿A dónde cree que va?
Una voz desconocida y el sonido de unos pasos firmes resonaron a sus espaldas. Woo-yoon se sobresaltó y se quedó petrificado, incapaz siquiera de cerrar el cajón desordenado, parpadeando con espanto. Aquella voz, fina y aguda, no pertenecía a Pil-seung, que se había marchado hacía poco.
Tragando saliva, Woo-yoon hizo un esfuerzo por girar su cuello, rígido por el pánico. Tres o cuatro hombres habían entrado en la habitación tras dar una patada a la puerta que Pil-seung ya había estropeado; todos tenían cicatrices en el rostro y eran de complexión robusta.
¿Acaso el gánster había enviado gente para vigilarlo y que no escapara antes de mañana? Woo-yoon escrutó sus rostros y preguntó tartamudeando:
—¿Qui...quiénes...son...?
El hombre que iba a la cabeza se puso en cuclillas frente a él. Vestía una camisa de seda roja con estampados de tigre negro y, con una sonrisa en su rostro rollizo, reveló su identidad sin rodeos.
—¿Yo? El chulo de Nam Hee-jae.
—¡...!
—... O eso creía, hasta que resultó que soy la víctima a la que le estafó el dinero.
Los grandes ojos de Woo-yoon temblaron con ansiedad. Su mente estaba más confusa que cuando conoció a Pil-seung. Todavía no podía creer que su hermano, que se esforzaba tanto cada día, le debiera dinero a un prestamista gánster, y ahora resultaba que tenía un chulo. ¿Y que además había otra deuda...? Para Woo-yoon, todo aquello sonaba a mentira.
El hombre observó a Woo-yoon, que solo temblaba con el rostro perdido, se rascó la cabeza rapada y preguntó:
—Por cierto, ¿qué eres tú de Baek Pil-seung? Lo he visto salir hace un rato.
—...
—Hueles a Omega que apesta, así que debes de ser el hermano del que hablaba Nam Hee-jae. ¿Cómo es que conoces a Baek Pil-seung?
—Yo, yo soy...
Justo cuando Woo-yoon intentaba articular palabra con dificultad, uno de los hombres que estaba detrás intervino.
—Parece que el rumor de que Nam Hee-jae huyó con el dinero de Baek Pil-seung es cierto.
—¿Entonces no hace falta buscarlo ahora mismo? Con el carácter de Baek Pil-seung, aunque Nam Hee-jae esté en el infierno, irá a por él y lo traerá de vuelta. Nosotros solo tenemos que esperar, cobrar los cinco millones que nos debe y darle un buen escarmiento a ese malnacido por detrás.
El hombre respondió a su subordinado mientras clavaba sus ojos, casi ocultos por sus párpados grasientos, en Woo-yoon. Para evitar aquella mirada desagradable, Woo-yoon fijó la vista en la nariz chata del hombre, salpicada de gotas que no sabía si eran sudor o lluvia, mientras intentaba controlar su respiración agitada.
El hombre, que lo observaba fijamente en silencio, finalmente abrió la boca.
—Joder, qué pérdida de tiempo. Vámonos.
Como si el aire rancio y húmedo del semisótano le resultara insoportable, el hombre se levantó mientras sacudía su camisa de seda roja. Sin embargo, antes de dar un solo paso, volvió a ponerse en cuclillas y recorrió el cuerpo de Woo-yoon con una mirada lenta. Aquel escrutinio, que revelaba sus negras intenciones sin tapujos, hizo que Woo-yoon se sintiera aterrado y profundamente asqueado.
—Pero...antes de irme, tendré que cobrarme el gasto, ¿no?
Una mano adornada con varios anillos de oro, similares a los de Pil-seung, atrapó con brusquedad el hombro de Woo-yoon. Sin tiempo para reaccionar, el cuerpo de Woo-yoon fue volteado y quedó tendido boca abajo en el suelo; con el rostro congestionado, apenas podía balbucear.
—S-sálveme...hic, por favor, sálveme...
Hizo fuerza con su cuello, por donde apenas salía la voz, y cerró los ojos con fuerza. Un peso masivo aplastó a Woo-yoon, que pataleaba desesperadamente. Al sentir la presión en la cintura y el abdomen al mismo tiempo, se quedó sin aliento. Aplastado bajo el trasero de aquel hombre rollizo, Woo-yoon sintió el terror de que sus órganos internos fueran a estallar.
—Ggh...ugh...
—No son pocos los que fueron engañados por ese malnacido de Nam Hee-jae. Iba por ahí pidiendo dinero prestado y diciendo a todo el mundo que tú eras su chulo, ¿sabes?
—Uu, hic...
—Pensé que solo era un chapero de lengua ligera que decía que iba a dejar este mundo, nadie imaginó que de verdad nos daría la puñalada por la espalda. Joder. Es un agujero de Beta tan desgastado que ni regalado me lo comería, pero todos se dejaron engañar por esa cara...
—Huu...
—Pero ese hermano del que tanto hablaba mal... tiene buena pinta.
El hombre que lo aplastaba agarró el pelo de Woo-yoon como si montara un caballo y sujetara las riendas. Con la cabeza forzada hacia atrás, Woo-yoon jadeaba con dificultad mientras veía de cerca el papel pintado viejo de la pared. Debido al pánico, su cuerpo excitado empezó a emitir feromonas con intensidad. En un instante, el aroma que revelaba crudamente el miedo y la humillación de Woo-yoon cubrió por completo el olor a moho, y el hombre y sus acompañantes soltaron silbidos divertidos.
—No lo haga... ¡ugh! Sálveme...por favor...
Gruesas lágrimas rodaron por el rabillo de los ojos caídos de Woo-yoon. Quería ocultar el olor de sus feromonas que llenaba la habitación, pero su corazón latía demasiado fuerte y todo su cuerpo temblaba sin control. Le era imposible dominarse.
Mordiéndose los labios para no dejar escapar los sollozos y limitándose a llorar, el hombre que sujetaba su pelo comenzó a restregar su trasero sobre él como si fuera a reventar un globo, mientras llevaba su mano hacia sus pantalones. Justo cuando el hombre intentaba bajarle los pantalones cortos a Woo-yoon, uno de sus acompañantes lo detuvo apresuradamente.
—¡Es-espere un momento, jefe!
—¿Qué pasa?
El hombre, que ya sujetaba una de las nalgas de Woo-yoon expuesta bajo el pantalón a medio bajar, se giró hacia su subordinado.
—Acabo de recordarlo, creo que este chico es de Baek Pil-seung.
El hombre se mofó al ver a su subordinado levantar con cautela el dedo meñique.
—No digas gilipolleces. ¿Ese Baek Pil-seung, que ni siquiera se hace un retrete personal, se ha quedado con el hermano del chapero Nam Hee-jae?
Ante el hombre que reía doblando y estirando su dedo meñique, el subordinado susurró:
—Ayer lo vi por la zona del karaoke llevándolo del brazo. Y no soy el único, hay varios chicos que también los vieron.
—¿...Estás seguro de que es esta cara?
—Sí. Con esos ojos caídos que seducen a la gente de forma extraña, es el de ayer sin duda.
Al apretar la nalga con fuerza, la carne blanca y firme rebosó entre sus dedos gruesos. El hombre, incapaz de apartar la vista de aquella escena, tiró con violencia del pelo de Woo-yoon. Con el cuello torcido hacia un lado, Woo-yoon abrió ligeramente sus ojos y miró al hombre de reojo. Este, con las fosas nasales dilatadas y salpicadas de gotas de sudor, preguntó:
—¿Tú qué eres de Baek Pil-seung?
—Hu-ugh...uuu...
—¿De verdad eres de Baek Pil-seung?
El hombre soltó la nalga de Woo-yoon y, con urgencia, extendió su dedo meñique corto y rechoncho. Woo-yoon siguió su instinto. No tenía la más mínima intención de salir con Pil-seung, pero de momento asintió con la cabeza. Al ver esto, el hombre, con el rostro lleno de decepción, soltó una maldición.
—Casi la cagamos. ¡Retirada!
Tras gritar histéricamente, el hombre soltó el pelo de Woo-yoon como si lo tirara y se levantó. Woo-yoon, que había estado aplastado por un hombre que fácilmente superaba los 100 kg, comenzó a toser mientras se encogía sujetándose el vientre.
—Ese cabrón de Baek Pil-seung se vuelve loco si tocan sus cosas, ¿para qué buscarle las cosquillas? Luego, cuando termine el gimnasio, llamaré a unos Omegas para desahogarme y ya está.
Bajo la dirección del hombre, aquellos corpulentos sujetos abandonaron la habitación ruidosamente. Poco después, en el cuartucho del semisótano, solo quedó el sonido de la lluvia monzónica como si nada hubiera pasado.
Tumbado en el suelo y tosiendo durante un buen rato, Woo-yoon movió los ojos y recorrió lentamente la habitación ahora solitaria. Aquel cuarto que, por segunda vez en un día, había sido invadido por gánsteres, seres que nunca pensó encontrar en su vida, le pareció más grande que nunca.
Cuando esperaba solo a su hermano que se había ido a trabajar, Woo-yoon siempre sentía que el pequeño cuarto era inmenso. Sin saber cómo llenar ese espacio expandido por la soledad, se limitaba a ver la tele o leer libros. El cuarto solo se sentía lleno y sin espacio para la soledad en el momento en que su hermano regresaba del trabajo y se tumbaba a su lado.
Pero hoy, sentía que ni aunque su hermano muerto volviera a la vida podría llenar esa habitación húmeda.
—¡Huu-ugh!
Mientras se subía los pantalones caídos, Woo-yoon estalló en el llanto que había estado conteniendo. Sus labios azulados temblaban levemente.
Huir de un gánster ahora mismo no terminaría con su desgracia. Un mundo sin su hermano sería una sucesión de desdichas.
—Hermano...hic, hermano...
Su voluntad de huir a cualquier parte se había quebrado estrepitosamente. Mientras Woo-yoon llamaba a su hermano entre sollozos lastimeros, habiendo perdido incluso el poco valor que le quedaba, el móvil vibró en el bolsillo de sus pantalones cortos. Woo-yoon apretó el bolsillo donde sonaba el móvil y se quedó tendido en el suelo llorando. Su mente era un caos ante tantas cosas incomprensibles. Estaba agotado en cuerpo y alma. Solo quería descansar.
Sin embargo, la llamada que se cortó tras sonar varias veces volvió a sonar poco después. Finalmente, sacó el móvil viejo y, al comprobar el número desconocido, recordó la llamada que había recibido antes de que Pil-seung irrumpiera. En aquel momento no respondió pensando que era Pil-seung, pero él se había presentado en persona. El dueño de este número desconocido no era Baek Pil-seung.
Si no es Baek Pil-seung, entonces quién...
Woo-yoon tocó el icono de llamada y se llevó el móvil a la oreja con cautela.
—¿...Diga?
[—Haah... Nam Woo-yoon.]
—¿Hermano...?
[—Nam Woo-yoon. ¿Estás en casa ahora?]
La voz que se filtraba de forma brusca por su oído era la de su hermano, el mismo al que hace pocos días había identificado como un cadáver calcinado. Woo-yoon se sentó de golpe, sujetó el móvil con ambas manos y sollozó con urgencia.
—¡Hermano...! ¿C-cómo? ¿Cómo ha pasado esto? ¡Hermano!
No tuvo tiempo de pensar cómo era posible hablar con su hermano muerto, ni si se había vuelto loco por no poder soportar el peso de tantas desgracias juntas en pocos días. Lo llamó con desesperación, pero la voz de Hee-jae al otro lado no contenía ni un ápice de nostalgia o afecto.
[—Deja de lloriquear y escúchame bien. Deja el cuarto ahora mismo y recupera el dinero del depósito.]
—En la morgue... tú estabas allí tumbado... Ayer incluso te incineramos... De verdad... ¿eres tú, hermano?
Como no podía creer que su hermano lo estuviera llamando, volvió a preguntar. Un suspiro cargado de estática se escuchó al otro lado de la línea.
[—¿Es que no conoces ni mi voz? Si no estuviera vivo, no podría hablar contigo.]
Su voz, suavizada a la fuerza, le insistió encarecidamente en que debía recuperar los tres millones de wones del depósito, pero Woo-yoon no oía nada de eso.
Había dado a su hermano por muerto. Desde su supuesta muerte, solo habían ocurrido cosas extrañas, pero saber que estaba sano y salvo le provocó un alivio y una tristeza incontenibles que estallaron a la vez. Con la punta de la nariz roja en un instante, Woo-yoon murmuró entre sollozos.
—Hic... Hermano..., si estás vivo, ven a casa. ¿Dónde estás ahora? ¿Eh? Por favoooor...
El mundo, que se había puesto patas arriba con la muerte de su hermano, parecía volver por fin a su lugar. Como antes. Pensó que nunca más volvería a ser lo mismo, pero podía regresar. A antes de que la desgracia golpeara.
Sus ojos se humedecieron de calor por el alivio y la esperanza. A Woo-yoon apenas le salían las palabras por el llanto; sus labios se movieron en vano un par de veces hasta que, como un niño que por fin puede hablar, soltó todas sus quejas contando todo lo que le había pasado en estos días.
—Tengo miedo, hermano. No paran de venir personas raras. Dicen que les pediste dinero prestado. Y además...
Habían hablado mal de su hermano. Como si su hermano fuera alguien que vendiera su cuerpo a cualquiera.
No fue capaz de decir la última parte y se la tragó, aferrando el móvil contra su oreja con ambas manos.
—Hermano, esos gánsteres mienten, ¿verdad? Tú nunca harías algo así...
[—¡Joder, Nam Woo-yoon!]
Asustado por el grito agudo que retumbó en su oído, Woo-yoon soltó un sonido ahogado.
Su hermano nunca había sido una persona cariñosa. Su forma de hablar era indiferente y, cuando lo regañaba, era afilado y neurótico. Aun así, nunca lo había insultado directamente, aunque sí solía soltar palabrotas mordaces cuando criticaba a los Alfas o a la gente con la que trabajaba.
Aunque el tono rudo lo asustó, escuchar esa voz neurótica que solía usar para reprenderlo le hizo sentir, paradójicamente, que su hermano estaba realmente vivo. Woo-yoon se mordió el labio inferior y se esforzó por concentrarse en la voz de Hee-jae.
[—¿Por qué hablas tanto? ¿Hasta cuándo vas a estar quejándote?]
—Lo siento... No lloraré más.
Woo-yoon hizo fuerza para que las comisuras de sus labios no decayeran y se frotó los ojos con la manga de su camiseta.
—Hermano, ¿estás bien? ¿Has comido? ¿Cuándo vuel...?
[—Ve ahora mismo a ver al casero y dile que tienes que irte por motivos personales.]
La voz afilada cortó sin piedad su sincera preocupación.
[—No menciones nada sobre mí, solo dile que te devuelva el depósito para finales de este mes. ¿Puedes hacerlo?]
—Hermano, pero la fecha del contrato todavía...
[—Te llamaré de nuevo en treinta minutos, así que responde.]
—¡H-hermano! ¡Espera...!
Llamó con urgencia, pero la comunicación ya se había cortado. Woo-yoon se quedó jugueteando con el móvil tras la breve llamada.
—…
De principio a fin, solo había hablado de dinero antes de colgar.
El depósito.... Incluso si decía que dejaba el cuarto, ¿se lo devolverían? Apenas quedaban quince días para que terminara el mes, ¿acaso el huraño casero le haría caso?
Woo-yoon sacudió la cabeza y frunció el ceño.
Aunque se había pasado los años encerrado en su habitación tras graduarse de la secundaria, sabía al menos que un inquilino no puede dejar un alquiler cuando quiera. Lo que veía cada día al abrir los ojos eran las noticias, y los dramas y películas que contaban cómo funcionaba el mundo. Además, como se mudaban de un barrio a otro a la mínima oportunidad, si algo conocía bien eran los trámites para entrar y salir de una casa ajena.
Era imposible que su hermano no supiera lo que él sabía, por lo que obligarlo a recuperar el depósito así, sin más, resultaba extraño. Por qué había un cuerpo sin identificar con las pertenencias de su hermano, dónde estaba él ahora, por qué le pedía dejar el cuarto tan de repente... Woo-yoon se sujetó la cabeza con una mano; ahora estaba más confundido que cuando creía que su hermano estaba muerto.
—Haaaaaa...
Sentía una opresión en el pecho, como si el aire se detuviera desde la garganta hasta la boca del estómago. Tras suspirar repetidamente con la cabeza entre las manos, decidió pensar que todas las acciones incomprensibles de su hermano tendrían algún plan o motivo detrás.
Desde que perdieron a sus padres y se quedaron solos, todas las decisiones habían recaído siempre en su hermano, y él nunca se equivocaba. Antes, Woo-yoon solía dudar de sus regaños y a veces no le hacía caso, pero tras encontrarse con aquel gánster en la morgue hace unos días, se dio cuenta de que todas las advertencias de su hermano eran correctas. Por eso, esta vez pensaba obedecerle sin rechistar. Entendiera o no sus actos, Woo-yoon simplemente estaba agradecido de que no estuviera muerto.
Dijo que llamaría en treinta minutos, así que le preguntaré entonces qué está pasando. En la llamada de ahora... parecía que él también estaba fuera de sí…
Woo-yoon miró de reojo la ventana por donde arreciaba la lluvia, abrió el cajón y sacó la loción. Se echó una cantidad generosa en la palma de la mano y se la extendió por la cara y el cuello como si se estuviera lavando. Sabía que el casero, al ser un Beta, no olería sus feromonas, pero no podía evitar sentirse tenso y con el corazón acelerado. Sentía que, si no hacía algo, se asfixiaría con su propio aroma.
Woo-yoon se arregló el pantalón que se había subido de cualquier manera y salió de la habitación. La lluvia caía con más fuerza que cuando vino Pil-seung. El estrépito era tal que casi le ensordecía. Parecía que el único sonido que quedaba en el mundo era el de la lluvia.
Se calzó sus viejas zapatillas en el recibidor y buscó el paraguas a su alrededor, pero el paraguas que solía estar allí no aparecía. No sabía si se lo había llevado el gánster Baek Pil-seung o los que vinieron después.
—Uugh.
Al recordar a los gánsteres que habían intentado desnudarlo, sintió una náusea repentina. Woo-yoon apretó los molares, tragó la saliva agria y se lanzó a la lluvia cubriéndose la cabeza con las manos vacías. La densa lluvia monzónica lo empapó. Debido a que su temperatura corporal había bajado tanto, el agua que mojaba su cuerpo se sentía incluso cálida.
Apenas había subido las escaleras que llevaban del semisótano a la superficie cuando su camiseta ya estaba totalmente empapada.
—¡Señor...señor!
Golpeó con el puño la puerta principal de la casa del dueño, que estaba firmemente cerrada. Por miedo a que el sonido de la lluvia apagara su voz, llamó al casero a pleno pulmón, con las venas del cuello marcadas. Con los ojos cerrados por el agua que le corría por la cara, golpeó la puerta durante unos diez minutos hasta que el casero apareció con paso lento.
Vestido con una camiseta azul de tirantes desgastada, calzoncillos tipo bóxer y unas zapatillas de baño, el dueño de la casa lo miró con severidad, apoyando el paraguas de lado contra su hombro.
—¡Si tenías algo que decir, haberlo dicho por teléfono! ¡¿Por qué me haces salir con la que está cayendo?!
Su voz, potente como el silbato de un tren, reprendió a Woo-yoon. Este, entornando los ojos por la lluvia, hizo una reverencia hacia el casero y comenzó a hablar tartamudeando.
—Esto...quería decirle algo.... Es sobre nuestra habitación...
—¡Maldita sea! ¡No se oye nada! ¡¿Es que no puedes hablar con claridad?!
Ante el segundo reproche del casero, Woo-yoon apretó los puños y gritó:
—¡Lo siento! ¡Vamos a dejar el cuarto! ¡El de, el depósito...! ¡¿No podría... devolvérnoslo para finales de este mes?!
—...
El casero solo parpadeó con sus párpados flácidos. Justo cuando Woo-yoon iba a abrir la boca de nuevo pensando que no lo había oído, el hombre, que había estado allí parado en silencio, se quitó una zapatilla y se la lanzó directamente. La pesada zapatilla de goma empapada golpeó la mejilla de Woo-yoon con un chasquido antes de caer al suelo. Un dolor similar al de un puñetazo se extendió rápidamente por su pómulo y mandíbula.
Woo-yoon se cubrió la mitad de la cara con la palma de la mano y soltó un quejido de dolor tardío.
—Ah...aah...
—¡Malditos maleducados! Cuando entraron suplicaban por un descuento de diez mil wones, ¡¿y ahora vienes a notificarme que dejas el cuarto así como así?! ¡¿Es que te crees que puedes burlarte de este Oh Chung-man?!
El grueso dedo del casero, extendido fuera del paraguas, lo señaló con saña.
—¡Le dije bien claro a tu hermano que para dejar el cuarto hay que avisar con al menos tres meses de antelación! ¡Trae a tu hermano aquí ahora mismo!
—Mi hermano..., ha sido culpa mía, señor. Lo siento. Pero es que nos ha surgido, surgido un problema..., ¡ugh!
La mano que lo señalaba agarró de repente a Woo-yoon por el cuello. Empapado y vacilante bajo la lluvia, Woo-yoon fue arrastrado hacia el casero tambaleándose.
—¿Un problema? Par de estafadores malagradecidos. Dime la verdad. Tu hermano, ¿de verdad se fue a trabajar? ¿Qué plan han tramado ustedes dos?
Atrapado por el cuello, Woo-yoon solo pudo negar con la cabeza. Tenía que decir que no había ningún plan, que su hermano se había ido de verdad a trabajar, pero como él mismo no sabía nada, las palabras no salían.
Al mover ligeramente sus labios mojados por la lluvia para balbucear, el casero lo empujó soltándole el cuello. Woo-yoon resbaló en el agua que corría por la pendiente frente a la puerta principal y cayó de espaldas. Sus nalgas quedaron completamente sumergidas en un charco de agua estancada.
Sentado en el suelo de cemento, Woo-yoon se frotó el trasero dolorido mientras miraba hacia arriba al casero.
—Señor, yo...
—¡Lárgate de una vez y no intentes seducirme con esa cara de mala suerte! ¡¿Cómo te atreves a venir aquí con esa ropa que transparenta toda la piel blanca y a soltar tonterías con esa sonrisita?!
—Yo...yo no he hecho eso...
Sin saber si el casero había oído sus palabras ahogadas por la lluvia, este lo miró con odio antes de desaparecer tras la puerta principal. Woo-yoon, sentado en la calle, miró la puerta cerrada durante un rato antes de levantarse con dificultad. Al hacerlo, una gran cantidad de agua que se había colado en sus pantalones cortos escurrió por sus muslos.
¿Qué haré con mi hermano…?
No sabía qué estaba pasando, pero si lo había llamado era porque necesitaba su ayuda. ¿Estaría bien su hermano aunque no consiguiera el depósito?
Preocupado, bajó pesadamente las escaleras hacia el semisótano. En ese instante, no sabía por qué, recordó lo que le había dicho el gánster.
—Tu hermano no es una persona tan buena como crees.
Woo-yoon recobró el sentido de golpe y sacudió la cabeza. ¿Se estaría volviendo loco por escuchar tantas cosas malas sobre su hermano en todas partes? Aunque todo el mundo lo señalara, él era el único que debía confiar en él.
Hizo una mueca con su mejilla, hinchada por el golpe de la zapatilla del casero.
Cuando vuelva a llamar, le preguntaré todo con calma. Sin llorar...
Al regresar a la habitación totalmente empapado, Woo-yoon no se secó el agua; se sentó acurrucado en medio del cuarto mirando fijamente el móvil. Cuando las gotas que caían de su cuerpo se acumularon hasta encharcar el suelo de la habitación, el móvil, que había estado en silencio, empezó a vibrar.
Con expresión tensa, Woo-yoon agarró el móvil y pulsó el icono de llamada.
—¡Hermano!
[—¿Y el dinero? ¿Qué pasó con el dinero?]
Ante su hermano, que de nuevo sacaba el tema del dinero primero, Woo-yoon empezó a lanzar con calma las preguntas que había organizado en su cabeza mientras esperaba.
—¿Para qué necesitas el dinero? Puedes venir tú mismo y hablar con el casero. ¿No puedes venir a casa? Me preocupas mucho hablando solo por teléfono. ¿Y quién es el que murió? ¿Por qué esa persona tenía tus cosas? Ayer incluso lo incineramos pensando que eras tú. ¿No tendríamos que decirle a la policía que no eras tú? ¿Y qué es esa deuda de la que hablan los gánsteres? ¿De verdad la pediste tú? El gánster que se llama Baek Pil-seung dice que pediste treinta millones de wones. ¿Qué pasó con todo ese dinero para que ahora me pidas el depósito...?
[—¡¡JODER!!]
Un grito lleno de rabia retumbó al otro lado del móvil como si fuera a romperle el tímpano. Woo-yoon, asustado, cerró la boca de golpe y llamó con cautela a ese hermano que ahora le resultaba más extraño que un desconocido.
—¿Hermano...?
[—¡Deja de fingir que eres tan noble y responde! ¡Te estoy preguntando si has conseguido el depósito o no!]
Woo-yoon, que escuchaba en silencio aquel grito feroz, apretó con fuerza la mano que sostenía el móvil y dijo:
—¿Cómo voy a dejar el cuarto de repente? El señor dijo que no puede...
[—¡Joder! ¡Entonces sácaselo aunque tengas que acuchillarlo!]
—¿...Qué?
[—Haa... lo que quiero decir es... Nam Woo-yoon. Solo asusta al viejo. Puedes hacer al menos eso, ¿no?]
—...
[—Cuando saques el depósito, ven a Incheon. Te enviaré la dirección, así que ni se te ocurra abrir la boca ante la policía o esos gánsteres de mierda; solo haz lo que te diga. ¿Me oyes?]
—...
[—¡Nam Woo-yoon! ¡Nam Woo-yoon! ¡Nam Woo-y...! ]
Woo-yoon pulsó el icono de finalizar llamada y dejó caer el móvil al suelo. Se alejó lo más que pudo de él, como si el aparato fuera un objeto que no debiera tocar su cuerpo, mientras su respiración se volvía agitada.
‘—Tu hermano no es una persona tan buena como crees.’
De nuevo, la voz del gánster acudió a su mente. Pero esta vez, no pudo sacudir la cabeza para negarlo.
Su hermano estaba raro. No parecía la persona que él conocía. Sabía que debía ayudarlo porque no sabía en qué situación se encontraba, pero...
‘—Iba por ahí pidiendo dinero prestado y diciendo a todo el mundo que yo era su chulo, ¿sabes?’
—No...no es verdad...
No debía escuchar lo que decían los gánsteres. Ahora mismo su hermano solo confiaba en él... Su hermano no tenía a nadie más que a él...
Las pupilas de Woo-yoon temblaron violentamente mientras se esforzaba por negar las voces que resonaban en su cabeza.
‘—Pero ese hermano del que tanto hablaba mal... tiene buena pinta.’
¿Así que mi hermano iba por ahí hablando de mí…?
Los gánsteres sabían que él era un Omega. Su hermano, que siempre le decía que no debía ser descubierto y que no le dejaba dar ni un paso fuera de casa, ¿por qué habría hablado de él a esos hombres?
Quería saber la verdad de lo que estaba pasando. Pero su hermano solo hablaba de dinero, de acuchillamientos y de cosas aterradoras…
Sentía náuseas y mareos. Parecía que su cuerpo se había desmoronado por completo tras la tensión constante de los gánsteres que irrumpieron uno tras otro antes de que se le pasara la resaca. Manoseó su camiseta empapada por la lluvia y se la quitó por la cabeza. Todo su cuerpo, incluidos la mandíbula y los hombros, temblaba. Usó la camiseta húmeda como si fuera una compresa, la puso sobre su mejilla dolorida y se tumbó en el suelo.
No era situación para estar durmiendo, pero un sueño pesado, ajeno a su voluntad, cayó sobre sus párpados. De su cuerpo, que hasta hace poco tiritaba de frío, empezó a brotar un calor ardiente. ¿Acaso el casero habría encendido la calefacción a pesar de ser verano? ¿Por estar enfadado por lo del depósito?
Tengo sueño...y calor...
Sentía la nuca ardiendo y no tenía fuerzas en el cuerpo. Cerró los párpados sin oponer resistencia. El sueño que asaltó al agotado Woo-yoon fue más impetuoso que la lluvia monzónica.
Woo-yoon, que se había quedado dormido en medio de la habitación, abrió los ojos al oír voces cuando la oscuridad ya llenaba el pequeño cuarto. El lado de la cara que el casero había golpeado le palpitaba. Con cuidado, movió la mejilla que le dolía como si le hubieran arrancado todos los dientes y comprobó la hora en el móvil que aún sostenía. Eran poco más de las dos de la madrugada. Tenía tres llamadas perdidas, todas de un número desconocido que no tenía guardado. Probablemente sería su hermano.
Le punzó la cabeza al pensar en él. Hace apenas unos días lloraba desconsoladamente por su muerte, pero ahora el hecho de que estuviera vivo lo atormentaba. Woo-yoon ya no sabía si el mundo se había vuelto del revés o si por fin se había enderezado. Estaba confundido sobre cuál era la dirección correcta. Mientras tanto, las voces que lo habían despertado seguían filtrándose en la habitación.
—Ha llegado un mensaje de Gi-dong. Dice que el local ya está recogido.
—Es por esa máquina que siempre da problemas, ¿no? Se estropeó porque es viejísima. Si la cambiaran, la producción aumentaría un montón.
—Ya sabes que el jefe Pil-seung no suele tirar las cosas viejas.
Woo-yoon se incorporó y parpadeó con pesadez, mirando hacia la puerta que ya no tenía hoja. Estaba tan oscuro que no se veía nada, pero sentía una presencia merodeando; al parecer, el gánster que dijo que vendría por la mañana a por su respuesta había dejado guardias vigilando la puerta toda la noche.
—Uugh...
Woo-yoon se presionó la boca con las yemas de los dedos al sentir ganas de vomitar y tembló. Debido a la lluvia incesante, el semisótano estaba tan cargado de humedad que parecía sumergido bajo el agua, pero extrañamente no paraba de sentir escalofríos. Se arrastró hacia la cómoda, sacó una camiseta limpia y se la puso.
—¿Dicen que el jefe sigue cobrando deudas?
—Sí. Ha dicho que pasará por un sitio más y luego llamará para confirmar.
—Vaya, joder. Esta vez el jefe va en serio. ¿No acabará casándose a este paso?
Los dos hombres que conversaban rieron con voces roncas, como si algo les hiciera mucha gracia. Poco después, el humo acre del tabaco empezó a entrar en la habitación, señal de que habían empezado a fumar. Al oler el cigarrillo, las náuseas que apenas había calmado empeoraron. Woo-yoon, que se había quedado sentado a medias mientras intentaba quitarse los pantalones y la ropa interior mojada, se tapó la boca con ambas manos y movió solo los ojos al oír lo que decían los guardias afuera.
—Pero, joder, me da bastante lástima.
—¿Quién?
—El hermano de Nam Hee-jae, el que está ahí dentro. Por cómo se porta con el jefe, parece que no tiene ni puta idea de lo que hacía su hermano.
—No fastidies. Algo sabrá. Se pasaba el día bebiendo, metido en juegos y yendo a burdeles, ¿cómo no lo va a saber su familia?
—Joder, ¿es que no lo viste en el crematorio? Lloraba a moco tendido; si supiera lo que hizo su hermano, ¿crees que lloraría con tanta pena?
Sin que ninguno de los dos lo planeara, ambos hombres chasquearon la lengua al unísono. Woo-yoon, que se había subido los pantalones a medio quitar, hizo fuerza con sus piernas temblorosas para ponerse en pie y se acercó a la puerta. Las voces de la conversación, antes amortiguadas por la lluvia, se volvieron nítidas.
—Por muy podrida que tuviera la personalidad ese tal Nam Hee-jae, ¿qué clase de tipo encierra a su propio hermano en casa? Joder, ¿eso es normal? Ni siquiera yo, que soy un gánster, haría algo así.
—Ese malnacido siempre iba por ahí diciendo que él era el perro de trineo que tiraba de la vida de su hermano Omega cada vez que se emborrachaba. Está claro lo que era: se desquitaba de sus frustraciones con su hermano pequeño, que no sabía ni un carajo de la vida.
—Es verdad. Hay un montón de gente por la calle que no ha registrado su rasgo, no tiene sentido encerrar a un chico en una habitación durante años por miedo a que los pillen con un registro ilegal...
Vrrr, vrrr. El sonido de una vibración resonó en el aire. Los hombres, que estaban acuclillados frente al zapatero fumando y charlando, se giraron al mismo tiempo hacia un punto. Woo-yoon estaba allí de pie, tambaleándose con el rostro pálido y el móvil en la mano. Uno de los hombres, que lo miraba con estupefacción, aplastó la colilla contra el mueble y se acercó.
—¿Hola? Nosotros somos de la oficina de Baek Pil-seung... ¡Oye, joder! ¡Llama a una ambulancia!
El hombre gritó mientras atrapaba a Woo-yoon, que se desplomaba en sus brazos. Con el rostro hundido en el pecho del desconocido, que apestaba a un fuerte olor a tabaco, Woo-yoon cerró los ojos y pensó en su hermano. Rememoró, una a una, cada acción y cada palabra que Hee-jae le había dedicado.
‘—Como no estás registrado, no puedes ir al instituto. A partir de hoy no andes por ahí fuera sin motivo, quédate en casa. Aunque sea frustrante, aguanta.’
‘—Es mejor comer bien una vez que andar comiendo mal varias veces. Come cuando yo vuelva del trabajo. Aunque tengas hambre, aguanta.’
‘—No me muestres esa imagen asquerosa de estar en celo frente a mí, métete en el armario. Aunque te duela, aguanta.’
‘—Aguantar es ganar.’
‘—Si no tienes nada, tienes que aguantar.’
‘—Aguanta, Nam Woo-yoon.’
‘—Aguanta.’
Sus párpados cerrados temblaron violentamente y sus pestañas se empaparon de lágrimas.
—Ha-ugh, uuu...
Un sollozo reprimido escapó de entre sus dientes.
‘—¿Bebes algo? Tu hermano era un borracho de cuidado.’
‘—Nam Hee-jae no te mandó a la escuela para ocultar que no estabas registrado, ¿verdad? Mientras tanto, él hasta iba a la universidad nocturna.’
‘—Tu hermano no es una persona tan buena como crees.’
¿Por qué tú no aguantaste, hermano? ¿Por qué me pediste solo a mí que aguantara? ¿Por qué a mí...?
El hombre levantó a Woo-yoon en vilo. Con Woo-yoon cargado al hombro, el hombre sacó rápidamente el móvil del bolsillo interior de su chaqueta y se lo llevó a la oreja. Mientras tanto, colgado del hombro del tipo, Woo-yoon estalló en el llanto que tanto se había esforzado por reprimir.
—¡¡Suéltame!!
Gritó con todas sus fuerzas, con las venas del cuello marcadas. Su voz aguda se impuso al estrépito de la lluvia y resonó con fuerza. Tanto el hombre que llamaba a la ambulancia como el que intentaba llamar a alguien más se quedaron petrificados al oír el alarido de Woo-yoon.
—¡Suéltame! ¡Aaaah! ¡He dicho que me sueltes!
Woo-yoon gritaba con tal desesperación que la sangre se le subió a la cabeza y al cuello, poniéndolo tan rojo que parecía que iba a estallar en cualquier momento. El hombre que lo cargaba miró a su alrededor con expresión desconcertada.
—Oye, oye, joder. ¿Qué hago con él? ¡Se ha vuelto loco de repente!
—¿Has llamado al jefe?
—Iba a hacerlo ahora, pero...
Mientras el hombre dudaba, sujetando al forcejeante Woo-yoon con un brazo, este abrió sus ojos empañados en lágrimas y empezó a golpear la espalda del sujeto con los puños. Con esas manos que nunca en su vida habían golpeado a nadie, descargó toda la fuerza que pudo. Manifestó su rabia sin importarle lo más mínimo el dolor ajeno. Woo-yoon ya no iba a aguantar más. El mundo se había dado la vuelta, y ya no tenía motivos para seguir soportándolo.
Raw: Ruth Meira.
Traducción: Ruth Meira.
Gracias
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